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Suturar los espejos rotos de lo imposible (Sutured Broken Mirrors of the Impossible)

«Ofelia» Autora: Paulett Pando Dubot / Planetaliens
Lucía Egaña Rojas

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Este texto busca contribuir al desarrollo de técnicas para la emergencia de ficciones especulativas en torno a los imaginarios feministas relacionados con la tecnología. Se trata de buscar mecanismos de intervención de las narrativas tradicionales que se enmarcan en una visión patriarcal y capitalista de lo tecnológico. Las visiones y discursos habituales en torno a las máquinas y maquinaciones, se nos aparecen como una trama agujereada por la violencia (hacia la tierra, el cuerpo, las voces). Desde una ética feminista, que no desdeña la estética y poética de la palabra, es posible trazar surcos que abran espacios más vivibles y rellenar los agujeros del tejido simbólico e imaginario. Las escrituras feministas especulativas convierten de esta forma un problema en potencial solución, invirtiendo la carga de la violencia a través del agenciamiento narrativo, para crear ejercicios de reapropiación curativa.

Mi relación con “la película”

Vestirse de negro, también es una tecnología.
Susana Pacara

Si yo viviera dentro de un texto o una película mainstream sobre máquinas y tecnología, mi mundo sería un campo de bombas de racimo, una mina de coltán en el Congo llena de trabajadores explotados, escenarios con mujeres y niñas ensamblando delicados circuitos electrónicos con sus dedos. Una película claramente digital, pero iluminada con petróleo, madera, minerales, metal y mucha agua.

La película de la tecnología y las máquinas que la industria me ha hecho conocer es una película de terror, un tejido agujereado por la violencia simbólica y material perpetrada contra el cuerpo de las mujeres, de la tierra, de los recursos compartidos. Agujeros que son violación y expolio, una película distópica, una película siempre hablando, desde el agotamiento, de lo roto de la extracción. Una película pornográfica donde el mete y saca se ejecuta a la tierra, y donde los roles protagónicos son expertos en cualquier materia insignificante. Esta película ha construido muros entre yo y las otras escenas y figuraciones posibles, ha establecido un manto envolvente del imaginario, una coartada.

A veces visito los parajes de esa película, y a veces la película invade mi espacio, un espacio contaminado e impuro, pero no por eso constantemente violentado. A veces algunas escenas de esa película me visitan entrándome por los dedos mientras tecleo, cuando escribo, cuando creo que creo mundos, pero apenas estoy copiando el eco de las perforaciones. Me entran por las puntas de los dedos al cuerpo y a mi/nuestra visión de lo que es (o podría ser) un mundo (y un cuerpo). Entonces ya no escribo yo, ni escribimos nosotras, ni escribo yo contra mí misma, sino que es la película la que escribe en contra mía, y me vuelvo carcasa de su historia, cáscara de un fruto seco y vacío. Me vuelvo un poco película también, aturdida por el ruido blanco de su guión.

Autodefensa epistémica

Alguien nos enseñó alguna vez a coser, a reparar, a tejer; aprendimos a torcer la mano del que nos dio el veneno, a mostrar los dientes y sacar a mordidas pedazos de él, rabiosas, ya nada ingenuas sino más bien exhaustas de su penetración. Se nos enseñó a dibujar cuerpo y calma, circuito y delirio, presencia y corazón. Se nos indisciplinó hackers y muy poco decorosas, costureras improvisando, nada más que eso.

Cerrar agujeros para poder ver la imagen que había (o que podría haber) impresa en ese lienzo. Parchar el tejido roto que tenemos pegado al cuerpo, que llevamos en el bolsillo, esa tela que nos tendría que proteger con su potencial imaginario, y que yace ultrajada por la ideología dominante, por el uso absurdo y extractivista de los recursos, nuestros recursos, nuestros saberes tecnológicos. En resumen, imaginar formas para la clausura creativa, voluntaria y consciente de los agujeros dejados en nuestro imaginario por el patriarcado neoliberal de la producción en serie con código cerrado, eso es práctica de hacking.

Ejemplo de técnica opositiva para tapar (temporalmente) agujeros

Siempre quise ser a la vez hombre y mujer, para incorporar a mi ser, dentro de mi ser, las partes más fuertes y más ricas de mi madre y de mi padre -para distribuir valles y montañas por mi cuerpo de la misma manera que la tierra se reparte en colinas y cumbres.
Audre Lorde

1.
La construcción de imaginarios más normativa, así como el desarrollo de tecnologías del capitalismo, se basa en el uso estandarizado de categorías y sucesiones predecibles, asociaciones que construyen los repetitivos imaginarios de la explotación. Por ejemplo la asociación: Extracción de coltán en Congo → saqueo→ ensamblaje de micro circuitos por dedos-mujer y dedos-niña → plusvalía → venta en Barcelona, en Apple Store → tarjeta de crédito → Google. Google. Google → Data brokers→ Opacidad → etc. no parece ser una secuencia narrativa que escape de lo que conocemos, es una narración habitual, normalizada e incluso, naturalizada a pesar de su artificialidad.

2.
Si seguimos la narrativa del punto 1 pero proponemos un accidente, una alteración de esta secuencia, podríamos conseguir un reordenamiento del panorama general. ¿Qué pasa si organizamos algunas alteraciones que puedan mutilar esa escena general? Panorama agujereado ya por la violencia, reordenado por la aparente confusión del desacato, vuelto a tejer con parches de sentido, ahora transgresor. Por ejemplo: Extracción de gotas del Amaranto → volteo→ ensamblo un micro circuito líquido con dedos-mujer y dedos-niña → placer → orgía en Barcelona, en un lugar secreto y luminoso → tarjeta de sonido → el circuito es transparente → los datos se inyectan→ hay un futuro en el pasado y esto escapa del tiempo lineal → etc.

3.
La técnica es:
Disponer espacio en blanco, diferenciarlo y asignarle categorías a cada espacio (pueden ser categorías que salen de las retóricas tradicionales o no).
Rellenar las categorías colectivamente con elementos aleatorios (dentro de lo más aleatorio que se pueda, si es que eso existe), y la mayor cantidad de elementos posible.
Por ejemplo: Usos; Adjetivos; Funcionalidad; Interacción; Espacio/Lugar; Material; Formas de acoplamiento; Recursos; Emociones; etc.
Asociar distintas categorías entre sí. Se trata de algo más práctico que coherente: sólo hacerlo.
Recibir una combinación de asociaciones de otra persona.
Articular las asociaciones: crear una máquina/ser/entidad a partir de ellas.
Usar la articulación para narrar su situación. Escribirlo. O dibujarlo. O darle dimensión física a través de materiales.
Posible paso siguiente: Crear interacción entre las distintas máquinas/seres/entidades.

4.
Durante todo el proceso, se recomienda vivirlo animada por el espíritu del conjuro. Producir especulaciones en torno a lo (im)posible es desafiar al registro histórico, es desafiar el poder de la palabra “tantas veces usado siempre por el mismo y único” sujeto. Producir especulaciones en torno a lo (im)posible y ver cómo esas especulaciones comienzan a relacionarse entre sí, cómo se hacen amigas y se van juntando y agrupando, congregando y repeliendo, cerrando agujeros, recomponiendo escenas y haciendo nueva escena, imposible lugar de congregación especulativa.

Escritura-potencia, escritura-amuleto, escritura-conjuro

Como las mujeres en todas partes, hablamos en código
Melanie Kaye/Kantrowitz

En realidad los cientos de agujeros que eran defecto en el telar de lo “real”, en la escena de la escritura feminista se convierten en oportunidad de relleno, de transformación y de narración de lo negado, de lo (im)posible. Sutura en la palabra rota de un lenguaje que se hace en su uso, en su invocación. Reparación de la rotura entre forma y contenido; reparación de la distancia entre prosa y poesía. “Pesadilla lingüística de ustedes, lo que les parece una aberración del habla”1 lo hacemos carne de letras y horizonte de posibilidad.

La extirpación de la lengua nos hizo expertas en signo, voz de las imágenes, cuerpo desesperado por pintar. Yo le metí los dedos al ombligo de la tierra, y me convertí en cordón umbilical por unos segundos. De mis piernas colgaba mi hermana haciendo de antena hacia el otro lado. Echábamos ondas, rayos, información cifrada. Nos ayudó una planta a indicarle el tramo adecuado al viento, no necesitábamos volar. Una bola de complejas capas: fuimos interfaz momentánea y espectral. Magnetismo inquieto, se nos fundió el alma en el intachable gesto artesanal de la escritura. Como este texto, nos fuimos desintegrando del material inerte de sentido del hombre, nos deshicimos de él, se transformó en agua, madera, en piedra petrolera, en metal, en mineral. Nuestro texto se hizo materia porque estábamos hechizadas, y esa tecnología nuestra se territorializó de repente, se hacía en la medida en que la decíamos. Era como un vómito alegre la espuma que nos brotaba, un vómito de espejos y de tejidos que daban cuerpo a la violencia de la reparación. Porque para aquellos que todo lo rompen y desintegran, la reparación es la peor desgracia que les puede suceder. Y para las que vomitamos la rabia que repara, la escritura es el conjuro y la posibilidad. Esta es la violencia de la curación.

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Bibliografía

Anzaldúa, Gloria. Borderlands. La Frontera. Traducido por Carmen Valle. Madrid: Capitán Swing (Obra original publicada en 1987), 2016: pp. 253.

Butler, Judith. «Actos performativos y constitución del género: un ensayo sobre fenomenología y teoría feminista». Traducido por Marie Lourties. Debate feminista (Obra original publicada en 1990) 18 (1998): 296–314.

flores, valeria. Deslenguada. Desbordes de una proletaria del lenguaje. Neuquén: Ají de pollo, 2010.

Haraway, Donna. «Conocimientos situados: la cuestión científica en el feminismo y el privilegio de la perspectiva parcial». En Haraway, Donna. Ciencia, cyborgs y mujeres: la reinvención de la naturaleza. Traducido por Manuel Talens. Madrid: Cátedra (Obra original publicada en 1991)., 313-46, 1995.

hooks, bell, Avtar Brah, Chela Sandoval, Gloria Anzaldúa, Aurora Levins Morales, Kum-Kum Bhavnani, Margaret Coulson, M. Jacqui Alexander, y Chandra Talpade Mohanty. Otras inapropiables: Feminismos desde las fronteras. Traducido por Maria Serrano Gimenez, Rocio Macho Ronco, Hugo Romero Fernández Sancho y Álvaro Salcedo Rufo. Madrid: Traficantes de Sueños, 2004.

Lorde, Audre. Zami: una biomitografía. Traducido por María Durante. Madrid: Horas y Horas (Obra original publicada en 1982), 2009.

Rivera Cusicanqui, Silvia. «Más allá del dolor y del folclor». presentado en PEI Obert, Macba, Barcelona, 22 de junio de 2017. https://www.youtube.com/watch?v=cU5ZEIEE0jw.

—CITATION—

Egaña Rojas, Lucía (2018). “Suturar los espejos rotos de lo imposible.” Ada: A Journal of Gender, New Media, and Technology, No. 13. 10.5399/uo/ada.2018.13.8

This work has been openly peer reviewed at Ada Review.

This work is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike 4.0 International License

  1. Gloria Anzaldúa, La Frontera, trad. Carmen Valle (Madrid: Capitán Swing (Obra original publicada en 1987), 2016), 109.

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Lucía Egaña Rojas (1979 Münster [Chile]) Lucía Egaña Rojas tiene formación en arte, estética y documental, y es doctoraen Comunicación Audiovisual (UAB). Trabaja temas relacionados con feminismos, relaciones norte-sur, postpornografía,  tecnología, software libre y error. Desarrolla procesos pedagógicos en ámbitos institucionales y autogestionados que,  como su trabajo artístico, ha presentado y desarrollado en países como México, Uruguay, Chile, Alemania, España, Noruega, Ecuador, Colombia, entre otros.

https://luciaegana.net/

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Hacia una política de los cuidados en la pedagogía teatral: nociones del cuerpo más allá de la enfermedad

retrato de la artista Lisa Bufano

por Lucía Calderas

La enfermedad es el lado nocturno de la vida, una ciudadanía más cara.
A todos, al nacer, nos otorgan una doble ciudadanía, la del reino de los sanos y la del reino de los enfermos.
Y aunque preferimos usar el pasaporte bueno, tarde o temprano cada uno de nosotros se ve obligado a identificarse, al menos por un tiempo, como ciudadano de aquel otro lugar.
Susan Sontang, La enfermedad y sus metáforas

Para la tradición teatral, el cuerpo del actor es el centro del yo , contenedor de la materia sensible, psíquica y creativa, por ende, el entrenamiento es el pilar de diversas técnicas como son las desarrolladas por Eugenio Barba, Jerzy Grotowski, Stanislavski, entre otros considerados los grandes maestros de las bases actorales.

Lo cierto es que los tiempos han cambiado y aunque el legado de estas técnicas aún tiene eco en nosotros, no podemos negar que en esta etapa del capitalismo tardío y en una experiencia como lo es ser latinoamericano, luego de sucesos históricos que nos han marcado como los genocidios, la colonia, la esclavitud y la migración, añadiendo la lucidez a nuestra visión del mundo que nos han aportado diversas filósofas, antropólogas y artistas, sería muy necio insistir que estos discursos deben permanecer intactos a bien de preservar la tradición teatral, para empezar porque quienes los enuncian están situados en una experiencia geopolítica completamente distinta, por mencionar uno de los privilegios que implica al menos tener la posibilidad de dedicarse al teatro y ser considerado como indispensable.

En nuestra historia sudamericana, el ser un cuerpo conlleva un esfuerzo no sólo capital, sino emotivo, ya que una de las congojas inevitables a las que nos hemos visto orillados es la enfermedad. A pesar de que la descomposición de los miembros de un cuerpo es un proceso vital natural, no podemos cegarnos ante las causas políticas de las enfermedades. ¿De qué morimos y en qué condiciones? ¿quiénes y en qué zonas se tiene acceso a la salud? ¿quién posee los recursos tecnológicos, capitales y científicos cuyo acceso segmentariza y dificulta a las personas marginadas? Y no es complicado imaginarlo luego de la pandemia del COVID-19. Estas son algunas de las preguntas necesarias para comprender que la lectura de los cuerpos debe romper la frontera y la categoría binaria de sano-enfermo. En este ensayo se abordará la necesidad de una nueva definición del cuerpo del actor, misma que pueda abarcar y cubrir las necesidades del quehacer teatral y las diversas técnicas actorales y a la vez, tomar en cuenta el momento histórico y político en el que habitamos, misma definición que nos permita reformarnos y plantear un hacer teatro fuera de la legitimidad del régimen político; estamos hablando del potencial subversivo de la enfermedad y los cuidados que supone la misma.

La enfermedad en el ámbito público y teatral.

El cuerpo enfermo siempre ha sido motivo de espectáculo, refiriendo esto desde la similitud etimológica de espectáculo con especulación. Las deformidades y rarezas se han exhibido en circos y ferias, relegados a lo grotesco y a la noción de burla. No son sujetos, son objetos ornamentales, cosas dignas de un museo que son otros los que pueden admirar. Esta experiencia marca una distancia sensible entre el cuerpo enfermo y «los cuerpos sanos», como si existiera una línea que divide claramente ambos territorios. Latinoamérica y las razas que hemos sido esclavizadas, tenemos una memoria de la mutilación que se ha impregnado en nuestro ADN, en nuestra psique. Los eunucos, la práctica de la ablación, la guerra, la conquista, el saqueo y despojo de nuestros territorios cuya defensa les ha costado la vida a nuestros antepasados, el desplazamiento de nuestros lugares originales a la periferia y al empobrecimiento, todo eso nos ha dejado heridas visibles, enfermedades hereditarias, cáncer, SIDA. La exposición a la violencia que crece y constituye un riesgo. ¿Quiénes son aquellos que definen qué es el cuerpo en la tradición teatral y por qué su discurso es inmutable ante lo ajenos que resultan a nuestro contexto y a nuestra historia? ¿Ellos han tenido que cuidar de cuerpos enfermos? ¿Desde qué vivencia del género nos están nombrando? El teatro es un espacio público, pero la enfermedad no siempre lo es.

Como mujeres se nos ha vetado de asuntos vitales de la vida pública (relegadas al ámbito doméstico), se nos privó muchos años de hacer teatro, no sólo como dramaturgas sino como actrices, pero incluso ahora que se supone existe apertura para que nosotras participemos activamente, ¿qué hacemos cuando no hacemos teatro? Es un asunto de política, porque las mujeres nos hemos incorporado masivamente al trabajo remunerado, pero los hombres no se han incorporado al trabajo de los cuidados. Muchas de nosotras, de nuestras madres y abuelas no pueden habitar el espacio público porque están enfermas, o bien, porque están cuidando de alguien que lo está.

Cuando reviso la literatura actoral, la mayoría de veces siento que están hablando de cuerpos que no son el mío. No puedo sentirme identificada del todo con lo que se plantea. Por lo general las imágenes, ejercicios y resúmenes de las técnicas, parafraseando a Cvetkovich: tienden a suponer un sujeto blanco y de clase media para el que sentirse mal es un misterio porque no se ajusta a una vida en la que el privilegio y la comodidad hacen que las cosas estén aparentemente bien (2012).

Al pasar las páginas y revisar la bibliografía Hacia un teatro pobre , de Jerzy Grotowski, Un actor se prepara, de Stanislavski, La canoa de papel de Eugenio Barba, invariablemente encuentro imágenes de cuerpos delgados, altos, es decir, lo que la hegemonía considera aceptable y lo que el teatro afirma como apto para hacer teatro, y más allá de quedarse en lo iconográfico siempre se apunta a lo vital del entrenamiento, del desarrollo de la fuerza y las potencias corporales, incluso de la acrobacia. Pienso en la importancia de la representación, y en que toda esta literatura está plagada de un silencio invisible que es muy difícil de nombrar:
el verdadero arte del actor, el aprendizaje del mismo y la técnica están reservados a los cuerpos estándar que aparecen en esas fotografías. Y no sólo es una impresión, Michael Chéjov escribe en su libro Al actor : De esta manera un cuerpo poco desarrollado o
superdesarrollado puede fácilmente ofuscar la actividad de la mente, embotando los sentimientos o debilitando la voluntad (1993. p. 15). Además, abre con un epígrafe que dice: Nuestro cuerpo puede ser nuestro mejor amigo o nuestro peor enemigo (1993. p. 15), lo cual me recuerda a Johana Hedva y su Teoría de la mujer enferma cuando insiste en que:

Cuando tu propia fragilidad, tu propia vulnerabilidad a la destrucción, tu propia muerte, están a tu alrededor y dentro de ti, constantemente, somáticamente, y luego son reforzadas por el mundo exterior, que te dice que no solo no hay cura sino que también este mundo perpetuará tu sufrimiento, quisiera saber qué demonios significa estar mejor (2015).

Y yo quisiera saber qué pasa con los cuerpos que no pueden reconciliarse consigo mismos. Hay quienes, en orden de sobrevivir, han tenido que hacerse a la idea de que no hay forma de amistarse con el lugar que habitan y que poco a poco, a pesar de los tratamientos, las medicinas y los buenos deseos, continúan destruyéndose a sí mismos.

Jerzy Grotowski escribe al pie de una descripción de una serie de ejercicios básicos para el entrenamiento actoral:

Además, prueba que es necesario poner mayor atención a la condición física de nuestros actores y dedicarle más tiempo a este problema. No basta caer de una escalera sin herirse, se trata simplemente de una cuestión de acrobacia y eso lo puede hacer cualquier persona audaz. El problema real es adquirir una técnica firme de los movimientos que nos permitan controlar hasta el más simple en todos sus matices. (1970. p. 154).

Y así, sucesivamente, aparece incontables veces en los libros de técnica (inserte aquí el nombre de cualquier vaca sagrada del teatro) la frase: el cuerpo del actor debe de ser o debe poder hacer seguido de una serie de capacidades físicas que implican gimnasia, flexibilidad, resistencia, etcétera. ¿A qué orilla sin nombre se ven relegados los cuerpos desquiciados, orgullosamente mutantes que no pueden apropiar esta técnica porque sus capacidades son otras? ¿Están fuera de la teatralidad? ¿Podemos reconocer la enfermedad como una experiencia capaz de invocar la potencia, en lugar de revictimizar esos cuerpos y evitar caer
en discursos paternalistas y capacitistas? ¿Y puede ese hecho, el de desacelerar para escuchar otras vivencias de la misma realidad ayudarnos a dinamitar un sistema económico obsoleto, devastado y devastador?

Pistas emancipatorias: el punto ciego en el tablero de la técnica actoral

Partimos de la autopercepción cuestionándonos qué hacemos cuando nos toca representar el papel de algún cuerpo con discapacidad. Jugamos a los enfermos . El otro siempre ha sido motivo de prótesis, de imitación, pero pensarnos en la igualdad de las condiciones nos aterra porque nos lanza al vacío de nuestro destino: tarde o temprano enfermaremos, ¿y entonces sólo se acabará el teatro para nosotros? ¿entonces y sólo entonces empezaremos a sentir la necesidad de que el teatro debe ser de otra manera ? Habrá que empezar a imaginar al gran Otelo sin manos, o mejor aún, proponer y plasmar en la escena a otros autores latinoamericanos que nos enseñen cómo es vivir una enfermedad, sin morbo, pero sí como un aprendizaje que necesitaremos para sobrevivir, porque en estos cuerpos también reside potencia, presencia, material sensible y creativo.

No se trata de hacer intromisión ni de que el teatro se convierta en algo «sanador» o «terapéutico». No se trata de hacer caridades ni de enseñar, de dar consejos no solicitados tan ridículos que podrían estar en tarjetas con confetti y globos de helio fácilmente sustituibles por un » mejórate pronto». Hasta ahora parece que el teatro y la enfermedad son opuestos, a menos que sea para llevar la enfermedad a escena. ¿Pero cómo plantear una transformación tan radical desde la ignorancia? ¿quiénes, actores, profesores, teóricos y académicos sabemos cambiar pañales, inyectar insulina, medir la presión, cambiar el suero, poner un respirador?

Lo sabemos quiénes hemos convivido con seres queridos con enfermedades, quienes hemos sentido el peso de la necropolítica y lo obsoleto del sistema de salud mexicano en cierne sobre las vidas de aquellos a quienes amamos. Hacernos de los saberes que necesitan estos cuerpos para sostenerse dentro de las escuelas y si no les es posible moverse, ver la manera de desplazarnos, de estar verdaderamente y no sólo mediante dispositivos móviles. No es hacer de los teatros hospitales ni mucho menos volvernos médicos o enfermeros, es reconocer que la manifestación más anticapitalista es cuidar a otra persona. La práctica históricamente feminizada y por tanto invisible, de la enfermería, la crianza, el cuidado. Tomarse en serio la vulnerabilidad, la fragilidad y la precariedad y apoyarla, honrarla, empoderarla. Protegernos mutuamente, promulgar y practicar la comunidad, una hermandad radical, una sociedad interdependiente, una política de cuidado (Hedva, 2015).

Una interrogante vital para tomar estos rumbos nuevos la hace Vladimir Krysinski: ¿Qué semiótica podría ocuparse del cuerpo sin perder de vista ni su especificidad en cuanto objeto cognitivo, potencial o actualizable, ni el camino recorrido por el teatro moderno como serie textual? (1982. p. 19). Yo respondería que con la semiótica que apela al cuidado donde si el cuerpo como centro operativo del espectáculo y en el que reside la creación teatral se le honra tanto o más que a la técnica. Y para ello habría que abandonar el rigor disciplinar, porque quizás el teatro de esta época ya no sea sobre cuerpos que saltan en grandes escenarios, y brincan o bailan haciendo acrobacias increíbles, tan vez el teatro deba suceder y ser más una oda al descanso y la quietud porque estamos agotados, exhaustos de vivir en un mundo que estetiza la violencia y hasta la vuelve deseable. Quizás haya que redescubrir la teatralidad ritual de quien separa sus pastillas para la semana, la teatralidad de no sólo ser espectadores de las tragedias, del dolor, sino de sostener sólo cuando se nos solicita, para no infantilizar y reconocer la enorme autonomía de estas personas. Guardar silencio. Aprender. Dejar que la teatralidad suceda de una cama del hospital a otra, de una ventana hacia la calle, resistir a la gestión de los afectos;

porque cuando todos estemos enfermos y confinados en una cama, compartiendo nuestras historias de terapias y ayudas, formando grupos de apoyo mutuo, escuchando las historias de trauma de los demás, priorizando el cuidado y el amor a nuestros enfermos, dolidos, dañados, caros y fantásticos cuerpos, y no quede nadie que pueda ir a trabajar, quizá entonces el capitalismo se acabará. Propongo que podemos intentarlo (Hedva, 2015).

El teatro de este siglo ya no será sobre representar la vida, sino sobre protegerla. No podemos cerrar los ojos ante la desesperación que nos causa un mundo colapsándose ante nuestros ojos, ni frustrarnos ante la inmensidad de tareas que hay que hacer para transformarlo. Será sucio, doloroso y agotador. No será lindo ni limpio. Tenemos mucho que aprender todavía, pongamos nuestra creatividad al servicio de la imaginación política de un mundo en que todos los cuerpos puedan hacer teatro, no importa dónde se encuentren y que pueda suceder desde la empatía, sin dejar espacio para el morbo y el esnobismo.

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Bibliografía
Chéjov, Michael. (1993). Al actor. Sobre la técnica de actuación. Buenos Aires: Quetzal.
Cvetkovich, Ann. (2012). Depression: a público feeling . Londres: Duke University Press.
Foucault, Michael. (2010). El cuerpo utópico. Las heterotopías. Buenos Aires: Nueva visión.
Grotowski, Jerzy. (1970). Hacia un teatro pobre . México: Siglo veintiuno editores.
Hedva, Johanna. (2015, octubre). «My Body Is a Prison of Pain so I Want to Leave It Like a Mystic But I Also Love It & Want it to Matter Politically». Ponencia presentada en Women’s Center for Creative Work at Human Resources . Los Ángeles. EEUU.
Krysinski, Vladimir. (1982). «El cuerpo en cuanto signo y su significación en el teatro moderno: de Evreïnoff y Craig a Artaud y Grotowski» en Revista Canadiense de Estudios Hispánicos (7). pp. 19-37. Recuperado de: https://www.jstor.org/stable/27762196?read-now=1&seq=1

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Lucía Calderas (1999, Edomex). Escritora y poeta. Su poesía se ha presentado en diversos festivales internacionales como el Chilango-Andaluz y la celebración del Día Mundial de la Poesía en el Instituto Francés de América Latina. Ha sido publicada en las revistas ERR, Nocturnario, Poemujería, FemFutura entre otras. Forma parte de la Red de Jóvenes Investigadoras de la Escena MEDEAS. Ha participado como ponente en el Coloquio Nacional Pensar la Escena y el 3er Coloquio de Mujeres Filósofas. Actualmente, imparte cursos y talleres de poesía y literatura en diversos másteres de la Universidad Carlos III de Madrid.
Su trabajo se encuentra disponible en:
https://soundcloud.com/luciae-calderas/una-res-en-la-bahia-pt-1
http://www.calderchez.tumblr.com

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Ecos desde las membranas

por Christian Fajardo y Cristina Torres

. la ventana

desde el 18 de marzo del año pasado empecé la cuarentena antes

de la declaración oficial en la CDMX, el último día que vi a mis alumnes

de secundaria estaban cabizbajes, sorprendides e incrédules

ante el escenario que nos tocaría vivir. la pandemia puso

en jaque al Cistema, valores como la solidaridad, solo por decir uno

, ponen en entredicho los cimientos de su estructura epistemológica

donde a la ciencia se les fue de las manos la situación a través de los márgenes

de error, mientras el ejercicio del poder dejó ver su rostro sin ningún tipo de

máscara y la necropolítica nos puso en la primera fila de una película gore

con un final de muchos inicios ; donde la ficción a ciencia cierta nos ha demostrado

la fragilidad del presente en fragmentos de capturas de pantalla como evidencia

. algo que pudo ser sencillo y práctico, aunque no por eso fácil, pasó a ser

una historia que espero se guarde en la bolsa de viaje colectiva como la que

propone Ursula K. Le Guin, para contarla a quienes estamos y a quienes vendrán

he sentido a mis alumnes, colegas y compañeres del primer seminario de PEEx

cansades, ansioses, en pijamas con la cámara apagada bajo la estructura

de una educación que no dio el resultado esperado ante la vida, en el que

las emociones no nos alcanzaron para continuar intermitentemente

este teatro del mundo que desde la Nueva Escuela Mexicana

se pretende resolver con un cuestionario de opción múltiple

, y que así como esta institución las demás también han dejado de lado la otra pandemia

, la de la violencia de género. este es mi ventana, mi marco

desde donde miro al mundo, donde me encuentro en una conversación

a través de grafías, silencios, cuerpos y reflejos de une misme en la pantalla

, gestos que se entrecortan porque la conectividad de la red se ve superada

y un desfase interrumpe la práctica educativa en dirección

hacia lo desconocido: ¿pero qué es la ventana sino el aire enmarcado por unas escuadras?1

Escribir

Me gusta escribir y que hacerlo me ayude a sobrevivir otro día, comer de las palabras

y los espacios y los sonidos imaginarios que aparecen en el soundtrack mental mientras leemos desenfocando el entorno para fijar los ojos en una ventana luminosa que simula

un papel impreso al infinito. Qué hambre a veces cuando la suerte se termina y qué bello

que haya quienes se dedican incesantemente a sostener abiertas esas puertas. Dice mucho

de nuestro presente que las prácticas de la libertad, como escribir y amar y el aprendizaje

y el arte, tengan el costo social del hambre y la gradualidad de un exilio silencioso.

¿Se han dado cuenta de lo incómodo que resulta escribir o leer cuando el texto no

está dentro de una retícula de 90º, en los contrastes de colores convencionales y tipografías estandarizadas?, ¿o la reactividad que detonan los discursos de lxs cuerpxs no autorizados?, ¿o de la ubicuidad de la policía que vigila sutilmente el brote de nuevas palabras, sonidos, significados y materias para la escritura, marcándolas como errores y desviaciones

inferiores? Un miedo colectivo sostenido por el mito de que la poesía es un lujo de

las élites, que el arte no es útil ni tiene relación con la supervivencia,

que la creatividad debe ser contenida porque desordena.

. el aire

parar y respirar me han ayudado a ir hacia la calma y la tranquilidad

, la educación queer es una inhalación y exhalación de escrituras de posibilidades infinitas

en las que lo primero que se siente es el cariño y el espacio seguro para decir tü nombre

, tü manera de intuir el mundo

, tü manera de estar en el mundo

, tü manera de ser en el mundo y tü manera de sentir el mundo en este presente

que requiere urgentemente un contacto amoroso para que las experiencias puedan ser

un punto de fuga y los imaginarios entretejan un acuerdo de las realidades para sobrevivir

Entre otras cosas, trabajo como profesorx

Me apasiona y también me está consumiendo. Por la precariedad laboral, el esfuerzo emocional de guiar a grupos, la estúpida aceleración de la productividad y también

porque volver a las escuelas normalmente es volver a probarse la camisa de fuerza

para mostrarle a lxs niñxs cómo quitársela y luego dejar de ponérsela, con la

esperanza de que ojalá puedan caminar más allá de lo que sueñas que tu mismx podrás.

Practicar el aprendizaje es participar en la escritura colectiva de una película

de ciencia ficción sobre la posibilidad de un tratado alquímico por el que dos

duraciones han luchado desde el inicio de nuestro tiempo; entender el papel

dentro de esa historia es de vital importancia. La pedagogía cuir, ese río

que se abre paso hacia el océano así mientras tus ojos y los míos pasan

por estas letras digitales, es el camino de la disidencia que es siempre la poesía,

escrita desde y para la materia viva, pulsante, con la cual todas las estructuras y

todos los sistemas se ponen en juego. No más la retícula milenaria que ha trazado

la línea divisoria entre mente y cuerpo, “hombre” y “mujer”, público y privado,

inútil y productivo, genio y público, banalidad y conocimiento, ciencia y arte,

entre tantos otros binarios que son tan rígidos como absurdos. No más porque

precisamente esa estructura sutil, esa gramática que sostiene a cada dimensión

de la escuela y la academia, está allí para la interiorización del abuso, la desconexión

de unx mismx, la domesticación y la atomización compulsiva de las colectividades.

No más porque otros mundos siempre han brotado, posibles, y para

volver a catalizar su paso de la latencia a la potencia tenemos que entender que

se trata menos de una utopía y más de la imaginación artística.

. las escuadras

las pedagogías queer son un reiniciar el Cistema educativo

, un volver a escribir la página de los espacios públicos y privados

para que dejen de ser un campo de concentración, una narración hegemónica e idealizada

, y crezcan en su lugar el amor, el respeto y la escucha radical1

para hacer frente a esta crisis en la que el Covid es solo el catalizador

las pedagogías queer nos permiten reconectar con une misme

de afuera hacia dentro desde el amor propio. las pedagogías queer pueden ser

una manera de trabajar con el tiempo no contra el tiempo2

, sumar críticamente lo conocido para tener más herramientas

que nos ayuden desde el contexto en el que estemos, tener claro lo que no queremos y preguntarnos lo que sí queremos nombrar y hacer visible aquello que nos pasa

, ver en los errores una forma de inicio

. las pedagogías queer pueden ser un espejo para sabernos educadores y alumnes

que aprendemos de les demás, en las que ceder es parte de entender que

cualquier ser es parte de una conversación entre mundos paralelos

desde una caja de emociones3 que nos permita sentir a flor de canto

las notas que cada une ha tomado en el camino

La mentalidad escolar

Para la mentalidad escolar las cosas deben estar separadas, estáticas, en loop y ser predecibles; las bases para la producción de la verdad entendida como la

especialización y racionalización masculinizante del todo. La escuela es una

larga obra de teatro sobre un laboratorio con condiciones estables y enteramente reproducibles —en teoría— dedicado a la programación de la escritura

electroneurológica de la normalidad. Para el rito de homogeneidad que es la

educación moderna, la anomalía es una herejía peligrosa que debe ser castigada,

perseguida, avergonzada, expulsada. Es decir, la violencia es la inmunidad de

la comunidad normal y el género una de sus tecnologías de escritura más exitosas.

Pienso en la repetición histórica de esta categoría, desde la taxonomía

de Aristóteles y su énfasis insistente en encontrar los bordes que separan a la vida,

en la explotación de lxs cuerpos a manos de la patriarquía y en las jerarquías de

los géneros artísticos. Frente a lo incontenible de la mutación y la divergencia,

el control predeterminado de la diferencia. Géneros biológicos, géneros humanos,

géneros pictóricos o literarios o cinematográficos… Entendamos entonces

que por analogía nuestra manera de enseñar orto-grafía incide en lo verbal,

como la coreografía de lo normal regula las posibilidades de acuerpar,

o la exclusión sistemática de ciertas personas de lxs cuerpxs docentes es

la preparación para su epistemicidio, y esta mecánica continúa desdoblándose

de la misma manera hacia todas las dimensiones del habitar.

Hablar sobre libertad dentro de la academia es una contradicción de fondo,

lo más a lo que puede aspirarse allí es a contemplar el holograma.

Parte del chantaje intelectual del capitalismo planetario implica resignarnos

a que cierta definición de la poesía le pertenece a los cuerpos con pene y piel blanca

que hablan lenguas europeas, tienen títulos universitarios, usan traje sastre

y un aroma a hombre ilustrado y contenido; que la poesía no se arrastra indigente

ni se prostituye ni es autodidacta ni tiene las manos curtidas de tanto limpiar

la mierda de otrxs ni goza por los orificios no autorizados ni ha tenido que cargar

la marca del abuso ni goza en el flujo de las hormonas y las emociones ni cambia

las reglas del juego ni huele a la pólvora suave que derrumba el artificio

que pretende hacer de unxs más que otrxs. Atravesar la ilusión de esta falacia

y reclamar de vuelta el poder creativo, sin atender ya a la mirada teórica

descarnada de la torre de marfil y la crueldad de sus distinciones para enraizarse

de nuevo en el suelo donde el arte es el ensayo y la obra es la vida,

eso es también una pedagogía cuir.

1 Escucha radical es un concepto trabajado por Lía García y Canuto Roldan, compartido por Canuto durante su sesión en el “Seminario Perspectiva de género, aprendizaje experimental para educadorxs” de Proyecto Escrituras Experimentales (PEEx).

2 Cita tomada de la novela Los desposeídos de Ursula K. Le Guin.

3 En la novela ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? de Philip K. Dick existe un dispositivo que se llama Caja de emociones, este permite a las personas compartir e intercambiar emociones a aquelles que se conecten a ella.

1 Clarice Lispector

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Proyecto Escrituras Experimentales (PEEx) es un colectivo flexible y mutable dedicado a la la búsqueda de nuevas intersecciones entre las pedagogías experimentales, el arte contemporáneo y la perspectiva de género. Integrado en su núcleo por Cristina Torres y Christian Fajardo, más lxs colaboradorxs que se suman en cada proyecto, PEEx trabaja desde tres líneas principales: la investigación práctica transdisciplinar, la difusión y la apertura de espacios de diálogo y aprendizaje para compartir herramientas que catalicen la transformación de las prácticas educativas de todo tipo de contextos.

En 2020 PEEx llevó a cabo su primer Seminario Perspectivas de género y aprendizaje experimental para educadorxs gracias al apoyo del Fondo PAC-COVID, en el cual colaboraron seis artistas-educadorxs invitadxs: Ketzali Arreola (bailarina contemporánea), Ana Escutia (artista y educadora en arte contemporáneo), Cecilia Pompa (gestora y educadora en arte contemporáneo), Ana Torres (curadora pedagógica), Canuto Roldán (slammer, performer, poeta marika y promotor de lectura LGBTIQ+) y Lucía Vidales (artista y profesora de pintura).

El colectivo PEEx participó como invitado en la mesa de diálogo “Pedagogías afectivas, pedagogías radicales” organizada por el Centro de Cultura Digital y La Colmena Tlaxcala en noviembre 2020, así como en una entrevista en el programa Violeta Radio transmitido por el 106.1FM en diciembre 2020.

Proyecto Escrituras Experimentales

Instagram: @escrituras.experimentales

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La pedagogía queer y la agroecología: construir otros imaginarios alimentarios desde la diferencia

imagen por Atsiry López-Fabila

por Morgan Jenatton

En un mundo en crisis, puede ser difícil imaginar vías hacia otras posibilidades.  Se ha hecho evidente que la pandemia producida por la Covid-19 no ha hecho más que profundizar las desigualdades particulares del sistema dominante de explotación capitalista, heteropatriarcal y blanco-céntrico. Frente a esta oscuridad asfixiante, parece importante buscar resquicios de luz y resistencia que pretendan abrir otros mundos, otros imaginarios, otros modos de ser y estar juntes. Parece crucial volver la mirada hacia los esfuerzos que intentan abrir horizontes de posibilidad e imaginar colectivamente prácticas de emancipación social que afirmen nuestro potencial radical para alejar las fuerzas de dominación y exclusión (Pinheiro-Barbosa, 2020). En este texto busco presentar algunos elementos teóricos de la educación que proponen vías posibles para avanzar hacia esa emancipación radical. A saber, presentaré brevemente ciertas corrientes históricas de la pedagogía emancipadora y las relacionaré con nociones de la queer theory anglosajona, para finalmente presentar algunas consideraciones para la implementación de estas pedagogías en la educación alimentaria.

Antes de hacerlo, es importante situar mi cuerpo y mis palabras. Crecí en Estados Unidos, en el seno de una familia mestiza francófona que llegó de Francia y del Magreb a principios de los años sesenta tras las violentes circunstancias de los últimos días de la era colonial francesa. Hablé inglés y francés en casa y asistí a escuelas locales de lengua inglesa hasta que me mudé a Francia a los veinte años, donde inicié mi carrera como cocinero. He vivido sin el apoyo de mis padres desde los 15 años, y por lo tanto he tenido que construir otras estructuras emocionales y materiales para sobrevivir. Mi cuerpo y nombre corresponden a las características normalizadas de un hombre blanco en Francia y tengo sexo exclusivamente con hombres. En mi vida cotidiana, suelo utilizar la palabra “gay” para describirme, pero como muches, también me han nombrado “fag”, “pédé” o “maricón” (según el país), para subrayar mi disconformidad con el Mundo Normal. Por eso mismo, desde unos años, la palabra más habitual en mi lengua para denotar mi vida ha sido “pédé”, el equivalente francés a maricón. Con les compas que comparten esta experiencia, exijo la fuerza política y divisada de esta palabra frente a la normalización y comercialización crecente de las vidas “LGBT”.

Desde hace unos años emprendí una carrera en la academia y en mi maestría empecé a trabajar los temas de la alimentación y las ciencias sociales en México. Ahora soy estudiante de doctorado en sociología y agroecología en una escuela francesa y en el Colegio de la Frontera Sur (ECOSUR), en Chiapas. Mi trabajo académico se centra en la forma de impulsar una masificación de la agroecología en los sistemas alimentarios. Examino la tortilla mexicana y el pan francés como alimentos simbólicos de este cambio en los Altos de Chiapas y en el sur de Francia, con el objetivo de evaluar cómo construimos el saber en torno a la alimentación como forma de emancipación y, con una postura transformadora basada en la investigación acción participativa, de analizar los procesos de aprendizaje que promueven la transición agroecológica. De por sí, mis palabras y propuestas vienen explícitamente desde lo académico, cosa que no les da más pertinencia o validez. Al contrario, considero que resuenan huecas frente a las experiencias y teorías más arraigadas en las movilizaciones y luchas cotidianas. Sin embargo, propongo que esta exploración teórica puede alimentar nuestras reflexiones y acciones sobre el camino hacia la construcción de mundos que resuenan con una vida digna y con una alimentación que nos llene de fuerza y bienestar.

Investigación acción participativa (IAP)

Un primer paso para la relativización del conocimiento académico es el de reevaluar cómo y para quien se produce. La investigación-acción participativa (IAP) es un enfoque que hace hincapié en la inclusión colaborativa y la acción beneficiosa para les participantes en la investigación. Esto implica que, en cierta medida, están directamente implicades en el diseño, la aplicación o el análisis de la investigación: ésta es la dimensión participativa. Pero, además, un principio común de la investigación-acción es su compromiso ético y político en una ciencia transformadora: la acción. La IAP no es un enfoque fijo o un corpus científico, sino más bien un cierto compromiso normativo con los procesos de colaboración en la producción de conocimientos y el objetivo de un cambio social positivo.

Unos de los conceptos centrales de la IAP se construyeron en Latinoamérica teniendo como base la teoría crítica marxista y el pensamiento crítico latinoamericano para cuestionar los valores de la investigación y la educación en relación con el poder político y los sistemas de opresión. Los trabajos de Paulo Freire y Orlando Fals Borda han asentado las bases del pensamiento moderno de la IAP. Fals Borda participó en la organización de la primera conferencia explícitamente dedicada a la IAP en Cartagena en 1977 y defendió la incorporación de un componente de “acción comunitaria” en los protocolos de la investigación clásica, abogando por la “combinación” de las aptitudes científicas con los conocimientos de y las comunidades, tomándolos como socios de pleno derecho en el proceso de investigación. Freire postuló en su texto canónico de pedagogía critica, Pedagogía del oprimido (1968), que les individues no sirven como recipientes vacíos y “objetos de investigación”, sino como participantes plenes, capaces de determinar sus propias necesidades para mejorar sus vidas. Según Freire, la educación no se limita a la función de aprender a leer palabras escritas, sino a leer el mundo de manera crítica. Propone esta crítica a la conciencia como una forma de emancipar a “los oprimidos” y de transformar la realidad social.

Conceptos claves de la pedagogía crítica

Una noción fundamental de la filosofía educativa de Freire es la de praxis, para la que se inspira en gran medida en la concepción de Marx de “la actividad libre, universal, creadora y autocreadora a través de la cual el hombre crea y cambia su mundo histórico y a sí mismo»” (Petrović, 1983). Freire define la praxis como “la acción del pueblo sobre la realidad” y un proceso de “reflexión y acción dirigido a las estructuras a transformar” (Freire, 1968). En esta concepción, la praxis es un esfuerzo liberador por el que les educadores y alumnes se convierten en “coinvestigadores” para participar en un ciclo de reflexión teórica colectiva, aplicación, y evaluación, antes de volver finalmente a la teoría como continuación del ciclo. Es importante destacar que la praxis no es pura acción, sino más bien el ciclo de reflexión y acción, que sirve como fuente de “conocimiento y creación” que por sí solo puede «transformar verdaderamente la realidad” (Freire, 1968). Esto marca la praxis como una actividad exclusivamente humana porque Freire, siguiendo a Marx, contrasta la actividad productiva creativa y consciente de les seres humanes con la producción compulsiva e inconsciente de los animales.

Un elemento central de la praxis educativa de Freire es su noción de conscientização, que presenta como un proceso interno de emancipación de la opresión a través del despertar de la conciencia crítica. En sus palabras: “Para que los oprimidos puedan pugnar por su liberación, deben percibir la realidad de la opresión no como un mundo cerrado del que no hay salida, sino como una situación limitante que pueden transformar” (Freire, 1968). Esta capacidad de intervenir en la realidad para cambiarla es conscientização. Implica realizar un análisis crítico del propio contexto mediante la praxis y aprender así a percibir las contradicciones sociales, políticas y económicas; y posteriormente actuar contra los elementos opresivos de esta realidad social. Freire propone que, mediante este proceso, les oprimides históricamente “dejen atrás el estatus de objetos para asumir el estatus de Sujetos históricos” (Freire, 1968). Este enfoque afirma el potencial transformador de les individues entablando un diálogo para examinar y deconstruir las mitologías imperantes y así formar parte del proceso de cambio del mundo.

Por lo tanto, el diálogo de saberes desempeña un papel central en este proceso. Freire propone el diálogo como el encuentro entre diverses individuos «mediado por el mundo, para nombrar el mundo». En otras palabras, el diálogo es un acto de creación que resulta de la atribución de un significado a la experiencia vivida y al entorno que la rodea. Es importante señalar que el diálogo de Freire adquiere una dimensión epistemológica: el diálogo no consiste simplemente en debatir la experiencia vivida por une individuo, sino que implica conectar esa experiencia con cuestiones más amplias y teorizarla colectivamente. Es a través de este diálogo que les individues construyen conscientização y están capacitades para cambiar la sociedad en la que viven.

Aportes de la queer theory posestructuralista

La fuerza de las herramientas de la pedagogía critica es incontestable y se han empleado en innumerables proyectos educativo-políticos: la naturaleza cíclica de la praxis de Freire, así como al poder transformador de la conscientização y del diálogo. Sin embargo, desde un análisis posestructuralista se puede criticar el razonamiento dualista y excluyente de su estructuración epistemológica, que distingue lo humano de lo no humano, atribuyendo la agencia de la praxis únicamente a les actores humanes y estableciendo un poder jerárquico de “los sujetos” sobre “los objetos», en la que el “oprimido” es capaz de lograr la liberación del “opresor” principalmente buscando una mayor porción de su poder establecido. Propongo complementar esta curvatura marxista-materialista de la pedagogía crítica y unirla a una perspectiva posestructuralista, recurriendo a elementos de la teoría y pedagogía queer.

La queer theory aparece dentro del espacio académico de los estudios de género en los principios de los años 90 en Estados Unidos, basada en el pensamiento deconstructivista y relecturas de autores posestructuralistas, principalmente Michel Foucault. El término mismo, queer, tenía una connotación peyorativa en inglés y fue reapropiado como modo de afirmación y subversión política por las comunidades en lucha contra la opresión heteronormativa, antes de ser finalmente institucionalizado el en espacio académico. El posestructuralismo de Foucault propuso desde los años sesenta reevaluar las categorías discursivas binarias (hombre/mujer, naturaleza/cultura, homosexual/heterosexual) que, como subraya Sutherland (2009), se imponen como “los dispositivos de control de la sexualidad”. En esta concepción, el género y la sexualidad son producciones discursivas movilizadas para denotar y desautorizar ciertas vidas, pero que también están abiertas a procesos de reapropiación para afirmar otras existencias y subjetividades. Judith Butler es una otra figura central en la teorización del campo queer, y sus planteamientos teóricos de los años noventa están hábilmente presentados en un texto reciente de Hysteria por Val Trujillo R, específicamente que “todos los cuerpos tienen inscripciones narrativas de la cultura…[y que Butler] prefiere plantear a lxs individuxs no como sujetxs (seres sujetados a) ritualizados bajo condiciones de prohibición y tabú, sino como individuxs con agencia, capaces de accionar, rebelarse y cuestionar la normatividad natural impuesta” (2020).

Es importante situar el desarrollo de la queer theory en los espacios y condiciones específicas del trabajo académico del Norte. Para empezar, como describe Rivas (2011), el uso de la palabra queer en espacios hispanohablantes “implica una descontextualización [y] la pérdida del ‘contexto performativo’, la historia política del término”. El pasado del término queer en inglés le otorgaba una cierta fuerza subversiva que no existía o incluso se invertía al importarlo al español. La queer theory se convierte en un campo de pensamiento académico prestigioso, mientras que las históricas epistemologías y vidas maricas de América Latina siguen siendo ampliamente invisibilizadas y violentadas. Además, incluso en inglés, la palabra moderna queer ha perdido casi por completo su potencia política y desviante, asociado hoy en día plenamente con el mundo académico, y por ello es vital dar voz y buscar otras inspiraciones a partir de las experiencias vividas pédé, maricas, y cuir. La esperanza es que las reflexiones de este texto, firmemente ancladas en las epistemologías específicas de la queer theory, puedan complementar y dialogar con otras pedagogías, y no sustituirlas.

La pedagogía queer

La pedagogía queer se desarrolló a raíz de los trabajos de esta queer theory anglosajona y el posestructuralismo, principalmente como aportación teórica al campo de la educación (Pinar, 2012). Como traza Luhmann (1998), “la pedagogía queer pone en juego el deseo de deconstruir los elementos binarios fundamentales en los modos occidentales de creación de significado, aprendizaje, enseñanza y creación de políticas”. Es importante señalar que la pedagogía queer no implica discutir sobre sexualidad o cuestiones explícitamente “queer”, sino que se trata de desafiar las normas convencionales en un esfuerzo por abrazar el potencial de les individuos de realidades subjetivas divergentes para entablar un diálogo y explorar las posibilidades de acción colectiva para trascender las pautas codificadas de la realidad.

La propuesta teórica es que en una realidad dominante en la que distinciones binarias desigualitarias son esenciales para la elaboración de significados (en la que la mujer se entiende en oposición e inferior al hombre, la homosexualidad entendida como una otredad corruptora de la normalidad heterosexual) las estrategias de liberación sólo pueden ocurrir a través de un proceso de “expansión de la normalidad”, de llevar al “otro” a las filas de los normales. La pedagogía queer, sin embargo, trata de ir más allá de esta liberación asimiladora y “atacar y socavar el proceso mismo por el cual (algunos) sujetos están normalizados y otros marginalizados” (Luhmann, 1998). Por lo tanto, tiene como cuestiones fundamentales el cómo llegamos a saber y cómo se produce el conocimiento. En este sentido, el enfoque pasa de promover la comprensión crítica, es decir, de cómo enseñar al otro a reconocer las dinámicas de poder e intervenir en su reproducción reclamando el estatus de «sujeto histórico», a examinar las condiciones y límites del conocimiento mismo y a cómo se construyen las categorías de normalidad en primer lugar. Luhmann vincula este proceso pedagógico a la noción de “subversividad” de Butler, en la que “las prácticas subversivas tienen que abrumar la capacidad de lectura, desafiar las convenciones de lectura y exigir nuevas posibilidades de lectura” (Butler, 1993, p. 20).

La pedagogía queer propuesta aquí busca construir saberes, poder y resistencia desde los márgenes, desde fuera de lo “normal”. Se adhiere a una concepción de la liberación que no ambiciona integrar el circulo de poder hegemónico, pero afirmar su propio poder y saber desde y para una alteridad asumida. Se inspira, pues, en las bases de la pedagogía crítica de Freire, de promover el análisis crítico de las condiciones sociales, políticas y económicas de desigualdad, pero la amplía, al rechazar las identidades estables y promover nuevas imaginaciones que quedan fuera de los modelos normalizados y contribuyen a afirmar otras ontologías y, retomando los conceptos de la ecología política posestructuralista (Escobar, 2014), al construir otros mundos.

He establecido un diálogo entre estas corrientes en parte por necesitad: las epistemologías que sustentan nuestro trabajo no son neutrales, ni accidentales. No hay separación entre la teoría y la práctica. Tengo que creer en la posibilidad de crear otros mundos posibles porque he tenido que construir otras posibilidades en mi propia vida. La teoría queer me permite examinar reflexivamente mi interés por los temas de la juventud y la educación, al tiempo que sitúa mi experiencia vivida al margen de la vida familiar normalizada y la improbabilidad de tener hijes propies. Aplico el marco de la pedagogía critica queer en mi investigación-acción (Jenatton et al., 2020), aunque no trata de temas de sexualidad, porque aporta una coherencia epistemológica necesaria.

Mis acciones pedagógicas buscan poner en perspectiva el consumo de diferentes alimentos por parte de jóvenes (por ejemplo, formas de alimentación más o menos «industriales») sin situarlos en una posición de culpa o ignorancia por comer lo que comen. Se emprende un ciclo de talleres en el aula, reflejando la naturaleza cíclica de la praxis de Freire y destinados a apoyar una reflexión colectiva de les alumnes sobre su consumo. Pero sobre todo, la idea es capacitarles para deconstruir sus hábitos alimentarios de forma colectiva, emprendiendo un diálogo horizontal sobre qué y cómo comen sus compas y qué reflejan estas prácticas. ¿Por qué tomamos refrescos? ¿Quién se beneficia de su consumo, quién se perjudica? ¿Cómo se construye el conocimiento en torno a lo que es una buena y una mala alimentación? Creer en la capacidad de les jóvenes a construir juntes el conocimiento, en el desarrollo de un agudo sentido de la concienciación, es el primer paso en este proceso. Pero el segundo es permitirles vivir y construir desde sus propias vivencias, a veces desviadas, para habitar plenamente sus propias historias y actuar desde su particular comprensión del mundo. Y crear un espacio pedagógico que les permita afirmar sus propias ontologías alimentarias territorializadas y concebir juntes nuevos conocimientos para la vida e imaginaciones para otros futuros posibles.

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Bibliografía

Butler, J. (1993). Critically queer. GLQ: A journal of Lesbian and Gay Studies, 1(1), 17‑32.

Escobar, A. (2014). Sentipensar con la tierra : Nuevas lecturas sobre desarrollo, territorio y diferencia (Primera edición). Ediciones Unaula.

Freire, P. (1968). Pedagogía del oprimido.

Jenatton, M., Hernández Meléndez, C., López Sántiz, E., & Morales, H. (2020, juin 20). Tomar vida : El pozol y los jóvenes de Chiapas. La Jornada del Campo. https://www.jornada.com.mx/2020/06/20/delcampo/articulos/tomar-pozol.html

Luhmann, S. (1998). Queering/querying pedagogy? Or, pedagogy is a pretty queer thing. Queer theory in education, 141‑155.

Petrović, G. (1983). Praxis. A dictionary of Marxist thought, 384‑389.

Pinar, W. F. (2012). Queer Theory in Education. Routledge.

Pinheiro-Barbosa, L. (2020). Pedagogías sentipensantes y revolucionarias en la praxis educativo-política de los movimientos sociales de América Latina. Revista Colombiana de Educación, 1(80), Article 80. https://doi.org/10.17227/rce.num80-10794

Sutherland, J. P. (2009). Marica nation : Prácticas culturales y crítica activista. Ripio Ediciones.

Trujilla R., V. (2020). Cuir : Pistas para la construcción de una historia transfeminista en América Latina | Hysteria. https://hysteria.mx/cuir-pistas-para-la-construccion-de-una-historia-transfeminista-en-america-latina/

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Morgan Jenatton es estudiante de doctorado en Agroecología y sociedad en El Colegio de la Frontera Sur (ECOSUR) en San Cristóbal de Las Casas, Chiapas y Sociología en la École des hautes études en sciences sociales (EHESS) en París, Francia. Estudia los sistemas alimentarios territoriales y los procesos de aprendizaje que contribuyen a la masificación de la agroecología.
 Atsiry López-Fabila
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Cuerpos pandémicos, cuerpos cyborg: ¿la enseñanza virtual nos hizo queer?

Por Mabel Ortega R.

Hablar de la pandemia y del encierro a este punto agota. Sin embargo, creo que es imposible dejar de hablar de ello y de cómo nos ha intervenido esta nueva relación con la informática y la cibernética porque ya la hemos admitido como una extremidad más de nuestros cuerpos. Las pantallas, las nuevas tecnologías, la adicción a redes sociales sumado a una vida monótona saturada de capitalismo, nula salud mental y consumismo ha convertido a las computadoras, los teclados y sobretodo los teléfonos inteligentes en una parte más de nuestro cuerpo.

La práctica pedagógica ha tenido que adaptar su metodología también a este nuevo cuerpo de manera abrupta gracias a la pandemia y el confinamiento. Para quienes gozan de dispositivos y conexión, ahora las clases se dictan desde un rincón de la casa transmitiendo hacia cualquier otro lugar que alcance la señal. Antes los docentes nos pedían en clases presenciales que dejáramos el celular a un lado y prestáramos atención, ahora necesitan que estemos allí, pegados y con esta extensión de nuestro cuerpo activa, punzante y conectada a la clase virtual. Sin duda que ha sido complejo, sobretodo cuando es más interesante y más acogedor compartir en redes sociales con amigues que participar de la experiencia pedagógica tradicional online, donde muchas veces no se tienen las experiencias ni el espacio para enfrentarlas, y que además en formato presencial ya se enfrentaba a diversas crisis internas.

Evidentemente, esta enseñanza virtual ha supuesto desafíos, pero no está exenta de ventajas. Los cuerpos enfrentados a la pandemia que asistimos a la escuela hemos sido intervenidos hasta lo más íntimo por la cibernética y las conexiones, convirtiéndonos en un cuerpo cyborg -haciendo un guiño evidente a Donna Haraway (1995)- que opera desde distintas fronteras, más allá de lo físico, y las atraviesa por campos 4G. Al entrar al aula virtual la identidad se desdibuja, se borra, siendo necesario tener que reafirmarse o escribir una nueva, un nombre, salir de la esencia física y transmutar a un mundo intangible. Aquí el análisis se vuelve sumamente interesante al pensar en nuevas metodologías para enfrentar la educación en confinamiento, siendo las pedagogías queer una respuesta bastante sugestiva. En este sentido, la enseñanza virtual nos ha hecho mutar en cuerpos cyborg que se reafirman o reniegan de sí mismos, siendo una oportunidad de educar desde otro lugar, desde esa no-identidad que puede perfectamente estar libre de esencialismos donde el género y sexualidad pasen desapercibidos. Se abre también nuevas oportunidades para pensar nuevos paradigmas pedagógicos que pueden optar por continuar con el saber tradicional o más bien aspirar a transformar el saber cisheterosexual que ha predominado. Desde esto, me pregunto ¿la enseñanza virtual nos ha hecho cuerpos queer? ¿el aula virtual es un espacio queerizado que nos hemos esforzado en normalizar basándolo en las reglas del mundo físico?

Lo virtual y lo queer

Cuando entro a la sala virtual, necesito reafirmar mi nombre. Y también, como lo ha señalado Beatriz Paul Preciado (2008), al igual que al entrar a un baño, necesito reafirmar mi género muchas veces para entrar a plataformas en línea ¿masculino o femenino? ¿o ninguno? ¿y por qué? ¿por qué son necesarias estas afirmaciones? Por supuesto, muchas veces es difícil escapar de la identidad binaria y fija que hemos tenido que adoptar en el mundo físico gracias al afán normalizador y disciplinar en la escuela, que se ha esforzado en trasladarlo a lo cibernético. Sin embargo, desde el tiempo que se inventaron los blogs y los foros en línea hasta las redes sociales, el internet se ha tratado de crearnos otra identidad, un avatar que refleje solamente la parte que queremos que sea visible de nosotres, muchas veces la más bella o deseable para el resto, aunque también siendo una oportunidad de liberación para todos los cuerpos abyectos y anormales que no han encontrado refugio en las convenciones, iniciando muches en la etapa escolar a crear nuestro perfil con un poco de malicia, de incomodidad, de edición y una falsedad ante los ojos del mundo físico para resistir y encontrarnos con otres monstrues perversos que conspiraran desde una vereda similar. La escuela y la pedagogía tradicional se ven enfrentadas a esta paradoja dentro de este mundo cibernético que, hasta el momento, no les pertenecía en lo convencional, ya que continúan esforzándose por normar un espacio que comúnmente no tiene identidad fija, que un día es esto y al otro día se transforma, o al otro día se elimina. Los esfuerzos por pensar que lo online será a lo menos similar a estar en la sala de clases es absurdo: es prácticamente imposible.

La escuela y la pedagogía necesita comprender que hoy puedo registrarme como él, mañana como ella, y luego no me registro. Que puedo escoger una imagen que me represente a mi favor, una foto donde resalte lo que yo más quiero, encender la cámara y mostrar lo que más me agrade o simplemente no mostrar nada, y que esto está fuera del control al que está tan acostumbrada. La sala virtual nos permite relacionarnos de manera distinta a como lo hacíamos en lo presencial, ya que en un aula llena de avatares anónimos no sería posible comenzar a separar en categorías binarias fijas como heterosexual/homosexual, cis/trans, blanco/negro, normal/anormal, o por lo menos no a primera vista, siendo esta una oportunidad de comenzar a (re)pensar en cómo nos relacionamos con nuestros pares y comenzar a mirar(nos) desde otro lugar. En este espacio cibernético en estado salvaje, sin la norma punzante de la escuela tradicional, todes tenemos la oportunidad de comenzar a aprender y compartir desde el mismo lugar, de no ser segregados ni separados por lógicas binarias propias de una pedagogía cisheterosexista, blanca, mercantil, capacitista y que sin embargo se declara apolítica y neutra.

Por ello, creo que el aula virtual es un espacio que está naturalmente queerizado, que desafía a la norma convencional del mundo físico y sus normas y nos hace replantearnos cómo hemos educado y hemos sido educados hasta ahora, sobretodo en una crisis sanitaria como esta. Es un espacio más gentil donde todes somos desconocidos, se pregunta por quiénes somos, por nuestro pronombre, nuestro género, nuestro nombre, cómo deseamos ser nombrados y donde podemos explorar nuevas formas de habitar este cuerpo cyborg y los deseos, siendo una oportunidad y un espacio seguro para comenzar a sanar las heridas educativas que podían cargarse con anterioridad. Y, al mismo tiempo, es un espacio incómodo y transgresor que hace replantearnos quiénes somos y por qué, que no da nada por sentado, una práctica y herramienta que al volverse política puede ser tremendamente poderosa para pervertir y (des)estabilizar los modos convencionales del saber.

Y lo transgresor es que esta sucesión de acontecimientos y experiencias no sólo ha ocurrido para quienes nos (re)afirmamos desde la disidencia o quienes hemos sido marginados por el sistema educativo, sino que ha obligado a pensar desde este espacio nuevo, incómodo y forzosamente mutante a quienes estaban dentro de la norma y muchas veces no se cuestionaban lógicas identitarias o de diferencias. En este sentido, creo que la educación virtual nos ha vuelto a todes un poco queer, nos ha obligado a hacer otra educación desde la diferencia y a (re)conocernos desde otras perspectivas donde no pertenecemos a ningún lado en esta frontera virtual escurridiza e irreal, que también se ha vuelto una frontera del género (Preciado, 2008). Ha puesto sobre la mesa también discusiones y preguntas que antes no se preguntaban, problemáticas que parecían invisibles como el privilegio de poder acceder a internet o tener un espacio para estudiar desde el hogar ahora se hablan y se intervienen para que todes puedan ser parte, en condición de equidad, de este espacio. Por lo tanto, también se vuelve una oportunidad para reflexionar en torno a cómo nos ha incluido y excluido, en lo personal y en lo político, la educación tradicional y cómo esta crisis sanitaria ha llegado a darnos vuelta y retorcer todo eso que era considerado hegemónico.

En este caso, una pedagogía queer virtual que reconozca las múltiples ventajas y lo valioso que es este ciberespacio es fundamental para poder continuar (des)estabilizando la pedagogía tradicional que, como he dejado entrever, ha quedado obsoleta ante este cambio de paradigma y crisis sanitaria. Una metodología queer apasionada y encarnada, que luche contra estos deseos de normalización que aun se afanan y tejen en la escuela virtual para trasladar las lógicas normalizadoras del saber al campo virtual, necesita articularse como un proyecto político que reconozca que efectivamente somos diferentes, pero la virtualidad nos ofrece un campo para educar y transgredir desde esa diferencia, escapando de las convenciones propias de la pedagogía tradicional de encerrar al otro en el binomio de inclusión/exclusión normal/anormal, sino de pensar cómo encarnamos y vivimos el privilegio o la opresión de ser percibidos como cuerpos que han sido históricamente recompensados o castigados.

Con estas metodologías torcidas, que como lo pensaba val flores (2018), pongan lo íntimo en el corazón del saber, podría transgredirse y superar la complejidad y la desidia que suponen en lo práctico las clases virtuales, apasionando a les estudiantes a encontrarnos en un espacio donde podamos (re)afirmarnos entendiendo que nuestra identidad no es fija ni estable, y que por ende, podemos cambiar nuestro avatar, nuestros iconos y usernames como deseemos sin que afecte el proceso pedagógico, siendo la virtualidad una metáfora sobre formas incómodas de percibirnos y relacionarnos. Esto, acompañado de una práctica pedagógica crítica que reconozca que la educación posee un rol profundamente transformador y político, y que por ende, ensaye metodologías que nos ayuden a comprender desde una mirada anti esencialista la violencia y la discriminación producto de lógicas heterocisnormativas, puede volverse una herramienta profundamente poderosa para destruir lo convencional al mismo tiempo que se (re)inventa con este cuerpo cyborg generado en pandemia, utilizando estas nuevas extremidades a su favor en un afán perverso y quimérico por acabar con los saberes establecidos en la escuela tradicional.

Contradicciones virtuales, contradicciones virtuosas

En este ejercicio de enseñanza virtual se entretejen diversas paradojas, una de ellas es pensar lo virtual como y transgresor en el sentido de poder ser un espacio donde se escape y luche contra la normalización y lo convencional establecido en el mundo físico. El internet es una ventana para pensar y crear en nuevos mundos posibles e inagotables, que difícilmente se podrá normalizar mientras existamos quienes no estamos conformes con la norma hegemónica, siendo una plataforma para reventar y difundir estas nociones retorcidas desde nuestra propia experiencia. Mientras que, por otro lado, la escuela tradicional representa los saberes hegemónicos, straight, heterosexuales que han permeado en todas las esferas de nuestra vida, reproduciéndose en la sala de clases material sin interrupción. En esta contradicción que ha develado la crisis sanitaria, la escuela no puede normar del todo lo virtual, porque ese espacio no le pertenece. Lo virtuoso y a la vez peligroso del ciberespacio recae en eso: que no le pertenece a nadie a la vez que le pertenece a todes.

Fruto de estas contradicciones es donde lo queer puede tomar acción en la práctica pedagógica. La construcción de un proyecto político en la sala de clases virtual que reconozca y aproveche el espacio que ocupan estos cuerpos cyborgs, una generación hijx del internet, en pandemia sería un acto político contrahegemónico en la educación que nos ayudaría a pensar en nuevas formas de conocer, saber y enseñar no sólo en medio de una crisis sanitaria, sino que generando pistas y horizontes para pensar en una pedagogía que traslade ese estudiante cyborg, antinormativo y (des)estabilizado, al campo físico, desataría nuevas transformaciones e incomodidades. Esta vez, en un espacio que escape del avatar y se atreva a salir al mundo de lo terrenal.

Bibliografía

flores, val. (2018b). Esporas de indisciplina. Pedagogías trastornadas y metodologías queer. Pedagogías transgresoras II”(AAVV) Sauce Viejo, Santa Fé: Bocavulvaria Ediciones.

Haraway, Donna. (1995). Ciencia, cyborgs y mujeres : la reinvención de la naturaleza. Madrid: Cátedra.

Preciado, Paul Beatriz. (2006). Basura y género. Mear/cagar. Masculino/femenino. Errancia, la palabra inconclusa.(S/D).

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Mabel Ortega R. Lesbiana feminista y disidente. Licenciada en Trabajo Social y estudiante de Magíster en Psicología Educacional de la Universidad de Chile.  https://www.instagram.com/mabeltrbl/

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Imagen por Diary Free Design para The Noun Project

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Diversidad sexual en museos latinoamericanos

por Florencia Croizet

Durante siglos, los museos han contribuido a la conformación de un sentido común patriarcal, blanco, burgués y heteronormado: se han jactado de poder determinar unidireccionalmente “lo Bueno, lo Bello y lo Verdadero” (Montpetit, 2000: 5). En este sentido, la configuración de sus acervos patrimoniales y discursos expositivos, han legitimado determinadas formas de ser y estar en el mundo, invisibilizando las memorias de mujeres, disidencias sexuales, pueblos originarios, afrodescendientes. Sin embargo, ha habido en los últimos años, diferentes cambios conceptuales, como la irrupción de la museología crítica y social, las cuales han posibilitado cierta democratización de las narrativas de las exposiciones. En este sentido, los museos han ido aceptando el hecho de que no sólo son instituciones que resguardan patrimonio, sino que también son actores capaces de contribuir con la construcción de justicia social. (Chagas & Gouveia, 2014). Paralelamente, su rol educativo -en alianza o no con la educación formal-, ha ido creciendo a medida que lxs visitantes fueron tomando mayor relevancia en las gestiones museales.

En este contexto, surge la propuesta de una serie de capacitaciones que vislumbran el curriculum oculto de la enseñanza de la disciplina museológica. Por un lado, un curso online sincrónico, titulado Museología y memorias queer en Latinoamérica, destinado a profesionales de la cultura de la región. Es auspiciado por el Instituto mexicano de Curaduría y Restauración y sus dos primeras promociones tuvieron lugar en 2020. La capacitación tiene por objetivo principal brindar un panorama generalizado del nivel de integración de las memorias de las disidencias en los ecosistemas museales de América Latina. En este sentido, y en un contexto de gran activismo cuir, el curso teórico-práctico comienza por un estudio de la coyuntura social de la región en cuanto a la equiparación (y efectiva garantizacion) de los derechos del colectivo LGBTIQ+, continuando por la descripción de acciones activistas que han preservado las memorias del colectivo ante la indiferencia de los estados (en el pasado y en la actualidad), concluyendo con un análisis propositivo y desagregado del potencial nivel de apertura queer que los diferentes departamentos de los museos (curaduría y gestión de colecciones, educación, marketing) podrían alcanzar.

Anteriormente (2019), fueron diseñados dos cursos para profesionales de la Argentina, que abordan la diversidad sexual a través del currículo de la Educación Sexual Integral (ESI), titulados ESI: Museos y escuelas y ESI+ Museos. Mientras que el primero de ellos, estuvo destinado a docentes de nivel medio y maestrxs del primario; el segundo, fue dirigido a profesionales de museos. Las organizaciones que lo auspiciaron fueron la Escuela de Maestros, dependiente del Ministerio de Educación de la Ciudad de Buenos Aires y ASINPPAC, respectivamente. Ambas capacitaciones se enmarcan dentro de una coyuntura de alta demanda de enseñanza de la ESI con un enfoque transfeminista por parte de estudiantes, y tiene como principal objetivo proponer a los productos museales (colecciones, exposiciones, catálogos, talleres) como herramientas educativas que lxs docentes tienen a su alcance a la hora de diseñar un proyecto pedagógico para impartir ESI en clave queer. En otras palabras, presentar a los museos como instituciones culturales que pueden contribuir con la consolidación del derecho a la educación sexual de miles de estudiantes.

En referencia al análisis realizado luego de la ejecución de las capacitaciones, se vislumbró que ha resultado crucial para muchxs docentes y profesionales de museos el aprendizaje del marco legal en el cual generan sus proyectos, integrado en las fundamentaciones conceptuales de los mismos. El conocimiento de dicha normativa les ha permitido lidiar con obstáculos y oposiciones a la hora de generar proyectos patrimoniales- educativos desde una perspectiva de diversidad sexual. Asimismo, en los tres cursos dictados se ha visto un gran compromiso y voluntad por parte de lxs participantes a la hora de diseñar colaborativamente proyectos en los que, de una vez y para siempre, se acabe con el silenciamiento de las memorias de las disidencias sexuales tanto en las curriculas de las escuelas como en el quehacer cotidiano de los museos.

Referencias

-Chagas, Mario & Gouveia, Inês, “Dossier Museologia social. Cadernos do CEOM”, v.27, n 41, 2014

-Montpetit, Bryan, “Les musées: generateurs d’un patrimoine pour au jourd’hui”  Ministere de la Culture et de la communication, 2000. Disponible en : https://www.mcc.gouv.qc.ca/publications/montpetit.pdf.Recuperado:12 septiembre de 2020

Links: https://asinppac.com/esi-museos/

https://www.instagram.com/p/CEcoRoMAVuZ/

https://www.linkedin.com/in/florenciacroizet/

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Florencia Croizet (Argentina)

Lic. en Museología y gestión del patrimonio cultural(UMSA), especializada en educación de museos (UAI) y gestión cultural (FLACSO). Especialista en industrias culturales en la convergencia digital (UNTREF). Trabaja en museos nacionales argentinos desde el 2014: Museo Yrurtia y Museo Evita. Asimismo, desde 2017, se desempeña como profesional independiente dictando cursos sobre museología. Gracias a sus investigaciones, ha publicado y disertado en diferentes revistas y congresos internacionales de museología.

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Drag King: Pedagogía Lúdica

Por Nad MA

Una “nueva normalidad” se asomó en 2020. Todo lo que creíamos establecido, nuestras rutinas, nuestros modos de vida, nuestra relación con el espacio-tiempo se trastornó. Otra experiencia de vida (que esta vez pegó fuerte) nos enfrenta con un cambio de paradigma en todos los sentidos. Aprendemos de esto mientras transitamos la incertidumbre, pero ¿de qué manera lo hacemos, lo hemos hecho y lo haremos en el futuro?

Acostumbradxs a la educación formal, jerárquica, heteronormativa y lineal, esta realidad pandémica nos lleva a re-cuestionarnos cómo aprendemos, quienes enseñan, cómo compartimos conocimiento y quienes aún no tienen acceso a conocer otras realidades.

Dentro de estos compartires y pedagogías, quisiera poner el foco en el drag king no solo como herramienta metodológica y de investigación, sino como parte de los cuidados colectivos tan necesarios en estos tiempos pandémicos.

¿Qué es ser Drag King?

Ser drag King, es trastocar el género, es jugar, fluir y retorcer la norma. Es reconocerme con varies. Es salir a la calle para pasar desapercibide, para no recibir las miradas lascivas y el acoso. Es preguntarme ¿Qué te hace ser hombre? ¿Qué te hace ser mujer? ¿Y si no quiero ser ni uno ni lo otro? ¿Si quiero transitar libremente? Vivirme entre géneros me hace sentirpensarme como alguien fuera de las cajitas, no me empodera, sino que me permite habitar ese fluir. También me pregunto todas las condiciones, decretos y formas heredadas por mi familia, por el Estado, por la sociedad y la norma, por el “deber ser”. Estoy en Nepantla, me gusta transitar y habitar diversas corporalidades. Rompí mis límites y fronteras, me encuentro en el puente, en el presente, no soy más la mujer que nací ni el hombre que imaginé ser.

El drag king como propuesta surge a mediados de los años ochenta debido a la  efervescencia del movimiento post-porno (con Anne Sprinkle), la teoría queer (Judith Butler) y con una gran influencia del movimiento feminista interseccional. Contó como principales impulsorxs Shelley Mars, el movimiento Burlezk, Del LaGrace Volcano y Diane Torr. Los talleres, o laboratorios, drag king van de la mano con el aprendizaje político de cómo los hombres adquieren poder, tanto en el ámbito público como entre otros hombres.

No es una práctica corporal común pues: “(..) esta no tiende a generar cuerpos dóciles sino que irrumpe en la lógica secuencial del género (…)”.[1] A diferencia de lo que se conoce sobre la práctica drag como show o espectáculo, el drag king transita hacia una experiencia corporal-política y más allá de un performance, se refiere más a una performatividad; un día a día que puede trascender (o no) del habitar la masculinidad “solo por un día” a incorporarlo como parte de una dimensión individual o acuerpamiento colectivo, como resultado del cuestionamiento y práctica del ideal de género impuesto desde el sistema sexo-género.

Cabe mencionar que los talleres drag king no solo desmenuzan como se conforma la identidad masculina y los roles de género; sino que también nos permiten cuestionar nuestros estereotipos de la categoría hombre, tanto en lo corporal (fisionomía) así como los cuerpos masculinos que deseamos ser o a quienes deseamos sexualmente, siendo de esta manera una forma de visualizar la diversidad corporal e identitaria, ya que: “al dramatizar o representar figuras de la retórica del género distintas a las que acostumbramos cotidianamente se evidencia que toda experiencia corporal y de género tensiona las categorías identitarias”.[2] Indiscutiblemente, además de ser una práctica metodológica y de investigación, el drag king forma parte de cuidados colectivos y acompañamiento entre nosotrxs.

En mi experiencia compartiendo el taller en México desde el 2015, se ha creado un espacio lúdico de escucha y diálogo. Los ejercicios corporales y gestuales que conforman la Laboratoria Drag King[3] funcionan principalmente como técnica de relajación, bienestar y concientización de nuestras corporalidades como primer espacio de acción. Se recrea un ambiente de respeto a todo tipo de corporalidades y experiencias psico-emocionales. La recreación y formación del drag king propio se desarrolla orgánicamente dando lugar a una reflexión y experiencia colectiva. Podemos mencionar, si bien los talleres drag king como tales surgen de un contexto Occidental, hay una referencia de prácticas de drag en Abya Yala y especialmente en México; en donde por cuestiones de sobrevivencia y apropiación del espacio, las mujeres ya se vestían y adoptaban una performatividad masculinizada, un ejemplo notable de esto es el coronel de la Revolución Mexicana, Amelio Robles, quien es considerado el primer hombre trans en México.

He mencionado que las Laboratorias Drag King son espacios de contención y escucha, de compartición y recreación de otras realidades en las cuales si queremos, podemos transitar de género temporalmente o de forma más constante. En su mayoría lxs participantes de las Laboratorias en un primer momento crean un personaje dentro del estereotipo machista-misógino y de violencia patriarcal, ya sea en forma de sátira o crítica, pero esto de ninguna manera es una propuesta final y se invita a llevar al personaje a una evolución o transformación.

Otra parte del acuerpamiento y acompañamiento colectivo es cuando salimos al espacio público e irrumpimos como drag kings, siendo esta una experiencia única por el hecho de cómo nos leen y cómo nos expresamos y movemos en un espacio donde por años las corporalidades feminizadas han sido violentadas y acosadas. En la calle es donde podemos apreciar como al performear una corporalidad masculinizada nos volvemos invisibles a pesar de estar en grupo. La Laboratoria Drag King ha servido, además, para crear red entre nosotrxs, siendo este aprendizaje en varios niveles importante en la conformación de un sentido de comunidad y acuerpamiento colectivo.

Los talleres Drag King como pedagogía lúdica y cuir

Cuando hablamos de pedagogía nos referimos a técnicas y metodologías de enseñanza, una forma de educación o conocimiento. Lamentablemente hemos aprendido a obedecer, a no cuestionar el sistema sexo género y a concebir la educación como un proceso jerárquico desde lo social hasta lo espacial; debido a que: “El ideal del pedagogo promedio no es un ser completo, integro, original; en vez, busca que el resultado de su arte de la pedagogía sean autómatas de carne y sangre, para adecuarse mejor al molino de la sociedad y al vacío y la insipidez de nuestras vidas”.[4] Desde las diferentes propuestas pedagógicas como es la educación popular, la pedagogía social, así como las pedagogías libertarias que se nutren entre otras corrientes ideológicas y movimientos, del anarquismo y la comunalidad, podemos rescatar la propuesta de Paulo Freire, quien menciona que es justo la educación tradicional quien oprime, domestica y reproduce el orden; donde el “educador” o maestro, piensa, programa y decide, mientras que el educando acata, no sabe, acepta y recibe la información. Dentro de esta estructura vertical y unidireccional, no hay espacio para el cuestionamiento, el intercambio de saberes y la escucha.

En los talleres drag (tanto king, queen o cuir) podemos encontrar otra forma de compartir conocimiento, no solo teórico sino más humano: “Estoy en contra de las relaciones verticales, yo no puedo renunciar a la relación director maestro que sostengo con mis patrones, pero si puedo romperlas dentro de mi salón de clases (…)”.[5] El hecho de impartir talleres o de crear la Laboratoria Drag King me lleva a más allá de ser “maestrx” o “tallerista” a reconocerme como deformadorx, ya que la misma dinámica del compartir descoloca el binomio saber-poder; en el entendido de que todxs poseemos un conocimiento, y sobre todo, diversas experiencias de vida que atraviesan nuestras corpo-realidades de maneras diversas. Es un espacio en donde todxs aprendemos de todxs y carece de la rigidez que en los ámbitos académicos prevalece y justamente por esto se puede crear otro tipo de aprendizaje, uno más cuidadoso y juguetón, en donde podemos expresarnos, movernos y conectarnos de muchas formas posibles.

Referencias:

[1] Alba Pons Rabasa, “Los talleres Drag King: una metodología feminista de investigación encarnada”. En Investigación Teatral. Revista de artes escénicas y performatividad. Vol. 9. Núm. 13, abril-septiembre 2018. Universidad Veracruzana: Xalapa. Disponible en: https://investigacionteatral.uv.mx/talleresdragking (Última consulta: 31 de marzo de 2021).  

[2] Idem.

[3] Las laboratorias Drag King se han realizado en distintos espacios, autogestivos en su mayoría, como:  FEMSTIVAL, Jornadas contra la violencia Batafems-RAAT y en espacios transfeministas. A su vez, existe una Red Latinoamericana de Drag King que reúne varias propuestas de América Latina.

[4] Emma Goldman, “El niño y sus enemigos”. En rebeldealegre. 2015. Disponible en: http://rebeldealegre.blogspot.com/emma-goldman-el-nino-y-sus-enemigos  (Última consulta: 31 de marzo de 2021).

[5] Lizeth Gamboa y Benjamín Martínez, “Vivir la teoría. Enfoques desde la pedagogía feminista cuir”. En Mitote ICDAC. Pedagogías afectivas de resistencia comunitaria. Disponible en: https://mitote.org/vivir-la-teoria-enfoques-desde-la-pedagogia-feminista-cuir/ (Última consulta: 31 de marzo de 2021).

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Nad MA es originarie de CDMX, estudio Geografía Humana en la UAM-I y es Terapeuta masajista por la Universidad de Chapingo.

Sus líneas son al arte/cuerpo- espacio/género. Pertenece a diversos colectivos desde las artes gráficas en donde colabora con artivistas. Imparte talleres de concientización corporal, mapeo colectivo, artecuidados y Drag King.

Con la creencia firme de que a través del arte se puede transformar la realidad, participa en diversos proyectos en donde convergen el performance, instalación y la producción audiovisual. Así mismo, junto con BATAFEMS, Red King Latinoamericana y de manera individual imparte jornadas, cursos y talleres sobre diversidad sexual y prácticas disidentes.

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Lectura, Pandemia, Escritura: Un manual en tiempos de pandemia

imagen por Brenda Itzel García Serrano

Por Antonio Marquet

Como respuesta inmediata al confinamiento y a la obligación (opción casi forzada) de dar clases a través del internet, utilizando el Zoom, pensé en armar un cuaderno con ejercicios que los estudiantes pudieran bajar de manera rápida. En él estaría el material que cubriría lo esencial del curso. Había que pensar además en el contenido de esos textos que abordara la dimensión emocional de los estudiantes. La selección de este material tendría el objetivo de detectar depresión, duelo(s), tristeza, enojo… Lo urgente era y sigue siendo, dar salida a una experiencia traumática: apalabrarla. Una vez terminado el manual en mayo de 2020, se presentó en las instancias correspondientes para obtener los dictámenes positivos, necesarios para publicarlo. Tuvo la suerte este cuadernillo de atraer la atención de Alfredo Garibay, director de Publicaciones de la División que imaginó un diseño amigable con los estudiantes enriqueciendo el material original. Gracias a su entusiasmo, el cuadernillo se transformó en un libro electrónico que pronto se colgará en la página de la División de CSyH de la UAM-Azcapotzalco para su distribución gratuita.

El manual Lectura. Pandemia. Escritura está dirigido a estudiantes de 18 años de Derecho, Administración, Sociología, Economía, del Tronco común de la División de Ciencias Sociales y Humanidades. En este libro, se hace énfasis en la diversidad sexual al discutir la película El Decamerón de Pier Paolo Pasolini, la peste que asoló a la capital mexicana en 1695 cobrando la vida de Sor Juana Inés de la Cruz, y la trayectoria recorrida por una generación a la que le tocó vivir la emergencia del VIH desde la década de los ochenta del siglo pasado y la del Sars-cov-2 en el ensayo “De una pandemia a otra”.

La humanidad ha pasado por diversas pandemias superándolas. La Biblia, el mito de Edipo, la Ilíada, textos de la Conquista de México dan cuenta de ello. El objetivo de la selección de los textos para su inclusión en el manual es poner es perspectiva histórica los hechos graves que vivimos en 2020-2021, haciendo énfasis es las estrategias de los protagonistas para superar el peligro y comparando los contextos.

En Lectura. Pandemia. Escritura se da clase y organizan los textos desde una perspectiva gay que trasmite la experiencia emocional de haber enfrentado otra pandemia devastadora. En el momento presenta, no es rara la tentación de negar el peligro de infección, de menospreciar el riesgo que se corre (como se hizo en la década de los ochenta con el VIH), sin embargo, es preciso aceptar, confrontar el peligro y procurar la unión social más allá de sexismo y clasismo. En el manual se hace énfasis en enfrentar el reto grupalmente. En el fragmento que abre el manual, los marinos en la nave de Ulises permiten al estudiante entender la importancia de la unidad, de utilizar las herramientas a la mano, al mismo tiempo que transformar los objetos en la nave (la cera) en armas efectivas para ignorar el canto de las Sirenas. Solo Odiseo lo escucha, pero está encadenado al mástil.

En Lectura. Pandemia. Escritura se propone al estudiante textos que van desde la Antigüedad, La Odisea, pasando por obras medievales (un cuento de El Conde Lucanor), del Renacimiento (El Decamerón de Giovanni Bocaccio), hasta el momento actual, la Francia del desconfinamiento de junio del 2020; fotografías de la pandemia, publicadas por la Agencia France Press; el análisis de los precios de la canasta básica en mayo de 2020 en un artículo de La Jornada. Cada uno de los textos tiene que ver con pandemias, como la que azotó a la ciudad de México a finales del siglo XVII.

VIH en la familia

También se aborda los avatares de una pareja serodiscordante que se arriesga a tener un hijo. Se insiste en que el sida no es una enfermedad de homosexuales. También los heterosexuales se infectan (ello no significa ahora una sentencia de muerte)[1]. Por el contrario, Aquiles (uno de los protagonistas de “Parto feliz” de Antonio Bertrán) toma la decisión de vivir, de casarse y tener un hijo. Los retos que enfrenta la pareja no son fáciles; tampoco imposibles.

Bélgica y México; depresión y determinación por vivir

Si en el corto Familia Nuclear se observa las posibilidades de la vida en Bélgica, la depresión impide a la familia gozar de un entorno rico, libre. Comparando ambas problemáticas: en Bélgica bien pueden tener todo a la mano; la capacidad de goce se viene abajo porque el marido abandona a su mujer; ella no logra hacer el duelo; la familia resuena en una depresión inelaborable. La familia de Aquiles en cambio toma decisiones firmes, se compromete, logra lo que se propone: a partir de haber pasado por una fuerte depresión y vivir como seropositivo. Para cerrar el análisis de un texto, se reflexiona en los textos anteriores: la comparación permite repensar las estrategias que sirvieron a los personajes salir del peligro de muerte que enfrentaron.

La tisis decimonónica

Al concluir la entrevista-crónica del periodista y activista Antonio Bertrán, “Parto feliz”, se presentó la oportunidad de ver en transmisión desde el Metropolitan Opera House de Nueva York, La Traviata, ópera de Giuseppe Verdi que plantea la disyuntiva entre placer o el amor, entre vivir disipadamente para la fiesta, el alcohol y el amor, solo que la enfermedad, en este caso la tuberculosis, cobra una elevada tarifa por la falta de tratamiento. Violeta y Alfredo logran vivir un muy breve lapso felices (el suficiente para dar la espalda a la sociedad y la familia). El “pálpito del universo” puede ser el amor (como lo sostiene Alfredo), sin embargo, los amantes Violeta y Alfredo solo alcanzan a vivir un corto lapso huyendo a la campiña francesa. La felicidad de la unión amorosa permite superar prejuicios familiares; no hay cura, sin embargo, para la enfermedad que termina separando a los amantes.[2] El amor de Alfredo, su osadía al pronunciar una nueva profesión de fe, logra transformar todo su entorno: a pesar del poder del amor para transformar a la sociedad, la familia y a los padres, nada se puede contra el bacilo de Koch.

Economía del Covid

A través de un artículo periodístico sobre el precio de la canasta básica aparecido en La Jornada, se invitó al grupo a trabajar sobre la economía en tiempos de pandemia. La investigación se centró en el precio de terapia intensiva, de los medicamentos; el costo de una ambulancia, del oxígeno… con el objetivo de armar un texto colectivo con esta información. Se hizo hincapié en recabar en fuentes cuya confiabilidad no dé lugar a crítica. El punto central de este ejercicio fue tener conciencia de los elevados precios de la enfermedad. Ello servirá para fortalecer el autocuidado.

Videografía del desconfinamiento

Filmado en junio, en el primer momento de desconfinamiento en junio del 2020, el video Despertemos[3] se pregunta cuál es la tarea de la juventud ante la grave crisis provocada por el Covid-19. El corto es una llamada a la toma de conciencia y la acción. Su valor consiste en difundir una voz articulada, propositiva y crítica de dos jóvenes francesas que pertenecen a la generación milenial. Después de analizar la propuesta de estas jóvenes se propone que los estudiantes hagan un video que recoja el punto de vista mexicano. En especial el de un joven de veinte años que vive en el norte de la ciudad de México. Aventurarse en una videoescritura significa explorar nuevas herramientas a su disposición para expresarse. El reto de hacer un video y colgarlo en el internet es un proceso que parte de escribir el guion a partir del análisis de las acciones urgentes en el entorno, al mismo tiempo que involucrarse imaginando un futuro. El proceso en términos generales implica un compromiso no solo con la crítica del mundo en el que vivimos hasta marzo de 2020 sino con la toma de decisiones, con la posibilidad de pensar en alternativas cuando llegue el momento del desconfinamiento en Ciudad de México.

Rituales funerarios en época de Covid

El texto de Néstor Braunstein indaga en las condiciones que para el duelo tiene la desaparición de los rituales. Ciertamente no es un texto fácil para los jóvenes estudiantes del Tronco Común. Sin embargo, ese texto reflexiona sobre la tragedia Antígona de Sófocles y ensayos de Giorgio Agamben, textos imprescindibles en la reflexión sobre los derechos humanos.

VIH-Covid

“De una pandemia a otra”, ensayo que cierra el manual es una reflexión del autor sobre las dos pandemias que le ha tocado vivir en tanto que comunidad gay: el VIH y covid-19, dos sacudimientos mayores que cambiaron el curso de la cultura y de las vidas de los gays, del erotismo, del acercamiento al otro, de la ciencia. Hemos sido fuertemente saqueados en dos ocasiones; las pandemias se han llevado a nuestros seres queridos, al mismo tiempo que ha significado un duro golpe a la economía gay. Cierres de espacios en donde florecía la cultura drag, galerías y museos donde se exhibía la producción LGBTTTI. Los golpes han sido duros, intensos, incesantes. A un año del confinamiento aún no hay señales evidentes de que termine esta pandemia.

El diseño del libro está en función de la edad de los lectores a los que está dirigido. No solo quiere atraer su atención a través del colorido. También pretende que la carga emocional de los estudiantes logre elaborarse en cada una de las sesiones.

La redacción no tiene por qué seguir siendo un asunto árido. Reglas y más reglas que se leen y acaso se memoricen, sin aplicarse, sin introyectarse.

Para las y los estudiantes universitarios, profundizar en el aprendizaje de leer y escribir debe ser un acto de alto significado. El libro que presenta el Departamento de Humanidades, Lectura, pandemia, escritura se focaliza en textos significativos sobre algunas pandemias a lo largo de la historia.

El objetivo es que los y las estudiantes hablen (y escriban) sobre la actual pandemia; que conozcan cómo se ha reaccionado en el pasado buscando ya sea el aislamiento o la entrega total a todo tipo de placeres (como lo muestra el Decamerón), o cuidando a las hermanas infectadas en el convento como fue el caso de Sor Juana Inés de la Cruz.

Confrontados con la muerte, hombres y mujeres cobran una talla insospechada. Enfrentar los peligros, uno tras otro, conforma el relato del héroe griego. Para ello, éste responde inmediata, creativa, vigorosamente en grupo. Sin su tripulación, el barco de Ulises no tendría esa bien conocida trayectoria. Fue en grupo como arribaron a buen puerto, como libraron cada uno de los peligros.

Lectura, pandemia, escritura apuesta por la grupalidad: es en grupo donde se profundiza en la lectura, se confronta las diversas ideas, se enriquece cada uno de los textos. Si la lectura atenta es un hecho individual y concentrado; es en la discusión, debatiendo, cuestionando…, donde se enriquecen lectores y lectoras; como el y la estudiante se abren a los puntos de vista del otro, como defienden sus opiniones. En el intercambio se consolidan vínculos significativos.

Escuchando al otro, defendiendo una interpretación personal, se siente la necesidad de leer más a fondo; también de escribir y de expresarse oralmente con claridad, de manera directa. Lectores y lectoras del futuro se construyen persuadiendo.

Lectura, pandemia, escritura contribuye a elaborar la ansiedad, angustia y depresión generadas por el aislamiento en la crisis del Covid-19.

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[1] Como trasfondo se insiste en que han sido notables los avances en la investigación médica. Los retrovirales, los tratamientos PreP, la fundación de la Clínica Condesa, la posibilidad de dar a luz un hijo libre de VIH es algo posible.

[2] Los estudiantes que no pudieron ver La Traviata., se les propuso ver otras dos óperas en la semana de Heroínas y villanos (segunda quincena de enero): Don Giovanni y Rigoletto. En Don Giovanni la adicción al amor. La enorme lista del seductor llevada y leída por su fiel sirviente Leporello se vuelve un registro frío. A Don Giovanni le interesa el número, no hay referencia al placer.

[3] Solal Moisan, “Reveillons-nous” (Despertemos), guion de Camille Etienne, coreografía Lea Durand. Francia, 2020.

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Antonio Marquet (Ciudad de México, 1955) es licenciado en Lengua y Literaturas Hispánicas por la Facultad de Filosofía y Letras (ffyl) de la Universidad Nacional Autónoma de México (unam) y maestro en Teoría Psicoanalítica por el Centro de Estudios e Investigación en Psicoanálisis (ciep). Realizó estudios de especialización en las Universidades de París, Washington y Colombia; en la Asociación de Lenguas Extranjeras, de Texas; en el Instituto Francés para América Latina, en la Universidad Autónoma Metropolitana (uam) y en el Colegio de Bachilleres, de la Ciudad de México. Fue investigador en el Instituto de Investigaciones Bibliográficas de la unam (1976-1980) y profesor en la uam, donde tiene a su cargo el área de Literatura. Ha colaborado en los periódicos Excelsior y El Día, en los suplementos «El Gallo Ilustrado» y «La Cultura en México», y en las revistas PluralNexosUniversidad de MéxicoFuentesTerritorios y Topodrilo.

Antonio Marquet Montiel es crítico literario y traductor, utiliza el método psicoanalítico para analizar textos de escritores mexicanos y extranjeros como Agustín Yáñez, Jorge Esquinca, Elías Nandino, Juan Rulfo, Alfonso Reyes, Carlos Fuentes, Fernando del Paso, Hugo Argüelles, Luis Zapata, Severino Salazar, Vargas Llosa, Lezama Lima, Beckett, Wilde, Emile Jacobs, Jean Genet, Styron y otros.

 

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AKMTRJHD: UNA CURADURÍA CUIR PARA “LA ESMERALDA”

por Alán Alcántara, Axelle B., Benjamín Martínez y Danilo Meléndez.

El presente ensayo está escrito a ocho manos como resultado del Seminario de Arte Queer: cuerpo y sexualidad y género, que impartí en la ENPEG “La Esmeralda” de agosto a diciembre de 2020. La primera parte corresponde al desarrollo de lo que comprendo como pedagogía cuir y que sirvieron de base para la formulación del Seminario, que se puede apreciar de mejor manera en la segunda parte. Mientras que, en la tercera sección, lxs estudiantes Axelle B., Alan Alcántara y Danilo Meléndez comparten sus experiencias dentro del Seminario, así como en la curaduría AKMTRJHD que fungió como evaluación final, y como un primer registro de las prácticas artísticas queer y LGBT dentro de “La Esmeralda”. El cierre de este ensayo sirve como manifiesto para invitarlxs a cuirizar sus prácticas pedagógicas y artísticas, y a construir nuevas narrativas.

Pedagogía Cuir

Me gusta entender la pedagogía cuir como un ejercicio sexy, una referencia tomada de la CUDS, que en palabras de Felipe Rivas San Martín es: “Una educación de base no sexista, pero sexy, utilizará estrategias lúdicas y desdramatizadas para confrontar las asociaciones comunes y los lugares habituales que se nos imponen en materia sexual” (RIVAS & LÓPEZ, 2016: 180). Es una manera de hablar de disidencia sexual y realidades LGBTTTIQ+ en los espacios que nos han excluido de sus discursos, es ocupar la sexualidad como “un campo creativo de potencialidad radical, de goce y placer, de experimentación y de error” (RIVAS & LÓPEZ, 2016: 180); de tal forma que, una educación sexy (o una pedagogía cuir) busca activar en la diversidad afectivo-sexual.

Por tal motivo me pregunto, yo cómo profesor universitario, travesti y marica, ¿qué me queda por hacer cuando los programas de asignaturas no contemplan estas problemáticas, o cuando los espacios educativos no están preparados para estas transformaciones? En primer lugar, esta lucha es moral y sirve para “preparar a los nuevos maestros para crear entornos seguros, (re)educar y (re)sensibilizarnos a nosotros mismos y a nuestros colegas en las preocupaciones de aquellos (no)reconocidos como minoría dentro de las escuelas” (COSIER & SANDERS III, 2007: 23). En segundo lugar, es nuestra obligación incorporar estos problemas en nuestros temarios, con ello abriremos las aulas al diálogo y el reconocimiento a lxs artistas, estudiantes y colegas LGBTTTIQ+.

Si lo cuir es resistencia, y llevado a los espacios normativos, como la Universidad, “el aula/centro puede ser un espacio que potencie el cambio social si las prácticas educativas revisan su estructura autoritaria y se combina con el cuestionamiento de la heteronormatividad a través de un aprendizaje transgresor” (ESCUDERO, 2017: 45); así pues, la educación artística es un medio para analizar nuestra realidad y entornos, y nos brinda herramientas para la transformación social. A este proceso Ricard Huerta lo ha llamado Transeducar, un concepto que apela al derecho a trans-itar desde lo educativo:

Necesitamos claves para educar en la diversidad afectivo-sexual y de género desde las artes visuales, analizando producciones artísticas y tecnológicas que nos ayuden a conocer y transitar por conceptos como ciborg, drag queen, drag king, gay, lesbianismo, etc., con el fin de contribuir a la configuración de identidades de una manera más flexible y enriquecedora, sin complejos ni cohibiciones” (HUERTA, 2019: 16).

Para Huerta, Transeducar implica construir y transitar procesos creativos, diseñar iniciativas que mejoren la realidad en la que vivimos, además de actualizar teoría y prácticas educativas.

Seminario de Arte Queer en La ENPEG “La Esmeralda”

Bajo estas premisas, el semestre pasado (agosto-diciembre 2020) impartí el Seminario de Arte Queer: cuerpo, sexualidad y género, el curso ocurrió como asignatura de la Licenciatura en Artes Visuales en la ENPEG “La Esmeralda”; el curso fue diseñado a distancia por el confinamiento global que vivimos. Los contenidos estuvieron divididos en cinco temas:

  1. Historia de un concepto: revisamos de manera general el origen y desplazamiento del término Queer desde la perspectiva de Paul B. Preciado; para así comprender la heterosexualidad como un régimen político y la violencia que el <<género>> implica en sí misma.
  2. Estética Queer: estudiamos los postulados de Douglas Crimp en torno a la política visual y la necesidad de una praxis artística desde el mismo colectivo LGBT; también acudimos a los escritos de José Esteban Muñoz y reconocer la importancia de los afectos en el espacio público y en las producciones artísticas.
  3. Disidencia sexual en América Latina: acudimos a la literatura de Manuel Puig, Néstor Perlongher y Pedro Lemebel para comprender la importancia de la política sexual en las dictaduras latinoamericanas.
  4. Del Queer al Cuir: revisamos el desplazamiento geopolítico del término desde la perspectiva de Sayak Valencia; esto nos ayudó a comprender las diferencias entre la Teoría Queer, lo Queer identitario y lo Cuir como postura política.
  5. Postpornografía: se estudió el tema como un ejercicio de resignificación política, afectiva y estética; revisamos los escritos de Lucía Egaña, así como material audiovisual de An*rmal Festival.

El grupo, conformado por 14 estudiantes, presentó una curaduría como resultado final; el título del proyecto es AKMTRJHD, y cumple con la función de lo impronunciable, lo indecible y lo incomprensible de lo queer aplicado en un proyecto artístico. Dicha curaduría reúne el trabajo de 13 artistas y 1 proyecto con perspectiva Queer y LGBTTTI+; todos pertenecientes a la comunidad de aprendizaje de “La Esmeralda” (como estudiantes o exalumnxs), y tiene la finalidad de generar un primer registro o archivo de este tipo de prácticas artísticas dentro de la escuela.

Lxs estudiantes Axelle B., Alan Alacántara y Danilo Meléndez compartieron su experiencia dentro de este seminario y en la gestión del proyecto final.

Axelle B.

El Seminario de Arte Queer fue bastante nutritivo para conocer más sobre los antecedentes e historia de aquellos que han luchado por llevar a la luz dinámicas presentes en nuestra sociedad que desfavorecen ciertos cuerpos, expresiones, orientaciones, identidades, etc. Este concepto me era un tanto familiar y lo llevo presente en mi proceso como mujer trans e intersexual; es una herramienta que permite una mayor estructuración en las temáticas que deseo abordar artísticamente.

imagen por Karen Leite

Fue muy agradable encontrar un seminario como este porque considero que las temáticas concernientes al género, el feminismo, lo cuir/queer, son vitales para visibilizar cuestiones como la heteronorma o los estándares de belleza, por mencionar algunos ejemplos, que estructuran nuestro pensamiento de forma que, determinadas personas, experimentaremos opresión. Es una posibilidad de identificar la existencia completamente válida de todes en sus diferentes formas, desde mi punto de vista. Es liberación.

Alan Alcántara

Conocía la palabra, de lo poco que sabía me identificaba en ella, hasta la adopte como una postura política. Desconocía y conocía a muy poca gente-compañerxs con los que se pudiera hablar de aquella palabra; que para entender, arrastra una historia llena de contextos, fechas, personajes, símbolos y teorías. Dentro de “La ENPEGexiste una comunidad pequeña de profesores que se han comprometido a impartir temas de feminismo y de género, a veces en algunas clases se mencionaba; pero nunca hubo una clase (que yo supiera) como tal que llevara la palabra queer-cuir sino hasta agosto del 2020 se abrió la materia de Seminario de Arte Queer. La importancia de impartir materias con perspectiva de género y sexualidades permite convocar, reunir y conocer a un monto de identidades (alumnado) que dialogaran, exponen, reflexionan y debaten de temas a fines que ligan con sus identidades-expresiones de género, producciones de trabajo artístico e intereses personales de académico-cultural.

En el Seminario de Arte Queer, impartido por Benjamín Martínez, permitió reunir lo ya mencionado, bajo una estrategia de planeación pedagógica la clase fue necesaria y nutritiva para estos tiempos de pandemia. El resultado final de esta unión a distancia, pero con el mismo interés, permitió identificar y reunir-conocer a un grupo (no minoría) de alumnxs-compañerxs de La ENPEG(cursantes y egresadxs) que están produciendo-develando obra con temas de género, sexualidad, cuerpo e identidades (cuir).

Después de casi seis meses, estamos mostrando y necesariamente divulgando en un dossier con el nombre de AKMTRJHD que, a pesar de la dificultad que es mencionar el nombre del colectivo a la primera, la importancia es saber y conocer que esta publicación contiene-reúne la producción de imágenes y objetos de una comunidad de catorce de nuestros compañerxs.

Danilo Meléndez

Al formar parte de la comunidad LGBTTTIQ, no me es ajena la palabra

imagen por Karla Frías (Baby Putx)

Queer o lo que presuntamente yo creía en cuanto a su significado o definición; antes de realizar el Seminario de Arte Queer, impartido por el profesor Benjamín Marínez, tomaba la identidad Queer como una manifestación más del sinónimo gay, pero inclinado hacía una perspectiva más femenina, ignorando todo el trasfondo que aquello implica, y qué recientemente he aprendido. Gracias al Seminario, las tareas, lecturas, archivos visuales u audiovisuales, pero sobre todo a mis compañeros y profesor; logré ampliar aún más la percepción en cuanto a lo que Queer significa. Siendo una expresión más por parte de la comunidad, en la cual se manifiestan las inquietudes sobre la expresión de género, la ruptura con cánones y estéticas establecidas, dentro de lo social y heteronormado. El descubrir a lo largo del semestre que significa en parte lo Queer, liberó en mí una inquietud interna que no sabía manejar ni identificar del todo, y que ahora incita a mi quehacer artístico a abordar temáticas que involucran a mi comunidad y mi persona.

Reflexiones finales

El momento ha llegado, es nuestra hora de educar desde la trnasversalidad y las diferencias para visibilizar las diversidades sexuales en sus distintas etapas y edades. Es hora de reivindicar el cuerpo, la sexualidad y el deseo como derechos humanos y terminar con las aulas armarios, las que nos han excluido de los programas educativos. Ahora nos toca a nosotrxs contar nuestras historias.

Haz Click en la imágen para ir al dossier 

Referencias:

COSIER, Kimberly y James H. Sanders III, (2007), “Queering Art Teacher Education”. En International Journal of Art and Desing Education. Special Issue: Lesbian and gay issues in art, desing and media education. Vol. 26, No. 1, febrero 2007. EUA: Blackwell Publishing Ltd, pp. 21-30.

ESCUDERO Ledesma, Irene, “La educación como espacio de resistencia. Una propuesta desde las Artes y la Educación Social asentada en la pedagogía queer (pedagoqueer)”. En MÉRIDA Jiménez, Rafel, Jorge Luis Peralta y Lukasz Smuga, (Eds.), (2017). InterAlia: A Journal of Queer Studies No. 12. Entre otros/as. Perspectivas Queer en el mundo hispánico. Disponible en: http://interalia.org.pl , pp. 40-52.

HUERTA, Ricard, (2019). Transeducar. Arte, docencia y derechos LGTB. 2ª ed. Madrid: Egales.

RIVAS San Martín, Felipe y Miguel A. López, “Una educación sexy. Disidencia sexual y espacios estudiantiles. Entrevista por Miguel A. López”. En CERVETTO, Renata y Miguel A. López, (Eds.), (2016). Agítese antes de usar. Desplazamientos educativos, sociales y artísticos en América Latina. Buenos Aires: MALBA, TEOR/éTica, pp. 171-180.

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Semblanzas

Benjamín Martínez Castañeda (Ciudad de México, 1988). Artista-investigador marica y travesti. Su investigación gira entorno a las figuras del Drag Queen y el travestismo en la cultura visual contemporánea en América Latina. Considera el dragcuinismo como una metodología de investigación y producción artística.

Su obra se ha mostrado en el CENIDIAP, CCBorder, FFyL (UNAM), UACM, SNTISSSTE, Instituto Lou Andreas Salomé, Ex Teresa Arte Actual, MUAC, Fundación Pedro Meyer, U. del Norte (Colombia), U. Alberto Hurtado (Chile), U. de Valparaíso (Chile), U. de Viña del Mar (Chile); entre otras. Cuenta con publicación de obra en Hysteria! Revista, Maricarmen Zine y Agenda Kuir.

Actualmente, es profesor de asignatura de la ENPEG “La Esmeralda”, y de la FAD (UNAM); en esta última, forma parte del Seminario de Creación, Diseño y Gestión de Exposiciones “Patricia Real Fierros”. También estudia el Doctoreado en Artes Visuales, Escénicas e Interdisciplina (INBAL), con la investigación peDRAGogía. Educación artística y travestismo.

Axelle B.

En su obra, a Axelle Balderas le interesa explorar a través del dibujo y la pintura, principalmente, temáticas relacionadas con los cuerpos disidentes y la salud mental en relación a los sistemas de opresión presentes en el contexto en el cual se ha desarrollado. Con elementos formales básicos como la línea, la mancha; y una perspectiva propia de su experiencia como mujer trans e intersexual, busca generar reflexiones y reconstruir, por medio de símbolos y situaciones ficticias, las vivencias de personas intersexuales, trans y otros cuerpos fuera de los cánones de belleza occidentales o de la cisnorma, así como transmitir emociones y sensaciones propias de una salud mental afectada, con la intención de generar empatía.

IG: @axisa_a

Alan Alcántara (Edo.Méx, 1996) actualmente estudia artes visuales en la Escuela Nacional de Pintura Escultura y Grabado “La Esmeralda”, sus intereses vienen a partir de la cultura pop, el mundo editorial y la museografía. Los detonantes principales de su trabajo como artista visual (fotografía y dibujo); son el recuerdo-relaciones de pareja, amistad y familiar.

thecocoalan@gmail.com

IG: alan.alcaantara

Danilo Meléndez comenzó su carrera en la Lic. de Ciencias del Arte y Gestión Cultural, de la Universidad Autónoma de Aguascalientes. Actualmente cursa la carrera en Artes visuales en La ENPEG “La Esmeralda”. Su trabajo artístico se desarrolla en piezas abstractas, expresionistas y de la cultura pop, que van desde lo geométrico hasta lo figurativo, tridimensional y bidimensional.

Instagram: @danilo.m_arte

Fb: Danilo.M: Escultura, pintura y gráfica.

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ilustración Rini Templeton

Cuerpos que importan: la lucha feminista en pandemia

por Victoria Grinstein

Resulta imposible separar las luchas que se vienen llevando adelante desde los movimientos feministas de la situación actual de pandemia. El coronavirus ha logrado exponer las enormes desigualdades de clase y el alto grado de precarización en que se encuentras las mujeres y disidencias en Argentina. Desde hace años venimos denunciando las violencias a las que estamos expuestas en tanto debemos continuar con nuestras tareas productivas y reproductivas.

Hoy resulta indispensable pensar la situación actual de crisis sanitaria en clave de género, poniendo de manifiesto el rol fundamental de las mujeres en el sostenimiento de los hogares, en el marco del desarrollo de un sistema capitalista cada vez más opresor. Desde la economía feminista se construye una perspectiva para hacer frente a la crisis proponiendo una salida que nos incluya a todxs.

Desde el espacio donde vengo trabajando, me toca pensar las juventudes. Íntimamente comprometidas en la ola feminista de los últimos años, las mujeres y disidencias jóvenes han copado la escena con su glitter y su increíble entusiasmo de querer cambiarlo todo. Esa potencia feminista de la que habla Gago (2019) se ve encarnizada en los cuerpos de todas las que salimos a la calle para protegernos, defendernos y reivindicar otros modos de vivir.

Se vuelve necesario gritar “niñas, no madres” cuando ciertos sectores de la sociedad, representados por los medios hegemónicos de comunicación, buscan aferrarse al ideal de la mujer madre, cuidadora y sumisa, aunque estas tengan a penas 12 o 13 años. Las que tienen que cuidar a sus hermanxs, las que no pueden ir a la escuela porque tienen que quedarse en su casa ayudando a su mamá, las que no consiguen empleo por estar embarazadas, las mismas que salieron de Ciudad Juárez en busca de una vida mejor.

Todas ellas, todas nosotras nos merecemos una sociedad que no nos confine dentro de nuestros hogares, que no nos condene a una trayectoria laboral precarizada o nos mate en manos de un femicida. Es necesario pensar salidas posibles para nuestras jóvenes, aquellas que más padecen la crisis y deben poner el cuerpo en sus casas y en sus barrios.

Hace décadas atrás, las feministas ya alzaban sus voces para denunciar las relaciones de violencia a las que estaban sometidas las mujeres. En los 70, las feministas marxistas instalaban el debate en torno al trabajo reproductivo y su función dentro del capitalismo. Ellas piensan la reproducción social como condición necesaria para la explotación de las mujeres y su desvalorización frente a los hombres.

Federici (2018) considera al trabajo doméstico como la base de las desigualdades de género. Históricamente, las mujeres al quedar relegadas al espacio privado del hogar se vuelven dependientes del salario masculino, en lo que define como patriarcado del salario. Al tener el poder del salario, el hombre desarrolla un poder disciplinar y violento sobre las mujeres. Este modo de organización familiar no solo jerarquiza a los hombres por sobre las mujeres, sino que permite un desarrollo exponencial del capitalismo, lo cual demuestra la complicidad entre ambos sistemas.

Esto se puede constatar con las estadísticas que se encuentran en nuestro país. Según el Equipo Latinoamericano de Justicia y Género (ELA), en base a la última Encuesta Anual de Hogares Urbanos (EAUH) del INDEC, la tasa de participación de las mujeres, es decir las que realizan trabajo doméstico, llega casi al 90%, contra el 58% de los hombres que declara hacerlo. A su vez, las mujeres que realizan trabajo no remunerado dedican una cantidad significativamente mayor de tiempo a esas tareas que los hombres que participan de las labores domésticas. Otro dato que arroja la encuesta es que las mujeres de hogares de menores ingresos son las que más tiempo destinan al trabajo no remunerado, enfrentando mayores demandas de cuidado y accediendo a empleos peores remunerados.[1]

Mies (2019) también forma parte del movimiento de mujeres en los 70’ y de la “Campaña salario para el trabajo doméstico”. Esta campaña busca poner sobre la mesa la necesidad de pensar las violencias machistas en clave económica y la relación existente entre capitalismo y patriarcado. Considera que es necesario lograr un entendimiento materialista e histórico de la división sexual del trabajo para comprender las desigualdades sociales entre hombres y mujeres.

De acuerdo con estas feministas, se vuelve evidente la necesidad de sublevarnos contra la naturalización de las tareas domésticas y luchar por el reconocimiento salarial del trabajo doméstico (Federici, 2018), sobre todo en un contexto de aislamiento donde las tareas se hacen cada vez más pesadas. Mientras ocupamos cada vez más horas en limpiar, cocinar y sostener a nuestras familias, es necesario gritar más fuerte “que eso que llaman amor es trabajo no pago”. Exponer la raíz de la opresión de las mujeres permite visibilizar los mecanismos con los que el capitalismo se ha sostenido a lo largo de la historia y su vinculación con la violencia hacia las mujeres.

En momentos de enorme incertidumbre donde vemos como se profundizan las desigualdades, sostenemos la premisa de Susy Shock, “no queremos ser más esta humanidad”. Pero ¿cómo construir una sociedad más justa e inclusiva cuando nuestras compañeras villeras se mueren por falta de agua? ¿De qué modo nos organizamos los feminismos para hacer frente a esta nueva crisis mundial que golpea como siempre con más crudeza a los sectores más vulnerables? ¿Cómo peleamos contra las cada vez más precarias condiciones de existencia que nos ofrece el neoliberalismo?

Lorey (2016) nos propone pensar a la precariedad no como una situación pasajera o eventual, como podría pensarse en este contexto de pandemia, sino como un nuevo modo de regulación de nuestras vidas. A partir de la imposición del sistema neoliberal y con el fin de las coberturas sociales de los Estados de Bienestar, se instaura lo que ella denomina un Estado de Inseguridad donde se reproduce y normaliza lo precario como condición social.

Esta normalidad no solo se manifiesta en las condiciones de explotación laboral o en la vulneración de nuestros derechos, sino también a partir de la inseguridad traducida en una amenaza. En este sentido, la precarización de la vida no solo produce subjetividades sino también un estado de inseguridad constante que se busca revertir a través del aumento del aparato punitivo y represivo. Las nuevas formas de gobierno están marcadas por esta definición de “defensa contra una amenaza”.

Este análisis resulta muy pertinente al pensar la realidad actual. Nos vemos enfrentados a una enfermedad que genera incertidumbre y un estado de paranoia constante. El temor al otrx se vuelve algo común, en tanto aumentan la cantidad de denuncias entre vecinxs y de discursos en defensa de la policía.

Frente a esta situación, Lorey nos plantea la posibilidad de pensar en alternativas a los estados inducidos de miedo e inseguridad como forma de gobierno. Ante este aumento del “sálvese quien pueda” y de discursos liberales e individualistas, recuperar las formas de organización colectiva aparece como contrapartida. Ella nos propone pensar la precariedad como activismo político. En contra de estos discursos punitivos y sus promesas de seguridad, podemos pensar en la necesidad de otros modos de acción política. Pensar la precariedad como un devenir común que nos conduzca a nuevas formas de organización y comunidad.

Butler (2006) también reflexiona en torno a las condiciones de precariedad de la vida como modo de relacionarnos con lxs otrxs. Piensa en una precariedad jerarquizadora la cual opera de forma diferencial sobre los cuerpos. Se produce un reparto desigual de las condiciones de vida y de su protección.  La estigmatización ha generado un acceso desigual y una atención médica deficitaria que ha provocado un aumento de los fallecimientos en zonas con mayor población afroamericana.

Al comienzo de la pandemia en los medios de comunicación decían que este virus “no distinguía entre ricos y pobres” y que “cualquier persona está expuesta al contagio”. Hoy podemos afirmar que el virus no es inocente, es el claro reflejo de las políticas neoliberales y de su impacto diferenciado sobre los cuerpos. No afecta de la misma forma a todxs: impacta sobre los cuerpos pobres, racializados y feminizados.

Frente a este escenario desesperante, podemos retomar los aportes de Gago (2018) en torno a lo comunitario. Ante el avance del neoliberalismo y a la normalización de las condiciones de explotación, nos propone pensar nuestras luchas desde la organización comunitaria: “la noción de lo comunitario como teoría del cambio, donde la cuestión reproductiva de los cuidados toma un papel político clave en tanto se evidencia como recurso a la vez de los momentos de crisis y resistencia abierta pero también como engranaje de unas flexibles formas productivas que lo ponen en juego, evidenciando ser un campo en disputa.”

            En tiempos donde abunda la incertidumbre y afloran las violencias, esas redes de mujeres que venimos construyendo se hacen fundamentales. En los últimos años hemos aprendido que entre todas nos cuidamos mejor. Frente un sistema opresor, buscamos las formas de construir trayectorias marcadas por el deseo, que rompan las cadenas de la heteronorma patriarcal. Pensarnos desde lo comunitario, rompe con la idea de familia nuclear y de mujeres privatizadas, al mismo tiempo que atenta contra los modos de producción capitalista.

Desde los comedores en los barrios, pasando por la organización de alumnxs para defender la ESI, hasta los grupos de WhatsApp de socorristas, nuestros lazos colectivos han sostenido y reivindicado la lucha por el reconocimiento del trabajo reproductivo que hacen las mujeres. Las tareas que se vuelven más pesadas en tiempos de pandemia hacen aún más notoria la necesidad de poner sobre la mesa la importancia de los trabajos no remunerados que hacen las mujeres y como esto crea la base de una relación desigual frente a los hombres.

Es en ese sentido, seguimos tejiendo redes y espacios colectivos, aunque sea en este contexto de virtualidad, para repudiar la violencia machista y su impacto sobre nuestros cuerpos. Continuamos desafiando los límites que nos han impuesto, contraatacando desde la cocina como dice Federici, organizándonos a pesar de la dificultad de estar juntas. Como afirma Gago (2019) “invención común contra la expropiación, disfrute colectivo contra la privatización y ampliación de lo que deseamos como posible aquí y ahora.”

A pesar de la tristeza de no poder encontrarnos hoy en las calles, hoy más que nunca, gritamos bien fuerte: “Vivas y desendeudadas nos queremos!”

[1] Rodriguez Enriquez, C. El trabajo de cuidado no remunerado en Argentina: un análisis desde la evidencia del Módulo de Trabajo no Remunerado.

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Victoria Grinstein, soy argentina, transfeminista, socióloga, estudiante de la Maestría en Estudio y Políticas de Género de la UNTREF.

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