La ciudad anormal. Periferización y la construcción de ciudadanías anormalizadas

Juan M. Fernández Chico

 

Introducción. La ciudad que se cierra

Podríamos empezar con la reflexión que hacía Robert Musil de una humanidad condenada al encierro: nace en una clínica y muere en un hospital. Se refugia en el encierro cuando tiene miedo, cuando debe ser castigado, formado o curado. Pero la reflexión de Musil no se limita ahí: ¿debería también vivir en una clínica? El encierro es la práctica de la construcción urbana de la ciudad. Pero este encierro no se manifestará siempre de la misma manera, es decir, el claustro del cuerpo y el alma, como proponía Michel Foucault cuando recurría a la imagen del panóptico para explicar los sistemas de control en Vigilar y castigar (Foucault, 2005). La ciudad, ese fenómeno social complejo, múltiple, que propone miles de lecturas diversas, como reflexiona Sassen (Sassen, 2003), crea otras dinámicas de encierro. Podríamos arriesgar la expresión y decir que es un encierro abierto. En sus múltiples transfiguraciones, encierra a sus ciudadanos en espacios dentro de si misma que, a pesar de no estar cerrados, enclaustran a los cuerpos. Es un encierro ciudadano que tiene que ver con la posibilidad de acceso, de traslado, de uso de recursos y espacios, de limitación política y de infraestructura.

La idea de encierro, por lo menos como la retrató el mismo Focault, termina revertida en una ciudad que dibuja su encierro a través de la marginación y la periferización. La forma de metaforizar estos encierros nos lo da Jorge Luis Borges en el cuento Los dos reyes y los dos laberintos. Dos reyes enfrentan la imposibilidad de salida de sus laberintos: el primero recurre al laberinto convencional, cerrado, confuso, con enromes y fuertes paredes que impiden la visibilidad y el camino; el segundo, a un laberinto abierto, libre, extenso, proyectado en el desierto. El encierro de la ciudad es como el segundo: no hay una imposibilidad de entrar y salir, sino una restricción a los códigos de acceso: socioeconómicos, étnicos, de género, raciales, de status migratorio. Las paredes no son visibles, pero existen.

Esto, que en otros momentos he llamado la periferización de la ciudad, está relacionado con las formas en que la ciudad excluye y margina a ciertos ciudadanos llevándolos a un encierro periférico que se observa en dinámica de restricción a la vida activa política y económicamente de las ciudad localizada en los centros de éstas. Esto que Abramo llama las súper-periferias: espacios más allá de la ciudad en donde se concentra el mayor número de marginación, pobreza y violencia, pero que, además, está total o parcialmente incomunicada, alejada de los centros neurálgicos del dinamismo económico de la ciudad que normalmente es situado en el o los centros de la ciudad (Abramo, 2013: 49).

La periferización o la anormalidad de la ciudad

El análisis no debería bastar en entender la existencia de estos lugares de marginación ciudadana, sino ampliar la interpretación al cómo estas dinámicas de periferización producen y reproducen tipos de ciudadanos anormales, una anormalidad que Foucault identifica en el proceso de industrialización del mundo europeo, en donde no sólo se creaba la distinción de lo funcional frente a lo que no lo era, sino que se genera todo un sistema punitivo que lo debía castigar (Foucault, 1979). Justo ese momento histórico en donde surgen las formas de las ciudades contemporáneas.

    Es decir, hay una asociación indisociable entre el hábitat y el habitante. La relación de estas periferias no se limita a la posición geopolítica a la que pertenece en la ciudad, sino a la forma en que estas ideas asociada al espacio urbano periférico también recae en estigmas contra sus habitantes. Matute hace un ejercicio interesante al encontrar que los habitantes del barrio de La limonada, en Guatemala, eran recurrentemente estigmatizados por el resto de la ciudad al asociar su residencia y vida a una colonia con tan altos índices de violencia (Matute, 2013). ¿No pasa lo mismo en estos espacios periféricos, en donde se crea una asociación inmediata entre el lugar y la definición de ciudadanía de quienes habitan ese lugar? La reflexión va en el sentido que al surgir estas periferias altamente marginales e incomunicadas, se está dando un mensaje sobre cómo se construye y se mantiene una ciudadanía: eres en donde vives. No solamente un habitante sin acceso a servicios básicos, como agua corriente o electricidad, sino que desarrollas una ciudadanía anormal que le impide tener acceso a los centros políticos de la ciudad (como oficinas de gobierno, de pago o de acceso a programas públicos), como de servicios esenciales (como educación y saludad), de entretenimiento (centros nocturnos, restaurantes o parques) o de traslado (acceso al transporte público o calles pavimentadas).

Los ciudadanos anormales y el lugar que habitan en la ciudad

Esta construcción informal, porque no está regulada en las formas de establecer valores que permitan identificar una ciudadanía, genera una condición de anormalidad que se vive a partir del acceso a los derechos de la ciudad[1]. Esto que yo he llamado el rechazo a la ciudad, lo traduzco como las formas en que se establecen dinámicas de restricción de comunicación y acceso a ciertos elementos esenciales de la vida ciudadana. Esto lo podemos nombrar como la construcción de una ciudadanía anormal. No entendida solamente como el sujeto excéntrico o disfuncional que debía ser encerrado para no cruzarlo en la calle, sino eso que Fernando Carrión Mena llamó el miedo al otro a causa de un tránsito intersectorial, es decir, a saber que ese otro habitan en nuestra ciudad, pero en una geografía diferente, y que en cualquier momento nos lo habremos de encontrar (Oybin, 2013).

    Esta condición de ciudadanía anormal no sobrepasa las condiciones de marginación históricas: los cuerpos sexuados, la etnicidad, la raza, la salud o la condición de clase. Las ciudades son paisajes asociativos, y cada pequeño elemento que la integra es relaciona con un valor, dinámica o condición. Esto que Reguillo hace cuando reflexiona que, por ejemplo, la pobreza siempre es vinculada con un paisaje o un lugar, normalmente justificado en términos de seguridad (Reguillo, 2009: 7).

La ciudadanía anormal es, entonces, asociada con un paisaje, con un lugar, con una geografía específica. Es ese lugar otro que existe dentro de la muralla de seguridad. En ese recorrido histórico de la otredad, Todorov nos lo propone como el resultado de un extraño que nacía y vivía fuera de nuestros países y ciudades siempre amenazando con entrar (Todorov, 2003), hoy la ciudad, convertida en un monstruo de dimensiones abrasadoras, también establece estas barreras de distinción, pero con mecanismos más sutiles: sin medios de transporte necesarios o eficientes para comunicar a la periferia de los centros de la ciudad, permitiendo residencias en zonas inestables y alejadas de todo servicio básico, creando centros industriales que establecen dinámicas de alejamiento como parte de una política de contratación. Es decir, crea un ciudadano anormalizado, excluido, que no entra en las lógicas y dinámicas de la ciudad.

 

Bibliografía.

Foucault, M. (1979). Microfísica del poder. España: Las ediciones de la Piqueta.

— (2005). Vigilar y castigar. México: siglo Veintiuno editores.

Matute, N. (2013). “Ciudad de Guatemala: centralidad urbana y exclusión social, el caso del asentamiento La Limonada”. En Bolívar, T. y J. Erazo, Los lugares del hábitat y la inclusión (pp. 433-446), Ecuador: FLACSO-CLACSO-MIDUVI.

Oybin, M. Fernando Carrión Mena: “Ahora, el principal miedo es el otro”. Revista Ñ [en línea]. 4 de julio de 2013. [fecha de consulta: 4 de julio de 2013]. Disponible en: http://www.revistaenie.clarin.com/ideas/Ahora-principal-miedo_0_946705352.html

Reguillo, R. (2009). “Retóricas de la seguridad: escenificaciones y geopolítica del miedo”. En Conexiones, volumen 1, número 2 (pp. 5-18), Puerto Rico: Universidad de Puerto Rico.

Sassen, Saskia. (2003). Contrageografías de la globalización. Género y ciudadanía en los circuitos transfronterizos. España: Traficantes de sueños.

Todorov, Tzventan. (2003). Nosotros y los otros. México: Siglo XXI.

[1] Debo en gran medida esta reflexión a Luis Alfonso Herrera, quien está trabajando actualmente los derechos de la ciudad como la última batería de derechos a los que podemos tener acceso, los cuales se traducen básicamente al acceso y disfrute de la ciudad. De su idea desprendo una propia: más que discutir los derechos de la ciudad, deberíamos reflexionar las dinámicas de rechazo a la ciudad, de lo cual este trabajo es un esbozo.

JuanFdezJuan M. Fernández Chico. Nació en Ciudad Juárez, México. Estudio sociología y una maestría en ciencias sociales por la Universidad de Guadalajara. Es parte de Colectivo Vagón, un grupo multidisciplinario de artes enfocado al trabajo cinematográfico. Actualmente es profesor por cátedra en el programa de sociología en la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez.

www.colectivovagon.org

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