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De las amistades apasionadas

Por R.

¿Y qué decir de las amistades apasionadas que se confunden con el amor y que, pese a todo, son otra cosa, fronteras del amor y la amistad, esa zona desconocida del corazón, que no pueden comprender aquellos que viven en serie?
Jean Cocteau *Opio*

‘Apasionadas’ puede tener varios sentidos. Puede ser lo contrario de ‘activas’; por tener la misma raíz etimológica de ‘pasividad’, puede significar entonces ‘dejarse vivir, devastar, dejarse desbaratar, revolver tanto la mente como el cuerpo’. Pero entonces ¿Es amor? ¿Y qué decir? ¿Qué decir y cómo hablar de esas amistades cuando no caben bajo la etiqueta del amor-de-pareja? ¿Cómo nombrarlas?

     Hace poco me encontré yo misma en esta situación y concluí, sentada en el suelo del cuarto de baño, que no sé, no sé qué nombre llevan. ¿Qué expectativas de éxito relacional genera la heteronormatividad en la que crecimos, nos educaron, nos socializaron? Y también ¿en dónde termina la amistad y en dónde empieza la pareja o ‘el amor’? ¿Hay un límite? ¿En la sexualidad está la respuesta? ¿Qué jerarquización damos a estas relaciones? ¿Cuáles son los afectos que cuentan más? ¿Junto a quién decidimos mirar hacia adelante? ¿Qué amores y que afectos son los que consideramos legítimos de ese nombre?

     Anarquía relacional, poliamor, afectividades disidentes, no-monogamias, familias-por-elección, todas estas etiquetas hablan de una necesidad imperante, urgente en nuestros tiempos: la deconstrucción de la pareja tradicional monogámica que se construye desde las expectativas heteronormativas y del amor romántico. ¿La jerarquización afectiva que ponemos en práctica es diferente al momento de tener o no pareja? En mis relaciones sigo experimentando parejas cuando en realidad mis afectos constantes son más amplios, los afectos que me acompañan desde toda la vida son las amistades, los afectos que me arrancan el corazón, las voluntades más sinceras de construir, de estar juntes, de estar para le otre, de hablar y reflexionar sin miedo son las amistades-apasionadas. ¿Cómo hacer que estas relaciones puedan ser las significativas? ¿Cómo hacer que a lo largo de nuestra vida, tanto en la juventud como en la vejez, podamos crear nuestro vínculos afectivos y que ellos estén presentes sin cargarlos de expectativas ‘normativas’ de pareja pero tampoco pensando en que todo lo podemos solxs? Solos. Individuos. Como nos quisiera el capital, instrumentos de un capitalismo neoliberal violento que impone una voluntad individualista y de autorealización frente a una voluntad de cuidado colectivo. Autosuficientes.

     Muchas investigaciones definen nuestros tiempos como liquídos, frágiles, precarios, al borde de un constante ataque de pánico. Parece que la única lectura que se pueda dar a estas prácticas de deconstrucción de una normatividad afectiva (que implíca también una deconstrucción del deseo, de la heteronormatividad, de los géneros) es una lectura de individualismo exacerbado. Sí, a nuestros afectos precarios compete deconstruir el concepto de familia mononuclear, porque en ella se identifica el organismo funcional de la reproducción del sistema capitalista y heteropatriarcal y, por lo tanto, el núcleo generador de opresiones. Pero a la vez, les compete crear otras alternativas relacionales. No necesariamente parejas, sino más bien vínculos ‘apasionados’. Sara Ahmed afirma que es necesario volver a construir desde una fenomenología queer otras narrativas que ‘acumulándose’ dibujen espectros más amplios de posibilidades, que dibujen horizontes culturales de felicidades alternativas, horizontes aspiracionales que desdibujen etapas impuestas en la vida de las personas. Es necesario narrar y visibilizar la capacidad de crear colectivamente espacios y comunidades políticas que permitan materialmente y simbólicamente ser ‘socialmente posibles’ en contra de las normas dominantes.

     Y es tanto en la deconstrucción de la normatividad afectiva cuanto en la construcción ‘material’ de otras relaciones que está la apuesta de estos afectos, vincúlos apasionados. ¿Cómo hacernos socialmente posible sin buscar un reconocimiento normativo? ¿Cómo cuidarnos también materialmente, económicamente, sin reproducir roles que nos han sido impuestos (la mujer como cuidadora afectiva y el hombre como provedor económico)? ¿Cómo reivindicarse una afección de los cuerpos, entre los cuerpos y un cuidado más allá de las imposiciones, de las normas?

En fin: ¿Cómo estar, sin atarnos, pero estando? Necesitamos compartir experiencias.

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UN DÍA ME MIRÉ POR DENTRO Y NO SÓLO HABÍA GUSANOS

camila b ruiz - flores y otros descubrimientos
camila b ruiz – flores y otros descubrimientos

por Phenomena

UN DÍA ME MIRÉ POR DENTRO Y NO SÓLO HABÍA GUSANOS

Nunca me he sentido arraigada a nada, al menos no particularmente. Los lugares, personas, situaciones u objetos pasan a menudo frente a mí como filminas o como trozos dispares de múltiples filmes que ocupan mi tiempo y pensamientos de manera transitoria. Permanecen por cortos o largos períodos pero sé que en algún instante se irán.

Con o sin despedida habremos compartido juntxs nuestro tiempo y partiremos. Algunxs se quedan, permanecen más tiempo del esperado, tal vez porque sus soledades y las mías se entienden, porque nuestras rabias conversan y nos dinamizan. No puedo decirlo con certeza, sólo sé que esxs que se quedan logran instalarse dentro rompiendo las barreras del lenguaje, del tiempo y del espacio. Con esas que se quedan creamos manada. Si bien estamos orilladas a usar palabras éstas difícilmente pueden explicar lo que ocurre cuando las emociones desbordan.

Amor es una de esas palabras sobre valoradas, que a menudo trae consigo una serie de actitudes, reacciones y comportamientos determinados, asociados todos ellos a la fidelidad, la monogamia, el control y las relaciones de propiedad sobre otras personas. Por eso hay que resignificar el “amor” desbaratarlo y expandirlo.

Será porque nunca he tenido arraigo. Porque nunca he pertenecido, que me cuesta tanto comprender que alguien elija para su vida una relación tortuosa, llena de angustia, chantajes emocionales/sexuales y dramas interminables cargados de  celos y reclamos, que bien recuerdan las novelas de Corín Tellado. No se trata de forzarse u obligarse a rechazar de tajo las relaciones monógamas, pero sí de cuestionar los vínculos que tejemos, de pactar –aun cuando sea de manera tácita, con lenguajes construidos en conjunto- las maneras en las que queremos relacionarnos e interactuar. Ni la monogamia es el pandemónium, ni las relaciones llamadas libres son la panacea. Somos quienes nos embarcamos en cualquier tipo de relación las que debemos elegir en conjunto qué trecho cruzar. Las combinaciones y posibilidades son infinitas y la idea de amor debe ser extendida y desmitificada y la del sexo reivindicada. La escisión amor/sexo recuerda a la separación tajante cuerpo/mente (alma) que tanto gusta a lxs católicxs. El sexo no debería considerarse como algo banal y el amor como algo sublime, ese es uno de los fardos que el amor romántico nos ha dejado y que pervive aún en la cabeza de muchxs.

En el sexo también pueden encontrarse y tejerse relaciones de intimidad profunda, sobre todo si hay afinidades y amistad de por medio. Para que ésta intimidad se de no es necesario que haya una relación “formal”, ni etiquetas, ni denominaciones. La sensación de experimentar verdadera intimidad, afecto y deseo hacia alguien cuando se tiene sexo, sin necesidad de que haya pactos caducos, sin las ficciones de pareja y las actitudes posesivas, es incomparable, plena y profunda.

Particularmente propendo por la amistad, por el goce consensuado e ilimitado de los cuerpos, por no encerrarse voluntariamente en jaulas de convenciones y maneras correctas de ser y reaccionar. Por la espontaneidad y el cuidado entre nosotras mismas y la exploración del placer como una manera de derribar los valores moralistas, tradicionales, y arrebatarles por todos los medios nuestras vidas.

 

CUERPO SUCULENTO

¿Y si sólo dura un segundo, dos o diez? ¿Y si se prolonga hasta tiempos insospechados?

Qué mala unidad de medida es el tiempo, que obliga a aferrase a esperanzas vanas y qué engañosa es la distancia que hace creer que nada pervive cuando ella lo atraviesa.

He corrido por los bosques y el asfalto, degustando silencios y quietudes perturbadoras, masticando horas de tranquila algarabía. Con fuerza y furia he refregado mi rostro en las flores sin estornudar y aún conservo en mi lengua el sabor acre del asfalto que me ha cobijado.

Muchos cuerpos han percibido la frecuencia de mis gemidos, pero pocos han logrado sintonizarse al unísono. ¿Y qué? Si pudiera elegir me quedaría con todo. Acojo la ausencia de recato, por eso saboreo y engullo cada instante hasta la saciedad sin pensar en las falsas promesas del por-venir.

Aspiro profundamente los humores que se escapan por los pliegues y resquicios de tu cuerpa, testeo con mi lengua las comisuras de tus labios y el contorno de tus fosas nasales. En un estertor repentino exhalo esos aromas, devuelvo esos sabores y echo a correr de nuevo por los callejones sórdidos que he habitado y por los bosques profundos en los que se encuentra mi madriguera.

Mañana llegará otro día, que con su noche, me llevará a otras praderas.

 

* Los textos hacen parte del fanzine de anarquismo relacional (A)rrebato. Que se fraguó y fue publicado en el año 2016 en Medellín, Colombia.

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Semblanza de la Autora:

Phenomena. Criatura fluctuante, biomujer, muy a menudo animalx. Anti/pseudo/semi filósofa de profesión, zurcidora de fanzines, participante de varias colectivas y proyectos editoriales con intereses -y pasiones- por el antiespecismo, los feminismos y el transfeminismo, gorda vegana -sin que ello implique una contradicción-. Actualmente parte de la editorial Disputa.

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“Feministlán» no existe

fotografía por Vanessa DeVilbiss
fotografía por Vanessa DeVilbiss

por Nat Saxosa (Feminista Incómoda)

Sé que esto decepcionará a más de una, Feministlán no existe.

No hay y nunca ha habido una isla tipo amazonas en donde se viva en el feminismo.

Se puede, como hemos visto, «Vivir del feminismo», aunque no sé que tan ético ó congruente sea eso, tampoco voy a meterme a ese análisis. Si hay quienes venden y compran feminismo, siguiendo una lógica de consumo neoliberal … seguramente les funciona.

¿Pero ”Vivir en el feminismo? ¿Es esto realmente posible?

     Para comenzar habría que revisar a profundidad la historia de los feminismos, para saber si en algún momento existió algo como eso. No, jamás. Y lo más revelador y al parecer a ratos se nos olvida es: Nunca se ha podido centralizar al feminismo.

     Claro que se ha intentado homologar al feminismo y sus luchas, primordialmente por grupos y discursos adaptables, que sirven a algún sistema de opresión o provienen de los grupos dominantes de la sociedad.

El feminismo más que un árbol parece un jardín, o mejor dicho … una selva.

     Una selva en la que hay pequeños grupos de entidades vivas, organizadas, maleza, depredadores y un sinfín de variedades de flora y fauna; una selva en la que algunas de estas entidades han encontrado el modo de permanecer, de coexistir, algunas incluso han hecho alianza para subsistir. Una donde se comparte un piso fértil del que han germinado muchas luchas, muchas ideas y discursos, muchos movimientos.

     “Feministlán« no existe ni podría existir.

     El más importante de los inconvenientes seria el hecho de que existen/existimos muchxs feministas que no están interesadxs en unirse».

     Uno de los mensajes «subliminales» que manda esta nueva oleada de discursos feministas es: «unirnos por bien del feminismo», algo así como un meta-feminismo buscando un solo objetivo … (inserte aquí signos de interrogación)

     ¿Cuando hemos buscado en los feminismos una sola cosa?

     No, no es lo mismo querer igualdad entre hombres y mujeres, primordialmente en un sistema jurídico, que dinamitar el género, ó derrocar al hetero-patriarcado capitalista y es evidente que entre todas esas búsquedas la radicalidad juega un papel primordial. Y yo iba a ser #FeministaRadical pero … (inserte aquí más signos de interrogación)

     Esta trivialización de lo radical no es casual. La radicalidad no está en las prácticas que se lleven a cabo; eso sería congruencia con un pensamiento radical (esa misma congruencia que a todas nos falta, unas más, otras menos, pero de donde siempre flaqueamos), la radicalidad está en la capacidad de hurgar en las entrañas del monstruo, de seguir/se cuestionando/se, odiar las simplezas de las dicotomías y rehusarse a los determinismos.

     Así que pensar que ser radical significa llegar a odiar a los hombres es a todas luces una idea sacada de un constructo patriarcal sobre las feministas y la radicalidad.

     Como si para odiar hombres fuera necesario ser radical, como si con ser culeros no se ganaran a pulso el odio que se les profesa. Quizás no todos sean así, quizás todxs seamos así, quizás… sea mejor dejar esa pregunta para después.

     Y entonces si #NoTodasOdiamosHombres, #NoTodasQueremosPerrear,  #NoTodasSomosLesbianas … entonces, esta no es nuestra revolución.

     Mejor dicho nunca: ESTA NO ES NUESTRA REVOLUCIÓN y el mundo no se acaba por ello. Porque las luchas, movimientos, colectividades y discursos de las feministas no tienen porque quedarnos a la medida; en todo caso, si no nos gustan, hagamos unos que si nos acomoden. Pero esa amenaza de, si tal o cual característica no me acomoda me voy, nos hace presuponer peligrosamente que somos necesarias.

     Así como hay quienes creen que los hombres son necesarios para los movimientos feministas y crean campañas como #HeForShe.

     No, no son necesarios; ni ellos, ni nosotras. Porque esas luchas y movimientos se mantienen de otras más, otras que NECESITAN DE ESOS MOVIMIENTOS, que necesitan como nombrar al mundo, como recuperar la fe en otros mundos posibles; otras que necesitan de esas luchas para sobrevivir. A esas no les importa si nos vamos o no; ya han caminado bastante sin nosotrxs, y sin nosotrxs lo seguirán haciendo.

     Esas (que también somos nosotras) son otras. Y si bien podemos ser sororas (esa tan mentada sororidad) es siempre una opción, que además no implica un vínculo, un acuerdo o una emoción… solo es una estrategia, una táctica para sobrevivir.

     Las otras y nosotras, esa delgada e indispensable línea que nos sirve de recordatorio constante de que no somos iguales, … pensaría incluso que no debemos ser iguales.

     ¿Quién nos retaría entonces a pensar en otras posturas?, ¿Quién nos confrontaría con nuestros propios discursos, ideas, acciones, posturas y creencias?, ¿Cómo colectivizar un movimiento, una lucha, si somos homólogas?.

     “Feministlán no es nada más y nada menos que una justificación que buscamos para que en pos de «ser parte» nos sea conferida una autoridad moral/ética para expresar nuestro sentir/pensar.

     Así, enunciado a “Feministlán podemos hablar de aquellas, esas que NO nos han pedido nuestras opiniones, las que no han querido hacer manada con nosotras, esas que se encuentran en el otro lado de nuestros códigos éticos. Nos permite hablarles a ellas para señalarles aquello que están haciendo mal y que evidentemente nosotras hacemos bien.

¿A qué se reduce eso? A un espacio imaginario.

     Si, imaginario, en el que existe algo como un carné feminista (que te acredita como feminista), vigilado por un “feministometro« (que nos indica que tan feministas somos y en que «nivel» estamos) y que cuenta con su micro-farándula de las mejores feministas … estupideces en todo sentido.

     Porque en los espacios cotidianos, no importa que tantos libros de feminismo tengas o no en la biblioteca, cualquier día te arrinconan entre 3 para violarte. Estupideces, porque con todo el vello púbico que tenga ó no, en este mundo sigo siendo menos que cualquiera que nazca con un pene. No van a importar mis 200 pts. en el “feministometro” a quien quiera joderme fuera de ese imaginario de feministlán”, de todos modos sigo sin importar en este mundo y nos siguen matando todos los días.

     Quizás, ésta sea la trampa de feministlán. Hacernos creer que hemos llegado al punto en el que no tenemos suficientes problemas con vivir en un sistema patriarcal, hetero-normativo, capitalista, racista, gordofobico, etc., y que tan hemos superado esas opresiones que es hora de empezar a disputarnos el poder, un poder también imaginario.

     Y no, el llamado no es a que nos unamos por el «bien» del feminismo, quizás lo que este texto intenta es reiterar que a pesar de que se pueda disentir de las posturas y apuestas de otras, que desde nuestros marcos teóricos o experiencias de vida hay cosas que no se deben hacer y otras que si, que a pesar de incluso encontrarnos tajantemente desvinculadas de las apuestas de las demás, ellas no necesitan de nuestra aprobación. Que cada quien anda por los caminos que quiere, en los procesos que puede y las consecuencias de ello son enteramente responsabilidad de ellas.

     Llamémonos pues: violentas, incongruentes, problemáticas, jerárquicas, etc. y asumamos lo que tengamos/queramos asumir y trabajar. Y superemos de una vez por todas esa falacia «ad hominem» de demeritar lo que se dice solo por quien lo dice. O que a la inversa, le demos más peso a la «personalidad» o los «modos» que a las ideas.

El feminismo yo lo conocí como una teoría emancipadora, emancipémonos entonces.

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Bacanal, fiesta, orgía, encuentro, celebración, carnaval en la Academia

fotografía del archivo Walpurgis Gara
fotografía del archivo Walpurgis Gara

por Adriana Raggi

Una bacanal como forma de resistencia es lo que ha sucedido en el Posgrado de Artes y Diseño de la UNAM. En las dos últimas generaciones de la maestría ha habido una revolución de formas y conceptos. Una serie de jóvenes han entrado al posgrado a hablar más allá de lo impuesto, a hablar del cuerpo, la raza, las búsquedas sexuales y sus relaciones de estos temas con el arte. Relaciones que tienen que ver, también, con las formas de producción artística. El destino alcanzó a la academia desde el carnaval.
Y desde ahí es que yo celebro el poder ser testigo, y cómplice, de esta búsqueda de un lugar por parte de quienes suelen ser excluidos de diversos espacios artísticos y sociales. El pensamiento de quienes llegaron a la FAD en estas generaciones es uno de cuestionamiento de la normalidad, de las ideas de superioridad y la heteronormatividad y es generado por artistas como Benjamín Martínez “Walpurgis Gara”, Lizeth Gamboa “Liz Misterio”, Mirna Roldán, Alex Xavier Aceves Bernal, Ivelin Meza*, Carlos Romualdo o Paola García.
Pero lo más relevante para la academia es que es una forma de confrontar el conservadurismo tanto de pensamiento como de producción artística. El hecho de que estos alumnos hayan sido aceptados en la maestría es ya un logro, en cierta forma una muestra de su fortaleza y capacidad conceptual y su calidad artística, pasaron por una serie de trabas ideológicas, tanto del pensamiento como de la idea de la factura artística.
Sus obras no caben en la noción que se impone en el Posgrado de Artes y Diseño, ellos no buscan talleres que les den una introducción a la técnica –eso ya lo pasaron en la licenciatura– buscan confrontarse con la producción artística desde todo un proceso conceptual y de creación de espacios para hablar de las cosas que no se hablan: la sexualidad desde la disidencia, la identidad indígena y su exclusión, los proceso artísticos como espacios de discusión. A todos se les ha cuestionado si lo que hacen es arte, si sus enfrentamiento a la fotografía es válido, que si no tienen un espacio porque ¿en qué orientación del posgrado pueden estar?, que si su trabajo es o no es válido.
Lo que han hecho todos y cada uno de ellos, es confrontar a algunos profesores con una realidad: el arte hoy en día es algo más de lo que ellos creían. Han logrado introducir cuestionamientos en nuestra conservadora facultad, han producido espacios de discusión como Hysteria Revista y han invitado a agentes externos a mirarnos, cuestión sumamente importante e interesante. Personas que pueden darnos una mirada diferente y productiva, como Erika Lindig, Rían Lozano, Nina Hoechtl, Cuauhtémoc Medina o Deborah Dorotinsky, y muchos más que han volteado hacia nosotros gracias a otras formas de presentarnos. Y claro, con ellos hemos participado distintos profesores de la facultad, que hemos aprendido, y propiciado otras formas de hacer.
Estas otras formas de hacer también son importantes para buscar otras estructuras educativas en el arte. Nos encontramos un lugar de educación, en donde el principal problema es la pregunta por lo que estudia un posgrado en arte. Pienso que el enfrentamiento que podemos tener ante este problema se hizo desde el carnaval, porque fue desde el cuestionar de muchas formas y nunca de un enfrentamiento que surgiera de la rabia o la amargura. Los alumnos llegaron al posgrado y desde diferentes formas de disidencia, desde su cuerpo sexual, social, indígena, y desde el cuerpo de otros, lograron mover formas de hacer y de ver. Lo cuir, queer, indígena, trans, lo diferente nos dieron un golpe de carnaval.

Abril 2016

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*N.deR. Ahora Ivelin Buenrostro

Adriana Raggi

Doctora en Historia del arte por el IIE de la UNAM. Obtuvo la licenciatura en Artes Visuales en la ENAP (hoy FAD) de la UNAM en 1993. De 1995 a 1996 asistió como Estudiante Invitada a la Kunstakademie Düsseldorf, Alemania. En 2002 obtuvo el grado de Maestra en Historia del arte, IIE, UNAM. En el 2013 obtuvo doctorado en Historia del arte, IIE, UNAM. En 2013 cursó el Diplomado en Fotonarrativa y Nuevos Medios de World Press Photo y la Fundación Pedro Meyer.

Actualmente es profesora de tiempo completo de la FAD, UNAM. Además ha impartido clases en la Fundación Pedro Meyer y La Esmeralda, INBA. Es miembro del colectivo Las Disidentes,

Página web: adrianaraggi.net y lasdisidentes.com

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Horchi-puerquix (Orgía puerca)

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“Mapa Rosa” por Felipe Ugalde

por Axyz (Axler YezSal)

No necesitamos sino la ganas, y la ausencia de un ridículo freno moral, para buscar complacer nuestras pasiones más bajas… o las más altas, depende en qué posición nos guste clavarnos, engancharnos o sobarnos; si con la cabeza… o los pies, es que nos gusta llegar a las vísceras, o que nos lleguen a las nuestras, nos cumplan las fantasías, digo.

Como en el carnaval de Saint-Saëns, para gozar hay que devenir animales, liberar a nuestrx reptil, poni, sirena o puerca interior, abrir la jaula de la de-formación humana, que tanto daño hace a la humanidad cuando le prohíbe de disfrutar del perrito, ya se sabe a lo que me refiero: los colazos, las mordidas, los arañazos y hasta los pericazos.

Si en la casa de la vaca sagrada, la vaga burguesa, pues hoy día parece que el dinero hace más milagros que Dios, se arma la horchata, la bandita sólo llega cuando en vez de acompañarse con hamburguesas se sirven las hambur-proles y veganas. La bola de animales llega y trae el carnaval consigo, la parafernalia, como en los tiempos de Dionisio, cuando se respetaban a los dioses y no se mataba al que convertía el agua en vino, ni a la madre naturaleza, ¡idiotas!…

El carnaval comienza como en Veracruz pues la vaca recibe a la morena de fuego, a la zorra, pero esta historia no se desarrolla en aquel fraudulento estado, ¡ya hubieran matado a los animales y extorsionado a la vaca!, nos encontramos en una comuna lésbico-mariK/hippie/punk, es por eso que aquí a la vaca sagrada no se la comían (se la follaban), y que a la zorra ésta la recibe con el acto más nutricio, le da de mamar de su ubre, a lo que la zorra le agradece acariciando su rostro, de las manchas a los cuernos, con su esponjada cola.

Llega la jirafa y éstas otras dos se emocionan, sus corazones laten acelerados pues no pueden esperar recorrer esas larguísimas piernas, así como besar ese cuello tan fino que sostiene una lengua tan larga que llega a cualquier rincón, hasta al fondo de la nariz de la misma jirafa. Las tres gracias no pueden ser capturadas en un cuadro, el trío lésbico es la prueba de que el falo no existe, está en nuestra imaginación.

Y hablando de tres llegan tres ostras, besándose sus labios que escondían algo parecido a una perla, manantiales que eyaculaban, cada una poseyó los mayores labios de cada una de las mamíferas, los de la boca ¡claro está!, así la vaca, la zorra y la jirafa pudieron probar las capacidades de las moluscas: pasar la perla de unos labios a los otros.

Siguiendo ellas en sus asuntos llegan el oso y la nutria, como eran una pareja dispareja de gays que sólo disfrutaban de la sodomía decidieron comenzar por su cuenta, la nutria tenía gran habilidad para recorrer el cuerpo del oso, a pesar de su tamaño, y el oso disfrutaba de poder abarcar todo el placer de la nutria con una sola mano. Dicen que el que mucho abarca poco aprieta, pero el oso podía abarcar a la nutria, y también apretar, a pesar del tamaño del otro miembro.

Tanta feromona volaba ya por los aires, ¡pelos por todos lados! y los animales apenas iniciaban. Como esta comuna estaba en un lugar de esos ¡que quedan pocos en México!, los demás animales llegaron retrasados, como muchas reglas que llegan después de lo que se espera, también se atrasó el vuelo del quetzal, pues se estaba parando el moicano. Como a todxs fascinaba la belleza de este animal, además de su gran cola, interrumpió por un momento los rezos que sollozaban los animales entre pujidos y logró lo inesperado, una des-estructuración de las prácticas de los animales. Pues el quetzal no sólo era sexxxy, también dadivoso, llevaba en el pico bayas para todxs, también les dio algunas venidas, pasado el rato, tantas buenas venidas que los otros animales interrumpieron su gozo para lamentar que su amigo estuviera en peligro de extinción.

En eso llegó la mantis, los miraba con la cara en alto y evitaba el contacto, sólo quería mirar un rato. En un convertible llegaron el camarón, el pez espada y unos renacuajos. El camarón era todo un güerejo descolorido, el junior de don langostino, de allá del norte; y sus amigos eran unos jóvenes bellos e ilusos adolescentes que apenas descubren las virtudes de los vicios.

La horchata no tardó en derramarse, ya pasaba de la media noche, y todos se quedaron porque les cerraron el metro, excepto la zorra, quien corrió veloz tras el último vagón, aún podía pasar unas horas esta noche en otra casa, con otro animal.

El pez espada era la sensación, pues su nariz era tan grande como su verga. La excitación era tan grande que, repentinamente, el koala (que nadie vio venir) penetró al pez por una branquia, mientras que un flamingo los tomó entre las patas, y se dejó venir.

La noche apenas empezaba, y los renacuajos estaban en boca de todos, sobre todo por su entusiasmo juvenil del que la vaca sagrada carecía. No obstante todos encontraron una buena acogida por parte de las otras especies de gustos, y hasta de disgustos. Había leche, perlas y escamas por todos lados. Tantas cosas pasaron esa noche que los renacuajos se convirtieron en sapos y ranas, aprendieron a usar su larga lengua.

Todo iba muy bien hasta que llega el toro y les descubre. Éste conmociona, ¡cómo fueron capaces de no invitarlo!, sin perder tiempo intenta meter su cuerno en la primera cola que encuentra, pero sólo halla resistencia en cada animal, pues sus modales lo vuelven indeseable. Frustrado se va a buscar alguna nariz, oreja o boca dispuesta a su cuerno, pero no lo consigue… comienza a derramar su mala leche y a incomodar, así que entre picotazos, espadazos, botellazos ¡y hasta un cabezado de la jirafa! Lo ahuyentan. Llegan los puercos, la noche es joven, estos puercos no reprimen, se revuelcan, dicen que las cochinas no mienten.

La mantis intenta devorar a cada uno de los machos, todos la abandonan porque sus mordidas no van acompañadas de deseo por el otro, sino de hambre propia. Encuentra en el camarón un reto, duro de roer. Escapan juntos en el carro del hijo de papi, al poco rato sacan el perico de la guantera, ella enloquece, descubre su parte más blanda, que tiene caca en la cabeza, intenta cometer un crimen pasional, pero él trae un arma, la mata de un disparo, la arroja desde el coche, y en un arrebato de cocaína el camarón se arroja con su auto a un río de aguas negras, muere ahogado.

El macho burgués, el toro, tuvo un glorioso desenlace, murió con una verga en la boca. Tras conocer una zorra en una esquina, intenta propasarse, le agarra, se lleva una sorpresa, saca la homofobia, la zorra es más cabrona, se la clava en el corazón, la navaja que traía en los calzones, la sorpresa, le corta la verga y se la mete a la boca, luego se la mete al toro y le roba la cartera.

A pesar de la verga en la boca, la horchi-puerquix es mejor opción, amanecer en un carnaval de animales, juro que la verga está sobrevalorada cuando hay garras, picos, ubres, aletas y pelos por todos lados… cuando los humanos y las puercas se revuelcan hasta que ya no se distingue dónde empieza uno y termina el otro, o la otra, o lxs otrxs. Hasta fundirnos en orgasmos de 30 minutos… como cualquier marranx.

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Axler Yépez Saldaña. Originario de Xalapa, Ver. Actualmente CdMx. Durante mi estancia por el Monstruito Federal estudié psicología, aunque en vez de ejercerla me he dedicado a la formación e investigación en humanidades, sobre todo en posiciones desde el psicoanálisis, el feminismo descolonial, la filosofía, y las artes; practico el teatro así como la escritura académica y letras libres, y técnicas de análisis.

Página personal: https://www.facebook.com/PsicoAx

Página colectiva: https://www.facebook.com/fragmentoskitsch/

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De chichifos y otras puterías

por Alex Xavier Aceves Bernal
por Alex Xavier Aceves Bernal

Por Axler Yépez Saldaña

“¿O cuál es más de culpar? ¿La que peca por la paga o el que paga por pecar?”

Sor Juana

Esta vez quiero presentar una serie de reflexiones que me han ocupado durante mi último viaje familiar por las grandes montañas y los Tuxtlas en Veracruz, como una reapropiación a la tradición mexicana del conocido maratón “Guadalupe-reyes” (influencia católica, ¿dónde?). Igual que el catolicismo nuestra cultura mexicana esconde una doble moral que permite hablar de algunas de nuestras prácticas cotidianas y esconder otras que también ocurren; parece una especie de variante del mundo público y el mundo privado, en el que hay un conjunto de normas de convivencia sistemática que van desde las plazas públicas hasta la propiedad privada, habitaciones propias, donde hay cosas dichas y otras no dichas.

     Lo que deviene privado es exclusivo de ciertas miradas, lo que deviene público es visible y tiene potencial de ser compartido con una comunidad.  La sombra judeo-cristiana que carga el sistema colonial moderno continúa estigmatizando las prácticas sexuales para mantener vigente la organización hegemónica burguesa de la “civilización” occidental: la familia; así encontramos que supuestamente para ejercer “libremente” nuestra sexualidad se espera que lo hagamos en privado, además de que las transgresiones a la heteronorma y la moral sexual cultural en general también deben ser ocultas, al menos del discurso explícito.

     Pensando en el trabajo sexual me parece fácil de mostrar la labor de nuestras amigas prostitutas, insertas en un claro sistema de compra-venta de un servicio: uno paga para obtener, a cambio, que ella acceda a realizar determinadas prácticas sexuales con el cliente. Su caso me parece interesante por la clara visibilidad de este tipo de trabajo sexual debido a su prevalencia en algunas “calles” y establecimientos privados, conocidas popularmente.

     Estos días que me he encontrado en Xalapa ocurrió la represión pública del gobierno del estado de Javier Duarte a algunos ancianos manifestantes por no recibir su pensión derivada de su servicio docente. Junto a esta nota que generó reacciones críticas, también cabría destacar que hay quienes no tienen acceso a una pensión, o a algún beneficio pos-laboral durante la vejez protegido por instituciones públicas, un ejemplo son justamente las prostitutas, cuya falta de reconocimiento institucional (sobre todo de tipo jurídico) de su trabajo público, genera condiciones que van desde el proxenetismo (lo que llega a confundir esta práctica con la trata) y los riesgos de salud e integridad, hasta la libre elección del oficio por comodidad económica.

     La visibilidad de las trabajadoras sexuales se presenta en horario diurno en zonas como La Merced en la Ciudad de México, y la zona aledaña al Mercado Jáuregui en Xalapa. También se presenta visibilidad nocturna (Av. Sullivan CDMX), es curioso que sea tan visible el trabajo sexual de mujeres, y varones, que asumen un rol femenino. En las calles, avenidas y establecimientos, hombres ofrecen servicios sexuales asumiendo el rol femenino (Insurgentes sur y Calzada de Tlalpan, CDMX; Lázaro Cárdenas en Xalapa) diría que es improbable encontrar a mujeres ofreciendo servicio sexual estando ellas masculinizadas. Aunque el consumo de prácticas sexuales, con varones masculinos, también se muestra visible de noche (Calle Hamburgo, Zona Rosa CDMX) , en este caso al menos en apariencia pues estos hombres son contratados frecuentemente para prácticas homoeróticas, ¿qué tan masculino puede ser eso? Por supuesto también se oferta este servicio para mujeres, claro está que tiende más al ámbito privado.

     Cuando la joven Marta Lamas hacía travestismo político y se vestía de prostituta, ya venía buscando beneficios para este sistema de compra-venta de un servicio “sexualizado”, no sólo jurídicos sino también sanitarios. Es ético y solidario pensar en un marco de derechos para el trabajo sexual. Ahora, creo que esto implica una reivindicación de nuestra manera de pensar el trabajo sexual, pues no sólo incluye lo fácilmente reconocible: a las mujeres prostitutas, sino también otras prácticas insertas en dinámicas de capital de una manera socialmente aceptada, o socialmente oculta.

     Tal vez a esto debemos que La marcha de las putas no sea de prostitutas sino de mujeres y varones solidari@s que entienden que ser una “puta” no es ser una prostituta, sino una figura estigmatizada por su condición de género. Así las prostitutas, comúnmente nombradas como putas, se disuelven con otras féminas en la injuria “puta” aplicada para con aquellas mujeres que gozan de la promiscuidad.

     Vivimos insertos en sistemas de dominación, tanto nos habituamos que no siempre los reconocemos. Otra práctica sexual inserta en el sistema económico es la dinámica que genera el matrimonio a partir de acuerdo implícito, fácilmente explicitable, sobre el trabajo doméstico no remunerado y la crianza, dos labores asignadas a las mujeres. Si le sumamos la actividad sexual en la que también participa la esposa tenemos 3 labores no remuneradas. Los roles familiares de las mujeres para con los otros resultan más baratos que una enfermera a sueldo, quien además trabaja sólo por unas horas al día. Vale la pena mencionar que existen excepciones, por parte de ellas y de ellos, pues para cubrir su rol, u obtener beneficios, también los hombres realizan trabajo doméstico, y procuran a los demás, sólo que tradicionalmente suelen realizar labores que no desempeña la trabajadora doméstica sino un carpintero, fontanero o cargador.

     A diferencia de la esposa, reconocida públicamente, tenemos a “la otra”, quien obtiene beneficios sexuales y/o afectivos, y en algunas ocasiones monetarios; esta mujer quien también puede asumir un rol servil se diferencia de la esposa por la  falta de reconocimiento jurídico y/o público. Diría mi informante “legalmente las amantes no tienen derecho a nada”, aunque esto sólo aplicaría en los casos en que hallemos un macho proveedor, en caso contrario los hombres suelen ser quienes se encuentran en la condición de subordinación.

     Para quienes no contraen el pacto matrimonial, pero viven dentro de la fantasía del amor romántico también existe la tendencia a fantasías monógamas, casi siempre irrealizables, Marx fue incapaz de advertirnos sobre volver propiedad privada a las personas con quienes realizamos prácticas sexuales, la ideología de-forma nuestros afectos. Para despejar mis dudas al respecto de prácticas lucrativas en ambientes afectivos, recurrí a una charla con un carpintero conocido de Ciudad Lerdo, Veracruz. El motivo es que en su taller encontramos a un grupo de jóvenes que comparten tiempo entre compañerismo y el desarrollo del oficio de carpintería y tejido en muebles, del que reciben su respectiva paga; para mantener su identidad anónima lo nombro Enmascarado pues durante la plática mencionó que todos tenemos diferentes máscaras y las usamos dependiendo de dónde nos encontremos -casi escuchaba las máscaras mexicanas de Octavio Pus.

-De aquí para allá- dijo el Enmascarado, señalando la puerta de entrada a su casa a escaso medio metro de donde estábamos sentados. Menciona que -se rumoran muchas cosas sobre lo ocurrido dentro de su casa-taller, y muy seguro afirma -yo por mi parte no tengo nada que esconder (…) sé lo que pasa allá dentro- invitándonos a la sospecha de la experiencia privada. El Enmascarado se siente cómodo de mantener vínculos afectivos con algunos jóvenes de la zona a quienes enseña carpintería y tejido. A sus 55 años, descubre que los jóvenes tienden a compartir su tiempo con él en el taller, y durante su tiempo de esparcimiento, pues el ambiente entre ellos les genera mayor estabilidad emocional que la que encuentran en sus casas. Curiosamente, sin hacer insinuaciones psicoanalíticas, varios de estos jóvenes le han confesado –amarlo como a un padre- pero él asegura que prefiere un amor de otro tipo, pues los sentimientos de esos muchachos hacia sus padres suelen ser de rechazo o indiferencia.

     Enmascarado confiesa que no busca un compromiso, pues asumiendo que le correspondería un rol proveedor, por su condición de varón, no siente que pueda desempeñarlo con su oficio. Algo contradictorio pues en varias ocasiones ha dedicado periodos de su vida a procurar a otras personas que quería y no a sí mismo, como mencionó. Tenemos que es el hijo menor de 10 hermanos, asume la responsabilidad de cuidar a su padre y a su madre cuando mueren y cría a dos de sus sobrinos que lo reconocen como un padre. Tras estas situaciones, también abandona su profesión de normalista. Con el tiempo desempeña el oficio de carpintero y comienza a formar esta red afectiva con los jóvenes que, ya van varias “generaciones”, han pasado por este taller.

     La figura del chichifo entonces emerge en mi mente como una contraparte dada por parte de algunos varones que, a partir de intereses personales, ofrecen acompañamiento a otros con o sin sentido sexual, o sea que el beneficio que estos obtienen puede darse a partir de prácticas sexuales, ofertadas implícitamente, o simplemente por su carisma. Y más allá de esta forma resultan más enriquecedoras las experiencias personales como cuando a mis amigas jotas, y a mí mismx, nos han invitado más de una cerveza por un interés entre “varones”. En el caso del chichifeo de hombres para mujeres, le pido instrucciones a alguien con más experiencia en el tema, pues lo que sabemos es sólo nuestra experiencia, como dijo en una charla mi empirista tía Cristina: cocinera y costurera.

     Para Enmascarado los vínculos no debieran funcionar a partir del lucro, pues en ese tipo de relación alguien sería el mandamás: él cree que su facilidad para convivir con jóvenes es por los cuidados mutuos, lo que le hace sentir que jamás está solo, pues ambas partes muestran un interés no sólo del tipo económico; sus opiniones y tonos de voz para con ellos son parte del goce del reconocimiento afectivo. Para mi informante tampoco el sexo casual es una práctica viable, pues se descuida al otro, no se le procura. Así que si pensamos que las prácticas homoeróticas entre varones son menos lucrativas si son casuales, estamos lejos de imaginar lo individualista que resulta el metreo como práctica de consumo de cuerpos como máquinas sexuales sin capital de por medio.

     Claro, por si llegamos a pensar que el sexo entre varones subvierte algo, nos equivocamos, ¡nada más falogocentrista que esto! Le faltó decir a Jacques Derrida, algo que ya sospechaba el buen Carlos Monsiváis, quien se definía a sí mismo como misógino feminista: en definitiva, las prácticas sexuales no se pueden separar de sistemas de dominación dentro de los que se presentan insertas en dinámicas de poder, y para esto es necesario reconocer la visibilidad de las prostitutas como una posición fronteriza entre lo público y lo privado, promovida por el heterosexismo hegemónico y escondida por discursos legítimos del Estado, que debiera servir para garantizar nuestros derechos humanos. Obviamente el “civilizado” marco jurídico para el matrimonio tiene una carga moralista que los sujetos de género de nuestras modernidades alternativas en México aún no alcanzan a notar, pues se ha de-formado su subjetividad.

     Ni los chichifos, ni las putas, ni las quimeras parecen estar menos contagiadxs de la domesticación del deseo sexual para su mejor inserción en este sistema mexicano –de la mierda- que nos tiene enajenados. Terminando esta reflexión sobre el reconocimiento de la presencia de trabajo sexual cotidiano, y más allá del tabú de la sexualidad que arrastra nuestra cultura racista, clasista y estigmatizadora sólo quedan nuestras prácticas. No sólo se domesticó nuestro deseo sexual, ¡ojalá sólo fuera eso!, fijémonos más en lo que vemos y sospechemos lo que no vemos… ¿o nadie se pregunta qué hay tras un montón de machos y machas mexican@s gritando -eeeeh… ¡putos!- en un estadio?

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Axñler-YepezAxler Yépez Saldaña. Nací en Xalapa en 1992, ciudad que habité hasta los 18, me mudé al Distrito Federal donde estudié la licenciatura en Psicología por la Facultad de Psicología UNAM, titulándome en el 2015 con mención honorífica. Durante mi estancia por la actual Ciudad de México me he dedicado a la formación e investigación en humanidades, asistiendo a talleres posicionados desde el feminismo, la filosofía, el psicoanálisis y las artes, formo parte del grupo de trabajo MANUELA que prepara el seminario “Cultura Visual y Género” del semestre 2016-2 en el Museo Universitario de Arte Contemporáneo. Practico el teatro como tallerista, director y actor, realicé la adaptación y montaje de 2 libretos (Las brujas de Salem y Casa de Muñecas) además de ensayar la escritura académica y de estilo libre, con algunas publicaciones. Actualmente tengo una beca de investigación y edición de videos en la biblioteca “Rosario Castellanos” del PUEG, UNAM; trabajo colectivamente la puesta escénica de “La filosofía del tocador” del Marqués de Sade y practico la psicoterapia, la escritura y algunos proyectos artísticos personales en los tiempos libres.

Página personal: https://www.facebook.com/PsicoAx

Página colectiva: https://www.facebook.com/fragmentoskitsch/

 

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Lo que nadie me dijo de la disidencia sexual

por Benjamín J. M. Martínez Castañeda

Hace poco, no mucho, alguien me hizo una pregunta: ¿Cómo llegaste a los estudios de género y a la teoría queer? Fue algo que no supe contestar de primer momento. Después de tratar de recordar de manera veloz cómo llegué ahí, vino a mi mente una imagen de cuando tenía 18 años; me encontraba cursando el tercer año de preparatoria y tenía que acreditar una materia llamada Historia de la cultura, la cual impartía el profesor Héctor Jiménez en la ENP 1 “Gabino Barreda”. La indicación del profesor fue: elegir un tema contemporáneo y desarrollarlo desde alguna de las metodologías vistas en clase. Yo no sabía qué hacer, pero un buen día fui con mis amigos al Living de Reforma; esa noche se encontraba ahí Guadalupe Loaeza, había ido a anunciar que escribiría un libro sobre la “cultura homosexual”, el cual, tiempo después se publicó bajo el nombre: En el clóset (2010). Cuando el profesor Héctor nos preguntó de qué escribiríamos para nuestro ensayo final, yo le pregunté si se podía hablar de una cierta cultura homosexual; él contestó que sería un buen tema de investigación y me aconsejaba revisarlo desde los estudios lésbico-gay, de su boca comenzaron a salir nombres al infinito; el único que pude grabarme en la cabeza fue el de Antonio Marquet.

    El primer, y único, libro que revisé de Marquet en aquel año 2007 fue: ¡Que se quede el infinito sin estrellas! La cultura gay a fin de milenio (2001). En él encontré un vasto archivo sobre el movimiento LGBT desde los años 60 hasta los 90 del siglo XX. A decir verdad, no me sentía identificado con esas luchas, sin embargo, me llamaba la atención la forma en que se colectivizaba el movimiento; algo que me hacía ruido era que los colectivos se hacían, se deshacían y rehacían. Mi pregunta es: ¿por qué? La respuesta la supe muchos años después, más adelante hablaré al respecto. En aquel libro de Marquet también encontraba manifestaciones artísticas bajo los nombres de Julio Galán, Armando Cristeto, Tito Vasconcelos, Alejandra Bogue, entre otros, además de festivales como la Semana Cultural Lésbica Gay. El movimiento LGBT se veía consolidado y fuerte, pero algo estaba pasando en mi generación: la disidencia se disolvía. Entre mis amigos y compañeros lesbianas y homosexuales no sentíamos represión ni opresión, al contrario, sentíamos gran libertad para salir a las calles sin pancartas ni marcas en el cuerpo.

   Al externar este sentimiento con el profesor Héctor, me pedía que revisara los medios de comunicación, en particular los programas de televisión,  y cómo se usaba la figura de las identidades lésbico-gay en ellos. Yo casi no veo televisión, fue un trabajo bastante difícil. El primer personaje abiertamente gay que recuerdo en una telenovela era un chico llamado Freddy, después aparece su novio Charlie, esto en la telenovela Clase 406 (2002). En una de esas ojeadas a la TV, estaba el escándalo: ¡Christian Chávez es gay! Para mí fue un: ¡bah! ¿Apenas lo saben? Para mí era más que obvio, él era cliente frecuente del mítico Living de Reforma. Después de esta desgarradora noticia sobre la sexualidad de quien pintaba para galán de telenovela, di con los programas Válvula de escape (2001-2001) y Desde Gayola (2002-2006 / 2008-2013), ambos conducidos por Horacio Villalobos. En estos programas se hablaba de la diversidad sexual, pero con un conductor de clóset, racista y clasista; todo el tiempo Villalobos se la pasaba menospreciando las producciones locales y enalteciendo las gringas, de los artistas que ocultaban su sexualidad Villalobos de jotitas chuscas no los bajaba. ¿Cómo alguien que habla de diversidad sexual, se puede expresar así en medios masivos de comunicación? Y qué decir de La Manigüis, personaje creado por Villalobos para Desde Gayola y que, en lugar de dignificar la figura y la identidad del homosexual, la humillaba públicamente. Alejandra Bogue pertenecía al equipo de Desde Gayola, en el año 2005, luego deja el programa y, a partir de esto, Villalobos se expresa de ella como «el viejito con chichis de labio leporino». Vuelvo a mi pregunta: ¿es justo que alguien que intenta hablar del nuevo movimiento homosexual, se exprese así de una persona transgénero, olvidando la lucha que hay detrás de todo el movimiento de liberación LGBT?

     Así fue mi primer acercamiento con los estudios lésbico-gay. Sobre el trabajo que tenía que presentar realmente no recuerdo nada sobre el desarrollo ni las conclusiones, sólo conservo las fuentes de investigación. Sobre el cómo llegué a la teoría queer, siento yo que fue más dramático. Me encontraba saliendo como novios con un médico y todo pintaba color de rosa, pensábamos en formar un hogar en cuanto yo terminara la licenciatura –semejante idea propia de un joven de 19 años- ; él era todo para mí y supongo que yo para él igual, pues no me dejaba ni a sol ni a sombra. ¡Qué ironía es esto del amor romántico-celoso-posesivo! Los últimos meses de relación fueron bastante tormentosos, él se enojaba si yo salía con mis amigos, pero como todo tiene límites, yo llegué al mío; decidí que nuestra relación terminaría, las razones que le di, fueron: no estoy dispuesto a ser propiedad de nadie. ¿En qué momento se le ocurrió decir esto a un joven enamorado? Como respuesta obtuve: «está bien, mejor así, porque como te gusta salir mucho, en una de esas te acuestas con alguien y me contagias». ¡Uf!  En aquel tiempo (2010) me encontraba haciendo mi tesis de licenciatura El cuerpo post-humano y el cuerpo transexuado. El discurso de la jotería, en la cual estudiaba desde la fenomenología y postestructuralismo la figura del drag queen, encontraba en el cuerpo y el lenguaje los eslabones de la inteligibilidad discursiva. Mi trabajo de campo lo realicé tomando fotos y anotaciones en los shows de Las Hermanas Vampiro, en particular con Oswaldo Calderón, Carlos Bieletto y Roberto Cabral; en ellos vi la reflexión política que yo necesitaba: el perreo. Perra que ladra primero es pendeja –dice Oswaldo Calderón-, y de eso se trata, de ser cautelosos y hacer de las palabras nuestras armas; aquí aprendí la violencia del lenguaje. Todo esto me tenía muy ocupado como para tirarme a llorar por alguien; en una de esas visitas rápidas que uno hace a la biblioteca en tiempos muertos encontré el libro Foucault y la Teoría Queer (2004) de Tamsin Spargo. Me puse a investigar el término y las búsqueda me dirigía a autoras como Butler y Preciado.

     En ese momento no me adentré en la teoría queer porque no la entendía, recurrí a las traducciones de Marquet: El crepúsculo de heterolandia. Mester de jotería. Ensayos sobre cultura de las exuberantes tierras de la Nación Queer (2006); me sentía atraído a él en cuando a la mariconería y la jotería como formas de desarmar la heterosexualidad ante las producciones culturales así como resistencia al discurso homonormado, es decir, la mercantilización de lo gay desde las relaciones de poder patriarcales. Para Marquet la Nación Queer está compuesta por identidades y cuerpos transgéneros, transexuales, lesbianas, homosexuales, bisexuales, intersexuales, travestis; todas aquellas identidades que resisten y niegan las sexualidades binarias. Solo que algo no andaba bien en la traducción. Esta fue la idea que yo tenía sobre lo queer. Terminé mi tesis y comenzaba a leer un poco de Beatriz Preciado, ahora Paul B. Preciado, y esa idea de los cuerpos parlantes y deseantes, la concepción del dildo potens, en sí, todas esas construcciones sobre la contrasexualidad y políticas anales me chiflaban la cabeza; encontré en Preciado a mi psicóloga y gurú que me orientó y auxilió para reconocer mi cuerpo, mi identidad y mis placeres, y así dejar de pensar en relaciones amorosas, interpersonales, amistosas y laborales, como relaciones verticales y heteronormativas.

     La primera cosa que nadie me dijo sobre la disidencia sexual: no le puedes decir «te quiero» a nadie, pues inmediatamente piensan que quieres algo “serio”. ¿Qué es serio? Sigo sin saberlo. Solo para aclarar, yo a mis amigxs les digo te quiero, como a Paco, Gab, Liz, Mirna, Adriana, Carmen, Moni (a ella le digo te amo), Oscar, Alex, Viky, Dany, Tadis, Abraham; así como a mis amantes, vigentes o no, como a Jesús, Ángel, Ignacio, Carlos, Daniel y los que se vayan sumando. El problema no está en el “te quiero”, el problema está en el decirlo. Hablar es confesar, es exponerte y volverte vulnerable; es bajar la guardia en estos tiempos donde se tiene que ser duro, donde todos estamos en busca de afectos, caricias y sentirnos queridos, sin necesidad de llegar a “lo serio”. Pero que miedo saber y reconocer que alguien me quiere en estos tiempos de individualismo. Yo no veo en el «te quiero» peligro alguno, al contrario, pienso que es un esfuerzo y una forma de preservar, se trata de un obrar a favor de la existencia humana; es decir, a favor y en función del amor que experimentamos como un proceso o devenir en estos tiempos de feminicidios, desaparecidos políticos, precariedad laboral…vulnerabilidad. Es estar con el hombro siempre libre para auxiliar a los que quiero y amo, es dormir con un ojo abierto para cuidar el sueño del otro; pero sobre todo, es poner el cuerpo para que el otro no muera en desgracia.

     Hace poco decidí alejarme un tanto de los estudios lésbico-gay y enfocarme de lleno en el estudio de la teoría queer y sus posibilidades en México, el «por qué», se lo debo a un mal sabor de boca. Fui invitado por las artistas, profesoras e investigadoras feministas queer Nina Hoechtl y Naomi Rincon-Gallardo a participar en lo que sería el XXVIII Festival Internacional por la Diversidad Sexual, antes Semana Cultural Lésbica Gay. Ellas fueron invitadas por la UNAM como curadoras de la exposición que cada año con año se realiza en el Museo Universitario del Chopo, ellas vienen de otras organizaciones, prácticas y escenas que no cuadran con la hegemonía LGBTTTI; la propuesta era agua fresca al canal estancado del movimiento LGBTTTI, el proyecto pensaba recompilar espectro y fragmentos de la diversidad sexual y su lucha en la Ciudad de México sin emitir juicios de valor entre las luchas. No sabía qué decir, en el fondo de mi ser, tenía la intuición que eso terminaría mal, pues ya tenía conocimiento de las dinámicas laborales de las persona que dirigen este festival; sin embargo acepté. Se me asignó trabajar con Liz Misterio, la tarea fue: mapear todos aquellos lugares, actividades o personas que fortalecieran a la comunidad LGBTTTI desde lo cultural; decidimos nombrar a nuestro equipo como prostéticos culturales, pensábamos en las prótesis y todas aquellas indumentarias estéticas que revisten al cuerpo desde lo médico y lo social, sólo que nosotras teníamos en la cabeza algo más amplio. Nos dimos a la tarea de investigar sobre prácticas sexuales disidentes, fetiches, cabaret, literatura, tiendas de ropa, lugares de colectivización identitaria y de producción artística; pensábamos que todo esto formaba esa piel cultural que reviste al cuerpo, eso de lo que tanto habla la fenomenología, de ahí el nombre de prostéticos culturales.

     Trabajamos unos meses antes de nuestra primera revisión grupal, al llegar ese día todos teníamos algo que decir. El equipo de encuentros buscaba que se le pagaran los covers de los lugares que visitaban, nuestro equipo se las veía difícil porque atravesábamos a los equipos de encuentros y activismos, éstos externaban que algunos colectivos y personas en específico no querían prestar material por órdenes de los del FIDS; nuestras curadoras tenían la noticia: posiblemente la exposición no sea parte del FIDS, pero ésta se realizará con o sin su apoyo. Al final por estrategia de no «perder su espacio», el FIDS apoyó la exposición. Sería muy injusto si tomara la palabra por cada unx de mis compañerxs, la historia que ellxs tengan que contar sobre la exposición que ellxs la hagan; yo me detendré en lo que viví.

      Archivos Desclosetados: Espectros y poderes disidentes se inauguraba el dos de julio de 2015 en el Museo Universitario del Chopo. Nuestra misión: pasarla bien y estar atentos a los comentarios. La exposición fue la primera en su tipo, una revisión de archivos conformada por: Archivo Histórico y Fanzinoteca del Museo Universitario del Chopo, Archivo Histórico de LeSVOZ A. C. y Comité Organizador de la Marcha Lésbica de México, Archivo Histórico del Movimiento de Lesbianas Feministas de México (1976-2015) Yan María Yaoyólotl, Archivos y memorias diversas, Archivo Piratas de Género, Archivo sobre el movimiento BI, Jorge Yañez, Archivo Súper Gay, Los 41, GHAI, José Luis Castillo Torres, Colección Rafael Cruz Báez, Colección Horacio Guerrero, Colección Musas de Metal Grupo de Mujeres Gay, Paulina Martínez Peredo, Jorge Claro León, Armando Cristeto, Colección Fidel García Reyes, Fondo I, CAMeNA/UACM, Jorge Estrada, Fabiola García, Rotmi Enciso, Producciones y Milagros Agrupación Feminista, Museo del Estanquillo, Bala Studio, Contacto condonería, Lovemouse y Luna Gótica. Pero si fue una exposición primera en su tipo dentro el FIDS, ¿cuál fue el problema? En palabras de Salvador Irys: «¿No les ha pasado que hacen una fiesta en tu casa y no eres invitado?» Los organizadores del FIDS querían ver a sus artistas en la exposición, querían ver a los mismos de siempre, y ver reafirmada en la exposición la “historia” que de la diversidad sexual ellos han venido construyendo desde finales de los años setenta del siglo XX. Sin embargo, no es la única versión de la historia.

     ¿Por qué estamos acostumbrados a hablar de lo que no está? ¿Por qué no podemos criticar de fondo? ¿Por qué hacer de lo superficial un huracán? Quizás porque no hay argumentos o no saben cómo criticar de manera inteligente. El equipo del FIDS y su galería Hazme el milagrito se dedicaron a rasgar con exageración, exigían cuentas, aclaraciones y disculpas. ¿Porqué disculparnos de una curaduría y una investigación? ¿A caso no saben que toda curaduría e investigación es un proceso de discriminar y organizar información? Sin embargo, yo tengo la vaga espina sobre el coraje de aquel equipo: un grupo de jóvenes con posicionamiento político feminista y cuir venía a desplazar a los mismos de siempre que se dicen hablar de la diversidad sexual, pero su única artista trans es Viviana Rocco, los mismos que no aceptan lesbianas en su círculo, los mismos que se quejan de la homofobia pero solo enaltecen cuerpos blancos hipermasculinos. ¿O sea cómo? Se nos tachó de ignorantes por no incluir una foto o el nombre de José María Covarrubias (La Pepa). Nuestra idea nunca fue hacer un homenaje a la persona sino a las causas; si hubieran observado bien la exposición, habrían notado que había carteles de la Semana Cultural Lésbico Gay fundada por La Pepa y Jorge Fitchl, la causa estaba expuesta. ¿Por qué hacer un altar al patriarca Covarrubias desde el feminismo? Otra ironía.

     Al parecer, para pertenecer a la comunidad gay se necesita ser machista misógino, o al menos eso es lo que nos hicieron saber Salvador Irys y Omar Feliciano. El equipo de investigación fue agredido a través de las mujeres que lo conformaban, en particular Nina, Naomi y Liz; los comentarios iban desde lo xenófobo hacia la güera extranjera pendeja, hacia lo clasista para la “hija” del diputado, etc. Yo como parte de ese equipo de investigación me sentía indignado; no voy a negar que caí en el juego de estos sujetos y me vi envuelto entre dimes y diretes que no pasaron a mayores, a diferencia de mis compañeras. En cuanto al equipo prostéticos culturales puedo decir que mostramos artículos como dildos, condonería, indumentaria leather, así como explantes para cuerpos trans; el bando contrario a través de varias cuentas de Twitter cuestionaban desde la burla nuestros objetivos. Están en su derecho de no saber lo que es la prostética, pero ¿porqué llegar a los insultos y difamaciones? tan fácil hubiera sido preguntar honestamente el significado de esta palabra; pero no, fue más fácil señalar y acusarnos de fraudulentos. Algo que me tocó vivir desde los prostéticos culturales fue la constante muestra de doble moral que existe en todos los sectores de la diversidad, veían en los dildos que mostrábamos una forma de exhibir lo íntimo y personal de las relaciones sexuales. ¡Momento! ¿No se han dado cuento cómo son las marchas LGBTTTI? ¿Han visto porno? ¿Sabrán lo que significa lo personal es político? Yo respondía en Twitter: «Se espantan por los dildos, pero bien que se los meten por el culo». Mi error.

     La idea de poner los dildos surgió por la firme causa que sostengo sobre el derecho al placer, algo aprendido de Paul B. Preciado; no se trata del placer por el placer, sino del placer situado. Es reconocer los grados de sensibilidad que posee tu cuerpo, es aceptar las posibilidades de afección que los objetos ejercen sobre tu cuerpo. Es el cuerpo vivo. Así es como me alío al feminismo cuir y al transfeminismo, desde el cuerpo situado. Sin embargo el bando contrario reaccionó desde el espanto; se ofenden de la exhibición de condones pero se olvidan de la crisis del VIH en los años 80 y 90, se ofenden por los dildos pero se olvidan de la pornografía gay donde el dildo es parte esencial. En fin, la doble moral nuestro peor enemigo. Nuestra nueva tarea: olvidarnos de Facebook y Twitter. Omar Feliciano, a través de estas redes sociales, agredía, hostigaba, acosaba y amenazaba a Liz; le toca a Liz contar su parte. Lo más alarmante, que Feliciano decía: «No me pueden acusar de misógino porque soy feminista». ¡Verga! ¿Si eso no es misoginia, entonces qué es? ¿Es verdad que un “activista feminista” hostigue y agreda de semejante manera a otras activistas feministas?

      La segunda cosa que nadie me dijo de la disidencia sexual: puedes ser feminista y joder a las otras feministas. Puedes hacer de la victimización tu mejor herramienta y forma de ataque. Si te agreden como equipo, puedes callarte, bajar la guardia y desaparecer del mapa con tal de no perder tus privilegios dentro de un sector que se mueve por conveniencia. Fue hasta entonces que entendí el por qué los movimientos homosexuales de los años 70 del siglo XX se disolvían a los tres días de haber nacido. Puedes pedirle a tus amigos que le dejen de hablar a los que te caen mal. Puedes ofrecerle tres pesos y chambitas a los amigos de los que te caen mal para desestabilizar su amistad. El activismo que pudo representar o significar el FIDS en sus mejores épocas, quedó reducido a difamación, chisme y actos mezquinos; nosotrxs no estábamxs preparadxs para pelear en esos términos, porque no es nuestro juego el reproducir esquemas y estrategias de batalla de los partidos políticos y la voz amenazante del patriarcado feminicida. La derecha ni para dar vuelta.

     Por estas razones es por lo que decidí distanciarme, por un tiempo al menos, de los estudios lésbico-gay, porque lo que nadie me dijo de la disidencia sexual es que ésta se vive y se encarna en cuerpo propio y no en discurso de dientes para afuera. He encontrado en lo queer una metodología y forma de trabajo que me permite ir más allá de los binarismos; he visto en lo cuir, más allá de una traducción vacía, un punto de partida en el que la enunciación desde esta trinchera es una resistencia política a las prácticas normativas y monosexuales. Lo que me ha dejado la disidencia sexual es un reconocimiento de mi cuerpo, dentro del espacio público y de las relaciones de poder. No se trata de renunciar a lo LGBT ni a lo cuir, para mí esto sería  tirar a la basura mi trabajo; se trata de limpiar el camino, ir abriendo espacios, reconstruir historias, repensar lo escrito, cuestionar las diferencias. Es crear posibilidades existenciales y afectivas con los otros cuerpos, historias e identidades que transgreden los límites de lo normal.

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Benjamín J. M. Martínez Castañeda

Facultad de Artes y Diseño (UNAM)

Facultad de Filosofía y Letras (UNAM)

https://benjaminmtzc.wordpress.com/

http://benjamin-walpurgis.tumblr.com/

La otra historia de Eva

por Helena R. Tripp.

<<¿Por qué será que nunca aparecemos en las historias?>> fue lo que le dijo Meriadoc Brandigamo al rey Theoden en El Señor de los Anillos. En el universo de J.R.R. Tolkien los hobbits son una especie aparentemente insignificante que, sin embargo, tiene entre su raza algunos miembros que detrás de esa aparente insignificancia esconden una gran valentía. Caso parecido al de los hobbits, sucede con las Evas, las no – nadie, las también llamadas amas de casa, esposas sumisas, mujeres abnegadas, las puritanas y recatadas mujeres de bien, nadie las toma en serio en ninguna historia.

Ahora se busca decir que las mujeres de antaño detrás de la máscara de complacencia y amabilidad escondían a una Lilith reprimida que rugía por salir. Puede que sí, de hecho, hay muchos ejemplos en la Historia que demuestran que sí. Sin embargo, también puede ser que no. Puede ser que detrás de la máscara de complacencia y benevolencia de las amas de casa, detrás de la máscara imperturbable de amabilidad de nuestras bisabuelas y tatarabuelas, lo único que se encontrará fuera verdadera felicidad. En el complejo mundo que son las mujeres, cabe la posibilidad de que varias integrantes hayan encontrado su camino al convertirse en complacientes Evas.

     Eva – según la tradición blasfema (dicho esto con mucho orgullo) de los santos evangelios apócrifos – es la mujer que viene a sustituir a Lilith en los brazos de Adán. Lilith fue expulsada del paraíso por rebelde y caótica y Dios ante la necesidad de Adán de compañía femenina le crea a su hijo una mujer sacada de su costilla. Esa costilla, de la cual salió, es el timón de conducta de Eva. Eva es la mujer que cree en el mito griego de que los dioses envidiosos de los hombres los partieron en dos, condenándolos así a vagar por la vida buscando su otra mitad, y no siente estar completa hasta encontrarla.

     Eva se convierte en ese soporte que el hombre necesita para poder triunfar: quien le prepare comida, atienda y vista a los hijos, limpie la casa, tienda la cama, lave y planche la ropa y sepa adivinar qué necesita su hombre, cómo, cuándo y por qué lo necesita, cumpla todos sus deseos y lo apoye incondicionalmente. Y puede ser – repito – que en el complejo universo que somos las mujeres, haya habido quienes se dedicaron a la tarea de ser Evas por propia y gustosa voluntad.

   A las feministas post modernas esto no nos gusta. A nosotras nos gusta creer que debajo del disfraz de oveja de la mujer se encontraba una loba, pero puede que no. Aceptar el feminismo, abrazar a las mujeres, es querer y respetar a éstas en todas sus aristas y una de esas aristas es el rostro de Eva. Aceptar el rostro de Eva es abrazar los siglos enteros en los que la mujer permaneció callada y sumisa, porque así pensó que era bueno estar. Puede que Eva haya decidido, al contrario de Lilith, quedarse en el Paraíso porque allí encontró en la idea del matrimonio una forma de satisfacer su universo interior.

     Las Otras Historias, las radicales Otras Historias, esas que nadie cuenta, esas que nadie quiere escuchar, esas que todos consideran una falsa que ha perdurado pero que dista mucho de ser verdad, son las historias que nos molestan, que nos incomodan, que nos enfrentan a la más terrible experiencia de ver el rostro del Otro y descubrirlo completamente distinto a nosotros, son las historias en las que no nos sentimos identificados. Son las historias donde creemos, contrario a nuestras historias favoritas, que el personaje principal es una tonta y que está haciendo todo mal.

 

Las Otras Historias es voltear y aceptar que si todas las mujeres del mundo nos pusiéramos en una fila interminable, cerca y lejos de nosotras – las hijas de Lilith – habría muchas hijas de Eva, a las cuales les debemos de dejar de imponer que vivan la liberación femenina de la misma forma que nosotras lo hacemos. Toda mujer tiene derecho a ser lo que quiera ser y cualquier cosa que quiera ser está bien, y eso incluye casarse, tener hijos, un esposo y tener como única preocupación primordial en la vida qué platillo cocinar hoy o cuáles zapatos combinan mejor con cuál bolsa.

 

Las Evas son las mujeres que se auto nombran y se vuelven un prefijo, un “de”. Mujeres de su esposo, de su familia, de sus hijos, de su casa, mujeres de salón de belleza, mujeres de clubes sociales, mujeres de extensiones, maquillaje y peinados interminables que piensan que el feminismo es hembrismo, mujeres que no toleran no depilarse y que están orgullosas de ser ellas las mujeres detrás de los grandes hombres. Son el rostro actual de la Era griega que busca en un Zeus todo poderoso los brazos en los cuales descansar de la existencia. ¿Por qué habríamos de decirles que están mal?

 

 

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La colonia alegre

imágen "Golden Dreams" por Félix D´Eon
imágen «Golden Dreams» por Félix D´Eon

por Pablo Caraballo

Por debajo del cuerpo de Occidente, corren ríos de sangre, de sudor y de semen. Por debajo no refiere, en este caso, a una metáfora espacial de las jerarquías dadas (aunque también) sino a la dimensión sublimada que no siempre estamos dispuestos a ver, pero que camina paralelo a la Historia (con mayúscula) y a los proyectos modernizadores de la civilización occidental. “Muéstrame a ver”, me dice Cleo que le dijo su amigo a un hombre que trabajaba en el terminal marítimo de Cumaná ―Cleo es un tipo “gay” de contextura gruesa, divorciado, con una hija de diecisiete años. Todos sus gestos están llenos de expresividad. Su casa parece un museo un poco arruinado― “y el tipo se bajó el cierre del pantalón y se sacó el pene para enseñárselo”. La anécdota me la contaba luego de una entrevista que le hice para mi trabajo de pregrado sobre “hombres gais” en Cumaná. Llevamos más de dos horas conversando. Cleo está acostumbrado a dirigirse a audiencias anónimas ―trabaja en teatro―, pero las anécdotas calenturientas fluyen solo cuando la grabadora ha dejado de grabar. “Yo creo que tiene que ver con una influencia mediterránea”, me dice, “aquí los hombres tienen mucha facilidad para acostarse con otro tipo… con un marisco. Y mientras más te acercas a la costa, es más normal aún”. “En Araya es peor. Yo tengo amigos que vienen de Caracas, expresamente a eso, todas las semanas santas y los carnavales. Los hombres te buscan. Les encanta un marisco”.

     ¿Dónde cabe esa flexibilidad moral y sexual de los hombres arayeros en un contexto prohibitivo y conservador como este? Mi familia, aún en la periferia de la periferia que es esta provincia, buscó siempre los medios para acercarnos a mi hermana y a mí a la modernidad. La televisión (gringa y agringada) delineó, en gran medida, mi concepción de las cosas. Mis “experiencias adolescentes” fueron casi nulas: mi vida, hasta los 18 o 19 años, transcurrió casi entera entre las paredes de mi cuarto, de mi casa; así que mis posibilidades de pensar más allá de una escrupulosa (e ingenua) normatividad heterosexual donde sexo/género/deseo son una línea coherente e impoluta, eran muy escasas. Careciendo de la teoría y la práctica mínimamente necesarias, aquellas escenas que Cleo me ilustraba constituían un mundo indescifrable. Personajes que no se detenían en definir una orientación estricta (recta y lineal) de su deseo, terminaban a su vez careciendo un poco de inteligibilidad para mí. Estos “hombres” no circunscribían sus placeres a cuerpos marcados por un solo sexo/género y, si bien reproducían la ficción de una masculinidad inamovible, ni siquiera negaban el gusto que les dejaba haber estado con un “marisco”. Aquellas anécdotas de Cleo merecían toda mi atención y, sin embargo, decidí no detenerme en ellas. Porque no mirar muchas veces es una consecuencia de no (poder/querer) entender.

     Algunos años después, estando yo borracho y amanecido en una playa, en las afueras de Cumaná, un muchacho del pueblo ―no mayor de 20 años― con el que tuve que conversar por un asunto de unas llaves, se me insinuó descaradamente. El poder es productivo, decía Foucault. La experiencia se me adelantaba a los conceptos. Si una de las cosas en las que enfatizaba Cleo era en la “normalidad” de aquellas prácticas, mi incapacidad para entender no radicaba solamente en las transgresiones de esos cuerpos, sino ―más aún― en la aparente aceptación de lo abyecto, en este contexto prohibitivo y conservador. Pero ¿conservador respecto a qué parámetros y de acuerdo a qué criterios? La ininteligibilidad no solo de los cuerpos transgresores sino también de la aceptación de esas monstruosidades, suelen ser reabsorbidos en los términos taxonómicos que tanto le gusta al pensamiento ilustrado. En México, por ejemplo (quizá por estar tan cerca del norte), las descarnadas evidencias del lenguaje de la calle, del “ambiente”, traducen una larga lista de categorías al uso para definir identidades, prácticas y deseos disonantes (mayates, chichifos, vestidas, jotos, etc.), encausándolas en una senda mucho más cómoda, o al menos nombrable.

     La globalización ha globalizado también los mecanismos de control y discriminación sexual que Occidente le debe a su pasado victoriano. No se trata, aun así, de buscar respuestas en el mito de un “buen salvaje”, aquel previo a la imposición despiadada del Norte; un “buen salvaje” ahora decolonial. La “anormalidad” encuentra sus otros cauces en la periferia (y en las periferias del centro), en el silencio cómplice (tan monstruoso como el crimen) de quienes, si bien no suelen reconocerle legitimidad, la dejan discurrir a sus anchas y, de vez en cuando, se les unen. Junto con la Historia de los cuerpos higienizados corren inevitablemente otras historias en paralelo. Por debajo (y por encima). Esas historias ininteligibles que rompen con la superficie lisa de la normalidad, no entienden de grandes relatos historiográficos porque se despliegan en pequeñas resistencias inconscientes ―no conscientes― que no se avergüenzan de su fugacidad. Las categorías universales no les sirven. No entienden de ciencias humanas y sexológicas porque esas ciencias no suelen entenderlas a ellas. La Historia es otra ficción, una que las historias deshacen a su paso, por debajo y desde adentro. Y, sin embargo, nos dejamos engañar. El colonizador hace su casa en nosotros, y nosotros somos la colonia. Pero por suerte una colonia que siempre resiste, que excede sus límites, que se desparrama.

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Pablo A. Caraballo Correa (Venezuela). Licenciado en Sociología (2010). Profesor universitario e investigador independiente en temas vinculados a los estudios culturales, de género y de disidencia sexual. Creador y coordinador del proyecto editorial Gente rara: http://raragenterara.blogspot.com/

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Legalización del aborto: sin vergüenza y por decisión

por El Fracaso
por El Fracaso

Por Metztli Hernández Jiménez

“No es igual tener cuerpo de mujer que tener cuerpo de varón, no significa lo mismo en nuestras comunidades y sociedades, queremos que nuestro pueblo así, pues, lo reconozca. Queremos hacer acciones que dentro de los procesos de cambio, signifiquen alegría y felicidad para nuestros cuerpos de mujeres”.

Julieta Paredes

Las mujeres históricamente han quedado relegadas al ámbito privado: el hogar, la crianza de hijos e hijas, el cuidado de la familia, entre otras actividades. Se les ha impuesto y hecho creer que por naturaleza tienen un lado maternal, el cual se irá desarrollando en el transcurso previo a la maternidad, ya sea con las amistades, la familia, el noviazgo, etcétera, hasta que llegue el momento en el que su plenitud como mujer culmine y sean madres. Y sí, hay muchas mujeres que conciben la maternidad como plenitud, algo que anhelan y esperan que suceda, pero ¿qué pasa con las que no desean ese tipo de plenitud para su vida y recurren al aborto?

     De acuerdo a un informe realizado por el Colegio de México y Guttmacher Institute en el 2009, más del 54% de embarazos en México recurrieron al aborto, es decir, se practicaron 1 millón 26 mil abortos por año en todo el país, de los cuales más del 55 % fueron como consecuencia de embarazos no planeados, con lo que es un tema de salud pública. El aborto solamente ha sido aprobado en el Distrito Federal, mientras que en los 31 estados sigue siendo ilegal. Es importante señalar que la interrupción del embarazo es más difícil para las mujeres que no cuentan con los recursos necesarios para practicarlo en una clínica segura o con una persona especializada, siendo éstas las más expuestas a morir por una mala intervención o complicaciones.

     Así, la ilegalidad del aborto en México no solo es mortal, sino también criminaliza a quienes conscientemente lo desean. La opinión pública es la que determina el futuro sobre la vida de las mujeres y sus cuerpos; la religión con un discurso de «sexo para procrear y preservar la humanidad», posturas que se contraponen con los casos de violaciones cometidas por algunos sacerdotes y su encubrimiento, a pesar de ser ellos quienes «defienden la vida». De igual manera, los medios de comunicación muestran las consecuencias de los abortos, culpabilizando a la mujer, avergonzándola, evadiendo la responsabilidad de las instancias gubernamentales, las cuales son causantes de que se realicen abortos inseguros y en la clandestinidad en todo el país…

     La carga moral que para muchas personas supone el aborto es consecuencia de los estereotipos culturalmente aceptados para definir la feminidad, así como de la valoración de la maternidad como el atributo esencial de las mujeres. Por otra parte, si bien México es un país de tradición laica, la Iglesia católica ha jugado siempre un importan te papel en el contexto político del país e influido en la actitud de sectores sociales muy amplios respecto a la sexualidad y la reproducción. (González de León, 2002, p.8).

     Cabe resaltar que en el 2014 se creó la Comisión de la Familia y Desarrollo Humano, impulsada por el Senado de México, con el fin de mejorar la calidad de vida de la familia mexicana, fortalecerla y velar por sus derechos. Sin embargo, entre las primeras opiniones emitidas, uno de sus integrantes mencionó que no querían abortos. Acaso ¿no es una violación a los derechos humanos la imposición de la maternidad? ¿el decidir por otros cuerpos? ¿definir el destino de una mujer? ¿limitar el acceso a la salud, partiendo de normas morales que impiden ejercer un aborto libre y seguro, poniendo en riesgo la vida de las mujeres?

      Es importante señalar que la maternidad impuesta y a la que apela la mentalidad conservadora, está basada en un modelo de familia patriarcal, que lleva a las mujeres a desempeñar jornadas en el hogar no remuneradas y de doble o triple explotación y es que con la economía actual, no es suficiente el ingreso monetario de un integrante. De esta manera, las mujeres muchas veces tienen que cumplir con el trabajo fuera del hogar, al interior de éste y, además, sexualmente.

     La penalización del aborto, en un contexto patriarcal y con una economía tambaleante, es un arma de doble filo, ya que la mujer ejerce varias funciones: participar en el ámbito público por una cuestión económica, pero en el cual no puede pasar demasiado tiempo, puesto que tiene que regresar al espacio privado; el hogar y cuidado de hijos o hijas. Así, las políticas públicas parecieran ser creadas para que las mujeres no puedan dedicarse a más actividades, como desempeñarse plenamente en el espacio público, la organización política, acciones que las lleven a emanciparse y transgredir los parámetros de la mentalidad conservadora.

     Así, la maternidad parece ser un castigo hacia las mujeres por los descuidos, accidentes o falta de información respecto a las relaciones sexuales, ejerciendo presión para que declinen ante cualquier acto que afecte la moral de algunos sectores sociales. De igual manera, quienes toman las decisiones sobre el aborto, no solamente son mujeres sino también hombres, quienes no saben del proceso físico que implica el embarazo, ni viven la maternidad. Por lo tanto, ni hombres, ni mujeres pueden decidir sobre otras personas.

     Es importante mantener siempre la consigna: «Mi cuerpo, mi decisión» y ejercerla en todo momento. Somos las mujeres quienes tenemos la última palabra respecto a nuestros cuerpos, dejando de ser juzgadas y criminalizadas por las decisiones que tomemos respecto a éste.

      Hoy, mañana y siempre será momento de levantar la voz, de apoyar a nuestras compañeras, hermanas, amigas, conocidas y no, que han sido señaladas por su elección de no ejercer la maternidad y realizarse un aborto, saber que la vergüenza sólo es parte de una imposición moral, machista, que está basada en el control de nuestros cuerpos, de los cuales sólo nosotras tenemos decisión. El Estado teme que rompamos el capullo y volemos, porque tienen miedo de que emprendamos nuevos caminos, donde nos encontremos con otras mujeres y juntas nos organicemos para elevarnos hacia lo más alto y desde ahí, ninguna persona, solo nosotras decidamos cómo volar.21 

Referencias

Comisión de la Familia y Desarrollo Humano. (s.f.) Recuperado el 2 de septiembre de 2015, de http://www.senado.gob.mx/comisiones/familia/

González de León, Aguirre, D. (2002). El aborto en México. Recuperado el día 2 de septiembre de 2015, de http://ccp.ucr.ac.cr/ac/gonzalez.pdf

Juárez, F. Et al. (2013). Embarazo no planeado y aborto inducido en México: causas y consecuencias. Nueva York: Guttmacher Institute Recuperado el 3 de septiembre de 2015, de https://www.guttmacher.org/pubs/Embarazo-no-deseado-Mexico.pdf

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Metztli Hernández Jiménez. Egresada de Ciencias y Técnicas de la Comunicación. Defensora de mi cuerpo y su presencia en los espacios públicos. Opositora del sistema patriarcal que oprime, violenta y ocasiona la muerte de miles de mujeres y también de hombres que rompen con el esquema machista. Con una profunda esperanza en que el rumbo de nosotras las mujeres tiene que cambiar, va a cambiar.

Facebook: https://www.facebook.com/metztlisonic

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