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La colonia alegre

imágen "Golden Dreams" por Félix D´Eon
imágen «Golden Dreams» por Félix D´Eon

por Pablo Caraballo

Por debajo del cuerpo de Occidente, corren ríos de sangre, de sudor y de semen. Por debajo no refiere, en este caso, a una metáfora espacial de las jerarquías dadas (aunque también) sino a la dimensión sublimada que no siempre estamos dispuestos a ver, pero que camina paralelo a la Historia (con mayúscula) y a los proyectos modernizadores de la civilización occidental. “Muéstrame a ver”, me dice Cleo que le dijo su amigo a un hombre que trabajaba en el terminal marítimo de Cumaná ―Cleo es un tipo “gay” de contextura gruesa, divorciado, con una hija de diecisiete años. Todos sus gestos están llenos de expresividad. Su casa parece un museo un poco arruinado― “y el tipo se bajó el cierre del pantalón y se sacó el pene para enseñárselo”. La anécdota me la contaba luego de una entrevista que le hice para mi trabajo de pregrado sobre “hombres gais” en Cumaná. Llevamos más de dos horas conversando. Cleo está acostumbrado a dirigirse a audiencias anónimas ―trabaja en teatro―, pero las anécdotas calenturientas fluyen solo cuando la grabadora ha dejado de grabar. “Yo creo que tiene que ver con una influencia mediterránea”, me dice, “aquí los hombres tienen mucha facilidad para acostarse con otro tipo… con un marisco. Y mientras más te acercas a la costa, es más normal aún”. “En Araya es peor. Yo tengo amigos que vienen de Caracas, expresamente a eso, todas las semanas santas y los carnavales. Los hombres te buscan. Les encanta un marisco”.

     ¿Dónde cabe esa flexibilidad moral y sexual de los hombres arayeros en un contexto prohibitivo y conservador como este? Mi familia, aún en la periferia de la periferia que es esta provincia, buscó siempre los medios para acercarnos a mi hermana y a mí a la modernidad. La televisión (gringa y agringada) delineó, en gran medida, mi concepción de las cosas. Mis “experiencias adolescentes” fueron casi nulas: mi vida, hasta los 18 o 19 años, transcurrió casi entera entre las paredes de mi cuarto, de mi casa; así que mis posibilidades de pensar más allá de una escrupulosa (e ingenua) normatividad heterosexual donde sexo/género/deseo son una línea coherente e impoluta, eran muy escasas. Careciendo de la teoría y la práctica mínimamente necesarias, aquellas escenas que Cleo me ilustraba constituían un mundo indescifrable. Personajes que no se detenían en definir una orientación estricta (recta y lineal) de su deseo, terminaban a su vez careciendo un poco de inteligibilidad para mí. Estos “hombres” no circunscribían sus placeres a cuerpos marcados por un solo sexo/género y, si bien reproducían la ficción de una masculinidad inamovible, ni siquiera negaban el gusto que les dejaba haber estado con un “marisco”. Aquellas anécdotas de Cleo merecían toda mi atención y, sin embargo, decidí no detenerme en ellas. Porque no mirar muchas veces es una consecuencia de no (poder/querer) entender.

     Algunos años después, estando yo borracho y amanecido en una playa, en las afueras de Cumaná, un muchacho del pueblo ―no mayor de 20 años― con el que tuve que conversar por un asunto de unas llaves, se me insinuó descaradamente. El poder es productivo, decía Foucault. La experiencia se me adelantaba a los conceptos. Si una de las cosas en las que enfatizaba Cleo era en la “normalidad” de aquellas prácticas, mi incapacidad para entender no radicaba solamente en las transgresiones de esos cuerpos, sino ―más aún― en la aparente aceptación de lo abyecto, en este contexto prohibitivo y conservador. Pero ¿conservador respecto a qué parámetros y de acuerdo a qué criterios? La ininteligibilidad no solo de los cuerpos transgresores sino también de la aceptación de esas monstruosidades, suelen ser reabsorbidos en los términos taxonómicos que tanto le gusta al pensamiento ilustrado. En México, por ejemplo (quizá por estar tan cerca del norte), las descarnadas evidencias del lenguaje de la calle, del “ambiente”, traducen una larga lista de categorías al uso para definir identidades, prácticas y deseos disonantes (mayates, chichifos, vestidas, jotos, etc.), encausándolas en una senda mucho más cómoda, o al menos nombrable.

     La globalización ha globalizado también los mecanismos de control y discriminación sexual que Occidente le debe a su pasado victoriano. No se trata, aun así, de buscar respuestas en el mito de un “buen salvaje”, aquel previo a la imposición despiadada del Norte; un “buen salvaje” ahora decolonial. La “anormalidad” encuentra sus otros cauces en la periferia (y en las periferias del centro), en el silencio cómplice (tan monstruoso como el crimen) de quienes, si bien no suelen reconocerle legitimidad, la dejan discurrir a sus anchas y, de vez en cuando, se les unen. Junto con la Historia de los cuerpos higienizados corren inevitablemente otras historias en paralelo. Por debajo (y por encima). Esas historias ininteligibles que rompen con la superficie lisa de la normalidad, no entienden de grandes relatos historiográficos porque se despliegan en pequeñas resistencias inconscientes ―no conscientes― que no se avergüenzan de su fugacidad. Las categorías universales no les sirven. No entienden de ciencias humanas y sexológicas porque esas ciencias no suelen entenderlas a ellas. La Historia es otra ficción, una que las historias deshacen a su paso, por debajo y desde adentro. Y, sin embargo, nos dejamos engañar. El colonizador hace su casa en nosotros, y nosotros somos la colonia. Pero por suerte una colonia que siempre resiste, que excede sus límites, que se desparrama.

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Pablo A. Caraballo Correa (Venezuela). Licenciado en Sociología (2010). Profesor universitario e investigador independiente en temas vinculados a los estudios culturales, de género y de disidencia sexual. Creador y coordinador del proyecto editorial Gente rara: http://raragenterara.blogspot.com/

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¿Dónde están los negros? El Caso de los Afromexicanos

Por Sol Atencio

Noble tarea la de narrar historias no contadas, aquellos relatos cuyos protagonistas quedan invisibles en el engranaje discursivo de la legitimidad de la nación, son historias múltiples tiradas al margen de las verdades absolutas del tiempo. Este es el caso de un componente demográfico que ha quedado abandonado en la invisibilidad de la construcción nacional: los afromexicanos.

            Este hecho particular despertó en mí una profunda inquietud, por proceder de un país caribeño donde lo “afro” se vive de forma tan cotidiana que ni se piensa ni se cuestiona, al llegar a México lo primero que me pregunté fue: ¿En dónde están los negros?. Comencé a indagar y a preguntarle a amigos y conocidos y obtuve la misma respuesta repetida y contundente: EN MÉXICO NO HAY NEGROS.

            Fui descubriendo que a lo largo de la historia oficial mexicana, el principal sustento de la identidad nacional ha sido la premisa del mestizaje indio/blanco como parte constitutiva fundamental. La exaltación de este mestizaje, ha significado la exclusión de otras personas y poblaciones que han jugado un papel transcendental en la construcción de la sociedad nacional, tanto desde el punto de vista económico, como social y cultural.

                        Hoy en día gracias a investigaciones históricas y antropológicas se ha demostrado la importancia que tienen las personas, poblaciones y comunidades de origen africano, quienes desde su llegada a México formaron familias y comunidades en interrelación y convivencia con los grupos culturales existentes, en especial con la población indígena; se considera que por esta razón muchos de sus rasgos fenotípicos se combinaron y mezclaron.

                        Estos estudios han revelado que aproximadamente 250,000 personas arribaron de manera forzada a la entonces Nueva España desde el momento de la Conquista hasta finales de la época virreinal y que otras personas afrodescendientes libres, llegaron en el siglo XIX al territorio mexicano procedentes de Estados Unidos y de países de Centroamérica y el Caribe.

            Lamentablemente, en la historia de la nación, los africanos y sus descendientes han estado ausentes y siguen siendo pocas las investigaciones que ofrecen datos e información confiable, la ideología oficial invisibiliza y niega su presencia y contribución, y en los censos de población no se incluyen preguntas o referencias que permitan reconocer e identificar cuántos afromexicanos actualmente existen en el país.

            Esta exclusión provoca una ignorancia, negación y discriminación de estas personas y sus manifestaciones y contribuciones culturales, siendo víctimas de racismo, abusos y desatención por parte de las políticas públicas, mismas necesarias para aminorar las carencias y desigualdades de las que son víctimas, ya que en la actualidad este sector de la población tiene menos acceso a servicios de salud y educación, así como menos oportunidades de empleo.

NEGACIÓN Y RACISMO

En los últimos tiempos hablar de racismo se ha convertido en un tema en boga y principal norte de políticas gubernamentales y sociales. Pero hay manifestaciones de este flagelo social que son tan sutiles y naturalizadas que se siguen reproduciendo; estamos acostumbrados a pensar en el racismo como una forma de concebir al “otro” de manera negativa y estigmatizada en virtud de sus características, pero no solamente se manifiesta de esta manera expresa, sino también en la negación de su existencia.

            El indigenismo rector de la política del estado mexicano exalta el pasado indígena y el presente mestizo relegando a los afromexicanos tanto del discurso oficial como del imaginario colectivo, esta exclusión constituye una modalidad tan sutil y tenue del racismo que una parte importante de la población está convencida de la idea de que como “en México todos somos mestizos” no puede existir racismo. Esta negación del racismo remite a la referencia común que se tiene de que “las personas de color están fuera de México”[1], en lugares distantes como Colombia o Cuba, perpetuándose de esta manera la desigualdad y minimizándose la discriminación que los afecta.

Todo esto ha establecido una coyuntura global donde las diferencias y particularidades culturales se enarbolan como banderas para movimientos políticos y sociales que demandan reivindicaciones identitarias y respeto a los derechos fundamentales. Es así, como hoy en día, existen grupos y movimientos sociales afromexicanos que pretenden un reconocimiento histórico y constitucional por parte del Estado para el pleno cumplimiento de compromisos asumidos.

Carnaval-de-Campeche,-México-febrero-2014.-Foto-Sol-Atencio

                 Carnaval de Campeche, México febrero 2014. Foto Sol Atencio

El caso del movimiento afromexicano es particular si lo comparamos con los movimientos afrodescendientes de América Latina, la ausencia y negación en la historia del México contemporáneo ha ocasionado el surgimiento de movimientos sociales de esta naturaleza sea de reciente data.

Por parte de organismos internacionales, también se han desarrollado acciones para romper el silencio y visibilizar los hechos y las consecuencias del comercio esclavista colonial, como por ejemplo la creación en 1994 del Proyecto Internacional “La Ruta del Esclavo. Resistencia, libertad, Patrimonio” de la UNESCO, que celebró su XX aniversario en México como sede, y la Declaratoria del Decenio de los Afrodescendientes (2015-2024) por parte de la ONU.

            A pesar de que estos instrumentos buscan dar a conocer la participación económica, social y cultural de los miles de africanos y sus aportes en las naciones latinoamericanas, y el emprendimiento de políticas y acciones para el combate al racismo y la discriminación, tales objetivos tanto en México como en otros lugares del mundo no han podido vislumbrarse. Por ejemplo, la Ley Federal para Prevenir y Eliminar la Discriminación presenta fuertes debilidades en relación al cumplimiento y apego a convenciones y tratados internacionales en la materia y no recupera el sentido específico que en materia de racismo tienen las legislaciones de otros países de América Latina[2] como Colombia, cuya reforma constitucional del año 1991 reconoce a las poblaciones afrocolombianas como un grupo étnico más que conforma la diversidad cultural de la nación.

            El presidente de la Comisión Permanente de Asuntos Indígenas de la LXII Legislatura, Alejandro Martínez Ramírez dijo que a pesar de estos avances jurídicos, este sector de la población sigue siendo un grupo específico que continúa sufriendo la discriminación como legado histórico en todos los ámbitos de la vida y  a pesar de ello, han conservado su cosmovisión, formas de organización y  cultura mismas que han sido recreadas y adoptadas por nuevas generaciones y han brindado un valioso aporte cultural y étnico[3].            Los hechos como el reconocimiento constitucional y la reforma a la Ley Federal para Prevenir y Eliminar la Discriminación siguen siendo bandera de los movimientos afromexicanos y los medios académicos dedicados a este tópico. En la legislación mexicana sólo la Constitución Política Del Estado Libre y Soberano de Oaxaca reconoce jurídicamente la existencia de grupos afromexicanos y custodia los derechos de los pueblos y comunidades afro oaxaqueñas.

            Son muchos los eventos y foros de discusión producto del esfuerzo de estos nuevos agentes movilizadores que demandan el reconocimiento jurídico y la reivindicación histórica. Este año en el marco del Decenio de los Afrodescendientes se desarrolla una oportunidad propicia para llevar a cabo acciones conjuntas, que buscan impulsar acciones para promover los derechos humanos de estos pueblos.

            Los afromexicanos demandan su justo lugar en la historia, es menester que tales acciones se traduzcan en políticas inclusivas y en apoyo real ya que como señaló Regina Martínez Casas: a pesar de que el 3% de la población mexicana es negra, mulata o afrodescendientes, es también el sector de la población más marginado, discriminado y marcado por la desigualdad, sobre el que no se han establecido siquiera políticas públicas para aminorar esa brecha [4].

[1] Respuesta de una docente de una universidad en Ciudad de México, en Espinosa, E.L. (2014). Viaje por la Invisibilidad de los Afromexicanos. Centro de Estudios Sociales y de Opinión Pública. México p. 33

[2] En Espinosa, E.L. (2014). Viaje por la Invisibilidad de los Afromexicanos. Centro de Estudios Sociales y de Opinión Pública. México p. 29

[3]http://www.chiapasparalelo.com/medios-aliados/2015/03/afromexicanos-siguen-siendo-discriminados-estado-mexicano-debe-reconocer-derechos/ 12 de marzo 2015

[4] Profesora investigadora del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social en www.elimparcialoaxaca.mx

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Sol Atencio. Licenciatura en Derecho en la Universidad del Zulia, Maracaibo-Venezuela; foto-sollicenciatura en Antropología Social en la Escuela Nacional de Antropología e Historia en México. Experiencia en gestión de eventos culturales de instituciones gubernamentales y diplomáticas, Embajada de la República Bolivariana de Venezuela en México. Trabajo etnográfico en comunidades afromexicanas en Guerrero, México. Logística y Organización Cursos como «Introducción al Estudio de las Poblaciones Afrodescendientes» en la CNAN-INAH y sobre afrodescendientes del Instituto Harriet Tubman de Canadá en CNAN-INAH 2014. Relatora Mesa «reconocimiento constitucional» en el XXI Encuentro de Pueblos Negros en Cuajinicuilapa Guerrero, noviembre 2014 y Reunión del Comité Científico Ruta del Esclavo de la UNESCO. Museo de Historia Castillo de Chapultepec. 2014

 

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Maldonada*, la leona

Por Nerina Vallejo

*Still del video «La Madonada», de Mara Carrión y Carla di Lorenzo:  https://goo.gl/asZsqF

Esa mañana caminaba desnuda con las costillas pegadas a la piel por el Buenos Aires de Mendoza plagado de muerte por la conquista. Había huido del lado de mis supuestos “compatriotas” en busca de comida, cansada de tanta violencia, muerte y viruela.

     Pocas ilusiones me quedaban de sobrevivir entre esos dos mundos que luchaban por el mismo suelo: Uno que ya no era más el mío por no identificarme con la sanguinaria muerte, violaciones y maldad que proclamaba, y otro, que por ser tan desconocido y diferente resultaba inaccesible para una mujer como yo. Era una don nadie en una tierra en disputa por ser de alguien.

     Abatida por el hambre y cansada de caminar decidí dejar de resistirme y entregarme a los brazos de la muerte, harta de sentirme desposeída de mí, perdida en un mundo enfermo donde me habían arrebatado el cuerpo más de mil veces, aquellos sucios y cobardes marineros, ladrones y asesinos…

     Moribunda quise sentir el calor de las piedras. Fue entonces cuando caí a las puertas de una cueva. Cerré los ojos y me dejé ir con una calidez inventada.

     De pronto, algo me devolvió a la oscuridad y frialdad de la cueva: Un rugido que hacía eco desde el fondo, algo que conmocionó mi alma y la atrajo de nuevo al estado de alerta. No todo había acabado para mí, todavía.

     Abrí los ojos despacio para darle una última oportunidad a mi vida y allí estaba ella.
Me miró fijamente y en sus ojos vi lo que miserablemente el mundo me había arrebatado.
Era fuerte, salvaje, desafiante y no tenía miedo. Nos miramos y ambas vimos nuestras cicatrices en el alma. Quizá las dos estábamos perdidas en aquel lugar, quizá no pertenecíamos a ningún suelo, a ninguna causa por la que luchar más que la de nuestros propios huesos… Oh, ¡Mis huesos! que la hicieron compadecerse para después darme calor junto a su pecho.

Pasados unos días pude levantarme. Salí de la cueva con la mirada distinta y con la cabeza erguida. Fui en busca de comida por aquella nada que me rodeaba sin expectativas pero con un andar diferente.

     Mientras caminaba escuché pasos y, repentinamente, alguien se abalanzó sobre mí por la espalda. Era un indio e iba acompañado de dos más. Me ataron y me llevaron a su poblado.

     Cuando llegué todos me miraban, aunque con menos maldad en los ojos que los de mis propios “hermanos”. Me tuvieron prisionera, me alimentaron y aunque nunca me sentí parte de la tribu, me hice más fuerte.

     A medida de que los días pasaban me acordaba más de mi salvadora, aquella que me hizo pertenecer a su tribu de la cual verdaderamente me sentí parte, la que me dio un abrigo en vez de golpes, me alimentó con sus senos en vez de ponerme cadenas.

     Una tarde me senté en una roca y me distraje con la paz del agua. De pronto, el reflejo empezó a borrarse y escuché gritos de hombres en español, el golpe de las armas y las botas chocando contra el suelo. Corrí lo que más pude hasta que me ardieron las piernas pero no bastó para escapar de ellos, sucios violadores, apestosas ratas cobardes. Volvieron a poner sus manos sobre mí pero esta vez no tuve miedo, sino que toda mi ira salió como un rugido violento y se convirtió en puñetazos, escupidas, patadas e insultos.

     Me golpearon en la cabeza y me ataron. Me llevaron al poblado para entregarme a Francisco Ruiz Galán quien me condenó por algo que los varones asesinos hacían todo el tiempo: tener contacto con los “nativos”.

     El “piadoso” enviado de su católica majestad ordenó que me desnudasen y me atasen a un árbol a orillas del arroyo Maldonado para que me devoraran las fieras.

     Otra vez estaba herida, violentada y humillada… pero no me dolió. Tampoco tuve miedo de que las fieras vinieran ya que nada peor podía pasarle a mi cuerpo, ni ser devorado por éstas lo lastimaría, sus mordiscos jamás llegarían a ser tan crueles como lo fueron aquellos hombres conmigo, con los indígenas, con la vida.

     Esperando sin miedo mi muerte cerré los ojos y dormí, deseando que ese sueño se convirtiera en el calor que me faltaba, en el que me había dado la leona que una vez también fui.

En el medio de la misma noche, bajo el cantar de los grillos y los sonidos de animales que desconozco, escuché unos pasos que no eran ni de indios ni de españoles. Abrí los ojos y ahí estaban los suyos penetrando la densidad y espesor de la noche con toda su luz.
Se echó a mis pies y me protegió toda la noche.

     A la mañana siguiente desperté en el medio del bosque acostada en la hierba. Confundida bajé la mirada buscando mis pies, que de pronto, eran patas, a mis manos que tenían garras y corriendo hacia la orilla del río busqué mi alma que sentía tampoco ser mía. Me asomé y reconocí sus enormes y salvajes ojos. Allí estaba, tan salvaje, la eterna mirada de la leona.

*Basada en la leyenda contada por Ruy Díaz de Guzmán.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Tomar la cámara, intervenir el género: piensos desde el Taller de Cine Feminista

por Cuerpos parlantes

 

Hace unos días nos encontrábamos en uno de los edificios gubernamentales del estado de Jalisco, en cuya bóveda pudimos apreciar un mural que representa en manos de quién ha estado la cultura, la política, el arte, la guerra, la religión, la literatura, la ciencia y la educación. Hombres vestidos hasta el cuello con propiedad para dictar su palabra sobre estos ámbitos, con gesto duro en el rostro, manifestando su firmeza  para el logro de sus empresas (excepto los cuerpos racializados,  que aparecen desnudos y encadenados). Flotando sobre ellos, cuerpos femeninos desnudos, exuberantes,  como premio y representación de las gloriosas proezas de esos célebres varones. Al igual que el cine, la televisión y la publicidad, este tipo de obras pictóricas está pensado para la mirada masculina, vigilante del orden social, binario y jerárquico, en el sentido de que su efecto es recordar a cada género la misión a la que está llamado, quién es el vencedor y cuál es su conquista. Este tipo de representaciones, además, se encuentra en los libros de educación básica en México proporcionados por la Secretaría de la Educación Pública, y siguen cumpliendo la función de reproducir las relaciones tradicionales entre los géneros, a través de ilustraciones en las que las mujeres ocupan lugares secundarios o subalternos.

     Sin embargo, hay otra forma histórica de representar a las mujeres en los medios audiovisuales y narrativos que tiene su raíz a finales de la Edad Media europea, entre los siglos XIII y XVI, período en el que nueve millones de mujeres fueron quemadas, torturadas y asesinadas bajo la acusación de ser brujas, esto es, mujeres con saberes al servicio de curar enfermedades, del control de la natalidad y del cuidado de lo común. Como ha explicado con detalle Silvia Federici (2004), la cacería de brujas fue la primera persecución multimedia en la que todos los medios culturales de la época medieval -la pintura, el teatro, la literatura y los relatos de los juglares- fueron utilizados para estigmatizar a estas mujeres pues suponían una afrenta al naciente sistema capitalista, que a la fecha requiere de controlar los cuerpos de las mujeres para las funciones reproductivas. Una de las primeras tareas de la imprenta fue alertar a la gente del peligro de las brujas con la impresión de panfletos donde se publicaban los juicios más famosos y los detalles más atroces de las torturas. El filme Häxan. La brujería a través de los tiempos de 1922, mezcla de documental y ficción, reproduce de forma un tanto ridícula -vista desde nuestros días quizá- los mitos construidos en torno a las brujas en la época medieval.

     La importancia de pensar las representaciones que configuran nuestra cultura audiovisual de cinco siglos a la fecha radica en los efectos sociales y subjetivos que ésta tiene en nuestras relaciones, en nuestra identidad, en la posición que ocupamos en el mundo. Tomando como herramienta el psicoanálisis, la teórica feminista de la imagen Laura Mulvey (1974) analizó cómo se estructuran las formas de hacer y de ver cine de acuerdo a un orden sexual jerárquico y patriarcal, que induce a experimentar básicamente dos tipos de placeres: el de la escopofilia (el sometimiento de los otros a una mirada controladora y curiosa) y el narcisismo (la identificación con aquellos que salen en la pantalla). Esto significa que los discursos audiovisuales no nos influyen por simple imitación y repetición de lo que vemos aparecer en pantalla, sino que abren campos de significados ampliamente compartidos (el consumo masivo) que nos dan la posibilidad de pertenecer a una colectividad en la medida en la que deseamos y emulamos a sus protagonistas, los estilos de vida que proponen, y que nos permiten apropiarnos de ellos mediante la mirada.

Al día de hoy prevalece una cultura audiovisual en la que el lugar central en las imágenes y los relatos que consumimos es ocupado por la representación de la masculinidad hegemónica cuando se trata de personajes activos, heroicos, solventes, determinados, mientras que las figuras femeninas, los cuerpos racializados y cualquiera que represente la otredad respecto al sujeto varón blanco ocupan papeles secundarios, de apoyo y de antagonismo. Las representaciones de las mujeres cobran notoriedad cuando se trata de cuerpos-objeto de la mirada masculina, y cuyos personajes no tienen más proyecto que seguir las aventuras del hombre protagonista o ser parte del botín por sus actos valerosos.

Los efectos de estas representaciones -producidos por vía de la identificación como decíamos antes- son un continuo de violencia simbólica llevada a todos los espacios sociales de la vida cotidiana. Si las mujeres son representadas como “objetos de posesión que pueden ser comprados y vendidos, que pueden ser violados y abusados, que suelen sentir placer obedeciendo y sometiéndose, y que están ahí para satisfacer los deseos de cualquier varón que tenga algo de dinero” como señala Coral Herrera (2015), no es extraño que la violencia contra las mujeres esté a la orden del día en la casa, en el trabajo y en la calle y que, con más frecuencia de la que esta sociedad está dispuesta a aceptar, culmine en feminicidio.

Los medios audiovisuales son, como expresa Teresa de Lauretis (1989), tecnologías de género, en tanto que la violencia simbólica que representan estructura el sistema binario de género. “Hombre” y “mujer” corresponden a los dos polos de una relación desigual de poder que les define como tales: activo-pasiva, héroe-princesa rescatada, etc. “Hombre” y “mujer” son en realidad representaciones que vemos en esos medios y que luego actuamos (representamos también) de forma más o menos consistente en los espacios de nuestra vida cotidiana; actuaciones que a su vez contribuyen a construir las representaciones que consumimos en los medios audiovisuales para cerrar un círculo que constriñe nuestros cuerpos en el marco de unas normas que se hacen pasar por “la naturaleza”. Por eso pensar los medios audiovisuales como tecnologías de género no solamente nos permite analizar el modo en que los géneros son construidos por sus representaciones simbólicas, sino que nos abre la posibilidad de intervenir la construcción de esas representaciones y, por tanto, las propias relaciones de género.

Esa es la apuesta del cine feminista: apropiarse de las herramientas audiovisuales como tecnologías de género, escribir historias desde puntos de vista inéditos y tomar la cámara para filmarlas. Historias donde las mujeres y las personas que rompen con identidades normativas toman el control de sus cuerpos, sus deseos y sus vidas. Historias que hablan de las alianzas entre mujeres, donde el amor romántico y heterosexual no sean el fin último ni el centro del relato, que promuevan otras afectividades y otros cuerpos. Alianzas que no están solamente frente a la cámara, también detrás de ella.

En las reflexiones y el trabajo realizados particularmente en el Taller de Cine Feminista de Cuerpos parlantes, las miradas sobre los cuerpos como espacios de apropiación para el placer y la acción política han transitado paulatinamente hacia los entornos que esos cuerpos habitan en la ciudad: la calle y el barrio. Las amenazas que se ciernen sobre estos espacios, como el acoso sexual callejero y el despojo urbano, impactan directamente sobre las posibilidades vitales de nuestros cuerpos. En el cine comercial abundan las representaciones de violencia, que van de los conflictos bélicos hasta la violencia doméstica; en las calles vuelan automóviles por los aires y las pandillas se enfrentan a muerte, pero poco vemos en las pantallas de esa violencia cotidiana para tantas mujeres que es el acoso sexual callejero, el cual define en buena medida la histórica división sexual del trabajo y de la vida entre espacio doméstico privado y espacio público, que nos confina a las mujeres a las funciones reproductivas limitando nuestra acción política.

La apuesta del cine feminista no es solamente por representar esas violencias, sino también por documentar, visibilizar y construir referentes para combatirlas. Los grandes directores del cine mundial son especialistas en estetizar el sufrimiento femenino sin trascender la victimización. Se hace urgente entonces dar cuenta de que el combate a las violencias ha de articularse de forma colectiva -contrario a la tradición de los héroes masculinos que solos todo lo pueden- visibilizando, por ejemplo, las historias sobre la defensa de los barrios, los territorios y de los bienes comunes contra el despojo que suelen ser enarboladas por mujeres, heroínas cuyos logros no van a la pantalla grande.

Un trabajo ejemplar de recuperación y documentación del arte hecho mujeres desde una perspectiva feminista es el realizado por Ingrid Guardiola y Marta Sureda (2014) con el título La dimensión poco conocida: pioneras del cine que tuvimos oportunidad de ver durante la segunda edición del Taller de Cine Feminista, y que consta de cuatro episodios dedicados a guionistas, directoras, montadoras y actrices respectivamente.  Queremos destacar el capítulo dedicado a las montadoras, encargadas de ensamblar y dar sentido al discurso no solamente de grandes películas, sino de buena parte de la obra de las carreras de muchos renombrados directores, ejemplo de cómo el trabajo femenino que sostiene a la industria es invisibilizado y poco reconocido a pesar de su relevancia.

La labor del montaje en el cine es muy importante porque consiste en interpretar los gestos visuales que darán forma y ritmo a la narración a partir del trabajo en bruto del director. Jean-Luc Godard decía que dirigir es una mirada, editar es un latido del corazón. De hecho, en las salas de montaje de muchos de los más destacados directores del cine clásico y contemporáneo, siempre hubo una mujer “cocinando” la película. Lyudmila Feiginova fue responsable de la edición de todas las películas de Andrei Tarkovski, director de culto. Juliane Lorenz montó todas las de Fassbinder y Halina Prugar trabajó durante veinte años para Adrzej Wajda. Rose Smith editó muchas películas de D.W. Griffith y en varias de ellas no fue acreditada, como en la referencial Tolerancia de 1916. Lo mismo le hizo Roberto Rossellini a Jolanda Benvenuti, quien editó la primera película de aquél Roma ciudad abierta y no apareció en los créditos. En el cine de Hollywood Thelma Soonmaker ha editado buena parte del trabajo de Martin Scorsese y Sally Menke del de Quentin Tarantino. La cineasta y académica Hito Steyerl se preguntaba “¿por qué el film de Dziga Vertov El hombre de la cámara, no se llamó La mujer en la sala de montaje?” en relación a la magnífica labor de montaje Elizaveta Svilova en las películas de éste. Todo el mundo sabe el nombre del director, pero nadie de la editora. Por cierto, Agnés Guillemot fue montadora de buena parte de la obra de Godard, murió en 2005 y a la fecha google no encuentra una sola imagen suya.

El Taller de Cine Feminista de Cuerpos parlantes lleva dos ediciones en las cuales hemos convivido, aprendido y llevado a cabo nuestras historias con veinte compañer*s. En la primera edición (junio de 2014) se realizaron tres cortometrajes que se pueden ver aquí: http://wp.me/p3GStH-3Q

Referencias

De Lauretis, Teresa (1989) “La tecnología del género”

Federici, Silvia (2004) Calibán y la bruja. Mujeres, cuerpo y acumulación originaria. Madrid: Traficantes de sueños, 2010.  Disponible en http://www.traficantes.net/libros/caliban-y-la-bruja

Guardiola, Ingrid y Sureda, Marta (2014). La dimensión poco conocida: pioneras del cine. Disponible en http://www.pioneresdelcinema.cat

Herrera, Coral (2015) “Los hombres y la violencia de género” Disponible en http://haikita.blogspot.mx/2015/08/por-que-los-hombres-matan-las-mujeres.html

Mulvey, Laura (1974) “Placer visual y cine narrativo” Disponible en: http://www.estudiosonline.net/est_mod/mulvey2.pdf

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Cuerpos parlantes es un espacio para el encuentro, la puesta en común y el aprendizaje colectivo en torno a los feminismos y aquellas formas de conocimiento que incrementen nuestro potencial de organización.

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Legalización del aborto: sin vergüenza y por decisión

por El Fracaso
por El Fracaso

Por Metztli Hernández Jiménez

“No es igual tener cuerpo de mujer que tener cuerpo de varón, no significa lo mismo en nuestras comunidades y sociedades, queremos que nuestro pueblo así, pues, lo reconozca. Queremos hacer acciones que dentro de los procesos de cambio, signifiquen alegría y felicidad para nuestros cuerpos de mujeres”.

Julieta Paredes

Las mujeres históricamente han quedado relegadas al ámbito privado: el hogar, la crianza de hijos e hijas, el cuidado de la familia, entre otras actividades. Se les ha impuesto y hecho creer que por naturaleza tienen un lado maternal, el cual se irá desarrollando en el transcurso previo a la maternidad, ya sea con las amistades, la familia, el noviazgo, etcétera, hasta que llegue el momento en el que su plenitud como mujer culmine y sean madres. Y sí, hay muchas mujeres que conciben la maternidad como plenitud, algo que anhelan y esperan que suceda, pero ¿qué pasa con las que no desean ese tipo de plenitud para su vida y recurren al aborto?

     De acuerdo a un informe realizado por el Colegio de México y Guttmacher Institute en el 2009, más del 54% de embarazos en México recurrieron al aborto, es decir, se practicaron 1 millón 26 mil abortos por año en todo el país, de los cuales más del 55 % fueron como consecuencia de embarazos no planeados, con lo que es un tema de salud pública. El aborto solamente ha sido aprobado en el Distrito Federal, mientras que en los 31 estados sigue siendo ilegal. Es importante señalar que la interrupción del embarazo es más difícil para las mujeres que no cuentan con los recursos necesarios para practicarlo en una clínica segura o con una persona especializada, siendo éstas las más expuestas a morir por una mala intervención o complicaciones.

     Así, la ilegalidad del aborto en México no solo es mortal, sino también criminaliza a quienes conscientemente lo desean. La opinión pública es la que determina el futuro sobre la vida de las mujeres y sus cuerpos; la religión con un discurso de «sexo para procrear y preservar la humanidad», posturas que se contraponen con los casos de violaciones cometidas por algunos sacerdotes y su encubrimiento, a pesar de ser ellos quienes «defienden la vida». De igual manera, los medios de comunicación muestran las consecuencias de los abortos, culpabilizando a la mujer, avergonzándola, evadiendo la responsabilidad de las instancias gubernamentales, las cuales son causantes de que se realicen abortos inseguros y en la clandestinidad en todo el país…

     La carga moral que para muchas personas supone el aborto es consecuencia de los estereotipos culturalmente aceptados para definir la feminidad, así como de la valoración de la maternidad como el atributo esencial de las mujeres. Por otra parte, si bien México es un país de tradición laica, la Iglesia católica ha jugado siempre un importan te papel en el contexto político del país e influido en la actitud de sectores sociales muy amplios respecto a la sexualidad y la reproducción. (González de León, 2002, p.8).

     Cabe resaltar que en el 2014 se creó la Comisión de la Familia y Desarrollo Humano, impulsada por el Senado de México, con el fin de mejorar la calidad de vida de la familia mexicana, fortalecerla y velar por sus derechos. Sin embargo, entre las primeras opiniones emitidas, uno de sus integrantes mencionó que no querían abortos. Acaso ¿no es una violación a los derechos humanos la imposición de la maternidad? ¿el decidir por otros cuerpos? ¿definir el destino de una mujer? ¿limitar el acceso a la salud, partiendo de normas morales que impiden ejercer un aborto libre y seguro, poniendo en riesgo la vida de las mujeres?

      Es importante señalar que la maternidad impuesta y a la que apela la mentalidad conservadora, está basada en un modelo de familia patriarcal, que lleva a las mujeres a desempeñar jornadas en el hogar no remuneradas y de doble o triple explotación y es que con la economía actual, no es suficiente el ingreso monetario de un integrante. De esta manera, las mujeres muchas veces tienen que cumplir con el trabajo fuera del hogar, al interior de éste y, además, sexualmente.

     La penalización del aborto, en un contexto patriarcal y con una economía tambaleante, es un arma de doble filo, ya que la mujer ejerce varias funciones: participar en el ámbito público por una cuestión económica, pero en el cual no puede pasar demasiado tiempo, puesto que tiene que regresar al espacio privado; el hogar y cuidado de hijos o hijas. Así, las políticas públicas parecieran ser creadas para que las mujeres no puedan dedicarse a más actividades, como desempeñarse plenamente en el espacio público, la organización política, acciones que las lleven a emanciparse y transgredir los parámetros de la mentalidad conservadora.

     Así, la maternidad parece ser un castigo hacia las mujeres por los descuidos, accidentes o falta de información respecto a las relaciones sexuales, ejerciendo presión para que declinen ante cualquier acto que afecte la moral de algunos sectores sociales. De igual manera, quienes toman las decisiones sobre el aborto, no solamente son mujeres sino también hombres, quienes no saben del proceso físico que implica el embarazo, ni viven la maternidad. Por lo tanto, ni hombres, ni mujeres pueden decidir sobre otras personas.

     Es importante mantener siempre la consigna: «Mi cuerpo, mi decisión» y ejercerla en todo momento. Somos las mujeres quienes tenemos la última palabra respecto a nuestros cuerpos, dejando de ser juzgadas y criminalizadas por las decisiones que tomemos respecto a éste.

      Hoy, mañana y siempre será momento de levantar la voz, de apoyar a nuestras compañeras, hermanas, amigas, conocidas y no, que han sido señaladas por su elección de no ejercer la maternidad y realizarse un aborto, saber que la vergüenza sólo es parte de una imposición moral, machista, que está basada en el control de nuestros cuerpos, de los cuales sólo nosotras tenemos decisión. El Estado teme que rompamos el capullo y volemos, porque tienen miedo de que emprendamos nuevos caminos, donde nos encontremos con otras mujeres y juntas nos organicemos para elevarnos hacia lo más alto y desde ahí, ninguna persona, solo nosotras decidamos cómo volar.21 

Referencias

Comisión de la Familia y Desarrollo Humano. (s.f.) Recuperado el 2 de septiembre de 2015, de http://www.senado.gob.mx/comisiones/familia/

González de León, Aguirre, D. (2002). El aborto en México. Recuperado el día 2 de septiembre de 2015, de http://ccp.ucr.ac.cr/ac/gonzalez.pdf

Juárez, F. Et al. (2013). Embarazo no planeado y aborto inducido en México: causas y consecuencias. Nueva York: Guttmacher Institute Recuperado el 3 de septiembre de 2015, de https://www.guttmacher.org/pubs/Embarazo-no-deseado-Mexico.pdf

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Metztli Hernández Jiménez. Egresada de Ciencias y Técnicas de la Comunicación. Defensora de mi cuerpo y su presencia en los espacios públicos. Opositora del sistema patriarcal que oprime, violenta y ocasiona la muerte de miles de mujeres y también de hombres que rompen con el esquema machista. Con una profunda esperanza en que el rumbo de nosotras las mujeres tiene que cambiar, va a cambiar.

Facebook: https://www.facebook.com/metztlisonic

El Aborto Eugenésico y su simbología

Por Soledad Arnau Ripolles

Historia de una vida NO eugenizada

Me presento. Me llamo Soledad Arnau y, soy Licenciada en Filosofía (UNED). Soy Experta en: «Filosofía para la Paz», «Filosofía Feminista», «bioética y diversidad funcional (discapacidad)» y «Filosofía para la Vida Independiente». Soy Becaria-Investigadora del Dpto. de Filosofía y Filosofía Moral y Política (UNED) y del Instituto Borja de Bioética (IBB-URL), y formo parte del Comité de Ética Asistencial (CEA) del Hospital Nacional de Parapléjicos (HNP) de Toledo.

    Igualmente, soy una mujer con diversidad funcional (discapacidad), en este caso, física, por una Artrogriposis Múltiple Congénita, y a consecuencia de ello tengo grandes necesidades de apoyo, a fin de poder llevar una vida normal y en igualdad de oportunidades que la demás ciudadanía: ¡una vida independiente!. De hecho, necesito de los apoyos humanos de mis Asistentes Personales, entre 16 y 18 horas/día, de lunes a domingo, 365 días/año y, finalmente, también, soy usuaria de una silla de ruedas electrónica.

    Mi amiga y compañera de viaje, la Artrogriposis, ha interceptado mis cuatro extremidades, motivo por el que tengo una tetraplejia importante, y unas «manifestaciones corporales» un tanto peculiares, y a las que comúnmente se suele denominar como «deformidades o malformaciones». Si ahora mismo fuera un feto, sería un «feto con malformaciones (físico -biológicas)». De acuerdo a nuestra normativa actual vigente, en este caso, la Ley Orgánica 2/2010, de 3 de marzo, de salud sexual y reproductiva y de la interrupción voluntaria del embarazo, podría haber sido abortada antes de las 22 semanas sin ningún tipo de penalización contra mi madre. Y, con cierto beneplácito social (posturas feministas, posicionamientos de juristas…) y profesional (principalmente, del mundo de la medicina).

¡Verano 2012!: La esterilización forzosa y el aborto eugenésico

     El debate público se desarrolla de la siguiente manera. A lo largo de este mes de julio de 2012, el actual Ministro de Justicia, D. Alberto Ruiz Gallardón, ha realizado un par de declaraciones que han tenido un fuerte impacto social. El primero, ha sucedido cuando el 04/07/2012 ha anunciado que, hoy por hoy, descarta eliminar el artículo 156.2 del actual Código Penal que despenaliza la esterilización forzosa o forzada de personas con diversidad funcional o discapacidad, que son declaradas incapaces judicialmente, porque entiende que «no se trata de una vulneración de sus derechos»[1]. El 31/07/2012 ha vuelto a pronunciarse sobre esta cuestión comentando que se estudiará la petición propuesta por el CERMI.

     Es prioritario que esta práctica cese como «opción segura» para que no existan embarazos no deseados. El CERMI ha hecho público que, sobre todo, son las mujeres con diversidad funcional quienes sufren mayoritariamente esta problemática. Existen residencias de personas con diversidad funcional o discapacidad, donde se solicita la práctica de la esterilización como requisito para acceder a una plaza residencial. Por ello, es importante identificar estas residencias, denunciar a quienes gestionan estos recursos, puesto que son responsables de esas «normativas internas», y que, en muchas ocasiones, son centros que están financiados por fondos públicos y/o privados, y por la propia persona con diversidad funcional que va a acceder a dicha plaza residencial.

     La segunda noticia, todavía mucho más impactante si cabe, ha sucedido el 22/07/2012. Tras el anuncio de modificación de la ley actual sobre el aborto, de 2010, se ha comunicado que el «aborto eugenésico» ya no va a seguir siendo un supuesto válido para abortar sin penalización alguna, porque vulnera el derecho humano a la vida en igualdad de términos.

Las Personas con lesión medular ante los nuevos desafíos bioéticos del «aborto eugenésico»

     La «lesión medular» es una realidad que atañe a muchas personas. Las causas son bien distintas: accidentes de tráfico o laborales, tumores en la médula espinal…. traumatismo obstétrico[2] (la frecuencia aproximada es de un 1%) o una malformación a lo largo de la gestación (p ej., casos de mielodisplasia[3]). Esta es una visión biomédica de esta condición humana. Sin embargo, este punto de vista no puede ser razón necesaria, ni suficiente, como para que las personas que estén en esta circunstancia, sufran socio -políticamente discriminación sistemática por ello (desigualdades estructurales en: educación, trabajo, igualdad de oportunidades, vivienda, control de los servicios que reciben, esterilización forzosa o involuntaria…).

     El «Aborto Eugenésico» simboliza todo un imaginario en el que «rechazamos directamente lo que entendemos que es diferente, defectuoso…». Pero, no sólo eso. También «nos creemos con el derecho» a no traer niños/as defectuosos/as a este mundo, ni tener la necesidad de cuidarles y/o tener que invertir recursos públicos para construir un mundo más amable. Por tanto, abortar, significa seleccionar el tipo de hijo/a, y de miembros de una sociedad, que deseamos que conformen la población actual, y futura.

     Existe una búsqueda de perfeccionamiento humano, que se apoya en los avances biotecnológicos y biomédicos en los últimos tiempos. Sin embargo, este deseo de «perfección» parece que no atraviesa un proceso paralelo, y convergente, de «humanización». Es difícil proporcionar una «vida digna» a las personas con lesión medular, o con otras diversidades funcionales, puesto que partimos de la base que «nos creemos» que cuando alguien se encuentra en esta circunstancia «ha perdido valor» o «no tiene (el mismo) valor», o que existen serios condicionantes que impulsan la práctica del aborto eugenésico como mejor opción. Vida digna, implica dignidad a lo largo de todo el ciclo vital y existencial de un ser humano: gestación, nacimiento, desarrollo y muerte; con y sin capacidades; no encarnizamiento terapéutico….

     Desde la «Bioética de/desde la diversidad funcional» (Arnau Ripollés[4], 2011), o que «nace al otro lado del espejo» (Romañach Cabrero[5], 2009), se percibe otro punto de vista: ¡todas y todos, con y sin diversidad funcional, o con cualquier otra tipología de diversidad, como seres humanos, tenemos la «misma dignidad»!. La dignidad, por tanto, es inherente, tanto si una persona con diversidad funcional pasa por un proceso de rehabilitación y/o curación, como si no lo hace (o, aunque pase, que no lo logre, tal cual prescribe la ciencia biomédica). Esta nueva mirada bioética, por tanto, se fundamenta en el enfoque de derechos humanos de Naciones Unidas: es decir, la diversidad funcional ya no es principalmente una cuestión de salud, sino de derechos humanos. Y, por ello mismo, la erradicación de nuestra discriminación por ser diferentes y nuestra plena participación en la sociedad en igualdad de oportunidades, es el objetivo prioritario a alcanzar. En ese marco, la salud pasa a ser, simplemente, uno de nuestros muchos derechos.

     Las personas con lesión medular, u otras diversidades funcionales, merecemos ser ciudadanas y ciudadanos de primera. Nuestros derechos humanos así lo expresan. Para lograrlo, necesitamos que se acabe con toda la discriminación que existe contra nuestra condición humana específica. El aborto eugenésico no puede seguir siendo motivo de aniquilación humana con/contra la diversidad funcional. El aborto, en todo caso, debe ser libre y gratuito.

[1] http://www.finanzas.com/noticias-001/sociedad/20120704/justicia-descarta-prohibir-esterilizacion-1444587.html

[2] De Pablos, J y González Herranz, P. (2001): Fracturas Infantiles. Conceptos y principios. Global Help. Disponible en web: http://www.global-help.org/publications/books/help_fracturasinfantiles.pdf

[3] Malformación que consiste en un fallo en el cierre del tubo neural durante el periodo embrionario. El término Mielodisplasia engloba un grupo de defectos congénitos de la médula espinal. El defecto congénito comúnmente se denomina Espina bífida o espina abierta (EB). Para mayor información, se recomienda la lectura de VALDÉS, N.; PONCE, M. Y ARRONTE, I.: «Lesión Medular en Niños». Disponible en web: http://www.sld.cu/galerias/pdf/sitios/rehabilitacion-doc/fisioterapianinolesion_medular.pdf

[4] ARNAU RIPOLLÉS, Mª. S. (2011): «La Bioética de la diversidad funcional. Voces diferentes para una Cultura de Paz», en ANCHUSTEGUI IGARTUA, E. y CASADO DA ROCHA, A. (Edit.) (2011): 17ª Semana de Ética y Filosofía Política: «Nosotros y los Otros». Congreso Internacional de la Asociación Española de Ética y Filosofía Política (AEEFP). (San Sebastián, 1-3 de junio de 2011). País Vasco: Universidad del País Vasco. Págs.: 244 -245.

[5] ROMAÑACH CABRERO, J. (2009): Bioética al otro lado del espejo. La visión de las personas con diversidad funcional y el respeto a los Derechos Humanos, A Coruña: Ediciones Diversitas-AlES.

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Soledad Arnau Ripollés. Feminista. Filósofa  para la Paz. Bioeticista. Escritora. Directora de la Universidad Abierta Iberoamericana Manuel Lobato (UAIML-IPADEVI). Presidenta de la Asociación Instituto de Paz, Derechos Humanos y Vida Independiente (IPADEVI). Licenciada en FILOSOFÍA, por la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED-España). Master en: (Título Propio) Master Universitario “Europeo en Discapacidades”, por la UNED; Master (online) Universitario Oficial Europeo en “Bioética”, por la Universitat Ramon Llull (URL); Master Interuniversitario Oficial en “Cultura de Paz, Conflictos, Educación y Derechos Humanos”, por la Universidad de Málaga (UMA); (Título Propio) Master (online) Universitario en “Sexología y Género”, por la Universidad Rey Juan Carlos (URJC). Título de Especialista en “Educación para la Ciudadanía y los Derechos Humanos”, por la Universidad Carlos III de Madrid (UC3M). Título de Experto Universitario en “Sexualidad humana y Educación sexual”, por la UNE

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¿Aborto en 3 causales o aborto terapéutico?

por las Bravas
por las Bravas

por Patsilí Toledo Vásquez  y  Lieta Vivaldi

Decir que el proyecto de ley en actual debate legislativo regula el «aborto terapéutico» es equívoco, sobre todo porque se trata de un proyecto que hasta ahora no contempla el resguardo de la salud de las mujeres. 

Gran parte de los medios de comunicación del país, así como representantes del gobierno, se refieren al proyecto de ley «sobre la despenalización de la interrupción voluntaria del embarazo en 3 causales» presentado por la Presidenta Michelle Bachelet, como al proyecto de ley de «aborto terapéutico».

     Más allá de la comprensible necesidad comunicacional  de un nombre más corto y sencillo, el uso de la expresión «aborto terapéutico» supone ciertos equívocos con respecto al contenido real del proyecto en discusión. Aunque compartimos una visión mucho más amplia respecto a lo que debe contemplar una ley de aborto para garantizar la autonomía reproductiva de las mujeres, creemos que este equívoco merece un análisis más preciso.

     El sentido natural de la expresión «terapéutico» se relaciona con todo aquello que tiende hacia la preservación o recuperación de la salud de las personas. Así, por ejemplo, se llaman tratamientos terapéuticos aquellas intervenciones de diverso carácter a los que se someten las personas frente a variados problemas de salud física o psíquica. Hablar de «lo terapéutico» entonces, obliga a hablar de la salud de las y la forma en que , en este caso, el proyecto de ley sobre aborto la integra (o no) en sus contenidos.

     La salud de las personas es definida por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como «un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades». Esta definición no ha cambiado desde 1948 y es la base de leyes y políticas públicas en materia de salud a nivel global, destinadas a asegurar a todas las personas ese estado completo de bienestar físico, mental y social hasta el máximo posible.

    Desde esta perspectiva, decir que el proyecto en debate legislativo contiene un modelo de «aborto terapéutico» resulta, cuando menos, ambiguo. Sin duda, las 3 causales inciden sobre la salud de las mujeres. Que ellas  se encuentren viviendo un embarazo que pone en riesgo su vida, o que es inviable, o que hayan resultado embarazadas a consecuencia de una violación son situaciones que suponen daños o riesgos concretos a la salud física y psíquica de las mujeres. Sin embargo, estas son sólo 3 extremas situaciones dentro de las múltiples formas en que un embarazo puede poner en riesgo la salud de las mujeres.

     Desde 1931 hasta 1989 el Código Sanitario, en cambio,  permitía el aborto por «razones terapéuticas». Se estableció así en reconocimiento a la praxis médica. La interpretación de los casos que la expresión «terapéutico» permitía incluir varió a través del tiempo. Por ejemplo, considerando la definición de la OMS, la interpretación de esta norma en el gobierno de Salvador Allende permitió una aplicación más amplia, al tener en cuenta también los factores sociales que afectaban a las mujeres que se encontraban frente a un embarazo no deseado. De este modo en el Hospital Barros Luco se practicaron abortos a solicitud de la mujer hasta las 12 semanas de gestación (Matamala, 2014).

     Desde 1991 se registran diversos intentos para modificar la prohibición absoluta del aborto en Chile. Dentro de estos proyectos se han presentado posturas más abiertas que si consideran la salud de las mujeres.  Incluso el 2013 se presentó un proyecto que plantea el sistema de plazos de acuerdo al cual la mujer tiene derecho a interrumpir el embarazo durante los primeros meses sin necesidad de demostrar la existencia de supuestos determinados.

     A nivel global, 59 países permiten el aborto cuando está en riesgo la salud de las mujeres: 36 de ellos en casos de riesgo vital o para la salud física y en otros 23 también cuando hay un riesgo para la salud psíquica de la mujer (Instituto Guttmacher, 2009). Estas leyes son, sin duda, de aborto terapéutico. Como señalan reconocidas profesionales de la salud como Marisa Matamala, se puede decir que todo aborto es terapéutico, en la medida que la interrupción voluntaria del embarazo tiene por objetivo la recuperación de la salud física y psíquica de las mujeres, en un sentido amplio.

     Una verdadera regulación de aborto terapéutico debe permitir, por ejemplo, el aborto cuando una mujer necesita comenzar un tratamiento de quimioterapia, caso en el que el retraso en el inicio del tratamiento puede tener graves consecuencias para su salud. Estos casos, sin embargo, no están considerados en la actual redacción del proyecto de ley, puesto que es éste sólo se explicita riesgo actual o futuro para la vida de la madre, sin incorporar la salud.

     Abordar el aborto desde la Salud Pública significa considerar su impacto en la salud de la población desde una concepción integral (Eguiguren, 2014). Para lograr una verdadera protección de la salud de las mujeres con relación al embarazo, es necesario ir mucho más allá de las 3 causales actualmente contempladas en el proyecto gubernamental y que así se trate, realmente, de un proyecto de aborto terapéutico.

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Patsilí Toledo Vásquez / Doctora en Derecho Público Universidad Autónoma de Barcelona, Profesora Universidad Pompeu Fabra

Lieta Vivaldi / Abogada, Estudiante de doctorado en Sociología en Goldsmiths, Universidad de Londres.

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Qué hacer en caso de encontrarse con una mente cerrada

por Ernest Graves
por Ernest Graves

Por Diana Clemencia Cortés Villalobos

Introducción

Este trabajo tiene la pretenciosa intención de servir como guía básica a la hora de defender el derecho a decidir sobre el aborto. No se garantiza la victoria en ninguna discusión, pero al menos pondrá a pensar un poquito al dueño de la mente cerrada.

Los argumentos son una recopilación sacada de distintas fuentes, entre ellas páginas pro-vida, instituciones religiosas y el pronunciamiento oficial del vaticano. Enemigos de la libre elección.

Estos argumentos son repetidos hasta el cansancio, seguros de que si dices algo muchas veces se vuelve verdad, y también son exclusivos: siempre los mismos y con la misma base. Comencemos.

 

“La vida humana debe ser protegida desde su comienzo como en las diversas etapas de su desarrollo” . (Declaración oficial sobre el Aborto, recuperado de la página oficial del Vaticano, 2015)

El favorito. Utilizado siempre al principio de la discusión porque es el padre de los demás argumentos. Moralista y sin bases científicas sólidas. También usado y repetido casi textualmente en la doctrina del PAN (partido acción nacional, México).

     Refutarlo es fácil puesto que está basado en un principio moral muy débil. La mejor forma de llegar a conclusiones más elaboradas es tomar el mismo argumento y elaborar preguntas inocentes con las cuales, casi siempre, los mentecerrada llegan a la conclusión de su error. En este caso se debe plantear una ponderación de derechos. La vida del feto es meramente una posibilidad, y su desarrollo no puede darse sin antes considerar sus vías.

      La vida de la mujer es una realidad, está sucediendo y tiene vías que se pueden ver obstruidas si se le obliga a ser madre. Entonces, ¿es mejor defender una posibilidad o una realidad? ¿es mejor poner en riesgo y desequilibrio el desarrollo de una vida plena para tratar de impulsar una posibilidad? Y esta posibilidad está muy debilitada ya que su desarrollo depende de la madre, a la misma que se le obstruyeron las vías de desarrollo por no permitirle decidir sobre su propio destino.

Es un círculo vicioso y cruel.

 

“El primer derecho de una persona es la vida”

Hermano del argumento anterior, seguramente su mentecerrada favorito lo usó y se sustentó en su amor por el derecho y las leyes. Básicamente, la refutación es la misma. ¿Ponderar el derecho de quién?. Aquí se debe añadir siempre el derecho a elegir de la mujer, en pleno uso de conciencia. Entonces, tenemos dos derechos: el de la vida desarrollada que decide elegir contra la opinión e imposición de los mentecerrada.

 

“El feto siente dolor”

A partir de este argumento nuestros mentecerradas se ponen científicos. Empiezan a hablar de semanas de gestación y desarrollo del feto. Cosas que ni ellos (ni yo, la verdad) entienden muy bien.

     Les gusta decir que a partir de la tercera semana de embarazo se desarrolla el sistema nervioso central y -añaden con voz dramática- «a los 21 días les late el corazón».  Porque el desarrollo del sistema central se da de golpe y es este el encargado de la recepción y percepción del dolor, según los mentecerrada.

     Aquí hay que explicarles que esto no es así. Que el sistema nervioso central empieza a desarrollarse a la tercera semana, pero es un proceso que implica el desarrollo también de la corteza cerebral y es hasta que se completa dicho proceso, cuando se tiene la capacidad cerebral suficiente para procesar el dolor. Como en la semana 22 o por ahí: “sin lugar a dudas el feto humano es incapaz de tener sensaciones conscientes y por tanto de experimentar dolor antes de la semana 22‐24” (Tapia, 2015)

 

“El aborto destruye la conciencia de la madre”

Como ya vieron que no manejan mucho los temas científicos, los mentecerrada regresan a los argumentos morales. En este caso, uno tiene que darles la razón. Sí, efectivamente, el aborto destruye –en muchas ocasiones, no hay que generalizar- la conciencia de la madre, pero el problema es el mismo mentecerrada.

     En una persona consciente y libre de prejuicios, con equilibrio mental y plena razón el practicar un aborto no tiene que suponer ningún peso de conciencia. Pero para una persona influenciada por mentecerrados que le dicen que lo que hace está mal, que no tiene salvación y su único destino es el infierno, por supuesto que moralmente la va a destruir.

     La solución es dejar de darle poder de decisión a los mentecerrada y que dejen de criminalizar a la mujer por decidir. No es lógico criminalizar y re criminalizar a por algo que a alguien no le parece y que en suma no le afecta ni le beneficia porque no es su vida sobre la que está decidiendo.

 

“No debiera existir un derecho de la mujer al aborto porque el hijo no forma parte de su cuerpo sino que es un ser humano con identidad propia”

El más aberrante de todos. Porque el embarazo incluye una cláusula que dice que no puedes hacer uso de tu vientre ni decidir sobre él si «está siendo ocupado» en ese momento. En cuanto hay algo externo en tu cuerpo deja de ser tuyo. Por eso tampoco pueden aceptar trasplantes de órganos porque es de alguien más y entonces ya no eres tú. Seguramente eso piensa los mentecerrada.

     Pero para las demás personas que no hemos visto ni firmado esa cláusula, mi cuerpo, aunque esté ocupado, es mi cuerpo. Y no es solamente eso, aparte de mi cuerpo, es mi vida y son mis responsabilidades. No es como decidir cortarte las uñas o no. Porque esta decisión genera obligaciones en el futuro.

      Explíquele con esto a su mentecerrada que sigue siendo su cuerpo y sus consecuencias. Puede añadir que el feto “no es un individuo biológico ni mucho menos una persona” (Tapia: 2015) pero eso ya es mucho para el corazoncito de los mentecerrada.

 

“El aborto no está justificado ni en caso de violación porque supondría castigar a un inocente”

Es mi argumento favorito porque es bien fácil de voltear. Tan simple: aplíquelo a la mujer embarazada. Ella también es inocente y también está siendo castigada al obligarla a asumir una responsabilidad de la cual ella no es responsable. La causa de una violación siempre es un violador y es el violador el que debiera enfrentar todas las consecuencias.

Aquí, a los mentecerrada les gusta añadir una conmovedora historia tipo: “a mi vecina la violaron y tuvo un hijo y ahora es feliz y cree en el amor”. Porque para los mentecerrada sólo podemos simpatizar con historias de maternidad feliz pero ellos no pueden simpatizar con historias de aborto feliz, donde no se obliga a la víctima a pagar el castigo.

 

“El aborto no debe ser usado como método anticonceptivo”

¿Porqué un procedimiento que actualmente es invasivo, peligroso y se tiene que hacer a escondidas es la primera opción de todos como método anticonceptivo?

Explíquele a su mentecerrada que esto no es así. Que abortar no es fácil ni cómodo. “Como si abortar fuera rico. Como si la legalidad de sacarse el apéndice provocara que todos lo hiciéramos porque sí” (Gutiérrez: 2014). Explíquele que nadie lo va a usar de método anticonceptivo porque todos somos más prácticos que eso.

 

Fue una irresponsabilidad y la tienes que asumir, sino quieres puedes darlo en adopción”

Es que en nuestro país cuenta con un increíble y súper eficiente sistema de casas hogares y el sistema para adopción es accesible, rápido y humano. Según los mentecerrada.

     Por eso, en lugar de corregir la “irresponsabilidad” lo mejor es dar en adopción al hijo. Eso es súper responsable. No quiero criminalizar a las personas que deciden dar en adopción a su criatura, sus razones y sus argumentos tendrán. Si fue una “irresponsabilidad” quiere decir que hubo un proceso de elección y un proceso donde debería de haber una responsabilidad, que fue, según el mentecerrada, donde se falló. Entonces debe haber también un proceso de elección y responsabilidad en la acción futura, es decir: la mujer que no hizo es la única que debe decidir qué hacer (o qué no) por tanto, este argumento es inválido e inadmisible, puesto que a priori se permite decidir, pero sino se cumple, se invalida el derecho para decidir.

 

Conclusión

Los mentecerrada tienen mucho que decir y que discutir, y nos podríamos envolver en discusiones interminables por eso, y ahí está un argumento principal:

¿Por qué me atañe a mí esta discusión? ¿Por qué le atañe al mentecerrada?

     La única persona que debe decidir, es la mujer embarazada. Ni el mentecerrada ni yo tenemos que emitir comentarios al respecto. No es nuestra vida ni nuestro cuerpo ni nada. Pero tenemos que darle la libertad total a la mujer de que aborte, además de los medios para hacerlo. Nosotros somos el Estado y es nuestra obligación. El aborto es una decisión personal que debe ser tomada conscientemente sin miramientos religiosos o de cualquier otro tipo, y si se llega a la decisión de querer hacerlo, el estado debe facilitar los recursos y los medios para que se lleve a cabo de manera segura y eficiente.

Legislar sobre el aborto no aumenta el número de abortos por año, en cambio sí se disminuye drásticamente el número de muertes por abortos mal practicados.

Bibliografía:

Ortiz, A. (2001) Si los hombres se embarazaran ¿el aborto seria legal? México: Edamez.

Castañeda, P (2003) Interrupción voluntaria del embarazo: reflexiones teóricas, filosóficas y políticas México: CEIICH.

Gutiérrez. C. (2014) Esta columna la escribo para todos los pro vida (con mucho amor) The Clinic: Chile.

El vaticano (2015) Declaración sobre el aborto. Ciudad del vaticano.

Segura, R. (2012) Argumentos pro vida (por qué decir NO al aborto) Gandía: España.

Tapia, R (2015) La formación de la persona durante el desarrollo intrauterino, desde el punto de vista de la neurobiología México; UNAM.

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Mi madre me dijo

por Pola RG
por Pola RG

por Pola RG

Amo a mi madre. Mi madre que huyó con su novio cuando tenia dieciséis años en un arrebato, furiosa contra las reglas que le estaban imponiendo sin tomar en cuenta ni sus deseos, ni su voluntad; que no le daban razones y que sólo le gritaban. Se largó y era una forma de rebelarse y recuperar autonomía tomando sus propias decisiones. A pesar de eso, les dejó dinero y una nota que nunca encontraron. Cuando se fue, sus plan era irse con su novio y estudiar en donde llegaran, pero si él no regresaba o lo veía poco comprometido lo botaba para irse hacia Villa Hermosa con sus primas a estudiar y trabajar con ellas en su estudio, o estudiar y ser enfermera, pero estudiar.

     Mi madre que se quedó en casa de mis abuelos paternos cuando se enteró que estaba embarazada, que se casó con mi papá hasta que tuvo dieciocho porque no tenía contacto con su familia desde que se fue y no podía conseguir el permiso para casarse. No estudió, mi abuelo paterno no la dejaba salir de la casa porque era muy joven y muy guapa, no fuera a enamorar a los vecinos y entonces qué cuentas le daba mi abuelo a mi padre. Mi mamá no asomó la cabeza fuera de esa casa hasta que mi hermana mayor empezó a ir al kínder.

      Mi mamá que vivió con mis abuelos y mis tíos y mis tías, y eventualmente sus hijas y sus hijos. Todos juntos en esa casa, bajo el cuidado del gran patriarca, macho y fuerte que desde su horno de fundición decía y decidía quién era y quién no era de la familia. Mi hermana me cuenta esto y me dice que fue feliz, mi mamá me cuenta esto y me dice que sí y que no, que más de una vez se peleó con mi abuelo, que siempre se mantenía al margen cuando no le incumbía pero que no la pasó tan mal, que mis tíos eran divertidos y que mi abuela era adorable.

     Mi hermana me cuenta que mi mamá iba a abandonarlas (a ella y a otra hermana) en el orfanato para dejar a mi papá y regresarse con su familia, también me dice que mi mamá se veía con un hombre en el parque a escondidas de todos; mi mamá me dice que no, que siempre estaba encerrada en la casa y que solo salía a llevar a mis hermanas a la escuela, que ella extrañaba mucho a mi papá que se aparecía cada quince días y que era el héroe de mis hermanas porque obviamente no estaba ahí para regañarlas.

     Mi mamá que al final buscó a su familia y así como se había ido con mi papá decidió regresarse con su familia, y que si mi papá quería ahí le dejaba a sus hijos (porque ya había más) a ver si así ya los iba a ver mas seguido. Mi mamá que al final se fue con todos sus hijos y con su marido, a ver que pasaba ahora sí que ya era adulta y tenían que mantener una familia ellos dos solos.

     Mi mamá me cuenta que ahí por los ochentas cuando sus siete hijos e hijas ya eran adolescentes quería tener otro bebé, pero que cuando se embarazó el doctor le dijo que estaba loca, que ya estaba muy vieja y que seguramente ese producto que tenía adentro iba a nacer muerto o peor (porque para el doctor era peor que yo naciera diferente a que mi mamá tuviera un feto muerto), que seguramente se muere ella y entonces mi papá se quedaba sin mujer y con un chingo de hijos (más la recién nacida que podría haber sido «diferente» y ¡uta que horror!), sin pensarlo le dio un pase para hacerse un legrado aunque ya tenía más de tres meses. Mi mamá se enojó, ignoró al doctor e hizo lo que quiso. Después de unos meses le llevo a su bebé que no estaba muerta y no había nacido con nada “mediblemente diferente” al consultorio para restregarle que se había equivocado, que le pidiera una disculpa a ella y a su bebé que estaba ahí seguramente haciéndose caca.

      Y yo digo que en su lugar por la misma razón por la que mi mamá se fue, yo habría tenido no uno sino todos los amantes que hubiera querido, que mi cuerpo es mío y que la opinión de los demás vale para nada. Que yo sí hubiera dejado a las hijas que no hubiera querido tener y que además no estaban ayudándome a educar, que yo sí hubiera salido a tomar clases porque al final ese señor que dice ser mi marido viene cada quince días y que no es quién para decidir por mí. Que hubiera abortado desde la primera que no fue esperada, y a los que estaban naciendo mientras no había seguridad ni independencia y hasta la última aunque si la hubiera querido si es que mi vida corría peligro.

     Le digo todo esto a mi mamá, espero que no se enoje ni se ofenda pero me dice que sí, que ella tomó sus decisiones y tuvo su vida, que yo de seguro tomaría otras, que la cosa es que si ella decidió así, yo pueda decidir lo contrario, así que yo sinceramente amo a esa señora que es mi madre.

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Porque quiero, porque es mi cuerpo y porque es mi derecho

por Claudia Carolina García López

Yo tengo derechos como el derecho a ser libre y eso debería significar que también tengo el derecho de poder ejercer libremente mis derechos reproductivos incluyendo el de no ser madre si por cualquier razón yo decido no serlo.

     En nuestro país en algún momento pareciera que te obligan a ser madre entre la familia, la religión y el gobierno a pesar de estar permitido el aborto principalmente en casos específicos como el de violación. Lamentablemente aún hay mucho trabajo que hacer al respecto para evitar que miles de mujeres mueran a causa de un aborto clandestino.

     En este ensayo quiero tocar algunos argumentos en contra y a favor del aborto y expresar mi sentir respecto al tema.

Argumento 1. «El producto es cosa de dos, no solamente de la mujer». Si bien es cierto para que exista la fecundación se necesitan dos personas, solamente una es la que carga con todo el embarazo desde la concepción hasta el alumbramiento. En muchas ocasiones, el hombre interviene únicamente en la concepción, haciéndose el occiso con frases como «para que no te cuidas», «ese no es mi problema», «yo no quiero un hijo». Así, pasa a ser tarea de únicamente la mujeres, quienes deben asumir la responsabilidad ya sea de manera voluntaria u obligatoria.

En otros casos ocurre que es el hombre quien decide que se ponga fin al embarazo, e incluso elige el lugar y el médico que llevará a cabo dicho aborto sin siquiera preguntarle a su pareja, a la persona que esta embarazada en que piensa o que quiere. Este casi era mi caso, pero no dejé que me obligara, chantajeara y condicionara para que abortara y tomé mi propia decisión. Lo triste y preocupante es que muchas mujeres también deciden tomar su decisión y mueren en manos de sus parejas.

Argumento 2. «El Derecho a la vida». Yo me pregunto ¿acaso con el aborto se está matando a alguien? ¿Acaso se apuñala o se dispara a alguna persona? Si lo que crece en el vientre de la mujer aun no es un ser humano, es un embrión, un proyecto.

     Las personas que se dicen pro vidas deberían preocuparse por los 11.4 millones de mexicanos y mexicanas que viven en pobreza extrema, cifra revelada por los estudios del CONEVAL en el año 2014. Considero que si las y los pro vida realmente les importara la vida se preocuparían y se ocuparían por todas esas personas que no tienen ni qué comer ni dónde dormir en vez de preocuparse por proyectos de vida.

Argumento 3. Motivos Religiosos. «Dios quiere que tengas un hijo y tendrás los hijos que dios te dé. Si lo abortas es pecado y te vas a ir al infierno, la biblia lo dice». Yo me pregunto: ¿A quién le dijo dios que debemos tener hijos e hijos solo porque él quiere que así sea? ¿Quién ya comprobó que existe el infierno y sobre todo que te vas a él si decides ejercer libremente tu derecho? ¿La biblia lo dice? Si es un libro que escribieron hombres machistas de hace varios siglos, que supuestamente conocieron al hijo de dios el cual buscaba la libertad de las personas y la igualdad, pero cosa que no se refleja en la biblia. Yo en lo personal realmente creo que si las mujeres pudieran ser sumas pontífices de la iglesia católica o simplemente sacerdotes o fantaseando un poco si los sacerdotes pudieran engendrar entonces el derecho al aborto sería legal porque se verían en la necesidad de llevarlo a cabo y como aun en nuestros días lo que ellos quieran y digan tiene gran peso sería legalizado el aborto.

     Hace algunas semanas un sacerdote dijo que las mujeres que eran violadas, quedaban embarazadas y decidían abortar lo hacían para vengarse de su violador. Pues hasta ahorita no he sido víctima de violación -y espero nunca serlo-, pero me pongo a pensar y no creo que las víctimas de violación aborten por vengarse de su violador ya que al final de cuentas los hombres que violan no lo hacen para tener hijo. Me imagino que es una experiencia muy traumática que las marca de por vida y que nunca se les olvida y seria muchísimo peor saber que están embarazadas de un tipo que las humilló y maltrató dejándolas marcadas como para todavía tener un hijo de él.

Argumento 4. Motivos Morales o Sociales: «Abortar es Malo. Imagínate que tu madre te hubiera abortado. Serás una asesina, mejor continúa con el embarazo y después dalo en adopción». Y ya que nació y lo das en adopción te dicen:  «Eres una insensible, cómo pudiste hacerlo, imagínate que a ti te hubieran abandonarlo». Pero lo que nunca te dicen cuando decides abortar es: «¿Es tu propia decisión? ¿Por qué decidiste abortar? No abortes si es por cuestión económica yo te ayudo, si deseas seguir estudiando y por eso quieres abortar no te preocupes yo te ayudo, si tu pareja te está presionando para que abortes denúncialo».

     Respecto a la típica frase de «imagínate si te hubieran abortado», pues… si lo hubieran hecho yo no estaría aquí y estoy segura de que mi madre hubiera podido continuar con sus estudios, conseguido un trabajo menos desgastante, una vida más feliz y plena y sin tener que culparme o culpar a sus hijas por no haber podido estudiar lo que ella deseaba y por trabajar y tener que estar donde está ahorita.

     Yo creo que ninguna persona debe criticarte o juzgarte por haber tomado la decisión de abortar ya que esas personas no conocen tu historia, tu contexto y en todo caso es tu cuerpo  es tu vida, no les estás pidiendo ni permiso ni dinero para practicarte el aborto.

Argumento 5. El Derecho a la Vida y a la libertad. Estos derechos están establecidos en constituciones y tratados internacionales. En la Constitución  Política de los estados Unidos Mexicanos estos derechos se encuentran consagrados desde su primer artículo, también diversos ordenamientos internacionales establecen estos derechos, como la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

     Lo peor de todo es que el que no sea legal el aborto hace que al año pierdan la vida 47 mil mujeres en todo el mundo, según estadísticas reunidas por Guttmacher Institute. mujeres que tenían las ganas  de seguir viviendo, estudiando, trabajando.

      Una cosa terrible no solamente está ocurriendo en México sino también en países como en Paraguay donde en el pasado mes de mayo se reveló el caso de una niña de 10 años que fue abusada sexualmente por su padrastro. Y a pesar de que la ONU advierte que aumentan cuatro veces más los riesgos de muerte materna en una menor, en países como Paraguay aun no permiten el aborto en casos de violación. O peor aún, en países  como México, donde ya se legisló al respecto, es negado a la menor este derecho. Por citar un ejemplo: el caso de Paulina, de Mexicali Baja California que en el año de 1999 cuando tenía 13 años, fue violada y decidió ejercer su derecho de aborto, mismo que establecía la legislación de su estado. Este derecho le fue negado por el gobierno en turno y la iglesia católica,  por lo que Paulina, obligada por terceras personas, tuvo que ser madre, truncando así todos sus sueños y aspiraciones.

Quiero pedir a todas las personas que lean estas líneas, en especial a las mujeres, a que conozcan sus derechos sexuales y reproductivos, también que los hagan valer ya que es su cuerpo, es su futuro, es su vida y sobre todo que nadie decida por ustedes.

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