Lo sensible y lo político dentro de la comunidad LGTBQI

por Xavier Aguirre “el abuelo”

por Xavier Aguirre “el abuelo”

por Scarlet Álvarez

En México no es secreto que la diversidad sexual no es bien recibida, culturalmente somos educados para temerle no sólo a la diversidad sexual sino a la sexualidad por principio. Se nos enseña con avidez en la primaria que la educación sexual existe para evitar errores, nunca se nos explica que la sexualidad viene en diversas presentaciones y que no es motivo de vergüenza ni de espanto. Lo que tampoco se nos dice, y que muchos no llegan quizás nunca a descubrir es que la sexualidad tiene poco o nada que ver con el género y a su vez el género nada que ver con nuestra anatomía genital.

Lo que quiero traer a la luz, es algo que he notado recientemente y de lo que quiero hablar en este ensayo, el cómo la construcción de géneros es una construcción social de orden político y de control que se extiende hasta la comunidad LGTBQI y se ha traducido en la ciudad de México en la exclusión del lesbianismo, la transexualidad, los individuos transgénero, intergénero y la bisexualidad, es decir, todas aquellas categorías que no entran para empezar en el universo de la homosexualidad, en un segundo término, la homosexualidad masculina.

La encuesta nacional sobre discriminación en México (ENADIS)[1] tuvo su última edición en 2010, y en la liberación de resultados, específicamente de la encuesta de diversidad sexual se piden disculpas por no poder cuantificar ni cualificar la diversidad, respuesta social ni tolerancia hacia la comunidad Bisexual, Transexual, Transgénero ni Intersexual, por no tener las herramientas aún para poder cualificar estas comunidades. Hay más preocupaciones que sólo las de no poder incluir todo el espectro que simboliza la sexualidad y que se cierra en las comunidad gay y lesbiana, se encuentra una evidente diversidad de opiniones en torno hasta dónde se les permite a los homosexuales tener derechos, y es que no todos se les pueden concebir. El 65% de la población en el Distrito Federal no se opone a que dos personas del mismo sexo contraigan matrimonio, sin embargo, el 67% de la población del DF se encuentran muy en desacuerdo que una pareja homosexual (ya sea gay o lesbiana) se les permita adoptar a un niño.

Específicamente es el caso de las mujeres con preferencia diferente a la heterosexual las que tienen mayor problema para vivir abiertamente y sobre todo, encontrar aceptación. Según la encuesta “las mujeres con preferencia sexual distinta a la heterosexual comunican en menor porcentaje que los hombres, su orientación sexual a la madre y al padre (cuatro de cada diez no se lo han dicho a ninguno)”. Aunado a esto, se encuentra una constante en la intolerancia respecto al nivel socioeconómico. Los niveles muy bajos, bajos y medios tienen los mayores porcentajes de intolerancia, lo que no se traduce, claro está, es que es evidente que la intolerancia en los sectores más bajos no es porque las personas “así sean” sino porque así son educadas, y son educadas por el mismo estado que aparentemente está preocupado por la intolerancia.

En la ciudad de México hay un recorrido importante que centra a la diversidad sexual en las colonias como Zona Rosa, Roma norte y sur y La Condesa; de igual manera, es relevante señalar que estas colonias no sólo son de alto nivel socioeconómicos, sino que la “aceptación gay” ha sido su estandarte ya desde hace unos años. Pero esta aceptación realmente se traduce en la aceptación del capital que la comunidad LGTBQI tiene, pues los restaurantes, bares, tiendas departamentales e incluso karaokes se sitúan en esta ideología por el capital entrante, no por su real apertura a las diversidades sexuales y menos aún por su apoyo a las mismas. lo que nos lleva evidentemente a notar cómo es el capitalismo lo que mueve al mundo, una suerte de transacción pues los habitantes de estas zonas toleran a los anormales siempre y cuando su esfuerzo se traduzca en ingresos monetarios.

Como menciona Beatriz Preciado en las micropolíticas de género, es que la solución a los abusos a la comunidad LGTBQI no se pueden erradicar de otra manera que no sea la experimentación con la sociedad y la apertura de los espacios hasta ahora no sólo son reducidos, sino ni siquiera entendidos de la diversidad sexual. Además, menciona: “Es preciso transformar ese saber minoritario (hablando de las teorías queer y las filosofías contemporáneas de género) en experimentación colectiva” y es esta cita la que inmediatamente me hace pensar en Rancière[2] y su división de lo sensible, en donde se nos habla de que existe divisiones en el espectro sensible de la sociedad, y esas divisiones no son otra cosa que la política e ideología mayoritaria impuesta como un modo de vida superior (monetaria y moralmente) y esto afecta la experiencia de maneras indiscutibles. Es este mismo argumento el que retoma Helena Chávez[3] para hacer claro que el arte está inscrito en un circuito de campos de experiencia, y estos campos tienen la capacidad de ejercer cambios en la sensibilidad

¿Cómo se traduce todo esto en el discurso de este ensayo?
Bien, pues si no hay campos de experiencia fuera de la comunidad y sus colonias delimitadas ya designadas, no habrá transformaciones en la sensibilidad de sus habitantes, lo que se traduce en que no habrá un incremento en el entendimiento de la diversidad sexual, ni de los agentes que la practican y subsecuentemente no habrá un cambio dentro de las políticas de aparición que permitan el desarrollo o incluso gestión del respeto por la comunidad.

Volviendo a Beatriz preciado “No se trata de escoger un sujeto oposicional de la historia”[4], es decir, no se trata de levantar un estandarte y declarar a los transexuales, los bisexuales, intergénero, etc. como víctimas ni de hacer encuestas como la ENADIS en donde acaso valoran su situación de vulnerabilidad. Lo que se necesita es que existan políticas de aparición, políticas que abran el campo de experiencia dentro de la sociedad para poder entender el respeto a todas las personas y es así como Beatriz llega al principio de autocobaya y cito: “Este principio autocobaya como modo de producción de saber y transformación política, expulsado de las narrativas dominantes”. El principio lo que hace es subvertir las regulaciones de una ficción colectiva como lo es el género y la sexualidad predominante y producir una política desde la subjetividad.

Combatir política con política como lo propone Paco Vidarte[5], “educar una ética que contribuya a nuestra felicidad” y cuestionar incluso si la comunidad LGTBQI debe o no seguir vigente como comunidad, segregando dentro de sí misma lo que fue segregado ya por la sociedad. Haciendo no sólo política sino siendo uno mismo político, siendo críticos y aplicando como dice él “no es sálvese quien pueda sino sálvese quien quiera” dando a entender que todos tenemos la posibilidad y derecho no sólo de salvarnos sino de salvar-nos a nosotros, a los todos.

En última instancia quisiera decir que la lucha por los derechos humanos (dentro de los cuales están los derechos sexuales) se quedan cortos para proteger el espectro que el humano contempla ante su diversidad sexual y que es necesario que no se terminen los grupos de resistencia que ponen en duda el saber y hacer políticamente correcto y socialmente aceptado que olvida que todos tenemos el derecho a vivir la vida bajo los términos, gustos y decisiones sexuales de nuestra elección.

Biblografía:

Testo Yonqui. Beatriz Preciado. 2da edición. Barcelona, España. 2008.

Ética Marica. Paco Vidarte. Ed. Gay y Lesbiana, Egales. 2010

La división de lo sensible. Estética y Política. Jaques Rancière. Salamanca 2002.

Las políticas de la aparición. Helena Chávez Mac Gregor. Publicado en Academia.edu

Semblanza

Scarlet Álvarez. Licenciada en Psicología Educativa, cuenta con una carrera técnica en Asistencia Educativa y actualmente es pasante de la licenciatura en Artes Visuales en la Facultad de Artes y Diseño. En la Facultad de Artes y Diseño, co-funda y coordina el programa de Investigación-Producción Transversal, primer grupo de investigación para alumnos avalado por el Centro de Investigación-Producción y Estudios de la Imagen (CIPEI).

En 2013 coordina la comisión de relaciones públicas del primer Simposio Violencia y Poder , reflexiones estéticas e interdisciplinarias, que contó con la participación de Helena Chávez, Pedro Ortiz-Antoranz, Teatro Ojo, Cráter Invertido, entre otros; actualmente se encuentra coordinando la edición de las memorias del mismo.

Sus investigaciones abordan el problema de la educación a la luz de las estructuras políticas y discursivas operativas en los procesos sociales.

Página web personal:

www.scarletalvarez.wordpress.com

[1] ENADIS 2010. Censos sobre Diversidad Sexual, obtenido digitalmente gracias a la plataforma del CONAPRED.

[2] “La división de lo sensible. Estética y Política” Jaques Rancière

[3] “Políticas de la aparición.” Helena Chávez Mac Gregor, publicado en Academia.edu

[4] “Testo Yonqui”. Cap. 12, Micropolíticas de género. Beatriz Preciado.

[5] Ética Marica. Proclamas libertarias para una militancia LGTBQ

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