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Sencillamente, he abortado

por Charlee Chamuko

por Júlia Araújo

 La historia no es nueva. Muchas de nosotras –chicas blancas, heterosexuales, brasileñas, con ciertos privilegios económicos y acceso a una educación formal– seguramente conozcamos casos parecidos. Es cierto que tantos otros casos son distintos, más dramáticos y en situaciones de mayor exclusión, abandono y riesgos. Sin embargo, hay una problemática común: la falta de garantías a derechos sexuales y reproductivos y la criminalización del aborto. Y es porque he entendido que lo personal es político. Porque he reconocido –junto a tantxs amigxs, compañerxs de lucha y de reflexión– que mi cuerpo es un campo de batalla altamente politizado y que los relatos son, también, potentes instrumentos de lucha. Por eso, comparto aquí mi historia.

     Estaba en el primer año de la universidad y aún no había cumplido los 18 años. Hormonas a flor de piel y una relación sexo-afectiva heterosexual de poco más de un año. El sexo sin protección ya se había convertido en una constante: la base, más que la confianza mutua, era aquél deseo arrebatador típico de la juventud. Hasta que un día, no me vino la regla.

     Sin estar segura aún de nada, fuimos al centro de la ciudad. Compramos unas bebidas de hierbas medicinales abortivas. Días después, empecé a sangrar, como una menstruación de poca intensidad, y pensé que estaba todo resuelto. Pero el sangrado duró más que lo habitual y empezaron las náuseas. Fue cuando nos dimos cuenta de que, realmente, estaba y seguía embarazada. Más o menos en el primer mes de gestación.

     Recuerdo bien el día que les hablé a mis amigas de la situación: después de un largo trayecto de mi casa a la universidad, de haber bajado del autobús corriendo y, por no haber logrado llegar al baño a tiempo, vomité en la acera frente al edificio donde estudiaba. Aquel mismo día teníamos clase con una profesora que era un referente de mente crítica para nosotras. Por su profesión –no su trabajo como profesora– y activismo, ella ya había visto y acompañado varios casos de embarazos y abortos. Recuerdo que la clase estaba sentada en círculo para un debate y que vi cuando una de mis amigas le pasó a la profesora un papelillo doblado. Recuerdo lo nerviosa que estaba y del tanto que me sudaban las manos. Después de la clase, tranquilamente, ella se me acercó y me preguntó cómo estaba. Mi respuesta fue en lágrimas. Ella, entonces, me tranquilizó. Me preguntó de cuánto tiempo estaba y me dijo que lo arreglaríamos todo. Recuerdo sus últimas palabras en aquella conversación: que yo tendría mucho tiempo aún para decidir si quería vivir un embarazo. Ella se encargó de comprar las pastillas, de administrarlas y de orientarme. Le estoy muy agradecida y siento mucho cariño y admiración por aquella mujer. Pero el caso no había terminado.

     Pasados unos cuantos días, tuve una hemorragia. No en cualquier lugar. Fue dentro de un teatro, con parte de mi familia –que no sabía de nada de lo que me había pasado–  presente. Me levanté de la silla y vi que la sangre escurría por mis piernas. Me quedé sin acción, sin saber qué hacer, llamando a mi madre. Los de seguridad estaban desalojando el teatro: había otra función a continuación. Uno de ellos me pidió que saliera rápido. Con la voz temblorosa, le contesté que estaba sangrando. A lo que él, como quien no me había escuchado, me contestó: por favor, salga de inmediato.

     En los días que se siguieron, volví a hacer una prueba de embarazo y fui a una consulta médica, acompañada de mi abuela. La consulta era en un hospital de maternidad para casos ginecológicos y obstétricos. Tuve que entrar sola, pues no permitían acompañantes. Me hicieron algunas preguntas, entre ellas, si yo había tomado algún medicamento para abortar. Yo sentía miedo y, de cierta forma, vergüenza por todo. Negué. Insistieron. Me preguntaron si yo estaba segura. Continué negando. Ya no recuerdo si era médico o médica, pero recuerdo perfectamente el tono acusatorio de sus palabras y la mirada inquisitiva. Me llevaron a otra sala, para que me hicieran una ecografía intra-vaginal e, inmediatamente después, me dijeron que me tenían que hacer un legrado. Les dije que tenía una pariente fuera y que necesitaba, al menos, avisarle. No me dejaron salir y, desde un pasillo abarrotado de personas y con los médicos apresurándome, le grité a mi abuela que me iban a hacer un legrado en aquél exacto momento. La pobre señora, que ya llevaba un largo rato esperando, se quedó sola, con cara de preocupación y de quien no estaba entendiendo nada.

     A partir de entonces, y ya pasados unos días, mi ginecóloga me recetó pastillas anticonceptivas como si fueran caramelos. Durante los meses siguientes, mi libido se redujo significativamente. Entonces, para mí, todo era una consecuencia de lo que yo había vivido, una especie de auto-punición por haber abortado. Y no descarto que tuviera algo de esa relación. Pero el caso es que sólo volví a sentir mis deseos sexuales en toda su plenitud 7 años después, cuando decidí abandonar las pastillas.

     Sí, fue difícil para mí superar aquel episodio. Pero no en el sentido de trauma, que es como se construyen muchos argumentos que he escuchado en torno al aborto. Fue difícil porque yo –como tantas otras–, pese a tener una madre y un padre con posturas considerablemente progresistas, no recibí una educación sexo-afectiva plural y menos desde una perspectiva de la autonomía. No fui informada de que no había nada de malo en decidir realizar un aborto. Recibí una educación de fuerte base judía-cristiana, que me ha inculcado un sentimiento de culpa pernicioso. Y, principalmente, crecí –como tantas otras– siendo constantemente recordada de que mi cuerpo y mi condición de mujer biológica me otorgaba vulnerabilidad y de que la maternidad es sagrada. Sin embargo, aún así, a los ojos de mucha gente, cualquier trauma que pudiera haber surgido estaría, invariablemente, ligado al mero acto de realizar una interrupción voluntaria del embarazo.

     Es cierto que mi experiencia no se compara con las de tantas otras mujeres que terminan no teniendo las mismas condiciones, materiales y sociales, y que ponen sus vidas en riesgo por falta de una atención médica adecuada, legal y gratuita. Eso, por no hablar de las condiciones que llevan a esos embarazos. Mi experiencia, a pesar del peso y de lo violenta que pudo haber sido para mí, fue, también, liberadora y principal detonadora de un sentir feminista que hacía mucho ya estaba latente. Una experiencia que, dado el tiempo que he tenido para reflexionar sobre ella, tal vez, hubiera podido ser contada en una narrativa más creativa, o, tal vez, mejor estructurada. Sin embargo, lo que os cuento es visceral. He tardado 12 años en escribir sobre ello sin cualquier resquicio de dudas en hacerlo. Para poder decir, sencillamente, con determinación: he abortado y me siento bien con mi decisión.

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Júlia Araújo: Feminista. Activista sonora con Enredadas Mujeres, en Radio Malva, por las ondas y por el mundo. Sospechosa de participar en conjuros y brujerías varias con Colectiva Transtorna. Aprendiz indisciplinada de poeta. Infiltrada en la academia, donde intenta transitar y traficar prácticas activistas entre muros y calles con el amparo del Colectivo de Estudios de Género Transformacción. Parte de su disfraz consiste en (des)aprender como doctoranda de Estudios de Género en la Universidad de Valencia, con previo entrenamiento en un cúmulo de maestrías por la misma universidad, una de Género y Políticas de Igualdad y otra en Cooperación al Desarrollo, y una licenciatura en Comunicación Social con especialidad en Relaciones Públicas en la Universidad Federal de Alagoas (Brasil).

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Yo aborto, tu abortas, ellas abortan, NOSOTRAS ABORTAMOS: Empoderamiento en nuestros cuerpos

ilustración por Gelen Jeleton
ilustración por Gelen Jeleton

por Flora Alderisi

Vivimos en  sociedades de consumo que nos encarcelan en nuestros cuerpos, nos imponen qué decir, qué vestir, cómo coger, parir; nos imponen la vergüenza de nuestro sangrado, nos obligan a  menstruar de manera oculta, en silencio y callarnos porque «calladitas están las señoritas». Y pensamos, ¿verdaderamente este cuerpo es mío? ¿nos pertenece o estamos encerradas cada una en la disconformidad absoluta?

     Nuestra cárcel no solo está impuesta por la maldita moral patriarcal, occidental, católica, monogámica y de la hetenorma, EL CAPITALISMO que todo lo vende, nos etiqueta una por una, nos empaqueta en nylon y finalmente con su código de barra nos envía al mercado.

     Entonces para sobrevivir recurrimos a nuestra propia historia para zafar, para respirar, tratamos de recordar compañeras que dejaron sus historias marcadas con fuego, historias que quisieron arrebatarnos de las manos y se olvidaron de que las tenemos en la sangre. Definitivamente hablar de «nuestros cuerpos» es hablar de luchas de poder-sometimiento.

     En la actualidad, existen concepciones críticas de Derechos humanos. Según Wlasic, los Derechos Humanos son aquellos que protegen la dignidad de la persona humana y sus valores derivados de libertad e igualdad a través de la efectiva y plena satisfacción de sus necesidades, tanto físicas, psíquicas, como morales y que derivan en características, principios propios de carácter general y normas jurídicas básicas de protección. La calidad de vida es un eje central en dicho análisis. No podemos dejar de resaltar que esta concepción de los derechos también está en disputa como el derecho todo, pues su nacimiento, como se conoce en la actualidad, es occidental y en sus orígenes a las mujeres nos guillotinaban por reclamar aquella Liberté, égalité, fraternité.

     ESTAR EN CONTRA DEL ABORTO NO ES ESTAR A FAVOR DE LA VIDA. ES ESTAR A FAVOR DE QUE EXISTA (COMO EXISTE, DE HECHO) TODA UNA MAQUINARIA CLANDESTINA EN LA QUE SIGUIENDO, LOS PARÁMETROS DEL MISMO SISTEMA, LAS RICAS SOBREVIVEN, LAS POBRE NO. Por eso las campañas pro aborto exigen una educación que nos permita decidir cuándo y cómo ser madres,  la posibilidad de conseguir anticonceptivos que verdaderamente nos protejan de enfermedades de transmisión sexual (ETS) y de embarazos no deseados, se trata de poder abortar de manera  segura, LEGAL sin tener que perseguirnos, sin que la sociedad y el estado nos juzgue y, finalmente, garantizar la igualdad material o real siendo gratuito para el acceso de todas las mujeres.

      Tenemos que lograr  dejar de pensar en el derecho como un acto coactivo obligatorio para empezarlo a ver como argumentación racional donde su primer punto es ser transformable, ser producto de un acto colectivo racional en el que se respete al máximo la diversidad, ser moldeable como toda acción humana, que mejore nuestra calidad de vida. No que nos mate.

     Nosotres estamos en la disputa, y en el recorrido de los derechos de igualdad descubrimos que no somos iguales, pero que tampoco necesitamos estados paternalistas que nos digan qué hacer. Ni que se metan en nuestras camas y decidan con quiénes, cómo y por qué podemos coger, pues  no podemos decir que tenemos derechos humanos, si nosotras no somos las que decidimos sobre nosotras mismas, si no tenemos garantizada una vida digna.

     Como dice Almudena Grandes : “El conocimiento es poder, un arma tan importante como las consignas y las pancartas, porque ningún factor ha hecho tanto daño a las mujeres que afrontan un embarazo no deseado como la ignorancia, el oscurantismo y la manipulación ideológica”. Lo que termina provocando una fractura en la lucha, contraponiéndonos las mismas mujeres a estas reivindicaciones; como debía ser, el patriarcado se asegura su hegemonía poniéndonos unas contra otras. Nuestra lucha es por ser sujetas, ser genéricamente humanas para decidir, ser libres para amar o no, tomar decisiones sobre nuestro propio cuerpo sin ser juzgadas, solo SER humanas, no varones y esa diferencia es esencial, ellos han querido acaparar nuestras características de personas y por eso se confunden.

EN MÉXICO

Desde el 24 de abril de 2007 se abrió un nuevo camino en México. Se aprobaron  las modificaciones necesarias en la Ley de Salud local de Distrito Federal para lograr la  despenalización del aborto hasta las doce semanas de gestación. Además se garantiza el derecho a abortar de las mujeres por violación, malformaciones detectadas, inseminación artificial no consentida, amenazas a la salud de la mujer o el llamado aborto imprudencial o culposo (cuando una mujer aborta por una causa ajena, como un accidente). A este derecho tienen acceso mujeres mayores y menores de edad. Deben tener menos de 12 semanas de gestación; firmar una carta de consentimiento (de los padres, en caso de tener menos de 18 años); presentar una identificación y un comprobante de domicilio. Dependiendo las semanas de gestación, hay tres métodos para interrumpirlo: con medicación, antes de las nueve semanas; y con Aspiración Manual Endouterina o Legrado Uterino Instrumentado en los casos de nueve a 12 semanas de gestación.

     Entre los argumentos fundamentales que colaboraron a dicha modificación,  encontramos el documento que publicó el colegio de Bioética, que introdujo elementos precisos en cuanto al principio básico de la racionalidad, entre otras cuestiones, que a las 12 semanas el embrión no ha desarrollado la corteza cerebral ni las conexiones nerviosas indispensables para sentir.

     Como era de esperarse, luego de los cambios en la ley del DF, la Procuraduría General de la República y de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, (apoyadas por la Iglesia Católica), impugnaron las modificaciones. El máximo tribunal validó las leyes capitalinas en 2008 bajo el argumento de que cada legislatura local tiene la facultad de promulgar leyes sobre el tema. La resolución, sin embargo, no penaliza ni despenaliza el aborto en todo México.

     Tras la despenalización en  DF, se desencadena en los 31 estados restantes del país diversas modificaciones en sus leyes y, hasta la actualidad, 16 estados establecen protección al derecho a la vida desde su concepción. Excepto en Distrito Federal el resto penaliza el aborto, salvo en casos de violación y, en los casos de Guanajuato, Guerrero y Querétaro, también  lo permiten cuando la vida de la madre corra peligro.

     El estado de Yucatán, desde el año 92 incluye factores económicos cuando la mujer ya ha dado a luz a 3 o más niños y en el estado de Guanajuato el hecho de practicar un aborto se castigará con penas de prisión de hasta 30 años. En Baja California se reforma la constitución local en su artículo 7 que «tutela el derecho a la vida, al sustentar que desde el momento en que un individuo es concebido, entra bajo la protección de la ley y se le reputa como nacido para todos los efectos legales correspondientes (…)».

     Guerrero, es el Estado  donde ocurre el mayor número de casos de muertes de mujeres por abortos clandestinos en el país, según el gobierno.“Las mujeres en situación de pobreza que viven en el medio rural tienden a depender de los métodos menos seguros y de prestadores de servicio sin capacitación. Éstas son, por lo tanto, las que tienen mayor probabilidad de sufrir efectos secundarios graves del aborto inseguro”, dijo el gobernador del estado con 67.7% se encuentra en situación de pobreza.

     No podemos dejar de mencionar la lucha de Adriana Manzanares Calletano, quien  fue acusada y sentenciada a sus 22 años por homicidio en razón de parentesco debido a que tuvo un aborto espontáneo al cuarto mes de gestación. Este es un caso donde se observa la discriminación estructural: no sólo la discriminan por ser mujer, también por ser Indígenas (nahua). La Suprema Corte de Justicia de la Nación determinó que el proceso en su contra tuvo violaciones a sus derechos humanos, por lo que fue determinada su libertad.

     El aborto está justificado en 25 estados por amenaza de muerte para la mujer, por malformaciones (14), daños a la salud de la mujer (13), inseminación forzada (11), entre otros. Pero sólo en el Distrito Federal, una mujer puede abortar por decisión propia dentro de las 12 semanas de gestación. Los estados de Baja California Sur, Jalisco, San Luis Potosí, Sonora y Tlaxcala son las cinco de 32 entidades del país en las que el aborto es un delito grave, es decir, que las mujeres son encarceladas mientras son sometidas a juicio; en el resto del país pueden pagar fianza.

Avances en números

Según las estadísticas del Gobierno del Distrito Federal, desde la legalización el 24 de abril de 2007 a julio de 2015 se han realizado 145313 ILE`s de los cuales el 72,9% se han realizado con medicación.

     De las mujeres que se practican un aborto, 5 de cada 10 son solteras; casi la mitad de quienes se lo han practicado tiene entre 18 y 24 años; y la mayoría tienen educación de preparatoria o universitaria.

     Lo paradójico es que el 61,9% de las mujeres que han abortado se definen católicas . En los datos actualizados a junio de 2015 del GiRE, se han realizado 8928 ILEs a menores de 18 años de 2007 a julio de 2015

     En el Distrito Federal, existen 13 hospitales públicos donde se ofrece de forma gratuita el procedimiento de interrupción legal del embarazo, o ILE, además de las clínicas privadas que estén autorizadas para efectuar el procedimiento con un costo.

     Basado en cifras de la Secretaría de Salud federal, GIRE informó que alrededor de 11% de las muertes maternas se produce por abortos mal practicados en todo el país.

Entre 2007 y 2012, en 19 entidades del país hubo 127 sentencias por el delito de aborto, y la Suprema Corte dijo en un informe que entre 1992 y 1997 se abrieron alrededor de 1,000 averiguaciones en el Ministerio Público, un promedio de 62.5 casos al año en todo el país.

     Hoy alzamos nuestras voces para reclamar un derecho esencial que es ser dueñas de nuestro propio cuerpo, porque creemos que lo personal también es político en su construcción, queremos ser libres realmente para decidir. No nos quedemos calladas porque:

Las mujeres DECIDIMOS, la sociedad RESPETA, el Estado GARANTIZA y la Iglesia NO SE METE

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De Gouges,Olympe  DECLARACIÓN DE LOS DERECHOS DE LA MUJER Y DE LA CIUDADANA

http://clio.rediris.es/n31/derechosmujer.pdf

Grupo de información en reproducción elegida. GIRE en cifras

http://www.gire.org.mx/nuestros-temas/aborto/cifras

Datos sobre el aborto inducido en  México   http://www.guttmacher.org/pubs/2008/10/01/FIB_IA_Mexico_sp.pdf

Estimaciones del aborto inducido en México: ¿qué ha cambiado entre 1990 y 2006?

http://www.guttmacher.org/pubs/journals/3500409S.pdf

Lamas Marta, Diferencias de sexo, género y diferencia sexual*

http://enp4.unam.mx/diversidad/Descargas/G%E9nero%20y%20Salud%20Reproductiva/Marta%20Lamas%20gnero,%20sexo%20y%20diferenciacion%20sexual.pdf

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Onán decidió

ilustración por Alex Xavier Aceves Bernal
ilustración por Alex Xavier Aceves Bernal

Por Ese Chamuko

a.k.a Carlos Peña Hernández

Despertar cada día preguntándome -pero evitando saber- cuántos muertos hubo por la noche durante la mal nombrada «guerra contra el narco» -que ni fue guerra, ni fue contra el narco- era cosa diaria al punto de ya no querer saber nada al respecto por salud mental y emocional. Un día, entre todos estos tópicos tan apetecibles al momento del desayuno aparece otra linda puntada de nuestros congresistas:

“El Congreso de Nuevo León aprobó en primera vuelta reformas a la Constitución local para elevar a rango constitucional el derecho a la vida, desde su inicio en la fecundación, hasta la muerte natural. Aún se requiere una segunda votación en otro periodo de sesiones para considerarse constitucional.”2

    Mi vomiticidad -mi capacidad de vómito- cambió de materia semi sólida a un asco creativo y así decidí manifestarme en contra de el «derecho a la vida». Nuevo León se ha caracterizado bastante bien como un estado conservador, capitalista y católico donde la voz de los portavoces de la iglesia tiene mucho peso en lo social y lo político 3. Nada rara esta ley que se votaba y aprobaba en el congreso.

     Mi intención en ese momento era apoyar a los grupos feministas de la localidad pro decisión -grupos feministas de corte setentero en ideología y práctica- que se manifestaban en contra de dicha ley. Pero yo por ser portador de pene, sabía que a la vista de estos grupos mi experiencia de vida y cuerpo no eran los mismos que los de una portadora de vagina legítima. He escuchado muchos argumentos en torno a la participación de biohombres en apoyo de causas feministas así que decidí participar de esta inconformidad pensando en la concepción como una reacción entre óvulos y espermas. Entonces como productor de esperma recurrí al personaje bíblico de Onán 4 y el movimiento surgido tras su muerte y acción: el onanisno.

     Así se dio nombre al proyecto «HONHAN, HOmbres que No Hacen Niñxs». Tomando como referencia el cuento semita de la biblia que se volvió fundamento cultural en nuestro país acerca del pecado de echar por tierra el líquido seminal. En un sentido pro abortista, derramar semen es como mejor me podía manifestar desde mi corporalidad portadora y productora de semen, el esperma, el niñx en potencia, del semen al cemen-terio.

     Elaboré un pequeño statement de mi propuesta que presenté a las principales grupas feministas del momento en apoyo a la causa desde mi corporalidad:

HONHAN: Hombres que No HAcen Niñxs convoca:

a todos los sujetos biológicamente hombres a eyacular su desprecio por la ley anti aborto en Nuevo León por lo que comenzamos una campaña de recolección y desperdicio de semen en apoyo al derecho a decidir de las mujeres biológicas y seres trans-cyborg.

Con el semen recolectado se podrán llevar acabo las siguientes actividades:

-El bukake más grande del mundo
-La corrida colectiva pública más grande
-Grafitis hechos con semen
-Competencias de puntería bebiendo y escupiendo semen
…entre otras lúdicas actividades.

Además haremos llegar una carta al congreso firmada con el semen de los donantes en rechazo a la ley anti aborto.

¡¡¡Apoya esta noble causa!!!, a Jalar pues… 5

     La respuesta de estas grupas fue negativa. La masturbación masculina y su consecuente derramamiento de liquido seminal en espacio público como acto de protesta no es la mejor forma de exigir derechos sobre nuestras cuerpas. Yo por mi cuenta decidí empezar mi propia colecta de semen empezando por mí mismo y extendiendo la invitación a otros cuerpos productores de semen. La respuesta fue pobre. Semanas después la citada ley anti aborto fue rechazada en el congreso y el semen no fue derramado en las calles.

     Escribo sobre esta experiencia para y por si a algunx le sirve para accionar políticamente desde otras posiciones que no son propias de la actuación de las militancias politizadas, de la «actividad política» o de lo «políticamente correcto». Pues considero que la realidad siempre supera en complejidad y hechos a cualesquier ideología o afiliación sean estas de izquierda o derecha. Los espacios intersticiales de enunciación y de acción son tema aparte.

XI/MMXIV

Notas

1.- Este texto habla de una experiencia a finales de mayo del 2014

2.- http://aristeguinoticias.com/2905/mexico/ley-anti-aborto-en-nl-no-es-para-defender-el-embrion-es-para-criminalizar-a-las-mujeres-micher/

3.- «y yo entrego la ciudad de Monterrey Nuevo León a nuestro señor jesucristo para que su reino de paz sea establecido, abro las puertas de este municipio a dios como la máxima autoridad. Reconozco que sin su ayuda no podemos tener éxito». Palabras de la alcaldesa panista Margarita Arellanes en un evento público: http://www.sdpnoticias.com/local/monterrey/2013/06/09/increible-margarita-arellanes-alcaldesa-entrega-las-llaves-de-monterrey-a-jesucristo

4.- «Entonces Judá dijo á Onán: Entra á la mujer de tu hermano, y despósate con ella, y suscita simiente á tu hermano. Y sabiendo Onán que la simiente no había de ser suya, sucedía que cuando entraba á la mujer de su hermano vertía en tierra, por no dar simiente á su hermano. Y desagradó en ojos de Jehová lo que hacía, y también quitó á él la vida.» Biblia, Génesis XXXVIII: VIII-X

5.- https://www.facebook.com/pages/Honhan-Frente-Nuevo-León

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Carlos Peña Hernández; A.k.a. Ese Chamuko (Monterrey N.L.) : Espécimen norestense probablemente de la tribu Coyotera. Performero, artista plástico y Errorista cultural, estudio arquitectura, diseño gráfico, arte dramático y ciencias del mal. Sus performances son el resultado de un desarrollado voyeurismo urbano de tintes ácidos y cumbia rupestre. Actualmente se perfila como un sex symbol de la época.

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El Aborto Eugenésico desde la mirada de la Bioética (feminista) de/desde la diversidad funcional

por Soledad Arnau Ripollés

¡Verano 2012!: La esterilización forzosa y el aborto eugenésico

El debate público se desarrolló de la siguiente manera. A lo largo del mes de julio del 2012, el Ministro de Justicia, D. Alberto Ruiz Gallardón, realizó un par de declaraciones que tuvieron un fuerte impacto social. El primero, sucedió cuando el 04/07/2012 anunció que descartaba eliminar el artículo 156.2 del Código Penal que despenalizaba la esterilización forzosa o forzada de personas con diversidad funcional o discapacidad, que son declaradas incapaces judicialmente, porque entiende que «no se trata de una vulneración de sus derechos»[1]. El 31/07/2012 volvió a pronunciarse sobre esta cuestión comentando que se estudiaría la petición propuesta por el CERMI.

     Es prioritario que esta práctica cese como «opción segura» para que no existan embarazos no deseados. El CERMI ha hecho público que, sobre todo, son las mujeres con diversidad funcional quienes sufren mayoritariamente esta problemática. Existen residencias de personas con diversidad funcional, donde se solicita la práctica de la esterilización como requisito para acceder a una plaza residencial. Por ello, es importante identificar estas residencias, denunciar a quienes gestionan estos recursos, puesto que son responsables de esas «normativas internas», y que, en muchas ocasiones, son centros que están financiados por fondos públicos y/o privados, y por la propia persona con diversidad funcional que va a acceder a dicha plaza residencial.

     La segunda noticia, todavía mucho más impactante si cabe, sucedió el 22/07/2012. Tras el anuncio de modificación de la Ley Orgánica 2/2010, de 3 de marzo, de salud sexual y reproductiva y de la interrupción voluntaria del embarazo, se comunicó que el «aborto eugenésico» ya no iba a seguir siendo un supuesto válido para abortar sin penalización alguna porque vulneraba el derecho humano a la vida en igualdad de términos.

     En relación a esta segunda noticia, cabe recordar que en 2009 el Foro de Vida Independiente y Divertad (FVID) instó al Defensor del Pueblo a presentar un recurso[2] de inconstitucionalidad referente a este tema.

     Así también, en 2011, el Comité de los Derechos de las Personas con Discapacidad de Naciones Unidas, en la sexta sesión (19 -23/09/2011) recomienda al Estado Español:

[…] la abolición de la distinción hecha en la Ley 2/ 2010, acerca del período permitido por la ley dentro del cual se puede interrumpir un embarazo, basándose únicamente en una discapacidad.

Las Políticas Eugenésicas: Análisis desde la Bioética (feminista) de/desde la diversidad funcional

En septiembre de 2003 nace una nueva rama en el pensamiento filosófico, y muy en particular, en el bioético. Se trata de la nueva voz «Bioética de/desde la diversidad funcional» (Arnau Ripollés[3], 2011), o que «nace al otro lado del espejo» (Romañach Cabrero[4], 2009), como una innovadora propuesta que viene a deconstruir el argumentario tradicional que construye una cultura de violencia y opresora contra la realidad humana específica de la diversidad funcional, a través del «Modelo o paradigma de dominación patriarcal -biomédico -capacitista -minusvalidista», así como sobre otras diversidades humanas.

     Existe una búsqueda de perfeccionamiento humano que, en definitiva, se desarrolla mediante este paradigma de dominación hegemónico, y que se apoya en los avances biotecnológicos y biomédicos de los últimos tiempos. Es así como se perpetúa una perspectiva eugenésica sobre determinadas condiciones humanas, tales como la diversidad funcional, la intersexualidad, la vejez, la selección por sexo… Sin embargo, este deseo de «perfección» parece que de no saber «gestionarlo adecuadamente», puede derivar en un importante proceso de deshumanización: de exterminación de diferencias humanas.

     La consigna feminista que dice que la «Anatomía NO es destino», la cual, es compartida por la filosofía del movimiento mundial de vida independiente y del paradigma de la diversidad, refuerza la postura de la bioética de/desde la diversidad funcional que deconstruye el reduccionismo biologicista que genera dicho modelo de dominación hegemónico, mediante la biomedicalización o patologización.

     El «Aborto Eugenésico» simboliza todo un imaginario en el que «rechazamos directamente lo que entendemos que es diferente, defectuoso…». Pero, no sólo eso. También «nos creemos con el derecho» a no traer niños/as defectuosos/as a este mundo, ni tener la necesidad de cuidarles y/o tener que invertir recursos públicos para construir un mundo más amable e igualitario. Por tanto, abortar, significa seleccionar el tipo de hijo/a, y de miembros de una sociedad, que deseamos que conformen la población actual, y futura.

     La Bioética de/desde la diversidad funcional, y el Feminismo de/desde la diversidad funcional, son dos materias intelectuales que analizan críticamente las políticas eugenésicas actuales, fundamentalmente, cuando inciden en el «desde», como una mirada imprescindible a tener en cuenta para poder abordar las cuestiones bioéticas desde la justicia social y el reconocimiento a las diversidades humanas, a través de:

  • Modelo de la Diversidad
  • Éticas del Reconocimiento recíproco de la Diversidad
  • Feminismo de/desde la diversidad funcional
Fotografias tomadas del Facebook del Foro de vida Independiente, 2012: https://goo.gl/U7j8JX
Fotografias tomadas del Facebook del Foro de vida Independiente, 2012: https://goo.gl/U7j8JX

     Desde la «Bioética de/desde la diversidad funcional» se percibe otro punto de vista: ¡todas y todos, con y sin diversidad funcional, o con cualquier otra tipología de diversidad, como seres humanos, tenemos la «misma dignidad»! La dignidad, por tanto, es inherente, tanto si una persona con diversidad funcional pasa por un proceso de rehabilitación y/o curación, como si no lo hace (o, aunque pase, que no lo logre, tal cual prescribe la ciencia biomédica). Esta nueva mirada bioética, por tanto, se fundamenta en el enfoque de derechos humanos de Naciones Unidas mencionado más arriba: es decir, la diversidad funcional ya no es principalmente una cuestión de salud, sino de derechos humanos. Y, por ello mismo, la erradicación de nuestra discriminación por ser diferentes y nuestra plena participación en la sociedad en igualdad de oportunidades, es el objetivo prioritario a alcanzar. En ese marco, la salud pasa a ser, simplemente, uno de nuestros muchos derechos.

     Las mujeres y hombres con diversidad funcional merecemos ser ciudadanas y ciudadanos de pleno derecho. Nuestros derechos humanos así lo expresan. Para lograrlo, necesitamos por tanto que se acabe con toda la discriminación que existe contra nuestra condición humana específica. Las distintas políticas eugenésicas actuales (aborto coercitivo, aborto eugenésico, región forzosa, selección embrionaria, intervenciones quirúrgicas…) no pueden seguir siendo motivo de aniquilación humana contra la diversidad funcional. En todo caso, el aborto debe ser un acto libre, de decisión individual de la mujer, con y sin diversidad funcional, y gratuito.

[1] http://www.finanzas.com/noticias-001/sociedad/20120704/justicia-descarta-prohibir-esterilizacion-1444587.html

[2] Esta argumentación fue presentada a todos los Partidos Políticos, pero sólo el Partido Popular fue quien lo incluyó en su recurso de inconstitucionalidad.

[3] ARNAU RIPOLLÉS, Mª. S. (2011): «La Bioética de la diversidad funcional. Voces diferentes para una Cultura de Paz», en ANCHUSTEGUI IGARTUA, E. y CASADO DA ROCHA, A. (Edit.) (2011): 17ª Semana de Ética y Filosofía Política: «Nosotros y los Otros». Congreso Internacional de la Asociación Española de Ética y Filosofía Política (AEEFP). (San Sebastián, 1-3 de junio de 2011). País Vasco: Universidad del País Vasco. Págs.: 244 -245.

[4] ROMAÑACH CABRERO, J. (2009): Bioética al otro lado del espejo. La visión de las personas con diversidad funcional y el respeto a los Derechos Humanos, A Coruña: Ediciones Diversitas-AlES.

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Soledad Arnau Ripollés. Feminista. Filósofa  para la Paz. Bioeticista. Escritora. Directora de la Universidad Abierta Iberoamericana Manuel Lobato (UAIML-IPADEVI). Presidenta de la Asociación Instituto de Paz, Derechos Humanos y Vida Independiente (IPADEVI). Licenciada en FILOSOFÍA, por la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED-España). Master en: (Título Propio) Master Universitario “Europeo en Discapacidades”, por la UNED; Master (online) Universitario Oficial Europeo en “Bioética”, por la Universitat Ramon Llull (URL); Master Interuniversitario Oficial en “Cultura de Paz, Conflictos, Educación y Derechos Humanos”, por la Universidad de Málaga (UMA); (Título Propio) Master (online) Universitario en “Sexología y Género”, por la Universidad Rey Juan Carlos (URJC). Título de Especialista en “Educación para la Ciudadanía y los Derechos Humanos”, por la Universidad Carlos III de Madrid (UC3M). Título de Experto Universitario en “Sexualidad humana y Educación sexual”, por la UNE

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El acceso a Interrupción del Embarazo sin ningún requisito, en casos de violación, Legítimo Derecho de las Mujeres

Por Getsemani Barajas
Por Getsemani Barajas

Por Saúl Hernández

 La Mujeres y niñas en situación de embarazo, víctimas del delito de violación sexual, muchas veces, posterior a este evento, se enfrentan a otro tipo de violaciones; las de sus Derechos Humanos, específicamente el de sus derechos reproductivos: un embarazo forzado que lleva en sí mismo una ignominiosa carga de tortura cuando éstas solicitan interrumpirlo y se les niega. Las victimas no deberían transitar por esta doble estigmatización; sufrir una violación sexual y además ser obligadas a acreditar una serie de requisitos (como la obligación de denunciar el evento delictuoso) para acceder a otro derecho fundamental como lo es el derecho a la salud. El Estado y Sociedad deben de entender que son única y exclusivamente las mujeres quienes deben de decidir sobre sus cuerpos, los hombres aunque sea víctimas de violación, nunca se encontrarían en situación de embarazo.

     En este breve ensayo exploraremos algunos conceptos y fundamentos de derecho internacional y Nacional, con la finalidad de aportar respuestas y soluciones para el verdadero ejercicio de los derechos reproductivos y derechos Humanos de las Mujeres. A continuación, enumeramos los que consideramos los más importantes, y exponemos el fundamento en que nos basamos y finalmente exploramos y proponemos un Instrumento jurídico como una forma de acceder a ILE por violación sin necesidad de denunciar, o de que sea necesaria la autorización del Ministerio Público, de un Juez o de cualquier otra autoridad.

I.- Derecho a la Salud de las Mujeres

En su artículo ato, la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos establece que Toda persona tiene derecho a la protección de la salud. De la misma manera, respecto a la salud como derecho Humano de las Mujeres, el Poder Judicial de la Federación ha dicho que “…el derecho humano a la salud, se traduce en la obligación del Estado de garantizar el disfrute de servicios de salud y de asistencia social que satisfaga las necesidades de la población, entendiéndose por tales servicios, las acciones dirigidas a proteger, promover y restaurar la salud de la persona.”[1]. También la Suprema Corte de Justicia de la Nación ha determinado que “…la protección de la salud se traduce en la obligación del Estado de establecer los mecanismos necesarios para que todas las personas tengan acceso a los servicios de salud y que en virtud de que ésta es una responsabilidad que comparten el Estado, la sociedad y los interesados…”[2]. Es decir, las mujeres que soliciten servicios de salud para interrumpir un embarazo, tienen en todo momento el derecho de ser atendidas por instituciones de salud pública, de lo contrario estamos ante una omisión del estado, quen está obligado a proporcionar información segura, confiable y gratuita, así como el servicio de salud de calidad para las ciudadanas en situación de embarazo producto de una violación.

      La SCJN ha establecido como obligatorio el criterio de que el derecho a la salud, entre varios elementos, comprende el disfrute de servicios de salud de calidad en todas sus formas y niveles, dice:

el derecho a la protección de la salud previsto en el citado precepto constitucional tiene, entre otras finalidades, la de garantizar el disfrute de servicios de salud y de asistencia social que satisfagan las necesidades de la población, y que por servicios de salud se entienden las acciones dirigidas a proteger, promover y restaurar la salud de la persona y de la colectividad.

II.-El derecho a la Integridad Personal

     Este derecho se encuentra reconocido en el artículo 22 la Constitución Federal y en el numeral 5 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos[3]. Este derecho implica dos vertientes: 1) el respeto a la integridad física, psíquica y moral; y 2) la prohibición de la tortura y de penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes. Cabe destacar que la Convención no sólo prohíbe estos últimos, sino que hace referencia explícita al necesario respeto a la integridad personal; en este sentido, “los tratos crueles, inhumanos o degradantes conforman una protección mucho más amplia contra la posibilidad de cualquier tipo de abuso ya sea físico o mental”.[4] Bajo estos parámetros puede sostenerse que la consagración de un derecho a la integridad personal revela dos aspectos de esta disposición: genera, por una parte, la obligación del Estado de no realizar ninguna acción u omisión de las prohibidas por el artículo 5 de la Convención y de impedir que otros las realicen; por otra parte, alude a la cualidad de todo individuo de ser merecedor de respeto, sin que nadie pueda, en principio, interferir con él o con sus decisiones respecto de él (ellas), sugiriendo, de este modo, que el individuo es el dueño de sí mismo, tiene autonomía personal y por lo tanto, está facultado para decidir a su respecto, sin que el Estado tenga, en principio, la facultad de impedírselo. Negar a las mujeres víctimas de violación a al aborto seguro, es también una forma de maternidad forzada y por consiguiente una práctica de tortura, que implica una serie de las graves violaciones a sus derechos fundamentales.

III.- Derecho a la Vida Privada.

El derecho a la vida privada es la facultad que tienen las personas, en este caso las mujeres y niñas para no sufrir injerencias o ser molestadas en su esfera personal o intimidad[5], en todo aquello que desean compartir únicamente con quienes ellas elijan; tal derecho, deriva de la dignidad de la persona e implica la existencia de un ámbito propio y reservado frente a la acción y conocimiento de los demás. De acuerdo con el artículo 11 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos[6], el 17 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos[7], el 12 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos[8] y el V de la Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre, así como criterios emitidos por órganos internacionales de protección a los Derechos Humanos, el derecho a la vida privada y a la intimidad, son derechos internacionalmente protegidos y obligaciones jurídicas a cumplir por parte de los Estados. La Corte IDH ha señalado respecto al artículo 11 de la Convención Americana que “si bien esa norma se titula ‘Protección de la Honra y de la Dignidad’, su contenido incluye, entre otros, la protección de la vida privada.”. La Corte IDH ha abordado recientemente el tema de la injerencia arbitraria en los derechos de las mujeres en cuanto a sus derechos reproductivos al resolver el caso Artavia Murillo y otros (Fertilización In Vitro) vs Costa Rica[9], al determinar que la prohibición de que las personas puedan acudir a las tecnologías para reproducirse interfiere arbitrariamente en la vida de las personas, los derechos a la autonomía y libertad reproductiva, que están íntimamente relacionados con el ejercicio del derecho a la salud reproductiva. En consecuencia, las autoridades estatales (federales y locales) no deben limitar los derechos de las personas, específicamente de las mujeres, más cuando éstos tienen especial importancia para la toma de decisiones de nuestra vida privada.

VI.- El Argumento para solicitar ILE sin la necesidad de ningún requisito.

La Ley General de Víctimas considera como servicios de emergencia la interrupción del embarazo cuando éste haya sido producto de violación; señala además que dicho servicio debe prestarse de manera inmediata sin exigir condición previa. Artículo 29: «Las instituciones hospitalarias públicas del Gobierno Federal, de los estados, del Distrito Federal y de los municipios tienen la obligación de dar atención de emergencia de manera inmediata a las víctimas que lo requieran, con independencia de su capacidad socioeconómica o nacionalidad y sin exigir condición previa para su admisión». Artículo 30: «Los servicios de emergencia médica consistirán en: (…) IX. Servicios de interrupción voluntaria del embarazo en los casos permitidos por ley, con absoluto respeto de la voluntad de la víctima», y el artículo 35 de la Ley General de Víctimas establece que, a toda víctima de violación sexual, o cualquier otra conducta que afecte su integridad física o psicológica, se le garantizará el acceso a los servicios de anticoncepción de emergencia y de  interrupción voluntaria del embarazo en los casos permitidos por la ley, con absoluto respeto a la voluntad de la víctima.

Del mismo modo el Reglamento de la Ley general de Salud en materia de prestación de servicios de atención médica contempla: Artículo 215 Bis 6. En caso de Emergencia Médica, los Establecimientos para la Atención Médica del sector público estarán obligados a brindar a la Víctima los servicios a que se refiere el artículo 30 de la Ley General de Víctimas, con independencia de su capacidad socioeconómica o nacionalidad y sin que puedan condicionar su prestación a la presentación de la denuncia o querella. Es decir que las restricciones para acceder a los servicios de interrupción del embarazo producto de una violación ha sido recientemente abordada como una afectación a la salud y la integridad personal de las mujeres en su grado más extremo: como tratos crueles, inhumanos y degradantes, inclusive de tortura, por el Relator Especial de las Naciones Unidas sobre la tortura y otros tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes que en febrero de 2013 al rendir su informe en el 22º periodo de sesiones de Naciones Unidas estableció: «El Comité contra la Tortura ha expresado reiteradamente su preocupación por el hecho de que las restricciones en el acceso al aborto y las prohibiciones absolutas con respecto al mismo conculcan la prohibición de la tortura y los malos tratos». El Comité de Derechos Humanos señaló explícitamente que las violaciones al artículo 7 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos incluían el aborto forzoso, así como la denegación del acceso a un aborto en condiciones seguras a las mujeres que han quedado embarazadas a raíz de una violación y manifestó su inquietud acerca de los obstáculos impuestos al aborto cuando era legal.[10]

     Con la normatividad actual, los Hospitales Públicos y personal médico pueden atender a las mujeres y niñas que soliciten ILE por violación sin la necesidad de condicionarlas a ningún tipo de requisito ni de autorización de las autoridades, y sin responsabilidad para los Médicos, es oportunidad de impulsar esta ruta jurídica para que en respeto y pleno derecho de su Libre Autodeterminación y libre decisión sobre sus cuerpos, las mujeres en esta situación puedan interrumpir el embarazo y exigirle al Estado que les proporcione y garantice su derecho a la salud. El aborto seguro es una cuestión de Políticas Públicas de Salud y de Justicia Social, hay una deuda histórica de la sociedad por haber dejado a las mujeres solas en esta lucha en reconocimiento de la Dignidad Humana, es momento de lograr transformaciones juntos Mujeres, Gobierno y Sociedad Civil.

Santiago de Querétaro, Querétaro., 06 de septiembre de 2015.

 [1]T.C.C, “Derecho humano a la salud. La simple afirmación de las autoridades responsables sobre la inexistencia de los actos en su informe justificado, relativos a otorgar incapacidades y medicamentos, es insuficiente para revertir la carga de la prueba y, por tanto, dicha actuación contraviene aquél”, Tesis aislada, Semanario Judicial de la Federación y su Gaceta, 10ª época, libro XIII, tomo IV, octubre de 2012, p. 2467.

[2]SCJN, “Salud. El derecho a su protección conforme al artículo 4o., tercer párrafo, de la constitución política de los estados unidos mexicanos, es una responsabilidad social”, Tesis jurisprudencial, Pleno, Semanario Judicial de la Federación y su Gaceta, 9ª época, tomo XXVIII, octubre de 2008, p. 61.

[3]Convención Americana sobre Derechos Humanos.  Artículo 5.  Derecho a la Integridad Personal 1. Toda persona tiene derecho a que se respete su integridad física, psíquica y moral. 2. Nadie debe ser sometido a torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes.  Toda persona privada de libertad será tratada con el respeto debido a la dignidad inherente al ser humano.

[4] ALFONSO Galindo, Javier; Contenido del derecho a la integridad personal; Revista Derecho del Estado n.º 23, diciembre de 2009.; Universidad del Externado de Colombia, p. 99.

[5]Corte IDH, Caso Atala Riffo y niñas vs Chile. Fondo, reparaciones y costas. Sentencia, 24 de febrero de 2012, párrafo 161.

[6]Convención Americana sobre Derechos Humanos

Artículo 11. Protección de la Honra y de la Dignidad

  1. Toda persona tiene derecho al respeto de su honra y al reconocimiento de su dignidad.
  2. Nadie puede ser objeto de injerencias arbitrarias o abusivas en su vida privada, en la de su familia, en su domicilio o en su correspondencia, ni de ataques ilegales a su honra o reputación.

[7]Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos

Artículo 17.1. Nadie será objeto de injerencias arbitrarias o ilegales en su vida privada, su familia, su domicilio o su correspondencia, ni de ataques ilegales a su honra y reputación.

[8]Declaración Universal de Derechos Humanos

Artículo 12. Nadie será objeto de injerencias arbitrarias en su vida privada, su familia, su domicilio o su correspondencia, ni de ataques a su honra o a su reputación. Toda persona tiene derecho a la protección de la ley contra tales injerencias o ataques.

[9]Corte IDH, Caso Artavia Murillo y otros (“Fecundación In Vitro”) Vs. Costa Rica. Excepciones preliminares,fondo y reparaciones. Sentencia, 28 de noviembre de 2012.

[10] Ver, Informe del Relator Especial sobre la Tortura y otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes. Juan E. Méndez, 1 de febrero 2013.

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Saúl Hernández. Querétaro, Querétaro. Abogado y Defensor de Derechos Humanos.Abogado Litigante, desde hace más de 10 años Defensor de Derechos Humanos en materia de Género, Diversidad Sexual, Derechos Reproductivos, Feminicidios, Mujeres y Niñas Desaparecidas. Miembro de la Red Nacional de Abogados Radar 4ª por la Defensa de los Derechos Reproductivos, Becario en 2015 de Grupo de información en reproducción Elegida GIRE en el área de Litigio y documentación de casos.

Celular: 044) 4421576821

Email: saulhernandezmx@hotmail.com

Facebook/Saul HernandezMx

Twitter: SaulHernandezMx

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Por un aborto seguro, libre, legal y sobre todo, accesible

ilustración por Gelen Jeleton
ilustración por Gelen Jeleton

Por Ana Hernández

La historia que se narra a continuación está basada en hechos reales. Los nombres serán omitidos para proteger la identidad de las personas y A.C.

     Tengo que sintetizar lo más que pueda esta historia y espero poder hacerlo. Cuento con 7 semanas de embarazo, y el aborto es mi entrada, no mi salida. Mi entrada a la expropiación de mi propia cuerpa. Mi entrada a la liberación de mí misma. Mi entrada a la redención de no ser madre. Mi entrada a mi paraíso y mi propio infierno. Mi entrada a reivindicarme y abortarme también, sobre todo este miedo que me embarga y carcome.

     Llevo días sin poder comer, debido a que las náuseas se han incrementado y con ello, el vómito. Duermo la mayor parte del día y noche, me quedo sin energías. Lloro, lloro mucho, sufro. No por arrepentimiento, no entiendo qué me pone así de sentimental y trato de arrancarlo.

     El aborto y yo nos conocemos de antes, si es cuestión de contar cuántas veces, son 3. No quiero adentrarme a los anteriores, pero definitivamente este es distinto. En cuanto supe que estaba embarazada, usé la misoprostol, como las veces anteriores. Pero esta vez no funcionó. No tuve sangrado, no expulsé el saco embrionario, nada.

     Busqué asesoría mediante amigas, algunas asociaciones, y es momento de que se pongan de acuerdo con la dosis de ingesta, nadie coincidía y yo no sabía qué hacer.

     “¿Hago otra toma? ¿Mañana mismo o espero una semana?” “Toma 4 misoprostol oral cada 4 horas…” “No, no, no, toma 4 cada 24 horas” “no, espera, no hagas eso, introdúcelas vaginalmente cuatro pastillas…”

     Me sentía perdida y confundida, así que decidí ir al gine (de todos modos tenía que ir). Ahí me hicieron un ultrasonido, me comentó que tengo 7 semanas de embarazo y que el producto no se encontraba vivo:

“Yo no me dedico a ‘eso’ pero viendo tu caso, viendo que el producto se encuentra muerto y está adherido a la pared uterina, te haremos un legrado…”

     ¡UN LEGRADO! Lo que he estado evitando todo este maldito tiempo. Me rompí a llorar. El doctor, él, piensa que lo hago porque me nació una especie de instinto maternal. Que me caiga un rayo el día en que eso suceda, puesto que nunca quiero ser madre. Es el costo, compañerxs, lo que me puso así. Un poco más de $10,000 me sale este procedimiento. Si esto no es para llorar, díganme entonces qué es.

     El acompañamiento en este proceso corre a cargo de mi propia madre, ustedes dirán si no es bastante irónico mi caso.

     ¿Fechas de todo esto? Está de más contarlo, creo yo. Sólo asuman algo, es verano, es agosto y mañana tendré mi primer legrado. Estoy que me cago de los nervios y miedo. Abortar es bonito, un legrado es agresivamente más bello, tal vez. Me anestesiarán toda, me rasparan para desprender el cigoto. Me liberarán de ellx.

     Y al fin, podré respirar.

     ¿Esta historia continuará? Sí… Mi lección la tengo aprendida. Y no malinterpreten, no digo “NO” al aborto. Pero he sido muy agresiva con mi cuerpa este año, necesitamos descansar, tal vez brindar compañía e información a mujeres que se caguen de miedo como yo al escuchar la palabra legrado. Y que mi historia sirva no para generar miedo, sino todo lo contrario: valor. Es mi oportunidad de ser valiente y no pienso desaprovecharla.

     ¿Esta historia continuará? Tal vez, si así usted le desea. Si quiere saber qué es lo que sucedió a la mañana siguiente, alrededor de las 10 am seré llevada a la clínica, en ayunas.

¡Qué rabia! HABLEMOS DEL ABORTO

Santa Virgen de las no vírgenes, líbranos de toparnos al gine pro-vida. Que al momento de decirnos cuántas semanas de embarazo tenemos y replicar con “no quiero ser madre” no te corra ni te llene de prejuicios, ni amenace con demandarte.

Que la ilegalidad no sea un impedimento. Que sea accesible para todas aquellas que desean interrumpir su embarazo. Que la información no cueste y que sea inmediata. Que las A.C se pongan de acuerdo con las ingestas de misoprostol. Que el miedo no nos invada. HABLEMOS DEL ABORTO.

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Mi nombre es Ana Hernández. Soy originaria de Veracruz pero casi siempre siento que no pertenezco a ni un lado y así me guío. Estoy a vísperas de cumplir 26 años, estudiante de Sociología por la Universidad Veracruzana y misántropa. Feminista en constante cambio, pues todo cambia. También en proceso de deconstrucciones y devenires. Odio lxs machirules y las páginas de Facebook como “mujeres contra el feminismo”. Desconocida total, pasando desapercibida. No tengo colectivo ni A.C, ni nada.

“Ana, la madre de María, es la patrona de las mujeres a la hora del parto…” y yo soy su antítesis. Y mientras se me ocurre otra identidad, firmo con Ana.

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UNA LINA PARDO IBARRA – UNA MUJER DE ROJO Pre-texto para un acercamiento a prácticas artísticas con perspectivas feministas en Colombia


por Ángela Patricia Robles Laguna.1


«En términos de los temas que tocamos,
hemos tenido ciento cincuenta años de feminismo
y siglos enteros de misoginia y odio hacia las mujeres
y estas cosas no cambian muy rápido…»
Gerrilla Girls (2010)

Imagen 1. Circula actualmente en facebook. Autorx desconocidx. Fecha de realización desconocidx.
Imagen 1. Circula actualmente en facebook. Autorx desconocidx. Fecha de realización desconocidx.

Hace poco circuló en facebook una imagen en la que está una madre, frente a la puerta de un baño, escuchando a su hija decir que le ha llegado el periodo por primera vez, pero que no está segura, porque no sale azul como en el comercial. La publicación de ésto, en mi perfil en la red social, suscitó risas, varios comentarios y la celebración de la aparición de una caricatura crítica respecto a este fenómeno naturalizado de la menstruación azul. Enfrentarnos continuamente a la representación azulada de la sangre menstrual no produce ninguna extrañeza, está tan interiorizada como la forma en la que “debe verse la regla”, que el rojo-tinto de la sangre es lo que causa sorpresa, asco, terror y demás reacciones que muestran lo poco familiarizadxs que estamos, tanto a que se hable del sangrado menstrual, a menos de que se use el eufemismo: “ella está en sus días”, como a que se represente el mismo, a menos de que éste, esté censurado con el líquido en color azul ya mencionado.

El Colectivo Zunga, el 11 de Marzo del año en curso, publica en su blog un proyecto en video llamado: Nosotras las de Sangre Azul, en el que las integrantes del grupo intervienen un comercial de Nosotras (la marca de “productos íntimos para la mujer”: toallas higiénicas, protectores diarios, jabón…) con la escena de una chica que va caminando por la calle y a la que, progresivamente, se le mancha de azul el pantalón blanco que lleva puesto. El texto que se encuentra en la publicación en internet en la que dan cuenta del proyecto, las Zungas (2012) escriben:

Sólo habla de la menstruación la publicidad y se la trata como una vergüenza, el fenómeno natural del cuerpo femenino es siempre relacionado con la higiene. Es por esto que tomamos las imágenes en las cuales se prueban con líquido azul los productos, reclamando el reconocimiento al funcionamiento de nuestro cuerpo tal como es, dignificándolo y sin las cargas que culturalmente han pesado sobre él.

La proliferación de imágenes que continúan representando a las mujeres como objeto de deseo de la masculinidad hegemónica, con unas características específicas que las validan como tal, que abarcan clase, raza, edad, “orientación” sexual y el cumplimiento con la construcción de una feminidad particular, constituye este espacio de la producción visual, como uno de los dispositivos más efectivos de regulación y producción de normativas corporales. Por ello, a través de este texto y de su proyecto en video, las Zungas evidencian que, aún hoy, cuando muchxs las creen superadas, las luchas que se han emprendido desde el movimiento feminista, desde bio-mujeres y tecno-mujeres (2) por una autorepresentación digna de nos-otrxs, que no nos violente, censure y que no nos produzca como sujetos que deben avergonzarse, siguen siendo vigentes y necesarias.

En Colombia, el lugar de las representaciones de las asignadas como mujeres es, en gran medida, el de objetos de deseo, musas, amas de casa que promocionan jabones y productos alimenticios, madres, cuerpos sublimados, metáforas de belleza y espacios a ser higienizados. Nos son comunes las imágenes de las “Chicas Águila” quienes, en vestido de baño, son el ícono publicitario de una marca de cerveza, que ve en los cuerpos de estas mujeres, un objeto atrayente para los consumidores de su producto, consumidores entendidos como hombres. No nos son extrañas las imágenes de amas de casa, en diversos comerciales de televisión, promocionando jabones para el aseo del hogar, de la ropa, de los baños o de la loza, como sucede en marcas como la del jabón “Axión” o la del caldo “Ricostilla”. Así, tampoco nos causa ninguna sorpresa la sangre azulada de las mujeres que aparecen como protagonistas en los comerciales de “Nosotras”, tanto como no nos asombra ver que se hace uso del periodo de la menstruación como lugar para ser llenado con los estereotipos de la feminidad “sensible” e “irritable”, nombrada como “cara de cólico” en ciertos comerciales.

Andrea Barragán, en abril de 2012, sube a youtube su proyecto Mujer:es, en el que a través del montaje de imágenes de archivo, de comerciales producidos a finales de los 90’s en la televisión colombiana, señala cómo estas representaciones re-producen los modelos sexistas, que conforman los parámetros bajo los cuales, se naturaliza la idea del cuerpo de las mujeres como diferente, complementaria y subordinada al cuerpo de los hombres. Barragán (2012), en el texto adjunto al video, escribe:

…estas imágenes las pongo en contraste con una canción icónica de tributo a las mujeres hecha por Arjona, un machirulo Guatemalteco que en varias ocasiones ha tratado de definir lo que es la mujer con respecto al hombre./ Quise unir estas dos versiones sobre lo que debe ser una mujer, para en ellas encontrar las relaciones que se establecen en el ordenamiento social, en donde la mujer:es jerárquicamente subordinada al mundo masculino, para el cual ella es objetualizada, reduciendo su nivel de agenciamiento a lo privado en donde el reino y su empresa será el cuidado de su morada.

El interés en las formas en las que se representan los cuerpos de las biomujeres y tecno-mujeres en Colombia, atravesado por lineamientos de clase, raza, edad, ubicación geopolítica, práctica sexual, talla…, es actualmente la fuente de proyectos colectivos e individuales desde las prácticas artísticas y diversos procesos creativos, que parten de entender que «las representaciones son[…] hechos sociales y, por lo tanto, tienen consecuencias visibles en la cotidianidad de los miembros de una sociedad o de una cultura» (Rabinow, citado por Rodríguez Rondón, p. 39-45 2006). Pensar que las imágenes y múltiples representaciones a las que estamos expuestxs continuamente no son neutras, sino que implican afectaciones en nuestra emocionalidad y en las maneras en las que construimos nuestros cuerpos, nuestras vidas, nuestros deseos y las formas en las que vemos el mundo, implica concebirlas como dispositivos que re-producen las normas corporales que son actualizadas constantemente en y por lxs sujetos a lxs que interpelan.

Iniciativas críticas, dadas algunas a la luz o cercanas a diversas perspectivas feministas, como las del Colectivo Zunga, la Colectiva Lobas Furiosas (actualmente separada), la Revista Vozal, Mujeres Al Borde, Féminas Festivas, Colectivo Rexiste Riot Girrrl, Colectivo Gafas Violetas, Colectivo Divergentes (actualmente separado), Colectiva Juana Julia Guzmán, Zenaida Osorio, Mónica Eraso, Andrea Barragán, Ángela Robles y Una Lina Pardo Ibarra (autora del proyecto que convoca este texto), son actualmente, a nivel local, algunxs de lxs que han propiciado lugares desde dónde problematizar, a través de diversos procesos creativos, las formas en las que son construidas las subjetividades, identidades y corporalidades.

La articulación entre prácticas feministas y prácticas artísticas no hace parte de un momento histórico superado, ni tampoco es un movimiento, una vanguardia ni un estilo anclado en el trabajo de las artistas de finales del siglo XX. Esta confluencia sigue siendo vigente, en tanto que «el discurso feminista se ha convertido en la actualidad en una de las prácticas y en una de las teorías más activas en el desmontaje de las categorías de subjetividad, de identidad y de transformación de los roles asignados a los géneros y a los estereotipos sexuales» (Martínez Collado, 2005, p. 12). Así mismo, las prácticas artísticas posibilitan, a través de sus propias herramientas, el lugar de subversión de dichas normativas corporales y la posibilidad de transformación de las mismas. Al encontrar, en la generación de imágenes propias, un lugar de resistencia a las formas en las que los cuerpos son representados y así disciplinados, se generan iniciativas, que no corresponden propiamente al espacio de prácticas artísticas, desde donde se cuestiona, a través de herramientas creativas, las lógicas de poder que atienden al mundo de las imágenes.

Entender la multiplicidad de perspectivas feministas, no dadas linealmente, sino como respuesta crítica a sistemas de dominación actualmente perpetrados sobre los cuerpos conformados como “lxs otrxs” de la modernidad blanca, hetero, europea, colonial y delgada de lo humano, así como la diversidad de formas en las que se articulan estas perspectivas con las prácticas artísticas, permite el acercamiento a varias iniciativas creativas, como las nombradas anteriormente en nuestro contexto, desde las cuales se hace uso de diferentes procesos de producción de imágenes para generar lugares de reflexión sobre las maneras en que son construidas socialmente las representaciones sobre nuestrxs cuerpos y las maneras de contrarrestarlas, subvertirlas, resistirlas y transformarlas.

UNA MUJER DE ROJO (3)

Del 13 al 17 de agosto de este año, Una Lina Pardo Ibarra, en el marco del espacio de La Vitrina, en la Universidad de los Andes, en Bogotá, realiza su imagen performática(4) Una Mujer de Rojo. La invitación al evento, es difundida días antes, a través de la red, en plataformas como facebook. En ella, aparece el nombre del proyecto y la fotografía de su autora, vestida de rojo. Una Lina Pardo Ibarra hace uso de La vitrina como espacio de exposición de su cuerpo menstruante, durante cinco días, durante cinco horas cada uno, en relación con un mueble que se encuentra en la parte baja del lugar en el que ella está encerrada; el mueble contiene una serie de imágenes, que a manera de estampas religiosas, conforman un archivo de fotogramas, en los que son visibles mujeres vestidas de rojo en diversas películas, desde 1939 hasta el 2011. La disposición de la vitrina referente al mueble en el que se encuentran las estampas, consigue que quienes se acercan a ver el proyecto, deban inclinarse y ubicar sus rostros en la parte baja de la vitrina, en donde se localiza la vagina sangrante de Una Lina Pardo Ibarra.

Durante el tiempo de realización de la imagen performática y después de ésta, se despliegan en la red, espacios de discusión sobre el proyecto Una mujer de Rojo, dentro de los cuales podemos contar el blog de la asignatura Intervenir el espacio público, del departamento de Artes de la Universidad de los Andes, cuyo profesor es Jaime Iregui, y la página Intervenir el espacio, dentro de la plataforma de Esfera Pública; las dos páginas están enlazadas y los comentarios realizados en el primer espacio, pueden verse en el segundo.
Sorprende cómo, en la plataforma de Esfera Pública, en los dos lugares que se le dedican a la discusión generada en torno al proyecto de Una Lina Pardo Ibarra, se elija como punto de partida, un texto de Camila Montalvo (2012), que concluye de esta manera:

Así es, una reflexión a través del lenguaje corporal “liberador” que sugiere una relación con otros aspectos complejos pero que finalmente son lugares comunes donde viene la cosa feminista: vestido rojo + sensualidad + menstruación = mujer. Como si el verdadero mal fuera la menstruación: soy mujer, luego menstruo. Es bastante simplista, un intento por apoyarse en símbolos creados por su propia limitación de lo femenino: encerrarse en una vitrina, menstruar públicamente y relacionarlo inmediatamente con el vestido rojo. Quizá si la artista supiera que en la década de los noventas, en Colombia se dio el fenómeno feminista, de donde surgieron muchas posiciones que cuestionaban lo femenino y las revisara con cuidado, no hubiera quedado tan tibia en su cuestionamiento que se limita a esa condición reductiva de los medios de comunicación, dejando por fuera toda una serie de
discursos y censuras sobre el entendimiento del cuerpo que son toda una conciencia de la sociedad y que además ha evolucionado con el tiempo, pues el acto de menstruar en público visto como experiencia femenina podría ser equivalente al acto de sacarse un moco en público visto como experiencia infantil, no se trata de la mujer, se trata del cuerpo (Negrillas mías).

Esta opinión, nombrada en la página, en una primera instancia como “sinopsis”, permite evidenciar cómo el acercamiento a propuestas, dentro de ciertos espacios (al parecer, como el de las prácticas artísticas en Colombia), que estén ligadas o que parten de perspectivas feministas, son deslegitimadas por el hecho de ser consideradas anacrónicas, pasadas de moda o superadas, como si ya no valiese la pena hablar «de la mujer» porque ahora «se trata del cuerpo», como lo enuncia Montalvo; afirmación que no queda muy clara, ¿a qué querrá referirse con el enunciado «no se trata de la mujer, se trata del cuerpo»? ¿Acaso las mujeres no somos cuerpos? ¿Generar espacios de reflexión sobre cómo se perpetúan los roles asignados a las mujeres ya no son necesarios? ¿Qué se siga matando a mujeres, por el hecho de ser mujeres (feminicidios), quiere decir que «hay conciencia» de qué? ¿Las prácticas artísticas están escindidas de los movimientos sociales y de los campos críticos sobre las imágenes? ¿De verdad creerá que menstruar es como «sacarse un moco»? ¿Repensar cómo se representa a las mujeres y cómo a través de dichos modelos se construyen y legitiman relaciones sociales, no es un «aspecto social» y no le concierne a las mujeres? ¿A las prácticas artísticas no les corresponde problematizar, los dispositivos visuales que continúan produciendo el género? ¿Las prácticas artísticas se entienden como lugares neutros, en donde no se reproducen los roles asignados a las mujeres? ¿Quedó tan escandalizada Montalvo, al ver a Una Lina Pardo Ibarra menstruando, que no logró entender las relaciones críticas tejidas desde el trabajo de archivo de mujeres objetos de deseo y la acción de menstruar en una vitrina que incomoda el cuerpo de Una asignada como mujer?

Teresa de Lauretis (1989) escribe que «la construcción de género prosigue hoy a través de varias tecnologías de género (por ejemplo, el cine) y de discursos institucionales (por ejemplo, teorías) con poder para controlar el campo de significación social y entonces producir, promover e “implantar” representaciones de género» (p.25). A través del trabajo de archivo cinematográfico sobre mujeres de rojo, Una Lina Pardo Ibarra señala, cómo la construcción de personajes, como modelos de representación, ha localizado a las mujeres, en el cumplimiento de unos roles que se re-producen como característicos de nuestrxs cuerpos. Las estampas de “mujeres de rojo” en el cine, hace parte de una recopilación que evidencia cómo ese “hacerse mujer”(5), responde a unos códigos que actualizan la objetualización de los cuerpos de las mujeres y su lugar como imágenes deseables para el ojo masculino.

Muestra de este lugar constitutivo en el que se ha enmarcado y se enmarca actualmente al cuerpo de las mujeres, como objeto de deseo para la mirada masculina, es el comentario de Julian Felipe Baquero (2012), espectador de Una Mujer de Rojo, quien escribe:

En esta intervención vemos que la artista desea resaltar lo que ella llama “lo femenino” de la mujer, haciendo uso de un ciclo fisiológico característico de la mujer, el ciclo menstrual. De esta manera ella quiere hacer evidente la diferencia que marcan las etapas de este ciclo, haciendo énfasis en la etapa menstrual[…] el aumento en la secreción de sustancias químicas en el cuerpo lleva a que ella se siento más a gusto con su físico de mujer[…] Con esta intervención no me siento del todo a gusto, ya que para resaltar la feminidad en la mujer no es necesario el uso de tabúes. La belleza y feminidad de una mujer se va a campo más abstracto y subjetivo, pues las sensaciones que despiertan los aspectos físicos no son suficientes para considerar a una persona como bella […] Por esta razón veo que a esta propuesta le falta creatividad, ya que la desnudez y la menstruación se quedan cortas en el momento de resaltar la feminidad y sensualidad en la mujer.

¿Cómo es posible pensar que el llamado “asunto de las mujeres” o “la cosa feminista” esté superada, cuando se acerca un bio-hombre al trabajo Una mujer de rojo, esperando que la autora exalte de manera efectiva la feminidad y sensualidad que supone propias de las mujeres? ¿No percibió que lo que cuestionaba Una Lina Pardo Ibarra, era precisamente ese rol de objeto de deseo, que implica la expropiación de su cuerpo, la invisibilización de su menstruación, por ejemplo, y que conduce al cumplimiento de unos códigos que violentan la existencia de muchas mujeres?

Me detengo en estos dos comentarios, a pesar de la gran cantidad de letras leídas en torno al proyecto de Una Lina Pardo Ibarra, puesto que creo que condensan puntos problemáticos en común, respecto a lo suscitado por la acción: la deslegitimación de Una mujer de rojo por parecer una apuesta feminista y por tanto anacrónica y la imposibilidad de ver las relaciones tejidas por la autora en su imagen performática, debido a la centralización de los espectadores en que “había una mujer, menstruando en público, en la universidad”.

Las perspectivas feministas, o “la cosa feminista”, como la llama la espectadora Camila Montalvo, en su total desconocimiento de las mismas, con todos esos “asuntos” que problematizan las construcciones y los lugares de los cuerpos de las mujeres, de lxs no heterosexuales, de lxs racializados, de lxs que no estamos en el norte geopolíticamente dominante, de lxs gordxs, de lxs discapacitadxs, de lxs locxs, no es un “algo” superado, puesto que éstos siguen siendo los cuerpos violentados, simbólica y materialmente.

Generar posturas críticas sobre las imágenes, respecto a los sistemas de dominación y regulación de los cuerpos en nuestro contexto, parte de entender los dispositivos visuales que atraviesan las maneras en que construimos nuestras subjetividades y nos relacionamos en el mundo. Las representaciones no son simples imágenes ajenas a nuestra cotidianidad, a través de ellas se generan complejos hilos en los que nuestrxs cuerpos son interpelados, «proceso por el cual una representación social es aceptada y absorbida por un individuo como su (de ella o de él) propia representación y así volverse, para ese individuo, real, aún cuando en realidad es imaginaria» (Althusser, citado por Lauretis, 1989, p. 19).

Como señala el Colectivo Zunga, la producción mediática de imágenes respecto a la menstruación de las bio-mujeres, es un asunto que está enmarcado dentro de la higienización de nuestrxs cuerpos, y no constituye un espacio neutro y despolitizado, sino que atiende a lógicas de poder que mantienen y actualizan discursos desde donde se enuncian las maneras en que deben construirse, sentirse y pensarse las mujeres. Preciado (2006) enuncia que, la arquitectura, y para nuestro caso, los dispositivos visuales y protésicos generados para el manejo de lo relacionado con la menstruación,

 …bajo pretexto de higiene pública, dice ocuparse simplemente de la gestión de nuestras basuras orgánicas. BASURA>GÉNERO. Infalible economía productiva que transforma la basura en género. No nos engañemos: en la máquina capital-heterosexual no se desperdicia nada. Al contrario, cada momento de expulsion de un desecho orgánico sirve como ocasión para reproducir el género”.

Así, las campañas publicitarias que giran en torno a la promoción de los productos que se suponen simples artefactos para “el cuidado del cuerpo de las mujeres”, constituyen el espacio de re-producción de nociones de feminidad hegemónicas, como la vergüenza a la vagina, ese lugar que sigue siendo metáfora de “misterio” e “inmundicia”, tanto como la actualización de nociones esencialistas sobre la construcción de los cuerpos de las mujeres, como el pensar que “nacemos mujeres”, ligada a una genitalidad particular.

Asistimos a la extensa fabricación de productos dirigidos al “cuidado íntimo” de las bio-mujeres. Jabones exclusivamente diseñados para la vagina, una gran cantidad de dispositivos de absorción de la sangre menstrual, protectores diarios para “cuidar” la ropa interior del “flujo vaginal” y pañitos húmedos para limpiar “efectivamente” la zona genital, por ejemplo. En el portal web(6) de los productos Nosotras, el siguiente texto acompaña la página de promoción de los productos:

Sabemos que cada mujer es diferente... Nosotras tiene para ti, muuuuuchos productos que se ajustan a tus gustos y necesidades, diseñados especialmente para tu comodidad y tranquilidad. Conoce los tipos de Toallas, Protectores, Tampones, Pañitos Húmedos…y mucho más! Para que vivas segura estés donde estés.

Seguido de esto, aparece acompañando el jabón líquido (7) con el siguiente enunciado:

Las relaciones íntimas, el uso de baños públicos, el sudor, la humedad, las diferentes texturas de tus pantys, la depilada y mucho más, hacen que tu zona íntima esté expuesta a irritaciones, infecciones, rasquiñas y posibles olores./ El nuevo Jabón Íntimo Nosotras Natural con ácido láctico, evita que el ph de la zona íntima se altere y elimina los hongos que producen infecciones vaginales, lo que los jabones de tocador no hacen./ Además tiene aloe vera y manzanilla, ideal para la delicada piel de tu zona intima./ ¡cómpralo ya! úsalo todos los días en la ducha y siéntete íntimamente limpia, íntimamente segura.

Se habla de la menstruación, se habla de la vagina, pero ¿en qué términos se hace? El gran éxito que tienen este tipo de dispositivos, es que nos hacen creer que “ya lo vimos”, que “ya lo sabemos”, que se habla y que no se necesitan “modos literales” para hacerlo. Ahí está la vagina, ahí está la menstruación, así no se haga de manera explícita. Así, pareciese que no hay restricciones por las cuales “luchar”, de “esto ya se habla”, tanto como ya trabajamos, como ya votamos, como ya hemos accedido al llamado “espacio público”, entonces, ¿porqué seguir peleando por lo mismo?

Imagen 2. Respuesta de la colectiva Lobas Furiosas a las publicaciones de las revistas HOLA y SOHO. Difundida en internet.
Imagen 2. Respuesta de la colectiva Lobas Furiosas a las publicaciones de las revistas HOLA y SOHO. Difundida en internet.

Hace aproximadamente un año, en Diciembre de 2011, aparece en la revista Hola, la imagen de cuatro mujeres adineradas de Cali, quienes se encuentran en primer plano; en el segundo plano, simétricamente acomodadas, aparecen dos mujeres negras, con bandejas de té, a manera de decoración en la fotografía. La gran conmoción mediática por la que se llamó “una imagen racista”, que en realidad no sólo era racista, sino también sexista, clasista y colonial, produjo diversas respuestas, entre las cuales aparece una publicación “reivindicativa” al hecho, por parte de la revista Soho, que resuelve poner cuatro modelos racializadas, desnudas, en primer plano y en segundo, dos mujeres blancas, vestidas, con bandejas de té, a manera de decoración en la fotografía. ¿Está, de verdad, “ese asunto de las mujeres”, superado?

¿Cómo se habla de los cuerpos de las mujeres? ¿Quiénes lo hacen? ¿Quisiéramos seguir dejando las representaciones de nuestros cuerpos en manos de quienes creen que somos floreros para cambiar de lugar a su antojo? ¿Queremos que nuestrxs cuerpos sigan siendo considerados como lugares inmundos, foco de infecciones y “malos” olores? ¿Queremos ser el centro de las burlas (violencias) cada vez que se manche nuestro pantalón de rojo, porque la menstruación debe estar escondida? ¿Queremos seguir pensando que los fluidos de nuestro cuerpo son algo “grotesco”? ¿Queremos que nos sigan matando por ser mujeres? ¿Queremos seguir pensando que esto que nos han dicho es lo que somos y que no podemos estar de otras formas?
Lo que generó el proyecto de Una Lina Pardo Ibarra, fue la ruptura de un lugar de comodidad y la puesta en evidencia de los parámetros normalizadores, sexistas, anti-feministas y violentos, con los que se acercaron muchxs de lxs espectadorxs a Una mujer de rojo y su incapacidad para poder ver la imagen performática planteada por la autora. El pánico producido por saber a una mujer menstruando públicamente en las locaciones de su universidad, imposibilitó a lxs estudiantes de artes de los Andes, quienes escribieron prolongadamente sobre su  molestia al tener que ver una acción a la que catalogaron de “literal”, el poder interpretar los diferentes elementos que tenían frente a ellxs.

No les dijo nada la vitrina pequeña, incómoda, en la que se encontraba el cuerpo, no de un maniquí, sino de la autora del proyecto; no les suscitó nada, saber que fueron cinco días, durante cinco horas cada uno, los que Una Lina Pardo Ibarra estuvo allí, en silencio, presenciando las maneras en las que se acercaban a su cuerpo expuesto; no se molestaron en pensar el trabajo de archivo realizado en torno a las mujeres de rojo del cine y la relación de estas imágenes, que puestas a manera de estampas religiosas, se contraponían con el rojo de la sangre menstrual, señalando la paradoja de las representaciones de los cuerpos de las mujeres, que se encuentran entre lo sublime y lo inmundo, lo pagano y lo religioso, lo bueno y lo perverso, binarismos constitutivos de los dispositivos de regulación de los cuerpos; no se preocuparon por entender que éste no era un reencauche de las artistas de fin de siglo pasado, sino una acción contextualizada, una preocupación actual sobre las formas en las que se construyen los cuerpos de
las mujeres a través de la vergüenza; no entendieron, ni siquiera, cómo al acercarse a las estampas, se inclinaban ante la vagina de un cuerpo que no se quitó la camisa blanca para mostrarles las tetas, sino que centró la atención en el espacio de su vagina, sin depilaciones, sin maquillaje, sin condescendencias, desafiando la tal “sensualidad” que alegaron, había faltado; de lo que no se dieron cuenta, en general, fue de cómo sus reacciones e intentos de comentar lo que suponen vieron, muestran ampliamente la actualidad, la pertinencia y la importancia del proyecto Una Mujer de Rojo en nuestro contexto.

Mientras lo “humano”, siga construyéndose a través de parámetros racistas, sexistas, heterosexistas, coloniales y clasistas, las críticas realizadas desde
perspectivas feministas y cercanas a éstas, serán pertinentes, actualizables, necesarias y fundamentales. Las prácticas teóricas y las acciones feministas no son algo dado, estancado y pasado, por el contrario, son constantemente reevaluadas, ampliadas y repensadas. Helena Reckitt (2005), es su libro Arte y Feminismo escribe: «La promesa del arte feminista es la creación realizativa de nuevas realidades. El arte feminista reconocido llama nuestra atención sobre las posibilidades de pensamiento y práctica que aún quedan por crear, por vivir» (p. 20). Considero que la categoría Arte Feminista es re-evaluable, debatible, pero lo escrito por Reckitt pone de manifiesto la potencia transformadora de los proyectos que tienen la preocupación de generar espacios de reflexión, desde las prácticas artísticas y yo sumaría, diversos procesos creativos, en torno las formas en las
que se construyen nuestrxs cuerpos y las formas en las que lxs entendemos en relación con el mundo.

Apunte final, para lxs espectadorxs indignadxs por Una mujer de Rojo

 originalEn facebook rota una imagen que tiene por asunto “curar a una feminista”. Para quienes crean que es posible, lamento darles una mala noticia, no lo es. Si les pareció aterrador ver cómo Una Lina Pardo Ibarra se atrevía a ser la protagonista del acto “grotesco” de menstruar frente a ustedes, y si creyeron que sus comentarios serían capaces de callar, de silenciar, y de curar a esa “feminista anacrónica”, no entendieron algo más: nada más peligroso, que una feminista a la que se le ratifican, una y otra vez, los motivos de sus rabias y preocupaciones, los afectos que la movilizan y su situarse en contra. Serán parte, seguramente, de muchas más acciones “escandalosas”, feministas y “grotescas”; las mujeres perversas, las malas mujeres, las feas, las gordas, las maricas, las lesbianas, las camioneras, las locas, las barbudas, las indias, las machorras, las de vaginas menstruantes, las putas, las pobres, las sureñas, las travestis, las negras, las monstruosas, las que quieren ser hombres, las que tienen pene, las de vaginas dentadas, aún tenemos muchos espacios que tomarnos y mucho que decir, porque “ciento cincuenta años de feminismo” no son suficientes, frente a “siglos enteros de misoginia y odio a las mujeres”, racismo, clasismo, heterosexismo y colonialismo.
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(2) Entenderemos el término “mujeres” durante el texto, teniendo en cuenta la forma en la que aborda Beatriz Preciado, en Testo Yonqui, las categorías hombre y mujer: “Surge así, en medio de la guerra fría, una nueva distinción ontológico-sexual entre los hombres y mujeres «bio», aquéllos
que conservan el género que les fue asignado en el momento del nacimiento, y los hombres y las mujeres «trans» o «tecno», aquéllos que apelarán a las tecnologías hormonales, quirúrgicas y/o legales para modificar esa asignación”. Así, cuando diga “mujeres”, estaré haciendo referencia a
bio y tecno mujeres, cuando haga alusión explícita a Bio-mujeres, me estaré refiriendo a los cuerpos de las asignadas como mujeres al momento del nacimiento.

(3) Para ver imágenes de Una Mujer de Rojo, ir a: http://arte.uniandes.edu.co/expo/una-mujer-de-rojo/
(4) Llamaré “imagen performática” al proyecto de “Una Lina Pardo Ibarra”, a manera de “imagenacto”– “imagen-acción”.

5 Desnaturalización de la categoría mujer, “no nacemos mujeres, llegamos a serlo”, “la mujer no nace, se hace”. Posturas críticas que parten del trabajo de Simone de Beauvoir.

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BIBLIOGRAFÍA
Baquero. J. (2012, Agosto 15). Intervenir el espacio [Mensaje en Foro].
Recuperado de http://areadeproyectos.org/intervenir/archives/191/comment-page-
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Esfera Pública. (2012, Septiembre, 08). Debate En Torno Al Performance Una Mujer De Rojo. [Mensaje en Blog]. http://esferapublica.org/nfblog/? =43692
Imagen 3. Imagen que circula en facebook. Autor y fecha de realización desconocida.
Esfera Pública – Intervenir el espacio, un espacio de reflexión sobre el arte. (2012, Agosto 14). Una mujer de rojo. [Mensaje en Blog].
http://www.esferapublica.org/intervenir/2012/08/14/la-mujer-de-rojo/
Intervenir el espacio. (2012, Agosto). Una mujer de rojo. [Mensaje en Blog].
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Lauretis, T. (1989). La Tecnología del Género. En Technologies of Gender. Essays
on Theory, Film and Fiction (pp. 1-30). Macmillan Press.
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Montalvo. C. (2012, Agosto 16). Intervenir el espacio [Mensaje en Foro].
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Ondas: Guerrilla Girls. (2010, Enero 25). Catálogo en Línea. [Archivo de Video].
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Preciado, B. (2006). Basura y género. Mear/Cagar. Masculino/Femenino. Obtenida
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Preciado, B. (2008). Testo Yonqui. Madrid: Espasa Calpe.
Reckitt, H. (2005). Arte y Feminismo. Phaidon.
Rodríguez Rondón, M.A. (1989). ¿Qué es la representación y cuál es su
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Una mujer de rojo. (2012). Consultado el 22 de Noviembre de 2012, Universidad
de los Andes, página web de del Departamento de Arte:
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Yo Soy. (2012, Abril 12) Mujer:Es. [Archivo de Video]. Recuperado de
https://www.youtube.com/ watch ?v=D2vtUqg7dM

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 Angela Patricia Robles Laguna: Maestra en Artes Visuales, con énfasis en expresión audiovisual, de la Pontificia Universidad Javeriana. Lleva a cabo proyectos de investigación-creación e investigación-intervención en arte y género.

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Archivos desclosetados: museo y visibilidad

Por Adriana Raggi

Archivos desclosetados: espectros y poderes disidentes una exposición sobre archivo que sucede en el marco del 28 Festival Internacional por la Diversidad Sexuales una visita al archivo de la memoria que va más allá del movimiento LGBTTTI, que habla de las diversidades, de la historia de lucha y de la visibilidad y la invisibilidad que tienen las sexualidades disidentes en México. No es una exposición fácil de visitar o digerir, contiene mucha información que hay que ver con una gran calma, poco a poco, paso a paso. Como en toda exposición en donde hay una curaduría, hay una selección de temas, objetos y memorias. Se pueden encontrar en ella documentos como banderas, fotos, volantes, carteles, postales, folletos, dildos, condones, arnés bdsm y fanzines.

Foto: Francisco Estrella

La exposición tiene sus aciertos y sus desaciertos. Me parece que es un buen ensayo sobre la diversidad sexual en nuestro país, la lucha de la disidencia y momentos importantes que han cambiado nuestra visión de ella. Tiene como desacierto la falta de un análisis posterior de los archivos. Ahí están los archivos… ¿y después? Observación realizada por el crítico de arte Daniel Montero el día de la inauguración. Pero es una muy buena experiencia para pensar en el después, ¿qué hacemos con esta información? Dice el texto curatorial: “[…] este mapeo trata de interactuar con las inconsistencias, contradicciones, diferencias inasimilables, resistencias, ausencias y deseos para mostrar las complejidades de prácticas sexo-políticas entre épocas y generaciones.”[i] Entonces pensemos en la exposición como un mapeo, una búsqueda de las diferencias y las contradicciones. Un lugar en el que nos podemos parar para pensar en lo que está en ese análisis de las curadoras, y en lo que no está.

Foto: Daniel Limón

Lo que cada uno de nosotros pudo haber buscado con un franco deseo, es que las curadoras vean lo que uno ve. Esa es una memoria individual y un archivo personal, que es sumamente valioso y que sería importante rescatar de alguna forma en la exposición. Pero este archivo no tiene la obligación de estar presente. Hacer una curaduría implica poner ante los demás una forma de ver las cosas, no se trata de repetir ideas y formas, se trata de mostrar otras ideas y otras formas. Dice Philippe Parreno al hablar de qué es hacer una curaduría, que:

Los seres humanos quieren simplificar los acontecimientos en el mundo con el fin de comprenderlos. Por ejemplo, es más fácil de decir que la fuerza de gravedad es estable, pero en realidad no lo es. Oscila. Lyotard creía que el arte hablaba de eso, sobre las fuerzas resistentes que hacen que las cosas no sean totalmente lo que creemos que son. Esa es una forma muy hermosa de definir el arte y la curaduría de arte.[ii]

Archivos desclosetados: espectros y poderes disidentes nos habla desde una experiencia sobre la sexualidad disidente. Las curadoras y el equipo de investigación buscaron mostrarnos un punto de vista sobre las sexualidades. Nos hacen esta pregunta: “¿Cómo fue que llegamos a hacer vivibles, pensables y deseables las subjetividades contemporáneas disponibles en ese terreno ambiguo que llamamos diversidad sexual?”[iii]Una pregunta que nos habla justo del problema que plantea la exposición, la ambigüedad de la idea de diversidad sexual, los encuentros y desencuentros que se dan detrás de ella. Por lo mismo, es muy complicado que una curaduría de esta idea no deje afuera archivos, conceptos e impresiones. De la misma forma, cuando uno se enfrenta a esta exposición puede pensar en los problemas que se suscitaron al hacerla, las ganas de poner a todos, la imposibilidad de hacerlo.

Foto: Daniel Limón

Me imagino que ciertas luchas gremiales, sexuales y de poder, se infiltraron en el trabajo. Me imagino los archivos que no se prestaron, los que no se pudieron ver. También me imagino los que se sacaron porque no tenían un espacio en el discurso. Porque esta exposición fue un giro de 180 grados para el Museo Universitario del Chopo y el Festival Internacional por la Diversidad Sexual (FIDS). Un cambio en cuanto al concepto curatorial y artístico que hizo de esta experiencia un punto de partida para lograr nuevas formas de ver y pensar las sexualidades en este país, que son, desde mi punto de vista, totalmente necesarias. Es necesario polemizar y provocar diálogos acerca de qué es la sexualidad disidente en este país, ¿qué somos los cuerpos y los géneros que vivimos en él? ¿Cómo se nos reprime, cómo somos capaces de cuestionar a la sociedad? ¿Quiénes tenemos derecho a hablar de la sexualidad disidente? ¿Es solamente el punto de vista gay importante, es solamente esa la disidencia, o esa ya no es la disidencia?

Foto: Rafael Cruz Báez

Me parece que es entonces cuando debemos ponernos serios, hablar de cómo en un país como México las sexualidades y los cuerpos son reprimidos y entrenados para no ser, para obedecer y olvidarse de la posibilidad de ser otra cosa. El establishment sabe cómo absorber al disidente para neutralizarlo, por eso es que es siempre un escándalo cuando la disidencia habla desde otro lugar. Porque mueve las ideas y hace ver a quien ha sido neutralizado que ya no es la disidencia. Por eso es importante tener la capacidad de escuchar otros discursos, otras formas de pensar, de cuestionarnos qué estamos haciendo. Me parece que el Museo del Chopo ha dado ese paso y me parece importante, aún con sus limitaciones, escuchar lo que nos dice esta exposición y sus preguntas, ya que una de las cosas que me parece más significativa de ella es que nos deja muchas preguntas abiertas, que cada quien tiene la libertad de pensarlas, responderlas o de no hacerlo.

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Menstruación, bisexualidad y embarazo

por Helena R. Tripp

Yo nunca antes le había prestado atención a mi menstruación y cuando digo nunca eso es exactamente lo que quiero decir: nunca. Le hice tan nulo caso que la primera vez que me vino a los 9 años le dije a mi mamá: ya sangré; después subí a encerrarme a mi cuarto de juegos. Cuando, a las horas de haber dado mi comunicado, bajé por agua a la cocina, mi mamá me detuvo a mitad de la escalera que ya ascendía para seguir con la música a todo volumen y con mi baile, y me dijo: ¿te sientes bien? ¿no te duele nada? Con toda tranquilidad respondí que todo estaba bien y regresé a mi mundo.

    Tenerme a mi como hija no ha ser cosa fácil, estoy muy segura de ello, si yo misma no me entiendo, no entiendo de dónde provine; si para mí escapa a mi propia comprensión cómo es que yo terminé siendo yo; ¿cómo no ha de resultarle extraño a esa mujer preguntarse cómo es que de ella pude salir yo?

    La maternidad a mi criterio se le presenta como una cosa escalofriante, digna de ser temida y, por mero reconocimiento a su temeridad, es la única institución social a la cual mi sentido de respeto se niega a penetrar. Por eso cuando vislumbré la posibilidad de ser madre, me paralice por el ataque de angustia y pánico que me inundo de solo pensarlo.

    Soy una mujer de 24 años que por primera vez en su vida temió estar embarazada. El temor fue tan grande que por un momento, presa de la contrariedad, me juré a mi misma que sería la última vez que me encontraría en tal situación. Antes incluso de que la tranquilidad mental me llegara junto a la descarga de un torrente sanguíneo que anunciaba que ninguno de mis óvulos había sido fecundado, sabía que no iba a cumplir esa promesa. Me gustan los hombres, me gustó saber y sentir un pene dentro de mí. Los penes entran más dentro que los dedos de una mujer, incluso los dedos de los hombres entran más dentro de mí que los dedos de una mujer. Eso no quiere decir que me hayan dejado de gustar las mujeres, pues todavía no encuentro un placer que sustituya – ni creo nunca encontrarlo – la belleza que provoca la imagen de dos pechos desnudos, redondos y firmes.

    Creo que precisamente eso es la bisexualidad, la oportunidad de poder experimentar gusto, placer y satisfacción por el cuerpo del otro, sin importar si éste es el sinónimo o el antónimo del tuyo. Un cuerpo es un cuerpo y cuando se le ve con detenimiento es imposible no sentir algún grado de excitación por él.

    Mi bisexualidad fue descubierta hace poco más de un mes cuando me acosté por primera vez con un hombre. Aquí habría que hacer una separación entre la esencia y la existencia de mi bisexualidad. La existencia se remonta temporalmente a un mes, pero la esencia podría precederla. La duda que me hace escribir “podría” es fácilmente revocable si la respuesta a estas preguntas es sí: ¿cuenta como bisexualidad a ver visto repetidamente porno hetero para masturbarme? ¿haber leído compulsiva – y casi al grado de enamorarme de una de las autoras-, crónicas de cómo era la relación entre una mujer y un hombre? En verdad no sé si la respuesta afirmativa a estas preguntas termine de saldar la duda sobre mi bisexualidad, lo que si sé es lo siguiente:

    Si mi mente se había preparado para el lesbianismo por la experimentación con el cuerpo de una mujer; mi mente se había preparado para el cuerpo de un hombre por medio del arte y la literatura. Quizás por eso no hubo planes previos, dudas o la confesión de mi virginidad cuando él me propuso ir al otro cuarto a acabar lo que habíamos empezado en el sofá. Me tiró al suelo, me levantó las piernas y entro en mí. En una noche de dos botellas de whisky y proposiciones indecorosas dichas mutuamente en conversaciones triviales, tratando de ver si entre todas las personas que éramos esa noche, nos encontrábamos solos al final. Y lo hicimos. Me lo hizo. Se lo hice.

    Fue cosa de una sola noche, fue uno más a mi lista con la diferencia de que su cuerpo era de un sexo distinto de quien lo precedía en mi historial. Él se vino afuera de mí, a los días sangré y pensé que todo estaba bien, hasta que al mes siguiente experimenté un retraso de 3 días, cuando la sangre debió bajar no bajo y yo me espanté. Las probabilidades eran pocas pero existían y yo tenía 24 años, no era una adolescente que no supiera lo que estaba haciendo, no, era peor que eso: era una adulta que había entrado a un mundo desconocido, en el cual efectivamente no tenía ni la más remota idea de lo que estaba haciendo. Lo que las mujeres aprenden a saber desde adolescentes, yo recién lo estaba descubriendo. Lo que mi alumna de 13 años que dejó de asistir a la escuela entendió al ver cómo su panza comenzaba a crecer y su sangre a escasear, yo no lo entendía, no lo entiendo y -a juzgar por lo que me dije a mí misma enfrente del espejo mientras ponía una mano en mi vientre: “por favor, no estés ahí, porque yo no puedo ser tu madre”- jamás entenderé cómo es posible que ante el hecho de saber que dentro de 9 meses darás vida no te acobardes y huyas.

    Cuando me asumía lesbiana, sabía en teoría que la mejor de las opciones ante el escenario de una maternidad prematura y no deseada, era el aborto. Pero ahora, en la práctica, con la latente posibilidad de estar engendrando vida golpeando mi tranquilidad mental, ya no estaba tan segura. El acto me parecía digno de una sangrienta barbarie, pensar en mí, abierta de piernas ante la mirada de un médico que examina primero y después expulsa me era insoportable. Emocionalmente incapaz de enfrentarme ante eso sólo me quedaba la otra opción: proseguir con el embarazo. El problema era lo que venía inmediatamente después de mi nuevamente abierta de piernas expulsando a una criatura indefensa, chillona, incapaz de hacer nada por sí misma, esperando impacientemente todos los cuidados que se necesitan para crecer con una psique preferentemente no muy dañada.

   La RAE define la palabra “estabilidad” como “cualidad de estable”, lo que quiere decir que aquello que tiene estabilidad es -cito textual- “lo que se mantiene sin peligro de cambiar, caer o desaparecer”. Traducido a los términos de mi vida, para acabar pronto, todo lo que yo no soy. De estar embarazada, el día de la concepción tenía en mi organismo una cantidad ridícula de alcohol, que según el más mínimo sentido común me descalificaba para llevar acabo de manera óptima la más ridícula de las tareas (que no fuera, obviamente, la de dejar que me abrieran y me alzaran las piernas). De estar embarazada, durante el primer mes de gestación había consumido no sé cuántas cajas de cigarros – pero la cantidad equivale a poder decir tranquilamente “muchas” – y 100 pesos de mota. Me daban el premio a la madre del año, sin duda.

 “Por favor, no estés ahí, no puedes estar ahí”, repetía sin cesar frente al espejo, frente a la computadora, en el baño y mientras miraba al techo a punto de comenzar a intentar dormirme. No podía concentrarme en ninguna otra cosa que no fuera que la sangre que me daría tranquilidad no bajaba. “No estés ahí” es lo que decía, ¿a quién le estaba hablando? ¿No es hablarle a alguien y decirle “no estés ahí” una forma de aceptar que de hecho sí esta ahí? ¿Hay alguien ahí? Por favor, no estés ahí.

   Y, entonces, la sangre, la bendita sangre llegó. Llegó justo cuando la paranoia ya estaba ganando la guerra que se libraba en mi mente, cuando estaba a tres segundos de descender a la locura, cuando la imaginación desmedida sobre que ninguna de las opciones que tomara sería la correcta, la adecuada o la más sensata estaba apoderándose de mi. Estaba ya en el momento clave de pensar que la poca sangre que había desprendido a los días de haber mantenido relaciones, era lo que se conoce como sangrado de implantación. El 30% de las mujeres embarazadas durante su primer mes sangran en pequeñas cantidades, es un sangrado rosado o café marrón que anuncia que adentro de su cuerpo se está desarrollando ya otro cuerpo. Creí con una firmeza inaudita en mí pertenecer a ese 30%; a ese nivel me encontraba.

    El primer día que la sangre llegó, llegó poca. Pero al siguiente día inundó todo, traspasó todas las barreras hasta llegar a la superficie para anunciarme: “tranquila, los óvulos tardaron en desprenderse, pero aquí estoy. Aquí estoy y hasta ahora siempre he estado aquí”.

    Recuerdo hace tiempo un día en el supermercado, tenía 10 u 11 años. Mi mamá me comentaba por una razón justificada, que ahora no recuerdo, que en los países del Oriente Medio debido a mi edad y al hecho de que comencé a sangrar tan joven, hombres mayores que yo ya me encontrarían atractiva e irían con ella a proponerle una transición sentimental y monetaria – yo a cambio de tantas cabezas de ganado – y ella tendría que sentirse orgullosa. A eso añadan que mis caderas son anchas, símbolo inequívoco para una cultura machista que soy una mujer fértil capaz de procrear buenos hijos varones que continúen la estirpe de su padre.

    Mi sangre, entonces, me pasó completamente desapercibida hasta este momento. Este momento donde me doy cuenta de todas sus implicaciones y la agradezco y le temo a partes iguales con la misma intensidad.

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Helena R. Tripp Egresada de la licenciatura de Filosofía y Ciencias Sociales. Autora frecuente en la Revista Miseria: http://miseria.com.mx/author/helena-r-tripp/

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A la opinión pública: Violencia hacia las mujeres en el Museo de Arte Moderno

A la opinión pública:

La violencia hacia las mujeres, la indiferencia e incompetencia de las autoridades y la falta de solidaridad entre los seres humanos son algo de lo que no nos libramos en ningún sector de la sociedad, incluyendo el medio cultural.

En fechas recientes se ha desatado una fuerte polémica por la carta que le dirigió Tania Puente a la artista Lorena Wolffer en la revista digital Trama, el pasado 11 de julio, en la que denuncia haber sufrido una agresión sexual en el Museo de Arte Moderno (MAM), donde laboraba, por parte de un compañero de trabajo sindicalizado de la misma institución. El texto también resalta que a los pocos días del incidente la despidieron del MAM y reclama que recibió un trato negligente por parte de sus autoridades.

Por otro lado, Puente cuestionaba que en el museo se presentara la muestra Expuestas: registros públicos de Wolffer, que aborda el tema de la violencia hacia las mujeres, haciendo parecer que es un tema que le importa a la institución, cuando su caso concreto demuestra lo contrario.

Nos extraña la aparente insensibilidad que el Museo de Arte Moderno y el INBA han mostrado en el manejo de este caso. Esto, aunado al silencio que han mantenido, muestra una enorme falta de compromiso con la integridad de las mujeres que trabajan en la institución. Nos preocupa su seguridad. Demandamos que revisen el trato que le dieron a Tania Puente, que implementen un programa de capacitación en contra de la violencia de género para sus empleados y que establezcan protocolos internos de denuncia eficientes. Así mismo, exigimos un pronunciamiento público en contra de la violencia hacia las mujeres a la altura de las circunstancias.

Por otro lado, estamos muy consternadas por la violencia que se ha desatado por un lado en contra de Tania Puente y por el otro en contra de Lorena Wolffer, desviando atención del problema de fondo: la violencia de género, y la necesidad imperativa de generar mecanismos sociales e institucionales para combatirla y para promover modos de interacción que favorezcan el respeto.

Subrayamos la importancia de que las valientes voces de las mujeres que compartieron sus historias de violencia con Wolffer y que vemos en su valiosa exposición sean escuchadas. Nos parece que la muestra es una oportunidad para que otras mujeres dentro y fuera del INBA también levanten la voz, así como para que se fortalezca la solidaridad hacia ellas dentro y fuera de sus lugares de trabajo: es fundamental que quienes ejercen el poder a través de la violencia sexual sepan que sus compañeras de trabajo no están solas.

Ana Francis López Bayghen, Ana Serrano, Angélica Abelleyra, Aurora Montaño Barbosa, Claudia Espinosa Ramos, Cynthia Granados Posada, Elizabeth Ross, Fru Trejo, Gelen Jeleton, Janice Alba, Julia Antivilo, Karen Cordero, Larisa Escobedo, Laura Valencia Lozada, Leticia Pedrajo, Liz Misterio, Lucero González, Magali Lara, María Eugenia Chellet, Martha Toriz, Mirna Roldán, Mónica Mayer, Pilar García, Rian Lozano, Rosa Borrás, Rotmi Enciso y Satya Vinaver.

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