Abrir publicación

A las cuarentonas y más viejas

Por Paola Nayeli Villa Rosado

Abro el chat de mis amigas de toda la vida y veo el meme del día: “Como cuando no te alcanza para el gimnasio y el psicólogo a la vez y tienes que decidir entre levantarte el autoestima o el culo”. Diariamente recibo a través de WhatsApp al menos un chiste sobre el cuerpo y/o la mente de las mujeres, sobre el cuerpo de una mujer gorda, vieja, pobre o fea o bien sobre actitudes como el neurotismo, la incapacidad de decidir, la avaricia y la frivolidad femeninas. Y me pregunto, ¿de qué se ríen?.

No es que, como mujeres, nos tenga que molestar, pero ¿qué es lo que causa gracia e invita a compartirlo con otras mujeres, a darle difusión y visibilizar estos mensajes?. De hecho no creo que de verdad estén riendo, pero aún así lo comparten como una gracia. Para que algo cause gracia, además de ser relativamente cierto y, por tanto, generalizable, debe contener también un tabú o rechazo. Nos estamos riendo de nosotras mismas o de otras al dar validez a una generalización y, así mismo, nos estamos rechazando como mujeres reales. Lo real es lo que de verdad hay.

Mis amigas dan por hecho que la decisión entre invertir en levantar el culo o el autoestima es imposible de tomar. Podrían decir que, en ese momento de su vida, su autoestima está fuerte y que por eso eligen mejorar el culo y seguir invirtiendo en su imagen física, como de hecho hacen. O podrían admitir que no pueden dejar que se les caiga el culo, como es normal con la edad, porque su autoestima no lo resistiría. Pero no lo confiesan. La lucha por rejuvenecer debe disimularse.

“Ningún culo satisface sin suficiente autoestima”, les digo sin querer agredir ni sermonear, pero varias de ellas reaccionan inesperadamente. “Y con el culo caído se te cae el autoestima”, “tampoco demasiada autoestima que luego andan todas desaliñadas y descuidadas”, “lo dices porque no tienes un culo enorme”, se defienden. ¿Qué ganamos pagando el costo de parecer más jóvenes a través de cuerpos adelgazados, caras paralizadas sin arrugas y formas corporales ideales? ¿Y cuál es el precio?

Sin duda ganamos validación del contexto y con ello, una especie de poder que reside en someternos para obtener beneficios (económicos, morales y sociales) de los lineamientos a los que nos somentemos. Cedemos poder ser para obtener poder tener. No es un cambio justo ¿Nadie se da cuenta? ¿Dónde está nuestro entorno amoroso? ¿Por qué nuestras familias, amistades y parejas no nos dicen que no necesitamos someternos a una lucha contra nosotras mismas para salir adelante, para valer y ser amadas? Somos todos cómplices.

“Lo hago para sentirme mejor conmigo misma, para verme mejor” dicen mis amigas cuando sienten custionada su lucha por mantener una apariencia más joven que incluye ser más delgadas y con una piel y rasgos mejorados. Es verdad que cuando nos queremos cuidamos nuestra salud y procuramos una cierta imagen agradable para nosotras mismas. Sin embargo, las intervenciones estéticas que buscan prolongar la belleza de la juventud se basan, al contrario del auto-cuidado que brota de la auto-aceptación, en el auto-rechazo.

El auto-cuidado se distingue del auto-rechazo enmascarado como “sentirse bien con una misma” por que el auto-rechazo oculta a la persona en pro de fingir juventud. ¿Para sentirme bien conmigo misma es necesario verme más joven? Las intervenciones estéticas que tienen como finalidad rejuvenecer a la persona implican dejar de ver a la persona que envejece, convirtiendo el envejecimiento en un tabú.

¿Se puede tener demasiado amor por una misma? Mis amigas le temen a un autoestima elevado porque creen que les hará aceptarse viejas, gordas y feas, imperfectas. “Esa tiene que tener demasiada autoestima para atreverse a vivir así” ¡Pero somos cuarentonas! Para conservarnos como quiceañeras hay que gastar tres veces el tiempo, dinero y esfuerzo que tendría que invertir una adolescente. Y cuando tengamos cincuenta aún más. Es una carrera que se gana a la mala, es decir, agrediendo al cuerpo y dejándo de vernos Sí, dejando de reconocer en el espejo a la mujer somos, que envejece, a la mujer viva.

Un culo firme y una cara sin arrugas no atentan contra el amor propio en la medida en que lograrlo no implique una riesgosa búsqueda de ser quien no se es. Es decir, en la medida en que sigamos viendo y amando al ser vivo que envejece, el ser que somos. Si, por otro lado, al mirarnos solo vemos lo “perfectible” en el culo, la cara o en cualquier parte de nosotras mismas, entonces hemos caído desde la auto-aceptación y cuidado al auto-rechazo y negación de nosotras mismas.

Las cuarentonas debemos ser flacas y sexys, rejuvenecidas y poderosas, perfectas y amorosas, todo a la vez aunque estas mancuernas sean incompatibles. Estar por debajo de nuestro peso nos hace perder deseo y por tanto voluptuosidad, la búsqueda constante de la perfección va en contra de la aceptación de lo que hay y luego de poder crear a partir de lo que sí hay. La luchar contra el envejecimiento nos enfrenta contra nosotras misma y en ello abdicamos a nuestro poder de ser quien realmente somos y podemos ser.

El tabú del envejecimiento promueve tanto el adelgazamiento como el perfeccionamiento de los cuerpos, ya que a cierta edad, la unica forma de evitar la flacidez y el cambio de los rasgos físicos propios del envejecimiento, es adelgazando y combatiendo los signos de la edad. Al esconder el envejecimiento lo volvemos un tabú, algo que da risa en el chiste, pero que se convierte en un cimiento putrefacto para erigir encima la vanidad de personas que creen ser la del espejo, dejando de verse a sí mismas.

Una cultura que convierte la muerte y su signo más patente, el envejecer, en un tabú, es una cultura que desea paralizar la vida, que desea matar el impulso vital para hacerlo cosa y venderlo. Lo compraremos si hemos cedido nuestro poder, ese que nace de ver y aceptar lo que somos: vida que está muriendo. Las canas, los párpados caídos, las arrugas y la flacidez nos dicen que estamos aquí y ahora, que somos todo lo que hay, sin necesidad de consumir nada más que a una misma porque estar vivas-envejeciendo, es todo lo realmente necesario para poder ser lo que queramos.

Amigas cuarentonas, no tenemos nada que ocultar, nuestro envejecimiento no apesta, las mujeres no apestamos, no tenemos porque escondernos y dejarnos podrir. Vernos envejecer nos da la sabiduría, el poder y el amor hacia nosotras mismas que la búsqueda de la juventud nos quiere arrebatar. ¿Qué ganaríamos sacrificando todo esto? Nada, literalmente. Renunciar a envejecer es renunciar a nuestro poder. Ceder el poder de crear lo que somos a cambio del poder de tener -status, cosas, parejas, aceptación externa- nos pone es un estado de precariedad, de absoluta necesidad y carencia, nos vacía.

¿Se han imaginado como habría sido nuestra experiencia si en la juventud hubieramos gozado de la seguridad que tenemos ahora? Entonces sí que habríamos valorado nuestro cuerpo de ese entonces sin tanto complejo. Paradójicamente, rejuvenecer y prefeccionar un cuerpo de cuarenta evaporara la seguridad y el autoestima con las que quisieramos haber disfrutado ese cuerpo juvenil. Parece una mala broma de la vida, pero tiene su sentido.

Alrededor de los cuarenta, tenemos la oportunidad única de ver al cuerpo tal cual es, es patente que el cuerpo es un ser vivo que, por lo tanto, está muriendo. Vemos ese cuerpo que somos con mayor claridad que nunca porque podemos observar su innegable mortalidad. Absolutamente todo lo que está viviendo está así, muriendo. Vivir implica inherentemente consumirse, un ir siendo porque va dejando de ser. Nuestros cuerpos envejecen en todo momento y eso es la más hermosa y fascinante prueba de su poderosa vitalidad.

Envejecer no es un vestido, es la imagen de quienes realmente somos, seres vivos muriendo y por tanto vulnerables. Podemos vernos a nosotras mismas a los ojos cuando podemos ver mi propia mortalidad y abrazarla para celebrar nuestra vida, que es movimiento. Así nos damos cuenta de que cada decisión es una balanza delicada entre crear y descartar, de que los procesos hay que vivirlos como lo único que hay porque no existe un lugar al que llegar, no existe el ideal y si dejamos de movernos, para prolongar la juventud, estamos muertas en vida, ese es el precio.

Amigas, vernos al espejo todos los días, envejeciendo, nos ayuda a mantener despierta la conciencia de nuestra vulnerabilidad o, como diría Heiddegger, la conciencia de muerte que abre todas las posibilidades. Además de que la conciencia de estar vivas-muriendo nos hace palpable el hecho de que mientras estemos vivas todo es posible, nos hace poderosas, esta conciencia de vulnerabilidad nos permite vernos como algo sensible hacia lo cual hemos de ser generosas y gentiles. De ahí se nutre el autoestima, al sabernos vulnerables sentimos la necesidad de cuidarnos, de nutrirnos, de ser amables con nosotras mismas, de aceptarnos y tratarnos con respeto y amor.

Al desgastarnos por cubrir las evidencias del envejecimiento que evidencia el hecho de que estamos pasmosamente vivas, comenzamos a sospechar del proceso de envejecer, de estar vivas y del poder que deviene de estarlo. Comenzaremos a ver el envejecimiento como algo asqueroso y maloliente, como algo podrido que debe ser escondido. Comenzaremos a rechazarlo, a rechazarnos como personas en proceso. Si hacemos que el espejo nos devuelva una imagen de una mujer joven que no somos, nos perderemos y perdernos significa abdicar. Vernos envejecer es aceptar el poder innegable que hay en estar vivas.

Queridas amigas, ningún poder que venga de lo que no somos merece que nos aniquilemos y cedamos el poder que deviene de sabernos vivas, envejeciendo y en proceso. Aún si esto nos gana un estilo de vida opulente o seguro porque al final del día, el rechazo a nosotras mismas cavará cada día más hondo y se convertirá en la más dolorosa insatisfacción imposible de saciar. Entre más evitemos vernos como lo que somos, seres vivos, en proceso, que envejecemos, más rechazamos nuestro poder de crearnos a partir de lo que si hay y más nos sacrificamos por un ideal.

Lo ideal puede ser motivador mientras no usurpe el centro de lo que somos. El ideal no debe ser encarnado por nuestros cuerpos porque un ideal es lo que no somos. En nuestro centro siempre debe estar lo que sí somos, un ser vivo en proceso de morir, un ser con posibilidades. Vernos y aceptarnos así, tal como somos, envejeciendo, es la única forma de amarnos y de poder amar, de valorarnos y de poder valorar, de encontrar lo que podemos ser y acompañar a otros a encontrar lo que pueden ser sin castrarles. No hay otro camino a la plenitud que el de seguir lo que nosotras mismas somos.

¿Por qué procuramos prepetuar el tabú del envejecimiento viralizándolo? Además de los beneficios canjeados por el poder que cedemos en la búsqueda de una apriencia más joven, las mujeres hemos fincado demasiado sobre esta negación. Tememos perder la imagen que refleja el espejo porque la hemos reforzado tanto que no confiamos en que exista alguien que no sea esa imagen más o menos ideal. Por eso nos mentimos diciendo que luchamos contra la vejez para sentirnos mejor, porque no nos reconocemos en lo presente. De ea forma, estamos perdidas en la casa de los espejos.

Perdernos es querer sentirnos mejor con nosostras mismas, luchando por ser las que ya no somos. Mientras las mujeres queramos reconocernos y valorarnos en lo que ya no somos, nuestro empoderamiento no será real. Por eso, entre amigas, dejemos de alabar nuestra imagen en relación a un ideal y comencemos a reflejarnos más allás de nuestra belleza idealizada. Recordémonos lo que realmente vemos unas en las otras, el poder que emana de nuestro estar vivas y en proceso. Son otras mujeres quienes me nos hacen descubrir quienes somos y nuestro valor. Entre nosotras podemos empujarnos para lorgrar reconocernos en el proceso de envejecer, es decir, en la vida y no en la negación de ésta. ¡Vivas nos queremos! En el más amplio de los sentidos.

[divider]
Paola

Paola Nayeli Villa Rosado. Mujer de 42 años, en proceso, madre, pareja, amiga, familiar, compañera de otras mujeres en procesos. Comunicóloga y humanista. He trabajado como catedrática de filosofía y ética en la Universidad Iberoamericana Puebla, México durante 5 años y posteriormente como gestora de proyectos de voluntariado ciudadano y corporativo en la fundación Hazloposible en Madrid, España durante 7 años.

 

Abrir publicación

TOP 10 de Música feminista o hecha por mujeres (feministas)

Por Dirce Agateofobia

Dirce se la vio difícil, porque le pedimos que hiciera un top ten, ya que siempre está compartiendo música. Y pues eso, acá su selección.

No sé si hay algo más complicado para mí que seleccionar un #Top10 de #MúsicaFeminista Hay millones de canciones, miles de bandas y un chingo de proyectos de todo tipo que hacen referencia a las participación de las mujeres en la música y la industria musical. Intenté que esta lista estuviera variada en cuanto a géneros musicales e intenté seleccionar bandas que tuviera una propuesta activista, más allá de sus letras. En algunos casos elegí las rolas que repito incansablemente esos días que necesito una inyección de energía feminista. Bueno va.

  1.  K-PASA USA

Pensaba poner a Bomba Estéreo, pero recordé este increíble proyecto ¿mexicano?, que no solo tiene mucha onda, sino que además trae un mensaje feminista bien locochón y hacen performance. K-Pasa USA es un grupo queer feminista que produce música y performance electro-tropical. Ellas lo explican así: “Primero, nuestras letras y show cuestionan temas de género y sexualidad. Segundo, tocamos música que mezcla electro, rock, cumbia, y samba, y que está hecha pa bailar y celebrar el cuerpo.”  Si lo que andan buscando es un inyección de energía feminista con mucho sabor, aquí tienen:

  1. Miss Bolivia con Rebeca Lane y Ali Gua Gua

A estas morras no las tengo que presentar. Es la de cajón de las fiestas de Feministlán. Es con estas rolas que se reafirma que el feminismo se hace también bailando. Les dejo una playlist colaborativa de música para la #FiestaFeminista. Solo hay tres reglas para meterle música: que no se repitan las rolas, que tengan mucho mucho sabor y que sean canciones feministas.

  1. María Alba

No logré encontrar nada de información de María Alba. No sé si es feminista o no, ni tengo idea de la historia detrás de esta rola, pero me gusta la cumbia, salsa y guaracha y si esta canción no es revolucionaria, no sé entonces lo que es la revolución.

https://www.youtube.com/watch?v=jj8buZH9rkE

  1. Batallones Femeninos

No podía faltar el Rap Feminista en esta lista. Hay muchísimas propuestas bastante buenas, pero elegí a un grupo mexicano que, además, realiza activismo en diversos espacios, como lo son los centros de reclusión, mandando mensaje críticos  y  feministas desde el barrio, desde la periferia.   

Aquí otras propuestas de raperas feministas: 

http://www.tribunafeminista.org/2016/04/10-raperas-feministas

 

  1. Madame Gandhi

Madame Gandhi es un proyecto feminista de otro mundo. Kira es politóloga, matemática y una increíble baterista. Tal vez la conozcan porque en 2015 decidió correr el Maratón en Londres dejando que su menstruación saliera libremente durante todo el recorrido, como una forma de protesta en contra del estigma de la menstruación. En conjunto con la productora Alexia Riner han logrado colocar este proyecto como uno de los más innovadores, creado completamente por mujeres feministas.

Buscando música de Madame Gandhi topé con Princesa Nokia, se identifica como bruja y tomboy feminista queer, así que, dejen correr las sugerencias de youtube y escúchenla también.

  1. La Otra / Road Ramos

Cuando el amor no romántico no nos sale, o nos sale muy bien, las feministas escuchamos a la Otra, y así llegué también a Road Ramos. Música anticapitalista, reivindicativa, feminista y que se te pega aunque no lo quieras. Una entrevista con La Otra que da cuenta de su apuesta:

http://www.iskratv.org/portfolio/la-otra-cantautora-feminista-y-muchas-cosas-mas

  1. St. Vincent

Anni Clark. ¡Pfff! Mujer, lesbiana, directora de cine, multiinstrumentalista, una artista en toda la extensión de la palabra. Una de la más reconocidas guitarristas de esta época, que además aportó al diseño y creación de una guitarra que tomara en cuenta las necesidades y características de los cuerpos de la mujeres, dejando en evidencia que el mundo de la música,  ni los instrumentos están a nuestro favor.

https://i-d.vice.com/es_mx/article/st-vincent-redise-una-guitarra-elctrica-con-espacio-para-senos

  1. Arch enemy

Creo que mi primer acercamiento con el feminismo fue gracias al metal. Así que, con su permiso, me permito poner una banda metalera en el gran tercer lugar de este Top10. No puedo decir que Angela Gossow (quien alguna fue vocalista de esta banda) sea feminista, y las letras de esta banda le tiran mucho más al anarquismo. Sin embargo,  ver a una mujer cantando gutural con una banda tan poderosa, rompió mis esquemas de la feminidad durante mi pubertad. Y en el mundo del metalero, sin duda marca una referencia contundente cuando se habla de mujeres y metal.

 

  1. Savages

¡Post-punk hecho por morras! Evitaré las palabras y me atreveré a poner aquí todo un concierto de ellas, porque son mi banda favorita. Fin.

  1. Bikini Kill

Cada que conozco una morra feminista le quiero cantar esta rola. Bikini Kill está en el primer lugar de esta lista porque con su música  y apuesta política fueron unas de las iniciadoras del movimiento Riot Grrrl, que fue un estallido feminista en la música underground en Estados Unidos en la década de los 90. Con punk, arte, fanzines y activismo feminista, lograron aglutinar la exigencia de las mujeres que les gusta el rock-punk y hacen rock-punk. Tienen un manifiesto que claro que  no voy  perder oportunidad de ponerlo aquí: https://radiotlc.blogspot.mx/p/manifiesto-riot-grrrl.html

También vean el documental:

 

Como un bonus le comparto el proyecto Mujeres y Música http://mujeresymusica.com/. Una plataforma que desde España realiza diversas acciones para visibilizar a las mujeres en la música. Podrán encontrar listas interminables de bandas y morras que hacen música feministas, así como diversos artículos y materiales para analizar los obstáculos que las mujere enfrenta en la industria musical. No conozco algo parecido en México, así que ¿hay que armar, no?

Y para aquellas que ya hemos caído en la garras de Spotify, igual ya saben pero les recuerdo que hay varias listas de reproducción de mujeres en diversos géneros musicales, como jazz, pop, rock, metal, indie, entre otros. Solo búsquenlos como Women of… y disfruten.

[divider]

Twitter: @agateofobia_

Abrir publicación

Manifiesto MYM: Mujeres y música

Vivimos en una estructura social patriarcal y sus dinámicas se reproducen en todos los ámbitos, muchas veces  de manera silenciosa. MYM nace con el objetivo principal de visibilizar y  combatir estas dinámicas machistas en el sector musical para alcanzar un escenario de equidad en el que el género no limite las oportunidades, ni los roles a interpretar y no condicione la respuesta del público.

Las principales metas que nos planteamos con este proyecto son:

  1. Cambiar el panorama de infrarrepresentación de las mujeres en todos los ámbitos del panorama musical actual: festivales, productoras, discográficas, medios,…
  2. Visibilizar a mujeres que han marcado la historia de la música y aquellas que actualmente comienzan a forjarse un camino en la música.
  3. Concienciar sobre el machismo en las letras de las canciones, en la educación y en la industria musical e introducir una perspectiva de género para cambiar esta situación.
  4. Dar voz a los diferentes colectivos que luchan por cambiar el escenario y aunar esfuerzos, promoviendo acciones conjuntas, difundiendo actividades y colaborando para generar sinergias. Juntas podemos.

Para ello investigamos y divulgamos datos, planteamos reflexiones y debates, realizamos entrevistas a artistas, promocionamos discos y eventos realizados por mujeres o con perspectiva de género y fomentamos la lucha activa y consciente frente a situaciones injustas por motivo de género en el ámbito musical. Paralelamente generamos una base de datos de mujeres músicas para facilitar el descubrimiento de nuevas artistas clasificadas por géneros, países, épocas, instrumentos… Este directorio busca ser también un recurso para programadorxs musicalxs que desean romper la brecha de género y el círculo vicioso de la infrarrepresentación programando mujeres en sus eventos musicales.

Se trata de un proyecto colaborativo, abierto a publicar reflexiones y propuestas  que aporten nuevas perspectivas. Si te animas a colaborar escribe a hola@mujeresymusica.com.

[divider]

Este manifiesto fue publicado originalmente en la página de MYM http://mujeresymusica.com/manifiesto-mujeres-musica/ agradecemos su amable colaboración con nuestro proyecto.

 

Abrir publicación

El movimiento Riot Grrrl

025bac2413dfa2c426fc2f3dff8fa3a5

Por Valeria Lugosi

El movimiento Riot Grrrl es una pieza fundamental en el feminismo mundial, un manifiesto punk necesario para plantarnos frente al eterno patriarcado. La música siempre fue un medio útil para lograr que el mensaje llegue a más personas. El objetivo está claro y parece utópico, pero también se sabe que la unión hace a la fuerza.

     Janis Joplin fue la precursora en expresar estas ideas. Dentro del movimiento hippie de finales de los sesenta, ella fue la imagen de la libertad femenina. Patti Smith siguió sus pasos, sobre el final de la década siguiente, transformando su poesía en canción. De lo hippie hacia el punk, ellas dejaron una huella perfecta para que las mujeres cambiaran la realidad.

     A mediados de los ochenta apareció en el under estadounidense la banda Pussy Galore. Tres discos y un puñado de EP’s, fueron suficientes para marcar los cimientos del Riot Grrrl en Washington para siempre. Terminó siendo una banda de culto, apreciada más a la distancia que en aquel momento.

     “Las chicas inventaron el punk rock, no Inglaterra”, dice una remera icónica que usó en los noventa Kim Gordon, integrante de Sonic Youth. Con la inminente revolución de Nirvana, todo estaba a punto de estallar. En ese momento Kathleen Hanna y Tobi Vail, futuras , eran dos fanzineras que militaban el feminismo y la libertad en sus fotocopias. En sintonía, estaban Molly Neuman y Allison Wolfe, integrantes de Bratmobile. Se conocieron, vieron que iban por el mismo camino y entre las cuatro armaron el fanzine “Riot Grrrls!”, el puntapié inicial de la revolución feminista como movimiento.

     En paralelo, algunos hombres de la escena se sumaron. Los muchachos de Fugazi fueron los primeros en armar fechas con Bratmobile y Bikini Kill. Llegaron a tocar en la puerta de la Casa Blanca. Además, Ian McKaye, el motor del under de Washington hasta el día de hoy, editó a través de su sello Dischord Records a Bikini Kill y a Slant 6, otra banda feminista integrada por la ex Bratmobile, Christina Billotte.  Sin embargo, el hombre feminista más famoso fue Kurt Cobain. En ese momento, él salía con Tobi Vail. Su amistad con Kathleen era tal que fue ella quien, a través de un graffiti, bautizó la canción que marcó una década: “Smells like teen spirit”. Por otro lado, Nirvana, en su visita a Buenos Aires trajo como teloneras a las Calamity Jane, una banda de chicas punk con algunos tintes grunge característicos de la época. El público argentino las agredió y, en respuesta a esto, Cobain amagó toda la noche con tocar “Smells like teen spirit”, a modo de protesta.

     En la misma línea del Riot Grrrl, a mediados de los noventa y también en Washington, surge Sleater-Kinney, que en 2015 regresó a los escenarios y con disco nuevo. Tal vez reconozcas a Carrie  Brownstein, guitarrista de la banda y actualmente actriz de la serie Portlandia. Las Sleater-Kinney iban a la misma escuela secundaria que las Bikini Kill. Por otro lado, Hole también apareció en ese momento, militando las mismas ideas pero en una forma menos política y más desprolija. A las Riot Grrrl nunca les cerró la idea de Hole como parte de este movimiento. Tal vez esta desconfianza surja porque Courtney Love le pegó a Kathleen Hanna, mientras miraba a Sonic Youth en el Lollapalooza 95. Kim Gordon también dejo su marca feminista con Free Kitten, una banda que tenía junto a Julie Cafritz, integrante de los históricos Pussy Galore.

Sin embargo, en Latinoamerica también había un movimiento naciente. En Argentina, She Devils marcó el terreno. En sus canciones hablaban de anarquía y feminismo. En 1997, hicieron un Split con Fun People que se llamó “El aborto ilegal asesina mi libertad”. Hacían punk porque en ese momento era contracultural (¿lo sigue siendo?).  A partir del quiebre social del 2001, la cumbia se transformó en el hogar de esa contracultura que supo ser punk, ese espacio que la ‘gente bien’ considera molesta. Es por eso que sus integrantes mutaron e iniciaron una nueva banda de cumbia, llamada Kumbia Queers. En Brasil, el riot grrrl empezó a aparecer en 1982, de la mano de Mercenárias. Durante los noventa, Dominatrix encabezó el movimiento de ese país. Las acompañaron otras bandas como Bulimia y Menstruação Anarquika. Actualmente, Anti-Corpos, una banda de lésbica feminista de hardcore, es quien sigue llevando la bandera.

     Hoy por hoy, el machismo sigue en todos las lados. La búsqueda de la igualdad femenina ya es un tema cotidiano, pero no alcanza con eso. Todavía falta. Un claro ejemplo de esto es el caso de las Pussy Riot, un colectivo ruso feminista. En 2012, tres de sus integrantes fueron encarceladas luego de un recital improvisado en el altar de la Catedral de Cristo Salvador de Moscú. Las acusaron de vandalismo por exponer sus ideas. Jamás se resistieron ante las autoridades y, ya en la cárcel y cumpliendo los dos años de condena, no pararon.

      En Latinoamérica, la lucha y la unión es doble. Hay muchas chicas que alzan su voz a través del rap, y en sus líneas resumen todo el pensamiento feminista. Tal vez sea porque junto a la cumbia son el ritmo de la calle, la contracultura actual. Algunas de ellas son: Rebeca Lane (Guatemala); Diana Avella (Peru); Sara Hebe (Argentina); Caye Cayejera (Ecuador); Anarkia Ruiz (Venezuela); Belona MC (Chile); Danay Suarez (Cuba) y Jessy P (Mexico).

      El objetivo sigue siendo el mismo que en los sesenta. Janis Joplin buscaba esto, Patti Smith buscaba esto. Somos feministas porque es necesario. No tenemos opción. Hay que levantar nuestras palabras, nuestro manifiesto, en camino a la verdadera libertad.

[divider]

Valeria Lugosi. periodista de cultura joven y productora. Editora del fanzine “Elegí tu propia aventura”. Actualmente colabora con la Revista Rolling Stone.

Este artículo fue publicado originalmente el 4 de diciembre de 2016 en la plataforma Ni Groupies ni Musas 

Abrir publicación

La ternura de las chongas

dibujo por Iurhi Peña
dibujo por Iurhi Peña

por val flores 

Este es un homenaje. No es por deceso alguno. No es imprescindible la muerte para celebrarnos en vida. Tampoco es para cumplir con el imperativo capitalista de la felicidad, es sólo para regodearnos en nuestra propia alegría, ya de por sí indisciplinada. Puede tomarse como un agasajo literario o como un cortejo activista. O puede olvidarse.

Este es un homenaje a las chongas, a las que vivimos, a las que sobrevivimos, en este suelo movedizo de las categorías inestables y fluidas, pero que su apropiación ayuda a respirar un poco entre tanto polvo hetero. Para las que hemos sido desterradas del canon de belleza, y “lindas” y “hermosas” son palabras sepultadas en nuestros  márgenes del audio vivir. A lo sumo, un susurro las exhuma para una íntima transacción erótica o sexual.

Chongas de mandíbulas rectas, del rapado como marca capilar de lectura, de la ropa ancha y abultada, del jean apretado y remera ceñida al torso, del músculo firme y disponible, de los borcegos desteñidos y gastados, de la fuerza a flor de piel, de la seriedad como gesto de desmarcamiento de la risa, siempre mesurada, del modelo de heterofeminidad hegemónica. Para las chongas que queremos que se nos note, lo torta, lo marimacha, lo vulgar, lo rústico, lo de barrio bajo. Para las chongas de piernas arqueadas que su caminar abre un portal mágico para los géneros disidentes. Para las chongas que buscan y gustan de zapatos “de hombre”, ahí, donde una vez más, el binarismo nos descalza porque las de 38 para abajo no encontramos número del modelo elegido. Para la chonga guerrera y lacónica, la verborrágica esquizoide, la tetona y la lisa, la de aliento gélido y la de voz grave y cavernosa que te excita. Y también para las que vendrán con la gloriosa ley de identidad de género, las chongas sin tetas o sin útero, pero chongas sin más. Para las que paleamos rellenando las fosas que pretenden aislar y confiscar la masculinidad como territorio exclusivo de los hombres. Para las motoqueras y las incansables andadoras en bici. Para las que se dejan la barbita y también las que se depilan. Para las chonguitas de la primaria y la secundaria, a quienes se castiga con el aislamiento afectivo y la extorsión emocional: a mayor feminidad mayor oferta de cariño y atención. Para las chongas que nos perdemos en las entrelineas de lo lésbico mujeril y lo trans varonil, y nos encontramos en el gesto interruptus del régimen óptico del imperio heterosexual, encarnando la falla y el fracaso de la norma.

Dicen por ahí que somos desaliñadas. Un poco cierto es, nos salimos de las líneas que dibujan la belleza hetero y también la de lesbiana chic & vip. Y en parte se equivoca, porque aliñarse chonga  lleva su tiempo, sus minucias, sus astucias, sus tretas. Ponerse chonga es un arte de la imitación y de la creación apasionada. Chongocopia, copia de copia reinventada sin original.

Nos acusan de pretender usurpar las prerrogativas de la masculinidad hegemónica: el poder, la fuerza y la dominación…y si fuera así, ¿cuál sería el problema? O ¿para quién se convierte en un problema? ¿por nuestro deseo de poder?  ¿ porque nos enseñan que portar concha nos inhabilita socialmente para el poder? Somos okupas del género dominante porque creemos en la libre circulación de los códigos por y en los cuerpos. Algunas queremos esas licencias para transformarlas, otras ni ahí. Y en esa cadena de imágenes en la que la gente produce su propia película, nos meten de prepo en la cama, de manera unívoca, como penetradoras inalterables. Pobre imaginación sexual la de nuestra cultura. Chongas las hay de todas las formas de coger, de prácticas más fluidas, más rígidas, más salvajes, más vainillas, más hard core, más sluts. No todo se anuda tan fácilmente, por suerte.

Y en este homenaje destaco la ternura. La ternura de las chongas que se vuelve ilegible a los ojos hetero y homonormativos. Y no es para certificar que “algún rastro de mujer nos queda”, sino para desconectar de y desconcertar a, la máquina normativa que mira, piensa y siente sólo de a dos. Porque interferir la administración dicotómica de los repertorios sensibles y de afectos disponibles es parte de desprogramar nuestro aparato perceptivo heterosexual. Porque la ternura no debería ser un atributo privativo y excluyente de un género determinado, ¿no?

Un sencillo y emotivo halago para las chongas, para abrir, tan sólo, un espacio placentero en los entretelones de la vida del género donde circule la ternura sin nombre propio.

[divider]

val flores: escritora maestra tortillera masculina feminista heterodoxa queer prosexo postfugitiva sudaka antiespecista

[divider]

Originalmente publicado en mayo del 2012 en: http://escritoshereticos.blogspot.mx/2012/09/la-ternura-de-las-chongas.html

 

Abrir publicación

nuestra utopía kuir es la política de la amistad

11063806_10205469162585074_4519400940794512801_n (1)

Jorge Díaz

Biólogo feminista, escritor y activista CUDS

Muchos de nosotrxs llegamos a implicarnos políticamente en el feminismo a través del queer (el cuir o el kuir en sus acepciones locales). Quizás suena paradójico pero entre nosotrxs no hay una temporalidad que implique un orden históricamente conforme, pues son aquellos momentos que nacen del juntarnos en el activismo, del cortar el tiempo personal de los proyectos pre-trazados, los que configuran una posición y nos dan un cuerpo. Por lo mismo, nos cuesta pensar como positiva la generalidad que utiliza cierta metodología academicista estructurada en tesis, que entiende a los movimientos de política sexual como una organización lineal de transmisión del conocimiento y la desobediencia. Marcando firmemente un solo mapa. Peor aún cuando quieren traducirnos con el lenguaje del paper, un lenguaje organizado por el método elitista de las disciplinas que solo se leen entre ellas. Esos escritos jamás explicitarán nuestros deseos porque se desbordan. Las feministas que leemos y con las cuales trabajamos nos han enseñado que la palabra es un espacio de experimentación. Tal como lo son nuestros cuerpos. Además, hay siempre en cada localidad de articulación política, capas más finas, micro-texturas y afectividades que urgen de ser reconocidos para ir contra el pensamiento lineal de las rebeldías sexuales que se escriben en Formato APA. Es una historia local la que nos implica siempre y esto lo aprendimos también del feminismo. Llegamos al feminismo realizando acciones, talleres, performances, escribiendo y leyendo desde el lugar que parodia la insolencia patética del mundo heterosexual en el que vivimos. Sí, leímos la teoría queer traducida desde la madre patria, que sigue colonizándonos con su estructura materna que rechazamos por rebeldía. Es cierto, sabemos desde la Malinche que toda traducción es traición, pero no queremos defender el espacio ultra-inmunitario de comprender las lenguas como territorios de guerra. Ya vivimos en el apocalipsis constante. En inglés, como también en otros idiomas, escriben muchos activistas con quienes nos relacionamos en un vínculo afectivo y de manera  trans-fronteriza. Así que más que rehuir a hablar en las palabras de un compañerx de activismo que vive en el otro lado de la tierra, debemos prepararnos para seguir estableciendo vínculos de traducción que nos permitan comprender que si bien no todos tenemos los mismos tipos de opresiones de raza, clase o género, existe una agenda global del feminismo que entiende los espacios minoritarios y de violencia en muchos lugares del planeta como propios. Queremos leernos y conocernos, establecer vínculos que permitan enriquecer nuestras miradas con todas aquellas figuraciones y formas de leer la realidad de las cuales el feminismo kuir, ese escrito en el punk y el quechua, está saturado. No tenemos teoría que defender porque la teoría somos nosotrxs mismos, encarnada en nuestras hablas, acciones y textos. Porque las feministas siempre escribimos, no podríamos negarnos la letra. Ya no podemos negarnos nada. Y es de manera azarosa, o quizás no, que en español teoría rima con utopía, aquella que muchos dicen es imposible llevarla a la política práctica. Nosotros no creemos eso pues para nosotrxs, la utopía se encuentra en ejercer la política radical de la amistad. Estamos acostumbrados a vivir en una fragmentación que separa radicalmente el yo del nosotrxs en nuestros pequeños contextos. Una forma de pensamiento que nos ha llevado a establecer espacios de separación ahí donde nuestros cuerpos parecen separarnos por algo que muchos llaman diferencia sexual. Pienso que la primera tarea es aquella que nos implica a dejar de ser hombres.

Soy un biólogo feminista que se identifica con una forma de investigar y vivir que tomando la materialidad corporal de lo vivo y lo no vivo, pretende volver a traducir las dimensiones del sexo como un espacio abierto a nuevas interpretaciones que se alejen de los reduccionismos.  Porque debemos ir en contra de lo que nos enseñaron en el colegio: la competencia, la prueba o la copia obligada y en desacuerdo con el difundido conocimiento darwiniano que dice que las especies tienen que competir para sobrevivir. Nosotrxs apostamos por una vida de ayuda y contención mutua. Queremos una sociedad de participación social con la amistad como forma de vida. Los actuales feminismos de intercambio libre en la web, las políticas del código abierto, las guerrillas del ciberfeminismo, las barreras inmunológicas de las cocinerías comunitarias, la política del “hazlo tú misma”, la autoformación, las relaciones sexuales y de compañía entre diferentes generaciones, el anti-especismo como forma de lucha, las transiciones de género como momentos de felicidad, las imprentas anarquistas, las editoriales independientes y el cambio de la palabra “competencia” por “afectividad radical”, son quizás las únicas salidas que tenemos para no ser devoradas por un sistema de lucro, ganancia y mezquindad.

Apostar por unas letras y un activismo que pierdan el respeto a las grandes autoridades y promueva la emancipación, la parodia, la difusión del feminismo como práctica y como teoría política nos salvará de ser carcomidas por el avarismo individualista del experimento neoliberal en el que vivimos. Ya lo han dicho: ningún partido político, ninguna institución ni escuela podrán jamás emancipar a nadie.

Somos híbridos, bailamos gaga y leemos a Marx y creo que no por eso tenemos que odiarnos, sino hacer de esas mismas contradicciones nuestra fortaleza.

[divider]

Jorge Díaz. Biólogo feminista y activista de la disidencia sexual. Candidato a Doctor en Bioquímica por la Universidad de Chile. Es miembro del Colectivo Universitario de Disidencia Sexual (CUDS) desde el año 2008. Ha escrito textos sobre farmaco-política, cine, teoría y arte feminista participando en ponencias y encuentros de arte y política sexual nacional e internacional. En el área de la ciencia trabaja en la biología celular y molecular de patologías contemporáneas.

Abrir publicación

Fragmentos dispersos entre micropolíticas afectivas del rechazo y la afroafectividad

Yos-1
Dibujo Yos Piña Narváez (@erchxs) Coloración: Oscar Hernández @SrPeek

texto por Jess&Yos

-¿Me van a dejar solx? Repliqué.

Hubo miradas de complicidad y reconocimiento de cuerpxs que viven acompañadxs por la soledad. Ella se quedó. Allí estábamos cuerpxs negrxs que bailan, twerkeaan divinamente en la frontera. Lugar difícil. Un lugar poco habitado con confortabilidad. Nuestrxs-cuerpxs liminales son lugares por donde muchxs cuerpxs-subjetividades blancan “pasan”, con pass-(h)abilidad. Dejan rastros y marcas. Pocxs se detienen co-habitar esta frontera con nosotrxs. Pocxs se atreven a quedarse por instantes, detenidxs, juntxs, en compañía en este lugar. La euforia cis-blanca, se lo impide, es esa emoción de complacencia con el cuerpo y los mandatos asignados. Esa sonrisa constante de aceptación y de miedo a quedarse en  esta(s) frontera (s) delgada y frágil como cola de pantera.

Hablamos de nuestrxs cuerpxs, generificados y racializadxs. “No quiero ser un hombre negro”, le dije. Sé lo que implica ser una mujer negra y no quiero serlo”, me dijo. Vivimos en los extremos, pero no en los extremos de la comodidad binaria. Nos preguntamos cómo generamos afectos situadxs en estxs cuerpos ¿cómo cuerpxs blancos cis se relacionan con nosotrxs cuerpxs negrxs disidentes no diversxs funcionales? ¿Cómo cuerpxs disidentes, no normativxs, racializadxs o no, se relacionan con nosotrxs? ¿Cómo tejemos redes afectivas cuando los deseos blancos-coloniales ero-exotizan nuestros cuerpxs? La náusea: “Cuando se me quiere, se me dice que es a pesar de mi color. Cuando se me odia, se añade que no es por mi color… Aquí o allí soy prisioneirx.” recordamos a nuestro amigo Fanon y decidimos hablar desde nuestras subjetividades negras sobre las micro-politicas-afectivas del rechazo, sobre esas vinculaciones sexoafectivas que nos marcaron y que hicieron que dejemos marcas en otros afectos.

No estamos hablando desde el lugar de la autoridad epistémicas de las emociones. Simplemente abrimos nuestras heridas inscritas en la piel y debajo de ella. Chocamos con la parte sumergida del iceberg, con secretos sumergidos en nuestra memoria compartida. Nuestra memoria en retazos, nuestra memoria afectiva. Esto son retazos de conversaciones afroafectivas. De espacios entre negrxs, de escucha y sanación ante las micropolíticas del rechazo. También es un ejercicio de exposición de nuestras vivencias maltrechas.

Compartir el poder de los sentimientos con lxs demás no es lo mismo que emplear los

sentimientos ajenos como si fueran un pañuelo de usar y tirar. (…). Antes de utilizar los

sentimientos eróticos es necesario reconocerlos.  Audre Lorde. Usos de lo erótico: lo erótico

como poder

Get into trouble,

get into trouble,

get into trouble with me love…

ABRA- Pull up

Hay que meterse/involucrarse/acceder afectarse con la fragilidad de estos cuerpxs aunque esté camuflada, protegida por la fuerza y saberes ancestrales. Activamos micropoliticas afectivas de supervivencia frente al Estado, a instituciones y aplicaciones del neoliberalismo afectivo 2.0

“Te admiro. Siento no poder corresponderte.”

zonificación de los afectos. Separación del amor-deseo. Friend-zone. El apartheid emocional. Lugar de condescendencia afectiva.  La blanquitud me imposibilita acceso y gozo  a/de los afectos. La blanquitud: macro burbuja de construcción de los deseos para los cuerpxs blancxs y de ero-exotización de los cuerpos negrxs/racializadas. Las micropolíticas del rechazo nos quitan el poder, la fuerza.  Las micropolíticas del rechazo nos engloba en una esfera que nos convierte en el fetiche hiper-erotizadx o la medalla de honor de lxs progres blancxs que anhelan un cuerpo negrx/ etnoracializado/»de color » en su cama, como proyecto «político» o como puntaje en su trayectoria de activismo de lo políticamente correcto, para ganarse el cielo de la izquierda blanca.

Le dije: Creo que la atmósfera sexoafectiva no debe restringirse a un solo cuerpo-espacio.  inmediatamente ha venido el rechazo. Siento el miedo de la gente, como si yo no sintiera miedo al manifestar afectos, atracción. La fácil salida de decir: «es que es muy difícil para mí», como si yo estuviera en la cresta de la ola de la revolución sexoafectiva y no esté igual dando pasos torpes para encontrar tranquilidad-afectos. Parece utopía, pero créeme, cada vez más siento los golpes de la normatividad: hetero-homo-trans-queer monogámica exclusivista o poliamorosamente blanca, separatista de afectos-amor-deseo. En la economía afectiva siempre quedamos con menos, aunque siempre estamos poniendo energías en la cadena productiva de afectos, producimos plusvalía y somos expropiadas de esta producción. Es la dinámica esclavista-colonial. La plantocracia afectiva mantiene vivo el capitalismo afectivo blanco. Incluso la acción de escribir este texto afectivamente entre dos cuerpxs negrsx forma parte de un trabajo -no remunerado, ni reconocido-que implica, gestión emocional y de los afectos en nuestras relaciones con cuerpx blancxs y racializadxs, normativos y/o disidentes.

“– pero tú eres palmitera, por eso estás sola”

Para degustar el palmito, el corazón blanco de la palma, hay que destrozar el cuerpo de la planta. Matar y extraer el corazón blanco. El deseo está allí en el palmito. El palmito es retirado por manos esclavizadas, el palmito es caro, es muy deseado.

“Palmitagem” es un término en boga en Brasil y designa el acto/opción/vicio/deseo de personas negras en relacionarse sexoafectivamente con o solamente personas blancas. Colonización de nuestrxs deseos.

-Tengo pareja. Es blanca. -Me dijo. Hablar de tu pareja blanca es violento. Es lanzarme a la supremacía blanca y a la hegemonía de los deseos, y no darme un lugar. Es plantear que no exista otro lugar fuera del deseo de la blanquitud. Es nadar en la hegemonía, en las cómodas aguas blancas con el  privilegio de ser amadx y deseadx.

La crítica es obviamente válida y cuestiona la manera racializada y racista que nuestros sentimientos son construidos, re-producidos y vividos. Pero es también un término usado para juzgar, monitorear nuestros cuerpxs y para culpabilizar el/la individux racializadx y decir: “tus deseos no son tuyos”. Tus deseos son como los procesos coloniales de extractivismo hecho cuerpx: extraigo la planta, fragmento, consigo lo que “me genera placer”.

 

¿habilitamos/desabilitamos nuestros deseos hacia las personas blancas?¿En qué medida esto es efectivo y de qué manera no somos castradxs al decidir no relacionamos sexo-afectivamente con personas blancxs? ¿Cómo juegan y cuáles son los efectos entre la soledad impuesta a nuestros cuerpxs y mentes, el deseo colonial y el rechazo constante? ¿Qué pensar/sentir cuando somos el cuerpx del deseo de una persona y luego somos cuerpxs sustituidxs/sustituibles por gente blanca? ¿Cómo sentirnos cuando somos la primera relación sexo-afectiva negrx/racializada de una persona blanca, y ellxs argumentan que “tienen que hacer un esfuerzo por desconstruirse” para estar con nosotras? ¿Cuánto trabajo emocional implica esto para nosotrxs? ¿Acaso eso que no implica un doble esfuerzo, gestionar sus procesos y los nuestrxs? ¿Cómo traducir los deseos desde personas blancas que vienen cargados de eroexotización?

“Tengo que traducir

mis propios temores

Mediar

mis propias debilidades.

Tengo de ser la puente a ningún lado

más que a mi verdadero ser.

Y después seré útil”.

Kate Rushin

En el heterocapitalismo neoliberal de la supremacía blanca, los afectos son distribuidos como todas las mercancías…

Ya no me convencen las lágrimas.

Este texto te afecta, me afecta. Es reparación afectiva. Redistribución del dolor y redistribución de las lágrimas. No “poseemos el privilegio de la tranquilidad”, me dijo un amigo negro mientras intentábamos juntar dinero para comprar algo de comida. La tranquilidad está desigualmente distribuida. La persona blanca poseedora de estabilidad financiera-económica lleva inmediatamente a gozar de cierta estabilidad emocional, esta persona muchas veces es la única disponible para escucharnos, ofrecernos cariño, prestarnos dinero -que no sabemos si lograremos devolver-, ofrecer un espacio para dormir, cocinar para nosotras, más aún si hay afecto compartido y nosotrxs estamos/vivimos en condiciones de precariedad, en la diáspora negra constante, sin empleo, sin beca de estudios, sin herencia. Esto no es victimismo negro, cariño, es dejar en evidencia los privilegios de las personas blancas con quien compartimos afectos. Acá se espesa el chocolate, diría mi madre: Es (in)justamente una persona blanca la que muchas veces ofrece condiciones materiales, emocionales. ¿Y que pasa por nuestrxs cuerpxs cuando nuestrxs “amores” y afectos blancos privilegiados financeramente, académicxs, con pasabilidad green card-Schengen, no nos ofrece ayuda porque somos negrxs fuertes y “empoderadxs”, como sobreviventes? ¿Hasta cuándo durarán estas fuerzas? ¿Que implica emocionalmente tener tanta fuerza?

La disección de nuestros cuerpxs

“No quiero teorizar. Que hablen nuestros deseos.”

 

Lo erótico es un espacio entre la incipiente conciencia del propio ser y el caos de los sentimientos más fuertes. Es una sensación de satisfacción interior que siempre aspiramos a recuperar una vez que la hemos experimentado. Puesto que habiendo vivido la plenitud de unos sentimientos tan profundos y habiendo experimentado su poder, por honestidad y respeto a nosotras mismas, ya no podemos exigirnos menos. Audre Lorde. Usos de lo erótico: lo erótico como poder

 

Quitar lo erótico de nuestrxs cuerpxs es animalizarnos/ hiper erotizar nuestros cuerpxs, “bestializar nuestrxs deseos”, es animalizarnos. Esto es racismo/especismo. ¿Que pasa cuando separan nuestro cuerpo de nuestras cabezas? Cuando nos quieren solamente para sexo o cuando nos quieren como la cereza negra del pastel?¿Qué pensar/sentir cuando valoran nuestros pensamientos pero “no somos lo suficientemente atractivxs” para generar deseos? ¿Cómo relacionarnos para sentir placer mutuo sin que en algún momento seamos bestializadxs? Queremos compartir nuestrxs cuerpxs, nuestras texturas, cosas preciosas, tan preciosas como nuestros deseos: nuestros pensamientos, ideas, miedos, vulnerabilidades. Si reflexionamos sobre lo que sentimos/vivimos con nuestros afectos negrxs nos rechazan, por “blanqueadxs”, o porque somos demasiado “sensibles”, “inteligentes”, o por poco atractivas, o todas las anteriores. Cuando lo compartimos con personas blancas hay cortocircuito y poca interlocución. Siempre tenemos que demostrar que pensamos, que sentimos que no solo somos cuerpx. O siempre tenemos que demostrar que somos cuerpxs deseables, que no solo pensamos, criticamos. Siempre vivimos el vaiven de las olas para aprender a relacionarnos con otrxs cuerpxs. Siempre estamos en esta encrucijadas afectivas bastante caudalosas, nadando con las energías de Oxum.

 

Nosotrxs no creamos significados tanto cuanto los reproducimos.

Sharon P. Holland

 

Escribimos desde la constatación de que la ilógica racista todavía habita nuestros corazones/cuerpxs/deseos. Nosotras también rechazamos afectos-sexo, incluso aquellas provenientes de cuerpxs racializadxs. Este encuentro afroafectivo generó entre tantos afectos, este texto, es una energía potente que desestabiliza esta ilógica y que nos lleva a sumergirnos en la arquitectura de nuestros deseos manchados, despigmentados, pigmentados, mezclados.

¿Puede el sentir/pensar los ‘deseos’ ser una práctica antirracista? Creemos que sí, y que estas conversaciones sobre nuestras vidas eróticas y (nuestras) prácticas racistas sean un ejercicio y un camino para nadar y disfrutar(nos) (en) las aguas de la madre Oxum.

[divider]

Dibujo Yos Piña Narváez (@erchxs)

Coloración: Oscar Hernández @SrPeek

[divider]

Jess Oliveira negra en diáspora, disidente sexual y de genero, investigadora, traductora, crítica literária, DJ, estudante de árabe y perreadora.Traduce actualmente a la poeta afro-alemana May Ayim para el idioma  brasileña y ha traducido textos de Grada Kilomba y June Jordan.

https://ufsc.academia.edu/JessicaOliveira

[divider]

Yos Piña Narváez (erchxs) Migrante-nomádicx en proceso vivo de descolonización. Intensamente negrx. Sociólogx-activista- (de)formadx en Universidad Central de Venezuela (UCV) // Máster en Sociología de la(s) Ciencia(s) en el Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC). Máster en estudios críticos en el Programa de Estudios Independientes (P.E.I 2014-2015) Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona (Macba) Dibujante compulsivx de garabatos.  Asmáticx y scritxr noctámbulx. https://www.behance.net/TrashG

 

Abrir publicación

La resiliencia como política de resistencia

[o cómo los gueis (sobre)vivimos en los márgenes agropecuarios]

La Jotredad. Retrato de Norman Monroy por Areli Vázquez. Zempoala, Hidalgo, México, 2015.
La Jotredad. Retrato de Norman Monroy por Areli Vázquez. Zempoala, Hidalgo, México, 2015.

por Norman Monroy

Cuando mi papá se enteró de que en la escuela me juntaba con puras niñas me puso la madriza de mi vida. Con el lazo de la vaca, la banda del tractor o la cadena del corral, no recuerdo qué encontró primero. Después de ese episodio, a mis escasos ocho años de edad, me prohibió cualquier forma de mariconería. Me dijo que me alejara también de mi amiguito Enrique, al que siempre le hacían el feo por ser afeminado; seguramente también le dijeron que nos tomábamos de la mano de camino a casa, al salir de la primaria. Desde entonces, esa forma tan tajante de violentar mi derecho a expresar mis afectos y a elegir mis relaciones anunció un alto a mis inocentes atentados en contra de su masculinidad.

     Mi padre implementó un complejo dispositivo para hacerme “hombrecito”, a mí, su único hijo varón, que era tan delicado, sensible y… maricón. Entre otras cosas, me obligaban a montar a caballo hasta que mis piernas ya no podían más, hacer trabajos pesados como sacar una tras otra carretillada de estiércol de los corrales de los borregos, sacar la piedra de la milpa, llevar a cuestas las pesadas pacas de alfalfa mojada y, como estrategia principal, me metió al equipo de futbol de niños. Especialmente lo último fue un grave error táctico, pues cada una de esas tardes en la cancha de soccer forjaron mi marica pueblerina.

     Recuerdo que era un agasajo ver las nalgas a mis amiguitos con sus shorts cortos, imaginar qué había debajo de esas trusas desgastadas que se les asomaban. Disfrutaba verlos sin playeras, con ese fino pelaje en las axilas y debajo del ombligo que tanto me llamaban la atención. Todas las tardes procuraba dar buenos pases a gol para que, en su festejo, me abrazaran y pudiera sentir sus cálidos y menudos cuerpos mojando de sudor el mío. También estaba al pendiente de cuándo iban a orinar, para acompañarlos, venos los penes y jugar espadazos. Tal vez lo que más me gustaba era ser del equipo perdedor para ser castigado con “fila india” y que, al pasar, el resto de los niños me lanzaran nalgadas mientras corría (en mi caso trataba de hacerlo lo más lento posible), pues disfrutaba tanto esas manos y ese ardor que dejaban en mi culo; tan placentero como cuando, deliberadamente, dentro de nuestros códigos, podíamos bajarle el short al otro, apretarnos los testículos y las nalgas, pellizcarnos los pezones o frotar nuestros genitales en la cara o las nalgas del otro. Lo que para mis amiguitos significaba reafirmar su “hombría”, para mí fue mi despertar sexual, homoerótico, subvirtiendo la norma que intentaba introducirme a la heterosexualidad.

     Cuando Judith, la chica que me llevaba a la escuela y me cuidaba en las tardes, se enteró lo que sucedió con mi papá sólo me abrazó y con su silencio me dijo las palabras que, en nuestra diferencia, aprobaban mi forma de ser, de querer. Judith tenía unos 19 años, era morena, con rasgos faciales toscos, cuerpo ancho que le hacía ver más alta, cabello muy corto, usaba los pantalones y las playeras de su hermano que le quedaban bastante holgadas. Judith sabía, como yo, qué es no poder expresarte, vivir con el miedo de hacer algo anormal luego de un chingadazo; pensar una lujuria y que de inmediato nos vinieran las culpas. Si importarle el regaño de doña Alba, su mamá, Judith me llevó en la tarde a la fiesta patronal y después a la mojiganga, una especie de carnaval en el que los varones del pueblo usaban pelucas y ropas de mujer para burlar novillos en la plaza de toros, donde Orlando era la reina y salía con el mismito vestido que tenía mi mamá, el que una vez Judith me cachó probando a escondidas.

     Orlando era el ahijado de mi mamá, quien había sido su madrina de bautizo, primera comunión y confirmación. De él y de su hermana Argelia, los hijos de doña Guillermina “la güera”, que por una temporada vendió hamburguesas afuera de la casa de mi abuela. En realidad, Orlando nunca fue Orlando, era Frida, aunque hasta la fecha mi mamá y las personas del pueblo le siguen llamado Orlando. Desde que tengo memoria, Frida u Orlando, quien era como 15 años mayor que yo, era muy afeminado. Aunque más bien ese “era afeminado” le quedaba corto, pues no se reducía a una estética, iba más allá. Ella se vestía con pantalones muy entallados de los que nunca me expliqué dónde ocultaba su pene que apenas se notaba; usaba botas de cuero hasta las rodillas, blusones que apenas dejaban entrever el poco pecho que tenía. Usaba unos chinos amarillentos, abundantes, un labial rosa intenso que era enmarcado por un delineador rojo que le hacían unos labios preciosos, tenía un lunar sobre ellos, en el área donde se le dejaban ver unos pelillos mal rasurados. También tenía unas pestañas enormes y unos ojos muy lindos en su fina cara.

     Frida se iba a los bailes en los que danzaba por horas con los pandilleros de pueblos aledaños. Siempre iba junto con Armando, o mejor conocido como “La Raquela” (sí, por la canción donde un chico descubre que “la chica” con la que baila tiene pene). Raquela era muy alta, delgada, de piel trigueña, el cabello casi a los hombros y siempre se paraba chueco, como formando una “s”. Ambas eran las reinas, no sólo de la mojiganga, sino también de la noche, aunque la ruidosa moto en la que viajaban se les hacía calabaza a primeras horas de la madrugada y al otro día se tenían que levantarse temprano: una para ordeñar sus vacas y abrir la estética, y la otra para irse temprano a la maquiladora o ir a las casas a cobrar lo del Avon.

     Hasta hace unos días me ponía a reflexionar sobre estas, nuestras vivencias, en algún pueblillo del Valle del Mezquital, en el estado de Hidalgo, donde el despliegue de machismo, jotofobia y machorrafobia se encuentran reforzadas por marcadores imbricados de raza, etnia y clase social en un contexto rural. Lxs raxs no tenemos lugar, a veces ni tenemos palabras que nos puedan nombrar, pues nuestros seres desbordan el arraigado lenguaje ranchero. Cuando usamos las ropas y maquillajes de tianguis de nuestras mamás no somos Drags, como en la capital, somos la Raquela, la Frida, la si-lo-vuelves-a-hacer-te-me-largas-de-la-casa. Cuando bailamos sonidero con la mano caída no somos transgresoras, porque no es tan sofisticado como el Vogue, somos el deseo del chacal y, a la vez, el centro de atención y burla de quienes nos dicen intento de vieja. Que ni queer, ni cuir, ni LGBT, ni siquiera gays, somos gueys, una precaria traducción cultural que occidentaliza nuestras realidades; que de todas maneras a nuestras espaldas siempre sí somos maricones, putitos, jotas, marimachas y vestidas marginales.

     Y bien que no necesitamos tener denominaciones sofisticadas, pues generamos, bajo ninguna identidad prefabricada, nuestros propios procesos de subjetivación. Nos deconstruimos, hacemos nuestros propios actos performativos, también nos reivindicamos, nada más que con caca de vaca en el tacón. Subvertimos las normas que nos constituyen, producimos nuestras propias significaciones, nos sentimos orgullosas de ser las jotas agropecuarias que somos. También hemos generado diversas estrategias para resistir ante todas las violencias que ni siquiera sabemos que son violencias. Hemos aprendido a punta de chingadazos a que todas esas cosas se nos resbalen. Pasamos de no saber que nos violentan, aunque sí saber que hay algo que nos impide aceptarnos por completo y expresar lo que sentimos, a vivir sin saber con esas palabras que, con nuestro orgullo y amor propio, estamos desarticulando esas estructuras y nos estamos fortaleciendo.

     Eso es la resiliencia: tener la capacidad de sobreponerse a los embates de la vida, aprender a hacerles frente, pero también es superar las adversidades y trans-formarnos, en nuestro caso, desde un lugar donde ni siquiera en lo marginal de la gran ciudad tenemos lugar. Así como Judith lo hizo conmigo, hemos aprendido también a cuidarnos entre nosotrxs. Cuando pasamos por la calle nos miramos fijamente, nos reconocemos, nos saludamos con amabilidad y nos alegramos de no estar tiradas en el canal de aguas negras con un plomazo en la cabeza. Porque compartimos ser la risa del mismo albañil, los desprecios de nuestras familias, los señalamientos de la señora religiosa, el abuso del chacal que se sobrepasa con nosotrxs, el rechazo por nuestra imagen sucia, descuidada y afeminada cuando vamos a pedir trabajo.  Nos acompañamos por los callejones oscuros, la mana te proteje de los gandallas, te trasmite estrategias que aprendió para defenderse, porque ella ya sabe cómo usar los tacones en terracería sin caerse. Porque ese cálido saludo en la calle es un pacto secreto, de querernos, cuidarnos, procurarnos.

     Existimos y buscamos un lugar, resistimos. Nuestras subjetividades se van entretejiendo, generamos procesos colectivos, las redes que formamos se vuelven una estrategia política de supervivencia; nuestras vivencias personales son a su vez posturas políticas. Los límites entre ambos componentes –lo personal y lo político- parecen desdibujarse, ambos procesos se fusionan, se encuentran imbricados, articulados. Trasmitimos nuestras estrategias a quienes nos preceden, abrimos paso barbechando alfalfa, sembrando maíces, pastoreando animales.

    Desde esta perspectiva de resiliencia, como una política de resistencia, nos pensamos en un proceso, deviniendo agropecuarias. En estas coordenadas, en lo marginal de los márgenes, las agropecuarias cuidamos de sí, de nos, y hemos hecho de la resiliencia una red de resistencia, para confrontar desde diversos sitios la matriz de opresión. Porque no somos masculinos, vivimos al día, nuestras pieles son mestizas y morenas, casi no olemos muy bien y a veces somos algo burras para la escuela. Sabemos lo que es que te discriminen por ser pobre, morenx, indix, rural, y que a pesar de ello lxs mismxs pobres, morenxs, indixs y rurales te discriminen por ser un intento de vieja o un macho fallido, o que para tus congéneres, de otras latitudes más privilegiadas, ni existas.

     Por esto, sugiero pensar en un constante cambio personal como una apuesta política, al hallarse en contextos (rurales) de violencia diversifóbica, donde cualquier día puedes amanecer muertx y violadx entre el lodo de las milpas, sin que nadie te reclame por vergüenza a que te reconozcan. En donde la simple razón de existencia, las acciones disidentes o los atentados a la supremacía masculina podrían costar la vida. Donde ser es sobrevivir en un sistema de muerte.

     En resumen, en esta relación que propongo entre la resiliencia y la resistencia, se hallan un conjunto de estrategias y tácticas colectivas dentro del campo del poder que -en este caso- lxs que disentimos del machismo, la jotofobia y machorrafobia de nuestros contextos hemos empleado para resistir a los sistemas de dominación y a las violencias imbricadas y, que a su vez, estas estrategias se encuentran inscritas en un impulso de transformación y fortalecimiento personal y colectivo. Es decir, apuntan a un dispositivo estratégico de contraataque donde se encuentran entretejidos dos procesos: el cómo se le hace frente a un sistema de dominación [heteropatriarcal] y cómo nos trans-formamos al afrontarlo. La osadía de generar un proceso de transformación y empoderamiento, burlar al machismo y lograr nuestra libertad para existir, amarnos y ser felices, dentro de un sistema que nos violenta sistemáticamente. Ser resiliente como un acto político de resistencia.

     *Me sitúo en el contexto donde crecí para hacer referencia a la especificidad en donde se producen estas reflexiones. Si bien lo pienso desde estas coordenadas, no quiere decir que no puedan existir estos procesos en otros contextos, sin embargo, habría que repensarlo desde los marcadores que signan otras localidades.

[divider]

Norman Monroy. Pachuqueña, bella y airosa, brotando de los maizales del Valle del Mezquital. 23 años. Chaira, revoltosa, vestida marginal y marica agropecuaria. Estudié Psicología (social) en la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, me interesan los procesos políticos y de resiliencia de las sexualidades disidentes, así como los feminismos y la crítica decolonial. Acá también existimos, pensamos y luchamos.

twitter.com/verdeduras

Abrir publicación

Feminismos entre vecinas

por Cuerpos Parlantes

Los  feminismos no sólo son una mirada sobre el género como si éste se tratara solamente de una asignación injusta de roles e identidades basada en los genitales. Los feminismos son miradas sobre los problemas de nuestras comunidades, sobre la ciudad en que vivimos, dando cuenta también de que estas luchas son sostenidas y enarboladas en buena medida por mujeres que se rehúsan de múltiples maneras a asumir la opresión, la explotación laboral y el despojo de nuestros territorios como problemas individuales.

     El patriarcado consiste en colonizar las relaciones negando nuestra interdependencia, generando una separación entre nosotras que nos impide percibir que nuestra existencia se gesta en un mundo que nos es común, en el que todxs necesitamos agua, alimento, vivienda y transporte; espacios de esparcimiento y de trabajo donde no nos acosen, no nos violen y no nos maten.

¿Cómo se produce esta separación?

     Se logra, por una parte, mediante el ordenamiento del espacio urbano. En Guadalajara esto lo estamos viendo con el vaciamiento  del centro histórico a golpe de abandono, de obra pública y de desplazamiento. Gentrificación le llaman ahora: la pretensión de expulsar a vecinas y comerciantes de los barrios y de los mercados tradicionales porque las administraciones públicas y los capitales transnacionales han decidido que éste es el momento de revalorizar esta zona de la ciudad en franco deterioro después de tres décadas de olvido.

     Esto es lo que está ocurriendo en el barrio del Retiro que circunda el Parque Morelos, donde los gobiernos municipal y estatal, de la mano de la cámara de la industria electrónica (por cierto, una de las que más explota a las mujeres en maquilas) tratan de meter el acelerador a la Ciudad Creativa Digital, proyecto que promete empleos, innovación tecnológica y espacios amables, pero sin decir para quién, aunque es evidente que no será para quienes habitan y transitan la zona. Las vecinas, fieles a la práctica de conspirar por la que fueran perseguidas nuestras hermanas brujas, ya se organizan para resistir al despojo urbano, tal como lo hicieron hace cuatro años cuando el gobierno estatal pretendía construir las Villas Panamericanas en la misma zona.

     Unas calles más abajo, son las vecinas del barrio del Santuario las que se organizan para evitar que sus casas sean dañadas por las obras de la línea 3 del tren ligero, que se está haciendo sin que exista un diagnóstico claro de los riesgos que éstas comportan, y que han aniquilado a la mayor parte de los comercios del tramo de la av. Alcalde. A la organización de estas vecinas se suman también los comerciantes de la plaza del Santuario, espacio tradicional de convivencia, de baile, de paseo de habitantes de diversos puntos de la ciudad.

     El proyecto de gentrificación del Centro Histórico de Guadalajara realizó una movida estratégica con la que dio al traste con el Mercado Corona, también uno de los espacios más tradicionales de la ciudad, aprovechando un supuesto incendio accidental. En su lugar ahora tenemos la estructura de un centro comercial que ha puesto en conflicto a los locatarios del antiguo mercado, obligados a firmar un reglamento que les impide tener representación ante el ayuntamiento y la conformación de asociaciones. Un buen grupo de locatarias se organiza también para resistir a estas medidas de control y garantizar una justa reasignación de los locales en el nuevo edificio.

    El otro polo de este ordenamiento urbano que nos fragmenta es la brutal expansión de la ciudad hacia las periferias, en fraccionamientos que se erigen sobre terrenos malhabidos y que se ofertan sin contar con los servicios indispensables para habitar: agua potable, luz, transporte público. Las mujeres que por las noches regresan de sus trabajos a estas “ciudades dormitorio” se enfrentan diariamente a la amenaza de la violación, como si no fuera suficiente la explotación y el acoso que han sufrido en sus espacios de trabajo. Pero otras luchas y otras resistencias de mujeres se articulan también en estos espacios.

     Hace diez años compañeras trabajadoras de la industria electrónica -cuya mano de obra es 80% de mujeres, mientras que los puestos directivos son de hombres- se organizan para enfrentar no solamente las injusticias laborales de las grandes corporaciones, sino también la violencia cotidiana de sus jefes y compañeros de trabajo por medio del acoso sexual. Se proponen lograr un sindicato independiente que represente y defienda de verdad los intereses y derechos de las trabajadoras, a la vez que visibilizan las prácticas sexistas y violentas en los espacios de trabajo, promoviendo la conciencia del cuidado y apoyo entre ellas.

     Mientras, dos vecinas que habitan en fraccionamientos del municipio de Tlajomulco animan a otros vecinos a organizarse por tener esa vivienda digna que les han negado los desarrolladores urbanísticos con engaños. Agua potable y transporte público son algunas de las grandes carencias que sufren en la lejanía. Su acción política cotidiana consiste en acercarse a las vecinas, a los usuarios y a los conductores de transporte público, escuchar sus necesidades, hacer vínculos, buscar soluciones de manera conjunta.

     Como puede apreciarse, en las ciudades de nuestro país la colonización de los territorios es implementada ya no por países europeos, sino por transnacionales de todo el mundo. Colonizan territorios urbanos nuestros coetáneos, hombres de negocios que van erigiendo la ciudad de sus sueños a imagen y semejanza de su publicidad y sus negocios, por lo que los cuerpos que no encajan en ese sueño de ciudad son desechados. Las luchas por el espacio urbano se dan entre el estado, la ciudadanía organizada, los colectivos de clase media que impulsan su propia agenda política y corporaciones inmobiliarias y constructoras de todas partes del mundo. Un imperialismo económico y político liderado por capitalistas neoliberales.

     Si el feminismo es la sensibilidad y la acción ante el poder que nos construye a las mujeres como objetos dominados, mediante la articulación de nuestros cuerpos en los espacios de los que somos continuamente expulsadas, ¿qué acciones nos exige a las feministas esta situación de despojo de los barrios tradicionales y la violencia en las maquilas? A nosotras, que hemos defendido la autonomía y libertad de nuestros cuerpos en lo público y en lo doméstico. Como han dicho las compañeras feministas comunitarias, el cuerpo no termina en la piel. Defender el cuerpo es defender el barrio, defender las formas de vida que son amenazadas por el patriarcado capitalista, el cual niega a las relaciones sociales como sustento de esas formas de vida.

     Lo que hemos pensado en el espacio feminista de Cuerpos parlantes, tras más de tres años de encuentros, es en la necesidad de pensarnos, asumirnos y posicionarnos como VECINAS, antes que como activistas, académicas, artistas o gestoras. Dichas posiciones tienen sentido solamente en un esquema jerárquico que, en el mejor de los casos, nos organiza en gremios y redes según los méritos y el prestigio obtenidos, que mucho dependen también de la clase social y de los contactos con el poder. Ser vecinas, sin embargo, nos posiciona en el espacio de lo común: el barrio y la ciudad.

     Ser vecina no alude a una identidad, sino a una relación de proximidad. Se trata de una relación que no da por hecho la unión y tampoco niega los conflictos, al contrario; parte de la premisa de estar implicadas en un mismo territorio, de padecer las mismas problemáticas. Son estas problemáticas las que evidencian nuestra proximidad, la cual sabemos que genera fricciones y confrontaciones, porque nuestros movimientos más cotidianos se ven mutuamente afectados: sacar la basura, usar el transporte público, subir el volumen a la música, cerrar la calle, cortar el árbol…

     Por supuesto, nuestra lucha será más potente en la medida en la que ampliemos el diámetro de nuestra vecindad. En ese sentido, en Cuerpos parlantes entendemos el feminismo como práctica de vinculación de las distintas problemáticas y resistencias en el entorno de nuestra ciudad. Encuentros como las Jornadas Feminismos Entre Vecinas, los Diálogos Por un Transporte Digno y las Jornadas por la Defensa del Centro Histórico han sido puestas en común que han tenido como resultado, por un lado, una cartografía que nos permite hacer conciencia y visibilizar cómo y por qué están ligados la violencia de género y el transporte público; el nuevo Mercado Corona, las obras de la línea 3 del Tren Ligero y el proyecto de Ciudad Creativa Digital; el abandono del centro y la expansión hacia las periferias; el acoso sexual en el trabajo y la prevalencia de los hombres en los puestos de mando. Por otro lado, desarrollamos herramientas de forma colectiva en espacios como los talleres de Cine Feminista y de Defensa personal para mujeres para afrontar esas problemáticas, a la vez que nos aproximamos y reconocemos nuestra afectaciones comunes. También aprendemos mutuamente de nuestras formas de lucha.

     Sin embargo, sabemos que esto no es más que el comienzo. Pensamos que en la medida en la que asumamos la articulación entre nosotras más como una premisa que como un fin, nuestras posibilidades de vivir una vida digna y libre de violencias aumentan. Esto requerirá transgredir los cercos de clase y de edad que también nos separan, pero no obviándolos, sino cuestionando los privilegios y opresiones sobre los que se sostienen. Asumiendo que ahí donde hay privilegios para unas, hay derechos negados para otras. Tener acceso al conocimiento, a la teoría feminista, a espacios como éste, nos hace responsables de contribuir de forma específica en los procesos de formación, vinculación, comunicación y acción política de las mujeres que se organizan por aquello que es de todxs. De romper los techos y las paredes de cristal que nos limitan pero también nos protegen de los conflictos de clase, de la cruda violencia que sufren las mujeres que vuelven de noche en el camión y caminan solas hasta llegar a casa.

     Observamos con mucha alegría cómo las compañeras estudiantes están generando luchas muy potentes contra el acoso sexual en las universidades. Estamos convencidas de que en el momento en el que sus luchas se conecten con las compañeras obreras que combaten el acoso en el trabajo esa potencia alcanzará otros niveles.

     El proyecto de Ciudad Creativa Digital en su discurso de ‘regeneración’ del centro, lleva implícita una estrategia de limpieza social que contempla la expulsión de trabajadoras sexuales en la zona del Parque Morelos, donde actualmente laboran más de 200 mujeres. Esta estrategia forma parte de una racionalidad de doble moral que invisibiliza y niega los derechos de las trabajadoras sexuales a la vez que mantiene la explotación de sus cuerpos en tanto mercancía. Expulsar a las trabajadoras sexuales del centro de la ciudad es obligarlas a desplazarse a zonas más periféricas e invisibles de la ciudad, aumentando aún más los riesgos de su trabajo. Ellas también tienen derecho a una vida digna, y también se organizan. Y son nuestras vecinas.

     Los feminismos ponen en cuestión los estándares de normalización que patologizan, criminalizan y excluyen a los cuerpos diversos y disidentes: cuerpos migrantes, mestizos, indígenas, trans, cuerpos explotados a los que se llama ‘pobres’. Modelos como el de Ciudad Creativa Digital pretenden eliminar esta diversidad de cuerpos. En ese sentido el feminismo nos aporta herramientas para poner en cuestión la construcción de una ciudad que quiere planificarse a la medida de un cuerpo normativo de varón, profesionista, blanco y de clase media.

     Como afirma Chandra Mohanty, esto no significa que los feminismos apelen a “un objetivo político único, ni a un contrincante típico, ni un sujeto de lucha unitario. Implica trabajar en alianzas híbridas (…) para potenciar un movimiento feminista transformador que pueda contrarrestar con organización, solidaridad, y fortaleza la dramática incidencia del capitalismo neoliberal en la vida de las mujeres”. Tampoco supone la reificación de la unión entre “todas las mujeres” ni la superación inequívoca de todos los conflictos entre nosotras. Más bien apela a las prácticas del cuidado mutuo, que necesitamos más que nunca. Porque nos están matando. Nos están desapareciendo, nos están expulsando. Quizá el primer paso sea reconocer la proximidad que está ahí. Entender que las victorias del patriarcado sobre nosotras se dan allá donde prevalece la separación mediante los muros, las jerarquías, los privilegios y la competencia.

[divider]

Conoce más de los proyectos y las actividades de Cuerpos parlantes_espacio feminista y de investigación urbana en su página de facebook

Abrir publicación

Reinventar las afectividades

Ilustración: Oscar jauregui
Ilustración: Oscar jauregui

Por Luan Zetterstrom

Mi experiencia al hablar de afectividades, al menos por vía escrita, ha sido muy importante para mi deconstrucción; la primera vez que lo hablé fue en un taller sobre amor romántico con el tema de “deconstrucción del amor romántico desde la neurodivergencia”. Luego, escribiendo en el blog de mi colectiva sobre el deseo colonizado. He deconstruido muchos de mis privilegios, es un trabajo en el que una deja el alma entera, también he luchado desde mis opresiones, pero este trabajo no debe estancarse jamás, siempre hay algo nuevo que aprender, desaprender y revolucionar. Mi aprendizaje en este kyriarcado fue desde la normatividad dictada por el poder, es por eso que al igual que otras personas la palabra “afectividad” estaba totalmente identificada con las relaciones románticos y/o sexuales monógamas. Cuando comprendes que la definición va mucho más allá de los socialmente construido como “único” se abre un abanico de posibilidades. Es obvio que como persona pansexual lo sexual es importante, y como demiromántica también lo son las conexiones románticas que puedo llegar a tener con otras personas, sin embargo, más allá de las aseveraciones que puedan hacerse partiendo de mi sexualidad, siempre he dado relevancia a otro tipo de afectividades que me son más satisfactorias. La amistad, los lazos de amistad que puedo crear, me hacen sentir más libre respecto a las expresiones afectivas y emocionales. Además de encontrar en ese tipo de relaciones más apoyo que en otros tipos.

     He descubierto que además existen afectividades “anormales”, por ejemplo, como estudiante y practicante de BDSM descubrí que estas pueden expresarse por medio de los azotes, las nalgadas, el bondage, las palabras humillantes consensuadas, la conexión y comunicación entre dom/sub (entre otros roles) durante la escena y el aftercare es sorprendente porque nace una confianza incomparable. Después de todo lo anterior conocí las relaciones queerománticas, que antes yo sólo interpretaba como atracción sensual y era bastante determinante en mi atracción romántica. Los múltiples tipos de afectividades que invadieron y atravesaron mi mente y mi cuerpa, revolucionaron las formas en las que yo veía y sentía, mis afectos estaban ahora libres de ataduras: podía entonces experimentar cada una con diferentes personas o todas juntas con una o varias personas. Ya no existe esa barrera impuesta por la hipersexualización e hiperomantización de las afectividades. Ninguna es menos importante que otra, por más que socialmente sean jerarquizadas, como seres humanos las vivimos de acuerdo a nuestros contextos y vivencias. El tema es amplio y complejo, pero en un tiempo donde la violencia estructural está a la orden del día las afectividades, todas las afectividades, son revolucionarias. Su importancia para la supervivencia se vuelve imprescindible, la creación de redes afectivas se vuelve un pilar de las necesidades sobre todo en las personas pertenecientes a los grupos más vulnerados por el kyriarcado. Las afectividades revolucionarias, deconstruidas, decolonizadas, no hipersexualizadas ni hiperomantizadas serán el arma definitiva en la destrucción de los sistemas.

[divider]

Luan Zetterstrom es une poeta, escritore, investigadore estudiante de psicología y herbolaríe autodidacta. Educadore sexual y de neurodiversidad. Neurodivergente TOC + TLP, INFP. Transfemmenista interseccional y muxerista. Pansexual, demiromanticx, femme no binarie, intersex y kinky switch. Paganista. México-Fronteriza y poche. Anarcho-communista decolonial. Mestize. Creadore y fundadore de Pink Nopal Collective.

Navegación de entradas

1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11
Volver arriba