De chichifos y otras puterías

por Alex Xavier Aceves Bernal

por Alex Xavier Aceves Bernal

Por Axler Yépez Saldaña

“¿O cuál es más de culpar? ¿La que peca por la paga o el que paga por pecar?”

Sor Juana

Esta vez quiero presentar una serie de reflexiones que me han ocupado durante mi último viaje familiar por las grandes montañas y los Tuxtlas en Veracruz, como una reapropiación a la tradición mexicana del conocido maratón “Guadalupe-reyes” (influencia católica, ¿dónde?). Igual que el catolicismo nuestra cultura mexicana esconde una doble moral que permite hablar de algunas de nuestras prácticas cotidianas y esconder otras que también ocurren; parece una especie de variante del mundo público y el mundo privado, en el que hay un conjunto de normas de convivencia sistemática que van desde las plazas públicas hasta la propiedad privada, habitaciones propias, donde hay cosas dichas y otras no dichas.

     Lo que deviene privado es exclusivo de ciertas miradas, lo que deviene público es visible y tiene potencial de ser compartido con una comunidad.  La sombra judeo-cristiana que carga el sistema colonial moderno continúa estigmatizando las prácticas sexuales para mantener vigente la organización hegemónica burguesa de la “civilización” occidental: la familia; así encontramos que supuestamente para ejercer “libremente” nuestra sexualidad se espera que lo hagamos en privado, además de que las transgresiones a la heteronorma y la moral sexual cultural en general también deben ser ocultas, al menos del discurso explícito.

     Pensando en el trabajo sexual me parece fácil de mostrar la labor de nuestras amigas prostitutas, insertas en un claro sistema de compra-venta de un servicio: uno paga para obtener, a cambio, que ella acceda a realizar determinadas prácticas sexuales con el cliente. Su caso me parece interesante por la clara visibilidad de este tipo de trabajo sexual debido a su prevalencia en algunas “calles” y establecimientos privados, conocidas popularmente.

     Estos días que me he encontrado en Xalapa ocurrió la represión pública del gobierno del estado de Javier Duarte a algunos ancianos manifestantes por no recibir su pensión derivada de su servicio docente. Junto a esta nota que generó reacciones críticas, también cabría destacar que hay quienes no tienen acceso a una pensión, o a algún beneficio pos-laboral durante la vejez protegido por instituciones públicas, un ejemplo son justamente las prostitutas, cuya falta de reconocimiento institucional (sobre todo de tipo jurídico) de su trabajo público, genera condiciones que van desde el proxenetismo (lo que llega a confundir esta práctica con la trata) y los riesgos de salud e integridad, hasta la libre elección del oficio por comodidad económica.

     La visibilidad de las trabajadoras sexuales se presenta en horario diurno en zonas como La Merced en la Ciudad de México, y la zona aledaña al Mercado Jáuregui en Xalapa. También se presenta visibilidad nocturna (Av. Sullivan CDMX), es curioso que sea tan visible el trabajo sexual de mujeres, y varones, que asumen un rol femenino. En las calles, avenidas y establecimientos, hombres ofrecen servicios sexuales asumiendo el rol femenino (Insurgentes sur y Calzada de Tlalpan, CDMX; Lázaro Cárdenas en Xalapa) diría que es improbable encontrar a mujeres ofreciendo servicio sexual estando ellas masculinizadas. Aunque el consumo de prácticas sexuales, con varones masculinos, también se muestra visible de noche (Calle Hamburgo, Zona Rosa CDMX) , en este caso al menos en apariencia pues estos hombres son contratados frecuentemente para prácticas homoeróticas, ¿qué tan masculino puede ser eso? Por supuesto también se oferta este servicio para mujeres, claro está que tiende más al ámbito privado.

     Cuando la joven Marta Lamas hacía travestismo político y se vestía de prostituta, ya venía buscando beneficios para este sistema de compra-venta de un servicio “sexualizado”, no sólo jurídicos sino también sanitarios. Es ético y solidario pensar en un marco de derechos para el trabajo sexual. Ahora, creo que esto implica una reivindicación de nuestra manera de pensar el trabajo sexual, pues no sólo incluye lo fácilmente reconocible: a las mujeres prostitutas, sino también otras prácticas insertas en dinámicas de capital de una manera socialmente aceptada, o socialmente oculta.

     Tal vez a esto debemos que La marcha de las putas no sea de prostitutas sino de mujeres y varones solidari@s que entienden que ser una “puta” no es ser una prostituta, sino una figura estigmatizada por su condición de género. Así las prostitutas, comúnmente nombradas como putas, se disuelven con otras féminas en la injuria “puta” aplicada para con aquellas mujeres que gozan de la promiscuidad.

     Vivimos insertos en sistemas de dominación, tanto nos habituamos que no siempre los reconocemos. Otra práctica sexual inserta en el sistema económico es la dinámica que genera el matrimonio a partir de acuerdo implícito, fácilmente explicitable, sobre el trabajo doméstico no remunerado y la crianza, dos labores asignadas a las mujeres. Si le sumamos la actividad sexual en la que también participa la esposa tenemos 3 labores no remuneradas. Los roles familiares de las mujeres para con los otros resultan más baratos que una enfermera a sueldo, quien además trabaja sólo por unas horas al día. Vale la pena mencionar que existen excepciones, por parte de ellas y de ellos, pues para cubrir su rol, u obtener beneficios, también los hombres realizan trabajo doméstico, y procuran a los demás, sólo que tradicionalmente suelen realizar labores que no desempeña la trabajadora doméstica sino un carpintero, fontanero o cargador.

     A diferencia de la esposa, reconocida públicamente, tenemos a “la otra”, quien obtiene beneficios sexuales y/o afectivos, y en algunas ocasiones monetarios; esta mujer quien también puede asumir un rol servil se diferencia de la esposa por la  falta de reconocimiento jurídico y/o público. Diría mi informante “legalmente las amantes no tienen derecho a nada”, aunque esto sólo aplicaría en los casos en que hallemos un macho proveedor, en caso contrario los hombres suelen ser quienes se encuentran en la condición de subordinación.

     Para quienes no contraen el pacto matrimonial, pero viven dentro de la fantasía del amor romántico también existe la tendencia a fantasías monógamas, casi siempre irrealizables, Marx fue incapaz de advertirnos sobre volver propiedad privada a las personas con quienes realizamos prácticas sexuales, la ideología de-forma nuestros afectos. Para despejar mis dudas al respecto de prácticas lucrativas en ambientes afectivos, recurrí a una charla con un carpintero conocido de Ciudad Lerdo, Veracruz. El motivo es que en su taller encontramos a un grupo de jóvenes que comparten tiempo entre compañerismo y el desarrollo del oficio de carpintería y tejido en muebles, del que reciben su respectiva paga; para mantener su identidad anónima lo nombro Enmascarado pues durante la plática mencionó que todos tenemos diferentes máscaras y las usamos dependiendo de dónde nos encontremos -casi escuchaba las máscaras mexicanas de Octavio Pus.

-De aquí para allá- dijo el Enmascarado, señalando la puerta de entrada a su casa a escaso medio metro de donde estábamos sentados. Menciona que -se rumoran muchas cosas sobre lo ocurrido dentro de su casa-taller, y muy seguro afirma -yo por mi parte no tengo nada que esconder (…) sé lo que pasa allá dentro- invitándonos a la sospecha de la experiencia privada. El Enmascarado se siente cómodo de mantener vínculos afectivos con algunos jóvenes de la zona a quienes enseña carpintería y tejido. A sus 55 años, descubre que los jóvenes tienden a compartir su tiempo con él en el taller, y durante su tiempo de esparcimiento, pues el ambiente entre ellos les genera mayor estabilidad emocional que la que encuentran en sus casas. Curiosamente, sin hacer insinuaciones psicoanalíticas, varios de estos jóvenes le han confesado –amarlo como a un padre- pero él asegura que prefiere un amor de otro tipo, pues los sentimientos de esos muchachos hacia sus padres suelen ser de rechazo o indiferencia.

     Enmascarado confiesa que no busca un compromiso, pues asumiendo que le correspondería un rol proveedor, por su condición de varón, no siente que pueda desempeñarlo con su oficio. Algo contradictorio pues en varias ocasiones ha dedicado periodos de su vida a procurar a otras personas que quería y no a sí mismo, como mencionó. Tenemos que es el hijo menor de 10 hermanos, asume la responsabilidad de cuidar a su padre y a su madre cuando mueren y cría a dos de sus sobrinos que lo reconocen como un padre. Tras estas situaciones, también abandona su profesión de normalista. Con el tiempo desempeña el oficio de carpintero y comienza a formar esta red afectiva con los jóvenes que, ya van varias “generaciones”, han pasado por este taller.

     La figura del chichifo entonces emerge en mi mente como una contraparte dada por parte de algunos varones que, a partir de intereses personales, ofrecen acompañamiento a otros con o sin sentido sexual, o sea que el beneficio que estos obtienen puede darse a partir de prácticas sexuales, ofertadas implícitamente, o simplemente por su carisma. Y más allá de esta forma resultan más enriquecedoras las experiencias personales como cuando a mis amigas jotas, y a mí mismx, nos han invitado más de una cerveza por un interés entre “varones”. En el caso del chichifeo de hombres para mujeres, le pido instrucciones a alguien con más experiencia en el tema, pues lo que sabemos es sólo nuestra experiencia, como dijo en una charla mi empirista tía Cristina: cocinera y costurera.

     Para Enmascarado los vínculos no debieran funcionar a partir del lucro, pues en ese tipo de relación alguien sería el mandamás: él cree que su facilidad para convivir con jóvenes es por los cuidados mutuos, lo que le hace sentir que jamás está solo, pues ambas partes muestran un interés no sólo del tipo económico; sus opiniones y tonos de voz para con ellos son parte del goce del reconocimiento afectivo. Para mi informante tampoco el sexo casual es una práctica viable, pues se descuida al otro, no se le procura. Así que si pensamos que las prácticas homoeróticas entre varones son menos lucrativas si son casuales, estamos lejos de imaginar lo individualista que resulta el metreo como práctica de consumo de cuerpos como máquinas sexuales sin capital de por medio.

     Claro, por si llegamos a pensar que el sexo entre varones subvierte algo, nos equivocamos, ¡nada más falogocentrista que esto! Le faltó decir a Jacques Derrida, algo que ya sospechaba el buen Carlos Monsiváis, quien se definía a sí mismo como misógino feminista: en definitiva, las prácticas sexuales no se pueden separar de sistemas de dominación dentro de los que se presentan insertas en dinámicas de poder, y para esto es necesario reconocer la visibilidad de las prostitutas como una posición fronteriza entre lo público y lo privado, promovida por el heterosexismo hegemónico y escondida por discursos legítimos del Estado, que debiera servir para garantizar nuestros derechos humanos. Obviamente el “civilizado” marco jurídico para el matrimonio tiene una carga moralista que los sujetos de género de nuestras modernidades alternativas en México aún no alcanzan a notar, pues se ha de-formado su subjetividad.

     Ni los chichifos, ni las putas, ni las quimeras parecen estar menos contagiadxs de la domesticación del deseo sexual para su mejor inserción en este sistema mexicano –de la mierda- que nos tiene enajenados. Terminando esta reflexión sobre el reconocimiento de la presencia de trabajo sexual cotidiano, y más allá del tabú de la sexualidad que arrastra nuestra cultura racista, clasista y estigmatizadora sólo quedan nuestras prácticas. No sólo se domesticó nuestro deseo sexual, ¡ojalá sólo fuera eso!, fijémonos más en lo que vemos y sospechemos lo que no vemos… ¿o nadie se pregunta qué hay tras un montón de machos y machas mexican@s gritando -eeeeh… ¡putos!- en un estadio?

Axñler-YepezAxler Yépez Saldaña. Nací en Xalapa en 1992, ciudad que habité hasta los 18, me mudé al Distrito Federal donde estudié la licenciatura en Psicología por la Facultad de Psicología UNAM, titulándome en el 2015 con mención honorífica. Durante mi estancia por la actual Ciudad de México me he dedicado a la formación e investigación en humanidades, asistiendo a talleres posicionados desde el feminismo, la filosofía, el psicoanálisis y las artes, formo parte del grupo de trabajo MANUELA que prepara el seminario “Cultura Visual y Género” del semestre 2016-2 en el Museo Universitario de Arte Contemporáneo. Practico el teatro como tallerista, director y actor, realicé la adaptación y montaje de 2 libretos (Las brujas de Salem y Casa de Muñecas) además de ensayar la escritura académica y de estilo libre, con algunas publicaciones. Actualmente tengo una beca de investigación y edición de videos en la biblioteca “Rosario Castellanos” del PUEG, UNAM; trabajo colectivamente la puesta escénica de “La filosofía del tocador” del Marqués de Sade y practico la psicoterapia, la escritura y algunos proyectos artísticos personales en los tiempos libres.

Página personal: https://www.facebook.com/PsicoAx

Página colectiva: https://www.facebook.com/fragmentoskitsch/

 

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