Abrir publicación

La sed de la eternidad: Desafiar el tabú del envejecimiento

karina
Ilustración: Karina Pampo

Por Gabriela Bard Wigdor

“Habría que atravesar el universo lírico
Como se atraviesa un cuerpo que se ha amado mucho
Habrá que despertar las potencias oprimidas
La sed de eternidad, equívoca y patética”
Michel Houellebecq

¿Cómo envejecemos con plenitud en una sociedad que celebra la juventud como la única etapa valiosa de la vida y que se sueña eterna? Especialmente cuando se acompaña de mandatos de belleza estereotipadas para las mujeres. ¿Cómo nos damos cuenta de que estamos envejeciendo? ¿Envejeciendo para qué, quienes y en qué sentido? ¿Envejece el cuerpo o las ideas también? ¿Dejamos de ser atractivas/os en todo lo amplio de esa palabra? ¿Todas las personas y sociedades experimentan el envejecimiento del mismo modo? ¿Es una experiencia que se vive universalmente?

Interrogantes que no podría agotar en este ensayo, donde pretendo humildemente aproximar ideas, reflexiones en voz alta.

Cada cultura y cada persona vive su cuerpo de manera diversa, da significados distintos a sus experiencias, que en ocasiones no puede ser puestas en palabras. Empero, el discurso hegemónico insiste en uniformar cuerpos, emociones, deseos y nuestra relación con la propia subjetividad corporal. Esta pedagogía del desconocimiento, de la negación de la pluralidad de las maneras de ser y habitar el mundo, oculta que envejecer es un proceso valorado de múltiples maneras en cada cultura, por ejemplo, en comunidades indígenas de México como algunas Oaxaqueñas, es simbolizada como sabiduría y otorga una posición de reconocimiento y de poder en aspectos que conciernen a la comunidad. Al contrario de nuestras sociedades culturalmente occidentales, donde la vejez es una paria, considerada el menoscabo de capacidades, la pérdida de productividad y relevancia socioeconómica. Envejecer es una carga económica para el capitalismo, porque ya no puedes emplearte, si no produces, no vales.

Personalmente, rumiar sobre el asunto de envejecer tomó preminencia cuando cumplí 30 años, con las primeras canas en mi pelo oscuro y las primeras arrugas en mis ojos, marcas de que estoy viviendo. También suelo pensar en ello con frecuencia cuando observo mi panza, después de haber parido hace tres años, casi cuatro, a mi primer y único hijo. La piel que sobra se asoma por sobre el elástico del pantalón, suave, blanda, esparcida, flácida y cómodamente en un único pliegue. Es una huella, un indicio de que mi vientre estuvo habitado durante 9 meses, un recuerdo y, por tanto, una imagen, un espejo donde mirar el pasado desde el ahora de mi cuerpo. Por lo cual, también es presente y es futuro, particularmente cuando veo crecer a mí hijo, recuerdo que mi piel carece de temporalidades exactas. Mi piel-huella me conmueve, me habla de maternar, de cuidar, de ceder y aprender, de sembrar futuro en otra vida, en quien continuará después de mí.

En ese sentido, para la estética dominante de occidente, un vientre como el mío, que refleja la experiencia de un embarazo, no se considera bello ni deseable. De este modo, se sostiene y reproduce todo un negocio de cirugías estéticas y tratamientos para borrar cualquier vestigio de flacidez, de gordura, de dolor y de vida. El vientre modelo es el vientre plano, joven, sin huellas de cambios o del paso del tiempo, aunque el mandato de la maternidad siempre se encuentra a la orden del día y el acceso a cirugías reconstructivas, a tratamientos de belleza, tengan costos altísimos al que solo un grupo social privilegiado pueda acceder. Mecanismos psicológicos perversos al que apelan el capitalismo y el Heteropatriarcado articulados meticulosamente, para mantenernos consumiendo ideales inalcanzables de modo constante.

Sin embargo, por mucho dinero que invirtamos o esmero que pongamos en negar o en ocultar huellas de envejecimiento, el cuerpo habla, el cuerpo narra el paso del tiempo y la sociedad juzga estos procesos, según parámetros hegemónicos de lo valorable o no. En esa valoración, el envejecer se presenta como el deterioro constante de la belleza, de ese cuerpo fibroso, delgado, blanco, occidentalmente performado, al que todas/os debiéramos aspirar. La piscología social explica que envejecer se encuentra relacionado hegemónicamente con la pérdida, con el deterioro de las aptitudes físicas o mentales; con la ausencia de la belleza, del deseo y del goce sexual; como un resto del tiempo que queda por vivir, es decir, como el extravío de la vida misma. Es habitual que, para muchas personas, envejecer sea el indicio de que la muerte se encuentra cercana. El miedo a envejecer es el miedo a la muerte y esta, en nuestras sociedades occidentales, goza de muy poca estima.

La muerte tan enfáticamente negada por el capitalismo, que nos vende inmortalidad en comprimidos, belleza como sinónimo de salud y juventud, blanquitud y perfección, es una maquinaria despiadada de producir insatisfacción en relación con nuestro cuerpo. Nos condiciona y hostiga para que consumamos y otorguemos enormes ganancias a las empresas dedicadas a los cosméticos, al mercado estético y médico. Se venden cremas antiarrugas, tratamientos para la celulitis, dietas que se dicen saludables, pero son carentes de nutrientes y grasas necesarias; entrenamientos de alta intensidad en gimnasios, cirugías estéticas para combatir el paso del tiempo o lo que la estética dominante señala como defectos. El horizonte es la belleza para siempre, la llamada “eterna juventud” con el consecuente efecto “Peter Pan”[1].

Entre algunas de los emergentes de estos condicionamientos, existe un aumento de la cirugía estética en las clases medias-altas, sobre todo de países imperialistas como EEUU, donde según un informe acrítico de la Sociedad Internacional de Cirugía Plástica y Estética (ISAPS)[2], el bótox es el tratamiento más demandado del mundo. Este, es un líquido paralizante que actúa localmente para evitar los impulsos nerviosos que controlan los movimientos musculares. De esta manera el rostro no se arrugará, aunque quieras reír o fruncir el ceño, el resultado es una cara que no acusa la vivencia de emociones. Podemos hablar entonces, de que envejecer es realmente un tabú para nuestra sociedad capitalista occidental.

Podemos definir un tabú como una práctica o discurso moralmente inaceptable por una sociedad en particular, espacio político, cultural o religioso. Es la prohibición de lo considerado negativo o extraño, cuya ruptura es terriblemente castigada en algunas tradiciones culturales, mientras otros tabúes son más volátiles y responden a momentos históricos y políticos. De allí que se sostenga desde la historia y la antropología, que son el antecedente inmediato del sistema de leyes con el que se “imparte justicia” en nuestras sociedades organizadas por sistemas de distribución del poder político.

El tabú de envejecer es evidentemente mayor en las mujeres, la discriminación que pesa sobre el paso del tiempo y la apariencia en nosotras, las reglas que se imponen para vestir, para hablar o para trabajar, son cada vez más rígidas con el aumento de la edad. Simón de Beauvoir (1970/2016) decía que a los varones se les permitía envejecer, ya que socialmente no se les pide frescura, dulzura, ni gracia alguna; por el contrario, se les exigía virilidad e inteligencia y la vejez no contradice dichas cualidades. Esto es fácilmente observable en las películas comerciales, las mujeres de más de 30 años no pueden ocupar papeles principales de seducción, mientras que los hombres sí, porque “maduros” (y no viejos) son considerados “interesantes y atractivos”.

Pensemos en nuestras propias vivencias al cumplir 3 décadas de vida, la manera en que nos exige ser madres, tener pareja estable y heterosexual, formar familias monogámicas, entre otros mandatos. Desde el discurso social, en nuestras familias patriarcales, se considera síntomas de problemas psicológicos no realizar ninguna de las acciones anteriores. Si eres una treintañera y no estas casada te condenan con la palabra despectiva de “solterona”, porque ya estas fuera del mercado de mujeres atractivas para los varones. Pareciera que el reloj biológico social se acelera a partir de que las mujeres cumplimos 30 años. Incluso las revistas de moda gastan páginas enteras en hablar de los beneficios que supondría ser treintañera si sigues algunos “tips” para no aumentar de peso, conservar un cuerpo fibroso, conseguir pareja, entre otros “consejos” de especialistas de dudosa procedencia científica.

Mientras nos distraen y atormentan con este mandato de juventud eterna y el tabú del envejecimiento, olvidamos que el bienestar y la salud reales, se dirimen en otros escenarios. El contexto de opresión en el que vivimos las mujeres a diario, donde nuestra vida está en riesgo permanente de poder apagarse en manos de un feminicida, solo basta mirar las estadísticas de México o de Argentina[3] para aterrarse. Las violencias contra las mujeres son múltiples, desde la violencia física y simbólica, hasta la feminización de la pobreza, el racismo, la injusticia erótica; el escaso conocimiento de nuestros procesos corporales, de nuestra sexualidad, el control médico-farmacéutico de la sexualidad y del envejecimiento, entre otros problemas que afectan nuestro bienestar real. Debemos abrir los ojos urgentemente, no es el paso del tiempo lo que nos afecta sino su patologización, su desmerecimiento social y la discriminación permanente, así como la violencia simbólica y física por parte del capitalismo Heteropatriarcal.

Asique estimadas/os lectores/as, antes que perseguir estereotipos de bellezas inalcanzables, invertir tiempo, energía física y síquica en modelos de juventud inalcanzables, nos esmeremos en buscar nuestro propio camino de realización, que solo es posible de manera colectiva. Las mujeres y las sexualidades disidentes necesitamos agruparnos para desafiar esta sociedad sexista y desigual, que nos atormenta con modelos heteronormativos de amar, que nos controla a través del androcentrismo en todas las instituciones por las que transcurrimos. Luchar por nuestro derecho a ser diversos/as, orgullosos/as de nuestro cuerpo y sexualidad, bregar por una vida sin violencias e imposiciones normativas y combatiendo que el paso del tiempo sea considerado una patología.

Finalmente, el problema no es envejecer, no existe algo como una pérdida de belleza objetiva, sino fantasmas que se reproducen desde el sistema de mercado para plagar nuestra vida de insatisfacciones y consumos, para perseguir modelos de belleza insalubres y opresivos que sólo pueden condenarnos a la tristeza y a la pérdida de soberanía sobre nuestro cuerpo y goce. Por eso, más que temer a la vejez, debiéramos lamentar que distraernos en mandatos irrealizables, genere que llegado el momento donde paremos con la productividad constante a las que nos condena el sistema, nos miremos, nos enfrentemos al espejo, y descubramos que ya es tarde para hacer todo lo que te perdiste mientras penabas envejecer. Como dice Saramago y espero las mujeres podamos también algún día gritarlo: “Tengo los años que necesito para vivir libre y sin miedos. Para seguir sin temor por el sendero, pues llevo conmigo la experiencia adquirida y la fuerza de mis anhelos. ¿Qué cuantos años tengo? ¡Eso a quién le importa! Tengo los años necesarios para perder el miedo y hacer lo que quiero y siento”.

[1] El psicólogo Dan Kiley describió por vez primera la actitud “Peter Pan” como la actitud de negarse a crecer, madurar y asumir compromisos con la propia vida. Un deseo de niñez y juventud eterna.

[2] Para más información visita el siguiente link: https://globenewswire.com/news-release/2016/07/26/858809/0/es/La-encuesta-mundial-publicada-por-la-ISAPS-informa-un-aumento-de-m%C3%A1s-de-un-mill%C3%B3n-en-los-procedimientos-cosm%C3%A9ticos-y-est%C3%A9ticos-que-se-realizaron-durante-2015.html

[3] En Argentina, durante el año 2014 hubo 225 femicidios, un asesinato de mujer cada 39 horas. La cifra trepó en 2015 a 235; una muerte cada 37 horas. Y en el año 2016, los casos fueron 254. El vínculo entre el feminicida y la víctima es mayormente pareja o ex pareja. En 37 de las muertes participó algún familiar; en 31, alguien conocido, y sólo en 23 no hubo vínculo previo (Cifras de la Casa del Encuentro, ONG Argentina). La franja etaria de mayor vulnerabilidad se encuentra entre los 21 y 40 años, tanto para las víctimas (49%) como para los feminicidas (58%). En lo que va del año 2018, específicamente hablamos de sólo una semana, 57 mujeres fueron asesinadas por su condición de género.

En México la situación para las mujeres no es mejor. De acuerdo con informes del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), del año 2000 al 2015 se cometieron 28 mil 710 feminicidios contra mujeres, es decir cinco por día. Las cifras reflejan un aumento de 85%, al pasar de mil 284 asesinatos ocurridos en el año 2000; a dos mil 383, en el año 2015. En 2015, la Secretaría de Gobernación (Segob), a través de la Comisión Nacional para Prevenir y Erradicar la Violencia contra las Mujeres (Conavim), emitió la declaratoria de Alerta de Violencia de Género (AVG) para 11 municipios del Estado de México: Chalco, Chimalhuacán, Cuautitlán Izcalli, Ecatepec de Morelos, Ixtapaluca, Naucalpan de Juárez, Nezahualcóyotl, Tlalnepantla de Baz, Toluca, Tultitlán y Valle de Chalco Solidaridad, los cuales concentran los mayores índices de violencia feminicida. Según esta misma dependencia, de enero de 2014 a septiembre de 2015 se registraron 504 asesinatos de mujeres y en 2016, 236 feminicidios. La coordinadora del Observatorio Mexiquense de Feminicidios, Desapariciones y Violencia de Género, Yuridia Hernández, dijo que documentaron 236 casos de feminicidio en 2016. A su vez, el procurador Alejandro Jaime Gómez Sánchez informó que del 1 de enero al 18 de noviembre del año pasado se registraron 61 casos de feminicidio en la entidad.

[divider]

GabrielaGabriela Bard Wigdor. Investigadora Asistente del Consejo Nacional de Investigación en Ciencia y Técnica de la Argentina (CONICET), Docente de la Facultad de Cs Sociales de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC), Doctora en Estudios de Género, Magíster y Licenciada en Trabajo Social por la UNC. Militante feminista.

Abrir publicación

Procesos creativos: los cuerpos y la danza como punto de partida

Por Florència Vila

“Las primeras informaciones de un hombre llegan a mi gracias al lenguaje de su fisonomía, de su comportamiento, de su actitud, de su ritualidad, de su técnica corporal, de su acción y, finalmente, también de su lengua escrito-hablada”     Pier Paolo Pasolini, 1964.

Pasolini ya sabía en los años sesenta que el cuerpo y el movimiento de una persona revelan una información extra que es imposible de sustraer a través del lenguaje verbal. Lo sabía él y lo sabían otros, especialmente aquellos que se dedicaban al mundo de las artes del movimiento y la danza y que habían encontrado, en esta forma de expresión, una vía para conocer vacíos o enigmas de uno mismo que no hallaban respuesta desde otros lenguajes. Precisamente por esta razón se empezó a considerar la calidad (psico) terapéutica de la danza. Un planteamiento que, aunque hoy en día ya no es una novedad, aún requiere de mejor atención y aceptación en la psicoterapia o campos afines.

     Fue esta calidad (psico) terapéutica que reconocí en mi práctica de danza la razón por la cual empecé a investigar sobre ella. Quería poder explicar verbalmente la experiencia que me otorgaban ciertos estados dancísticos, en los cuales mi idea de identidad quedaba rebasada por una conciencia diferente y nueva que escapaba a mi lenguaje.

     Aun así, lo que realmente me interesaba de la danza no era tanto el hecho de que fuera terapéutica como el hecho de que, al serlo, desplegara la potencialidad de inducción al cambio y a la creatividad de uno mismo en relación con los otros y con el mundo, a partir de la percepción del cuerpo y su movimiento.

“El movimiento corporal espontáneo, originado en sensaciones kinestésicas, y que facilitó la comprensión de los pacientes, lo que a su vez les abrió las puertas al cambio”     Sharon Chaiklin.

     Por esta razón empecé a leer textos sobre danza movimiento terapia (DMT), porque su punto de partida y perspectiva de trabajo son los mismos que el de un proceso creativo a partir del cuerpo y el movimiento, el cual se basa principalmente en la conciencia corporal, la empatía kinestésica y la improvisación.

     Una obra de referencia en este campo es la de La vida es danza. El arte y la ciencia de la Danza Movimiento Terapia, de Hilda Wengrower y Sharon Chaiklin. En este libro las dos autoras coordinan textos que explican qué significa creatividad, sobre todo a través de la danza. Definen la creatividad como una búsqueda de estructuras que permiten articular lo que es difícil de expresar, basado en cualquier concepto -realista o abstracto- que es necesario comunicar.

     Para desarrollar esta idea, Wingrower y Chaicklin nos introducen al concepto de Movimiento Auténtico, que surgió del trabajo de una figura muy importante en la DMT, Mary Whitehouse (1950). Whitehouse, basándose en el concepto junguiano de “imaginación activa”, definió en un principio como “movimiento profundo”, al “movimiento espontáneo a partir de sensaciones kinestésicas, que facilitaba la comprensión de los pacientes y a su vez les abría las puertas al cambio”.

     Esta idea, basada en la espontaneidad, no parece muy distinta de las ideas sobre las cuales se basan las técnicas psicoanalíticas más conocidas como son la escritura automática, la asociación libre, etc. Sin embargo, la diferencia de la DMT es que es una disciplina que pone el acento en el cuerpo y su postura, en la forma en que ésta influye en la percepción de uno mismo y de los otros y se fija en aquellas tensiones del cuerpo que pueden inhibir movimientos o sentimientos y en la utilización sensorial del tacto:

“ Es importante comprender las relaciones que esto tiene con la forma artística de la danza, que apoya y alienta la creatividad a través de la puesta en juego del cuerpo en el tiempo y el espacio, es decir, de la implicación activa del sujeto”. Wengrower y Chaiklin

     Un pilar fundamental de la investigación en danza creativa es la improvisación. Chaklin y Wingrower argumentan que lo interesante de la improvisación es que está dirigida por uno mismo pero proviene del inconsciente o el preconsciente, convirtiendo la danza, cuando es improvisada, en un significado simbólico, un material que forma parte del proceso que lleva al cambio.

      Las autoras lamentan el hecho de que los psicoanalistas de distintas escuelas como Sigmund Freud, Silvano Arieti, Héctor Fiorini o Melanie Klein, olvidaran la danza en sus teorías sobre la creatividad sin hacer referencia, en sus escritos, a las artes en las cuales el cuerpo del artista es a la vez el mensaje y el transmisor:

“El gran ausente, el desconocido, el relegado de la enseñanza, de la vida cotidiana, de la expansión del estructuralismo, de la psicología de muchos terapeutas, fue y lo sigue siendo en gran medida el cuerpo como dimensión vital de la realidad humana, como dato global pre sexual e irreductible, como aquello en lo que las estructuras psíquicas encuentran su soporte”. Wengrower y Chaiklin

     La espontaneidad es otro de los aspectos que las autoras destacan para un fin creativo. Basándose en la técnica de asociación libre de Freud, estas autoras consideran que la expresión espontánea permite que surjan aspectos inconscientes, pero subrayan que esta característica no es suficiente para crear algo nuevo y ponen el ejemplo de las teorías del psiquiatra Silvano Arieti, las cuales se basan en la idea de que la originalidad (creación de algo nuevo) incluye la espontaneidad, aunque admite que no puede basarse simplemente en esta ligereza, sino que surge después de un trabajo intensivo.

Flore02

     Otro punto interesante en el que Chaiklin y Weingrower ponen atención es el de la motivación creativa o el afán creador: estas investigadoras consideran que el creador presenta con su obra aspectos camuflados en la forma estética. Para ello puede cambiar su identidad, la identidad de los personajes, las características, etc. Al exhibir su obra, el artista obtiene un placer inconsciente al poder dar expresión a su deseo; y compartiendo su trabajo con el público también comparte sus significados ocultos, aliviando su culpa si recibe aceptación.

     A eso mismo se refiere el filósofo Eugenio Trías con la idea del velo. Este autor que cita la antropóloga Eva Marxen en su trabajo Diálogos entre arte y terapia. Del arte psicótico al desarrollo de la arteterapia y sus aplicaciones, nos habla del velo como el efecto estético necesario para la presencia de lo siniestro, ya que como él apunta:

“lo bello, sin referencia (metonímica) a lo siniestro carece de fuerza y vitalidad para poder ser bello.”

 

Trías insiste que es necesario que lo siniestro esté oculto tras un velo, ya que su revelación total destruiría el efecto estético. Es decir, el arte no puede revelar todo el horror que se encuentra más allá de este velo.

     Siguiendo con la idea del afán creador, es necesario hacer referencia al psiquiatra Anthony Storr, quien hace una comparación entre los procesos inconscientes del artista y del científico en sus investigaciones, considerando que, la actividad creativa y la científica se asemejan en el hecho que resguardan al ser humano de sus ansiedades.

     Esta comparación entre la investigación artística y la investigación científica también fue un tema que trató la artista Dora García, que en una ponencia que tuvo lugar en el Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona el año 2010 con el título Más mística que racionalista alcanza verdades que la lógica no puede alcanzar, hacía un guiño a la performance que el artista John Baldessari realizó en 1972, en la que cantaba una serie de declaraciones sobre el arte y el artista y que empezaba proclamando:

“Los artistas conceptuales son místicos, más que racionalistas. Se precipitan hacia conclusiones que la lógica no logra alcanzar”.

     En su ponencia, García mostraba las similitudes entre las motivaciones de la investigación científica y la investigación artística. Su conclusión fue que esta última se diferencia de la investigación científica por “luchar contra el pragmatismo y la horrible tendencia a la consecución de fines útiles”, ser “poco eficiente (en realidad no es nada eficiente), es circular, anti-lineal, temerosa de llegar a una conclusión (…) se desboca en la búsqueda, huye del final de la búsqueda como de la peste”. Es “urgente, desordenada, de lógica aberrante, en el sentido de desviada, pero existente. La idea de urgencia es fundamental (…) tiene su eco en la hiperactividad.”

     Así que, según esta artista, aunque la investigación científica y la investigación artística comparten ansiedades humanas como punto de partida, los derroteros por los cuales las dos transitan tienen poco que ver.

     Otro autor imprescindible en cuanto al tema de la creatividad es D.W.Winnicot. En su libro Realidad y juego, el autor explica la apercepción creadora como algo que sucede a lo largo del proceso vital y que es, según sus palabras: “lo que hace que el individuo sienta que la vida vale la pena de vivirse”.

     Winnicot explica la creación como un proceso terciario: esto significa un aspecto del desarrollo del sujeto y sus relaciones. Del mismo modo que el bebé, para paliar la ausencia de la figura cuidadora, crea un objeto significativo emocionalmente que representa y sustituye esta figura (un objeto transicional, normalmente una manta o un muñeco), el sujeto creador elabora símbolos y representaciones de la persona ausente y, por lo tanto “es uno de los hitos en el desarrollo psíquico y en la generación de cultura”. Winnicot da un importante papel al juego como una manera de introducir a la persona en el mundo de la simbolización, la sublimación o el proceso terciario.

     El trabajo de Héctor Fiorini también es indispensable en cuanto a procesos creativos. Este psicoanalista argentino nos habla del psiquismo creador como el generador de las acciones que alteran lo que nos es dado, subvierten lo codificado y lo que inmoviliza al sujeto y su narrativa. Define la creatividad como la búsqueda de nuevos modelos de simbolización que nos permitan salir de bucles de encierro en imágenes y narrativas frustrantes y delimitadoras, entendiendo la creación humana como un proceso terciario, al igual que Winnicot.

     Para llegar a este proceso terciario, en mi opinión, los puntos de partida son varios. En cuanto a la empatía kinestésica como punto de partida, debo considerar lo que dice la terapeuta Stanton Jones cuando nos habla de la experiencia en movimiento como generadora de una nueva experiencia de “estar en el mundo”, ya que con la danza nos relacionamos a través de los aspectos kinestésicos, emocionales y simbólicos del movimiento.

     La empatía kinestésica ha sido definida por Maturana como el “sexto sentido” y vendría a ser la única manera para comprender todo aquello del otro que ha quedado aun por captar. Siempre hay algo para intuir, comprender o comunicar, que implica un riesgo en la captación del otro y que se logra a través de mecanismos como la simulación, la imitación, el eco o la imaginación, a partir de experiencias similares propias o ajenas. Es por eso que la DMT opera procesando y elaborando en un nivel corporal viajes y experiencias que pudieron ser profundos desencuentros intersubjetivos” Chaiklin, Wengrower.

     Haciendo también referencia a la idea de empatía kinestésica, considero importante los territorios descubiertos a partir del trabajo hecho con la práctica del contact improvisation (CI), una forma de danzar que inició el bailarín y coreógrafo Steve Paxon en el año 1972, muy relacionada con las jams de jazz que se daban en esta época en Estados Unidos. El CI toma como punto de partida para el movimiento el contacto con el suelo y con otros cuerpos y además, se interesa por explorar el fluir del movimiento en esa interacción de fuerzas físicas y cuerpos en contacto. Una obra interesante sobre el CI es el libro de la investigadora Marina Tampini: Cuerpos e ideas en danza. Una mirada sobre el Contact ImprovisationEn su texto la autora habla, entre otros temas, de los sentidos y de la experiencia de percibir desde el tacto y el contacto con otro cuerpo y de cómo, a partir de esta utilización de lo que es sensorial, se abre todo un territorio a explorar:

“El tacto permite un tipo de experiencia con el mundo en la que se desdibujan los límites entre el uno y el otro (…) habilita la fragmentación, la percepción de intensidades, texturas, volúmenes, consistencias, flujos que se suceden a velocidades mayores que las que nuestra mente puede aprehender proyectándole forma humana”.

     Tampini empieza describiendo qué tipo de pensamiento es la danza; un pensamiento que surge a partir de la conjunción de los sentidos y la mente, para acabar hablando de la improvisación como método de desterritorialización -ponernos en relación de desorientación- para crear algo nuevo. Explica el CI como una manera de aprender a moverse a partir del contacto con otro cuerpo, perdiendo las referencias visuales habituales y teniendo como referencia la información kinestésica para empezar a desterritorializarse e improvisar, teniendo en cuenta que lo que importa de esta práctica no son tanto las pautas a seguir como el hecho de que sea capaz de ponernos en desorientación.

     Al hablar del concepto de desorientación es cuando la autora introduce las ideas de la psicoterapeuta y crítica de arte Suely Rolnik, primero habla de “vulnerabilidad” y después de “desterritorialización”. Rolnik define la vulnerabilidad como una cuestión de cuerpos, de su dimensión sensible. La autora toma de la neurociencia los conceptos de cuerpo vibrátil y capacidad subcortical para designar a “la capacidad de nuestros órganos, de los sentidos en su conjunto, de aprehender el mundo en su condición de campo de fuerzas que se hacen presentes en nuestro cuerpo bajo la forma de sensaciones”, afectando esto a la textura sensible del cuerpo, disolviendo las figuras sujeto-objeto y no encontrando referente en el mapa de representaciones actual. De esta forma, la vulnerabilidad nos abre a las sensaciones de la presencia del otro aun cuando estas señales no sean decodificables desde el lenguaje. Este “dejarse afectar” por las sensaciones producidas por el contacto deviene una experiencia de difícil categorización, que no encuentra referencia en las representaciones sociales:

 “No es espectáculo, pero es arte. No tiene un fin representacional ni narrativo; tampoco necesita de la música como estímulo, pero es danza”. Tampini

     En cuanto a la idea de “desterritorialización” de Rolnik, como la acción de ampliar el territorio sin solidificarlo, Tampini lo compara con la improvisación en el CI, que consiste en ir ampliando territorio a medida que ya se ha conseguido cierta familiaridad con la forma de movimiento, con la instantaneidad que esto conlleva: “consiste en ejercitar la acción -del pensamiento y la sensibilidad- en territorios que siempre han de tener cierta cualidad de impredecible”. De esta forma, el bailarín se ve forzado a pensar su experiencia para ir más allá, ya que una vez conocido el territorio es necesario replantear preguntas para crear dudas sobre las que empezar de nuevo:

“Los sentidos y la mente son puestos a funcionar en un tipo de relación que no pareciera implicar sujeción de una respecto a la otra, sino que más bien parecieran hacer posible un modo de pensamiento con los sentidos en que la danza es el resultado de esa conjunción”. Tampini

Para Steve Paxon el efecto de estas propuestas es desafiar el modo en que la mente sintetiza las percepciones habitualmente, iluminando la percepción y entrenando a la mente a indagar modos diversos de sensorialización, “creando en medio de la vida un nuevo juego para jugar”. Para el iniciador del contact, saber cómo relacionarse con lo desconocido significa usar lo que sabemos -consciente e inconscientemente-, pero sin ser controlados por ello. De este modo, dice, es posible la creación, la aparición de lo nuevo. Las sensaciones e imágenes que surgen del movimiento pueden ser reveladoras para el que baila y para el que mira. Puede que esa sea la naturaleza de la improvisación: lograr formular con la mayor claridad posible el interrogante que guíe la exploración. Un interrogante que varía a medida que el bailarín se desarrolla como artista.

     Tomando la idea del interrogante como cuestionamiento, debo hacer referencia a un fragmento del libro Antropología del cuerpo: género: itinerarios corporales, identidad y cambio de Mari Luz Esteban, concretamente al testimonio que recoge de Luís, un bailarín que explica la danza como una investigación personal y vital, como un proceso de creación de nuevos mundos. Luís explica la danza como la única forma de expresión en la que puede exponer todo lo que no puede verbalizar:

“Era tímido y tenía dificultades para hablar en público pero presentaba habilidades para el movimiento, para transformarse, saltar y correr”.    

     Luís llama “collages” y “mezclas” a lo que hace con la danza, mezclas en las que dice poder “nadar” y crear una reflexión en la que el público también se pregunte algo, que “sea una relación porosa en la que la pieza o la obra sólo funcione si hay un intercambio que quiera ir más allá”. Define el movimiento y la danza como una manera de pensar, indagar e investigar, como un proceso de reflexión diverso del proceso de reflexión intelectual.

     Desde esta misma perspectiva, en un libro coordinado por José A.Sanchez que recoge las conferencias y entrevistas realizadas en diferentes ediciones del festival Desviaciones, certamen pionero en danza contemporánea en España, encontramos que la danza:

“Produce y reproduce movimientos, sensaciones, estados emocionales establece vínculos, rompe conexiones con la propia memoria del cuerpo, y se constituye en procesos de reflexión e interrogación, de búsqueda, compartidos o no entre bailarín/bailarines y público, pero siempre conectados con ideologías y prácticas sociales concretas”.

Es decir, la danza es un ejercicio de “desestabilización conceptual” un “proceso de cuestionamiento de los equilibrios asumidos”. Un cuestionamiento que promueve la reflexividad individual y colectiva y, en este sentido, es cuando la danza deviene política, ya que es una creación corporal fundamentalmente colectiva, como dice Esteban, con “contradicciones y discordancias pero también con puntos de encuentro”.

     Por esta razón Luís habla del cuestionamiento de su identidad a partir de una consciencia corporal, una capacidad de puesta en desorientación que tiene la danza en tanto que apela directamente al cuerpo.

“Aunque la reflexión, la evaluación en torno a su masculinidad, no haya estado presente de una forma racional, discursiva y consciente, sí lo ha estado en lo corporal, en lo carnal: el niño al que no le gusta el futbol y nada solo (…)” Esteban

      Así que es interesante cómo el cuestionamiento de la identidad de Luis viene a partir del cuerpo y sus sensaciones. Como a partir de su cuerpo y su movimiento ha encontrado la única forma de crear algo que ha acabado edificándose como identitario. Una identidad que se ha configurado partiendo de lo sensible, desde el estar y encontrarse con su cuerpo y otros cuerpos. Por esta razón, por el hecho de que nos sitúa en el mundo desde nuevas percepciones que nos cuestionan a nosotros mismos y nuestra relación con lo otro, la danza deviene política.

     Aceptar y defender que allí dónde no se ha podido llegar verbalmente o racionalmente, sí podemos llegar de otras formas, también es político, así como defender y legitimar la existencia de mundos que sólo pueden percibirse y no categorizarse mediante el lenguaje. Mundos que nos desorientan, nos desterritorializan, nos llevan al cambio e implican un inevitable esfuerzo por encontrar nuevas definiciones.

Como dice Gabriele Klein en su obra The Performance of Worldmaking in Dance and Choregraphy:

 “En un mundo del cuerpo y de los sentidos, de los movimientos y de los sentimientos, en un mundo de metáforas, para las cuales las palabras nos fallan, la danza en la edad moderna, según el discurso de la danza moderna, constituye un mundo alternativo, es decir, un mundo más allá del lenguaje y la racionalidad” *

*La traducción es mía

[divider]

Florència Vila. (Barcelona, España) Licenciada en periodismo y practicante de danza contemporánea. Trayectoria como creadora de contenidos para diversos proyectos entorno al arte y la cultura. Forma parte del Grupo de Investigación en Arte y Antropología (GRAPA) de la Universidad de Barcelona en el que se interesa especialmente por la investigación desde la práctica del movimiento, los estudios somáticos, la improvisación, la antropología de la danza, los estudios de la performance y la antropología audiovisual.

Abrir publicación

AUSENCIAS BOWIE

11._david_bowie_1973_by_sukita

“Menos machos y más Bowies”. Con esta cita de María Bastarós se encabeza este artículo en el que se reflexiona, entre otras cosas, “sobre los conceptos de hombre y mujer como herramientas opresoras que limitan nuestras identidades y nuestra libertad de expresión”.

Por MIRIAM VEGA

Hoy me enteré demasiado tarde de la muerte de Bowie.

Ascendente de los astros de Irlanda con ojos de husky siberiano y bautizado, mas tarde, con nombre de cuchillo, así de explosivo se confabulaba el nacimiento de David Robert Jones, un ocho de enero de 1947.

No haré de puta fan en este texto y tampoco hablaré de Bowie porque se me queda grande, muy grande. Todos somos conscientes del gran vacío que deja, en la odisea espacial, y es ahí donde se me queda fija la mirada: en el vacío, en la ausencia de la estética transgresora, de identidades no binarias y ambiguas que uniteralicen y llenen el espacio, que ya poco tiene de sideral.

La alienación ya no quiere vestirnos de colores, porque molesta. No sabe de purpurinas, ni de rayos rojo/azules en la cara. No entiende de maquillaje, ni de hombreras en los hombros de los hombres (H³), y con Bowie pareciera que despedimos a una especie en extinción.

Bowie. © Dibujo de Pablo García (Pablo Je Je).
Bowie. © Dibujo de Pablo García (Pablo Je Je).

 

De las ballenas blancas pasamos al vallenato, del vallenato al reggaetón, del perrea-perrea a ver quién es la más perra y entre toda estas mierdas se sucede la lucha de sexos, donde unos no pueden vestirse como los otros, porque no vaya a ser que seas medio maricón o tengas pinta de bollera. Así de simple es el argumento y la opinión que se le muestra a la estética, esa que nos define y en la que va insertada todo un significado de códigos y valores.

Con la muerte de Bowie, ha saltado el resorte de preguntas: ¿qué es lo femenino y lo masculino en el vestir? ¿Por qué aún se considera afeminado que el hombre se maquille, se adorne o decore su apariencia?

Como en todas las historias, siempre hay dispositivos patriarcales y predominantes que dirigen todo tipo de tejidos. En el tejido de la moda y del vestir, se llamó “la gran renuncia”. Lo normativo/masculino se estableció a través del traje en el siglo XIX, el hombre burgués desertó de lo estético. Jorge Bryan Brummel, famoso y elegante decano de la moda en Londres, desde 1799 a 1814, constituyó el prototipo de la elegancia británica. El hombre burgués respondió a las características de la civilización industrial y la moda pasó a ser algo frívolo; cosas de mujeres.

Ellas, las más bellas, como manda la normatividad, siguieron las variaciones de la recargada moda del Segundo Imperio, siguiendo las tendencias de la emperatriz Eugenia; ellos se limitaron a variar sólo en detalles su atuendo con fuerte dirección inglesa. A partír de aquí, la exhibición del poder económico ystatus social solo sería mostrado a sus semejantes a través de su pareja, perteneciente siempre al sexo opuesto.[1]

En 1921, llego el hombre con sus firmes valores de austeridad, seriedad y ubicado en la empresa moderna; en 1939, los tonos sobrios y la presencia de cuello y corbata; en 1959 la estabilidad del traje hegemónico/masculino, y de repente en 1960 llegó el Punk, para devolvernos el igualitarismo.

“La transexualidad es la última forma del verdadero punk”, así se encabeza la entrevista hecha al grupo The Drums en la revista JenesaisPop[2]; quizás este sea un planteamiento que nos lleve a un nuevo Punk. Y es que, si algo consiguió el “Proto- punk” fue generar un colectivo, un cuerpo común que se salía de los límites, lo trans*.

El sonido del sintetizador se aglutinaba con palabras de diferente sentidos, la palabra se convertía en gritos biomecánios –para sacar de quicio la lengua– que politizaban la escena. La transgresión, como método para desconstruir, aniquilaba lo normativo, ensalzaba la imaginación liberada y daba visibilización a las corporalidades rebeldes[3].

Las mujeres se mezclaban con los hombres en una guerra igualitaria, la de hacer y disfrutar de la música. Los valores, el baile y la indisciplina se compartían a través de un nexo en común: el cuerpo vestido. Lo inclasificable comenzó a ser subversivo, la relación entre cuerpo, ropa y sociedad estaba servida, había una identificación de grupo y lo más importante, era una estética igualitaria.

David Bowie. © Hunky Dory (1971).
David Bowie. © Hunky Dory (1971).

En contra de la estética burguesa comenzaban a visibilizarse las crestas, en tributo a los mohicanos, las botas altas contra los militares y las fuerzas del orden público, las cadenas como representación de la clase esclava, los alfileres a favor de la resistencia y la rebeldía… Y como toda deriva de tendencias, del “post punk” y del “punk rock” nació el “glam rock” en los 70 y la psicodelia llenó de colores la estética. Y ahí estaban BowieMarc Bolan o Andy Warhol entre otros. Las botas militares se sustituyeron por tacones de aguja, los hombres con hombreras llenaban la escena “futurista” que se afianzaría en los 80, la estética formaba parte de la música y la música formaba parte de la estética. El espacio público estaba lleno de colores metalizados, el travestismo y el maquillaje eran códigos legítimos con un peso de reafirmación política y social.

Pero todo despertar es aplastado por el opio, el capitalismo trajo a los hombres grises, como cuenta la película de Momo, y nuestro recién estrenado 2016, el futuro-no futurista, carece de esa, ansiada para muchos, fantasía de purpurinas y colores metalizados. Las hombreras, en los hombros de los hombres, más bien, son recuerdos que nos llevan a “Locomía”. El maquillaje y las uñas pintadas ha pasado a ser, como dicen algunos, cosa de chicas y las tendencias nos visten en un acentuado sexismo para igualarnos, sólo, en la escasez de vello por depilación laser en nuestros tejidos.

David Bowie. © Hunky Dory (1971).
David Bowie. © Hunky Dory (1971).

Por eso, hoy, no sólo nos hemos despedido del “Héroe”, nos hemos despedido también de una parte importante de la historia que, de alguna manera, nos conectaba en un ser y un estar común. Hoy nos ha tocado reflexionar, como bien dice María Bastarós, redactora de “Quien coño es!”, sobre los conceptos de hombre y mujer como herramientas opresoras que limitan nuestras identidades y nuestra libertad de expresión. Hoy nos despedimos de un revolucionario y transgresor, con ojos de husky y nombre de cuchillo. Un ejemplo de transgresión de los estereotipos de género. Gracias por la frase que encabeza el artículo, María, y gracias a ti, Bowie.

—tome sus píldoras de proteinas y póngase su casco—.

 

Notas:

  • [1]FERNADEZ, Diana (2012)
  • [2]ALONSO, Sebas E. (2014)
  • [3]LUCENA, Daniela & LABOUREAU, Gisela (2012:113)

Bibliografía/Webgrafía:

  • FERNANDEZ, Diana.Sobre la “gran renuncia”. Publicado en Vestuario escénico. wordpress.com el 8 de mayo de 2012 [en línea].
  • ALONSO, Sebas E. Publicado en la revista Jeneasispop el 18 de septiembre de 2014 [en línea].
  • LUCENA, Daniela & LABOUREAY, Gisela.Perder la forma humana. Centro de investigaciones artísticas. Seminario coordinado por Ana Logoni en CIA. Junio y Julio 2012.

 

Abrir publicación

Yo monstruo mío. Susy Shock: la cuestión del ser y lo divino en el cuerpo transexual

por Benjamín J. M. Martínez Castañeda

Me gustaría partir de la idea de <<despojo>>. La modernidad se encargó de despojar a sus moradores de condiciones humanas y los redujo a la vida desnuda, el hombre moderno ha sido despojado de la naturaleza, lo divino y de lo humano; hoy en día el hombre contemporáneo, el hombre de la vida desnuda, precaria y vulnerable, va en busca de ese resplandor luminoso. Está en busca de ese instinto de vida. Así lo hace ver Susy Shock[1] en su poema Yo monstruo mío (2008).

 

1  …Yo, pobre mortal,

2  equidistante de todo

3  yo D.N.I: 20.598.061

4  yo primer hijo de la madre que después fui

5  yo vieja alumna

6  de esta escuela de los suplicios

7  Amazona de mi deseo

8  Yo, perra en celo de mi sueño rojo

9  Yo, reivindico mi derecho a ser un monstruo[2]

Las preguntas son: ¿qué es ser un pobre mortal equidistante de todo? ¿Qué significa ser un monstruo en este mundo desalmado? Tal vez para la primera pregunta se pueda recurrir al <<ser ahí>> de Heidegger: “(…) el ‘ser ahí’ es en la forma de un ‘poder ser’ compresor al que en su ser le va este mismo. El ente que es de esta forma soy en cada caso yo mismo”.[3] El ser ahí  como poder ser  implica una <<existencia>> la cual va marcada por una posibilidad der ser: el fin de sí mismo. La muerte.[4] Susy Shock es consciente de algo: se está en el mundo sin nada y que todas esos elementos materiales que nos dan identidad no sirven de nada en este camino a la muerte; con esta escuela de los suplicios, nos da a entender que todos esos elementos que se adhieren a nuestro ser como lesiones, castigos y sufrimientos morales, son despojados de nuestros procesos de identificación y nos dejan desnudos en este camino hacia la muerte. Al final ni mi nombre, ni mi Documento Nacional de Identidad y mucho menos mi cuerpo serán de gran utilidad, pues se van desintegrando en el áspero camino hacia la completud; lo único que queda después de la muerte tras de mí, es mi esencia. La segunda pregunta fue: ¿qué significa ser un monstruo en este mundo desalmado?[5] Antes de llegar a lo monstruoso debo pasar por la guerra del deseo, ¿qué anhela Susy Shock? El que la filosofía contemporánea haya tenido un giro de trescientos sesenta grados, es decir, que se hayan olvidado las preguntas por lo universal y la naturaleza por aquellas que apelan a las singularidades y particularidades, nos puede ayudar a ver en el deseo una guerra; cuando se escribe Amazona en mi deseo, invita a pensarnos como aquellas antiguas mujeres griegas guerreras que con sus armas, arcos, lanzas, hachas, escudos y cascos hacen la guerra a los que con sus garras quieren robarnos lo más natural que le ha quedado al hombre contemporáneo: el soñar.[6] De esta manera, Yo, reivindico mi derecho a ser un monstruo.

10  ni varón ni mujer

11  ni XXI ni H2O

12  yo monstruo de mi deseo

13  carne de cada una de mis pinceladas

14  lienzo azul de mi cuerpo

15  pintora de mi andar

16  no quiero más títulos que cargar

17  no quiero más cargos ni casilleros a donde encajar

 18  ni el nombre justo que me reserve ninguna Ciencia[7]

El cuerpo humano ha sido separado, ya no somos esa quimera que Aristófanes narra en el banquete platónico; la naturaleza del andrógino ha sufrido graves modificaciones. En dicho encomio se cuenta que los hombres al sentirse superior a los dioses, por Zeus fueron separados por la mitad haciéndolos más débiles y útiles para los dioses mismos.[8] ¿Pero qué culpa tenemos nosotros de la insolencia de los antiguos? Si el deseo es la carencia de algo, ¿qué es lo que hace que Susy Shock se vea monstruosa ante su deseo? Considero que no sólo ella se sienta así, entre los hombre hemos perdido la capacidad de amarnos entre nosotros mismos; es el precio que tenemos que pagar por haber sido separados. Lo que nos mueve como monstruos de nuestros deseos es, “(…) el amor de los unos a los otros innato en los hombres y restaurador de la antigua naturaleza, que intenta hacer uno solo de dos y sanar la naturaleza humana”.[9] La cuestión está en no caer en esa vorágine del mundo industrializado y hacer de nuestra vida una obra de arte.  Ya Heidegger lo plantea en El origen de la obra de arte (1936), todo es una cosa que encarna la experiencia del ser en la presencia.

 

Lo que le da a las cosas su consistencia y solidez, pero el mismo tiempo provoca los distintos tipos de sensaciones que confluyen en ellas, esto es, el color, el sonido, la dureza o la masa, es lo material de las cosas, en esta caracterización de la cosa como materia está puesta ya la forma. Lo permanente de una cosa, su consistencia, reside en que una materia se mantienen con una forma. La cosa es una materia confirmada. Esta interpretación de la cosa se apoya en la apariencia inmediata con la que la cosa se dirige a nosotros por medio de su aspecto. La síntesis de materia y forma nos aporta finalmente el concepto de cosa que se adecua igualmente a las cosas de la naturaleza y a las cosas del uso. [10]

Así es como concibo la posibilidad de ver nuestra vida como cosa, pues tal como  se muestra en lo versos 13-15, nosotros somos  los que le damos forma a esos sueños por alcanzar, nosotros los ideamos, los planeamos y nosotros los concretamos; yo soy ese artista que a partir de la razón[11] me vuelvo uno mismo en unión con la materia que el mundo pone ante mí. Yo ser humano autocreado de barro, de esa tierra que se guarda en el mundo que me contiene, me abro a mi ser; así es como Susy Shock se muestra, en los versos 16-18, en contra de toda imposición industrial de esta era de la técnica que de todo me protege. ¿Pero de qué?

Lo que hace tiempo amenaza mortalmente al hombre, y precisamente con la muerte de su esencia, es lo incondicionado del puro querer, en el sentido de su deliberada autoimposición de todo. Lo que amenaza al hombre en su esencia es esa opinión de la voluntad que piensa que por medio de una liberación, transformación, acumulación y dirección pacíficas de las energías naturales, el hombre puede hacer que la condición humana sea soportable para todos y, en general, dichosa. [12]

La técnica nos protege de ese horrible deseo de individualidad, deseo que nos fortalece como cuerpos en el mundo y que afirma la existencia de nuestro ser en el mundo; lo que el mundo de la técnica busca es ampararnos ante de la desprotección propia del ser humano alejándonos de lo sagrado y lo divino. El mundo de la técnica ha conseguido la muerte de los dioses y con ello pone en peligro la esencia del hombre en relación consigo mismo. En contra de esto, Yo, reivindico mi derecho a ser un monstruo.

19  Yo mariposa ajena a la modernidad

20  a la posmodernidad

21  a la normalidad

22  oblicua

23  Bizca

24  Silvestre

25  Artesanal

26 Poeta de la barbarie

27  con el humus de mi cantar

28  con el arco iris de mi cantar

29  con mi aleteo[13]

 

La modernidad ha fracasado, la gran promesa de progreso nos dejó esperándola sentados en la sala de espera del Seguro Social, o de cualquier otra dependencia que tiene por objetivo regular nuestras vidas. América Latina pasó por la posmodernidad con los pies por delante, sería mejor hablar de una post mortem-nidad. Yo mariposa ajena a la modernidad / a la posmodernidad / a la normalidad, son versos que nos invitan a pensar en que no todos caben en ese cajón de la productividad que nos da forma de seres grises con la necesidad de ser indispensables en el dominio técnico que nos norma y sistematiza en años, meses, semanas, días, horas, minutos y segundos. Ante esta serialidad, Susy Shock se muestra más artesanal, más cercana a la tierra, más al contacto con la naturaleza, haciendo de su vida una vida más arriesgada. “Como todos los seres, sólo somos entes en cuanto arriesgados dentro del riesgo de ser. Como, sin embargo, en cuanto seres que quieren marchamos junto con el riesgo, somos más arriesgados y, por tanto, estamos más a merced del peligro. (…) el riesgo más arriesgado nos crea una seguridad”.[14] La de seguir vivos. Esta pulsión hace que la poeta de la barbarie se concentre en las vísceras y los residuos  de la humanidad, se embadurna de ellos para enfrentar al peligro; se vuelve abyecta. Hay en la pulsión un deseo inquietante como amenaza, es todo aquello que es pensable pero inadmisible; se trata de un lazo de atracción/repulsión que lo lleva a estar fuera de sí como condena, lo abyecto es la oposición a mí ser, que no es en referencia al camino de la muerte sino a lo que me lleva a donde no hay sentido. Es un expulsado que no para de retar y desafiar cuestionando su lugar y su ser como los situacioncitas. En esta deriva, Yo, reivindico mi derecho a ser un monstruo.

 

30  Reivindico: mi derecho a ser un monstruo

31  que otros sean lo Normal

32  El Vaticano normal

33  El Credo en dios y la virgísima Normal

34  y los pastores y los rebaños de lo Normal

35  el Honorable Congreso de las leyes de lo Normal

36  el viejo Larousse de lo Normal

37  Yo solo llevo las prendas de mis cerillas

38  el rostro de mi mirar

39  el tacto de lo escuchado y el gesto avispa el besar

40  y tendré una teta obscena de la luna más perra en mi cintura

41  y el pene erecto de las guitarras alondras

42  y siete lunares

43  setenta y siete lunares

44 ¡qué digo! Siete siete siete (777) lunares de mi endiablada señal de Crear[15]

 

La historia contemporánea se ha encargado de culpar a Nietzsche por la muerte de Dios, sin embargo, considero justo decir que fue el cristianismo quien mató a los dioses; el  cristianismo separó al hombre de la naturaleza. En estas dos estrofas Susy Shock se deja ver como el loco de Nietzsche que busca a Dios sin respuesta alguna:[16]

 

<<¿Adónde ha ido Dios?>>, gritó, <<¡yo os lo voy a decir! ¡Nosotros lo hemos matado  –vosotros y yo! ¡Todos nosotros somos sus asesinos! ¿Pero cómo hemos hecho esto? ¿Cómo fuimos capaces de bebernos el mar hasta la última gota? ¿Quién nos dio la esponja para borrar todo el horizonte? ¿Qué hicimos cuando desencadenamos esta tierra de su sol? ¿Hacia dónde se mueve ahora? ¿Hacia dónde nos movemos nosotros? (…) ¡Dios ha muerto! ¡Dios sigue muerto! ¡Y nosotros lo hemos matado! ¿Cómo nos consolaremos los asesinos de todos los asesinos? Lo más sagrado y lo más poderoso que hasta ahora poseía el mundo, sangra bajo nuestros cuchillos. (…) <<¿Qué son, pues, estas iglesias sino las tumbas y sepulcros de Dios?>>.[17]

 

Si Dios ha muerto ¿en qué podemos creer ahora? El problema radica en no ver a Dios como ese ente supremo que nos gobierna, nos vigila y nos castiga; ese ha sido el problema de los modernos. Hay que ver en Dios todo lo mutable, la luz que nos deslumbra al amanecer, el verde del follaje de los árboles que año tras año reverdece, el volcán que hace erupción; habremos de comprender a Dios como la naturaleza que nos contiene, nos envuelve y nos sostiene. Si Dios ha muerto es posible entender el vació cultural, social y espiritual que se vive en estos tiempos de guerra y abandono social. Ante la necesidad que muestra Susy Shock, en estas estrofas, de volver a un punto más primario del ser humano de sí mismo ante la naturaleza; ella pone el ejemplo, al ver en su cuerpo transgénero un proceso de auto-poiesis. Pienso el concepto de poiesis desde Platón: “Tu sabes que la idea de <<creación> (poiesis) es algo múltiple, pues en realidad toda causa que haga pasar cualquier cosa del no ser al ser es creación, de suerte que también los trabajos realizados en todas las artes son creaciones y los artífices de éstas son todos creadores (poietat).”[18] Pensar la situación de Susy Shock como un acto de auto-poiesis implica que ha sido poseída por un impulso creador divino: “(…) la inspiración (o, con mayor propiedad, la condición de quien se sabe poseído por un dios) supone un estado de exaltación emotiva afín a la embriaguez y al delirio amoroso”.[19] Esto me hace pensar que el retorno de los dioses está en el camino hacia la muerte de cada uno, si entendemos ésta como una posibilidad del ser en el mundo; posiblemente Dios ha muerto, pero yo aún no. En mi aún no de la muerte tengo la posibilidad de crear vida con los residuos del mundo; la única posibilidad de vida  se encuentra en el arte. Así pues, Susy Shock se piensa en un estado dionisiaco en el que se estimula, “(…)hasta el grado supremo de sus capacidades simbólicas; algo nunca sentido se esfuerza por exteriorizarse (…) el ser uno con el genio de la especie, incluso con el de la naturaleza. Ahora debe expresarse simbólicamente la esencia de la naturaleza. Un nuevo mundo de símbolos es necesario, todo el simbolismo corporal (…)”[20]. En esta búsqueda por la divinidad, en la que mi esencia, mi ser y mi cuerpo se transforman constantemente siendo poseídos por la naturaleza, Yo, reivindico mi derecho a ser un monstruo.

 44  mi bella monstruosidad

45  mi ejercicio de inventora

46  de ramera de las torcazas

47  mi ser yo entre tanto parecido

48  entre tanto domesticado

49  entre tanto metido “de los pelos” en algo

50  otro nuevo título que cargar

51  baño: de ¿Damas? O ¿Caballeros?

52  o nuevos rincones por inventar[21]

En lo monstruoso existe la seguridad de estar vivos, pues ante la mirada del otro no hay fuerza que resista y enfrente lo monstruoso; esto infunde terror ante la vida del otro. La naturaleza ha dejado de ser la fuente de expresión y contemplación de lo divino, para el hombre posmoderno <<la seducción>>[22] ha ocupado el lugar de la divinidad; en este sentido, el posmoderno no se diferencia tanto del medieval, pues ambos ven en lo monstruoso una atracción exótica. La belleza de lo monstruoso radica en que, al igual que lo normal, es una creación de la naturaleza (divina). Ante mi carácter de ser homosexual, de ser andrógino, de ser travesti, de ser transgénero, de ser transexual, de ser quimera, de ser abyecto; Yo, reivindico mi derecho a ser un monstruo.

 

53  Yo: trans…pirada

54  mojada nauseabunda germen de la aurora encantada

55  la que no pude más permiso

56  y ésta rabiosa de luces mayas

57  luces épicas

58  luces parias

59  Menstruales Marlenes bizarras

60  sin Biblias

61 sin tablas

62  sin geografías

63  sin nada

64 solo mi derecho vital a ser un monstruo

65  o como me llame

66  o como me salga

67  como me pueda el deseo y la fuckin ganas

68  mi derecho a explorarme

69  a reinventarme

70  hacer de mi mutar un noble ejercicio

71  veranearme otoñarme invernarme:

72  las hormonas

73  las ideas

74  las cachas

75  y todo el alma!!! …amén. [23]

 

El cuerpo transexual se ha vuelto en el mundo contemporáneo el centro de lo sagrado. La mirada, el cuerpo y la voz de lo otro han cuestionado las lógicas dominantes[24], para darle paso a las <<otras historias>>; las cuales consideran que: “No todas las culturas reconocen los mismos marcadores anatómicos y no todos perciben las marcas anatómicas como naturales y contrapuestas a un dominio distinto de lo cultural. En muchos casos, conocer los genitales que un individuo tiene es menos importante que conocer cómo los cuerpos son culturalmente construidos y qué rasgos y procesos particulares se consideran comprometidos con el sexo”.[25] En estas últimas dos estrofas Susy Shock muestra su condición de vida como un acto trascendental, una fuerza mayor que la lleva a la unión paradójica de los contrarios;[26] así pues, Susy Shock nos muestra en su transitar, en su trans…pirada que:

 

“Transing”, in short, is a practice that takes place within, as well as across or between, gendered spaces. It is a practice that assembles gender into contingent structures of association with other attributes of bodily being, and that allows for their reassembly. Transing can function as a disciplinary tool when the stigma associated with the lack or loss of gender status threatens social unintelligibility, coercive normalization, or even bodily extermination. It can also function as an escape vector, line of flight, or pathway toward liberation. [27]

 

El cuerpo y la vida trans…pirada para Susy Shock ha sido de resistencia, burla y dominio de los estigmas; no busca ser definida, ni reconocida como hombre o mujer. Su estar en el mundo se abre a lo masculino, a la maternidad, y a la luz de la naturaleza que la abraza día con día. Las categorías no le importan, siempre las rompe, escapa de ellas para no ser domesticada por reglas de convivencia y reconocimiento. Ella no tiene problemas con las normas y los normales, son éstos los que los tienen hacia ella. Susy Shock en este trascender las categorías ontológicas e identitarias…reivindica su derecho a ser un monstruo.

 

[divider]

[1] Buenos Aires, 1968. Actriz, escritora, cantante y docente trans sudaca como ella se define.

[2] Susy Shock, Yo monstruo mío, en http://susyshock.blogspot.mx/2008/03/yo-monstruo-mio.html

[3] Martín Heidegger, “El ‘ser ahí’ y la temporalidad”, en El ser y el tiempo, (Trad. José Gaos), 2ª ed., FCE, México, 1971, p. 253.

[4] “(…) la muerte sólo es en la forma de ser del ‘ser ahí’ en un existencial ‘ser relativamente a la muerte’”. M. Heidegger, Op. Cit., p. 256.

[5] Responder esta pregunta en un primer intento me fue imposible; por esta razón, será un pregunta que me acompañe a lo largo del texto con diferentes respuestas.

[6] Entiendo el sueño como María Zambrano lo plantea en El sueño creador.

 “Si los sueños no fueran un despertar, un cierto modo de despertar, hubieran pasado desapercibidos siempre, como quizás pasen desapercibidos todavía algunos aspectos de la vida humana en el mundo del sueño, bajo los sueños o, en la vigilia, del otro lado de las fronteras de la conciencia.

Soñar es ya despertar. Y por ello hay un soñar que despierta la realidad aún dormida en los confines de la vigilia: en esa tierra donde la conciencia no se aventura (…)”. María Zambrano, El sueño creador, Universidad Veracruzana, México, 1965, p. 13.

[7] S. Shock, Op. Cit.

[8] Cf. Platón, Banquete, §§189c-194c.

[9] Platón, “Banquete (§191c-d)”, en Diálogos III, (Trads. C. García Gual, M. Martínez Hernández, E. Lledó Íñigo), Gredos, Madrid, 1988, pp. 225-226.

[10] Martin Heidegger, “El origen de la obra de arte”, en Caminos de bosque, (Trad. Helena Cortés y Arturo Leyte), Ed. Alianza, Madrid, 2010, p. 18.

[11] Habrá que entender el concepto de razón como Heidegger lo plantea; esto es, como una manera de pensar mas no la única ni la más superior, pero sí un calcular. “La razón es la percepción de lo que es, y eso significa a la vez: lo que puede ser y lo que tiene que ser (…) La percepción que actúa en la razón se propone fines, establecer reglas, prepara medios y así pone en marcha la acción”.  Apud. Jorge Acevedo Gurra, “La razón poética. Una aproximación (María Zambrano y Heidegger)”, en Aurora No. 9. Papeles del “Seminario María Zambrano”, Universidad de Barcelona, Noviembre-Diciembre 2008, p. 8.

[12] Martín Heidegger, “¿Y para qué poetas?”, en Caminos de Bosque, (Trad. Helena Cortés y Arturo Leyte), Ed. Alianza, Madrid, 2010, p. 218-219.

[13] S. Shock, Op. Cit.

[14] M. Heidegger, “¿Y para qué poetas?”, en Caminos de bosque, p. 221.

[15] S. Shock, Op. Cit. Los paréntesis son míos.

[16] Cf. Friedrich Nietzsche, La Gaya Ciencia, §§ 108, 125 y 343.

[17] Friedrich Nietzsche, “La ciencia jovial”, en El nacimiento de la tragedia. El caminante y su sombra. La ciencia jovial, (Trad. Germán Cano), Gredos, Madrid, 2010, pp. 440-441.

[18] Platón, Op. Cit., §205c, p. 252.

[19] Giovanni Lombardo, La Estética Antigua, (Trad. Francisco Campillo), La balsa de la Medusa, Madrid, 2008, p. 57.

[20] F. Nietzsche, “El nacimiento de la tragedia”, en Op. Cit., p. 32.

[21] S. Shock, Op. Cit.

[22] Sobre la seducción dice Lipovetsky: “La seducción posmoderna no es ni un sucedáneo de comunicación ausente ni un escenario destinado a ocultar la abyección de las relaciones comerciales. Sería remitirla de nuevo a un consumo de objetos y de signos artificiales, reinyectar engaño allí donde existe ante todo una operación sistemática de personalización, dicho de otro modo, de atomización de lo social o de expansión en abismo de la lógica individualista. Hacer de la seducción una <<representación ilusoria de lo no-vivido>> (Debord), es reconducir el imaginario de las pseudonecesidades, la oposición moral entre real y aparente, un real objetivo al abrigo de la seducción, cuando ésta se define ante todo como proceso de transformación de lo real y del individuo. Lejos de ser un agente de mistificación y de pasividad, la seducción es destrucción cool de lo social por un aislamiento que se administra ya no por la fuerza bruta o la cuadrícula reglamentaria sino por el hedonismo (…)” Gilles Lipovetsky, La era del vacío. Ensayos sobre el individualismo contemporáneo, (Trad. Joan Vinyoli y Michèle Pendanx), 13 ed., Anagrama, Barcelona, 2000, pp. 23-24.

[23] S. Shock, Op. Cit.

[24] Eva Giberti entiende por lógicas dominantes al: “(…) pensamiento binario que instituyó –patriarcado mediante- la oposición/complementariedad hombre/mujer; a partir de ese ordenamiento, cualquier diversidad fue consignada como desvío, perversión, vicio, degeneración, pecado, peligro social”. Eva Giberti, “Transgéneros: síntesis y aperturas”, en Diana Mafia (comp.), Sexualidades migrantes, género y transgénero, Feminaria, Buenos Aires, 2003, p. 38.

[25] E. Giberti, Op. Cit., pp. 44-45.

[26] Es el deseo innato e inherente al hombre el que lo obliga a intentar concebir los opuestos como aspectos complementarios y tratar de acercarse al misterio de la Realidad Última. De ahí que el espíritu del mal puede revelarse como incitador del bien, mientras que los demonios pueden aparecer como aspectos ocultos o nocturnos de los dioses.  Liliah Shivananda, Coincidentia Oppositorum: el Misterio de la Totalidad y su Manifiesto, en http://sol-oriente.blogspot.mx/2011/04/coincidencia-oppositorum-el-misterio-de.html , última consulta diciembre 2015.

[27] “<<Transitar>>, en definitiva, es una práctica que se lleva a cabo en el interior, así como a través p entre, los espacios del género. Es una práctica que reúne los géneros en las estructuras contingentes de asociación con otros atributos del ser corporal, y que permiten su re-ensamblaje. Transitar puede funcionar como una herramienta disciplinaria cuando el estigma asociado con la falta o la pérdida de la condición de género amenaza la inteligibilidad social, la normalización coactiva, o incluso el exterminio físico. También puede funcionar como un vector de escape, línea de vuelo, o vía hacia la liberación”.  Susan Stryker, Paisly Currah y Lisa Jean Moore, “Introduction: Trans-, Trans, or Transgender”, en Women’s Studies Quarterly, Volume 36, Numbers 3&4, Fall/Winter 2008, p. 13. La traducción es mía.

[divider]

Fuentes de consulta.

 

GIBERTI, Eva, ““Transgéneros: síntesis y aperturas”, en MAFIA, Diana (comp.), Sexualidades migrantes, género y transgénero, Feminaria, Buenos Aires, 2003, pp. 31-58

 

HEIDEGGER, Martín, El ser y el tiempo, (Trad. José Gaos), 2ª edición, FCE, Buenos Aires, 2009, 479 pp.

 

__________________, “El origen de la obra de arte” e “¿Y para qué poetas?”, en Caminos de Bosque, (Trad. Helena Cortés y Arturo Leyte), Alianza, Madrid, 2010, pp. 11-62, 199-238.

 

NIETZSCHE, Friedrich, El nacimiento de la tragedia. El caminante y su sombra. La ciencia jovial, Estudio introductorio por Germán Cano, (Trad. Germán Cano y Alfredo Brotons), Gredos, Madrid, 2010, 610 pp.

 

____________________, “Escritos preparatorios de El nacimiento de la tragedia”, en El nacimiento de la tragedia o Grecia y el pesimismo, (Trad. Andrés Sánchez Pascual), Alianza, Madrid, 2009, pp. 203-272.

 

SHOCK, Susy, Yo monstruo mío, http://susyshock.blogspot.mx/2008/03/yo-monstruo-mio.html , última consulta diciembre 2015.

STRIKER, Susan, Paisley Currah y Lisa Jean Moore, “Introduction: Trans-, Trans, or Transgender?”, en WSQ: Women’s Studies Quarterly, Volume 36, Numbers 3 & 4, Fall/Winter 2008, pp. 11-22.

Abrir publicación

La matanza de Orlando, Florida, EEUU: O cuando la religión esclaviza en vez de liberar

por Gerardo Ramos M.

¿Habrá sido el odio  de sí mismo el culpable de la masacre?

En la noche del 12 de junio 2016, Omar M., un hombre joven de origen afgano, mató a 49 personas e hirió a otras 53 en una discoteca cuya clientela era sobretodo de personas homosexuales. El asesinato masivo fue reivindicado por los islamistas integristas de Daech.

Resumiendo ante la prensa la vida de su hijo multicriminal, el padre de Omar M. lamenta profundamente su trágico fin y la horrible tragedia de la que fue autor;  no se explica lo sucedido, y dando testimonio de la amabilidad de Omar quien respetaba fielmente las tradiciones  familiares,  agrega: “ Es a Dios a quien compete castigar a quien se lo merezca y no a los humanos”. Podremos estar de acuerdo con el Sr M, sobre tal aseveración, sin embargo, es necesario tomar en cuenta que Omar  creció en un  ambiente patriarcal y arcaico donde la autoridad del padre es absoluta y los papeles de las personas se encuentran perfectamente definidos en función de su sexo.

¿Era amable Omar? Podemos creerlo, sólo que el peso de la familia, del clan, de la religión, y sobre todo del odio que tenía de sí mismo, del que no se pudo liberar, no solamente no le ayudaron a vivir su gentileza  sino que lo empujaron a convertirse en un terrible asesino. En  efecto, los fanáticos islamistas con los que Omar se puso en contacto,  que se creen el brazo justiciero de un Dios de caricatura que debe castigar a los que no están de acuerdo con ellos, lo hundieron más en  el problema que él tenía con su propia identidad, ofreciéndole una puerta falsa de salida.

Víctima y verdugo.

Generalmente, a la gente que ama la justicia y siente horror del crimen le cuesta trabajo darse cuenta de que, con frecuencia, la primera víctima es el verdugo mismo.  Esto sucede en el caso que nos ocupa:  podemos explicarnos la angustia existencial de Omar, víctima de la leyes que rigen a su familia y del  ambiente socio-étnico más estrecho en el que él se mueve,  (a pesar de vivir en un país multicultural y multireligioso. ) Leyes y tradiciones que lo condenan a vivir como marginal, como clandestino avergonzado de sí, desgarrado en su interior por su doble vida. Y no es para menos: En su medio socio-cultural, Omar, como varón, debe garantizar el honor de la familia. Es así como, tratando de negar sus pulsiones profundas, trata de sobreponerse a ellas y  se orienta hacia el objeto mayoritario del deseo para un varón, – la mujer -, con la esperanza de   convertirse en otro hombre conforme a la norma. Por eso Omar se casa hasta dos veces con chicas de su medio socio-cultural, para darles gusto a sus allegados pero sobre todo para huir de sí mismo ya que no se resigna a la apremiante realidad de su orientación sexual.

Luego de fracasar en sus dos matrimonios, Omar no puede más que constatar que no le es posible “curarse”. Y es que cada  vez  sus pulsiones naturales regresan con más fuerza…y esto es insoportable… ¿ Qué salidas se le ofrecen entonces a este hombre atormentado? Una hubiera podido ser la de decidirse por fin a tomar el camino de la aceptación de sí mismo, camino doloroso porque lo pondría  en conflicto con la familia, la religión, etc..  Camino doloroso, es cierto,  pero no imposible. Omar ha cultivado lazos de amistad con otros muchachos homosexuales  de familias musulmanes. Esos amigos con los que se ha codeado en la discoteca LGBT “Pulse” de Orlando parecían vivir con serenidad su diferencia y trataban de mirarse sin mentirse a sí mismos. Ellos habían tomado el camino de la aceptación que puede conducir a la paz interior, o al menos al principio, a un pacto de no agresión consigo mismo.

La otra salida, la que por desgracia va a tomar Omar, es la que le ofrecen en charola de plata los fanáticos sanguinarios con los que se ha puesto en contacto. Poder escapar de un mundo en el que le es imposible vivir, y sobretodo escapar de la detestable imagen que tiene de sí mismo…Así entra, pues, por última vez a esa discoteca a la que ya había entrado tantas veces  y, llevando ahora un arma de grueso calibre,  en el clímax  de su enajenación, se vuelve el protagonista de una diabólica apoteosis.

El odio  de sí mismo lo llevó al odio de otros, de todos los que se encuentran en el mismo pecado condenado por la religión, pecado que él debe castigar sintiéndose el brazo justiciero de Dios.  Su Dios, ese  Dios que le fabricaron los fanáticos le pide que mate a esos seres pecadores porque son indignos, comenzando por él mismo. Es así como la víctima se convierte en verdugo.  Un medio familiar, un medio cultural que toma la religión como la dictadura de un Dios que oprime en vez de liberar puede producir muchas víctimas. Y esto sucede igualmente con los cristianos de las diversas iglesias cuando sólo leen la Biblia fijándose en la letra y no en la profundidad del Espíritu que la habita. Olvidándose de que la ley está hecha para servir al Hombre, y no el Hombre para servir la ley (Marcos 2 : 27 – 28), olvidándose de que “La letra mata y sólo el Espíritu vivifica” (Pablo, 2 Cor 3, 6). Esos que condenan a sus hijas e hijos, parientes, amigos a vivir en la hipocresía mintiéndose a sí mismos y a los demás. Esos que no saben o que han olvidado que la mentira nos hace vivir en la esclavitud y que sólo la verdad nos puede liberar (Juan 8: 32)

“Yo soy el camino, la verdad y la vida” ( Juan 14: 6)

[divider]

Nota:  Este artículo, en su  versión original, fue publicado en francés en la revista católica “Les Réseaux des Parvis”,  París, número de noviembre-diciembre 2016

 

Abrir publicación

De la crítica al pensamiento amoroso al abrazo múltiple de los afectos, y sí, entendiendo que a veces somos la brillante estrella de todxs lxs perdedores.

Imágen por Oscar Jauregui
Imágen por Oscar Jauregui

por Diana Marina Neri Arriaga.

  1. ¿Por qué es tan urgente hacer una crítica al pensamiento amoroso?

Es urgente porque quiero sugerirles que dejemos de colocar al amor como toda la solución, panacea o metafísica que resolverá los males de la humanidad ¿Con amor y una cadena de oración dimitirá Donald Trump o Peña Nieto? ¿Amándonos mucho saldremos adelante y haremos que ya no nos impacte el gasolinazo? ¿O con nuestra idea viciada de amor responsabilizaremos solo a las madres sobre la educación de las/os/es hijo/e/as y diremos que “hijxs amadxs, serán hijxs sanxs”? ¿la fórmula es realmente tan sencilla?   NO.

Es decir, todo el pasmoso conjunto de ideas que quiensabequé significa el amor, nos hace obviar elementos de vida cotidiana sobre los que podemos trabajar para construir constante y permanentemente en redes afectivas que pueden desarrollarse desde otros linderos, llamándolas aquí, las afectividades disidentes.

Es urgente la denuncia sobre los modos actuales que conocemos de la idea de amor construida en occidente, y que siempre nos remiten a conceptos que, si escudriñamos de fondo, están intrínsecamente relacionados con la violencia. Permíteme colocar solo dos ejemplos:

1)En este 2016 vivimos en las redes sociales un revuelo internacional que se dio por nuestra voz masiva en el hastag mi primer acoso. Millones de mujeres de Latinoamérica narraron horribles experiencias de acoso, abuso y violación. Experiencias que comenzaron a los 6 o 7 años (o antes) y que han sido repetidas y sistemáticas durante toda la vida. Y ¿saben quiénes fueron los primeros violadores, abusadores?

Nuestros familiares. Sí, todas conocemos o tenemos una historia con el primo, el hermano, el papá, el padrastro y ¿Saben que palabra acompañada con la idea tan carcomida de familia, nos confundió -en su momento- a grado tal, que en su espacio y tiempo es probable nos hundiéramos en la culpa y el nulo entendimiento del por qué estaba pasando eso? Esa palabra se llama AMOR y con esa palabra, nos dijeron que debíamos entenderlo o soportarlo todo… ¿Qué es el amor?

2) Ya mayores, nos empezamos a involucrar en relaciones amorosas con personas ajenas a la familia y “formamos nuestros hogares”. Seguramente sin saberlo, contribuimos con la idea de pareja, al sostenimiento de las relaciones económicas y políticas de nuestra sociedad, aún más si se consagra desde el matrimonio, satisfaciendo con ello, los ideales religiosos y morales que condimentan “la entrega y el ser para el otro”. ¡¡Caray!! Sin embargo, resulta que, de acuerdo a las estadísticas oficiales de la ONU más conservadoras, es México el país en el mundo con más asesinatos contra mujeres. Tenemos siete feminicidios al día y según el INEGI señala que 47 de cada 100 mujeres de 15 años y más que han tenido al menos un vínculo de pareja, matrimonio o noviazgo, han sido agredidas por su actual o más reciente pareja durante la relación.[1] Pregunto de nuevo: ¿Qué es el amor?

Lo anterior, nos permite mirar que el amor se viste de manto institucional que además va acompañado con la existencia de la propiedad privada patriarcal de los sentimientos: La monogamia.

¿Por qué nuestros modos de amar son acompañados por modelos hegemónicos?

¿Por qué en nombre del amor reproducimos jerarquías y mantenemos a cabalidad el orden social existente? ¿Por qué le hemos permitido participar al Estado, a la economía y en concreto al mercado capitalista de nuestros modos de relación inter subjetiva?

Cada vez que hablamos tanto de amor, sin contenido ni sustancia, le estamos arrebatando fuerza a la amistad, al cariño, al acompañamiento, al auto-apapacho, a la sororidad, a la acción directa, a los ejercicios efímeros de caminar con alegría junto al otro, al otre, a la otra. ¿Dónde la fuerza a la ternura radical?

Cada vez que solo nombramos amor, estamos edulcorando o tal vez sepultando, ejercicios políticos que propongo vitales para nuestra coexistencia, y que es importante re-pensemos, re-tomemos, re-construyamos. Hablo de revisar los procesos de autonomía, autoestima, el trabajo con la horizontalidad y contra el poder inserto en nuestra cotidianidad. Hablo de la radicalidad de ejercicios libertarios.

No quiero edificar nuevas metafísicas y ahora sumar al amor a la libertad, (Te contra amo Emma Goldman pero diste la pauta no la respuesta) sino propongo, que esos ejercicios como la autodefensa feminista, el acompañamiento para el aborto de una compañera, el abrazo a una desconocida, el replantear el modo de vivir nuestros acuerdos con las personas que convivimos, incluso la decisión de como nombrar a nuestros afectos, etc., sean también reflexionados desde la dimensión ética y política que ya tienen.

De ahí, que propongo dos ideas importantes desde el DESAPRENDER:

1) La Descolonización de nuestros senitres, pensares, acciones, buscar potencialidades de relaciones inter subjetiva con otras cuerpas. Dar cabida a la multiplicidad de afectos.

2) La des-idealización, des-romantización de todo lo idealizable y romantizable. ¿Qué si el macho de Paz decía que el mundo nace cuando dos se besan? ¿Neta? ¿Qué dice la Frida en una carta amorosa a ¿”Su Diego” (sí, si el macho comunista falso poliamoroso) “Dame ilusión, esperanza, ganas de vivir y no me olvides”?  y no, desde el contra amor propondría incluso revisar la carnita de conceptos como ilusión, esperanza, expectativas, incluso contra-amor. Porque esta propuesta, no es una propuesta, no es un páramo o una tierra, sino acaso un puente y una palabra incomoda que quiere preguntar, cuestionar, darnos permiso de mover nuestras certezas.

En resumen, el amor actual entendido como entramado cultural impuesto desde occidente, se ha construido como un gran mito que da plasticidad y cabida a grandes violencias, tales como la heterosexualidad, (el modo de vivir a través de roles impuestos y relacionarnos mediante los dictados de un sistema económico, político) la monogamia (idea de pareja, matrimonio, familia) y el pensamiento romántico (idealización, expectativas, sufrimiento, entrega total). En su conjunto nos limita a vivirnos en otros ejercicios de pluralidad e insisto: Afectividades.

Y no, no hablo de Poliamor, este también tiene actualmente tendencias a la institucionalidad, a la moda, a volverse un poliamor liberal. No afirmo que por lo menos en México ahora lo sea, sino que tiende galopantemente a…

No estamos enunciando desde las medias naranjas, ni de la blanquitud en el amar, o el amor cono energía, no hablo de pareja, triejas o de familias nucleares, no hablo de etiquetas o modos unívocos de relacionarse, hablo de la tarea de preguntar, y reflexionar en colectivo, a eso también llamo contra-amor:

¿Quién es la otra? ¿Quién es la otro? ¿Quién es la otre? Y en lugar de querer desde nuestra mismidad y atrapar lo inasible, propongo buscar desde algunos principios éticos como la amistad, el compromiso, el respeto, los acuerdos etc, el modo de caminar y acompañarse.

  1. ¿Afectarnos?

Y si no amamos ¿Qué nos queda? Nos quedan las conjugaciones con sustantivos, otros verbos, nuevos adjetivos, nos queda reconstruir (si eso nos apetece) al amor, pero no desde la unicidad, sino en lo plural, es decir amor-es. Propongo un vistazo a la creatividad y los gerundios que tienen en nuestra cotidianidad, más posibilidad y contundencia que la ineficacia de los infinitivos. Invito a sentí-pensarnos desde los afectos.

¿Afectarse? ¿Trabajar, sentir desde lo que me afecta? Cierto. Afectarse es una de las pasiones de ánimo para el compa Spinoza, que implica una inclinación, “(…) en cuya virtud el alma afirma de su cuerpo o de alguna de sus partes una fuerza de existir mayor o menor que antes, y en cuya virtud también, una vez dada esa idea, el alma es determinada a pensar tal cosa más bien que tal otra.”[2]

Lo anterior implica una afirmación, una claridad sobre el estar vivx que además da cuenta que, desde el cuerpo/la cuerpa estamos frente a la naturaleza exterior. Que tenemos la potencia de obrar a través de la fuerza de existir, y que esta, aumenta o disminuye si es favorecida o reprimida. Y si “el alma” está determinada a pensar tal cosa más bien que tal otra, esto sería saber de los vaivenes de nuestro ánimo, de nuestra participación con el enojo, la tristeza o la melancolía, pero también con una entrega ante el asombro, la alegría, la embriaguez y la consternación. Y en ese vaivén está la naturaleza del deseo.

Las tensiones son las dinámicas de las afecciones: alegría, tristeza, deseo.

Somos seres en potencia, somos personas que nos afectamos en las ideas y en los sentires de otros cuerpos que estén cerca o no. Esto nos hace no poder ser/estar indiferentes a lo que nos rodea. Se vuelve impacto, estar/sentirse unido por un momento con el mundo, el paso del existir, la caricia de la mirada breve, el autocuidado que nos salva la vida, la atención y la solidaridad que implica sabernos parte del todo, pero… ¿si nos sabemos parte del todo?

Lo sé, parte de nuestras angustias existenciales.

El mundo se nos presenta desde mundos diferentes, todo en un mismo espacio de aparente realidad, pero desde lugares de enunciación distinta.  La realidad se presenta desde el cuerpo/la cuerpa y el modo en que esta accede a lo que nos rodea, particularmente a aquello que permitimos entre a nuestra subjetividad.

Apetito para Spinoza es la potencia misma, la fuerza contundente desde el alma[3] y el cuerpo y la idea de ese apetito es lo que conforma el deseo. Un apetito consiente. Seres deseantes que aumentamos nuestra potencia con la alegría, el baile, la risa desparpajada, el maravilloso canto desafinado, pero somos también una potencia que a veces disminuye cuando con claridad miramos los horrores del mundo, y de pronto el nihilismo o la pastosidad nos atrapan en la pasividad de la tristeza.

  • Sí, me reconozco como la brillante estrella de todxs lxs perdedores.

¿Qué lugar ocupan los afectos en nuestra vida? ¿Cómo trabajamos nuestra paradoja de la otredad?

Digo paradoja, porque sin duda ese otra/e/o es un semejante complejísimo y ajeno, “atascado” de contexto, historias y experiencias que a veces nos conectan entre afinidades y ganas, pero que, en la mayoría de ocasiones nos coloca lejísimos de sus ideas/expectativas/caminos/deseos. No puedo reconocer a esa otredad desde mis ojos, el espejo de nuestro narciso se atraviesa.

Abrirse es también un rompimiento. A veces jugamos a una puesta en escena, donde asumimos conscientemente o no, personajes que están en la dialéctica del poder, sin embargo, se nos escapa siempre un poco o un mucho, de eso que hace, que seamos lo que somos y fuimos, aunque ya no queramos ser.

Dicho de otro modo, la ética de la existencia se abre al rompimiento del yo, en una apuesta por compartir, con el deseo de que esa otredad deje de ser ajena y nos demos juntxs espacios para el acompañarnos, para volverse nosotrxs, o al modo de Bataille, alcanzar, aunque sea por un momento a la continuidad.

Nuestra fragilidad, aunque disfrazada de múltiples artilugios nos acompaña tímida y voraz y a veces nos pide a gritos no involucrarnos, no abrirnos, no conjugar la risa, no afectarnos, porque le teme a la perdida, le teme al fracaso, le teme a la soledad.

Hace algunos meses, dieciocho minutos en un documental japonés, fueron un parteaguas sobre las ideas sociales de fracaso y derrota que tradicionalmente asumimos. En la lógica capitalista del ganar/ganar, competencia y patrañas de la supervivencia, nos han enseñado hasta el cansancio -y nuestros afectos- no se salvan, que nos sintamos (suceda o no) personas de éxito, personas ganadoras. Y Haru Urara[4] un caballo de carreras (tristeza aparte por el especismo) se convierte en un símbolo nacional japonés al vivir con interesante dignidad una racha de derrotas. Mickey Duzyj documenta la historia de un caballo que jamás gano una carrera, que jamás estuvo en un pódium, que en más de 300 competencias siempre quedo en casi último lugar y, sin embargo, desde el principio hasta sus últimos días, asumió la algarabía de un caballo querido, de un caballo placido, que contrario a sus colegas incluyendo ganadores, vivió con una actitud alegre y en la comunicación con quien lo entrenaba, nunca le intereso “involucrarse” en la dinámica del hacer/correr/demostrar/ganar. Tan inspiradora resulto la historia, que millones de personas iban a conocerlo, a verlo correr, le mandaban cartas y otros etcéteras, reconociéndose también desde sus contextos, perdedores, fracasados, pero no por ello, menos entregadxs a lo que hacían y querían lograr. «La Brillante Estrella de Todos los Perdedores» es la historia también de mi vida, y no porque me ubique en el dualismo o el victimismo del perdedor, sino porque es una interesante analogía que me ha dado pauta para entender que no quiero competir con nadie, ni por nada, que no quiero apegos y finales bonitos de televisión. Quiero des-aprendizajes y nuevas experiencias, quiero sentír/pensar también, desde la perdida, el desapego.

No podemos no afectarnos, no podemos no sentir, pero podemos desaprender y buscar desde el fuego personal y colectivo, modos de renunciar al consumo efectivista del deseo, de la necesidad/necedad de aprehensión.

Desaprender a pensar en términos de teleología, desprendernos de nuestro interés por el resultado y/o el final de las cosas, sin renunciar a la intención ni al deseo, sino sumergiéndonos en lo desconocido, adentrándonos en el campo de todas las posibilidades.

Disfrutar aquí y ahora, todo fluye dice Heráclito, lo único que permanece es el cambio. Rompamos expectativas, no poseamos, seamos compañeros/as/es. Bien dice Heidegger que nuestra relación con el otro/e/a primero es afectiva y luego racional, por lo que, la apuesta es que ya una vez que tenemos ese reconocimiento desde nuestras potencias, conjuguemos el sentí/pensar de los actos y las decisiones.

Dice la chulísima Pizarnick: “Mi caída sin fin a mi caída sin fin en donde nadie me aguardó pues al mirar quién me aguardaba no vi otra cosa que a mí misma”. Eso quiero, afectar a otrxs, que esxs otrxs me afecten, pero quiero desde la ternura radical, afectar los pedacitos del todo que soy.

Hagamos acciones directas de nuestro actuar cotidiano.

[divider]

[1] El Inegi destacó que la violencia de pareja está más extendida entre las mujeres que se casaron o unieron antes de los 18 años (52.9 por ciento) que entre quienes lo hicieron a los 25 o más (43.4 por ciento). En 2011, 63 de cada 100 mujeres de 15 años y más declaró haber padecido algún incidente de violencia, ya sea por parte de su pareja o de cualquier otra u otras personas. Entre las mujeres con dos o más uniones o matrimonios el nivel de violencia es mayor (54.6%), que entre aquellas que solo han tenido una unión o matrimonio (48.7%). Tomado de: Reyna Quiroz Julio,”Inegi: 7 mujeres asesinadas diariamente en 2013 y 2014” en Periódico la Jornada,  lunes, 23 nov 2015,   http://www.jornada.unam.mx/ultimas/2015/11/23/inegi-7-mujeres-asesinadas-diariamente-entre-2013-y-2014-1824.html

[2] Spinoza, Baruch. Ética demostrada según el orden geométrico. Fondo de Cultura Económica

[3] Para nuestra tradición actual atea y/o libre pensadora es muy difícil pensar en esta categoría, pero propongo nos demos espacio para pensarla desde el contexto Spinozista.

[4] Mickey Duzyj La brillante estrella de todos los perdedores / The Shining Star Of Losers Everywhere, 2016 Categories: Official Selection Short Documentary, Selección Oficial Cortometraje Documental

[divider]

Diana Marina Neri Arriaga. Prefiere que la llamen bruja, zapatista, contra-amorosa, feminista, y anti-especista. Los “papelitos académicos” dicen que es15625651_1238715059531274_4872665408564022509_o (2) abogada, filósofa, y maestra en filosofía política. Profesora en el Instituto Politécnico Nacional y del Colegio de Bachilleres. Ha publicado en varias antologías. Le fascina leer, coger, viajar, compartir cine, plantitas y correr como desbocada en compañía de los animales (perrxs y gatxs) con los que comparte vida.
Abrir publicación

Nan Goldin: Fotografías de una deriva deseante

por Natalia Navia

1

1. INTRODUCCION: Una normalidad opresiva.

“Y los años pasaron sin que todavía pueda darme una explicación de por qué nos encarcelaban, por qué fui expulsada de mi familia, por qué se me negó el acceso a la escuela.” Lohana Berkins
La normalidad nunca tuvo que explicarse. Se presenta como algo natural y obvio, a la vista de todos. La heterosexualidad y el binarismo de género configuran parte importante de esa “normalidad” que el sentido común hegemónico establece, atravesando nuestra subjetividad y nuestras prácticas. Tanta naturalidad construida alrededor de la heterosexualidad ha hecho que por mucho tiempo no haya parecido necesario ni siquiera nombrarla, “Indecible por evidente”, en palabras de Vidarte y Llamas.
Algo que no se nombra se presenta como un tema poco digno de problematizar y por ende de conocer. El velo de normalidad con el que la heterosexualidad se ha cubierto intenta ocultar su condición de construcción para presentarse de modo esencialista, como una realidad desde el principio de los tiempos. De este modo se coloca en un lugar de lo no visible, de lo que no se habla y de lo que no se pregunta.
Afortunadamente, muchxs sujetxs no se han conformado con la supuesta verdad de la heterosexualidad y han planteado interrogantes y propuestas interesantes. Como un aporte en este sentido, Britzman retoma lo que considera el gran acierto de la Teoría Queer: la posibilidad de pensar la “producción de la normalización como problema de la cultura y del pensamiento.” Se trata de poner el foco en aquellos marcos normativos que impiden conocer porque han situado una realidad en los confines de lo ignorado. Aquí es fundamental entender la relación dialéctica que hay entre conocimiento e ignorancia. Lo que se ignora no es lo opuesto a lo que se conoce sino su límite, lo que no se tolera o no hay posibilidad de conocer en los marcos epistemológicos establecidos.
¿Por qué costó y cuesta tanto problematizar la heterosexualidad? Wittig propone pensarla como norma que se impone desde un acuerdo tácito que se hace en la sociedad. Las vinculaciones entre los sexos son las que contienen y dan forma a ese acuerdo. En este sentido, tal como señala Butler, “La categoría de «sexo» es, desde el comienzo, normativa; es lo que Foucault llamó un «ideal regulatorio». (Butler, 2002)
La heterosexualidad puede pensarse entonces como un tipo de contrato social que posibilita un mandato regulador de nuestra sexualidad y subjetividad. Hablamos de un contrato heterosexual que abarca y comprende, como todo contrato social, las practicas, las relaciones, los modos de pensar y vivir1.

El contrato heterosexual ha configurado un sistema moral tradicional en el que las únicas posibilidades son las de ser hombre o mujer, según nuestros genitales, y relacionarnos amorosa y/o sexualmente con el sexo opuesto. Esto determina los límites de lo que se puede y lo que no se puede hacer en la vida social, o peor aún, de qué cuerpos pueden ser y cuáles no pueden ser en esta sociedad. En “Cuerpos que importan”, Butler sostiene que: “En este sentido pues, el «sexo» no sólo funciona como norma, sino que además es parte de una práctica reguladora que produce los cuerpos que gobierna, es decir, cuya fuerza reguladora se manifiesta como una especie de poder productivo, el poder de producir -demarcar, circunscribir, diferenciar- los cuerpos que controla.” (Butler, 2002)
El mismo sistema normativo que controla esos cuerpos es el que los constituye materialmente en el marco de un sexo determinado, es decir, materializa el sexo de cada cuerpo materializando a su vez la diferencia sexual en pos del imperativo heterosexual. Ahora bien, si convenimos en que el cuerpo no es solo la carne que palpamos sino una continua construcción sujeta a las reglas de juego que van marcándose en la vida social, “entonces los límites materiales y simbólicos del “yo” también son producciones sociales y, como tales, objeto de la hegemonía y de las luchas por la transformación” (Morgade y Alonso, 2008). Esto quiere decir que, como en toda estructura social, existen fisuras que desestabilizan las construcciones normativas, subjetividades y prácticas que no han podido “normalizarse” mediante la repetición de la norma. Y son justamente estas subjetividades y estos cuerpos que no se amoldan los que nos permiten pensar en la posibilidad de empezar a deconstruir los marcos normativos que regulan nuestra sexualidad.

Nan-goldin-heart-shaped-bruise-nyc-1980
Heart-Shaped Bruise,1982

2. NAN GOLDIN. Fotografías fuera de los márgenes de la normalidad.

“Hay un mito popular que dice que el fotógrafo es por naturaleza un voyeur, el último en ser invitado a una fiesta. Pero yo no me estoy “colando”, esta es mi fiesta. Esta es mi familia, mi historia”
Nan Goldin

Nan Goldin nace en 1953 en el seno de una familia judía de Washington. Luego de escapar de su casa a los catorce años, parte de su vida transcurrió en varios hogares con familias adoptivas de distintas ciudades de Nueva Inglaterra. En 1978 se gradúa en Escuela del Museo de Bellas Artes de Boston. En 1991 se marcha a Europa para cuidar a su amigo Alf Bold que estaba transitando los últimos momentos de su vida a causa del HIV. Desde entonces viaja desde a Europa a Yale donde es profesora. En el año 2007 recibió el Premio internacional de la fundación Hasselblad por su obra.
Con respecto al trabajo de Nan Goldin, podemos decir que es una fotógrafa que pone su mirada en las complejidades de la experiencia humana, en las distintas circunstancias y momentos que van componiendo una vida. Sus producciones fotográficas son verdaderas narraciones sobre una persona o un grupo de personas, por lo que generalmente se presentan en el formato de Portafolio, es decir, de una serie extensa de fotografías tomadas a lo largo de periodos de vida de una persona allegada, un grupo de amigxs o de ella misma.

“Mis modelos no son modelos, sino mis amigos y admiradores. A mí no me interesa la belleza estereotipada. A mí me interesan las profundidades a las que puedes llegar con alguien. Me interesa mostrar muchos aspectos de una misma persona, su íntima complejidad (por eso nunca expongo sólo una fotografía de cada persona) y persigo la historia de mi gente durante años y años”.2

Junto a las particularidades de una vida, Goldin hace foco en realidades que ponen en jaque los discursos hegemónicos. En el prefacio a su célebre libro de fotografías Balada para la Dependencia Sexual Goldin declara “Las personas y las escenas en mis fotografías son particulares y específicas, pero yo siento que los temas que trato son universales”. Esos temas universales son aquellos que las fronteras de la normalidad han marginado, los que atraviesan a aquellas personas que no se amoldaron a la matriz heterosexista: Gays, travestis, Drag Queens, lesbianas…Cuerpos discriminados y empujados a todos los límites, prohibidos en la escena social, vidas conducidas a los closets y el “underground” de las grandes ciudades.
Fue junto a estos cuerpos y estas vidas que Nan Goldin decidió construir su vida, su hogar y su familia en la vorágine contracultural de Estados Unidos. De este modo, sus fotografías se construyen a modo de un tradicional álbum familiar pero con una familia muy poco tradicional.

“Esta es la historia de una familia recreada, sin los roles tradicionales (…) En mi familia de amigos, existe un deseo hacia la intimidad de la familia de sangre, pero también existe un deseo hacia una historia con un final más abierto (…) Estamos unidos no por sangre ni por origen, sino por una moral similar, la necesidad de vivir plenamente y para el momento, una descreencia en el futuro, un respeto similar por la honestidad, una necesidad de empujar los límites y una historia común.”3

Cookie and me after I was punched, 1986

2.1 – DRAGS QUEENS.

4

“Y ser marica, de por sí, ya es una lucha.”
Vidarte y Llamas

Con quince años Nan Goldin entra a la escuela experimental “Satya Community School” en Boston y entabla amistad con quien fuera su mejor amigo el resto de su vida: David Armstrong. David estaba experimentando construirse como mujer y Goldin se volvió su fotógrafa de cabecera. A comienzos de los años ´70, cuando salen de la escuela, Nan, David y otras Drags Queens deciden convivir juntas. La imposibilidad de salir a la calle o trabajar durante el día los hizo llevar una vida nocturna. Pronto Nan se convirtió en la fotógrafa que narraba la vida sentimental y sexual del bar de enfrente a su casa, que es el que frecuentaban todas las noches. Cámara en mano acompañaba a sus amigxs en sus performances y actividades nocturnas. Ella quería registrar su vida y la de sus amistades desde lo más íntimo por lo que confiesa que la cámara funcionaba en gran parte como su memoria.
Nan Goldin entiende que su trabajo sobre las Drag Queens las toma como un tercer género. “Tengo muchos amigos que viven yendo entre los géneros de ida y vuelta y pienso que hay muchos tipos de género y me he obsesionado con esa idea todo el tiempo. Todo, desde Drag Queens hasta físico- culturistas, es sobre la transformación del ser y el valor de manifestarlo”. 4
Con respecto a los parámetros de la heterosexualidad y el binarismo de género, la fotógrafa tiene una visión crítica. En la introducción a Balada para la Dependencia Sexual dice: “Como niños, estamos programados dentro de las limitaciones de las distinciones de género, los niños son guerreros, y las niñas son lindas y educadas. Pero a medida que crecemos, surge una conciencia propia que entiende al género como una decisión, como algo moldeable. Uno puede jugar con las opciones tradicionales: disfrazarse, deambular en auto, la postura rígida – o  jugar en contra de los roles: desplegar la ternura o la dureza para contradecir los estereotipos (…) Más que aceptar la distinción de géneros, el punto es redefinir los géneros.”
Nan goldin eligió registrar sus días en familia desde un punto de vista muy intimista, desde su mirada de compañera, de hermana y de amante de aquellas persona en la que ella encontraba belleza y fuerza. Dice Goldin “y mi trabajo era todo del tipo “homenaje” porque pensaba que era la gente más hermosas que había visto jamás en mi vida”5. Para ella los Drug Queens que retrataba no eran seres exóticos para capturar, siempre estuvieron ahí, retomando palabras de Berkins, no se trata de una cuestión posmodernista, ni de esnobismo: Drag Queens, travestis, gays y lesbianas siempre estuvieron acá, poniendo el cuerpo, aunque la heterosexualidad normativa haya querido ocultarlos.


“Las personas en estas fotos son realmente revolucionarias. Son los verdaderos ganadores
de la batalla del sexo porque se salieron del circulo”. Nan Goldin

En medio del estallido del punk y la emergencia de diversas manifestaciones contraculturales, las noches que habitaba Goldin rompían todas las líneas divisorias de la normalidad: mujer/hombre, privado/ público, personal / político… todo se desdibuja en una cruda instantánea de Nan. Poco le importaba respetar esos límites ni ponerle un rótulo a sus experiencias o las de sus amigxs. Vidarte y Llamas han sostenido que ser gay o lesbiana es romper con toda posibilidad de catalogamiento, no existen moldes ni prototipos de “maricas”. Ser homosexual es algo que no está al alcance de un heterosexual, un concepto al que no podrá arribar. “Ser marica es no cumplir, romper con las expectativas de todo el mundo: no ajustarse a ningún patrón predeterminado, a ninguna esencia ni rasgos definitorios, y mucho menos atribuidos desde el exterior.”(Vidarte y Llamas, 1999)

2.2- COOKIE, GILLES Y GOTSCHO. El amor en tiempos de HIV.

6
“El glamour de la auto-destrucción había crecido con la muerte real entre nosotros. Pasamos tragos amarguísimos y perdimos muchísimos amigos cercanos. Pero todavía creo en la liberación sexual, todavía creo que el sexo es una afirmación de la vida. Ese deseo de intimidad y conexión es absolutamente positivo y el SIDA no ha destruido esta creencia” Nan Goldin

Cookie Mueller fue una muy querida amiga de Goldin, razón por la cual ella la fotografiaba cotidianamente. Goldin describe a Cookie como una especie de reina y de centro de las fiestas y reuniones “familiares” que compartían. Ambas eran bisexuales, como aclara Nan “realmente lo vivíamos así, y digo no sólo en teoría, sino en el cotidiano.”6 Esto creó un fuerte vínculo entre ellas. Retomando a Adrienne Rich podemos pensar como estas vivencias suponen un acto más con el cual Goldin y su familia le hicieron frente a la heterosexualidad normativa.
“La identificación femenina es una fuente de energía, un dínamo potencial del poder femenino, cercenado y contenido por la institución de la heterosexualidad. La negación de la realidad y de la visibilidad a la pasión de la mujer por la mujer y a la elección de una mujer por otra como aliada, como compañera de vida y como comunidad, el forzar tales relaciones al disimulo y a su desintegración bajo intensa presión han significado una perdida incalculable del poder de todas las mujeres para cambiar las relaciones sociales entre los sexos, para liberarnos cada una y las unas a las otras.” (RICH, 1980).
Cookie se enamoró de un artista italiano con el cual se casó, siendo ambos VIH positivos. Finalmente su esposo fallece. Su muerte devastó a Cookie cuya enfermedad ya estaba avanzada y la había dejado sin habla y con problemas al caminar. Cuenta Nan: “Cuando fui a ver a Cookie a Provincetown, después de salir de rehabilitación, había perdido la voz. Su risa y su agudeza verbal habían sido una parte importante de su personalidad. El hecho de que no pudiera hablar, el hecho de que no pudiera andar sin un bastón, era tan devastador que llamaba a cada doctor, gritando de la impotencia que sentía. En ese momento era como una niña pensando que los médicos te ayudarían, y no creía que no hubiera nada que ellos no pudieran hacer.”7

El HIV avanzaba frente a la perplejidad de Goldin y su familia que veían como esa emergente enfermedad se llevaba a sus seres más queridos. Entre ellos, el representante y entrañable amigo de Goldin, Gilles Dusein. “Gilles había enseñado el portfolio de Cookie. Él y su amante, Gotscho, creían que era importante que hiciera lo mismo con él para documentar la vida de Gilles y no se perdiera en el olvido. Yo intentaba conservar a la gente, haciendo que no desaparecieran sin dejar rastro.”8 Fue así que Nan Goldin fotografió a Gilles y Gotscho entre 1992 y 1993. Este trabajo, conocido como Gotscho + Gilles, narra una historia de amor y muestra de cerca los cambios en el cuerpo a partir del HIV. Corona la serie un beso inolvidable que Gotscho da en la frente de su amado en el momento de su muerte.

La pérdida de sus amigxs hizo que Goldin sintiera la necesidad de tomar cartas en el asunto. “Sólo era 1989, después de que Cookie muriera y montar su portfolio -15 fotos hechas a lo largo de 13 años, con un texto sobre nuestra relación-, cuando me di cuenta de que la fotografía no podía mantener a la gente con vida” 9.
En el ´86 Goldin se acerca al artista Avram Finkelstein quien había colaborado en la fundación del colectivo Silence Equals Death, que se convertiría más tarde en ACT UP – AIDS Coalition to Unleash Power (Coalición del sida para desatar el poder)-, que mediante la acción directa intenta instalar socialmente la problemática del HIV. Las acciones de Act Up tuvieron y tienen gran repercusión. “Fui a algunas reuniones y demostraciones, aunque no era un miembro activo de los que iban todas las semanas. Pero la gente del grupo me dijo que en ese momento y a lo largo de los años, yo estaba haciendo emocionalmente lo que ellos estaban haciendo políticamente.” 10
El mismo día que Cookie murió, se inauguró la exposición “Witnesses; Against Our Vanishing” en el Artist Space de Nueva York donde Nan Goldin trabajo en el comisariado artístico. La muestra creó una controversia nacional ya que el gobierno retiró la subvención para la exposición por un texto de David Wojnarowicz en contra de la postura adoptada por el gobierno y la iglesia católica y su silencio en torno al HIV.
Tiempo después Goldin se sumó a Visual AIDS, organización de arte contemporáneo. Con este grupo crearon el lazo rojo, idea del artista Frank Moore.

Además, en 1989, comenzaron con Day With(out) Art que se repite cada 1 de diciembre.
Actualmente Goldin vende parte de su obra a muy bajos precios para recaudar dinero en las organizaciones donde participa en la lucha contra el HIV. Una de sus últimos trabajos fue The Positive Grid en la que abundan fotografías de estilo renacentistas. Que en palabras de Goldin “Muestra a gente que era positiva, viviendo vidas positivas.”

“Mi fotografía, al fin y al cabo, no hizo lo suficiente. No salvó a Cookie. Pero a lo largo de los años, mis fotos, y otra fotografía sobre gente con Sida, ha ayudado. Definitivamente ha servido para dar una imagen más humana a las estadísticas. Necesitamos seguir mostrando imágenes ahí fuera.”11

2.3 – EL SEXO Y DESPUES. Balada para la dependencia sexual.

“Lo que uno sabe emocionalmente y lo que desea sexualmente
puede ser salvajemente contradictorio.” Nan Goldin

La balada de la dependencia sexual comenzó presentándose en 1981 como un slideshow en uno de los bares donde Goldin trabajaba como moza. Fue en ese mismo bar donde se habían registrado la mayoría de las imágenes proyectadas, siendo así los mismos protagonistas, espectadores. Las diapositivas de 700 imágenes se proyectaron acompañadas de música Punk, Rock y Blues.
Esta serie fue uno de los primeros trabajos de Goldin en obtener relevancia pública y no tardó en comenzar a exponerse en otros bares, clubs, cafés y salas de cine de Estados Unidos y llegar a Europa. La obra se editó en 1986 en un libro, donde Goldin escribe una introducción memorable. La fotógrafa presenta el libro como un diario íntimo “Mis diarios escritos son privados (…) Mi diario visual es público. Se expande a partir de una base subjetiva con la contribución de otras personas.”12

En este trabajo Goldin dice estar “obsesionada” por la dependencia que existe en torno a la sexualidad ¿Por qué a pesar de que dos personas puedan tener un vínculo destructivo necesitan permanentemente reafirmar su dependencia a través del sexo? En ese sentido plantea que el sexo puede llegar a ser una adicción. Cámara en mano registra a sus amigxs y a ella misma teniendo sexo y las situaciones que se generan una vez que el acto ha sido concluido. Una de las series consiste en fotografías de ella y Brian, su pareja de entonces, teniendo sexo y justo después de tenerlo. Goldin usaba para esto un trípode y un cable disparador. Las fotos no eran armadas, simplemente iba disparando fotografías en distintos momentos. Cuando las vio notó lo significativo que era la distancia que había entre su mirada buscando intimidad y la actitud de Brian, dándole la espalda, fumando ensimismado. Ambos, a entender de Goldin, se ven tristes. Brian fue su pareja desde 1981 a 1984 cuando, a raíz de golpizas que le propinara a Nan, se separarían.

sxd
b4118e_bc69abd453cf409282ba69c3c5807c33-1170x774“He enseñado mi propia foto tomada un mes después de haber sido golpeada con la intención de no volver nunca más a aquella situación.”13

3. PARA NO OLVIDAR. Fotografías de una deriva deseante.

“Yo tenía once años cuando mi hermana se suicidó. Fue en 1965, cuando el suicidio adolescente era un tema tabú. Yo estaba muy cerca de mi hermana, y era consciente de las fuerzas que la habían llevado a elegir el suicidio. Vi el papel que la sexualidad y la represión jugaron en su destrucción. En esa época, principios de los sesenta, las mujeres que estaban enojadas y eran sexuales daban miedo; estaban fuera de los márgenes del comportamiento aceptable, fuera de control. A los dieciocho años, mi hermana se dio cuenta de que la única manera de escapar era acostarse en las vías del tren.”14

La pérdida de su hermana, ha atravesado toda la obra de Goldin. Casi podría decirse que es la razón por la que decidió ser fotógrafa. En el 2004 la artista produce una instalación llamada “Hermanas, Santas y Sibilas” en la que proyecta fotografías y videos en la Chapelle de la Salpêtrière, un renombrado hospital psiquiátrico de mujeres de París. Junto a la diseñadora Ryamonde Couvre montaron tres pantallas de cinco metros de ancho en el edificio en las que proyectaron imágenes que narraban la vida de mujeres que habían sido estigmatizadas a través de la historia, algunas conocidas, algunas anónimas. La vida de Santa Bárbara, la de Goldin y la de su hermana, el suicidio, las internaciones para rehabilitación, registros de vidas alejadas del manual de la buena esposa. A raíz de este trabajo Goldin produce su único film “Hermanas, Santas y Sibilas”.
La vida de su hermana Bárbara y la suya estaban muy ligadas: “Entendí que en muchas formas, yo era como mi hermana. Veía la historia repetirse. Su psiquiatra había profetizado que yo terminaría como mi hermana (…) Sabía que era indispensable que me fuera de casa, así que a los 14 años me escape.” 15
Nan Goldin necesitaba recuperar lo perdido, reconstruir ese rostro querido que ya no estaba. Así comenzó a “obsesionarse”, dicho en sus palabras, con registrar su vida y la de las personas que la formaban. Personas que, como ella, habían sido exiliadas de los territorios de la normalidad.
Aquí es interesante retomar lo que Néstor Perlongher plantea: Un lugar especifico, digamos Nueva York, tiene un mapa oficial, tendiente a mantener los límites que el sistema exige para la producción de sujetos normales. Afortunadamente, siempre es posible construir un mapa otro, el mapa de devenires minoritarios – Drag Queens, lesbianas, homosexuales- fruto de procesos de marginalización y minorización. Estos cuerpos recorren y agitan el cuerpo social, poniendo en tela de juicio las fronteras y las identidades creadas por la normalidad. Aquí devenir denota un proceso de deseo, no el de transformarse en otro sino el de aliarse, contagiarse de lo diferente para quebrar los sentidos hegemónicos.
Para conocer esos mapas otros es necesario tener una mirada deseante y activa, una mirada que nos permita ir construyendo otros sentidos a medida que describe los territorios que transita. “La tarea del cartógrafo deseante no consiste en captar para fijar, para anquilosar, para congelar aquello que explora, sino que se dispone a intensificar los propios flujos de vida en los que se envuelve, creando territorios a medida que se los recorre” (Perlongher,1996)
Retomando esta idea, estamos en condiciones de afirmar que Nan Goldin es una “cartógrafa deseante”. Tomó con amor fotografías que registraban y narraban vidas en los bordes -in the Otherside como se llamó uno de sus trabajos-. Vidas cercanas y queridas, conocidas y compartidas, una “diversidad de derivas deseantes” que invitan a creer que otras construcciones son posibles y que los binarismos que separan mujeres de hombres, heterosexuales de homosexuales, ´normales´ de ´anormales´ pueden romperse. Podemos pensar, siguiendo a Perlongher, que “No se trata de una pasión morbosa por lo exótico, ni de algún liberalismo romántico y extremo sino, más bien, de pensar cuál es el interés de esas minorías desde el punto de vista de la mutación de la existencia colectiva” (Perlongher, 1996) La obra de Goldin ha transgredido no sólo lo que la sociedad no soporta ver, sino también un modo academicista de hacer fotografía. En una época en la que la fotografía se esforzaba por lograr la perfección en las imágenes, Goldin sacaba fotos caseras, instantáneas, donde nada estaba montado ni había modelo alguno. Fotos fuera de foco, muy parecidas a un recuerdo. Goldin está muy lejos de la estética fotográfica habitual del documental, sus fotos parecerían no ser las de una fotógrafa. La novedad quizás sea que ella no intenta estetizar sus imágenes, las muestra crudas y tal cual son, muestra la vida en lo más complejo, en las alegrías pero también en las contradicciones y en el sufrimiento. Dice Nan: “El trabajo que siempre ha sido malentendido es el que habla de cierto ámbito de drogas y fiestas y el underground y aunque digo que mi familia sigue siendo marginal y que no queremos ser parte de la sociedad normal, no creo que mi
trabajo sea sobre eso. Creo que siempre ha sido sobre la condición del ser humano, el dolor, la capacidad de sobrevivir y lo difícil que esto es».16
Donde el contrato heterosexual y el binarismo de género expandieron su manto de invisibilidad, Nan Goldin centró su mirada para acariciar a aquellxs que escogió como su familia. Se construyó y reconstruyó en sus fotografías como quien escribe un diario intimo. Eligió narrarnos la vida de sus seres queridos en sus complejidades y profundidades y no sólo en las situaciones típicas de posar para una foto. Sus registros captaban todo, amores, desamores, encuentros, deseos, alegrías, tristezas, despedidas, muertes. Nada de ediciones ni de montajes, se trata de personas tal cual se presentan en distintos momentos de su vida. “Necesitamos seguir mostrando imágenes ahí fuera. Pero no aquellas que están manipuladas digitalmente como ahora hace la mayoría (…) Necesitamos realidad en vez de la mierda de creíble ficción que está tan de moda.” 17

¿Puede la fotografía vencer al olvido? Nan Goldin apostó a intentarlo, porque quizás sea esa la mejor promesa del arte. Ella ha repetido en varias ocasiones que la idea de olvidar la obsesiona, por eso su cámara es el bastón de su memoria.

“Durante años, estuve obsesionada con el registro diario de mi vida. Actualmente me he dado cuenta que mi obsesión tiene raíces más profundas: realmente no recuerdo a mi hermana. (…) Recuerdo mi versión de ella, de las cosas que ella decía, de las cosas que ella me decía. Pero no recuerdo el sentimiento tangible de quien era ella, se presencia, su mirada, su voz. Nunca voy a aceptar la versión de otra persona con respecto a mi historia. Nunca más voy a volver a perder el recuerdo de alguien.” 18
Barbara with a mask, 1953

[divider]

CITAS: 

1 WITTIG, Monique (1987). “A propósito del contrato social” (o “El contrato heterosexual”), traducción al castellano: el bollo loco.

2 Nan Godin, citado en GUTIÉRREZ , María Laura (2008), _ Crítica de la Estética Androcéntrica. Arte y Feminismo en la cultura contemporánea.

3 GOLDIN, N. La balada de la dependencia sexual. Nueva York, Ediciones Aperture, 1999.

4 Nan Goldin en Contacts Vol.2 de Fotografía Contemporánea. Subtitulado por Cristóbal Barrientos en https://www.youtube.com/watch?v=o9mwoFy0r0c

5 Nan Goldin en Contacts Vol.2 de Fotografía Contemporánea. Subtitulado por Cristóbal Barrientos en https://www.youtube.com/watch?v=o9mwoFy0r0c

6 Nan Goldin en Contacts Vol.2 de Fotografía Contemporánea. Subtitulado por Cristóbal Barrientos en https://www.youtube.com/watch?v=o9mwoFy0r0c
7 Nan Goldin en http://sientateyobserva.com/2010/12/01/nan-goldin-habla-sobre-cookie-mueller/
Cookie murió en 1989, tras ser fotografiada por su amiga durante 13 años. Esas fotografías forman parte del Portfolio Cookie Mueller 1976-1990.

8 Nan Goldin en http://sientateyobserva.com/2010/12/01/nan-goldin-habla-sobre-cookie-mueller/

9 y 10 Nan Goldin en http://sientateyobserva.com/2010/12/01/nan-goldin-habla-sobre-cookie-mueller/

11Nan Goldin en http://sientateyobserva.com/2010/12/01/nan-goldin-habla-sobre-cookie-mueller/
12 GOLDIN, N. La balada de la dependencia sexual. Nueva York, Ediciones Aperture, 1999.

13 Nan Goldin‖, en http://www.librodenotas.com.
14 y 15 GOLDIN, N. La balada de la dependencia sexual. Nueva York, Ediciones Aperture, 1999.

16 Nan Goldin en Contacts Vol.2 de Fotografía Contemporánea. Subtitulado por Cristóbal Barrientos en https://www.youtube.com/watch?v=o9mwoFy0r0c
17 Nan Goldin en http://sientateyobserva.com/2010/12/01/nan-goldin-habla-sobre-cookie-mueller/
18 GOLDIN, N. La balada de la dependencia sexual. Nueva York, Ediciones Aperture, 1999.
BIBLIOGRAFIA
 BERKINS, Lohana (2012). “Las travestis siempre estuvimos aquí” (Suplemento Soy, 11/5/12): http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/soy/1-2444-2012-05-1.html.
 BRITZMAN, Deborah (2002). “La pedagogía transgresora y sus extrañas técnicas” en R. Mérida Jiménez (Ed.), Sexualidades Transgresoras. Una antología de estudios queer. (pp. 229-257). Barcelona, Ed. Icaria.
 Butler, Judith (2002). “Prefacio” e “Introducción” en Cuerpos que importan. Sobre los límites materiales y discursivos del “sexo”. Buenos Aires, Paidós.
 GOLDIN, N. La balada de la dependencia sexual. (Nueva York, Ediciones Aperture, 1999).
 GUTIÉRREZ , María Laura (2008), _ Crítica de la Estética Androcéntrica. Arte y Feminismo en la cultura contemporánea. Tesis de Licenciatura en Comunicación Social. Facultad de Ciencias de la Educación. Universidad Nacional de Entre Ríos
 MORGADE, Graciela y ALONSO, Graciela (comps.) (2008). “Educación, sexualidades, géneros: tradiciones teóricas y experiencias disponibles en un campo en construcción” en Cuerpos y sexualidades en la escuela. De la «normalidad» a la disidencia, Buenos Aires, Paidós.
 PERLONGHER, Néstor (1996). “Devenires minoritarios” en Prosa plebeya. Buenos Aires, Editorial Colihue.
 RICH, Adrienne (1980). “La heterosexualidad obligatoria y la existencia lesbiana”, traducido por Ricardo Martínez Lacy del texto reproducido en Powers of Desire.
 VIDARTE, Paco y LLAMAS, Ricardo (1999). “Armario. La vida privada del homosexual o el homosexual privado de vida” en Homografías. Ed. Espasa Calpe, Madrid.
 WITTIG, Monique (1987). “A propósito del contrato social” (o “El contrato heterosexual”), traducción al castellano: el bollo loco.
WEB
 http://juan314.wordpress.com/category/fotografos/nan-goldin/
 http://www.7colores.tv/7c/el-patio-del-diablo-nan-goldin/
 http://www.taringa.net/posts/imagenes/14708024/Nan-Goldin-Balada-de-la-dependencia-sexual.html
 Nan Goldin en Contacts Vol.2 de Fotografía Contemporánea. Subtitulado por Cristóbal Barrientos en https://www.youtube.com/watch?v=o9mwoFy0r0c
 Nan Goldin en http://sientateyobserva.com/2010/12/01/nan-goldin-habla-sobre-cookie-mueller/
 MURCIA; Marisela (2004), ―Nan Goldin‖, en http://www.librodenotas.com. Ultima con-sulta, agosto de 2008.

[divider]

Natalia Navia: Nacida y criada en la Patagonia Argentina. Licenciada en Sociología (Universidad Nacional de Cuyo). Especialista en Educación y Estudios Interculturales, Géneros y Sexualidades (Universidad Nacional del Comahue). Miembra de la Colectiva Vulvalsur (colectivavulvalsur.wordpress.com).

[divider]
***El presente escrito fue presentado como trabajo final en el Seminario “Corpo-política, heteronormatividad educativa y sus desplazamientos críticos” a cargo del Dr. Juan E. Péchin, en el año 2014.

Abrir publicación

De afectos, efectos y medusas

Por Aitza Miroslava Calixto Rojas

Hacerse feminista no es un proceso lineal. Pasa que un día te autoadscribes, o dudas, o te intrigas. Este llegar a ser, no tiene punto de arribo, sólo retornos múltiples, preguntas. Tampoco hay una sola forma de serlo, ahí de nuevo nos dispersamos, incluso nos enfrentamos, para que después y pese a todo, podamos coincidir.

     El ir y venir es constante, la esfera de lo teórico, que a veces es privilegio de unas cuantas, se trastoca constantemente con el activismo; pero tanto el debate como la lucha pública, se vuelven espuma en nuestras interacciones cotidianas, en la vivencia íntima frente al espejo, frente a la cama destendida y la preparación de los alimentos. Se convierten así en bruma cálida, pero también en recordatorios incómodos cuando reflexionamos sobre la construcción de nuestros afectos.

      Hablamos entonces de una ética feminista, de sororidad, nombramos claves, desplegamos un discurso que ya es nuestro: violencia de género, estereotipos, amor romántico, heteronorma, patriarcado. Pero ¿qué hacemos cuando no tenemos eco?, ¿qué hacer cuando nuestros afectos primeros, esos, los de las familias, nos desconocen y nos hacen polvo?

      Necesitamos entonces, no sólo de una habitación propia para escribir, como ya reclamaba Woolf, sino de una red de interlocutoras con las que compartir, con las que escuchar, llorarse y desnudarse. ¡Qué distinta hubiera sido mi vida, si a los tres años, si a los ocho, si a los trece, si a los veinte, hubiera tenido una amiga feminista! En esos mis momentos claves, cuando experimenté con mayor intensidad el tremendo y absurdo costo de mi condición de género, ¡cuánto las extrañé!

       Sin embargo, las opresiones no se viven en resignación, buscamos con lo que hay al alcance, intentamos, intuimos también que el mundo podría ser distinto y que nuestros afectos no tendrían por qué convertirse en afectaciones, en cruces que cargar, en sepulturas. Las mujeres también aprendimos a buscarnos, a leernos, a alejarnos de falsos profetas.

     Los mandatos siguen ahí, la búsqueda del amor verdadero, la maternidad como la cúspide de nuestra realización, la vivencia de pareja y de madre como los únicos afectos a los que les debemos luchas y renuncias. El listado es denso y se sofistica en cada relación, en la interacción social más inocente, en el enunciado, en la forma de ver y verse, de percibirse, de percibir y ser percibidas. En esa red de significados y prácticas, nuestras afectividades se convierten en una incomprendida medusa.

      En las relaciones no eróticas, la angustiante rivalidad femenina; en las relaciones eróticas, el manual preestablecido de celos, apropiación y exilio; en las familiares, las huellas de la icónica familia patriarcal mexicana, la de la guadalupana y los quince años. Sucede entonces que, de cuando en cuando, y pese a nuestro trayecto como feministas, la medusa nos mira de frente y nos vuelve la réplica pétrea de siglos que sostuvieron que amar era eso, entregar, renunciar, aceptar, sollozar, anhelar, extrañar, expropiar, olvidar, obedecer.

     Una y otra vez me redescubro a mí y a mis compañeras de viaje volcando nuestra solidaridad en ese otrx que, por causa y efecto del “amor de pareja”, nos puede obligar a acompañar y a comprender a pesar de una misma, a decir sí. Sacrificios, vestidos blancos y chambritas, son las huellas de un modo de amar “tan nuestro”, tan anclado en el imaginario de la buena mujer mexicana, que, a pesar de nuestras diferencias de clase y etnia, también forman parte de lo que somos.

     A mediodía, una de nuestras sombras también es eso, Novia mía, la Chorreada, la Chachita sin sus trenzas. Las trampas son múltiples, pero sin duda relacionarse erótica y afectivamente con los hombres, suele ser una cuesta arriba. Los privilegios masculinos pueden negociarse, pero están ahí como la opción silenciada y permanente de nuestros compañeros. La profundidad de la relación opresor y oprimido es contundente, a pesar de que otras dimensiones de privilegio y desventaja se entrecrucen, la diferencia de género es un asunto que implica un campo de batalla. Si a esto le sumamos las honduras del amor romántico, topamos con pared, cómo hacer pareja a partir de este disparate, y si nos declaramos poliamorosas, ¿cómo serlo sin que el fantasma de la exclusividad sexual se convierta en la graciosa lápida en la que te vuelves espía y prisionera?

     En el camino, hay de todo. Encontramos compañeros que, apelando a la libertad sexual, hacen de esta reflexión profunda, un medio para ejercer nuevamente un privilegio que dicta que, entre más mujeres en la biografía sexual, mejor. ¿Cómo equilibramos, cuando ni la cama se salva del patriarcado, del culto al falo y de la mecánica falsa del te chupo, me chupas, me penetras, orgasmo?

      Tenemos la opción de relacionarnos sólo con aquellos que se declaren feministas o con los que parezcan serlo, aunque en el camino las contradicciones los delaten. También está la opción de ser la evangelizadora feminista, “hay que tenerle paciencia a los vatos”, me decía una compañera en el DF. ¿Y si no tengo, y si ser paciente con su proceso es de nuevo tolerar y darles chance en nombre del amor? ¿Cómo hacer si también tenemos a los dictadores benevolentes, a los que se les celebra que laven los platos y cuiden a sus hijos?

     Podemos renegarnos, decir que no, afirmar que ni siquiera somos heterosexuales para andar rindiendo culto a cualquier macho. Sin embargo, las relaciones afectivas y eróticas entre mujeres tampoco se salvan, el amor romántico también despliega sus amarras, ahorca. La peor de sus caras, el silencio, el dar por sentados acuerdos que necesitan negociarse, asumir que estamos fuera de la heteronorma, es olvidar que es ésta la que condiciona el escondite. Celebramos como signo de amor la simple aceptación de una preferencia sexual descalificada y ni modos, qué más se puede demandar, en un país donde lesbianas y bisexuales nos seguimos silenciando casándonos de blanco con algún príncipe maltrecho o donde nos siguen silenciando a base de violación y mortaja.

     No está fácil, necesitamos separar una a una las serpientes de nuestra medusa para descifrar los hechizos. Visibilizar el patriarcado es una de las tareas de los movimientos feministas que se convierte en broma fácil para quienes creen que ridiculizarnos es inofensivo, pero el chiste es otra de sus caras, nos atraviesa. El patriarcado se encarna en nuestra afectividad primigenia, la que sentimos por nosotras, la de las guerras más cruentas. Podemos pasar años ignorándonos, enajenadas, furibundas por lo que nos falta o sobra para merecer ser amadas. No podemos crecer y envejecer sin los calificativos, sin las recetas para disimularlo. La vara siempre es la más alta, pasa por el cuerpo y lo devasta calificando nuestros modos. Recuerdo que, en todos los anuarios escolares, niños y niñas me aconsejaban “controla tu carácter”. Nunca me quedó claro lo que querían decir, qué es lo que tenía que “controlar”, ¿hablaba mucho?, ¿me enojaba demasiado?, ¿qué dirían mis anuarios, si hubiera sido niño?, ¿sería mi ímpetu, carcajada y arrojo interpretado como chingón?

     Sin embargo, la vena patriarcal nos parte del ombligo y se extiende por doquier. Se hace presente cuando esperamos que un hombre nos cargue el garrafón, cuando dependemos de la “bondad de los extraños”. Se aloja en esa sutil condescendencia que aceptamos como diminutos privilegios de la “caballerosidad masculina”, en el “chicas gratis”, en el “mujeres y niños primero”. Esa es su cara amable, la que nos sitúa como sujetos que se privilegian de su vulnerabilidad, que requieren de protección y apoyo. La cara cruda, el asesinato, el abuso sexual, el golpe, el chantaje, la culpa, las preguntas. Eso, las preguntas, en la calle ¿a dónde tan solita?, en la casa ¿y el novio?, en el trabajo ¿tienes hijos?, en la escuela ¿piensas tenerlos?

      Total, que los ojos de la medusa, los traemos puestos. Amar-se desde otros puntos de referencia no puede ignorar estas estructuras, amor romántico, heteronorma, patriarcado: patrioskas. Pero no sólo eso, resulta que en nuestros afectos también reproducimos las relaciones coloniales y los saqueos y acumulaciones capitalistas, otros culebrones, otros ojos turbios. Illouz nos advierte de la pasividad individualista a la que nos arroja atomizarnos en pareja, en esa burbuja que ordena la existencia, las formas de dormir y despertar. Nuestras afectividades se limitan así, a las redes de amigxs y familiares, en esferas cada vez más diminutas y superficiales, donde se pasan de largo estos temas para evitar confrontaciones, espacios afectivos donde siempre “controlamos nuestro carácter” y evitamos los asuntos incómodos.

     Ante este escenario, multiplicar nuestros afectos, desacralizarlos y exorcizarlos es por principio una subversión anticapitalista. En esto, la ruta feminista por supuesto que es crucial. Conectarse y sentipensar en los códigos de Fals Borda, en los de Cusicanqui y de las ecofeministas, puede alejar a nuestra Medusa del discurso y práctica del Poseidón. Podemos relacionarnos de otro modo con lo todo que nos rodea y no sólo con nuestras constelaciones inmediatas. Nuestra cuerpa, Medusa y sueño pueden transmutar así en una geografía planetaria y cósmica.

     Nadamás que es complicado y no sólo por esas patrioskas que de pronto se revelan infinitas, sino porque conectarse con otras luchas y latitudes es también doloroso y tremendo. Sucede que entonces te importa la desgracia del rastro y del monocultivo; de la selva hecha potrero y de las gallinas vueltas fábrica; de la mina y de la maquila; de las lenguas que se mueren y de los territorios que se hacen franquicia. Entonces buscas pañales de tela y copas menstruales, te peleas con el unicel y renuncias al automóvil. Aprendes a revisar tus propios privilegios, los de alfabetizada y/o mestiza, reconoces los efectos de tu huella y pasa que tus afectos comienzan a revolucionarse. Tu cuerpo se extiende, tu garganta se multiplica, tu práctica amorosa, tus afectos y sus efectos se hacen política internacional e íntima.

     Hacerse feminista te ofrece pistas, no recetas, ni productos milagro, me despliego, nos desplegamos. Hacernos las preguntas incómodas es necesario. Construir nuestros cariños desde esos cuestionamientos no es ni miel, ni hojuela, pero puede devolvernos el sentido de estar acompañadas en el sueño y la lucha por transformar las circunstancias que compartimos.

Bibliografía

Fals Borda, Orlando. (2009). Una sociología sentipensante para América Latina. Bogotá: CLACSO.

Illouz, Eva. (2009). El consumo de la utopía romántica: El amor y las contradicciones culturales del capitalismo. Buenos Aires: Katz Editores.

Woolf, Virginia. (2008). Una habitación propia. Barcelona: Seix Barral.

Rivera Cusicanqui, Silvia. (2014). Hambre de Huelga. Ch’xinakax Utxiwa y otros textos. Querétaro: Mirada Salvaje.

[divider]

Aitza Miroslava. Estudié en un programa de doctorado en Antropología de lS salud de la UNAM. Hice una maestría en Antropología Social y la licenciatura en Ciencias Políticas. Oaxaqueña, amo recorrer esa geografía y disfruto crear y soñar desde esa latitud. Hace unos años, junto con unas compañeras, iniciamos la Colectiva Investigación y Diálogo para la Autogestión Social (IDAS) que trabaja talleres y proyectos encaminados a visibilizar y erradicar las diferentes caras de la discriminación social, desde una mirada crítica y autoreflexiva. Buscamos hacer de la autogestión una opción política para conectarnos con las realidades sociales y las geografías en las que se ubican nuestros quehaceres y afectos cotidianos.

Páginas

https://investigaciondialogoyautogestion.wordpress.com/

https://www.facebook.com/Investigaci%C3%B3n-y-Di%C3%A1logo-para-la-Autogesti%C3%B3n-Social-280301628656245/

Abrir publicación

Pasiones, afectos, emociones y sentimientos como disputa ideológico-política

Ilustración de Grita Grieta (Liliana Chávez)
Ilustración de Grita Grieta (Liliana Chávez)

Por José Alejandro López Noguera (Presidente de ASSEX).

Desde Descartes (1596), la sociedad occidental ha separado lo que le es sustantivo a la mente, de lo que le es propio al cuerpo. Esta dicotomía cartesiana, ponía en evidencia, que en nosotros había dos esencias: la mente, dirigida por la razón, utilizada por el varón y; el cuerpo, movido por las emociones/pasiones, relegado a la mujer.

     La razón, era un constructo noble, usado por los hombres equilibrados. La emoción, esos irracionales deseos corporales a los que había que poner freno, reino indiscutible de las mujeres, desterradas al desprecio de la histeria (etimológicamente hystear significa útero).

     Tuvo que ser el filósofo Spinoza (1632), el que pusiera un poco de cordura ante esta sesgada separación. Este autor, afirmaba que mente y cuerpo, son partes no independientes de una misma unidad. Ambas vuelan activas al unísono. En la actualidad, el neurólogo Antonio Damasio (1944), intenta poner ciencia a la filosofía de Spinoza, pretendiendo demostrar, a través de sus investigaciones, que al filósofo no le faltaba razón. No podemos entender la razón, sin la emoción. Nuestras decisiones necesitan una mezcolanza de ambas. Investigaciones llevadas a cabo por Damasio, demuestran que personas con un daño cerebral en ciertas regiones, impide que las emociones entren en juego en la toma de decisiones, siendo está un posterior desastre, llevando al sujeto a cometer errores de bulto en sus decisiones. Este autor concluye que “necesitamos las emociones para tomar buenas decisiones”.

     Spinoza, no hablaba de emociones como tal, prefería utilizar el término: afectos. Estos podían ser pasivos o activos y con ambos podemos desembocar, o bien en la tristeza (tristitia) o, por el contrario la alegría (laetitia). Es la laetitia, la esencia que todo ser humano ha de buscar para prolongar y mejorar su supervivencia. Los afectos pasivos (pasiones para Spinoza) nos llevan a ideas equivocadas, pues su esencia es incompleta. En el amor, por ejemplo, nos lleva a la idealización del ser amado. Pensamos que es el cuerpo del amado, lo que nos produce la alegría. Lo dejaremos todo por estar cerca, desertaremos de otras actividades, nos abandonaremos al gozo placentero, pero vacio. Una postura enfermiza que nos aparta de otros alimentos necesarios para aumentar nuestro potencial. Sin embargo con los afectos activos, entendemos que hay algo más que la simple idealización. Comprendemos que, con el otro, alcanzamos un vínculo, encontramos algo que es común a ambos, una noción común y construimos la relación bajo esta senda común, donde cobra importancia el cultivo de la “amistad”. No nos abandonamos a un solo alimento, pues entendemos que podemos querer al amado/a y llevar a cabo otros proyectos, que amplíen nuestro potencial. Ante los afectos activos, somos conscientes (usamos la razón) de la causa que nos llevo a la alegría, con los pasivos, no sabemos que nos condujo a ella, nos dejamos llevar por la pasión. Comprobamos pues, que hay afectos unidos a la razón, los afectos activos y afectos que solo se basan en la pasión, afectos pasivos. Damasio, entenderá que los primeros, nos conducen a una toma de decisión adecuada, pues razón y emoción se conjugan para encontrar mejores soluciones.

     En cuanto a nuestras relaciones amorosas, Spinoza distingue entre “amor pasión” y “amor acción”. El amor pasión no nos conduce a la felicidad. Es un acto sesgado, incompleto, no determinado por la razón, que nos lleva a pensar, que la alegría que nos produce el otro, es, únicamente, debida a su cuerpo (su sola presencia) y no por la comunicación que surge entre ambos, esa noción común. Amor pasión es un afecto pasivo. El amor acción, por su parte, nos lleva a la alegría. Parte de la generosidad y la amistad. Somos conscientes de cómo hemos llegado hasta ahí. Cuanto más nos aproximemos a los afectos activos-amor acción, más cerca estaremos de gozo de la felicidad.

      Esto nos conduce a la idea de Theodore Zeldin (1933) de que, quizás, la humanidad sería más feliz si, entre las personas, alcanzáramos un conocimiento mutuo superior (nociones comunes), una aprehensión penetrante de la diversidad como inherente al ser humano: “Uno de los primeros pasos en la búsqueda de los placeres ocultos es encontrar vínculos insospechados entre individuos que no tienen nada que ver, entre opiniones en apariencia incompatibles y entre el presente y el pasado”. Propone ir más allá de la individualidad, del manido aforismo griego: “conócete a ti mismo” para pasar a preocuparnos por conocer y reconocer a los demás, como seres únicos, que nos pueden aportar nuevas ideas, visiones, conocimientos, pasiones, afectos, emociones y sentimientos. Ir más allá del propio ego, convertirnos en mediadores entre mentes. Dejarnos persuadir por las biografías de otros que han vivido antes que nosotros, de los que moran a nuestro alrededor, para, quizás, poder entender lo que nos deparará el futuro, un futuro posiblemente, más humano. Ese sentimiento que es el amor, puede que se componga, de afecto, comunicación, entendimiento, diversidad y nociones comunes.

      Hoy, a los sistemas educativos, no solo se les pide que a nuestro alumnado, se le pueble, sus cerebros, de conocimientos que enriquezcan su razonamiento. Se les empieza a solicitar, una educación emocional, hasta ahora relegada a un segundo plano, pues se le ha dado prioridad a la primera (la razón). Se ha argüido que las emociones no son dignas de estudio, que no han de adentrarse en el mundo educativo, pues de lo que se trata es de crear personas capaces de encajar en un puesto de trabajo, como si las emociones no condicionaran la calidad, la eficacia y eficiencia e incluso la productividad. Estos autores, menospreciando las emociones, alegan que lo que otros pretenden malintencionadamente, es una “feminización” de las escuelas, dando a entender que, si ponemos en primer orden, las emociones en el aula, la educación perderá calidad, pues la emoción es asunto femenino, es decir, un asunto secundario. La razón o la emoción, no pertenecen a un género, no hay tal disputa dicotómica. Ambos se alimentan de estos dos constructos, pues como acabamos de manifestar: es imposible entender la razón sin la emoción. Es imposible entender a un género sin ambas características. Las emociones, también son una disputa ideológico-política.

[divider]

Abrir publicación

De la enfermedad al cuerpo en potencia

Por Carlos Rivera

*Imagen tomada del sitio http://johannahedva.com de la artista Johanna Hedva

El cuerpo es un campo de batalla” escribía Bárbara Kruguer en una de sus obras más reconocidas, despertando así, sin duda alguna, toda una serie de cuestiones fundamentales a propósito del cuerpo y su lugar en el entramado social. Hace mucho tiempo que el cuerpo dejó de ser el medio, el terrenal caparazón de carne que protege al espíritu, el cuerpo es ahora un fin en sí mismo, un campo de disputa sometido a los mandatos y normas de la modernidad, y ¿cuáles son esos mandatos? Ya los conocemos con claridad de antemano, la historia de la visualidad en occidente nos ha enseñado a lo largo de los años cuáles y cómo deben ser los cuerpos que importan, y aunque estos mandatos no suelen ser fijos, su base primordial se asienta en el ideal del hombre; blanco, fuerte, heterosexual y desde luego sin ningún tipo de “discapacidad” es decir, el cuerpo debe tener dominio absoluto de todas sus capacidades para así considerarse un cuerpo en sociedad, para ser visto y escuchado.

La noción de “discapacidad” o “diversidad funcional1 puede tener muchos significados en lo que al lenguaje médico respecta, sin embargo, para este caso resulta imposible no asociarla con una suerte de marca, de señalamiento encargado de establecer una diferencia, los cuerpos con diversidad funcional son sin lugar a dudas alterizados o mejor dicho exotizados, parecen invisibles, inescrutables, son cuerpos que libran batallas ajenas, tan distintas a las de los cuerpos “normales” que parecieran perder su condición de humanidad.

     Confinada en su habitación y a su cama, mientras en la calle a fuera de su ventana un gran número de personas se movilizan por los derechos civiles de la población afroamericana, Johanna Hedva, artista feminista estadounidense reflexiona sobre su condición de enferma, sobre las posibilidades que su cuerpo (víctima de una enfermad crónica) le brinda para empoderarse. Johanna se muere de las ganas por salir, pero escasamente el único acto de respaldo del que es capaz en su situación es el de alzar el puño en señal de lucha.

Me puse a pensar sobre modos de protesta que se les permiten a la gente enferma. Me parecía que muchas personas a las cuales Black Lives Matter apunta no pueden ir a marchar por estar encarcelados por un trabajo, por el riesgo de ser despedidos, o estar literalmente encarcelados, y por supuesto por la amenaza de violencia y brutalidad por parte de la policía… pero también por enfermedad o discapacidad, o por estar cuidando de alguien con una enfermedad o discapacidad.2

Hedva desde su condición propone en su teoría una reflexión interesante citando la obra de Ana Arednt. Si para la filósofa alemana lo “Político” es entendido como cualquier acción pública, entonces las personas que por diversas razones no tienen la facultad de salir a la calle ¿serían apolíticas? (Hedva, 2015). Esta cuestión resulta determinante máxime cuando la definición de Arendt es aún muy aceptada en los círculos de la academia ¿en dónde quedan entonces los cuerpos que no pueden movilizarse por las calles, que no hacen acto de presencia porque sus condiciones físicas se los impiden o porque las condiciones del espacio público no son aptas para ellos? responder a esta pregunta solo conduce por un camino que termina poniéndonos de frente ante la realidad de un ideal de cuerpo capacitista, para el que han sido construidas las ciudades, la tecnología, los modelos de vida y hasta la teoría académica.

     La humanidad actual está plagada de cuerpos inadaptados, cuerpos que se ven obligados a regirse por el ideal fantasioso de la belleza, la moda y el consumo, por lo tanto podemos hablar de un cuerpo moderno en crisis, sometido a un sinfín de trastornos en pos de la aceptación y el reconocimiento (Piñero, 202). Lo anterior permite entonces vislumbrar una especie de efecto que “discapacita” a los cuerpos sistemática y deliberadamente, es decir, hay un interés estructural por extender una inconformidad constante con el cuerpo, por despolitizarlo: para el sistema los gordos son enfermos, pero también lo son los que están demasiado delgados, los de baja estatura, los que son muy altos, los de nariz ancha o aguileña, todo aquel que no entre dentro de unos absurdos y violentos estándares es un “discapacitado” más.

La relación entre el éxito social y un determinado parámetro corporal es un signo inequívoco de que el control sobre el cuerpo, su modificación y tratamiento para que sea el epítome de la perfección deseada es un proceso fundamental para el sistema. Ello lógicamente genera un exacerbado culto al cuerpo, a la corporalidad imaginaria que, en muchos casos, se transforma en realidad, pero que en otros no es más que una corpo/irrealidad.3

     ¿Dónde queda entonces el cuerpo enfermo y quienes están verdaderamente enfermos? En su teoría de la mujer enferma, Hedva asume una posición clara frente al concepto de enfermedad, casi asociándolo con una ficción, o en términos de Althusser, con un aparato ideológico más del estado que precariza a los cuerpos, a unos con más violencia que a otros indudablemente, pero que busca generar sujetos inconformes, inadaptados y por lo tanto prescindibles. Por ello la potencia de los planteamientos de Hedva, puesto que siendo víctima de una enfermedad crónica que la obliga a permanecer en cama por extensos periodos, se apropia de la noción de enfermedad para agrupar en ella todos los cuerpos carentes de privilegios y considerados indeseables; no hace falta tener que andar en una silla de ruedas para estar enfermo, basta con ser una mujer negra de Mali o una latina en el Harlem de Nueva York

    Sin embargo (y esto debe ser muy claro) no se puede ser un cuerpo “enfermo” sin ser consciente de lo que ello implica y sobre todo no se pueden poner a todos los cuerpos bajo las mismas condiciones porque jamás lo están. La teoría de la «mujer enferma” pretende reconocer a todos los cuerpos carentes de privilegios y precarizados por el sistema, pero a cambio les pide ser conscientes de sus privilegios, sean los que sean, porque en esta sociedad no importa quién se sea, de dónde se sea, el género que se tenga, la raza o la clase, si se es dueño de todas las facultades corporales y se goza de buena salud, siempre se estará un paso más allá que aquel que se mueve en silla de ruedas, que el esquizofrénico, que el sordo o el que no puede ver.

 La Mujer Enferma son todos aquellos cuerpos “disfuncionales”, “peligrosos” y “en peligro”, “mal comportados”, “locos”, “incurables”, “traumatizados”, “desordenados”, “enfermos”, “crónicos”, “no asegurables”, “desgraciados”, “indeseables” que le pertenecen a mujeres, personas de color, personas pobres, enfermas, neuroatípicas, de habilidades diferentes, queer, trans y genderfluid, todas aquellas personas que han sido históricamente patológizadas, hospitalizadas, institucionalizadas, brutalizadas, definidas como “inmanejables”, y así vueltas culturalmente ilegítimas y políticamente invisibles. 4

La intención es entonces convertir el concepto de “enfermedad” en un campo de lucha político, un espacio en el que se agrupen los marginales, pero ante todo un espacio en el que exista una clara conciencia de la solidaridad y el cuidado, porque el cuidado es una apuesta política que encara y cuestiona el mandato individualista del capitalismo posindustrial, posibilitando a los cuerpos reconciliarse consigo mismos y, lo que es más importante, reconociendo al otrx desde el lugar del afecto, y ello implica sin lugar a dudas el surgimiento de apuestas potentes que permitan nuevas nociones acerca del cuerpo y sus capacidades en la sociedad.

Notas:

1 Término alternativo que se comenzó a usar en Europa a partir del 2005 buscando alejarse de definiciones peyorativas como las de “minusvalía” “discapacidad” o “enfermedad”.

2 Hedva, Johanna. (2016).

3 (Piñero, 2001. Pag 200)

4 Hedva, Johanna. (2016).

BIBLIOGRAFÍA

[divider]

CarlosCarlos Rivera. Soy licenciada en ciencias sociales, artivista y escritora loca, mi cuerpo es un constante devenir que camina buscando cuestionar uno a uno sus privilegios, no me gusta decir que soy una mujer trans no binaria, feminista y revoltosa.

FACEBOOK: https://www.facebook.com/profile.php?id=745979059

Navegación de entradas

1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11
Volver arriba