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Rompiendo mis propias fronteras a partir de los antidepresivos, ansiolíticos e inductores para el sueño

por Erika Bülle

Cuando te levantas por la mañana y te miras tomando más de cinco pastillas, y al anochecer te hp_scanDS_70517111711duermes después de haber tomado esas mismas cinco pastillas o quizás un poco más, sabes que eres anormal. Antidepresivos e inductores del sueño me han acompañado durante ya casi dos décadas. La preocupación al asistir a una fiesta, una visita, en la que se haga muy tarde y deba quedarme a pernoctar, en muchas ocasiones me hace desistir de la idea de ir a divertirme, no dormir acompañada de las pastillas, o peor, amanecer sin ellas, es una posibilidad que no admito. ¡Claro!, soy una esclava de ellas.

Para mis amigos y familiares es incomprensible que yo prefiera viajar por carretera durante la madrugada, para llegar a casa, algunos piensan que hay algún tipo de represión externa que me hace tomar esa decisión, pero en realidad no es así. Eso lo decido yo.

¿Cómo comienza este juego de la locura, lo disfuncional y lo patológico?

La respuesta es sencilla, hacer arte que cuestiona.

Observar cadáveres “no es sano”, para Fromm[1] esto sería una perversión producto de la mente enferma llamada necrofilia. Para mí, es solamente un cuerpo sin vida el cual me sirve de herramienta para crear, que rompe mis fronteras visuales y que se incorpora a mi cartografía del conocimiento, mi manera de mirar el mundo, después de este necro-encuentro que para muchos es anormal.

Para Achille Mbembe “La relación entre la modernidad y el terror provienen de fuentes múltiples. Algunas son identificables en las prácticas políticas del Antiguo

Régimen. Desde esta perspectiva, resulta crucial la tensión entre la pasión del público por la sangre y las nociones de justicia y venganza”[2].

Esto explica que el gusto por observar a un cadáver se considere anormal, enfermo, patológico, una línea que no debe traspasarse de manera individual, sin embargo los debates entre la biopolítica y la necropolítica, nos dan la posibilidad de analizar el cuerpo muerto desde las fronteras del arte, de la filosofía, de la sociología.

El problema comienza cuando lo personal se vuelve políticamente algo indebido, incómodo, algo que no conviene a los intereses de los otros, así que lo mejor es suprimirlo, mediante la sugerencia de aplicar el sistema clínico de la psiquiatría.

¿Qué pasa cuando la noción de Foucault de biopoder se impone ante una mente anormal?, ¿qué sucede a la vista de todos con los efectos secundarios del remedio clínico?

La desconexión del cerebro ante la vida cotidiana, causada por los fármacos, no es precisamente lo que se llama una cura. Ver los acontecimientos diarios como una ficción que no te permite tener un juicio emocional, muchas veces resulta más perturbador que convivir con la muerte misma. El hecho es que estos medicamentos “reguladores” de la psique, paran tu proceso creativo la mayoría de las ocasiones, ya que lo miras como un agente externo, y no como el artista mismo. El decidir sobre tu propio arte y la manera en que lo realizas no debe ser tomado como una cuestión enferma, ni anormal, tener un discurso cuestionador debe estar presente en las sociedades actuales, no importa que tan obsceno, violento, o voraz nos parezca. Otro punto a tomar en cuenta cuando modificamos esta visión con algún psicotrópico es que nos encontramos con los efectos secundarios; sedentarismo, mal funcionamiento del metabolismo, extrema flojera y exceso de distracción. Reflejados ante los demás en obesidad, temblores corporales y las ganas de no hacer nada. Ahora resultas ser doblemente anormal, ya que antes, no solo tu comportamiento lo parecía, si no que, ahora tu cuerpo también es un punto de tensión para los demás. Una conducta considerada anormal a la vista de muchos desencadena, ahora un cuerpo “anormal”, es decir lo que no entra en los estándares de peso marcados por las instituciones de salud, resulta un trastorno patológico al que se le denomina obesidad mórbida; somos tan incómodos pacientes que cargamos con la palabra que indica morboso: que muestra atracción por las cosas desagradables, crueles, prohibidas o que va contra la moral, PROHIBIDOS PARA LA VISTA DE LOS DEMÁS. Y peor aún, si piensas en que el arte que produces, no solo implica ver cadáveres, sino, hacer performance.

Usar el cuerpo como un instrumento de expresión, siendo este cuerpo, ofensivo para la sociedad resulta complicado, pero exhibirlo desnudo, nuevamente acrecenta la cadena de anormalidades en las que un sujeto puede estar inmiscuido. “¿Cómo se atreve?”, seguido de un “¡qué asco!, no es normal”.

Pero la cadena no para ahí, ya que cada uno de estas anormalidades puede ser tratada clínicamente con más medicamentos, que generan más efectos secundarios. Así que optas por llevar orgullosamente las etiquetas.

“Como anormal te conviertes en la gorda loca, farmacodependiente, que pinta muertos y se encuera en algo llamado performance”. ¿Tú lo crees?

[1]Fromm Erich. El corazón del hombre, Fondo de Cultura Económica, segunda edición. México, 1983.

[2]Mbembe Achille. Necropolítica. Seguido de Sobre el gobierno privado indirecto. Melussina, España, 2006

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Erika Bülle. Nace el 9 de junio de 1969, en la ciudad de México. Realizó sus estudios de licenciatura en artes visuales, en La Escuela Nacional de Artes Plásticashp_scanDS_7051711282843 (1) (ENAP), UNAM. Y posteriormente la maestría en la división de estudios de posgrado, de la ENAP, UNAM. Actualmente realiza el doctorado en artes y diseño en FAD, UNAM. En la labor de producción plástica, cuenta con más de 10 exposiciones individuales, y varias colectivas. En el campo de investigación del performance y el arte del cuerpo fue miembro del colectivo SEMEFO a partir de 1990, participando en PAREDON, edificio Rule, Centro Histórico, ECLIPSE para el museo Rufino Tamayo a cargo de Juan José Gurrola, PANDEMONIUM, ENAP, EL CANTO DEL CHIVO, canal 22, Sótano de la facultad de arquitectura. Posteriormente deja al colectivo para integrarse a otros colectivos de arte acción presentándose en XTERESA, Academia de San Carlos, entre otros lugares del interior de la república.

Blog personal:

http://bulleartedelcuerpo.blogspot.mx/

 

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Normal delirar

por Ollinca Torres
por Ollinca Torres

por el.laLulú Gübre

Me persigue un hombre blanco heterosexual, lleva una chamarra y unas botas negras de piel; por su elocuencia y su automóvil sospecho que es de clase alta.

 Tras haberme negado a continuar el tratamiento por más de media década vuelvo a estar en su sillón ergonómico. Comienzo a hablar:

Uno de los encuentros

 –Es omnipresente, ya no hay duda. Ayer de regreso a casa, el hambre contaminaba todas las esquinas de mi cuerpa enferma, decido comprar unos esquites, y de nuevo aparece. Esta vez tenía nuevo rostro, y mientras me respondía, sus manos seleccionaban un elote grande para intercambiarlo por dinero a cualquier trans.eunte. Me dijo de forma clara –cocino los esquites con sustancia de pollo, ese es mi secretico… por eso tienen tan buen sabor. Fue inevitable reconocerlo en esa cuerpa, con esa tranqulidad para nombrar el sufrimiento. Agarré mi bici y di pedales tan rápido, con tanto miedo, suplicando una vez más que el caos me ahogara, otra vez me había sorprendido, miré para atrás para asegurarme que estaba fuera de peligro. No estaba fuera de peligro, me perseguía en su coche derrochando dióxido de carbono, podía sentir el olor de su chamarra y sus botas, la piel huele tanto cuando el dolor es su origen.

 De nuevo me encerré en casa, no tengo más opción que inhalar gluten de trigo mientras todo acaba.

 Desde la otra parte del sillón me interpela– ¿tomaste la medicina que te formulé?

–No la puedo tomar me vuelve tontx, me pone débil prefiero la Valeriana.

Un encuentro más antiguo.

 –Piensa un poco en tu infancia, ¿Recuerdas cuándo fue la primera vez que lo viste?

-Sí. Bueno, no sé si haya sido la primera vez, pero recuerdo muy bien su forma. Yo regresaba de casa con mi primer arete, mi hermoso arete, y al pasar por el abarrotes de la esquina, Don Ernesto parece enfadado conmigo, me detiene y con su voz gruesa (esa misma voz con la que insulta al cielo cuando su esposa Doña Jacinta no le sirve la cena a la hora debida) me dijo: “Esa maricada que traes colgando de la oreja es sólo para las niñas, no vas a querer que piensen que eres un maricón”. Entre mis vagos recuerdos esa fue la primera vez que lo vi, de igual manera no le presté mucha atención, él siempre me decía cosas similares. Dice mi mamá que es porque siempre quiso tener un varón pero sus dos hijas fueron niñas. Que no le ponga cuidado a lo que me dice.

Varios encuentros

 Ojalá todos los encuentros hubieran sido como el primero, pero él me comenzó a perseguir cada vez más, se puso violento, la otra vez me arrojó botellas por besar a un chico, el otro día me llevo a prisión por mi inconformidad frente al Banco Mundial. Se ha vuelto insoportable y definitivamente sus medicinas no me ayudan.

Una historia de amor

 Definitivamente debía comérmelx, hace ya tiempo que no le presto atención a la forma de sus genitales ni al tono de su voz, me he enamorado. El otro día con su ímpetu indomable me desgarró los tejidos de mi ano.rmalidad, me hizo temblar, el llanto de mi rareza cobró sentido junto a su piel mulata, junto a la negrura de sus labios. Se detuvo justo en mi ombligo mientras las sórdidas melodías de sus consignas anacrónicas contra el bombardeo de Gaza bloquearon el paso de mi delirio, y me susurró tan exactamente mis deseos, que sentí cómo los cuervos eyaculaban en mi conciencia.

    El.la, suena igual que mi madre aconsejándome que no le ponga cuidado a Don Ernesto. Tengo coitxs con todes los cuerpas donde la entiendo, yo intento seguirle, espero no sienta que le persigo, carecería de sentido mi rastro. Si no fuera por el.la, el hombre blanco ya me hubiera violado.

No hay conclusión

 Con el gesto del médico recuerdo la razón por la que había suspendido mi tratamiento. Su gesto trataba de escribir de forma legible las nuevas medicinas. –Nada de lo que estás hablando tiene sentido, necesitas regresar a la n o r m a l i d a d, y estos medicamentos te ayudarán, recuerda que es peligroso que materialices todo lo que estás pensando, no te va a llevar a nada bueno. Y por último deja de justificar todos tus actos como si fueran una acción política, nada de esas noches con peluca, ni tu abstinencia de lácteos, ni mucho menos tu desprecio injustificable al dinero van a ayudar a que mejores. No es tan difícil, mira a tu alrededor, la gente normal no es así.

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Semblanza: el.laLulú Gübre realiza mamarrachxs contrasexuales en el proyecto incuirables, es la titiritera de Analquismo y actriz principal de la realizadora audiovisual Eunuca.

http://inqueerables.tumblr.com/

http://analquismo.wix.com/caossexual

http://eunuca.tumblr.com/

 

 

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Yes, we fuck! entrevista con Antonio Centeno

Por Ivelin Buenrostro

 A mes y medio de que la ONU enviara recomendaciones al gobierno de México para no apoyar al Teletón porque “dicha campaña promueve estereotipos de las personas con discapacidad como sujetos de caridad (y) Asimismo, le recomienda desarrollar programas de toma de conciencia sobre las personas con discapacidad como titulares de derechos”[1], les presentamos esta entrevista con Antonio Centeno quien, con Raúl de la Morena, realizador, dirije el documental Yes, we fuck!, documental sobre sexualidad y diversidad funcional[2], “que quiere visualizar, principalmente, el sexo en personas con diversidad funcional y generar así un nuevo imaginario colectivo donde todxs, sin complejos, sin censuras, sin prejuicios y sin discriminaciones, podamos disfrutar del sexo”[3].

 

Yes, we fuck!, parece un poco provocador. ¿Porqué deciden este título?

 Antonio Centeno. El título es ya como una declaración de intenciones: vamos a cambiar la mirada, es decir “Sí, somos seres sexuales”. Luego ya hablamos de cómo, de quién, pero somos seres sexuales, vamos a empezar por aquí. Y el sexo no es una terapia, es sexo. Claro porque para las personas con diversidad funcional, todo es terapia. Tú te vas a montar a caballo, yo voy y hago equinoterapia. Y con el sexo igual.

Aquí hubo una película que se hizo muy conocida. Las sesiones, basada en hechos reales: la historia de Mark O’ Brian que fue un escritor, periodista, poeta, en Estados Unidos a principios de los 70, cuando con 38 años y a pesar de haber hecho una carrera universitaria (canturrea un poco), ser un tipo activo y con buena cultura y demás, no tenía una vida sexual. No sólo no tenpia una vida sexual, no tenía contacto físico con nadie.

Él, se plantea la necesidad de cambiar eso y lo primero que se le ocurre es acudir a un servicio que había entonces en Berkeley de asistente sexual, que era como una especie de terapia -por eso se llama Las sesiones, eran seis sesiones, pues si eran más podría haber un encariñamiento-. Una visión muy médica del elemento, pero como mínimo es un elemento que le sirve para arrancar y para ponerse en marcha e intentar cambiar esa experiencia de vida. Estamos hablando de los setenta, una visión completamente médica… algo deberíamos haber avanzado, ¿no? Aquí ni siquiera tenemos eso que ya estaba en los setenta allá en Berkeley y sí, se mantiene la visión médica. Es la visión del enfermo, de “esto lo vamos a hacer para su bienestar, para que esté bien, pero no tiene que ver con sexo, no tiene que ver con deseo, no tiene que ver con que su cuerpo sea deseable, esto es otra cosa, es un acto caritativo solidario, hay que distinguir lo uno de lo otro”.

Pero no, no va así, ¿sabes? somos seres sexuales, lo que hacemos es sexo y por supuesto todo cuerpo es deseante y puede ser deseable. Y de todos los elementos que tenemos para cambiar ese imaginario ¿porqué nos agarramos al sexo? Primero porque me gusta, la verdad y segunda porque es muy potente, porque al final la sexualidad es el máximo elemento de expresión de la vida. Entonces siempre se nos mira como seres que básicamente aspiramos a sobrevivir (estamos limpitos, aseaditos, desparasitados), la sexualidad en cambio manifiesta un poco más. Cuando se te reconoce como ser sexual ya no se puede pensar en términos de supervivencia, ya hay que pensarte en términos de vida, en términos de vivir, de ciudadanía, de participación, de relación con los demás y eso es la sexualidad, lo que te da ese campo para poder relacionar todas esas ideas y todas esas cuestiones de manera potente y para poder empatizar con cualquier persona tenga o no diversidad funcional.

Lo bueno o lo malo de esto es que claro, para la gente en general este tema tampoco está bien resuelto, entonces muchas personas pueden sentir también esa identificación sobre cómo se le niegan sus deseos, o uno mismo acaba negándose sus deseos o, como no tenemos bien resuelto el placer y el vínculo con los demás es algo absolutamente universal, entonces por ahí también es fácil que haya una cierta empatía, muy necesaria. Yes, we fuck! no puede entenderse como una reflexión, un trabajo que hacemos un grupito de personas en particular, esto es universal, es de la condición humana en general. Y va en las dos direcciones, o sea, vamos a pensar qué tenemos que hacer por los derechos de las personas (lo canta) con diversidad funcional en relación a la sexualidad, pero no sólo eso, está antes también el darse la vuelta y reconocer toda esta realidad compleja. No se trata de ver “qué nos dejan hacer los normales, sino ¿qué es lo que puede aportar a la visión de la sexualidad humana en general?

Y es mucho, porque al final te encuentras con expresiones en cierto sentido extremas, alejadas del estándar, maneras de disfuncionalidad muy diferentes, maneras de vivir muy diferentes, entonces eso facilita que te replantees muchas cosas que muchas veces pensamos como natural que sean así y que para nada lo son, son construcciones sociales y políticas, son decisiones que hemos tomado para que sean así, pero que no tienen porqué ser así.

Desde ese punto de vista, el abordaje de la sexualidad y la diversidad funcional puede ser uno de los motores fuertes para mover muchas cosas en la sexualidad humana en general. Por ejemplo, en todo este movimiento que estamos haciendo, desde encontrarnos con gente o con colectivos que trabajan políticamente con el cuerpo, ha sido muy interesante también encontrarnos con gente del activismo gordo, que es el mismo discurso. Se estigmatizan cuerpos como no válidos, no afectivos, que no deben ser sexuales, que deben avergonzarse, que deben ocultarse y esto es común porque se te considera gordo, se te considera inútil por lo que sea, porque sí. Toda una serie de variables que operan y que pretenden construir ese cuerpo amable, deseable y deseante, y lo que no sea eso es enfermo, desviado y debe ser ocultado. Y en todo eso hay un montón de variables que pueden ser la capacidad, la complexión, la identificación con uno o con otro o con ninguno, y todo ese tipo de variables se han utilizado para estigmatizar, para disociarlos de su cuerpo: la cosa es que sepas que eres una persona pero que sepas que tu cuerpo está mal. Es muy preocupante.

Por ejemplo, buscando referentes antes del documental, la más importante para nosotros era un documental que se hizo en España en el 2003 y que tuvo bastante diffusion: Almas con sexo, que aborda también la diversidad funcional y la sexualidad. Tiene un buen discurso en general, pero desde nuestro punto de vista tiene ya un planteamiento que nos parece adecuado poner de ejemplo para ver a lo que tenemos que darle vuelta. Es el título mismo Almas con sexo –primero almas y luego sexo-, que es como estar pidiendo perdón por follar. El alma la podemos discutir, pero el cuerpo está ahí, es indiscutible. Quisimos darle la vuelta a eso y de ahí el título, bastante más explícito de Yes, we fuck! pues no tenemos tanto la intención de ser didácticos como de agredir al público que vea esto, que se sienta interpelado y que necesite reconstruir su imagen sobre lo que es la sexualidad y la diversidad funcional.

En el porno por ejemplo, se utiliza la diversidad funcional a partir de una imagen construida por el otro, se utiliza entonces como lo raro, lo perverso pero no tiene que ver con la experiencia o con lo que necesita o quiere expresar aquella persona, sino que es utilizada como objeto dentro de otras líneas que no tienen nada que ver con la valoración de la diferencia o con todo el tema político del que estamos hablando. Lo que pretendemos pues, es darle la vuelta a eso, dejar de ser objetos sobre los que alguien dice cómo hay que desear y cómo hay que follar, a ser sujetos enunciantes de nuestra propia experiencia, de nuestra propia sexualidad, de nuestra propia vivencia, de lo que es ser seres sexuales cuando eres un cuerpo alejado de la norma. Así, hay un cambio para nosotros muy importante. El paso del objeto al sujeto enunciante es fundamental.

Esto es sólo un documental pero esperamos que sea un elemento nuevo de estímulo para que cada vez más gente tome esa posición activa de sujeto enunciante, cómo es lo que vivimos. Que no aceptemos de antemano la imagen previa de cómo debería ser, que además es una imagen que implica que lo que debes hacer es avergonzarte, es apartarte de ese terreno que no es el tuyo, porque no estás bien , porque esto no es para ti, hay que romper eso y necesitamos gente que desde su propia experiencia diga cómo es su deseo, cómo se desea, cómo es su vivencia de ese cuerpo pero como sujeto, no como objetos.

¿Cuáles son las coincidencias que han tenido con el movimiento posporno?

 Antonio Centeno. Pasa lo mismo, es lo mismo, por eso nos hemos llevado tan bien. Tú podías ver muchas películas con lesbianas, pero estaba hecho por varones heterosexuales que montaban un numerito que a ellos les ponía cachondos, pero que no tenía nada que ver con la experiencia de mujeres lesbianas. Y lo mismo pasaba con lo cuir, con lo trans, es decir, siempre salían como rarezas, como personas objetualizadas desde otro deseo, desde otro patrón. No era un imaginario que fuese crítico o que cuestionara todo lo que es, sino todo lo contrario: lo reforzaba, lo construía, lo validaba. Y a eso es a lo que hay que darle la vuelta. Crear otro imaginario desde la condición de sujeto para que esto sea crítico con la realidad, permita transformarla, permita moverla, permita que acoja a todo el mundo, que sea más compleja, que no sea reducida a los espacios tan estrechos a los que está reducida actualmente.

Unas historias fueron más complejas de realizar que otras, sin embargo, hubieron tres que inclusive anunciaron en su página para encontrar personas que quisieran participar. ¿Porqué la importancia de estas tres historias?

Antonio Centeno. Son tres historias fundamentales para dar una visión global de la diversidad funcional y de la sexualidad. Una habla sobre diversidad intelectual, porque esas personas dentro del mundo de la diversidad funcional son precisamente aquellas a las que más se infantiliza, más se les niega ese carácter sexual, o a veces se les hipersexualiza (a veces se comenta: “es que las personas con Síndrome de Down están pensando solamente en sexo…” -bueno, como tú, ¿no?). Entonces, son personas en torno a quienes hay una mitología alrededor de la sexualidad especialmente potente y además son también las que sufren más esa negación de su libertad personal a la hora de tomar decisiones. Se les incapacita jurídicamente de manera tal que no pueden tomar decisiones en torno a su día a día, se les encierra en instituciones donde su vida queda reducida a muy poco, a muy pocas dimensiones -desde luego la sexualidad suele quedar lejos de las preocupaciones-. Por eso nos parecía fundamental abordar una historia en este sentido.

Luego, nos interesa mucho un tipo de historia que nos diga algo sobre estas personas que se definen con la etiqueta de devotee o wannabe, que sienten una atracción muy significativa sobre cuerpos que están fuera de la norma: cuerpos frágiles, débiles, personas con amputaciones, en silla de ruedas, etc., esos cuerpos que habitualmente están considerados no sólo como no atractivos sino inclusive repulsivos. Y en donde la respuesta de la oficialidad y del conocimiento, de la institución, no puede ser otra que “si te gusta eso, estás enfermo y aquí tengo atrás a mi equipo que te va a poner un nombre en el DSM[4] o en el que haga falta, donde vas a tener un trastorno -ya veremos cómo le llamamos- ya que no puede ser que te gusten estos cuerpos”.

Es un tema importante sobre cómo se construye la normalidad, cómo se ligan los conceptos de belleza y deseo, cómo nos dicen lo que podemos desear, lo que no, cómo eso se liga al concepto de mundo que queremos. En occidente es uno de los pocos armarios que aún quedan por abrir de manera generalizada. Las personas gay, lesbianas, homosexuales han ido haciendo esa lucha y, aún queda mucho por hacer pero ya se ha dado mucha visibilidad a esa realidad, otras maneras de sentir, desear. Sin embargo, las personas devotee o wannabe están ocultas, generan mucho estigma, es muy difícil que alguien agarre el paso de identificarse con esa manera de sentir y no sentir vergüenza por ello y aceptarlo como una manera más de desear, por eso nos gustaría que el documental hiciera esa pequeña aportación de abrir el debate para intentar despatologizar una forma de deseo.

La tercera historia tiene que ver con la adolescencia, ese momento de máxima intensidad del descubrimiento del propio cuerpo, del deseo, de la construcción de la propia identidad sexual y general. Dentro de todo ese caos de la adolescencia, si además esta atravesado por el de la diversidad funcional -que implica que necesitas el apoyo de una persona para hacer las actividades cotidianas- es tremendo, hay una falta de intimidad absoluta, no tienes los apoyos que requieres para cualquier cosa -desde vestirte.

Desarrollar un tipo de sexualidad saludable en ese marco es muy complicado, por eso nos interesa recoger una historia que visibilice esa realidad y que, si es posible, nos dé alguna pista para trabajar para que las personas adolescentes que se encuentran en esa interseccioón de diversidad funcional no tengan que sufrir tanto como pasa ahora. Si no que sea una historia inspiradora, sí que propcure que la gente se dé cuenta de esa realidad.

Me interesa el tema de la asistencia sexual que abordarán en una de las historias y no pude evitar la pregunta: ¿porqué veo que la figura del asistente sexual se centra en el género femenino procurando servicios sexuales?

En la práctica, la poquita cosa que hay de momento sobre asistencia sexual reproduce absolutamente lo que ha habido siempre. Esperamos que la figura se vaya desarrollando para aprehender todas las realidades. El documental tendrá unas siete u ocho historias diferentes y una de ellas gira alrededor del asistente sexual o del trabajo sexual viculado a la diversidad funcional. A partir de sumergirnos en esta historia, buscar personajes y ver cómo podíamos reenfocarlo se nos hizo muy evidente la necesidad de definir esta figura, de ver cómo se empieza, primero, a elaborar un discurso que no sea desde fuera, no desde arriba hacia abajo sino un discurso que surja desde la gente que ya hace trabajo sexual o desde la gente con diversidad funcional que está demandando este tipo de apoyos -o preferentemente conjunto-, y luego además que se construyan prácticas y que se genere el círculo virtuoso de retroalimentación discurso-prácticas.

De momento no tenemos claro esos espacios, esas dinámicas para que esto fluya. Los pocos artículos que hay por ahí de asistencia sexual y demás -como mínimo aquí en España-, tienen un enfoque que confunde cosas que son diferentes: creo que una cosa es el asistente sexual, otra el trabajo sexual en general, otra es la prostitución. Hay un poco de lío y yo creo que mucha gente está pensando en prostitución y en trabajo sexual en general pero dice asistente sexual porque es una forma de venderlo fácil para decir: “esto no es nada turbio ni complicado, es una terapia para los enfermitos estos, pobrecitos, que les hace mucha falta y además no lo van a hacer las putas, que son muy sucias y desagradables, sino que lo van a hacer terapeutas y lo van a hacer gente bien preparada”, ¡por favor!

Es un discurso perverso, que si siguen por este camino en lugar de generar una herramienta emancipadora lo que hacen es reforzar el doble estigma que recae sobre las personas con diversidad funcional en el sentido de que son enfermos y que si no tienen este tipo de recursos nunca podrán tener sexo porque no son deseables. Y el estigma sobre quienes hacen trabajo sexual, generalemente mujeres, de que son sucias, no saben, tienen que avergonzarse, tienen que estar ocultas. Está bastante mal enfocado el discurso y queremos ver cómo generamos esa nueva figura. En el documental queremos que esa historia (que no es La historia, sino es una historia que encontramos), sirva para hacer debate: mostrar nuestra posición y lo que entendemos que debería ser. Explicar una historia para debatir sobre ella. En ese sentido esperamos que el documental sea uno de los espacios para poder ir construyendo esos diálogos, ese discurso común y cuando la gente empiece a encontrarse, quizás dé lugar para que se vayan realizando ciertas prácticas. Y luego habrá que ir generando otros espacios, porque luego no es suficiente.

En ese sentido, el documental es una maquinita que te sirve para hacer algo, pero no para hacerlo todo. Por ejemplo, lo que nos ha sorprendido es que el documental lo pensábamos (Raúl de la Morena y yo) como una idea bastante simple. Era más un ejercicio de visibilización, de decir: las personas con diversidad funcional son seres sexuales, son cuerpos, deseantes, deseables, y hay que hacerlo patente, la gente tiene que poder verlo, no sólo por los discursos sino a partir de imágenes que cambien ese imaginario que no está ahi, no se imaginan en esa tesitura, entonces esa era nuestra idea inicial, realmente sencilla pero con una complejidad importante porque todo lo que gira alrededor del cuerpo y las enfermedades es tremendo, conseguir que la gente se implique en ello y tenga suficiente compromiso político para exponer su cuerpo, su intimidad al público. Pero realmente el ejercicio era sencillo, era un ejercicio de visibilizar.

Y lo que nos ha sorprendido en ese camino es que en ese ejercicio nos hemos ido cruzando con otra gente que ya hace tiempo que trabajaba políticamente alrededor del cuerpo (movimientos feministas, transfeministas, queer, etc.), y ha salido de manera muy natural la necesidad de hacer nuevas alianza y construir discursos comunes porque en realidad son líneas de pensamiento prácticamente idénticas: el tema de desmedicalizar la vida, el empoderamiento personal y colectivo, el derecho a la diferencia, una serie de cuestiones muy potentes y muy comunes que nos han sorprendido y de algo que está ahí pero que no hay espacios en dónde hablar de ello, en dónde construir un discurso común.

Entonces de manera muy modesta, la creación de ese documental ha servido para empezar a tejer un tipo de alianzas y a ver qué juego nos da, a partir de aquí se han dado otro tipo de actividades y otras historias pero el vínculo inicial estuvo dado por algo tan sencillo como la idea de hacer este documental.

La primer historia que hicimos era un taller sobre posporno y diversidad funcional. Ahí entramos en contacto con PostOp, un grupo que se dedica a la pospornografía desde un punto transfeminista y demás, entonces al entrar en contacto con todo este activismo fue muy potente y revelador, y creo que para todas las partes, pues desde ese activismo de la pospornografía, del transfeminismo, de lo cuir, etc., también este contacto con el mundo de la diversidad funcional está resultando bastante estimulante para replantear muchas cosas alrededor del cuerpo, básicamente porque la mayoría de la gente que está en este activismo es gente joven, con un cuerpo capaz, vigoroso, que no cuestiona para nada el tema del capacitismo. Entonces, al entrar en contacto con la diversidad funcional facilita la reflexión de que mucho del machismo, mucha de la opresión capitalista y los ejes de lucha que tienen los movimiento trans tienen mucho que ver con el capacitismo también. Es un poco inseparable lo uno de lo otro. Así que ahi se ha generado un punto de encuentro muy potente y vamos a ver hacia dónde nos lleva esto.

Algo que es bastante poderoso dentro de los avances que han posteado del documental, es la opción de ver la sexualidad más allá de la genitalidad. ¿Qué puedes decirme de ello?

 Antonio Centeno. Hay varias oportunidades en esto, por ejemplo, la imagen pornográfica hoy vigente es casi exclusivamente genital. Trabajar con cuerpos diferentes facilita darte cuenta de que hay más cositas en el cuerpo. La diversidad funcional no te garantiza que vayas a abordar prácticas no genitales, sino te da la oportunidad de que eso sea más sencillo. Y aquí hay que andarse con cuidado, porque por ejemplo la gente con diversidad funcional ha construido su imaginario con lo que le han dicho que está bien y lo que hemos intentado es encajar también en esa genitalidad, pero esto es un proceso largo durante el cual la gente se va empoderando para ir reconstruyéndose también y tener otra sexualidad.

Y también es necesario que tengamos un puntito de equilibrio, es decir, es un proceso muy importante y valioso el de desgenitalizar la sexualidad porque así se vuelve más rica, pero con el puntito de equilibrio de que no vayamos a pensar que las personas con diversidad funcional no tienen genitales; también tenemos genitales. Hay que ser cuidadosos con ese equilibrio. Recuerdo, por ejemplo, una peli de mucho éxito, Intocable[5], en donde el protagonista tetrapléjico va con su asistente a un servicio de prostitución o algo parecido y lo que hacen es acariciarle la oreja a él. Yo digo que eso es una forma excelente de tener sexo si eso es lo que les gusta, pero seguramente, si pensamos que la gente con diversidad funcional tenemos sexo a través de las orejas nos estamos equivocando mucho. Realmente es más rico y más complejo que eso, entonces hay que ser cuidadosos (bromea: “yo salía del cinito y todo el mundo me miraba las orejas”), me parece un poco excesivo. Es más complejo y hay que buscar un puntito de equilibrio.

A partir de ver la sexualidad en un cuerpo diferente da la oportunidad de tener prácticas diferentes y generar dinámicas diferentes, pero no pensemos que estamos viendo el todo.

¿Cuáles han sido las principales dificultades durante la realización del documental?

 Antonio Centeno. La económica es muy molesta pero no es la más difícil. Realmente lo más difícil es que cuesta mucho que la gente ponga el cuerpo. Si tú explicas el documental y la dimensión política que hay detrás, a casi todo el mundo le parece fantástico y la idea del siglo. Pero cuando les pides entonces que el miércoles nos veamos en tal sitio y que se pongan a follar y les grabemos, pues claro siempre dicen que el miércoles les va mal. Es decir, la dificultad principal es que la gente ponga el cuerpo. Les parece muy bien que otros hagan ese esfuerzo pero a nadie les parece que estén en condiciones de poder hacerlo por muchas buenas razones: porque tienen pareja, porque no la tienen, porque tienen hijos, porque no los tienen, porque su cuerpo no sé qué, porque su cuerpo no sé cuántos, porque su posición, porque su no posición. Supongo que es algo que pasa en general -a la mayoría de la población le costaría poner el cuerpo también- pero en experiencias de vida en donde has sido especialmente machacado sobre que tu cuerpo está mal, sobre que tu cuerpo es algo de lo que debes avergonzarte, que debes arreglar, que debes intentar arreglar, que si no lo consigues pues quítalo de la vista pero no incomodes, pues es un poquito más difícil y nos está costando bastante. Por ejemplo las últimas tres historias son las que más nos han costado pues hay más estigma. Son construcciones sociales más estrictas que hacen muy difícil llegar a las personas porque, claro, a la hora de decidir grabar tenemos que contar con la complicidad de la familia o de la entidad tutelar que esté a cargo y demás para poder hacerlo. Así que esto, combinado con la idea general que hay en nuestra cultura de que el sexo es algo sucio y algo avergonzante y algo muy peligroso, lo complica, es una dificultad enorme.

Entonces la dificultad más grande es el tabú que hay sobre el cuerpo, que la gente llegue a poner el cuerpo en una historia es muy difícil y nos ha costando no porque a la gente le parezca mal el documental -claro, generalemte se lo explicamos a la gente que le va a gustar (sonrisa)-, pero claro, al final el acto de poner el cuerpo es bastante difícil.

Hay mucha lucha que hacer, por eso nos parecía importante el documental, porque ¿cómo vas haciendo la transformación? Hay que construir discursos y demás, pero al final siempre es muy difícil tratar el tema de la imagen. Tener herramientas que visualmente te descoloquen sobre lo que tú creías que son las cosas. Que te sientas interpelado y que te tengas que hacer algunas preguntas sobre realmente cómo funciona esto: ¿esta gente realmente tiene deseos? ¿los vive, no los vive? ¿cómo funciona? Como mínimo que la gente se tenga que hacer preguntas. Las respuestas, pues, ya cada quién encontrará lo que le satisfaga más, pero tenemos que sacudir este imaginario que tenemos porque es terrible. Básicamente te mueves en tres modelos -al menos aquí en España-, hay tres personajes muy arquetípicos: o te quieres morir – con el caso de Ramón San Pedro, con la película de Mar Dentro– o te quieres curar -el caso de Superman, que convirtió toda su vida en un tratamiento- o eres un genio o una cosa extraordinaria como Stephen Hawkins. Y claro, eso es muy rígido, no puedes transitar de lo uno a lo otro, eso te rompe como persona, es imposible encajar en eso. Y la realidad es mucho más compleja, mucho más rica. De la gente que conozco con diversidad funcional muy poquitos son genios y, los que son, no están reconocidos como tal, casi nadie de los que conozco quiere morir y también muy pocos de los que conozco han convertido su vida en un tratamiento médico. Están más interesados en otros aspectos de la vida. La realidad es mucho más compleja, sin embargo, ese imaginario es muy inamovible, muy rígido, muy polarizado, sin elementos de continuidad para poder desarrollar tu personalidad hacia donde cada cual necesite. Y esto hay que sacudirlo, hay que sacudirlo con toda la fuerza que se pueda. Y ahí la imagen es potente.

Hay otra cosa que tenemos bien clara que es que el documental es el punto inicial, no es el punto final. En el sentido de que hemos visto que la gente tiene mucha necesidad de hablar de hablar de todo esto y de generar espacios para compartir experiencias, de ir construyendo diálogo, etc. Mucha gente piensa que esto es una especie de movimiento social, un movimiento de liberación “Yes we fuuuuck!” (grita), eso tiene un sentido importante que queremos recoger. Es una maquinita de deconstrucción de subjetividad importante a la cual hay que ir montándole piececitas por aquí y por allá. Haremos cualquier cosa que permita crear un espacio donde la gente pueda seguir construyendo su propio discurso y expresando su propia experiencia desde esa condición de sujetos y no de objetos.

Para apoyar este excelente documental, les dejamos acá la página del mismo, en donde vienen los datos para hacer depósitos y puedan ver un poco de lo que se está gestando y esperamos con ansias:

 http://www.yeswefuck.org

Y la página de su campaña de crowdfunding

http://www.verkami.com/projects/10562-yes-we-fuck

[1] Aristegui noticias. “Organizaciones explican por qué la ONU pide al gobierno no donar al Teletón”. Octubre 15, 2014 en Aristegui noticias, http://aristeguinoticias.com/1510/mexico/organizaciones-explican-porque-la-onu-pide-al-gobierno-no-donar-al-teleton/

[2] El concepto de diversidad funcional se utiliza en España como propuesta desde el Foro de Vida Independiente, como sustitución de discapacidad o minusvalía. Más información: http://es.wikipedia.org/wiki/Diversidad_funcional

[3] http://www.yeswefuck.org

[4] Manual Diagnóstico y estadístico de los transtornos mentales

[5] En México titulada Amigos.

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Entrevista con Courtney Trouble, icono porno queer

Por Liz Misterio

traducción Vanessa DeVilbiss

Primero que nada, para contextualizar a nuestros lectores que podrían no estar familiarizadxs contigo y/o con tu trabajo, ¿quién es Courtney Trouble?

Courtney Trouble es un icono porno queer. Un/a performer porno, creador/a, e influyente persona de la industria adulta que crea hermoso y explícito porno en la comunidad queer del Bay Area – nada que ver con el porno no político del valle de Los Ángeles que suele ser objetizado.

Los medios masivos siempre están reforzando ideas tóxicas a cerca de los cuerpos y sexualidades de las mujeres, prohibiendo a mujeres gordas la posibilidad de ser vistas como hermosas y deseables. ?A ti te llegó a afectar este mensaje? Y si así lo fue, ?Como lograste empoderarte a tal grado de comenzar tu propia Revolución Porno Queer?

Los medios masivos son poderosos, y sí, he sido y continúo siendo enormemente afectada por la manera en la que mujeres gordas son rechazadas y subyugadas en nuestra sociedad. Las bromas e imágenes son indignantes. Pero lo supero una y otra vez recordándome que el mundo convencional aún está gobernado por misóginos que crean un problema que las mujeres no podemos resolver (nuestros cuerpos), pero continúan tratando de mantenernos oprimidas. Cada vez que recuerdo que la gordofobia es una herramienta del patriarcado, me acerco más a dejar mi cuerpo SER mi cuerpo. Me ayuda a ver porqué y cómo se implementa la opresión de los cuerpos gordos y a aprender que esto es una herramienta, un espejismo, no es real. Nuestros cuerpos son reales.

¿Qué hace al porno feminista distinto al porno convencional?

No puedo hablar de una diferencia en términos feministas. Varias personas lo intentan, pero el problema con esta pregunta es que mucho del porno convencional es feminista y mucho porno indie no es feminista. Convencional e indie no son sinónimos de no feminista y feminista. Lo que hace al porno feminista, creo yo, son las personas que lo hacen y el mensaje que manda. Si lxs directores, performers, y vendedores son feministas, notarás que el trabajo tiene más profundidad, es tomado más en serio y da prioridad al empoderamiento femenino tanto en la pantalla como detrás de las cámaras. Lo que concierne a lo porno y feminista no solo es la representación de empoderamiento y placer femenino, sino también el trabajo político y prácticas de grabación que se llevan a cabo detrás de las cámaras. Dicho esto, he visto este tipo de porno feminista en todas las secciones de la industria adulta. Y sobretodo, algo de lo que me he dado cuenta en mi propia teoría, es que llamarle a algo porno feminista nos anima a separar a lxs trabajadores sexuales en una jerarquía y eso no es saludable. El porno feminista no es el único tipo de porno para el cual está bien trabajar, o vender, o mirar. El trabajo sexual es una serie de decisiones, es actuar, es una actividad y un trabajo, y muchas de las cosas que hacen los feministas porno quizás no terminen pareciendo feminista. Y está bien. Algunas personas (y esto se ve más en las comunidades trans y de trabajadoras sexuales de color (POC=people of color) se ganan la vida fingiendo ser un estereotipo. Independientemente de cómo se terminen percibiendo a los ojos del consumidor, estxs trabajadores sexuales pueden ser feministas y aún así, hacer este trabajo.

courtney

Tus películas son geniales y radicales en cuanto a la representación de la diversidad de cuerpos y sexualidades queer. Las encuentro muy sexies y sin embargo, profundamente éticas y políticas. ¿Cuáles son las pautas que utilizas para crear tu trabajo?

No puedo decirte todos los ingredientes secretos, pero todo lo que hago, lo hago por respeto a los hombres, mujeres, y performers no-binarios que están enfrente de mi cámara. Soy honesta y abierta y me inclino hacia los deseos de mis performers en vez de moldearlos a un paquete comercializable. Mis películas se hacen al gusto de mis performers, no del cliente. Mantengo mis sets seguros y limpios, sobrios y pacíficos. O, sólo cito a mi amigo y colaborador Syd Blakovich, quien dice lo siguiente a cerca de trabajar conmigo: “Trabajar para Courtney es como ir a una fiesta bien organizada en donde todos se aplican/cachondean y se la pasan bien.” Eso me gusta. 🙂

Vi la película de Lesbian Curves 2 y me impresionó mucho, nunca había visto a la sexualidad con cuerpos gordos, femeninos, lesbianos representados de una manera tan respetuosa, verdadera, kinky y sexy. Creo que destruye todos los estereotipos de mujeres gordas que hay en el porno. ¿Qué te motivó a hacer toda una serie sobre este tema?

Yo misma, como una performer gorda, no tengo muchas opciones para trabajar fuera de mi propia compañía de producción. ¡Me he estado grabando desde hace mas de una década! Lesbian Curves se construye alrededor de mis propios deseos artísticos y de la inspiración y colaboración de mis performers. Es muy importante para mi no tener a puras mujeres plus size en la serie, porque creo que el porno necesita volverse mas como un crisol y dejar de trabajar dentro de los confines de diferentes fetiches.

Consideras a este tipo de porno un esfuerzo activista?

Por supuesto. Creo que mi tipo de porno definitivamente nació de una intención política.

¿Qué es lo que más te gusta de tu carrera en el porno?

¡¡¡Viajar!!!! Voy saltando por todo el mundo, todo el año, todos los años y es básicamente la mejor parte de mi trabajo. Estoy internacionalmente versada en comida, sexo, fiestas, y por supuesto, porno!

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Puedes conocer más sobre Courtney Trouble aquí: http://courtneytrouble.com/

Y ver mucho porno queer por aquí: www.indiepornrevolution.com

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Vivir para narrar: crítica al texto de Emeequis sobre el feminicida Javier Méndez

Cordelia Rizzo

A la familia de Imelda Virgen,

asesinada brutalmente hace 2 años por el hombre que presumía amarla

El desafortunado texto de Alejandro Sánchez sobre el feminicida Javier Méndez publicado en Emeequis el 23 de septiembre pasado, es muy apto para establecer una vigente conversación sobre ética periodística. Llega oportunamente pues hay un fenómeno de victimización importante en el México del presente. Demuestra, más que un impasse del autor, a qué niveles está enquistada la misoginia más tradicional y tolerada.

Para quienes no conocen el texto se titula: “El joven que tocaba el piano (y descuartizó a su novia)”. El resultado de lo que argumentan editores y autor fue una serie de malas decisiones sobre el texto y no tener la versión de la familia de la víctima, Sandra Camacho, da como resultado una apología del prejuicio misógino y del crimen.

El estilo de la crónica recuerda las máximas nietzscheanas y schopenhauerianas sobre las mujeres. La falsa mística o factor insidioso que incita a la agresión. Soy lectora de Nietzsche y Schopenhauer está en el trasfondo de mucho de lo que me gusta leer. Pero debe uno ser capaz de distinguir el pensamiento relevante, de los prejuicios de su tiempo y la manera en la que inclusive experiencias negativas con mujeres colorearon su filosofía.

Como feminista de toda la vida no ando esperando encontrarme en el camino con mentes masculinas iluminadas al por mayor (aunque lo deseo y me da gusto cuando así es). Pero sí espero que medios que han arriesgado el pellejo y concentran mentes y plumas diestras dentro de su staff y colaboradores como Emeequis pudieran no caer en el prejuicio más básico de “ella lo provocó”. Catalina Ruiz-Nava lo llamó un ‘feminicidio de libro’, un caso típico de una muerte violenta provocada por un hombre a una mujer.

Tal vez ignoren, o desestimen, que si ahora se puede juzgar al chico como feminicida, inclusive como asesino, es porque detrás hay años de lucha –de mujeres y de algunos hombres- para lograr que las agresiones a mujeres fueran sancionadas por la ley. Vidas de lucha. A estos logros constantemente los amenazan grupos de poder que no reconocen, o minimizan la importancia, de garantizar derechos a las mujeres.

Cuando una como mujer sabe de esto, o lo intuye, y lee un texto como el de Sánchez siente que le han raspado una capa de su piel y que no tiene derecho a llorar.

Narrar para vivir, vivir para narrar

Susan J. Brison escribió un conmovedor libro que relata su experiencia como sobreviviente de una violación, Postrimerías: la violencia y la reconstrucción del Yo. Su agresor la dejó de golpear y la abandonó porque creyó que la había matado. En el libro cuenta su recuperación (física y emocional) y experiencia como víctima tanto en Francia como en el norte de Estados Unidos, de donde es originaria.

Brison, siendo filósofa, se detiene valientemente a explicar por qué es tan infrecuente la identificación con una víctima cuando leemos novelas o historias de no ficción. Es importante para ella a nivel personal, pero nos ofrece desde lo personal una razón por la cual periodistas como Sánchez y sus editores sucumben ante la fascinación por el asesino: la incapacidad de aceptarse a una misma como débil, mortal, susceptible de ser ultrajada. En esto coincide con una tesis de Martha Nussbaum en su libro Hiding from Humanity: rechazamos a personas con discapacidad por la incapacidad de vernos frágiles en lo más íntimo de nuestra corporeidad. Los ideales de fortaleza y suficiencia humana que se consagran en las leyes y principios morales de tradiciones legales y normativas como la nuestra obstruyen un proceso tan humano y necesario como el de aceptar las contingencias latentes de la vida.

Siendo fuerte, sagaz y hombre, se puede devenir víctima en un instante, ¿acaso el gremio periodístico en México no está en un proceso de reconocimiento de su propia vulnerabilidad?

El ataque que sufrió Brison sucedió a principios de los 90’s en el sur de Francia, el juicio que terminó por condenar a su atacante fue justo y ella confió en el aparato de justicia (a diferencia del grueso de los procesos mexicanos). Algo destaca de su narración, y es que dado que no conocía a su atacante y éste la asaltó en la calle sorpresivamente, la defensa trató de argumentar que el agresor no estaba en sus cabales cuando la atacó.

Brison es experta en temas legales y de derechos humanos. Su texto también conforma una indagatoria sobre la importancia de la narrativa a la hora de contar historias de trauma, y su poder curativo. Entonces mientras ella trata de narrar para sanarse, reflexiona en su relato constantemente sobre los hechos y cómo fueron contados por la parte acusadora y la defensa en el juicio.

En el sistema legal estadounidense, que implica juicios orales y la construcción de argumentación jurídica a partir de una teoría del caso, la manera en la que se narran los hechos es crucial. México está en una transición hacia un sistema de juicios orales y una reformulación de la argumentación jurídica. Por ende los temas narratológicos deberán adquirir importancia (esta es otra historia). Esto viene a colación porque si no sabemos narrar, podemos condenarnos (o condenar) en la esfera pública o en un tribunal.

Para Oscar Wilde en De profundis, el juicio en el tribunal tiene un significado íntimo, es el juicio por la vida de uno. Este texto lo escribió mientras purgaba una condena de trabajos forzados por el delito de ser homosexual (sodomita). Quien lo condenó fue el padre de su amante en turno, con el afán de vengarse de su hijo.

Cuando alguien está siendo juzgado, como el protagonista de la crónica de Alejandro Sánchez, y cuando se es una víctima en el espacio público, como Sandra Camacho y su familia, se expone a una afectación profunda a partir de los mensajes de la prensa.

Aprendizajes

El habitus del periodista está en constante revisión por personas preocupadas por la trascendencia de las coberturas de hechos noticiosos. Del lado de las víctimas sé por primera mano que encuentran muchas decepciones en los informadores. Estas suceden principalmente cuando un periodista tergiversa la historia en perjuicio de un testimonio que a la víctima le cuesta trabajo contar.

La mayoría de las personas que son víctimas (en el sentido legal del término) no eran personas públicas previas al hecho victimizante, o al menos no en el sentido que lo son ahora. Quien publica sus historias sí es persona pública en su dimensión como escritora o escritor. Cuando la cobertura noticiosa refuerza un estigma social a las víctimas (eran personas susceptibles de ser criminales, ser agredidas, envueltas en negocios riesgosos) en vez de cuestionarlo o subvertirlo, afecta directamente un proceso de duelo, de exigencia de derechos y de búsqueda de resarcir con los recursos disponibles vidas rotas.

El otro lado es una buena cobertura: meticulosa, respetuosa de las personas que ofrecen testimonios para que otros trabajen para recibir remuneración por sus productos, anima la lucha y fortalece el vínculo entre las fuentes y las y los periodistas. No significa tomar partido, ni perder ‘objetividad’, sólo reconocer la dimensión de lo que estamos estudiando o informando. Eso sería indicador de que hemos recorrido bien el terreno que narramos, y actuamos acorde con el significado y peso que nosotros reconocemos que tiene. A mi juicio, produce mejores narraciones, con marcas en la memoria que nos hacen volver al texto, recordarlo y reconocer a quien lo narra.

Conclusión

Quise aportar algo más allá de lo que otras y otros han dicho sobre este escándalo de medios. María Teresa Priego y Catalina Ruiz-Nava han hecho un trabajo espléndido. La mayoría de las críticas al texto han sido pertinentes. Sin embargo, al igual que otros amigos periodistas, creo que la crítica al texto es una ocasión para reflexionar sobre el entorno que permite que un prejuicio de género tan normalizado domine un texto.

Que se publiquen notas y coberturas que abonan a normalizar la violencia, sobre todo la feminicida, es desafortunadamente norma. Esperaríamos más de Emeequis y de Sánchez que está en la terna de este año para el premio de la Fundación de Nuevo Periodismo Iberoamericano.

Hannah Arendt expresó, tras su cobertura del juicio de Adolf Eichmann en Jerusalén para la New Yorker, que escribía para entender. Fue duramente criticada por juzgar a Eichmann como un personaje ordinario y revelar así signo perturbador de los malhechores. Querer entender al Otro implica hurgar en nosotros mismos. Empatizar con estos personajes problemáticos es la norma en esto de trabajar con testimonios.

Dejar que se cuele el prejuicio por partida doble, escritor y editor, en un espacio de no ficción solo es posible si de entrada no se notó que era un prejuicio.

En principio investigamos porque tenemos dudas. A veces no nos alcanza la fecha límite para aclararlas. La máxima socrática dignifica el hecho de expresar lo que no se sabe, o no se cubrió en el tiempo disponible. La habilidad narrativa nos permite decir eso sin exponernos o parecer flojos. Nuestro quehacer como informadores y analistas de la realidad nos pide ser exigentes, pero no saber todo, ni ser moralmente perfectos. Pero resolver boquetes de información y de reflexión con un prejuicio sí es problemático.

Mucho de lo que sabemos y pensamos está implícito ya sea porque se expresa de formas extrañas (para nosotros) o porque nos movemos en un ámbito en el que es como una segunda piel. Pero si escribimos, si nos hemos identificado como personas que cuestionan las representaciones ordinarias de la realidad (periodistas, académicos, escritores), tendríamos que tener cercanía con nuestros prejuicios. Si no vamos a transformarlos, sí tener clarísimo cuando se apersonan en un texto que sí es público. Si no, creo que es justo admitir que somos voceros de la versión oficialista de los hechos, también eso es un trabajo.

P.D. Alejandro Sánchez ha publicado ya una disculpa pública que reproduzco íntegra. La hace desde su muro de Facebook. No la discutiré en este espacio.

A la familia Camacho y a los lectores que se hayan sentido ofendidos por la publicación de un texto mío sobre el asesinato de Sandra Camacho:

Ofrezco una disculpa por el texto de mi autoría publicado en la revista Emeequis.El día que leí sobre la captura de Javier Méndez como responsable del asesinato de Sandra, pensé en contarle a la sociedad cómo ese joven se había convertido en homicida, cómo alguien capaz de asesinar puede llevar una vida aparentemente normal.

Aposté por un ángulo distinto para abordar el fenómeno de la violencia contra las mujeres. Quise entender la manera en que Javier ve al mundo, para encontrar una posible explicación sobre el crimen en contra de Sandra, pero nunca para justificarlo ni exculparlo de su responsabilidad. Javier debe pagar por lo que hizo.

Yo no soy juez ni ministerio público, sólo soy un reportero que, en este caso, cometió un error: Lo que escribí es lo que piensa él y cómo él recuerda los hechos. Las expresiones acerca de Sandra no son mías ni tampoco una interpretación. Es lo que el homicida contó a los investigadores y declaró en el expediente judicial y a los especialistas que hicieron su perfil sicológico. No son mis palabras ni las avalo. No justifico ni juzgo a Javier. Reconozco mi error. Debí haber dejado claro que fueron las palabras de Javier. El texto no es una apología al feminicidio. No insinúo que la vida de Sandra debió terminar así. Enmendaré las equivocaciones. Sandra no merece quedar en el olvido de ningún sector de la sociedad.

Cometí otro error: no hice explícito que buscamos a la familia y le pedimos hablar, pero no deseó hacerlo. Respetamos esa decisión, pero al no decirlo en el texto generé la impresión de que despreciamos la vida de Sandra. No es así. El texto tenía el propósito adicional de mostrar cómo es que se puede cometer un crimen tan irracional.

Finalmente, a la familia de Sandra deseo expresar de manera especial mi total empatía y mis disculpas.

Respetuosamente: Alejandro Sánchez

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Cordelia Rizzo (DF 1982). Escritora y académica. Investiga temas relacionados con los derechos humanos y el simbolismo que da sentido y peso a hitos vitales como la mortalidad y otros tipos de procesos y transiciones. Escribe poesía. Actualmente investiga cómo se construye la memoria histórica en el fenómeno de bordado por la paz en México. Colabora con la plataforma de paz Nuestra Aparente Rendición y con Fuerzas Unidas por Nuestros Desaparecidos en Nuevo León, así como de la revista de periodismo narrativo Spleen! Journal. Ha sido profesora universitaria y capacitadora en temas de derechos humanos y es aficionada a la danza clásica desde que tiene uso de razón.

http://cordeliarizzo.tumblr.com/

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Bailar con la gorda

por Citlally Villarejo

¿Por qué asociamos lo gordo con lo malo y lo feo?

¿Por qué los bailarines no pueden pesar cien kilos?

Tengo 23 años, peso 99 kilogramos, y mido 1.59 metros. Según la nutrióloga que visité a petición de mi madre debería pesar 53, mientras que según la tabla de peso coreana debería pesar 43 kilogramos. Estoy – y estaba-, aún lejos de dicho peso.

¿Debería sentirme avergonzada y ocultar mi cuerpo? ¿Debería de ser una “gordita simpática”? ¿Ser “linda, tierna” y todas esas actitudes que el patriarcado exige maximizar en alguien que pesa más de lo que una revista de modas pide? No, esos adjetivos no califican conmigo. Me considero una persona transgresora, mi no-orientación sexual (asexualidad), mi no-orientación romántica (a-rómantica), y mi capacidad, contradictoria, de sentirme atraída estética e intelectualmente por personas de todos los sexos, géneros y preferencias (panfectiva)… y transgresora del cuerpo, porque siempre he sido obesa según la calificación del sector salud. A partir de mis ocho años se presentó en mi vida mi eterna amiga: la distimia. La comida se volvió mi medicamento, pero la gordofobia me hundió más en ella y me llevó a otros consuelos.

¿Debería de dejar ir a fiestas? ¿Debería de dejar de besarme con todxs en una fiesta solo porque es divertido haber besado a múltiples personas, aunque no sienta atracción en ningún nivel por ellas? ¿Debería ser recatada porque soy gorda? Sencillamente los kilogramos que marquen la báscula no importan; cuando la gente descubre que mi gastritis se la debo a mis periodos de bulimia y anorexia que viví desde los nueve años hasta los veinte, se cagan de la risa ¿cómo una obesa pudo ser anoréxica por tanto tiempo? Bueno, esto iba y venía: pasé de pesar 96 kilogramos a pesar 81 en menos de un mes, de 81 a 74 en una semana, bien, estaba tan jodida que me desmayaba todo el día…¡Basta! Las palabras de los demás hieren cuando se busca aprobación, pero, ¿por qué habría de aprobarme alguien más que no fuera yo? Siempre he sido muy consciente de que somos nosotros quienes formamos nuestra propia felicidad… Así que, mandé al carajo todo.

Estuve en una compañía de teatro toda mi infancia y jamás me alejé del arte, continué en la literatura; además de trabajar en radio, ser vlogger, decidí que era hora de hacer algo que también me apasionaba: ¡bailar!

En ese momento, mi universidad impartía cursos de danza árabe. Debo admitir que iban chicas esperando tornear un abdomen y tenerlo como se lo exigen las carnívoras ideas machistas, pero cuando conocieron a la maestra desistieron. Y así, entraban y salían una tras otra, me quedé por aprender, pero hubo un momento donde decidieron que no me vería bien con un top decorado, y una falda transparente…

Al demonio con todo ¡seguiré bailando! Un accidente me llevó a sustituir la terapia física por la danza contemporánea, con un mentor –porque no solo fue un maestro- sorprendido por mi capacidad elástica, mis 108 kilogramos –con los que comencé a bailar-, podía hacer piruetas, moverme con toda gracilidad ¿quién dijo que tenía que estar en los huesos para crear arte con mis piernas? ¿quién dijo que tenía que pesar menos para poder girar sobre mí misma, tirarme al piso, levantarme y seguir saltando? Tuve un público sorprendido, al igual que otros bailarines, maestros, maestras, que no vieron una limitante en mi peso, es más, ni siquiera les importó, me impulsaron a continuar en algo que hoy se ha vuelto parte de mí.

Te tocó bailar con la más gorda”. Pues sí, bailar con la más gorda es sabrosear más, porque no hay huesos que se te entierren, soy como una nube en el viento, formando, haciendo a todos imaginar, soy el color, llenado toooodooo, con mi tamaño penetro en todos lados, mis movimientos pueden ser amplios, soy como una montaña, cuando me muevo ¡todo tiembla! Y tiembla con toda mi belleza desbordante.

 

 

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El cuerpo lesbiano gordo

 Constanza Álvarez

“Cuando soy consciente de mi gordura no puede usarse en mi contra”. Nomy Lamm.

“El cuerpo lesbiano La ciprina La baba La saliva El moco El sudor. Las lágrimas El cerumen La orina Las nalgas Los excrementos La sangre La linfa La gelatina El agua El quilo El quimo Los humores Las secreciones La pus Las sanies Las supuraciones La bilis Los jugos Los ácidos Los fluidos Los zumos Las emanaciones La espuma El azufre La urea La leche La albúmina El oxígeno Las flatulencias Las bolsas Las paredes Las membranas El peritoneo el epiplón, La pleura La vagina Las venas Las arterias Los vasos Los nervios Los plexos Las glándulas Los ganglios Los lóbulos Las mucosas Los tejidos Las callosidades Los huesos El cartílago La oseína Las caries (…) ” Monique Wittig.

“el cuerpo lesbiano no tiene sus límites en la envoltura carnal delimitada por la piel”. valeria flores

¿Desde dónde se evoca la necesidad de construir un cuerpo lesbiano gordo? ¿Cómo hacer un cuerpo lesbiano? ¿Cómo hacer un cuerpo gordo? ¿Cómo hemos sido configuradas? ¿Cuál es la ficción heterosexual en nuestros cuerpos? ¿Cómo la desaprendemos?

   El ejercicio de nombrarse como lesbiana, tortillera, fleta, se vuelve ya un acto de visibilización política vital y, en nuestro caso, como gordas, se vuelve también una praxis de reconocimiento y politización naciente, ardiente, escandalosa, visible, sobretodo en América Latina. Me interesa, en primera instancia, tratar una unión de lo lésbico y lo gordo desde el acto de visibilización, enunciación, de aparecer y estar como sujetas políticas conscientes y no víctimas de un sistema misógino, lesbofóbico, racista, clasista, especista y gordofóbico. En segundo lugar, voy a recalcar cómo la formación de un cuerpo heterosexual hegemónico imperante se ha hecho carne en nuestras cuerpas y de qué forma somos capaces de desaprender, de devenir en algo distinto: en un cuerpo lesbiano gordo.

   valeria flores, describe la vista como un aparato de producción corporal, plantea que existen ciertos modos de mirar que fabrican cuerpos. Cuerpos heterosexuales, cuerpos agradables, cuerpos delgados. Veo un cuerpo lesbiano que debe hacerse visible mediante una acción que lo evidencie, cuerpos que existen pero que permanecen ocultos por la heterosexualidad. Por ejemplo, percibo la estrategia de la masculinización de algunas camionas/chongas/butch como un ejercicio a este propósito, “para las chongas que queremos que se nos note, lo torta, lo marimacha (…)”. No quiero decir que todas las camionas son así porque quieren parecer lesbianas, hay muchas que simplemente es la estética que les acomoda, sin otra razón. Hay otras medias trans*, otras que ni siquiera son tortas pero se calzan el buzo deportivo como uso cotidiano.

¿Cómo hacer un cuerpo que es de por sí, visible? La gordura es imposible de ocultar. Si soy torta y quiero pasar desapercibida puedo heterosexualizarme y vivir de cierta forma en el mundo que no sea molesta, puedo ahora incluso casarme y ser una chica de bien siendo lesbiana, siempre y cuando atienda a la heteronorma. Pero, ¿si soy gorda y quiero ocultarme? No es posible, somos un cuerpo expuesto siempre a la vista del otrx, se me nota la grasa por muchas fajas que me ponga, no hay posibilidad de desaparecer, así como lo es también para las negras, para las que andan en silla de ruedas o para las que no tienen plata para prótesis, las travestis y trans* pobres, nuestro cuerpo herido nos deja en evidencia y también en vulnerabilidad. Parafraseando a laura, del gorda zine, existe una paradoja: nuestro exceso de visibilidad nos invisibiliza a la vez. Ejemplifico: me veo en todas partes, pero cuando quiero hablar sobre ciertas decisiones sobre mi cuerpo, no se escucha lo que digo, se ve mi gordura antes que mi opinión, porque se asume que no estoy sana, que tengo problemas. Así mismo, vuelve el ejercicio donde nos unimos con las tortas, ahora tenemos que visibilizar la gordura de otra forma que no sea la de víctima o de patologización y ese es un modo de acción política, de hacernos presentes y de hablar por nosotras mismas.

histeria3

   Entramos en este doble (y también múltiple, porque existen las diferencias de clase, raza, etc.) entramado, en donde las tres enunciaciones cuerpo lesbiano gordo toman vida propia, tanto por separado como en comunión. Cuerpo, hablando desde el feminismo como ética de vida, lo personal es político, escribiéndonos y viviéndonos desde la carne, nuestra sangre, nuestra historia, las cicatrices que abundan en la piel, la experiencia personal y colectiva retratada, los deslindes, los encuentros con otros cuerpos, los desbordes, los amores, el cotidiano. Como un sentir corpóreo, turbulento, visceral, que no puede no estar ligado al sentir, la pasión, el goce. Lesbiano, al construirnos desde el placer y no desde la lesbofobia, como me decía una amante. Comprendí las distintas formas de construir un cuerpo lésbico, la heterosexualidad lo construye solamente desde la falta, la carencia, como si algo necesitara completarse y las que políticamente nos apoyan (me refiero a las que se nombran como lesbianas políticas) no conocen el deseo al cuerpo lesbiano como construcción de un nuevo placer contra-normativo, definirse lesbiana desde la lesbofobia, desde el odio, desde solamente la violencia recibida por un cuerpo es restarle importancia a nuestra alegría y motor de energía lésbico. El placer de ser torta y disfrutar con otras tortas, su cuerpo, sus fluidos, sus letras, sus palabras, sus gestos, sus formas, sus intereses. El placer de ser con otras lesbianas, de dejar el cuerpo. Lesbianas al dejar de mirarnos entre nosotras con ojos patriarcales, como un varón, por tratar de crear desde una ética feminista relaciones no heterosexuales, posesivas, egoístas, propietarias. Lesbiana como no mujer heterosexual, “las lesbianas no somos mujeres”, nuestras experiencias corpóreas, subjetivas, son diferentes, escapan a la norma, fugan, se incrustan entre la basura hetero. Lesbianas desobedeciendo a lo que se esperaba de nosotras: mujeres, heterosexuales, madres, blancas, profesionales, delgadas, jóvenes. Lesbianas explotando de placer con otras, convertirnos en amantes, no habitar el desierto ni estar perdidas. Habitar el cuerpo y el deseo como lesbianas. Gordo, excediendo a la norma del trazado corpóreo heterosexual medio, deseable, asequible, privilegiado. Desdibujando las líneas de la heterosexualidad y su belleza manifestada en 90-60-90 centímetros de deseo varonil. Desprogramación del deseo ajeno y personal, sabotaje sexual, hackeo del cuerpo, prácticas no-reproductivas, deseos saboteados, un cuerpo poético, sin sentido. Gorda, como un cuerpo rebelándose frente a un montón de imposibilidades impuestas (no poder ser bellas, no poder ser saludable, no poder ser atlética, etc.) molestando, irrumpiendo, alterando. Cuerpo lesbiano gordo, desdibujando los límites del régimen heterosexual, calando un hueco en el imaginario, fugando y creando nuevas formas de poder habitarnos, compartirnos. Transmutar los cuerpos, mezclarlos, cuerpos agredidos, con cicatrices, alegres, “mi cuerpo es mio y a veces también es tuyo”, de otras, desdibujarnos con otras pieles lésbicas, otros cuerpos lesbianos haciendo fusiones temporales, un virus, contagio. Ni delgadas ni gordas, ni mujeres ni trans*, cuerpos lesbianos en el deleite de (no) ser, de los fluidos corporales, brebajes lesbo-afrodisíacos que emanan de nuestras pieles, de la energía, la vitalidad. Dejar de ser yo, perderse en el cuerpo, desorganizar el cuerpo sin fraccionarlo a lugares de privilegio.

  El cuerpo gordo es un cuerpo segmentado, fragmentado, partido. Como plantea beatriz preciado en el manifiesto contrasexual, el cuerpo humano es heterosexualizado –heteropartición-, creando ciertas partes como las sexuales/reproductivas y las que no lo son (si estas se vuelven sexuales, el discurso científico psiquiátrico y su industria, la clasifica como una parafilia, en enfermedad o fenómeno anormal). Hombre, pene, mujer, tetas, vagina y culo; siempre uno en jerarquía por sobre el otrx. El pene como máximo órgano dentro del acto sexual, la penetración como fin único, como trazador de un real acto sexual frente a uno falso, como la heterosexualidad llama a cualquier tipo de experiencia sexual con el cuerpo no penetrativa. Así también, podemos realizar un paralelo con el cuerpo gordo, que se segmenta en partes separadas: papada, abdomen abultado, entrepiernas, muslos, celulitis, grasa y el cuerpo como un todo holístico es omitido, ocultado. Ciertas partes estratégicas para la heterosexualidad se exacerban para mantener el control sobre nosotras, avergonzarnos, temerle a la cultura de la violación, quedarse en casa, usar fajas, taparse, tener miedo.

   Me pregunto, ¿cómo hacer de un cuerpo lésbico un aparato contrasexual? ¿Cómo hace un cuerpo gordo lesbiano al romper con la heterosexualidad obligatoria? En primer lugar, este cuerpo quiebra la heterosexualidad al romper los límites occidentales de belleza y la talla 38, las medidas perfectas, la cintura delgada y el abdomen plano; más que romperlos, los desborda… Volviendo a llamar al deseo a aquellas partes ocultas, omitidas, ridiculizadas: un bulto, un rollo, un peso, un cuerpo con vida, ardor, deseo. Llamar a la piel como el centro erógeno universal y a su vez sobrepasarla, porque el cuerpo lesbiano no sólo se limita por la carne, sino que es una red altercada de afectos, redes, subjetividades, que sobrepasan lo corporal sin dejarlo, okupando el cuerpo de las otras, rompiendo la individualidad del yo, de mi propia pertenencia, perderse en las sensaciones, desjerarquizar el cuerpo, lo genital, lo deseable, lo bonito. Cuerpo gordo lesbiano, en donde el pene no tiene importancia, no existe, nadie lo quiere ni necesita, la reproducción es nula. No reproducimos heterosexualidad, ni tampoco hijxs para el kapital. También se puede leer al cuerpo gordo como un cuerpo contrasexual, al escapar de la belleza normativa heterosexual, al ser un aparente fetiche, oculto, ridiculizado y avergonzado por romper con las limitaciones corporales impuestas del “tú no puedes por ser gorda”, tú no puedes ser ágil, tu no puedes ser una chica que le guste el sexo hard porque no te da el cuerpo, tampoco puedes ser vainilla porque tu cuerpo es tan tosco, grande y bruto, que la sutileza no te acompaña. Atravesar los límites, romper estándares. Sensualizar las partes de mi cuerpo que más me atemorizaban. Volver a traernos al deseo, a aquel espacio que nos fue robado, expropiado, al mantener nuestros cuerpos en las escalas bajas de la jerarquía del deseo heterosexual. Una historia de violencia y vergüenza, porque un cuerpo gordo es visto como asqueroso, odiado socialmente en la cultura occidental, feo, enfermo, trágico. Nos calamos entre los percolados de la basura heterosexual, nadando entre el fango, revolcándonos, para salir airosas, no quiero más tu heterosexualidad, no quiero que me vuelvan a mirar desde ese lugar, no quiero más. Gorda lesbiana cuerpo, porque la única realidad existente posible en este mundo es la heterosexual y ya no queremos más habitarla.

contornear un cuerpo lesbiano

crear/chupar/tocar/deleitar/diagramar

cuerpos/sentidos/afectos/movimientos

                            vaivenes sonoros

                     retumban en mi cerebro

                               como electricidad

                                        del no saber querer saberlo

cuerpos lesbianos

     (de) construyéndose desde el placer

quiebras costumbres, estallas jerarquías

     el goce de charlar/caminar/reír/jugar/conocer

           mirar/tocar/penetrar/mojar/sentir

                abrazar/pensar/escuchar

dibujar el cuerpo lesbiano

                   cartografiando el deseo, la metamorfosis

construyéndome

           tocando/armando/amasando

afinando contornos

          creando/boicoteando/desdibujando límites

cuerpos lesbianos en el deleite del (no) ser

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Missogina a.k.a. constanza a. castillo (Quilpué-Valparaíso, Chile 1991) Activista lesbiana anarko-feminista. Performera missogina por rodrigo aguilay tallerista en curso, proletaria de la feminidad, activando desde lo monstruoso, las disidencias corporales desarrollando temas como la politización de la gordura y la cuerpa, la heterosexualidad como régimen político, lucha antipatriarcal y  antiespecista, post-porno, alianzas con transytravestis, hiperfeminidad, bondage y nuevas exploraciones con el dolor, entre otros.Publicado el fanzine “Contrasexualidad y Dildotecnia” y Video-corto.fanzine “Manifiesto Gordx” junto a samuel hidalgo.
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Máscaras

Ilustración por NooZ
Ilustración por NooZ

por Magda Piñeyro

Hubo un interés económico detrás de la abolición de la esclavitud en EEUU.
Hubo un interés económico en la conquista de América Latina.
Hubo un interés económico en las guerras mundiales y en la creación de la ONU.
Hubo un interés económico en las dictaduras militares de los países del Sur.

Hay un interés económico detrás del genocidio de Gaza.
Hay un interés económico detrás de la ocupación marroquí del Sáhara Occidental.
Hay interés económico detrás de la difusión del odio a lxs inmigrantes.
Hay interés económico detrás de la difusión del odio a lo islámico.

Y hay un interés económico detrás de la difusión del odio x nuestros cuerpos.
La gordofobia sirve al capitalismo. Amarte es revolucionario.

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marcyMagda Piñeyro.
Licenciada en Filosofía, militante feminista y bloggera.
Administradora de la página Stop Gordofobia.
Blog personal:
ladobleefe.blogspot.com.es

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Cuerpos sin patrones: una revuelta contra la policía de la normalidad corporal

gorda zine

Por Laura Contrera *

You’re the one for me, fatty. Morrissey

Olvidémonos de crear una definición universal o monodimensional, que siempre dejará a alguien allá afuera en el frío, y mejor continuemos haciendo un movimiento de indómita y bella diversidad. Charlotte Cooper

Más allá de la “operación bikini” propia del verano o del arrepentimiento masivo tras la comilona por las Fiestas, la obsesión por la delgadez y el consiguiente rechazo de la gordura son cosa diaria en los medios y en la calle. En este sistema hetero-capitalista se vive a régimen, se quiera o no. Porque quien se descuida se pierde en su propia falta de voluntad. Ya no se gestiona adecuadamente, es un mal patrón de sí mismo y, a la vez, un mal producto. Como otrora el renuente al trabajo duro y digno, quien no sigue felizmente el paso acompasado del cuidado de sí, es vagx, perezosx y perniciosx para el resto de la sociedad. En estas sociedades de control (Deleuze) o seguridad (Foucault) hay un imperativo de la vida saludable que obliga a cuidarse, mejorarse y ejercitarse para encajar (eso significa el fitness). Todo en pos de una presencia digna de ser vista, elogiada y apreciada en términos del mercado. El sujeto consumidor de estas sociedades vive a régimen del mismo modo que vive en un estado de deuda permanente. El alma ya no es fuente de preocupaciones: según Foucault, por lo menos desde el pasado siglo, las redes del poder pasan por el cuerpo y la salud1.

     Si bien no resulta históricamente novedoso el menosprecio social de los cuerpos gordos –con sus marcas de género, edad, clase, raza, condición social o capacidad–, el volumen corporal es percibido hoy como exceso (de carne y grasa) y falta (de cuidado o voluntad). La misma caracterización le cabe al sistema económico actual. En palabras de Sibilia, el capitalismo ciertamente es, al mismo tiempo, una fabulosa máquina de producción de exceso y falta que permite que el fantasma del hambre y el fantasma de la gordura horroricen a los sujetos contemporáneos, aunque “de modos bastante diferentes e inclusive contradictorios (y, tal vez, probablemente complementarios)”2. La gordura -hoy definida como una epidemia de alcance mundial con contornos bien especificados- es un punto nodal del cruce entre el imperativo de salud y las técnicas de perfeccionamiento del cuerpo o cuidado de sí (ejercicio, dieta, tratamientos estéticos, cosméticos y quirúrgicos, etc.). Pero la gordura no es como cualquier otra enfermedad que pueda contraerse: se la asocia tanto al consumo excesivo de alimentos como al deficiente (una cuestión de clase y de pobreza) pero también al modo de vida nocivo de seres sin voluntad que eligen, por defecto, el sedentarismo y la mala calidad nutricional. Asimismo, la presencia o ausencia de grasa habilita el pase al equipo de los cuerpos patológicos/indeseables o normales/deseables3, cosa que no es un dato menor.

     En los discursos dominantes, la gordura es una tara del cuerpo y un índice de falta de autocontrol (un valor del mercado como la eficiencia, competitividad, alto desempeño, rentabilidad, etc.), por eso se la asocia al fracaso social. Otro discurso propio del dispositivo de corporalidad actual4 es el de la obesidad: el poder/saber médico ha patologizado la gordura del mismo modo que lo ha hecho con otras diversidades corporales. Así, se considera todo tipo de gordura como un riesgo médico en sí mismo cuando hay evidencia científica de que no es tan simple la ecuación5 y se ha limitado la discusión a una cuestión de exceso de comida y falta de ejercicio, olvidando estratégicamente los peligros inherentes en los tratamientos de adelgazamiento con los que se enriquecen las corporaciones farmacéuticas, médicas y estéticas. Tratamientos que siempre fracasan, en el mediano y largo plazo, hay que decirlo. En el cruce entre fitness/cuidado de síe industria de la dieta vemos cómo la salud -y la apariencia saludable- son deseo individual y lucro empresarial a la vez.

     En las últimas décadas del pasado siglo algunas feministas y teóricas afines se han ocupado de la distorsión de la imagen corporal o los trastornos alimentarios, pero lo han hecho afincadas en el privilegio de ciertas corporalidades femeninas (blancas, cisexuales, heterosexuales, capaces, de clase media), dejando de lado la especificidad de la experiencia de discriminación que sufren las personas con alto peso corporal. Y desconociendo que, desde finales de los años ’60, activistas en el mundo angloparlante (muchxs de ellxs feministas y lesbianas radicales, luego queer) han denunciado la estigmatización de las personas gordas y la complicidad de la industria de la dieta con la difusión de la obesidad como un peligro social per se. Este activismo ha recuperado la potencia de la palabra gordx para autonombrarse, mutando el insulto en resistencia tal como lo han hecho otras minorías (lesbianas y maricas, personas queer, cripple, etc). Y si bien, como dice Jennifer Lee, el activismo de la gordura no resuelve necesariamente la compleja relación que los individuos tienen con sus cuerpos, ha contribuido a crear una comunidad y una narrativa alternativa en una sociedad bombardeada con “la epidemia de la obesidad”6.

     El dispositivo de control corporal que nos sujeta a todxs reduce a los cuerpos gordos a objetos de injuria, estigmatización o transformación. Porque, nos guste o no, gordx no es un adjetivo calificativo más sino que es un insulto, así como también acusación de dejadez, diagnóstico de enfermedad actual o potencial y sentencia de muerte física o social. Pero si algo han dejado en claro el activismo y la teoría sobre gordura es que el peso o talla de una persona poco dicen sobre su estado de salud, sus hábitos alimentarios o su modo de vida: sólo el prejuicio y la gordofobia leen esos cuerpos de una manera unívoca. Una ficción médico-política naturalizada hace presumir que la delgadez es saludable y que la gordura en todas sus expresiones es índice de enfermedad. En palabras de la activista Marilyn Wann, “[l]a única cosa que alguien puede diagnosticar con algo de certeza al mirar una persona gorda es su propio nivel de estereotipos y prejuicio en contra de la gente gorda»7. Como dice Charlotte Cooper, cuarenta años de activismo gordo han demostrado que hay otras formas de promover la salud para las personas con alto peso corporal que poco y nada tienen que ver con regímenes hipocalóricos, cirugías extremas8 o prácticas vergonzantes e degradantes.

    En nuestra región, lxs activistas de la gordura estamos produciendo un incipiente movimiento, articulándonos con el feminismo, transfeminismo, lo queer, el activismo de la diversidad funcional, trans e intersex. Y más que una mera reivindicación de las redondeces o la grasa, nos preguntamos por la necesidad social de cuerpos-patrones, mensura y mesura que nos producen constantemente como corporalidades menos aptas o indeseables incluso para el mercado de los valores y afectos. Si bien no hay una única experiencia de la gordura que produzca una identidad gorda homogénea –según Samantha Murray, las maneras de vivir un cuerpo gordo son siempre múltiples, contradictorias y eminentemente ambiguas9–, lxs activistas de la gordura postulamos nuevos modos de encarnar los cuerpos impropios10 y sus afectos. Y más que identidades satisfechas con su peso o talla (la retórica de la aceptación y el orgullo tiene sus límites) o la postulación de una jerarquía “en reversa” –lo gordo por sobre lo flaco-, habrá que inventar nuevos modos de vida para nuestros cuerpos sin patrones. Modos de vida que permitan encarnaciones desafiantes a los valores del mercado que impregnan el dispositivo de corporalidad actual. Es hora de celebrar la diversidad corporal además de la sexual. Necesitamos una revuelta furiosa contra la policía de los cuerpos y sus estándares microfascistas de normalidad.

1 Foucault, Michel: “Encierro, psiquiatría y prisión” en Un diálogo sobre el poder y otras conversaciones. Alianza Editorial, Madrid, 2005, pág. 121.

2 Sibilia, Paula: “Pureza y sacrificio. Nuevos ascetismos por el “cuerpo perfecto””. Artefacto 6 [Pensamientos sobre la técnica], Buenos Aires, 2007. Pág.41.

3 En estas sociedades de control/seguridad la opresión no opera simplemente a través de actos abiertos de prohibición, sino que lo hace subrepticiamente, como agente encubierto productor de “sujetos viables e inviables” (Butler, Judith:“Imitación e insubordinación de género” en Allouch, Jean y otros: Grafías de Eros. Historia, género e identidades sexuales. Edelp, Buenos Aires, 2000. Pág. 97).

4 La expresión la tomo de Flavia Costa, quien se inspira en Foucault: “el dispositivo de corporalidad crea cuerpos dispuestos a ingresar a regímenes de control y autocontrol permanentes y ponerse en situación de disponibilidad con respecto al poder político, médico y espectacular” (Costa, Flavia:El dispositivo fitness en la modernidad biológica. Democracia estética, just- in- time, crímenes de fealdad y contagio. [En línea]. Jornadas de Cuerpo y Cultura de la UNLP, 15 al 17 de mayo de 2008, La Plata. Disponible en Memoria Académica: http://www.memoria.fahce.unlp.edu.ar/trab_eventos/ev.647/ev.647.pdf).

5 La gordura es más a menudo un síntoma que una causa de la enfermedad (cfr. Lupton, Deborah: Fat Politics: Collected writings. 2013. [En línea]. Disponible en http://ses.library.usyd.edu.au/bitstream/2123/9021/2/Fat%20politics.pdf ).

6 Lee, Jennifer: “A big fat fight: the case for fat activism”, Overland Journal 207.

7 Wann, Marilyn: “Fat Studies. An invitation to revolution” en Rothblum, Esther y Solovay, Sondra (ed.): The Fat Studies Reader. New York University Press, New York, 2009.

8 Cooper, Charlotte: “There’s no need for this obesity epidemic hysteria”, The Guardian, 18/02/201.3

9 Murray, Samantha: “Doing politics or selling out? Living the fat body” en Women’s studies, Vol. 34, Issue 3-4, p.265-277.

10 Cfr. Preciado, Beatriz: Resumen del Seminario “Cuerpo impropio. Guía de modelos somatopolíticos y de sus posibles usos desviados”. [En línea] Seminario realizado en UNIA, 2 al 4 de noviembre de 2011, Sevilla. Disponible en http://ayp.unia.es/index.php?option=com_content&task=view&id=703

[divider]

* Laura Contrera: Activista gorda y de la diversidad corporal.Estudió Filosofía y Derecho. Vive en Buenos Aires, Argentina, donde hace el fanzine femme-inista queer punk Gorda! y da clases en la Universidad Nacional de La Matanza, entre otras cosas. http://www.gordazine.com.ar/

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Pliegues que desbordan, gruñidos que retumban

Por † Les Marranas †

Somos el reflejo ensanchado en el espejo.

   Carnes profusas que vibran y se bambolean, que se crispan y se regodean en la ostentación de su blandura, en la exuberancia de sus formas. En nosotrxs habitan todas las criaturas, nuestra sangre fluye con la violencia de un río que desborda su cauce, hemos aprendido a rebosar las orillas, a deshacerlas, descubrimos que somos amalgama de formas, texturas frondosas que van deshojándose para mudar de pelo, cambiar de piel, hacerse costra, pliegues rugosos y garras al aire repentinamente.

   Antaño habitamos los bosques, el rugido del viento nos sirvió de arrullo y las madrigueras de lxs conejxs nos brindaron cobijo. Pero llegaron aquellos entes borrosos con su maquinaria, que nos fue cercando, nos vimos arrojadxs a pretender que vestíamos sus moldes y calzábamos sus frágiles y encogidos zapatos, disimulando nuestro caminar fuerte y la arrobadora potencia de nuestra presencia, que pugna por expandirse.

   Somos juntxs el exceso del bacanal, el jugueteo desbordante de la orgía y la magia turbadora del aquelarre, asimismo croamos, ladramos, aullamos, mugimos y estamos en capacidad de absorberlo todo, de contenerlo todo, pues estas carnes mullidas son generosas en espacio y no tienen reparo en acoger o agitarse ferozmente.

   Somos el cuerpo expandido, ensanchado, que ha decidido no comer cadáveres de otrxs animales, somos el exceso de carnes, la ausencia de recato, lxs que se carcajean estridentemente, las enfermas sanas, la antítesis de la gorda bonachona.

   Con el tiempo hemos aprendido a encontrar grietas en las que introducirnos, resquicios en los que aún puede escucharse la caída estrepitosa del agua, el gruñido de un zorro, el rugido del viento, recordándonos que somos cuerpos indómitos que ni siquiera la ropa puede contener, que las tallas son unidades de medida insuficientes para determinarnos o definirnos. ¿Qué son la armonía y el equilibrio sino excusas para implantar un orden?

   Damos la bienvenida al desequilibrio, el bullicio y los pliegues, alejadxs estamos de la lividez y la pulcritud, sinónimos de pureza y moderación. Somos exceso palpitante, fluídos reptantes, carnes flácidas por la desidia que nos produce su actuar, su pensar, su medir.

   Somos las carnes desobedientes que rompen los moldes de lo correcto corporal, sin buscar parecernos a nada(ie) sino deleitándonos en el tacto y la visión de las formas prominentes.

   Ahora no habitamos los bosques, poblamos ciudades plagadas de cemento y asfalto, el viento ya no parece soplar con tanta fuerza, a las ciudades llega como un susurro, enredándose penosamente en las puntas de los rascacielos o en las cornisas de los edificios. Sin embargo el latido y la exuberancia arrolladora del bosque laten en nuestros cuerpos, que con sus formas múltiples y sus carnes desbordantes nos recuerdan el río impetuoso, el gruñido de lxs animales, el rugido violento del viento y la suavidad y blandura del musgo.

Les Marranas †

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