Si me caigo, me levanto y sigo

Si me caigo, me levanto y sigo

Por Penny Lane

 Soy la noviera de mi grupo de amigos, siempre les cuento que conocí a alguien, encantador y diferente, quien termina haciendo una jalada peor al anterior. Y así he vivido, en la fugacidad y en lo efímero. A veces entre lágrimas, muchas veces entre sonrisas y sólo una vez entre golpes.

En diciembre del año pasado comencé a sentirme extraña: me mareaba fácilmente, todo me daba asco y los vestidos me apretaban tremendamente los senos. Me imaginé qué pasaba. El problema es que de por sí yo soy irregular, todo ese año me bajaba un mes si y un mes no. Cuando en noviembre no hubo menstruación no me saqué de onda, fue el malestar de diciembre que me alertó.

En el instante en que me cayó el veinte de que podría estar embarazada, le llamé a mi mejor amiga. Le conté todo y le dije había hecho cita en un lugar donde hacen ultrasonidos y te dan atención psicológica y orientación. Al día siguiente me acompañó, pues decidí no contarle nada al individuo ya que siempre he creído que una carga sus cosas sola y muy fácil alguien más puede lavarse las manos e irse.

Pasé al consultorio, me hicieron el ultrasonido y tenía casi dos meses. Seguido de eso me pasaron un video que duró una eternidad. Miles de testimonios de chavas. Unas, se arrepentían de haber abortado y otras, que luego de ser violadas decidieron no abortar. Me pareció un asqueroso lavado de cerebro con sangre innecesaria, peor que una película de Tarantino.

Terminó el martirio del video y regresó la chica que me atendía a “aclarar mis dudas”. Me preguntó si lo tendría o que si quería irme a casa a pensar o qué. Le pregunté que qué método me tocaba para las semanas que llevaba y ella, sacada de onda de mi firmeza me dijo que medicamentos. ¿De verdad quieres abortar? Me dijo. ¡Claro! Le respondí. Tengo 22 años, estoy acabando mi carrera, no tengo empleo y por ende nada que ofrecerle a un nuevo ser humano y más importante que todo: no quiero ser mamá ahorita y me rehuso a caer en el estándar social de cumplir con un cometido biológico. Me rehuso por completo. No seré madre pronto.

Me salí del consultorio, y entre lágrimas le dije a mi amiga: “tenemos que conseguir lana para que aborte”. Checamos precios y conseguimos la lana de un día a otro. Tres mil pesos más las treinta mil toallas que usé… ¡La mejor decisión de mi vida! Fue un infierno, a decir verdad, el dolor,  conseguir el dinero, sangrar por días y días. Fue un infierno, pero me doy cuenta de que hice lo correcto, sé que hacerlo fue lo mejor, para mí y para todos.

Y tengo que decir que no estoy peleada con los hijos o la crianza, es más algún día quisiera ser madre yo misma, pero cuando yo quiera no cuando se de y me amuele “por cagarla”. No me arrepiento, jamás tuve una lucha moral sobre si tenerlo o no. Jamás dudé. Ahora cada día cargo con ello, no me define, pero sí me motiva a ser mejor cada día en todos los aspectos, y cuando pueda, cuando quiera, cuando realmente pueda, seré madre. Y seré la mejor.

Mi vida ha dado un giro de 360 grados desde que “interrumpí legalmente mi embarazo” y me encuentro completamente bien, y feliz. Estoy acabando la escuela, tengo proyectos por delante que un hijo sólo hubiera detenido, tengo un futuro planeado y un sin fin de ganas de cumplirlo. Sobre todo, mi compañero es ahora el ideal, lo que siempre quise: un imperfecto que aceptara mi imperfección, que me viera por lo que soy y por lo que siempre he sido. Encontré a alguien de quien no depende mi felicidad pero que seguro la incrementa, que a pesar de mi historia no me juzga, sino me comprende y me valora. Encontré a mi persona.

Estaría en un lugar completamente distinto si no hubiera abortado. Y no estaría aquí si mis amigos no me hubieran apoyado hace 3 años que viví una relación destructiva y violenta. No estaría viva y el día que aborté decidí no arrepentirme nunca, opté por vivir primero yo, armarme de una buena vida, para cuando decida decida ser madre, vivir a su lado.

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