Pedagogía anal: de la construcción y territorialización de la subjetividad homosexual en los baños

por Alex Xavier Aceves Bernal

por Alex Xavier Aceves Bernal

por Edward Bernardo Valencia Escobar

“¿Qué es lo que exige ser un hombre de verdad?… estar angustiado por el tamaño de la polla… tener miedo de su homosexualidad, porque un hombre, uno de verdad, no debe ser penetrado…”[1]

El repudio que genera lo coprológico por ser maloliente, desecho, abyecto, innombrable, territorializa los cuerpos cuyo placer yace en el lugar no procreativo, el campo de desperdicio de la semilla de la vida. La sodomía.

Ese pequeño lugar de goce reservado al “placer recreativo o excremental” (en palabras de un senador en plenaria televisada). El hueco degenerado… porque el culo no tiene sexo/género, el culo no es masculino o femenino, es un orifico común, un lugar como la boca o las manos, pero proscrito, tal vez por eso el lugar de encuentro de los “anormales, pervertidos, invertidos, uranistas”, sea el inodoro, los baños públicos, donde sus puertas son lugar de encuentro, canal de comunicación, de ocultamientos públicos, de encierros no infligidos, sino queridos, donde lo privado, lo anal, se promueve como localización de cuerpos empujados al retrete.

El baño (inodoro/retrete) es el culo de la escuela, el lugar donde más se tiene que hacer aseo, y donde todos se asean y expulsan sus desperdicios, donde se exponen aquellas partes que en ningún otro lugar se pueden ver: los penes, las vaginas, los culos, la desnudez, lugar de contradicción, maloliente y necesario, espacio de lo prohibido-deseado, donde acuden quienes quieren no ser vistos, para poder ser vistos por otros ocultos, encuentro de pervertidos, de sodomitas. La ducha/inodoro/orinal donde no es vedado el ver otro cuerpo como nuestro cuerpo, dónde comparar tamaños, y aprender que la anatomía es menos aburrida si existe un interés erótico en la visibilidad de lo innombrable, la dulzura del pecado, la libertad del animal enjaulado, que acude al abrevadero de la higiene para enfermar, para dejar volar los sucios pensamientos y deseos que el aula proscribe.

El baño escolar, ese ultrahigienizado pero siempre sucio, lugar de juegos indecentes, patio de recreos y despertares, donde el control disciplinar trata de imponer sus horarios, restringir su uso, como si el reloj biológico pudiera ser tan exacto para defecar solo a horas permitidas. Lugar de limpieza, dónde lavar la sangre menstrual, dónde eyacular, y consumir sustancias psicoactivas. Lugar de abuso, de generización impuesta, o de libertades subversivas, territorio colonial impuesto por la modernidad como único espacio permitido para recluir lo no procreativo, lo enfermo. Se enseña desde el preescolar a usar el ano a horas, a limpiarlo y desodorizarlo. El baño de los pequeños es lugar de las primeras enseñanzas sobre higiene, quitándole lo lúdico a la excreción, haciendo de ello un momento vergonzante, un espacio privado y un lugar de pudor, de ocultamiento de olores repugnantes, referido al castigo que implica no controlar el esfínter anal, el paso del pañal al papel higiénico, rito de paso entre la dependencia infantil de la madre y el ascenso a la autonomía del control de sí mismo, aprendizaje de cómo desaparecer la suciedad por medio del agua purificadora del inodoro. El ano no tiene sexo, pero sus usos sí, (dicen las mamás: las niñas no se limpian hacia adelante porque puede producir una infección). El pañal es el mismo, excepto últimamente por el color, ambos aprenden a defecar sentados, allí son iguales, no como al orinar donde la niña está sentada y el niño de pie. Tiene potestad la madre y la maestra del jardín para asear y enseñar al infante a asearse, mas cae la sospecha sobre el padre y el maestro si tuvieran que ejercer dicha función.

Lo anal, la analidad, se va reconfigurando al crecer el “animalito infantil asexuado” para convertirse en un adolescente salvaje lleno de pulsiones incontroladas, el lugar del culo se revela como punto de un placer proscrito y enigmático, usado como insulto, o amenaza, culiar puede ser sinónimo de copular en el lenguaje escolar de las puertas de los baños, sin embargo representa una penetración ambigua, que refiere a un sujeto no necesariamente femenino, si bien lo penetrativo comúnmente se entiende como esencialmente unido a lo vaginal, la palabra culiar implica la expansión del placer a otro territorio el cual debe ser colonizado, posiblemente el ano masculino de aquellos pseudo-hombres rebajados a la condición femenina del penetrado: los maricas, las locas, los lameculos, los muerdealmohadas, las pasivas, chupavergas, travestis, entre otros insultos que nominan al sujeto que abandonando el rol natural de su culo decide usarlo para posicionarse políticamente como diferente al modelo de macho patriarcal reproductor. Subvirtiendo el orden natural de la excreción para “hacer de su culo un potrero” dónde actuar como animal irracional de campo (los caballos y los toros copulan entre sí al estar encerrados sin hembras). Sin ánimo de naturalizar recurro al lenguaje popular para mostrar como el uso del culo es común y referido a connotaciones negativas como “la cagó”, “estoy vuelto mierda”, “culo y saliva”, “me rompe el culo”, “culipronta”, “culiflojo”, “nacido por el culo”, “cagón(a)” o a otras connotaciones sexistas como “culona”, “sí lo hago… pero si me da culo”, etc.

Los juegos de orinales: medirse el pene para ver quién lo tiene más grande, las competencias masturbatorias de ver quién eyacula más rápido o más lejos, el orinar al otro, abrirle la puerta al que está defecando, o amarrar a alguien y dejarlo encerrado en el sanitario, pueden ser formas de homoerotismo permitido, ya que en el baño es menos obvio, menos sospechoso, el que tales juegos produzcan excitación. Sin embargo también pueden ser prácticas de reforzamiento de masculinidades diversas, falocéntricas en quienes tienen el poder de un mayor tamaño, homofóbicas hacia quienes no pueden ocultar su gusto por observar a los demás. Allí los baños pueden ser lugar de castigo, de burla, de abuso, de exploración, de morbosidad, de fetichismo, de primeras prácticas de sexo oral o penetrativo.

La feminización del sujeto homosexual al ser penetrado puede ser considerada como degradación de la condición masculina pues no se concibe que la naturaleza del hombre ni del ano sea el ser penetrado, se supone que ese rol pasivo lo hace menos hombre, por ello en algunos conflictos armados los hombres vencidos son sodomizados con lo cual los penetradores reafirman contradictoramente su masculinidad heterosexual quitándole la virilidad al derrotado, humillando, usándolo como mujer. Así vemos que se considera gay o marica sólo al sujeto activo de la práctica homoerótica, ya que el cacorro sigue siendo hombre penetrador dominador activo, mientras el penetrado es quien “se deja romper el culo” desconociendo que el sujeto activo también disfruta del placer de poseer a otro cuerpo masculino, quitándole su masculinidad. Se silencian públicamente otras prácticas como el sexo anal lésbico o el gusto de muchos hombres heterosexuales o bisexuales que gustan de ser penetrados ya sea por otros hombres o por mujeres con dildos y arneses o por mujeres trans.

Estas prácticas que son “secreto a voces” en muchos contextos escolares (sobre todo en los internados no mixtos), esconden en los baños un universo paralelo inexplorado, porque se supone que estas cosas no pueden ocurrir en la escuela, donde el sexo y lo homosexual parecen no tener cabida. Los ambientes de reclusión como los internados, cárceles, batallones, seminarios, facilitarían el acercamiento a estas dinámicas, sin embargo es complicado el acceder a realizar una investigación seria y profunda de forma permitida por sus directivas. Aun así, existen algunos acercamientos investigativos muy interesantes ya sea desde la sexualidad en los baños de la escuela[2] o desde la construcción de masculinidades a través de grafitis no solo en los baños sino en toda la escuela.[3]

Desde mi experiencia tras haber trabajo como docente en un internado para niñas en el sector rural y al haber pasado cuatro años y medio de mi vida en dos seminarios para formación de sacerdotes, puedo decir que allí se manifiestan muchas prácticas homoeróticas, y no porque el ambiente haga que las personas “se vuelvan gays o lesbianas” sino porque es más fácil que se visibilicen estas situaciones, subjetividades, discursos y prácticas.

Volviendo al tema de la configuración del sujeto homosexual desde la analidad y su territorialización en los baños escolares, es interesante ver cómo esta dinámica se desplaza también a la universidad; allí ya no sólo se ponen ofensas, frases morbosas, o se denuncia o amenaza a quien se cree ser gay o a quien se quiere degradar, se pasa al nivel de la promoción publicitaria ofreciendo explícitamente servicios sexuales con números de celular, lugares y direcciones de encuentros sexuales, características anatómicas que describen la forma y el tamaño del pene, los gustos particulares del sujeto o los servicios que se pueden prestar. También se pueden encontrar discursos políticos marcados desde la ultraderecha o la izquierda a favor o en contra de la homosexualidad. Estas prácticas se hacen más explicitas en otros baños públicos[4] como en los centros comerciales, bibliotecas, parques, restaurantes, etc. Sin embargo no es algo nuevo, ya que desde la época victoriana los baños públicos eran lugares de cruissing para los caballeros no tan caballeros de la época.[5] Por esta razón se establecieron brigadas policiales para vigilar los baños. Tal vez por esta razón tienen mucho éxito los saunas y videos para hombres gays, ya que representan un lugar privado donde se puede encontrar sexo casual, rápido y sin compromiso, como se hacía en los baños del colegio, pero sin el miedo a ser visto, sin el peligro de ser agredido por heterosexuales homofóbicos entre otras ventajas. Allí los anos se liberan y se disfrutan sin prevenciones, sin pudores, entre la penumbra y el vapor, que ya desde los años 60 y hasta hoy proliferan como centros de homosocialización donde se aprendían las dinámicas del ámbito homosexual, como lo dice un hombre entrevistado para una tesis de la Universidad Nacional:

Iguazú, este es de los más viejos que había, El Chapinero, quedaba aquí en los 60. Ah, esos baños turcos de Chapinero quedaban aquí en la Caracas; fue la escuela de todo el mundo homosexual en Bogotá y después se llamaba ¡Paraiso!, esa fue la escuela de todo el mundo gay en Bogotá. Ese fue uno, otro… la hipocresía del macho, baños Niágara. Todos los machos de la ciudad iban a esos baños turcos, se las daban de machos pero eran maricas, iban a conseguir, ¡sí! Eso está en la memoria de la gente.”[6]

Los baños eran y son un ícono de la sexualidad homosexual, el cine rosa y el porno están llenos de escenas en baños, vestidores de duchas, casilleros de baños, baños de universidades, que se adaptan con orificios en las paredes internas de los inodoros para poder introducir el pene de forma anónima sin ver a quién se penetra o se le hace una mamada. Los baños son refugio y materialización del deseo homosexual como lo presentan en la película The curiosity of chance donde un adolescente tiene sus primeras experiencias en los baños, esperando por horas a que alguien “de señas” de ser como él, para la cual se establecen códigos de miradas, señales con la cabeza o las manos, formas de caminar o vestir.

Esas dinámicas se han ido modificando y ampliando a través de la internet y el uso de teléfonos móviles ya que se pueden concertar citas a través de grupos en Facebook u otras redes sociales, (Grindr, Manhunt, etc) localizando baños de centros comerciales o universidades para tener encuentros sexuales. El sexo anal se ha restringido a lo casual, al miedo de ser vistos por los vigilantes, pero eso también puede significar que se apropian de lo público como forma de rebeldía o como única forma de encuentro, haciendo una cultura del sexo rápido, sin compromiso, dificultando el establecimiento de relaciones estables, cuestionando temas como: la monogamia, la moralidad impuesta, la restricción del placer al ámbito privado.

Para finalizar, los cuerpos configurados por el ano y territorializados en los baños plantean un campo investigativo interesante que si bien ha tenido algunos acercamientos no se ha enfocado en el ámbito escolar. Ver el sexo desde otras zonas corporales puede permitir poner en tensión el falocentrismo heterosexista[7] pero que también circula en la cultura homosexual. Reconfigurando otros usos del cuerpo y del placer, otras estéticas y campos simbólicos. Este campo de lo anatomopolítico en la escuela es un espacio de exploración muy amplio sobre todo en cuanto a lo que se refiere a la diversidad sexual, y la construcción de las subjetividades no heterosexuales.

[1] Despentes, Virginie. “Teoría King Kong” traducción de Beatriz Preciado. Editorial Melusina, España 2007. Pp 25.

[2] Raffeta Paola. “Sexualidad en la escuela: graffitis en baños escolares de la ciudad de buenos aires”.Buenos Aires.2012.

[3] Scharagrodsky, Pablo. “Dibujando y narrando a los cuerpos. El caso de los murales, carteles y graffitis escolares.”  http://www.iv-coloquio-2011.com.ar/mesas/085.doc.Argentina. 2011.

[4] Garibello Leonardo. Crónica encuentros sexuales en los baños públicos de Bogotá. Sep, 29 del 2007.Youtube.

[5] Nicolás Jean. La cuestión Homosexual. Editorial Fontamara, México D.F.1989.

[6] Garzon García, Ember Darío. “Cruzando los umbrales del secreto: aproximaciones al estudio de las ofertas estilísticas en las casas de baño para hombres en Bogotá.” UNAL, Facultad de Ciencias Humanas. Tesis de maestria en Sociología. Bogotá 2002. Pp 55.

[7] Preciado Beatriz. Manifiesto contrasexual. Simancas ediciones, España. 2002.

Edward Bernardo Valencia Escobar.Docente, estudiante de maestría en educación en la UPN de Bogotá, licenciado en Filosofía y Ciencias religiosas de la Universidad santo Tomás de Bogotá. Interesado en reflexionar acerca de las diversidades sexuales en el ámbito escolar.

Mail: edwardprofe@hotmail.com

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