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Entrevista a Antonio Marquet

por Benjamín Martínez Castañeda

Antonio Marquet (Ciudad de México, 1955), es Doctor en Literatura Latinoamericana, desde 1983 es profesor-investigador en la UAM Azcapotzalco. Es pionero de los estudios LGBTTTI en México, ha escrito tres libros relacionados a la cultura gay del México contemporáneo; éstos son: ¡Que se quede el infinito sin estrellas!: la cultura gay a fin de milenio (UAM, 2001), El crepúsculo de heterolandia: Mester de jotería (UAM, 2006) y El coloquio de las perras (UAM, 2010).

México D.F. Abril 2015, para mí es un honor poder entrevistar a Antonio Marquet, la primera vez que supe de él, fue mientras realizaba unas compras en la tienda destinada a la comunidad gay «Rainbowlanda»; estaba husmeando en su librería, y se me atravesó su lirbo ¡Que se quede el infinito sin estrellas! Al hojearlo encontré varios artículos de mí interés, he de aclarar que yo me encontraba escribiendo mi tesis y se relacionaba con la jotería, concepto que desarrolla a la perfección Marquet. Sin pensarlo más lo compré y así comenzó mi relación de aprendiz con Antonio.

Cuando Hysteria! Revista me invitó a coeditar este número titulado «Rosa marica», me veía obligado, temáticamente hablando, a realizar algo sobre Antonio Marquet, pensé en un ensayo sobre él, pero sería mejor una entrevista; y así poderle preguntar las cosas que me intrigan sobre su teoría. A continuación la entrevista.

¿Se quedó el infinito sin estrellas?

No se ha quedado sin ellas: no hay caso de que se quede desestelarizado. ¡Que se quede el infinito sin estrellas! es el título de mi primer libro, ahora agotado, sobre cultura LGBTTTI que data del año 2000. El título tiene un sentido programático: al final de la introducción señalo que la voz de la comunidad elegebetera se ha de oír, cueste lo que cueste, así se tenga que quedar el mismo infinito sin estrellas. Otra manera de expresar mi punto de vista sobre la fuerza de la cultura elegebetera es que (ya) no hay forma de mantener a la comunidad amordazada. Paralelamente este potencial cultural debe encontrar nuevas salidas, nuevos géneros, nuevos estilos. El segundo libro que escribí lleva como subtítulo Mester de Jotería (fue idea de Severino Salazar) y tiene también un sentido de renovación: la comunidad LGBTTTI ha de encontrar su propio lenguaje y ello va a provocar una revolución comparable con lo que se produjo con los dos mesteres medievales, el de juglaría y el de clerecía, que afianzaron a la lengua castellana y marcaron el nacimiento de la literatura española. La expresión cultural de la comunidad dará origen a otros vocabularios; a nuevas formas de narrar: recordemos la revolución formal del Vampiro de la colonia Roma, o el carácter fragmentario con el que se presenta una de las novelas gays mexicanas más importantes: Púberes canéforas, o el significado del Moridero en Salón de Belleza como respuesta a la insuficiencia institucional. Recordemos al cabaret a la manera de las reinas Chulas o de César Enríquez en sus Disertaciones de la chingada o con sus Eunucos, Castrados y cobardis; o la música de Tareke Ortiz: el festín de juegos de palabras que representa “En la Condesa…”

¿Qué es la jotería?

Es un movimiento espontáneo al mismo tiempo liberador y provocativo; descarado e íntimo, quebrado y empoderado. La jotería es una reacción compleja y poderosa que sale del alma misma de quien ejerce el dispositivo joteril. Se equivocan quienes la consideran como cosa sin valor: la jotería es liberadora, empoderadora, modeladora. La jotería no conoce medias tintas. Siempre es plena y robusta: es inconfundible. La jotería va desde una entonación, un inesperado movimiento de manos, de ojos o cadera, una manera de ponerse de pie, de mirar, reír. La jotería desquicia el orden gramatical, la concordancia, inventa palabras, muletillas… La jotería altera los sistemas de representación de género, el dispositivo de oposiciones binarias. La jotería es lúdica y espontánea. Al mismo tiempo es arma de guerra. No es inane ni queda sin consecuencia en el almidonado mundo de las apariencias, del decoro, del sottovoce. La jotería es la cosa más vista por tirios y troyanos. La sociedad supremachista en la que vivimos, carece de una solución de negociación frente a ella: solo tiene la censura, la reprobación, el aspaviento severo y la tentación de la represión violenta. La jotería está consagrada a los espacios públicos. Es la fantasía y la transgresión colocada en lo público de manera juguetona, creadora, humorística, franca y directa. Uno se puede preguntar si el golpe de pecho es sincero. De la jotería uno ni lo pregunta: ¡es sinceríxima! Acabo de ver Xenia, película griega de Panos Koutras de 2014, donde Daniel, el protagonista provoca con su vigorosa jotería tanto a los ultraderechistas griegos como a los nacionalistas albanos que sienten como una humillación insoportable las flameantes joterías de este joven mitad albano de solo quince años. Entre cinco machos se proponen darle una paliza para asfixiar la jotería… ¿es preciso decir que no lo logran? Porque la jotería es indomable, implacable, inagotable. Políticamente la jotería es altamente peligrosa: la jota arriesga la vida con temeridad y se enfrenta a grupos dispuestos a aporrearlo. Recordemos el enfrentamiento de Lemebel con el autoritarismo pinochetista; recordemos a las jotas del Bar Stonewall y la estela que un acto de rebeldía entaconado ha dejado en la historia universal.

¿Qué es el Coloquio de las perras?

El coloquio de dos perras es cosa imposible. Sin embargo, se ha venido realizando. Para Cervantes, que escribió la novela corta “El coloquio de los perros” y la incluyó en las Novelas ejemplares, el mejor punto de observación de la sociedad es desde los ojos de Scipión y Berganza, dos perros tan agudos que hablan a la puerta de un hostal. Desde el punto de vista de esas dos perras mayores que son la Superperra Oswaldo Calderón y Ego, la Supermana, El coloquio de las perras (título de mi tercer libro sobre cultura elegebetera, dedicado a las Hermanas Vampiro y a la política del perreo) se tiñe de tensión y violencia. Con los colores más oscuros de la misoginia, clasismo, racismo y de las palabras atroces de Oswaldo Calderón. Estoy contra la violencia: todos sabemos que la violencia solo atrae mayor violencia. Pero es importante no quedarse callado y responder en clave de perreo a la agresión supremachista, venga de donde venga. Con humor y veneno, con rapidez y tino, con seguridad y en voz alta. Hay que responder creativamente a las nuevas formas de violencia supremachista que se produce en México: el silencio equivale a la muerte, todo gay lo sabe.

¿Es posible hablar de una Nación marica/jota?

Sí lo es. Se trata de una nación desterritorizada o desterritorializada. Una comarca de acogida emocional para la comunidad elegebetera de todos lados que se identifica con las producciones de otros que han vivido en cualquier coordenada, el supremachismo de diversas maneras (golpes, injurias, exclusión, marginación, aislamiento, soledad, burlas, angustia, encarcelamiento, pena de muerte, lapidación y un largo etcétera). Desde las fortalezas de esos espacios simbólicos que son las producciones culturales elegebeteras, es posible sobrevivir al supremachismo, elaborarlo, superarlo. Esa nación marica es imprescindible: los mexicanos al grito de guerra no incluyen a la comunidad LGBTTTI.

¿Cómo ve el movimiento LGBTTTI en el México de hoy en día?

Hay nuevos retos, nuevas dinámicas, nuevos horizontes. El mayor reto de la comunidad LGBTTTI es lograr que la Ley Razú sea válida en todo el territorio nacional. La modificación a la Ley de Matrimonio en la Ciudad de México de diciembre de 2009 es un acontecimiento mayor cuya trascendencia no se ha entendido cabalmente. Muchos países no conocen este tipo de avance, importante para los derechos humanos y el empoderamiento de un nuevo sujeto, verdaderamente sujeto de derecho, de todos los derechos. Es preciso identificar a quienes se oponen a que sectores de la población gocen de todos los derechos. A quienes se oponen a una sociedad plural, democrática y laica. La iglesia quiere a un sujeto arrodillado y manipulado a través de la culpa. La comunidad LGBTTTI quiere estar y vivir de pie, con dignidad y gozando de los derechos de los que se le privó por milenios. No es cualquier cosa. Se trata de dos visiones de sociedad: una jerárquica y otra de iguales.

¿Cree en el movimiento de políticas cuir?

¿A qué te refieres?

Me refiero a un fenómeno que está pasando entre las generaciones más jóvenes, hemos encontrado en la política queer un espacio que nos puede dar voz y que nos diferencia un tanto de la comunidad gay. Las políticas cuir (nosotros la hemos apropiado así por cuestiones de lengua y localidades) nos han servido para entender los cuerpos desde su estado más natural, nos posicionamos desde lo cuir como respuesta al patriarcado, la normatividad (hetero y homo), la blanquitud. Es un movimiento un tanto disidente de la comunidad lésbico-gay. Me gustaría saber, qué sabes tú al respecto y si crees en estas políticas decoloniales queer/cuir.

Son muy importantes. Sobre todo porque descolonizar es urgente. No se puede encender la TV en un canal nacional sin que el racismo nos golpee excluyéndonos. Se necesita ser blanco, de ojos claros o enrubiecerse para aparecer en las pantallas. Ningún moreno debe aparecer y si lo hacen es como servidumbre o en las noticias como manifestantes revoltosos. La clase en el poder es blanca. Hace algún tiempo cuando se desplomaron helicópteros bajo el reinado de Calderón, el pequeño, en un diario extranjero señalaban el absurdo de subirse a un helicóptero para desplazarse 20 ó 50 kms. Señalaban que el propósito es apantallar a los indios cuando el político desciende de los cielos volando. A este nivel es el desprecio que merecemos en tanto que ciudadanos para el político.

En nombre de Hysteria! Revista, agradecemos el tiempo y las palabras de Antonio Marquet.

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Una bestia hambrienta

por Adriana Raggi 

 Violada, deshonrada, vadeando sangre, chorreando mugre: así se yergue la sociedad burguesa. No pulcra y limpia y moral, con pretensiones de cultura, filosofía, ética, orden, paz e imperio de la ley, sino una bestia hambrienta, un aquelarre de anarquía, una plaga para la cultura y la humanidad.[1]

Rosa Luxemburgo  

I.

¿Qué es más femenino que lo rosa? La histeria.

II.

article

En enero de este año el tenista Rafael Nadal apareció, en el Abierto de Australia, vestido con una camiseta rosa y con pantalones cortos, con una raya rosa neón en el costado.

En una entrevista después de ganar su primera ronda Nadal dijo a un entrevistador que el tiempo fuera del juego, debido a lesiones y una cirugía de apéndice, había disminuido su confianza. El comentarista respondió, señalando los pantalones cortos de Nadal, que sospechaba que el español no sufría realmente de falta de confianza.

“No creo que muchos hombres podrían vestir este reflector rosa” le dijo el comentarista a Nadal, haciendo reír a todo el estadio mientras señalaba la raya rosa neón en el costado de sus pantalones cortos.[2]

Parece ser que hoy en día el color rosa sigue siendo un problema para la masculinidad hegemónica, a pesar de la industria de la moda lo utiliza ya no como un símbolo de la feminidad –sino como un elemento de lo influido por lo camp, por el queer eye– finalmente un deportista exitoso y masculino lo porta en una cancha de tenis, lugar lleno de testosterona y opulencia. La opulencia es el lugar en donde el color rosa cae como una plaga.

III.

Hoy en día deambulamos en un mundo de contrastes, en donde la violencia y la histeria nos invaden, pero al mismo tiempo lo rosa y lo espectacular son lo nuestro, son nuestro tiempo. Es decir, vivimos en un mundo en donde, yo diría que elementos como el Camp, el Pop o el Rococó se nos muestran como una clara forma de desviar la mirada de la bestia hambrienta que es nuestra sociedad barbárica, si como dice Susan Sontag lo camp:

Es una hazaña, desde luego. Una hazaña estimulada, en último análisis, por la amenaza de aburrimiento. La relación entre el aburrimiento y el gusto camp no puede ser subestimada. El gusto camp es, por su misma naturaleza, posible únicamente en sociedades opulentas, en sociedades o círculos capaces de experimentar la psicopatología de la opulencia.[3]

La sociedad de contraste y opulencia en la que vivimos ha creado su sistema de distracción, su entorno aburrido en el que las personas pueden utilizar las redes sociales como sistema de acoso, para pasar el tiempo. Personas que no encuentran un lugar en el espacio que hay entre la precariedad y la opulencia. Las revistas de moda, las revistas de autos, de chismes, de la vida de las estrellas y los personajes de la nobleza decadente, los portales en internet en el que se desbarata la vida de las personas, la novela rosa. Es decir un lugar de convenciones en donde los personajes y las historias se repiten hasta la náusea.

La novela rosa tiene siempre un final feliz y esperado. La chica buena se queda con el chico bueno. Si bien tiene sus variaciones, la idea es dejar en el lector un sentimiento positivo, es distraerlo. Pero ¿cómo podemos ver el rosa desde el otro lado? Si bien el Rococó es un momento artístico en el que la aristocracia prefiere desviar la mirada del hecho de que la crisis social en Francia está a punto de estallar, y entonces se concentra en la opulencia y el derroche –¿o era al revés?–. Es también un momento en que se produjeron imágenes que en cierta forma desafiaban la mirada. La Joven reclinada de François Boucher, es una obra que contiene toda la concepción del arte rococó, pero es también una imagen que contiene un grado de desafío, “vamos a darle satisfacción al rey”. Y no solamente a él.

IV.

[no title] 1971 Andy Warhol 1928-1987
[no title] 1971 Andy Warhol 1928-1987

Si en el mundo contemporáneo un deportista puede vestirse de rosa, causando un revuelo mínimo realmente, también un artista lo puede utilizar para decir algo a través de los modelos que se repiten hasta la náusea pero transgrediéndolos. Pienso en la silla eléctrica de Andy Warhol, la imagen del método más reconocible y significativo del poder estatal, –la pena de muerte en Estados Unidos– y que hoy en día se sigue utilizando, es revestida de varios colores por Warhol, se repite como una forma de hablar del símbolo de la muerte y se cubre de rosa, del color de la novela rosa y los finales felices. La pena de muerte y todo su proceso en un país como Estados Unidos está revestida de justicia, cuando en realidad se trata de venganza y poder. A una ejecución asiste un número de personas interesadas en ser testigos de la muerte administrada por el estado. Aquí no hay un final feliz, –¿o sí lo es para quien desea venganza?–.

V.

Por otro lado, pienso en el rosa como el color de la transgresión en dos proyectos fotográficos opuestos pero que se encuentran en un proceso de emancipación del cuerpo: Femmes of power de Del Lagrace Volcano y Ulrika Dahl, y Digital Diaries de Natacha Merritt. Ambos proyectos hablan del cuerpo y de sus espacios sexuales desde dos puntos de vista diferentes. Mientras que Merritt hace un recorrido de sus encuentros sexuales a través de la imagen fotográfica como un medio de intervención de lo privado, claro, su propia privacidad y su propio cuerpo, ¿su feminidad? Del Lagrace Volcano y Ulrika Dahl nos ponen frente a la pregunta ¿qué es la feminidad y cuáles son sus formas?

    Ambos proyectos son un aquelarre de imágenes, son una discusión acerca de qué es el cuerpo femenino o revestido de femenino, qué es la idea de la feminidad, la relación entre esos elementos que cruzan la sexualidad, la repetición de actos, la repetición de actitudes. Podría ser una repetición hasta la náusea con final feliz, es decir una novela rosa, –una aceptación a ser destruidos por el capitalismo–, pero no lo es, es pensándolo mejor, al igual que la silla de Warhol, una reiteración que utiliza el rosa –la idea de lo femenino– como un lugar de cuestionamiento, ¿qué es la sexualidad femenina, qué es el ser femenino, qué es esa histeria de colores y formas? Si la Joven reclinada de François Boucher tiene su mirada decadente y en cierta forma desafiante, son las imágenes de estos proyectos, de estas femmes, o femme fatale, que nos obligan a no voltear la mirada de una realidad decadente, en la que ya no se puede olvidar que vivimos en el imperio de una bestia hambrienta, en un capitalismo salvaje que nos obliga a limitar nuestros cuerpos, nuestra sexualidad y a aceptar la destrucción del otro a través de medios como la venganza.

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[1] Andrew Hsiao y Audrea Lim (eds.), El libro de la disidencia. De Espartaco al lanzador de zapatos de Bagdad, trad. Herminia Bevia Villalba, Madrid: Akal, 2012, p. 155.

[2] ”Australian Open Scene: McHale’s recovery, Nadal’s shorts”, TENNIS,         19 de enero 2015, http://www.tennis.com/pro-game/2015/01/australian-open-scene-mchales-recovery-nadals-shorts/53663/#.VPNkdXb9DjE, consultado el 28 de febrero de 2015. (La traducción es mía).

[3] Susan Sontag, Contra la interpretación, trad. Horacio Vázquez Rial, 2a ed., México: Alfaguara, 1996, p.372.

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Páginas de imágenes

  1. http://cdn.tennis.com/uploads/img/2015/01/19/article/article.jpg
  2. NatachaMerritt http://25.media.tumblr.com/tumblr_lm305m2hVG1qzqbf4o1_1280.jpg
  3. Andy Warhol http://www.tate.org.uk/art/artworks/warhol-no-title-p07729
  4. Del Lagrace Volcano http://www.pagina12.com.ar/fotos/soy/20110930/subnotas_y/ed04fo03.jpg

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Adriana Raggi. Doctora en Historia del arte por el IIE de la UNAM. Obtuvo la licenciatura en Artes Visuales en la ENAP (hoy FAD) de la UNAM en 1993. De 1995 a 1996 asistió como Estudiante Invitada a la Kunstakademie Düsseldorf, Alemania. En 2002 obtuvo el grado de Maestra en Historia del arte, IIE, UNAM. En el 2013 obtuvo doctorado en Historia del arte, IIE, UNAM. En 2013 cursó el Diplomado en Fotonarrativa y Nuevos Medios de World Press Photo y la Fundación Pedro Meyer.

    Ha realizado las exposiciones individuales en 2014 Corporis sensus, Star, Cluj-Napoca, Rumania, en 2012-13 Inventarios, Casa del tiempo, UAM, 2008 Anatomía Segmentaria, Radio Educación, México, D.F., 2006 Todo lo visible y lo invisible, Instituto Mexicano de Psicoanálisis, a.c., México, D.F., en 2005 Subdivisiones, Galería Alva de la Canal, Jalapa, Veracruz, en 2004 Momento de inercia, Facultad de Ciencias, UNAM, México, D.F. y Fragmentaciones, Universidad Pedagógica Nacional, México, D.F., en 2003 Recent Works, en el Columbian/American Alliance’s Colombian Festival, ZUMIX, Boston, EUA., 2002 Rasgos humanos, Casa Jaime Sabines, Mexico, D.F., 2000 Analogías, pintura y grabado, Colegio de México, México, D.F. y Similares cotidianos, Museo Regional de Huajuapan, Huajuapan, Oaxaca, México y en 1999 Similares cotidianos, Casa de la Cultura de la UAEM, México, D.F.

Actualmente es profesora de tiempo completo de la FAD, UNAM. Además ha impartido clases en la Fundación Pedro Meyer y La Esmeralda, INBA. Es miembro del colectivo Las Disidentes,

Página web: adrianaraggi.net y lasdisidentes.com

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Capitalismo rosa: ser dinero o ser persona

"Pink tube" por Miguel Angel Padilla Salazar
«Pink tube» por Miguel Angel Padilla Salazar

José Clemente Núñez Hernández

El mundo es dinero, dinero, dinero. Aprende algo, dinero.

MC Dinero

 

Cuando el joven rapero MC Dinero nos dice que “el mundo es dinero” probablemente no está siendo exagerado.

     Claro que tendríamos que ver en qué sentido nuestro mundo se rige por el capital. Pero no sólo es interesante que diga que el mundo sea dinero, sino que a nosotros también nos dice dinero (“Aprende algo, dinero”). ¿En qué medida somos dinero nosotros para el sistema capitalista? Específicamente ¿en qué medida es la comunidad LGBTTTI dinero para el sistema capitalista? ¿qué es el capitalismo rosa y cómo nos afecta?

     Tal vez para ir pensando toda esta problemática deberíamos comenzar con un ejemplo sencillo: una persona.

     Imaginemos a un adolescente que sea aficionado a los discos de Madonna, los musicales, la ropa de moda y el gimnasio. Automáticamente muchos creerán que este chico es gay o algo por el estilo, pero ¿por qué alguien podría hacer un juicio de ese tipo? ¿en que momento pasamos del “me gusta tal tipo de música” o “tal tipo de productos culturales” al “soy un hombre que se acuesta con hombres”? ¿cómo pasamos del “consumo esto” al “soy esto”?

     Pareciera que ser gay, asumir esa identidad, es estar relacionado con ciertos campos semánticos. Si pensamos gay pensamos en ciertas prácticas que no se limitan a tener relaciones eróticas con “personas del mismo sexo”, sino que se extiende a elementos más complejos que construyen el arquetipo de gay. Una especie de gay ideal que no existe y al que parecería que debe aspirar todo hombre que se quiera acostar con otros hombres.

      Es como si decir “soy gay” automáticamente viniera con un paquete más grande que nos intenta condenar a realizar un tipo de prácticas específicas.

     El gay ideal nos indica que ropa debemos usar, cómo debemos hablar, con quién nos debemos juntar, qué debemos escuchar, y hasta cómo nos debemos relacionar entre las personas que asumen la misma identidad que nosotros. Ya no hablamos de personas específicas (Juan Pérez, María Echeverría), sino que hablamos de entidades que abarcan grupos: un gay, una lesbiana, una persona trans, etcétera, y de todos los conjuntos de prácticas que conllevan cualquiera de estas identidades.

      Todas estar relaciones identitarias le caen perfectamente al capitalismo y nos constituye como un sujeto/objeto de mercado que se comporta de ciertas prácticas. Decimos sujeto/objeto porque son sujetos que realizan acciones y objetos porque esas acciones son el objeto en el que se interesa el sistema capitalista.

     También somos sujetos, porque sólo estando sujetos a estas identidades es como obtenemos ciertas ventajas de ser reconocidos dentro del sistema… un momento ¿existir el sistema trae ventajas?

 Capitalismo rosa: pasar de la resistencia a la subjetivación y viceversa

 Podríamos remontarnos a los orígenes del capitalismo rosa en aquellas empresas y negocios que comenzaron a ofrecer sus servicios para cumplir necesidades de la comunidad LGBTTTI que otras empresas no les querían ofrecer. Desde taxis que les brindaban mayor seguridad, hasta bares especializados en este tipo de clientela.

     Pero muchas empresas y países ya se han dado cuenta de las cantidades exorbitantes de dinero que este mercado puede ofrecer. Desde los objetos que necesitan las mujeres trans para su cuerpo (maquillaje, por ejemplo) o los hombres transexuales (el gimnasio), hasta aquello que consumen los hombres gay (ropa, discos, cruceros, etcétera).

     Claro que cada mercado es distinto, no son iguales las necesidades de un hombre trans que las de una mujer lesbiana. Pero lo importante aquí es ver como el mercado ha podido distinguir ciertos “comportamientos típicos”, aunque… ¿de verdad todos los gays o todas las mujeres trans se comportan como el mercado dice que lo hacen?

 

Ser LGBTTTI o morir en el intento

Entonces ¿cuál es el problema con el capitalismo rosa?

     Para empezar, el mercado rosa (o el mercado a secas) no atiende a individuos, sólo entiende de sujetos genéricos, de poblaciones (o sectores de la población) que funcionan de una manera determinada… todo lo demás sólo no es considerado (los individuos que no se comporten como se espera que lo hagan no existen).

      Pero no podemos decir que es el mercado el que impone (o es el que se inventa) las costumbres de sus sujetos/objetos. Tampoco podemos decir que el mercado sólo se limita a ser espectador de las costumbres de sus sujetos/objetos y a cubrir sus necesidades. No podemos decir qué fue primero, si el huevo o la gallina, y no importa, lo importante es que es una relación sincrónica (se da al mismo tiempo) en el que los gays, lesbianas o trans tienen ciertas relaciones que sustentan la oferta del mercado y en el que la oferta del mercado refuerza esas relaciones para seguirse sustentando (es un círculo vicioso).

      Para entender lo anterior pensemos en un ejemplo como el físico. El cuerpo de los gays y los hombres trans es un cuerpo que ha sido atravesado por procesos como la pornificación de la imagen.

      Actualmente los gays y hombres trans van al gimnasio, se tatuan, y buscan una cierta apariencia por muchos motivos, uno de ellos es la existencia de un modelo ideal de figura masculina. El mercado mismo nos ofrece imágenes en sus campañas publicitarias, pero ¿qué pasa con aquellos cuerpos que no embonan con este ideal físico? La respuesta más pronta será decir que existen otros tipos de cuerpos, como el de los osos, por ejemplo o el de los twinks. Pero, ¿no existen también en estos dos tipos de cuerpos ideales en el que no embonan otro tipos de cuerpos?

      La manera que se relacionan los hombres con su cuerpo y la manera en que tratan (y consumen) el cuerpo de los demás se ve atravesada por estos ideales físicos, mismos que, a su vez, están atravesados por otros mecanismos como el racismo (hay un ideal blanco), el clasismo (un gimnasio cuesta dinero, por ejemplo), el machismo (se discriminan a los cuerpos afeminados), entre otros procesos de exclusión que son reproducidos por el mercado (modelos de tez clara, que tienen un cuerpo esbelto bien marcado y que no se ven muy afeminados) y que al ser reproducidos los perpetúan (las personas que quieren consumir buscan identificarse con estos ideales y buscan consumir estos ideales).

      Parece que las redes de ligue (el Mc Donald’s de la carne) son la manera más explicita en la que vemos esto con expresiones como “no afeminados, no morenos, no gordos, etcétera” en el que la manera en que actúa el mercado es más transparente.

      Así, las cosas que consumimos nos empiezan a identificar y todos los que no estén en posibilidad de identificarse con dichos ideales, son excluidos y, por consecuencia, discriminados.

      Aunque hay que aclarar que los ideales de gay, lesbiana, mujer trans, hombre trans, etcétera, no son inmutables, cambian con el tiempo. Así, no es igual el ideal del hombre gay de los 90, que el ideal de hombre gay actual (por ejemplo, las marcas ya empiezan a apuntar a un público homoparental, monógamo, de clase media alta, etcétera, que pueda adquirir sus servicios, como créditos bancarios, o préstamos hipotecarios).

      La monogamia como un sistema que favorece al capitalismo comienza a invisibilizar otro tipo de relaciones que no eran, ni son tan inusuales entre las personas que son identificadas como LGBTTTI, como la poligamia o la agamia (el no querer instituir una relación fija con alguien más), entre otras.

      Y al final ¿estamos condenados a sentirnos mal cada vez que no embonemos con las identidades LGBTTTI que el mercado rosa nos vende?

Un caso interesante: el queercore

 En sus inicios, el punk era un movimiento interesante que, entre muchos de sus elementos, tenía la problematización de todos los sistemas, entre ellos, el sexo/genérico. La mayoría de las grandes bandas punk tenían miembros de declarada ambigüedad sexual. Pero cuando el punk se comercializó a niveles masivos, pronto se comenzaron a replicar sistemas de discriminación (muchos de sus fans comenzaron a ser abiertamente homofóbicos).  Esto empujó a que fans del punk no heteronormados (no normados con el canon heteropatriarcal) crearan sus propios espacios.

      El queercore critica tanto a la homofobia de ciertos punketos, como a la identidad gay comercial consumista con la que no se identifica (recuperando una veta importante del movimiento punk en sus inicios).

      Así, aquellos que no se identificaban ni con el gay ideal ni con el heterosexual ideal, encontraron una válvula de escape.

 

El escape al dinero rosa

 

Al final, volvemos a nuestro adolescente que le gusta Madona, los musicales y la ropa. ¿De verdad tendría que ser un hombre que se acueste con hombres para disfrutar de Madona? Y al revés, ¿qué pasa con los homosexuales a los que no les gusta Madona, los musicales y la ropa?

     Parece que si uno quiere liberarse de esta sistematización de los gustos (de los deseos) uno debería lograr desafanarse de este tipo de identidades LGBTTTI (que, como vimos antes, nos sirvieron para dar una visibilización a otro tipo de subjetividades, pero que también sofocan a los individuos que no se comportan como ellas dictan que deberían comportarse).

     Tal vez, para cambiar esta economía rosa y las personas no se sientan sofocadas por esta econmía de las identidades, la estrategia sería tratar de ser una persona singular que sea un agente de sus propios deseos, y no sólo ser dinero (un valor de intercambio) como nos hizo darnos cuenta el chico MC Dinero.

 

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José Clemente Núñez Hernández. Filósofo, participó alguna vez en un proyecto de investigación de la Facultad de Filosofía y Letras sobre procesos y vocabularios de la exclusión. Actualmente colabora con artículos de política y grupos minorizados escritos de manera didáctica en @plumasatomicas de Sopitas.com porque cree que es su manera de colaborar con el mundo…o de destruirlo poco a poco. Ha participado en varios coloquios de distintas escuelas, así como en eventos culturales interdisciplinarios organizados de manera independiente. Ama a Foucault, le encanta estar tocándole las pelotas al Gobierno y es infiel a la academia… todo es en serio.

 Sopitas.com http://www.sopitas.com/site/

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Tráfico marica: Notas sobre una falsa cacería del sexo

por Sergio Castellanos a.k.a Sok
por Sergio Castellanos a.k.a Sok

Por Putonésimo Alfaro

A los 16 comencé mi vida sexual. Recuerdo que la dinámica del “encuentro” era en fiestas de amigos y yo siempre iba a la caza de los hombres que me gustaran mucho: chacales, mayates, tira jotos

Esperaba mi turno cuando no había chavas “disponibles” al final de la fiesta o cuando las amigas se iban y no tenían con quién descargar su atención. Yo estaba ahí, atento para escenificar el encuadre de la seducción.

Así fueron muchas noches, en este juego al que parecía adecuarme muy bien; el papel de puñal que debería estar agradecido de probar la verga que le bombearía una y otra vez su terminal intestinal, hasta drenarle un poco de sangre mezclada con semen en una poesía de espasmos de dolor y contoneos de placer.

Una vez leí un texto antropológico de Gayle Rubín, feminista- lésbica- radical que, según Wikipedia, fue catalogada como una de las profesoras más peligrosas de Norteamérica, titulado El tráfico de mujeres (…) en el cual apunta que los cuerpos femeninos han sido objeto y mercancía de intercambio desde tiempos in-me-mo-ria-bles, siempre para los fines del hombre y su supremacía.

Pienso una y otra vez que en este ritual, al cual llamé “de triunfo”, el cazador no era precisamente yo, sino que ésta era ya una tradición consolidada de los hombres heterosexuales para el mantenimiento de su poder sobre el universo y el cuerpo de lo femenino. El cuerpo de lo femenino que se desplaza y yuxtapone casi imperceptible en el cuerpo del maricón, del puñal, del jotito de pluma; un símbolo de lo femenino que transita para circular en esa mercancía de cambio entre los hombres: caballeros, chacales y uno que otro chaval moderno y hipster.

Entonces, ¿quién cazaba a quién?

Me doy cuenta que las experiencias de estos intercambios, que establecieron el inicio de mi vida sexual, estuvieron marcadas por agresiones y abusos de estos tiraputos, y que mi caso no es aislado, pues también lo he escuchado hasta en las historias calientes de muchos amigos.

No es que me esté victimizando o que victimice a otros, sólo es para considerar que quizá el homofóbico no siempre estará esperándonos en las calles para agredirnos: a menudo llegará muy sigiloso a lamernos el cuello, escudriñando en nuestro ano con su lengua o su verga bien parada para luego desecharnos avergonzándose de nosotros, burlándose con sus amigos de cómo gemíamos, poniéndonos en evidencia con su sarcasmo homofóbico, denigrándonos como basura, pero cuando nos ven solos nos piden otro encuentro carnal, o nunca se oponen cuando uno les seduce o los toca.

Todo se acomoda como si cada uno supiera muy bien su papel: el macho y el aplastado. Pero uno nunca logra verlo así hasta que se redirecciona a mirar el suceso con los lentes prestados de un feminismo- lésbico- radical que, de igual forma, podría servir para una lectura de nuestro cotidiano marica y puñal.

Y así pasa, a veces uno se encuentra joven, maricón, y con el verdugo entre las piernas.

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PUTONESIMO ALFARO (México D.F.) Estudié la carrera de Pedagogía con preespecialidad Onesimo_yolandaen Pedagogía Social por la Facultad de Estudios Superiores Acatlán, donde formé parte del grupo de jóvenes CDiverisA enfocado al reconocimiento de las personas LGBT. A su vez incursioné en mi formación de los estudios de género y teorías cuirs por los Diplomados del Programa Universitario de Estudios de Género UNAM y del Programa de Estudios en Disidencia Sexual de la UACM además de distintos cursos y seminarios sobre la materia. Participé en coloquios, conferencias y encuentros académicos locales, nacionales e internacionales para poner sobre la mesa temas tan fundamentales y de debate como la desigualdad y los nuevos paradigmas cuir en la educación. Actualmente me desempeño en la investigación sobre la discriminación de lxs jóvenes LGBT en el espacio universitario, además de reflexionar sobre mi cuerpo y mi sexualidad como un espacio político y deconstrucción continua.

Contacto:

onesimo.alfaro@gmail.com

https://www.facebook.com/onesimo.alfaro

 

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La Bogue… and the Beast

Enrique Landgrave

En el verano del 2009, durante el regreso de un viaje a la ciudad de Morelia, Michoacán; recibí una llamada de Alejandra Bogue (comediante; actriz, bailarina, cantante, profesional… en puntas) concediéndome tomarle unas cuantas fotografías en mi casa; ya que unas semanas antes le había enviado un correo pidiéndole que posara para mí. Coordinamos el día y la hora, y cuando llegó la esperada cita, su agente la dejó a 4 cuadras de mi casa, en la esquina de anillo periférico a un paso de la entrada al Hermanos Vázquez de Cuemanco. Recibí su llamada de auxilio pues estaba perdida; fui a recogerla en mi auto y la encontré en la esquina, paradita, muy mona, con sus lentes de sol, divina, cual gran profesional del sexo.

    Mis roomies de ese entonces y yo preparamos algunos canapés / botanas, y bebidas refrescantes / chelas, para deleitar a la luminaria de la T.V. Armando, uno de ellos, la maquilló y peinó a la usanza tradicional acapulqueña (tierra natal de la Bogue). Después de unas risas, unas cepilladas y unos cuantos jales a mi hiter empezamos la sesión; dinámica, sencilla, divertida. Sólo ella, sin una gran producción, frente al lente, haciendo lo que mejor sabe hacer: ser Alejandra Bogue.

   Al terminar le agradecí su confianza y el permitirme retratarla. Sabiendo que ella había sido musa de Joel-Peter Witkin, le mostré la edición descontinuada del libro Witkin donde aparece la foto que le fue tomada en 1990, posando desnuda junto a un perro chihuahua.
 Muy emocionada nos contó cómo se había dado la sesión con él: un amigo de ella, quien conocía al asistente del norteamericano, y quien sabía que el artista buscaba una transexual femenina antes de su reasignación sexual, la contactó con el afamado fotógrafo, quien entusiasmado y agradecido le pagó la suma de 50dls por aquella sesión y se enamoró de ella. Esto lo hizo regresar dos años después a México y buscarla para realizar una segunda sesión, esta vez junto a dos transexuales más. Una semana después, Witkin intentaría cortejarla, recibiendo sólo la negativa de Alejandra.

Me quedé muy sorprendido al descubrir que la fotografía que me inspiró a buscar y retratar a Alejandra Bogue encerraba tan bella anécdota…y que ahora es parte de mi historia con ella.

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Que nadie sepa mi sufrir

por Andrea Barragán
por Andrea Barragán

por Andrea Barragán

“Amor de mis amores, reinx mía que me hiciste que no puedo conformarme sin poderte contemplar…”

 Esta foto es de las últimas que logré capturar de mi papá; es el resultado de un hábito cotidiano en el que quería registrar sus últimos respiros de mortal. Un acto fotográfico que relataba una obsesión ritual, con la cual utilicé la cámara como una extensión de mi cuerpo, y la convertí en una prótesis de la memoria para elaborar un archivo personal como quien quiere abrazarse a la presencia, y en el cerrar de un parpadeo, al unísono con el obturador, pretende aprehender la inmortalidad para fijarla en esta memoria que tiende a olvidar involuntariamente. Esta acción salvaguardaba la oportunidad de poder verle de nuevo, por lo tanto, me transformé en una coleccionista de recuerdos y cristalicé el acto presente de observarle, postergando su último adiós con un hasta pronto, un  hasta que vuelva a sacar tu fotografía para poder redibujar tu presencia y con ello la materialidad de tus gestos, la voluptuosidad de tu cuerpo vivo que te permitía habitar este mundo.

    La imagen tomada/robada fue totalmente producto del azar, por esos días yo tomaba fotos con mi primera cámara análoga réflex y no tenía idea alguna que traían consigo un exposímetro, este descuido neófito hizo que no le pusiera las pilas correspondientes para llevar a cabo su funcionamiento por lo que en ningún momento me percaté de su ausencia. Desprovista de tal herramienta para medir la luz, sin saber que esto era lo que definía todo el proceso fotográfico estuve tomando fotos al azar, de manera intuitiva por más de un año.

    El día de esta captura, yo estaba en mi habitación que quedaba en frente de la de mis padres y le vi bañado por un chorro de luz: tan puestecito, tan ensimismado, tan imponente deviniendo presencia a través de la luz, que corrí por la cámara e hice clic para seguir sumando retazos en el collage del recuerdo.

    Cuando revelé el rollo, descubrí toda esta cruel premonición producto del azar, anunciando el principio del fin, esbozando la poética manifestación del destino sellando sus pasos, que iba enlazándose precipitadamente rumbo a su desaparición, marcando de una vez por todas la distancia negra e inmaterial que describe esta foto, dando forma al espacio negativo de quien no podrá aproximarse nunca más al sujeto amado, esa longitud entre dos cuerpos que no se volverán a sentir,  esbozaba la extraña fantasmagoría de la ausencia pretérita.

 

Amor eterno, amor eterno e inolvidable…

Producto del azar también fue el día de su muerte, – ¿o no? –  pues falleció el Día del padre hace doce años, cuando yo tenía 18. A pesar de lo insólito de la fecha, para mi resultó una estruendosa marca del destino, que apaciguando el dolor y renunciando a la opción de darle lo que iba a ser su última serenata, logré comprender su excéntrica despedida, gesto ineludible para una persona que dedicó su vida a la juerga, el azar, el placer y los excesos.

    No podría existir otra forma de despedirse que le garantizara el recuerdo de un padre ausente, la firma indeleble de un tahúr que en la tirada final avienta su mejor truco, el As de picas (el corazón negro e invertido) bajo la manga, que le llevaría a ganar el pozo completo; una maniobra del “todo por el todo” que compensó el suceso irrevocable de haberle perdido por siempre.

    Apuesta imposible de perder cuando en vida repetía constantemente que le daría mucha tristeza ser suprimido de la memoria al morir, ese temor le llevó a visitar la tumba de sus amigos para dejarles flores, deseando que tal desgracia nunca le sucediera a él. Tenía muy claro que la muerte no sería enterrar su cuerpo, si no ser condenado al olvido en el frío odioso del silencio de los cementerios.

    Por esta razón y muchas más, cada día del padre yo aparto un momento de soledad para cantarle Amor eterno, e invocar su presencia. Me abandono a la remembranza y le doy respuesta a su apuesta, la duplico para retar al destino que cronometra el paso del tiempo encargándose de empolvar los segundos muertos con prolija meticulosidad y así encubrir el pasado con sus reminiscencias. Yo sonrío desafiante con el As bajo mi corazón, el que me hace vencer cada año al tiempo, ganando la fortuna de enriquecerme cada aniversario con su vívido recuerdo, intacto como una reliquia que atesora este corazón de oro forjado con tanto amor.

     Él quería ser enterrado en el cementerio del sur, el cual nunca he visto, pero sé por sus palabras que su superficie es en arena y no como el tradicional pastal que suele resguardar los féretros, por lo que infiero que su añoranza consistía en concebir la muerte no como un renacer celestial, sino, más bien, como el cierre de ese ciclo anunciado en ese: “polvo eres y en polvo te convertirás”.

    Esa fugaz materialidad encarnada en el vuelo del ave fénix de las palomas negras, hizo que se entregara a la vida en un vaivén de borrachera, con la belleza hedonista de quien celebra la vida viviendo, esa irreductible determinación hacia que se consumiera ante el fervor de reconocerse mundano entre los mortales, y es por lo que aseguro con vehemencia que fue la forma que encontró de honrar la vida, mi querida almita vagabunda que se declaró huérfana a los 8 años cuando se fugó de la casa materna. Con el vértigo condensado en la panza, se aventuró al azar del futuro incierto.

 

«Paloma negra, ¿dónde, dónde andarás?»

Le cantaba yo meses antes de su muerte, elogiando sus desbordes, adulando su alma cantinera que derramó el elixir de la vida en cada brindis, y lo mantuvo inmerso en la laguna indescifrable que lo hacia resistirse a dormir, desvelado por no poder calmar esa excitación apasionada que le inspiraba el estar vivo.

    Duraba días enteros despierto sin poderse parar de la mesa de juego en la cual depositaba toda esa ansiedad que le quemaba por dentro y se dedicaba a apostarla noche a noche con su fé de errata; jugaba con tanto fervor como sí allí escondiera su piedra filosofal, al haber descubierto en la temeraria certeza de abandonarse a su suerte la fortuna de apostarse la vida.

    Enaltecía la existencia a punta de derroche, puedo asegurar que fue la persona que reía con la devoción con la que lloraba Chavela Vargas, sus carcajadas llenaban salones enteros y en la picardía que hacia brillar sus ojos se condensaban historias interminables que él se encargaba de narrar con tanta emoción como si le acabaran de pasar. Lo hacía de manera particular, por lo general dejaba el mejor detalle para el final a modo de acertijo para que uno dedujera con asombro la magnitud de lo que había vivido; la otra modalidad de contar sus aventuras era dejar un chiste para el final que por supuesto no echaba de manera explícita, se quedaba callado sonriendo para que uno después del silencio se echara a reír.

    Cada vez que pasábamos por una carretera particular, sonreía y decía: “Yo sé en donde hay una mina de oro escondida por aquí”. Conocía muy bien las rutas de Colombia, había caminado buen parte del territorio en otros tiempos cuando no existían estas carreteras que extendían los recorridos que él había acortado a pie.

    Nació en 1921. Como buen hijo de la modernidad, los autos y la tecnología lo volvían loco; cuando mi madre lo conoció, manejaba un Mercedes Benz verde oliva descapotado que yo sólo conocí en fotos porque luego le fue hurtado; tampoco lo vi conducir porque sus desmanes no lo dejaron invicto, tuvo la enfermedad de Parkinson durante más de 20 años, sin contar las otras enfermedades que llegaron por el lujo de sus excesos.

     Su pasión por la velocidad y los extralímites también lo dejaron cojo de la pierna derecha, definiendo su único agüero, que a mi me resultaba extremadamente particular: lo espantaban los perros negros, pues cuando se accidentó el día en que quedó cojo fue porque un perro azabache se le atravesó mientras conducía y casi lo hace morir en Caracas, Venezuela; además de dejarlo postrado en una cama por un mes recuperándose.

    A pesar de haber escuchado atentamente sus historias nunca supe a ciencia cierta mucho de él. No le gustaba hablar de sí mismo y lo que sentía, era emotivo pero impenetrable, jamás le vi llorar, por ejemplo. De él solo sé que había huido de casa y que tenía sólo un apellido: el de su madre, que heredé yo también, quien además era indígena, razón por la cual lo apodaron el indio . Su pasión por las cartas y el azar la acogió siendo muy pequeño cuando se dedicaba a la minería para ganarse la vida, allí un señor al que le decían el tuerto lo había adoptado por su evidente inteligencia para que apostara con los otros trabajadores las góticas de oro que habían sacado en la jornada minera; el timo era obvio, aún así los señores se aglomeraban para vaciar los bolsillos del chiquitín, sin saber que los que saldrían despojados de sus piedritas doradas serían ellos, pues el pequeño Efraín los abatía hasta el final en compañía de su suerte implacable que desde esos días nunca lo abandonó en toda su trayectoria de tahúr.

¿Por qué no me enseñaste cómo se vive sin ti?

El acertijo con el que cerraba sus historias, es el que ahora yo trato de descifrar para alcanzar a comprender quién fue; como le perdí siendo joven aún, no le pregunté todo lo que habría querido saber de él. Con el transcurrir del tiempo cuando yo crecía y él envejecía nos fuimos distanciando, la forma de relacionarnos se tornaba difusa, de esta manera le fui perdiendo. Él se estaba volviendo cada vez más hermético pues la vida se le estaba escapando, aquella pulsión que en otra época se había encargado de avivarlo frenéticamente ahora lo estaba extinguiendo hasta hacerlo perder su semblanza. Eso sí, lo que no dejó de hacer fue jugar cartas, aunque este placer también le fue arrebatado cuando el cáncer lo condenó a la inmovilidad.

    Al final de sus días una metástasis que le invadió por completo el cuerpo le selló la voz, sólo hablaba cuando era estrictamente necesario. Lo último que me dijo fue que me quería mucho. Siempre se había esmerado por hacérmelo saber, aún cuando no hablábamos mucho, lo hacía, se acercaba, me besaba la frente y me decía la misma frase que balbuceó aquella vez que me regaló sus últimas palabras. Creo que lo hizo continuamente porque sabía que al fin de cuentas el amor es lo único que queda.

    Antes de morir, quiso buscar a su familia de la que había perdido el rastro hacía muchísimo tiempo, me imagino que quería resolver su propio enigma. Por mi lado, yo sigo resolviendo el mío; he inventado un relato con el cual imagino o trato de desentrañar cómo habría sido su vida, por lo tanto mi proceso de duelo no ha sido vaciar su presencia de mi memoria, al contrario, he hecho de su recuerdo un tributo diario, un ritual cotidiano con el que conmemoro lo que fue su existencia junto a la mía para compensar el vacío que dejó su ausencia; así he ido incorporando su aura con lo que soy ahora; he adoptado sus gestos, sus corbatas, sus carcajadas, la arruguita que le daba picardía a su mirada, su amor desinteresado… en fin, innumerables micropresencias que me calaron hondo, que ahora cuando me miro al espejo embriagan y despistan esa sensación de haber quedado huérfana.

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Luto autoimpuesto

negro (1)
por Carmelina Jardón Rodrigo

por M Yolanda García Ares

Aquella noche murió mi abuela. Según mi madre, se quedó dormida en la cama y no hubo grandes dramas ni llantos. Mi abuela llevaba la cabeza perdida con un Alzheimer sin diagnosticar durante varios años y mi madre llevaba tantos días rezándole a Dios y a todos los santos que un día se la llevara para acabar con aquel sufrimiento que en forma de vegetal pululaba del sillón a la cama y de la cama al sillón durante todos los largos días de aquellos imposibles años. No hubo larga noche de tanatorio, el médico se opuso frontalmente a la administración del seguro y dijo que la agonía de aquella mujer ya había durado bastante y pidió el enterramiento inmediato. A la mañana siguiente, mi abuela ya descansaba bajo tierra.

     Mi madre insistió en ponerse seis meses de luto, y se hizo un pichi negro. Lo peor no fueron los meses, sino la actitud de descanso eterno que asumió ésta mirando al infinito desde aquel sillón. Luego murió su hermano y casi seguido el otro. Un buen día, se levantó del sillón. Dijo que ya no llevaría más luto. Recuerdo que yo tenía trece años y que agradecí sobremanera el que mi madre acabara con aquella actitud de muerte personal autoimpuesta que se había alargado tres años infinitos.

    En mis luchas rebeldes de adolescencia siempre había una firma física de aquel negro, un lazo de terciopelo en el cuello, un brazalete de raso en el brazo, un cinturón que robaba a mis hermanos o alguna gorra del Che Guevara. El negro significaba para mí el derecho a aquel silencio depresivo del dolor digno de mi madre. Mi abuela paterna que había intentado conquistar sin éxito el lugar de mi abuela materna. Al verme salir, protestaba criticando mi look, increpándome que a dónde iba de luto. Yo escapaba ante la complicidad callada de mi madre, que le decía a media voz “deje a la niña que vista como quiera”.  Con los años, el negro se fue haciendo dueño de mi armario. Al principio estilizaba, luego disimulaba, más tarde invisibilizaba y ahora, a los años pasar, completa un vestuario cómodo y funcional. El negro no me silencia al día de hoy, es como la parte inherente a mi historia personal, más bien, la grita. Se ha vuelto un refugio cómodo y un look acertado. No me siento triste, ni elegante, ni estilizada, ni romántica, ni subrayada ni ninguna de esas acepciones por vestir de negro de forma asidua. Me siento cómoda, me siento identificada con ese color en su neutralidad como la comodidad del sillón desde el cual puedo dejar perderse en la distancia la vista y por fin, descansar.

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La muerte de los putos: Vidas indeseables, Muertes deseadas y Duelo in(con)cluso

 

por Alex Xavier Aceves Bernal
por Alex Xavier Aceves Bernal

por Alberto Alejandro Medina Jiménez

“Cadáveres sobre cadáveres tejen nuestra historia en punto cruz lacre. Un cordón de costras borda el estandarte de raso revenido en aureolas de humo que desordenaron las letras. Separando en estratificaciones de clase a locas, maricas y travestis de los acomodados gays en su pequeño arribismo traidor.” Pedro Lemebel. Loco afán.

Esta historia a la que refiere Lemebel es la de aquellas que devenimos minorías sexuales, que aún con un falo entre las piernas fuimos exiliadas de la categoría de Hombre. Nuestra historia es un texto que se hilvana alrededor de ausencias y de olvidos. En su ombligo, la muerte. Trazos que conducen a historias terroríficas del SIDA, de suicidios y de crímenes pasionales sin justicia. Minorías sexuales pero no de género ni de clase, en apariencia. Cuerpos femeninos que se desclasifican del de biomujer. Cuerpos infecundos incapaces de reproducir mano de obra. Cuerpos lumpen, improductivos, errantes, dados a la prostitución, al vicio y a la enfermedad. Es ante esta historia que lo gay aparece como promesa liberadora. Así, estas minorías encontrarán en el mercado y sus símbolos la posibilidad de ocupar un lugar en el sistema mundo. Cuerpos, ahora, consumistas.

    Si bien este horizonte igualitario fue ensombrecido por el fantasma del sida en Latinoamérica, es en esta misma enfermedad, y en México de manera específica, que lo gay se irá filtrando en la agenda política a través de la constitución de un colectivo arcoiris. Ante la urgencia, y al tomar la lucha contra la pandemia como estandarte, estos colectivos lograrán negociar con el Estado estrategias preventivas y de tratamiento; a la par de un reconocimiento de la identidad gay como forma de organización social (centrada en la ubicación y acción de un grupo epidemiológicamente importante). Sería erróneo reducir la agenda gay a la lucha contra el sida, sin considerar la compleja trama cultural que se fue instalando desde la academia hasta los mass media o, por ejemplo, en la ciudad de México, la importancia de la geografía urbana y la clandestinidad de la vida nocturna. Sin embargo, esta historia positiva que se ha ido trazando, y que parece concretizarse hoy con el matrimonio igualitario y el reconocimiento de la identidad jurídica para personas trans, no ha podido eludir la huella de la muerte: ese vacío que ha representado el sida.

    Hablo de vacío y no de ausencia, ya que para ausentarse es necesaria una presencia que se esfume; siendo que, ante la aparición del sida, los muertos aparecen como números, como vidas seriadas desposeídas de un nombre y una historia. Esto no implica que aquellos fallecidos por la epidemia no tuvieran tales características humanas, sino que en esa Historia jamás estuvieron presentes. Por esto fue que el Estado tardó tanto en responder a la demanda de salud, incluso a nivel internacional, ya que la muerte de los putos era, o un castigo divino, o un evento natural. Por esto es que lo gay aparece como el acto de retomar un lugar negado, de apropiarse de un nombre y de una historia dentro de la Historia; pero ya no sólo como un reclamo de hacer escuchar la voz, sino como una apremiante necesidad para permanecer con vida. Entonces es preciso preguntarnos ¿Cuál ha sido el precio de esta normalización? Aplaudo de pie el esfuerzo de activistas durante esta época difícil, ya que de algún modo las personas jóvenes que discutimos libremente temas como éste, somos deudoras de ello. Sin embargo esta es una invitación a replantear nuestras estrategias políticas, de repensar el lugar ético y político que ocupamos como colectivo, retomando en este caso un tema de suma urgencia en el México de hoy (y no solamente aquí): la muerte y el luto.

    ¿Cómo hacer luto, cómo procesar una pérdida de algo que nunca estuvo presente? Si bien para las personas cercanas de los muertos por sida, estos representaron una pérdida real y manifiesta, a nivel comunitario muchas de estas muertes permanecieron ocultas. Retomo entonces la cuestión planteada por Judith Butler sobre la pérdida, el duelo y la comunidad[1], es decir ¿Cómo pensar la pérdida como un factor común, como pensar ese dolor, esa rabia, como aliciente de un proyecto político? Más que como un argumento en contra de tal autora, para discutir su idea es necesario señalar que el concepto Freudiano de duelo que utiliza Judith proviene de una visión muy psiquiatrizada[2]. Aunque ella misma lo avisora, considero, no lo lleva a sus últimas consecuencias. Tal como ella lo señala, el duelo no “se supera” como la concepción más popular nos dice, más bien se trata de aceptar la pérdida. La melancolía podría entenderse como la negación del duelo y no como la imposibilidad de superarlo ¿Ese vacío en la historia de los putos, que representa el sida, no podría implicar un estado melancólico? ¿No podría ser el orgullo y la fiesta incesante, una forma de ocultar el duelo, así como lo gay oculta otro tipo de dolor, otro tipo de marginación como las de género, raza y clase? Ya no sólo el sida, sino la muerte desposeída de duelo ¿Podría ocupar un lugar traumático dentro de la historia de las minorías? Según Freud el trauma reprimido se manifiesta incesantemente, aún enterrado el muerto permanece y re-muerde, en lo que llamó pulsión de muerte.

    En el caso del sida es manifiesto mediante investigaciones sociales y psicológicas que, a pesar que hoy los fármacos impiden la reproducción del virus y permiten retomar la salud después de un cuadro sidático, el imaginario de muerte perdura, a veces con tal fuerza que ocasiona un estado de shock frente a un diagnóstico positivo. Pero la muerte también sigue apareciendo de manera real: los fallecimientos por afecciones relacionadas al sida siguen ocurriendo pese al avance tecnocientífico. Las respuestas, aunque a veces efectivas, son siempre individualizadas. El duelo se debe resolver de manera clínica. La constitución de grupos, pensados para tal finalidad, continúan constituyendo un tipo de aislamiento de quienes tienen el virus con respecto al resto de la comunidad. Esto no responde a un deseo de exclusividad o de elitismo, sino de marginación. La llamada muerte social que ha acompañado al virus por más de 30 años, también hoy aparece como un riesgo latente. El estigma y la discriminación intentan relegar a los sujetos con el virus del lugar simbólico que ocupa “una vida digna de ser vivida”.

    Y es que al sida no es la única forma de muerte presente entre los putos, quienes hemos estado sujetos a la violencia aún antes del cáncer rosa. A la violencia física a la que estamos expuestos cotidianamente (asesinatos, golpes o tortura) le precede esa violencia simbólica, ese destierro no sólo de las categorías sexogenéricas binarias, sino también de una existencia real y plena; lo que permite pensar a nuestros cuerpos, no sólo como imprescindibles, sino como indeseables. El sida sólo concretizó el terror que ya existía ante nosotros, a quienes ya se nos veía como un riesgo en potencia para la sociedad cuyo soporte es una moral patriarcal basada en la familia. El suicidio entre los nuestros es sólo una forma en que el poder ha logrado implantar ese deseo de muerte hasta el punto de cesar nuestro deseo por la vida. ¿De qué modo la muerte se inscribe sobre nuestra piel? ¿Cuántas muertes no lloradas, vidas invisibles, sufrimientos silenciados, nos constituyen como seres históricos?

    Esto no implica que debamos vivir en un sufrimiento persistente, sino más bien de vivir ese duelo y retomar el dolor para establecer una lucha contra la muerte. Pero ese duelo no puede llevarse de manera individual o restringida. El duelo debe ser comunitario. Siendo que el duelo no sólo es la pérdida del otro, es la pérdida de sí mismo. Es renunciar a lo que de nosotros mismos el otro se lleva, y también aceptar lo que del otro se queda en el sí mismo. El duelo es tan conflictivo porque rompe el espejo del yo y revela que nuestros vínculos con los otros nos constituyen no sólo relacionalmente, sino ontológicamente. Sin los otros no somos nada. Nuestras vidas y nuestras muertes son siempre en comunidad, y no sólo en un sentido representativo y psicológico, ya que políticamente nuestra vida está expuesta a la muerte, o no, en relación a los otros.

    Una lucha contra la muerte, entonces, necesitaría repensar esas categorías que nos escinden como seres comunitarios. Las minorías sexuales debemos repensarnos desde esta posición y retomar el dolor para convertirlo en lucha. Al mismo tiempo que repensarnos en relación a otras formas de marginación, que incluso reproducimos. Quizá para un gay de clase media (o incluso de clase baja) sea poco o nada relevante la muerte de una transexual que murió asesinada por su cliente; o de un jornalero indígena, que no se identifica como gay, y que murió de sida por falta de atención médica. Estas muertes pueden ser producidas por el mismo sistema que defienden algunos gays y su lucha puede ser carente de una ética y compromiso con los otros, encerrándose cada vez más en su propio mundo idealizado de promesas ofrecidas por el capitalismo.

    No se trata entonces de decir nuestros muertos como si fueran propiedad de alguien, como si fueran Otros los que mueren; siendo que en realidad somos nosotros mismos los que morimos; no son nuestras muertas o muertos, son nuestras muertes. Ese es el carácter comunitario del duelo como proyecto político. La muerte importa porque nuestras vidas importan.

    No sólo se trata de las minorías sexuales, sino de cualquiera que deviene minoría por su raza, género, clase, enfermedad, condición física, etc. Y no es para menos, siendo que en América Latina y en específico en México vivimos bajo un régimen de explotación neocolonial, sumergidos en un gobierno de muerte e impunidad. Por esto es importante para los putos construirnos espacios de vida y exigir justicia para que nuestras muertes tengan un significado; pero también el apoyar otras formas de lucha que pugnan por la vida, puesto que todos estamos expuestos a la violencia y a la muerte, debemos construir alianzas con otros movimientos antifascistas.

    En México las desapariciones a causa del narcogobierno se han convertido en un tema central debido a que son una forma imperante en el país, una forma de aniquilación de nuestro sistema social. Son, además, una especie de postergación del duelo, una forma de ausencia total del cuerpo que impide llorarle. Pero la vida, aún en estas condiciones, insiste, y la lucha surge del dolor y la pérdida. El caso de Ayotzinapa le puso rostro a las miles de desapariciones y muertes causadas por este sistema necrófilo. No debemos caer en el error de impugnar ¿Por qué ellos son dignos de una empatía y tantas otras minorías no? Estas también son nuestras desapariciones, también son nuestras muertes, su herida está en nuestros corazones; y el sistema de violencia al que los putos estamos sometidos es el mismo que resuena en las palabras “querían ponerse con hombrecitos, pues ahora, éntrenle”[3]. De muchos modos su lucha es la misma que la nuestra.

    Para nosotros los putos, los indeseables, llegó el momento de fundar nuevas formas de vínculos e interacción entre nosotros y con otros colectivos. De resistir la privatización de los vacíos y las ausencias, y mantenerlas abiertas y colectivas (como proponía Hocquenghem respecto a la analidad). De luchar por la vida y la libertad, propia y de los demás; y entonces, no sólo permanecer unidos por el dolor, sino también por el deseo.

“Tal vez lo único que decir como pretensión escritural desde un cuerpo políticamente no inaugurado en nuestro continente sea el balbuceo de signos y cicatrices comunes. Quizás el zapato de cristal perdido esté fermentando en la vastedad de este campo en ruinas, de estrellas y martillos semienterrados en el cuero indoamericano. Quizás este deseo político pueda zigzaguear rasante estos escampados.” Pedro Lemebel. Loco afán.

[1] Butler, Judith Vida precaria: el poder del duelo y la violencia. Buenos Aires: Paidós, 2006.

[2] Uno de los mayores críticos de la concepción de duelo en Freud proviene del mismo psicoanálisis: Jean Allouch. Veáse: “Erótica del duelo en tiempos de la muerte seca” México. Edelp. S.A. 1998.

[3] Palabras de un grupo de militares a un grupo de normalistas.

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 Alberto Alejandro Medina Jiménez: Psicólogo social, maestrante y activista.

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por Liz Misterio

Identifico al negro con…

por Liz Misterio
por Liz Misterio

por Abril Díaz

I

En un inicio no me interesaba mantener una relación con él, la verdad sólo me dejaba guiar por la atracción que me producía, por más de mil razones no lo consideraba posible ni adecuado. Por mucho tiempo dejamos que las cosas se dieran como se fueron dando, y como avanzaron bien, llegó el momento de que creciera un poco más.

Me encanta entregarme a él por completo, por más difícil que sea, si me lo pide adecuadamente me dejo tomar sin restricciones. Me produce una sensación muy intensa desde el interior de mi ser de completa satisfacción.

Desde la primera vez fue un coqueteo contante que se fue incrementando hasta llegar a puntos y lugares desconocidos. Siempre ha sido un juego de placer, conjugando——-continuamente—caricias, miradas, palabras—.

No iba a depender de él, a enamorarme por completo, a hacerlo parte de mi vida. Pero me fue conquistando, poco a poco, presionando mi cuerpo en los momentos y lugares precisos.

Él sabía que no sería suya completamente, no podía prometer lo que no podía dar. Cuando me amaba, lo era, pero si no nos veíamos no podía prometer no salir con alguien más.

Recuerdo bien los momentos que cambié de opinión, podía sentirlo por completo en mí, sabía que nos pertenecíamos. No podía negar lo que sentía.

II

Por ese tiempo inicié una nueva vida como vedette, exhibiendo parte de mí. Sabía que me encantaría, a pesar/o por ser tan difícil. La parte más afín a quien yo sabía que era y se me daba con más facilidad era la creatividad en accesorios y vestimenta. Mas nunca fue la parte escénica y teatral que fui cultivando con años de todo tipo/variedad de presentaciones.

Todavía me sigue causando una actitud y sensación de apenarme. No puedo evitarlo. Me sonrojo y a veces me paraliza un poco, la experiencia vivida me permite seguir moviéndome tratando de no pensar y racionalizar todo lo que pasa. Solo bailar, recordar lo ensayado, fluir y dar lo mejor de mí. Si el público ayuda y participa, permite fluir/jugar mejor y construir una experiencia en conjunto.

Todavía recuerdo la primera fiesta en la casa de la viga. Fue genialmente caótica e invaluable por tantos detalles. El público masivo en una casa increíble, todos los números ensayados, el elenco, las bandas, la música en vivo y la recepción/participación de los asistentes, todo hacía un rush intenso y especial. Único.

III

Identifico al negro con la sombra, la cual apareció en un momento de mi vida en la forma de una chica, una mujer desconocida para mí pero que atraía de alguna manera a mi novio.

Ese tipo de sombra desconocida se alimenta de todo y, como no lograba iluminarla en el ángulo correcto, crecía, proyectándose más allá de mi percepción. Consumía todo, devorando todo en su camino.

En ese entonces me consumía y no lograba tener una visión clara de la situación, me devoró creando un hambre insaciable en mi ser, en mi alma.

Me perdí, cometiendo errores constantemente. La situación fue empeorando al justificarme con todas las razones incorrectas.

Perdí tanto, perdí todo.

Me perdí a mi misma y con ello lo que más amaba, a quien más quería tener a mi lado.

Fue caótico, fue devastador.

Ha pasado tiempo y he logrado sanar algunas heridas, aún me sorprende todo lo que pasó. A penas ahora, después de más dos años he podido iluminar un poco esa sombra. Todavía no cambia su naturaleza por completo, pero el acercarme un poco más me ha permitido detener todo lo negativo que yo proyectaba en ella. Me doy cuenta con qué facilidad mis más profundos sentimientos y temores eran proyectados en alguien desconocido que para mí representaba una sombra que amenazaba lo que más amaba y deseaba en mi vida.

El manejo de la situación no fue adecuado y todos los errores cometidos nos cobraron un precio muy alto.

Todavía no hay conclusión o claridad, pero sé que di lo mejor de mí en ese primer paso. Con toda la certeza ahora sé que para eliminar esas sombras lo mejor que uno puede hacer es acercarse, tender un lazo, un puente, una invitación. La mejor estrategia, para mí, consiste en construir, crecer, iluminar, proyectar luz y todo lo mejor que pueda nacer de mi.

Ya caí en la trampa de separar, dudar, vivir con miedo, ver a mi oposición como mi enemigo, como una amenaza. Vivir así, no es vida, conduce a más pérdida, más dolor, mucha más duda e insatisfacción.

Finalmente estamos a prueba en los momentos más difíciles, los que más nos retan en la vida, porque siempre nos conducen a aprendizajes y lugares desconocidos.

No puedo adelantarme y predecir un final perfecto para todos los involucrados, solo puedo hablar por mí misma, por mi experiencia de destrucción y reconstrucción, de pasar de proyectar miedos a hablar directo, hablar con la verdad y de acercarme a lo que más miedo me da. Enfrentarme a mi miedo, verla directamente a los ojos y decirle todo lo que me costó en el pasado, en ese momento de descenso continuo, de perderme, perder la noción, orientación y la certeza. No queda en mí, porque al seguir adelante y al salir del lío que yo misma ayudé a crear, he aprendido mucho y no soy la misma que hace años.

Creo que voy por buen camino y que las decisiones que he tomado me llevarán lejos a ser una persona confiable, coherente y responsable de mis acciones que son las que nos definen.

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Pedagogía anal: de la construcción y territorialización de la subjetividad homosexual en los baños

por Alex Xavier Aceves Bernal
por Alex Xavier Aceves Bernal

por Edward Bernardo Valencia Escobar

“¿Qué es lo que exige ser un hombre de verdad?… estar angustiado por el tamaño de la polla… tener miedo de su homosexualidad, porque un hombre, uno de verdad, no debe ser penetrado…”[1]

El repudio que genera lo coprológico por ser maloliente, desecho, abyecto, innombrable, territorializa los cuerpos cuyo placer yace en el lugar no procreativo, el campo de desperdicio de la semilla de la vida. La sodomía.

Ese pequeño lugar de goce reservado al “placer recreativo o excremental” (en palabras de un senador en plenaria televisada). El hueco degenerado… porque el culo no tiene sexo/género, el culo no es masculino o femenino, es un orifico común, un lugar como la boca o las manos, pero proscrito, tal vez por eso el lugar de encuentro de los “anormales, pervertidos, invertidos, uranistas”, sea el inodoro, los baños públicos, donde sus puertas son lugar de encuentro, canal de comunicación, de ocultamientos públicos, de encierros no infligidos, sino queridos, donde lo privado, lo anal, se promueve como localización de cuerpos empujados al retrete.

El baño (inodoro/retrete) es el culo de la escuela, el lugar donde más se tiene que hacer aseo, y donde todos se asean y expulsan sus desperdicios, donde se exponen aquellas partes que en ningún otro lugar se pueden ver: los penes, las vaginas, los culos, la desnudez, lugar de contradicción, maloliente y necesario, espacio de lo prohibido-deseado, donde acuden quienes quieren no ser vistos, para poder ser vistos por otros ocultos, encuentro de pervertidos, de sodomitas. La ducha/inodoro/orinal donde no es vedado el ver otro cuerpo como nuestro cuerpo, dónde comparar tamaños, y aprender que la anatomía es menos aburrida si existe un interés erótico en la visibilidad de lo innombrable, la dulzura del pecado, la libertad del animal enjaulado, que acude al abrevadero de la higiene para enfermar, para dejar volar los sucios pensamientos y deseos que el aula proscribe.

El baño escolar, ese ultrahigienizado pero siempre sucio, lugar de juegos indecentes, patio de recreos y despertares, donde el control disciplinar trata de imponer sus horarios, restringir su uso, como si el reloj biológico pudiera ser tan exacto para defecar solo a horas permitidas. Lugar de limpieza, dónde lavar la sangre menstrual, dónde eyacular, y consumir sustancias psicoactivas. Lugar de abuso, de generización impuesta, o de libertades subversivas, territorio colonial impuesto por la modernidad como único espacio permitido para recluir lo no procreativo, lo enfermo. Se enseña desde el preescolar a usar el ano a horas, a limpiarlo y desodorizarlo. El baño de los pequeños es lugar de las primeras enseñanzas sobre higiene, quitándole lo lúdico a la excreción, haciendo de ello un momento vergonzante, un espacio privado y un lugar de pudor, de ocultamiento de olores repugnantes, referido al castigo que implica no controlar el esfínter anal, el paso del pañal al papel higiénico, rito de paso entre la dependencia infantil de la madre y el ascenso a la autonomía del control de sí mismo, aprendizaje de cómo desaparecer la suciedad por medio del agua purificadora del inodoro. El ano no tiene sexo, pero sus usos sí, (dicen las mamás: las niñas no se limpian hacia adelante porque puede producir una infección). El pañal es el mismo, excepto últimamente por el color, ambos aprenden a defecar sentados, allí son iguales, no como al orinar donde la niña está sentada y el niño de pie. Tiene potestad la madre y la maestra del jardín para asear y enseñar al infante a asearse, mas cae la sospecha sobre el padre y el maestro si tuvieran que ejercer dicha función.

Lo anal, la analidad, se va reconfigurando al crecer el “animalito infantil asexuado” para convertirse en un adolescente salvaje lleno de pulsiones incontroladas, el lugar del culo se revela como punto de un placer proscrito y enigmático, usado como insulto, o amenaza, culiar puede ser sinónimo de copular en el lenguaje escolar de las puertas de los baños, sin embargo representa una penetración ambigua, que refiere a un sujeto no necesariamente femenino, si bien lo penetrativo comúnmente se entiende como esencialmente unido a lo vaginal, la palabra culiar implica la expansión del placer a otro territorio el cual debe ser colonizado, posiblemente el ano masculino de aquellos pseudo-hombres rebajados a la condición femenina del penetrado: los maricas, las locas, los lameculos, los muerdealmohadas, las pasivas, chupavergas, travestis, entre otros insultos que nominan al sujeto que abandonando el rol natural de su culo decide usarlo para posicionarse políticamente como diferente al modelo de macho patriarcal reproductor. Subvirtiendo el orden natural de la excreción para “hacer de su culo un potrero” dónde actuar como animal irracional de campo (los caballos y los toros copulan entre sí al estar encerrados sin hembras). Sin ánimo de naturalizar recurro al lenguaje popular para mostrar como el uso del culo es común y referido a connotaciones negativas como “la cagó”, “estoy vuelto mierda”, “culo y saliva”, “me rompe el culo”, “culipronta”, “culiflojo”, “nacido por el culo”, “cagón(a)” o a otras connotaciones sexistas como “culona”, “sí lo hago… pero si me da culo”, etc.

Los juegos de orinales: medirse el pene para ver quién lo tiene más grande, las competencias masturbatorias de ver quién eyacula más rápido o más lejos, el orinar al otro, abrirle la puerta al que está defecando, o amarrar a alguien y dejarlo encerrado en el sanitario, pueden ser formas de homoerotismo permitido, ya que en el baño es menos obvio, menos sospechoso, el que tales juegos produzcan excitación. Sin embargo también pueden ser prácticas de reforzamiento de masculinidades diversas, falocéntricas en quienes tienen el poder de un mayor tamaño, homofóbicas hacia quienes no pueden ocultar su gusto por observar a los demás. Allí los baños pueden ser lugar de castigo, de burla, de abuso, de exploración, de morbosidad, de fetichismo, de primeras prácticas de sexo oral o penetrativo.

La feminización del sujeto homosexual al ser penetrado puede ser considerada como degradación de la condición masculina pues no se concibe que la naturaleza del hombre ni del ano sea el ser penetrado, se supone que ese rol pasivo lo hace menos hombre, por ello en algunos conflictos armados los hombres vencidos son sodomizados con lo cual los penetradores reafirman contradictoramente su masculinidad heterosexual quitándole la virilidad al derrotado, humillando, usándolo como mujer. Así vemos que se considera gay o marica sólo al sujeto activo de la práctica homoerótica, ya que el cacorro sigue siendo hombre penetrador dominador activo, mientras el penetrado es quien “se deja romper el culo” desconociendo que el sujeto activo también disfruta del placer de poseer a otro cuerpo masculino, quitándole su masculinidad. Se silencian públicamente otras prácticas como el sexo anal lésbico o el gusto de muchos hombres heterosexuales o bisexuales que gustan de ser penetrados ya sea por otros hombres o por mujeres con dildos y arneses o por mujeres trans.

Estas prácticas que son “secreto a voces” en muchos contextos escolares (sobre todo en los internados no mixtos), esconden en los baños un universo paralelo inexplorado, porque se supone que estas cosas no pueden ocurrir en la escuela, donde el sexo y lo homosexual parecen no tener cabida. Los ambientes de reclusión como los internados, cárceles, batallones, seminarios, facilitarían el acercamiento a estas dinámicas, sin embargo es complicado el acceder a realizar una investigación seria y profunda de forma permitida por sus directivas. Aun así, existen algunos acercamientos investigativos muy interesantes ya sea desde la sexualidad en los baños de la escuela[2] o desde la construcción de masculinidades a través de grafitis no solo en los baños sino en toda la escuela.[3]

Desde mi experiencia tras haber trabajo como docente en un internado para niñas en el sector rural y al haber pasado cuatro años y medio de mi vida en dos seminarios para formación de sacerdotes, puedo decir que allí se manifiestan muchas prácticas homoeróticas, y no porque el ambiente haga que las personas “se vuelvan gays o lesbianas” sino porque es más fácil que se visibilicen estas situaciones, subjetividades, discursos y prácticas.

Volviendo al tema de la configuración del sujeto homosexual desde la analidad y su territorialización en los baños escolares, es interesante ver cómo esta dinámica se desplaza también a la universidad; allí ya no sólo se ponen ofensas, frases morbosas, o se denuncia o amenaza a quien se cree ser gay o a quien se quiere degradar, se pasa al nivel de la promoción publicitaria ofreciendo explícitamente servicios sexuales con números de celular, lugares y direcciones de encuentros sexuales, características anatómicas que describen la forma y el tamaño del pene, los gustos particulares del sujeto o los servicios que se pueden prestar. También se pueden encontrar discursos políticos marcados desde la ultraderecha o la izquierda a favor o en contra de la homosexualidad. Estas prácticas se hacen más explicitas en otros baños públicos[4] como en los centros comerciales, bibliotecas, parques, restaurantes, etc. Sin embargo no es algo nuevo, ya que desde la época victoriana los baños públicos eran lugares de cruissing para los caballeros no tan caballeros de la época.[5] Por esta razón se establecieron brigadas policiales para vigilar los baños. Tal vez por esta razón tienen mucho éxito los saunas y videos para hombres gays, ya que representan un lugar privado donde se puede encontrar sexo casual, rápido y sin compromiso, como se hacía en los baños del colegio, pero sin el miedo a ser visto, sin el peligro de ser agredido por heterosexuales homofóbicos entre otras ventajas. Allí los anos se liberan y se disfrutan sin prevenciones, sin pudores, entre la penumbra y el vapor, que ya desde los años 60 y hasta hoy proliferan como centros de homosocialización donde se aprendían las dinámicas del ámbito homosexual, como lo dice un hombre entrevistado para una tesis de la Universidad Nacional:

Iguazú, este es de los más viejos que había, El Chapinero, quedaba aquí en los 60. Ah, esos baños turcos de Chapinero quedaban aquí en la Caracas; fue la escuela de todo el mundo homosexual en Bogotá y después se llamaba ¡Paraiso!, esa fue la escuela de todo el mundo gay en Bogotá. Ese fue uno, otro… la hipocresía del macho, baños Niágara. Todos los machos de la ciudad iban a esos baños turcos, se las daban de machos pero eran maricas, iban a conseguir, ¡sí! Eso está en la memoria de la gente.”[6]

Los baños eran y son un ícono de la sexualidad homosexual, el cine rosa y el porno están llenos de escenas en baños, vestidores de duchas, casilleros de baños, baños de universidades, que se adaptan con orificios en las paredes internas de los inodoros para poder introducir el pene de forma anónima sin ver a quién se penetra o se le hace una mamada. Los baños son refugio y materialización del deseo homosexual como lo presentan en la película The curiosity of chance donde un adolescente tiene sus primeras experiencias en los baños, esperando por horas a que alguien “de señas” de ser como él, para la cual se establecen códigos de miradas, señales con la cabeza o las manos, formas de caminar o vestir.

Esas dinámicas se han ido modificando y ampliando a través de la internet y el uso de teléfonos móviles ya que se pueden concertar citas a través de grupos en Facebook u otras redes sociales, (Grindr, Manhunt, etc) localizando baños de centros comerciales o universidades para tener encuentros sexuales. El sexo anal se ha restringido a lo casual, al miedo de ser vistos por los vigilantes, pero eso también puede significar que se apropian de lo público como forma de rebeldía o como única forma de encuentro, haciendo una cultura del sexo rápido, sin compromiso, dificultando el establecimiento de relaciones estables, cuestionando temas como: la monogamia, la moralidad impuesta, la restricción del placer al ámbito privado.

Para finalizar, los cuerpos configurados por el ano y territorializados en los baños plantean un campo investigativo interesante que si bien ha tenido algunos acercamientos no se ha enfocado en el ámbito escolar. Ver el sexo desde otras zonas corporales puede permitir poner en tensión el falocentrismo heterosexista[7] pero que también circula en la cultura homosexual. Reconfigurando otros usos del cuerpo y del placer, otras estéticas y campos simbólicos. Este campo de lo anatomopolítico en la escuela es un espacio de exploración muy amplio sobre todo en cuanto a lo que se refiere a la diversidad sexual, y la construcción de las subjetividades no heterosexuales.

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[1] Despentes, Virginie. “Teoría King Kong” traducción de Beatriz Preciado. Editorial Melusina, España 2007. Pp 25.

[2] Raffeta Paola. “Sexualidad en la escuela: graffitis en baños escolares de la ciudad de buenos aires”.Buenos Aires.2012.

[3] Scharagrodsky, Pablo. “Dibujando y narrando a los cuerpos. El caso de los murales, carteles y graffitis escolares.”  http://www.iv-coloquio-2011.com.ar/mesas/085.doc.Argentina. 2011.

[4] Garibello Leonardo. Crónica encuentros sexuales en los baños públicos de Bogotá. Sep, 29 del 2007.Youtube.

[5] Nicolás Jean. La cuestión Homosexual. Editorial Fontamara, México D.F.1989.

[6] Garzon García, Ember Darío. “Cruzando los umbrales del secreto: aproximaciones al estudio de las ofertas estilísticas en las casas de baño para hombres en Bogotá.” UNAL, Facultad de Ciencias Humanas. Tesis de maestria en Sociología. Bogotá 2002. Pp 55.

[7] Preciado Beatriz. Manifiesto contrasexual. Simancas ediciones, España. 2002.

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Edward Bernardo Valencia Escobar.Docente, estudiante de maestría en educación en la UPN de Bogotá, licenciado en Filosofía y Ciencias religiosas de la Universidad santo Tomás de Bogotá. Interesado en reflexionar acerca de las diversidades sexuales en el ámbito escolar.

Mail: edwardprofe@hotmail.com

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