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Si me caigo, me levanto y sigo

Por Penny Lane

 Soy la noviera de mi grupo de amigos, siempre les cuento que conocí a alguien, encantador y diferente, quien termina haciendo una jalada peor al anterior. Y así he vivido, en la fugacidad y en lo efímero. A veces entre lágrimas, muchas veces entre sonrisas y sólo una vez entre golpes.

En diciembre del año pasado comencé a sentirme extraña: me mareaba fácilmente, todo me daba asco y los vestidos me apretaban tremendamente los senos. Me imaginé qué pasaba. El problema es que de por sí yo soy irregular, todo ese año me bajaba un mes si y un mes no. Cuando en noviembre no hubo menstruación no me saqué de onda, fue el malestar de diciembre que me alertó.

En el instante en que me cayó el veinte de que podría estar embarazada, le llamé a mi mejor amiga. Le conté todo y le dije había hecho cita en un lugar donde hacen ultrasonidos y te dan atención psicológica y orientación. Al día siguiente me acompañó, pues decidí no contarle nada al individuo ya que siempre he creído que una carga sus cosas sola y muy fácil alguien más puede lavarse las manos e irse.

Pasé al consultorio, me hicieron el ultrasonido y tenía casi dos meses. Seguido de eso me pasaron un video que duró una eternidad. Miles de testimonios de chavas. Unas, se arrepentían de haber abortado y otras, que luego de ser violadas decidieron no abortar. Me pareció un asqueroso lavado de cerebro con sangre innecesaria, peor que una película de Tarantino.

Terminó el martirio del video y regresó la chica que me atendía a «aclarar mis dudas». Me preguntó si lo tendría o que si quería irme a casa a pensar o qué. Le pregunté que qué método me tocaba para las semanas que llevaba y ella, sacada de onda de mi firmeza me dijo que medicamentos. ¿De verdad quieres abortar? Me dijo. ¡Claro! Le respondí. Tengo 22 años, estoy acabando mi carrera, no tengo empleo y por ende nada que ofrecerle a un nuevo ser humano y más importante que todo: no quiero ser mamá ahorita y me rehuso a caer en el estándar social de cumplir con un cometido biológico. Me rehuso por completo. No seré madre pronto.

Me salí del consultorio, y entre lágrimas le dije a mi amiga: «tenemos que conseguir lana para que aborte». Checamos precios y conseguimos la lana de un día a otro. Tres mil pesos más las treinta mil toallas que usé… ¡La mejor decisión de mi vida! Fue un infierno, a decir verdad, el dolor,  conseguir el dinero, sangrar por días y días. Fue un infierno, pero me doy cuenta de que hice lo correcto, sé que hacerlo fue lo mejor, para mí y para todos.

Y tengo que decir que no estoy peleada con los hijos o la crianza, es más algún día quisiera ser madre yo misma, pero cuando yo quiera no cuando se de y me amuele «por cagarla». No me arrepiento, jamás tuve una lucha moral sobre si tenerlo o no. Jamás dudé. Ahora cada día cargo con ello, no me define, pero sí me motiva a ser mejor cada día en todos los aspectos, y cuando pueda, cuando quiera, cuando realmente pueda, seré madre. Y seré la mejor.

Mi vida ha dado un giro de 360 grados desde que «interrumpí legalmente mi embarazo» y me encuentro completamente bien, y feliz. Estoy acabando la escuela, tengo proyectos por delante que un hijo sólo hubiera detenido, tengo un futuro planeado y un sin fin de ganas de cumplirlo. Sobre todo, mi compañero es ahora el ideal, lo que siempre quise: un imperfecto que aceptara mi imperfección, que me viera por lo que soy y por lo que siempre he sido. Encontré a alguien de quien no depende mi felicidad pero que seguro la incrementa, que a pesar de mi historia no me juzga, sino me comprende y me valora. Encontré a mi persona.

Estaría en un lugar completamente distinto si no hubiera abortado. Y no estaría aquí si mis amigos no me hubieran apoyado hace 3 años que viví una relación destructiva y violenta. No estaría viva y el día que aborté decidí no arrepentirme nunca, opté por vivir primero yo, armarme de una buena vida, para cuando decida decida ser madre, vivir a su lado.

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Entrevista a Fondo María

Por Liz Misterio

Entrevisté a Oriana Lopez Uribe y a María Eugenia Likar, quienes trabajan en Fondo MARÍA, una asociación que se dedica a facilitar el acceso al aborto legal y seguro para mujeres fuera de la Ciudad de México,  siendo esta ultima el único estado en donde es legal el aborto libre hasta las 12 semanas de gestación.

Esto fue lo que me platicaron.

-Liz Misterio: Primero que nada, ¿cómo surge Fondo María?

Oriana Lopez Uribe: Bueno, después de que la Suprema Corte de Justicia declara como constitucional la Ley de Interrupción Legal del Embarazo en la Ciudad de México, activistas que habían estado involucradas en la parte comunitaria de movilización ciudadana durante todo el proceso de la ley y de la constitucionalidad había tres mujeres, Vanesa González Rizzo, Eugenia López y Emily Barclowe, que estaban preocupadas por cuál sería el impacto de esta iniciativa en el resto del país, por que eso significaba una ganancia para las mujeres del D.F. pero una diferencia y una injusticia muy grande con el resto de las mujeres. Emily Barclowe tenía experiencia en grupos de aborto de Estados Unidos, así que empezaron a coordinarse para formar lo que ahorita es el Fondo María.

-L: ¿Cómo es el proceso que sigue una mujer que requiere de sus servicios?

OLU: Puede hacer el contacto con alguna organización o con algún o alguna profesionista (psicólogas o médicas) que tengan información sobre Fondo María y cómo contactarnos. Estas personas quedan en contacto con ella desde el momento de saber que está embarazada. También puede buscarnos en internet y meter su información a través de la página o llamarnos directamente, lo cual es más adecuado para que nos digan sus necesidades, las especificidades de su embarazo y lo que necesitan para la interrupción.

-L: Una vez contactadas, ¿ustedes dan el seguimiento necesario?

OLU: Si, lo que hacemos es una especie de acompañamiento telefónico en primera instancia en la que damos bastante información, revisamos con ellas cuáles son las necesidades, qué cosas en específico pueden aportar, y vamos trabajando con ellas el plan para poder tener acceso a un aborto seguro.

-L: ¿Porqué consideran que es importante la interrupción legal del embarazo para el avance de los derechos de las mujeres?

OLU: Para nosotras es reconocer la libre determinación de las mujeres, también reconocer la libertad reproductiva de las mujeres y reconocer su capacidad de toma de decisión. O sea, esta ley en específico parte de la decisión de las mujeres, no de la de un médico o de un ministerio público como con las otras causales, reconociendo específicamente la capacidad de las mujeres para tomar decisiones sobre su cuerpo, su sexualidad y su reproducción, y también nos pone en un nivel más equitativo con los hombres, en el sentido en que podemos controlar nuestra capacidad reproductiva, que es una de las cosas que ha limitado muchas veces a las mujeres y que las han retraído de la vida social, relegándolas al hogar y las funciones meramente de crianza.

María Eugenia Likar: También creo que lo que se podría ampliar a lo que está diciendo Oriana es que el cuerpo de las mujeres históricamente es y ha sido todavía como un campo de batalla y pareciera que se la restringe a determinados destinos reproductivos, dentro de los cuales la maternidad pareciera que no puede ser una opción sino que es casi como un destino, que es algo que se va a elegir en todos casos en todas circunstancias, y que pareciera que las mujeres no pueden poner antes de la maternidad otro tipo de elecciones o que no pueden elegir la no maternidad como una opción de vida, entonces creemos que la posibilidad de decidir sobre su sexualidad y sobre sus opciones reproductivas tiene que ver con los más íntimos de los derechos humanos.

-L: A todo esto, ¿consideran que debería de ser un asunto de política pública garantizar la ILE?

OLU: Lo que ha permitido que sea una política pública es que el acceso a los servicios sea gratuito, que el sistema de salud que tenemos, que es un sistema sólido, nos permite que las mujeres de todos los estratos sociales puedan tener acceso a una interrupción legal del embarazo en la Ciudad de México. Hace falta que tenga mucho más apoyo y mucha más voluntad política para hacer la difusión, para garantizar que al menos todas las mujeres del D.F. cuenten con la información, pero también difundirlo en todo el país, decir que es una ley que puede beneficiarlas a todas porque todas las mujeres pueden venir al D.F. a tener una ILE. Si fuera una cosa que no estuviera legislada, que no fuera parte de una política pública y solamente estuviera permitida y que se fuera solamente al ámbito privado, eso implicaría que muchas mujeres, sobre todo las más marginalizadas, las más vulnerables no tuvieran acceso equitativo a la interrupción. Es una de las cosas que pasan en Estados Unidos y por eso se fundan los fondos de aborto en EUA, que tiene un sistema de salud en donde no se puede garantizar y donde la derecha ha metido un montón de influencia para que no se paguen con el dinero del estado los servicios de aborto. Eso hace que aunque está reconocido el derecho al aborto en el país, las mujeres más marginalizadas, las más pobres, las que han sido vulnerabilizadas históricamente, son justamente las que no tienen acceso a esto, entonces, los fondos de aborto allá buscan poder apoyar a estas mujeres pues el costo de los procedimientos es muy alto. Eso es lo que se logra y se consigue atender a una cantidad de mujeres significativa.

Además, institucionaliza el hecho de que haya una capacitación constante del personal sobre el procedimiento y hace que podamos hacer una rendición de cuentas de cómo se está implementando esa política pública, por lo que podemos tener seguimiento de los números de las mujeres que están yendo, las características que tienen etc., de lo cual no se tiene mucha información por parte de los servicios privados porque no hay una regulación al respecto, entonces, también nos permite tener acceso a esos datos, tanto para saber más sobre cómo está funcionando y el impacto del programa como para poder evaluar el programa en sí.

-L: A propósito de las cifras, ¿como a cuántas personas ha atendido el Fondo María?

MEL: En total desde 2009 hasta el año pasado han sido 2,930 mujeres de toda la República, pero principalmente del Estado de México, Puebla, Jalisco, Veracruz y Querétaro.

-L: Los estados más cercanos al D.F.

MEL: Exacto, sí, porque también sucede que cuando las mujeres se encuentran ya más en la periferia del país, las que tienen suficientes recursos para hacerlo o que cuentan con una red que las puede apoyar prefieren muchas veces cruzar la frontera y cruzar a EUA a hacerlo, eso es muchas veces lo que sucede, pero en sí hemos apoyado a mujeres de todo el país.

El tipo de apoyo que ofrecemos es:

Hay mujeres que se ponen directamente en contacto con nosotras a través de la línea telefónica gratuita que tenemos o a través de la pagina web, también canalizadas por organizaciones de los estados o por conocidas, conocidos , o ingresan su solicitud en línea o mandan un correo y en función de eso nos ponemos en contacto con ellas, vemos sus necesidades específicas. El apoyo puede ser desde información , acompañamiento, pago total o parcial del procedimiento cuando es en servicios privados, la logística, el transporte hacia el D.F. y dentro del D.F. también, y el hospedaje, la alimentación o pueden ser todos juntos. También hemos incorporado recientemente el apoyo psicológico posterior para aquellas mujeres que lo soliciten porque nos dimos cuenta de que es algo muy importante también y que muchas veces así lo solicitan. Necesitan un apoyo para procesar la experiencia, para asimilarla de otra manera, ese es un tipo de apoyo que brinda el Fondo María, y otro tipo de apoyo es con insumos médicos, también con alimentación y hospedaje pero en este caso las mujeres no se ponen directamente en contacto con nosotras sino que llegan a los servicios de la Secretaría de Salud con los que trabajamos de manera conjunta y es a través de estas clínicas especializadas que reciben nuestro apoyo.

-L: ¿Con qué otras organizaciones públicas o privadas colaboran?

MEL: El Fondo María trabaja de manera muy cercana con la ANDAR que es la Alianza Nacional por el Derecho a Decidir, conformada por un grupo de organizaciones de la sociedad civil que trabajan a favor por el derecho a decidir, como IPAS, Católicas por el Derecho a Decidir, Equidad de Género, Population Council, GIRE, y también trabajan con organizaciones de los estados que son aliadas y que nos canalizan y a las que también canalizamos. Esto siempre es para cubrir un mayor espectro de acuerdo a las necesidades de las mujeres, por ejemplo, si las mujeres tienen algún tipo de necesidad de asesoría legal podemos canalizarlas con organizaciones que están especializadas en ese tema, si identificamos que la mujer se encuentra en un contexto de mucha vulnerabilidad, que es víctima de violencia y demás podemos canalizar a organizaciones que trabajan y se centran en esa temática y así mismo recibir canalizaciones de ellas.

Y en relación con las clínicas trabajamos de manera colaborativa con todas las qe se especializan en ILE de la Secretaría de Salud y tenemos convenios colaborativos con servicios privados. Muchas veces las chicas no pueden acudir a las consultas en servicios públicos por los horarios, por que sólo atienden de lunes a viernes y muchas de ellas trabajan y no pueden faltar al trabajo; tienen ciertas responsabilidades de cuidado de la familia y demás, entonces de acuerdo de las necesidades de las chica también tenemos convenio con servicios privados.

-L: ¿Qué cambios sociales han observado desde que se ganó este derecho en la Ciudad de México hace 7 años ?

OLU: Desde 2007 a la fecha hemos podido observar un cambio fuerte en cómo se habla del tema en la sociedad, en los salones de clase, como que es una cosa de la que se puede hablar más pensando en otras cosas que no sean en el pecado y charcos de sangre, que es lo que el imaginario nos llevaba a pensar antes de que hubiera acceso al aborto legal y tan abierto como ahorita en la Ciudad de México, siempre nuestros referentes eran los videos de Pro-Vida y los Casos de la vida real de Silvia Pinal. Nos hemos dado cuenta de que cada vez más personas conocen a alguien que ha abortado porque las mujeres también hablan más del tema e incluso las personas más conservadoras van poco a poco abriéndose al tema y dicen “ bueno es que a veces es necesario”, “bueno es que a veces es muy difícil”. Incluso las personas a quienes les costaría más trabajo por la educación que han recibido están empezando a abrirse un poco más y es un tema que puede hablarse más abiertamente, al menos en la Ciudad de México, seguimos estando desde esta trinchera trabajando, pero nos hemos encontrado con activistas de otros lugares que están buscando que eso se logre también en los distintos estados y hemos logrado estar en espacios fuera de la Ciudad de México en donde también se puede hablar abiertamente, y creo que eso es una ganancia para todo el país, es una experiencia de mexicanas con mexicanas y es algo que cada vez vemos más factible. Antes, nuestro único referente era Cuba, con un régimen completamente diferente al nuestro o Estados Unidos, con un nivel de desarrollo completamente distinto al nuestro, entonces como que no lo veíamos factible en un país como el nuestro, y creo que la Ciudad de México ha demostrado que puede ser una política exitosa y que las mexicanas lo están ocupando, que no es una necesidad de otras mujeres, sino de nosotras.

-L: Y ¿que queda por hacer?

OLU: Pues nos queda el resto del país…

MEL: También seguir trabajando para desestigmatizar el tema, si bien se ha avanzado mucho, todavía hay sectores muy conservadores que difunden información que no está basada en evidencia y terminan confundiendo y cargando de estigma y de información errónea en relación al tema.

OLU: Y eso es parte de lograr que que haya cambios legales en el resto del país, poder hablar abiertamente, saber cuáles son las ventajas de poder tener acceso a aborto seguro y legal, lo que implica que el estado apoye a las mujeres durante este proceso, ver los beneficios que implica y saber que es la responsabilidad del estado que las mujeres cuenten con la mejor salud posible, y eso implica que tengan acceso a una interrupción segura, y hace falta mucha información tanto de la ley como sobre cuáles son los procedimientos de abortos seguros, cuáles son los procedimientos inseguros. También hay que saber que hay abortos clandestinos que están ocurriendo en el resto del país, que siguen ocurriendo muchísimos y que las mujeres tengan las herramientas para discernir cuándo están poniendo en riesgo su vida y cuándo no, porque hay abortos clandestinos que son seguros y otros que son inseguros, entonces hace mucha falta esa parte de la información y de la educación al respecto.

MEL: También hace falta el poder concebir que una parte de las opciones reproductivas es abortar, entonces, en el momento en que estás embarazada sólo es ua posibilidad tener al hijo, también puedes abortarlo o darlo en adopción.

-Liz: Si alguien quiere apoyarlas, ¿qué puede hacer?

MEL: Si alguien quiere pertenecer a la red María y apoyar tanto con donaciones económicas como con trabajo voluntario no tiene más que ponerse en contacto vía correo electrónico a redmaria@redbalance.org o comunicarse al teléfono 55325353. También pueden ingresar a nuestra página web www.redbalance.org, hay una pestaña que es de aborto, que es la de María y hay una plataforma para donar en línea por medio de tarjeta de crédito.

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* Oriana López Uribe es Licenciada en Comunicación Social por la Universidad Autónoma Metropolitana. Desde los 15 años comenzó su activismo por los derechos sexuales y reproductivos como voluntaria en Mexfam, participando dentro del Comité Juvenil para desarrollar estrategias que generen servicios de salud sexual y reproductiva amigables para jóvenes y adolescentes. Durante el 2005 tomó el proceso de formación de jóvenes activistas en el tema de aborto convocado por Decidir, Coalición de Jóvenes por la Ciudadanía Sexual, Balance e IPAS. Desde 2007 ha sido colaboradora en varios proyectos de ciudadanización de los derechos sexuales y reproductivos de las y los jóvenes aportando contenidos y asistencia técnica para crear estrategias que integran el teatro cabaret y la lucha libre, generando espectáculos informativos que permiten una interacción y comunicación con el público de manera lúdica.

Desde el 2008 participó en la exposición artística Bodies 4 Diversity con la intención de generar reflexión durante la XVII Conferencia sobre SIDA realizada en México. Participó como artista invitada durante el XI Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe, realizado en la Ciudad de México en el 2009. Actualmente coordina el Fondo de Aborto para la Justicia Social MARIA para incrementar el acceso al aborto seguro en el país. En 2011 Oriana recibió la medalla Omecíhuatl como reconocimiento a la contribución que a través del Fondo MARIA ha realizado para la construcción de una sociedad más justa y democrática.

* María Eugenia Likar es Licenciada en Psicología graduada de la Universidad Nacional de Córdoba, en Argentina. Se ha desempeñado como acompañante terapéutica en el Hospital Neuropsiquiátrico de la Provincia de Córdoba y como terapeuta psicoanalítica del área clínica en la Ciudad de México.

Actualmente cursa una maestría en psicoterapia psicoanalítica en la Asociación Psicoanalítica Mexicana y brinda apoyo psicológico a las mujeres en situación de post- aborto que se ponen en contacto con el Fondo MARÍA.

Además, es responsable de la coordinación y fortalecimiento de la Red MARÍA, una red conformada por organizaciones y personas que apoyan el Derecho a Decidir a través de difusión, voluntariado, donaciones en especie y económicas. Esta tarea comprende la coordinación y producción de eventos de procuración de recursos para el Fondo MARIA y la difusión de actividades y mensajes organizacionales a través de los medios de comunicación.

 

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Flores para mamá

Por Alejandra Buenrostro

Hoy es su cumpleaños, voy camino a casa y, durante el trayecto, los recuerdos abruman mi mente. Ella es esbelta, garbosa, de rostro pequeño, pero enérgico. Frente amplia que su cabello blanco y rizado interrumpe, tiene ojos chiquitos como capulines que contrastan con su piel blanca; nariz recta, larga, y una boca amplia de labios vaporosos que emanan un raudal de palabras, es algo que la caracteriza.

    Recuerdo a mi madre limpiando la casa todo el tiempo; acostumbraba lavar la estufa de petróleo a jicarazos y pulir los pisos de madera a rodilla. Cuando, mis hermanos y yo, despertábamos todo lucía impecable y hasta la comida preparada. Por las tardes, después de darnos de comer, salía al patio con las vecinas para ponerse al día con los chismes de la vecindad.

    En los cumpleaños de mamá el festejo era el mismo: flores en la mesa con regalos que le hacíamos. Siempre ponía la misma cara de sorpresa y agradecía el detalle. Las flores le fascinaban, consideraba que eran la mejor forma de expresión de amor por su infinita belleza. Los domingos compraba muchos dulces: de anís, mantequilla y cereza como premio a quien ganara en la matatena o lotería; aunque invariablemente terminaba comiéndolos porque siempre hacía trampa.

    Era extremadamente limpia por lo que cualquier cosa fuera de su lugar, o algo muy sucio, le ponía de muy mal humor. Yo me metía en serios problemas con ella cuando me hacía pipí en la cama. Esas mañanas eran de insultos, golpes y me obligaba a lavar mis cobijas. Pero hubo un día que, cansada de que me orinara, se limitó subir las sábanas y cobijas a la azotea las colgó en el tendedero con un letrero: Delfino se orinó, con letras grandes para que a nadie se le dificultara la lectura. Aún así dejé de orinarme hasta los 15 años.

    Cuando las circunstancias la hicieron trabajar fuera de casa, siempre volvía histérica y se desahogaba con nosotros a golpes y gritos. Estaba sola y lo resentía, supongo, estaba asustaba y cansada. Lo creí porque al poco tiempo se fue. Se enamoró de un hombre y un día se marchó sin decir más.

    Mi madre, a pesar de la distancia, se acercó y trató de apoyarnos en lo que podía. Nos platicaba que trabajaba en unos laboratorios. Poco tiempo después me enteré que salió de ahí y comenzó a trabajar en un cabaret. Le iba bien y el apoyo económico que nos brindaba era importante, pero necesitábamos algo más que dinero. Su ausencia fue definitiva, pasaron 10 años para que volviera, pero ya no existía la posibilidad de reconciliar las vidas perdidas de todos nosotros. Los años que pudimos haber compartido con ella a pesar de sus regaños.

    Ahora llego a casa y ahí está, es mamá. Le traigo las flores que en antaño le regalábamos. La diferencia es que ahora las considera un regalo infructuoso, dice que es algo que pronto desaparecerá, que de hecho ya está muerto. Yo creo que es justo lo que quiero decirle, que es el amor claro y colorido que un día le tuve, pero que el tiempo y la distancia se encargó de matar.

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Manifestación en Madrid. Imagen tomada de http://www.corrienteroja.net/

Aborto libre SÍ, aborto selectivo NO

Manifestación en Madrid. Imagen tomada de Corriente Roja, http://www.corrienteroja.net/.
 
Hace algunos meses el ministro de Justicia de España, Alberto Ruiz-Gallardón, apoyado por el Partido Popular, promovió una iniciativa para modificar la Ley de Aborto.
Dicha Ley propone que el aborto sea regido no por plazos de posibilidad de aborto como estipula la Ley de Salud Sexual y Reproductiva de 2010, que permite el aborto libre durante las primeras 14 semanas de gestación y hasta 22 si hay malformaciones o la salud de la madre corre riesgos, y que además permite a las jóvenes de 16 y 17 años realizar la interrupción sin permiso paterno-, sino por supuestos, algunos de los cuales-supestamente- abogan por el derecho del no nacido.
A continuación, un artículo publicado en septiembre 2013 por Antonio Centeno en la página del Rights International Spain, y que nos recuerda que  el ministro Gallardón espera que el próximo julio inicie el  trámite de esta ley en el Congreso Español.

Por Antonio Centeno

Enésimo anuncio del ministro Gallardón de que cambiará sustancialmente la legislación sobre el aborto, para “proteger a las personas con discapacidad”, dice. No somos pocas las personas (incuso algunas con tetraplejia, como un servidor) las que pensamos que el ministro actúa de manera hipócrita. No le interesa “proteger a las personas con discapacidad”, sino reformar la Ley al dictado de sus convicciones religiosas y/o de sus intereses electorales. Baste recordar el también reciente anuncio de mantener la legalidad de la esterilización forzosa de personas con diversidad funcional que establece el artículo 156.2 del Código Penal (aunque días más tarde se mostraba dispuesto a rectificar), el insufrible borrador de anteproyecto de Ley General de Discapacidad, el brutal recorte de derechos y prestaciones llevado a cabo por su Gobierno en la Ley de “Dependencia”, o la disminución de fondos para inserción laboral y un interminable etcétera. Una muestra más del inclemente retrato que esbozó Millás en El País allá por 2007.

    Sin embargo, haríamos bien en no confundir la defensa del aborto libre con la defensa del aborto selectivo según las características corporales del feto. La postura más extendida en “ámbitos progresistas” viene a ser algo así como “no, si yo estoy de acuerdo con el aborto libre, pero mientras no lo conseguimos me parece bien que haya un plazo diferente para malformaciones del feto”. Este posicionamiento es, a parte de peligrosamente poco ético, ilegal. Veamos por qué.

    Determinar plazos diferentes según alguna característica humana (sexo, etnia, diversidad funcional…) con el argumento de evitar sufrimiento a la futura persona o cargas al entorno familiar atenta contra la dignidad de las personas que ya viven esas realidades (como un servidor aquí o una mujer en la India). Nótese que el objeto de discriminación no es el feto, que no es un ser humano, si no las personas que tienen las características que pretenden justificar el aborto. En el mismo sentido, obsérvese que el sujeto discriminador no es la mujer que aborta, si no el texto legal que establece una minusvaloración de las vidas de las personas que poseen las características en cuestión.

    En particular, no puede haber un plazo diferente por “malformación del feto”. La Convención sobre los derechos de las personas con discapacidad forma parte del cuerpo jurídico español, y el Comité de la ONU que vela por su cumplimiento ya avisó a España en octubre de 2011 que debía corregir esa diferencia de plazos que se da en la actual ley. Nada dijo el Comité sobre si la corrección debía efectuarse eliminando todos los plazos, o elevando el plazo general a 22 semanas o eliminando el supuesto por “malformación del feto”. Algo hay que hacer, pero no necesariamente lo que anuncia el ministro. Seguir leyendo

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El mito de la fertilidad. Maternidad y aborto en el bajío mexicano

"Semillas" por Susana del Rosario
«Semillas» por Susana del Rosario

Por Amor Teresa

Hace unos días viajé por enésima vez a Celaya, Guanajuato, la ciudad donde nací y crecí hasta “pasadita” la mayoría de edad. Desde que me mudé fuera de allí, la distancia que he tomado con aquel lugar, junto con el montón de experiencias vitales que he tenido, entre ellas ser feminista, me ha permitido faltarle al respeto a mi lugar de nacimiento. Y mejor que sea así, porque no me gustan los regionalismos (menos los nacionalismos) y sobre todo, porque Guanajuato es un estado anclado en una región sexista, misógina y profundamente machista.

Ante la necesidad de escribir un algo para la revista Hysteria (necesidad mía que afortunadamente es acogida por Liz Misterio y compañía), me puse a pensar y pensar y sentir y sentir… y fue montada en un autobús de camino hacia Querétaro donde surgió el texto que a continuación les comparto.

Guanajuato es un estado de la república sumamente conservador cuya “moral social” está vinculada fuertemente con la moral católica. No sólo lo digo yo y mis hermanas que me dan la queja de tal o cual iniciativa de ley que ya propusieron los políticos, cada vez que voy de visita, o las amigas feministas que bien enteradas están de las barbaries que en términos de derechos sexuales y reproductivos vivimos las mujeres en Guanajuato. Lo dice también Verónica Cruz de Las libres, por ejemplo, a quien me encanta traer a colación cuando arranca mi perversa letanía en contra del Estado porque ella ha cuestionado a abogadas panistas para que “de abogada a abogada” le justifiquen jurídicamente las iniciativas de ley que su bancada ha propuesto para criminalizar a las mujeres que abortan. En respuesta ha escuchado que “se trata de llevar al pleno la ideología del partido” (¡ni más ni menos!), ideología religiosa que sabemos que fundamenta al PAN como partido de ultra derecha.

El anterior, un pequeño ejemplo de las joyitas parlamentarias que nos representan en aquel estado.

Por otra parte, Guanajuato es un territorio en el que por sus características geográficas las principales actividades económicas son la agricultura, la ganadería y el comercio, las cuales, a su vez se han visto vejadas por la llegada del TLC a México.

Se dice de Guanajuato que pertenece a la región del Bajío. Esta región se caracteriza por ser tierra llana y fértil, y según Wikipedia “es la región geográfica, histórica, económica y cultural del centronorte de México que comprende los territorios no montañosos de los estados de Querétaro, Guanajuato, Aguascalientes y los Altos de Jalisco”. En otras palabras, es una región vista por sus habitantes como un gran campo de cultivo.

Queridas lectoras, no es que me haya equivocado de convocatoria y envié el texto incorrecto, prometo que iré al meollo del asunto, vamos, al grano. Nomás era importante comentar estos dos aspectos de la región que acoge a este lindo estado de la república.

En Guanajuato existen las peores leyes en términos de derechos sexuales y reproductivos. Las mujeres de Guanajuato no pueden abortar libremente so pena de ser castigadas, según claro, su estatus socioeconómico porque las más ricas sí que lo hacen o por lo menos tienen acceso a esta acción y las más pobres, si lo hacen es a costa de su salud, su vida o su libertad. Las mujeres son fuertemente vigiladas y castigadas en estos aspectos.

De Celaya, se dice que es “la puerta de oro del bajío” y la imagen que acompaña a esta publicidad es un cuerno de la abundancia. Por eso cuando Belén Romero, una amiga feminista, nos habló en un taller sobre la crítica ecofeminista que analiza la vinculación entre la desvalorización de la naturaleza y la desvalorización de las mujeres y que opera desde un paradigma epistemológico que separa naturaleza y cultura, algo hizo click en mi cabeza.

A la luz de reflexiones ecofeministas que nos permiten analizar que tradicionalmente el cuerpo de las mujeres ha sido visto como materia prima al servicio de todxs menos de ellas mismas, yo me pregunto: ¿existe alguna relación entre la asunción de vivir en una tierra fértil y la concepción de fertilidad de las mujeres en Guanajuato? ¿El mandato social de ser madre en Guanajuato está vinculado con la “fertilidad” de aquellas tierras? ¿Los cuerpos de las mujeres son valorados como mercancía, como materia prima al igual que lo es la tierra “fértil”? y de ser así, ¿quiénes tienen el poder de trabajar esa tierra? ¿Es la fertilidad de la tierra de aquella región una analogía esencialista comparativa con el cuerpo de las mujeres y por lo tanto aún más perversa?

La célebre frase revolucionara zapatista versa: “la tierra es de quien la trabaja”, ¿será entonces que los campesinos, empresarios, esposos católicos y novios furtivos de las guanajuatenses se creen que el cuerpo de sus esposas, sometidas, enamoradas, feligresas, etc. les pertenece y es a ellos a quienes les corresponde “trabajar” esa tierra?

Vale la pena pensar y repensar el asunto, porque me pregunto, si un cuerno de la abundancia es la “señal” de que se está entrando en territorio fértil, y si por otra parte, está bien documentado que los propietarios de las tierras son los señores, los empresarios-terratenientes, las trasnacionales desde hace más de 20 años ancladas en esta región y ya de manera más humilde, los campesinos que apenas tienen una o media hectárea, cabe preguntarnos, si efectivamente en su imaginario opera la fantasía de que el cuerpo de las mujeres tiene-que-proveer-hijos a la región, en un ejercicio imitativo de la tierra que les provee de todo.

Siguiendo con la especulación de esta hipótesis, los señores pensarían: si se vive en tierra dadora de vida, sería inconcebible que las mujeres fueran “estériles” y peor aún, sería un pecado el hecho de que las mujeres decidieran no tener hijos o recurrir al aborto.

Como feministas sabemos muy bien las terribles implicaciones que tiene ver la maternidad como algo natural e instintivo. Hemos criticado largamente y desecho la idea del instinto maternal y hemos pugnado de una y mil maneras por decidir lo que queremos hacer con nuestro cuerpo y nuestra sexualidad. Pero parece que todo esto no es importante, vamos, ni siquiera es pensable que las mujeres en Guanajuato puedan no desear ser madres.

Para quienes sí es importante es para muchas mujeres jóvenes guanajuatenses. Me llena de alegría escuchar que muchas chavas reniegan del modelo de maternidad impuesta por sus familias conservadoras, por los curas en las misas y por los políticos de ultra derecha. Me emociona y da mucha esperanza conocer las iniciativas de artistas que trabajan en Guanajuato denunciando la discriminación y la violencia y el asesinato de mujeres jóvenes, ya no sólo en este estado, sino en toda la región bajío.

Por eso sospecho de los políticos, de los señores que tienen el poder de legislar sobre el aborto, de los neocaciques, incluso de algunos campesinos humildes ¿porqué? Pues porque tal vez y sólo tal vez, sí opere en su imaginario la idea del cuerpo femenino como materia prima que necesita ser explotada.

Ya desde diferentes posiciones feministas rechazamos la valoración de las mujeres como objeto y en este sentido, lo que propongo aquí es considerar la posibilidad de que probablemente las mujeres en Guanajuato seamos vistas como materia prima con la agravante de que nacimos y vivimos en una región que se jacta de presentarse ante los ojos ajenos como fértil y abundante. Estas son algunas ideas que comparto porque pienso que vale la pena que las pensemos entre todas.

Pero no quiero dejar margen para que estas ideas sean mal interpretadas. Todo lo anterior no es una argumentación en contra de que las mujeres se embaracen, tengan hijos o sean fértiles, en lo absoluto. Mi crítica es otra vez a la discursividad que rodea a la maternidad normativizada en nuestra sociedad que en primer lugar se postula como obligatoria para todas las mujeres y que además es absolutamente estereotipada.

La abnegación, el sufrimiento, el sacrificio son virtudes que se atribuyen a la madre y se espera que todas las que aspiren a parir sean así. Más aún, pareciera que si no cumplen con esos estándares no son dignas de ser valoradas, sus enseñanzas vitales no tienen trascendencia puesto que su jurisprudencia abarca solamente el espacio íntimo del hogar y la familia nuclear tradicional.

Tan poco vale para una sociedad, para un Estado Nación que funciona sobre la base de un sistema económico capitalista, que las mujeres en Guanajuato y en todo el país, quienes con su trabajo sostienen este sistema económico llegadas a los sesenta años y una vez que trabajaron por y para su familia e hijos, posean un mínimo incentivo económico que pudiera equivaler a una pensión económica y mucho menos aspiran a jubilarse, porque incluso muchas de ellas consideran que una vez que son madres no dejarán de serlo hasta que mueran.

Ante este panorama se me ocurre rápidamente considerar que si las mujeres asumen que su cuerpo es su territorio “suyo, de su propiedad” (como diría una amiga de Celaya), pensar en labrarlo, trabajarlo, es decir, hacer con él lo que se les venga en gana incluyendo embarazarse y parir, ¿sería algo parecido a reapropiarse de su tierra?

Si la tierra es de quien la trabaja, habrá que trabajar nuestro cuerpo, apropiarnos de él, hacer con él lo que mejor nos plazca, con aquel placer que tanto temen que experimentemos, porque estoy de acuerdo con Verónica Cruz quien considera que el tema del aborto no surge tanto por la preocupación moral religiosa-católica-panista-conservadora del alma del feto, cuanto por el control de la sexualidad de las mujeres.Por esto, como dice la activista brasileña Sonia Correa, el aborto y la maternidad son temas para pensar desde el punto de vista del ejercicio de la sexualidad y de los derechos sexuales más que reproductivos.

Reapropiarnos de nuestro cuerpo significaría expropiar nuestras prácticas maternas, significaría despojar a los curas, machos y capitalistas de aquella función que nos asignan y convertir nuestro deseo de parir en un acto basado en el placer; la decisión propia y la reivindicación de nuestro derecho de reservarnos el derecho de “procrear”.

Incluso si nos embarcáramos en la decisión de procrear y en el supuesto de que ni el embarazo ni el parto llegara a proporcionarnos placer, podríamos ser capaces de gritarlo y contárselo a todas, sin temer a ser vigiladas, juzgadas y maltratadas por ser humanas y sentir dolor, asco, miedo y hasta recelo tanto por el proceso del embarazo, por el parto mismo y hasta por el hijo o hija que está por venir. E igualmente, no estaríamos avergonzadas de sentir una gratificación infinita.

Concluyo con una nota vigentísima respecto al aborto en Guanajuato, pues en la penúltima semana de abril “el congreso local discute una iniciativa para establecer el acceso a la interrupción legal del embarazo bajo el supuesto de violación”, la intención es obstaculizar el acceso a la Interrupción Legal del Embarazo (ILE) aun cuando en este estado de la república sólo cuenta con la causal de aborto imprudencial y aborto por violación.

Así las cosas, sólo me resta decir que las feministas estamos atentas a estos cambios, que aunque aquí, en España o en otros lugares se trate de hacer retroceder los avances legales que hemos conseguido en estos temas, seguiremos resistiendo culturalmente porque esta es nuestra trinchera y desde ésta lucharemos ¡porque la revolución será feminista o no será!

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Las maternidades lésbicas como cuestionamiento a la heteronormatividad

Ilustración Iurhi Peña
Ilustración Iurhi Peña

Texto por Edith Lima Báez 1

La maternidad es una construcción simbólica, pero también una práctica social. Alrededor de esta se configuran sentidos que tienden a establecerse en términos homogéneos, a naturalizarse y a esencializarse. Ejemplo de ello son los significados que se generan respecto a la imagen de la maternidad: se trata de una cualidad propia de las mujeres vinculada a la “capacidad” de parir. Si le damos visibilidad al imaginario de la maternidad, lo que se dibuja muestra a la mujer abnegada casi siempre rodeada de niños o cargando a alguno, con la mirada hacia abajo pero al mismo tiempo con un halo de aceptación de su condición. Se hace referencia a la virgen, a una mujer inmaculada pero con hijos, asexuada y que sólo encuentra el sentido de su vida en el cuidado y educación de los menores a quienes quiere ver crecer y convertirse en adultos. Los significados que se le atribuyen a la maternidad se relacionan con instinto, amor, feminidad, fertilidad, sacrificio, incondicionalidad, así como anteponer el cuidado de los demás por encima del cuidado propio. Se piensa entonces que la maternidad es destino y no un acto de decisión.

  Este ideal materno no es ni cuestionado ni contextualizado, lo que da pie a que la figura de la madre que se ha presentado como “la única y verdadera” en realidad sirva como un mecanismo que oculta desde el discurso dominante la existencia de otras maternidades: “las malas madres, o las no mujeres, las solteras sin o con hijos o las casadas con pocos hijos.” (Mojzuk, 2012) Así la maternidad se presenta en algunos espacios como elemento de legitimación axiomática, es decir, como un significado de relevancia compartido en diferentes colectividades (Jenkis, 1996: 129), y de algún modo naturalizado.

De ahí que sea trascendente recurrir a la visibilización de distintas maternidades, es decir, formas diversas de construir la maternidad. Esto permite concebir que no todas las mujeres asumen de la misma manera el ejercicio materno; si bien las funciones maternas se constituyen a partir de parámetros sociales instituidos y de imaginarios sociales respecto al ser madre y mujer, también existen otros elementos que van moldeando la maternidad, tales como el contexto socio histórico en que se vive, las condiciones económicas, las expectativas personales, las concepciones y situaciones subjetivas. Ello posibilita la modificación de patrones establecidos a través de las prácticas de las personas, dando cabida a nuevos referentes y ejercicios maternos. De tal modo que existen maternidades y no sólo una forma de ejercerla.

  Las maternidades como prácticas sociales tienen su base entre la madre y lxs hijxs. Dicha relación no siempre se basa en una condición biológica, es decir, se puede prescindir del embarazo y el parto y aún así, generar vínculos afectivos. Y aunque generalmente lo maternal se relaciona con el cuidado, debido a que los pensamientos y actitudes que se instauran entre la madre y lxs hijxs parten de la condición de vulnerabilidad, aunque esta no sea percibida conscientemente,2 no siempre el cuidado responde a una cuestión de protección en sí misma, sino a la puesta en práctica de límites, reglas y búsqueda de autonomía en lxs hijxs.

La maternidad como categoría analítica puede ser un referente para la crítica del sistema patriarcal y heteronormativo3 mostrando sus contradicciones y perversidades dando lugar a las más llamativas disidencias como las maternidades lésbicas. Éstas refieren a las diferentes y muy variadas prácticas educativas permanentes de crianza, cuidado, afectiva y cotidiana cuya legitimidad no se funda en un acto jurídico o genético, es decir, el ejercicio materno puede ser asumido por quien gesta, por quien adopta o por quien ejerce maternaje sin que necesariamente haya vínculos de consanguinidad o legalidad formal. De tal modo que me parece pertinente clarificar por qué las maternidades lésbicas cuestionan constantemente a la heteronormatividad y la hacen tambalear junto con las verdades y realidades que ha construido. Sin embargo, en cuanto a los procesos educativos que las lesbianas llevan a cabo con sus hijxs no necesariamente rompen con las prácticas educativas heteronormadas, pero ese es debate para otro espacio.

  Las maternidades lésbicas rompen con el binomio esencialista hombre–mujer, es decir, desarticulan los discursos que se relacionan con la heterosexualidad como única forma de vínculo íntimo y de establecer relaciones erótico afectivas de pareja y de cuidado de lxs hijxs, pero también dentro de las maternidades lésbicas caben las prácticas de mujeres sin pareja con hijxs que asumen abiertamente su orientación sexual lésbica y su ejercicio materno.

  Las maternidades lésbicas desestabilizan dos de los ejes principales de la familia heteronormativa: la reproducción y el parentesco. Desde los referentes más conservadores, la familia debe cumplir con la función de la procreación que sólo es posible entre un hombre y una mujer para dar continuidad a la especie. Algunas lesbianas para ser madres hacen uso de la reproducción heterosexual, pero reconocen que no es el único medio para ejercer la maternidad. Otras lesbianas en pareja o solas “juegan” con la biología y la genética a partir de que hacen uso de distintos métodos de reproducción asistida para tener hijxs.

Esta situación cuestiona a la institución del parentesco, que generalmente se relaciona con los vínculos sanguíneos y con la continuidad de linajes generalmente patrilineales, así como con “la asignación de una mujer y un hombre a un hijo en calidad de padre y de madre” y con la consecuente filiación indivisible dentro de la alianza del matrimonio. Así, al conformar familias y maternidades lésbicas desquebrajan el modo “legítimo” de constitución familiar donde la sexualidad, la procreación y el engendramiento coincidían con el matrimonio de dos individuos para otorgar la filiación. (Cadoret, 2003: 31)

  En este sentido, las maternidades lésbicas establecen nuevas relaciones de parentesco: se constituyen como parejas de hecho con hijxs, es decir, filiación sin alianza matrimonial, o bien, en el caso de las familias de acogida o adoptivas puede o no, existir vínculo de filiación entre madres lesbianas y lxs niñxs debido a que éstos pueden mantener lazos con su familia de origen. En todo caso, las configuraciones lesbofamiliares ponen sobre la mesa la importancia de la parentalidad es decir, el cuidado, la educación y el amor hacia lxs hijxs y sobre todo la filiación como el vínculo con lxs niñxs por encima del parentesco:

Cuando las parejas homosexuales reivindican el reconocimiento de una posición parental para cada uno de los dos miembros de la pareja, no exigen únicamente el reconocimiento de una función de parentalidad (“somos padres tan buenos como los demás”) sino también la proclamación de su posición de parentesco y de su acuerdo de pareja, que ya no pasa por la complementariedad sexual, reflejo de la complementariedad del engendramiento. No niegan la diferencia sexual, no niegan la existencia diferenciada de lo masculino y lo femenino, pero rechazan considerarla como el único fundamento del deseo, de la sexualidad, de la familia… del matrimonio y de la filiación. De este modo nos inducen a retomar la definición de filiación para precisar el papel de ésta en el establecimiento del vínculo social (Cadoret, 2003: 167)

  Aunque el matrimonio es una forma de constituir familias lesboparentales y constituirse como madres, esta alianza se utiliza las más de las veces como una estrategia civil. Con el matrimonio, las parejas tienen mayores posibilidades de acceso a la protección y seguridad social por parte de su compañera, a heredar y ser sujetos de herencia. De ahí que la idea ficticia impuesta por la heteronormatividad del “amor romántico” como base del matrimonio se diluye en el caso de las familias lesboparentales, no porque no exista este sentimiento, sino porque no navegan en el absurdo de la ilusión amorosa sino en la del derecho y la legitimación de sus relaciones en el contexto social a partir del matrimonio.

En un intento de síntesis las experiencias de lesbianas que son madres cuestionan al sistema heteronormativo y patriarcal en cinco aspectos que a su vez se convierten en evidencia de sus límites:

  1. Rompen con el binomio heterosexual de hombre- mujer, desarticulan los discursos que se relacionan con la heterosexualidad como única forma de vínculo íntimo y de establecer relaciones erótico afectivas de pareja.
  2. resquebrajan la idea de procreación como único medio para tener hijxs,
  3. establecen mecanismos diversos para ser madres, juegan con la biología y la genética,
  4. rompen con la alianza pero no con la filiación y cuestionan el parentesco sin negarlo y se centran sobre todo, en los procesos de parentalidad,
  5. utilizan estratégicamente el matrimonio para consolidar una familia sin que ello sea inalienable.

  Aunque las maternidades lésbicas desestabilizan al sistema heteronormativo por el simple hecho de existir, es importante reconocer que no se configuran desde la espontaneidad y desde referentes completamente nuevos; con ello me refiero a que las lesbianas que ejercen maternidad utilizan estratégicamente elementos propios de la heteronormatividad para constituirse como madres singulares. Pero al mismo tiempo transforman a partir de sus actos, lo que se considera parte de esa construcción social. Las normas al ser anteriores a los sujetos obligan a estos a su repetición, pero existe la posibilidad de negociarlas en tanto las normas no siempre son eficaces “la resignificación de las normas es pues, una función de su propia ineficacia y, por ello, la cuestión de la subversión, aprovechar la debilidad de la norma, se convierte en una ocasión para apropiarse de las prácticas de su rearticulación” (Butler, 2002: 72)

  De tal modo que las maternidades lésbicas son performativas4 en tanto los sujetos se apropian de aquellos elementos discursivos que les permiten constituirse como tales a través de la reiteración o citabilidad de los patrones propios y socialmente establecidos de esta institución. Pero las maternidades lésbicas también se constituyen a partir de actos que desestabilizan las categorías normativas tradicionales de familia, maternidad, prácticas educativas familiares, corporalidad y así, materializan formas distintas a las existentes, de ejercicio materno. Así, algunas lesbianas utilizan los intersticios, los huecos, las hendiduras del sistema heteronormativo para producir una materialización distinta de lo que se concibe como maternidad, así instauran lo impensable, lo incalculable, lo inédito.

Y las lesbianas no asumen la maternidad como es lo que “me toca como mujer” por lo que la decisión de ser madres se convierte en un asunto de elección o como diría Marta Lamas «La maternidad voluntaria es una decisión ética de un sujeto responsable de sí mismo. Para defender la autonomía de las mujeres hay que dejar de considerar la maternidad como destino y comenzar a verla como un trabajo de amor que, para ejercerse a plenitud, implica algo previo: EL DESEO».

Fuentes de consulta

Butler, Judith (2002) “Críticamente subversiva” En: Mérida Jiménez, R. M, (ed) (2002) Sexualidades transgresoras. Una antología de estudios queer. Barcelona: Icaria.

Butler, Judith (2011) “Cuerpos que importan. Sobre los límites materiales y discursivos del “sexo” En: Taylor & Fuentes (eds.) (2012) Estudios avanzados de performance. México: Fondo de Cultura Económica.

Cadoret, Anne (2003) Padres como los demás. Homosexualidad y parentesco. Barcelona: Gedisa.

Gimeno, Beatriz (2007) Historia y análisis político del lesbianismo. La liberación de una generación. Barcelona: Gedisa.

Jenkins, Richard (1996) Social Identity New York: Routledge.

Mojzuk, Marta (2012) Entre el maternalismo y la construcción socio-política de la maternidad en: http://www.emede.net/textos/martamojzuk/maternalismo-maternidad_dea.pdf Consultado el 16 de abril de 2014.

Warner, Michael y Laura Berlant (2002) “Sexo en Público” en: Mérida Jiménez, R. M, (ed) (2002) Sexualidades transgresoras. Una antología de estudios queer. Barcelona: Icaria.

 

1 Doctorante en Pedagogía F.F. y L, UNAM. Actualmente trabaja en la tesis de doctorado titulada “los procesos educativos en familias de la diversidad sexual” enfatizando las prácticas educativas de familias homoparentales. correo electrónico: limabaezedith@hotmail.com

2 Retomo de María de Jesús Izquierdo la idea de que la ética del cuidado está vinculada a la conciencia de la vulnerabilidad. (Véase Izquierdo, 2004) Aunque Izquierdo no trabaja propiamente la maternidad, me parece que nutre el debate al respecto. Considero que muchas de las prácticas de maternidad que se llevan a cabo no parten de la conciencia de vulnerabilidad en los procesos de cuidado.

3El mundo que habitamos está permeado por un pensamiento heteronormativo que regula a través de instituciones, discursos y diferentes dispositivos las mentes, los cuerpos y los afectos de los sujetos sociales. La heteronormatividad establece una realidad que se asume sin cuestionar y que de algún modo se convierte en “naturaleza humana” o “hechos de la vida”. Michel Warner y Lauren Berlant (2002), establecen que la heteronormatividad refiere a: “…aquellas instituciones, estructuras de comprensión y orientaciones prácticas que hacen no sólo que la heterosexualidad parezca coherente –es decir, organizada como sexualidad– sino también que sea privilegiada. Su coherencia es siempre provisional y su privilegio puede adoptar varias formas (que a veces son contradictorias): pasa desapercibida como lenguaje básico sobre aspectos sociales y personales; se la percibe como un estado natural; también se proyecta como un logro ideal o moral. No consiste tanto en normas que podrían resumirse en un corpus doctrinal como en una sensación de corrección –tácita e invisible– que se crea con manifestaciones contradictorias –a menudo inconscientes–, pero inmanentes en las prácticas y en las instituciones”. Así, la heteronormatividad deviene en una política opresiva que no percatamos; establece concepciones y prácticas que se asumen como universales y como “normales”. En el caso de las familias la heteronormatividad establece como política de verdad a la familia nuclear biparental, basada en el matrimonio heterosexual y con fines de procreación.

4 La performatividad es un concepto que Judith Butler retoma de la filosofía del lenguaje de Austin y de las críticas que J. Derridá le hace. De tal modo que para Butler la performatividad la concibe como “la práctica reiterativa y referencial mediante la cual el discurso produce los efectos que nombra” o dicho de otro modo “la reiteración de una norma o un conjunto de normas y, en la medida en que adquiera la condición de acto en el presente, oculta o disimula las convenciones de lo que es una repetición” (2011: 72)

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Hay maneras de sentir los procesos del cuerpo

"Paciencia" por Susana del Rosario
«Paciencia» por Susana del Rosario

Por María del Carmen González Hernández

Siempre fui muy cachonda, pero el coctel hormonal del embarazo me hizo insaciable, no podía dejar de experimentar, la panza era un accesorio corporal más de mí placer. Así que tenía que disfrutarme. Cuando te embarazas de lo que no careces es de creatividad, de esa que mana del coño que deja de sangrar durante treintaytantas semanas y que va explotar.

Hay maneras de sentir los procesos del cuerpo. Pase de todo, casualmente cada vez que cuestionaban mi decisión de ser madre, vomitaba, para mí eso adquiría significados que me ayudaron a sobrellevar tanta bazofia. Desde las que me preguntaban si ya sentía como le latía el corazón a un cigoto, hasta cómo es posible que mi vientre sirva al patriarcado, pariendo hijos, me resulta incomprensible que las personas que supuestamente defendían el derecho de hacer lo que queramos con nuestro cuerpo, no incluyan en su mundo tan pequeño y cerrado que a una también le gustaría ser madre, en realidad sigo sin saber que discurso más ridículo.

Y es que el problema de la maternidad, radica en lo que pasa a partir del cuerpo, todas las construcciones que hay alrededor de una, porque no es lo mismo ser embarazada de la Ibero, que ser embarazada del Conalep, he ahí las burlas con corte no solo clasista o sexista, también racial. No conforme con eso, el sistema de salud, te recuerda que ser pobre y estar embarazada no va de la mano, filas y malos tratos por parte del servicio médico, carteles y comerciales que te recuerdan que existes como mujer solo si eres madre, pero que tu maternidad lleva el apellido de múltiples marcas (Gerber, Nestle, Huggies, entre otras) Así es como el mercado te recuerda que tu bebé si no cumple con ciertas características, no puede habitar este mundo y si no lo puedes mantener, mejor aborta. He aquí que la mayoría de las causales de aborto es por situación económica y es que no puedes tener los hijos que se te pegue el coño si no tienes con que mantenerlos.

Además de que el estado ha perpetuado a través de programas y políticas públicas que el cuerpo es útero, de ahí, los beneficios y condescendencias si eres madre trabajadora, los programas de desayunos y guarderías. A esto, hay que sumar los programas de televisión y las películas con historias sobre maternidades sumisas, subordinadas, no importa que te pasé a ti, siempre hay que salvar al producto, no importa si tú mueres en el parto o por una negligencia médica, salvaron a tu hijo y eso es lo que tu querías seguramente, porque no debes olvidar que eres madre, que no tienes descanso, que eres abnegada y sacrificada.

Es difícil decidir ser madre bajo este contexto, pero a mí parecer, el problema radica en que no hemos visto que la maternidad también empodera, que el ejercicio de una maternidad por decisión, subvierte, porque hemos creído que sobre nuestro cuerpo, nuestra vida, no opinamos, no hablamos, pero gritamos a la hora del parto, si todo lo personal es político, la maternidad es dinamita.

Nos han educado bajo el mandato de deben detestar el hecho de ser madre, porque es horrible cambiar pañales, porque todos los bebés son odiosos, apestosos y lloran, porque te vuelves fea, gorda y siempre hay que ser bonita y joven. Así las chicas exponen razones como estas con la finalidad de rechazar la maternidad, porque no es digno envejecer en esta sociedad, dedicarse a sí misma y a otro, y si el otro salió de tus entrañas, peor, que asquito. Sin embargo respeto a todas las que han decidido no ser madres, pero conscientes de esta decisión y de la carga política que esto implica también, y no lo hacen por las banalidades que dicta la modernidad, aunque difiero con ese discurso de que los vientres sirven al patriarcado en el momento en que decides ser madre, es seguir delegándole a un sistema de opresión lo que pasa por mi cuerpo y eso es a estas alturas ya, insostenible. Así el feminismo ahora habla de la maternidad como de la pornografía y el trabajo sexual: es necesario abolirlo. Y no, no estoy de acuerdo con rechazar lo que las demás hacen y tratar con desprecio a las que son madres.

Si bien este sistema no da muchas opciones para decidir si ser madre o no. La solución no está en obligar a las mujeres a ser madres, como tampoco está en excluirlas porque lo son. Hay que crear entonces las condiciones para las que decidan ser madres, lo ejerzamos con plenitud, fuera de violencias obstetras, sociales y estatales. Empoderarnos de nuestros cuerpos y de este proceso también. Hacernos conscientes de lo que pasa por nuestro cuerpo en momentos como este. Exigir no ser tratados como idiotas, aprovechar los desbordes hormonales para defendernos o experimentar placer. Por que como todo cambio corporal es personal y político. Hay que trabajar la maternidad desde la subversión y retomar lo que es nuestro, porque no es casualidad que un bebé solo necesite leche materna durante 6 meses para estar bien, alimentado, sintiendo el calor del cuerpo de su madre. Aquí, aquí toda construcción se cae y se retorna irremediablemente a lo salvaje.

[divider]

ma.carmenMi nombre es María del Carmen González,  tengo 25 años y soy mamá de Batman, experiencia que me gustaría repetir, pero ahora quiero a La Mujer Maravilla. Tengo dos hijas caninas, me gusta la pornografía y las drogas. Me gusta ese feminismo que es incómodo para las institucionales, me han cerrado espacios. Me gusta David Bowie, New Order. Me gusta leer y no me gusta el lugar donde trabajo. 

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Historia verdadera de la inmaculada concepción de Diego y Santiago

Por Criseida Santos Guevara (Las Dos Mamis)

A la fecha, muchas personas me preguntan cómo se embarazó Ana. Y yo me quedo pensando y mirando fijamente una caja de Merapur que todavía conservo en mi escritorio y recuerdo.

Es la historia de un amor como no hay otro igual

Ana y yo nos conocimos a los dieciseis años míos y quince de ella. Yo iba en tercero de prepa y ella entró a primero. En realidad sólo nos llevamos seis meses. Yo nací en mayo y ella en octubre. Nuestra historia y amistad fue creciendo y madurando a través de experiencias y viajes que compartimos durante todos los años posteriores en la carrera. La conocí en las etapas más diversas. Cuando tenía frenos y usaba unos lentes enormes, cuando empezó a trabajar, cuando entró a Arquitectura y conoció a su primer novio en serio (había tenido otros, pero no tan en serio) y cuando a los 20 años decidió cambiarse a Artes, en una escuela diferente a la mía. La conocí cuando se moría por ir a vivir a New York, cuando pensaba no tener hijos y cuando volvió a quererlos en su vida.Por eso, el año en que empezamos a andar me dijo muy seria: “Nada más que tienes que tomar en cuenta que quiero tener hijos”. Me quedé con la boca abierta. Yo tenía 25 años y todavía no decidía un asunto como ese en mi vida. Yo vivía en Las Cruces, New Mexico y ni siquiera tenía claro si volvería a Monterrey. Ella, que ya vivía en la Ciudad de México, me dijo que no lo pensara tanto y me arriesgara, que me fuera a vivir con ella. Yo estaba empanicada. La serie de historias suburbanas y apócrifas del DF me tenían muy impresionada y tenía mis dudas en venir a vivir a un monstruo de ciudad. El caso es que el 16 de diciembre de 2003 tomé la decisión más importante de mi vida. Tomé un avión y me fui a vivir para siempre con Ana. Al principio no fue fácil. No encontré trabajo con la rapidez que me hubiera gustado, pero poco a poco me fui adaptando a ese cambio tan radical. Yo estaba tan enamorada de Ana que el 2 de enero de 2004 nos fuimos a “casar” a las Pirámides de Teotihuacan. Me dio un mes exacto para acoplarme a mi vida de mujer casada y retomó la plática que teníamos pendiente desde el año pasado. Me dijo que ella iba a tener hijos, que era una intención muy seria en su vida. Que le gustaría tenerlos y criarlos conmigo, pero que si no, ella iba a buscar la manera de embarazarse. Yo le dije que estaba bien, que nos dieramos un año. Si la relación funcionaba, entonces nos aventábamos el paquete. En el fondo de mi corazoncito siempre quise tener hijos, sólo que tenía un miedo profundo de repetir esquemas y patrones. Tenía miedo a ser como mi madre había sido conmigo y no quería arruinarle la vida a un ser inocente. El año pasó y en enero de 2005 le comentamos a nuestra terapeuta nuestras intenciones. Ella nos recomendó a un doctor y en febrero fuimos a preguntar cómo funcionaba el proceso.

Necesito dinero, pero mucho dinero
Nos sentamos un nueve de febrero de 2005 en el consultorio del doctor Barros y dijimos sin rodeos: “Queremos tener hijos”. El doctor nos miró y preguntó cuál era el procedimiento que queríamos seguir. Le explicamos que nuestra terapeuta nos había platicado de uno en el cual los óvulos míos podían fertilizarse junto a los de Ana, ver cuáles eran viables e implantarlos en el útero de ella. Nos dijo que sí era posible. Nos dio una lista de exámenes médicos y un presupuesto aproximado. Nos recomendó optimizar recursos, es decir, que sólo una se hiciera el tratamiento de ovulación y a la otra se le implantara, pero nosotras decidimos la democracia de la naturaleza. Quisimos entrarle las dos y dejamos en claro que Ana sería la portadora. A mí siempre me ha dado igual llevar un bebé o no en la panza, así que si Ana quería experimentar los achaques del embarazo, por mí estaba bien. Salimos del consultorio y nos fuimos a casa. Hicimos cuentas, abrimos una cuenta bancaria mancomunada con el único objetivo de ponerle dinero cada mes, lo más posible, hasta reunir la cantidad tentativa que nos había dicho el doctor.

Ay dolor, ya me volviste a dar
En diciembre de 2005 ya habíamos reunido la cantidad que el doctor nos había dicho. Fuimos a consultarlo y nos dijo que lo primero que debíamos hacer era empatar nuestros ciclos menstruales. Esto nos tomó un mes, así que en enero que ya por fin estabamos sincronizadas, nos recetó la primera dosis de medicamento. Eran inyecciones subcutáneas que ayudaban a producir folículos que a su vez se convertirían en óvulos. Había que aplicar el medicamento a la misma hora y como yo en ese momento daba clases a las 7:30 am, la hora que quedó fue las 6:00 am, incluyendo sábados y domingos. Este medicamento nos iba a acompañar hasta unos días antes de la punción. Y pensamos que así de fácil iba a ser todo. Un piquetito subcutáneo y ya. Pero al cabo de unos días, cuando vino la última regla para Ana, nos mandaron un examen hormonal y una serie de inyecciones intramusculares de otro medicamento. A partir de este momento íbamos cada dos días a monitorear los folículos. Al día, nos estábamos aplicando dos subcutáneas y una intramuscular. Al cabo de los días, la piel y las pompis se vuelven extremadamente sensibles. Mi tormento terminó el 15 de febrero. Ese día fuimos a la punción. Así es como se le dice al acto de extraer los óvulos. El 15 de febrero era miércoles y yo no tenía clases, así que fue fácil llegar al hospital Ángeles Lomas que está en Huixquilucan. Nos mandaron tan lejos porque allá es donde tienen el equipo. La cita fue a las 7:00 am, pero yo me debrayé tanto que salimos a las 5:00 am de mi casa y llegamos a las 6:00 am. Para colmo de males, como iba a ser una operación en quirófano, teníamos que estar en estricto ayuno, así que ni un café para mitigar el sueño ni el hambre podíamos tomar. Y el pinche frío que hacía que todavía Ana no puede perdonarme. El doctor llegó a las 7:30 am y nos pasó a una salita de espera. Nos dijo que nos aplicaramos una ampolleta y decidiéramos quién iba primero a la punción. Decidimos que yo fuera la primera. Me pusieron gorro, bata y zapatos esterilizados y me treparon en la plancha. Me colocaron el aparato que mide la presión automáticamente, me pusieron suero, oxígeno y casi a las 8:00 am, anestesia general. Lo que sucedió a continuación no lo recuerdo, pero dicen que es algo así: abren las piernas en una camilla tipo ginecólogo, todo está perfectamente esterilizado pero al aire libre; meten una jeringuilla en uno de los ovarios, en el que más folículos víables haya; los extraen; inmediatamente esos óvulos son depositados en un medio estéril, probablemente dentro de una cajita de Petri y ahí esperan a que se les pongan los espermas, mientras tanto, te cierran las piernitas, te ponen en la cama de recuperación y aunque parezca un procedimiento sencillo, duele muchísimo.
Lo siguiente que recuerdo fue un regaño de la enfermera por estarme jalando el oxígeno. Luego vino el doctor para ver cómo estaba y ahí empezó mi pachequez. Lo agarré a besos y empecé a contarle a las enfermeras que me había ido de luna de miel a Hawaii. De rato, trajeron a Ana a la sala de recuperación. Para ese entonces yo me había intentado parar pero un dolor muy fuerte, como un gran gran gran gran gran gran cólico me había dado, así que me habían puesto una analgésico en el suero y me habían dicho que volviera a acostarme. Como todavía estaba borrachina entre la anestesia y el analgésico, lo único que acerté en hacer cuando oí a Ana que lloraba al lado de mi cama fue a acariciar la cortina, según yo la estaba consolando. Como a las 9:30 am, pude abrir los ojos. El doctor vino a hablar conmigo, porque era la más conciente. Me dijo que recordara ponerle dos inyecciones más a Ana, ya que ella sería la portadora y debían prepararle el medio. Ya para ese entonces yo me sentía un poco abochornada por mi comportamiento previo. Me dijeron que me sentara, que estuviera así unos minutos. Si podía sostenerme, entonces era que ya se me estaba pasando la anestesia. Me ayudaron a bajar de la camilla y me dijeron que ya podía ir a vestirme. No fue fácil, nada fue fácil. Estábamos completamente perdidas y con mucha hambre. Tomamos un taxi afuera del hospital y le dijimos que nos llevara al World Trade Center. Cerré los ojos y lo siguiente que escuché fue: “Y aquí a dónde le doy?” Estábamos afuera del World Trade, habíamos hecho una hora de regreso y las dos veníamos perdidísimas en nuestro mundo. Nos bajamos en un Vip’s para desayunar algo, pero sentíamos una molestia generalizada. Sobre todo Ana, sentía mucho dolor en el vientre. Nos fuimos a la casa y nos tumbamos en la cama a dormir hasta las 6:00 pm.

Ay, dolor, ya me volviste a dar II

En el momento de la punción, me sacaron 10 óvulos a mí y 12 a Ana. Los pusieron en una caja de Petri y pusieron la muestra de semen que habíamos comprado días atrás. La muestra era del mismo hombre. Lo escogimos con caracterísitcas similares a nuestros gustos, es decir, lo escogimos con gusto por la música, pelo café y alto. El sábado 18 de febrero volvimos al hospital de Huixquilucan para que hicieran la transferencia. El doctor nos había advertido que los óvulos iban a seguir un camino natural, es decir, iban a aceptar o no aceptar al espermatozoide, iban a desdoblarse en dos, cuatro, ocho y dieciseis células según el curso propio de cada uno. Iba a ocurrir tal cual hubiera ocurrido en nuestro cuerpo, de manera que no podíamos esperar 22 óvulos fecundados, a lo mucho 8. De esos 8, iban a escoger 3 que por la edad de Ana era lo máximo recomendado. Pero resulta que de los 22 óvulos únicamente 4 completaron la división hasta 16 células. El doctor le enseñó a Ana las fotos de cada óvulo. Eran dos míos (“dos hermosas y esplendorosas mórulas”, dijo Ana) y uno de ella (“una vil uva pasa arrugada”, dijo Ana). Le hicieron la transferencia mediante un cateter. Esta vez no hubo anestesia general y sólo Ana entró al quirófano, perfectamente conciente pero con ropa esterilizada y con los zapatos y gorro azules de peyón. Luego, pasó algo similiar a la punción: las piernas abiertas, las manos detenidas a los lados para que no fuera a intervenir. El doctor y un ayudante prendieron una cámara como de ultrasonido para monitorear lo que pasaba dentro de Ana, le pidieron que se relajara porque el cateter debía entrar en el primer intento y con facilidad para garantizar la supervivencia de los embriones que únicamente pueden permanecer con vida a temperatura ambiente aproximadamente treinta segundos. El mes antes ya habían hecho una prueba previa de transferencia para saber si cabía o no el cateter porque tiene que perforar el útero. Entonces Ana se relajó, le introdujeron el cateter despacio mientras ella veía en el monitor cómo entraba y por dónde iba pasando. Cuando llegaron al útero, depositaron los embriones en una de las paredes. Los doctores pusieron cara de “tú viste dónde quedó la bolita”, pero inmediatamente el doctor le dijo a Ana que se relajara y esperara dos horas en esa posición. Nuevamente estuvo en la sala de recuperación y le mandaron reposo ABSOLUTO durante dos semanas. A partir de ese día y durante un mes, tuve que aplicarle dos ampolletas diarias de progesterona para que los embriones se fijaran en el útero. Fueron días de extrema ansiedad, porque no hay manera de saber si pegó o no, sino hasta que pasa el mes y la gonadotropina coriónica humana se hace evidente y se puede efectuar un examen para determinar si hay o no embarazo.

We are the world… we are the children
Apenas el resultado fue positivo, fuimos al primer ultrasonido. Se veía muy evidente que había un embrión y atrás de él se veía una manchita. El doctor nos dijo que era uno. Nos dio cita para el próximo mes y nos mandó a casa llenas de tantas emociones encontradas. Primero de felicidad por estar embarazadas, pero de tristeza porque los otros no habían pegado. La sorpresa fue en el segundo eco, que nos dijo: “Anita, Cris, pues estaba yo equivocado… son dos”. Nos pusimos muy felices. Pero nos advirtió que el mamífero humano no está diseñado para tener dos bebés y que en cualquier momento uno se podía salir o dejar de gestar. No obstante, las especulaciones empezaron. ¿Serían niños o niñas? Ana dijo:“son dos hombres y encima, van a ser libra”. El papá de Ana fue premonitorio: “el medio químico, el PH, seguro favorece la procreación de niños”. Otro amigo dijo: “no te apures, sólo existe un 25% de probabilidad de que sean dos niños”. Pero como a todos los porcentajes mínimos le habíamos estado atinando, pues nos salieron dos hombres. Yo quería uno y uno, era el balance perfecto. Iban a ser Diego y Sofía. El doctor nos había dicho que el de arriba era seguro niño y el de abajo podía ser niña. Pero al cabo de los meses, Sofía resultó Sofío y tuvimos que buscar un nombre de niño. Ni modo de quitarle su nombre a Diego. Ana sugirió Santiago y a mí me gustó mucho. Desde entonces Diego y Santiago. Diego es el de arriba, mide y pesa más. Santiago es el de abajo, mide un centímetro menos y pesa unos gramos menos. Ya los reconocemos por su perfil.

Se acerca la hora cuchi cuchi
Diego y Santiago pueden nacer, a partir del 7 de septiembre, cuando se les dé la regalada gana. Ahora le estoy inyectando a Ana la sustancia que sirve para que los pulmones de los bebés maduren. Ana está por cumplir 30 semanas de embarazo. En caso de que los bebés nazcan en la 32 (semana en la que la mayoría de los gemelos nacen) van a poder adaptarse con mayor facilidad al ambiente gracias a las inyecciones. El doctor nos ha dado tres fechas, la más lejana es el 24 de octubre. La decisión de su nacimiento es completamente de ellos. No van a llegar a término porque pesan mucho, pero pueden llegar a la semana 38.

Estamos muy emocionadas. Ya tenemos la ropita con la que saldrán del hospital. Un montón de cobijas. Una dotación provisional de pañales de tela. La cuna está por llegar. Tienen una cantidad aceptable de ropa. En el momento que deseen pueden nacer, los estamos esperando y ya queremos conocerlos.

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*Publicado originalmente en el blog Las Dos Mamis, Activismo Virtual

Conóce más de Las Dos Mamis en su blog

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Onanismos visuales

 La construcción de una DIVA y otros placeres

Por Magalli Salcon

La imagen, la imaginación y el imaginario son constitutivos del universo subjetivo en que viven los objetos presentes frente al espectador para alimentar sus sueños. El sueño de trastocar el tiempo, el sueño de experimentar lo increíble y de ser presencia mágica, el sueño de la inmortalidad.

  Dentro de canales invisibles comienza el diálogo con lo observado. Eso que se observa es traducido por los anhelos y las creencias, para convertirse en aquello que ahora pertenece al mundo interior de su espectador, y así se erige el espectáculo privado. Esas cosas que lo forman, con vida propia, se convierten en los síntomas del poder que la imagen ha ejercido sobre éste. Pero a la vez, la ficción reforzada por el universo del símbolo retrata una cualidad genética superior: la fantasía. Traducir la imaginación de lo soñado para convertirla en sensación plena que se dirige hacia el corazón de este cómplice.

  El alma de los objetos que vive en las imágenes cinematográficas está integrada en un universo meta fílmico. Morín dice que esta alma es metafórica, e involucra la vivencia contemplativa del espectador que construye para y desde el, un imaginario. La relación del espectador con su visión desde ahora es infinita.

  La Diva es el imaginario ideal de la belleza y la perfección, ha sido diseñada para cubrir aún otra necesidad: el placer como relato. A lo largo de la historia del cine ha existido una serie de micro relatos ligados a la creación de personajes atemporales que poseen una presencia extra fílmica visitada en la figura de la femme fatale.

  Apodada como La muerte Árabe: Theda Bara, protagoniza a “Cleopatra” (1917); como La demasiado Bella: Barbara La Marr, en “Romance Árabe” (1922); Las piernas perfectas: Marlene Dietrich, en El ángel azul (1930); La divina: Greta Garbo, en Mata Hari (1931); Lolita: Dolores del Río, en Flor Silvestre (1943); La Diva de divas: María Félix, en La Diosa arrodillada (1947); Miros-Mango: Miroslava, en Ensayo de un crimen (1955); La ambición rubia: Marylin Monroe, en Los caballeros las prefieren rubias (1953); La señorita profundamente helada: Kim Novak, en Vértigo (1958); La rubia de hielo: Catherine Deneuve, en Bella de Día (1967)…

  Y así una serie de iconicidades y poderosas atmósferas renuevan el placer. ¡Todo está vivo! Cada uno de esos objetos dentro del espacio del imaginario ha sido insuflado por el rayo hipereléctrico del cañón de luz sobre los cuadros de celuloide.

La figura humana es el centro de los deseos y del ataviado capricho del espejo. Revestida también por el zoom y el diálogo, desarmada y vuelta a armar. La figura, el rostro, la voz y esa melodía que son uno: fascinación. Onanismos visuales cuando cada parte ha cobrado vida: las hojas al viento, la copa al romperse en el suelo, la mención del perfume, las lágrimas y los diamantes.

Desde el cinematógrafo elementos como el humo, el viento o el gas (Sadoul) poseen esa alegoría mágica que aún nos atrae, y en combinación con la fantasmagoría humana que se desenvuelve ajena a su contemplación; el arte que radica en el cine es el del placer de la visualidad que puede hasta sentirse.

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Aphrodisia. El uso del placer como una categoría política feminista

Por Julia Antivilo


Pruébame, conozco la manera, podemos hacerlo decía en esta canción esta gran filósofa norteamericana, Donna Summer. El video performance registra cómo funciona Aphrodisia. Podría parecer una cita cabaretera duchampiana, podría ser un ready-made del ready-made pero no. Aphrodisia, es un urinario, especialmente diseñado para que las mujeres podamos orinar de pie, es también un bidé y masturbatorio, es un todo, un instrumento de placer para uso cotidiano. Es el arte feminista al servicio de l@s espectador@s. Además es un instrumento político pues invita a subvertir la cotidianidad, lo privado, lo que es también político. Un espacio tan cotidiano como pudiera ser un urinario y/o bidé se transforma en un campo de empoderamiento de las mujeres a través del espacio de la intimidad, de la higiene y que a su vez, se abre para otras prácticas como la masturbación.

     Es una creación que a través de la subversión performática celebra conocerse a sí misma a partir de actos cotidianos como podrían ser el orinar y o el lavado genital y también de la masturbación transformándolas en un acto de placer cotidiano que permite no sólo el autoconocimiento, sino también el empoderamiento para las mujeres.

     Aphrodisia literalmente son los actos de Afrodita o Venus la misma quien todas conocemos como la diosa de la belleza y del amor. En rigor fueron actos, gestos, contactos que buscan placer sin llegar a una definición completamente acabada de estos actos. En la problematización de una moral equilibrada, en la Grecia Antigua, fueron las aphrodisia las que dieron a los placeres una preocupación sobre sus usos y en la que los filósofos fueron las voces que intentaron regular este campo. En la exploración de la problematización sobre una ética del placer este trabajo pretende, desde la performatividad, esbozar una propuesta política estética en torno al placer como una categoría feminista.

Actos de placer o el goce como categoría política

El placer es quererse. Es un acto de autocomplacencia, de autodeterminación, de satisfacción, es arrancarse la culpa por desear. Es un derecho el de disponer libremente del propio cuerpo y de disfrutarlo como se desee sin dañar a otra persona. Es ser nada más que feliz, lo que deberíamos tomarlo como un deber y exigirlo como un derecho. La condición necesaria para el amor es el autoamor, punto de arranque de cualquier apertura al placer. Para tenerlo es necesario conservar la atención constante en el centro de nuestro ser en todo lo que hacemos. Por ello se hace necesario una ética diferente que apueste, en este caso desde el feminismo, por el placer individual, por la creación de una ética autónoma, de la elección personal, que favorezca al individualismo tradicionalmente ajeno a las mujeres siempre dedicadas a los demás. El individualismo no significa mirarse todo el tiempo el ombligo sino estar abierta a las otras personas, a su descubrimiento y a la consolidación de la intersubjetividad para la cual la otra nos es necesaria en lo afectivo y lo erótico.

     Con todo varias preguntas se nos abren ¿el placer sexual es el placer por excelencia? o, con mayor fuerza, ¿todo placer -por serlo- es necesariamente sexual? o ¿puede hablarse de placeres no sexuales? Aphrodisia es una interpelación a estas cuestiones pues lleva al placer no solo al sexo mismo con otra u otro sino con un@ misma y desde el autoplacer invita a transformar acciones cotidianas en un goce conciente, pues no hay nada más placentero que mear cuando nos urge y es un placer que puede llegar a calentar los pies. Asimismo cambiarse una toalla higiénica y poder lavarse después de varias horas en un día caluroso de mucho ajetreo.

     Esto implica retomar, si se quiere, el viejo dilema de los «placeres superiores» frente a los «placeres inferiores»: los espirituales o del alma frente a los materiales o del cuerpo, que marcan la dualidad humana que tanto sufrimiento innecesario nos han ocasionado (Andolfi, 1987). La segunda pregunta nos plantea la cuestión de saber si toda ética es sexual o si la sexualidad es sólo una parte de la ética.

     Graciela Hierro, filósofa mexicana, nos dice que “La ética feminista se ha «sexualizado» porque las mujeres, en tanto género, nos hemos creado a través de la interpretación que de los avatares de nuestra sexualidad hace el patriarcado. Sin duda, nuestra opresión es sexual; el género es la sexualización del poder”.1 La ética del placer se levanta de la crítica de la moralidad femenina tradicional, de un tejido que surgió con Diótima –citada pero no invitada a El banquete platónico, como apunta Luce Irigaray-, Hiparquia e Hipatia -a quienes rara vez se menciona en las historias de la filosofía- y Safo y tantas otras poetas presentes en el imaginario femenino.

     El método feminista sigue los pasos iniciados con el despertar de la conciencia, generalmente con base en una situación de crisis existencial y sigue con la deconstrucción, mediante la ironía, del lenguaje patriarcal y la creación de una gramática y de una estética feminista. Este proceso, que nos da una nueva perspectiva, nos guía a modos diferentes de conocer y a las formas prácticas de ejecutarlos.

     La ética feminista propone partir con la descripción del estado de cosas en el ámbito de la sexualidad e informarse a través de la ciencia social acerca de la profunda influencia de la cultura sobre la sexualidad, incluyendo las creencias del «sentido común», para destacar las visiones patriarcales que determinan el pensamiento masculino y femenino acerca del deseo amoroso o los llamados mitos de la sexualidad. Por ejemplo, la heteronorma, o que las mujeres son propiedad de los hombres o, en el mejor caso, su otra mitad; que la sexualidad daña a las mujeres por lo que su ejercicio requiere una justificación más allá de la sexualidad misma, como los hijos, la familia, la patria, la Iglesia entre otras; que el impulso sexual masculino es incontrolable y la violación es un delito que se origina a partir de los dos mitos anteriores, por mencionar algunos.

     Con todo, Aphrodisia es una guía para el placer femenino, se propone un hito para la pasión y el placer femenino que pretende orientar la liberación de las mujeres a través del hallazgo del autoplacer. Es el apoderarse de su cuerpo y erigirse como jueza de sus elecciones éticas. Es una guía apasionada para liberar nuestro ser para el amor libre. Por el lado práctico, ahorra papel higiénico y evita contagiarse con cualquier bacteria por el hecho de sentarse en los sanitarios, pues cabe señalar que el 40% de las mujeres se contagian de infecciones sólo por el hecho de sentarse en baños públicos o en el de sus hogares, donde muchos hombres orinan los bordes de los sanitarios.

     El poder, el saber y el placer son tres conceptos que se enlazan siempre en un discurso sexual referido exclusivamente a la sexualidad masculina. Por ello, el poder se infiltra y controla nuestros cuerpos a través del placer. Es un hecho que las mujeres continuamos sujetas al poder, bajo las reglas de la llamada «doble moral sexual», que propone una conducta distinta para cada género en relación con lo bueno y lo malo. Por este hecho, para proponer una ética feminista del placer es necesario adentrarse en la ética sexual y sus relaciones con el feminismo y hablar del erotismo femenino como condición necesaria para acceder a otra forma de ser humana y libre.

Onania, masturbación, autoplacer, paja

La onania o sexo solitario históricamente en Europa (desconozco si se han hecho trabajos en América Latina) es datable con el nombre de vicio solitario por la historia cultural hacia el iluminismo por los años 1708 o 12, en que se publica un texto anónimo sobre el tema en la que pasa de ser una problemática moral a una preocupación médica pues corrompe los cuerpos y la razón e inclusive podría causar la muerte. “El autor anónimo (…) un cirujano de prestigio que escribió pornografía médica soft, inventa la brillante, casi completamente original y notablemente asociación entre el entusiasta autoabuso y la historia del Génesis sobre Onán, aquel que preferiría sembrar su semilla en la tierra antes que fecundar a la mujer de su hermano muerto y morir castigado por eso. Nacía el onanismo. El nuevo pecado”2

    Con Freaud sería una etapa en la vida del hombre, especialmente inscrita en la adolescencia, y para la mujer una cura para su histeria endógena según el misógino psicoanalista. Pero a partir de la década del 70’ las feministas encuentran en la masturbación una categoría política para el empoderamiento de las mujeres.

    Anne Koedt3 fue una de las feministas radicales que trabajaron desde la base de que la liberación de la masturbación podía transformarse en un acto político pues servía tanto a la autocreación del individuo como a la construcción de la sociedad. Su texto “The myth of vaginal orgasm” hace explícito la vinculación entre la liberación femenina a partir de la liberación sexual.

    Las feministas abren paso a este fundacional momento en la política sexual sembrando reescrituras de la historia freudiana, rompiendo con el prototipo de la narrativa patriarcal moderna. Nuestros cuerpos, nuestras vidas4 que es un texto que promueve el amor por un/a misma/o como un punto de partida, y señala que “el autoerotismo no es un sustituto del sexo con un hombre o con una mujer es sólo una forma diferente y en nada inferior al sexo de a dos”5. Para Betty Dodson6 la masturbación es una reivindicación de la autonomía y predica que “la masturbación es nuestra vida sexual primaria. Es nuestra base sexual. Cualquier cosa que hagamos más allá es simplemente elegir socializar nuestra vida sexual”7.

    También el arte feminista ha acumulado muchas obras desde el video, la fotografía, la pintura y la performance lo que las han denominado despectivamente algunas críticas como el arte del coño.

    Otras como Anne Sprinkle que invitó a sus espectador@s en la performance Post-Porn Modernist Show (Nueva York, 1992) a que con una linterna miraran el interior de su vagina, la que tenía abierta con un espéculo después de haberse masturbado. Elke Krystufek (Viena, 1996) en su performance Satisfaction se exhibe a través de un vidrio donde l@s espectador@s pudieron verla como se bañaba en una tina y después se masturbó con un vibrador tendida en el piso.

    Desde aquí las artistas resignifican el cuerpo como espacio de placer o deseo sólo para el otro, masculino, y transforman sus cuerpos en territorios de placer y deseo para otras o para sí mismas. La masturbación o autoplacer, el uso de dildos, las relaciones lésbicas, son temas explícitos e implícitos en las obras que hablan de la relación cuerpo-mujer-deseo o placer. La exploración del cuerpo como territorio inexplorado por las mujeres en la invitación de las muchas propuestas político estéticas de las artistas feministas. El deseo y el placer son, a mi juicio, valores políticos que ha incorporado el feminismo para el empoderamiento de las mujeres. Otro ejemplo es el corto de Barbara Hammer, llamado Multiple Orgasm. (Corto en 16mm dura 6,5 minutos, color y sin sonido. 1976.) en el que se muestra en primer plano la frotación del clítoris hasta provocarse un orgasmo múltiple.

    En síntesis, la búsqueda de un cuerpo con existencia propia, no asimilable a la paralizante mirada cosificadora conformada por el deseo masculino, es una constante en el trabajo de casi todas las artistas feministas.

    Si bien la masturbación para los hombres puede ser un lugar de la burla pero reconocida o cedida con la adolescencia. Para las mujeres lleva dos milenios de culpa. En general nuestra educación ha sido guiada en una atmósfera de negación de la vida y del sexo. Paradójicamente a pesar de decir defender la vida -los sectores más conservadores y los que se dicen progresistas- no la defienden porque ven en el sexo una amenaza. Sin embargo, el no tener que dejar satisfecha/o a nadie más que a una misma es una ventaja que dice que no es necesario bancarse a nadie para sentir placer, de sentirse autónoma y con la posibilidad de decidir sobre todo lo que le compete a mi cuerpo.

La función sexual

 Wilhelm Reich en su libro La función del orgasmo describe claramente que esta negación al sexo provoca una reacción fisiológica que llama como angustia de placer8 que no sólo causa enfermedad del cuerpo humano sino también del cuerpo social. “Esa angustia de placer es el terreno sobre el cual el individuo recrea las ideologías negadoras de la vida que son la base de las dictaduras. Es la base del miedo a una vida libre e independiente. (…) Es una angustia fisiológica y constituye el problema central de la investigación psicosomática. (…) ha constituido el mayor obstáculo para la investigación de las funciones vitales involuntarias, que la persona neurótica sólo puede experimentar como algo siniestro y atemorizante”9. Para Reich además el proceso sexual, o sea, el proceso biológico expansivo del placer, es el proceso vital perse.

    Para este científico, inventor, médico, psiquiatra, psicoanalista, perseguido tanto por los comunistas como por fascistas, seríamos l@s únic@s en la naturaleza que iríamos en contra de la fórmula de la vida, la no tener una vida sexual activa, tampoco es follar, follar que el mundo se va acabar.

    Reich es el descubridor del orgón: la energía vital de todo organismo, es la fuerza motora del reflejo del orgasmo. Además, es de color azul, medible y omnipresente. Toda materia viva es creada y produce esta energía. Desarrolló la terapia que se llamó «Vegetoterapia Caracteroanalítica», concebida para liberar las tensiones de la coraza caracterológica, producto de los impulsos sexuales y emociones reprimidas. Cada individuo se crea una coraza mediante hábitos corporales y actitudes, con el fin de protegerse tanto del mundo externo como de sus propios deseos e instintos. Reich afirmó que la coraza corporal se encuentra dividida en siete áreas o sectores. Estos sectores forman bandas alrededor del cuerpo en su área, y en esa banda se estanca la energía. En órden cefalo-caudal las áreas son las siguientes: Ojos, Boca, Cuello, Pecho, Plexo Solar, Cintura o Pelvis, y Genitales.

    La función sexual es vital, tal como el respirar, si no se tienen orgasmos no se puede liberar energía que produce nuestros cuerpos que lo hacen finalmente tensionar, localizar y enfermar el organismo creando una geografía física del sufrimiento. La función del orgasmo es la descarga económica de energía sobrante, sería la fórmula de la vida para Reich, todo organismo vivo cumpliría esta ley.

    Con todo, llevar una vida sexual plena es una reivindicación política, pues ha sido históricamente donde se ha destinado a las mujeres a tener un papel de subordinación, pasivo y complaciente para el otro masculino.

Palabras finales

Aprhodisia tiene como fin el promover el empoderamiento de las mujeres por medio del derecho a apropiarnos de nuestros cuerpos, o sea, de nosotras mismas y desde ahí exigir el derecho a decidir por nosotras, y que ningún cura, ni político o militar intervenga en lo que sólo nos compete a nosotras, como por ejemplo, en la despenalización del aborto o en el derecho a no ser violentada o asesinada y menos con respecto a nuestros placeres. Finalmente nuestro trabajo propone que el placer es un derecho. Esa es una línea que hemos desarrollado con el colectivo Malignas Influencias donde se encuentran otras creaciones como los Columpios del placer, un par de columpios vibradores que se activan con un dispositivo eléctrico.

1 Graciela Hierro: Ética del placer. Diversa 16. UNAM/ Programa Universitario de Estudios de Género. Prólogo.
2 Tomás Laquear: Sexo solitario. Una historia Cultural de la masturbación.FCE, Buenos Aires, 2007, p. 17.
3 Texto de 1970, Boston, New England Free Press, reproducido en Barbara A. Crow (ed.), Radical Feminism: A Documentary Reader, Nueva York, New York University Press, 2000.
4 Boston Women’s Health Book Collective, Boston, New England Free Press, 1971. La traducción en español fue editada por Icaria, Barcelona, 1984.
5 Thomas Laquear, Sexo Solitario. Una Historia Cultural de la masturbación, F.C.E., Buenos Aires, 2007
6 En su texto “Liberating Masturbattion: a Meditation on Self Love” Cit. Por Thomas Laquear, Sexo Solitario, p. 93.
7 Ibid., p. 94
8 Ed. Paidós, Buenos Aires, 1972, p.16.
9 Ibid.

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