Territorios fuego, territorios mar.

fotografías por Mario Patiño

por Erika Bülle

noviembre de 2019

    Mi cuerpa, mi territorio, llena de fronteras liminares autoimpuestas, no es difícil entender porque existe la guerra entre cuerpxs, la defensa y la protección de la misma, de no sentirse vulnerada, de no sentirse abandonada, atesorar los instantes que parecen cómodos, que parecen seguros; espacios llenos de personas, pero solo pocas habitan una cuerpa como la mía, con estrías profundas y arrugas que aparecen a diario, manchas que recorren la piel y llegan al alma. Una cuerpa cubierta en su totalidad, ¿para qué dejarse ver? Solo el pensar sentir la mirada mórbida de las personas me hace suponer que allanan mi morada, el territorio que habito, que en más de una ocasión y de manera discreta se ve cuestionada por comentarios cargados de violencia, a lo que se le llama gordofobia. 

fotografía por Mario Patiño

Habito una cuerpa gorda, un territorio de más de 100 kilogramos que ha recorrido 50 años de otros y en otros territorios, protegiéndose de la inevitable herida del dolor de las palabras, del rechazo, la herida que como un gran paso decido hacer mía, sin embargo a veces caigo en la trampa, en el juego infausto del otro y lloro. Agujas lacerantes atraviesan mi cuerpa, la sensación de las argollas frías metálicas y brillantes me recuerdan que por mucho tiempo mi territorio ha portado el estigma de las medidas, el costo de las desmesuras, la soledad de los kilogramos. Miro la vida pasar escondida detrás de un escritorio, 10 horas sentada, hablando poco, sé que es el costo de tener esta cuerpa desbordada, tatuada, carente de los códigos hegemónicos de la buena presentación. Mi cuerpa es políticamente subversiva, mi mente lo es más, hay peligro al mirarme a los ojos, miradas que se confrontan unas a otras, que dan miedo o quizás asco, aún quiero ser optimista y pensar que solo es miedo. Observo la relación que mi cuerpa puede tener con otrxs, pero no hay ninguna otredad que desee estar conmigo, a decir verdad tampoco deseo su compañía.

    Salgo a Bogotá, sin expectativas, sin esperar nada, cambio de territorio, pero mi cuerpa sigue siendo la misma, la geografía me desgasta, la altura me dificulta la respiración, transito con dificultad, largas subidas que se deben caminar, el cansancio me abruma, me encuentro con otras corporalidades gordas, me amoldo, me estrujo, me siento protegida, por primera vez no me siento sola, nadie me presiona, nadie me apura, nadie me mira con morbo, nadie cuestiona mi peso, decido borrar aquellas fronteras autoimpuestas, decido sentirme querida, acompañada, acalorada.

    Me encuentro con otro cuerpx, otro territorio tan grande como el mío, delicado y joven, siento miedo, le vi llorar antes, me vio llorar antes.

    Cuerpxs desbordantes encontrándose por las noches, cuerpxs que se miran, que se tocan y que sienten, el miedo a los afectos, la construcción de un nuevo territorio partiendo del amor. Amor, esa palabra que se extingue poco a poco, que resulta ser el territorio de la periferia, de lo subalterno, lo que no se debe mencionar, lo que pone en riesgo cualquier tipo de encuentro, la nueva frontera ficticia, quién diría que la palabra amor se convertiría en un territorio de guerra al pasar de los años, lo indecible, lo prohibido, lo no imaginable, lo que nos margina y nos lleva a la soledad. ¿Es realmente el amor una construcción romántica falsa y dañina?, o es que no queremos enunciarlo por miedo a perder algo que de todas formas no tenemos, como la libertad, ya que las fronteras nos han quitado eso, ser libres.

    Los años me han ido suprimiendo lo que por instantes regresa. La humedad de mi cuerpo, el estremecimiento de mis músculos, las sensación de vivir y sentir aquellas partes de mi cuerpo que pensé estaban muertas, pero solo estaban dormidas, quizás aturdidas, quizás confundidas, me convierto en fuego y a la vez un territorio lleno de mares, que no son lágrimas, aquellos flujos que pensaba secos, aquellos mares que se volvieron desiertos regresaron escurriendo entre las piernas, entre los senos, atrás de mi cuello escucho su respiración. Al sonar de los cuerpos las fronteras se pierden para fundirse entre las carnes, entre los besos, caricias y deseos que se cimbran en un terremoto corporal, en un terremoto emocional, afectivo quizás.

   Todo se desborda, el cuidado, la ternura, la intimidad. Me hundo en un vórtice de memorias corporales, de cuestionamientos, sin querer las fronteras de mi gran territorio aparecen y se diluyen en un vaivén de miedos ocultos, de deseos reprimidos, de llantos internos, de risas escondidas, si tan solo tuviera 20 años menos. Las llamas me invaden, siento que el sudor moja la sábana, Eros y Thanatos se encuentran en la respiración, aquella que se corta a momentos, que me produce un ligero mareo, el vómito de mis emociones, dejar salir al demonio habitante constante de mi cuerpa, dominador de mi territorio.

    Cuerpxs gordxs, identidades no binarias, identidades que se encuentran, identidades que han decidido romper con todas las fronteras que nuestros territorios gordxs habían impuesto.

    Sin embargo en su momento regreso a la soledad de mis pensamientos, al habitar de los infiernos de mi cuerpa porque ese es el único lugar que debe habitar un cuerpx que cayó en el acto de la gula, ángeles caídos por los excesos de la comida, hay que poner nuevas fronteras, para enfrentar la confrontación de las miradas, presentir el terror que se tiene de habitar una cuerpa como la mía, de sentir la lástima que le tienen a una enferma, regresar al escritorio que es ese gran escudo donde nadie puede ver mi cuerpa, pasar a ser la persona simpática y amable que si tan solo cumpliera con las normas hegemónicas de la buena presentación…

ERIKA BÜLLE.Ciudad de México.Artista Visual obteniendo el grado de Doctora en Artes y Diseño en el área de performance por la FAD – UNAM, con la tesis “112 Kilogramos, la performance como herramienta en el activismo gordo mexicano. Propuesta pedagógica y de producción del 2014 al 2017”, obteniendo la mención honorífica y el estímulo a la graduación oportuna.Contó con la distinción de la beca UNAM para realizar estudios de doctorado, así como dos apoyos UNAM de prácticas escolares para la realización de proyectos. Seleccionada en el festival Performatirum “The Badass bodies” 2019 Regina Canadá, la Bienal Tempting Failure 2018, Londres. Representante de Latinoamérica en el festival de performance, Buzzcut, Escocia, 2017. Bienal Forma y Sustancia en Guatemala 2017 y Costa Rica 2019. Seleccionada para representar a México en el festival de performance Rapid Pulse, Chicago, 2016 y en el festival de performance y video/performance Perfoartnet Colombia y el festival de performance y arte vivo Bem me cuir, Brasil entre otros.En México se ha presentado en distintos festivales y espacios como el Museo Rufino Tamayo, Museo de Arte Moderno, Museo de la Ciudad de México, XTeresa, MUAC, solo por mencionar algunos.Cuenta con 30 años de experiencia en la práctica de la performance. Ha colaborado con colectivos de prestigio internacional como La Pocha Nostra y SEMEFO.

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