Aphrodisia. El uso del placer como una categoría política feminista

Por Julia Antivilo


Pruébame, conozco la manera, podemos hacerlo decía en esta canción esta gran filósofa norteamericana, Donna Summer. El video performance registra cómo funciona Aphrodisia. Podría parecer una cita cabaretera duchampiana, podría ser un ready-made del ready-made pero no. Aphrodisia, es un urinario, especialmente diseñado para que las mujeres podamos orinar de pie, es también un bidé y masturbatorio, es un todo, un instrumento de placer para uso cotidiano. Es el arte feminista al servicio de l@s espectador@s. Además es un instrumento político pues invita a subvertir la cotidianidad, lo privado, lo que es también político. Un espacio tan cotidiano como pudiera ser un urinario y/o bidé se transforma en un campo de empoderamiento de las mujeres a través del espacio de la intimidad, de la higiene y que a su vez, se abre para otras prácticas como la masturbación.

     Es una creación que a través de la subversión performática celebra conocerse a sí misma a partir de actos cotidianos como podrían ser el orinar y o el lavado genital y también de la masturbación transformándolas en un acto de placer cotidiano que permite no sólo el autoconocimiento, sino también el empoderamiento para las mujeres.

     Aphrodisia literalmente son los actos de Afrodita o Venus la misma quien todas conocemos como la diosa de la belleza y del amor. En rigor fueron actos, gestos, contactos que buscan placer sin llegar a una definición completamente acabada de estos actos. En la problematización de una moral equilibrada, en la Grecia Antigua, fueron las aphrodisia las que dieron a los placeres una preocupación sobre sus usos y en la que los filósofos fueron las voces que intentaron regular este campo. En la exploración de la problematización sobre una ética del placer este trabajo pretende, desde la performatividad, esbozar una propuesta política estética en torno al placer como una categoría feminista.

Actos de placer o el goce como categoría política

El placer es quererse. Es un acto de autocomplacencia, de autodeterminación, de satisfacción, es arrancarse la culpa por desear. Es un derecho el de disponer libremente del propio cuerpo y de disfrutarlo como se desee sin dañar a otra persona. Es ser nada más que feliz, lo que deberíamos tomarlo como un deber y exigirlo como un derecho. La condición necesaria para el amor es el autoamor, punto de arranque de cualquier apertura al placer. Para tenerlo es necesario conservar la atención constante en el centro de nuestro ser en todo lo que hacemos. Por ello se hace necesario una ética diferente que apueste, en este caso desde el feminismo, por el placer individual, por la creación de una ética autónoma, de la elección personal, que favorezca al individualismo tradicionalmente ajeno a las mujeres siempre dedicadas a los demás. El individualismo no significa mirarse todo el tiempo el ombligo sino estar abierta a las otras personas, a su descubrimiento y a la consolidación de la intersubjetividad para la cual la otra nos es necesaria en lo afectivo y lo erótico.

     Con todo varias preguntas se nos abren ¿el placer sexual es el placer por excelencia? o, con mayor fuerza, ¿todo placer -por serlo- es necesariamente sexual? o ¿puede hablarse de placeres no sexuales? Aphrodisia es una interpelación a estas cuestiones pues lleva al placer no solo al sexo mismo con otra u otro sino con un@ misma y desde el autoplacer invita a transformar acciones cotidianas en un goce conciente, pues no hay nada más placentero que mear cuando nos urge y es un placer que puede llegar a calentar los pies. Asimismo cambiarse una toalla higiénica y poder lavarse después de varias horas en un día caluroso de mucho ajetreo.

     Esto implica retomar, si se quiere, el viejo dilema de los “placeres superiores” frente a los “placeres inferiores”: los espirituales o del alma frente a los materiales o del cuerpo, que marcan la dualidad humana que tanto sufrimiento innecesario nos han ocasionado (Andolfi, 1987). La segunda pregunta nos plantea la cuestión de saber si toda ética es sexual o si la sexualidad es sólo una parte de la ética.

     Graciela Hierro, filósofa mexicana, nos dice que “La ética feminista se ha “sexualizado” porque las mujeres, en tanto género, nos hemos creado a través de la interpretación que de los avatares de nuestra sexualidad hace el patriarcado. Sin duda, nuestra opresión es sexual; el género es la sexualización del poder”.1 La ética del placer se levanta de la crítica de la moralidad femenina tradicional, de un tejido que surgió con Diótima –citada pero no invitada a El banquete platónico, como apunta Luce Irigaray-, Hiparquia e Hipatia -a quienes rara vez se menciona en las historias de la filosofía- y Safo y tantas otras poetas presentes en el imaginario femenino.

     El método feminista sigue los pasos iniciados con el despertar de la conciencia, generalmente con base en una situación de crisis existencial y sigue con la deconstrucción, mediante la ironía, del lenguaje patriarcal y la creación de una gramática y de una estética feminista. Este proceso, que nos da una nueva perspectiva, nos guía a modos diferentes de conocer y a las formas prácticas de ejecutarlos.

     La ética feminista propone partir con la descripción del estado de cosas en el ámbito de la sexualidad e informarse a través de la ciencia social acerca de la profunda influencia de la cultura sobre la sexualidad, incluyendo las creencias del “sentido común”, para destacar las visiones patriarcales que determinan el pensamiento masculino y femenino acerca del deseo amoroso o los llamados mitos de la sexualidad. Por ejemplo, la heteronorma, o que las mujeres son propiedad de los hombres o, en el mejor caso, su otra mitad; que la sexualidad daña a las mujeres por lo que su ejercicio requiere una justificación más allá de la sexualidad misma, como los hijos, la familia, la patria, la Iglesia entre otras; que el impulso sexual masculino es incontrolable y la violación es un delito que se origina a partir de los dos mitos anteriores, por mencionar algunos.

     Con todo, Aphrodisia es una guía para el placer femenino, se propone un hito para la pasión y el placer femenino que pretende orientar la liberación de las mujeres a través del hallazgo del autoplacer. Es el apoderarse de su cuerpo y erigirse como jueza de sus elecciones éticas. Es una guía apasionada para liberar nuestro ser para el amor libre. Por el lado práctico, ahorra papel higiénico y evita contagiarse con cualquier bacteria por el hecho de sentarse en los sanitarios, pues cabe señalar que el 40% de las mujeres se contagian de infecciones sólo por el hecho de sentarse en baños públicos o en el de sus hogares, donde muchos hombres orinan los bordes de los sanitarios.

     El poder, el saber y el placer son tres conceptos que se enlazan siempre en un discurso sexual referido exclusivamente a la sexualidad masculina. Por ello, el poder se infiltra y controla nuestros cuerpos a través del placer. Es un hecho que las mujeres continuamos sujetas al poder, bajo las reglas de la llamada “doble moral sexual”, que propone una conducta distinta para cada género en relación con lo bueno y lo malo. Por este hecho, para proponer una ética feminista del placer es necesario adentrarse en la ética sexual y sus relaciones con el feminismo y hablar del erotismo femenino como condición necesaria para acceder a otra forma de ser humana y libre.

Onania, masturbación, autoplacer, paja

La onania o sexo solitario históricamente en Europa (desconozco si se han hecho trabajos en América Latina) es datable con el nombre de vicio solitario por la historia cultural hacia el iluminismo por los años 1708 o 12, en que se publica un texto anónimo sobre el tema en la que pasa de ser una problemática moral a una preocupación médica pues corrompe los cuerpos y la razón e inclusive podría causar la muerte. “El autor anónimo (…) un cirujano de prestigio que escribió pornografía médica soft, inventa la brillante, casi completamente original y notablemente asociación entre el entusiasta autoabuso y la historia del Génesis sobre Onán, aquel que preferiría sembrar su semilla en la tierra antes que fecundar a la mujer de su hermano muerto y morir castigado por eso. Nacía el onanismo. El nuevo pecado”2

    Con Freaud sería una etapa en la vida del hombre, especialmente inscrita en la adolescencia, y para la mujer una cura para su histeria endógena según el misógino psicoanalista. Pero a partir de la década del 70’ las feministas encuentran en la masturbación una categoría política para el empoderamiento de las mujeres.

    Anne Koedt3 fue una de las feministas radicales que trabajaron desde la base de que la liberación de la masturbación podía transformarse en un acto político pues servía tanto a la autocreación del individuo como a la construcción de la sociedad. Su texto “The myth of vaginal orgasm” hace explícito la vinculación entre la liberación femenina a partir de la liberación sexual.

    Las feministas abren paso a este fundacional momento en la política sexual sembrando reescrituras de la historia freudiana, rompiendo con el prototipo de la narrativa patriarcal moderna. Nuestros cuerpos, nuestras vidas4 que es un texto que promueve el amor por un/a misma/o como un punto de partida, y señala que “el autoerotismo no es un sustituto del sexo con un hombre o con una mujer es sólo una forma diferente y en nada inferior al sexo de a dos”5. Para Betty Dodson6 la masturbación es una reivindicación de la autonomía y predica que “la masturbación es nuestra vida sexual primaria. Es nuestra base sexual. Cualquier cosa que hagamos más allá es simplemente elegir socializar nuestra vida sexual”7.

    También el arte feminista ha acumulado muchas obras desde el video, la fotografía, la pintura y la performance lo que las han denominado despectivamente algunas críticas como el arte del coño.

    Otras como Anne Sprinkle que invitó a sus espectador@s en la performance Post-Porn Modernist Show (Nueva York, 1992) a que con una linterna miraran el interior de su vagina, la que tenía abierta con un espéculo después de haberse masturbado. Elke Krystufek (Viena, 1996) en su performance Satisfaction se exhibe a través de un vidrio donde l@s espectador@s pudieron verla como se bañaba en una tina y después se masturbó con un vibrador tendida en el piso.

    Desde aquí las artistas resignifican el cuerpo como espacio de placer o deseo sólo para el otro, masculino, y transforman sus cuerpos en territorios de placer y deseo para otras o para sí mismas. La masturbación o autoplacer, el uso de dildos, las relaciones lésbicas, son temas explícitos e implícitos en las obras que hablan de la relación cuerpo-mujer-deseo o placer. La exploración del cuerpo como territorio inexplorado por las mujeres en la invitación de las muchas propuestas político estéticas de las artistas feministas. El deseo y el placer son, a mi juicio, valores políticos que ha incorporado el feminismo para el empoderamiento de las mujeres. Otro ejemplo es el corto de Barbara Hammer, llamado Multiple Orgasm. (Corto en 16mm dura 6,5 minutos, color y sin sonido. 1976.) en el que se muestra en primer plano la frotación del clítoris hasta provocarse un orgasmo múltiple.

    En síntesis, la búsqueda de un cuerpo con existencia propia, no asimilable a la paralizante mirada cosificadora conformada por el deseo masculino, es una constante en el trabajo de casi todas las artistas feministas.

    Si bien la masturbación para los hombres puede ser un lugar de la burla pero reconocida o cedida con la adolescencia. Para las mujeres lleva dos milenios de culpa. En general nuestra educación ha sido guiada en una atmósfera de negación de la vida y del sexo. Paradójicamente a pesar de decir defender la vida -los sectores más conservadores y los que se dicen progresistas- no la defienden porque ven en el sexo una amenaza. Sin embargo, el no tener que dejar satisfecha/o a nadie más que a una misma es una ventaja que dice que no es necesario bancarse a nadie para sentir placer, de sentirse autónoma y con la posibilidad de decidir sobre todo lo que le compete a mi cuerpo.

La función sexual

 Wilhelm Reich en su libro La función del orgasmo describe claramente que esta negación al sexo provoca una reacción fisiológica que llama como angustia de placer8 que no sólo causa enfermedad del cuerpo humano sino también del cuerpo social. “Esa angustia de placer es el terreno sobre el cual el individuo recrea las ideologías negadoras de la vida que son la base de las dictaduras. Es la base del miedo a una vida libre e independiente. (…) Es una angustia fisiológica y constituye el problema central de la investigación psicosomática. (…) ha constituido el mayor obstáculo para la investigación de las funciones vitales involuntarias, que la persona neurótica sólo puede experimentar como algo siniestro y atemorizante”9. Para Reich además el proceso sexual, o sea, el proceso biológico expansivo del placer, es el proceso vital perse.

    Para este científico, inventor, médico, psiquiatra, psicoanalista, perseguido tanto por los comunistas como por fascistas, seríamos l@s únic@s en la naturaleza que iríamos en contra de la fórmula de la vida, la no tener una vida sexual activa, tampoco es follar, follar que el mundo se va acabar.

    Reich es el descubridor del orgón: la energía vital de todo organismo, es la fuerza motora del reflejo del orgasmo. Además, es de color azul, medible y omnipresente. Toda materia viva es creada y produce esta energía. Desarrolló la terapia que se llamó “Vegetoterapia Caracteroanalítica”, concebida para liberar las tensiones de la coraza caracterológica, producto de los impulsos sexuales y emociones reprimidas. Cada individuo se crea una coraza mediante hábitos corporales y actitudes, con el fin de protegerse tanto del mundo externo como de sus propios deseos e instintos. Reich afirmó que la coraza corporal se encuentra dividida en siete áreas o sectores. Estos sectores forman bandas alrededor del cuerpo en su área, y en esa banda se estanca la energía. En órden cefalo-caudal las áreas son las siguientes: Ojos, Boca, Cuello, Pecho, Plexo Solar, Cintura o Pelvis, y Genitales.

    La función sexual es vital, tal como el respirar, si no se tienen orgasmos no se puede liberar energía que produce nuestros cuerpos que lo hacen finalmente tensionar, localizar y enfermar el organismo creando una geografía física del sufrimiento. La función del orgasmo es la descarga económica de energía sobrante, sería la fórmula de la vida para Reich, todo organismo vivo cumpliría esta ley.

    Con todo, llevar una vida sexual plena es una reivindicación política, pues ha sido históricamente donde se ha destinado a las mujeres a tener un papel de subordinación, pasivo y complaciente para el otro masculino.

Palabras finales

Aprhodisia tiene como fin el promover el empoderamiento de las mujeres por medio del derecho a apropiarnos de nuestros cuerpos, o sea, de nosotras mismas y desde ahí exigir el derecho a decidir por nosotras, y que ningún cura, ni político o militar intervenga en lo que sólo nos compete a nosotras, como por ejemplo, en la despenalización del aborto o en el derecho a no ser violentada o asesinada y menos con respecto a nuestros placeres. Finalmente nuestro trabajo propone que el placer es un derecho. Esa es una línea que hemos desarrollado con el colectivo Malignas Influencias donde se encuentran otras creaciones como los Columpios del placer, un par de columpios vibradores que se activan con un dispositivo eléctrico.

1 Graciela Hierro: Ética del placer. Diversa 16. UNAM/ Programa Universitario de Estudios de Género. Prólogo.
2 Tomás Laquear: Sexo solitario. Una historia Cultural de la masturbación.FCE, Buenos Aires, 2007, p. 17.
3 Texto de 1970, Boston, New England Free Press, reproducido en Barbara A. Crow (ed.), Radical Feminism: A Documentary Reader, Nueva York, New York University Press, 2000.
4 Boston Women’s Health Book Collective, Boston, New England Free Press, 1971. La traducción en español fue editada por Icaria, Barcelona, 1984.
5 Thomas Laquear, Sexo Solitario. Una Historia Cultural de la masturbación, F.C.E., Buenos Aires, 2007
6 En su texto “Liberating Masturbattion: a Meditation on Self Love” Cit. Por Thomas Laquear, Sexo Solitario, p. 93.
7 Ibid., p. 94
8 Ed. Paidós, Buenos Aires, 1972, p.16.
9 Ibid.
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