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La necesidad de un movimiento de *Poder Negro* desde México, después de Ayotzinapa y Ferguson: una mirada y una llamada

por Daniel Brittany Chávez

   Soy un Afro Americano, nacido en los EEUU, que actualmente reside en Chiapas, México. Tengo raíces indígenas (Cherokee), Sudamericanas, Africanas, e Irlandesas. Con compromisos políticos entre el norte (EEUU) y el sur (México) de lo que es Norteamérica, he desarollado una mirada hacia estos momentos históricos que está profundamente enraizada en mis propios posicionamientos, memoria ancestral, y las luchas sociales en los cuales he participado activamente con performance y con escritura. Creo profundamente en la producción de conocimiento hacia cambios en nuestrxs comunidades y que tomamos la responsabilidad de hablar desde nuestrxs locus de enunciación. Desde este posicionamiento, deseo brevemente articular un nodo de la intersección de los momentos históricos actuales entre los EEUU y México y desde aquí insistir en un nuevo movimiento de *Poder Negro* iniciando desde México. Tomo mi noción de intersección de la colectiva afro-americana famosa de los 60, Combahee River Collective.[i]

            Tenemos que pensar en la eradicación del tiempo lineal occidental cuando confrontamos las realidades actuales. Es necesario enraizarnos en el tiempo serpentino que se ha revelado en estos momentos históricos en el norte de este continente, que estamos viviendo tanto en los estados unidos, como en Méxcio.[ii] Déjame empezar por unas visualizaciónes. La verdad es que estamos en la repetición de los años 1960 en los dos países. No es ninguna situación irónica ni por casualidad.

     En esta primera serie de imágenes, vemos la brutalidad de la violencia hacia afro-americanos en los 60 durante la época de derechos civiles. En ellas vemos la misma historia. Lo que vemos en 2014 empezó por la decisión judicial de la corte de Ferguson, Missouri, estados unidos que determinó que el asesinato del joven afro-americano Michael Brown por un policía era legítimo. El policía salió libre. Michael Brown siguió muerto. Algo similar pasó con Eric Garner, quien vendía cigarros en la calle cuando la policía llegó para cortar la venta y terminaron estrangulándole en pleno día mientras que él gritaba: “¡No puedo respirar, no puedo respira, no puedo respirar!”. Y estos momentos, también se ha señalado a la sociedad la cantidad de mujeres y las personas afro- americanas trans y LGB que han muerto a manos de policía sin que les demos la menor atención. Lo que estos instantes enseñan a la sociedad es lo que ha dicho la feminista afro-americana bell hooks: que la forma en que la policía mata a los afro -americanos en 2014 es el equivalente a los linchamientos del siglo XIX (bell hooks ha llamado a ésto el Efecto Zimmerman, por el policía con apellido Zimmerman que fue liberado después del asesinato de otro joven afro-americano, Trayvon Martin el verano 2013).[iii] En este sentido, aun cuando este joven ha sido asesinado por la policía, el sistema legal lo detemina culpable de su propia muerte y la policía libre de cualquier culpabilidad. Nos lleva a ver cómo la situación no ha cambiado no solo en décadas, sino en siglos. Como dijo la pensadora radical feminsita afro-americana Sylvia Wynter en 1994, el sistema de justicia sigue clasificando a jóvenes afro-americanos como casos de “N.H.I. – NO HUMANS INVOLVED/ NINGÚN SER HUMANO IMPLICADO.”[iv] Las probabilidades de vivir una vida digna como persona afro-americana en los Estados Unidos hoy día, siguen siendo demasiado escasas.

            En tiempo paralelo, es esencial ver la situación en este país. Como todos deben saber ahora, la situación de la desaparición de los 43, el asesinato de los 3 en la escena, la comprobación de uno de los cuerpos quemados por pruebas de ADN, y la impunidad continua nos marca en tiempo serpentina con el año 1968, con el masacre de Tlatelolco. La situación de desaparecidos en Ayotzinapa es un grito hecho en realidades históricas. Otra vez aquí vemos la represión policiaca en 1968 en la primera imagen

cortesía de: http://sobrehistoria.com/tlatelolco-matanza-estudiantil-en-mexico-68/
cortesía de: http://sobrehistoria.com/tlatelolco-matanza-estudiantil-en-mexico-68/

y en la parte de abajo, vemos una de las marchas en Oaxaca contra Ayotzinapa en 2014

cortesía de: http://www.seccion22.org.mx/2014/10/02/seccion-xxii-marcha-en-repudio-a-la-represion-y-masacre-de-estudiantes-del-2-de-octubre-de-1968-en-tlatelolco/
cortesía de: http://www.seccion22.org.mx/2014/10/02/seccion-xxii-marcha-en-repudio-a-la-represion-y-masacre-de-estudiantes-del-2-de-octubre-de-1968-en-tlatelolco/

            Demostrar para el derecho de ser estudiante provoca respuestas de fuerza bruta en ambos países. Los cofres del estado en ambos lugares vienen del mismo bolsillo.[v] Es hora de asumir la complicidad del estado neoliberal patriarcal eurocentrado y defensor de la supremacía de la raza blanca que crea la violencia en ambos países. En México ser estudiante, ser mujer, ser campesino, es peligrosísimo. Y no soy el único en decir que este tiempo serpentino nos demuestra la interseccionalidad de estos eventos y nuestras historias. Ver la profundidad histórica de las intersecciones de estas luchas, es crucial. Las escuelas normales rurales insisten en un sistema educativo basado en proyectos de vida y gente afro-americana estamos exigiendo que nos traten como seres humanos, lo cual nunca ha sucedido como algo normalizado ni en los eeuu ni en México. Pero en México, matan afro-mexicanos por extrema marginalización al decir que no existen o que se han borrado por el proyecto de la raza cósmica y en los estados unidos, los matan adentro de las leyes con pistola o estragulación en pleno día. Entonces, quiero exigir que este momento histórico sea un momento pedagógico no sólo al ver la temporalidad de la historia como serpentine, sino también de ver cómo venimos caminando juntxs y cómo tenemos que seguir caminando juntxs:

imagen cortesía de: (http://www.easterwood.org/hmmn/2007/09/sponsored-by-nike-and-nikon-where-the-power-lies/
imagen cortesía de: (http://www.easterwood.org/hmmn/2007/09/sponsored-by-nike-and-nikon-where-the-power-lies/

            Para lxs que no conocen esta imagen, son dos atletas afro-americanos, Tommie Smith y John Carlos, durante la ceremonia de medallas de las Olimpiadas del verano de 1968. El puño en el aire, boca abajo, es en señal del poder negro estadounidense. En 1968, los estados unidos estaba en medio de un fuego de derechos civiles y habia sucedido la matanza de Tlatelolco. Tlatelolco sucedió 10 días antes del principio de estos Juegos Olímpicos. En una entrevista, Tommie Smith dijo que este momento no sólo fue un gesto del poder negro, sino de “derechos humanos” en protesta a la situación actual. Pausando en este evento, aquí viene mi llamada: quiero que pausemos un momento y, simbólicamente, reto a la población estadounidense y mexicana a dejar de separar estos momentos y estas luchas. Es hora de poner los puños en el aire en los dos lados de la frontera. En esta última imagen, estudiantes afro-americanos de medicina reapropian el lema mexicano que ha circulado sobre Ayotzinapa “Quisieron enterrarnos, pero no sabían que éramos semilla/They tried to burry us but they didn’t know we were seeds” pero en lugar de demostrar solidaridad para México (aunque es implícito por el uso de la frase) están nombrando su lugar como estudiantes de medicina en una de las universidades más reconocidas del mundo (Harvard) mientras que la policía mata personas con su aparencia física de una manera naturalizada.  Quiero señalar también que en la imagen anterior de la marcha para Ayotzinapa en Oaxaca en 2014, los puños están en el aire.

Imagen cortesía de twitter
Imagen cortesía de twitter

            Pero, de acuerdo a los eventos mundiales que nos tocan vivir ahora, especialmente en México y los estados unidos, donde están matando a mi gente por ser negra, por ser estudiante, por ser Latina/o, yo me aferro aún más a mi negritud. Ante los hechos, me siento completmante deshecho. Como me ha señaladao una amiga poeta/artivista/académica de Trinidad, Angelique V. Nixon, “Mi rabia es memoria genética, alimentada por el conocimiento diario y de ver todas las maneras en que nuestras vidas están en riesgo.” Y para continuar esta línea de pensamiento, como dijo Stacey Ann Chin, “Es hora de que pongamos nuestros cuerpos donde nuestras bocas siempre han estado.” En este ensayo corto, es imposible dibujar la interseccionalidad perfecta que estos momentos históricos nos están señalando, pero es muy posible afferarnos a los hechos.     Fue una experiencia conmovedora estar en Oventic con lxs compas Zapatistas para el 31 de diciembre de 2014.[vi] E increíble escuchar a varios familiares de Ayotzinapa hablando al lado de Subcomandante Moisés en un momento histórico solidario. Pasar un año nuevo no siempre se trata de brindar y emborrachar en fiesta total. A veces es el absoluto silencio y solidaridad en lucha mientras que reflexionemos en la continuidad del tiempo. Lo que hizo falta en Oventic, fue la presencia de la población Afro-mexicana. El olvido y el aislamiento también mata. Es hora de dar un paso enorme a las luchas fenomenales de las poblaciones Afros de México, en voz altítisma.[vii] Es esencial reconocer que, en una protesta contra Ayotzinapa, si los puños están en el aire, afro-americanos de toda parte del continente estan implicados y presentes. Es hora, ante la violencia impune estatal, de levantar los puños en poder negro y intersectar las luchas. Es más que hora para solidaridad entre afrodescendientes de diferentes partes de este Norteamérica de juntar fuerzas en lucha. Es hora. Levántense los puños conmigo compañerxs. Es hora de construir un nuevo movimiento.

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Imagen por Cecilia Monroy Cuevas
Imagen por Cecilia Monroy Cuevas

 Para más información sobre el trabajo de performance de Daniel, puden visitar a www.brittanychavez.org. Para más escritos de Daniel, pueden visitar su página de academia.edu: https://unc.academia.edu/BrittanyChávez.

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[i] Para ver el manifiesto del Combahee River Collective, pueden dirigirse a: http://circuitous.org/scraps/combahee.html (en inglés).

[ii] Desarollo mi idea del tiempo serpentino desde el texto de la Dra. Catherine Walsh en su Introducción al libro Pedagogías Decoloniales, “Lo Pedagógico y lo Decolonial: Entretejiendo Caminos” (2014).

[iii] Para ver el texto completo, esta disponible aquí: http://www.jetmag.com/made-of-shade/bell-hooks/ (inglés)

[iv] El texto completo de Sylvia Wynter esta disponible en PDF aquí: http://carmenkynard.org/wp-content/uploads/2013/07/No-Humans-Involved-An-Open-Letter-to-My-Colleagues-by-SYLVIA-WYNTER.pdf (inglés)

[v] Para ver la cobertura completa sobre la responsabilidad y la complicidad entre los gobiernos estadounidenses y mexicanos, pueden escucharlo aquí: http://www.democracynow.org/2014/11/13/are_mexicos_missing_students_the_victims

(inglés con Amy Goodman de Democracy Now)

[vi] Para ver una de las imágenes más circuladas por de esta noche, pueden ir a: http://aristeguinoticias.com/0101/mexico/ezln-y-ayotzinapa-unidos-en-oventic-chiapas/?utm_source=twitterfeed&utm_medium=facebook

[vii] Para ver ejemplos de luchas de pueblos Afro-mexicanos, véanse al grupo de Facebook que sirve como un archivo de luchas, eventos e imagines: https://www.facebook.com/groups/afromexico/?fref=ts

Evocación de lo negro

por Ale Collado

 

La elección política de la negritud

es sólo otra forma de ver la luz, lo blanco, lo bueno.

 

Me puse a evocar mis negritudes, así que este es un texto negro. Negro como el agujero que me trajo al mundo, con la fuente rota, prematura. Como las resacas de mi padre, como su abandono y como las grietas en las paredes de nuestros miles de cuartos alquilados. Nómadas, rodantes; madre e hijas en la oscuridad del no lugar, constante en mi familia de matriarcas, de viudas negras temerarias, medusas.

    Negro como el pecado de mis 8 años. Me gustaba que él me tocara, pero no estaba bien. No a esa edad, no con ese parentesco. Negro como mi deseo a partir de entonces: despertó la oscuridad del sexo en mí y teñí mi sexualidad de negro. Y me enamoré de la penumbra, me aferré a ella. No fue una mancha voraz consumiéndome, sino que yo fui la mancha de la oscuridad, la hice mía. Y luego los demás pecados, el deseo por el mismo sexo, secreto, precoz, insano, incestuoso, con los cuerpos prematuros. Y las diferencias encarnadas en la piel, la segregación, la inadaptación, la exclusión voluntaria. Disidencia.

    Negro como su piel, como la luz que se fue extinguiendo en sus ojos a causa del V.I.H. y el bolígrafo negro de nuestras cartas de muerte. Negro como su ataúd y como mi llanto secándome, como las mentiras que había que decir para evitar la negra ignominia: “tiene cáncer” decíamos, para evitar las suposiciones de las ennegrecidas prácticas sexuales: besos negros, sexo negro, vibradores negros, como la ciega penumbra que vivimos el día del eclipse total de sol.

    Negro como el catolicismo de mis colegios de monjas: violencia con hábito, explotación en el nombre de dios, abandono en el nombre del bien. Cada tarea realizada para alcanzar el paraíso, mientras la realidad de mi género, de mi clase, de mi piel me condenaba desde el principio al quemado infierno. Así también fui la parte negra de jehová, de la virgen maría, de todos los santos y las santas sufrientes de las iglesias. Las hostias se volvían negras al entrar en mi boca. He pecado padre, he pecado, he nacido con vagina, he nacido pobre, me he besado con niñas padre, me gusta que me masturben, me masturbo todo el tiempo. Confieso que he vuelto a nacer al coger, que he vuelto a nacer al tatuarme, que he profanado mi templo padre, que yo nazco cada vez que me acerco más a lo que ustedes llaman infierno. Odio a dios padre, me odio a veces también.

    Estas letras son negras también como el yang que soy, que siempre he sido. Negras como mi afición a los hombres mayores, al sexo indiscriminado, como mis trece años sin virginidad, como mis abortos llenos de culpa y descaro a la vez; como las violaciones conscientes e inconscientes de amigos de borracheras o de un desconocido en la calle; negras como el efecto físico y emocional de las drogas y el alcohol, como mis resacas de recuerdos negros. Negrura, negrura. Eso sí que es la constante de mi vida. Mis textos negros, mi negra música hundiéndome en el paraíso de mi penumbra, soledad, adicción, la negrura de mi imagen, mi ropa, mi cabello y mi barniz. Las rendijas negras de mis cicatrices, como coladeras que llevan a las tinieblas. Como mi enfermedad de maniaco-depresión, le decían, y ahora negra bipolaridad, negra ansiedad, negra esta personalidad límite, negra mi asocialidad y los abismos de cada sesión de psicoanálisis.

    Este es sólo un texto negro, negro también como el yang que soy, que siempre he sido. Negro como mi corrosión, como mi rabia y mi permanente disidencia, negro como mi ego, como todos mis deseos y como estas confesiones.

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Ale Collado. 31 años (32 el 11 de enero), Ciudad de México.

«Comunico-loca, poeta, narradora, libre y loca. Abyecta por naturaleza, agnóstica (excepto cuando se habla de diosas) y riot por convicción; con serias debilidades por las cosas enfermas, proscritas y rotas. Transgresora, militante del TLC (Todo Lo Contrario), suicida social que se la pasa ardiendo (no vaya a ser que se extinga). Renegada, promotora cultural underground, master on women’s studies, ca-uamera, ciborg y varias anormalidades más…»

http://letrasmalviajesydebrayes.blogspot.com/

https://www.linkedin.com/pub/alejandra-collado/47/992/266

http://alecaligari.tumblr.com/

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Manifiesto Contratextual

dibujo por Ollinca Torres
dibujo por Ollinca Torres

Por Colectivo Monstruotextual

Cuando escribo sé que no estoy solo. Cuando escribo sé que tú puedes sumarte a mi silenciada voz y decir conmigo las siguientes palabras. Cuando escribo no sólo soy yo, somos muchxs, soy tú y otrxs más, soy tu hermanx o tu futurx hijx, incluso soy alguno de tus padres.

No, yo no nací homosexual, nadie lo hace, pero tampoco nadie pide serlo. Porque homosexual es una etiqueta que me implantaron el día en que me enteré que era diferente. Para ser homosexual primero me asignaron una etiqueta a causa de mis genitales, para posteriormente decirme que el amor a otrx etiquetado igual que yo, está prohibido.

Cuando escribo hay generaciones detrás de mí, humilladas, torturadas, exterminadas, en nombre de Dios, del Estado o del SIDA. Por eso en la punta de mis dedos está la rabia y no la neutralidad científica del término homosexual. Está la rabia que se oculta en los insultos: joto, machorra, puto, lencha, maricón. Nadie nace bajo estos adjetivos, se van incrustando en las vísceras, en la carne, en la piel. Ahí es cuando nace un homosexual: en el momento en que se pregunta ¿Soy eso que nombran? ¿Soy odio?

Cuando escribo están aquellxs que temieron ser odiados por esos seres que tanto amaron y les dieron la vida, después de todo ¿quién quiere un hijo homosexual? Si en la familia está la descendencia, trascender la casta, el honor, la dignidad ¿qué se puede esperar de un enfermo, pecador o semihumano?

Pero la luz llegó con la liberación sexual y de mercado. Ya no somos ese engendro que describían los manuales de medicina ¡Ahora somos gays! Pero en esto la ciencia es más contundente: nadie nace gay, debes ganártelo. Cuando escribo, están esxs a quienes se les niega el nobiliario título de gay: putos, vestidas, closeterxs, marimachas, bicicletos, jotitas, mayates, locas, asexuales, hermafroditas y eunucos.

Para ser gay hay que ser fiel primero a tus genitales: ¡ser un hombre de verdad! Para eso hay que desenvolver dinero en el gimnasio y esteroides, conocer bien el capital cultural que un hombre consume, como su ropa, música y vello facial (aunque todo el mundo te siga considerando una loca). Nadie nace siendo hombre y menos siendo un macho. Cuando escribo, están esos que tuvieron que tragarse las lágrimas para hacerse el machito no sólo frente a otros hombres sino también a mujeres que esperaban algún día verse unidas a un verdadero semental sin emociones.

Claro que para ser gay no se puede ser mujer, por eso las lesbianas son aparte, incluso cuando siguen la bandera arcoiris del capitalismo tienen una letra distinta: LGBTXYZ. Como buen macho, el gay es caballero y las damas son primero, excepto con esas que nacieron con un pene o con ambos genitales; esas monstruosidades van al final porque no lucen bien en la portada (aunque hoy en día se puede corregir tal anomalía, claro, si tienes el capital para ello). Cuando escribo están esas que no tienen opción más que prostituirse para verse como su deseo les indica, porque no hay otra forma de costear la promesa médica de dejar de ser un adefesio y convertirte en un ser hermoso y respetable para la sociedad, están esas que se inyectan aceite de comida porque apenas les alcanza para la renta; pero también aquellos que asumen dos géneros, que transitan entre ellos o no tienen ninguno; aquel que disfruta el sexo con su esposa pero que se pone su ropa a escondidas; incluso esas mujeres que aman a su pene ¡sí una mujer que ama a su pene!

Para ser gay tienes que tener hombría y dinero suficientes, pero además estar orgulloso de ello, decirlo a todos bajo una linda bandera en algún local cosmopolita; es mejor tenerte bien ubicado para que todos vean lo feliz que ahora, se supone, eres. Cuando escribo, están esxs que sintieron miedo de decirlo: esxs que tuvieron que hacer infeliz a un hombre o a una mujer para conservar el apellido; también esos que les gusta empotrarse a los jotitos pero tienen miedo de decirles que podrían amarlos si se lo permitieran ellos mismos; aquellxs más que huyeron al convento pero que aún viven con miedo a ser descubiertos.

También para ser gay, más fácilmente, existe la posibilidad de irse a vivir al primer mundo, o al menos a una colonia citadina que se le parezca, casarte y tener hijos lejos de los prejuicios tercermundistas. Cuando escribo, están también, lxs indixs, nacxs y rurales, excluidos de Occidente, pero que su propia cultura les da la espalda y mueren abandonadxs por haber contraído sida; cultura que en algunos casos es lo suficientemente perspicaz para defenderse del colono pero no de sus prejuicios infundados.

Claro que hay un avance (o mejor dicho, adecuación) desde el término sodomita al de gay, pero a muchxs esa bandera de falsa felicidad no nos queda. Quizá somos también muy poco raros, o demasiado, ante los nuevos estándares de extravagancia, demasiado invisibles o invisibilizados para llamar la atención en las series de TV. Cuando escribo está la rabia, el miedo, la humillación, la muerte, pero también ese emputamiento que levanta la lucha, sí, la lucha interna para dejar de odiarse a sí mismx, pero también la lucha de muchxs que resisten en colectivo, defendiendo el derecho a la libertad.

Cuando escribo, está todo aquel que lucha por la libertad, no sólo erótica, sino social, política, económica, ambiental y todo aquel que defiende la vida. Cuando escribo, puedes estar tú, sin importar la definición sexual que te digan que tienes, está aquel que ha visto sufrir a un ser querido por ser diferente, pero también todo aquel que es diferenciado del resto por cualquier motivo en base a los estándares de normalidad. Porque vivimos en un mundo (capitalista) donde cualquiera puede perder su derecho a la dignidad y todxs podemos ser desechables. Cuando escribo pienso en un mundo no sin diferencias, pero sí con libertad, justicia e igualdad. Cuando escribo quiero dejar de ser yo, pero ya no por miedo, quiero dejar de ser yo para ser NOSOTRXS.

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Colectivo Monstruotextual (http://monstruotextual.wix.com/colectivo). Nos manifestamos como colectivo en contra de cualquier tipo de fascismo, lo realizamos bajo una mirada crítica de la normalización que impera bajo el termino gay y de sus formas, capitalistas, misóginas, clasistas y neocoloniales. Al mismo tiempo que proponemos una destrucción del yo como figura individualista que impera en el modelo escritural de Occidente y proponemos una nueva forma de relación fraternal desde un posicionamiento anómalo y disidente.

 

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Lxs feministas con lxs normalistas y lxs anormales

careta_normalistas_anormales

Seminario de Posgrado: Cultura Visual y Género. Contravisualidades Latinoamericanas. UNAM

 

MANIFESTAMOS

22-OCTUBRE-2014

 

Estamos aquí y ahora para amplificar voces silenciadas.

Somos feministxs y nos convocan las desapariciones de los normalistas y lxs anormales, en Ayotzinapa, el Edo de México, Veracruz, Tierra Caliente, Chihuahua, Oaxaca y todos los territorios violentados.

Denunciamos la violencia, la corrupción y la impunidad.

Estamos aquí para CUIDAR-NOS.

Nos convoca el re-sentimiento y la rabia, por eso exigimos AHORA que aparezcan, que nos escuchen y los escuchen.

Nos vincula el dolor, la opresión, lxs muertxs, lxs presxs, lxs desaparecidxs, el resentimiento y la indignación.

Resentimos el terrorismo de Estado que desarticula nuestros movimientos y desacredita nuestra presencia, manipula la información y nos paraliza.

Encarnemos el dolor y amplifiquemos las voces silenciadas y sus demandas.

Estamos aquí y ahora con los desaparecidss. Somos feministxs y nos convocan lxs desaparecidxs, los normalistas y lxs anormales.

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Las sensaciones del ano – Cuando lo anormal se hace sensible.

por Miranda Uribe
por Miranda Uribe

 

Por: Benjamín Martínez Castañeda

 

Santiago de Chile, lunes 13 de octubre de 2014. Son las 10 am, ya es tarde, me he perdido el desayuno otra vez; me es muy difícil acostumbrarme a las dos horas adelantadas aquí en Chile, ¿qué importa?, no tengo que ir a trabajar, ni tengo una cita pendiente. Lo de anoche no fue nada, ni el Venezolano, ni el Peruano pudieron con todo esto, me he quedado caliente, mira que jurarse activos…ni ellos se la creyeron. ¿Cómo será la vida godinesca en Chile? Abro la ventana de la habitación del hotel, y sólo veo pasar los buses y mucha gente empaquetada, así le dicen en Chile a los que visten tacuche; no es muy diferente a lo que posiblemente se puede apreciar en México. Sigo dando vueltas en la cama y mi cuerpo reclama adrenalina.

Tomo mi iPad y abro  Scruff, ¿Qué? ¡Oso activo a menos de 100 metros! Se parece mucho al recepcionista del hotel, ¿será? Le escribo y no contesta, quizás me identifica como el chico de la habitación 310, aquel que anoche se despachó a dos hueones seguiditos. Sigo en busca de sexo, y nada, siempre es lo mismo: soy activo pero ando en busca de alguien que me culee. Sorry mano, ya somos dos en lo mismo, ¿te va uno a uno? Siempre contestan que no. ¿Por qué les da pena decir que son pasivos o come ñongas?, no tiene nada de malo. En la televisión comienza “El Chavo del 8”, pero qué horror, le cambio porque ni en mi país veo esa mierda.

Decidido a meterme a duchar, suena mi iPad, me han mandado un woof por Scruff, casi resbalo en el piso, tomo mi iPad y es un señor, envía un mensaje diciendo: Soy activo y busco culo aguantador. Pienso sobre que tan aguantador podría ser yo, no lo se. Le invito a que me visite en mi hotel, con el riesgo de quedar toda madreada como “La Fabiruchis”; me dice que no puede salir de su casa porque anda en silla de ruedas, me pregunto: ¿y cómo pretende que cojamos?…bueno, igual y se le para. Me da las indicaciones para llegar a su lugar, y sólo son 4 cuadras pasando el hotel donde estoy; al llegar, un hombre como de 50 años, 1.78 cm y erguido en dos pies me recibe en la puerta. Me quedé paralizado por un segundo, me toma del brazo y me dice: calma, no te lo dije al principio, pero…no tengo una pierna y uso prótesis y muletas; lleva mi mano a su pierna y siento lo duro de la extensión. Me da la opción de irme, pues el creyó que me incomodaba con su condición física.

La idea de coger con un “discapacitado” me excitó demasiado, pasamos a su recibidor y eso era un lugar lleno de reliquias de todas partes del mundo. Recibe una llamada, escucho que le da indicaciones contables a alguien, quizás sea su contador o alguien cercano… ¡Oh por Dior! ¡Se ha sacado la verga! Eso es muy grande y grueso, y aún no se le para, ¡Que miedo! La toma con la otra mano mientras atiende la llamada, juega con ella y la sacude viéndome a los ojo, inclina su cabeza indicándome que se la chupe. Trato de meter eso a mi boca y es muy difícil, no me cabe, al final encontramos el modo ya cuando eso estuvo erecto por completo, aún así era una verga saca flemas destapa gargantas. Terminó su llamada y me levanta para besarme en la boca, pasamos a su recámara y comienza a desvestirme, me aprieta las carnes, me da manazos, me lame las axilas, el cuello; él se desvistió, lo abrazo, lo beso y le acaricio su pierna de plástico, la toco, la beso, la huelo, la muerdo.

Mi cuero se eriza, los vellitos se levantan y se mueven como si un viento arrasador los quisiera arrancar de mi cuerpo; él me toma por los hombros, me vuelve a besar, me voltea y lentamente me empina dejándome sentir su gran verga entre mis nalgas. Lame mi trasero, con su lengua masajea mi ano…mmm ¡que rico! Lo dilata suavemente, me dice: ¡no puedo más!, se pone un condón y me la clava sin decir agua va. ¡Ahhhh! ¡No mames! La tenía como brazo de albañil, gorda y venosa, sentí que me sacaría los ojos, le pido que me la saque y se niega, fueron segundos muy intensos. Decidí hacer de mi dolor mi placer, me relajé, respiré hondo y pude sentir como su pene movía y masajeaba mi ano y recto; mi piel se puso de gallina nuevamente y me dieron unas ganas inmensas de mear, sentía un cosquilleo intenso en la panza, simplemente no podía saber de mí.

Recordé que un examante me dijo que no siempre el mejor sexo es el más limpio, así que decidí a dejarme llevar y si era necesario me mearía en el momento, pero la reacción fue diferente; comencé a sentir mi ano muy ardiente, cosquillas en todo el cuerpo, mis gemidos parecían sacados de cualquier comercial de Herbal esscences. ¡Ah…ah…ah..! Estoy a punto de acabar, fue lo que él dijo; su pelvis y parte de su prótesis me golpeaban muy fuerte, sentí como se hinchaba cada vez más su verga. Un calor invadió mi recto, mientras apretaba con el ano su verga para terminar de exprimir su leche, sentía una gran bolsa de líquido hirviendo, era una sensación desconocida.

Cuando saca su verga de mi cuerpo, un torrente caliente salía de mi ano. Pensé que sería sangre porque estaba desgarrado, o en el mejor de los casos caca aguada, pero no. Era un líquido traslúcido y aceitoso, recordé que un doctor hablaba en T.V. de que tanto el recto como el intestino están recubiertos por una capa cerosa; quizás esa fue la forma en que mi ano eyaculó, en que mi ano dio todo de sí. Mi ano recibió placer. Después de ese día mi ano ha vuelto a ser el mismo de antes.

[divider]benja

Benjamín Martínez Castañeda es productor visual mexicano, su investigación está encausada a la teoría queer y filosofía política.

 http://benjamin-walpurgis.tumblr.com/

http://bjmmcteoriafotografia.blogspot.mx/

http://benjaminmartinezmvaf.blogspot.mx/

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Violencias cisexistas en las aulas: la transfobia y la plumofobia

Ángel Amaro

En los últimos años se está estudiando y abordando de forma interdisciplinar el fenómeno escolar del bullying lgtbfóbico, denominándosele comúnmente bullying homofóbico. Estamos ante una agresión patriarcal múltiple que invisibiliza, cosifica y violenta en el ámbito escolar a las identidades de género no cisexuales (transexuales, transgéneros y travestis) y a las orientaciones afectivo-sexuales no heterosexuales (gays, lesbianas, bisexuales y pansexuales). Bullying LGTBfóbico se muestra como un término paraguas que -a priori- trata de aglutinar de forma interseccional todas las agresiones cisexistas, heterosexistas y monosexistas que sufre el estudiantado. Es en los centros educativos donde, con mucha más virulencia, azota la dictadura de la las expectativas, los roles y los estereotipos; contexto legitimado por una pedagogía esencialista que percibe al estudiantado como no-sexual, no-afectivo y no-expresivo. Obviamente, cuando se habla de LGTBfobia, hay que tener presente la doble vertiente que existe en esta compleja matriz patriarcal que abordamos: por un lado tenemos las violencias en el campo de las identidades de género y, por otro lado, las violencias en el campo de las orientaciones sexuales. Se conocen más las segundas violencias que las primeras, ¿por qué? Es muy sencillo: la sociedad es cisexista y, estructuralmente, niega las realidades de las personas trans* y los cuerpos/expresiones diversas. Muchas veces se conocen más las vivencias y realidades de la gayfobia que las peculiaridades de la transfobia (especificidad del bullying transfóbico). Esto no es azaroso, el binarismo cisexista permea hasta cómo se previene el bullying y tiende a invisibilizar los cuerpos que nunca nombra y siempre estigmatiza.

En una sociedad masculinista/masculinizada -y por tanto androcéntrica también en el activismo LGTBIQ- no es de extrañar que las violencias que sufren las mujeres lesbianas, bisexuales y trans* aún estén poco abordadas desde las agendas activistas; los patriarcalismos aún condicionan mucho la forma de abordar el bullying LGTBfóbico, buen ejemplo de ello es que las violencias patriarcales que sufren las mujeres LTBI aún no están en el centro del debate de forma interseccional.

Vemos pues que no se trata sólo, aunque también, de enunciar y hablar del bullying LGBTfóbico sin más. Hay que tener presente el gaycentrismo que binariza nuestro discuros y nos lleva a invisibilizar -de forma consciente o no- el resto de violencias patriarcales que padece el estudiantado LGTBIQ. Sería insensato hablar de acoso escolar y no centrarse en las transfobias -que suele pasar por cierto-. Esto sería una práctica binarista que no se hace asumiendo plenamente la diversidad corporal, estética y expresiva de los cuerpos y sujetos que habitan nuestras aulas y patios. No podemos caer en ópticas transfóbicas que no visibilicen el cisexismo estructural que sostiene la pedagogía patriarcal.

No todo es homofobia y discriminación por motivo de orientación afectivo-sexual.

Debemos alejarnos de ópticas homocentristas. Un ejemplo de abordaje cisexista, carente de una óptica transfeminista, sería el hecho de afirmar que la plumofobia (discriminación de expresiones estético-expresivas) está enmarcada dentro del campo de la homofobia; un sesgo gaycéntrico que tiende a percibir la discriminación de las expresiones y estéticas desde una perspectiva canónica homocentrada. Se cae en este caso en una lógica transfóbica que emplea la discriminación de las expresiones/estéticas para ponerlas al servicio de la agenda de los deseos.

En vez de abordar la plumofobia desde la complejidad que muestra el cisexismo, se habla de bullying homofóbico, negándose así la diferenciación entre el ámbito del deseo afectivo-sexual y la identidad sexo-genérica. Esta maniobra gaycéntrica hace aguas, ya que gran parte de l*s niñ*s que sufren plumofobia no son homosexuales o bisexuales. Entonces, ¿por qué seguir empeñad*s en explicar desde posicionamientos del deseo afectivo-sexual las implicaciones de las violencias cisexistas que atraviesan los cuerpos de nuestr*s estudiantes? Es una pirueta compleja, homocéntrica y cisexista. En realidad, se niegan los discursos de los cuerpos y las violencias que los atravesan para legitimar cierta manera de prevenir el acoso LGTBfóbico. No se puede erradicar el bullying LGTBfóbico desde una óptica gay articulada en torno a las vivencias y especificidades que experimentan los niños y chicos jóvenes gays, blancos, urbanos y de clase media. El estudiantado LGTBIQ es diverso y, por tanto, diversas deberán ser las estrategias socioeducativas emancipatorias.

Pedagog*s, activistas no-binaristas y educador*s implicad*s debemos empaparnos de una coeducación transformadora que emancipe a los individuos, de una pedagogía queer que tenga presente la diversidad como una matriz interseccional repleta de posibilidades, realidades y vivencias. Entender, por tanto, los cuerpos y sus agenciamientos desde las complejidades que los articulan, y tener bien presente el transfeminismo y un necesario proceso deconstructitivsta en nuestros discursos, praxis y acciones sociopedagógicas. Esta coeducación emancipatoria se rearticulará desde la diversidad de los cuerpos, las estéticas y expresiones; desde lo complejo y poliédrico; desde la autocrítica y la interdisciplinariedad.

Asumamos entonces las múltiples dimensionalidades y puntos de fuga del bullying LGTBfóbico. Siempre desde una agenda transfeminista y emancipatoria; desde los intersticios, los entrecruzamientos, las posibilidades, las diásporas, los prismas liberadores y constructivistas, escenarios democráticos que nos permitirán abordar integralmente todas las violencias patriarcales que se (entre)cruzan en la realidad escolar. La pedagogía queer puede arrojar mucha luz en esta tarea de reubicar y de(re)construir. Un proceso poliédrico que, sin duda alguna, es tan complejo como ambicioso.

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Lo sensible y lo político dentro de la comunidad LGTBQI

por Xavier Aguirre “el abuelo”
por Xavier Aguirre “el abuelo”

por Scarlet Álvarez

En México no es secreto que la diversidad sexual no es bien recibida, culturalmente somos educados para temerle no sólo a la diversidad sexual sino a la sexualidad por principio. Se nos enseña con avidez en la primaria que la educación sexual existe para evitar errores, nunca se nos explica que la sexualidad viene en diversas presentaciones y que no es motivo de vergüenza ni de espanto. Lo que tampoco se nos dice, y que muchos no llegan quizás nunca a descubrir es que la sexualidad tiene poco o nada que ver con el género y a su vez el género nada que ver con nuestra anatomía genital.

Lo que quiero traer a la luz, es algo que he notado recientemente y de lo que quiero hablar en este ensayo, el cómo la construcción de géneros es una construcción social de orden político y de control que se extiende hasta la comunidad LGTBQI y se ha traducido en la ciudad de México en la exclusión del lesbianismo, la transexualidad, los individuos transgénero, intergénero y la bisexualidad, es decir, todas aquellas categorías que no entran para empezar en el universo de la homosexualidad, en un segundo término, la homosexualidad masculina.

La encuesta nacional sobre discriminación en México (ENADIS)[1] tuvo su última edición en 2010, y en la liberación de resultados, específicamente de la encuesta de diversidad sexual se piden disculpas por no poder cuantificar ni cualificar la diversidad, respuesta social ni tolerancia hacia la comunidad Bisexual, Transexual, Transgénero ni Intersexual, por no tener las herramientas aún para poder cualificar estas comunidades. Hay más preocupaciones que sólo las de no poder incluir todo el espectro que simboliza la sexualidad y que se cierra en las comunidad gay y lesbiana, se encuentra una evidente diversidad de opiniones en torno hasta dónde se les permite a los homosexuales tener derechos, y es que no todos se les pueden concebir. El 65% de la población en el Distrito Federal no se opone a que dos personas del mismo sexo contraigan matrimonio, sin embargo, el 67% de la población del DF se encuentran muy en desacuerdo que una pareja homosexual (ya sea gay o lesbiana) se les permita adoptar a un niño.

Específicamente es el caso de las mujeres con preferencia diferente a la heterosexual las que tienen mayor problema para vivir abiertamente y sobre todo, encontrar aceptación. Según la encuesta “las mujeres con preferencia sexual distinta a la heterosexual comunican en menor porcentaje que los hombres, su orientación sexual a la madre y al padre (cuatro de cada diez no se lo han dicho a ninguno)”. Aunado a esto, se encuentra una constante en la intolerancia respecto al nivel socioeconómico. Los niveles muy bajos, bajos y medios tienen los mayores porcentajes de intolerancia, lo que no se traduce, claro está, es que es evidente que la intolerancia en los sectores más bajos no es porque las personas “así sean” sino porque así son educadas, y son educadas por el mismo estado que aparentemente está preocupado por la intolerancia.

En la ciudad de México hay un recorrido importante que centra a la diversidad sexual en las colonias como Zona Rosa, Roma norte y sur y La Condesa; de igual manera, es relevante señalar que estas colonias no sólo son de alto nivel socioeconómicos, sino que la “aceptación gay” ha sido su estandarte ya desde hace unos años. Pero esta aceptación realmente se traduce en la aceptación del capital que la comunidad LGTBQI tiene, pues los restaurantes, bares, tiendas departamentales e incluso karaokes se sitúan en esta ideología por el capital entrante, no por su real apertura a las diversidades sexuales y menos aún por su apoyo a las mismas. lo que nos lleva evidentemente a notar cómo es el capitalismo lo que mueve al mundo, una suerte de transacción pues los habitantes de estas zonas toleran a los anormales siempre y cuando su esfuerzo se traduzca en ingresos monetarios.

Como menciona Beatriz Preciado en las micropolíticas de género, es que la solución a los abusos a la comunidad LGTBQI no se pueden erradicar de otra manera que no sea la experimentación con la sociedad y la apertura de los espacios hasta ahora no sólo son reducidos, sino ni siquiera entendidos de la diversidad sexual. Además, menciona: “Es preciso transformar ese saber minoritario (hablando de las teorías queer y las filosofías contemporáneas de género) en experimentación colectiva” y es esta cita la que inmediatamente me hace pensar en Rancière[2] y su división de lo sensible, en donde se nos habla de que existe divisiones en el espectro sensible de la sociedad, y esas divisiones no son otra cosa que la política e ideología mayoritaria impuesta como un modo de vida superior (monetaria y moralmente) y esto afecta la experiencia de maneras indiscutibles. Es este mismo argumento el que retoma Helena Chávez[3] para hacer claro que el arte está inscrito en un circuito de campos de experiencia, y estos campos tienen la capacidad de ejercer cambios en la sensibilidad

¿Cómo se traduce todo esto en el discurso de este ensayo?
Bien, pues si no hay campos de experiencia fuera de la comunidad y sus colonias delimitadas ya designadas, no habrá transformaciones en la sensibilidad de sus habitantes, lo que se traduce en que no habrá un incremento en el entendimiento de la diversidad sexual, ni de los agentes que la practican y subsecuentemente no habrá un cambio dentro de las políticas de aparición que permitan el desarrollo o incluso gestión del respeto por la comunidad.

Volviendo a Beatriz preciado “No se trata de escoger un sujeto oposicional de la historia”[4], es decir, no se trata de levantar un estandarte y declarar a los transexuales, los bisexuales, intergénero, etc. como víctimas ni de hacer encuestas como la ENADIS en donde acaso valoran su situación de vulnerabilidad. Lo que se necesita es que existan políticas de aparición, políticas que abran el campo de experiencia dentro de la sociedad para poder entender el respeto a todas las personas y es así como Beatriz llega al principio de autocobaya y cito: “Este principio autocobaya como modo de producción de saber y transformación política, expulsado de las narrativas dominantes”. El principio lo que hace es subvertir las regulaciones de una ficción colectiva como lo es el género y la sexualidad predominante y producir una política desde la subjetividad.

Combatir política con política como lo propone Paco Vidarte[5], “educar una ética que contribuya a nuestra felicidad” y cuestionar incluso si la comunidad LGTBQI debe o no seguir vigente como comunidad, segregando dentro de sí misma lo que fue segregado ya por la sociedad. Haciendo no sólo política sino siendo uno mismo político, siendo críticos y aplicando como dice él “no es sálvese quien pueda sino sálvese quien quiera” dando a entender que todos tenemos la posibilidad y derecho no sólo de salvarnos sino de salvar-nos a nosotros, a los todos.

En última instancia quisiera decir que la lucha por los derechos humanos (dentro de los cuales están los derechos sexuales) se quedan cortos para proteger el espectro que el humano contempla ante su diversidad sexual y que es necesario que no se terminen los grupos de resistencia que ponen en duda el saber y hacer políticamente correcto y socialmente aceptado que olvida que todos tenemos el derecho a vivir la vida bajo los términos, gustos y decisiones sexuales de nuestra elección.

Biblografía:

Testo Yonqui. Beatriz Preciado. 2da edición. Barcelona, España. 2008.

Ética Marica. Paco Vidarte. Ed. Gay y Lesbiana, Egales. 2010

La división de lo sensible. Estética y Política. Jaques Rancière. Salamanca 2002.

Las políticas de la aparición. Helena Chávez Mac Gregor. Publicado en Academia.edu

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Semblanza

Scarlet Álvarez. Licenciada en Psicología Educativa, cuenta con una carrera técnica en Asistencia Educativa y actualmente es pasante de la licenciatura en Artes Visuales en la Facultad de Artes y Diseño. En la Facultad de Artes y Diseño, co-funda y coordina el programa de Investigación-Producción Transversal, primer grupo de investigación para alumnos avalado por el Centro de Investigación-Producción y Estudios de la Imagen (CIPEI).

En 2013 coordina la comisión de relaciones públicas del primer Simposio Violencia y Poder , reflexiones estéticas e interdisciplinarias, que contó con la participación de Helena Chávez, Pedro Ortiz-Antoranz, Teatro Ojo, Cráter Invertido, entre otros; actualmente se encuentra coordinando la edición de las memorias del mismo.

Sus investigaciones abordan el problema de la educación a la luz de las estructuras políticas y discursivas operativas en los procesos sociales.

Página web personal:

www.scarletalvarez.wordpress.com

[1] ENADIS 2010. Censos sobre Diversidad Sexual, obtenido digitalmente gracias a la plataforma del CONAPRED.

[2] “La división de lo sensible. Estética y Política” Jaques Rancière

[3] “Políticas de la aparición.” Helena Chávez Mac Gregor, publicado en Academia.edu

[4] “Testo Yonqui”. Cap. 12, Micropolíticas de género. Beatriz Preciado.

[5] Ética Marica. Proclamas libertarias para una militancia LGTBQ

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A. – por Citlalli Villarejo

por Deniel Benítez
por Deniel Benítez

por Citlalli Villarejo

 

El heteropatriarcado sexualizado trabaja con binomios, con dialécticas, con solo dos polos, el todo y la nada, sin dar posibilidad a grises, también, cerrando la imaginación a que algo pueda no ser ni negro ni blanco, simplemente no ser, pero a la vez existir.

    El patriarcado exige la reproducción, el acto sexual, la genitalidad, lo coital para demostrar sentimientos, ya sea desde la atracción física hasta la atracción romántica; enseña, que el punto máximo es el matrimonio consumado, y mejor aún, si es que hay resultado de la cópula, que, sumando a la religión católica dominante, sólo sirve para reproducción.

     ¿Qué pasa con las personas que no sienten deseos de tener un acto sexual para demostrar estas atracciones? ¿Qué pasa si el sexo no resulta ser el punto máximo para expresar amor, fascinación o encanto? Enseguida viene la sexualidad dominante a tachar de enfermo a todo aquel que no sienta la atracción sexual en cantidades brutales, a todo aquel que no se sienta dominado por sus necesidades sexuales, a todo aquel que piense que cualquier alimento es más placentero y gozoso que tener actividad sexual con la persona especial.

     La asexualidad se define como aquella orientación donde la atracción sexual no juega, conformada por un gran espectro, principalmente otros dos grupos, demisexualidad, donde la atracción juega siempre y cuando existan vínculos emocionales que la creen, y grisexualidad, donde a veces aparece, pero normalmente no se haya presente.

     Las personas asexuales son perfectamente capaces de sentir diferentes niveles de atracción y de crear relaciones tan íntimas como las personas alosexuales (es decir, quienes sienten atracción sexual por otras personas). No confundir con antisexuales o célibes, la gente asexual puede llevar a cabo actos sexuales, pero no provienen de una atracción sexual tal como la que alguien alosexual siente.

     Ser parte del espectro asexual, es ser el raro de la comunidad LGBTTTIIPQ, es ser la A que no en todos lados se acepta sumar. Un ejemplo es el documental (A)sexual (Angela Tucker, 2011), donde un activista homosexual está en contra de esta orientación, pues piensa que la asexualidad resta a la lucha por los derechos al sexo libre, con quien se le plazca.

      De igual manera se busca anular esta orientación sexual diciendo que nadie puede ser asexual porque todos tenemos genitales, tenemos algún género o no-género. Vista de esta manera, reduciendo la sexualidad al aspecto físico, se tendrían que eliminar muchas otras orientaciones. Pero, si se habla de sexualidad, como orientaciones y no sólo como una parte de distinguir hembras, intersexuales y machos, encontramos una gran gama de colores, entre ellos el negro, gris, blanco y morado, bandera de la comunidad asexual. Otro flanco de discriminación que ataca a este grupo, son profesionales de la salud (sicólogos, sexólogos y algunos médicos) que califican a esta orientación sexual como un padecimiento o una etapa, les diagnostican daños que no existen. ¿Por qué? porque el patriarcado les enseñó que es deseable tener sexo en cantidades industriales, que quien no siente atracción sexual es porque está enfermo, peor aún, si no se siente atracción romántica, es porque se es inhumano.

     El miedo del patriarcado es perder la dominación a través de la familia tradicional, a lo que el espectro asexual arromántico les pone un gran reto: sin atracción romántica y sin atracción sexual ¿qué le queda al patriarcado para dominar? Las personas son libres, de sentirse atraídas y tener prácticas sexuales con quien se les antoje, pero también son libres de no sentir atracción ni romántica ni sexual, de tener sexo o no tenerlo, pero no son dignas de vivir encerradas en una etiqueta de enfermedad, de invisibilidad o de anulación, tanto existen orientaciones en un espectro amplio alosexual, como existen orientaciones dentro de otro espectro asexual.

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CitlalliVillarejoCitlally Villarejo Gómez. Autora de Nogiedra, es Egresada de la Licenciatura en Comunicación de la Universidad Autónoma del Estado de México.
Página personal: nogiedrablog.blogspot.mx

La ciudad anormal. Periferización y la construcción de ciudadanías anormalizadas

Juan M. Fernández Chico

 

Introducción. La ciudad que se cierra

Podríamos empezar con la reflexión que hacía Robert Musil de una humanidad condenada al encierro: nace en una clínica y muere en un hospital. Se refugia en el encierro cuando tiene miedo, cuando debe ser castigado, formado o curado. Pero la reflexión de Musil no se limita ahí: ¿debería también vivir en una clínica? El encierro es la práctica de la construcción urbana de la ciudad. Pero este encierro no se manifestará siempre de la misma manera, es decir, el claustro del cuerpo y el alma, como proponía Michel Foucault cuando recurría a la imagen del panóptico para explicar los sistemas de control en Vigilar y castigar (Foucault, 2005). La ciudad, ese fenómeno social complejo, múltiple, que propone miles de lecturas diversas, como reflexiona Sassen (Sassen, 2003), crea otras dinámicas de encierro. Podríamos arriesgar la expresión y decir que es un encierro abierto. En sus múltiples transfiguraciones, encierra a sus ciudadanos en espacios dentro de si misma que, a pesar de no estar cerrados, enclaustran a los cuerpos. Es un encierro ciudadano que tiene que ver con la posibilidad de acceso, de traslado, de uso de recursos y espacios, de limitación política y de infraestructura.

La idea de encierro, por lo menos como la retrató el mismo Focault, termina revertida en una ciudad que dibuja su encierro a través de la marginación y la periferización. La forma de metaforizar estos encierros nos lo da Jorge Luis Borges en el cuento Los dos reyes y los dos laberintos. Dos reyes enfrentan la imposibilidad de salida de sus laberintos: el primero recurre al laberinto convencional, cerrado, confuso, con enromes y fuertes paredes que impiden la visibilidad y el camino; el segundo, a un laberinto abierto, libre, extenso, proyectado en el desierto. El encierro de la ciudad es como el segundo: no hay una imposibilidad de entrar y salir, sino una restricción a los códigos de acceso: socioeconómicos, étnicos, de género, raciales, de status migratorio. Las paredes no son visibles, pero existen.

Esto, que en otros momentos he llamado la periferización de la ciudad, está relacionado con las formas en que la ciudad excluye y margina a ciertos ciudadanos llevándolos a un encierro periférico que se observa en dinámica de restricción a la vida activa política y económicamente de las ciudad localizada en los centros de éstas. Esto que Abramo llama las súper-periferias: espacios más allá de la ciudad en donde se concentra el mayor número de marginación, pobreza y violencia, pero que, además, está total o parcialmente incomunicada, alejada de los centros neurálgicos del dinamismo económico de la ciudad que normalmente es situado en el o los centros de la ciudad (Abramo, 2013: 49).

La periferización o la anormalidad de la ciudad

El análisis no debería bastar en entender la existencia de estos lugares de marginación ciudadana, sino ampliar la interpretación al cómo estas dinámicas de periferización producen y reproducen tipos de ciudadanos anormales, una anormalidad que Foucault identifica en el proceso de industrialización del mundo europeo, en donde no sólo se creaba la distinción de lo funcional frente a lo que no lo era, sino que se genera todo un sistema punitivo que lo debía castigar (Foucault, 1979). Justo ese momento histórico en donde surgen las formas de las ciudades contemporáneas.

    Es decir, hay una asociación indisociable entre el hábitat y el habitante. La relación de estas periferias no se limita a la posición geopolítica a la que pertenece en la ciudad, sino a la forma en que estas ideas asociada al espacio urbano periférico también recae en estigmas contra sus habitantes. Matute hace un ejercicio interesante al encontrar que los habitantes del barrio de La limonada, en Guatemala, eran recurrentemente estigmatizados por el resto de la ciudad al asociar su residencia y vida a una colonia con tan altos índices de violencia (Matute, 2013). ¿No pasa lo mismo en estos espacios periféricos, en donde se crea una asociación inmediata entre el lugar y la definición de ciudadanía de quienes habitan ese lugar? La reflexión va en el sentido que al surgir estas periferias altamente marginales e incomunicadas, se está dando un mensaje sobre cómo se construye y se mantiene una ciudadanía: eres en donde vives. No solamente un habitante sin acceso a servicios básicos, como agua corriente o electricidad, sino que desarrollas una ciudadanía anormal que le impide tener acceso a los centros políticos de la ciudad (como oficinas de gobierno, de pago o de acceso a programas públicos), como de servicios esenciales (como educación y saludad), de entretenimiento (centros nocturnos, restaurantes o parques) o de traslado (acceso al transporte público o calles pavimentadas).

Los ciudadanos anormales y el lugar que habitan en la ciudad

Esta construcción informal, porque no está regulada en las formas de establecer valores que permitan identificar una ciudadanía, genera una condición de anormalidad que se vive a partir del acceso a los derechos de la ciudad[1]. Esto que yo he llamado el rechazo a la ciudad, lo traduzco como las formas en que se establecen dinámicas de restricción de comunicación y acceso a ciertos elementos esenciales de la vida ciudadana. Esto lo podemos nombrar como la construcción de una ciudadanía anormal. No entendida solamente como el sujeto excéntrico o disfuncional que debía ser encerrado para no cruzarlo en la calle, sino eso que Fernando Carrión Mena llamó el miedo al otro a causa de un tránsito intersectorial, es decir, a saber que ese otro habitan en nuestra ciudad, pero en una geografía diferente, y que en cualquier momento nos lo habremos de encontrar (Oybin, 2013).

    Esta condición de ciudadanía anormal no sobrepasa las condiciones de marginación históricas: los cuerpos sexuados, la etnicidad, la raza, la salud o la condición de clase. Las ciudades son paisajes asociativos, y cada pequeño elemento que la integra es relaciona con un valor, dinámica o condición. Esto que Reguillo hace cuando reflexiona que, por ejemplo, la pobreza siempre es vinculada con un paisaje o un lugar, normalmente justificado en términos de seguridad (Reguillo, 2009: 7).

La ciudadanía anormal es, entonces, asociada con un paisaje, con un lugar, con una geografía específica. Es ese lugar otro que existe dentro de la muralla de seguridad. En ese recorrido histórico de la otredad, Todorov nos lo propone como el resultado de un extraño que nacía y vivía fuera de nuestros países y ciudades siempre amenazando con entrar (Todorov, 2003), hoy la ciudad, convertida en un monstruo de dimensiones abrasadoras, también establece estas barreras de distinción, pero con mecanismos más sutiles: sin medios de transporte necesarios o eficientes para comunicar a la periferia de los centros de la ciudad, permitiendo residencias en zonas inestables y alejadas de todo servicio básico, creando centros industriales que establecen dinámicas de alejamiento como parte de una política de contratación. Es decir, crea un ciudadano anormalizado, excluido, que no entra en las lógicas y dinámicas de la ciudad.

 

Bibliografía.

Foucault, M. (1979). Microfísica del poder. España: Las ediciones de la Piqueta.

— (2005). Vigilar y castigar. México: siglo Veintiuno editores.

Matute, N. (2013). “Ciudad de Guatemala: centralidad urbana y exclusión social, el caso del asentamiento La Limonada”. En Bolívar, T. y J. Erazo, Los lugares del hábitat y la inclusión (pp. 433-446), Ecuador: FLACSO-CLACSO-MIDUVI.

Oybin, M. Fernando Carrión Mena: “Ahora, el principal miedo es el otro”. Revista Ñ [en línea]. 4 de julio de 2013. [fecha de consulta: 4 de julio de 2013]. Disponible en: http://www.revistaenie.clarin.com/ideas/Ahora-principal-miedo_0_946705352.html

Reguillo, R. (2009). “Retóricas de la seguridad: escenificaciones y geopolítica del miedo”. En Conexiones, volumen 1, número 2 (pp. 5-18), Puerto Rico: Universidad de Puerto Rico.

Sassen, Saskia. (2003). Contrageografías de la globalización. Género y ciudadanía en los circuitos transfronterizos. España: Traficantes de sueños.

Todorov, Tzventan. (2003). Nosotros y los otros. México: Siglo XXI.

[1] Debo en gran medida esta reflexión a Luis Alfonso Herrera, quien está trabajando actualmente los derechos de la ciudad como la última batería de derechos a los que podemos tener acceso, los cuales se traducen básicamente al acceso y disfrute de la ciudad. De su idea desprendo una propia: más que discutir los derechos de la ciudad, deberíamos reflexionar las dinámicas de rechazo a la ciudad, de lo cual este trabajo es un esbozo.

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JuanFdezJuan M. Fernández Chico. Nació en Ciudad Juárez, México. Estudio sociología y una maestría en ciencias sociales por la Universidad de Guadalajara. Es parte de Colectivo Vagón, un grupo multidisciplinario de artes enfocado al trabajo cinematográfico. Actualmente es profesor por cátedra en el programa de sociología en la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez.

www.colectivovagon.org

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Eugenesia Televisual

Ana Mª Herrero Cervera 

 Hace poco me llamó la atención un documental que vi y trataba el tema de la eugenesia[1]. Este concepto responde a una filosofía social que defiende la mejora de los rasgos hereditarios humanos mediante diversas formas de intervención manipulada y métodos selectivos. El origen de la eugenesia está fuertemente arraigado al surgimiento del darwinismo social a finales del siglo XIX. El eugenismo, pretendería el aumento de personas más fuertes, sanas, inteligentes de determinada etnia o grupo social para lo que promueve directa o indirectamente la no procreación de aquellos que no poseen esas cualidades, llegando a considerar su aplicación como una ventaja en el ahorro de recursos económicos para los países.

Si hacemos un símil, esto hace recordar el exterminio nazi y a su ideología de supremacía de la raza aria; en este sentido, esta práctica estaría relacionada con el malthusianismo, el natalismo selectivo y el nacionalismo. En EE.UU también practicaron este método con las clases más desfavorecidas: los pobres[2] y los negros. Se les hacía esta práctica a personas con problemas socioeconómicos, buscaban a familias con problemas de delincuencia, alcoholismo y prostitución, etc. Los métodos del eugenismo del siglo XIX y XX incluían la esterilización forzada, hasta el genocidio. Esta barbarie no ha sido reconocida oficialmente en la mayoría de los países en que se realizó.

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Documental, Higiene Racial. Guillaume Dreyfus, 2012.

Inevitablemente estos casos me hacen recordar de alguna forma, lo que está sucediendo hoy en día en los medios, entre ellos, la TV, y con los modos de representación social y mediáticas que intervienen en el género, la sexualidad, la clase y la raza. Hay un vacío sistémico en la televisión donde hay un exclusivo modelo de representación (origen blanco, de clase social media-alta y heterosexual), excluyendo otros modos de ser.

Es poco común ver en la pantalla pequeña a personas de otro origen y diversidad racial, si comparamos el bajo porcentaje étnico que hay respecto al blanco. Lamentablemente existe un problema racial en el discurso de las metanarrativas visuales en los medios mexicanos. Si analizamos el modelo de representación femenina que se ha impuesto en la Televisión, observaremos que los modos de representación están influidos fuertemente por las narrativas dominantes occidentales.

También podemos apreciar claramente cómo no sólo afecta a las personas no blancas, también se margina a las personas con alguna discapacidad física o psíquica (vaya, la palabra discapacidad no me agrada pues una persona vidente, sorda, etc., es igual de capaz que otra persona, salvo que es la sociedad quien las incapacita). Los medios, especialmente la TV, invisibiliza a estas personas, no las vemos en los informativos o noticiarios, en los comerciales, en las series, en los programas, en las telenovelas…, ¿por qué?

A esta ausencia de representaciones visuales o imágenes, María Acaso la denomina asesinato visual, que “consiste en hacer desaparecer un hecho a través de la ausencia explícita de imágenes sobre él.”[3]

No hay visibilidad sobre aquello que no se representa, es decir, la ausencia de mujeres con sobrepreso, sin pelo, la ausencia de personas con alguna enfermedad, pobres, etc.

La autora hace una exhausta clasificación sobre los terrores visuales a los que nos someten los medios, industria, Estado, etc., donde agrupa una excelente tipología sobre los siguientes terrores: terrores corporales, sociales, culturales, políticos, de clase, que hay detrás de las imágenes.

Los mensajes detrás de las imágenes publicitarias nos dejan entrever el terror a envejecer, el terror a no ser la mujer perfecta. Estás imágenes contienen un miedo instaurado por nuestra sociedad que es el terror al cuerpo y tiene que ver con lo físico y con el concepto de belleza, con lo aceptado o no en nuestro entorno. Los terrores son todos aquellos miedos que objetivan nuestra imagen y nuestro estatus social y que podríamos enumerar como:

  • Terrores del cuerpo; “terror a ser viejo/a, terror a estar gordo, terror a no tener los dientes perfectos, terror al vello, terror a la calvicie, terror a los genitales pequeños, terror a no tener pecho, terror a la enfermedad, terror a la celulitis, terror a ser feo/a.”
  • Terrores culturales; “terror a no ser blanca/o, terror a ser mujer, terror a ser homosexual.”
  • Terrores políticos: “terror a no ser occidental, terror al tercer mundo, terror a ser inmigrante (…).”[4]

Es en la televisión y en la publicidad donde se suelen mostrar mayoritariamente estos terrores, concretamente los del cuerpo, que están más arraigados en nuestra sociedad occidental. El terror a envejecer es el que mayor impacto tiene, ya que es algo inevitable en el ser humano. De hecho, el consumo de productos para evitar el avance progresivo del envejecimiento no deja de proliferar. Pero este miedo, está impuesto por una serie de creencias ligadas al éxito y al sistema de producción. El terror a estar gorda y ser fea es otro de los mensajes más retransmitidos por la cultura occidental y este miedo se ha difundido como un efecto viral, expandiéndose y convirtiéndose en un miedo atávico que podríamos calificar de pandémico a nivel global.

El ideal de belleza que nos transmiten consiste en tener un cuerpo delgado y armónico con unos pechos exuberantes, un cabello largo y suave, de ser posible rubio, una piel elástica, radiante y joven, sin imperfecciones y blanca.

La visión androcéntrica, occidental y blanca de gran parte del hemisferio norte, quiere resaltar la idea de la supremacía blanca para controlar y someter a otras razas. Hay muchas mujeres de otras razas que se someten a cirugías para conseguir unos párpados occidentales. También hay maquillajes que blanquean la piel –en América Latina muy usado-, y así podríamos seguir con muchos más ejemplos de cómo se pretende homogenizar y eliminar las subjetividades de las identidades.

Constatamos que hay una ausencia explicita de la gran mayoría de la sociedad o humanidad y que excluye a otras razas, a otras identidades sexuales, a otros cuerpos, etc. Por ejemplo, en el caso de México, hay una limpieza racial y sistémica en la televisión, ¿donde están las personas morenas e indígenas que representan la mayoría del país? Lo mismo podemos decir de las personas con algún tipo de disfunción, las personas ancianas o las personas que no cumplen con los cánones estéticos imperantes; la mujer barbuda, el torso humano, etc.

Tod Browing quería rodar una película donde la idea de monstruosidad o aberración quedase en entredicho y sacudiese la moral de la época. La película, es una parábola donde los freaks se comportan de forma más humana y los normales son perversos y malvados.

Freaks

Dir. Tod Browning. Freaks, 1932.

Se excluyen en el límite de la otredad lo que representa lo exótico, lo monstruoso, lo feo, lo caduco, lo viejo, lo extraño, lo raro, lo anormal. Se repite todo el tiempo una atrocidad social, los medios, la industria cultural, hacen su propia selección natural de la especie humana. La existencia de la dominación racial, de clase y de género obstaculizan la posibilidad de una construcción sobre la idealización de una humanidad diversa y democrática. Es urgente cuestionar y desmontar la construcción de significados por los medios de comunicación y demás producciones culturales para visibilizar las condiciones estructurales que favorecen las relaciones de dominación y opresión.

[1] Higiene Racial, Eugenesia. Guillaume Dreyfus. Documentos TVE2.

[2] Ver un interesante artículo escrito por el profesor y catedrático, Emilio Martínez Navarro, donde trata la fobia a los pobres. El término «aporofobia» no figura en el diccionario de la Real Academia. Fue impuesto en 1996 por Adela Cortina, profesora española que publicó un artículo periodístico refiriéndose a uno de los males de esta época: el rechazo y el odio hacia las personas pobres.

[3] María Acaso, Esto no son las Torres Gemelas, (Madrid: Catarata, 2006), 41.

[4] María Acaso, Esto no son las Torres Gemelas,52.

[divider]

Ana Mª Herrero Cervera.  Artista visual e investigadora en un doctorado de producción e investigación artística en la Facultad de Bellas Artes de la UPV (España). Es artista invitada en la plataforma web, Arte contra la violencia de género, Valencia 2011. Ha sido becaria por la SRE de México para realizar una estancia de creación artística en la Academia de San Carlos en el 2012, ENAP/UNAM.

Ha realizado varias publicaciones, entre ellas, CIMUAT que tuvo lugar en la facultad de Bellas Artes de Valencia, 2010: La deconstrucción del estereotipo de mujer erótico, sexual y estético en el audiovisual. También ha publicado para la revista online Cuadrivio.net, 2013: La representación de la mujer en la televisión mexicana.

Ha realizado varias exposiciones colectivas e individuales a nivel nacional como internacional entre las que destacan: MUARTECH: Acciones híbridas desde el género, “porque yo lo valgo”, Espacio Menosuno, Madrid 2011. Metáforas visuales sobre la construcción femenina. Academia San Carlos, México D.F. 2012. Exposición colectiva, Videoapropiaciones: HECHO EN MÉXICO. Audiencias críticas. Academia San Carlos (FAD-UNAM) México D.F. 2014.

Para más información se puede consultar su trabajo en:

http://anamariaherrero.blogspot.com/

http://www.artecontraviolenciadegenero.org/

 

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