Capitalismo rosa: ser dinero o ser persona

"Pink tube" por Miguel Angel Padilla Salazar

“Pink tube” por Miguel Angel Padilla Salazar

José Clemente Núñez Hernández

El mundo es dinero, dinero, dinero. Aprende algo, dinero.

MC Dinero

 

Cuando el joven rapero MC Dinero nos dice que “el mundo es dinero” probablemente no está siendo exagerado.

     Claro que tendríamos que ver en qué sentido nuestro mundo se rige por el capital. Pero no sólo es interesante que diga que el mundo sea dinero, sino que a nosotros también nos dice dinero (“Aprende algo, dinero”). ¿En qué medida somos dinero nosotros para el sistema capitalista? Específicamente ¿en qué medida es la comunidad LGBTTTI dinero para el sistema capitalista? ¿qué es el capitalismo rosa y cómo nos afecta?

     Tal vez para ir pensando toda esta problemática deberíamos comenzar con un ejemplo sencillo: una persona.

     Imaginemos a un adolescente que sea aficionado a los discos de Madonna, los musicales, la ropa de moda y el gimnasio. Automáticamente muchos creerán que este chico es gay o algo por el estilo, pero ¿por qué alguien podría hacer un juicio de ese tipo? ¿en que momento pasamos del “me gusta tal tipo de música” o “tal tipo de productos culturales” al “soy un hombre que se acuesta con hombres”? ¿cómo pasamos del “consumo esto” al “soy esto”?

     Pareciera que ser gay, asumir esa identidad, es estar relacionado con ciertos campos semánticos. Si pensamos gay pensamos en ciertas prácticas que no se limitan a tener relaciones eróticas con “personas del mismo sexo”, sino que se extiende a elementos más complejos que construyen el arquetipo de gay. Una especie de gay ideal que no existe y al que parecería que debe aspirar todo hombre que se quiera acostar con otros hombres.

      Es como si decir “soy gay” automáticamente viniera con un paquete más grande que nos intenta condenar a realizar un tipo de prácticas específicas.

     El gay ideal nos indica que ropa debemos usar, cómo debemos hablar, con quién nos debemos juntar, qué debemos escuchar, y hasta cómo nos debemos relacionar entre las personas que asumen la misma identidad que nosotros. Ya no hablamos de personas específicas (Juan Pérez, María Echeverría), sino que hablamos de entidades que abarcan grupos: un gay, una lesbiana, una persona trans, etcétera, y de todos los conjuntos de prácticas que conllevan cualquiera de estas identidades.

      Todas estar relaciones identitarias le caen perfectamente al capitalismo y nos constituye como un sujeto/objeto de mercado que se comporta de ciertas prácticas. Decimos sujeto/objeto porque son sujetos que realizan acciones y objetos porque esas acciones son el objeto en el que se interesa el sistema capitalista.

     También somos sujetos, porque sólo estando sujetos a estas identidades es como obtenemos ciertas ventajas de ser reconocidos dentro del sistema… un momento ¿existir el sistema trae ventajas?

 Capitalismo rosa: pasar de la resistencia a la subjetivación y viceversa

 Podríamos remontarnos a los orígenes del capitalismo rosa en aquellas empresas y negocios que comenzaron a ofrecer sus servicios para cumplir necesidades de la comunidad LGBTTTI que otras empresas no les querían ofrecer. Desde taxis que les brindaban mayor seguridad, hasta bares especializados en este tipo de clientela.

     Pero muchas empresas y países ya se han dado cuenta de las cantidades exorbitantes de dinero que este mercado puede ofrecer. Desde los objetos que necesitan las mujeres trans para su cuerpo (maquillaje, por ejemplo) o los hombres transexuales (el gimnasio), hasta aquello que consumen los hombres gay (ropa, discos, cruceros, etcétera).

     Claro que cada mercado es distinto, no son iguales las necesidades de un hombre trans que las de una mujer lesbiana. Pero lo importante aquí es ver como el mercado ha podido distinguir ciertos “comportamientos típicos”, aunque… ¿de verdad todos los gays o todas las mujeres trans se comportan como el mercado dice que lo hacen?

 

Ser LGBTTTI o morir en el intento

Entonces ¿cuál es el problema con el capitalismo rosa?

     Para empezar, el mercado rosa (o el mercado a secas) no atiende a individuos, sólo entiende de sujetos genéricos, de poblaciones (o sectores de la población) que funcionan de una manera determinada… todo lo demás sólo no es considerado (los individuos que no se comporten como se espera que lo hagan no existen).

      Pero no podemos decir que es el mercado el que impone (o es el que se inventa) las costumbres de sus sujetos/objetos. Tampoco podemos decir que el mercado sólo se limita a ser espectador de las costumbres de sus sujetos/objetos y a cubrir sus necesidades. No podemos decir qué fue primero, si el huevo o la gallina, y no importa, lo importante es que es una relación sincrónica (se da al mismo tiempo) en el que los gays, lesbianas o trans tienen ciertas relaciones que sustentan la oferta del mercado y en el que la oferta del mercado refuerza esas relaciones para seguirse sustentando (es un círculo vicioso).

      Para entender lo anterior pensemos en un ejemplo como el físico. El cuerpo de los gays y los hombres trans es un cuerpo que ha sido atravesado por procesos como la pornificación de la imagen.

      Actualmente los gays y hombres trans van al gimnasio, se tatuan, y buscan una cierta apariencia por muchos motivos, uno de ellos es la existencia de un modelo ideal de figura masculina. El mercado mismo nos ofrece imágenes en sus campañas publicitarias, pero ¿qué pasa con aquellos cuerpos que no embonan con este ideal físico? La respuesta más pronta será decir que existen otros tipos de cuerpos, como el de los osos, por ejemplo o el de los twinks. Pero, ¿no existen también en estos dos tipos de cuerpos ideales en el que no embonan otro tipos de cuerpos?

      La manera que se relacionan los hombres con su cuerpo y la manera en que tratan (y consumen) el cuerpo de los demás se ve atravesada por estos ideales físicos, mismos que, a su vez, están atravesados por otros mecanismos como el racismo (hay un ideal blanco), el clasismo (un gimnasio cuesta dinero, por ejemplo), el machismo (se discriminan a los cuerpos afeminados), entre otros procesos de exclusión que son reproducidos por el mercado (modelos de tez clara, que tienen un cuerpo esbelto bien marcado y que no se ven muy afeminados) y que al ser reproducidos los perpetúan (las personas que quieren consumir buscan identificarse con estos ideales y buscan consumir estos ideales).

      Parece que las redes de ligue (el Mc Donald’s de la carne) son la manera más explicita en la que vemos esto con expresiones como “no afeminados, no morenos, no gordos, etcétera” en el que la manera en que actúa el mercado es más transparente.

      Así, las cosas que consumimos nos empiezan a identificar y todos los que no estén en posibilidad de identificarse con dichos ideales, son excluidos y, por consecuencia, discriminados.

      Aunque hay que aclarar que los ideales de gay, lesbiana, mujer trans, hombre trans, etcétera, no son inmutables, cambian con el tiempo. Así, no es igual el ideal del hombre gay de los 90, que el ideal de hombre gay actual (por ejemplo, las marcas ya empiezan a apuntar a un público homoparental, monógamo, de clase media alta, etcétera, que pueda adquirir sus servicios, como créditos bancarios, o préstamos hipotecarios).

      La monogamia como un sistema que favorece al capitalismo comienza a invisibilizar otro tipo de relaciones que no eran, ni son tan inusuales entre las personas que son identificadas como LGBTTTI, como la poligamia o la agamia (el no querer instituir una relación fija con alguien más), entre otras.

      Y al final ¿estamos condenados a sentirnos mal cada vez que no embonemos con las identidades LGBTTTI que el mercado rosa nos vende?

Un caso interesante: el queercore

 En sus inicios, el punk era un movimiento interesante que, entre muchos de sus elementos, tenía la problematización de todos los sistemas, entre ellos, el sexo/genérico. La mayoría de las grandes bandas punk tenían miembros de declarada ambigüedad sexual. Pero cuando el punk se comercializó a niveles masivos, pronto se comenzaron a replicar sistemas de discriminación (muchos de sus fans comenzaron a ser abiertamente homofóbicos).  Esto empujó a que fans del punk no heteronormados (no normados con el canon heteropatriarcal) crearan sus propios espacios.

      El queercore critica tanto a la homofobia de ciertos punketos, como a la identidad gay comercial consumista con la que no se identifica (recuperando una veta importante del movimiento punk en sus inicios).

      Así, aquellos que no se identificaban ni con el gay ideal ni con el heterosexual ideal, encontraron una válvula de escape.

 

El escape al dinero rosa

 

Al final, volvemos a nuestro adolescente que le gusta Madona, los musicales y la ropa. ¿De verdad tendría que ser un hombre que se acueste con hombres para disfrutar de Madona? Y al revés, ¿qué pasa con los homosexuales a los que no les gusta Madona, los musicales y la ropa?

     Parece que si uno quiere liberarse de esta sistematización de los gustos (de los deseos) uno debería lograr desafanarse de este tipo de identidades LGBTTTI (que, como vimos antes, nos sirvieron para dar una visibilización a otro tipo de subjetividades, pero que también sofocan a los individuos que no se comportan como ellas dictan que deberían comportarse).

     Tal vez, para cambiar esta economía rosa y las personas no se sientan sofocadas por esta econmía de las identidades, la estrategia sería tratar de ser una persona singular que sea un agente de sus propios deseos, y no sólo ser dinero (un valor de intercambio) como nos hizo darnos cuenta el chico MC Dinero.

 

 

José Clemente Núñez Hernández. Filósofo, participó alguna vez en un proyecto de investigación de la Facultad de Filosofía y Letras sobre procesos y vocabularios de la exclusión. Actualmente colabora con artículos de política y grupos minorizados escritos de manera didáctica en @plumasatomicas de Sopitas.com porque cree que es su manera de colaborar con el mundo…o de destruirlo poco a poco. Ha participado en varios coloquios de distintas escuelas, así como en eventos culturales interdisciplinarios organizados de manera independiente. Ama a Foucault, le encanta estar tocándole las pelotas al Gobierno y es infiel a la academia… todo es en serio.

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