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Una bestia hambrienta

por Adriana Raggi 

 Violada, deshonrada, vadeando sangre, chorreando mugre: así se yergue la sociedad burguesa. No pulcra y limpia y moral, con pretensiones de cultura, filosofía, ética, orden, paz e imperio de la ley, sino una bestia hambrienta, un aquelarre de anarquía, una plaga para la cultura y la humanidad.[1]

Rosa Luxemburgo  

I.

¿Qué es más femenino que lo rosa? La histeria.

II.

article

En enero de este año el tenista Rafael Nadal apareció, en el Abierto de Australia, vestido con una camiseta rosa y con pantalones cortos, con una raya rosa neón en el costado.

En una entrevista después de ganar su primera ronda Nadal dijo a un entrevistador que el tiempo fuera del juego, debido a lesiones y una cirugía de apéndice, había disminuido su confianza. El comentarista respondió, señalando los pantalones cortos de Nadal, que sospechaba que el español no sufría realmente de falta de confianza.

“No creo que muchos hombres podrían vestir este reflector rosa” le dijo el comentarista a Nadal, haciendo reír a todo el estadio mientras señalaba la raya rosa neón en el costado de sus pantalones cortos.[2]

Parece ser que hoy en día el color rosa sigue siendo un problema para la masculinidad hegemónica, a pesar de la industria de la moda lo utiliza ya no como un símbolo de la feminidad –sino como un elemento de lo influido por lo camp, por el queer eye– finalmente un deportista exitoso y masculino lo porta en una cancha de tenis, lugar lleno de testosterona y opulencia. La opulencia es el lugar en donde el color rosa cae como una plaga.

III.

Hoy en día deambulamos en un mundo de contrastes, en donde la violencia y la histeria nos invaden, pero al mismo tiempo lo rosa y lo espectacular son lo nuestro, son nuestro tiempo. Es decir, vivimos en un mundo en donde, yo diría que elementos como el Camp, el Pop o el Rococó se nos muestran como una clara forma de desviar la mirada de la bestia hambrienta que es nuestra sociedad barbárica, si como dice Susan Sontag lo camp:

Es una hazaña, desde luego. Una hazaña estimulada, en último análisis, por la amenaza de aburrimiento. La relación entre el aburrimiento y el gusto camp no puede ser subestimada. El gusto camp es, por su misma naturaleza, posible únicamente en sociedades opulentas, en sociedades o círculos capaces de experimentar la psicopatología de la opulencia.[3]

La sociedad de contraste y opulencia en la que vivimos ha creado su sistema de distracción, su entorno aburrido en el que las personas pueden utilizar las redes sociales como sistema de acoso, para pasar el tiempo. Personas que no encuentran un lugar en el espacio que hay entre la precariedad y la opulencia. Las revistas de moda, las revistas de autos, de chismes, de la vida de las estrellas y los personajes de la nobleza decadente, los portales en internet en el que se desbarata la vida de las personas, la novela rosa. Es decir un lugar de convenciones en donde los personajes y las historias se repiten hasta la náusea.

La novela rosa tiene siempre un final feliz y esperado. La chica buena se queda con el chico bueno. Si bien tiene sus variaciones, la idea es dejar en el lector un sentimiento positivo, es distraerlo. Pero ¿cómo podemos ver el rosa desde el otro lado? Si bien el Rococó es un momento artístico en el que la aristocracia prefiere desviar la mirada del hecho de que la crisis social en Francia está a punto de estallar, y entonces se concentra en la opulencia y el derroche –¿o era al revés?–. Es también un momento en que se produjeron imágenes que en cierta forma desafiaban la mirada. La Joven reclinada de François Boucher, es una obra que contiene toda la concepción del arte rococó, pero es también una imagen que contiene un grado de desafío, “vamos a darle satisfacción al rey”. Y no solamente a él.

IV.

[no title] 1971 Andy Warhol 1928-1987
[no title] 1971 Andy Warhol 1928-1987

Si en el mundo contemporáneo un deportista puede vestirse de rosa, causando un revuelo mínimo realmente, también un artista lo puede utilizar para decir algo a través de los modelos que se repiten hasta la náusea pero transgrediéndolos. Pienso en la silla eléctrica de Andy Warhol, la imagen del método más reconocible y significativo del poder estatal, –la pena de muerte en Estados Unidos– y que hoy en día se sigue utilizando, es revestida de varios colores por Warhol, se repite como una forma de hablar del símbolo de la muerte y se cubre de rosa, del color de la novela rosa y los finales felices. La pena de muerte y todo su proceso en un país como Estados Unidos está revestida de justicia, cuando en realidad se trata de venganza y poder. A una ejecución asiste un número de personas interesadas en ser testigos de la muerte administrada por el estado. Aquí no hay un final feliz, –¿o sí lo es para quien desea venganza?–.

V.

Por otro lado, pienso en el rosa como el color de la transgresión en dos proyectos fotográficos opuestos pero que se encuentran en un proceso de emancipación del cuerpo: Femmes of power de Del Lagrace Volcano y Ulrika Dahl, y Digital Diaries de Natacha Merritt. Ambos proyectos hablan del cuerpo y de sus espacios sexuales desde dos puntos de vista diferentes. Mientras que Merritt hace un recorrido de sus encuentros sexuales a través de la imagen fotográfica como un medio de intervención de lo privado, claro, su propia privacidad y su propio cuerpo, ¿su feminidad? Del Lagrace Volcano y Ulrika Dahl nos ponen frente a la pregunta ¿qué es la feminidad y cuáles son sus formas?

    Ambos proyectos son un aquelarre de imágenes, son una discusión acerca de qué es el cuerpo femenino o revestido de femenino, qué es la idea de la feminidad, la relación entre esos elementos que cruzan la sexualidad, la repetición de actos, la repetición de actitudes. Podría ser una repetición hasta la náusea con final feliz, es decir una novela rosa, –una aceptación a ser destruidos por el capitalismo–, pero no lo es, es pensándolo mejor, al igual que la silla de Warhol, una reiteración que utiliza el rosa –la idea de lo femenino– como un lugar de cuestionamiento, ¿qué es la sexualidad femenina, qué es el ser femenino, qué es esa histeria de colores y formas? Si la Joven reclinada de François Boucher tiene su mirada decadente y en cierta forma desafiante, son las imágenes de estos proyectos, de estas femmes, o femme fatale, que nos obligan a no voltear la mirada de una realidad decadente, en la que ya no se puede olvidar que vivimos en el imperio de una bestia hambrienta, en un capitalismo salvaje que nos obliga a limitar nuestros cuerpos, nuestra sexualidad y a aceptar la destrucción del otro a través de medios como la venganza.

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[1] Andrew Hsiao y Audrea Lim (eds.), El libro de la disidencia. De Espartaco al lanzador de zapatos de Bagdad, trad. Herminia Bevia Villalba, Madrid: Akal, 2012, p. 155.

[2] ”Australian Open Scene: McHale’s recovery, Nadal’s shorts”, TENNIS,         19 de enero 2015, http://www.tennis.com/pro-game/2015/01/australian-open-scene-mchales-recovery-nadals-shorts/53663/#.VPNkdXb9DjE, consultado el 28 de febrero de 2015. (La traducción es mía).

[3] Susan Sontag, Contra la interpretación, trad. Horacio Vázquez Rial, 2a ed., México: Alfaguara, 1996, p.372.

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Páginas de imágenes

  1. http://cdn.tennis.com/uploads/img/2015/01/19/article/article.jpg
  2. NatachaMerritt http://25.media.tumblr.com/tumblr_lm305m2hVG1qzqbf4o1_1280.jpg
  3. Andy Warhol http://www.tate.org.uk/art/artworks/warhol-no-title-p07729
  4. Del Lagrace Volcano http://www.pagina12.com.ar/fotos/soy/20110930/subnotas_y/ed04fo03.jpg

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Adriana Raggi. Doctora en Historia del arte por el IIE de la UNAM. Obtuvo la licenciatura en Artes Visuales en la ENAP (hoy FAD) de la UNAM en 1993. De 1995 a 1996 asistió como Estudiante Invitada a la Kunstakademie Düsseldorf, Alemania. En 2002 obtuvo el grado de Maestra en Historia del arte, IIE, UNAM. En el 2013 obtuvo doctorado en Historia del arte, IIE, UNAM. En 2013 cursó el Diplomado en Fotonarrativa y Nuevos Medios de World Press Photo y la Fundación Pedro Meyer.

    Ha realizado las exposiciones individuales en 2014 Corporis sensus, Star, Cluj-Napoca, Rumania, en 2012-13 Inventarios, Casa del tiempo, UAM, 2008 Anatomía Segmentaria, Radio Educación, México, D.F., 2006 Todo lo visible y lo invisible, Instituto Mexicano de Psicoanálisis, a.c., México, D.F., en 2005 Subdivisiones, Galería Alva de la Canal, Jalapa, Veracruz, en 2004 Momento de inercia, Facultad de Ciencias, UNAM, México, D.F. y Fragmentaciones, Universidad Pedagógica Nacional, México, D.F., en 2003 Recent Works, en el Columbian/American Alliance’s Colombian Festival, ZUMIX, Boston, EUA., 2002 Rasgos humanos, Casa Jaime Sabines, Mexico, D.F., 2000 Analogías, pintura y grabado, Colegio de México, México, D.F. y Similares cotidianos, Museo Regional de Huajuapan, Huajuapan, Oaxaca, México y en 1999 Similares cotidianos, Casa de la Cultura de la UAEM, México, D.F.

Actualmente es profesora de tiempo completo de la FAD, UNAM. Además ha impartido clases en la Fundación Pedro Meyer y La Esmeralda, INBA. Es miembro del colectivo Las Disidentes,

Página web: adrianaraggi.net y lasdisidentes.com

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Que nadie sepa mi sufrir

por Andrea Barragán
por Andrea Barragán

por Andrea Barragán

“Amor de mis amores, reinx mía que me hiciste que no puedo conformarme sin poderte contemplar…”

 Esta foto es de las últimas que logré capturar de mi papá; es el resultado de un hábito cotidiano en el que quería registrar sus últimos respiros de mortal. Un acto fotográfico que relataba una obsesión ritual, con la cual utilicé la cámara como una extensión de mi cuerpo, y la convertí en una prótesis de la memoria para elaborar un archivo personal como quien quiere abrazarse a la presencia, y en el cerrar de un parpadeo, al unísono con el obturador, pretende aprehender la inmortalidad para fijarla en esta memoria que tiende a olvidar involuntariamente. Esta acción salvaguardaba la oportunidad de poder verle de nuevo, por lo tanto, me transformé en una coleccionista de recuerdos y cristalicé el acto presente de observarle, postergando su último adiós con un hasta pronto, un  hasta que vuelva a sacar tu fotografía para poder redibujar tu presencia y con ello la materialidad de tus gestos, la voluptuosidad de tu cuerpo vivo que te permitía habitar este mundo.

    La imagen tomada/robada fue totalmente producto del azar, por esos días yo tomaba fotos con mi primera cámara análoga réflex y no tenía idea alguna que traían consigo un exposímetro, este descuido neófito hizo que no le pusiera las pilas correspondientes para llevar a cabo su funcionamiento por lo que en ningún momento me percaté de su ausencia. Desprovista de tal herramienta para medir la luz, sin saber que esto era lo que definía todo el proceso fotográfico estuve tomando fotos al azar, de manera intuitiva por más de un año.

    El día de esta captura, yo estaba en mi habitación que quedaba en frente de la de mis padres y le vi bañado por un chorro de luz: tan puestecito, tan ensimismado, tan imponente deviniendo presencia a través de la luz, que corrí por la cámara e hice clic para seguir sumando retazos en el collage del recuerdo.

    Cuando revelé el rollo, descubrí toda esta cruel premonición producto del azar, anunciando el principio del fin, esbozando la poética manifestación del destino sellando sus pasos, que iba enlazándose precipitadamente rumbo a su desaparición, marcando de una vez por todas la distancia negra e inmaterial que describe esta foto, dando forma al espacio negativo de quien no podrá aproximarse nunca más al sujeto amado, esa longitud entre dos cuerpos que no se volverán a sentir,  esbozaba la extraña fantasmagoría de la ausencia pretérita.

 

Amor eterno, amor eterno e inolvidable…

Producto del azar también fue el día de su muerte, – ¿o no? –  pues falleció el Día del padre hace doce años, cuando yo tenía 18. A pesar de lo insólito de la fecha, para mi resultó una estruendosa marca del destino, que apaciguando el dolor y renunciando a la opción de darle lo que iba a ser su última serenata, logré comprender su excéntrica despedida, gesto ineludible para una persona que dedicó su vida a la juerga, el azar, el placer y los excesos.

    No podría existir otra forma de despedirse que le garantizara el recuerdo de un padre ausente, la firma indeleble de un tahúr que en la tirada final avienta su mejor truco, el As de picas (el corazón negro e invertido) bajo la manga, que le llevaría a ganar el pozo completo; una maniobra del “todo por el todo” que compensó el suceso irrevocable de haberle perdido por siempre.

    Apuesta imposible de perder cuando en vida repetía constantemente que le daría mucha tristeza ser suprimido de la memoria al morir, ese temor le llevó a visitar la tumba de sus amigos para dejarles flores, deseando que tal desgracia nunca le sucediera a él. Tenía muy claro que la muerte no sería enterrar su cuerpo, si no ser condenado al olvido en el frío odioso del silencio de los cementerios.

    Por esta razón y muchas más, cada día del padre yo aparto un momento de soledad para cantarle Amor eterno, e invocar su presencia. Me abandono a la remembranza y le doy respuesta a su apuesta, la duplico para retar al destino que cronometra el paso del tiempo encargándose de empolvar los segundos muertos con prolija meticulosidad y así encubrir el pasado con sus reminiscencias. Yo sonrío desafiante con el As bajo mi corazón, el que me hace vencer cada año al tiempo, ganando la fortuna de enriquecerme cada aniversario con su vívido recuerdo, intacto como una reliquia que atesora este corazón de oro forjado con tanto amor.

     Él quería ser enterrado en el cementerio del sur, el cual nunca he visto, pero sé por sus palabras que su superficie es en arena y no como el tradicional pastal que suele resguardar los féretros, por lo que infiero que su añoranza consistía en concebir la muerte no como un renacer celestial, sino, más bien, como el cierre de ese ciclo anunciado en ese: “polvo eres y en polvo te convertirás”.

    Esa fugaz materialidad encarnada en el vuelo del ave fénix de las palomas negras, hizo que se entregara a la vida en un vaivén de borrachera, con la belleza hedonista de quien celebra la vida viviendo, esa irreductible determinación hacia que se consumiera ante el fervor de reconocerse mundano entre los mortales, y es por lo que aseguro con vehemencia que fue la forma que encontró de honrar la vida, mi querida almita vagabunda que se declaró huérfana a los 8 años cuando se fugó de la casa materna. Con el vértigo condensado en la panza, se aventuró al azar del futuro incierto.

 

«Paloma negra, ¿dónde, dónde andarás?»

Le cantaba yo meses antes de su muerte, elogiando sus desbordes, adulando su alma cantinera que derramó el elixir de la vida en cada brindis, y lo mantuvo inmerso en la laguna indescifrable que lo hacia resistirse a dormir, desvelado por no poder calmar esa excitación apasionada que le inspiraba el estar vivo.

    Duraba días enteros despierto sin poderse parar de la mesa de juego en la cual depositaba toda esa ansiedad que le quemaba por dentro y se dedicaba a apostarla noche a noche con su fé de errata; jugaba con tanto fervor como sí allí escondiera su piedra filosofal, al haber descubierto en la temeraria certeza de abandonarse a su suerte la fortuna de apostarse la vida.

    Enaltecía la existencia a punta de derroche, puedo asegurar que fue la persona que reía con la devoción con la que lloraba Chavela Vargas, sus carcajadas llenaban salones enteros y en la picardía que hacia brillar sus ojos se condensaban historias interminables que él se encargaba de narrar con tanta emoción como si le acabaran de pasar. Lo hacía de manera particular, por lo general dejaba el mejor detalle para el final a modo de acertijo para que uno dedujera con asombro la magnitud de lo que había vivido; la otra modalidad de contar sus aventuras era dejar un chiste para el final que por supuesto no echaba de manera explícita, se quedaba callado sonriendo para que uno después del silencio se echara a reír.

    Cada vez que pasábamos por una carretera particular, sonreía y decía: “Yo sé en donde hay una mina de oro escondida por aquí”. Conocía muy bien las rutas de Colombia, había caminado buen parte del territorio en otros tiempos cuando no existían estas carreteras que extendían los recorridos que él había acortado a pie.

    Nació en 1921. Como buen hijo de la modernidad, los autos y la tecnología lo volvían loco; cuando mi madre lo conoció, manejaba un Mercedes Benz verde oliva descapotado que yo sólo conocí en fotos porque luego le fue hurtado; tampoco lo vi conducir porque sus desmanes no lo dejaron invicto, tuvo la enfermedad de Parkinson durante más de 20 años, sin contar las otras enfermedades que llegaron por el lujo de sus excesos.

     Su pasión por la velocidad y los extralímites también lo dejaron cojo de la pierna derecha, definiendo su único agüero, que a mi me resultaba extremadamente particular: lo espantaban los perros negros, pues cuando se accidentó el día en que quedó cojo fue porque un perro azabache se le atravesó mientras conducía y casi lo hace morir en Caracas, Venezuela; además de dejarlo postrado en una cama por un mes recuperándose.

    A pesar de haber escuchado atentamente sus historias nunca supe a ciencia cierta mucho de él. No le gustaba hablar de sí mismo y lo que sentía, era emotivo pero impenetrable, jamás le vi llorar, por ejemplo. De él solo sé que había huido de casa y que tenía sólo un apellido: el de su madre, que heredé yo también, quien además era indígena, razón por la cual lo apodaron el indio . Su pasión por las cartas y el azar la acogió siendo muy pequeño cuando se dedicaba a la minería para ganarse la vida, allí un señor al que le decían el tuerto lo había adoptado por su evidente inteligencia para que apostara con los otros trabajadores las góticas de oro que habían sacado en la jornada minera; el timo era obvio, aún así los señores se aglomeraban para vaciar los bolsillos del chiquitín, sin saber que los que saldrían despojados de sus piedritas doradas serían ellos, pues el pequeño Efraín los abatía hasta el final en compañía de su suerte implacable que desde esos días nunca lo abandonó en toda su trayectoria de tahúr.

¿Por qué no me enseñaste cómo se vive sin ti?

El acertijo con el que cerraba sus historias, es el que ahora yo trato de descifrar para alcanzar a comprender quién fue; como le perdí siendo joven aún, no le pregunté todo lo que habría querido saber de él. Con el transcurrir del tiempo cuando yo crecía y él envejecía nos fuimos distanciando, la forma de relacionarnos se tornaba difusa, de esta manera le fui perdiendo. Él se estaba volviendo cada vez más hermético pues la vida se le estaba escapando, aquella pulsión que en otra época se había encargado de avivarlo frenéticamente ahora lo estaba extinguiendo hasta hacerlo perder su semblanza. Eso sí, lo que no dejó de hacer fue jugar cartas, aunque este placer también le fue arrebatado cuando el cáncer lo condenó a la inmovilidad.

    Al final de sus días una metástasis que le invadió por completo el cuerpo le selló la voz, sólo hablaba cuando era estrictamente necesario. Lo último que me dijo fue que me quería mucho. Siempre se había esmerado por hacérmelo saber, aún cuando no hablábamos mucho, lo hacía, se acercaba, me besaba la frente y me decía la misma frase que balbuceó aquella vez que me regaló sus últimas palabras. Creo que lo hizo continuamente porque sabía que al fin de cuentas el amor es lo único que queda.

    Antes de morir, quiso buscar a su familia de la que había perdido el rastro hacía muchísimo tiempo, me imagino que quería resolver su propio enigma. Por mi lado, yo sigo resolviendo el mío; he inventado un relato con el cual imagino o trato de desentrañar cómo habría sido su vida, por lo tanto mi proceso de duelo no ha sido vaciar su presencia de mi memoria, al contrario, he hecho de su recuerdo un tributo diario, un ritual cotidiano con el que conmemoro lo que fue su existencia junto a la mía para compensar el vacío que dejó su ausencia; así he ido incorporando su aura con lo que soy ahora; he adoptado sus gestos, sus corbatas, sus carcajadas, la arruguita que le daba picardía a su mirada, su amor desinteresado… en fin, innumerables micropresencias que me calaron hondo, que ahora cuando me miro al espejo embriagan y despistan esa sensación de haber quedado huérfana.

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Manifiesto Contratextual

dibujo por Ollinca Torres
dibujo por Ollinca Torres

Por Colectivo Monstruotextual

Cuando escribo sé que no estoy solo. Cuando escribo sé que tú puedes sumarte a mi silenciada voz y decir conmigo las siguientes palabras. Cuando escribo no sólo soy yo, somos muchxs, soy tú y otrxs más, soy tu hermanx o tu futurx hijx, incluso soy alguno de tus padres.

No, yo no nací homosexual, nadie lo hace, pero tampoco nadie pide serlo. Porque homosexual es una etiqueta que me implantaron el día en que me enteré que era diferente. Para ser homosexual primero me asignaron una etiqueta a causa de mis genitales, para posteriormente decirme que el amor a otrx etiquetado igual que yo, está prohibido.

Cuando escribo hay generaciones detrás de mí, humilladas, torturadas, exterminadas, en nombre de Dios, del Estado o del SIDA. Por eso en la punta de mis dedos está la rabia y no la neutralidad científica del término homosexual. Está la rabia que se oculta en los insultos: joto, machorra, puto, lencha, maricón. Nadie nace bajo estos adjetivos, se van incrustando en las vísceras, en la carne, en la piel. Ahí es cuando nace un homosexual: en el momento en que se pregunta ¿Soy eso que nombran? ¿Soy odio?

Cuando escribo están aquellxs que temieron ser odiados por esos seres que tanto amaron y les dieron la vida, después de todo ¿quién quiere un hijo homosexual? Si en la familia está la descendencia, trascender la casta, el honor, la dignidad ¿qué se puede esperar de un enfermo, pecador o semihumano?

Pero la luz llegó con la liberación sexual y de mercado. Ya no somos ese engendro que describían los manuales de medicina ¡Ahora somos gays! Pero en esto la ciencia es más contundente: nadie nace gay, debes ganártelo. Cuando escribo, están esxs a quienes se les niega el nobiliario título de gay: putos, vestidas, closeterxs, marimachas, bicicletos, jotitas, mayates, locas, asexuales, hermafroditas y eunucos.

Para ser gay hay que ser fiel primero a tus genitales: ¡ser un hombre de verdad! Para eso hay que desenvolver dinero en el gimnasio y esteroides, conocer bien el capital cultural que un hombre consume, como su ropa, música y vello facial (aunque todo el mundo te siga considerando una loca). Nadie nace siendo hombre y menos siendo un macho. Cuando escribo, están esos que tuvieron que tragarse las lágrimas para hacerse el machito no sólo frente a otros hombres sino también a mujeres que esperaban algún día verse unidas a un verdadero semental sin emociones.

Claro que para ser gay no se puede ser mujer, por eso las lesbianas son aparte, incluso cuando siguen la bandera arcoiris del capitalismo tienen una letra distinta: LGBTXYZ. Como buen macho, el gay es caballero y las damas son primero, excepto con esas que nacieron con un pene o con ambos genitales; esas monstruosidades van al final porque no lucen bien en la portada (aunque hoy en día se puede corregir tal anomalía, claro, si tienes el capital para ello). Cuando escribo están esas que no tienen opción más que prostituirse para verse como su deseo les indica, porque no hay otra forma de costear la promesa médica de dejar de ser un adefesio y convertirte en un ser hermoso y respetable para la sociedad, están esas que se inyectan aceite de comida porque apenas les alcanza para la renta; pero también aquellos que asumen dos géneros, que transitan entre ellos o no tienen ninguno; aquel que disfruta el sexo con su esposa pero que se pone su ropa a escondidas; incluso esas mujeres que aman a su pene ¡sí una mujer que ama a su pene!

Para ser gay tienes que tener hombría y dinero suficientes, pero además estar orgulloso de ello, decirlo a todos bajo una linda bandera en algún local cosmopolita; es mejor tenerte bien ubicado para que todos vean lo feliz que ahora, se supone, eres. Cuando escribo, están esxs que sintieron miedo de decirlo: esxs que tuvieron que hacer infeliz a un hombre o a una mujer para conservar el apellido; también esos que les gusta empotrarse a los jotitos pero tienen miedo de decirles que podrían amarlos si se lo permitieran ellos mismos; aquellxs más que huyeron al convento pero que aún viven con miedo a ser descubiertos.

También para ser gay, más fácilmente, existe la posibilidad de irse a vivir al primer mundo, o al menos a una colonia citadina que se le parezca, casarte y tener hijos lejos de los prejuicios tercermundistas. Cuando escribo, están también, lxs indixs, nacxs y rurales, excluidos de Occidente, pero que su propia cultura les da la espalda y mueren abandonadxs por haber contraído sida; cultura que en algunos casos es lo suficientemente perspicaz para defenderse del colono pero no de sus prejuicios infundados.

Claro que hay un avance (o mejor dicho, adecuación) desde el término sodomita al de gay, pero a muchxs esa bandera de falsa felicidad no nos queda. Quizá somos también muy poco raros, o demasiado, ante los nuevos estándares de extravagancia, demasiado invisibles o invisibilizados para llamar la atención en las series de TV. Cuando escribo está la rabia, el miedo, la humillación, la muerte, pero también ese emputamiento que levanta la lucha, sí, la lucha interna para dejar de odiarse a sí mismx, pero también la lucha de muchxs que resisten en colectivo, defendiendo el derecho a la libertad.

Cuando escribo, está todo aquel que lucha por la libertad, no sólo erótica, sino social, política, económica, ambiental y todo aquel que defiende la vida. Cuando escribo, puedes estar tú, sin importar la definición sexual que te digan que tienes, está aquel que ha visto sufrir a un ser querido por ser diferente, pero también todo aquel que es diferenciado del resto por cualquier motivo en base a los estándares de normalidad. Porque vivimos en un mundo (capitalista) donde cualquiera puede perder su derecho a la dignidad y todxs podemos ser desechables. Cuando escribo pienso en un mundo no sin diferencias, pero sí con libertad, justicia e igualdad. Cuando escribo quiero dejar de ser yo, pero ya no por miedo, quiero dejar de ser yo para ser NOSOTRXS.

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Colectivo Monstruotextual (http://monstruotextual.wix.com/colectivo). Nos manifestamos como colectivo en contra de cualquier tipo de fascismo, lo realizamos bajo una mirada crítica de la normalización que impera bajo el termino gay y de sus formas, capitalistas, misóginas, clasistas y neocoloniales. Al mismo tiempo que proponemos una destrucción del yo como figura individualista que impera en el modelo escritural de Occidente y proponemos una nueva forma de relación fraternal desde un posicionamiento anómalo y disidente.

 

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Lxs feministas con lxs normalistas y lxs anormales

careta_normalistas_anormales

Seminario de Posgrado: Cultura Visual y Género. Contravisualidades Latinoamericanas. UNAM

 

MANIFESTAMOS

22-OCTUBRE-2014

 

Estamos aquí y ahora para amplificar voces silenciadas.

Somos feministxs y nos convocan las desapariciones de los normalistas y lxs anormales, en Ayotzinapa, el Edo de México, Veracruz, Tierra Caliente, Chihuahua, Oaxaca y todos los territorios violentados.

Denunciamos la violencia, la corrupción y la impunidad.

Estamos aquí para CUIDAR-NOS.

Nos convoca el re-sentimiento y la rabia, por eso exigimos AHORA que aparezcan, que nos escuchen y los escuchen.

Nos vincula el dolor, la opresión, lxs muertxs, lxs presxs, lxs desaparecidxs, el resentimiento y la indignación.

Resentimos el terrorismo de Estado que desarticula nuestros movimientos y desacredita nuestra presencia, manipula la información y nos paraliza.

Encarnemos el dolor y amplifiquemos las voces silenciadas y sus demandas.

Estamos aquí y ahora con los desaparecidss. Somos feministxs y nos convocan lxs desaparecidxs, los normalistas y lxs anormales.

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Violencias cisexistas en las aulas: la transfobia y la plumofobia

Ángel Amaro

En los últimos años se está estudiando y abordando de forma interdisciplinar el fenómeno escolar del bullying lgtbfóbico, denominándosele comúnmente bullying homofóbico. Estamos ante una agresión patriarcal múltiple que invisibiliza, cosifica y violenta en el ámbito escolar a las identidades de género no cisexuales (transexuales, transgéneros y travestis) y a las orientaciones afectivo-sexuales no heterosexuales (gays, lesbianas, bisexuales y pansexuales). Bullying LGTBfóbico se muestra como un término paraguas que -a priori- trata de aglutinar de forma interseccional todas las agresiones cisexistas, heterosexistas y monosexistas que sufre el estudiantado. Es en los centros educativos donde, con mucha más virulencia, azota la dictadura de la las expectativas, los roles y los estereotipos; contexto legitimado por una pedagogía esencialista que percibe al estudiantado como no-sexual, no-afectivo y no-expresivo. Obviamente, cuando se habla de LGTBfobia, hay que tener presente la doble vertiente que existe en esta compleja matriz patriarcal que abordamos: por un lado tenemos las violencias en el campo de las identidades de género y, por otro lado, las violencias en el campo de las orientaciones sexuales. Se conocen más las segundas violencias que las primeras, ¿por qué? Es muy sencillo: la sociedad es cisexista y, estructuralmente, niega las realidades de las personas trans* y los cuerpos/expresiones diversas. Muchas veces se conocen más las vivencias y realidades de la gayfobia que las peculiaridades de la transfobia (especificidad del bullying transfóbico). Esto no es azaroso, el binarismo cisexista permea hasta cómo se previene el bullying y tiende a invisibilizar los cuerpos que nunca nombra y siempre estigmatiza.

En una sociedad masculinista/masculinizada -y por tanto androcéntrica también en el activismo LGTBIQ- no es de extrañar que las violencias que sufren las mujeres lesbianas, bisexuales y trans* aún estén poco abordadas desde las agendas activistas; los patriarcalismos aún condicionan mucho la forma de abordar el bullying LGTBfóbico, buen ejemplo de ello es que las violencias patriarcales que sufren las mujeres LTBI aún no están en el centro del debate de forma interseccional.

Vemos pues que no se trata sólo, aunque también, de enunciar y hablar del bullying LGBTfóbico sin más. Hay que tener presente el gaycentrismo que binariza nuestro discuros y nos lleva a invisibilizar -de forma consciente o no- el resto de violencias patriarcales que padece el estudiantado LGTBIQ. Sería insensato hablar de acoso escolar y no centrarse en las transfobias -que suele pasar por cierto-. Esto sería una práctica binarista que no se hace asumiendo plenamente la diversidad corporal, estética y expresiva de los cuerpos y sujetos que habitan nuestras aulas y patios. No podemos caer en ópticas transfóbicas que no visibilicen el cisexismo estructural que sostiene la pedagogía patriarcal.

No todo es homofobia y discriminación por motivo de orientación afectivo-sexual.

Debemos alejarnos de ópticas homocentristas. Un ejemplo de abordaje cisexista, carente de una óptica transfeminista, sería el hecho de afirmar que la plumofobia (discriminación de expresiones estético-expresivas) está enmarcada dentro del campo de la homofobia; un sesgo gaycéntrico que tiende a percibir la discriminación de las expresiones y estéticas desde una perspectiva canónica homocentrada. Se cae en este caso en una lógica transfóbica que emplea la discriminación de las expresiones/estéticas para ponerlas al servicio de la agenda de los deseos.

En vez de abordar la plumofobia desde la complejidad que muestra el cisexismo, se habla de bullying homofóbico, negándose así la diferenciación entre el ámbito del deseo afectivo-sexual y la identidad sexo-genérica. Esta maniobra gaycéntrica hace aguas, ya que gran parte de l*s niñ*s que sufren plumofobia no son homosexuales o bisexuales. Entonces, ¿por qué seguir empeñad*s en explicar desde posicionamientos del deseo afectivo-sexual las implicaciones de las violencias cisexistas que atraviesan los cuerpos de nuestr*s estudiantes? Es una pirueta compleja, homocéntrica y cisexista. En realidad, se niegan los discursos de los cuerpos y las violencias que los atravesan para legitimar cierta manera de prevenir el acoso LGTBfóbico. No se puede erradicar el bullying LGTBfóbico desde una óptica gay articulada en torno a las vivencias y especificidades que experimentan los niños y chicos jóvenes gays, blancos, urbanos y de clase media. El estudiantado LGTBIQ es diverso y, por tanto, diversas deberán ser las estrategias socioeducativas emancipatorias.

Pedagog*s, activistas no-binaristas y educador*s implicad*s debemos empaparnos de una coeducación transformadora que emancipe a los individuos, de una pedagogía queer que tenga presente la diversidad como una matriz interseccional repleta de posibilidades, realidades y vivencias. Entender, por tanto, los cuerpos y sus agenciamientos desde las complejidades que los articulan, y tener bien presente el transfeminismo y un necesario proceso deconstructitivsta en nuestros discursos, praxis y acciones sociopedagógicas. Esta coeducación emancipatoria se rearticulará desde la diversidad de los cuerpos, las estéticas y expresiones; desde lo complejo y poliédrico; desde la autocrítica y la interdisciplinariedad.

Asumamos entonces las múltiples dimensionalidades y puntos de fuga del bullying LGTBfóbico. Siempre desde una agenda transfeminista y emancipatoria; desde los intersticios, los entrecruzamientos, las posibilidades, las diásporas, los prismas liberadores y constructivistas, escenarios democráticos que nos permitirán abordar integralmente todas las violencias patriarcales que se (entre)cruzan en la realidad escolar. La pedagogía queer puede arrojar mucha luz en esta tarea de reubicar y de(re)construir. Un proceso poliédrico que, sin duda alguna, es tan complejo como ambicioso.

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Lo sensible y lo político dentro de la comunidad LGTBQI

por Xavier Aguirre “el abuelo”
por Xavier Aguirre “el abuelo”

por Scarlet Álvarez

En México no es secreto que la diversidad sexual no es bien recibida, culturalmente somos educados para temerle no sólo a la diversidad sexual sino a la sexualidad por principio. Se nos enseña con avidez en la primaria que la educación sexual existe para evitar errores, nunca se nos explica que la sexualidad viene en diversas presentaciones y que no es motivo de vergüenza ni de espanto. Lo que tampoco se nos dice, y que muchos no llegan quizás nunca a descubrir es que la sexualidad tiene poco o nada que ver con el género y a su vez el género nada que ver con nuestra anatomía genital.

Lo que quiero traer a la luz, es algo que he notado recientemente y de lo que quiero hablar en este ensayo, el cómo la construcción de géneros es una construcción social de orden político y de control que se extiende hasta la comunidad LGTBQI y se ha traducido en la ciudad de México en la exclusión del lesbianismo, la transexualidad, los individuos transgénero, intergénero y la bisexualidad, es decir, todas aquellas categorías que no entran para empezar en el universo de la homosexualidad, en un segundo término, la homosexualidad masculina.

La encuesta nacional sobre discriminación en México (ENADIS)[1] tuvo su última edición en 2010, y en la liberación de resultados, específicamente de la encuesta de diversidad sexual se piden disculpas por no poder cuantificar ni cualificar la diversidad, respuesta social ni tolerancia hacia la comunidad Bisexual, Transexual, Transgénero ni Intersexual, por no tener las herramientas aún para poder cualificar estas comunidades. Hay más preocupaciones que sólo las de no poder incluir todo el espectro que simboliza la sexualidad y que se cierra en las comunidad gay y lesbiana, se encuentra una evidente diversidad de opiniones en torno hasta dónde se les permite a los homosexuales tener derechos, y es que no todos se les pueden concebir. El 65% de la población en el Distrito Federal no se opone a que dos personas del mismo sexo contraigan matrimonio, sin embargo, el 67% de la población del DF se encuentran muy en desacuerdo que una pareja homosexual (ya sea gay o lesbiana) se les permita adoptar a un niño.

Específicamente es el caso de las mujeres con preferencia diferente a la heterosexual las que tienen mayor problema para vivir abiertamente y sobre todo, encontrar aceptación. Según la encuesta “las mujeres con preferencia sexual distinta a la heterosexual comunican en menor porcentaje que los hombres, su orientación sexual a la madre y al padre (cuatro de cada diez no se lo han dicho a ninguno)”. Aunado a esto, se encuentra una constante en la intolerancia respecto al nivel socioeconómico. Los niveles muy bajos, bajos y medios tienen los mayores porcentajes de intolerancia, lo que no se traduce, claro está, es que es evidente que la intolerancia en los sectores más bajos no es porque las personas “así sean” sino porque así son educadas, y son educadas por el mismo estado que aparentemente está preocupado por la intolerancia.

En la ciudad de México hay un recorrido importante que centra a la diversidad sexual en las colonias como Zona Rosa, Roma norte y sur y La Condesa; de igual manera, es relevante señalar que estas colonias no sólo son de alto nivel socioeconómicos, sino que la “aceptación gay” ha sido su estandarte ya desde hace unos años. Pero esta aceptación realmente se traduce en la aceptación del capital que la comunidad LGTBQI tiene, pues los restaurantes, bares, tiendas departamentales e incluso karaokes se sitúan en esta ideología por el capital entrante, no por su real apertura a las diversidades sexuales y menos aún por su apoyo a las mismas. lo que nos lleva evidentemente a notar cómo es el capitalismo lo que mueve al mundo, una suerte de transacción pues los habitantes de estas zonas toleran a los anormales siempre y cuando su esfuerzo se traduzca en ingresos monetarios.

Como menciona Beatriz Preciado en las micropolíticas de género, es que la solución a los abusos a la comunidad LGTBQI no se pueden erradicar de otra manera que no sea la experimentación con la sociedad y la apertura de los espacios hasta ahora no sólo son reducidos, sino ni siquiera entendidos de la diversidad sexual. Además, menciona: “Es preciso transformar ese saber minoritario (hablando de las teorías queer y las filosofías contemporáneas de género) en experimentación colectiva” y es esta cita la que inmediatamente me hace pensar en Rancière[2] y su división de lo sensible, en donde se nos habla de que existe divisiones en el espectro sensible de la sociedad, y esas divisiones no son otra cosa que la política e ideología mayoritaria impuesta como un modo de vida superior (monetaria y moralmente) y esto afecta la experiencia de maneras indiscutibles. Es este mismo argumento el que retoma Helena Chávez[3] para hacer claro que el arte está inscrito en un circuito de campos de experiencia, y estos campos tienen la capacidad de ejercer cambios en la sensibilidad

¿Cómo se traduce todo esto en el discurso de este ensayo?
Bien, pues si no hay campos de experiencia fuera de la comunidad y sus colonias delimitadas ya designadas, no habrá transformaciones en la sensibilidad de sus habitantes, lo que se traduce en que no habrá un incremento en el entendimiento de la diversidad sexual, ni de los agentes que la practican y subsecuentemente no habrá un cambio dentro de las políticas de aparición que permitan el desarrollo o incluso gestión del respeto por la comunidad.

Volviendo a Beatriz preciado “No se trata de escoger un sujeto oposicional de la historia”[4], es decir, no se trata de levantar un estandarte y declarar a los transexuales, los bisexuales, intergénero, etc. como víctimas ni de hacer encuestas como la ENADIS en donde acaso valoran su situación de vulnerabilidad. Lo que se necesita es que existan políticas de aparición, políticas que abran el campo de experiencia dentro de la sociedad para poder entender el respeto a todas las personas y es así como Beatriz llega al principio de autocobaya y cito: “Este principio autocobaya como modo de producción de saber y transformación política, expulsado de las narrativas dominantes”. El principio lo que hace es subvertir las regulaciones de una ficción colectiva como lo es el género y la sexualidad predominante y producir una política desde la subjetividad.

Combatir política con política como lo propone Paco Vidarte[5], “educar una ética que contribuya a nuestra felicidad” y cuestionar incluso si la comunidad LGTBQI debe o no seguir vigente como comunidad, segregando dentro de sí misma lo que fue segregado ya por la sociedad. Haciendo no sólo política sino siendo uno mismo político, siendo críticos y aplicando como dice él “no es sálvese quien pueda sino sálvese quien quiera” dando a entender que todos tenemos la posibilidad y derecho no sólo de salvarnos sino de salvar-nos a nosotros, a los todos.

En última instancia quisiera decir que la lucha por los derechos humanos (dentro de los cuales están los derechos sexuales) se quedan cortos para proteger el espectro que el humano contempla ante su diversidad sexual y que es necesario que no se terminen los grupos de resistencia que ponen en duda el saber y hacer políticamente correcto y socialmente aceptado que olvida que todos tenemos el derecho a vivir la vida bajo los términos, gustos y decisiones sexuales de nuestra elección.

Biblografía:

Testo Yonqui. Beatriz Preciado. 2da edición. Barcelona, España. 2008.

Ética Marica. Paco Vidarte. Ed. Gay y Lesbiana, Egales. 2010

La división de lo sensible. Estética y Política. Jaques Rancière. Salamanca 2002.

Las políticas de la aparición. Helena Chávez Mac Gregor. Publicado en Academia.edu

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Semblanza

Scarlet Álvarez. Licenciada en Psicología Educativa, cuenta con una carrera técnica en Asistencia Educativa y actualmente es pasante de la licenciatura en Artes Visuales en la Facultad de Artes y Diseño. En la Facultad de Artes y Diseño, co-funda y coordina el programa de Investigación-Producción Transversal, primer grupo de investigación para alumnos avalado por el Centro de Investigación-Producción y Estudios de la Imagen (CIPEI).

En 2013 coordina la comisión de relaciones públicas del primer Simposio Violencia y Poder , reflexiones estéticas e interdisciplinarias, que contó con la participación de Helena Chávez, Pedro Ortiz-Antoranz, Teatro Ojo, Cráter Invertido, entre otros; actualmente se encuentra coordinando la edición de las memorias del mismo.

Sus investigaciones abordan el problema de la educación a la luz de las estructuras políticas y discursivas operativas en los procesos sociales.

Página web personal:

www.scarletalvarez.wordpress.com

[1] ENADIS 2010. Censos sobre Diversidad Sexual, obtenido digitalmente gracias a la plataforma del CONAPRED.

[2] “La división de lo sensible. Estética y Política” Jaques Rancière

[3] “Políticas de la aparición.” Helena Chávez Mac Gregor, publicado en Academia.edu

[4] “Testo Yonqui”. Cap. 12, Micropolíticas de género. Beatriz Preciado.

[5] Ética Marica. Proclamas libertarias para una militancia LGTBQ

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A. – por Citlalli Villarejo

por Deniel Benítez
por Deniel Benítez

por Citlalli Villarejo

 

El heteropatriarcado sexualizado trabaja con binomios, con dialécticas, con solo dos polos, el todo y la nada, sin dar posibilidad a grises, también, cerrando la imaginación a que algo pueda no ser ni negro ni blanco, simplemente no ser, pero a la vez existir.

    El patriarcado exige la reproducción, el acto sexual, la genitalidad, lo coital para demostrar sentimientos, ya sea desde la atracción física hasta la atracción romántica; enseña, que el punto máximo es el matrimonio consumado, y mejor aún, si es que hay resultado de la cópula, que, sumando a la religión católica dominante, sólo sirve para reproducción.

     ¿Qué pasa con las personas que no sienten deseos de tener un acto sexual para demostrar estas atracciones? ¿Qué pasa si el sexo no resulta ser el punto máximo para expresar amor, fascinación o encanto? Enseguida viene la sexualidad dominante a tachar de enfermo a todo aquel que no sienta la atracción sexual en cantidades brutales, a todo aquel que no se sienta dominado por sus necesidades sexuales, a todo aquel que piense que cualquier alimento es más placentero y gozoso que tener actividad sexual con la persona especial.

     La asexualidad se define como aquella orientación donde la atracción sexual no juega, conformada por un gran espectro, principalmente otros dos grupos, demisexualidad, donde la atracción juega siempre y cuando existan vínculos emocionales que la creen, y grisexualidad, donde a veces aparece, pero normalmente no se haya presente.

     Las personas asexuales son perfectamente capaces de sentir diferentes niveles de atracción y de crear relaciones tan íntimas como las personas alosexuales (es decir, quienes sienten atracción sexual por otras personas). No confundir con antisexuales o célibes, la gente asexual puede llevar a cabo actos sexuales, pero no provienen de una atracción sexual tal como la que alguien alosexual siente.

     Ser parte del espectro asexual, es ser el raro de la comunidad LGBTTTIIPQ, es ser la A que no en todos lados se acepta sumar. Un ejemplo es el documental (A)sexual (Angela Tucker, 2011), donde un activista homosexual está en contra de esta orientación, pues piensa que la asexualidad resta a la lucha por los derechos al sexo libre, con quien se le plazca.

      De igual manera se busca anular esta orientación sexual diciendo que nadie puede ser asexual porque todos tenemos genitales, tenemos algún género o no-género. Vista de esta manera, reduciendo la sexualidad al aspecto físico, se tendrían que eliminar muchas otras orientaciones. Pero, si se habla de sexualidad, como orientaciones y no sólo como una parte de distinguir hembras, intersexuales y machos, encontramos una gran gama de colores, entre ellos el negro, gris, blanco y morado, bandera de la comunidad asexual. Otro flanco de discriminación que ataca a este grupo, son profesionales de la salud (sicólogos, sexólogos y algunos médicos) que califican a esta orientación sexual como un padecimiento o una etapa, les diagnostican daños que no existen. ¿Por qué? porque el patriarcado les enseñó que es deseable tener sexo en cantidades industriales, que quien no siente atracción sexual es porque está enfermo, peor aún, si no se siente atracción romántica, es porque se es inhumano.

     El miedo del patriarcado es perder la dominación a través de la familia tradicional, a lo que el espectro asexual arromántico les pone un gran reto: sin atracción romántica y sin atracción sexual ¿qué le queda al patriarcado para dominar? Las personas son libres, de sentirse atraídas y tener prácticas sexuales con quien se les antoje, pero también son libres de no sentir atracción ni romántica ni sexual, de tener sexo o no tenerlo, pero no son dignas de vivir encerradas en una etiqueta de enfermedad, de invisibilidad o de anulación, tanto existen orientaciones en un espectro amplio alosexual, como existen orientaciones dentro de otro espectro asexual.

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CitlalliVillarejoCitlally Villarejo Gómez. Autora de Nogiedra, es Egresada de la Licenciatura en Comunicación de la Universidad Autónoma del Estado de México.
Página personal: nogiedrablog.blogspot.mx
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Eugenesia Televisual

Ana Mª Herrero Cervera 

 Hace poco me llamó la atención un documental que vi y trataba el tema de la eugenesia[1]. Este concepto responde a una filosofía social que defiende la mejora de los rasgos hereditarios humanos mediante diversas formas de intervención manipulada y métodos selectivos. El origen de la eugenesia está fuertemente arraigado al surgimiento del darwinismo social a finales del siglo XIX. El eugenismo, pretendería el aumento de personas más fuertes, sanas, inteligentes de determinada etnia o grupo social para lo que promueve directa o indirectamente la no procreación de aquellos que no poseen esas cualidades, llegando a considerar su aplicación como una ventaja en el ahorro de recursos económicos para los países.

Si hacemos un símil, esto hace recordar el exterminio nazi y a su ideología de supremacía de la raza aria; en este sentido, esta práctica estaría relacionada con el malthusianismo, el natalismo selectivo y el nacionalismo. En EE.UU también practicaron este método con las clases más desfavorecidas: los pobres[2] y los negros. Se les hacía esta práctica a personas con problemas socioeconómicos, buscaban a familias con problemas de delincuencia, alcoholismo y prostitución, etc. Los métodos del eugenismo del siglo XIX y XX incluían la esterilización forzada, hasta el genocidio. Esta barbarie no ha sido reconocida oficialmente en la mayoría de los países en que se realizó.

eugenesiaVisual1

Documental, Higiene Racial. Guillaume Dreyfus, 2012.

Inevitablemente estos casos me hacen recordar de alguna forma, lo que está sucediendo hoy en día en los medios, entre ellos, la TV, y con los modos de representación social y mediáticas que intervienen en el género, la sexualidad, la clase y la raza. Hay un vacío sistémico en la televisión donde hay un exclusivo modelo de representación (origen blanco, de clase social media-alta y heterosexual), excluyendo otros modos de ser.

Es poco común ver en la pantalla pequeña a personas de otro origen y diversidad racial, si comparamos el bajo porcentaje étnico que hay respecto al blanco. Lamentablemente existe un problema racial en el discurso de las metanarrativas visuales en los medios mexicanos. Si analizamos el modelo de representación femenina que se ha impuesto en la Televisión, observaremos que los modos de representación están influidos fuertemente por las narrativas dominantes occidentales.

También podemos apreciar claramente cómo no sólo afecta a las personas no blancas, también se margina a las personas con alguna discapacidad física o psíquica (vaya, la palabra discapacidad no me agrada pues una persona vidente, sorda, etc., es igual de capaz que otra persona, salvo que es la sociedad quien las incapacita). Los medios, especialmente la TV, invisibiliza a estas personas, no las vemos en los informativos o noticiarios, en los comerciales, en las series, en los programas, en las telenovelas…, ¿por qué?

A esta ausencia de representaciones visuales o imágenes, María Acaso la denomina asesinato visual, que “consiste en hacer desaparecer un hecho a través de la ausencia explícita de imágenes sobre él.”[3]

No hay visibilidad sobre aquello que no se representa, es decir, la ausencia de mujeres con sobrepreso, sin pelo, la ausencia de personas con alguna enfermedad, pobres, etc.

La autora hace una exhausta clasificación sobre los terrores visuales a los que nos someten los medios, industria, Estado, etc., donde agrupa una excelente tipología sobre los siguientes terrores: terrores corporales, sociales, culturales, políticos, de clase, que hay detrás de las imágenes.

Los mensajes detrás de las imágenes publicitarias nos dejan entrever el terror a envejecer, el terror a no ser la mujer perfecta. Estás imágenes contienen un miedo instaurado por nuestra sociedad que es el terror al cuerpo y tiene que ver con lo físico y con el concepto de belleza, con lo aceptado o no en nuestro entorno. Los terrores son todos aquellos miedos que objetivan nuestra imagen y nuestro estatus social y que podríamos enumerar como:

  • Terrores del cuerpo; “terror a ser viejo/a, terror a estar gordo, terror a no tener los dientes perfectos, terror al vello, terror a la calvicie, terror a los genitales pequeños, terror a no tener pecho, terror a la enfermedad, terror a la celulitis, terror a ser feo/a.”
  • Terrores culturales; “terror a no ser blanca/o, terror a ser mujer, terror a ser homosexual.”
  • Terrores políticos: “terror a no ser occidental, terror al tercer mundo, terror a ser inmigrante (…).”[4]

Es en la televisión y en la publicidad donde se suelen mostrar mayoritariamente estos terrores, concretamente los del cuerpo, que están más arraigados en nuestra sociedad occidental. El terror a envejecer es el que mayor impacto tiene, ya que es algo inevitable en el ser humano. De hecho, el consumo de productos para evitar el avance progresivo del envejecimiento no deja de proliferar. Pero este miedo, está impuesto por una serie de creencias ligadas al éxito y al sistema de producción. El terror a estar gorda y ser fea es otro de los mensajes más retransmitidos por la cultura occidental y este miedo se ha difundido como un efecto viral, expandiéndose y convirtiéndose en un miedo atávico que podríamos calificar de pandémico a nivel global.

El ideal de belleza que nos transmiten consiste en tener un cuerpo delgado y armónico con unos pechos exuberantes, un cabello largo y suave, de ser posible rubio, una piel elástica, radiante y joven, sin imperfecciones y blanca.

La visión androcéntrica, occidental y blanca de gran parte del hemisferio norte, quiere resaltar la idea de la supremacía blanca para controlar y someter a otras razas. Hay muchas mujeres de otras razas que se someten a cirugías para conseguir unos párpados occidentales. También hay maquillajes que blanquean la piel –en América Latina muy usado-, y así podríamos seguir con muchos más ejemplos de cómo se pretende homogenizar y eliminar las subjetividades de las identidades.

Constatamos que hay una ausencia explicita de la gran mayoría de la sociedad o humanidad y que excluye a otras razas, a otras identidades sexuales, a otros cuerpos, etc. Por ejemplo, en el caso de México, hay una limpieza racial y sistémica en la televisión, ¿donde están las personas morenas e indígenas que representan la mayoría del país? Lo mismo podemos decir de las personas con algún tipo de disfunción, las personas ancianas o las personas que no cumplen con los cánones estéticos imperantes; la mujer barbuda, el torso humano, etc.

Tod Browing quería rodar una película donde la idea de monstruosidad o aberración quedase en entredicho y sacudiese la moral de la época. La película, es una parábola donde los freaks se comportan de forma más humana y los normales son perversos y malvados.

Freaks

Dir. Tod Browning. Freaks, 1932.

Se excluyen en el límite de la otredad lo que representa lo exótico, lo monstruoso, lo feo, lo caduco, lo viejo, lo extraño, lo raro, lo anormal. Se repite todo el tiempo una atrocidad social, los medios, la industria cultural, hacen su propia selección natural de la especie humana. La existencia de la dominación racial, de clase y de género obstaculizan la posibilidad de una construcción sobre la idealización de una humanidad diversa y democrática. Es urgente cuestionar y desmontar la construcción de significados por los medios de comunicación y demás producciones culturales para visibilizar las condiciones estructurales que favorecen las relaciones de dominación y opresión.

[1] Higiene Racial, Eugenesia. Guillaume Dreyfus. Documentos TVE2.

[2] Ver un interesante artículo escrito por el profesor y catedrático, Emilio Martínez Navarro, donde trata la fobia a los pobres. El término «aporofobia» no figura en el diccionario de la Real Academia. Fue impuesto en 1996 por Adela Cortina, profesora española que publicó un artículo periodístico refiriéndose a uno de los males de esta época: el rechazo y el odio hacia las personas pobres.

[3] María Acaso, Esto no son las Torres Gemelas, (Madrid: Catarata, 2006), 41.

[4] María Acaso, Esto no son las Torres Gemelas,52.

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Ana Mª Herrero Cervera.  Artista visual e investigadora en un doctorado de producción e investigación artística en la Facultad de Bellas Artes de la UPV (España). Es artista invitada en la plataforma web, Arte contra la violencia de género, Valencia 2011. Ha sido becaria por la SRE de México para realizar una estancia de creación artística en la Academia de San Carlos en el 2012, ENAP/UNAM.

Ha realizado varias publicaciones, entre ellas, CIMUAT que tuvo lugar en la facultad de Bellas Artes de Valencia, 2010: La deconstrucción del estereotipo de mujer erótico, sexual y estético en el audiovisual. También ha publicado para la revista online Cuadrivio.net, 2013: La representación de la mujer en la televisión mexicana.

Ha realizado varias exposiciones colectivas e individuales a nivel nacional como internacional entre las que destacan: MUARTECH: Acciones híbridas desde el género, “porque yo lo valgo”, Espacio Menosuno, Madrid 2011. Metáforas visuales sobre la construcción femenina. Academia San Carlos, México D.F. 2012. Exposición colectiva, Videoapropiaciones: HECHO EN MÉXICO. Audiencias críticas. Academia San Carlos (FAD-UNAM) México D.F. 2014.

Para más información se puede consultar su trabajo en:

http://anamariaherrero.blogspot.com/

http://www.artecontraviolenciadegenero.org/

 

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ANO•RRR•MAL

por Alex Xavier Aceves Bernal
por Alex Xavier Aceves Bernal

por Diana J. Torres 

“normal es un programa de mi lavadora”

– playera vista en una fiesta queer

“no es saludable estar adaptadx

a una sociedad profundamente enferma”

– pintada vista en la puerta del wc de un bar punk –

            La anormalidad está tan de moda que casi que se ha vuelto normal ser anormal. Esta es una de las cosas más terribles que pueden suceder en una sociedad: cuando la disidencia es una estética, una farsa, una pose inserta en las lógicas habituales del capitalismo. Lxs anormales de toda la vida, como yo, estamos muy molestxs con esta mierda. Y hay que pararla antes de que sea demasiado tarde. La anormalidad es nuestro fuerte, ese lugar que hemos construido durante siglos para sobrevivir a las imposiciones de la mayoría, ese hogar del que tanto nos ha costado sentirnos finalmente orgullosxs. Y ahora una panda de impostorxs, de caballitos de Troya, nos lo quieren destruir desde dentro.

Otra de las cosas fatídicas que vienen sucediendo desde hace tiempo es que lxs monstruxs quieren de pronto ser normales, de hecho luchan por ser normales. El ejemplo más claro se da en el “movimiento” LGTB. Salir a la calle a manifestarse por el matrimonio igualitario, a pedir por favor al Estado que les dejen tener hijos, casa, carro, hipoteca, romanticismos variados, es asqueroso. Gentes que hace apenas 100 años hubieran sido condenadas a muerte por ese mismo Estado, ahora, auspiciadas bajo la pendejada de la “democracia” se dedican a mendigar lo que consideran que son “derechos legítimos”. ¿Dónde está su orgullo anormal? ¿Dónde la celebración de existir siendo como unx en realidad es en lugar de hacerlo queriendo parecerse a lo otro porque lo otro es aceptado y conlleva privilegios?

Yo ni soy normal ni quiero serlo. Nunca he querido serlo. Me ha valido vergas siempre lo que una panda (mayoritaria con creces) de descerebrados pensara que yo debía ser. Sí, desde mi privilegio de haber crecido con otrxs dos anormales reivindico mi identidad desviada porque en un mundo donde todo está tan cagado a todos los niveles, querer ser normal y estar adaptadx es una forma de acordar con toda la mierda que nos sucede.

Desde ahí me enuncio como lo que soy, una orgullosa monstrua únicamente interesada en relaciones con otrxs monstruxs. Esto puede sonar excluyente, de hecho lo es. Pero no tengo ni he tenido nunca ganas de alianzas con personas cuyo conformismo colabora a diario con la devastación de lo anormal, no me interesan sus hipotéticas luchas, no me interesan sus hipotéticas opresiones. Llamadme burguesa o feminazi o lo que queráis, pero siempre me ha parecido que, en el lugar que cohabitamos, cosas como por ejemplo la violencia machista son normales, los asesinatos son normales, la constante censura y castigo de toda disidencia es normal. Porque en un mundo tan profundamente podrido que pasen estas desgracias, estas abominaciones, es perfectamente lógico, se trata de enfermedades endémicas del sistema. ¿Cómo no va a golpear un hombre a una mujer, violarla, destazarla, humillarla, si desde que nació se le ha enseñado, educacional y culturalmente, que la mujer le pertenece? ¿Cómo no se van a matar las personas entre sí todo lo que les ha rodeado desde que tienen uso de razón es violencia y más violencia?

Nosotrxs lxs monstrxs somos errores ilegítimos e imprevistos del sistema,  y hasta que no nos pongamos en pie de guerra con nuestra anormalidad por bandera, absolutamente nada cambiará. De hecho es muy posible que nadie nos tenga en cuenta ni se nos una si lo hacemos porque renunciar a los privilegios que la normalidad otorga no es sencillo, sólo cuando se trata de una necesidad de supervivencia emocional renunciamos a ellos, cuando no nos queda más remedio. Esto es triste. Ser anormal, no por decisión sino por obligación.

Lo único que podemos hacer quizás es cultivar el orgullo y, desde nuestro pequeño fuerte, tratar de combatir las cuestiones que nos afectan de forma directa  y que ponen en riesgo nuestra existencia. Porque el problema con las personas que se plantan la anormalidad sobre los hombros como si fuera un traje es que su traje es mucho más ligero que el nuestro porque no carga con las opresiones.

Un ejemplo: para mí una persona que lleva una cresta no es nunca garantía de que será alguien aliado, podría ser un niñato clase media alta que se siente excitado con actos de rebeldía que no comprende porque no responden a su propia experiencia de vida, un fan de la estética de la disidencia que si algún día tiene un problema derivado de la misma, su papá vendrá con el varo para la fianza y sus influencias con las altas esferas para librarlo de todo mal.

La estética, la imagen externa que nos diferencia del rebaño y que nos hace ser anormales a los ojos de lxs demás, está siendo replicada por personas que son perfectamente normales en todos los sentidos: heterosexuales, gente que jamás ha sufrido una agresión, fresas, etc. ¿Hay un pedigrí anormal? Desde mi punto de vista sí y tenemos que dejar que nuestra intuición (mucho más desarrollada que la de la bandada de zombies) nos diga con quiénes podemos o no aliarnos.

Lo que hace que una persona despierte mi empatía es cualquier mínimo rasgo de inadaptación al sistema. Si voy por la calle en general todas las personas que me cruzo se me antojan zombies, mi cerebro ha aprendido a desarrollar filtros para ni siquiera verlas, no obstante, cualquier rasgo de anormalidad (a veces no es nada físico, es una mirada, un gesto) despierta mi interés, activa de nuevo mi mirada. Es lo que yo vendría a llamar la desesperada y constante búsqueda de aliadxs. Supongo que las personas normales nunca sienten esa desesperación. Ser heterosexual en un lugar donde en tu estrecha masa gris sólo hay heterosexuales, ser un hombre o una mujer así tal cual el sistema los ha diseñado, ser a la base normal, significa también estar rodeadx por una inmensa mayoría que es tu aliada, al menos en lo básico: acordar con el patriarcado, consciente o inconscientemente.

Pero nosotrxs, monstruxs, no vivimos nuestra vida así, nuestra disidencia no pasa por querer ser iguales a lxs demás, no pasa por querer la paz, ni la tolerancia, ni la aceptación. Pasa por querer la absoluta destrucción de todo aquello considerado normal, a modo de venganza transmilenaria, en el más puro sentido de la palabra Caos.

Porque fuimos lxs golpeadxs en la escuela que no quisieron o no pudieron cambiar para detener la tortura, porque cada vez que salimos a la calle las agresiones se suceden en mayor o menor grado de intensidad sin descanso, porque fuimos las personas que nuestra familia de sangre trató de silenciar, ocultar y domesticar, porque somos lxs que tuvieron que construirse un lugar en el mundo a base de batallas cotidianas, porque el rechazo es nuestro pan de cada día, porque hasta dentro de lo que consideramos nuestras luchas (anarquismo y feminismo) somos lxs parias y lxs incorrectxs.

            Queridxs anormales, luchemos contra las intrusiones, nuestro mundo no les pertenece!

 [divider]

Diana J. Torres: eyaculadora precoz, terrorista lúbrica, tocapelotas pro, poeta de bragueta, prostituta fracasada //añada lo que le dé la gana//

http://pornoterrorismo.com

Twitter @pornoterrorista

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Unicornio por Omar-Gonzalez-Lopez

El poder anormal

Unicornio por Omar-Gonzalez-Lopez
Unicornio por Omar-González-López

por V de Vayaina

Esto que sabemos

Tengo la palabra on the tip of the tongue. Pero no puedo reconocerla, mucho menos externarla. I lick my lips to get a better taste, a ver si puedo recordar de qué se trata. ¿Será en inglés? ¿Será en español? Cuando hablo conmigo misma, hablo en inglés, porque me siento otra hablándome a mí. Porca miseria! Me quejaba en italiano, no era yo, era la intensa que dejaba salir maldiciones de su boca, como un vómito cálido con aroma a café. “Per trovarsi è bisogno stare da sola”, me repetía los días que no sabía ni quien era. But I’m no more me, it’s us, y quién sabe.

For years, I thought that I was going mad, especially that night in the park, by myself and on LSD. “Mírate ―me dije en español, la lengua que más me toca― sentada con las piernas abiertas, los pantalones de mezclilla más rotos y fumando los mismos Marlboro rojos que fuma tu padre”. Me reía de mí misma, era una broma de señorita, listoncito rojo el pelo nada más para disimular que estaba hasta mi PUTA MADRE, y que era yo la que despedía el olor a hierba. “Oh, no. ¿Por qué los lobos andan tras de mí” Me seguía riendo, pero no podía evitar sentir el punzar de los tímpanos al ritmo de arpegios de ramas al viento: Something wrong is going to happen, sweetie.

Cerca de 10 policías entre hombres y mujeres me rodearon sin más y revisaron mis cosas. En el estado en el que me encontraba, me sorprende la naturalidad con la que encendí el cigarrillo y pregunte “¿todo bien, oficial?”. Afortunadamente la pañoletita roja en la cabeza hizo su labor, no despistó a lxs policías, pero si guardó bien la bachita del porro que me había estado fumando minutos antes. Pobres imbéciles, terminaron por irse.

Years later, I had the same sensation. I was in that party in the roof of an old building en la Condesa, full of wankers whose only wish was that their dark skin and su infancia en Ecatapec desapareciera from this earth forever. I was tired and drunk, waiting for the sun to shine to go home, or anywhere. But I didn’t. I walked into that room, and the rest, is a story we can guess. Why I didn’t listen to myself? is a mystery sin lugar en este escrito.

We whores have a gift, el poder de percibir el aliento del lobo detrás de tu oreja erizando tus vellos. We can sense what is about to happen and what has happened before. Cuándo somos bienvenidxs, y cuándo no. Podemos oler el miedo, la tensión de las almas intranquilas y reconocer las palabras vacías.

Gloria Anzaldúa nombra a este don como La facultad, y la define como “la capacidad de ver en la superficie de los fenómenos el significado de realidades más profundas, to see the deeper structure below the surface.” Esta facultad habita en todxs nosotrxs, pero lxs que realmente pueden leer el viento somos esta raza, lxs anormales. Dice Anzaldúa: “Those who are pushed out of the tribe for being different are likely to become more sensitized (when not brutalized into insensitivity). Those who do not feel psychologically or physically safe in the world are more apt to develop this sense. Those who are pounced on the most have it the strongest―the females, the homosexuals of all races, the darkskinned, the outcast, the persecuted, the marginalized, the foreign.[1]

En “Bordelands, La Frontera: The New Mestiza”, Andalzúa les regala risas a lxs seres que me habitan, cuando habla sobre mitos prehispánicos que dicen que para balancear la anormalidad de ciertos cuerpos, como aquellxs intersexuales, las deidades lxs recompensan con el don de poder ver el mundo con mayor profundidad. ¡Y cómo no van a comprehender mejor el mundo si han tenido la fortuna de ser todo al mismo tiempo! Occidente tiene un personaje similar, el buen Tiresias, el ciego de sexualidad transitoria, el anormal más clásico de la historia. Tiresias, ese que fue hombre, luego mujer y de nuevo hombre, ciego por castigo de Hera, o quizá de Atenea por espiarla mientras se bañaba. Ciego, TRANS y con la capacidad de adivinar el futuro, sin duda es un balance, al menos, al juicio caprichoso de lxs diosxs.

Nosotrxs somos monstruxs mestizxs, con la carne morena teniendo sexo por Skype. Traidores de lengua viperina que puede decirlo todo, de todas las maneras. Guardamos dentro la magia desprestigiada por occidente, pero también tenemos sus ideas para lanzarles un conjuro en su lengua. Recibimos la lección, pero volvemos a salir. Nunca vamos a entender, nos resistimos a entender, rechazamos entender, por eso el mundo nos teme, porque destruimos, pero también construimos. Somos mil dentro de una cabeza y dos mil fuera. Gozamos al darle caos a la inercia y no hay nada qué justificar. In bocca al lupo, quimeras.

[1] “Aquellxs expulsadxs de la tribu por ser diferentes son más propensos a volverse más sensibles (cuando no, forzados brutalmente hacia la insensibilidad). Aquellxs que no se sienten psicológica o físicamente a salvo en este mundo son más capaces de desarrollar este sentido. Aquellxs golpeadxs en lo más profundo, lo tienen más presente: las mujeres, las maricas de todas las razas, la gente de piel oscura, lxs parias, lxs perseguidxs, lxs margindxs, lxs extranjerxs.” Mi traducción cuirtz.

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