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De la enfermedad al cuerpo en potencia

Por Carlos Rivera

*Imagen tomada del sitio http://johannahedva.com de la artista Johanna Hedva

El cuerpo es un campo de batalla” escribía Bárbara Kruguer en una de sus obras más reconocidas, despertando así, sin duda alguna, toda una serie de cuestiones fundamentales a propósito del cuerpo y su lugar en el entramado social. Hace mucho tiempo que el cuerpo dejó de ser el medio, el terrenal caparazón de carne que protege al espíritu, el cuerpo es ahora un fin en sí mismo, un campo de disputa sometido a los mandatos y normas de la modernidad, y ¿cuáles son esos mandatos? Ya los conocemos con claridad de antemano, la historia de la visualidad en occidente nos ha enseñado a lo largo de los años cuáles y cómo deben ser los cuerpos que importan, y aunque estos mandatos no suelen ser fijos, su base primordial se asienta en el ideal del hombre; blanco, fuerte, heterosexual y desde luego sin ningún tipo de “discapacidad” es decir, el cuerpo debe tener dominio absoluto de todas sus capacidades para así considerarse un cuerpo en sociedad, para ser visto y escuchado.

La noción de “discapacidad” o “diversidad funcional1 puede tener muchos significados en lo que al lenguaje médico respecta, sin embargo, para este caso resulta imposible no asociarla con una suerte de marca, de señalamiento encargado de establecer una diferencia, los cuerpos con diversidad funcional son sin lugar a dudas alterizados o mejor dicho exotizados, parecen invisibles, inescrutables, son cuerpos que libran batallas ajenas, tan distintas a las de los cuerpos “normales” que parecieran perder su condición de humanidad.

     Confinada en su habitación y a su cama, mientras en la calle a fuera de su ventana un gran número de personas se movilizan por los derechos civiles de la población afroamericana, Johanna Hedva, artista feminista estadounidense reflexiona sobre su condición de enferma, sobre las posibilidades que su cuerpo (víctima de una enfermad crónica) le brinda para empoderarse. Johanna se muere de las ganas por salir, pero escasamente el único acto de respaldo del que es capaz en su situación es el de alzar el puño en señal de lucha.

Me puse a pensar sobre modos de protesta que se les permiten a la gente enferma. Me parecía que muchas personas a las cuales Black Lives Matter apunta no pueden ir a marchar por estar encarcelados por un trabajo, por el riesgo de ser despedidos, o estar literalmente encarcelados, y por supuesto por la amenaza de violencia y brutalidad por parte de la policía… pero también por enfermedad o discapacidad, o por estar cuidando de alguien con una enfermedad o discapacidad.2

Hedva desde su condición propone en su teoría una reflexión interesante citando la obra de Ana Arednt. Si para la filósofa alemana lo “Político” es entendido como cualquier acción pública, entonces las personas que por diversas razones no tienen la facultad de salir a la calle ¿serían apolíticas? (Hedva, 2015). Esta cuestión resulta determinante máxime cuando la definición de Arendt es aún muy aceptada en los círculos de la academia ¿en dónde quedan entonces los cuerpos que no pueden movilizarse por las calles, que no hacen acto de presencia porque sus condiciones físicas se los impiden o porque las condiciones del espacio público no son aptas para ellos? responder a esta pregunta solo conduce por un camino que termina poniéndonos de frente ante la realidad de un ideal de cuerpo capacitista, para el que han sido construidas las ciudades, la tecnología, los modelos de vida y hasta la teoría académica.

     La humanidad actual está plagada de cuerpos inadaptados, cuerpos que se ven obligados a regirse por el ideal fantasioso de la belleza, la moda y el consumo, por lo tanto podemos hablar de un cuerpo moderno en crisis, sometido a un sinfín de trastornos en pos de la aceptación y el reconocimiento (Piñero, 202). Lo anterior permite entonces vislumbrar una especie de efecto que “discapacita” a los cuerpos sistemática y deliberadamente, es decir, hay un interés estructural por extender una inconformidad constante con el cuerpo, por despolitizarlo: para el sistema los gordos son enfermos, pero también lo son los que están demasiado delgados, los de baja estatura, los que son muy altos, los de nariz ancha o aguileña, todo aquel que no entre dentro de unos absurdos y violentos estándares es un “discapacitado” más.

La relación entre el éxito social y un determinado parámetro corporal es un signo inequívoco de que el control sobre el cuerpo, su modificación y tratamiento para que sea el epítome de la perfección deseada es un proceso fundamental para el sistema. Ello lógicamente genera un exacerbado culto al cuerpo, a la corporalidad imaginaria que, en muchos casos, se transforma en realidad, pero que en otros no es más que una corpo/irrealidad.3

     ¿Dónde queda entonces el cuerpo enfermo y quienes están verdaderamente enfermos? En su teoría de la mujer enferma, Hedva asume una posición clara frente al concepto de enfermedad, casi asociándolo con una ficción, o en términos de Althusser, con un aparato ideológico más del estado que precariza a los cuerpos, a unos con más violencia que a otros indudablemente, pero que busca generar sujetos inconformes, inadaptados y por lo tanto prescindibles. Por ello la potencia de los planteamientos de Hedva, puesto que siendo víctima de una enfermedad crónica que la obliga a permanecer en cama por extensos periodos, se apropia de la noción de enfermedad para agrupar en ella todos los cuerpos carentes de privilegios y considerados indeseables; no hace falta tener que andar en una silla de ruedas para estar enfermo, basta con ser una mujer negra de Mali o una latina en el Harlem de Nueva York

    Sin embargo (y esto debe ser muy claro) no se puede ser un cuerpo “enfermo” sin ser consciente de lo que ello implica y sobre todo no se pueden poner a todos los cuerpos bajo las mismas condiciones porque jamás lo están. La teoría de la «mujer enferma” pretende reconocer a todos los cuerpos carentes de privilegios y precarizados por el sistema, pero a cambio les pide ser conscientes de sus privilegios, sean los que sean, porque en esta sociedad no importa quién se sea, de dónde se sea, el género que se tenga, la raza o la clase, si se es dueño de todas las facultades corporales y se goza de buena salud, siempre se estará un paso más allá que aquel que se mueve en silla de ruedas, que el esquizofrénico, que el sordo o el que no puede ver.

 La Mujer Enferma son todos aquellos cuerpos “disfuncionales”, “peligrosos” y “en peligro”, “mal comportados”, “locos”, “incurables”, “traumatizados”, “desordenados”, “enfermos”, “crónicos”, “no asegurables”, “desgraciados”, “indeseables” que le pertenecen a mujeres, personas de color, personas pobres, enfermas, neuroatípicas, de habilidades diferentes, queer, trans y genderfluid, todas aquellas personas que han sido históricamente patológizadas, hospitalizadas, institucionalizadas, brutalizadas, definidas como “inmanejables”, y así vueltas culturalmente ilegítimas y políticamente invisibles. 4

La intención es entonces convertir el concepto de “enfermedad” en un campo de lucha político, un espacio en el que se agrupen los marginales, pero ante todo un espacio en el que exista una clara conciencia de la solidaridad y el cuidado, porque el cuidado es una apuesta política que encara y cuestiona el mandato individualista del capitalismo posindustrial, posibilitando a los cuerpos reconciliarse consigo mismos y, lo que es más importante, reconociendo al otrx desde el lugar del afecto, y ello implica sin lugar a dudas el surgimiento de apuestas potentes que permitan nuevas nociones acerca del cuerpo y sus capacidades en la sociedad.

Notas:

1 Término alternativo que se comenzó a usar en Europa a partir del 2005 buscando alejarse de definiciones peyorativas como las de “minusvalía” “discapacidad” o “enfermedad”.

2 Hedva, Johanna. (2016).

3 (Piñero, 2001. Pag 200)

4 Hedva, Johanna. (2016).

BIBLIOGRAFÍA

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CarlosCarlos Rivera. Soy licenciada en ciencias sociales, artivista y escritora loca, mi cuerpo es un constante devenir que camina buscando cuestionar uno a uno sus privilegios, no me gusta decir que soy una mujer trans no binaria, feminista y revoltosa.

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Arte y VIH: Un recorrido por los activismos, publicidad y poéticas del virus

Por Benjamín J. M. Martínez Castañeda

 

Introducción

Más que un ensayo, estos son apuntes a una ponencia que tuvo lugar el 30 de noviembre de 2016 en las instalaciones de la Universidad del Valle de México Campus San Rafael. Fui invitado por parte de los estudiantes que organizaron el encuentro Rompiendo Tabús, y por una de sus profesoras: Cecilia Calderón. No me interesa emitir un juicio de valor ético o moral puesto que no es esta línea la que se debe seguir cuando se pretende que el arte tome fuerza; es de todos sabidos que La Peste Rosa es descubierta en los primeros años de la década de los ochenta en Estados Unidos de América, sabemos también del proceso de estigmatización y aislamiento que han sufrido “los infectados”. Así pues, no me motiva volver a este terreno del señalamiento, sino cómo la producción cultural, en particular las artes visuales, tomaron una gran fuerza para hacer de la crisis del VIH un potencial económico, político, educativo y social que vino a reivindicar a todos aquellos que han muerto en las manos de este Virus, así como aquellos que viven con él. De esta manera organicé la presentación: activismos, gráfica y publicidad contra el VIH, y poéticas del VIH. Por eso no hay una conclusión como tal; sólo es mostrar de forma histórica y visual lo que estos personajes tan importantes de finales del siglo XX hicieron por la humanidad.

Activismos

“Si mi discurso no os hace cagar de miedo, tenemos un auténtico problema” 

Larry Kramer (1987)

     ACT UP fue una organización fundada en marzo de 1987 después de un discurso que dio Larry Kramer para criticar a la organización Gay Men´s Health Crisis; ambas organizaciones pretendían alertar sobre la pandemia del sida, sin embargo esta última resultó insuficiente. Para Kramer, ir a los funerales de la gente muerta por la creciente pandemia del sida era inútil, ver a la comunidad gay llorar su pena no tenía fuerza política; con llorar no lograrían ser mirados por el gobierno. ¡No llores, organízate! ¡Convierte tu dolor en ira! Fueron palabras que se convirtieron en la fuerza del activismo de ACT UP. “Los activistas del VIH/SIDA y los modos de intervención adoptados fueron elementos decisivos para dotar a su lucha de un estatus de urgencia, conseguir un aumento considerable de fondos para la investigación o hacer posible la aceleración de la puesta en marcha de nuevos tratamientos”.[1]

     En este periodo, los activistas venían de comunidades gays americanas, clase media y alto nivel cultural, lo que le permitió un fuerte impacto social y político. Lo que el activismo de ACT UP ha dejado al mundo contemporáneo es que la idea de verdad queda vinculada al cuerpo enfermo: “Sin duda, este cuerpo constituye la base de prueba de importantes atestiguaciones de la verdad, de necesarios testimonios contra el poder”.[2] El cuerpo enfermo se vuelve abyecto mientras que el cadáver de éste es la abyección absoluta, es decir, todo se muere como nosotros.

“No hay revolución social, si no hay revolución sexual”

Taller de Documentación Visual

(1984-1999)

     Bajo una línea completamente marxista, Antonio Salazar crea el Taller de Documentación Visual, albergado en los viejos salones de la Academia de San Carlos. Sexualidad, diferencias de clases y religión fueron los ejes que dieron vida al taller. Los participantes del TDV vieron en el VIH un fenómeno natural y no un acontecimiento moral, y con ello estudiaron cómo se desenvuelve el virus. “Como seres sexuales y sociales que somos, el SIDA es nuestro problema personal y social”.[3] En este sentido, el arte del TDV era de carácter colectivo, sirviendo a la sociedad donde no hay artistas empoderados. Por otra parte, el TDV es pieza clave para entender que la mal llamada peste rosa nunca fue de los homosexuales, sino de la sociedad en general; me atrevo a decir esto con base a que no todos los que integraron el colectivo eran homosexuales: entre ellos había una ética del cuidado, era un proyecto que dignificaba los afectos y la memoria.

Gráfica y publicidad contra el VIH

“Silence = Death”, Gran fury, (1987)
“Silence = Death”, Gran fury, (1987)

     Gran fury fue un grupo de artistas activistas que pertenecían al grupo ACT UP, recurrieron al diseño y a la publicidad criticando principalmente la postura de la iglesia sobre el uso del condón y la homosexualidad. El silencio es la muerte, fue la primer intervención pública del colectivo en 1987. Es un proyecto que tiene doble jugada; por un lado se exigía al gobierno de Ronald Reagan a invertir en pruebas y medicamentos para los enfermos y tener así una muerte digna; por otro lado se invitaba a la sociedad a saber su estado de VIH ya que, al ser una enfermedad silenciosa, la muerte también llega de esa manera.

     Otro de los carteles más emblemáticos del colectivo es Besar no mata: la codicia y la indiferencia sí, una medida más contra el gobierno de la inacción y a la indiferencia del público. En este cartel se dejan ver una pareja heterosexual, una pareja homosexual y una pareja lésbica, todas ellas de índole interracial. Cabe mencionar la importancia de las orientaciones sexuales de las parejas así como su condición racial, pues eran los Estados Unidos de América de finales de los años ochenta: la raza negra siempre perseguida y la segunda ola de asiáticos conquistando occidente: el tabú. Además, el VIH estaba comenzando a ser detectado también en mujeres heterosexuales, mientras la iglesia pedía que no usaran condón en sus prácticas sexuales puesto que el VIH solo era «cosa de homosexuales». A un gran porcentaje de las mujeres seropositivas se les negó el acceso a la asistencia sanitaria porque se consideraba que «la mujer no contrae VIH».

“Un calendario de la enfermedad”

General Idea

(1969-1993)

General Idea es un colectivo canadiense conformado por AA Bronson, Felix Partz y Jorge Zontal; son la crítica a la sociedad de consumo y de la sociedad estandarizada por las lógicas del capitalismo. Hasta cierto punto, el colectivo no se identificó como enfermo, a pesar de que Partz y Zontal fueran portadores, sino como el virus mismo; así lo dejan ver en su proyecto Pharme©ologi, donde intervienen piezas de grandes artistas como Tom Thomoson, Piet Mondiran, Marcel Duchamp, entre otros, con tres puntos de color verde, azul y rojo de manera autorreferencial. Ellos son el virus en la obra de arte. Hay que mencionar que el trabajo de General Idea implica conciencia política queer: “(…)no busca distanciarse de las formas de articulación de significados en el lenguaje, sino que intenta infiltrar acciones que perturben la formación interna de los códigos de la lengua”.[4] Así se puede observar en la intervención titulada Imagevirus donde la repetición constante del cartel AIDS genera significados diferentes dependiendo del lugar donde se presente; el proceso creativo de esta pieza en específico es lo que William Burroughs propuso como métodos virales, donde el virus es la fuerza creativa. La intervención Imagevirus es un parásito que altera el cuerpo social, económico y político de donde se posa.

Poéticas del VIH

“Transportar y soportar lo insoportable”.

Pepe Espaliú

(1955-1993)

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Dice Pepe Espaliú que en su España , la de los años 90, lo que impera es el miedo y vio en el arte una manera de comprometerse socialmente: “Es obvio que el arte no salva vidas, pero puede contribuir a lo que te queda de vida lo vivas mejor. Vale la pena todo lo que sea una concienciación de unos y otros, hacer cosas que ayuden a esa concienciación social con respecto a la vida de los enfermos”.[5] Siguiendo este pensamiento, la obra Carrying está compuesta por diferentes piezas que van desde la escultura hasta el performance; es un trabajo que recurre a la metáfora del palanquín (portador-portado) obviando la idea del contagio. El virus está ahí y no sabemos quién es portador, o quienes somos portadores, y nos encontramos uno a uno, cara a cara, cuerpo a cuerpo todos los días. La idea original del proyecto surge de los verbos to care  y to carry, donde el cargar o transportar  implica una ética del cuidado y solidaridad entre los portados y los portadores.

“La muerte se vive”

Félix González -Torres

1957-1996

Según María Antonia González Valerio, catedrática de la UNAM, la muerte del autor se vive o experimenta. Félix González-Torres renuncia a su calidad de autor para ser un instante y un montaje, mostrando así una fuerte relación entre lo privado y lo público, lo individual y lo colectivo. La obra de González-Torres nos lleva a los límites del espacio intersubjetivo, donde la comunidad no existe y lo que importa es la experiencia humana; es de los pocos artistas a quien no le interesa la militancia homosexual ni mucho menos los valores culturales de ésta; él apuesta por lo universal. Para que esto sea posible, es necesario leer a Félix González-Torres como un artista relacional, donde las fechas, el tiempo y el lugar conceptualizan sus piezas, logrando una gran carga psicológica que genera metáforas desde lo personal. “La evolución metafórica y literal de su trabajo hace que la participación de aquellos que entran en contacto con él dote a la obra de una clase de vida que se renueva constantemente”.[6] Es en la última etapa de su trabajo cuando se involucra en la poética del sida enfocándose a lo social. En la pieza “Untitled” de 1991 vemos unas sábanas y un par de almohadas con la huella del tiempo y del cuerpo, donde la huella del cuerpo funge como fantasma de la presencia humana. Es en este sentido en que Félix González-Torres es un instante y un montaje que muere mientras la obra va avanzando.

“Este podría ser usted”

Rebecca Guberman

1971

Se ha hablado hasta ahora del cuerpo externo, ¿pero qué pasa con lo que está dentro? Es un juego de representaciones entre el yo y lo otro, y dicho juego ha dejado fuera de la representación a las mujeres artistas, como Nan Goldin, Rosalía Banet, María Jesús Fariña Busto.[7] Retomo el trabajo de Rebecca Guberman, pues ella reflexiona en cuerpo propio pero de manera interna; es un proceso de investigación que comenzó cuando tenía 17 años, fecha en la que contrajo VIH; en sus piezas incluye historiales médicos, recetarios y diferentes residuos biosanitarios. Blood work es una muestra de su sangre vista con un microscopio, lo que ha servido para problematizar cuestiones de género dentro de las investigaciones sobre VIH. Rebecca Guberman ha documentado a mujeres que viven con VIH iniciando un diálogo ético y moral entre estas otras mujeres y ella misma dentro de un programa educativo y de prevención de esta enfermedad.

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[1] Ruth Martín Hernández, El cuerpo enfermo: arte y VIH/SIDA en España. Tesis para optar al grado de Doctor. Universidad Complutense de Madrid, Madrid, 2010, p. 177

[2] Hal Foster, Efecto real. La vanguardia a finales de siglo XX. Madrid, Akal, 2001, p. 170.

[3] Taller de Documentación Visual, “SIDA. Síndrome de Culpabilidad Adquirida”, en Taller de Documentación Visual. UNAM, México, 2004, p, 230.

[4] Francesco Scasciamacchia, “Espectros de un virus”, en AA.VV, General Idea. Tiempo Partido, Museo Jumex, 2016, p. 45.

[5] Fietta Jarque, “El arte de vivir el sida”. El País. Madrid, 16 de noviembre de 1992.

http://elpais.com/diario/1992/11/16/cultura/721868416_850215.html (Última consulta 29 de noviembre de 2016).

[6] Ruth Martín Hernández, El cuerpo enfermo: arte y VIH/SIDA en España. Tesis para optar al grado de Doctor. Universidad Complutense de Madrid, Madrid, 2010, p. 192.

[7] Cfr. Ruth Martín Hernández, “Rompiendo el silencio. Mujeres artistas y VIH/SIDA”, en Asociación Aragonesa de Críticos de Arte, No. 13. Diciembre 2010. http://www.aacadigital.com/contenido.php?idarticulo=410 (Última consulta 29 de noviembre de 2016)

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Fuentes de consulta

Catálogos

General Idea. Tiempo Partido, Museo Jumex, 2016.

Taller de Documentación Visual, Universidad Nacional autónoma de México, Escuela Nacional de Artes Plásticas, Posgrado en Artes Visuales, México, 2004.

Bibliografía.

CRIMP, Douglas, Posiciones críticas. Ensayos sobre las políticas de arte y la identidad. Madrid, Akal, 2005.

FOSTER, Hal, Efecto real. La vanguardia a finales de siglo XX. Madrid, Akal, 2001

GETSY, David (Edited), QUEER, Whitechapel Gallery, London, 2016.

MÉRIDA Jiménez, Rafael, Manifiestos gays, lesbianos y queer. Testimonios de una licha (1969-1994). Barcelona, Icaria, 2009.

MARTÍN Hernández, Ruth, El cuerpo enfermo: arte y VIH/SIDA en España. Tesis para optar al grado de Doctor. Universidad Complutense de Madrid, Madrid, 2010, p. 177

Hemerografía

MARTÍN Hernández, Ruth, “El cuerpo enfermo. Una aproximación al arte sobre VIH/SIDA”, en Thémata. Revista de Filosofía No. 46 (2012 – Segundo semestre), pp. 693-705.

Fuentes digitales

JARQUE, Fietta, “El arte de vivir el sida”. El País. Madrid, 16 de noviembre de 1992.

http://elpais.com/diario/1992/11/16/cultura/721868416_850215.html (Última consulta 29 de noviembre de 2016).

MARTÍN Hernández, Ruth, “Rompiendo el silencio. Mujeres artistas y VIH/SIDA”, en Asociación Aragonesa de Críticos de Arte, No. 13. Diciembre 2010. http://www.aacadigital.com/contenido.php?idarticulo=410 (Última consulta 29 de noviembre de 2016)

PAINE, Tamara, “Félix González-Torres”, en IDIS, Junio 1996. http://proyectoidis.org/felix-gonzalez-torres/  (Última consulta 29 de junio de 2016)

RAMOS, Ángel, “Arte contemporáneo y VIH/sida”. Cáscara amarga, 4 de diciembre de 2012. http://www.cascaraamarga.es/cultura/50-cultura/3644-arte-contemporaneo-y-vihsida.html (Última consulta 29 de noviembre de 2016)

SEARLE, Adrian, “La pérdida de Pepe Espaliú”. Acción Paralela # 1. http://www.accpar.org/numero1/searle.htm (Última consulta 29 de noviembre de 2016).

Archivos digitales

Archivo sobre arte y vih/sida

http://ciaen.com/archivo-arte-vihsida/

Artistas de estos días y otros ya pasados.

http://artedestosdias.blogspot.mx

Activismo contra el sida y más

https://www.pinterest.com/pin/360076932676693198/

The Women of Visual AIDS. HIV-Postive Women Making Art

http://www.thebody.com/content/art45919.html

Créditos fotográficos

Act Up

  1. http://www.qzap.org/v5/gallery/main.php?g2_itemId=1950
  2. https://s-media-cache-ak0.pinimg.com/236x/ed/e9/b2/ede9b2c46922bb31862732a08e9191a7.jpg

Taller de Documentación Visual

  1. Todas

Taller de Documentación Visual, Universidad Nacional autónoma de México, Escuela Nacional de Artes Plásticas, Posgrado en Artes Visuales, México, 2004.

Gran Fury

  1. https://en.wikipedia.org/wiki/Gran_Fury
  2. http://artedestosdias.blogspot.mx/2011/12/gran-fury.html
  3. http://www.theatlantic.com/entertainment/archive/2015/10/can-posters-still-change-the-world/409078/
  4. http://cooper.edu/projects/selected-work-marlene-mccarty

General Idea

  1. Pharme©ology, 1994.

https://twitter.com/i/web/status/786227863305334784

  1. AIDS, 1987.

http://www.adamslove.org/en-d.php?id=142

  1. Imagevirus, 1989-1991

http://hero-magazine.com/article/29265/aa-bronson-the-artist-shaman-and-co-founder-of-the-legendary-general-idea-collective-on-generation-art-now/

Pepe Espaliú

  1. http://elpais.com/diario/2003/01/11/babelia/1042243582_850215.html
  2. http://www.abc.es/fotos-cultural/20120503/carrying-pepe-espaliu-vegap-1502747645059.html
  3. http://cultura.cordoba.es/es/equipamientos/centro-de-arte-pepe-espaliu-1
  4. http://www.elmundo.es/elmundo/2010/12/12/andalucia/1292148959.html

Félix González-Torees

  1. Untitled (The End), 1990.

http://pietmondriaan.com/tag/felix-gonzalez-torres/

  1. Untitled, 1991.

http://www.malba.org.ar/evento/felix-gonzalez-torres-somewhere-nowhere/#prettyphoto[group]/6/

Rebecca Guberman

  1. Blod work, 1997.

http://www.123watts.com/1998/skindeep/

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Testimonios Trans-UIG: Unidad de Identidad de Género

El sistema de salud suele ser paternalista. Pretende decidir sobre nuestros cuerpos, pretende saber qué necesitamos, de qué «adolecemos» sin tomar en cuenta nuestras emociones, nuestros sentires, nuestros pensares. Patologiza lo que para él no es normal asumiendo que son las figuras médicas las expertas en nuestras necesidades sin consultarlas. Cuando muchas veces lo único que se necesita es acompañamiento y apoyo en decisiones que no incumben a nadie más que a la persona que las solicita.

¿Cómo hacer para que las personas, no sean agredidas por esos binarismos de género sobre el «deber ser» hombre, mujer?

Trans Forma la Salut nos comparte testimonios sobre el paso de distintas personas en dos instituciones que asisten en la reasignación de género: la UTIG y TRÀNSIT, y el modelo sanitario necesario para llevar a cabo un acompañamiento humanitario.

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Parto en casa de Isabella

por Natalia Clementina Tangerina

Hacía semanas traía la angustia de dónde y cómo parir.
Primero, había sido elegido el parto en casa, fácil, la partera increíble, la casa puesta, yo animada. Luego todo empezó a moverse, la casa cambió, la partera me pareció que vivía del otro lado del mundo y yo, me asusté.
Decidimos irnos al hospital y la confianza de tener un seguro de gastos médicos que pagara todo nos relajó por un buen rato.
El día que cumplía 38 semanas y, según yo, a punto de parir, llegaron a la ciudad mi mamá y su pareja, Adriana, y de pronto me sentí segura, sentí que mi nido estaba listo para recibir a esta bebé. La fuerza y el orden que trajeron a mi casa (a la cual me acababa de mudar 3 meses atrás), me dieron un sentido de pertenencia; también ayudaron todos los proyectos DIY que trajeron y que en una semana dejaron la casa tan bonita que daba gusto entrar.
Después de muchas idas y venidas, se ajustó todo, estaba de 39 semanas y lista para parir. Asustada por el hospital, decidí que lo que mi corazón realmente quería era parir en casa, así que con su apoyo decidimos que el parto en casa podría ser la mejor opción para mi.
Decidimos no decirle a nadie, no quería comentarios negativos, no quería miedos que no eran míos, las pocas personas que supieron que iba a pasar me llamaron valiente, y yo por dentro me sentía la más cobarde. «Si paro en casa es porque me aterroriza el hospital», pensaba yo. Recordaba mi primer parto, tan intervenido, el comentario del pediatra: «que buen show nos diste» mientras soltaba la carcajada. Eso fui para ellos: un chiste, un show. Con mi segundo embarazo me preparé tanto para un parto en casa que al terminar en una cesárea completamente innecesaria y violenta me sentí rota, destruida y al final, completamente incapaz de parir.
Pensábamosque no tendríamos más hijes, estábamos tan seguros que seríamos solo cuatro, que al enterarnos de la bebé nos quedamos en shock. Pero al mismo tiempo sentí que llegaba el tiempo de reconciliarme conmigo, con mi cuerpo y con la vida/muerte que hacía tan solo un año se había llevado a mi papá.
Tenía mucho miedo del parto, tenía terror de no ser capaz de dilatar, pero sobretodo tenía terror del expulsivo, de pujar, de hacerme responsable, de mi, de mi cuerpo, de el proceso y de mi bebé. Tenía miedo pues sabía que el parto era un proceso inevitable y, como la muerte, iba más allá de mi y de toda conciencia o control. Tenía que dejarme llevar, confiar y pasar a través del miedo.
Cumplí 40 semanas, llegó mi fecha probable de parto y se fue. Pasaron los días y cada hora se hacía más larga, mi cuerpo no parecía mío. Me sentía cansada, emocional y con ganas de estar encerrada en mí 24/7 pero tenía muchas cosas que hacer, así que ni la bebé ni mi cuerpo sentían que estaba lista para parir.
Llegué a la semana 41 y no había un solo signo de parto. Desesperada y cansada de sentirme presionada por el mundo, decidí llevar a cabo todo lo que pensé podía ayudar a la bebé a nacer. Caminé, nadé, comí chocolate 90% cacao, caminé otro poco y nadé mucho más.
Amanecí el domingo 30 de junio sintiendo que algo era diferente, no quería caminar, ni moverme, no quería mas que estar a oscuras, acostada en cama, abrazando a mi ex esposo, me sentía diferente pero no creí que fuera a parir todavía.
Aproximadamente a las 8 de la noche empezaron las primeras contracciones de parto, sentía una presión más fuerte que con las contracciones de Braxton Hicks, y al ir al baño me di cuenta que estaba perdiendo por fin el tapón mucoso. No me quise emocionar porque con mi segunda hija perdí el tapón mucoso y aún así nunca entré en trabajo de parto.
Llamé a mi partera, Sabrina, y le pedí que viniera a mi casa. Con ella viviendo a tantas horas de distancia (casi 4) me preocupaba no llegara y, aunque pensé que podía ser falsa alarma, ella decidió llegar a mi casa y quedarse a dormir por si el parto progresaba.
A las 12:30 de la mañana llegó. Las contracciones se habían espaciado mucho porque estaba estresada de si llegaba o no llegaba, estaba tan nerviosa que logré distanciarlas.
Al llegar le pedí me revisara para saber si era trabajo de parto y si tantas semanas con Braxton Hicks habían servido para algo, pero en realidad tenía miedo de no estar ni borrada, ni dilatada como me había pasado en mi parto anterior, tenía mucho miedo de que mi cuerpo estuviera roto. «Tienes 3 cm y 50% de borramiento» me dijo y me decepcioné, no era nada y no significaba nada, había pedido un tacto a lo menso, me enojé conmigo misma y me prometí en secreto no pedir más tactos durante todo el parto para no decepcionarme o emocionarme de más.
Nos acostamos a dormir para tratar de descansar algo, las contracciones agarraron ritmo de nuevo y mientras dormía, sentía con total claridad cada una de ellas, estaba en un estado de conciencia que nunca había experimentado. Era muy parecido a una meditación profunda, no estaba dormida, pero no estaba despierta, y con cada contracción junto con el dolor llegaban imágenes que me hacían sentir mejor. Los sueños se mezclaban con la realidad, me sentía dentro de una oscuridad aterciopelada que se llenaba de colores con cada contracción. Fueron momentos muy profundos, intensos y aunque quiero recordar las imágenes que llegaban a mí con cada contracción, no he podido lograrlo.
Alrededor de las 4 a.m. el dolor se intensifico tanto que tuve que levantarme de la cama. Me senté en la pelota de partos y Jorge, el papá de mis hijas y quien fuera mi pareja en ese momento, se sentó frente a mi, me tomó la mano y empezó la siguiente fase del parto.
En algún momento entre las contracciones escuché a Sabrina moverse por la casa, me preparó un té, su presencia era tan suave que me sentía protegida pero además jamás sentí que mi espacio hubiera sido invadido, me sentía respetada. Cuando sentí que el dolor era mucho me pusieron el banco de partos en la regadera a sentir como el agua hirviendo aliviaba mi dolor. Lo único malo fue que empecé a sentir que se me subía la presión por el calor así que me tuve que salir.
Al momento de cerrar el agua sentí, supe, que estaba entrando en transición, la parte más dolorosa del parto.
En cuatro patas me acomodé sobre la cama y pude manejar el dolor por un rato, pero a cada momento se hacía más difícil, intentaba respirar según había leído en hypnobirthing, intentaba recordar técnicas de relajación, de meditación, de cualquier cosa que me pudiera ayudar y poco a poco las herramientas con las que contaba dejaban de ser útiles, de funcionar; nada me ayudaba. Recuerdo que en ese momento empecé a rogarle internamente a todos mis familiares que han muerto que regresaran a ayudarme, sobretodo pensaba en mi papá, le rogaba, «papá, ayúdame a tener unos minutos para descansar, no puedo manejar el dolor». Y así sentada en el banco de partos, recargada en Jorge, agarrada de la hamaca, con Sabrina sentada frente a mi fue que pasamos no sé cuanto tiempo los tres durmiendo y descansando un poco. Las contracciones no dolieron tanto, pude relajarme de verdad.
Pero no podía descansar para siempre, las contracciones regresaron a su intensidad y ritmo y pensé, «ahora si, ya no hay vuelta atrás». El tiempo no tenía sentido, con cada contracción se hacía eterno, cada segundo parecía un año, entre contracciones el tiempo se movía tan rápido que no me daba tiempo de respirar. A lo lejos escuchaba cómo la mañana empezaba para mis hijas, mi mamá y Adriana; escuchaba cómo desayunaban, se bañaban, jugaban, reían; oía como en otro mundo, sus vidas eran iguales y a la vez estaban cambiando para siempre.
De repente entraron al cuarto, se acomodaron todas y el mundo parecía que se acomodaba en su lugar. No recuerdo mucho de esa parte, veo los videos y me parece irreal, nada se ve como yo lo veía, para mí los colores eran más brillantes, los segundos más largos, las palabras mas poderosas, pero cuando llegaban las contracciones, no existía nada más que el dolor. En esos momentos sentí que me rendía, gritaba, gemía, me retorcía, quería escapar, estaba desesperada, quería que se acabara ya, sentía que faltaba mucho, no sabía si me había equivocado, ¿y si esta no es la etapa de transición y todavía faltan horas? preguntaba desesperada en cada descanso. No me dejaba revisar la dilatación, tenía terror de que me dijeran que estaba muy lejos, no quería queme desanimaran, Sabrina me contenía, Jorge me sostenía y las abuelas junto con las nietas me protegían. Aquí solo recuerdo dolor, dolor, dolor, gritos, dolor, sentía a mi cuerpo quebrarse y entre contracciones entendía que el dolor era necesario porque necesitaba romperme para vivir.
No se trataba de parir, se trataba de vivir.
Pero durante las contracciones no aguantaba nada, protestaba si me tocaban, parecía que iba a morder. ¡Cállate! … le gritaba al mundo, no soportaba un sonido, no toleraba a nadie.
¡Duele, duele! gritaba con sorpresa en cada contracción, ¡duele más que la anterior! Tomaba las manos de Jorge y me levantaba con cada una, me ponía de puntillas y levantaba la cadera del banco de parto, no sentía la cabeza de Isabella y me preocupaba que siguiera arriba y faltara mucho para que naciera. Fue la parte más difícil y aún ahí temía el momento del expulsivo, pensaba que sería peor. Pero ya no tenía miedo de pujar, sólo quería que todo terminara, no importaba cuánto doliera, ya no podía más. Veía las caras de todas mis mujeres, estaban frente a mi, Sabrina adelante, a su lado mis hijas, luego mi mamá junto a Adriana, por momentos ponían cara de que ya veían algo, tal vez la cabeza, pero por momentos ponían cara de desilusión, veía la preocupación en la cara de mi mamá, y la de curiosidad de mis hijas, me sentía rara, pronto serían sus vidas completamente distintas.
A las 10 a.m. Sabrina me hizo un tacto porque todos morían por saber como íbamos. Me dijo que se sentía todavía arriba y que parecía la detenía el estar todavía en la bolsa de líquido amniótico.
«¿Quieres pujar?» me preguntó Sabrina «No», contesté desilusionada. Sentía que faltaba mucho y con cada contracción me desesperaba más.
Las buelas y las nietas salieron del cuarto silenciosamente y sin que nadie se los pidiera, de pronto ya no las vi.
Me concentré entonces, no sé si hubo un cambio o no, no registré nada, pero de pronto la cabeza de Isabella bajó, sentí ganas de empujar y la fuente se rompió, todo al mismo tiempo.
Las ganas de pujar eran imperantes, mi cuerpo y el de Isabella se empezaron a separar, sentí su cabeza por salir y creí que se resbalaría y caería, salió su cabeza, y con ese mismo pujido salió el resto de su cuerpo. Sentí dolor, sentí que me rompía pero no fue tan difícil, fue increíble, de pronto todo había terminado, lo había logrado, me sentía como una guerrera. Había parido a mi bebé. Mientras salía había gritado para que entraran la demás mujeres de mi vida, entraron corriendo y fue maravilloso ver a las grandes conocer a la pequeña.
Mientras todo sucedía yo seguía sintiendo las contracciones, dolían casi tanto como antes y me sorprendió, en mi primer parto, fue nacer mi hija y acabarse todo el dolor, así que mientras la ponía al pecho empecé a pujar para sacar la placenta. Por fin salió y el dolor cedió. Pedí ayuda para acomodarme, tenía una bebé en el pecho, dos hijas impactadas a lado, dos madres increíbles y una partera mágica. Y yo me sentía como la persona más afortunada del mundo, la más fuerte y la más empoderada.
A las 10:20 a.m. parí una bebé de 4.100 kg, 55 cm; a las 10:27 alumbré una placenta velamentosa y grande.
Sólo me rasgué medio centímetro y no hubo ningún problema; Isabella se pegó al pecho como una campeona, siempre he tenido suerte con mis lactancias, tengo hijas sabias.
Me tomé un licuado de placenta con uvas, sabía como a uvas moradas con mucha sal…no me dio asco, pero tampoco se me antojaba, no tenía hambre ni sed, quería encerrarme de nuevo en mí misma mientras intentaba registrar qué había sucedido.
Fue un parteaguas en mi vida parir en casa, sé que nunca seré la misma. Aprendí muchísimo de mí, me enamoré más de mi familia; mi mamá me hizo sentir querida; Adriana me cuidó como nadie, me hizo sentir segura por completo; mis hijas me hicieron sentir agradecida y Sabrina me contuvo lo suficiente para dejarme actuar.
Hoy sólo me siento afortunada, agradecida y profundamente conmovida. Con el paso del tiempo sé que captaré diferentes cosas, este parto no ha terminado de enseñarme cosas.
Mientras tanto seguiré derritiendo de amor por mis hijas.

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Del ano como meollo de lo contemporáneo

texto por Francisco Godoy Vega

imágenes por Mariokissme

Michel Foucault planteó, en relación a la peste, que ante ella el poder ha impuesto el orden, eliminando cualquier tipo de contaminación: “la de la enfermedad que se transmite cuando los cuerpos se mezclan; la del mal que se multiplica cuando el miedo y la muerte borran las prohibiciones. Prescribe a cada uno su lugar, a cada quien su cuerpo, a cada cual su enfermedad y su muerte”[1]. Foucault, tanto en este libro como en la Historia de la sexualidad, va a desenredar las tramas que conforman la configuración moderna de la clínica, que generaría sistemas de segregación y aislamiento disciplinar a los cuerpos señalados como enfermos. Un sistema biopolítico donde la ciencia médica se asignaría el derecho de determinar tratamientos para la preservación de la vida, o al menos de algunas de ellas.

Foucault, como tantos de su generación, falleció a causa de una de las llamadas Enfermedades de Transmisión Sexual: la pandemia del VIH que se expandió de manera anómala a lo largo y ancho del globo en la década de los 1980 de forma paralela a la expansión del neoliberalismo. Una pandemia intencionadamente discriminatoria que se definió como la enfermedad de los anormales de las 4H: homosexuales, hemofílicos, hookers y haitianos.

Sin embargo, el VIH no es la primera ni la única de estas enfermedades de transmisión sexual, existiendo muchas otras que se han propagado a lo largo de la historia: no hay más que pensar en las representaciones medievales de la sífilis. Las enfermedades venéreas –de Venus, la diosa del amor– se configurarían así desde una nomenclatura que las asocia al castigo divino ejercido como respuesta a prácticas entendidas como pervertidas y/o no normativas. Ante este panorama, la cultura visual oficial ha generado múltiples imágenes prejuiciosas y discriminatorias de estas enfermedades, mientras otros agentes independientes han construido contra-narrativas ante estas imágenes y prácticas de la exclusión. Sin duda, el trabajo de Mariokissme (Mario Páez) se inscribe dentro de esta línea de artistas, teóricos y activistas que han propuesto un contraataque a la violencia sistémica contra la enfermedad y la disidencia sexual; una genealogía que va de Pierre Molinier a Ocaña, de Quevedo a Giuseppe Campuzano, de Copi a Ron Athey. En cuanto marica y queer, Mario ha utilizado de forma recurrente al ano como lugar que, si bien en la tradición gay más normativa se representa como un espacio de placer, es también –y fundamentalmente– un espacio de dolor en el que se alberga una larga memoria de agresiones.

El ano funcionaría como el espacio de lo abyecto, la pasividad, de la expulsión de los supuestos desechos, del tabú, de la inmundicia, de lo inhumano y el insulto: la expresión de desprecio que te den por culo somatiza el temor de la modernidad heteropatriarcal al ser penetrado. No por nada, el ano fue el primer órgano ocultado y privatizado por la clínica moderna colocándolo fuera de la esfera social.  Es el alterego de la boca, como tecnología de la voz, como órgano público del sujeto hablante del saber/poder. Ante él, el ano funciona como tecnología del placer/poder y el dolor/poder como contra-texto y contra-sexo no reproductivo.

La serie fotográfica de Mariokissme De lo contemporáneo, realizada en 2008, da cuenta de estas tensiones entre lo público y lo privado, la patologización y los sistemas de control corporal, conectando directamente con los asuntos antes mencionados del ano. En la misma, de forma paródica, Mario juega con la idea del autorretrato del artista (el selfie de hoy) pero posicionado desde el espacio de la fragilidad tanto del medio (una polaroid) como de su cuerpo en el espacio hospitalario, paradójicamente llamado Hospital de l’Esperança. Desde una posición de registro de la experiencia, se trasluce la alteridad marica que asume el condicionante histórico que le ha puesto en el lugar de la inferioridad.

En la serie, que originalmente fue presentada en una exposición en la casa del artista en Barcelona en 2008 titulada Invited one day, se ve el momento tabú del ingreso hospitalario: de la Unidad del Dolor, pasando por la capilla que delata la permanente vinculación de ciencia y religión y acabando con la marca de la herida quirúrgica en su ano. Asume productivamente ese espacio privatizado del ano convirtiéndolo en público, así como lo ofensivo y lo ominoso como lugares para la reinvención de la subjetividad y los procesos de subjetivación que han sido cooptados por las lógicas más micropolíticas del capitalismo.

Mario ha continuado esta reelaboración del ano en otras acciones como  New R_age de 2008 donde ficcionalizaba los fluidos anales, sacando de su interior un líquido rosa fluorescente que luego bañaba todo su cuerpo, o la reciente acción Sodomita Sonorx (lo que me sale del culo) de 2016 realizada en la Llibrería La Caníbal para la presentación del fanzine Anales Coloniales. En ella, Mario, con las columnas de Hércules en sus nalgas y la Europa Regina en su frente, sacaba de su ano unos auriculares por los que se podía oír una serie de canciones suyas que vinculaban los procesos de conquista y colonización con la represión a las formas diversas de sexualidad en Latinoamérica, construidas a partir de relatos de colonizadores cristianos españoles, allá por el S. XVI.

En un ejercicio transhistórico recurrente en el trabajo de Mario –en el cual se reactivan figuras y procesos históricos para pensar lo contemporáneo y proponer otras relaciones temporales entre pasado, presente y futuro– su reinvención contra-sexual del ano permite imaginar cartografías dislocadas de la historia moderna de la sexualidad y conectar, entre otros, con las Gracias y desgracias del ojo del culo, publicado en el siglo XVIII por Quevedo. Si bien el culo se constituiría en ambos en ese espacio de la abyección, de la desgracia, será también un espacio de reinvención y reescritura del cuerpo y el sexo como tecnologías de dominación heterosexual.

El poder oculto del ano, su capacidad explosiva en lo contemporáneo, se configura así como un potencial protésico que puede reinventar, por un lado, nuestros placeres y dolores, mientras por otro permite construir otras formas de salud sexual, salud mental y salud social. El ano deviene el órgano parlante revulsivo que permite peer sobre la historia de las tecnologías de la modernidad para producir una revolución molecular, una revolución de heces, una revolución de los pliegues interiores.

[1] Foucault, Michel, Vigilar y castigar. El nacimiento de la prisión, Buenos Aires, Siglo XXI editores, 2002, p. 182

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Conoce más de su trabajo en http://mariokissme.com/

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Violentada por los batas blancas, una historia de violencia obstétrica

imágen por Jessie Jack
imágen por Jessie Jack

por Jessie Jack 

En lo que me dieron diferentes números, me califiqué enferma, sin síntomas. Embarazada.

El globo se puso dentro de la vagina, pero sin fiesta, sus métodos no funcionaban.

Un día, dos días, tres días, cuatro.

Píldoras en el coño. Me reventaron. Cinco días.

Una enfermera, otra enfermera, tercera enfermera, cuatro.

Solo llegaban en cambios de turnos. Nunca me he sentido tan abandonada.

 

El tiempo iba tan lento, pero cambié rápidamente mis oxitoxinas por adrenalina. Me olvidé del niño, del parto.

En mi cabeza, solo se trataba de escapar el hospital, sobrevivir, salir de esa cárcel.

 

¿Porqué estaba ahi? ¡Alerta! Siempre me respondían con miedo. ¨Dar a luz es lo más peligroso que una mujer puede hacer¨

¿Qué tal si no sale el niño? ¿Si mi cuerpo rechaza al feto? ¿Si se cae la matriz? Voluntaria se queda.

Tras 2 años estoy saliendo del trauma que me creó la hospital.

Ese hospital nunca tuvo fe en mi capacidad de sacar mi bebé sola, en mi fuerza divina femenina.

Si el a prioiri de toda filosofia es la vida, el parto ¿es lo que compartimos todos? ¿Porqué se trata al parto como una enfermedad, y un producto en vez de un acto sagrado, una bendición- lo más alto de la existencia?

Después de haber reventado mi coño pretendiendo provocar un parto con píldoras químicas, por fin me pidieron participar.

¿Quería yo ya una cesárea directamente? ¿O quería que reventaran la bolsa para provocar el parto?

Sexto día y Yo, sumamente destruida, muerta de cansancio, de temor, pedí una cesaria de una vez porque no sentí responsable exponer mi cuerpo ya más a sus métodos que no funcionan. Quería cacería.

Bueno, la doctora solo iba a averiguar el cervix antes. Pero en eso, reventó ella la bolsa con una aguja mega súper ultra larga. Sin permiso.

Ya no había vuelta atras. Empezó la carrera. Contracciones ya había tenido 5 días, pero entonces llegaron las verdaderas.

«¡A ver, 1, 2, 3; empezamos a contar. Le damos 2 horas!»

¿Parir en dos horas? ave maría bendita budda, ¿de dónde sacan estas teorías? ¡Claro que no!

Bueno entonces, 2 horas fueron y oxitocina sintética. Enchufado. Hazme lo que quieras.

Las contracciones no son nada, son casi placenteras a comparación de este exorcismo que me dieron, una fuerza diabólica que entró a mi cuerpo, algo incontrolable, una droga infernal.

Pero no, pues claro que no, luchando con la vida misma, una mujer no va a parir, ni va a cantar, ni amar, ni meditar, solo pedir, pedir, pedir al cielo y la tierra la fortuna de salir viva de ese horrible pesadilla.

Aunque no quería, al final, me pusieron epidural. Pero obviamente, y como me había imaginado, y la razón porque no la quería, los contracciones se fueron por completo. Como no, si no tienes contacto con el parto mismo- no sientes nada.

10 horas después de que me pidieron elegir, acabó en cesárea emergente. Cinco doctores encima en una luz tremenda, les pedí calmarse, respetarme, los expliqué que tenia un chingo de miedo.

«¡No, jajajaja, esto hacemos varias veces al día. jaja! ¿No les gustan los vacunas? ¡jaja, qué conviccion es esa!»

Cero respeto al paciente.

Y para cerrar todo, me sobredrogaron y durante la operación estaba temblando incontrolablemente como si tuviera un ataque, epiléptica.

Niño, nació, adiós.

A mi me llevaron a un cuarto de observación. Y no tuve a mi bebé en mis brazos hasta quién sabe cuánto tiempo después.

No sé qué sucedió en ese tiempo, nunca he estado tan drogada.

Todo fue al revés. Ese día que iba a nacer mi futuro, algo en mí murió.

No tengo nada más que decir. Este es mi testimonio.

Ya lo superé, creo, esas violaciones que tantas mujeres me hicieron al meterme sus dedos en la forma más brusca.

Ya tiene tiempo que no me da un ataque de ansiedad. Ahora puedo tener una relación sexual sin que aparezcan las caras de las enfermeras.

Mi testimonio es éste. Pero faltan los suyos, y esas voces silenciosas, que sólo obedece un sistema cruel, esas mujeres que se olvidan de su sexo, de su hermana y de su empatía.

No basta pintar de blanco la sangre. No basta acortar el tiempo para hacer vivir. No basta observarte en un monitor desde otro cuarto.

Seguramente sacamos fuerza de esto, también.

Mientras tanto, se los comparto.

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Jessie Jack Mayo, 2014

www.jessiejack.tumblr.com

 

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“Feministlán» no existe

fotografía por Vanessa DeVilbiss
fotografía por Vanessa DeVilbiss

por Nat Saxosa (Feminista Incómoda)

Sé que esto decepcionará a más de una, Feministlán no existe.

No hay y nunca ha habido una isla tipo amazonas en donde se viva en el feminismo.

Se puede, como hemos visto, «Vivir del feminismo», aunque no sé que tan ético ó congruente sea eso, tampoco voy a meterme a ese análisis. Si hay quienes venden y compran feminismo, siguiendo una lógica de consumo neoliberal … seguramente les funciona.

¿Pero ”Vivir en el feminismo? ¿Es esto realmente posible?

     Para comenzar habría que revisar a profundidad la historia de los feminismos, para saber si en algún momento existió algo como eso. No, jamás. Y lo más revelador y al parecer a ratos se nos olvida es: Nunca se ha podido centralizar al feminismo.

     Claro que se ha intentado homologar al feminismo y sus luchas, primordialmente por grupos y discursos adaptables, que sirven a algún sistema de opresión o provienen de los grupos dominantes de la sociedad.

El feminismo más que un árbol parece un jardín, o mejor dicho … una selva.

     Una selva en la que hay pequeños grupos de entidades vivas, organizadas, maleza, depredadores y un sinfín de variedades de flora y fauna; una selva en la que algunas de estas entidades han encontrado el modo de permanecer, de coexistir, algunas incluso han hecho alianza para subsistir. Una donde se comparte un piso fértil del que han germinado muchas luchas, muchas ideas y discursos, muchos movimientos.

     “Feministlán« no existe ni podría existir.

     El más importante de los inconvenientes seria el hecho de que existen/existimos muchxs feministas que no están interesadxs en unirse».

     Uno de los mensajes «subliminales» que manda esta nueva oleada de discursos feministas es: «unirnos por bien del feminismo», algo así como un meta-feminismo buscando un solo objetivo … (inserte aquí signos de interrogación)

     ¿Cuando hemos buscado en los feminismos una sola cosa?

     No, no es lo mismo querer igualdad entre hombres y mujeres, primordialmente en un sistema jurídico, que dinamitar el género, ó derrocar al hetero-patriarcado capitalista y es evidente que entre todas esas búsquedas la radicalidad juega un papel primordial. Y yo iba a ser #FeministaRadical pero … (inserte aquí más signos de interrogación)

     Esta trivialización de lo radical no es casual. La radicalidad no está en las prácticas que se lleven a cabo; eso sería congruencia con un pensamiento radical (esa misma congruencia que a todas nos falta, unas más, otras menos, pero de donde siempre flaqueamos), la radicalidad está en la capacidad de hurgar en las entrañas del monstruo, de seguir/se cuestionando/se, odiar las simplezas de las dicotomías y rehusarse a los determinismos.

     Así que pensar que ser radical significa llegar a odiar a los hombres es a todas luces una idea sacada de un constructo patriarcal sobre las feministas y la radicalidad.

     Como si para odiar hombres fuera necesario ser radical, como si con ser culeros no se ganaran a pulso el odio que se les profesa. Quizás no todos sean así, quizás todxs seamos así, quizás… sea mejor dejar esa pregunta para después.

     Y entonces si #NoTodasOdiamosHombres, #NoTodasQueremosPerrear,  #NoTodasSomosLesbianas … entonces, esta no es nuestra revolución.

     Mejor dicho nunca: ESTA NO ES NUESTRA REVOLUCIÓN y el mundo no se acaba por ello. Porque las luchas, movimientos, colectividades y discursos de las feministas no tienen porque quedarnos a la medida; en todo caso, si no nos gustan, hagamos unos que si nos acomoden. Pero esa amenaza de, si tal o cual característica no me acomoda me voy, nos hace presuponer peligrosamente que somos necesarias.

     Así como hay quienes creen que los hombres son necesarios para los movimientos feministas y crean campañas como #HeForShe.

     No, no son necesarios; ni ellos, ni nosotras. Porque esas luchas y movimientos se mantienen de otras más, otras que NECESITAN DE ESOS MOVIMIENTOS, que necesitan como nombrar al mundo, como recuperar la fe en otros mundos posibles; otras que necesitan de esas luchas para sobrevivir. A esas no les importa si nos vamos o no; ya han caminado bastante sin nosotrxs, y sin nosotrxs lo seguirán haciendo.

     Esas (que también somos nosotras) son otras. Y si bien podemos ser sororas (esa tan mentada sororidad) es siempre una opción, que además no implica un vínculo, un acuerdo o una emoción… solo es una estrategia, una táctica para sobrevivir.

     Las otras y nosotras, esa delgada e indispensable línea que nos sirve de recordatorio constante de que no somos iguales, … pensaría incluso que no debemos ser iguales.

     ¿Quién nos retaría entonces a pensar en otras posturas?, ¿Quién nos confrontaría con nuestros propios discursos, ideas, acciones, posturas y creencias?, ¿Cómo colectivizar un movimiento, una lucha, si somos homólogas?.

     “Feministlán no es nada más y nada menos que una justificación que buscamos para que en pos de «ser parte» nos sea conferida una autoridad moral/ética para expresar nuestro sentir/pensar.

     Así, enunciado a “Feministlán podemos hablar de aquellas, esas que NO nos han pedido nuestras opiniones, las que no han querido hacer manada con nosotras, esas que se encuentran en el otro lado de nuestros códigos éticos. Nos permite hablarles a ellas para señalarles aquello que están haciendo mal y que evidentemente nosotras hacemos bien.

¿A qué se reduce eso? A un espacio imaginario.

     Si, imaginario, en el que existe algo como un carné feminista (que te acredita como feminista), vigilado por un “feministometro« (que nos indica que tan feministas somos y en que «nivel» estamos) y que cuenta con su micro-farándula de las mejores feministas … estupideces en todo sentido.

     Porque en los espacios cotidianos, no importa que tantos libros de feminismo tengas o no en la biblioteca, cualquier día te arrinconan entre 3 para violarte. Estupideces, porque con todo el vello púbico que tenga ó no, en este mundo sigo siendo menos que cualquiera que nazca con un pene. No van a importar mis 200 pts. en el “feministometro” a quien quiera joderme fuera de ese imaginario de feministlán”, de todos modos sigo sin importar en este mundo y nos siguen matando todos los días.

     Quizás, ésta sea la trampa de feministlán. Hacernos creer que hemos llegado al punto en el que no tenemos suficientes problemas con vivir en un sistema patriarcal, hetero-normativo, capitalista, racista, gordofobico, etc., y que tan hemos superado esas opresiones que es hora de empezar a disputarnos el poder, un poder también imaginario.

     Y no, el llamado no es a que nos unamos por el «bien» del feminismo, quizás lo que este texto intenta es reiterar que a pesar de que se pueda disentir de las posturas y apuestas de otras, que desde nuestros marcos teóricos o experiencias de vida hay cosas que no se deben hacer y otras que si, que a pesar de incluso encontrarnos tajantemente desvinculadas de las apuestas de las demás, ellas no necesitan de nuestra aprobación. Que cada quien anda por los caminos que quiere, en los procesos que puede y las consecuencias de ello son enteramente responsabilidad de ellas.

     Llamémonos pues: violentas, incongruentes, problemáticas, jerárquicas, etc. y asumamos lo que tengamos/queramos asumir y trabajar. Y superemos de una vez por todas esa falacia «ad hominem» de demeritar lo que se dice solo por quien lo dice. O que a la inversa, le demos más peso a la «personalidad» o los «modos» que a las ideas.

El feminismo yo lo conocí como una teoría emancipadora, emancipémonos entonces.

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Dendrofilia. Un forma sexual de amar la naturaleza

ilustración por Ania Pawlik
ilustración por Ania Pawlik

por José Alejandro López Noguera/ASSEX. Sexualidad Educativa

El ser humano llega a alcanzar cotas de placer provenientes de muchas alternativas, tan variadas y originales como pueda concebir de su inagotable imaginación. El erotismo es la fuente primigenia que desata e impulsa al placer, del interior al exterior, de lo abstracto a lo concreto, del pensamiento al hecho.

     Hemos conseguido emancipar la sexualidad del sexo. La función original de la sexualidad queda hoy soslayada por otras funciones. La reproducción ya no es el origen último, ni la causa, ni la consecuencia de ser seres sexuados. Desde el momento en el que superamos la función reproductiva de la sexualidad y la desligamos, conseguimos emanciparnos, logramos la libertad. El placer se superpone, el erotismo gana la partida al gen egoísta, ya no vivimos por y para la reproducción, superamos la función matriz, consiguiendo una potencia liberadora. Controlamos nuestra propia sexualidad.

      Este control, nos permite soñar. Tenemos una imaginación que podemos ligar a cualquier elemento, condicionando aquellos artilugios, entes y objeto, que en su primera instancia se muestran neutrales, pero que con la recompensa placentera, transformamos su significado insignificante, dotándolo de pulsión erógena. La rama de un árbol, deja de ser una rama y se convierte en una fuente de placer erótico. Logramos amar la naturaleza desde nuestro imaginario sexual. Nace en nosotros la dendrofilia.

     Etimológicamente, dendrofilia, proviene del griego déndron que significa árbol y el sufijo –filia, que identificamos como atracción hacia, por lo que la dendrofilia es la peculiaridad sexual por la cual, utilizamos la naturaleza para nuestro gozo erótico personalizado. Hayamos placer en una fruta, en una rama, en el roce de las hojas con la piel desnuda, en los salientes o recovecos de los árboles donde podemos introducir partes erectas de nuestro cuerpo.

      Amar la naturaleza, desde esta óptica, desde la erótica, desde lo sexual ¿puede valorarse como un trastorno severo, una aberración innatural del uso de la propia naturaleza? ¿es perverso utilizar un pepino para proporcionarme placer sexual? Las cuestiones éticas y morales pueden asaltarnos y el miedo, la culpa y la vergüenza incapacitarnos. Vayamos por partes.

Desde una perspectiva psicológica, hemos de tener en cuenta una serie de factores:

  • Si únicamente nos excitamos con el uso de verduras (y/o diversos elementos de la naturaleza) y esta circunstancia nos incapacita para mantener otro tipo de actividades sexuales, impidiéndonos gozar de más alternativas eróticas, provocándonos un sentimiento de frustración, incomodidad y malestar ante esta circunstancia, afectando dicha peculiaridad sexual a la vida cotidiana de la persona, incapacitándola, restándole bienestar, en este caso, sí podemos hablar de un problema, pues la persona no es capaz de distanciarse de esta forma erótica para obtener placer, quedando limitada.
  • Si nuestra integridad física o psicológica corre riesgo o queda amenazada por la práctica de dichas acciones o ponemos en riesgo/sufrimiento a terceras personas, en esta circunstancia podemos decir que también se torna problemática dicha conducta, pues hemos de respetar nuestro cuerpo y mente, así como el de los demás.
  • En cuanto a nuestra propia salud física, si deseamos utilizar un vegetal para proporcionarnos placer, hemos de tener en cuenta el factor higiene. Este es importante para no dañarnos o contraer alguna infección. Para ello, podemos utilizar condones que hagan de funda protectora entre la verdura seleccionada y nuestro cuerpo. Lavarnos bien y lavar el objeto seleccionado, nos protegerá de posibles adversidades.

     Salvaguardando las circunstancias comentadas, es lícito gozar de lo que nuestra imaginación nos provea. Abracemos la erotofilia (visión abierta y positiva de la sexualidad) y sus innumerables maneras de manifestarse. Despojémonos de sentimientos de culpa y vergüenzas incapacitantes. Seamos libres, pues hoy hemos conquistado nuestra autonomía sexual.

     No es una obligación probar todo tipo de cosas que no nos hagan feliz o que no parta de una curiosidad sana, pues tampoco se trata de romper barreras por el mero hecho de reivindicar, de ser radicales con lo establecido, ya que en este caso, no estaríamos dominando nuestra sexualidad, sino que quedaría atrapada por un movimiento pueril, basado en el desprecio de lo establecido, sin una crítica profunda real, de lo que significa ser seres sexuados. Cada uno crea su propia biografía erótica, su propio camino, el mapa de sus placeres, con sentido único desde el uso de la razón y el pensamiento crítico consciente. No hay que decir a todo que sí, ni a todo que no, pues en ambos casos quedamos atrapados por la sombra de la inconsciencia, alejándonos de la libertad.

     Solo alcanzaremos un verdadero empoderamiento sexual, cuando seamos capaces de discernir por nosotros mismos, qué es lo que deseamos llevar a cabo, cuándo, cómo y en qué circunstancias, abrazando nuestro propio e idiosincrático criterio, atesorando nuestra autonomía para decidir.

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FB: Assex Sexualidad Educativa  1948194_721502541223745_1360561003_nJosé Alejandro López Noguera, Presidente de la Asociación de Sexualidad Educativa (ASSEX), Psicólogo, Sexólogo y Psicopedagogo. Amante de la educación y la sexualidad a partes iguales.

 

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«El Regreso de Ana Suromai» de Liz Misterio

"L´origine du monde" Gustave Coubert, 1866
«L´origine du monde» Gustave Coubert, 1866
"Anasyrma para asustar al demonio" (ilustración de Charles Eisen para Le Diable de Papefiguere de Jean de la Fontaine 1621 - 1695)
«Anasyrma para asustar al demonio» (ilustración de Charles Eisen para Le Diable de Papefiguere de Jean de la Fontaine 1621 – 1695)

por Ángeles Ciscar Ponce

En estas líneas me gustaría hablar del trabajo de la artista Liz Misterio tratando de hacer un breve análisis de una de sus obras. Para ello voy a utilizar una estrategia comparativa entre el famoso cuadro L’origine du monde de Gustave Coubert y la pieza de Liz titulada  El Regreso de Ana Suromai.

Ambas piezas comparten un objeto de representación, la vulva femenina, pero con intenciones muy diferentes tanto en su concepción estética y formal como en su significación y discurso. El breve análisis comparativo de estas dos obras me permitirá destacar las diferencias de concepto que encierran las dos posiciones arrojando de ese modo luz sobre algunos de los aspectos fundamentales de la obra de Liz.

    Bajo mi punto de vista, la diferencia fundamental entre la representación de Coubert y la vulva de Liz reside en que en el primero la vulva es un objeto penetrable y expulsador de vida. En el caso de Liz también es un objeto, pero aquí encarna la reafirmación del género femenino como entidad autónoma lejos de definirse a través de la mirada del otro o por su función biológica. Podríamos nombrarla «la vulva política».

Hablemos, antes que nada, del fundamento de la tradición histórica sobre el que se apoya Liz para realizar esta pieza: el gesto ritual de Anasyrma.

“Es un término griego que alude al gesto de levantarse la falda o el kilt. Se usa en relación con ciertos ritos religiosos, el erotismo y las bromas lascivas […] No tiene relación con los gestos físicos típicos del exhibicionismo, pues estos tienen el objetivo implícito de excitar sexualmente al exhibicionista, mientras el anasyrma se hace solo por su efecto sobre los espectadores.
El anasyrma puede ser una exposición deliberadamente provocativa de los genitales o las nalgas desnudas. […] En muchas tradiciones este gesto tiene también un carácter apotropaico, como una burla hacia un enemigo sobrenatural.”1

Este gesto es un gesto voluntario, un gesto ritual que, asociado a lo grotesco, queda lejos de lo erótico. Un gesto impuesto por la mujer poseedora de la vagina. Así pues, un gesto de reanimación que, aunque exige una mirada ajena para que cumpla su cometido, no tiene intención que agradar, complacer o seducir al otro, sino, justo lo contrario: ahuyentar, espantar, causar risa, invocar… en todo caso poner en jaque mate al que mira.

A L’origine du monde, desde 1866, año en que fue pintado por Gustave Coubert, le ha perseguido más de un siglo de vida vergonzante. Incluso bien avanzado el siglo XX, el cuadro seguía siendo considerado de contemplación privada. No es hasta 1988 en el marco de una retrospectiva del autor en New York cuando éste se exhibe públicamente por primera vez. Después, cuando empezó a mostrarse en el Museo de Orsay de París, con una vigilancia especial en la sala, por temor a las reacciones del público. Cabe destacar que el título El origen del mundo, le fue asignado muchos años después de su factura. No sabemos que título le dio Coubert y desde esta premisa podemos sospechar dos cosas: el título quiere destacar la función biológica de la mujer o bien funciona como un eufemismo para no nombrar lo supuestamente vergonzoso.

      Es normal que para tratar de explicarnos este fenómeno lo primero que nos venga a la cabeza sea pensar en el contexto social, político y cultural en el que nació la obra. Este periodo histórico fue un momento revolucionario. El mismo Coubert es visto así, no sólo en el area de las artes, donde se le nombra el máximo representante de realismo; sino también en el ámbito social. Coubert fue una persona comprometida, activista democrático, republicano, cercano al socialismo revolucionario. Sin embargo, a pesar de este germen revolucionario, podemos opinar que la sociedad de la época no estaba avanzada en muchos de sus aspectos como para no resultar escandalizada por una imagen como es esta obra.

     Pero ¿solo este argumento justifica tanto pudor con esta imagen? Si el cuadro produce pudor, no es sólo por un contexto histórico, social y político, sino por cómo representa la vulva, es decir, cuál es su resolución formal y lo que implícitamente arroja a nivel de ideario o creencia.

      Es importante también hablar del punto de vista adoptado por los dos artistas a la hora de componer sus imágenes. Coubert adopta un punto de vista bajo y muy cercano al objeto. Como si su cabeza, y ahora la del espectador del cuadro, estuviese casi entre las piernas de la mujer. Los labios semiabiertos y rojos de la vulva invitan a ser acariciados, incitando a la penetración. Un pastel para ser comido. Hablamos de un objeto representado para causar deseo y en concreto deseo sexual; el punto de vista ayuda a este menester.
El punto de vista en las imágenes de Liz es totalmente diferente, muy lejos de la intención de mostrar un objeto de deseo. La distancia entre el cuerpo de la mujer y el objetivo de la cámara que lo retrata es considerable: el punto de vista es frontal de forma que la vulva no queda expuesta desde abajo nunca.

     Otro de los aspectos destacables de la composición de las imágenes tiene que ver con la posición del cuerpo representado y, por ende, con la actitud corporal representada. En Coubert, la mujer está tumbada apoyando sus piernas y su espalda sobre una superficie horizontal, con las piernas abiertas. Esta posición es de reposo, es un cuerpo indefenso, vulnerable y expuesto. Nada más lejos de la imágenes planteadas por Liz en las cuales el cuerpo se pone de pie sobre sus dos piernas abiertas triangulando con el suelo en un equilibrio firme. Un cuerpo capaz de reaccionar rápidamente ante cualquier eventualidad. Hablamos de dos extremos del actitud corporal, del cuerpo inerte de Coubert al cuerpo guerrero de Liz.

     En la relación fondo-figura, Coubert nos muestra una mujer mutilada por el marco del cuadro. Brazos, cabeza y piernas no existen, dando todo el protagonismo a la vulva y en segundo lugar a los senos. Esta composición obedece al estereotipo sexual de la mujer que la tradición ha construido y que de forma evidente todavía está vigente en nuestros días. Es una imagen que pretende excitar el deseo sexual de los varones.

     En las imágenes de Liz, el cuerpo y la vulva desnuda ocupa una parte pequeña de la composición de la imagen, ni si quiera la mitad del encuadre. Es tan importante el gesto como el lugar donde se realiza pues la dota de significación al gesto y por lo tanto a la imagen. No pretende seducirnos, ofrecernos un objeto de deseo, sino mostrarnos su vulva para que comprendamos su actitud de disconformidad ante lo que representa el fondo: edificios emblemáticos de la Ciudad de México, que albergan instituciones que simbolizan el poder que gobierna, por ejemplo, el Palacio Nacional en el Zócalo capitalino.

Por último me gustaría destacar la diferencia existente entre la relación objeto/sujeto representado.
Coubert es un vouyer que nos incita a serlo también. Retrata un cuerpo inerte, pillado infraganti y nos lo ofrece para nuestro deleite. Ofrece el cuerpo de alguien sin exponer el suyo y sin tener en cuenta la voluntad de ese cuerpo retratado. No se trata del retrato del cuerpo de una mujer, sino de un objeto de deseo ofrecido a su público y a sí mismo.

     Liz retrata su propio cuerpo: lo brinda con total voluntad. Su vulva es femenina ya que está apegada a su función biológica; pero también es política en tanto que ciudadana de una sociedad que dicta normas. Nos habla de su disconformidad con estas normas que rigen desde la vida privada a la más pública. Normas que dice cuales son los roles de cada género, qué es lo admisible y lo perverso, qué es lo loable y lo vergonzoso, etc.
Liz se levanta la falda y nos enseña su pelvis como gesto grotesco de protesta. Ahora bien, esto también lo podría hacer mostrándonos las nalgas, o blandiendo una pancarta, entonces ¿por qué su vulva? Porque el aparato genital le da una identidad dentro de esta sociedad de la cual se burla para criticarla. Se burla del molde femenino impuesto, cuya máxima representación encontramos en Coubert, pero sin renunciar, aniquilar, obviar o despreciar su condición de mujer. Reafirma su vulva y muestra la interpretación que de ella hace ella misma lejos del molde conformado por la mirada ajena del otro o por la tradición impuesta.

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Ángeles Ciscar Ponce. Artista visual española residente en México. Su marco de acción artisco es el perfomance y la videoinstalación. La tecnología interactiva ha estado presente en sus últimas obras. Con ella implica al público en una experiencia vivencial y emocional a través de la cual desarrolla su discurso casi siempre referido al cuestionamiento de la realidad en términos cognitivos y socio culturales.
Sus piezas son dispositivos lúdicos, metáforas que ponen de manifiesto que la realidad es una construcción, una suma de fragmentos seleccionados desde el acondicionamiento que produce el contexto social y cultural en nuestros procesos de pensamiento.

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Otro porno es posible: hazlo tú misma

por Ars Eroticas

Depiladas, perfectas y siempre receptivas. Así es como normalmente se representa las vulvas. Son objetos aislados, moldeados y utilizados para un solo fin, el placer. ¿El placer de quién? De los hombres por supuesto. Hasta ahí ha llegado su dominación heteropatriarcal sobre nosotras. Las agarran, las utilizan a su antojo y se las apropian para su disfrute. Pero decimos basta. Basta de utilizar el cuerpo de las mujeres como reclamo publicitario, como ilustración para atraer las miradas, como objetos de deseo. Nuestras vulvas son solo nuestras. A las mujeres nos han educado en una sexualidad llena de represiones y de miedos. Del miedo de ser la puta, de disfrutar libremente del cuerpo que nos pertenece. Nuestro cuerpo es político y debemos utilizarlo para de-construir lo asumido. Para darle la vuelta a este sistema establecido. La tendremos llena de pelos, arrugada, estirada, con los labios finos o gruesos, con el clítoris salido, pequeño o grande. La tendremos como la tengamos, y no por ello es menos bella. No queremos que normativicen nuestras vulvas. No queremos que nos digan cómo debemos disfrutarlas y sentirlas.

     La industria pornográfica se ha ocupado durante muchos años de clasificarlas y de guiar nuestros placeres. Para muchas personas el porno es una fuente de educación sexual mediante la cual se aprenden roles y prácticas, que más tarde llevamos a la cama. Pero, ¿para qué y con qué fin se crea este tipo de cine? Principalmente para satisfacer los deseos y las fantasías de los hombres heterosexuales, que hasta hace muy poco han sido los únicos en filmarlas. Para romper esta norma, en los años 90 en Estados Unidos surgió el Postporno como confrontación al porno tradicional o mainstream. Sirvió para dar rienda suelta a todas las ideas que bullían en las cabezas de personas que no estaban de acuerdo con la representación del sexo que se hacía. Pero, en  realidad ¿qué es el Postporno?

    Como en todo, cada uno de nosotrxs tenemos nuestra opinión y nuestra forma de ver y descubrir qué es el Postporno. María Llopis en su libro El postporno era eso, lo califica de esta manera: “es una visión más compleja del sexo que incluye un análisis del origen de nuestro deseo y una confrontación directa con el origen de nuestras fantasías”.

     El término postpornografía lo acuñó Wink Van Kempen para definir un tipo de producto pornográfico en el que el objetivo era que las personas que vieran porno no lo hicieran solo para masturbarse sino que cambiaran la visión a un enfoque de crítica, humor y política. De aquí es de donde Annie Sprinkle tomó prestado el término para su performance Post Porn Modernist Show, con el cual empezó toda esta revolución, y es que como ella misma afirmó “la respuesta a mal porno no es negar la pornografía, sino hacer buen porno tú misma”.

     Se relaciona el Postporno con el movimiento Queer y el postfeminismo principalmente, que luchan contra la heterosexualidad dominante. A partir de aquí, las obras y las artistas se fueron sucediendo, Itziar Ziga, María Llopis, Diana J. Torres, Beatriz Preciado, Erika Lust, Virginie Despentes o Liandra Dahl, quien dijo “Produzco y aparezco en pornografía porque quiero devolverle al cine para adultos los cuerpos naturales, el sexo real  y la verdadera química. Quiero que la atención esté puesta en los orgasmos reales y en la conexión auténtica entre la gente teniendo sexo. Para mí producir porno no se trata de encontrar a la gente más hermosa y hacerlas desempeñar una serie de movimientos”.

     Ellas publican libros, filman películas o ruedan cortos en los que la sexualidad femenina es la constante. Unos cuerpos que demandan sexo, placer, sudor y orgasmos que sean más afines a la realidad. A veces se tiende a pensar que este tipo de porno es exclusivamente para mujeres porque contiene más relato erótico o cuentan con una escenografía más cuidada. Se cree que el soft sex es para ellas porque pueden ver dañada su sensibilidad viendo sexo duro. Pero no es así, el Postporno ha servido para reivindicar que las mujeres también vemos porno y nos gusta.

     A diferencia del porno tradicional, el Postporno no sólo se ofrece como objeto para ser contemplado, sino que interactúa e involucra al espectador o la espectadora, como afirmó Itziar Ziga “Lo maravilloso del postporno es que nosotras lo ideamos, lo proyectamos, lo reivindicamos, y lo ponemos en nuestro propio cuerpo. Aquí no hay distancia entre quien teoriza y quien practica”. El Postporno va mucho más allá, no son solo películas, son performances, espectáculos en vivo, talleres de eyaculación femenina y mucho más. De lo que se trata es de reivindicar, de apoderarse del cuerpo como arma política y de crítica. Defender que quien manda sobre nuestras vulvas, vaginas y nuestros placeres somos nosotras.

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