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Ilustración por Marian

La fiesta de María

Ilustración por Marian
Ilustración por Marian

¡Tócate, María! María, tócate. Mira que linda estás, María, mírate…

María abre los ojos. Está sudando y la playera se le pega a la piel. Siente duros los pezones, le molesta el roce de la tela. El calor no va a ceder, así que se levanta enojada, avienta la sábana y camina descalza hacia el baño. Se moja la cara. Está muy excitada. Sus manos están listas para tocar, pero no puede. No puede porque siempre acaba sintiendo vergüenza.

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María estaba contenta de haber entrado a la universidad. En los primeros días de clases conoció a las chicas que se convertirían en sus mejores amigas. Algo de lo que solían hablar era de sus experiencias sexuales y cuando le preguntaron qué tan frecuentemente se masturbaba María palideció. Para ella la masturbación era cosa de hombres. Le daba asco pensar que le podrían salir pelos en las manos, aunque lo dijeran de broma.

Sus amigas no daban crédito, así que le preguntaron: “¿A poco no te excitas algunas veces cuando te bañas? ¿No te metes los dedos? ¿No te frotas las tetas?” María prefería la palabra tetas que chichis y sintió confianza de contarles cómo se sentía al respecto.

Les dijo que a los once años ya tenía los senos muy grandes. En una fiesta familiar, su primo Luis le dijo que cuando corría sus chichis rebotaban como pelotas. Se metió unos globos debajo de la camisa y movió el pecho diciendo que así se le veían. En el último año de la primaria sus compañeras le preguntaban qué se sentía tener chichis grandes y que si no le pesaban. Ella se sentía muy incómoda. Empezó a odiar con todas sus fuerzas las palabras chichis, chiches y odiaba más aún cuando en la calle le gritaban “¡Qué ricas chichotas!”

Sus amigas le dijeron que esos “melones” eran poderosos y que de ahora en adelante debía verlos así. Una de sus amigas le comentó que para esa noche le dejaba de tarea tocarse, que al día siguiente le haría examen. A María le dio risa, obviamente iba a reprobar, así que les dio el avión, pero pasó varios días pensando en aquella plática.

Un día en que no estaba nadie en casa, se encerró en el baño, se desnudó y se miró de cuerpo completo en el espejo. Casi nunca lo hacía, pero esta vez se observó detenidamente. Se contó los lunares y se apachurró la panza, pero no se atrevió a tocarse los senos. Hizo un intento otro día; tocó sus pezones, con un apretón se pusieron duros. A María le gustó la sensación. Frotó, pero le dio vergüenza sentirse excitada. ¿Cómo se iba a excitar con ella misma?

María tuvo un novio en la prepa con el que se daba besos de lengüita y fue con el primero que se hizo consciente de la humedad entre sus piernas. En la universidad salió con algunos chicos más y con el primero que tuvo relaciones sexuales fue con un muchacho que apenas conocía. Y todo porque, según ella, se parecía a Pedro Infante. Cuando estaba en la secundaria, todas sus amigas estaban enamoradas de Alejandro Sanz o de alguno de los artistas jóvenes de aquella época. Pero María sólo tenía ojos para Pedro, El Inmortal. Los sábados se sentaba con su abuela a ver las películas en blanco y negro que pasaban en la televisión y suspiraba al verlo apretando y besando a su pareja en turno.

Ese chico que conoció era el único compañero de su clase que se dejaba el bigote. María se imaginó todo el tiempo que así sería estar con El Inmortal y cuando su bigote rozó sus senos se excitó como nunca. Ese bigote también navegó por su vulva y María no daba crédito de las cosquillas que estaba sintiendo. Estuvo un par de semanas con él, aunque se le pasó la emoción cuando se quitó el bigote. Tuvo algunas parejas más, pero nada especial, hasta que conoció a Ramón y se enamoró desaforadamente. Vivió ocho años con él, durante los cuales nunca se masturbó. Ella decía que no lo necesitaba. En los días de la ruptura, María sentía que el dolor le oprimía el pecho y pasaron muchos meses para que dejara de llorar a diario.

En el siguiente verano María se fue de vacaciones con sus amigas. Ellas le dijeron que ya era hora de levantarse el velo y dejar el luto. María pensó que aún no quería conocer a nadie más, así que pensó que quizá sería una buena opción comenzar a explorarse. Se compró el succionador de clítoris más famoso del mercado y acondicionó su recámara para una noche romántica: incienso, pétalos de rosa, vino, luz tenue, música… un cliché. Mientras se desnudaba, María pensaba “¿Hacer esto de veras es tan fabuloso? ¿Tan bueno para la salud como dicen en las revistas?”. Todo estaba listo, menos María. Miraba el succionador con desconfianza. Jamás había utilizado ningún juguete sexual, así que esta sería su primera experiencia.

Se acostó e intentó tocarse los senos. Pensó en Ramón, pero si seguía se sentiría triste. Pensó en sus anteriores amantes, aunque realmente no se estaba excitando, ni cuando recordó al que se parecía a Pedro Infante. No se sentía húmeda y tenía frío. Encendió el succionador, le pareció ruidoso y pensó que tal vez sería peligroso ponerse esa cosa en el clítoris. Aun así, lo hizo. Cuando empezó a sentir cosas decidió apagarlo. ¡Al diablo la masturbación! Mejor se buscaba una pareja ocasional.

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María cumple 40 años el próximo lunes. No tiene mucho ánimo de festejar, pero sus amigas insistieron. Sería algo muy íntimo; cada quién llevaría algo. Ella prepararía una deliciosa cochinita pibil que aprendió a hacer gracias a su abuela. Dos días antes del festejo, María fue al tianguis a comprar todo lo que necesitaba. Esa mañana se levantó muy acalorada, así que se puso un vestido. Fue de un puesto a otro y entre el bullicio se dio cuenta de que su cuerpo pedía algo que siempre satisfacía con Ramón o con los chicos que había compartido caricias. Compró lo más rápido que pudo. Se acordó de los lengüetazos del Pedro falso y del bigote rozándole los pezones y le ardía la cara nada más de pensar que alguno de los marchantes o las personas que caminaban por el tianguis se dieran cuenta de lo excitada que estaba.

Subió corriendo las escaleras, abrió temblorosa la puerta de su departamento; aventó las bolsas en la mesa y se fue directo a la recámara. Se tumbó sobre la cama. Escuchó cómo su corazón latía rapidísimo y estaba asombrada de lo caliente que se sentía. Esta vez los pezones estaban duros sin haberlos tocado. Puso sus manos sobre el vientre y empezó a bajar. En ese momento se dio cuenta de que quizá el error había sido siempre empezar por arriba. Esta vez lo haría por abajo. Cada uno de sus dedos entraría en ella y en ese momento pensó triunfante: “¡María, te estás tocando!”

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BREVE SEMBLANZA

 Me llamó Elizabeth Borges García. Nací en 1983 y desde que tengo memoria me gusta que me cuenten cuentos. Estudié Ciencias de la Comunicación en la UNAM, he trabajado como telefonista, editora junior para libros de texto de bachillerato y asistente. Soy mamá de una joven adolescente, soy parte de un colectivo llamado Radio Xinaxtli y conduzco junto con mi amiga un programa llamado Culturama, que recién se está transmitiendo de 13:00 a 14 horas por Violeta Radio 106.1 FM.

Pueden encontrarme en:

https://www.instagram.com/borelisaga/

https://www.facebook.com/elizabeth.borges.56/

 

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No hay futuro ni flor ni fruto. Basta.

por Oliver Terrones

Claro que fui diseñadu para el futuro, un futuro en el que doy frutos. Todo en mí se diseñó esperando ese fruto. Odio el futuro porque no quiero cumplir ese deseo pensado para mí. Antes de nacer yo ya tenía un nombre, un futuro diseñado y deseado, también otro indeseado; una lista con todo lo que no tenía que ser. Dos mensajes simultáneos: no ser loca y cómo ser una loca. Todus sabemos cómo convertirnos en la loca del barrio al mismo tiempo que sabemos que no debemos serlo.

Hoy trabajo en el Departamento de Movimientos Sociales y Territoriales. Nuestra misión es diseñar movimientos sociales y masas para la acción. Nos especializamos en rangos de edad que, hasta ahora, es el modelo más estable. Hay modelos experimentales basados en fenotipo y comportamiento sexual, pero hasta ahora no han dado tan buenos resultados como la edad y los ingresos. En décadas pasadas, para nuestra corporación era mucho más rentable promover estilos de vida basados en la felicidad o el amor, pero hoy lo son el odio y la frustración. No quiero decir que nosotrus fabriquemos esos sentimientos, todos esos sentimientos ya existen en nuestrus usuarius; los sienten tanto como antes podían alcanzar la felicidad tomando veneno. Nuestro giro comercial hacia el odio es porque necesitamos velocidad y el odio es veloz y explosivo.

Necesitamos que estallen y mueran lus que tengan que morir, que vayan a prisión lus que tengan que ir y desaparezcan lus que tengan que desaparecer. No hay diferencia entre vender movimientos sociales y otras cosas; por esto es que reclutamos a mercadólogus, editorus de revistas y redactorus de publicidad. Nos enfocamos en territorios cuyos intereses se oponen a nuestro gremio corporativo y les inyectamos un movimiento social. Lo tenemos todo: recursos narrativos policíacos, de terror, fantásticos, gráficos, visuales, psicológicos, estudios de mercado y, recientemente, revistas de confesiones verdaderas del corazón; nos han dado magníficos resultados entre lus señoritus más rosas.

No es difícil; odio y temor son tan estimulables como los demás sentimientos, sobre todo cuando nuestra audiencia carece de formación emocional y vive sometida a tanta frustración. Nuestra técnica basada en las revistas del corazón consiste en diseñar un personaje, bueno o malo, que expone su vida privada y de su círculo ficticio, lus usuarius se enganchan con su historia y la prensa se encarga de diseminarlo, ellus necesitan vender periódicos y nosotrus dinamitar esos territorios. Es orgánico y maravilloso.

Lus usuarius ni siquiera saben en dónde están las localidades de nuestrus personajes ficticios porque nos enfocamos en habitantes de grandes metrópolis cuyo único modo de contacto con el exterior son las vacaciones en localidades donde les mantienen cautivus bajo el Programa de Protección para Turistas con Dinero. Como sea, todus estus están llenus de culpa y necesitan sentirse útiles para el bienestar colectivo, pero no saben cómo solucionarlo; nosotrus les damos la solución. Nosotrus necesitamos de su furia dirigida que es el motor con el que movemos al Departamento. Nuestras historias crueles, cursis y conmovedoras hacen estallar los sentimientos de lus usuarius y voilá!

Hubo un tiempo, hace mucho, en que estus sujetus eran reales, luchaban por ideales y todo eso; gente antigua; soñadorus, hambrientus y ex-ricus frustradus. Hoy no, hoy todo lo diseñamos en el DMST y lanzamos la activación a la población. Nuestrus métodos publicitarius son arte. La mercadología es un arte y una ciencia, como bien diría el coach. Como sea, el último año implementamos el modelo Loca de Barrio. Damos tips y vendemos hologramas para ser una Loca de Barrio; diseñamos programas inmersivos, juegos y programas para nuestrus loquis, así les llamamos a nuestrus seguidorus. «¡Buenos días, loquis!” Les saluda la voz del programa y ellus saltan de alegría por una voz que les da el amor que no tienen. También vendemos muchos de estos programas a lus usuarius aliadus; no son nuestro target principal, pero su sentido de culpa contribuye. En el fondo sabemos que nadie quiere ser la loca del barrio. Serlo implicaría dormir y cagar en la calle, orinar en cualquier auto, comer sobras y hablar sola; no hablar con nadie. Es más, que nadie quiera acercarte a ti. Ser la loca del barrio implica oler a meses sin baño y a no tener internet ni nada; a tener solo lo que puedes cargar o esconder en escondrijos tuyos o de otras locas; vivir a dos pasos del suicidio. Como sea, a nuestro público le encanta romantizar a la Loca y la economía miserable, lo romantizan porque nunca lo han vivido. Creamos una comunidad ficticia en la que todus fingimos ser hermanus sin los compromisos institucionales de la familia; un simulacro de hermandad. Todo lo romantizan y nosotrus no tenemos la culpa.

Son gente muy sola y llena de culpa que necesita sentirse útil. Como sea, yo no quiero ser la loca del barrio, lo acepto; por esto estoy en el Departamento de Movimientos Sociales y Territoriales; yo necesito internet, una cama, un jeep, playa, perros, admiradorus, triunfos y que me confirmen que soy buena y verdadera. Que lucho por ti y tu bienestar, una heroína. Que alguien me necesite; todo eso. Parte de lo que más disfruto en el Departamento de Movimientos Sociales y Territoriales es identificar usuarius descompuestus y desactivarlus. Espiarlos para identificar sus errores de fabricación. Lus reporto con un superior y recibo amor. Mi diseño de programación original incluye poco amor, así que lo consigo a través de estos reportes. Consigo el amor de mis superiorus y, poco a poco, tal vez llegue a Comandantu Máximu del Departamento de Movimientos Sociales y Territoriales; tener inferiores, una planta de trabajadorus y todo eso. Soy feu, lo sé, uso demasiado maquillaje para ocultar lo feu que soy. Mis ojos son dos colas de ratas que lleno de pintura para que se vean grandes. También uso pintura para reducir lo que no me gusta de mí. Ellus tienen la culpa de que nadie me ame. Nadie debe saber de mi falta de amor ni que odio el futuro que me diseñaron. Lus odio a todus. Todus son detestables. Malditus. Ellus son los culpables de todo. 

En verdad odio el futuro, sobre todo cuando lo piensan todus esus pobrus. Sus deseos se contraponen a mi no-futuro y al de mi gremio. Nosotrus vivimos muy bien expiando nuestras culpas, ¿por qué nos contradicen? Yo sí pasé por un centro de estudios y detesto hablar con quienes no hayan pasado por eso; son torpes y sus deseos hoscos. Creen que sí tienen futuro, y detesto los futuros que imaginan para ellus mismus. Tontus. Sus futuros son tontus. Tontísimus. Ultratontísimus. Además, vulgares. Impregnados de la maldad del pobre. Como lus odio, cómo odio todo, sus futuros, todo. Me da muchísimo coraje. Cómo sea, la culpa de todo esto es de ellos. Ellus tienen la culpa. Yo solo soy  víctima de un futuro impuesto y que no quiero. Sufro mucho. Me bochorno. Me asfixio en mi escritorio. No quiero el futuro. Si yo no tengo futuro, nadie más lo tendrá. El futuro es una serpiente que se muerde la cola. ¡El futuro no existe! Y aún con todo esto, pasé decadas luchando contra el futuro y llegó. No llegó el futuro que quería ni el futuro para el que fui diseñadu, solo llegó y hoy estoy a dos días de ser desactivadu. Basta. Basta 1, basta 2, basta 3, basta 4, basta 5, basta 6, basta 7, basta 8…

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Oliver Terrones (Acapulco, 199X) Fantasma del futuro de los destinos turísticos y las ciudades más violentas de Latinoamérica.

Twitter: @tropostristes

Instagram: @oliverterrones

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Toltekayotl technotronic

imagen por Rurru Mipanochia

por Karla Hernández Jiménez

Se despertó luego de un sueño nebuloso que aún cubría su cerebro conforme sus ojos y pies de titanio se movían en todas direcciones, tratando de adaptarse a las configuraciones particulares de aquella mañana gris.

Tenoch se levantó, poniendo un pie delante del otro hasta llegar al baño. El rostro delante del espejo le devolvió una mirada triste. Aún así, conservaba cierto destello de esperanza.

Luego de terminar de asearse y tomar su ración de alimentos criogénicos, salió al pequeño terreno que colindaba con su jacal.

Como cada mañana, mientras el sol comenzaba con su recorrido en el cielo nublado, Tenoch observaba el terreno del que se había apropiado su familia, suspirando ante la tierra árida que se extendía desde su patio hasta donde alcanzaba la vista.

No era que no supiera la forma adecuada de sembrar. Sus abuelos se lo habían dicho tal y como los ancestros lo habían transmitido desde tiempos inmemoriales, el conocimiento para sembrar la tierra llevaba circulando entre su gente desde hacía milenios.

Después de todo, la milpa era un espacio sagrado para los indígenas de aquel valle, así había sido siempre hasta que llegó el fin del mundo tal como todos lo conocían, cuando la madre Tierra finalmente se decidió a echar a todos los que alguna vez decidieron subestimar el poder de la naturaleza. Lástima que su gente también había salido afectada por esa catástrofe.

Hacia mucho tiempo que el gobierno mexicano les había dado la espalda. Los elegidos ya habían sido llevados al espacio, no había un lugar para ellos más allá de las estrellas.

En su momento, ni siquiera habían sido aceptados en la colonia de semihumanos, los descendientes de aquellos a los que sus respectivos gobiernos habían dejado abandonados, orillados a sobrevivir a su suerte.

Los sobrevivientes se asustaban al verlos, muchos habían llegado a pensar que de seguro esa gente había perecido como tantos otros. Cuando llegaron de repente al campamento que tenían, su reacción natural fue la de expulsarlos de la poca normalidad que se habían construido a jirones.

Como si su raza los hiciera menos sobrevivientes, ¿o quizás menos semihumanos?, que aquellos que habían construido un refugio en medio de la nada.

Nadie los vió partir desde el enclave que se hallaba en la antigua frontera entre México y Estados Unidos, nadie los recibió cuando decidieron habitar los restos valle en el que alguna vez había florecido la civilización de sus ancestros, aquel valle que alguna vez había estado dominado por un paisaje de pirámides veía renacer una nueva faceta de los descendientes.

Y ahora, en esta tierra fría, dominada por los inviernos nucleares y las tormentas radioactivas, había probabilidades prácticamente inexistentes de que algún fruto pudiera germinar, como si las raíces se detuvieran al percatarse del pobre suelo que llegaría a albergarlas.

Tenoch sabía de sobra todo eso, pero se empecinaba en continuar con la tradición en la que había sido educado.

Muchas veces se preguntó lo que hubiera pasado si sus antepasados no se hubieran doblegado ante los conquistadores que llegaron del este, del imperio donde jamás se ponía el sol, quizás los acontecimientos hubieran sido más favorables.

Lo más probable es que hubieran desarrollado su propia tecnología que les permitiera vivir un futuro mucho más luminoso en comparación con los tiempos difíciles que le habían tocado a él y a los sobrevivientes originales de su comunidad. Una auténtica mejora en el campo agrícola mezclado con la sabiduría milenaria.

Pero ahora nunca podría saberlo.

A veces, se le aparecía en sus sueños una milpa verde y frondosa donde abundaba el maíz como la que comentaban los más ancianos que había existido hacía mucho tiempo. Se imaginaba que surgiría de aquel suelo contaminado que alguna vez tuvo vegetación abundante.

Tendría que seguir soñando con lo imposible, por ahora tendría que conformarse con la Milpa virtual que había diseñado unos días atrás utilizando piezas recolectadas entre la chatarra que había caído desde el espacio.

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Karla Hernández Jiménez Nacida en Veracruz, Ver, México (1991). Licenciada en Lingüística y Literatura Hispánica. Lectora por pasión y narradora por convicción, ha publicado un par de relatos en páginas nacionales e internacionales y fanzines, pero siempre con el deseo de dar a conocer más de su narrativa.

Facebook: https://www.facebook.com/Karla.Hdz.09

Instagram: @KarlaHJ91

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DEBÍ LEER EL MANUAL

imagen por Liz Misterio

por Víctor M. Campos

Lo perfecto es inhumano:

Fernando Pessoa

Volviste en esa caja de cartón rígido cuan larga como un ataúd. Te levantarías apenas estuvieras cargado y debidamente configurado. Parte del dinero se había ido en ti, en esa caja, en la hazaña de traer de vuelta. Hacerlo no sólo supondría recuperarte sino también recuperarme. Ser otra vez ese hombre felizmente desesperanzado que solía ser antes que saltarás desde el acantilado. Los bots te dejaron en la puerta, tomaron el registro biométrico de mi rostro y alzaron el vuelo. 

Habías vuelto.

Ahora tendría mi oportunidad de vivir esa pesadilla de la que tanto hablaban en las series de televisión: la tecnología, por más avanzada que se creyera, no mejoraría al ser humano. Ni qué decir de sustituirlo. Para afrontarla yo tenía un as bajo la manga: ni tú eras muy humano antes ni yo me identificaba con tal o cual definición de lo que supondría serlo. Si te quería de vuelta era para recuperar tu oscuro sentido del humor, esa risa despiadada y cruel, tu absoluta falta de respeto por ti y por los demás. Si tú volvías nos reiríamos juntos de esta nueva hazaña. Al levantar la tapa y reencontrarme con tu sonrisa fúnebre supe que podríamos hacerlo. Te acerqué a la toma de corriente y te conecté a internet.  Los que criticaban este gadget decían que era el colmo que a finales del siglo XXI siguiera siendo muy engorroso configurarlo como todo nuevo equipo. Debo reconocer que en eso sí tenían razón. Pero supongo que el hecho de que no todo fuera perfecto era el eslabón que mantenía nuestro vínculo con lo que quedara de humano en nosotros. ¿Y qué más humano que las patadas de frustración que te di por no poder prenderte a la primera?

Ahí estaba yo tratando de configurarte a imagen y semejanza de tu versión anterior. Elegir el timbre de voz, dar con el color y los matices de tus ojos, encontrar ese olor a café y sal tan característicamente tuyo, me tomó mucho más tiempo del que esperaba. Lo otro, tu software, se suponía que estaba ahí tal cuál tú eras y sólo había que permitirle al procesador que arrancara para comprobar que, en efecto, tú seguías siendo tú. Por supuesto que solicité algunas mejoras: una batería de más larga duración para tu buen humor y una memoria con nuevos recuerdos y mayor capacidad. Me fastidiaba que lo olvidaras todo por más que esa fuera tu estrategia para no afligirte por el daño que le habías causado a otros en el pasado. Si alguna vez salto, decías en la intimidad, será por eso. No creí que estuvieras hablando en serio. Tú nunca lo hacías. Cuando me dieron la noticia creí que era otra broma tuya. Te la mamaste.

Para evitar que eso se repitiera había intervenido tus recuerdos. No pensé que descargarte unos nuevos haría de ti ese alguien tan distinto para el que no estaba preparado. Debí leer el manual. ¡Pinches chinos! Debí comprar al nuevo tú con las marcas de confianza. Total: si ya había gastado una buena parte del dinero que habíamos estafado juntos, ¿Qué tanto podría afectarme gastar un poco más? Pendejo de mí, también. ¿Pero quién iba a saber que la tecnología cumpliría una sola de sus promesas? 

Todo empezó cuando me di cuenta, al tercer día que por fin te dio la gana prender, que algo andaba mal. Una vez que te expliqué la hazaña te sentaste a meditar por un largo rato. Esa risotada que esperaba en tu rostro afloró en forma de sonrisa dubitativa. Habíamos vencido a tu muerte y a ti te generaba más incertidumbre que otra cosa. No sé. Sin embargo, estaba feliz por tenerte de vuelta y supuse que tarde o temprano volveríamos a ser los de antes. Pero cuando te vi hablando con el vecino y riéndote con sus chistes anodinos, eso sí ya no me gustó. ¿Qué diablos estaba pasando? Solíamos reírnos de los tipos como él. No con ellos. Sus convicciones firmes y sus ridículas certezas; las camisas bien planchadas y los hábitos edificantes hacían que nos carcajeáramos hasta llorar. ¿Qué diablos estaba pasándote? No te había traído de vuelta para que te rieras con el vecino. Tus actualizaciones estaban tomando un curso muy distinto al que yo esperaba. La tecnología estaba yendo demasiado lejos con aquello de convertir al ser humano en una mejor especie. ¿Una mejor especie basados en qué? No mamen. Supe que tenía que hacer algo cuando aceptaste su invitación para ir a un taller de cocina vegana. No me quedó la menor duda cuando dejaste el alcohol y empezaron a salir de paseo en su tándem por las tardes. Si no tenía cuidado terminaríamos abrazándonos con las fieras en un edén multiétnico, libre de gluten y de energías fósiles. Seríamos la nueva portada en alguno de esos panfletos que regalan los Testigos de Jehová. ¡Qué horror! No había más tiempo que perder. Llamé directo a las oficinas del fabricante en Shanghái y les gritoneé en todos los idiomas que traía mi pulsera-traductor. Así hasta que se comprometieron a mandar un bot, a la mayor brevedad,  para revisar el funcionamiento de tu sistema operativo.  

Tú sabes lo que pasó después. 

Cuando llegué los encontré a los tres, muy felices y contentos, alrededor de sendas tazas de té con leche vegetal. ¿Té? ¿Puto té con leche y ni un chorrito de alcohol? No pude más. Puse la mesa patas arriba; el antecomedor, la cocina entera, todo lo hice volar por los aires. Quería romperte la cabeza con una silla. A ti, a ese patético vecino por el que me estabas cambiando y al maldito bot chino que se suponía que había venido a arreglarte. No pude más y me solté a llorar de desesperación. Entre los tres me abrazaron y me brindaron un consuelo de otra especie. 

¿Quién iba a saber que la tecnología cumpliría una sola de sus promesas? Debí leer el manual. Debí hacerlo pero en su lugar, cuando al fin logré desahogarme, llamé a Shanghái y me disculpé por todas las majaderías que había dicho sobre los chinos antes.

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Víctor M. Campos El autor se formó en el Taller Levreriano de Escritura Creativa, dirigido por Carmen Simón, en su capítulo Querétaro. Es licenciado en tal cosa con maestría en aquella otra. Cuentista publicado por el Fondo Editorial de Querétaro y por una docena de revistas tales como Monolito, Bitácora de Vuelos, Página Salmón, etc. Nació en la CDMX en el 76.

https://www.instagram.com/wokexican/

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Reporte 5/01/3012 desde Abya Yala

por Rurru Mipanochia

5 del 01 de 3012

Mi nombre es Alcyone1 A. Dosochocinco, pero mis seres cercanxs me llaman A285. Soy originarix de la llamada “Tierra en florecimiento”2.

El lugar dónde crecí, cómo su nombre lo indica -fuera de la miseria, peligrosidad, crimen organizado provocados por la desigualdad e inmersión del sistema colonial- patriarcal a partir de la invasión-, es un extenso y basto territorio, rico en minerales, fauna, flora (aunque muchas de nuestras especies se han extinto debido a la explotación, sobre producción y exterminio), materia prima, conocimiento. Es verde, colorido, frondoso, grande y hermoso; en realidad tenemos todo lo que necesitamos para subsistir durante nuestro tránsito por el Tlaltipac3. Tenemos todo con lo que podríamos seguir viviendo en prosperidad, sin carencias. Como lo hacíamos en el pasado, antes de la llegada de que los que se auto denominaron “hombres y mujeres civilizadxs”4, y que trajeron consigo sufrimiento, muerte, culpa sexual, violaciones, pecado, la concepción del género binario y enfermedades. Llegaron promoviendo el despojo de la naturaleza, su explotación y extracción, para la acumulación de sólo unxs cuantxs. Perdiéndole el respeto que tenían y tienen aún nuestros pueblos originarios; pues a partir de esta invasión, la naturaleza como la cuerpa de las mujeres, comienzan a ser vistas como un medio de producción y mercancía, como mencionó la activista aymara Adriana Guzmán Arroyo5, y la Dra. Silvya Marcos6 durante los años de la resistencia (por ahí en el año dos mil y tantos).

Es verdad, tampoco hay que caer en romanticismos, pues se debe mirar, revisar críticamente el pasado y el futuro para pensar una variedad, una pluriversidad7 de saberes y expresiones culturales que puedan coexistir en equidad. Es importante revisar las historias (no hegemónicas) para entender nuestro presente y vernos hacia el futuro. Así que sería una mentira decir que no había sistemas de opresión, y desigualdad en algunos aspectos, pero he de decir (según varias fuentes históricas fuera de la hegemonía) que no eran tan perversos como el patriarcado-colonial que llegó con los “civilizadxs” y que se justifica de ahí, hasta hoy en día a partir de una supuesta superioridad de una raza y su derecho a dominar. Con ello, se produjeron categorías coloniales: indixs, negrxs, mestizxs, blancxs. Raza e identidad racial fueron establecidas como instrumentos de clasificación social para otorgar legitimidad a las relaciones de dominación impuestas con la colonización basándose esa supuesta superioridad de lxs invasores, lxs blancxs.

Originarios de Opsis Eur8, pisaron, torturaron y exterminaron casi a toda nuestra cultura (aunque siempre existió y aún existe la resistencia), el mayor genocidio en la historia de este planeta. Lastimaron también a las otras especies, sometiéndonos de las formas más terribles, justificándose bajo una supuesta, como ya he mencionado, superioridad. Y después de cerciorarse de borrar casi todo nuestro conocimiento, robándose gran parte de él (como se lo siguen apropiando muchas veces hoy en día) sin darnos crédito en el futuro, lo mismo con otros territorios. Se autodenominaron como supremos, superiores y los únicxs poseedores de la palabra, de la “verdad universal”.

Nos excluyeron/excluyen a todas las corporalidades, expresiones que no se apegan a sus cánones; se impusieron, crearon el sentido de periferia, para nombrar una otredad, desacreditando nuestra producción de conocimientos, sentires, filosofías, teorías.

Desde entonces comenzaron a llevarse a robarse lo que nuestra tierra con cariño produce para todos los seres vivos y “no vivos”, en su bella lógica por mantener el equilibrio y amena convivencia con otras especies. Ellos, y algunos de sus aliados ahora en nuestras tierras, destruyeron/destruyen y expoliaron/expolian nuestros campos, selvas, nos aesesinaron/asesinan e hicieron/hacen sufrir; no contentxs con ello, torturaron/torturan en nombre de lo que llaman desarrollo y civilización.

Nos desestabilizaron en todos los aspectos, han roto el equilibrio del cosmos y no conformes con eso, quieren despojarnos de nuestra manera de concebir, pensar y sentir el mundo. Quieren que despreciemos nuestros propios valores estéticos, teóricos, epistemológicos. Y ante tal violencia colonial, la resistencia, ha buscado crear una crítica frente a la manera en que se ha construido históricamente la mirada, las cuerpas, el placer, las imágenes, la idea del arte, la estética, t o d o. ¡No! no queremos imponernos como el centro, como lo ha hecho Opsis Eur, ni invisibilizar como se ha hecho con nosotrxs. Queremos cuestionar y recuperar nuestra memoria. En palabras de Adriana Guzmán: “No es una competencia, no se trata de deslegitimar los aportes que han hecho, se trata de reconocer que responden a otros cuerpos, a otras realidades y a otras memorias… no queremos que nos impongan una memoria”9.

Esperamos encontrar la forma de que los diversos saberes, conocimientos, experiencias, sentires, puedan dialogar en equidad, sin imponerse uno sobre otro, retroalimentándose. Creciendo en comunidad, pero siempre conscientes de nuestra interseccionalidad y de como nos atraviesa lo que nos atraviesa, de nuestros privilegios. Intentar dejar de reproducir ese sistema. Yo, por ejemplo -a pesar de tener ciertas opresiones por ser mujer, cyborg, migrante, discapacitada-, si me encuentro aquí hablando, compartiendo mi experiencia con ustedes, mujeres, docentes de Opsis Eur, es porque me atraviesan ciertos privilegios – de clase, tonalidad de piel, que se asemeja un poco a lxs “civilizadxs”, etc-. Si no fuera así, ¿porqué no hay en este espacio, legitimizado como productor de conocimientos hegemónicos, hablando, compartiendo su experiencia ninguna mujer/persona trans, de algún pueblo originario, afrodescendiente, etc?

A285 mira la pantalla holográfica que flota sobre la mesa de centro, los rostros de las docentes se pierden bajo las sombras del aula. Nerviosa, se acerca el reloj inteligente a la boca. Indica a su AI con un susurro que cierre las diapositivas y apague la pantalla holográfica. Un pequeño dron pasa levitando acercándole la silla para que se siente, leyéndole la mente. A285 sorprendida, se sienta. Le duele el estómago, tiene nauseas.

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1 Sistema estelar en la constelación de Tauro. Una de las Pléyades. Su magnitud aparente es de + 2, 85. Alcyone A tiene una luminosidad 2400 veces mayor que la luminosidad solar. “Las Pléyades es conocido entre los mayas quiché como motz, que significa puñado de semillas de maíz, pues su primer avistamiento en el horizonte marca la época de siembra. Entre los mayas de Yucatán la constelación era conocida con el nombre de tsab, el cascabel de la serpiente celeste cuya imagen aparece en las páginas zodiacales del Códice París. Como entre otros pueblos de Mesoamérica, el orto o salida heliacal del conjunto de Las Pléyades anunciaba a los mayas el arribo inminente del tiempo de lluvias y el inicio de sus labores agrícolas para preparar el terreno para la siembra. Esto puede apreciarse en los almanaques agrícolas de los códices que utilizan la imagen del cascabel de la serpiente como glifo para indicar el nombre de las Pléyades, así como su relación con el ciclo agrícola y pluvial. También el mito maya de creación de las inscripciones del Clásico vincula a las Pléyades y Orión con los ciclos de siembra y nacimiento de la planta del maíz”. Recuperado de: La observación astronómica en Mesoamérica. Torres Alfonso Rodríguez.

https://www.revistacienciasunam.com/en/105-revistas/revista-ciencias-54/893-la-observacion-astronomica-en-mesoamerica.html, enero 2021

2 Una de las traducciones de Abya Yala, nombre con el que se conocía al continente antes de ser impuesto el nombre de América, dado por el pueblo guna en Panamá y en Colombia.

3 En la cosmogonía náhuatl es el plano en el que se vive sobre la tierra, lugar de acción y creación. Lugar transitorio sobre el que estamos de paso.

4 El Dr. Ramón Grosfoguel, dice que antes de 1492 en AbyAyala, no existía un sistema social que marcara la diferencia de dominación, opresión y explotación, a partir de categorías raciales. La clasificación racial racista no existía. A partir de 1492 se comenzó a forjar la división entre personas sin alma y personas con alma; según esto, las personas sin religión católica no tenían alma y por ende se cuestionaba su humanidad y como son animales, no era un pecado a los ojos de Dios esclavizarles. Otros debates decían que quizás, era gente con alma, pero en una etapa infantil, una etapa de inmadurez, siendo bárbaros y por eso debían cristianizarlos. Estas serían las dos posiciones centrales que articularían el discurso racista actual por los próximos 500 años. Después, en el siglo XIX, cuando la autoridad del conocimiento pasa de la iglesia a la ciencia, se traspasa a pueblos con y sin ADN, según el discurso del racismo biológico. Con los antropólogos y la ciencia pasa a la concepción de pueblos “primitivos” que hay que civilizar. Estas son en realidad las mismas narrativas que se han estado perpetuando, la primera con una base teológica y la segunda con una base científica. Recuperado de:

https://www.youtube.com/watch?v=xAp09ysYH7I , https://www.youtube.com/watch?v=BPGZSzMIP5Q, Enero 2021

5 Recuperado de: https://www.youtube.com/watch?v=bJ7WnZXi_Lk, enero 2021

6 Marcos, Sylvia (2004). Religión y Género. Editorial Trotta.

7 Actitud epistémica que aporta una mirada caleidoscópica a los diversos mundos, construcción de conocimiento y saberes.

8 Europa (Eur opsis), del griego “eu” verdadero, “opsis”, ver, vista u ojos; “Ojos grandes”.

9 Guzmán Arroyo Adriana, Descolonizar la memoria, descolonizar feminismos. Recuperado de: https://www.google.com/url?sa=t&rct=j&q=&esrc=s&source=web&cd=&ved=2ahUKEwiD2Zjdg8TuAhVOSK0KHTCLCBsQFjACegQIAhAC&url=http%3A%2F%2Fwww.biodiversidadla.org%2Fcontent%2Fdownload%2F165770%2F1232635%2Fversion%2F1%2Ffile%2FDescolonizar%2BLos%2BFeminismos%2BFeminismo%2BComunitario%2BAntipatriarcal.pdf&usg=AOvVaw1Mhie3FkHiCYA3H_ipKJIL

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Rurru Mipanochia Artista Visual mexicanx  (en realidad es un cyborg ( o un autorave infectado desechadx a la tierra) egresada de la Universidad Nacional Autónoma de México, en  la Facultad de Artes y Diseño, UNAM 2008-2012.

En 2015-2016  recibe la beca Jóvenes Creadores, del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes, FONCA, en la categoría de Gráfica. En 2017obtiene varias residencias artísticas, entre ellas en el  Centro Cultural Huarte de Arte Contemporáneo, en Navarra.

https://www.facebook.com/rurru.mipanochia

rurru.jimdo.com

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Ejercicios de manipulación

Ilustración por Ollinca Torres. Dos puños cerrados, de frente sobre un fondo morado, en los dedos llevan la palabra Poderosa pintada de rojo. Unas líneas alrededor enfatizan la imagen.

Por Israel Nicasio

Apagué la computadora y caminé hacia la sala. Daniela estaba sentada justo en centro el sillón principal. La podía ver desde el pasillo; traía la misma ropa del día anterior. El cabello a medio arreglar le enmarcaba la cara afilada. Pensé en la posibilidad de fingir no haberle escuchado, pero ella volteó cuando yo planeaba huir de regreso a la recámara. Mi escondite no fue suficiente; la luz del sol casi mataba las sombras donde intentaba no ser visto. Continué con el trayecto hasta quedar frente a ella. Me siguió mirando y de inmediato entendí: debía tomar asiento. Era momento de platicar.

<< ¿Ya viste a los nuevos vecinos? >> Me pregunta con atención. <<No. ¿Cómo son?>> Respondo. <<Iguales a todos; solo hay una pequeña diferencia: uno de ellos no quiere estar aquí. Llevan viviendo acá más de un mes, pero evitan todo contacto con casi todos los inquilinos del edificio. Quizá les desagradan>>. Termina por decir mientras intenta, con dificultad, acomodarse sobre el sillón. Su cuerpo delgado y pequeño siempre me ha parecido débil, aunque, en realidad, es más fuerte que yo; a veces tengo que ayudarle a realizar algunas maniobras, pero eso pasa en pocas ocasiones. Es autosuficiente.

A toda costa evito la conversación central. Le hablo sobre las nuevas piezas de la galería. Solo mira dentro de mis ojos, más dentro cada vez. Todo lo dicho es aburrido; lo es porque resulta evasivo y ella lo sabe. Me dice que necesitamos hablar. Intento esconderme con la mirada en cada uno de los muros; me pierdo en el que le ha servido de lienzo por años.

<< ¿Te apetece algo de comer? Ya tengo hambre y tú no has probado bocado desde la mañana>>, le digo mientras me pongo de pie y me dirijo a la cocina. Solo asiente con la cabeza. Ella se acerca a la ventana con el chillido que produce su silla al avanzar sobre el piso de madera. A veces ya no lo notamos; nos hemos acostumbrado a ello. Probablemente intenta aprender de memoria lo que pasa por ahí. Nunca se le escapa un solo detalle. Su mirada lo sabe todo. << ¿Me ayudarás o vas a quedarte esperando?>> Intento preguntar sin parecer agresivo, pero solo me responde que tomará una siesta. Cierra los ojos y me doy cuenta que intentó, sin lograrlo, ser amable.

Minutos más tarde despierta. Veo sus intentos por incorporarse. Me mira; quiere hablar. Lo dice dulcemente. Le advierto de la comida que recién he puesto sobre la estufa. No parece importarle. En realidad nada le importa, su mirada y el tono de voz me lo hacen saber.

<<Ya no te quiero. Ya no quiero estar contigo. No sé cómo hacer de esta afirmación algo menos rudo. Pero he decidido irme mañana mismo>>. Puedo adivinar, por su tono de voz y la profundidad de su mirada, lo verdadero de esos comentarios. Daniela habla con tanta seguridad que no puedo creerlo. <<Hace mucho he pensado en decirlo; llevo más de un mes buscando la manera de hacerlo, pero no encontraba un modo adecuado. Tenía miedo. También estaba enojada y cuando me di cuenta de que ya no quería estar acá, todo fue más fácil. Espero lo entiendas. Me llevaré la ropa y durante la semana, posiblemente, venga alguien por el resto de cosas>> dice antes de alguna de mis creativas interrupciones.

Pienso en lo complejo de su comentario. No quiero que se vaya. Probablemente me he portado como un imbécil, pero no creo haberlo hecho tanto como para terminar esta relación así. << ¿Estás segura de lo que dices?>> Le pregunto intentando parecer incrédulo; muy en el fondo comprendo sus comentarios. <<Es decir, mírate; mira todo esto. Es nuestra casa. ¿A dónde te vas a ir? Me necesitas…>>. Quiero hacerla dudar, pero no lo logro. Algo en su semblante bloquea todo esfuerzo por destruir su decisión.

<<No sé qué haré. Tampoco sé bien si a donde voy sea el mejor lugar para vivir de ahora en adelante, pero sí es uno mejor que a tu lado; no tengo dudas>>. Daniela habla sin tropiezos. Es como si hubiera ensayado cada uno de los comentarios durante días. Me ha desarmado. ¿Dónde puede estar mejor? Conmigo lo tiene todo; su vida está resuelta. <<Ágata pasará por mí; es la nueva vecina. Tiene un auto grande donde puedo poner mis cosas>>. La miro intentado burlarme de sus comentarios. Hablo sobre lo difícil de la vida. Le hago saber de todas las complicaciones posibles al no tener el apoyo de alguien como yo. Intento, desesperadamente, hacerla desistir. ¿Qué le han metido en la cabeza para haberle dado tanta fuerza? Ella se escapa y no la podré detener.

<< ¿Te has enamorado de alguien más?>> Lo pregunto con la intención de hacerla sentir mal. Llorar puede ser un recurso útil ahora. Ella me mira. Me hago pequeño; aprieto los dientes y logro llegar al llanto. <<Ágata tiene algo que ver acá? ¿Es ella de quien te has enamorado? ¿Te la cogiste? ¿Ahora te gustan las mujeres? >> Espero hacerla sentir culpable.

Daniela ya no entiende de culpas. Es como si hubiera encontrado una cura para todos mis comentarios. Me mira y a pesar de mi llanto no se quiebra. No me deja doblegarla como en otras ocasiones. Le digo que ya sabía de sus encuentros; también comento que hace tiempo sabía de su gusto por las mujeres. Pero lo hago solo por decir algo para hacerla cambiar de opinión.

Ella me observa con un gesto de impaciencia novedoso; se aleja de la ventana. Empuja las ruedas enormes de la silla con tanta facilidad, que entiendo su decisión. Solo guarda silencio y cuando parece haber llegado al límite del fastidio, responde. << Entonces ya lo sabías. Si es así, no es necesario dar explicaciones. Me hiciste pensar que esta silla y tú eran lo único para mí>> Habla con más fuerza cada vez. << Siempre has procurado hacerme sentir querida, pero con los límites suficientes para no hacerme sentir importante o fuerte y ¿Sabes? Eso es más terrible que haberme rechazado. Ágata es hermosa. Mírala. Solo basta con verla una vez para poder decirlo. Ya me la cogí, ¿tan obvio fue? Ella se deshace por mi felicidad; cada caricia es una nueva forma de disfrutar; ella se esfuerza por hacerme sentir ¡Mario, tú solo piensas en tu pene! ¡Siempre has sido un egoísta!>>.

Solo intentaba hacerla retroceder, conducirla al punto del arrepentimiento. Pero me ha dicho la verdad. Me encargué de construirle un mundo perfecto y la volví una habitante adecuada para la pequeñez de la realidad que le podía ofrecer. Miro de un lado a otro. El silencio recorre el departamento desde la última recámara hasta la puerta principal. Daniela tiene la costumbre de pintar una y otra vez sobre una pared que escogió para expresarse; incluso le puso nombre: El muro del dolor. Lo llamó así porque dijo necesitar un lugar para comunicar lo que sentía sin hablar. Durante mucho tiempo se pintó sobre su silla de ruedas; ahora se ha pintado en pleno vuelo, como las aves. Pienso en todo lo plasmado ahí; entiendo que ella no me necesita.

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Israel Nicasio. Licenciado en Filosofía por la Universidad La Salle. Tesista de la Maestría en Historia por la UNAM. Profesor en la Licenciatura en Enseñanza de Lenguas, en el área de Lengua y cultura, de la Universidad Autónoma de Tlaxcala, Campus Calpulalpan.

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Obvio, fue una pesadilla/ Edgar Lacolz

Imagen por @ereislas. Dibujo a tinta de unos jabalíes en la calle. A la izquierda una bicicleta, al fondo una banqueta y una coladera.

Por Edgar Lacolz

Obvio, fue una pesadilla. Y desde entonces, no hago más que preguntarme qué es el placer. Había dos tipos. El Servio, como de unos cuarenta años, todo barbudo y canoso. Aunque era delgado, tenía una panza cervecera —la recuerdo bien—. El otro, era su achichincle, como de unos treintaitantos años. Era blanco ceniciento. Con pelo claro. Unas manos regordetas con dedos pequeños y fuertes —los recuerdo bien—. Le decían la Rubia y estaba enamorado del Servio. Creo que le excitaba mencionarlo mientras me montaba. Había una jovencita. Por los tratos, diría que era la esposa o la hermana del Servio —quizás ambas cosas—. Tenía una trenza enorme. A veces, la traía en medio de sus pequeños pechos. A veces atrás, cubriéndole toda la columna. Yo diría que se llamaba Pamela, pero la Rubia la molestaba diciéndole Pamelachú. Repetía una y otra vez la palabra y la jovencita lo ignoraba fastidiada. Creo que todos estábamos fastidiados.

            Las paredes eran de adobe. Había unos orificios que llegaban hasta la cintura y los tapeaban con unos pedazos de madera. Tenían que entrar en cuclillas. No había electricidad. Había una vela en un rincón. Una bacinica en otro rincón. Y unos trapos tirados, en otro rincón, que hacían de cama. Allí se dormía, se comía, se cagaba y se cogía. Todo el tiempo que estuve allí, parecía de noche. Nunca amaneció. Nunca vi luz solar. Todas las noches —es decir, todo el tiempo— se escuchaban gemidos, sollozos, gritos ahogados. Yo mismo llegué a hacerlos y por eso entendía qué ocurría en los otros cuartos.

A veces, en mis sueños, logro caminar. A veces, como en la realidad, estoy tullido. En esta ocasión, me recuerdo arrastrándome directo por el suelo de tierra, queriendo zafarme del peso de la Rubia sobre mi espalda mientras me mordía en el cuello y me apretaba los labios con sus regordetas manos.

El primero que me culeó fue el Servio.

Luego la Rubia.

Luego el Servio.

Y luego la Rubia.

Y así.

            Por los ruidos y las voces, entiendo que entraban otros hombres y se cogían a los otros encerrados. El día que hui, alcancé a asomarme en tres cuartos. Me encontré a tres jovencitos: todos —como yo— flacos y desnudos, uno en estado vegetal, uno amputado de brazos y piernas, el tercero parecía tener síndrome de Down. Había otros cuatro orificios tapeados. Ocho en total. Era un congal de tullidos. Me recuerdo inyectado de adrenalina, deslizando las tablas y con entusiasmo y miedo decirles que me siguieran, que podíamos escapar. Con dos de ellos vi su cara de aunque-quisiera-cómo-le-haría. El desmembrado, incluso, me invitó a que mejor pasara y con la lengua se humedeció los labios.

            Pamela nos alimentaba. Nunca respondía a mis preguntas. Me recuerdo con los ojos hinchados de tanto llorar. Me recuerdo pegándole a la pared. Me recuerdo que me daban patadas por asomarme de más entre las tablas. Me recuerdo rabiando debajo del Servio o del Rubio.

            Una vez, al inclinarse para darme la comida, mi mano rozó la trenza de Pamela. Y fue placentero. Desde entonces, intentaba rozar su trenza al poner o llevarse el plato. No me hablaba, no me dirigía la mirada, pero con el paso del tiempo me dejaba tocarle la trenza. Dentro de todo el infierno, yo también tenía mi pequeño placer. Ahora que lo pienso, a lo mejor Pamela era sorda. Un mal día el Servio me vio. Me quebró la mano a pisotones y luego se desabrochó el cinturón.

            Tanto dormido como despierto, veo que todos somos como animales en busca de placer. Y mientras lo buscamos, o encontramos o generamos dolor. Nos movemos entre animales domesticados o bestias. No sé cuánto tiempo pasó. Pero hubo un día en el cual supe que era el momento ideal para escabullirme. Todo se encontraba tan silencioso. Antes de seguir arrastrándome por el pasillo, recuerdo voltear y ver a Pamela acomodando las tapias de mi cuarto, como si nada, sin alertarse. Después, salí. Y en chinga, comencé a teclear: Obvio, fue una pesadilla

            …

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Edgar Lacolz. (Torreón, Coahuila) estudió la licenciatura en filosofía en la Universidad Autónoma de Chihuahua. Es miembro del Colectivo Discreantes y cofundador del proyecto Zoonoros. Actualmente, radica en la Ciudad de México.

Crédito de la fotografía: «Esperpento al óleo» de Patricia G. Santiago.

FB: https://www.facebook.com/lacalaca.lacolzeana

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(ˆ)

fotografía por Francesca Woodman

por cecilia miranda

Una casa es una entidad con voluntad propia.

Esa entidad se alimenta de su capacidad de ubicarse y dar sentido al espacio en el que ha estado durante toda su vida, el cual es tan borroso que, cuando pensamos en casa, aparece más nuestra sensación de estar en ella, que ella misma.

Si queremos acercarnos a una casa, se puede optar por construirla o acompañarla.

Para lograr acercarse, hay que reconocer que su constitución no depende de nuestros cuerpos dentro o fuera, sino de una relación de correspondencia.

He regresado a la casa de mi infancia para acompañarla nuevamente. Parece que está suspendida en el tiempo, ocupada por tantas otras entidades que siguen viviendo más allá de nosotros, con todas esas plantas en su superficie, esos muros hinchados por capas de pintura, ese tirol a medio caer, esa oscuridad, ese olor a encierro.

Sacudí el polvo de las ventanas y pude sentir mi cuerpo atrapado entre noviembre de 1994 y agosto del 2009.

Aunque sé que no tenemos las escrituras y que las actas notariales desaparecieron del registro civil, su latente pérdida ya no me preocupa.

Descubrí que, como entidad, su presencia seguramente se verá tensionada por quien legalmente llegue a poseerla, pero ella, de la misma forma que hizo con mi deseo de acompañarla, quizá se le resista.

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cecilia miranda (Ciudad de México)
https://ceciliamiranda.com
artista. Integrante del Programa Educativo SOMA 2021 y beneficiaria del Programa Jóvenes Creadores del FONCA (2019-2020). Licenciada en Artes Visuales por la UNAM. Parte de su trabajo ha sido presentado en muestras colectivas en Alemania, Chile y México, entre las que destacan: El jardín de Galileo (2019, Guadalajara 90210), Pinata Soporto (2018, Kunst Gallery, Ahlen, Alemania) y Códigos de Convivencia (2017, Centro de la Imagen). Fue seleccionada en el XXXVI Encuentro Nacional Arte Joven (2016) con la pieza «Pisos de la Torre Sur«. Formó parte del Seminario de Producción Fotográfica SPF2016 del Centro de la Imagen, institución en la que colaboró dentro del área de educación durante el año siguiente. Desde 2017 imparte cursos y talleres sobre arte contemporáneo en espacios públicos y privados tales como: Colectivo Luz Viajera en colaboración con CONARTE, Monterrey; PAOS Guadalajara; así como Fundación Jumex, ECC; Centro de la Imagen, entre otros. Sus textos forman parte de publicaciones independientes. Ha colaborado con artistas e instituciones, dedicándose a la gestión cultural, producción e investigación en arte y educación.

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Alquimia y Libertad. Pieza ritual.

ilustración por Rurru Mipanochia

por Ursula Estrada

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PERSONAJES:

LA PORTADORA DE LOS HUESOS Y DEL FUEGO (PHF), hija de las hijas de las abuelas violadas.

CORO DE ABUELAS, mujeres-madres que fueron violadas.

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PHF: El primer sexo me despertó

la primera pesadilla

y la rabia ignota

y al monstruo blanco,

violento y cruel

como su origen.

 

CORO: El monstruo blanco

del semen blanco

del monstruo de nombre blanco

que violó a tu abuela: Albino

 

PHF: «Eso te está pasando

porque no quieres dejarlos entrar

en tu cuerpa»,

me dijo la Shamana

la Curandera

la Bruja

la Sabia

cuando le expliqué

lo que me tenía invadida.

 

CORO: El monstruo blanco

del semen blanco

del monstruo de nombre blanco

que violó a tu abuela: Albino

 

PHF: Cándida albina.

Fue el diagnóstico

de cien doctores

y de cien tratamientos fallidos

que no fueron medicina.

 

CORO: El monstruo blanco

del semen blanco

del monstruo de nombre blanco

que violó a tu abuela,

y la obligó a un hijo

que le voltearía la matriz

de adentro hacia afuera.

 

PHF: Cándida Albina,

me habitaste la cuerpa

por más de veinte años.

Mensajera cruel e impía,

incansable en tu intención

de ser mensaje, mensajero y protección

todo a la vez.

 

CORO:

Llevabas dentro al enemigo blanco

que te protegía del semen blanco

del enemigo de nombre blanco.

 

PHF: Y la única verdadera cura:

no dejar entrar

a mi Sagrada Vulva

a mi Sagrada Vagina

a mi Sagrada Vientre

a mi Sagrada Cuerpa

la cuerpa de ningún hijo

de ningún padre

de ningún abuelo

que haya violado

la Sagrado Cuerpa

de madre alguna.

 

CORO: Los huesos

del monstruo de nombre blanco

que violó a tu abuela

te lo confesaron.

Un puñado de huesos insidiosos

te contaron

que ellos mismos fueron hijos

de padres y de abuelos

que violaron

a la Sagrada Vulva

y a la Sagrada Vagina

y a la Sagrada Vientre

y a la Sagrada Cuerpa

de cientos de mujeres,

y las obligaron a ser madres

de hijos que les voltearían

la vida

la vientre

la corazona

y las entrañas

de adentro hacia afuera.

 

(El coro y la PHF guardan silencio unos segundos).

 

CORO: Enciende el fuego, hija,

enciende el fuego,

que ya es hora.

 

PHF: Yo, hija de las hijas de las abuelas violadas,

enciendo este Sagrado Fuego

y en él arrojo este montón de huesos,

tus huesos albinos.

 

CORO:

Tu, hija de las hijas nuestras,

arrojas también todo lo que queda en ellos

del semen blanco

de los monstruos de semen blanco

de todos los hijos, padres y abuelos

que violaron

a las Sagradas Vulvas

y a las Sagradas Vaginas

y a las Sagradas Vientres

y a las Sagradas Cuerpas

de todas las mujeres

que fueron obligadas

a ser madres de hijos

que les voltearían

la Vida

la Vientre

la Corazona

y las Entrañas

de adentro hacia afuera.

 

PHF: Yo, hija de las hijas de las abuelas violadas,

arrojo a este Fuego Sagrado

estos huesos albinos

que golpearon el vientre

que engendraba a su propio hijo.

 

CORO: Tu, hija de las hijas nuestras,

arrojas a este Fuego Sagrado

esos huesos albinos que pertenecieron

a ese que también fue un hijo más del semen blanco

de otro monstruo de semen blanco

enfermo de violencia y crueldad.

 

PHF: Ahora todos los monstruos engendrados

por todos los monstruos de semen blanco

enfermos de violencia y de crueldad

arden

son consumidos por este Fuego Sagrado

y desaparecen

y no son ya ni siquiera cenizas.

 

CORO:

Han dejado de ser, monstruos de semen blanco,

ustedes y todo aquello que los engendró

ha dejado de ser.

Han sido consumidos por este Fuego Sagrado

y no son ya ni siquiera cenizas.

 

(La Portadora de los Huesos y el Fuego y el coro de abuelas danzan alrededor del fuego, una danza de dicha y liberación).

 

CORO: Arroja también, hija, a este Sagrado Fuego

al monstruo blanco del semen blanco

del monstruo de nombre blanco,

a la Cándida Albina.

 

PHF: Yo, hija de las hijas de las abuelas sabias,

te arrojo a este Sagrado Fuego,

Cándida Albina,

monstruo blanco del semen blanco

de los monstruos de semen blanco.

 

CORO: Toma, hija de las hijas de las mujeres guerreras,

toma estas hojas de Artemisia

para exorcizar de tu cuerpa

a todos los monstruos de semen blanco,

para desterrarlos de tu cuerpa.

 

PHF: Yo, hija de las hijas de las mujeres guerreras,

arrojo a este Sagrado Fuego estas hojas de Artemisia

para exorcizar de mi cuerpa

a todos los monstruos de semen blanco,

para desterrarlos de mi cuerpa.

 

CORO: Toma, hija de las hijas de las mujeres valientes,

toma estas flores de Caléndula,

para que tu cuerpa atemorice

a los monstruos de nombre blanco.

 

PHF: Yo, hija de las hijas de las mujeres valientes,

arrojo a este Sagrado Fuego estas flores de Caléndula,

para que mi cuerpa atemorice

a los monstruos de nombre blanco.

 

CORO: Toma, hija de las hijas de las mujeres astutas,

Toma estas hojas de tomillo,

para que tu cuerpa extienda la hambruna

entre los hijos de los hijos de los hijos

de los monstruos blancos del semen blanco.

 

PHF: Yo, hija de las hijas de las mujeres astutas,

Arrojo a este Sagrado Fuego estas hojas de Tomillo,

para que mi cuerpa extienda la hambruna

entre los hijos de los hijos de los hijos

de los monstruos blancos del semen blanco.

 

CORO: Toma, hija de las hijas de las mujeres fuertes,

toma estas hojas de Melaleuca

para que tu cuerpa asfixie

a todos los monstruos blancos del semen blanco.

 

PHF: Yo, hija de las hijas de las mujeres fuertes,

arrojo a este Sagrado Fuego estas hojas de Melaleuca,

para que mi cuerpa asfixie

a todos los monstruos blancos del semen blanco.

 

CORO: Toma, hija de las hijas de las mujeres feroces,

toma estas hojas de Orégano y estos Dientes de Ajo

para que tu cuerpa pueda matar

al monstruo blanco del semen blanco

de los monstruos de semen blanco.

 

PHF: Yo, hija de las hijas de las mujeres feroces,

arrojo a este Sagrado Fuego estas hojas de Orégano,

estos Dientes de Ajo,

para que mi cuerpa pueda matar

al monstruo blanco del semen blanco

de todos los monstruos de semen blanco.

 

CORO: Toma, hija de las hijas de las mujeres poderosas,

toma estas hojas de Melissa,

para que la cuerpa vuelva a ser más fuerte

que los monstruos blancos de nombre blanco

del semen blanco.

 

PHF: Yo, hija de las hijas de las mujeres poderosas,

arrojo estas hojas de Melissa a este Fuego Sagrado,

para que la cuerpa vuelva a ser más fuerte

que los monstruos blancos de nombre blanco

del semen blanco.

 

Así, yo, la hija de las hijas de las Mujeres Sabias,

la hija de las hijas de las Mujeres Medicina,

he expulsado de mi cuerpa para siempre

a todos los monstruos blancos del semen blanco

de los monstruos de semen blanco.

 

CORO: Así, hija de las hijas de las Mujeres sabias,

hija de las hijas de las Mujeres Medicina,

también has exorcizado de todas nuestras cuerpas

a todos los monstruos del semen blanco.

 

PHF: Ya de ellos no quedan ni siquiera las cenizas.

Ya queda sólo una nada.

Ya queda sólo la medicina.

Ya quedan sólo la dicha y el gozo

de la libertad de nuestras cuerpas.

 

CORO: Toma, hija, esta Sagrada Tierra,

y arrójala sobre este Sagrado Fuego,

y agradezcamos la Medicina.

 

PHF: Yo, hija de las hijas de las Mujeres Medicina,

arrojo sobre este lugar donde ardió el Sagrado Fuego,

esta Sagrada Tierra, para que ella

la Gran Devoradora, la Alquimista Primera,

haga desaparecer para siempre esta blanca obscuridad

dentro de su amorosa obscuridad.

 

Yo, hija de las hijas de las Mujeres de esta Tierra,

agradezco a este Sagrado Fuego

su medicina y su poder.

Agradezco a este Sagrado Aire y a la Sagrada Madera,

el sustento que le dieron para poder arder.

Agradezco a esta Sagrada Tierra, a la Sagrada Lluvia,

a la Sagrada Luna y a la Sagrada Sol,

la creación de todas estas Sagradas Plantas de Medicina.

Y agradezco a estas Sagradas Medicinas

su amor y su poder.

 

CORO: Sagrada Tierra

Gran Devoradora

Alquimista Primera

nuestras Sagradas Vulvas

nuestras Sagradas Vaginas

nuestras Sagradas Vientres

nuestras Sagradas Cuerpas

agradecen tu poderosa

tu amorosa medicina.

 

(La Portadora de los Huesos y del Fuego y el Coro de Abuelas cierran los ojos, sonríen, ríen, se abrazan, lloran, y danzan sobre la tierra, en el lugar donde ardió el fuego, una danza de gozo y placer de las cuerpas).

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Ursula Estrada es escritora e ilustradora de corazón, e historiadora, gestora, archivista y pedagoga de oficios. Ama encontrar historias escondidas de cuerpas y de sus personas, para volver a contarlas. Sus títulos nobiliarios snobs dicen así: doctoranda en Historia del Arte por la UNAM, maestra por la University of British Columbia, licenciada por la Universidad del Claustro de Sor Juana (mención honorífica), becaria del FONCA y del CONACYT, y autora de varios artículos y capítulos de libros sobre historia del arte desde la teoría de género y crítica del arte feminista, así como sobre educación a través del arte.

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Mercedes

Por Claudia Carolina Sandoval Meza

Fotografía: Diego Moreno

Mercedes soñaba con su juventud; cintura chiquita, senos bien puestos, redondos y firmes, piernas contorneadas como si hubieran calculado cada centímetro y un delicioso moreno chocolate coloreando la piel. Detrás de ella apareció Augusto, le lamió un hombro, ella se estremeció.

El sueño erótico de Mercedes acabó demasiado pronto, apenas había sentido a Augusto dentro y despertó agitada, furiosa porque ni su subconsciente podía dejarla tener una buena cogida.

A Mercedes solían encantarle sus sueños eróticos porque despertaba húmeda, lista para divertirse un rato y tener unos cuantos orgasmos antes del desayuno, pero ahora, sólo le frustraba descubrirse seca al despertar. Seca, sola, marchita.

Enojada dejó la cama y se metió a bañar, pasó el espejo de largo, desde hacía años no se atrevía a verse desnuda. Lavó su cuerpo sintiendo una repugnancia no admitida ¿A dónde se había llevado el tiempo su cuerpo? Quería que le devolviera las curvas, la firmeza, el bienestar, el deleite de sentirse suya. Mercedes dejó que las lágrimas se confundieran con las gotas de agua que escurrían por su cara. Cerró la llave, se envolvió en la toalla, volvió a pasar frente al espejo, pero esta vez se detuvo, se miró, ahí estaba su cara desgastada, a esa sí podía verla y enfrentarla, pero sin ropa encima Mercedes se sentía vulnerable, a punto de romperse. Esta vez quería sentirse valiente, experimentar con ella, quitárselo todo y verse real, el corazón le palpitó acelerado, poco a poco fue deshaciéndose de la toalla hasta quedar desnuda. Ya no había retroceso, ahí estaba toda su piel, sus músculos, las curvas extras, la grasa de más, las arrugas, las estrías, la barriga, el vientre flácido que un día había albergado un feto que abortó y fue la razón por la que sus padres dejaron de reconocerla. Augusto también había querido hijos, pero Mercedes siempre se negó: – ¿Tú sólo quieres divertirte como una puta o qué? – le había preguntado antes de marcharse. Quizá él tenía razón, sólo quería divertirse como una puta y el tiempo le cobró sus pecados llevándose su cuerpo ¿así era como se pagaba la determinación de pertenecerse, sentirse dueña de su cuerpo y hacer lo que quisiera con él? ¿eso era ser una puta?

Mercedes sólo quiso disfrutarse sin que nadie le reprimiera nada, sin que nadie le quitara nada, pero se olvidó del tiempo, el factor silencioso que le arrebataba su juventud a pedazos, el color de los labios, la firmeza de su piel, ahora todo sobraba, cada parte estirada colgaba como sus senos, antes alabados y comparados con frutas suculentas… “pero las manzanas también cuelgan ¿o no?” pensó “y las naranjas y las uvas…” su visión comenzó a iluminarse, de pronto vio en sus senos un par de racimos jugosos, las estrías se movían en su piel como ramas, su pelo marchito era un otoño resplandeciente y las arrugas endurecían su tronco.

Se miró guapa, firme, frondosa. Con su mano tímida comenzó a repasarse, poros olvidados agradecían el contacto repentino, un paso tras otro sobre la piel le agitaban el corazón, palpitante y fuerte encendiendo las luces de su cuerpo.

Las yemas de sus dedos reencontraron el pubis, la suavidad oculta de los labios y el clítoris, la vulva antes sedienta ahora gozaba del rocío sutil de una excitación pedida. Un orgasmo, el suyo, el de su cuerpo, el de la plenitud de Mercedes; ella lo acogió, lo disfrutó, lo abrazó y sonrió tranquila, quizá después volvería a perderse entre las telarañas angustiantes de su pasado, pero por lo menos ahora ya sabía que nunca fue el tiempo quien le quitó su cuerpo.

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Claudia Carolina Sandoval Meza. Originaria del sur de la ciudad de México. Al terminar sus estudios de Administración de Empresas en la Universidad del Valle de México, decidió dedicarse a una de sus pasiones más grandes: la escritura. Ha tomado cursos y talleres que la han ayudado en su formación literaria y ha ganado un concurso de la Editorial Paraíso Perdido en marzo del 2017. Actualmente se encuentra administrando su propio negocio y desarrollando un proyecto de fanzines dentro del colectivo artístico: “Colectivo Nopalitos”.

Redes: facebook.com/claudiameza91

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