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Los cuidados de Higinia

Por Izeguanita Pitumayo

Ayer fue el cumpleaños de mi abuela y no fui a verla, ni el año pasado. No voy por varias razones: porque me duele verla, porque me duele ver la casa de mi infancia que tanto amor me dió toda desvencijada y llena del odio de todas mis tías. Es bien duro ver destruído algo que te sostuvo tanto. No solo la casa, también mi abuela, que no está destruída pero sí desconectada. Hace dos años decidió ir perdiendo la memoria paulatinamente. Estoy segura que muchas de las enfermedades mentales son enfermedades del alma. Mi abuela decidió irse poco a poco. ¿Cuándo tomas la decisión de desdibujar los recuerdos? ¿Qué tan agobiante debe ser el dolor para destruirl la percepción del tiempo y el espacio?. Y claro, también están las cosas tangibles: La vejez, el cerebro que necesita ejercicio o va perdiendo forma. Mi abuela es un roble: grande y prolija. A los 16 años se fue de su pueblo y se vino solita a la ciudad.En su primera juventud vivió en casas de varias señoras que la acunaban a cambio de su trabajo. Conocía el centro historico muy bien y tiene una astucia para los negocios que nadie en la familia ha podido emular. A los 26 años tenía su propio negocio: una cremería en la que ella era la administradora principal. Tuvo a su primera hija a los 25 años. Siempre me llamó la atención el hecho de que en relación a la época mi abuela se casó muy grande. Siempre tuvo negocios mi abuela: la cremería, vendía colchas y hasta cosméticos, luego tuvo una fonda y solía comprar terrenos para revenderlos, construir casas para venderlas o rentarlas. No le gustaba maquillarse ni era vanidosa. Odiaba las fotos o los videos. Yo la recuerdo desde niña con el cabello corto o semicorto, la cara limpia y el olor a manteca o cebolla. Mi abuela siempre olía a guisos. Sin embargo le apasionaba muchísimo todo lo que tenia que ver con la construcción: siempre andaba mandando albañiles y proyectando espacios. Le apasionaban los negocios: siempre se imaginaba lo que podía vender y como podía hacerlo. Ella administrando el dinero de mi abuelo construyó todos los bienes que disfrutaron sus hijos , hijas , nietos y nietas. También amaba la cocina, muchísimo. Tenía una sazon muy original que no he vuelto a encontrar: sabores fuertes y rotundos. Su arroz era mi favorito, pero la gente amaba su mole de olla, la cochinita pibil y su mole verde. Yo no cocino pero lo sé hacer porque ella me enseñó y me dejó el buen sazon. Me enseñó muchas cosas mi abuela: a coser, a lavar los calzones con jabon y dejarlos al sol, a medir los insumos de la cocinada y practicar el sazón. A ser fuerte y mandona, a ser «abusada» y andar en todo, a tener el control de mis «dominios. Pero creo que lo que más me transmitió fue el mandato y don de cuidar a los demás, a las demás, cuidar a mis hermanas, hermanos, amigas,madres . CUIDAR.Mi abuela me enseñó a practicar el cuidado, porque además ella me cuidó. Le marqué y me dio tristeza escucharla, no sé si me reconoció pero me dijo que estaban sufriendo , que a que hora iba a ir por ella/ ellos. Creo que no puedo rescartarla, ni siquiera devolverle los cuidados que ella me dió, pero su herencia vive en mí, y de alguna forma yo cuido a otras personas.También me ha enseñado una lección permanente de confianza en las capacidades: Si ella que no tenía nada, una mujer rural con muy poca educación pudo tener varias familias, construir bienes, viajar a distintos países y dejar un legado,aprovechando su enorme astucia y su gran inteligencia. ¿Por qué yo o cualquiera de nosotras no podría hacerlo?

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ItzeItzel Arcos. Nació en la ciudad de México en agosto de 1988, standupera, actriz y escritora, se dedica a impulsar las artes escénicas y narrativas a partir de la autobiografía.

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Devenir vieja

Por Erika Bülle

Los estados y etapas del cuerpo en muchas de las ocasiones son pasadas por alto o nos empeñamos en poner atención a solo una de ellas.

Con una precisión desmesurada, el reloj biológico de mi cuerpo marcó a los 45 años cambios notables, mi piel flácida y gorda, ahora con todos sus pliegues, también mostraba resequedad; ligeras escamas se desprendían de mis brazos, la comezón intensa me provocaba laceraciones por el rasquido de mis uñas al dormir, nunca había usado crema corporal, ahora es un hábito.

Al llegar a los 48 años, esa resequedad se apropió de mis entrañas, una vagina sin lubricación, ante la respuesta de la ginecóloga: “está joven aún, pero por sus antecedentes familiares podemos anunciar la premenopausia”. Pensé que esto solo se refería a la próxima ausencia de la menstruación, lo cual confieso me entusiasma. No más sangrados abundantes, no más problemas con el mioma que tengo desde hace años, no más preocupaciones por manchar un sillón ajeno o un pantalón claro. Sin embargo no solo se trata de la ausencia de la menstruación, sino que junto con las irregularidades vino la pérdida de algunos recuerdos, acontecimientos y personas que vivían en mi mente de forma nítida: ahora las olvido con facilidad. Extraños sentimientos de ansiedad llegan por momentos, deseo gritar, caminar, hacer las cosas más rápido. Me gusta lavarme las manos y los dientes con extremada frecuencia, mis articulaciones rechinan un poco, y esa gran ola de calor que aparece sin avisar, me quema y hace evidente que algo pasa con mi cuerpo. Pero las ganas de amar y ser amada no han desaparecido.

Me emociono con facilidad y lloro constantemente, atravieso depresiones sin justificación y las disfruto, disfruto de los momentos de madurez que la cercanía con la vejez me han dado, disfruto de mis canas plateadas que cubren casi toda mi cabeza, disfruto de las nuevas arrugas que aparecen en mi rostro, de cada lágrima que me sale por la felicidad o la tristeza de de alguna noticia que me conmueve.

Aún así no dejo de pensar, en unos pocos años ¿qué va a pasar conmigo?, cuando tenga 60 años y no solo el cuerpo anuncie mi vejez, sino también el rechazo social con el que tendré que enfrentarme. A diario debo ganar una batalla contra la discriminación a mi cuerpo gordo, ¿ahora vendrá una segunda batalla?, me es imposible no pensar en la cantidad de viejos con los que me encuentro cuando voy al supermercado, aquellos que deberían estar gozando de una pensión que el sistema les negó, ¿serán profesionistas? ¿a cuántas personas habrán cuidado? ¿qué experiencias valiosas tendrán por compartir? ¿serán empacadores para “sentirse útiles”? como si la palabra vejez fuera sinónimo de inutilidad, han quedado desatendidos y el sistema los ha dejado a la mano de la sociedad civil. Nuestros pesos son su sueldo, el supermercado no les ofrece ningún tipo de prestación, no hay seguro médico, ni aguinaldo, ni vacaciones pagadas; el despiadado capitalismo en el que vivimos ha decidido explotar a estos cuerpos, mano de obra gratuita, mano de obra de desecho. ¿A cuántos viejos exitosos conozco? Afortunadamente a muchos, sin embargo no son suficientes.

Sí, es verdad, parece una visión fatalista de la realidad, pero cuál será mi destino, el destino de mi pareja, el destino de mis amigos, en una sociedad donde el ser viejo no es sinónimo de sabiduría, ni de maestría sino por el contrario, la vejez es experimentada en nuestro país como un proceso del cuerpo que nunca debió suceder, aunque portemos el orgullo de serlo.

Erika Bülle. Nació el 9 de junio de 1969 en la Ciudad de México. Actualmente estudia en la UNAM, Doctorado en Artes y Diseño en el área de performance. Trabaja sobre la problemática de los cuerpos gordos, obesos y con sobre peso en México, y la discriminación hacia esta disidencia. Tiene 25 años de experiencia en el arte de performance. Fue miembro del grupo SEMEFO desde 1990.

Link de página personal: http://erikabulleperformer.blogspot.mx

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Estoy sufriendo por ti

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Fotografía: E.Ross

Por Berenice Vargas García 

*Este escrito es la recreación de una charla que mantuve con una mujer afromexicana de la Costa Chica de Oaxaca, en el 2013. El título está tomado del bolero costeño del mismo nombre, compuesto por Emiliano Gallardo de Los Cumbieros del Sur.

Yo lloro mucho ¿sabe?

A lo mejor usted piensa que lo digo porque estoy borracha, porque me gusta tomarme mis cervecitas, así como hoy, cuando el calor castiga. Pero no es por eso, o sí… pero no nada más.

Yo lloro todos los días, desde que me levanto y hasta que me acuesto. La vida se me iría en lágrimas si no fuera porque vengo aquí y me echo mis cervezas. Canto, me río tantito pa’ que se me olvide ¿sabe?

Tengo razón en llorar. Porque soy pobre. Porque soy fea, vieja, negra. Porque soy sola.

¿Mi marido? me dejó con mis niñitos y se fue con una de sus queridas. Estaba yo jovencita, y como pude le hice para crecerlos. Ahora que hicieron su vida me dejaron también. Ya casi no me llaman, ¡menos vienen a verme! Se fueron pa’l norte, al pueblo ya no regresan… ¡ni esperanza! Le juro por Diosito que no fui mala madre.

Yo como puedo vivo y me mantengo: le ayudo a una señora de por allá, que hago mis tortillas, mis tamales y vendo… Porque yo soy pobre, mi niña, ya se lo dije. Aquí mi amiga me fía mi mamadera, ella sí me quiere y yo la quiero mucho a ella. Y así vivo como puedo, que no como quiero, pero vivo.

Seguro que usted no llora como yo… ¡mírese! tan jovencita, tan bonita y blanquita… ¿la han de pretender mucho verdad? ¡Uy! pero no les crea, son mañosos ¡si lo sabré yo! Porque así como me ve, de vieja y fea, también me perseguían cuando era muchachita. ¿’Ora quién me mira siquiera? No, pa’ las viejas no hay amor. El de los hijos y los nietos nomás. Pero para mí ni eso, nada.

Yo he oído que dicen de las mujeres negras que somos alegres, que la mujer costeña es arrecha, que ji-ji y ja-ja. Y no mi niña, también sufrimos, sufrimos mucho.

Yo por mi color, que está feo… dicen, por lo oscuro, por mi pelo canoso y cuculuste. Porque me puse gorda y vieja, arrugada como chayote pasado. Soy sola, soy muy sola. Y lloro mucho, ¿ya le dije?

¿Le gusta la música? Es bonita. La hace a una acordarse… aunque sea de cosas tristes, pero el recuerdo es todo, mi niña. Yo pienso en mis hijos, mis niños. Y lloro. Hay una cancioncita de por acá que dice: “estoy sufriendo por ti, desde que tú te marchaste, por las noches yo en ti pienso, pienso que ya me olvidaste… mi vida regresa pronto, que yo aquí te esperaré”.

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BereniceBerenice Vargas García (CdMx). Antropóloga por la Escuela Nacional de Antropología e Historia y la UNAM. Su trabajo se centra en el estudio de la otredad, la música, el arte verbal, las afectividades y los movimientos sociales de reivindicación. El centro de todo: lxs afromexicanxs, particularmente de la región de la Costa Chica.

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Aborto retrospectivo de la heterosexualidad como régimen político: Leonor Silvestri desde Argentina entrevista a Frida Cartas

Aborto retrospectivo de la heterosexualidad como régimen político, y uno de los mayores mecanismos de control y reproducción de las violencias contra las mujeres: Una entrevista de la escritora-filósofa Leonor Silvestri desde Argentina, a Frida Cartas, feminista incómoda hasta para los feminismos, en México.

Leonor Silvestri.-  Si mal no me equivoco, México fue el primer país del continente americano en legalizar el aborto. Sin embargo, vos das talleres de aborto autogestivo en casa. Me da la sensación que la situación de legalidad de México alerta al feminismo sobre este fetiche que se suele tener con las leyes, el Estado y la alianza médico-jurídica. Sin ir más lejos, acríticamente el slogan local de la buena conciencia sobre este tema es “ educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar, aborto legal para no morir”. Quisiera que expliques cómo ves vos este tema con respecto a las ventajas de continuar realizándonos abortos autogestivos en casa versus la confianza ciega de ciertos feminismos en las instituciones médico-jurídicas, y cuáles son tus motivaciones para realizar estos talleres y reinventar estos conocimientos.

Frida Cartas.- Bueno, la “grandísima” condescendencia y el “generoso permiso” de México y sus gobiernos es sólo en la Ciudad de México, eh, conocida como la capital del país, ahí legalizaron como tal el aborto a libre demanda de las mujeres agregando una causal más a las 6 que ya existían. Así que sólo en la Ciudad de México esta afamada legalidad es posible, en el resto de los 31 estados sigue cada vez más criminalizado y perseguido como ejercicio simple de autonomía corporal y sexual, ya ni se diga como uno de los derechos humanos anclados en los derechos sexuales y reproductivos que todas tenemos. En estos estados hay de 3 a 5 causales, y una de ellas está asentada como “permiso” principal y general, que es en el caso de violación, pero la experiencia nos demuestra que aún con esa causal siempre están los ministerios públicos y las misoginadas médicas que evalúan los casos, impidiendo que uses la ley con todo y causal. No les importa que hayas sido violada igual te torturan para que no abortes, igual te culpan de la situación e impiden que abortes.

Esta propuesta de ley y exigencia para agregar la causal 7 nombrada muy antiespanto “Interrupción Legal del Embarazo” en la capital, vino por supuesto de las feministas institucionales, activistas AC u ONG, y de las que militan en alguna otra colectiva oficial. Y yo también percibo como tú, que lo hicieron más como vender una foto en el tema de avance, inclusión, progresismo bienpensante, “mírennos cómo trabajamos”, que en abrir un abanico más amplio de posibilidades y soluciones a las problemas estructurales de violencias cotidianas y sexuales contra las mujeres. Más adelante tendré espacio para detallarte este punto.

Ahora quisiera decir que persiste por encima de todo la rancia idea de que el aborto TIENE (así imperativamente en mayúsculas) que ser dentro de un hospital y con un médico porque si no es así entonces NO PUEDE SER: “No está bien”, “es sumamente riesgoso”, “qué irresponsable, no, no, no, muy mal, cómo te atreves”, “atenta directamente con la vida de las mujeres”…

Y fíjate, es rancia porque es una idea falsa, qué digo falsa, ¡es tramposa y manipuladora! Alimenta esa falacia buenrollista, polite y muy del activismo progre derechohumanista victimizante, y maternalmente arropador; le hace el caldo gordo al Estado, al progresismo bienpensante, redentor, salvador, único, verdadero; repito: falso.

A mi esa consigna todoterreno y muy “transgresora” de “Educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar” que mencionas, me da nausea y urticaria, es como si la dijera cualquier señora burguesa católica que se las dá de incluyente, consciente, leída y académica, pero no deja de alzar el dedo rector y misógino a la menor provocación. Se asume que cuando te dan educación sexual ya no tendrías que embarazarte jamás, porque ya lo sabes todo y sabes cómo “cuidarte”, entonces si te pasa será “por tonta, por irresponsable”, ¡porque tú lo sabías y mira lo que te pasó! Culpabilizando con ello, otra vez, una vez más, para no variar, a las mujeres. Además, ningún método anticonceptivo es cien por ciento seguro, ni uno. ¿Por qué se asume entonces que si usas alguno no tendrías que embarazarte? Muchas quedan embarazadas con el DIU puesto o el implante. Y por último, eso de aborto legal para no morir, bueno, qué te digo Leonor, la creencia generalizada que los hospitales y los médicos salvan vidas y son dioses, ah, y que allí todo se resuelve y no pasa nada, nada, más que el bien, ¡sí cómo no! Cuando lo cierto es que en el hospital también muere mucha gente por negligencia, por misoginia, porque los médicos por muy médicos que sean han sido criados y creados en este mundo heterosexual y macho, y las violencias que ahí se generan de parte de ellos y la ciencia médica hacia los cuerpos de mujeres y una decisión de aborto, son altas y muy violentas. Aborto legal para no morir, gritan, ¿viste? Por lo tanto aborto “ilegal”, como sería el aborto autogestivo en casa para esta consigna y sus simpatizantes, es igual a muerte, así en vulgar dicotomía. He ahí la consigna católica y burguesa implícita. ¡Asco! Te dejo el enlace con el demenuzamiento que he hecho por separado de esta consigna. 

Pero nadie lo dice, nadie dice que los médicos no son dioses y también matan gente, la matan socialmente, y físicamente se les mueren, y menos lo dicen las activistas derechohumanistas que viven del erario público y de las políticas que papá Estado a través de sus organismos esposos e instituciones machistas otorga. Porque lo importante será siempre salir en la foto, en portada, con el encabezado “ya avanzamos, enhorabuena, lo logramos, ya hay una ley digna, esto es un logro en la lucha”; para este activismo, igual que para la democracia y el Estado, las mujeres son sólo una estadística, un número, las cifras importan y pesan mucho más para hacer el reporte mensual y anual de la ONG y/o la asociación civil, o del periodo de gobierno. Y nada más.

Hartita estoy del cuento de que si no es con leyes que el Estado “generosamente reconoce y otorga”, no podemos abortar de forma segura, de que si no es en un quirófano todo lo demás es igual a hemorragia, charcos y charcos de sangre, dolor, tortura y muerte, ¡y pues no! De ninguna manera, ¡claro que podemos abortar en casa de forma muy segura! El aborto autogestivo en casa con pastillas o hierbas, puede ser una opción segura, tan segura como la del hospital. Y eso no te lo dicen quienes abogan por la dupla médico-jurídico. Es más, te niegan e invisibilizan la opción, y con ello la decisión de autogestión. Cuando la realidad es que las mujeres necesitan además de herramientas de empoderamiento, varias opciones para tomar decisiones y soluciones, muchas opciones, cuantas más opciones mejor. Que en el aborto tengan más que la opción del hospital. Que lo tengan.

Y es que las mujeres han abortado desde siempre con o sin ley, y lo seguirán haciendo. Que han muerto muchas mujeres en ese hacerlo, es cierto, yo no lo estoy negando, pero no es por el proceso en sí sino por la falta de información o la información errónea sobre cómo llevarlo a cabo y la estigmatización, el miedo y la culpa que siembran sobre realizarlo en casa y no en el nosocomio. Nuevamente consumimos el cuento que la medicina y los médicos salvan vidas como con superpoderes y son los únicos que pueden hacer algo en estos (mal)llamados espacios de “salud”, ¡porque, oh, oh, tampoco es verdad! En casa tú puedes cuidar además tu salud psicoemocional que en los servicios de ILE en hospitales públicos de Ciudad de México no les importa cuidar porque se trata de tí: una (mala)mujer que aborta.

El aborto en casa no tiene que ser con un gancho o una tiara, ni golpeando el vientre o rodando por las escaleras, como hicieran muchas mujeres al sentirse solas, desesperadas y vulnerables. Ahora ya no están solas, no tienen que estarlo. Hay que informar e informar sin sesgos y feministamente sobre cómo hacerse un aborto seguro en casa, amplia y detalladamente paso a paso, con todos los detalles alrededor, con todas las medidas de seguridad pertinentes, y también hablar y señalar la solución a posibles problemas secundarios que pudieran ocurrir durante el proceso de aborto en casa. Se puede monitorear una hemorragia y actuar sobre ella si ocurriese, incluso antes que suceda.

Así que habiendo hecho este pequeño e ilustrativo paréntesis, déjame contarte que mi taller de aborto en casa pues es, qué te digo, ¡es una monada! Básicamente se trata de desmontar esta falacia de que la legalidad es una maravilla y la “ilegalidad” así entre comillas, es horror, tragedia y muerte. También fugamos de la dupla: Vida-muerte, ese debate tan trillado y que no le ayuda a nadie más que al discurso opresor. ¿Y cómo lo hago? Lo hago con especial énfasis en el lenguaje y toda la carga sociocultural que conlleva, porque es con la manera de nombrar y señalar cotidianamente como han logrado cimentar, reproducir y perpetuar todo este sistema que oprime y asfixia a diario, así lo han construído. Analizamos sus contextos en particular, y la cultura opresiva sobre la autonomía sexual de las mujeres y/o cuerpos feminizados. Mi motivación me preguntas, es sólo compartir y socializar la información que he aprendido en los contextos de trabajo, la información no tiene que ser un privilegio de nadie, sino un bien común y una bomba de poder y autogestión para destruir un régimen opresor.

Por ejemplo, les digo cosas como que dejemos de decir que el aborto es ilegal, porque no lo es, no lo es de verdad. Decir ilegal tiene un peso de terror psicosocial, y por lo tanto de control sistémico. El aborto como tal ha estado desde décadas en la constitución mexicana, como ha estado en muchas otras constituciones del mundo también… Lo que varía son las causales, y a partir de ahí le llamamos restricción, porque eso es lo que es, restricción y no ilegalidad, por eso te decía hace un momento lo de las entrecomillas. Y como este ejemplo de empezar a desmontar el aborto desde el lenguaje y/o analizar la fragilidad del estigma social para romperlo, hay montones más en el taller. Así empezamos las sesiones y luego ya encarreradas nos seguimos hablando de sexualidad más allá de la genitalidad y el coito, que es donde manipuladoramente la han sumido y reducido. Nadie te dice nunca que cogemos sólo porque nos gusta, porque nos calentamos, porque sentimos rico, y que coger no es equivalente a un embarazo, pero que si este ocurre, un embarazo no es igual a un parto, para eso hay un proceso largo de más de 35 semanas, y antes, es donde se sitúa el tan satanizado y estigmatizado aborto. Lo que yo trato de hacer con las amigas que van al taller es que tiren la culpa al inodoro y le bajen tres veces a la palanca para que toda esa mierda se vaya lejos al caño, así metáforicamente te lo digo.

Y finalmente les comparto un protocolo de aborto con pastillas, que he usado en los distintos acompañamientos por 3 años en los cuales llevo trabajando el tema, la acción y el acompañamiento. Son dos sesiones de 5 horas cada día lo que dura este maravilloso taller feminista antinorma y antiestado que doy.

Nos centramos en concientizar nuestro cuerpo no como genitalidad sino como biopolítica, como medio de producción, y como lugar legítimo para la autogestión; concientizamos en hacernos fuertes con las armas que ya tenemos desde antes y que muchas veces no miramos como tales por toda la parafernalia que a diario nos arrojan encima. En este taller nos convertimos un poco más autónomas, todo eso que no le gusta al sistema, al Estado, al mundo social ayudado por el onegeísmo, las instituciones y las buenas conciencias, que lo que quieren siempre es que hagamos las cosas y vivamos como ellos y ellas mandan, detestan la autonomía. Yo voy por la independencia, la autogestión, nuestro empoderarnos a través de nuestro cuerpo y todo lo que acontece allí, sin seguir la pauta y la guía de “las grandes”, las ilustradas, las líderes, las directoras, ¿porque adivina con quienes están líadas y casadas ellas? Con el mismo Estado macho, misógino y feminicida, que nos mata.

Considero que cuando aceptas con la mano extendida lo que una ley benefactora te da, estás aceptando que te controlen y te hagan creer y sentir lo contrario, así funciona el sistema y el mundo. Y eso es algo de lo que vemos en este taller, que por eslogan dice: taller entre amigas. Las que no dejan de alzar el dedo rector y culpabilizándonos sutilmente y a veces no sutil sino directamente, esas, no son nuestras amigas. Y acá no entran.

¿Cuáles son mi motivaciones me preguntas? Y yo te digo que mi interés y motivación surgió justo haciendo trabajo de acompañamiento a mujeres que abortan por casi un año a hospitales públicos y privados de acá de la ciudad de México, de ver todo el maltrato simbólico, cultural y discursivo que padecen por parte de esa gente que se dice Provida, y también del personal médico, y de pilón de la gente fanática religiosa que aguarda a las puertas de los hospitales para agredirlas en aras de “yo también tengo derecho a la libertad de expresión”… Hay hasta secuestros por parte de esta gente para que las mujeres no aborten, secuestros fíjate bien la gravedad del asunto, secuestros para que no lo hagan o tortura verbal para que lo lleven a cabo sintiéndose lo peor de este mundo, casi asesinas seriales, y vivan con esa carga el resto de sus vidas. Yo lo ví y lo viví, a mi nadie me lo cuenta. De modo que es muy bonito que enaltezcan una ley, hablen maravillas, se hagan muchas selfies en el senado, vayan a congresos, hablan ante la ONU mujeres, blá blá blá… pero se callen toda esta violencia y abuso, y muerte social que se da en la legalidad, porque lo importante es la ley y tener un aborto en el hospital, ¿verdaaaaaad? Como les vaya a ellas en ese ejercicio o derecho, pues “ya veremos después”.

En algunos lugares privados como Marie Stopes ni anestecia local les ponen a las mujeres para hacerles el AMEU porque “tienen pocas semanas de embarazo”, argumentan… Misoginia pura, eso es, que sufran, “para que abrieron las piernas”, y a ver si aprenden, ¿o cómo? ¡Viva la legalidad!

Yo no creo que esté descubriendo el hilo negro ni reiventando nada con este taller de autogestión, lo que sí sé es que estoy contribuyendo un poco a hacer justicia y reconocimiento a muchas otras mujeres que estuvieron antes de nosotras, trabajando y haciendo mucho en este tema, y dando su vida por ello, para que ahora con el boom de un activismo académico, bienpensante, o progresista, se les relegue al olvido y la minimización sólo porque “no impulsaron o crearon leyes”.

Te digo Leonor, tú y quien quiera puede hacerse un aborto en casa sin ir a que una sarta de gente pelotuda te agreda, te estigmatice, y hasta te secuestre, lo puedes hacer en tu casa, con suma tranquilidad y sin sufrir una tortura, o un calvario, de verdad que se puede. Aunque claro está, la decisión será siempre de las mujeres, que lo decidan: Casa u hospital. Ambas opciones tienen ventajas. En hospital es casi gratuito, en casa tu comprarías lo necesario. Pero en casa no tendrías que exponerte ante la mirada y juicios de nadie, te harías acompañar y cuidar de tus emociones por quien quisieses. En el hospital duras un par de horas, en casa la jornada es larga. En casa, se sigue respetando más cercanamente tu intimidad y tu autonomía, sin duda.

RO via Gráfica Pro Aborto Chile
RO via Gráfica Pro Aborto Chile

LS.- Sé que estás interesada en lo que llamaría los devenires animales o por lo menos el devenir post-humano por fuera de las categorías humanas como hombre y mujer, es decir, categorías siempre sexuadas. ¿Cómo relacionás vos esto con tu trabajo en relación al aborto y en especial a las maternidades lésbicas, tan moda en por estos lares, cuando se suponía que las lesbianas no eran mujeres, tal como había dicho Monique Wittig?

FC.- Yo soy antimaternal te lo digo. Podrán hablar de maternidades subversivas, lésbicas, dos mamás, familias homoparentales, de maternidades alternas, clap, clap, clap… Pero tácitamente seguir pariendo es seguir reproduciendo la etiqueta de que una mujer es igual a una vulva, y una vulva igual a una fábrica de bebés, y que es lo más natural, normal y hermoso de la vida, el mejor regalo de quién sabe quién, el fruto del amor y demás pavadas. La primera gran liberación del cuerpo de las que han sido construídas y son leídas mujeres en este mundo capitalista y heterosexual, misógino y macho, es poner cese a la fábrica. Huelga de vientres. Ni más ni menos.

¿Pero qué crees? Si lo dices eres una microfascista, no eres buena feminista, una feminista de verdad, ¡cómo te atreves! Siempre será mejor escudarse manipuladoramente en el discurso de los derechos humanos y las maternidades elegidas, y agredir a quienes decimos esto desde la rebeldía y la deconstrucción de raíz, antes que autocuestionarse lo aprendido, lo que les fue enseñado desde que un médico, la ciencia y la vida les determinó mujer aún cuando ni sabían qué era cuerpo, qué era sexualidad humana, y ni hablar podían.

Además que seguir pariendo y criando, no sólo reproduce el mundo normal, sino que continúa estigmatizando y criminalizando a todas las que tienen útero y no quieren ser mujeres, ni mamás, ni mucho menos embarazarse jamás. ¿Te molesta severamente que te tachen de mujer a medias, de que no tienes el famoso instinto maternal o no se te ha desarrollado, que no sabes lo que quieres, que no has hallado un buen hombre, el indicado para la familia, que no has madurado, que esto, que lo otro? Agradécelo a las que siguen con su práctica alimentando la idea de maquila de bebés en pos del amor a la vida y a la pareja. Al sueño de realización princesa disney, princesas hasta en el lesbianismo que arropa la figura de la madre como consumismo y amor… “Y vivieron felices para siempre”. A ellas todo el logro y el estigma.

No se les ocurre que hay mil posibilidades de hacer o de dejar de hacer familia, pues parir no tiene que ser reproducción del heteropatriarcado, y en específico reproducción de las raíces estructurales y simbólicas de las violencias contra las mujeres o demás corporalidades con vulva, porque ya hay mayores datos e información de hombres transexuales con embarazos, partos y/o decisiones de aborto también. Pero el chip del bebé les fue muy bien introyectado, y el del coitocentrismo que es donde se unen el ovario y el esperma, lo tienen hasta tatuado. Aunque en el caso de las lesbianas el embarazo ocurre en muchas maneras fuera del coito, eso sí.

¿Pero sabes? Ni se les va a ocurrir esas mil posibilidades mientras sigan lloriqueando inclusión, y no entiendan que tienen la oportunidad histórica de desmontar toda una estructura y un mundo que les oprime, y que no es rosa, ni de colores arcoiris elegebetero, ¿cómo? Dejando de alzar banderas y rogando inclusión, y abortando la normalidad. Eso, la normalidad, es lo que nos ha jodido siempre. En la norMALidad va el mal.

En este contexto el aborto, y más en específico el aborto autogestivo, sigue siendo lo único deconstructor y una manera digna de ingobernabilidad al cuerpo, pienso y siento. Wittig estaría revolcándose en la tumba si pudiera ver el panorama.

LS.- Es decir, el aborto como desobediencia sexual del heterocapitalismo… Diría que nos encontramos en un momento post-wittig y su idea de que las lesbianas no son mujeres; y a pesar de que también estamos en un momento donde los varones (trans) pueden embarazarse y las mujeres (trans) embarazar, cierto feminismo continúa considerando el aborto como un tema pura y exclusivamente de cuerpos cuya denominación es “mujer” al momento de nacer sin atisbo de duda, generando toda una serie de exclusiones y malos entendidos tales como suponer que el coito o la penetración y sus riesgos es siempre de matriz heterosexual, cuando un muchacho trans podría quedar embarazado de otro chico no trans durante una relación homosexual. ¿Cómo entendés vos desde tu cuerpo desobediente este tema, cómo lo vivís y cómo te lo hacen vivir esas feministas escencialistas hembro-mujeristas biologisistas que reafirman las políticas binarias de la heterosexualidad como régimen político?

FC.- El aborto como absoluta radicalidad a los roles de género, ¡exacto! En ese sentido todas las que abortan son más feministas en la praxis que las que se pavonean de conseguirles leyes, jajaja. Aún cuando sus razones sean unas u otras, y ni conciencia de nombrarse feministas tengan, su acción como radicalidad de los roles de género opresivos están en la acción y el hacer. ¡Tomen eso, gente!

Pero bueno, respondiendo a tu pregunta, claro que hay muchos hombres transexuales que se embarazan y tienen partos, en relaciones homosexuales o de pareja heterosexual, acción que por supuesto evidencia que el tema de aborto es de cuerpos y no de género ni mucho menos de orientaciones sexuales, ¡pero alégale a las feministas biologicistas! Pesadas. Tontas. ¡No las soporto! Y no las soporto porque sean “separatistas” o incluso terf’s, sino porque insisten en vender ese feminismo suyo como un “único y un todo” en medio de la multiplicidad de feminismos. Y eso es lo desagradable y estúpido.

El coito apesta y es enfermo, ya lo dijo Alicia Murillo, no sólo por las infecciones que pueden surgir de allí, o de los embarazos no deseados, o de las maternidades forzadas que desatan, ¡es enfermo socioculturalmente! Y mira que lo digo sin fansear a la Murillo, ya lo dijo ella y estoy muy de acuerdo con sus puntos y disertaciones del tema.

Yo, además de recuperar mi condición biológica de intersexual, y mi alegre resignificación post-humana con un devenir trans, me reapropié de mi cuerpo, y lo intervine alterando todo el mundo que me educaron, desde el esencialismo y demás mierda desde que tuve el infortunio de caer en este mundo de humanos.

Como una lucha ética y política desde mi cuerpo contra las estructuras, hice una automutilación o autocensura del pene y fugué. ¡Jamás embarazaría a un chico trans! He tomado muchas malas decisiones en mi vida, pero no reproducirme es de las pocas mejores, acertadas, ecológicas y contranormales decisiones que pude pensar y actuar.

Y aquí es donde la comunidad chic y fashion de colores o la gente trans-normal, me odia y pide que ruede mi cabeza, en unión religiosa con quienes piensan que la heterosexualidad es sólo una orientación sexual. No me importa. Te lo digo. Yo cuestiono y critico estructuras, raíces, no a gente que ni conozco, idiota estaría si perdiera mi tiempo haciendo críticas individuales personales, son a las estructuras, a las raíces, si se sienten aludides es su asunto, el no autocuestionarse, no soy yo Frida Cartas quien les está atacando, honestamente lo digo.

4. Existe un ala radical dentro de cierto feminismo, usualmente acallada entre tanto feminismo de la buena conciencia, la paz, la cordura y las instituciones, que considera el infanticidio como aborto retrospectivo y el aborto en sí como el último bastión no sólo de un método anticonceptivo de emergencia sino de desobediencia sexual anti-heterosexualidad como régimen político. ¿Cuál es tu postura al respecto?

Jajaja. Me encanta. ¡Post-aborto!

A mí todo lo que sea desobediencia me alegra. Estoy convencidísima que cuando pides aceptación, inclusión, un poquito de respeto, que te miren porque tú como el resto son parte de la ciudad, la sociedad y el mundo de cajita feliz mac donalds, ahí ya te fuiste directito al carajo, y ya te domesticaron felizmente como al resto, con burbujitas de una gaseosa o unas sabritas.

La desobediencia, la ingobernabilidad, la rebeldía, es lo único para existir en este mundo de la re-gran mierda que no te deja vivir, y que te orilla (mientras el produces gratis) a (sobre)vivir. Toda inclusión es subordinación, no hay mucho que escarbarle ahí, me parece.

Hay una frase que no sé de quién es y que me fascina, dice: “La lucha contra el sistema que nos rodea, no es más importante que la lucha contra lo que del sistema tenemos interiorizado”, y es ahí, en el autocuestionarnos y enfrentarnos con ética a nosotres mismes, donde nace toda esta moda-revolución de redes virtuales: muchos posts, mucho tuit, mucho tumblr, mucho compartir y retuitear, pero apagan la compu y vuelven a ser la misma gente normal y pelotuda de siempre. La revolución es ahora de mucha palabra y de poca o nada práctica, tristemente.

LS.-  Han circulado dos textos tuyos por los cuales se ha generado ya sea gran rencor, ya sea gran fascinación, ambas de maneras viscerales. Me refiero tanto al texto donde abordas el tema de las maternidades y lo trans, y otro donde arguyes la imposibilidad de ser varón y feminista, donde también incluís el tema de las nuevas masculinidades y de los varones trans; lo cual exige de tu parte un gran valentía porque es como ponerle el cascabel al gato. Me gustaría que nos comentes cuál es la relación entre estos temas y aborto, y cuál ha sido en general la recepción de tales críticas que nadie en la actualidad se atreve a realizar.

Maternidades y lo trans

Hombres no son feministas

¡No sabes cómo se ofendieron! Tan sensible la gente. Muy culta, muy preparada, muy open mind, muy revolucionaria, de izquierdas, tan Marx, tan Beauvoir o Rosa de Luxemburgo, pero les tocas tantito el mundo heterosexual y se ofenden cual artista plástico al que no le alabas la porquería de obra que todavía osa y se atreve a exponer.

Me han amenazado con golpearme o matarme por “feminazi”, por “hembrista”, me han insultado hasta el hastío, retirado amistades, echado de asociaciones civiles, por “grosera y no respetar”, llamado microfascista, impositiva, pendeja, puta, y hostil. Hostil me gustó. Puta yo no sé cómo alguien puede pensar que es insulto, pero bueno, te decía, me ha ido terriblemente mal. Además que las putas cobran por un trabajo sexual, yo cojo gratis, ¡por mensa! Jajaja.

Yo siempre digo, que uno de los mayores problemas mundiales de eso que llaman educación en la escuela es el déficit de comprensión de lectura, la gente no sabe leer aunque lea. Jamás dije que no sean hombres, y jamás dije que hombre es un pene, y jamás dije que nadie se embarace y ejerza una una crianza. Pero ahí tienes a la horda sensible y lastimada en su mundo natural y normal. Pobre gente, pobrecita, pobre gente, toda la gente, dijera Liliana Felipe en su maravilloso canto.

Aunque también han habido quienes entendieron perfecto los textos, que déjame te presumo ya se tradujeron al inglés, portugués e italiano. Mucha de esa gente son hombres, y muchas de ellas madres. No todo está perdido y podrido como se ven tan a menudo, supongo.

¿Cómo lo relacionaría con el tema de aborto? No lo había pensado fíjate, pero indudablemente me remite al cuerpo político, al cuerpo ya no como campo de batalla, como el estira y el afloja, como el asunto de voto en el senado, sino como arma de destrucción a todo este heteroimperio, ese cuerpo político que se pierde en la mar de los discursos esencialistas, médicos, legales, capitalistas, feministas de la buena conciencia… quienes son los que finalmente te construyen el cuerpo como algo fijo de nacimiento y como sexo biológico. A eso me remite. Recomendamos aquí consultar a Spinoza, Foucault, y a Beauvoir, que lo explican mejor que yo.

Con el aborto en un útero-cuerpo abortas sólo un cigoto, pero con el abortar la normalidad y el heteropatriarcado capitalista en un modus vivendi y praxis, que también implica cuerpo, mente y acción, ¡abortas todo! Y eso nos hace tanta falta, abortar todo lo establecido porque nos lo impusieron, no lo elegimos. A veces digo: Si sólo vamos abortar fetos o cigotos, ¡que chiste!

LS.- Al momento de nacer se te asignó al sexo privilegiado al cual abdicaste posteriormente en pos de un devenir crítico contra el binomio. Esta desobediencia de género, este despojarte de tus privilegios de una masculinidad hegemónica, esa renuncia al órden mayor en una región con políticas claramente aniquiladoras de formas de vida antagónicas al heterocapitalismo te otorga, no obstante, un estatuto de “modelo” o “superioridad” por sobre aquellos varones que, pese a postular afinidad con las luchas de “minorías sexuales, mujeres y lesbianas”, lato sensu, nunca realizan los actos performativos y nunca adquieren las formas de vida que les removerían de su lugar de privilegio dentro de la heterosexualidad como régimen político. Lo que intento decir es que ese devenir menor en el cual vivís, por el cuál te conocemos y nos interesa tu labor es también la posible puerta de entrada a una peligrosa reterritorialización. Me gustaría que nos cuentes como estás viviendo una existencia como ejemplo personificado de que que para ser varón anti-patriarcal se debe dejar de ser varón, lo cual, paradójicamente produce un efecto de voz privilegiada por sostener materialmente un devenir radical: aquello que te desposee de tus privilegios de género te convierte en una interlocutora más legítima que otras voces, y por lo tanto voz más atendida y oída que otras desobedientes. Asimismo, ¿cómo se podría desmontar el binomio desde una corporalidad asignada políticamente a “mujer” al momento de nacer desde tu implacable crítica a las nuevas masculinidades y cierto “machirulismo” con concha, en tiempos donde hasta las lesbianas desean ser mujeres heterosexuales, a la altura de los deseos?

FC.- Sí claro, con todo lo que hago y soy, también sigo luchando diariamente con la heteronorma, desde luego. Nos la sembraron perfectamente desde antes incluso de nacer, cuando le decían a la mujer que nos cargaba en el vientre: ¿Y qué es, niño o niña? Sacársela y quemarla no es tarea nada fácil, aún con un cuerpo bomba como el que me hice yo sola.

Yo no sé si renuncié a algo a lo que nunca me adscribí o sentí membresía, ¿sabes? Yo salía a la calle desde la infancia y era a recibir puros insultos y hasta golpes por “parecer niña”, por “hablar como niña”… Cuando crecí un poco más fui hasta violada varias ocasiones, y tras concluir la universidad fui siempre excluída del mundo del éxito, el desarrollo profesional y el mercado laboral, por verme como “mujer”, “como una nena”. Es decir, claro que nunca fui hombre tal como se conoce en este mundo, con todos los privilegios y los roles y estereotipos de género, ni tampoco era mujer de la misma forma para el mundo y la sociedad binarios, pero el mundo y la sociedad sí fueron muy buenos para maltratarme como si fuera una por esa feminidad, ¿te das cuenta? Hoy día yo ando por todo los espacios y las lecturas sociales son mujer, eso me hace una mujer en la realidad cotidiana, háganle como quieran queridas transfóbicas, yo tengo las mismas posibilidades y probabilidades de ser asesinada en un feminicidio, y el acoso sexual es el pan de cada día. Sólo por mencionarte dos de mis realidades y contextos. Aún así yo me vivo una mujer que no llena las peticiones y estándares del mundo, y no les llena porque se me da la gana no llenárselas. Mi desaprendizaje y dinamitación están implícitas ahí incluso en lo que se puede mirar como un simple resto de la dicotomía de género. Pero bueno, ya está por salir un libro que escribí donde dejo en claro que yo siempre fui Frida, no transicioné, sino retomé lo que quisieron mutilarme, y me tuve que hacer justicia a mí misma en un mundo donde las mujeres no tienen justicia, precisamente.

Soy antihombres totalmente, lo digo frontal y sin tapujos, y no como genocidio, sino como destrucción-extinción de la categoría social de poder, no hay manera de reivindicar esa categoría, por más nuevas masculinidades, copy and paste de las teorías de género feministas, que hagan. No la hay. Pero ese es hoy día el nuevo discurso y política pública del Estado y el onegeísmo, hacerles creer y sentir y pensar al progresismo consciente y revolucionario, que sí, y que a los hombres hay que reeducarlos y llenarlos de nuevas masculinidades. Una mierda tragada con gusto y consentidamente por donde le mires. El sólo tema me enerva. Si los hombres quieren dejar de ser patriarcales, que lo hagan solos y por allá lejos, sin esperar que se les agradezca o se les aplauda, pues no están haciendo un favor. Es lo mínimo que podrían hacer, y callarse. Y dejar de violar y matar.

Y hay por supuesto muchas corporalidades leídas mujeres en los espacios, que en realidad son hombres socialmente, te voy a dar ejemplos, las “mujeres en el poder”: Margaret Tatcher, Bachelet, Elba Esther Gordillo, Hillary Clinton, quien ejerce roles de género misóginos y opresivos sobre las mujeres, es un hombre. Las violencias provienen de las dinámicas, las prácticas, los ejercicios y los roles, no de los genitales. Ni de un cariograma. Hay que ser muy idiota para pensar ésto.

Las lesbianas feministas, que actualmente son unas pesadas y enloquecieron terriblembente, han llegado al grado de culpar al resto de las mujeres de su propio feminicidio por intentar construir relaciones sexoafectivas con hombres, y han llegado hasta desear matarnos a nosotras las trans porque no podemos ser mujeres dicen, y no podemos siquiera vivir argumentan. Pero el lesbofeminismo sigue siendo fuera de ellas, y tiene un máquina potente de destrucción sistémica, en esa máquina hay que centrarse. Vayamos con armaduras para no morir en el camino a manos de estas autoguardianas y copyrighteras.

Yo no tengo nada qué enseñar, Leonor ni quiero, yo no soy pedagoga, soy combativa. Me niego a ser un modelo o ejemplo de algo, o de cualquier cosa. Considero que la gente tiene que pelear con lo que en su cabeza tiene de heteropatriarcado, sola. Eso es autonomía, eso es emancipación. Me cagan los llamados líderes o lideresas. Si la gente no fuera por ahí aprendiéndoles, o siguiendo líderes, o admirándoles, tal vez no iría leyendo hombre o mujer sin ton ni son, a quien no quiere ser leíde ni viste así. Ni iría legislando o legitimando el culo de nadie. Yo si acaso hago algo con mi trabajo feminista, es ponerles cerca de la propia concientización de la raíz de la opresión, y de ahí abono a la pauta para que se construyan sus propias herramientas y verdades.

Yo no voy a cambiar el mundo, pero indudablemente yo ya cambié el mío. Ojalá más personas cambien el suyo, por su propia sobrevivencia y resistencia.

FC.- ¿Cómo te posicionás acerca del valor cósmico y kármico que se le da a los fetos abortados? ¿Cuál es tu postura respecto a esta simbología que me atrevería a decir pretende pacificar la culpa que crea en ciertos activismos la radicalidad de extirpar de nuestros cuerpos la humanidad que en ellos puede habitar, para devenir algo que no estamos siendo ahora?

FC.- ¡Eso! Pacificar la culpa. Sobre la culpa han cimentado muchísimo de lo que nos oprime, y se han hecho transnacionales y empresas exitosas y productos con la culpa: la iglesia católica y papa Francisco, dos grandes muestras fehacientes.

¿No abortes en martes porque el feng shui dice que te da tres años de mala suerte, o cómo? ¿Al abortar hazlo de noche y prende una veladora para que dios y la vida te perdonen, o cómo?

Yo te decía hace rato que a la culpa la botamos al excusado en mi taller, ¿recuerdas?

Comentarios como el aura del bebé, me han venido por supuesto, desde gente muy radical y anarquista, ¡no te creas! Pero es que te digo, una cosa es el discurso, otra la práctica, ahí es donde se les acaba su “vamos acabar con la opresión”.

Te dejo aquí un enlace sobre un texto para desgenerar la culpa en relación al aborto.

Siempre he dicho que no basta con enunciarse feminista, sino terminamos por desheteropatriarcalizarnos, desheterosexualizarnos, abortar no sólo fetos, sino principalmente la familia como el primer y más grande enfermo agente socializador que hay; no basta sino abortamos además la culpa, el amor romántico, la presión estética, la gordofobia, el capitalismo, el colonialismo, sino abortamos todo. DesEducarse, DesAprender, Destruir. No hay más. Y abortar, abortar, abortar, ese es el inicio del gran fin opresor.

Srta. Jess via Gráfica Pro Aborto Chile

LS.- Finalmente, me gustaría que te expreses acerca de cómo hacés para homogenizar unas lecturas críticas locales y un saber de las subalternidades propias de contextos no europeocéntricos cuando se nos dice todo el rato que las teorías post-identitarias y las desobediencias sexuales pertenecen a grupúsculos artistoides con pasaportes de privilegio.

FC.- Jajajaja. Yo llegué al feminismo “sin saber” nada de feminismo, déjame decirte, mi acercamiento fue mediante el psicoanálisis, en terapia, luego con activistas y onegeístas, y me maravillé, pero luego asenté muchas cosas en mi cabeza, y en retrospectiva miré mis viejas lecturas, miré mi infancia, mi adolescencia, entonces me dí cuenta que yo feminismo hacía desde que no permití, por ejemplo, que la mujer que me parió me pusiera unas botas de piel de víbora, porque yo “era hombre” y vivía en el norte, y entonces tenía que verme como charro o vaquero lógicamente. Oponerme a lo socialmente establecido con mi accionar y mi corporalidad, eso es un feminismo, ahí hay feminismo. Desde ese momento de remembranza consciente, empecé a abortar también toda la escuela, toda la teoría y toda la universidad que había hecho. El feminismo a la calle, con las mujeres y no mujeres de a lado, en el mismo piso, a pié; el feminismo con la experiencia de realidades sin libros, con las cotidianeidades de las que siempre han conocido la voz y rostro del opresor. El feminismo con no despreciar el conocimiento empírico de quien sobrevive todo este sistema. Así se podría comprender mejor tanto privilegio de “ir a la escuela y/o aprender en teorías”

El feminismo dejó de ser un movimiento para mí (gracias por conseguir que las mujeres votáramos y fuéramos a la universidad, pero perdón, no sirve mucho si hoy día mis opciones en esta democracia androcéntrica son votar por los mismos rateros, nepotistas y misóginos de siempre, ni sirve mucho poder ir a la facultad a que me viole un profesor con doctorado en Londres y me digan puta por denunciar), no lo vivo como un movimiento que busca iguales derechos blá, blá, blá, a mi se me hizo praxis cotidiana, porque ya lo había sido mucho antes sin ser consciente y darme cuenta. Mi práctica radical y ética no cabe en ningún libro, ni mi cuerpo, ni mi hacer diario.

Creo que no ocupé resumir u homogenizar textos ni las lecturas hechas, creo que lo que hice fue bajarlas del limbo donde las ponen todas estas gentes que piensan y sienten que publicar un libro o hacer la tesis y complejizar a Foucault o seguir a Preciado como los 12 apóstoles a Cristo es un activismo académico, las bajé y las aterricé en la señora religiosa de Puebla con dos hijos adolescentes, que fue a un taller mío, y terminó diciéndome luego de que les pregunto al final que qué pueden concluir de las sesiones, y ella responde: yo por muchos años me he visto obligada a tener relaciones con mi marido, pero ahora, luego de escucharte, sé que eso era violación, y que no tengo qué aguantarme ni siquiera por los hijos.

Y eso, querida, ya quiero ver que lo logré Marcela Lagarde dando conferencias rimbombantes en auditorios escolares, o la mismo Butler en una clase de la universidad. Lo quiero ver. Quiero ver que el activismo académico logré algo, un día.

Mientras llega ese día, yo seguiré acá, auto-abortándome y abortando todo.

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Frida Cartas (Mazatlán, México) 16649474_215166265625049_5565678843790032355_n
* La encuentran en Twitter como @friedducha

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Procesos creativos: los cuerpos y la danza como punto de partida

Por Florència Vila

“Las primeras informaciones de un hombre llegan a mi gracias al lenguaje de su fisonomía, de su comportamiento, de su actitud, de su ritualidad, de su técnica corporal, de su acción y, finalmente, también de su lengua escrito-hablada”     Pier Paolo Pasolini, 1964.

Pasolini ya sabía en los años sesenta que el cuerpo y el movimiento de una persona revelan una información extra que es imposible de sustraer a través del lenguaje verbal. Lo sabía él y lo sabían otros, especialmente aquellos que se dedicaban al mundo de las artes del movimiento y la danza y que habían encontrado, en esta forma de expresión, una vía para conocer vacíos o enigmas de uno mismo que no hallaban respuesta desde otros lenguajes. Precisamente por esta razón se empezó a considerar la calidad (psico) terapéutica de la danza. Un planteamiento que, aunque hoy en día ya no es una novedad, aún requiere de mejor atención y aceptación en la psicoterapia o campos afines.

     Fue esta calidad (psico) terapéutica que reconocí en mi práctica de danza la razón por la cual empecé a investigar sobre ella. Quería poder explicar verbalmente la experiencia que me otorgaban ciertos estados dancísticos, en los cuales mi idea de identidad quedaba rebasada por una conciencia diferente y nueva que escapaba a mi lenguaje.

     Aun así, lo que realmente me interesaba de la danza no era tanto el hecho de que fuera terapéutica como el hecho de que, al serlo, desplegara la potencialidad de inducción al cambio y a la creatividad de uno mismo en relación con los otros y con el mundo, a partir de la percepción del cuerpo y su movimiento.

“El movimiento corporal espontáneo, originado en sensaciones kinestésicas, y que facilitó la comprensión de los pacientes, lo que a su vez les abrió las puertas al cambio”     Sharon Chaiklin.

     Por esta razón empecé a leer textos sobre danza movimiento terapia (DMT), porque su punto de partida y perspectiva de trabajo son los mismos que el de un proceso creativo a partir del cuerpo y el movimiento, el cual se basa principalmente en la conciencia corporal, la empatía kinestésica y la improvisación.

     Una obra de referencia en este campo es la de La vida es danza. El arte y la ciencia de la Danza Movimiento Terapia, de Hilda Wengrower y Sharon Chaiklin. En este libro las dos autoras coordinan textos que explican qué significa creatividad, sobre todo a través de la danza. Definen la creatividad como una búsqueda de estructuras que permiten articular lo que es difícil de expresar, basado en cualquier concepto -realista o abstracto- que es necesario comunicar.

     Para desarrollar esta idea, Wingrower y Chaicklin nos introducen al concepto de Movimiento Auténtico, que surgió del trabajo de una figura muy importante en la DMT, Mary Whitehouse (1950). Whitehouse, basándose en el concepto junguiano de “imaginación activa”, definió en un principio como “movimiento profundo”, al “movimiento espontáneo a partir de sensaciones kinestésicas, que facilitaba la comprensión de los pacientes y a su vez les abría las puertas al cambio”.

     Esta idea, basada en la espontaneidad, no parece muy distinta de las ideas sobre las cuales se basan las técnicas psicoanalíticas más conocidas como son la escritura automática, la asociación libre, etc. Sin embargo, la diferencia de la DMT es que es una disciplina que pone el acento en el cuerpo y su postura, en la forma en que ésta influye en la percepción de uno mismo y de los otros y se fija en aquellas tensiones del cuerpo que pueden inhibir movimientos o sentimientos y en la utilización sensorial del tacto:

“ Es importante comprender las relaciones que esto tiene con la forma artística de la danza, que apoya y alienta la creatividad a través de la puesta en juego del cuerpo en el tiempo y el espacio, es decir, de la implicación activa del sujeto”. Wengrower y Chaiklin

     Un pilar fundamental de la investigación en danza creativa es la improvisación. Chaklin y Wingrower argumentan que lo interesante de la improvisación es que está dirigida por uno mismo pero proviene del inconsciente o el preconsciente, convirtiendo la danza, cuando es improvisada, en un significado simbólico, un material que forma parte del proceso que lleva al cambio.

      Las autoras lamentan el hecho de que los psicoanalistas de distintas escuelas como Sigmund Freud, Silvano Arieti, Héctor Fiorini o Melanie Klein, olvidaran la danza en sus teorías sobre la creatividad sin hacer referencia, en sus escritos, a las artes en las cuales el cuerpo del artista es a la vez el mensaje y el transmisor:

“El gran ausente, el desconocido, el relegado de la enseñanza, de la vida cotidiana, de la expansión del estructuralismo, de la psicología de muchos terapeutas, fue y lo sigue siendo en gran medida el cuerpo como dimensión vital de la realidad humana, como dato global pre sexual e irreductible, como aquello en lo que las estructuras psíquicas encuentran su soporte”. Wengrower y Chaiklin

     La espontaneidad es otro de los aspectos que las autoras destacan para un fin creativo. Basándose en la técnica de asociación libre de Freud, estas autoras consideran que la expresión espontánea permite que surjan aspectos inconscientes, pero subrayan que esta característica no es suficiente para crear algo nuevo y ponen el ejemplo de las teorías del psiquiatra Silvano Arieti, las cuales se basan en la idea de que la originalidad (creación de algo nuevo) incluye la espontaneidad, aunque admite que no puede basarse simplemente en esta ligereza, sino que surge después de un trabajo intensivo.

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     Otro punto interesante en el que Chaiklin y Weingrower ponen atención es el de la motivación creativa o el afán creador: estas investigadoras consideran que el creador presenta con su obra aspectos camuflados en la forma estética. Para ello puede cambiar su identidad, la identidad de los personajes, las características, etc. Al exhibir su obra, el artista obtiene un placer inconsciente al poder dar expresión a su deseo; y compartiendo su trabajo con el público también comparte sus significados ocultos, aliviando su culpa si recibe aceptación.

     A eso mismo se refiere el filósofo Eugenio Trías con la idea del velo. Este autor que cita la antropóloga Eva Marxen en su trabajo Diálogos entre arte y terapia. Del arte psicótico al desarrollo de la arteterapia y sus aplicaciones, nos habla del velo como el efecto estético necesario para la presencia de lo siniestro, ya que como él apunta:

“lo bello, sin referencia (metonímica) a lo siniestro carece de fuerza y vitalidad para poder ser bello.”

 

Trías insiste que es necesario que lo siniestro esté oculto tras un velo, ya que su revelación total destruiría el efecto estético. Es decir, el arte no puede revelar todo el horror que se encuentra más allá de este velo.

     Siguiendo con la idea del afán creador, es necesario hacer referencia al psiquiatra Anthony Storr, quien hace una comparación entre los procesos inconscientes del artista y del científico en sus investigaciones, considerando que, la actividad creativa y la científica se asemejan en el hecho que resguardan al ser humano de sus ansiedades.

     Esta comparación entre la investigación artística y la investigación científica también fue un tema que trató la artista Dora García, que en una ponencia que tuvo lugar en el Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona el año 2010 con el título Más mística que racionalista alcanza verdades que la lógica no puede alcanzar, hacía un guiño a la performance que el artista John Baldessari realizó en 1972, en la que cantaba una serie de declaraciones sobre el arte y el artista y que empezaba proclamando:

“Los artistas conceptuales son místicos, más que racionalistas. Se precipitan hacia conclusiones que la lógica no logra alcanzar”.

     En su ponencia, García mostraba las similitudes entre las motivaciones de la investigación científica y la investigación artística. Su conclusión fue que esta última se diferencia de la investigación científica por “luchar contra el pragmatismo y la horrible tendencia a la consecución de fines útiles”, ser “poco eficiente (en realidad no es nada eficiente), es circular, anti-lineal, temerosa de llegar a una conclusión (…) se desboca en la búsqueda, huye del final de la búsqueda como de la peste”. Es “urgente, desordenada, de lógica aberrante, en el sentido de desviada, pero existente. La idea de urgencia es fundamental (…) tiene su eco en la hiperactividad.”

     Así que, según esta artista, aunque la investigación científica y la investigación artística comparten ansiedades humanas como punto de partida, los derroteros por los cuales las dos transitan tienen poco que ver.

     Otro autor imprescindible en cuanto al tema de la creatividad es D.W.Winnicot. En su libro Realidad y juego, el autor explica la apercepción creadora como algo que sucede a lo largo del proceso vital y que es, según sus palabras: “lo que hace que el individuo sienta que la vida vale la pena de vivirse”.

     Winnicot explica la creación como un proceso terciario: esto significa un aspecto del desarrollo del sujeto y sus relaciones. Del mismo modo que el bebé, para paliar la ausencia de la figura cuidadora, crea un objeto significativo emocionalmente que representa y sustituye esta figura (un objeto transicional, normalmente una manta o un muñeco), el sujeto creador elabora símbolos y representaciones de la persona ausente y, por lo tanto “es uno de los hitos en el desarrollo psíquico y en la generación de cultura”. Winnicot da un importante papel al juego como una manera de introducir a la persona en el mundo de la simbolización, la sublimación o el proceso terciario.

     El trabajo de Héctor Fiorini también es indispensable en cuanto a procesos creativos. Este psicoanalista argentino nos habla del psiquismo creador como el generador de las acciones que alteran lo que nos es dado, subvierten lo codificado y lo que inmoviliza al sujeto y su narrativa. Define la creatividad como la búsqueda de nuevos modelos de simbolización que nos permitan salir de bucles de encierro en imágenes y narrativas frustrantes y delimitadoras, entendiendo la creación humana como un proceso terciario, al igual que Winnicot.

     Para llegar a este proceso terciario, en mi opinión, los puntos de partida son varios. En cuanto a la empatía kinestésica como punto de partida, debo considerar lo que dice la terapeuta Stanton Jones cuando nos habla de la experiencia en movimiento como generadora de una nueva experiencia de “estar en el mundo”, ya que con la danza nos relacionamos a través de los aspectos kinestésicos, emocionales y simbólicos del movimiento.

     La empatía kinestésica ha sido definida por Maturana como el “sexto sentido” y vendría a ser la única manera para comprender todo aquello del otro que ha quedado aun por captar. Siempre hay algo para intuir, comprender o comunicar, que implica un riesgo en la captación del otro y que se logra a través de mecanismos como la simulación, la imitación, el eco o la imaginación, a partir de experiencias similares propias o ajenas. Es por eso que la DMT opera procesando y elaborando en un nivel corporal viajes y experiencias que pudieron ser profundos desencuentros intersubjetivos” Chaiklin, Wengrower.

     Haciendo también referencia a la idea de empatía kinestésica, considero importante los territorios descubiertos a partir del trabajo hecho con la práctica del contact improvisation (CI), una forma de danzar que inició el bailarín y coreógrafo Steve Paxon en el año 1972, muy relacionada con las jams de jazz que se daban en esta época en Estados Unidos. El CI toma como punto de partida para el movimiento el contacto con el suelo y con otros cuerpos y además, se interesa por explorar el fluir del movimiento en esa interacción de fuerzas físicas y cuerpos en contacto. Una obra interesante sobre el CI es el libro de la investigadora Marina Tampini: Cuerpos e ideas en danza. Una mirada sobre el Contact ImprovisationEn su texto la autora habla, entre otros temas, de los sentidos y de la experiencia de percibir desde el tacto y el contacto con otro cuerpo y de cómo, a partir de esta utilización de lo que es sensorial, se abre todo un territorio a explorar:

“El tacto permite un tipo de experiencia con el mundo en la que se desdibujan los límites entre el uno y el otro (…) habilita la fragmentación, la percepción de intensidades, texturas, volúmenes, consistencias, flujos que se suceden a velocidades mayores que las que nuestra mente puede aprehender proyectándole forma humana”.

     Tampini empieza describiendo qué tipo de pensamiento es la danza; un pensamiento que surge a partir de la conjunción de los sentidos y la mente, para acabar hablando de la improvisación como método de desterritorialización -ponernos en relación de desorientación- para crear algo nuevo. Explica el CI como una manera de aprender a moverse a partir del contacto con otro cuerpo, perdiendo las referencias visuales habituales y teniendo como referencia la información kinestésica para empezar a desterritorializarse e improvisar, teniendo en cuenta que lo que importa de esta práctica no son tanto las pautas a seguir como el hecho de que sea capaz de ponernos en desorientación.

     Al hablar del concepto de desorientación es cuando la autora introduce las ideas de la psicoterapeuta y crítica de arte Suely Rolnik, primero habla de “vulnerabilidad” y después de “desterritorialización”. Rolnik define la vulnerabilidad como una cuestión de cuerpos, de su dimensión sensible. La autora toma de la neurociencia los conceptos de cuerpo vibrátil y capacidad subcortical para designar a “la capacidad de nuestros órganos, de los sentidos en su conjunto, de aprehender el mundo en su condición de campo de fuerzas que se hacen presentes en nuestro cuerpo bajo la forma de sensaciones”, afectando esto a la textura sensible del cuerpo, disolviendo las figuras sujeto-objeto y no encontrando referente en el mapa de representaciones actual. De esta forma, la vulnerabilidad nos abre a las sensaciones de la presencia del otro aun cuando estas señales no sean decodificables desde el lenguaje. Este “dejarse afectar” por las sensaciones producidas por el contacto deviene una experiencia de difícil categorización, que no encuentra referencia en las representaciones sociales:

 “No es espectáculo, pero es arte. No tiene un fin representacional ni narrativo; tampoco necesita de la música como estímulo, pero es danza”. Tampini

     En cuanto a la idea de “desterritorialización” de Rolnik, como la acción de ampliar el territorio sin solidificarlo, Tampini lo compara con la improvisación en el CI, que consiste en ir ampliando territorio a medida que ya se ha conseguido cierta familiaridad con la forma de movimiento, con la instantaneidad que esto conlleva: “consiste en ejercitar la acción -del pensamiento y la sensibilidad- en territorios que siempre han de tener cierta cualidad de impredecible”. De esta forma, el bailarín se ve forzado a pensar su experiencia para ir más allá, ya que una vez conocido el territorio es necesario replantear preguntas para crear dudas sobre las que empezar de nuevo:

“Los sentidos y la mente son puestos a funcionar en un tipo de relación que no pareciera implicar sujeción de una respecto a la otra, sino que más bien parecieran hacer posible un modo de pensamiento con los sentidos en que la danza es el resultado de esa conjunción”. Tampini

Para Steve Paxon el efecto de estas propuestas es desafiar el modo en que la mente sintetiza las percepciones habitualmente, iluminando la percepción y entrenando a la mente a indagar modos diversos de sensorialización, “creando en medio de la vida un nuevo juego para jugar”. Para el iniciador del contact, saber cómo relacionarse con lo desconocido significa usar lo que sabemos -consciente e inconscientemente-, pero sin ser controlados por ello. De este modo, dice, es posible la creación, la aparición de lo nuevo. Las sensaciones e imágenes que surgen del movimiento pueden ser reveladoras para el que baila y para el que mira. Puede que esa sea la naturaleza de la improvisación: lograr formular con la mayor claridad posible el interrogante que guíe la exploración. Un interrogante que varía a medida que el bailarín se desarrolla como artista.

     Tomando la idea del interrogante como cuestionamiento, debo hacer referencia a un fragmento del libro Antropología del cuerpo: género: itinerarios corporales, identidad y cambio de Mari Luz Esteban, concretamente al testimonio que recoge de Luís, un bailarín que explica la danza como una investigación personal y vital, como un proceso de creación de nuevos mundos. Luís explica la danza como la única forma de expresión en la que puede exponer todo lo que no puede verbalizar:

“Era tímido y tenía dificultades para hablar en público pero presentaba habilidades para el movimiento, para transformarse, saltar y correr”.    

     Luís llama “collages” y “mezclas” a lo que hace con la danza, mezclas en las que dice poder “nadar” y crear una reflexión en la que el público también se pregunte algo, que “sea una relación porosa en la que la pieza o la obra sólo funcione si hay un intercambio que quiera ir más allá”. Define el movimiento y la danza como una manera de pensar, indagar e investigar, como un proceso de reflexión diverso del proceso de reflexión intelectual.

     Desde esta misma perspectiva, en un libro coordinado por José A.Sanchez que recoge las conferencias y entrevistas realizadas en diferentes ediciones del festival Desviaciones, certamen pionero en danza contemporánea en España, encontramos que la danza:

“Produce y reproduce movimientos, sensaciones, estados emocionales establece vínculos, rompe conexiones con la propia memoria del cuerpo, y se constituye en procesos de reflexión e interrogación, de búsqueda, compartidos o no entre bailarín/bailarines y público, pero siempre conectados con ideologías y prácticas sociales concretas”.

Es decir, la danza es un ejercicio de “desestabilización conceptual” un “proceso de cuestionamiento de los equilibrios asumidos”. Un cuestionamiento que promueve la reflexividad individual y colectiva y, en este sentido, es cuando la danza deviene política, ya que es una creación corporal fundamentalmente colectiva, como dice Esteban, con “contradicciones y discordancias pero también con puntos de encuentro”.

     Por esta razón Luís habla del cuestionamiento de su identidad a partir de una consciencia corporal, una capacidad de puesta en desorientación que tiene la danza en tanto que apela directamente al cuerpo.

“Aunque la reflexión, la evaluación en torno a su masculinidad, no haya estado presente de una forma racional, discursiva y consciente, sí lo ha estado en lo corporal, en lo carnal: el niño al que no le gusta el futbol y nada solo (…)” Esteban

      Así que es interesante cómo el cuestionamiento de la identidad de Luis viene a partir del cuerpo y sus sensaciones. Como a partir de su cuerpo y su movimiento ha encontrado la única forma de crear algo que ha acabado edificándose como identitario. Una identidad que se ha configurado partiendo de lo sensible, desde el estar y encontrarse con su cuerpo y otros cuerpos. Por esta razón, por el hecho de que nos sitúa en el mundo desde nuevas percepciones que nos cuestionan a nosotros mismos y nuestra relación con lo otro, la danza deviene política.

     Aceptar y defender que allí dónde no se ha podido llegar verbalmente o racionalmente, sí podemos llegar de otras formas, también es político, así como defender y legitimar la existencia de mundos que sólo pueden percibirse y no categorizarse mediante el lenguaje. Mundos que nos desorientan, nos desterritorializan, nos llevan al cambio e implican un inevitable esfuerzo por encontrar nuevas definiciones.

Como dice Gabriele Klein en su obra The Performance of Worldmaking in Dance and Choregraphy:

 “En un mundo del cuerpo y de los sentidos, de los movimientos y de los sentimientos, en un mundo de metáforas, para las cuales las palabras nos fallan, la danza en la edad moderna, según el discurso de la danza moderna, constituye un mundo alternativo, es decir, un mundo más allá del lenguaje y la racionalidad” *

*La traducción es mía

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Florència Vila. (Barcelona, España) Licenciada en periodismo y practicante de danza contemporánea. Trayectoria como creadora de contenidos para diversos proyectos entorno al arte y la cultura. Forma parte del Grupo de Investigación en Arte y Antropología (GRAPA) de la Universidad de Barcelona en el que se interesa especialmente por la investigación desde la práctica del movimiento, los estudios somáticos, la improvisación, la antropología de la danza, los estudios de la performance y la antropología audiovisual.

Ajena

Por Claudia Carolina Sandoval Meza

Sacudirme cada mala palabra que ha recibido mi piel, arrastrar de ella todos los residuos de miradas juiciosas, despegar cada uno de los estereotipos que no cabe en ella y sólo lastiman, hacer un lavado entero para que quede limpia de lo que la ha deteriorado, que no ha sido ni el sol ni el viento, han sido palabras y prejuicios.

     Menear mi pelo para que crezca, para que se escapen las partículas de malos deseos que he adoptado, que dejen de esconderse mis indicios de belleza y vuelva el brillo, que mi cabello se despoje de los cortes críticos, que baile sólo con el deseo de ser libre y disfrutar el calor entre los rayos de luz.

     Sonreír para que se marquen las arrugas que no deberían existir, para que se despierten mis dientes deteriorados y disfruten la vista, para que mi cara se estire y se oculten los restos de ansiedad que dejan las construcciones obligadas, para que mis cejas se arqueen y espanten a los fantasmas que susurran reglas que nadie inventó, sonreír para que el rostro se transforme en un abanico diverso de las infinitas expresiones y matices que tiene mí vida.

     Llorar para que mis ojos se limpien de las imágenes falsas, para que las pestañas no se atoren entre las imposiciones comerciales, para que salgan todas las frustraciones por querer un cuerpo perfecto y tener, en cambio, un cuerpo vivo, para que los pulmones exhalen todo el humo de las fabricas artificiales, para que el corazón tenga oxígeno y el cuerpo exista.

     Hacerlo todo, explotar cada célula del cuerpo, sentir en los huesos el peso, estirar los músculos, acariciar la piel, jugar con cada incógnita nueva, pensar en aquello que no se ve, saltar, correr hasta cansarse, descubrir el placer en los rincones ocultos, desaparecer en un orgasmo, jugar con las ideas y mirarse, voltear a ver cada rincón de este cuerpo que se extiende a lo largo de mi existencia, hacerlo todo para descubrirlo, asumirlo, abrazarlo, dejar de simplemente aceptarlo y comenzar a amarlo, porque esto es mío, esto soy yo, porque estoy viva si mi cuerpo respira, estoy viva si mi cuerpo siente, si mi pelo se agita, si mis ojos lloran; estoy viva y existo si me encuentro el cuerpo entre la montaña de construcciones ajenas, estoy viva si comienzo a apoderarme de mi cuerpo y dejo de sentirme ajena.

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claudiaMezaClaudia C. Sandoval Meza. Originaria del sur de la ciudad de México. Al terminar sus estudios de Administración de Empresas en la Universidad del Valle de México, decidió dedicarse a una de sus pasiones más grandes: la escritura. Ha tomado cursos y talleres que la han ayudado en su formación literaria y ha ganado un concurso de la Editorial Paraíso Perdido en marzo del 2017. Actualmente se encuentra administrando su propio negocio y desarrollando dos proyectos colaborativos relacionados con la literatura y el arte visual.

Redes: facebook.com/claudiameza91

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La guapa

Itzeguanita Pitumayo

*Imagen: Mariel Clayton

Guapa, la guapa. Nunca me sentí guapa de guapas y quise, he querido serlo. Mi fantasía oculta es ser del trip María Felix: que las miradas se congelen al echarme ojo, que no puedan creer la existencia de una belleza como la mía y en seguida se rindan a campo de pleitesía servicial frente a mi inusitada belleza…. pero NO… no ha pasado, y siempre he tenido amigas a quienes sí les ha tocado: » que guapa eres , como las guapas de …» » esos ojos tan grandes que… » » tú eres de las de allá, donde son guapas…» les dicen… Más de una vez me ha pasado ser testiga fidedigna de los ojos en la belleza de mis amigas.. a mi no, rara vez me ven de primer ojo. Yo una voyeurista pendiente, soy aficionada a ver sin que me vean, me gusta observar las miradas, y tengo cierta la costumbre de que en campo de «belleza» no soy el foco. Desde niña acostumbrada a ese extraño desprecio social de no ser bella, bellísima. El que me gustaba en cuarto de primaria se le declaró a fulanina «la guapa» en el momento en el que se me congelaban las palabras para declararmele… igual que el otro que me habló a escondidas para decirme ,» oye este … yo quiero decirte que me tienes muy nervioso, porque lo que quiero decirte … es que me presentes a tu amiga….» Hace poco un amantito me dijo de mi cara que «tenía cierto misterio» y me sentí tan desahuciada como cuando alguna vez me dijeron » que bella mirada tienes» y yo entendí que claro, como no tenía los ojos grandes, lo que me quedaba era mi mirada y ese aquel que sólo quería coger no supo que más decirme…. pocas veces me he sentido guapa de guapas. Guapa para quién me pregunto ahora? guapa de qué o de donde? mi cara es rara : de abundantes cachetes, ojos caídos, labios medianos y nariz pequeña boluda…. no es guapa de las guapas, y tampoco sé que hace falta para ser de esas. Una vez me sentí bellísima y en esa época me sacaban a bailar. Triste heteronormada han de decir las de «avance» y yo les contesto que en el círculo de juego de botella lesboalternativo no era de las elegidas bellas, ni lesbiana guapa me tocaba siquiera, por si andan con el pendiente: hubo dos que a todas les gustaban y con esas se besaban porque eran «antiguapas» con sus propias convenciones, y ahi tampoco estaba yo. La guapeza es tan subjetiva y necesaria, digan lo que digan, desde la más heterosexual hasta la más posporno, sé que tienen sus bellas y no soy yo en ningún estereotipo convencional o anarquista. A veces me entristezco… otras me dejo ser. Yo escribo bien, eso enamoró a quienes me amaron…. y lo sigue haciendo, sin embargo tambien mis cachetes hacen su función, a la par de mis ojos ojerosos. Son eróticos, como erótica es la noción de la sinbelleza. Tenemos tantas capas, cual cebollas alternativas…. y a veces, como hoy, hace falta desmenuzarlas para entender que de la guapeza se sabe muy poco en realidad…. me busco para encontrarme la guapa que soy con mis ojitos caídos que le gritan a la otredad que de vez en cuando y cada vez, me gusto más, a ver si comparten también conmigo … el gusto del gusto de ser guapa sin guapeza y nada más.

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Itzel Arcos. Nació en la ciudad de México en agosto de 1988, standupera, actriz y escritora, se dedica a impulsar las artes escénicas y narrativas a partir de la autobiografía con enfoque feminista.

https://www.facebook.com/mecortounachichi/

https://www.facebook.com/Guanitumayo-Producciones-569839656435223/

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Mi cuerpa es femenina

fotografía por Sandra Toledano Kolteniuk
fotografía por Sandra Toledano Kolteniuk

Oscar Jauregui

Nada en mi cuerpa es masculino. Mi barba, mis bellos, son un plumaje de pájara loca que decora, alegre, la redonda superficie de mi gordura maricona. Mi cuerpa es femenina, es una oda carnal a los requiebres, a la suavidad, es una ola de grasa y piel que es coqueta, que es danzarina. Cuando me miro desnuda al espejo no contemplo más que a una Diosa, en mi contundencia cetácea soy Deméter belluda, soy Coatlicoe con pelos, soy Hator con las ubres repletas. Soy belluda porque soy bella, no velluda, porque no soy viril. Cuando me contemplo desnuda, en mi cuerpa nada es masculino, mi cuerpa no es el de un hombre. Me arrobo, asombrada, como quien mira un paisaje, y en el fértil bosque de mi feminidad no hay ningún sobresalto machuno, ninguna imperfección por la que se asome un girón de la pretendida dureza hombruna.

     Y es que ni mis hombros anchos, ni mis caderas estrechas, ni mi pene ni mi voz son los de un hombre. En ese espejo que resplandece cuando mi cuerpa lo engalana, cuando mi cuerpa se sumerge en él y lo desborda, como hipopótama que se tira al estanque, cuando me embeleso con las esculturas adiposas de mi belluda feminidad, no hay ni rastro de un hombre, de ese hombre que dejé de buscar en estos ojos desde hace mucho, de ese hombre que nunca tuvo lugar en estas carnes morenas, generosas, mariconas.

     Y es que soy una maravilla. Cuando bailo desnuda siento como si trajera en mi cabeza una corona de rosas, como si mis bellos fueron gardenias y tréboles que crecieran con alegría en los bastos montes de mis pechos, de mi vientre, de mis piernas y mis nalgas, plantitas que celebran, contoneándose, el placer de dar al mundo su feminidad. Y desnuda me vuelvo Diosa, Diosa que gira y hace gravitar a su alrededor a muchas lunas, que arrastra con la fuerza volcánica de su núcleo a quienes se le atraviesan. Desnuda soy un huracán, una inevitable celebración maricona que arrasa con dolores y barricadas, que tras su paso deja en la playa una confusión de mariscos y bisutería.

     Soy inabarcable, infinita, más antigua que el mundo. En mi desnudez belluda y gorda descifro el camino a mis poderes velados, a esa feminidad nutritiva y fértil que me estaba prohibida. Me acurruco en mi interior, a través de mis manos y de mi lengua, de mis ojos y de mis latidos voy entrando en mí, penetro en mi misma y descubro mi interior vibrante, volcánico y acogedor, descubro las semillas que dormitan en mi carne. Entre orgasmos y risas las hago florecer, empujo a la superficie de mi piel una cosecha sagrada. En mi cuerpa me encuentro y me sé Diosa.

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12115504_1043517775679684_5804940353451092731_n-1Oscar Jauregui. (Ciudad de México, 1993). De formación historiadorx por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, de corazón estuche de monerías. Estoy interesadx en investigar, en la práctica y la teoría, las corporalidades disidentes y las posibilidades de las relaciones afectivas. Ilustradxr de sueños y música tropical. Criatura marina de tiempo completo.

https://www.facebook.com/wheniruninthedark

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Cuerpxs piratas

imágen por Eva Rinaldi
imágen por Eva Rinaldi

Por Jorge Arroyo

El cuerpo se me desbordó cuando me diagnosticaron con VIH. El primer movimiento que rompió su frontera fue el que sentí con las palabras del médico, cayendo pesadas por dentro hasta hacer un agujero debajo de mí. Luego otro, por donde chorrearon mis planes a futuro, mis expectativas de la sexualidad y del amor, la imagen vieja de mí. Afortunadamente esa fuga duró poco.

     Al contrario, me encontré con materia nueva que antes no formaba parte de mi contenido. Una miriada de entes ni vivos ni muertos medrando a mi costa, y toda una serie de químicos inertes apuntalando un equilibrio precario. Lo que me contiene es ahora una especie de cyborg poblado de artilugios nanotecnológicos que se ríen de la idea de naturaleza, de organismo, de lo que sea que signifique estar vivo. Si le llamo cuerpo es por conveniencia, cada segundo de su mecánica niega la misma noción de qué puede ser un cuerpo. El conjunto es un prodigio de la era farmacopornográfica, sinergia que está más atada que nunca al mecanismo de sujeción que le permite continuar en existencia. Llevo ya casi cuatro años aprendiendo de los movimientos de ese espacio dinámico que antes era un organismo bien portado, normalizado, gobernable.

     También se me desdibujó el límite del individuo, del cuerpo no compartido al tener en herencia común una condición fisiológica compartida con millones de personas y cuerpxs. Cuerpxs que viven poco y se enteran tarde de la pugna en su interior; y cuerpxs que hicieron oídos sordos. Cuerpxs que buscan el suicidio con una muerte hedonista, con una muerte light. Cuerpos que se avergüenzan de sí y mandan a las cuerpas de sus parejas por los medicamentos que, por su causa, ambos deben de tomar. Cuerpxs que buscaron un estatus virológico como postura política. Cuerpxs precarizadxs, en pobreza extrema, desechables; o cuerpxs ricxs famosxs que compran antirretrovirales en el mercado negro, para no caer en el escarnio público. Cuerpxs que huyen a la culpa y la religión, o bien al carpe diem. Cuerpxs vírgenes, cuerpxs libidinales, cuerpxs donde ningún sexo o género ha sido escrito aún. El mio, aunque contenido en una forma finita y catalogada como hombre, ha tendido miles de hilos entre muchxs otrxs cuerpxs y vidas y depende de ellos. La infinidad por dentro y por fuera, he devenido muchxs seres en mi carne.

     No sólo mi cuerpo vivido es diferente. Las muchas imágenes que socialmente ya tenía se han multiplicado al entrecruzarse con la carga ideológica de la seropositividad. Como si el hueco por donde ha entrado el virus (boca, vagina, ano, cordón umbilical o el pequeñísimo orificio de una aguja) fuera una ventana a nuestra forma moral, a nuestras costumbres y deseos, a nuestra valía. Las huellas de un estigma. Mis amigxs y familiares ahora se asoman por ese agujero y ven algo lastimero, o “valiente”, o frágil, dependiendo del día y de su estado de ánimo o qué sé yo. Me asumen conocedor del catálogo de enfermedades venéreas del animal humano, y me piden tratamiento. Incluso creen poder ver mi fecha de caducidad, el umbral en el que el movimiento de mis componentes cambie su sentido y empiece el decaimiento llamado muerte. Peor aún, por esa mirilla no sólo entran las miradas, sino salen las pestes, y debemos de ser contenidxs, vigiladxs, sometidxs necesariamente a una prescripción espacial (aunque se nos levantaran otras trabas por nuestra interseccionalidad, aún no podríamos habitar cualquier espacio), médico-biológica, política. Reconozco que como varón homosexual no me ha tocado la peor parte, pero ese campo social conlleva otros prejuicios e ideologías, desde el rechazo hasta el ser fetichizado. Por algo el VIH suele ser una condición que muchxs deciden vivir de forma privada.

     Con suerte, en una inversión de las circunstancias abrir mis fugas las ha resanado; al mismo tiempo me he vuelto todo fuga. Sobre todo, lo que hago fluir al escribir esto es un testimonio, uno entre tantos que pasan desapercibidos entre todas las personas que vivimos con VIH. Si bien respeto la decisión de cada persona de cómo vivir su condición serológica, la mía es el hacerlo de forma abierta. Hay una diferencia entre lo secreto y lo privado, y para mí el vivir con el virus es parte de lo segundo. Pero el hacer que ese aspecto también se desborde puede servir para tender aún más lazos que los que subrepticiamente me conectan con otrxs. Me permite luchar por la defensa de mi persona, de los derechos de acceder a la salud, a un empleo y una vida digna sin ser discriminado, y si puedo hacerlo por mí mismo entonces puedo hacerlo por lxs demás., y ellxs por mí. Coordinar el nosotros oculto en mi forma con los que van por caudales paralelos. En la corriente social me he vuelto barco cargado de polizones, cuerpo pirata, múltiple y caótico. Es hora de hacer armada.

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Jorge Arroyo. Estudiante de lingüística. Le interesa el lenguaje en lo apelativo y expresivo tanto como al referir de las cosas de este mundo; ya que también le gusta pensar en otrxs mundxs lee ciencia ficción. A veces también hace poesía.
https://www.facebook.com/maqlishi

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AUSENCIAS BOWIE

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“Menos machos y más Bowies”. Con esta cita de María Bastarós se encabeza este artículo en el que se reflexiona, entre otras cosas, “sobre los conceptos de hombre y mujer como herramientas opresoras que limitan nuestras identidades y nuestra libertad de expresión”.

Por MIRIAM VEGA

Hoy me enteré demasiado tarde de la muerte de Bowie.

Ascendente de los astros de Irlanda con ojos de husky siberiano y bautizado, mas tarde, con nombre de cuchillo, así de explosivo se confabulaba el nacimiento de David Robert Jones, un ocho de enero de 1947.

No haré de puta fan en este texto y tampoco hablaré de Bowie porque se me queda grande, muy grande. Todos somos conscientes del gran vacío que deja, en la odisea espacial, y es ahí donde se me queda fija la mirada: en el vacío, en la ausencia de la estética transgresora, de identidades no binarias y ambiguas que uniteralicen y llenen el espacio, que ya poco tiene de sideral.

La alienación ya no quiere vestirnos de colores, porque molesta. No sabe de purpurinas, ni de rayos rojo/azules en la cara. No entiende de maquillaje, ni de hombreras en los hombros de los hombres (H³), y con Bowie pareciera que despedimos a una especie en extinción.

Bowie. © Dibujo de Pablo García (Pablo Je Je).
Bowie. © Dibujo de Pablo García (Pablo Je Je).

 

De las ballenas blancas pasamos al vallenato, del vallenato al reggaetón, del perrea-perrea a ver quién es la más perra y entre toda estas mierdas se sucede la lucha de sexos, donde unos no pueden vestirse como los otros, porque no vaya a ser que seas medio maricón o tengas pinta de bollera. Así de simple es el argumento y la opinión que se le muestra a la estética, esa que nos define y en la que va insertada todo un significado de códigos y valores.

Con la muerte de Bowie, ha saltado el resorte de preguntas: ¿qué es lo femenino y lo masculino en el vestir? ¿Por qué aún se considera afeminado que el hombre se maquille, se adorne o decore su apariencia?

Como en todas las historias, siempre hay dispositivos patriarcales y predominantes que dirigen todo tipo de tejidos. En el tejido de la moda y del vestir, se llamó “la gran renuncia”. Lo normativo/masculino se estableció a través del traje en el siglo XIX, el hombre burgués desertó de lo estético. Jorge Bryan Brummel, famoso y elegante decano de la moda en Londres, desde 1799 a 1814, constituyó el prototipo de la elegancia británica. El hombre burgués respondió a las características de la civilización industrial y la moda pasó a ser algo frívolo; cosas de mujeres.

Ellas, las más bellas, como manda la normatividad, siguieron las variaciones de la recargada moda del Segundo Imperio, siguiendo las tendencias de la emperatriz Eugenia; ellos se limitaron a variar sólo en detalles su atuendo con fuerte dirección inglesa. A partír de aquí, la exhibición del poder económico ystatus social solo sería mostrado a sus semejantes a través de su pareja, perteneciente siempre al sexo opuesto.[1]

En 1921, llego el hombre con sus firmes valores de austeridad, seriedad y ubicado en la empresa moderna; en 1939, los tonos sobrios y la presencia de cuello y corbata; en 1959 la estabilidad del traje hegemónico/masculino, y de repente en 1960 llegó el Punk, para devolvernos el igualitarismo.

“La transexualidad es la última forma del verdadero punk”, así se encabeza la entrevista hecha al grupo The Drums en la revista JenesaisPop[2]; quizás este sea un planteamiento que nos lleve a un nuevo Punk. Y es que, si algo consiguió el “Proto- punk” fue generar un colectivo, un cuerpo común que se salía de los límites, lo trans*.

El sonido del sintetizador se aglutinaba con palabras de diferente sentidos, la palabra se convertía en gritos biomecánios –para sacar de quicio la lengua– que politizaban la escena. La transgresión, como método para desconstruir, aniquilaba lo normativo, ensalzaba la imaginación liberada y daba visibilización a las corporalidades rebeldes[3].

Las mujeres se mezclaban con los hombres en una guerra igualitaria, la de hacer y disfrutar de la música. Los valores, el baile y la indisciplina se compartían a través de un nexo en común: el cuerpo vestido. Lo inclasificable comenzó a ser subversivo, la relación entre cuerpo, ropa y sociedad estaba servida, había una identificación de grupo y lo más importante, era una estética igualitaria.

David Bowie. © Hunky Dory (1971).
David Bowie. © Hunky Dory (1971).

En contra de la estética burguesa comenzaban a visibilizarse las crestas, en tributo a los mohicanos, las botas altas contra los militares y las fuerzas del orden público, las cadenas como representación de la clase esclava, los alfileres a favor de la resistencia y la rebeldía… Y como toda deriva de tendencias, del “post punk” y del “punk rock” nació el “glam rock” en los 70 y la psicodelia llenó de colores la estética. Y ahí estaban BowieMarc Bolan o Andy Warhol entre otros. Las botas militares se sustituyeron por tacones de aguja, los hombres con hombreras llenaban la escena “futurista” que se afianzaría en los 80, la estética formaba parte de la música y la música formaba parte de la estética. El espacio público estaba lleno de colores metalizados, el travestismo y el maquillaje eran códigos legítimos con un peso de reafirmación política y social.

Pero todo despertar es aplastado por el opio, el capitalismo trajo a los hombres grises, como cuenta la película de Momo, y nuestro recién estrenado 2016, el futuro-no futurista, carece de esa, ansiada para muchos, fantasía de purpurinas y colores metalizados. Las hombreras, en los hombros de los hombres, más bien, son recuerdos que nos llevan a “Locomía”. El maquillaje y las uñas pintadas ha pasado a ser, como dicen algunos, cosa de chicas y las tendencias nos visten en un acentuado sexismo para igualarnos, sólo, en la escasez de vello por depilación laser en nuestros tejidos.

David Bowie. © Hunky Dory (1971).
David Bowie. © Hunky Dory (1971).

Por eso, hoy, no sólo nos hemos despedido del “Héroe”, nos hemos despedido también de una parte importante de la historia que, de alguna manera, nos conectaba en un ser y un estar común. Hoy nos ha tocado reflexionar, como bien dice María Bastarós, redactora de “Quien coño es!”, sobre los conceptos de hombre y mujer como herramientas opresoras que limitan nuestras identidades y nuestra libertad de expresión. Hoy nos despedimos de un revolucionario y transgresor, con ojos de husky y nombre de cuchillo. Un ejemplo de transgresión de los estereotipos de género. Gracias por la frase que encabeza el artículo, María, y gracias a ti, Bowie.

—tome sus píldoras de proteinas y póngase su casco—.

 

Notas:

  • [1]FERNADEZ, Diana (2012)
  • [2]ALONSO, Sebas E. (2014)
  • [3]LUCENA, Daniela & LABOUREAU, Gisela (2012:113)

Bibliografía/Webgrafía:

  • FERNANDEZ, Diana.Sobre la “gran renuncia”. Publicado en Vestuario escénico. wordpress.com el 8 de mayo de 2012 [en línea].
  • ALONSO, Sebas E. Publicado en la revista Jeneasispop el 18 de septiembre de 2014 [en línea].
  • LUCENA, Daniela & LABOUREAY, Gisela.Perder la forma humana. Centro de investigaciones artísticas. Seminario coordinado por Ana Logoni en CIA. Junio y Julio 2012.

 

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