Horchi-puerquix (Orgía puerca)

Horchi-puerquix (Orgía puerca)

MAPA-ROSA-copia-1

“Mapa Rosa” por Felipe Ugalde

por Axyz (Axler YezSal)

No necesitamos sino la ganas, y la ausencia de un ridículo freno moral, para buscar complacer nuestras pasiones más bajas… o las más altas, depende en qué posición nos guste clavarnos, engancharnos o sobarnos; si con la cabeza… o los pies, es que nos gusta llegar a las vísceras, o que nos lleguen a las nuestras, nos cumplan las fantasías, digo.

Como en el carnaval de Saint-Saëns, para gozar hay que devenir animales, liberar a nuestrx reptil, poni, sirena o puerca interior, abrir la jaula de la de-formación humana, que tanto daño hace a la humanidad cuando le prohíbe de disfrutar del perrito, ya se sabe a lo que me refiero: los colazos, las mordidas, los arañazos y hasta los pericazos.

Si en la casa de la vaca sagrada, la vaga burguesa, pues hoy día parece que el dinero hace más milagros que Dios, se arma la horchata, la bandita sólo llega cuando en vez de acompañarse con hamburguesas se sirven las hambur-proles y veganas. La bola de animales llega y trae el carnaval consigo, la parafernalia, como en los tiempos de Dionisio, cuando se respetaban a los dioses y no se mataba al que convertía el agua en vino, ni a la madre naturaleza, ¡idiotas!…

El carnaval comienza como en Veracruz pues la vaca recibe a la morena de fuego, a la zorra, pero esta historia no se desarrolla en aquel fraudulento estado, ¡ya hubieran matado a los animales y extorsionado a la vaca!, nos encontramos en una comuna lésbico-mariK/hippie/punk, es por eso que aquí a la vaca sagrada no se la comían (se la follaban), y que a la zorra ésta la recibe con el acto más nutricio, le da de mamar de su ubre, a lo que la zorra le agradece acariciando su rostro, de las manchas a los cuernos, con su esponjada cola.

Llega la jirafa y éstas otras dos se emocionan, sus corazones laten acelerados pues no pueden esperar recorrer esas larguísimas piernas, así como besar ese cuello tan fino que sostiene una lengua tan larga que llega a cualquier rincón, hasta al fondo de la nariz de la misma jirafa. Las tres gracias no pueden ser capturadas en un cuadro, el trío lésbico es la prueba de que el falo no existe, está en nuestra imaginación.

Y hablando de tres llegan tres ostras, besándose sus labios que escondían algo parecido a una perla, manantiales que eyaculaban, cada una poseyó los mayores labios de cada una de las mamíferas, los de la boca ¡claro está!, así la vaca, la zorra y la jirafa pudieron probar las capacidades de las moluscas: pasar la perla de unos labios a los otros.

Siguiendo ellas en sus asuntos llegan el oso y la nutria, como eran una pareja dispareja de gays que sólo disfrutaban de la sodomía decidieron comenzar por su cuenta, la nutria tenía gran habilidad para recorrer el cuerpo del oso, a pesar de su tamaño, y el oso disfrutaba de poder abarcar todo el placer de la nutria con una sola mano. Dicen que el que mucho abarca poco aprieta, pero el oso podía abarcar a la nutria, y también apretar, a pesar del tamaño del otro miembro.

Tanta feromona volaba ya por los aires, ¡pelos por todos lados! y los animales apenas iniciaban. Como esta comuna estaba en un lugar de esos ¡que quedan pocos en México!, los demás animales llegaron retrasados, como muchas reglas que llegan después de lo que se espera, también se atrasó el vuelo del quetzal, pues se estaba parando el moicano. Como a todxs fascinaba la belleza de este animal, además de su gran cola, interrumpió por un momento los rezos que sollozaban los animales entre pujidos y logró lo inesperado, una des-estructuración de las prácticas de los animales. Pues el quetzal no sólo era sexxxy, también dadivoso, llevaba en el pico bayas para todxs, también les dio algunas venidas, pasado el rato, tantas buenas venidas que los otros animales interrumpieron su gozo para lamentar que su amigo estuviera en peligro de extinción.

En eso llegó la mantis, los miraba con la cara en alto y evitaba el contacto, sólo quería mirar un rato. En un convertible llegaron el camarón, el pez espada y unos renacuajos. El camarón era todo un güerejo descolorido, el junior de don langostino, de allá del norte; y sus amigos eran unos jóvenes bellos e ilusos adolescentes que apenas descubren las virtudes de los vicios.

La horchata no tardó en derramarse, ya pasaba de la media noche, y todos se quedaron porque les cerraron el metro, excepto la zorra, quien corrió veloz tras el último vagón, aún podía pasar unas horas esta noche en otra casa, con otro animal.

El pez espada era la sensación, pues su nariz era tan grande como su verga. La excitación era tan grande que, repentinamente, el koala (que nadie vio venir) penetró al pez por una branquia, mientras que un flamingo los tomó entre las patas, y se dejó venir.

La noche apenas empezaba, y los renacuajos estaban en boca de todos, sobre todo por su entusiasmo juvenil del que la vaca sagrada carecía. No obstante todos encontraron una buena acogida por parte de las otras especies de gustos, y hasta de disgustos. Había leche, perlas y escamas por todos lados. Tantas cosas pasaron esa noche que los renacuajos se convirtieron en sapos y ranas, aprendieron a usar su larga lengua.

Todo iba muy bien hasta que llega el toro y les descubre. Éste conmociona, ¡cómo fueron capaces de no invitarlo!, sin perder tiempo intenta meter su cuerno en la primera cola que encuentra, pero sólo halla resistencia en cada animal, pues sus modales lo vuelven indeseable. Frustrado se va a buscar alguna nariz, oreja o boca dispuesta a su cuerno, pero no lo consigue… comienza a derramar su mala leche y a incomodar, así que entre picotazos, espadazos, botellazos ¡y hasta un cabezado de la jirafa! Lo ahuyentan. Llegan los puercos, la noche es joven, estos puercos no reprimen, se revuelcan, dicen que las cochinas no mienten.

La mantis intenta devorar a cada uno de los machos, todos la abandonan porque sus mordidas no van acompañadas de deseo por el otro, sino de hambre propia. Encuentra en el camarón un reto, duro de roer. Escapan juntos en el carro del hijo de papi, al poco rato sacan el perico de la guantera, ella enloquece, descubre su parte más blanda, que tiene caca en la cabeza, intenta cometer un crimen pasional, pero él trae un arma, la mata de un disparo, la arroja desde el coche, y en un arrebato de cocaína el camarón se arroja con su auto a un río de aguas negras, muere ahogado.

El macho burgués, el toro, tuvo un glorioso desenlace, murió con una verga en la boca. Tras conocer una zorra en una esquina, intenta propasarse, le agarra, se lleva una sorpresa, saca la homofobia, la zorra es más cabrona, se la clava en el corazón, la navaja que traía en los calzones, la sorpresa, le corta la verga y se la mete a la boca, luego se la mete al toro y le roba la cartera.

A pesar de la verga en la boca, la horchi-puerquix es mejor opción, amanecer en un carnaval de animales, juro que la verga está sobrevalorada cuando hay garras, picos, ubres, aletas y pelos por todos lados… cuando los humanos y las puercas se revuelcan hasta que ya no se distingue dónde empieza uno y termina el otro, o la otra, o lxs otrxs. Hasta fundirnos en orgasmos de 30 minutos… como cualquier marranx.

Axler Yépez Saldaña. Originario de Xalapa, Ver. Actualmente CdMx. Durante mi estancia por el Monstruito Federal estudié psicología, aunque en vez de ejercerla me he dedicado a la formación e investigación en humanidades, sobre todo en posiciones desde el psicoanálisis, el feminismo descolonial, la filosofía, y las artes; practico el teatro así como la escritura académica y letras libres, y técnicas de análisis.

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