Abrir publicación

Escuelas chilenas como espacios de modelamiento de lxs sujetxs. Diagnóstico para propuestas contrahegemónicas urgentes.

por Marcela Vargas Cárdenas, Valeria Martínez Muñoz y Francisca Jaksic Sepúlveda[1]

Desde que somos parte de instancias públicas y debemos encontrarnos con otrxs, emergen normas tácitas que parecen no poder ser transgredidas. Como los mandamientos para quienes profesan el cristianismo, el “no robarás” y “no mentirás”, en las cuestiones sexo-genéricas, es un “te comportarás como dice la biología debes comportarte”, “no llevarás el pelo largo”, “no llevarás el pelo corto”, “no usarás falda”, “no usarás pantalón”. La escuela moderna se construye sobre lo que consideramos cimientos dicotómicos, siendo otros ejemplos de esto la oposición entre razón/mente y emoción/cuerpo, así como conocimiento e ignorancia. Es posible afirmar que estos binarismos se encuentran fuertemente vinculados a la naturalización del sexo, donde las diferencias biológicas determinarían los comportamientos de las personas en tanto órganos reproductores. Nuestros libros de texto de Ciencias Naturales en la enseñanza básica o primaria se colmaron de explicaciones “biologizantes”, con una predominancia antagónica entre lo femenino y lo masculino, sobre todo si recordamos que por muchos años era el espermatozoide ganador el que lograba la fecundación de óvulos pasivos…

Estos ejemplos aparentemente caricaturescos, nos han llevado a asociar al hombre a lo público, lo objetivo, la mente, lo activo, y lo racional, en tanto la mujer se relega a lo privado, lo emocional, la quietud, y lo corporal.  De este modo, se desarrollan procesos de invisibilización y exclusión de sujetxs que se desvían de las normas, que naturalizan las desigualdades producidas por estas dicotomías sexuales. El presente ensayo busca realizar un breve análisis respecto a las instituciones escolares y su rol de socialización en lxs sujetxs desde las problematizaciones que los estudios feministas y queer han propuesto a nivel epistemológico en las últimas décadas. Para lograr dicho objetivo nos planteamos las siguientes interrogantes: ¿Cómo se expresa el modelamiento de lxs sujetxs en la escuela?, ¿Qué impactos tiene esta articulación en la infancia y en quienes habitamos la infancia? y, por último, ¿Qué tipo de ignorancias se promueven en los espacios educativos y cómo éstas se relacionan con los procesos de exclusión de determinados sujetxs? ¿Cómo transformamos esta problemática latente, histórica?

La socialización primaria (hogar) y secundaria (escuela), articuladas como instancias modelamiento de lxs sujetxs, más el accionar de los agentes de estas instancias (personas al cuidado de niñxs-docentes), se ven atravesadas por la priorización de temas y la censura de otros, de acuerdo al lugar desde donde se supone deben abordarse. Esto nos lleva a un binarismo ya conocido que condiciona las formas de relacionarse: lo privado y lo público. Es así como se construyen socialmente pautas, mandatos y normas de comportamiento para cada sujetx, con el objetivo de seguir reproduciendo aquello que natural y socialmente nos plantean como correcto: mujeres silenciosas y obedientes, que no reconozcan ser base del sistema capitalista y patriarcal mediante la producción y crianza de mano de obra; hombres fuertes que se sepan sostenedores del hogar en lo económico, pero desconozcan que trabajan para perpetuar estos modelos. Al menos, desde las lecturas feministas al marxismo, esta crítica potenció repensar las violencias que se profundizaban en las mujeres pobres históricamente. Sin embargo, también el paso del tiempo y los posicionamientos situados en los territorios nos permiten comprender las matrices de violencia detrás de estos modelos. Modelos dañinos que propician violencias desde la primera infancia y se reproducen durante toda la etapa de escolarización en las diferentes latitudes, donde Chile no es la excepción. Es por ello que nos planteamos la urgencia de estos temas, desde una mirada crítica al modelo, como ex estudiantes del sistema escolar primario y secundario, y como docentes en permanente construcción.

Infancias y formas de socialización en la escuela: Estado ausente al servicio de la muerte

En el ámbito educacional chileno se reconocen distintas problemáticas que coartan la participación de las mujeres y disidencias en la comunidad educativa. Esto dada la poca representación que existe de éstas dentro del currículum, tanto en los contenidos que se imparten y en las prácticas del día a día, así como en los distintos textos escolares, que se ven sesgados a representaciones mayoritariamente masculinas, con escasa presencia femenina, y con estereotipos sexistas. Al reconocer parte de esta problemática, que ha protagonizado el debate respecto a la educación chilena en el último tiempo, se identifica una demanda de visibilización de los sujetxs excluidxs que responde, sobre todo, a las violencias presentes de manera transversal en los espacios físicos de las escuelas, que generan una discriminación institucional que trae consigo un poder coercitivo sobre las disidencias que son (re)victimizadas y vulneradas diariamente. Ejemplo de lo anterior son las discriminaciones que han vivido históricamente las personas trans y género no conforme desde las comunidades educativas en general, negándoles su identidad y expresión de género, lo que trae como resultado crímenes de corrección y de odio. Si bien el Estado chileno ha fallado en hacerse cargo de dichxs sujetxs, esto no queda indiferente ante la avanzada de los feminismos en Latinoamérica, llamados nueva ola o tsunami feminista en Chile. Las demandas que han levantado (y reposicionado, si consideramos a feministas anteriores, movilizadas en tiempos de la dictadura de Pinochet), han significado transformaciones en el diario vivir de muchas niñas, adolescentes, mujeres y disidencias. A su vez, estas acciones han sido acompañadas por la movilización de estudiantxs secundarixs, que han sido parte fundamental en los últimos años. En el año 2018 aconteció el mayo feminista, episodio tras el cual se vivió una transformación cultural de la sociedad chilena, donde se cuestionaron una serie de prácticas referentes al machismo, al patriarcado y la forzosa heteronormatividad que afectan a los espacios de escolarización. En el ámbito educativo, se profundizaron las discusiones en torno al sexismo en la educación, enraizado en el currículum oculto, de la mano con las docentes feministas que posicionan constantemente estos temas en las aulas y tensionan en las escuelas las prácticas sexistas bajo el desafío de dejarlas atrás y transitar hacia proyectos educativos con perspectiva de género. Esto a su vez permitió dotar de contenido programático y propuestas transformadoras, por ejemplo, a través de una pedagogía feminista e interseccional, es decir, que no solo busque erradicar las violencias de género y el sexismo, sino también que reconozca, resista y luche ante aquellas vinculadas a la clase y los cuerpos racializados.

Las escuelas representan espacios marcados, no sólo por contradicciones estructurales e ideológicas, sino también por resistencia estudiantil colectiva que se ha articulado en movimientos sociales de las últimas décadas, como lo fueron las revoluciones pingüinas (de estudiantes de secundaria y universidades) durante 2006 y 2011, donde se comenzó a posicionar la demanda por una educación no sexista. Al plantear las escuelas como espacios de resistencia, se hace referencia a que estas son lugares sociales que se caracterizan por currículos abiertos y ocultos, en los que interactúan culturas subordinadas y dominantes, e ideologías de clase dialécticas. Naturalmente, conflicto y resistencia toman posición en el marco de las relaciones de poder asimétricas favorecedoras de los grupos dominantes, mas, esto no quita los complejos y creativos campos de resistencia a través de los cuales las prácticas mediadas de clase y sexo asiduamente niegan, rechazan y suprimen los mensajes centrales de las escuelas. Por lo tanto, la importancia del currículo hegemónico no solo se trata de lo que se incluye en él (la ideología de los grupos dominantes) como cultura arbitraria, sino también de lo que se excluye (conocimiento importante para los grupos subordinados). Es aquí donde las epistemologías de la ignorancia cumplen un rol importante en la producción deliberada de ignorancia, ocultando y rechazando ciertos saberes en beneficio de la ideología dominante. De esta manera, la escuela restringe y rechaza ciertxs sujetxs, corporalidades, saberes y deseos que se consideran desviados y aborrecibles. Por tanto, en el espacio de socialización que es la escuela, la ignorancia es un efecto de la normalidad de la pedagogía, en que la persona diferente no es vista como legítima, sino como ininteligible.

Como consecuencia, el poder coactivo de la ignorancia se vuelve evidente en la rapidez con la que sus efectos de exclusión y discriminación aparecen. A pesar de todas las violencias ejercidas hacia los cuerpos e identidades disidentes, no existe un interés desde el Estado chileno y sus distintos gobiernos posdictadura por evitar la reproducción de estas violencias, porque a pesar de la promulgación a fines del año 2018 de la Ley N° 21.120 de Identidad de Género que regula el cambio de sexo y nombre en personas trans o género no conforme, no se han visibilizado las vulneraciones a los derechos fundamentales de estxs sujetxs, lo que se expresa en la falta de estudios y políticas públicas que respalden a estas personas, así como posicionamientos concretos de la sociedad civil, como el respeto y la no violencia. De hecho, esta ley permite la identificación de personas mayores de 14 años (en compañía de “adulto responsable”) y mayores de 18 años, lo que demuestra cómo se ignora a la infancia en estas decisiones. Existen estadísticas gravísimas en Chile sobre las tasas de niñxs no conformes con la identidad de género asignada al nacer,[1] o que han intentado suicidarse en los años de educación básica o primaria, hasta los 15 años.[2] Podemos ver un entramado de problemáticas atravesando en caso de José Matías y tantxs otrxs. Nosotras mismas. No es solo un disciplinamiento en tanto género y sexualidad. También en tanto clase, en tanto raza. El Estado de Chile es desigual, racista y patriarcal. Ha promovido la feminización de la pobreza (como en otros pueblos latinoamericanos), la persecución a las comunidades originarias mapuche en el sur y la negación de lo afrodescendiente en el norte. Estos elementos condicionan el currículum, las prácticas, el accionar respecto a la diferencia, por lo que creemos urgentes las propuestas transformadoras.

Propuestas contrahegemónicas: por una pedagogía feminista interseccional en las comunidades

Si bien se ha dado una lucha durante años, en Chile no existe una ley de Educación Sexual Integral (ESI) que permita que las comunidades educativas planteen, discutan y promuevan la enseñanza-aprendizaje sobre estos temas en las salas de clases. Y es que muchas veces se tiende a creer, debido a la cultura occidental-cristiana en la que estamos inmersxs, que permitir que cada persona conozca su sexualidad es educar en pecado. Es imprescindible el desarrollo de una pedagogía feminista interseccional que se enfoque en las prácticas sociales en las escuelas cuyo objetivo final sea la capacidad del pensamiento crítico en la construcción del aprendizaje. Identificando y evidenciando, de esta forma, la ideología implícita del currículum hegemónico, a sus cuerpos de conocimiento y, especialmente, a la manera en que este margina, invisibiliza y descalifica el conocimiento de aquellxs sujetxs que se desvían de la norma de una sociedad patriarcal y heteronormativa. Por ello también es tan urgente una pedagogía feminista interseccional que incorpore Educación Sexual Integral, donde se eduque más allá de lo preventivo-sanitario, sino apuntando a la visibilización de las múltiples formas de identificación existentes, en los afectos, autoestima, no violencia. Este pedagogía feminista interseccional, entendida como práctica contrahegemónica, debe a su vez pensar a los seres humanos en su integralidad, donde la enseñanza y aprendizaje no es mera transmisión de conocimiento vertical, impositivo, sino en reciprocidad y situado en los territorios en donde se instala. Por ejemplo, en el sur austral de Chile, no podemos pensar una pedagogía feminista interseccional que imponga saberes desconociendo la pertinencia y pertenencia de quienes habitan el territorio, Wallmapu, Willimapu, el campo y la ciudad. El reconocimiento de esta propuesta educativa contrahegemónica proviene esencialmente de quienes denuncian y demandan urgentes transformaciones en la escuela: estudiantes, docentes, personas al cuidado de niñxs. Una pedagogía feminista interseccional que cuestione los privilegios de género, sexualidad, clase y raza, que promueva prácticas contrahegemónicas y combata las ignorancias que han permeado en generaciones de niñxs, adolescentes, adultxs.

[divider]

[1]
[1] Las autoras escriben en el marco del proyecto de la Formación Inicial Docente de la Universidad Austral de Chile (FID UACh 2020), titulado De la calle al aula. Discursos y prácticas en torno a la educación no sexista en la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad Austral de Chile.

[2]
[1] Un 41,3% de entrevistadxs en la 1era Encuesta para Personas Trans y de género no-conforme en Chile, de 2017, reveló que entre los 0 y 5 años comenzaron a no sentirse en el género adecuado. Disponible en línea en https://otdchile.org/wp-content/uploads/2020/05/Informe_ejecutivo_Encuesta-T.pdf, p. 9.

[3]
[2] Según la misma encuesta, un 9% intentó suicidarse entre 1 y 10 años, y un 48% entre los 11 y los 15 años. Fue el caso de José Matías de la Fuente (15 años), que cursaba educación secundaria en un establecimiento educacional católico femenino, y que decidió acabar con su vida el año 2019 producto de la discriminación a la que se vio expuesto por ser trans, y ante la nula acción de la comunidad educativa frente a los acosos de los cuales fue víctima.

[divider]

Marcela Vargas Cárdenas: es feminista, profesora de Historia y Ciencias Sociales y Magíster en Historia del Tiempo Presente. Se desempeña como docente del Instituto de Historia y Ciencias Sociales de la Universidad Austral de Chile, en Valdivia. Actualmente es responsable del proyecto de Investigación de Formación Inicial Docente (FID-UACh) titulado “De la calle al aula. Discursos y prácticas en torno a la educación no sexista en la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad Austral de Chile” (2020-2021)

Francisca Jaksic Sepúlveda: es feminista, estudiante de Pedagogía en Historia y Ciencias Sociales de la Universidad Austral de Chile. Actualmente laborante del proyecto de Investigación de Formación Inicial Docente (FID-UACh) titulado “De la calle al aula. Discursos y prácticas en torno a la educación no sexista en la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad Austral de Chile” (2020-2021)

Valeria Martínez Muñoz: es feminista, estudiante de Pedagogía en Historia y Ciencias Sociales de la Universidad Austral de Chile. Actualmente laborante del proyecto de Investigación de Formación Inicial Docente (FID-UACh) titulado “De la calle al aula. Discursos y prácticas en torno a la educación no sexista en la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad Austral de Chile” (2020-2021).

Abrir publicación

UNA PORTADA “CON MUCHA (A)MIGA”

por Esteban Francisco López Medina 

Mi reciente tesis doctoral versó sobre la invisibilización de las personas LGTBIQ+ en los libros de texto. Durante el proceso de documentación bibliográfica, tuve conocimiento de un hecho que, en su momento, fue un pequeño atisbo de esperanza pero, lamentablemente, no pasó de ser una estrella fugaz en el oscuro firmamento de cisheterosexismo que el resultado final desveló.

En 2015 Queering ESOL Seminar 5, el autor de libros de texto de inglés como lengua extranjera Ben Goldstein refirió su experiencia concreta con la colección Framework. Según lo que el propio Goldstein me relató posteriormente cuando tuve ocasión de entrevistarlo, él y su equipo incluyeron en su trabajo la ilustración de una pareja homosexual en dos contextos distintos en las primeras ediciones de Framework 2 y Framework 3.

Apenas dos años más tarde, contra la voluntad del autor, la editorial procedió a reeditar los manuales con escasísimas, aunque sustanciales, modificaciones. La principal de ellas fue la eliminación de estas dos imágenes. De hecho, el carácter progresista y transgresor de los libros originales se ha ido perdiendo con cada nueva reedición y, en cambio, han crecido en su tono  más conservador.

La tarea de acceder a la edición original no fue sencilla. El libro en cuestión fue editado en España por primera vez en 2004, idéntico a la versión británica original. Al igual que en Reino Unido, fue reeditado en 2005 con los mismos cambios, mínimos cuantitativamente pero más que relevantes desde una pespectiva queer. Tratándose de un libro de hace más de quince años, está descatalogado. No me fue posible conseguirlo de segunda mano tampoco, bien en librerías o a través de páginas web de este tipo. Finalmente, gracias a la sugerencia de Jaime García Solana, compañero en la Facultad de Educación de la Universidad Complutense de Madrid, conseguí rastrearlo en los fondos de la Biblioteca Nacional de España.

Una vez localizado, he tenido ocasión de comparar ambas versiones de los manuales. No olvidemos que se trata de un libro de texto de inglés como lengua extranjera destinado a población adulta joven. Teniendo en consideración sus destinatarios, es de esperar una mayor flexibilidad en cuanto al rango de temas que incluye. Sin embargo, es un hecho que el libro fue modificado: los originales, que incluían una ilustración de una pareja homosexual cada uno, sufrieron su amputación en la reedición.

Al finalizar la tesis, me pareció de justicia hacer un reconocido homenaje a las únicas ilustraciones queer que había logrado localizar. En el tema cuatro de Framework 3, dedicado a los tabúes y todo aquello que está mal visto en la sociedad, se pregunta al alumnado su opinión sobre dichos aspectos: entre ellos, se les pregunta sobre “dos hombres o dos mujeres de la mano en público”. Para ilustrar el ejercicio se recurre a la representación de “tabúes sociales”: una playa nudista, el consumo de alcohol y marihuana y, finalmente, una pareja de hombres abrazados.

Aunque la representación visual de una pareja formada solo por hombres constituye un progreso en sí mismo, en el fondo, el mensaje es de homofobia: dos hombres o dos mujeres no deben tocarse en público. Si este no fuese el mensaje oculto, no se plantearía como un tabú. El hecho de que solo un año más tarde esta imagen fuese sustituida por el beso público de un hombre y una mujer (aunque no esté citado como un tabú en el texto) solo puede confirmar que, en efecto, el mensaje oculto debe ser resumido como homofobia.

Deseo reivindicar la foto que fue presentada como ilegítima desde el principio, además de intencionalmente invisibilizada por la editorial posteriormente. Por este motivo, la portada de mi tesis le rinde homenaje. No dispongo de los derechos sobre la foto original[1], pero gracias a una gran amiga, compañera de doctorado y estupenda ilustradora, Marta de la Rocha[2], podemos disfrutar de dos dibujos inspirados en ella.

La imagen original censurada ha sido enriquecida al presentarse por partida doble: con una pareja de hombres y otra de mujeres, en un afán por no contribuir al frecuente silenciamiento de las mujeres lesbianas. Otras realidades, como la trans o la bisexual, hubiesen sido más difíciles de representar en un dibujo, pero el espíritu de la iniciativa es que ellas también se puedan sentir incluidas en él.

La representación de dos hombres es fiel reflejo de la imagen de la primera edición del libro de texto correspondiente a 2004 en España. El del beso de las dos mujeres, en cambio, constituye la reelaboracion de la foto que sustituyó a la original en 2005, transformando al hombre de la foto en una mujer. ¿Por qué no interpretar que ese “hombre” ha efectuado una transición y se trata del beso entre dos mujeres lesbianas: una de ellas cis y la otra trans?

En síntesis, estas nuevas imágenes son un reconocimiento de que el esfuerzo por la inclusión de las personas queer en los libros de texto no es nuevo: una reivindicación de su esfuerzo y la denuncia de la inercia cisheterosexista que ha intentado borrar su trabajo.

Sin Marta, este reconocimiento no hubiese sido posible, ¡gracias, amiga!

[divider]

[1] La imagen censurada en Framework 3 es idéntica al dibujo de dos hombres que aparece más abajo. La correspondiente a Framework 2 se puede consultar en http://www.bengoldstein.es/?p=411.

[2] Licenciada en Bellas Artes (UCM), doctoranda en Estudios Feministas y de Género (UCM), profesora en IADE (Escuela de Diseño) y especialista en arte feminista. Recomiendo su libro “Historia de la teoría feminista ilustrada” (Madrid: Melusina), publicado en 2018.

[divider]

ESTEBAN FRANCISCO LÓPEZ MEDINA (él): Inició su formación y labor docente en Argentina. Al volver a España, completó sus estudios originales obteniendo los títulos de Maestro en Lengua Extranjera: Inglés (UCM, 2006), Licenciado en Ciencias Religiosas (Facultad de Teología San Dámaso, 2011), Licenciado en Filología Inglesa (UNED, 2014) y Doctor en Estudios Feministas y de Género (UCM, 2020). Cuenta con amplia experiencia docente en todos los niveles educativos, habiendo impartido clase de inglés y de asignaturas bilingües desde Educación Infantil hasta Bachillerato. Desde 2015, es profesor asociado en la Facultad de Educación de la UCM, labor que complementa con docencia en el departamento de Filología Inglesa de la UAM y en el máster de Educación Bilingüe de la VIU. Su interés principal se centra en la línea de investigación denominada “Comunicación, Lenguajes y Representaciones”, más concretamente, la representación del género y sexualidad en los recursos didácticos. Destaca su impulso a las iniciativas por la visibilización del colectivo LGTBI+ en contextos escolares.

Abrir publicación

Proyecto Ovotabú: Introducción a la Anatomía y Fisiología de las féminas género diverses

por Daniela Alejandra Pastor

Sobre el Proyecto Ovotabú

Desde el año 2017 este proyecto ha realizado talleres sobre la fisiología del ciclo menstrual dirigido a adultas género diverses. Sostengo un profundo convencimiento de que es necesario crear instancias de formación y debate para adultas acerca de los temas relacionados a la educación sexual integral y los derechos reproductivos. Las mismas cuentan con necesidades y características particulares de aprendizaje que están relacionadas con la deuda de una correcta implementación de una educación sexual integral en su etapa escolar, una cultura predominante desinformante y a las curiosidades particulares que despiertan las vivencias sexuales a lo largo de sus vidas.


jj

[divider]

Esta es una edición autogestionada. Se solicita colaboración en la difusión del Proyecto Ovotabú y este material para poder seguir investigando y publicando. En caso de querer contratar talleres, charlas, acercarme comentarios, etc. pueden contactarse a: Instagram: @ovotabu

Página: www.ovotabu.com

e-mail: ​ovotabu@gmail.com

[divider]

Daniela Alejandra Pastor es Licenciada en Biotecnología y Biología Molecular egresada de la Universidad Nacional de La Plata. Actualmente se desempeña como Personal de Apoyo de CONICET en el área de cultivo celular en el IHEM (Instituto de Histología y Embriología de Mendoza). Es miembra del IDEGEM (Instituto Multidisciplinario de Género y Mujeres de la UNCuyo). Durante su tiempo de estudiante participó en el Espacio Pedagógico de la Facultad de Ciencias Exactas de la UNLP y tiene experiencia docente en los niveles medio y universitario. Creadora del proyecto de educación independiente y autogestionado “Ovotabú” (en el año 2017) desde el cual pretende democratizar conocimientos sobre la fisiología del ciclo menstrual desde una perspectiva de género. Este proyecto ha realizado actividades en varios países de Latinoamérica: Argentina, Chile, Colombia y Costa Rica.

Abrir publicación

Hacia una pedagogía incluyente, algunas observaciones de campo

imagen cortesía de Juan Guillermo Ley B
imagen cortesía de Juan Guillermo Ley B

por Abigail Maritxu Aranda Márquez

«El día que te aceptes como una persona freak, serás feliz»

Mariana Botey, 1988 (Una alumna mía, entonces)

I

Partamos de hechos concretos, el Censo de Población y Vivienda INEGI 2020 no específica cuántas de esas personas encuestadas somos miembr@s de la comunidad LBGTTTIQ+ y mientras esperamos que se resuelva esta solicitud expresada ya desde 2017 por diferentes colectivos, tampoco tenemos la información de nuestros grados de educación y ocupación in/formal. Si las expectativas de vida para nuestra comunidad es de 35 años, la educación juega un papel fundamental como agente de cambio.

El otro hecho concreto es que ni la Secretaría de Educación Pública ni las Universidades Públicas o Privadas contemplan programas específicos de educación para nuestra comunidad, aunque hay algunas excepciones notables. Las preguntas, inquietantes, es si podemos plantear, planificar e impartir un tipo de educación incluyente para todo el espectro social de las comunidades LBGTTTIQ+, desde el kínder hasta el posgrado.

II

No me hago ilusiones. La educación occidental heteropatriarcal es, en realidad, un ejercicio social de dominación para capacitar, entrenar y adecuar personas para la producción capitalista neoliberal. Los hombres son adiestrados para trabajar como gerentes o trabajadores y las mujeres somos relegadas a las labores domésticas y de reproducción de la especie. Este sistema funcionó así desde el siglo XIX hasta mediados de la década de los 60 del siglo XX. La primera gran rebelión fue de las mujeres que exigieron educación universitaria, derecho al voto, igualdad de salarios y respeto a sus decisiones personales sobre sus cuerp@s y si vemos lo que ocurre en la actualidad, si ganamos muchas posiciones en cuanto a la educación universitaria, el derecho al voto pero la equidad de salarios, posiciones laborales y libertad de decisión sobre nuestras cuerpas siguen estando en el frente de nuestras luchas actuales.

La segunda rebelión no ha alcanzado a plenitud sus demandas. Es decir, las comunidades LBGTTTIQ+ llevamos medio siglo luchando por el derecho a una educación incluyente, derecho al trabajo profesional y respeto a nuestros modelos de vida. Es cierto que muchas personas LBGTTTIQ+ hemos llegado muy lejos en el campo de las artes y las humanidades pero si comparamos los números, son menores en relación a la ciencia, la ingeniería y los trabajos administrativos y el ejército. Si leemos los periódicos impresos o las noticias en las redes sociales, la violencia machista, heteropatriarcal es el pan de cada día con la cantidad de hechos desgraciados de mujeres violadas y asesinadas, miembros de nuestras comunidades LBGTTTIQ+ golpead@s y/o asesinad@s. La guerra contra nosotras empezó en la época medieval y la otra guerra contra los homosexuales empezó en el siglo XIX y ambas continúan ferozmente hasta nuestros días.

III

Después de dar clases durante 40 años en diferentes instituciones y haber introducido más de 35 diferentes seminarios en la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado La Esmeralda en los últimos 20, los programas de los Planes de Estudio 1994 y 2007 no contemplaron cursos y talleres para la comunidad estudiantil LBGTTTIQ+. L@s estudiantes se adaptaban al sistema de enseñanza porque el sistema de talleres de producción les permitía aprender técnicas de diferentes lenguajes artísticos y el sistema de Teoría e Historia del Arte les abría una ventana a diferentes seminarios teóricos / históricos para comprender su propia producción artística.

Las cosas sutilmente cambiaron cuando La Esmeralda aceptó más mujeres que hombres, además de tener su primera mujer directora y el Plan de Estudios 2016 introdujo materias como estudios de género, talleres de historieta y novela gráfica, graffitti, tatuaje, animación, entre otros y los seminarios de Teoría e Historia comenzaron a abordar la poscolonialidad, la deconstrucción, estudios de cine y la escuela empezó a recibir a sus primer@s estudiantes trans.

No es lo mismo dar clases a grupos donde sabes que tendrás estudiantes gays o lesbianas y tu lenguaje intentará ser lo más incluyente posible a ofrecer seminarios donde uno de los elementos centrales es ofrecer servicios académicos a una comunidad trans.

IV

¿Cuál fue la diferencia? Los chicos gays van al baño de hombres, las chicas lesbianas van al baño de mujeres, pero que pasa ¿si una chica trans va al baño de mujeres? Los policías la sacaron del baño, llamaron a Carla Rippey, la directora, para reportar la situación y ella al ver a la chica trans, le permitió que usara el baño que necesitara. Se discutió el tema en el Consejo Académico y entonces, felizmente, éste sugirió que las personas trans deberían usar los baños según su género. En ese momento, era la única persona trans en la escuela.

Al siguiente año, entraron dos, un chico trans y una chica no binaria y en medio de todo esto, yo decidí salir del closet y asumirme plenamente como profesora trans. Poco a poco, otr@s estudiantes también se aceptaron como no binarias o trans. Pero debemos ir al verdadero problema: ¿Es posible una educación queer? Las profesoras que impartían estudios de género trazaron un nuevo hito en la escuela porque tuvieron y tienen muchísima demanda porque se toca/ban temas fundamentales del feminismo, la transfobia, las nuevas masculinidades y nuevas maternidades, entre otros temas fundamentales.

El seminario de teoría de la arquitectura tenía en su currícula diseñar baños y estudios de artista para personas trans, entre muchos otros temas y el Taller de Producción de Modas ha recibido a tod@s los estudiantes de la comunidad LBGTTTIQ+, el seminario de Teoría del Performance contó con un chico trans, artista extraordinario, que retó a la misma autoridad en su intento por censurar uno de sus performances y recibió un aplauso muy cálido de muchas personas porque eran las Muestras Académicas de fin de semestre en diciembre del 2019.

V

La pedagogía queer tiene que desarrollar mucho trabajo teórico y práctico, todavía, porque los ejemplos de arriba son a nivel de educación profesional universitaria en el área de artes visuales pero debemos pensar en una educación incluyente para l@s niñ@s trans y/o LBGTTTIQ+ en etapa de educación primaria y secundaria. Ahí radica el gran reto, cómo meter en las agendas de trabajo al interno del SNTE o el CNTE de la SEP, la posibilidad de una pedagogía queer que tome en cuenta a es@s niñ@s y adolescentes. Entonces el Censo Nacional de Población y Vivienda de las comunidades LBGTTTIQ+ ofrecerá una lectura más completa de si hemos mejorado como sociedad.

[divider]

Abigail Maritxu Aranda Márquez1 (Oaxaca, 1957) Profesora Investigadora de tiempo completo en la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado La Esmeralda, donde imparte las asignaturas de Teoría e Historia del Arte y un Taller de Producción de Moda que se autogestiona como una fábrica social. Estudió la Licenciatura de Letras Modernas (Inglesas) en la Universidad Nacional Autónoma de México (1978 – 1982). Así como la Licenciatura en Docencia de las Artes (2016 – 2018) en La Esmeralda. Artivista Trans se ha dedicado al performance desde 2009, con acciones en Oaxaca y la Ciudad de México y ha comenzado a explorar su nueva identidad como mujer trans desde la escultura, la moda y el arte acción. Autora del libro El cerillo que nunca se apaga. Ha participado en varias exposiciones colectivas. Fundadora de la banda de arte sonoro y noise The Fucking Dogs.

1 Mi nombre legal es Carlos Gerardo Aranda Márquez

Abrir publicación
imagen por Alex XAB

Las grietas que menos se ven. Preguntas para sostener una pedagogía incierta.

imagen por Alex XAB
imagen por Alex XAB

por Lucía Egaña Rojas

¿Acaso la palabra pedagogia no es igual a la palabra demagogía, sólo que con dislexia?

¿Por qué la dislexia no es considerada algo sexy?

¿Podemos imaginar una poesía de cuerdas para atar un pacto del aprendizaje?

¿La excitación es un argumento expositivo?

¿Por qué insiste el gesto de desacreditarse a una misma ante los criterios heterosexuales de legitimidad pedagógica e institucional?

¿Por qué esos heterosexuales, viéndote ahí despojada de todos sus principios de legitimación, aprovechan de quitarte el saludo, te denuncian o te botan a un precipicio?

¿No será el camino de las pedagogías cuir uno que sólo retrocede y se degrada, en el sentido de que no es capaz de proyectarse a ningún futuro promisorio?

¿Es posible entender dentro de un marco normal y normalizante una práctica pedagógica que busca romper divisiones, entre teoría y práctica, entre arriba y abajo, entre hombre y mujer, entre futuro y pasado?

¿Quién hace válido el buscar que atenta contra las relaciones de poder?

¿Se le pueden poner bombas molotov al poder?

¿Cómo le pones bombas molotov al capacitismo?

¿Se pueden plantear procesos pedagógicos donde ni el futuro ni los padres sean lo más importante?

¿Quién aprende como un perro, quién pregunta como un hongo, quién observa como una partícula de polvo?

¿Se puede pensar (puedes imaginar) una pedagogía que no se fije en resultados esperados?

¿Cuándo cae el logro por el hueco agrietado de lo roto?

¿Cómo ignorar ese intento por moldear el cuerpo, la subjetividad y el intelecto de la educación que te brindaron?

¿Cómo ignorar la producción de la ignorancia como modelo de conocimiento occidental, blanco y heterosexual?

¿Por qué esa ignorancia desconoce lo que ignora, hace como que no existe, lo convierte en un detenido desaparecido?

¿No son las escuelas que conocemos fábricas o agentes de producción de ignorancia, simplemente, sin sospecha, sin inquietud, simplemente, el ignorar como borramiento de la complejidad?

¿Cuándo la educación heterosexual se constituye como elemento terminantemente homogeneizante?

¿Qué hacen metidos aquí los proyectos de estado-nación?

¿En qué contextos puede conducir la rarificación de lo cuir hacia un lugar no concluyente?

¿Se puede hablar de pedagogías cuir sin hacer cuenta de la existencia de las heterosexuales?

¿Por qué insisten tanto en la relación entre sexualidad obligatoria y cuerpo “normal”mente capaz?

¿Se podrían usar las pedagogías cuir para develar la incoherencia de la heterosexualidad?

¿Por qué entienden lo de “incorporar el cuerpo en el discurso pedagógico” de una forma tan anticorporal?

¿Alguien lo entiende?

¿Por qué algunos “textos de estudio” parecen escritos con amoxicilina?

¿Con qué objetivo matar todo rastro de bacterias?

¿La asepsia es algo de lo que deberíamos aprender?

¿Cuánto de esto que lees es cuir?

¿Cuánto del texto es pedagógico?

¿Puede haber una definición cerrada de algo que se llamaría “pedagogía cuir”?

¿Cómo interviene la diferencia entre queer y cuir cuando acompaña a lo pedagógico?

¿Acaso los marcos teóricos existentes son capaces de definirlo?

¿Cómo hacer una pedagogía que no sea extractivista?

¿Cuáles serán los conjuros contra la deuda, el robo y la violencia?

¿Cómo enseñar algo sin robar lo material ni lo doloroso?

¿Cómo no esperar siempre del futuro lo rápido y la velocidad del logro desmemoriado?

¿Cómo hacer una pedagogía que no sea racista?

¿Se puede acaso enseñar algo haciendo como si la violencia no existiera?

¿Cómo orientarse ante el binomio que disgrega teoría y práctica?

¿Cómo emanciparse de la “distancia crítica” y de esa noción de crítica que expulsa al cuerpo de las esferas de lo pensante?

¿Existe un lugar en el que se pueda mezclar pedagogía y sexualidad sin los marcos que han regulado ese vínculo habitualmente permeado por el abuso y la perversión?

¿Cómo “incluir” la sexualidad va a ser tan difícil si se supone que la traemos puesta?

¿Puedes enseñar poniendo el culo compañera, prima, vecina, hermana de una sangre ansiosa por una ética del aprendizaje?

¿Cómo emancipar la sexualidad que no es heterocentrada de lo pervertido?

¿Por qué podría escribir yo sobre pedagogía cuir?

¿Qué me habilita para hacerlo?

¿Existen expertas del tema?

¿A partir de qué se configuraría la experticia en algo tan difuso?

¿Por qué no existen lxs expertxs cuir, y sólo los expertos de lo queer?

¿Por qué en los procesos pedagógicos que ejerzo, o que creo ejercer, tantas veces las estudiantes me preguntan si utilizo o tengo una metodología porque no se nota que la tengo si voy vestida así y trato de escuchar cómo se organiza un grupo cuando no se le dan órdenes?

¿Un texto que no afirma nada y solo duda es quizás lo más pedagógico y lo más cuir que logro decir?

 [divider]

Lucía Egaña Rojas (1979 Münster [Chile]) Es Doctora en Comunicación Audivisual (UAB, 2016), Licenciada en Artes Visuales (PUC, Chile 1998-2001), Diplomada en Estética y pensamiento contemporáneo (UDP, Chile 2002), y Máster en Documental Creativo (UAB 2004-05). Artista independiente y video-maker. Como artista trabaja en proyectos que a través de metodologías colaborativas problematizan la noción de autor, la construcción de imaginarios sociales en la cultura popular. Durante unos años formó parte del colectivo barcelonés desBASURAment, tendente a la reutilización de objetos, tecnología e imágenes. En 2011 realizó “Mi sexualidad es una creación artística”, su primer documental, exhibido en festivales y encuentros en más de 15 países.

https://luciaegana.net/

 

Abrir publicación

El discurso transfóbico, el verdadero caballo de Troya del feminismo

por Láurel Miranda

Si eres feminista y no plantas cara a quienes en nombre de este movimiento político violentan a personas trans y no binarias, temo decirte que se llama complicidad. Del mismo modo en que hablamos del pacto patriarcal para denunciar la complicidad entre hombres, así como su silencio o pasividad ante los actos misóginos de sus congéneres, podemos y debemos hablar también de aquellas mujeres cisgénero feministas que deciden pasar de largo los actos transfóbicos de sus presuntas compañeras de lucha.

Qué tan lejos hemos dejado avanzar la transfobia en México que ahora se convoca a “marchas feministas” ya no para luchar a favor de los derechos de las mujeres, sino para impedir que las poblaciones trans accedan a ellos. Esto es precisamente lo que está ocurriendo en lugares como Puebla, donde un colectivo de feministas radicales ha tomado como su principal objetivo impedir que se apruebe la Ley Agnes, una iniciativa con la que las personas trans podrían ver reconocida su identidad sexogenérica mediante un trámite administrativo. En el Estado de México ocurre algo similar, pues otro colectivo ha hecho un llamado para que la marcha del 8 de marzo sea “contra el borrado de las mujeres”.

Marcha organizada en nombre del feminismo contra los derechos de las personas trans.

¿A qué se refiere este presunto borrado de mujeres?, ¿cuáles mujeres?, ¿blancas, racializadas, pobres, trabajadoras sexuales, trans…?, ¿cómo podría borrarse a más de la mitad de la población mundial? Bien, pues del mismo modo en que construcciones discursivas como “ideología de género” o “lobby gay” llegaron con fuerza desde los sectores más conservadores de la sociedad para reprimir a la diversidad sexogenérica, ahora nos enfrentamos al presunto “borrado de mujeres”, una idea que (aparentemente) no es impulsada ni por la iglesia ni por la ultraderecha, sino por voces feministas de periodistas, escritoras e intelectuales, tales como la ex diputada del partido español PSOE Ángeles Álvarez, la antropóloga y académica mexicana Marcela Lagarde o la creadora de Harry PotterJ.K. Rowling.

La lucha contra el “borrado de mujeres” se ha erigido para impedir que en países como España, Reino Unido (y ahora México) entren en vigor leyes que permitan el reconocimiento de las identidades sexogenéricas de las personas trans y no binarias mediante trámites administrativos y ya no a través de juicios o certificaciones de género, para las que se necesitan acompañamientos psicológicos o psiquiátricos, así como tratamientos hormonales, los cuales han contribuido históricamente con la patologización de las personas trans.

En España, por ejemplo, Ángeles Álvarez y el sector transexcluyente del feminismo español, consideran que de aprobarse la Ley Trans, ésta pondría en peligro la representación de las mujeres –de nuevo: ¿qué mujeres?– en los distintos ámbitos de la vida pública como la política, deportes, espectáculos, etcétera. El argumento de Álvarez se desbarata cuando constatamos en las estadísticas que las poblaciones trans somos minoría en el mundo, y sin embargo con un alto índice de crímenes de odio en nuestra contra, una alta tasa de suicidios y una esperanza de vida reducida. En contraste, son contados los casos de personas trans en las esferas antes descritas, y aún así se emplean de forma sensacionalista, particularmente en el mundo de los deportes, para acusar que su presencia pone en peligro la posibilidad de victoria de las “mujeres biológicas” (sic).

Me parece increíble que en pleno 2021, luego de décadas y décadas de feminismos y estudios de género, frases como “mujeres biológicas” y “hombres biológicos” (sic) sigan siendo empleadas como argumentos para descartar la legitimidad de las identidades trans y para enarbolar abiertamente una lucha en contra de nuestros derechos más básicos: identidad, libre desarrollo de la personalidad, a la no discriminación, acceso a la educación y a un trabajo digno.

Y es que más que estar en contra del “borrado de las mujeres”, las voces transexcluyentes están en contra de la categoría género y a favor de la reivindicación de la realidad material del sexo como factor único y decisivo para determinar quién sí y quién no es mujer; se trata, pues, de una postura esencialista contra la que, de hecho, el feminismo lleva años luchando. Consideran, además, que de su realidad sexuada deriva una “opresión primaria”, con lo que universalizan las experiencias de todas las mujeres y dejan de lado aspectos de la identidad como raza, clase u orientación sexual, que en el caso de algunas mujeres se trata del factor principal de la opresión en que viven.

“Hay mujeres que son negras, mujeres que son lesbianas, mujeres que son trans y mujeres pobres. No sólo sufren discriminación por ser mujeres, sino por su raza, su género o su situación socioeconómica (…) El feminismo está en contra de la opresión de género y la explotación, si hay mujeres afectadas por el racismo o por la homofobia o por la transfobia, luchar contra eso es parte de la liberación”, señala Reni Eddo-Lodge, feminista y periodista británica.

Es debido a la particularidad de nuestras realidades y las distintas violencias que nos atraviesan, que me parece necesario ser sincera y señalar que en esta ocasión hablo de lo peligroso que es el discurso transexcluyente para las mujeres trans; sin embargo, me gustaría subrayar que éste atenta también contra otras posibilidades de vida: hombres trans, por ejemplo, a quienes llaman “hermanas” si deciden detransicionar, o traidorAs y “lesbofóbicas” si deciden mantenerse firmes en su transición de género. Basta con ver la violencia con que se lanzan contra hombres trans que, en tanto tienen también la capacidad de gestar, han acudido a marchas a favor de la despenalización del aborto:

Como señalan Gracia Trujillo y Moira Pérez, “con frecuencia se resalta del feminismo TERF su oposición a incorporar a las mujeres trans dentro del movimiento de mujeres (o del colectivo mismo). Sin embargo, se trata en realidad de un feminismo excluyente en términos amplios, que se opone, desde el privilegio, a distintas formas de autonomía decisional, autonomía corporal, al derecho a la identidad, al derecho a una vida libre de violencia… El movimiento feminista excluyente es contrario a muchas formas de existencia: no solo de todo el espectro de personas trans y no binarias, sino también de las trabajadoras y trabajadores sexuales o de cualquier persona que recurra a la gestación por sustitución, entre otros. En el caso de estos dos últimos, el trabajo sexual y la gestación por sustitución se entienden en todos los casos como violencias contra las mujeres. Este análisis no se ajusta a la realidad, obtura el avance de derechos para las personas directamente involucradas en estas prácticas y las sitúa en posiciones de víctimas pasivas sin, por otra parte, escucharlas”.

El peligro de este discurso no radica únicamente en su lucha por restringir derechos, sino también en su función como caldo de cultivo para reforzar estigmas y prejuicios en contra de nuestra comunidad. Ahí tenemos, por ejemplo, el caso reciente de las pintas que manifestantes transfóbicas realizaron para posicionarse en contra de la Ley de Identidad de Género y que, sin embargo, fueron atribuidas por medios locales a personas trans. Al final del día la construcción discursiva y mediática que se hace de nuestras identidades, que nos asocia con lo anormal, lo fuera de lugar, lo iracundo, alimenta también los crímenes de odio en nuestra contra, particularmente los transfeminicidios.

Pintas de feministas transfóbicas, atribuidas por medios locales a activistas trans

En el contexto actual, no suscribir el discurso transfóbico o desmarcarse de él no es suficiente: también hay que posicionarse en su contra. Por ello aplaudo a la colectiva Dignas Hijas, que desde agosto del año pasado y luego de visualizar la forma en que el feminismo está siendo instrumentalizado con fines transfóbicos lanzaron la iniciativa #NoEnNuestroNombre para subrayar que “los derechos de las personas trans son derechos humanos, no una amenaza”.

Queridas aliadas, queridas feministas cisgénero, si desean identificar cuál es el caballo de Troya en su movimiento, les invito a analizar qué discurso se aproxima más al de la ultraderecha. ¿Es acaso el que lucha por los derechos y digna existencia de las personas trans o el de sus “hermanas” abolicionistas, que ven un peligro en la otredad? No nos equivoquemos, que se frenen las leyes que permiten el reconocimiento de las identidades sexogenéricas no va a lograr que haya menos personas trans, sólo repercute en que nuestras vidas sean más difíciles y tengamos un acceso limitado a nuestros derechos.

En este momento la avanzada va contra personas trans y trabajadoras sexuales, pero de continuar con la tibieza, la factura también les alcanzará a ustedes. No al pacto (cis)patriarcal.

**Un abrazo y mi solidaridad con Siobhan Guerrero y Ophelia Pastrana, cuyo nombre e imagen se ha empleado para denostar a la comunidad transgénero cuando figuras como ellas ponen en alto nuestras identidades a la vez que dedican su vida por la defensa y conquistar de nuestros derechos.


  • Twitter, Facebook, Instagram y TikTok: @laurelyeye
  • YouTube: Láurel Miranda
  • Este texto, que forma parte de mi blog #SerEsResistir, se publicó originalmente en otro medio.

Láurel Miranda es una mujer trans, periodista, licenciada en Ciencias de la comunicación y egresada en Historia del arte por la UNAM. Se desempeña en el área digital de Grupo MILENIO como SEO manager; es profesora de periodismo multimedia en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM y de Marketing Digital en la Universidad de la Comunicación. Ama a su familia, su gato y el chocolate caliente.

Abrir publicación

MANIFIESTO FEMINISTA SEXO-DISIDENTE

por la Internacional de Zorritas, colectiva anti-patriarcal y anti-capitalista

I

Concebimos este manifiesto como una forma de posicionarnos políticamente frente a los crecientes discursos transfóbicos en diversos espacios sociales, particularmente en aquellos que se nombran feministas. Creemos que estos discursos están lejos de contribuir a la constitución de formas de organización que nos permitan avanzar en la lucha contra el patriarcado-capifascista, racista, capacitista y cis-heterosexista actual. En el corazón de los mismos se encuentran discursos de odio que impiden la construcción de alianzas entre movimientos cuyas reivindicaciones no sólo no son excluyentes sino que su unión es fundamental para alcanzar nuestro objetivo: emancipación y vida digna.

Invocamos el espíritu de quienes consideran que sin todas nosotras, sin todas las mujeres -incluidas las mujeres trans- en toda nuestra similitud y diferencia (de clase, de color -negras, latinas, morenas, mestizas, indígenas, etcétera- de geografías, de capacidades) no hay lucha y no hay feminismo. Los saberes que aquí compartimos son fruto de nuestras experiencias de vida y acompañamiento sororo, desde la ternura radical y la digna rabia. A quienes se sientan interpeladAs e interpeladXs y deseen transitar y multifurcar los senderos que aquí hemos trazado, les saludamos cariñosamente y esperamos seguir tejiendo la lucha en colectiva.

II

Asumimos en primer lugar que ser feminista es reconocer que a lo largo de la historia, y aún hoy, han existido diversas y constantes formas de opresión y violencia contra las mujeres. Dichas violencias y opresiones tienen un carácter sistemático y estructural, se fundamentan en una jerarquía que posiciona a los hombres y a los ideales de masculinidad por sobre las mujeres y los ideales de feminidad y pretende ser naturalizada según una norma cis-heterosexista, la cual toma como paradigma el imperativo de la reproducción de la especie en cada individuo que la conforma. Estas violencias y opresiones se manifiestan día a día en expresiones concretas, de forma simbólica, cultural, fantasmática, mediática, etc. y perviven en las representaciones del imaginario social, consciente e inconsciente, con el que experienciamos nuestro mundo.

Asimismo, ser feminista es reconocer todos los privilegios políticos que poseen los hombres, dentro de este patriarcado-capifascista: un privilegio ontológico, en tanto este mundo está hecho por y para los hombres: sus experiencias, sus vivencias, sus deseos y sus cuerpos; un privilegio epistémico, en tanto sus saberes, criterios y validaciones son considerados paradigma de objetividad e intersubjetividad; un privilegio económico: en tanto ellos son los dueños de los medios de producción, de la riqueza y del tiempo en el capitalismo neoliberal y transnacional que impone día con día una perspectiva mercantilista de todo lo que existe; un privilegio social, porque son ellos el modelo indiscutible del sujeto político, de derechos, de ciudadanía, de ocio, de honores y de bienestar.

Ser feminista es tener siempre presente que los hombres y las mujeres no son y nunca han sido iguales. Porque si bien las consignas igualitaristas han servido estratégicamente a lo largo de la historia política de occidente, éstas siempre estarán limitadas a una lógica racista, capacitista, capitalista y colonial: el feminismo no se reduce, ni puede reducirse, a lo que se nombra como “feminismo liberal”, es decir a la realización del objetivo de la igualdad de algunAs -y algunXs – con los hombres, a costa de otrAs y otrXs. Lo que buscamos es que nuestras vidas sean tratadas como dignas de ser vividas: por ejemplo, a nivel material exigimos una renta básica universal justamente distribuida -por el momento y tan solo mientras derrocamos el capitalismo-. Por tal motivo, rechazamos el discurso igualitarista del feminismo liberal y reivindicamos el carácter político de la diferencia sexual: una diferencia históricamente constituida, material, pero de ningún modo absoluta, binaria o cis-heterosexista.

Aunado a esto, consideramos que ser feminista es reconocer el carácter necesario de un pensamiento interseccional: el patriarcado-capifascista al que nos enfrentamos, además de ser sexista, misógino y machista, es inherentemente racista, capacitista, cis-heterosexista; y si bien es posible hacer distinciones analíticas para resaltar en ciertos contextos alguna de estas características, en la realidad todos estos violentos sistemas políticos de organización social están implicados y se sostienen en conjunto. El carácter holístico de este mundo patriarcal-capifascista también desenmascara las supuestas simplificaciones y la univocidad del pensamiento dicotómico entre señorío y servidumbre: en tanto dinámico y complejo, todOs, todAs y todXs participamos en estas violencias, sin obviar que son los hombres los que mayoritariamente las han ejercido -y las siguen ejerciendo -mientras que son las mujeres quienes se han llevado -y aún hoy se llevan- la peor parte. Y quienes más se benefician son ese 1% constituido por hombres blancos, cis- heterosexuales, dueños de los medios de producción a nivel mundial.

Empero, y dado el carácter contingente de todo sistema social, asumimos que ser feminista significa no solo reconocer el carácter injusto de este mundo patriarcal, sino negarse a aceptarlo y trabajar -desde nuestras trincheras y del modo en que nos sea posible- en la construcción de otro mundo: un mundo más digno.

III

Asumimos también que ser mujer, hombre o ninguna de estas categorías es el efecto de un continuo constituirse -y haber sido constituido- materialmente de manera consciente o inconsciente, según un sexo-género determinado dentro de redes de relaciones de poder en sociedades específicas.

Por ello, negamos cualquier forma de esencialismo: no existe un modelo paradigmático y atemporal sobre lo que es ser mujer, hombre o cualquier otra categoría y nadie debería seguir modelos inencarnables que nos dicten lo que deberíamos ser. Así, afirmamos que las identidades políticas, el deseo y el reconocimiento de nuestro propio sexo-género es enteramente producto de nuestras propias, particulares y plurales historias de vida dentro de un vasto y complejo entramado social -dotado de sentido por lo anteriormente acontecido, pero siempre abierto al porvenir-. De esta manera, podemos dar cuenta de que las mujeres trans -dentro de su infinita pluralidad -tienen una historicidad diversa a la de otras mujeres, pero del mismo modo y en el mismo sentido que asumimos que las mujeres obreras, o las mujeres racializadas, -también dentro de su infinita pluralidad -lo tienen respecto a las mujeres blancas de clase media.

Por otra parte, nos posicionamos en contra de toda forma de reduccionismo de sexo-género: consideramos teóricamente improductivas y políticamente perjudiciales las asunciones de cualquier postura que reduzca un determinado sexo-género a cierta anatomía o asignación social específica. Ser mujer, hombre o ninguna de estas categorías es algo más complejo y elaborado. Asimismo, rechazamos la división dicotómica, casi ontológica, entre sexo y género, puesto que creemos firmemente que ambas categorías, en tanto dispositivos de control y dominación dentro de este patriarcado-capifascista, están implicadas y ambas se entrelazan para constituir las vidas que vivimos y las violencias que sufrimos.

Por ello, nos posicionamos en contra del género, pues éste no es una opción libre y segura que podamos o no elegir, sino un dispositivo de constitución y reproducción de la violencia de este patriarcado-capifascista, racista, capacitista y cis-heterosexista. Pero también nos posicionamos contra el sexo. Éste no es -ni ha sido nunca- naturalmente dado, sino que es un dispositivo de control social que refuerza el género haciéndose pasar por su fundamento sagrado o intocable. Prueba de ello es que el sexo ha sido históricamente constituido de manera correspondentista (cuerpo, deseo y posición social deben coincidir), binarista (solo existen dos sexos: hombre y mujer) y determinista (es imposible ir contra estas determinaciones). De esta manera, asumimos y exigimos distinguir el sexo-género tanto de la genitalidad de los cuerpos humanos (necesarios para la reproducción de la especie) como de sus expresiones corporales visibles (incluidas las hormonales y la información genotípica y fenotípica de cada quien).

Nos posicionamos en contra del género y en contra el sexo para no reificarlos, pero reconocemos la necesidad de no trivializarlos: el sexo-género existe, tiene una materialidad empíricamente constatable y es la causa de los múltiples efectos políticos que sostienen el entramado social de este patriarcado-capifascista violento. Repudiamos enérgicamente aquellas penosas posiciones utilizadas para humillar o criminalizar a las mujeres trans y/o a las mujeres racializadas, en virtud de que su modo de ser supuestamente refuerza el género  al reproducir estereotipos o ejercer violencias patriarcales-, ya que todAs y todXs lo hacemos en mayor o menor medida. Asimismo, mostramos nuestra perplejidad al descubrir que normalmente quienes asumen estas posiciones abogan por un reduccionismo, biologicista o culturalista, reforzando también el género a través del sexo.

IV

En cuanto a la socialización del sexo-género en el marco del sistema patriarcal- capitalista,  racista, capacitista y cis-heterosexista, afirmamos que ésta consiste en la imposición violenta de determinadas normas que pretenden regular y controlar nuestras vidas y nuestros cuerpos bajo la amenaza de que, de no someternos a su ley enfrentaremos consecuencias eventualmente fatales -como el feminicidio y los crímenes de odio-. Así, el incorporar, reproducir y comportarse según estas normas violentas condiciona injusta y arbitrariamente nuestra existencia día con día. Reconocemos también que estas normas no tienen ningún fundamento real, y que todo su peso se basa en la autoridad y los intereses políticos y económicos de una minoría.

Sin embargo, a pesar de que estamos en la violenta obligación de repetir las normas de sexo-género, encontramos siempre la posibilidad de un espacio de negociación y/o confrontación con su ley. Es históricamente constatable que la rebeldía, la digna rabia y las luchas tanto feministas como sexo-disidentes han logrado con un inmenso esfuerzo, reivindicar algunos aspectos de las vidas de algunas mujeres y sexo-disidentes y con ello han contribuido -aunque sea un poco- a la erradicación de este patriarcado-capifascista. Afirmamos además que estos logros nunca han sido producto de esfuerzos individuales, sino que siempre son el resultado de luchas políticas comunitarias y alianzas entre distintas subjetividades socialmente organizadas.

Sostenemos firmemente que es posible la abolición de la violencia patriarcal, y la deconstrucción de aquel pedazo de patriarcado-capifascista que hemos incorporado de manera coercitiva. Pero reconocemos que para que esto ocurra es necesario asumir y trabajar constantemente las propias violencias, y no ser cómplices de las violencias ajenas. Asimismo, enfatizamos enérgicamente que la distribución diferenciada de nuestras posiciones sociales en este sistema patriarcal implica asumir que no partimos del mismo punto, que no tenemos los mismos compromisos ni luchamos por erradicar las mismas violencias. Por tanto, nuestras estrategias de lucha son, han sido y serán, siempre distintas. En especial, repudiamos la voluntad de aquellos hombres -y algunas mujeres blancas y de clase media – que le dicen a una mujer cómo ser feminista.

También afirmamos que no es posible exigir un cambio radical instantáneo: nos posicionamos en contra de todos esos fascismos y policías internas que pretenden dictarle a nuestros cuerpos y a nuestras historias qué hacer. Si bien trabajamos para la erradicación de este patriarcado-capifascista, racista, capacitista y cis-heterosexista -y por la construcción de un otro mundo más digno y vivible para todAs y todXs- reconocemos que hay elementos del deseo que no son ni libres ni voluntarios -como nos hace creer constantemente el capitalismo neoliberal- y por lo tanto ni exigimos a nadie ni nos exigimos a nosotrAs ni nosotrXs mismA/Xs un ideal de lucha que ningún cuerpo puede encarnar.

Creemos, por tanto, en que nuestra resistencia radica en la plasticidad de nuestro cuerpo y nuestra psique (entendida ésta como el espacio de disputa política entre lo que somos y lo que nos obligan a ser). Por tal motivo, reconocemos dos momentos concretos en que nuestra rebeldía se manifiesta por primera vez, para continuar emergiendo constantemente: primero, el momento de la fijación e identificación inconsciente con determinado sexo-género socialmente impuesto (desde la más tierna infancia); y segundo, el momento de la autoconsciencia del propio sexo-género, con la posterior voluntad de querer transformarlo para reapropiarnos de nuestro cuerpo y de nuestras vidas, en tanto dignas de vivirse.

Del párrafo anterior, enfatizamos la distinción entre la asignación sexo-genérica cultural al nacer, y la identificación psíquica -inconsciente e involuntaria- que opera en nuestros cuerpos, y que tiene como efecto la digna rebeldía de la constitución de las disidencias sexuales (hombres y mujeres lesbianas, jotas, bisexuales, trans, intersex, y quienes son no-binaries, cuir o de género-no conforme). Es por ello que estamos en contra de la idea de que las disidencias sexuales sean un “mero sentimiento”. Si alguien expresa sentirse de determinado sexo-género, sus sentimientos no son triviales, simples o inválidos. Sospechamos que quienes son de esta opinión asumen una lógica patriarcal- capitalista neoliberal, racista, colonial y falocéntrica acerca del papel de los sentimientos y de las subjetividades en el mundo. No nos sorprende entonces encontrar que muchos de los discursos transfóbicos -como las declaraciones de Laura Lecuona y Joanne K. Rowling– y de discursos misóginos -como la afirmación de la influencer Ofelia Pastrana de que “si tanto es que sufres tú por ser mujer, puedes ir y ser hombre”- coinciden en su lógica interna. Repudiamos cualquiera de estos dos discursos.

Asimismo, aunque sostenemos que ser mujer no es una cuestión volitiva, afirmamos que esto no es en modo alguno una condición que lleve a un destino fatal. Desde el momento de la autoconsciencia -incluso inconscientemente desde mucho antes-, los cuerpos de las mujeres expresan su infinita rebeldía, digna rabia y voluntad de reapropiarse dignamente de sus vidas. Ser feminista implica asumir un compromiso político acorde a este deseo, significa reivindicar como mujer un propio espacio para la agencia.

V

Finalmente, manifestamos la voluntad de aclarar ciertos malos entendidos sobre la crítica en ciertos espacios sexo-disidentes al sujeto político del feminismo. Dicha crítica tuvo  -y sigue teniendo- como objetivo posicionar a la interseccionalidad como necesaria para la lucha política, es decir, para sostener que el sistema patriarcal- capifascista en el que vivimos, además de ser sexista, misógino y machista, es necesarimante racista, capacitista y cis-heterosexista.

El objetivo de dicha crítica nunca ha tenido la finalidad de incluir a los hombres como el sujeto político del feminismo. Este razonamiento proviene de los prejuicios transfóbicos y heterosexistas de quienes refuerzan el género a través de la categoría de sexo. Aunado al violento discurso de odio que ha posicionado la derecha con el nombre de “ideología de género”, existe hoy en día la idea de que cuestionar el sexo implica cometer un supuesto “borrado de mujeres”. Esto no solo es perjudicial para el feminismo y violento para las mujeres trans, sino que además es absurdo: no es posible que una clase minoritaria e históricamente oprimida sea capaz de borrar las reivindicaciones políticas de aproximadamente la mitad de la población mundial. Hacemos el llamado a erradicar estos discursos de odio.

Sostenemos, finalmente y tomando en cuenta todo lo anterior, que si las mujeres trans se asumen como mujeres es porque son mujeres. Y lo que busca el feminismo es la posibilidad de que las mujeres -en toda su inmensa pluralidad – se vivan como tales en dignidad. Sin la incorporación de las mujeres trans en el feminismo, no hay feminismo.

También afirmamos que los hombres de la disidencia sexual -incluidos los hombres trans comparten violencias simbólicas, fantasmáticas, históricas, etc. con las mujeres, al ser cuerpos socialmente feminizados. Por tanto, aunque no son mujeres y no son propiamente sujetos del feminismo, son aliados y aliadXs indispensables para esta lucha, y sus reivindicaciones contribuyen firmemente a erradicar este patriarcado-capifascista. De la misma forma, quienes se asumen no-binaries, queer o de género no-conforme también comparten violencias simbólicas con las mujeres y las demás disidencias sexuales, en tanto que sus cuerpos desafían las lógicas patriarcales-capitalistas del sexo-género: el binarismo, el correspondentismo y el biologicismo, además de rebelarse en contra de la feminización o masculinización constante, violenta y arbitraria de sus cuerpos.

NosotrAs y nosotrXs nos reivindicamos como feministas sexo-disidentes porque nos damos cuenta de que   históricamente han existido y existen diversas formas de violencia sistémica contra las mujeres y las disidencias sexuales, porque creemos que esto no debe seguir pasando y porque asumimos compromisos -dentro de nuestras posibilidades- para contribuir, en colectivo, a la constitución de otro mundo posible. NosotrAs y NosotrXs, feministas sexo-disidentes, les saludamos con infinita ternura y abrazamos solidariamente sus luchas por la dignidad y desde la digna rabia.

Larga vida al feminismo sexo-disidente.

[divider]

Autorxs

Miembrxs de la Internacional de Zorritas, colectiva anti-patriarcal y anti-capitalista

Página Oficial: https://internacionaldezorritas.wordpress.com/

Redes sociales: https://www.facebook.com/InternacionaldeZorritas

Laura J. Rosales AKA Rhoda.

Mujer. He asumido “el feminismo” como proyecto ético y político de vida desde el 2014. Actualmente desarrollo una tesis doctoral en la que trato de avanzar en el conocimiento de los procesos de trabajo en que están involucradas mujeres conductoras de Servicios Privados de Transporte en México, en el marco de los Estudios Filosóficos y Sociales de la Ciencia y de la Tecnología, y en diálogo con una tradición de pensamiento feminista-marxista. 

 Ferk Vélez

Sexo-disidente. Filósofx. Profesorx de Profesorx de Filosofía, Ciencias Sociales y Humanidades, especialmente en temas de sexo-género desde una mirada crítica, feminista, anti-capitalista y anti-colonial. Desde 2012 participo en diversas organizaciones y colectivas por los Derechos Humanos, en especial de los derechos LGBTIQ+. Autorx de la tesis  “Del sexo a la plasticidad del cuerpo: hacia una ontología crítica de la performatividad del género de Judith Butler”.

Abrir publicación

¿Qué se siente acompañar a una persona que transiciona?

Este texto surge de correspondencia con una amiga, en la que intento responder cómo he vivido la transición de mi esposa. Todo lo que aquí digo es producto de mi experiencia, que no necesariamente se parece a otras.

Te confieso que tu correo anterior generó un temblor casi imperceptible desde fuera pero movió todo de lugar adentro. Las preguntas que me haces sobre la transición de L., si bien son las mismas que otros amigos me han hecho, me generaron una sensación inquieta. Pasé por días tristes, sintiéndome un poco perdida, hasta que encontré de nuevo mis Nortes. Mis Nortes son pensadoras y escritoras como Adrienne Maree Brown, Audre Lorde, bell hooks, Gloria Anzaldúa, Lorena Cabnal, la Cusicanqui, por mencionar algunas. Ellas hablan del amor como una potencia que se revela en la transformación, del placer propio como poder y como camino de acción. Hablan también de la sanación como acto político enraizado en lo ancestral; y consideran que lo indeterminado o queer es poderoso. Todas estas ideas resuenan dentro de mí: me considero una persona libre, sobre todo en mis afectos y en mis placeres. Pero, a veces, también mi libertad y yo nos asustamos. Es difícil acompañar una transición, si bien el camino es hermoso.

Obra de Liliana Ang

Hay días y días.

Hasta ahora, hemos gozado de un proceso muy privado, y eso nos ha tenido muy protegidas. Hemos podido criar concentradas en nosotras, manteniendo pocos espacios de contacto con el mundo. Estos tres años han sido una buena cantidad de tiempo para entender la transformación, sanar lo que duele y acompañar este proceso, que es lo que me toca.

Hay días en que es desgastante sentir las emociones que genera un proceso así: su duda o miedo, mezclados con mi inseguridad o mi rabia. Creo que una parte de transicionar es sanar. En el movimiento de la transición se descubren heridas emocionales, causadas por no haber podido ser quien se es desde el principio. A su alrededor han crecido como maleza la culpa, el miedo, la soledad, la desesperanza. El movimiento lo descubre todo: las heridas tienen que airearse, recibir el sol, limpiarse con agua. Imagino que cuando se transiciona joven duele menos que hacerlo a los 37 años. Creo que por esto, entre otras cosas, es tan importante crear un ambiente tranquilo y de apoyo para las infancias y adolescencias trans.

Cuando se acompaña una transición a veces hay que limpiar heridas. La relación, elástica como un puente que une dos personas, recibe el peso de los cuidados. Los cuidados pesan en el cuerpo y en las relaciones.

Hay días en que es muy difícil; algo se desajusta y no entiendo qué. Hay días en que me doy cuenta que sus gestos están cambiando y tardo en reconocerle. Ella va cambiando físicamente, por momentos muy rápido o lento, en otros parece estancarse. En este movimiento permanente hay cosas que me gustaban y que desaparecen; algunas que no me gustaban desaparecen también y nuevas emergen. Surgen torpemente como todo lo que nace, a veces con muchos aspavientos, otras veces naturales. En ocasiones, aquello que emergió desaparece después. A estos ritmos naturales me he acostumbrado.

La despedida de las cosas que me gustaban fue dura. Por ejemplo, cuando dejó de ser «varonil» me costó mucho. Yo creo que siempre extrañaré su barba y una especie de timidez varonil que poseía y que me cautivó cuando le conocí. Estos cambios no se dieron de un día para otro. Un día me di cuenta de que hacía tiempo que ya no era como yo pensaba. Simplemente estuve triste un tiempo largo; poco a poco pasó el sentimiento. Luego ya estaba enamorada de otros aspectos de ella, cosas nuevas. A veces tengo la sensación de haberme enamorado de otra persona, aunque sean la misma. No expresan la timidez de la misma manera, aunque ambxs son tímidxs. En sus gestos, en sus formas de vestir y de hablar son diferentes. Ella se ve libre ahora, y veo claramente que antes no lo parecía.

No sirve de mucho hacer esta comparación entre una y otro, porque normalmente la transición se siente más como un fluir de olas. Una serie de transformaciones pequeñas; cosas que aparecen y desaparecen siguiendo un ritmo propio, natural.

Obra de Liliana Ang

Acompañar una transición se parece al acto de maternar, en tanto se cuida a alguien y una se implica en todos los niveles. Como dice Alejandra Eme Vázquez, cuidar es poner el cuerpo. Si lo hago por periodos largos es fácil perder el sentido de quién soy: qué necesidades tengo, qué me causa placer o cuándo necesito descanso. Aún cuando lo sé, a veces no tengo el tiempo o los recursos para atenderme, no encuentro apoyo o me causa culpa cuidarme. Caminar junto a una transición no es maternar, pero implica tanto que temo perderme a mí misma en el camino. No quiero sentirme atada a la relación, vacía de mí, acompañando una revolución transformativa tan potente.

La manera que encontramos para evitarlo fue abrir la relación. En medio del oleaje, aseguro mi libertad entendiéndola como autonomía sobre mi cuerpo y mi persona. Encontré esta forma para alejar a los fantasmas que imponen un hasta que la muerte nos separe. Permanecemos juntas por decisión, porque la compañía de la otra nos da felicidad; no por costumbre ni obligación. Prefiero habitar un no saber en la oscuridad que huele a verdad. Hasta ahora, esta forma de libertad nos ha funcionado. La ejercemos responsablemente, apoyándonos en la comunicación y como ejercicio de honestidad constante.

Pero ante tanto cambio es natural que surja la pregunta que enuncias: ¿qué nos hace ser nosotrxs mismxs? En las sensaciones que me despierta esa pregunta se reúnen mis experiencias de los últimos años: la maternidad, la transición de mi pareja y un cambio de país. Siempre he confiado en la comicidad y brevedad de La Agrado. Yo matizo sus palabras diciendo que uno sabe cuando se acerca a quien uno verdaderamente es. El cuerpo lo dice. Me gusta mirar fotos de personas antes y después de transicionar. En las segundas, suelo encontrar una seguridad de la existencia que se expresa claramente en el cuerpo. El brillo en la mirada y la anchura de la sonrisa no se fingen. Sé que la transición de mi pareja la acerca a quien ella es. También sé que antes de y durante el proceso, ella sigue siendo. Ahora es más ella, es distinta y la misma a la vez. Su camino de libertad nos ha enseñado mucho.

Obra de Liliana Ang

Yo acompaño el caminar de mi pareja mientras atravieso mi propio proceso: todo lo que implica re-conocerla. Por cierto que esto es complicado de abordar: es la primera vez que lo pongo en palabras de forma cuidadosa y exhaustiva. El puente, el peso, el dolor de la herida y el proceso íntimo de reconocerla implica una serie de malabares emocionales de dificultad avanzada. Los años que pasé en terapia (antes de conocerla), el amor que nos tenemos y nuestro compromiso con el trabajo interior son valiosas herramientas, así como fuentes de paciencia. Pero puedo decirte que el acompañamiento no es fácil, en el proceso enfrentamos demonios internos, inseguridades y dolores vivos, en un mundo que ya de por sí exige mucho equilibrio para hacerle frente cotidianamente.

En el plano sexual, hasta ahora no ha habido mucho cambio. Sé que algunas personas trans enfrentan disforia si performan sexualmente como antes, pero no ha sido el caso de mi pareja. (Lo cual no implica que no ocurrirá.) Hasta ahora seguimos disfrutando su pene, pero no lo considero imprescindible. Siempre he sido una persona libre en lo sexual y la voz autorizada para decidir sobre mi placer. Hemos atravesado ajustes y etapas, eso sí. Porque la atracción sí cuenta, y mucho. En el océano del cambio hay días y días para el deseo: existen periodos de sequía, luego llegan las lluvias y hasta inundaciones.

También me preguntas si yo ya sentía atracción por mujeres desde antes y la pregunta me puso a temblar ante la dificultad de articular mis evasivos gustos. Desde que tengo memoria, habito un territorio incierto. He renunciado a etiquetarme, pero soy consciente de la ambigüedad. Hasta ahora, no me había interesado tener una relación de pareja con ninguna mujer. He tenido encuentros, pero en el plano de lo real siempre me gustaron los hombres. Esto también es complicado: me atraen las masculinidades no heteronormadas, disidentes, divergentes.

En todo caso, creo que cuando renuncias a las etiquetas, todo se vuelve un caldo orgánico con cosas que emergen y se sumergen de manera natural, viva. Y eso, para mí, se siente cómodo; o al menos ahí he aprendido a estar y a ser.

Las imágenes que acompañan este texto son parte de una herramienta de autonoconocimiento en forma de baraja de 50 cartas en torno a las transformaciones, la libertad y las relaciones. Esta especie de tarot amoroso fue desarrollada por la autora. Algunas de las frases que aparecen en las cartas provienen de reflexiones de la artista y activista trans Lía Sirena.

 

Abrir publicación

AFECTOS, POLÍTICAS Y SUEÑOS

fotografía del archivo Walpurgis Gara

por Benjamín Martínez Castañeda

El presente escrito es una reflexión, muy personal, de lo que considero alianza y amistad; en ambos casos se trata de políticas, en el caso de la primera es afectiva, en la segunda son relaciones de poder. Pienso la alianza como afecto, en la medida en que somos intensidades y devenimos potencias creativas en el momento en que nos unimos con otras fuerzas; mientras que, veo en la amistad un contrato y un ejercicio de poder vertical disfrazado de compañerismo.

A continuación, compartiré tres emociones que me han acompañado en diferentes momentos personales, laborales, académicos y sentimentales; estos son: alegría, desilusión y resistencia.

UNO:

No sé desde dónde escribo, siento que desde muchos lugares, tengo emociones encontradas. En primer lugar, Hysteria! Revista ha sido un espacio de encuentro entre muchas mentes y cuerpos, aquí empecé a escribir por primera vez y pude compartir lo que había en mi cabecita allá por el 2013; gracias a esta oportunidad, pude dialogar y hacer alianzas con Liz, Tadeo, Lucre, Jorge, Johan, Lía, Bala… Entre nosotras aún perreamos, a la distancia, en la mente o cuerpo a cuerpo; pero nunca solas.

En Hysteria! conocí la interseccionalidad, me tiraron un bracito e hicimos una alianza; aprendí que las luchas son colectivas, pero también personales e individuales. Que si le va bien a una, nos va bien a todas. Que cada lucha y espacio ganado es para una y, lo es también, para todas; sin territorialidad, pero sí con la obligación de reconocer por qué, y por quién, llegamos ahí.

DOS:

Recientemente me enfrenté a las políticas de la amistad, esa farsa que supone que los amigos somos libres e iguales, siempre y cuando se esté alineado a su discurso moralizador y a su monopolio de justicia (Derrida, 1998); porque, bajo el llamado de la amistad está el bloqueo y el chantaje. Si somos libres, ¿por qué he de aceptar las condiciones? Si somos iguales, ¿por qué he de aceptar la indiferencia hacia mi?

Me vinieron con el cuento de que aún no es mi tiempo, pero nunca lo será; si uno no procura las acciones, tu tiempo nunca llegará. Me vinieron con el cuento de ponerme la camisa, pero no me dijeron que era de fuerza; porque hacer algo afuera de la amistad sería considerado desleal. Me vinieron con el cuento de los afectos, pero los del gaslighting y dudé de todas mis facultades y capacidades; me convertí en un fantasma de pasillo.

Después de ese amoroso ghosting, me pregunto, ¿por qué no me fui antes? Tras esta experiencia, veo que la amistad no deja de ser una práctica hegemónica y totalizadora; en la que si no estás conmigo, estás en contra de mi. Una vieja forma reaccionaria de controlar los cuerpos, las emociones y los afectos.

TRES:

Todo mundo sabe que soy amante del cruising, asiduo a los vapores, miembro exclusivo del último vagón del metro y voyerista en las apps de ligue. Pero, cuando comencé a impartir clases a nivel universitario, en esta política de la amistad, se me pidió olvidarme de esas prácticas o que me anduviera con cuidado para no ser visto por los estudiantes. Me dio mucha tristeza, pues implicaba volver al closet.

Me negué a todo esto, pues no sería congruente con mi persona y pensamiento; me aferré a mi devenir marica y lo hice mi alianza con mis estudiantes. Intervine mis programas para tener presente al arte y filosofías LGBTTTIQ+, comencé con un tema, después con una unidad, y ahora es todo el curso.

Asumirme como profesor universitario marica y travesti, fuera del closet, lo considero una forma de acompañar a mis estudiantes en sus procesos personales y artísticos; que sepan que no están solos y que no son las únicas locas en las aulas. Y creo que, mejor aún, llevar la historia y teoría del arte LGBTTTIQ+ al currículo, es una alianza entre las locas que ya no están, las que están y las que vendrán.

La educación artística se ha preocupado por la investigación, la producción y las experiencias de unos cuantos; que ha olvidado a las maricas dentro de su horizonte. Apropiándome de una frase de Lemebel, el día que la educación artística involucre a las locas, no me llames, porque ya estaré en primera fila.

Ya aquí, en el final, quiero agradecer a cada una de las personas que me han acompañado; reconocer que han dejado cosas positivas y negativas en mí. Injusto sería que no me dejaran algo. Sigamos adelante en este devenir intensidades y afectos.

[divider]

Benjamín Martínez Castañeda (Ciudad de México, 1988). Artista-investigador marica y travesti. Su investigación gira entorno a las figuras del Drag Queen y el travestismo en la cultura visual contemporánea en América Latina. Considera el dragcuinismo como una metodología de investigación y producción artística.

Su obra se ha mostrado en el CENIDIAP, CCBorder, FFyL (UNAM), UACM, SNTISSSTE, Instituto Lou Andreas Salomé, Ex Teresa Arte Actual, MUAC, Fundación Pedro Meyer, U. del Norte (Colombia), U. Alberto Hurtado (Chile), U. de Valparaíso (Chile), U. de Viña del Mar (Chile); entre otras. Cuenta con publicación de obra en Hysteria! Revista, Maricarmen Zine y Agenda Kuir.

Actualmente, es profesor de asignatura de la ENPEG “La Esmeralda”, y de la FAD (UNAM); en esta última, forma parte del Seminario de Creación, Diseño y Gestión de Exposiciones “Patricia Real Fierros”. También estudia el Doctoreado en Artes Visuales, Escénicas e Interdisciplina (INBAL), con la investigación peDRAGogía. Educación artística y travestismo.

 

 

 

Abrir publicación

La disidencia sexual/ ensayo/ posicionamiento político.

por Leafrox

1. Nunca antes había creado o escrito un posicionamiento político o quizá todavía no termino de comprender sobre cómo se tiene que hacer uno, o quizá cada vez que escribo para desahogar la rabia y canalizar la existencia cada vez que me escribo con las letras que sangran, esto es un posicionamiento político. Cada vez que abro mi boca saco de adentro lo que soy, lo que me conforma dolorosa pero rebeldemente, existo desde aquí y cuando no hablo, cuando no emito sonidos mi cuerpo se comunica por mi voz, mi lengua se comunica por mi voz, mis cabellos se comunican por mi voz, la rabia se comunica por mi voz.

Escucho y siento la música al igual que la rabia que se mueve entre mis venas, porque me conecto para sanar dentro y fuera de mí, cierro los ojos como cuando era una niña y aprendí a sentir el coraje antes que mostrar mi dolor, arrodillada ante aquella mesa del ¨santo¨ que estaba en el mismo cuarto donde dormía, en ese mismo cuarto donde todas las noches rezábamos de rodillas pidiéndole a dios para que nos ayudara y nos protegiera, aunque yo sabía que aquello era mentira porque a mi dios nunca me ayudo, en ese mismo cuarto donde me arrodillaba cuando mi madre adoptiva azotaba mi espalda con un azote de cuero por tenía que sacarme la sangre mala, ese mismo cuarto que tenía un pedazo de lámina de luz en el agujero que dejaron en el techo cuando se metieron a robar un domingo que andábamos en la misa por la visita del padre que llegaba una vez al año a la única iglesia del pueblo que nos quedaba a cuarenta minutos caminando, en ese cuarto donde compartía el colchón con mi hermano menor que me orinaba las costillas todas las madrugadas por algún trauma que mi hermano y yo nunca pudimos resolver pero que en mi casa buscaban corregir a través de la violencia que ejercían sobre su cuerpo y el mío, aunque en el suyo pesaba menos porque él era el nieto, un hombrecito, y yo la hija adoptada y la hermana mayor de mi hermano, que también lo pario mi mamá biológica que trabajo como empleada doméstica en esa casa donde me dejaron para servir, vivir y resistir todo tipo de abusos que con el tiempo se cargaban en mi cuerpo adolorido, mutilado, despreciado, adoptado, pobre, negro y feminizado.

Este posicionamiento político es el dolor colectivo, la rabia, la ternura, todo junto que rompe e irrumpe con todos estos silencios blancos, normales, hegemónicos y binarios a los que renuncio total y definitivamente porque ya no voy a guardar nunca jamás estos silencios que me destruyeron durante tanto tiempo, censurando, silenciando y hasta blanqueando mi negro ser, habitable, posible, en otras vivencias, realidades e historias de mi piel, mis pies, mis manos y mi cuerpo que han sembrado los hijos de las matas de huerta, estas manos y esta espalda que han cargado los sacos del café en uva del cafetal para luego despulparlo en una máquina, este cuerpo que ha corrido detrás de las vacas para encerrar los terneros y sacar algo de leche al día siguiente por la mañana, estas manos y estos pies que trepaban los arboles de naranja para llevarme un saco a la casa donde habitaba mi ser, porque si se siembra se cosecha y si cosecha entonces tiene para comer, estas manos que saben matar la gallina, alinearla y envolver los tamales, las montucas y los tamalitos, estas manos y callos de mis dedos de darle vuelta y vuelta al molino para moler el maíz para la masa que luego hay que pasar por la piedra de moler para hacer las tortillas.

2. Estoy volviendo y aprendiendo a caminar, a hablar, a sentir, a decir lo que siento, lo que veo, lo que vivo, lo que soy como persona, esta piel que habito, hablo con mi negricia que quiere ser borrada, otra vez blanqueada, pero que este cuerpo negro lo repele como una forma de rebeldía, de autocuidado, de rabia, de ternura para mí, mi madre, mis hermanas, mis abuelxs también negros, también pobres, también desterrados, también rebeldes y ancestrales como todo lo verde que todavía me rodea y rodea a mis hermanes/as/os marikas, trans, lesbianas, travas, no binaries, no blanques pero sobre todo disidentes de esta esta normalidad que apesta a colonialidad.

Estoy siendo como nunca antes lo había hecho, muevo mi cuerpo y mi cabello de lado a lado y a todas partes como las olas del mar atlántico que guardan la sangre, el alma y el espíritu de mis ancestrxs negrxs que fueron secuestrados para ser esclavizados y que en esa travesía terminaron en el corazón del mar, fuerza y rabia inmensa como los ríos que resguardan mis ancestrxs indígenas, rabia inmensa como la madre áfrica, como la madre pachachama, como la planta de la mota que me ayuda a sentirme más conmigo, con este entorno y con esta antecesion a esta historia blanqueada que ya no soporto y que es esa misma construcción blanca/racista que ahora dice que la mariguana solo es para pobres y negrxs, me rio y pienso mientras veo sus ojos enmotados que son aceptados y que no se ocultan pero que tienen aceptación todo lo contrario a cómo ven mis ojos rojos enmotados que no le hacen daño a nadie pero que están en este cuerpo, en esta piel, con esta cara, con este pelo, con este pueblo y con este barrio que traigo encima, con estas palabras no reales académicas de la lengua española.

Todavía se me hace un nudo en la garganta cuando escribo estas verdades que no tengo que ocultar porque quiero contar otras realidades que son posibles pero que me han dolido tanto.

3. Este posicionamiento político es este dolor convertido en rabia colectiva, es el eterno llanto para sanar los cuerpos adoloridos, maltratados, la sed de este fuego que quema el alma, estas ganas de gritar muy alto y que termine esta maldita humanidad.

Para poder encontrarme y poder escribir esto que posiciono políticamente tengo que volverme el tiempo, hacerme une sole con el dolor, la rabia, la alegría, la ternura y volver al pasado, poder mirarme con estos ojos cicatrizados y con esta existencia negra, cimarrona que me mira fuerte, rebelde, sin mentiras blancas y me acompaña para hacer ese recorrido para abrirme con estas otredades que somos la disidencia sexual contrahegemónica, somos estas corporalidades monstruas enrabiadas con un puñal en la lengua, en la rabia que compartimos para acompañarnos desde la ternura disidente marika, loquísima, negra, cimarrona, indígena, prieta, gorda, lesbiana, trans, barrial, disca, neurodivergente, antirracista, anticapitalista, anticolonial, antiestatal, antinormal.

Esta apuesta política colectiva y esta ruptura con lo normal, es la rabia contenida en las historias vividas que necesitamos contarnos, escucharnos, sentirnos, abrazarnos, decolonizarnos y sanarnos para construir una otredad diferente, alterna, disidente, contrariada a la normatividad universal, hegemónica eurocéntrica sobre lo que es el, la, lo ser. Una existencia alterna a esta narcodictadura que atraviesa nuestro cuerpo/territorio que es ancestral. Una apuesta antirracista en una sociedad racista, en una sociedad antinegra que reproduce la aceptación como ese constructo blanco histórico, binario y hetercisnormativo que sigue arraigado en la cotidianidad, en el lenguaje, incluso en la desesperanza. Una apuesta colectiva que rompa con la hegemonía individual que ha sostenido como bandera de lucha y por nombre sálvese quien pueda, somos comunidad, somos barrio, somos pueblo, somos de la tierra, somos disidencia sexual y diversidad, somos ancestralidad, somos para la tierra, nuestra retribución es la colectividad y nuestra bandera de lucha es la contrahegemonia antiblanca, anticolonial antinormativa, antindividualista.

Nuestra apuesta política disidente sexual también es la ternura de abrazarnos y llorarnos nuestras dolencias, hacernos cargo sacudirnos lo colonial, seguir resistiendo y nunca dejar de sentir rabia, es construir otras formas de amarnos, de sentirnos, de darnos placer, de juntarnos unes con otres y ser esta fuerza que no se rompe y que en su lugar se reconstruye, nos reconstruye.

[divider]

Soy Leafrox, lesbianx, no-binarie, y disidente sexual, soy una persona negra, afroindígena, cimarrona y adoptade. Soy Poeta/Escritore y actualmente estoy creando una serie de dibujos experimentales. Escribo desde mi barrio en medio de la pandemia de covid-19 y de una narcodictadura desde Honduras, Centroamérica. Tengo 23 años.

Escribo para mí, escribo para que mi gente negra, indígena, racializada, pobre, diversa, gorde y con discapacidades se identifique con mis palabras y que juntxs/es venzamos el miedo a través de la escritura o de cualquier forma de crear y/o hacer arte que vaya más allá de la academia y de la hegemonía occidental, porque nuestras realidades no son académicas, no son formales ni normales, no son blancas, no son heterosexuales ni de clase, no son cisnormativas. Escribo y TRANScribo esta rabia universal y ancestral como forma de retribuirles a mis ancestrxs su lucha por una tierra libre y en armonía con nuestras energías. Estoy creando y escribiendo para que otros mundos y otras formas de vida nos sean posibles.

Hablo desde esta marginalidad que habito junto con otrxs cuerpxs empobrecidxs por un sistema racista, capitalista, patriarcal, colonialista y neoliberal. Escribo desde aquí para no dejarme morir en esta agonía diaria de mantenernos con vida, escribo porque quiero dejar mis letras, palabras y creaciones como prueba infalible de mi existencia maricona, desvergonzada y a mucha honra rebelde, descarada y enrabiada.

No soy de este mundo, solo soy un viajere mas y si pronto me voy estaré feliz de haber escrito mucho de lo que soy, de lo que somos. Mi corazón, mi cuerpo y mi existencia es migratoria desde antes de haber nacido en este plano que me duele, que nos duele tanto.

Navegación de entradas

1 2 3 4 5 9 10 11
Volver arriba