La otra historia de Eva

por Helena R. Tripp.

<<¿Por qué será que nunca aparecemos en las historias?>> fue lo que le dijo Meriadoc Brandigamo al rey Theoden en El Señor de los Anillos. En el universo de J.R.R. Tolkien los hobbits son una especie aparentemente insignificante que, sin embargo, tiene entre su raza algunos miembros que detrás de esa aparente insignificancia esconden una gran valentía. Caso parecido al de los hobbits, sucede con las Evas, las no – nadie, las también llamadas amas de casa, esposas sumisas, mujeres abnegadas, las puritanas y recatadas mujeres de bien, nadie las toma en serio en ninguna historia.

Ahora se busca decir que las mujeres de antaño detrás de la máscara de complacencia y amabilidad escondían a una Lilith reprimida que rugía por salir. Puede que sí, de hecho, hay muchos ejemplos en la Historia que demuestran que sí. Sin embargo, también puede ser que no. Puede ser que detrás de la máscara de complacencia y benevolencia de las amas de casa, detrás de la máscara imperturbable de amabilidad de nuestras bisabuelas y tatarabuelas, lo único que se encontrará fuera verdadera felicidad. En el complejo mundo que son las mujeres, cabe la posibilidad de que varias integrantes hayan encontrado su camino al convertirse en complacientes Evas.

     Eva – según la tradición blasfema (dicho esto con mucho orgullo) de los santos evangelios apócrifos – es la mujer que viene a sustituir a Lilith en los brazos de Adán. Lilith fue expulsada del paraíso por rebelde y caótica y Dios ante la necesidad de Adán de compañía femenina le crea a su hijo una mujer sacada de su costilla. Esa costilla, de la cual salió, es el timón de conducta de Eva. Eva es la mujer que cree en el mito griego de que los dioses envidiosos de los hombres los partieron en dos, condenándolos así a vagar por la vida buscando su otra mitad, y no siente estar completa hasta encontrarla.

     Eva se convierte en ese soporte que el hombre necesita para poder triunfar: quien le prepare comida, atienda y vista a los hijos, limpie la casa, tienda la cama, lave y planche la ropa y sepa adivinar qué necesita su hombre, cómo, cuándo y por qué lo necesita, cumpla todos sus deseos y lo apoye incondicionalmente. Y puede ser – repito – que en el complejo universo que somos las mujeres, haya habido quienes se dedicaron a la tarea de ser Evas por propia y gustosa voluntad.

   A las feministas post modernas esto no nos gusta. A nosotras nos gusta creer que debajo del disfraz de oveja de la mujer se encontraba una loba, pero puede que no. Aceptar el feminismo, abrazar a las mujeres, es querer y respetar a éstas en todas sus aristas y una de esas aristas es el rostro de Eva. Aceptar el rostro de Eva es abrazar los siglos enteros en los que la mujer permaneció callada y sumisa, porque así pensó que era bueno estar. Puede que Eva haya decidido, al contrario de Lilith, quedarse en el Paraíso porque allí encontró en la idea del matrimonio una forma de satisfacer su universo interior.

     Las Otras Historias, las radicales Otras Historias, esas que nadie cuenta, esas que nadie quiere escuchar, esas que todos consideran una falsa que ha perdurado pero que dista mucho de ser verdad, son las historias que nos molestan, que nos incomodan, que nos enfrentan a la más terrible experiencia de ver el rostro del Otro y descubrirlo completamente distinto a nosotros, son las historias en las que no nos sentimos identificados. Son las historias donde creemos, contrario a nuestras historias favoritas, que el personaje principal es una tonta y que está haciendo todo mal.

 

Las Otras Historias es voltear y aceptar que si todas las mujeres del mundo nos pusiéramos en una fila interminable, cerca y lejos de nosotras – las hijas de Lilith – habría muchas hijas de Eva, a las cuales les debemos de dejar de imponer que vivan la liberación femenina de la misma forma que nosotras lo hacemos. Toda mujer tiene derecho a ser lo que quiera ser y cualquier cosa que quiera ser está bien, y eso incluye casarse, tener hijos, un esposo y tener como única preocupación primordial en la vida qué platillo cocinar hoy o cuáles zapatos combinan mejor con cuál bolsa.

 

Las Evas son las mujeres que se auto nombran y se vuelven un prefijo, un “de”. Mujeres de su esposo, de su familia, de sus hijos, de su casa, mujeres de salón de belleza, mujeres de clubes sociales, mujeres de extensiones, maquillaje y peinados interminables que piensan que el feminismo es hembrismo, mujeres que no toleran no depilarse y que están orgullosas de ser ellas las mujeres detrás de los grandes hombres. Son el rostro actual de la Era griega que busca en un Zeus todo poderoso los brazos en los cuales descansar de la existencia. ¿Por qué habríamos de decirles que están mal?

 

 

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