Abrir publicación

Pesa más la rabia que el cemento

por Azul Taboada

  1. «Weeeeeey noooooo…»

Tiro por viaje toca leer a gente, ciudadanxs ampliamente conocedorxs de las Bellas Artes y ávidxs practicantes del civismo, quejarse de sus preciosísimos monumentos y edificios ultrajados durante equis marcha; no es cuento nuevo que la gente condene los daños a los baluartes nacionales. Tiro por viaje toca leer bromas como que el maldito monumento es opresor, e igual y directamente no lo es, pero definitivamente sí son una representación de las fuerzas estatales, patriarcales, y coloniales.

Y tiro por viaje nosotrxs seguimos acá, dando batalla sin pandearnos. Porque final de cuentas, lo que algunxs no alcanzan a ver es que lo verdaderamente significativo no es el monumento, sino absolutamente todo lo demás que sucede a su alrededor.

2. Entonces, primero lo primero: Los monumentos

Sería sumamente ingenuo sostener que los monumentos son solo unas “bellísimas” esculturas que adornan nuestra ciudad con señores a caballo, porque no lo son. Los monumentos existen entre lo político y lo escultórico.

Escultóricamente podemos ir diseccionando sus componentes formales:

  • Su dimensión rebasa la escala humana de manera deliberada, y no sólo eso, sino que además de ser gigantes se encuentran sobre un pedestal o columnas enormes que, literalmente, los hacen superiores a cualquiera de nosotrxs;
  • los materiales de los cuáles están hechos tienden a la tradición hegemónica escultórica: mármol, bronce, baños de oro, …
  • apelan a lo Universal, lo eterno, lo verdadero; éstos sostienen con sus columnas los símbolos de una nación, sus héroes, y valores.

Igual no es difícil deducir que los monumentos son instrumentos institucionales que tienen, como mínimo, la función de modelar los imaginarios histórico-identitarios y de reafirmar el poder estatal a un nivel simbólico dentro del marco de lo cotidiano. Nada es azaroso con los monumentos, namás que ya no lo sentimos.

3. Las “intervenciones”

Ahora sí, a lo que nos truje: “intervenir” monumentos (a falta de un término más exacto), es un acto que seguramente significa cosas diferentes para todxs las que lo hacemos, y mi intención no es ni dar una respuesta absoluta ni una justificación para nuestros actos, sino ir esbozando las implicaciones que eso tiene.

Cuando incidimos con una convicción política sobre un monumento, éste deja de ser una construcción en sí misma, cambia a ser el soporte de la intervención, es decir, que cambia el sentido original de ese monumento y le arrebatamos aunque sea por unos instantes- su poder simbólico.

A pesar de que el tamaño de las construcciones no se reduzca en el plano de lo real, ponernos cara a cara cambia el modo en que lo percibimos; las distancias entre el monumento y una persona ya no parecen tan gigantes. También se observa la contraposición de materiales; el bronce y el cemento contra la pintura en lata, la tela o la diamantina, y resultan más importantes aquellos materiales efímeros, “comunes”, por el simple hecho de que son más significativos. Sin embargo, yo propondría que lo más importante de intervenir monumentos está en aquello que no deja rastro físico alguno: el encuentro y la complicidad que se forman al llevar a cabo las intervenciones, la euforia y la sensación de disfrute colectivo.

4. Reclamar espacios

Llega a suceder que no es la manifestación la que se desborda, sino que es el desborde el que se manifiesta1, es decir, que el monumento contenido dentro de sí mismo, al intervenido comienza a englobar algo que lo rebasa, que no está formado de un material específico y que no tiene ni técnica ni forma concreta.

Sabemos perfectamente que una estructura no se tira a base de paliacates y spray en lata, pero sí se agrieta. Y esa grieta (simbólica y material2) dota de significado contextual tanto al monumento-soporte como al espacio en el que éste se encuentra: Entonces un cachito de espacio que pareciera ajeno y aséptico porque, claro, ya se han apresurado en limpiar todo para pretender que ahí nunca pasó nada- en realidad contiene varias capas mucho más relevantes para quienes lo podemos percibir; el recuerdo de una situación que nos es mil veces más cercana, y las complicidades que formamos, los gritos, nuestra rabia compartida, la emoción y el goce de estar todxs ahí reunidas, haciendo lo que nos dijeron que no debíamos hacer. Es un espacio que hemos reclamado.

5. Conclusiones: No pares, sigue sigue

Mi apuesta, al poner atención en los encuentros simbólicos que están sucediendo dentro del marco de las protestas políticas, está en ser más conscientes de las relaciones que abrimos tanto entre nosotrxs como con el espacio mismo. No hay que tomar a la ligera las miles de fuerzas que estamos creando, no es gratuita la reivindicación del anonimato, del momento y la potencia colectiva, de señalar las disputas y conflictos que existen en el espacio urbano.

Sigamos buscando otros modos de afectar a los espacios, de reclamarlos, porque así podemos implicarnos con esos territorios que aparecen en el encuentro.

[divider]

1 Parafraseando a las compañeras feministas que también reflexionan sobre las manifestaciones en la Ciudad de México (Anónimas, “No vamos a caer en sus provocaciones”. Artillería Inmanente https://artilleriainmanente.noblogs.org/post/2019/08/28/no/?paged=13 )

2 Un saludo a la bandita que salió a limpiar el Hemiciclo a Juárez con thiner y estopa.

[divider]

Azul Taboada. Ciudad Monstruo. 1997.

Anarkobruja transfeminista, entusiasta del ¡BUM! (de este perreo intenso) y pasante de la licenciatura en Artes Visuales, FAD, UNAM.

Ha participado en las exposiciones Periplo por el espacio: De lo privado a lo público (2019 Artspace, CdMx), hArto: Feria de arte necio (2018, Bogotá) y Sí, no sé (2017, CdMx).

@visceras_

Abrir publicación

Territorios fuego, territorios mar.

fotografías por Mario Patiño

por Erika Bülle

noviembre de 2019

    Mi cuerpa, mi territorio, llena de fronteras liminares autoimpuestas, no es difícil entender porque existe la guerra entre cuerpxs, la defensa y la protección de la misma, de no sentirse vulnerada, de no sentirse abandonada, atesorar los instantes que parecen cómodos, que parecen seguros; espacios llenos de personas, pero solo pocas habitan una cuerpa como la mía, con estrías profundas y arrugas que aparecen a diario, manchas que recorren la piel y llegan al alma. Una cuerpa cubierta en su totalidad, ¿para qué dejarse ver? Solo el pensar sentir la mirada mórbida de las personas me hace suponer que allanan mi morada, el territorio que habito, que en más de una ocasión y de manera discreta se ve cuestionada por comentarios cargados de violencia, a lo que se le llama gordofobia. 

fotografía por Mario Patiño

Habito una cuerpa gorda, un territorio de más de 100 kilogramos que ha recorrido 50 años de otros y en otros territorios, protegiéndose de la inevitable herida del dolor de las palabras, del rechazo, la herida que como un gran paso decido hacer mía, sin embargo a veces caigo en la trampa, en el juego infausto del otro y lloro. Agujas lacerantes atraviesan mi cuerpa, la sensación de las argollas frías metálicas y brillantes me recuerdan que por mucho tiempo mi territorio ha portado el estigma de las medidas, el costo de las desmesuras, la soledad de los kilogramos. Miro la vida pasar escondida detrás de un escritorio, 10 horas sentada, hablando poco, sé que es el costo de tener esta cuerpa desbordada, tatuada, carente de los códigos hegemónicos de la buena presentación. Mi cuerpa es políticamente subversiva, mi mente lo es más, hay peligro al mirarme a los ojos, miradas que se confrontan unas a otras, que dan miedo o quizás asco, aún quiero ser optimista y pensar que solo es miedo. Observo la relación que mi cuerpa puede tener con otrxs, pero no hay ninguna otredad que desee estar conmigo, a decir verdad tampoco deseo su compañía.

    Salgo a Bogotá, sin expectativas, sin esperar nada, cambio de territorio, pero mi cuerpa sigue siendo la misma, la geografía me desgasta, la altura me dificulta la respiración, transito con dificultad, largas subidas que se deben caminar, el cansancio me abruma, me encuentro con otras corporalidades gordas, me amoldo, me estrujo, me siento protegida, por primera vez no me siento sola, nadie me presiona, nadie me apura, nadie me mira con morbo, nadie cuestiona mi peso, decido borrar aquellas fronteras autoimpuestas, decido sentirme querida, acompañada, acalorada.

    Me encuentro con otro cuerpx, otro territorio tan grande como el mío, delicado y joven, siento miedo, le vi llorar antes, me vio llorar antes.

    Cuerpxs desbordantes encontrándose por las noches, cuerpxs que se miran, que se tocan y que sienten, el miedo a los afectos, la construcción de un nuevo territorio partiendo del amor. Amor, esa palabra que se extingue poco a poco, que resulta ser el territorio de la periferia, de lo subalterno, lo que no se debe mencionar, lo que pone en riesgo cualquier tipo de encuentro, la nueva frontera ficticia, quién diría que la palabra amor se convertiría en un territorio de guerra al pasar de los años, lo indecible, lo prohibido, lo no imaginable, lo que nos margina y nos lleva a la soledad. ¿Es realmente el amor una construcción romántica falsa y dañina?, o es que no queremos enunciarlo por miedo a perder algo que de todas formas no tenemos, como la libertad, ya que las fronteras nos han quitado eso, ser libres.

    Los años me han ido suprimiendo lo que por instantes regresa. La humedad de mi cuerpo, el estremecimiento de mis músculos, las sensación de vivir y sentir aquellas partes de mi cuerpo que pensé estaban muertas, pero solo estaban dormidas, quizás aturdidas, quizás confundidas, me convierto en fuego y a la vez un territorio lleno de mares, que no son lágrimas, aquellos flujos que pensaba secos, aquellos mares que se volvieron desiertos regresaron escurriendo entre las piernas, entre los senos, atrás de mi cuello escucho su respiración. Al sonar de los cuerpos las fronteras se pierden para fundirse entre las carnes, entre los besos, caricias y deseos que se cimbran en un terremoto corporal, en un terremoto emocional, afectivo quizás.

   Todo se desborda, el cuidado, la ternura, la intimidad. Me hundo en un vórtice de memorias corporales, de cuestionamientos, sin querer las fronteras de mi gran territorio aparecen y se diluyen en un vaivén de miedos ocultos, de deseos reprimidos, de llantos internos, de risas escondidas, si tan solo tuviera 20 años menos. Las llamas me invaden, siento que el sudor moja la sábana, Eros y Thanatos se encuentran en la respiración, aquella que se corta a momentos, que me produce un ligero mareo, el vómito de mis emociones, dejar salir al demonio habitante constante de mi cuerpa, dominador de mi territorio.

    Cuerpxs gordxs, identidades no binarias, identidades que se encuentran, identidades que han decidido romper con todas las fronteras que nuestros territorios gordxs habían impuesto.

    Sin embargo en su momento regreso a la soledad de mis pensamientos, al habitar de los infiernos de mi cuerpa porque ese es el único lugar que debe habitar un cuerpx que cayó en el acto de la gula, ángeles caídos por los excesos de la comida, hay que poner nuevas fronteras, para enfrentar la confrontación de las miradas, presentir el terror que se tiene de habitar una cuerpa como la mía, de sentir la lástima que le tienen a una enferma, regresar al escritorio que es ese gran escudo donde nadie puede ver mi cuerpa, pasar a ser la persona simpática y amable que si tan solo cumpliera con las normas hegemónicas de la buena presentación…

[divider]

ERIKA BÜLLE.Ciudad de México.Artista Visual obteniendo el grado de Doctora en Artes y Diseño en el área de performance por la FAD – UNAM, con la tesis “112 Kilogramos, la performance como herramienta en el activismo gordo mexicano. Propuesta pedagógica y de producción del 2014 al 2017”, obteniendo la mención honorífica y el estímulo a la graduación oportuna.Contó con la distinción de la beca UNAM para realizar estudios de doctorado, así como dos apoyos UNAM de prácticas escolares para la realización de proyectos. Seleccionada en el festival Performatirum “The Badass bodies” 2019 Regina Canadá, la Bienal Tempting Failure 2018, Londres. Representante de Latinoamérica en el festival de performance, Buzzcut, Escocia, 2017. Bienal Forma y Sustancia en Guatemala 2017 y Costa Rica 2019. Seleccionada para representar a México en el festival de performance Rapid Pulse, Chicago, 2016 y en el festival de performance y video/performance Perfoartnet Colombia y el festival de performance y arte vivo Bem me cuir, Brasil entre otros.En México se ha presentado en distintos festivales y espacios como el Museo Rufino Tamayo, Museo de Arte Moderno, Museo de la Ciudad de México, XTeresa, MUAC, solo por mencionar algunos.Cuenta con 30 años de experiencia en la práctica de la performance. Ha colaborado con colectivos de prestigio internacional como La Pocha Nostra y SEMEFO.

Abrir publicación

#Un Comentario Sobre Las Letras Blancas en CU

por Diego Olmos

Actualmente estoy haciendo mi tesis. Yo estudié Arte y Diseño en la UNAM. Siguiendo la temática de esta edición, estoy escribiendo desde lo académico sobre un territorio y espacio que se reclama en Las Islas desde 2017, las tipografías monumentales, las letras blancas, el monumento o cualquier nombre que le quieran poner, según tu inclinación estética o política, #HechoenCU. No sólo escribo sobre el #HechoenCU sino de sus homólogos Autonomía90, PAZ y AMISTAD, estructuras de lámina negra pintadas de blanco. Estas tipografías en el espacio público ya son frecuentes en nuestros recorridos no sólo en las universidades y en la ciudad, sino también ya las encontramos en los llamados “Pueblos Mágicos”. Estos colosos devienen de estas lógicas del branding que quieren presentar al espacio público urbano, rural y hasta universitario como una marca. Podemos pensar en muchos ejemplos y yo creo que en nuestros recorridos las vemos e incluso percibimos a personas tomándose una foto con ellas. Pero no sólo hablo de lo que representan, sino que hablo de las Letras Blncas intervenidas.

Las letras blancas dieron de que hablar después del 5 de mayo de 2017, ya que fueron rayadas después de una protesta feminista al marco del feminicidio de Lesvy Berlín dentro de la universidad. Esa misma noche estudiantes entusiastas y muy patrimonialistas con estopas y thinner se organizaron para limpiarlas, puesto que, lo que ellos entienden como patrimonio no debería sufrir esas transgresiones.

Ahí empezó el pleito, ahí fue la ruptura. La universidad se partió en tres grupos de estudiantes: los “condeno enérgicamente” los “lo quemaremos todo con todo y orgullo universitario” y los “no me importa”. Este debate ha sido importante en los últimos meses, puesto que piensa en el valor moral de las acciones y las cosas. Curiosamente #HechoenCU tiene un hashtag, porque la utilidad es subir la foto de la cosa o con la cosa a las redes sociales. Así mismo se suben las intervenciones y rayas obedeciendo a la génesis del monumento, llegar del espacio público al espacio virtual. En éste, múltiples conflictos entre usuarios han encontrado lugar: denunciando, compartiendo, reportando, burlándose e incluso hacer todo lo posible para que la documentación de la intervención ya no exista.

Si uno en un rato libre busca en Facebook #HechoenCU encontrará la constelación de imágenes que nos hablan de un momento coyuntural, la universidad idealizada desde el objeto contra la universidad politizada. Sobra decir que los estudiantes no van por la vida rayando cuando quieren, sino que todas estas injerencias se enmarcan en procesos de violencia, Lesvy, Los Porros y Aide, por mencionar algunos.

El coloso blanco se presta como un lienzo blanco de denuncia, ese objeto que quiere desviar la atención es usado para intervenirlo y sacar la lengua contra quienes niegan las violencias dentro de los centros y facultades de la UNAM. Más allá de plataforma, es un espacio de discordia que encuentra salidas estéticas dignas de estudio y replicación. Ya no sólo son grafittis aleatorios, ahora el monumento es utilizado como un banco o fondo de memoria en el que se invocan y convocan nombres de estudiantes, docentes y cualquier miembro de la comunidad víctima de la violencia e impunidad que se vive en este país.

Desde tapar la palabra Hecho con una manta que dice MUERTO para formar #MuertoenCU, llenar de crucifijos el perímetro de la escultura para representar un panteón o incluso desarmar y tirar al espejo de agua la palabra Autonomía, se nos presenta un panorama amplísimo de los lenguajes, vocabularios y gramáticas de la ausencia, de la presencia, del peligro y al mismo tiempo de la revuelta estudiantil contemporánea.

Yo he sido testigo desde los dos espacios, desde el virtual y desde el físico. Ambos espacios encuentran oportunidades de experiencias impactantes, desde ver la recepción de la publicación hasta contemplar cómo un monumento con una retórica establecida, a través de maniobras y estrategias, cambia de sentido impactantemente. El monumento y el espacio que lo contiene ya no tiene una simple función, las intervenciones nos muestran las fragilidades de los territorios.

Las palabras que revuelan mi cabeza después de ver y presenciar estas imágenes siempre son memoria, deseo, presencia, ausencia y violencia. Palabras que a todxs nos llegan, nos tocan las fibras. Espero que después de la violencia que nos aterra, que nos paraliza a salir, podamos organizarnos para resistir sin dejar absorbernos o romantizarnos y que formemos lenguajes y gramáticas que también nos permitan accionar desde la estética.

[divider]

Diego Olmos Mancera nacido en 1997 estudió la licenciatura en Arte y Diseño siendo parte de la última generación de la Facultad de Artes y Diseño Xochimilco. Su práctica artística y académica encuentra intereses con el espacio público, las redes sociales y la visibilidad política. Su formación estudiantil ha estado acompañada por procesos educativos, curatoriales y museológicos en diversas instituciones en las que destaca el MUAC. Ha sido asistente en la producción de piezas para artistas como Melanie Smith, Núria Güells y Guillermo Santamarina por mencionar algunos. Actualmente realiza su tesis que se enfoca a la nueva escultura y monumentalidad reflexionada desde la memoria y la cultura visual en Ciudad Universitaria en los últimos dos años y es un mimbro actual de la Red Iberoamericana de Pedagogías Empáticas como artista independiente

Abrir publicación

Transicionar en mi andar, soy sexo-disidente y cuerpa.

Ilustración por Lolita D´eon

Por Tessa Galeana

Cuerpo-territorio, el que habitamos, que construimos, que modificamos cuando deseamos, cuando queremos, cuando podemos. Sin embargo, vamos andando, sin siquiera mirarlo, sentirlo, leerlo, escucharlo. Me veía como un mero espectador, fuera de este cuerpo que habito y que vivo, solía creer que una vasija era algo indiferente, insignificante, hasta que comprendí que mi vasija es mi contenedor, mi único espacio personal en el que puedo concretar mi ser, mi pensar, mi yo.

Aprendemos muy bien del autoengaño, a enmascararnos para formar parte de un todo y una nada, un vacío que nos van fomentando, nada parece tener sentido. Vivimos fuera de nosotras porque no somos nada en un sistema que nos mira como meros objetos. Maquillaje, zapatillas, peinado moderno, tinte realzador de brillo, fajas, medias, vestidos acorde a mi complexión, perseguir estereotipos para encajar en una sociedad patriarcal. Hicieron uso de mi cuerpo a su antojo, lo tomaron sin siquiera yo desearlo, ultrajaron mi esencia, me hicieron sentir que no valía la pena, que yo era una cualquiera. Pero ¿qué es ser una cualquiera? He aprendido a resignificar muchas palabras en mí andar, es una manera de tomar resistencia y rebeldía ante el sistema que me quiere como modelo robótico para aceptarme.

Cada día que pasaba estaba inmersa en complacer a los demás, mi cuerpo no me pertenecía en realidad, era ajena a mis formas, mis deseos. Miraba otros cuerpos y deseaba tenerlos, porque no podía ver lo que yo era, lo que tenía, intentaba perseguir modas, desde la voz hasta la punta de mis dedos de los pies, no era yo.

El exterior era más importante, siempre preocupada por las y los demás, dejé de tener autocuidado y no me enfoqué en mí. Hasta que mi proceso comenzó, entendí que lo personal es político, mi transición fue influenciada porque reconocí a otras personas como yo, descubrí que cuando nos relacionamos con personas que nos dejan el mismo sistema modelo capitalista, nos envolvemos a tal grado de que nos perdemos, nos fusionamos unas, unos con otras, otros.

El día que llegó mi hartazgo, se convirtió en mi momento de introspección, de interiorizar todo aquello que me estaban queriendo arrebatar, que no me era reconocible, ni siquiera era lo que yo deseaba. Tenía miedo de salir de esa burbuja en la que estaba envuelta, en ese molde al que me habían condicionado.

Ver el cuerpo como un territorio es la principal idea de poder politizar mi cuerpa ante un sistema que nos ve como números; se convirtió en mi territorio de defensa, porque lo habito, lo lleno, lo formo, transito en un mundo en el que necesito romper con estigmas, estereotipos, moldes obsoletos.

Soy un sexo disidente, aprendí a ser subversiva, a no encajar en la normalidad, desde mi ideología, hasta mí actuar, busqué por mucho tiempo algo que me hiciera identificar, hoy con comprensión lo logré, mi cuerpa es mi mayor anécdota, un rostro lastimado por productos capitalistas, los pies lacerados por la belleza patriarcal, una maternidad obligada que me pesa y que no me molesta mostrarme arrepentida.

Mi memoria física dice muchas cosas que dentro de mi cuerpa están, que no se van, que están para aprender, para resistir, para resilir, para compartir. No me interesa más formar parte de esa estructura en donde existe lo bonito y feo, lo bueno y lo malo, lo lento y lo rápido, lo inteligente y lo tonto.

Recorro mi existencia a través del entendimiento, politizarme me ha permitido reconocer memorias escondidas que no habían podido entenderse, me reconozco en otras mujeres, me acaricio cada día, puedo dejar de darme asco, dejar de anhelar algo que no puedo ni quiero ser. Entiendo a otras cuerpas, las respeto, porque cada una es única; la diversidad nos conjuga, nos permite estar en un engranaje enorme, en las periferias, en esas zonas donde pareciera que solo unas/os cuantas/os pueden ingresar, porque somos las feas, las irremediables, las inconcebibles, las ingratas, las malagradecidas, las que no queremos seguir lamiendo los pies al sistema, que no estamos dispuestas a continuar sonriendo para complacer, las que somos monstruas por no querer amar hombres, ni relacionarnos sexo-afectivamente con ellos, porque entre mujeres hemos encontrado amor libre, sin miedos, sin culpas.

Las memorias de mi cuerpa están, las resignifico y reivindico, porque así es como se puede vivir libre, sin modelos inalcanzables, siendo yo.

[divider]

Tessa Galeana

Periodista y escritora comprometida con lograr conciencia en la sociedad, erradicación de la discriminación, desmitificación de la maternidad, violencia hacia la mujer, roles de género y todo aquello que nos segmenta en esta sociedad patriarcal. Ha colaborado para revistas digitales como Citric Magazine y Fanzines Feministas. Actualmente, es encargada de crear contenido en redes sociales para LUNA, Escuela de Pensamiento Feminista.

Abrir publicación

Cuerpas desnudas frente al lente. Reflexiones con amigas

imagen por Magalli Salazar

por Alejandra Bonilla González

Cuando Raquel me pidió que posara desnuda para ella acepté, primero, porque era mi amiga y necesitaba ayuda en su propuesta de sesión de desnudos feministas para un trabajo final de la escuela de fotografía, pero también porque me daba curiosidad experimentar el mostrarme sin ropa y posar frente a mis amigas, pues Alondra, la chica más divertida y confiable de mi universidad, haría la sesión conmigo. No me lo planteé como una situación erótica entre mujeres (¡que cuando así se quieren son tan placenteras!), más bien, significaba reconocer mi cuerpa como mi primer territorio y mostrarla libre, plena y verdadera frente a otras féminas, y más importante, frente a mí misma. Pero por obvio que sea, la situación ameritaba varios retos por los que yo no había atravesado.

Al llegar con mis amigas hablamos un poco y Raquel nos hizo algunas preguntas importantes para plantear su proyecto como desnudos feministas, y, entre tanta charla, una de las preguntas que mayormente recuerdo fue si nuestra cuerpa nos pertenecía o no. “¡Pues sí! ¡Claro que nos pertenece!”, contestamos Alondra y yo efusivas. Pero entonces, ¿qué pasaba cuando transgredían nuestra corporeidad, desde las opiniones misóginas de nuestros profesores hasta el feminicidio por nuestras parejas? Bajo estas circunstancias, ¿la cuerpa seguía siendo nuestra? ¡Por supuesto que sí! Lo diré y lo gritaré las veces que sean necesarias.

La cuerpa es nuestra y NO le pertenece a nadie más que a nosotras mismas, ni a nuestras parejas, ni a Dios, ni a mamá y papá, ni al tipo que nos manosea en la calle, ni a NADIE más. El problema cuando lo dudamos (y quiero aclarar que Raquel nunca lo dudó, sino que trataba de provocarnos con sus preguntas para escuchar nuestras respuestas) es que le sistema lleva generaciones completas haciéndonos sentir y creer que esto no es así, y más bien, nos obliga a pensar que nuestra cuerpa existe para crítica y disfrute ajeno. Por ejemplo, los medios nos bombardean con imágenes de mujeres jóvenes, esbeltas y bien arregladas todo el tiempo, además de mostrarlas como las favoritas de los hombres. ¿Y qué pasa con las mujeres que no cumplimos con esos cánones estéticos al pie de la letra? ¿O con las mujeres que no sean ser las favoritas de los hombres ni nada de ellos? En mi propia historia, recuerdo que hace años cuando era una adolescente, me puse de todo en las estrías de los senos para que desaparecieran, después gasté mensualidades completas en productos para el cabello, maquillaje y ropa que no necesitaba, pero siempre tenía una sensación de que no era suficiente, como si siempre me faltara algo. Pero no, a mí no me faltaba nada, mi cuerpa estaba y está completa. Ahora sé que hagas lo que hagas para el patriarcado nunca es suficiente, siempre hay algo que puedes hacer para “verte más hermosa” según sus parámetros de lo bello en una cuerpa de mujer. Aunque, de hecho, el sistema siempre busca que te sientas así y no sólo en lo estético: insuficiente.

Por otro lado, y mientras combates los demonios que el patriarcado te introdujo, un día sales a la calle sintiéndote bonita, feliz, libre y plena y es ahí cuando algún cobarde te mete la mano en la entrepierna mientras vas en el bus o bailas en el bar, te levanta la falta cuando sales del colegio o cuando vas a un encuentro erótico, te lanza algún piropo mientras sales a hacer ejercicio o caminas ebria por la banqueta, la situación da completamente igual. Y es ahí donde el Estado, los usos y costumbres culturales y la gente que te rodea te culpan a ti porque “algo debiste haber hecho para provocarlo”. Las compañeras chilenas con el grito tan sonado de “y la culpa no era mía, ni dónde estaba, ni cómo vestía, el violador eres tú”, hacen referencia al sistema violador donde se señala no solamente a quien perpetua el acto, sino también al sistema misógino que permite y fomenta que las transgresiones a nosotras ocurran a diario con evidente odio. La cuerpa nos pertenece, sin duda. Fue el patriarcado el que nos hizo dudar o sentir que esto no era así.

Después de esas reflexiones comenzamos la sesión. Y ahí, viendo la cuerpa desnuda de Alondra, me di cuenta que no solamente se trataba de mostrarme y reconocerme, sino también de reconocer una cuerpa ajena que se estaba mostrando libre frente a mí. Mientras nos tomaban las fotos y posábamos, como las mejores amigas que somos, manteníamos la conversación con Raquel sobre las luchas internas que hemos edificado en la reapropiación de nuestros cuerpos, y claro, también contábamos anécdotas, sentimientos, secretos e ideas sobre cómo esas luchas internas las estamos transformando en colectivas y día a día nos hacemos más fuertes dentro del territorio que son nuestras cuerpas. Amo a mis amigas profundamente y a todas las fuertes enseñanzas que a diario construimos y sembramos juntas, y claro, no es que siempre estemos felices y dispuestas a tomar un té y reír, es que a su lado también comparto y exploro el enojo que generamos, el miedo que sentimos, la tristeza que nos golpea, la agonía que mata y la rabia que quiere incendiarlo todo cuando tocan a una de nosotras. Con ellas me conozco y me reconozco en mi propio territorio corpóreo.

[divider]

Alejandra Bonilla González: Estudiante de Historia de la Faculta de Filosofía y Letras de la UNAM; bisexual, amiga, hija, nieta, pareja sentimental y, sobre todo, compañera de lucha de mis hermanas. Por otro lado, soy becaria CONACYT en el Instituto Mora, coorganizadora de varios congresos y coloquios sobre mujeres en la Historia en la UNAM, además de ponente en diversas universidades de la República Mexicana como la UNAM, la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla y la Universidad Autónoma de Tlaxcala con trabajos sobre violencia, movimientos sociales y disidencias sexuales.

Abrir publicación
Ilustración. A la izquierda una persona deprimida sentada en el suelo con las piernas flexionadas y abrazándolas. A la derecha un cofre del cual salen corazones hacia la persona en deprimida.

Caja de herramientas para acompañar a personas en crisis depresiva o colapso emocional I

Consejos desde la experiencia personal de estar en crisis

Por Ivelin Buenrostro

Con especial agradecimiento y amor al Partido Neurodivertido:
la Dom, KiKa, Selene, TriXia; a Mariana y Zaria por todas las
aportaciones hechas., y a Liz y Hegel por decir si era claro.

Esta caja de herramientas es una especie de “manual” desde mi propia experiencia como persona con un primer diagnóstico de depresión desde la adolescencia, y que ahora he ampliado al reconocerme dentro del espectro autista[1] y todo lo que ello conlleva. Así pues, no pretende ser una guía total, pues hay una serie de padecimientos o condiciones que no me afectan, por lo cual es necesario no tomarlo como única manera de apoyo hacia alguna persona que se encuentre en un cuadro depresivo o en crisis de ansiedad o alguna similar.

Lo he hecho porque me he encontrado con que hay cada vez más personas no sólo reconociendo sus condiciones mentales, o reconociéndose dentro de algún diagnóstico en torno a la salud mental, sino con que hay más personas dispuestas a acompañarnos o que externan su incapacidad de entender cómo apoyar. No obstante, el camino en ese acompañamiento es exhaustivo y difícil, tanto, que esas personas que nos acompañan suelen estar expuestas a su vez emocional y mentalmente debido a que no saben cómo apoyar o lidiar con nuestras crisis todo el tiempo. Necesitamos herramientas para que esas personas que nos cuidan o acompañan, se cuiden a su vez.

 

1. Sálvate tú I

Acompañar a una persona con algún “problema” psicológico o mental permanente o temporal, o alguna condición no neurotípica como el autismo, es siempre un “riesgo”. Sin embargo, siempre es “un riesgo” convivir con personas en general. Así que, seamos honestxs con nosotrxs mismos y seamos conscientes de qué tanto y hasta dónde podemos acompañar a alguien, sobre todo en un episodio o temporada de crisis. No obstante, si somos consideradxs con nuestro autocuidado, es mucho más fácil no arriesgarnos y saber cómo “no exponernos”. Digo “Sálvate tú”, no sólo porque es necesario tener consciencia del autocuidado, sino porque debemos ser conscientes que el acompañamiento no puede ser nunca una manera de pretender “salvar” a alguien. O “salvarnos” a través de alguien. Apoyar a alguien no tiene que ver con salvarle, sino con, justamente, acompañarle, hacerle saber que no está solx.

Para ello, he encontrado una herramienta muy sencilla, pero bastante honesta de lo que puede ser y se puede hacer en el acompañamiento: Saldremos de esta. Guía de salud mental para el entorno de la persona en crisis. Se trata de un muy breve manual para reconocer diversas situaciones que pueden requerir acompañamiento, cómo hacerlo, cómo platicarlo con las demás personas del entorno cercano e, incluso, cómo cuidarnos si somos acompañantes. Esto es muy importante, porque al tener interiorizada la cultura del cuidado como una forma de sacrificio, quienes acompañan olvidan recurrentemente cuidarse. Esta guía es importante porque da pautas para ello, a la vez que da herramientas para detectar hasta dónde podemos dar cuidados, la honestidad y reconocimiento de hasta dónde podemos apoyar, entre otras cosas muy bellas. (Para descargar el libro, da clic en la imagen o en el título azul de arriba).

Imagen: Portada del libro "Saldremos de esta" de Javier Erro. Muestra el dibujo de unas personas arriba y abajo de una barda, ayudando a subir a otra.
Portada del libro «Saldremos de esta» de Javier Erro.

2. Sálvate tú II

 Muchas veces, tenemos tan asumido que las labores de cuidado se dan de manera natural, que olvidamos cuidarnos por cuidar. Si eres el principal apoyo de una persona con depresión, ansiedad o autismo, también necesitarás apoyo para sacar lo que puedas estar sintiendo. Lo ideal, por ejemplo, sería ir a terapia (bueno, eso sería ideal para todas las personas). Sin embargo, sabemos lo cara que suele ser, es un privilegio que muy pocas personas se pueden dar. Hay terapias a muy bajo costo, pero los trámites suelen ser complejos. Si por el momento te es imposible hacerlo, mínimamente amplía tu red de apoyo. ¿Quién de tu familia y amigos podría escucharte en una crisis propia? ¿Con quién puedes compartir los cuidados o el apoyo de esa persona a quien amas? ¿Puedes, por lo menos, desahogarte con alguien? ¿Cómo puedes crear estrategias para reconocer que puedes estar rebasadx, hartx, cansadx, sin que se te juzgue o se te haga sentir como el malo de la película?

Ojo. Si bien es importante que reconozcas tu cansancio o crisis propias, sé precavido en cómo las comunicas a la persona a la que acompañas. Generalmente no solemos tener el procesamiento emocional tan fortalecido como las personas neurotípicas o con óptima salud mental, y es importante que lo tengas en mente para que consideres que no siempre es prudente externar tu hartazgo a esa persona. Lo que para ti es fácil decir en tu derecho genuino de reconocer que estás cansadx, a la persona en crisis puede caerle como una bomba: ya carga con la culpa de no ser tan productiva como debiera, con saber que la estás pasando mal, como para que además le digas de forma brusca que en efecto la pasas mal. No se trata de que ocultes tus necesidades, sino de tener el tacto mínimos para decir las cosas. ¿Qué tal si en vez de decir: «estoy hartx, estoy agotadx, me cansa estar contigo, etc.», dices que necesitas salir a despejarte un poco? Sé que lo digo de forma muy sencilla, pero un comentario de desagrado puede incentivar crisis más duras porque muchas veces nos sentimos una carga. En algún momento a mi pareja yo le comentaba que no podía darle contención de lo que pasa conmigo. Y es verdad. No es que no reconozca su interés genuino de cuidarme, y que reconozca que se cansa al verme en crisis, pero tenemos suficientes problemas emocionales como para cargar uno más. Y no tiene que ver con que no nos importe quien nos acompaña. Por eso es necesario hacerse de herramientas externas, pues el disgusto que a ti te puede llevar 10 minutos externar y una hora olvidar, a la persona en crisis le puede llevar dos o tras días procesarlo. Es una realidad dura, pero cierta.

Las personas que deciden cuidar, suelen hacerlo sin pensarlo mucho, las más de las veces porque no les queda de otra. No obstante, aunque lo hagan con todo el amor del mundo, pueden llegar a sentirse hartas, fastidiadas, perdidas, sin saber qué hacer, devastadas, cansadas. Creo aquí es importante recordar el: no puedes salvar a esa persona, pero puedes acompañarla. Y tú, eres también una persona, no un robot de acero sin emociones. A veces querrás gritar o salir huyendo. Y para que eso no pase, y puedas seguir siendo la persona coherente que quieres, es preciso solicitar ayuda cuando lo requieras. Necesitamos ampliar la idea de cuidados, necesitamos ampliar las redes de apoyo. El cuidado debe ser lo más colectivo posible. Normalicemos el pedir ayuda.

3. Yo te creo

 Debido a que la necesidad de gozar de una salud mental no está socializada, no solemos preocuparnos por lo que pasen emocional y mentalmente ni nosotros ni nuestras personas cercanas, respondemos al “¿cómo estás?” un “’¡muy bien!” en automático y sin chistar. Pero no siempre estamos bien. Y si estamos en un cuadro de depresión, ansiedad, angustia, en un proceso de duelo, etc., muchas veces no diremos que algo nos tiene tristes o desesperados, que algo nos incomoda.

Por otro lado, cuando llegamos a decirlo, nos arriesgamos a comentarios del tipo: “todo va a estar bien” (cuya carga no es precisamente negativa), hasta el: “no exageres, hay gente en peores condiciones”, o “es que eres muy intensx”. Hay una cuestión básica en el acompañamiento a personas en crisis y es: su dolor es válido. Su dolor, sea lo que sea, sea por lo que sea, es válido. Y hay que hacerle saber eso. Y hay que reconocer eso. Recuerdo una persona muy querida diciéndome que mi estar en el hoyo era una condición de actitud ante la vida. Y es muy mierda que te digan eso: levantarte de la cama puede ser tan difícil como intentar levantarte con 200 kg encima. Los músculos no responden, la voluntad no responde. No es necesario que le recuerdes a la persona que hay gente en “peores condiciones”, pues esa persona todos los días es casi seguro que sienta el remordimiento y la impotencia de no llevar una vida productiva.

Si tu intención es acompañar a alguien, pero sientes que “exagera” en lo que le hace sentir mal, calla ese pensamiento o, de no poder, vete. Es mejor así. Porque algo que muchas veces no comprendemos es que el dolor emocional o el dolor causado por una condición mental no neurotípica también nos incapacita. En mis peores momentos de depresión, simplemente deseaba la muerte, sólo quieres suicidarte para que el dolor pare, para que dejes de sentir esa emoción horrible que, por muy pasajera, se te inserta en el alma, en la mente y en la voluntad. Puedes ser incapaz de levantarte de la cama por semanas por un dolor así, de ducharte, de comer. Y es que hay que entender que un dolor de ese tipo, si bien puede empezar por un desorden emocional, tiene consecuencias fisiológicas en nuestro cerebro. Puedes investigar acerca de los procesos fisiológicos vinculados al duelo o la depresión y verás que no “todo está en la mente”, en abstracto, así, como en una nube ajena. Hay procesos complejos en el cerebro y en todo nuestro organismo que necesitan más que fuerza de voluntad de la persona deprimida o con ansiedad; a veces requieren un poquito de ayuda química para empezar a regular de nuevo sus procesos y “volver a la vida”. Mientras eso pasa, y si tienes ánimo, tú puedes acompañar a esa persona.

 

4. Lo más básico puede ser un apoyo tremendo

 Una de las principales cuestiones para acompañar a las personas en crisis es ayudar a acercarle lo más básico para sobrevivir. En principio, acompañarle ya sea físicamente o de forma virtual, puede ser una gran ayuda. Recuerdo que en mis crisis más fuertes, uno de mis apoyos fue un amigo que me preguntaba todos los días cómo estaba. Yo estaba mal en general, pero de alguna manera agradecí que esa irrupción momentánea en mi vida, me recordara al mundo exterior y no me permitiera seguir cayendo en el hoyo profundo de la introspección y el ensimismamiento.

Con otra amistad tuve la confianza de pedir apoyo para salir a comer, pues la depresión y los ataques de pánico, no me permitían ni acercarme a la puerta. De alguna manera empecé a tener la conciencia de que, si no solicitaba ese apoyo, no comería en tres o cuatro días más. Mi amistad iba cuando le era posible, me hacía salir de la casa y me acompañaba a comer. Yo, apenada, le solicitaba que no me hiciera preguntas de ningún tipo, a lo cual accedía sin problema. Después, era yo la que acababa hablando de lo mal que me sentía, me regresaba a mi casa y listo. Tuve más personas lindas que me acompañaron, pero estas son el ejemplo puntual de que algo muy sencillo puede ser vital para fortalecernos.

Hay detalles muy pequeños que podemos hacer con esas personas que pasan por una crisis crónica, y es recordarles que no están solas a pesar de todo. Saber que alguien está ahí al pendiente, hace que no perdamos el contacto con “la realidad” todo el tiempo. Y eso es muchísmo.

Cuando tengas la idea de algo que pueda ayudar a la persona, es mejor que le preguntes si puedes o no puedes hacer lo que piensas. Por ejemplo, hay veces que al ver una persona en crisis y llorando, lo primero que queremos es abrazarle muy fuerte. Pero cuidado, eso puede ser contraproducente para determinada gente. Muchas veces es mejor preguntarle si puedes hacerlo, o simplemente decirle que estarás a su lado por si necesita algo. Es difícil entender que no siempre lo mejor es intentar dar palabras de consuelo sino simplemente estar ahí y no irse. Y, aunque no siempre la persona en crisis sabrá qué es lo que necesita, es probable que si le preguntas, pueda responderte, o le ayudes a activar ese mecanismo que permita que empiece a buscar en sí misma para poder responder. Es como ayudarle a entender sus propias emociones y necesidades.

Otra cuestión básica es revisar cuáles son las condiciones de la persona. Muchas crisis pueden disminuir notablemente con un vaso de agua (deshidratación) o con un poco de descanso. Y, si bien todo eso es relativo, no está de más indagar si la persona ha tenido las cosas más básicas de supervivencia a su alcance, o si por ejemplo ha tenido un cambio brusco en su rutina. Cuestiones tan básicas y en apariencia obvias (comer, orinar, beber agua) pueden ser muy difíciles de procurar o entender en personas que, por ejemplo, pasen por un cuadro depresivo fuerte. Eso también puede ayudar para personas con una crisis de ansiedad, procurar recordarle principios muy básicos de “automantenimiento”. Dejo acá una tablita que me encontré en internet, y creo que es una guía muy buena para incluso imprimirla y tenerla a la mano siempre. En ella hay cuestiones básicas para considerar en caso de que la persona esté a punto de tirar la toalla. Ojo: todo lo que comparto acá está a discusión, y no a todas las personas les funciona lo mismo. Sin embargo, lo que comparto puede ser el punto de partida para empezar a entender que todo, absolutamente todo puede ser de vital importancia. Y que podemos hacer las tablitas propias que se vayan adecuando a las necesidades de nuestra persona querida.

Imagen: Todo está saliendo mal y ya no puedo más. Algunas preguntas por si estás pensando en rendirte.

5. Lo más básico puede ser un apoyo tremendo II

Cuando hay una persona en crisis severa, puede llegar a un punto en que su voluntad se vea comprometida, con lo cual, su salud física y bienestar general está en riesgo. Cuestiones tan básicas como lavarse los dientes, asearse, comer, respirar profundo, levantarse de la cama, pueden ser tareas tremendamente difíciles de realizar. Incluso si está de pie, un momento de confusión mental puede hacer que las tareas cotidianas más sencillas no puedan ser realizadas con facilidad. Para apoyar en ello, hay cosas muy básicas en las que puedes apoyar:

 

  1. Acercarle un termo con agua a su cama, en general, tenerle a la mano agua para facilitar su hidratación.
  2. Llevarle alimentos de fácil consumo pero que sean duraderos, como ciertas frutas y semillas.
  3. Alentarlo a comer o, de ser posible, hacerle salir de su cama y de su casa, de forma amorosa, con mucho cuidado y preguntando por sus deseos.
  4. Apoyarle en alguna tarea. Hay personas que a su vez tienen el cuidado de otras personas y pueden estar en crisis (por ejemplo, una amiga que esté maternando y se sienta rebasada por las labores domésticas y de cuidados). Puedes apoyarla preguntando qué es lo que más le preocupa y ayudarla a realizar esa labor. Incluso algo tan simple como lavar trastes puede ser de gran apoyo. Otro ejemplo puede ser apoyándole en alguna cuestión laboral. Me acaba de pasar que, por ejemplo, era incapaz de hacer algo tan fácil como copiar y pegar un texto para publicarlo. Mi pareja me apoyó a hacerlo y con eso abrió un mundo de posibilidades para volver a comprender de qué manera realizarlo yo sola. Parece una estupidez, pero no lo es. Pequeños detalles que parecen insignificantes pueden ser vitales en estos momentos, y al no estar acostumbradxs a aceptar la propia vulnerabilidad muchas veces somos incapaces de pedir ayuda por vergüenza o, simplemente, porque la mente no da para reconocer qué necesitamos. Es por eso que es mejor preguntar a la persona qué podemos hacer por ella en vez de hacerlo sin más, pues decidir por ellas puede ser invasivo y hasta violento. Apelemos a preguntar para que tengan el ímpetu de reconocer qué requieren y qué es importante para ellxs. Eso puede ser fundamental incluso para ejercitar su autoconocimiento. Ser funcional puede ser un proceso muy complejo.
  5. No perder el contacto. Como comentaba arriba, muchas veces una simple llamada o mensaje preguntando ¿cómo estás? puede ser fundamental para que la persona siga teniendo vínculo con el mundo exterior. No perderla de vista puede ser muy benéfico, incluso si te contactas solamente por unos minutos.

Por ahora es todo. Pronto la segunda parte sobre acompañamiento en crisis de ansiedad y cómo fortalecer el entendimiento de lo que le sucede a una persona en un colapso emocional o sensorial.

[divider]

[1]  Condición del Espectro Autista (CEA) 1, considerarlo al leer esta caja de herramientas.

[divider]

Abrir publicación

Reflexiones sobre el (auto) cuidado. Mujeres y otrxs

Ilustración: Lily Cursed

por Carolina Belén González

 Las mujeres hemos tenido históricamente una relación ambivalente con el concepto del cuidado. Por un lado, se nos ha atribuido una especie de instinto natural que nos vuelve  idóneas para ejercer esta acción simplemente por nuestra condición de mujer, aunque también, paradójicamente, se nos ha delegado al cuidado de otrxs (en el pasado y actualmente se nos continúan negando derechos, en diferentes etapas históricas se nos ha prohibido la administración de bienes materiales, se confina el rol femenino a la preservación del grupo familiar, etc.) bajo distintos tipos de premisas: ser el sexo débil, no ser lo suficientemente inteligentes, tener una falta de rigor y determinación, padecer lo que yo llamaría “la inconclusividad de la mujer”, es decir, su aparente carencia de integridad, entre otras tantas. Cualquier persona que se aproxime a la historia con una mirada atenta y crítica podrá percibir esta ruta llena de sucesos duales y contradictorios que nos han colocado en el confuso lugar en el que nos encontramos hoy día.

Ahondando un poco más en la idea sugeridaquisiera plantear entonces dos posibles connotaciones del término cuidado y el estrecho vínculo de éste con la identidad de las mujeres. En primer lugar, podríamos hablar de su acepción “negativa”, la cual se caracteriza por manifestar el cuidado hacia una persona mediante la regulación/control de su existencia, es decir, cuando alguien más se ocupa o decide por otra persona priorizando su propio criterio sobre lo que considera el bienestar del otrx. En segunda instancia, entenderíamos al cuidado desde una perspectiva “positiva” o al menos socialmente compartida, cuando se relaciona con volcar nuestro interés, empeño y dedicación a procurar el bien a aquello/a que conforma el objeto de nuestra atención. Si bien en ambas acepciones la finalidad primordial es velar o garantizar un bien sobre lx otrx, considero que lo más importante para reflexionares a quién se dirige esa acción y, por qué y por quién se asume ese acto. No obstante, antes de continuar, cabe aclarar porqué la primera connotación de cuidado es planteada en términos negativos. Lo es, desde mi punto de vista, en la medida en que se anula o suprime el deseo o la voluntad de la persona a quién se dirige ese cuidado. Sin embargo, en lo que respecta a la segunda significación, su positividad no es inherente a la esencia del término puesto que también implica una anulación mucho más peligrosa, que es la de unx mismx. Será realmente “positiva”, auténtica y provechosa cuando el ejercicio del cuidar con todo lo que esto conlleva, sea bien (re)dirigido.

Entramos entonces a la cuestión central del tema: las mujeres y el cuidado. Si tenemos presente lo anteriormente comentado se detonan varios interrogantes por indagar en estos temas:¿A quién dirigimos el cuidado? ¿Cómo, por qué y por quién lo hacemos? ¿Para qué? ¿Es un instinto natural o, en su lugar, una responsabilidad impuesta? ¿Será el cuidado una conducta que nos reafirma y dignifica en la condición de nuestro género? ¿Cómo reapropiarnos de esta acción de manera tal que se oriente a desarrollar situaciones favorables para nosotras mismas y, por qué no –pensándolo ambiciosamente– también para nuestro entorno?

Nos encontramos justo en un momento que amerita pensar estas cuestiones con la conciencia plena en el acto simultáneo de deconstruirnos y reinventar quienes somos y, quiénes podemos y queremos ser. Muchas mujeres, desde la infancia, hemos sido instruidas para ser o comportarnos de forma adecuada, hecho que implícitamente nos anula ciertas libertades y estimula la idea de que debemos de ocuparnos de otrxs. Siempre hay alguien más: los padres, las madres, lxs abuelxs, lxs hijxs, lxs tíxs, lxs hermanxs, lxs novixs, lxs esposxs, lxs amigxs, nuestro rol es operar como mediadoras armoniosas portando el estandarte del bienestar ajeno. A veces nuestra acción parece devenir de forma instintiva, nata,  natural como producto del cuidado de connotación “positiva” que hemos mencionado anteriormente; sin embargo, en otros tantos escenarios de análisis posibles, en realidad, nuestra conducta obra por asimilación del concepto de cuidado “negativo”, puesto que se  ha regulado y adoctrinado tanto nuestra identidad, que debemos hacer un gran esfuerzo para discernir entre la esencia de nuestro impulso y aquello aprehendido que funciona en nuestra conciencia a modo de garantía, promesa o “camino correcto” que nos conducirá como mujeres a una verdadera realización. Sin llevar el asunto más lejos, sería entonces pertinente hacernos esta pregunta ¿y nosotras qué?

El hecho de que, como mujeres, cuidemos y nos ocupemos de otrxs implica, en muchas ocasiones, pequeñas micro renuncias a nuestra propia yo. Las relaciones y vínculos que establecemos con nuestro entorno nos sitúan en un rol de procuradoras de un bienestar socioafectivo – muchas veces a un nivel muy elemental. Este papel de procuradoras que sostengo representamos y llevamos a cabo (sin un previo cuestionamiento razonablemente necesario) no engendra ningún tipo de capacidad de autonomía que fomente una construcción de una identidad íntegra para la mujer. No hay tiempo para un “por y para mí” que nazca desde la entraña del deseo debido a que constantemente estamos retirando la mirada de nosotras mismas para ceder en nuestras conquistas diarias y guiar o acompañar las de otrxs.

Estas reflexiones no debieran interpretarse como un llamado al egocentrismo o, al narcisismo, y mucho menos al ensimismamiento. Pero sí es una invitación a repensarnos desde el autocuidado, el cual implica la acción y movilización, en primera instancia, desde el interior de cada una de nosotras. Persiguiendo el horizonte de ser lo suficientemente capaces para redirigir esa energía que solemos volcar en otrxs, a la ocupación de nuestro propio ser. Considero que esa sería una sensata noción del cuidadoen la que no se ejerce la práctica por obligación, por conducta incorporada ni tampoco por instinto. En su lugar, lo hago porque así lo decido, porque lo razono y asumo que lo quiero tanto conmigo misma como para con otras personas ¿Quién mejor que una para atreverse a experimentar, a prueba y error, sobre qué es lo mejor para mi propia yo? En este marco lleno de posibilidades, puedo, asumir primero el simplemente ser por y para mí y, luego de hacer ese difícil ejercicio que implica aceptar mi existencia, emprender un compromiso consciente –cuando así lo sienta- de custodiar y coexistir con el cuidado que pueda brindar a otrxs.

[divider]

Carolina Belén González. (Buenos Aires, 1990) Licenciada en Arte y comunicación digitales por la Universidad Autónoma Metropolitana. Ha exhibido sus proyectos artísticos dentro del marco de exposiciones colectivas de arte digital en México y muestras virtuales internacionales. Colabora como asistente de investigación en proyectos académicos que abarcan los campos interdisciplinarios entre arte, filosofía, género y tecnología.

Abrir publicación

De cómo juntar nuestros pedazos

por Mariana Muscarsel Isla

“Haceme lo que quieras” me dijo. Y lo cuidé.

Ioshua

    La bibliografía sobre los cuidados heterosexuales, es decir para familias, parejas heterosexuales y con hijes, es amplia y ha crecido exponencialmente en las últimas décadas. Si bien se trata de un aporte fundamental para el pensamiento lesbiano (¿cuántas lesbianas son las únicas que terminan haciéndose cargo de algún miembro de su familia de origen mientras que sus hermanos cis varones apenas colaboran?) todavía hay aspectos que no se han problematizado lo suficiente, como por ejemplo, la situación de aquellas identidades no-normativas que deciden hacer otra cosa, que apuestan a tejer otras redes por fuera de la lógica de la familia o la pareja. Como dice Ahmed: “Cuando un mundo entero está organizado para promover tu supervivencia, desde la salud hasta la educación, hasta los muros diseñados para salvaguardar tu residencia, hasta los caminos que facilitan tu viaje, no tienes que ser tan creativa para sobrevivir” (2017)[1]. Pero ¿quién cuida de (o cómo se cuida) la lesbiana, la persona trans, bi, o la marica que no se relaciona con su familia de origen y no vive o está en pareja, cuando se enferma? Como se pregunta Caleb Luna, ¿quién cuida de nosotr*s cuando somos solter*s?

Vivir para las amigas es mucho más común cuanto más joven se es. Al acercarse la década de los treinta, esta forma de vida pierde reconocimiento social y comienza a haber una idea generalizada de la importancia de vivir en (y para la) pareja y,efectivamente, es mayor la cantidad de gente que se encuentra en una.

La certeza de que alguien cuidará de nosotras cuando estemos enfermas, o que nos prestarán dinero si nos quedamos sin trabajo, o que tendremos un lugar donde dormir si nos quedamos sin casa, parece un privilegio reservado a la pareja. Hay un acuerdo social implícito respecto a que estos cuidados son deberes de la pareja, pero no hay una idea social generalizada de que son cosas que deba cumplir una buena amistad. Si alguien se queda sin casa y su novix no la invita a vivir a la suya hasta que resuelva su situación, probablemente habrá una sanción social o al menos una opinión sobre lo mala novia que esta persona es, mientras que no se juzgaría rápidamente a una amiga por no ayudar activa y materialmente ante la misma situación. Pareciera ser que de la amistad solo esperamos ayuda y contención afectiva, pero lo material y concreto queda reservado a la pareja y la familia.

Antes de estar tan asimiladas al sistema heterosexual, las lesbianas no contábamos de la misma forma con la posibilidad familiar y la pareja conformada y reconocida; nuestras redes amicales se veían por consecuencia fortalecidas para asegurar nuestra supervivencia. Hoy, con muchas en pareja fuera del clóset, con la posibilidad de casarnos y adoptar, con familias que se ven impelidas a tolerarnos y a no expulsarnos abiertamente de nuestros hogares de origen, estas redes se ven debilitadas.

Como dijimos antes, hay personas que nacen amadas y cuidadas y otras que tienen que insistir en que importan, por eso a diferencia de las políticas liberales del yo, de la exigencia selectiva del amor propio, está el autocuidado. Dice Lorde:Cuidarme no es autocomplacencia, es autopreservación”. Para las personas que tienen que recordar todo el tiempo que importan, el autocuidado es una guerra. El autocuidado es un rechazo al “no importar”. No tiene que ver con velar por la felicidad personal sino con encontrar maneras de existir en un mundo que dificulta la existencia. En este sentido, Ahmed piensa al privilegio como una zona de amortiguación, apoyos que están dados y naturalizados como derechos. Tener privilegios no implica que estemos excentxs de que nos sucedan cosas malas: podemos enfermarnos, podemos perder el trabajo, podemos tener un accidente. Pero el privilegio reduce los costes de la vulnerabilidad; tenemos más posibilidades de que velen por nosotras, zonas de apoyo que por defecto están allí.

Cuando nos cuidamos a nosotras mismas estamos redirigiendo el cuidado. No estamos cuidando a quienes se supone que debemos cuidar; no estamos cuidando los cuerpos que en teoría merecen ser cuidados (Ahmed 2017). A veces, autocuidado puede ser alejarse de la familia, a veces conservarla, a veces hacerse una amiga y otras, cuidarla. Autocuidado es también la creación de comunidades frágiles. Es cultivar amistades que velen por nosotras.

Se elige a quien se cuida y eso es un acto político. La política puede ser leída de muchas formas, y una de ellas es aquello que acontece por fuera de lo esperado, eso es un acto político. Entonces, lo político no está dado únicamente por lo que nos pasa, a quién amamos o de quién nos enamoramos, sino que tiene que ver con qué hacemos con eso que sentimos, cómo gestionamos lo que nos pasa. Es necesario desconfiar de nuestro deseo en términos románticos, cuestionarnos de quién nos enamoramos, pero también es muy necesario cuestionar a quiénes elegimos dedicar nuestro tiempo, nuestra energía y nuestro dinero más allá de con quién tenemos sexo o un vínculo amoroso. A quién le compartimos nuestra obra social, nuestra ciudadanía, invitamos a comer, le hacemos regalos, mantenemos cuando no tiene ingresos o compartimos la economía. Es necesario dar un lugar importante a los cuidados materiales, además de los emocionales y afectivos a nuestros vínculos no románticos.

Si pensamos en los cuidados como una cuestión de supervivencia, “Una política feminista de la fragilidad podría basarse no sólo en cómo sobrevivir a aquello contra lo que chocamos, sino también en cómo permitir que las relaciones fácilmente amenazadas por aquello contra lo que chocamos sean duraderas” (Ahmed, 2017, p. 236). Ejercer esta política como una práctica cotidiana y activa que no solamente se trate de desear el bien a compañeras y salir de los modos de competencia con los que el sistema nos cría y nos acostumbra, sino pensar políticamente a quiénes ayudamos a no morir, a quiénes nos esforzamos por mantener vivas, alegres y a nuestro lado.

    Lorde dice en Outside sister: “para sobrevivir a la intemperie tenemos que volvernos de piedra” también dice que “nos magullamos al golpearnos contra quienes tenemos más cerca”.[2]  Sara Ahmed explica que para Lorde la dureza no es la eliminación de la fragilidad sino las gestiones que realizamos para con ella. Cómo romper sin rompernos o, en todo caso, cómo recoger los pedazos.

Las lesbianas tenemos hermosos ejemplos de cuándo estas redes son fuertes, de cómo no nos dejamos morir en soledad, ni pasar frío, ni ir a la cárcel, de cómo nos cuidamos con nuestras exnovias, amigas, amantes y compañeras de militancia, de la resistencia que tejemos entrelazando nuestras fragilidades.
[divider]
[1]Ahmed retoma a Audre Lorde, quien sugiere en Burst of light que algunas tenemos que ser inventivas para sobrevivir. Cabe hacer la precisión, sin embargo, de que Lorde está refiriéndose a esta inventividad a partir de la lucha contra el racismo, una situación desprivilegiada desde el momento en que se nace con cierto color de piel. Reconozco, entonces, que se trata de opresiones distintas pero que pueden articularse a partir de las estrategias de supervivencia generadas por cada grupo en relación a un grupo hegemónico.

[2]Lorde se refiere con ello a lo fácil que resulta que las mujeres negras se hieran entre sí viviendo en un mundo tan duro (Ahmed 2017).

[divider]

Mana Muscarsel Isla. Artista interdisciplinaria, escritora, performer, música y activista queer. Nació en la Patagonia argentina en 1987 y migró a Buenos Aires en 2006. Se licenció en psicología y se especializa en géneros y sexualidades.

Publicó la “Casino Casa Grande”, (EME Editorial, 2018); un libro infantil con música original “Un regalo de Cuento” (Editorial Muchas Nueces, 2017), y ha publicado ensayos y poesías en revistas, fanzines y libros colectivos. Es compositora e intérprete de cinco lanzamientos en formato EP y LP. Desde el 2013 lleva adelante el proyecto experimental “Swing Queer” de investigación y performance.
Abrir publicación

¿Quién cuida a quién dentro de la militancia y el activismo cultural y político?

Una mirada feminista de la “ética del cuidado” en las colectividades

Por Tibisay Mendoza

imagen: En la calle te crees el Che, en tu casa eres Pinochet»/ Lily Cursed

Hace una semana atrás en mi país se suscitó una denuncia de violencia sexual por parte de una compañera, una activista internacionalista que venía en cooperación y voluntariado a permanecer en un espacio comunitario donde varios colectivos políticos y culturales hacen vida en función al accionar una zona agrícola comunitaria y de formación, cosas que en mi país siempre ha sido una carencia por décadas. Esa denuncia nos puso en estado de alerta a las feministas y asimismo nos preguntábamos ¿sino estamos a salvos dentro de nuestros propios espacios de luchas, entonces cómo nos cuidamos todes? A su vez me preguntaba en lo individual ¿entonces el mundo de la izquierda, es un mundo de hombres pero además de hombres machistas que además al parecer responden solo a los pacto de la fatria?

Vivimos en una sociedad donde el patriarcado es funcional al capital y a su vez el capital afecta al patriarcado haciendo que se recrudezca y se fortalezca. Así lo menciona Rita Segato dentro de sus tantas entrevistas sobre cómo se construyen la sociedad patriarcal[1]. Por otra parte entendemos que no pueden existir espacios comunes anticapitalistas, decolonial, sin estar consciente cómo se articula estos dos “ordenes” históricos como señala la antropóloga Segato. Cuando un hombre dentro de un espacio mancomunado y de accionar en una comunidad colectivista ejecuta una escena de poder machista llevándola a su máxima consecuencia como es la agresión sexual, violentando con afán de consumir un cuerpo de una mujer, y forzando a la conquistualidad del poder, el patriarcado al igual como los hábitos del capitalismo, del colonialismo han ganado nuevamente y por lo tanto “ningún patriarcón hará la revolución[2]

De los cuidados y los feminismos

Varias críticas casi peyorativas hablan de la visión que tenemos algunas feministas en el tema de cuidados, uno de lo más contiguo es la sentimentalización del cuidado[3]. Se nos ha tildado de propiciar un “pensamiento maternal” de codependencias en el operar colectivo. Sin embargo, hay una defensa sobre las múltiples teorías entorno a la “ética de cuidado”. Para algunas y algunos esta teoría solo se basa en estar consciente y luchar por la reivindicación (sobre todo económica) de quién es la sujeta que apoya, sostiene o labora para mantener a seres que necesitan de ser cuidados por causas de salud o de crecimiento como son los infantes, entre otros, y por el otro lado existe un ecofeminismo que se centra en repensarse las relaciones humanas y sus vínculos con la naturaleza en torno a la “ética del cuidado” en miras a una sociedad pospatriarcal[4]Adherido a esta malgama teórica tenemos recientemente otra “ética del cuidado” y de acción colectiva que ha empezado a emanar desde los feminismos y que permite dar frente a la violencia machista que cada vez va en incremento.

En este caso me referiré a este último postulado y eje de acción. Hace un mes leía una anécdota de cómo varias chicas (jóvenes) de una barriada Argentina habían encontrado la manera de cuidarse entre ellas para salir a rumbear (salir de fiesta) las chicas describían el entorno común como una zona lo suficiente violenta, machista y caracterizada por varios femicidios perpetuados, estas consecuencias habían territorializado la ética del cuidado popular y cómo el feminismo popular investigaba sobre los hechos de violencia de la localidad, narraban como iniciaban estrategias formativas en el barrio en materia de género y la prioridad de explicar a las jóvenes y a la población general el tema del consentimiento sexual[5]esa historia me hacía pensar en mi país en ¿cómo era la dinámica en mi país?

Acá nos hemos acercado a entender lo que implica esta “ética de cuidado”. Aunado a ello vivimos en una crisis de toda índole: económica, social y política, por dar un ejemplo no tenemos cifras oficiales que nos permita monitorear la violencia de género pero estamos consciente que la problemática va en aumento. En tal sentido, algunas feministas se han dado a la tarea de ir a la calle a denunciar y presionar a la “justicia”, otras se han dado la tarea de hacer acompañamiento a los familiares en casos concretos de femicidio y otras han diseñados estrategias para monitorear estas violencias a través de plataformas tecnológicas que son conocidas por algunos grupos feministas y por otros no. Estas tareas refuerzan el crecimiento dentro de la “ética de los cuidados”. Sin embargo, a pesar del esfuerzo, el tiempo y la dedicación todavía no somos mayoría, algunas son consecuentes y todavía no hemos terminado de concretar y aterrizar esas redes de apoyo, que a su vez salga de las bases y sea lo suficiente visible creo que estamos en ese proceso. Es una ardua tarea en un país polarizado por la política y los feminismos no están ausentes de tal situación.

Por otro lado en mi país la formación en temas de historia del feminismo, violencia de género, el derecho a decidir sobre nuestro cuerpo, entre otros, están presente en el quehacer de los diferentes grupos feministas sobre todos centrado en grupos de mujeres de diferentes clases sociales pero son muy pocos los hombres que se acercan a estos espacios, aunque si bien es un hecho importante este accionar, al parecer se necesita de mucho más para que podamos construir comunidades verdaderamente colectivas, libre de violencia, de entender los feminismos como diversos, plurales y transversal al Estado, de tejer vínculos por encima de los proyectos histórico de las cosas.

 

Comunidades colectivista, y los cuidados

«Retejer vínculos no puede ser para una finalidad inmediata.
La meta histórica tiene que ser el ser comunidad» Rita Segato 2015

A raíz de la denuncia que mencioné dentro de mis primeros párrafos que a su vez fue avalado por un comunicado oficial por diferentes organizaciones políticas, comunicacionales que hacen vida en el espacio me llamó mucho la atención que se solicitaba practicar la formación feminista y fue allí justo en ese párrafo del comunicadoque reflexioné que siempre va faltar hacer más.

He reflexionado mucho estos días esa especie de manía entre algunas feministas venezolanas de estarnos comparando con los feminismos foráneos esa causa nos ha traído sus consecuencias, observo que tenemos construidos métodos parecidos a los feminismos de afuera, siempre tenemos un referente exterior, yo también lo tengo. No fue sino hace poco que hubo un debate corto pero condensado que se mencionaba sobre el hacer un feminismo a la venezolana, crear identidades feministas donde podamos reconocernos y me preguntaba ¿cómo somos las venezolanas? Bueno, de verdad nos encanta crear vínculos de hecho a pesar que hemos sido invisibilizadas, las mujeres venezolanas son las que más se organizan en sus comunidades, tienen capacidad para trabajar de manera horizontal y tienden a la colectividad, eso lo vemos en espacios populares, espacios comunes, esa es una fortaleza que a pesar que algunas se acercan más al “sentimentalismo del cuidado y al pensamiento maternal” también otras entendemos que la dinámica del cuidado podrían ayudar a formar esas redes que tenga cómo fin último hacer comunidad.

Los hombres y las mujeres que se acercan a espacios colectivos deben tener claro varios valores necesarios como es la reciprocidad, la justicia social, la armonía de las relaciones (implicando todas las relaciones humanas y no humanas) poder entender que hay formas de convivencia posibles fuera del colonialismo de eso realmente se trata los cuidados colectivos que buscan sociedades comunitarias más justas, las feministas venezolanas tan diversa como nuestra cultura busca esos valores y debemos seguir armando estos discursos para que no suceda en ningún espacio colectivo, comunitarios, familiares hechos de violencia.

[divider]

[1]Video a Rita Segato. Serie 14 entrevistas en reunión anual del Grupo Permanente de Trabajo sobre Alternativas al desarrollo, en mayo de 2018 en Ecuador. https://www.youtube.com/watch?v=CqdFtS208T8

[2]La consigna de Rita Segato en la marcha del 8 de mayo del 2017 en Madrid, España.

[3]María Luz Esteban. Los cuidados, un concepto central en la teoría feminista: aportaciones, riesgos y diálogos con la antropología. Revista 22 (2) Quaderns-e.

[4]Maristella Svampa. Las fronteras del neoextractivismo en Ámerica Latina: Conflictos. 2017.

[5]Eleonor Faur y Maria Alcaraz. Una ética del cuidado popular. Revista Anfibia http://revistaanfibia.com/ensayo/una-etica-del-cuidado-popular/

[divider]

Tibisay Mendoza. Licencia en Letras por la Universidad de los Andes, Venezuela con diplomado postgrado en Técnicas de Información y Comunicación por la cátedra de la Unesco del Instituto Pedagógico Latinoamericano y Caribeño Habana, Cuba. Redactora, bloggera, investigadora, comunicadora y docente instructora en Lenguaje y Comunicación, en diferentes institutos universitarios. Feminista y activista del movimiento de autoayuda (Self help) y el autoconocimiento por la descolonización de nuestros cuerpos.

Blogger:

Uterina blog https://uterinablog.wordpress.com/

El nido de la libélula https://elnidodelalibelula.wordpress.com/

Abrir publicación

Machismo, la causa de todos los males.

por Marian Finck

¿Qué es un hombre?

En México son asesinados más hombres que mujeres. Sin embargo, la mayor parte de los hombres asesinados son baleados por arma de fuego por otros hombres y las mujeres son asesinadas no por arma de fuego si no por asfixia, apuñalamiento, golpes, ahogamiento y fuego, no por otras mujeres, sino por hombres, por lo cual deben considerarse como feminicidios.

Hombres matando hombres y hombres matando mujeres. El machismo también afecta a los hombres, porque se cree que deben ser violentos, fuertes y dominantes, sobre todo con las mujeres. La idea de que una mujer domine a un hombre les parece humillante, al punto de matarla antes de que algo así se sepa. De la misma forma sucede con otros hombres que consideran más débiles, se crean subgrupos dentro del dominio masculino en todos los estratos sociales, culturales y dentro de las subculturas. Los hombres son obligados a cometer actos violentos por otros hombres, que al negarse los llaman “putos”, maricas o cualquier otro insulto relacionado con la homosexualidad. Al punto de la violencia, y el rechazo social por parte de estos hombres machistas. Se necesita gran valor, autoconocimiento y apoyo de otros grupos sociales o familiares para no caer en estos clichés machistas.

Suponiendo que un hombre decida no seguir estas actitudes violentas machistas ¿En qué se podría basar su masculinidad? ¿Cómo pude decir que es un hombre si no es dominante y violento?

Nuevas Masculinidades

Las personas trans han generado cuestionamientos sociales acerca de lo que significa ser mujer y lo que significa ser hombre. Las mujeres trans hacen una transición de genero cambiando aspectos físicos, de ropa, modales, maneras de expresarse con el fin de ser reconocidas como mujeres dentro de su marco social. Así mismo los hombres trans, hacen esta transición de genero de mujer a hombre (FTM). Cambian aspectos físicos, de ropa, sociales, etc. Los hombres trans se han encontrado con todo un nuevo mundo en donde se les exige cumplir con el canon de la masculinidad.

Sí el núcleo familiar acepta el cambio se pueden encontrar con que el tío les diga que ya no llore, porque ahora es hombre. Pueden encontrarse en otras situaciones con su pareja; Nathan (Hombre trans) un compañero y amigo contaba que en una ocasión él no tenía dinero y fue con su novia a un restaurante, pero al momento de pagar su novia le paso el dinero por debajo de la mesa para que él pagara en caja, él no acepto esto y le dijo que su dinero era tan valido como él suyo. Esta anécdota nos habla también del machismo interiorizado en las mujeres, pues ella no quería pasar por la bochornosa situación de pagar cuando iba acompañada por un hombre.

La transición FTM de Nathan lo llevo a buscar nuevas masculinidades. Es un arduo camino de transición donde ha pasado por varias etapas. Su introducción a este mundo masculino fue agresiva: después de su transición social (aun sin hormonas), o sea donde ya se vestía como hombre, en un evento de personas dark, donde había personas de la comunidad LGBT, un hombre gay lo recibió con un abrazo dándole un golpe en la espalda muy fuerte, tanto así que Nathan se molestó y el hombre le respondió: ¿Ah, no que querías ser hombrecito? Lo primero que Nathan aprendió es que lo masculino es la negación de la feminidad. Sin embargo, dentro de su círculo con otros hombres cisgenero que no eran machistas empezó a aprender que hay otras maneras de ser hombre. Estas nuevas amistades eran más conscientes de su masculinidad, de lo que decían, de lo que pensaban, no eran el típico hombre que le ve las nalgas a las chicas que pasan, o les gritan cosas, tenían espacio para la reflexión. Después junto con otros hombres trans se empezaron a dar cuenta de los privilegios: Con lo que se refieren a que ahora como hombres se dan cuenta de que el acoso callejero ya no existe, pasan desapercibidos, ahora se sienten más seguros de caminar por las calle solos a altas horas de la madrugada, porque sienten que ya no pasa de un asalto en el peor de los casos y no están asustados por ser violados, se dieron cuenta de que lo que decían ahora tenía más peso, que lo que decía una mujer. También se empezaban a sentir presionados socialmente por representar un rol masculino constantemente. Nathan se dio cuenta de que ahora, después de las hormonas, pasaba como un hombre y que ahora en ocasiones él era también señalado como violento, o como un potencial violador, aun así en ese momento él paso por esta etapa donde tuvo una cisforia paradójica donde ya no sabía cómo ubicarse realmente, hasta que se encuentró con Delos Mario Julián, un hombre trans, referente importante para Nathan, pues Mario Julián se ubica desde lo no binario, hablando de una masculinidad consiente, en donde se reduzca la toxicidad al reflexionar lo que hacen, lo que dicen, mejorando el discurso de la nueva masculinidad con la práctica y ser coherente lo cual Nathan sabe es muy complicado, sobre todo al tratar de alcanzar la coherencia en la práctica neo-masculina.

Para que estas reflexiones no se queden solo en el discurso, es necesario admitir las practicas misóginas en las que se ha incurrido y las cosas en las que se han equivocado en muchos sentidos, pero sobre todo aprender del proceso trans FTM. Después de esto Nathan creó un grupo de hombres trans para sentirse acompañados, y que pudieran expresar esa presión social que les exige asumir una masculinidad normativa, que va desde cómo se paran, los movimientos de su cuerpo, hasta lo que dicen, que Nathan admite llevar acabo por supervivencia “allá afuera”, es ser un espejo de los otros hombres. Por eso Nathan creó este espacio seguro para hombres donde él puede ser el mismo.

Tal vez es por que alguna vez estos hombres trans fueron mujeres o si así por ellos mismos ven con otros ojos lo que a los hombres cis les parece un cotidiano, pero, algunos de estos hombres trans no están de acuerdo con la masculinidad normativa y buscan otras maneras de expresar lo que para ellos significa ser hombre.

Un mundo de hombres

A veces, como grupos trans, damos platicas sobre género en diferentes escuelas y universidades, y en una de esas ocasiones un chico trans menciono que él trabajó en telemarketing ya como un hombre y a él se le permitía ir con pantalón y corbata, pero no era así con sus compañeras mujeres trans, a las cuales no se les permitían ir en falda y tacones, sino que tenían que vestir con pantalón y corbata. A él le pareció un insulto y renunció a ese lugar por esa razón, pues le pareció que no era posible soportar el machismo de esa empresa.

El mundo laboral es considerado como un mundo de hombres, donde son ellos quienes toman las decisiones, y las mujeres que se logran incrustar en ese mundo tienen dos opciones o se olvidan de su feminidad o la usan para poder escalar o conservar un empleo. Dentro de esas oficinas no hay espacio para lo femenino, no realmente.

En mi propia experiencia he visto como la opinión de una mujer no es valorada, a menos que sea la jefa o la dueña de su propia empresa. Es un mundo altamente competido, es una selva de plástico que no acepta a las mujeres trans, las ve como un problema, esto porque hay que sensibilizar a los empleados y esperar que todo salga bien, si es que el dueño y los jefes están de acuerdo en su contratación, sin mencionar que muchos de estos trabajadores de oficina son los que contratan trabajadoras sexuales trans, por lo cual no admiten ninguna cerca de ellos en público.

 

Del machismo al TERF

La situación es que el feminismo surge como una reacción al machismo, les guste o no a las feministas. Muchas feministas son haters, odian a los hombres porque en ellos ven al enemigo, son en muchos casos androfóbicas y no realmente amantes de las mujeres. Existen grupos feministas que no admiten que las mujeres trans son mujeres, es decir son: Trans-Exclusionary Radical Feminist (TERF). Haters al fin y al cabo que odian a todos los hombres y de paso a las personas trans, tanto mujeres como hombres trans. Y esto es lo más machista que se puede hacer: odiar a alguien por su género.

Por supuesto que hay mujeres machistas, hemos vivido bajo el yugo del machismo por miles de años, más de 2000. Y apenas desde principios del siglo XX existen las olas feministas, son olas por que van y vienen, las mujeres ganan y pierden derechos, y dentro de los últimos 100 años se ha logrado establecer el voto de la mujer, es algo muy reciente. Entonces nos encontramos que hay mujeres machistas que dan privilegios a sus hijos, que no dan a sus hijas, mujeres que de verdad piensan que ser hombre es mejor y que por su “naturaleza” básicamente pueden hacer lo que quieran, y no exagero.

El feminismo se planteó como una contraposición del machismo, para defender los derechos de las mujeres, pero algunos grupos feministas radicales lo convirtieron en el otro extremo que defiende a capa y espada a la mujer destacando lo peor de los hombres, lo convirtieron en una guerra de sexos. Han surgido varios movimientos feministas, varias organizaciones que se dicen feministas pero que piensan de formas machistas, excluyen a las personas trans, por el hecho de medir el género de una persona desde su sexo (genitales), lo cual también hace el machismo, entonces dicen que si una persona no nació con vulva y vagina no es mujer, por lo tanto, si nació con pene es hombre. Es un error común confundir los genitales con el género. Parece que biológicamente sencillo designar el género de alguien según sus genitales, sin embargo, vemos que la realidad es otra: hay personas con vulva que no se identifican con el género femenino y viceversa. ¿Qué es una mujer?, ¿Una mujer es una vulva?, ¿Por su biología es frágil?, ¿Por su biología debe cuidar de la casa?, ¿Por su biología debe de tener hijos a fuerza?, ¿Por su biología debe de ser sumisa?, ¿Acaso todos los hombres son iguales?, ¿Acaso todas las mujeres son iguales? Si estos grupos radicales feministas separatistas tienen este discurso biológico, con el único argumento de que una mujer es vagina y senos, están apoyando al machismo. ¿Por qué entonces dónde queda la persona?, ¿en qué momento su discurso biológico habla de ellas mismas como individuos sintientes y pensantes, más allá de sus genitales y su genética?

Este discurso es igual al de los grupos conservadores que las oprimen cuando dicen que el género no es una idea si no una biología. Las mujeres no usan tacones por biología, es solo una idea de la modernidad, no se convierten en mujeres al usar labial, ni son menos mujeres si no pueden tener hijos, ni son el diablo si no se sienten atraídas por los hombres. ¿Qué es una mujer? La respuesta es ambigua, no hay una respuesta clara ni concreta, porque hay muchos tipos de mujeres, ninguna es igual. En la mayoría de los casos podemos decir que los genes de una persona son XY o XX si tiene vulva o pene, sin embargo existen personas intersexuales cuyos genes difieren de la norma XY o XX y sus genitales no son 100% pene o vulva. Pero eso es solo físico. Y el físico no va a determinar si alguien se siente atraído por un hombre o una mujer y tampoco el físico de una persona va a determinar si le gusta usar falda o no.

Hay TERFs que dicen que el progreso del género es deshacernos de los géneros (Peachyoghurt, 2016). Pero sería caer en lo mismo, a quien vieran teniendo un género, el que sea, ya se le estaría persiguiendo, juzgando y matando. No, el futuro del género es aceptar todos los géneros, como sean que vengan. ¿Qué importa si hay 3, 50 o 100 géneros?, ¿En qué les afecta realmente? Si alguien tiene un género diferente que no tiene sentido para elles, no importa, porque no hace daño a nadie. No pueden juzgar a una persona por su género, ni su ropa, ni sus genitales. O al menos no deberían. Pero quieren dividir, son separatistas, son machistas. Se trata de respetar todos los géneros sin importar cuál sea. Se trata de respetar toda preferencia sexual, porque el excluir a otrxs no cambia nada nunca. Si una persona decide delinquir, ser corrupta o simplemente mala, no tiene nada que ver su género, en realidad no. La policía de México empezó desde hace más de 15 años a reclutar mujeres con la promesa de que serían incorruptibles, y no hay visión más machista. Claro que se corrompieron, aceptan mordidas y hasta secuestran, hacen trata y todo lo que se puede hacer. Obviamente no todas son así, por lo cual ínsito en que el género, el sexo, la ropa, ni la preferencia sexual de alguien lo definen, ni lo hacen bueno, ni malo. Son sus acciones lo que define a una persona, nada más.

Las TERF piensan que los movimientos feministas están muy separados de los movimientos trans, sobre todo de los movimientos de mujeres trans. Porque creen que el enemigo es el hombre y ven a todas las mujeres trans como hombres, pero no, el enemigo no son los hombres, el enemigo es el machismo, es la discriminación a la que nos ha llevado, es el odio que sugiere. El machismo es la idea más peligrosa de esta era, el machismo mata, seas hombre, mujer o trans.

 

Lo frágil del machismo.

Es muy triste ver que los grupos feministas están divididos, es muy triste ver como el colectivo LGBTIQ está dividido, Michael Warner tiene razón: “The people who drift into the right-hand column not make common cause. If they did, the left-hand column wouldn´t stand a chance of survival.” (Warner, 1999)

Good, Normal, Natural Bad, Abnormal, Unnatural
Heterosexual

Married

Monogamous

Procreative

Noncommercial

In pairs

Same generation

In private

No pornography

Homosexual

Unmarriend

Promiscous

Nonprocreative

Commercial

Alone or in groups

Casual

Cross-generation

In public

Pornography

With manufacture objects

Sadomasochistic

Como explica Warner, la columna de la izquierda (normal) es muy frágil, tanto así que necesita reforzamiento constante, en medios de comunicación, en la familia y la sociedad, constantemente tienen que reforzar y forzar, por eso los hombres llaman marica a cualquiera de ellos que llore, y violentan al que tenga otra preferencia sexual, la televisión tiene senos por todas partes y violencia hasta en las caricaturas. Y muchos besos entre heterosexuales, porque no vayan a dar ideas raras, según ellos es menos peligroso sacar muertos en televisión que personas del mismo sexo dándose un beso. El machismo es frágil, tan frágil como la misma masculinidad, un hombre que se siente engañado, aunque no sea verdad, llega a ser muy violento con su pareja, acosándola con llamadas constantes, cuestionamientos insidiosos, gritos y amenazas, los celos del machismo matan. Y aquí se puede ver lo frágil que un hombre es, por que no puede admitir que lo engañen con otro, ve a la mujer como de su propiedad, confunde el amor con control, confunde el amor con posesión y peor aún confunde el amor con sexo. Hacer sentir a un hombre menos es muy fácil basta con cuestionar su heterosexualidad, basta con cuestionarlo en cualquier aspecto de su vida, dependen de una línea recta que no puede permitir cuestionamientos. Por lo cual si toda la comunidad LGBTIQ y las feministas se unieran acabaríamos con el patriarcado sin lugar a dudas. Pero desgraciadamente eso está muy lejos de suceder.

¿Qué futuro nos espera si las feministas odian a los hombres?, ¿Qué futuro nos espera si los hombres machistas odian a las mujeres?, ¿Qué futuro nos espera si los gays odian a las trans? Los desiertos de amor nos esperan, un mundo dividido que no se reconoce como sintiente, que se ve como ajeno, que se ve como el otro. El machismo nos afecta en todos los aspectos de nuestras vidas y a todes por igual, todes sufrimos, no tiene sentido pelear por ver quien sufre más, decir que una mujer trans no puede estar en una manifestación contra el aborto, por que las mujeres cis o biológicas sufren más desde que nacen por su cuerpo, no es solo ignorante, es hablar sin sentido alguno, es caer en el egocentrismo más absurdo. Porque bajo el machismo todos sufrimos, sin importar si eres hombre, mujer, trans o lo que tu digas que eres. Para el patriarcado y el machismo lo único correcto es ser un hombre blanco heterosexual y hasta ellos son obligados a no caer en ningún otro lado fuera de la columna de la izquierda, por que dejarían de tener privilegios en un segundo, ya no serían ellos, serían el otro.

Conclusión

El machismo está en todas partes, en la calle, en los estadios, en el trabajo, en la casa, en la iglesia, en la religión, en todas partes. Se pasa de persona a persona a través de las generaciones y queda incrustado en las ideas de hombres y mujeres por igual, se convierte en parte de la cultura, se normaliza. Hay algunas personas hombres y mujeres que se han dado cuenta del daño que causa el machismo y han empezado a hablar de ello, ya no solo en grupos feministas si en sus casas y sus entornos cercanos alzan la voz cada vez que ven un acto machista; es complicado hacer estos reclamos porque la sociedad soporta el machismo, lo ve como algo normal, mientras que rebatirlo es visto como algo ofensivo, fuera de lugar.

Aunque parece que las organizaciones que luchan contra la trata de personas, los grupos feministas TERF, los grupos trans-feministas o solo feministas o los grupos LGBT defienden causas diferentes, no es así, pelean contra diferentes cabezas de la misma hidra, cortan una y aparecen dos. Es decir, hacemos una marcha, ganamos un derecho feminista, luego un derecho LGBT, y después los grupos conservadores intentan reprimir las marchas, echan para atrás los derechos ganados y matan más mujeres cis y trans. Los grupos feministas, contra la trata, y LGBT, así como cualquier otra organización de minorías son grupos de resistencia y de fuerza, pero si no nos unimos esta será una guerra larga que tal vez nunca ganemos.

[divider]

 

Navegación de entradas

1 2 3 4 5 6 9 10 11
Volver arriba