La verdadera prueba de una inteligencia superior es poder conservar simultáneamente en la cabeza dos ideas opuestas, y seguir funcionando. Admitir por ejemplo que las cosas no tienen remedio y mantenerse, sin embargo, decidido a cambiarlas.
E.T.
– “Me mantengo en huelga de amor” –
Dicen que se va el zapoteco,
ya nadie lo hablará;
ha muerto, dicen,
la lengua de los zapotecas.
…
¡Ay, zapoteco, zapoteco,
quienes te menosprecian
ignoran cuánto
sus madres te amaron!
¡Ay, zapoteco, zapoteco,
lengua que nos das la vida,
yo sé que morirás
el día que muera el sol!
G.L.
¿Cuál es el branding del amor?
¿Y la escena del beso de liberación?
¿En Medio Oriente o mejor en un espacio interior?
La emoción genuina que permite su rencor
la caricia amable de su compasión
lo desechable del tiempo que le tocó.
¡Qué pendejada tan grande se les ocurrió!
¿Qué es lo contrario al odio en la globalización? – Quien se burla de su socializada organización –
– Quien contesta con dudas a la acción –
– Quien se sabe disfrazado por el discurso de interacción –
¿ ?
¿Cuál es la causa de la alza en el hablar del amor?
De los no odios por encima del rencor.
El enojo que viene del espacio exterior:
con su religión terrorista y mitos de no emancipación.
¿Cuál es la causa de mi llanto cursi y del consenso que dice Yo?
de la disidencia de actuar según las pausas
de la globalización.
Las creencias que acabarán en un rato
en la pantalla del videoconsumidor
de actitudes que subvierten solo la mente de
quien nunca existió.
¿Cuál es tu marca de la subversión?
en el contacto de una imagen que tantas beses ya se representó
Tu singularidad ya se imaginó
tal cual se formó en tu disidencia amable y por demás menor.
¿Es tan difícil cambiar de dirección?
dar la espalda al proyecto emancipador
(ya sabemos donde se formó)
¡Igualdad! ¡Libertad! ¡Fraternidad!
Mira la estrellas sobre la bruma de tu global discusión
caliéntate, pues hay para todos un enemigo (al cual aún no se derritió)
conténtate con saberte solidario y preocupado por tu hermano menor
el que no contestó si podía besar tu inquietante preocupación.
¡Volvamos al tiempo donde lo personal se politizó!
¡Alégrate!
(Un poco de risas al guión)
¿Ser de —libre elección— ya te bastó?
Tu actitud contestataria ya te conquistó:
¿Tu acción directa algo cambió? o ¿al menos resistió con un golpe a tu enemigo mayor?
You said ‘B’ Si el mundo gira en mi órbita rojiza del horario de hoy
Digo ¡mejor yo!
Si mi contexto se derriba y mi clase se devalúa un poco más hoy
Digo ¡mejor yo!
Hoy cuando cae la noche y vuelvo al espacio exterior
Grito: ¡Este es mi hogar: aquel que no es el que nunca me reconoció!
Si el mundo se achica en sus polos por tanta opinión
redundante y falta de espacio para la duda menor
Digo ¡mejor yo!
Cuando mi piel ya se despintó
Digo ¡mejor yo!
Y por si queda la duda:
¡A la luna llegué hoy!
You said ‘B’ ¿Te acuerdas que la historia ya se derrumbó?
Ninguna verdad ni creencia en la cual dejar caer tu cabeza.
¿Apoco tu mente tanto se infló de pensar y planear “la revolución”?
Aquí pues yo.
Aquí pues yo.
Aquí pues yo.
You said B… ‘GOOD’
Aquí pues yo.
The sun rises as a line of men wearing helmets and uniforms march up the street.
An alien stands in front of a round light and transmits a homing signal, presumably to call the other aliens back to the ship.
His skin discolored to a grey-white hue, lies on the floor as a man in a space suit enters the room. «Home,» says.
[The character’s positions are structured to emphasize the separation from the others.]
[They feel sorry for Evo because he was telling the truth and no one believed him.]
[Presumably, he has used his telepathic powers to place Evo into a trance in order to merge their minds and feelings.]
Estados Unidospa shutipi kak wasi Estados Unidospi mana tiyashkamantami Estados Unidospika llakta pushakta mana llukchishpa kachashka.
América Latinapika runapa tantanakuykunataka mana rikunayachishkakunachu. Boliviapika ñankunapi mana puri usharkanchikchu, hatun panpankunaman mana chayay usharkanchikchu.
Llaktakunata yallinkapak tukuy minishtishkatami charirkanchik, shinapash Franciaman chayakukpimi, chayachun mana sakirka. Shinapash ¿Rusiaman tikrakukpi, mana chayay ushashpaka, imashi tukunchikman karkanchik? Boliviapi, Ecuadorpi, Estados Unidospa makanakukkunata llukchishpa kachashkata; ñukancik allpapi ima tiyashkata ñukanchikpi makipi churashkatami rawrachinkuna. Ñukaka runami kani, hatun llakpik llaktakunata mana rikunayachinichu, chaymantachari mana rikunayachinkuna.
[This is the end of act one. The antagonist and his forces have invaded the home of the protagonist and taken them into possession. This terrifying invasion of the privacy of their home generates more empathy.]
La sicalipsis —que en el forzamiento de su evolución no es sino el agravio a las reglas de la moral y las buenas costumbres— nunca fue tan inútil, tan dulcemente desabrida. Y es que un estímulo radical ya no resulta suficiente para liberar nuestra renovada confianza en la salvación por medio del cumplimiento del deseo. Ejemplos sobran y cualquier pretexto, entre más banal, mejor. Acá hablaré de uno de entre muchos otros; intuyendo a medias la liberación de los apetitos en modelos variopintos, con el ansia que la iteración de las imágenes brinda para documentar algo que ya no es nuevo, pero que simula serlo.
Luego no quiero ser más la confianza en la comprensión, sin darle un poco de lustre a la imagen: pliegues que rematan en una raja estrecha; una estrella con arrugadas radiaciones que llama y a la vez desdice; el espacio de geografía carnal para la expulsión y a la vez para la introducción; el lugar más recóndito y sin embargo, insoslayable. La nueva vagina universal, diría quizá algún publicista perverso. Y ahora de chocolate: la empresa de origen inglés los oferta en internet, y la noticia ya ha corrido como viento fugaz. El “Edible anus”, literalmente: “ano comestible”.
Ejemplo perfecto. Es decir, un dulce así no podría ser sino uno de los nuevos remates de la religión occidental del mercado. Inviolable en su estructura, pero apetitoso en los términos de sabor y asepsia para la calidad total exigida por los nuevos cánones lucrativos. ¿Qué libertino contemporáneo se resistiría a adecuar su lengua a aquellos pliegues de cacao y azúcar? ¿Quién a paladear la evolución material en la reproducción especular del signo? Si el llamado beso negro hacía referencia a lo desconocido, a lo arrinconado en el extremo de olores y sabores, a la ambigüedad de su utilización en las delicias expandidas de la carne, hoy se trata de una devolución edulcorada por el mercado global que desactiva los alcances de su penetración.
Pero hay que recordarlo; si el fetiche es fantasmal en tanto se separa de su productor, como señala Marx, la mercancía es acá la materia corporal del trabajador aislado de su uso efectivo. Porque, cabe también preguntar: ¿de quién es el culo original, que en su reproducción algunos devorarán extasiados? El sitio de internet de la empresa brinda una misteriosa pista; no se trata de un prototipo artificial, sino de la copia exacta de un ano verdadero:
(…) estas piezas de suculento chocolate se han elaborado a partir de la deliciosa parte posterior de nuestro impresionante modelo de culos.
Es decir, un asalariado cuyo uso de su herramienta de trabajo consiste en la reproducción de la apertura de su tracto digestivo. Nada raro que su trabajo precarizado se oculte a los ojos del consumidor potencial, pues el ano-ojo de la fabricación de objetos útiles se universaliza para la superación de las barreras de la producción y el canibalismo light de la parte corporal de un otro supuesto; un reconocimiento parcial que ocurre tan sólo por lujuria estándar:
(…) Estamos convencidos de que nuestra gama de anos pueden disolver límites raciales, de género, clase y orientación sexual.
¡Haberlo sabido antes!… Este optimismo desfachatado es una chistosada mercadológica, claro, pero a la vez una declaración de principios. Pensemos en que si la evolución del ano fue un hito trascendental en el desarrollo de los animales multicelulares, hoy resulta ser algo muy valioso para las quimeras de pueblerinos pudores, que parecieran haber descubierto apenas la liberación de las costumbres. Si se trata de un tema que cobra relevancia gracias a su óptimo funcionamiento multitarea –chocolates o concursos de disparo de pedos o la sublimación de las sensaciones por medio de lámparas de diseño o llaveritos fosforescentes– es quizá debido a que dicho signo, al contrario de haberse agotado, seguirá dando de sí.
No es extraño que, en el ejemplo que nos ocupa, ya se hayan ampliado los alcances del merchandising en el sitio de internet de Edible anus. El mismo modelo empleado para hacer las golosinas, ahora se oferta en plata, como si se tratara de una joya a codiciar. Claro, nada nuevo para quienes conozcan las colecciones del Sex Museum, por ejemplo, aunque yo no recuerde específicamente ningún ano de marfil como collar secreto del siglo XIX expuesto en sus vitrinas.
A pesar de su carácter de fetiche contemporáneo, su reciente inflación en términos de significación, lo separa de los meros términos kischt desde los que mucha producción de objetos en masa han sido pensados, para colocarlo en un espacio que apenas comienza a dar de qué hablar como sobrevaloración de las sensaciones como productos. O, mejor dicho, una mezcla trans-sensacional del gusto para crear nuevas mercancías. Una sublimación reciente de esto que digo es este ano de chocolate como un bien de consumo universal, que al prometer los dividendos suficientes, podría ser emulado por otras empresas. Y si este punto ciego de acá tiene futuro, no hay que dudar de las capacidades de la intricada red de relaciones del mercado global para hacerlo reproductible al infinito. Incluso reificado por nuevos aparatos culturales, que lo convirtieran en una nueva inteligencia no contemplada aún. Un ano que sabe a chocolate, entonces, desdice parcialmente su doblez en el anilingus; el binomio lengua-culo con el cual se separó de su función principal ligada del resto del cuerpo para ser pensado como dulce apetitoso y, por tanto, perder también así su carácter perverso. Este reciente hit del porno internacional puede muy bien ser la señal que estábamos esperando, una especie de memento que nos advierta de las interesantes posibilidades que nos depara el futuro. Y se me ocurre incluso una campechana idea acerca del posthumanismo, que no puedo dejar de comunicar acá.
Probablemente los pensadores de esta tendencia tan en boga hayan descuidado una rama de análisis posible; no únicamente habría que concentrarse en la ampliación de las habilidades corporales y conceptuales mediante la implementación de prótesis que expandan las capacidades humanas, sino también en la fragmentación del cuerpo y sus órganos en entidades independientes. Si el filósofo Robert Pepperell dice que el posthumanismo admite que los seres humanos tenemos una capacidad finita para entender y controlar a la naturaleza, pero que a la vez ésta no puede ser delimitada, es posible pensar también en la falta de límite de los órganos, no ya como propiedad extrínseca, sino literal. Quiero decir; podría concebirse un posthumanismo que no atendiera ni siquiera lo humano en los términos de su sistematicidad orgánica: un posthumanismo negativo que en lugar de alimentar la ilusión evolutiva, generara las condiciones para que una disociación fantasmal, llevada cada vez más al extremo en los aparatos de resignificación comercial, cobrara vida, mostrara sus contradicciones como caricaturas ominosas de nuestra estupidez supina. Estómagos parlantes reales, importados de las pesadillas televisivas, que recomienden un medicamento para luego morir; un ojo con piernas y brazos que lo único capaz de desear sea el sol en una playa de Ibiza sobre su ya cegada existencia; un pene con bigotes que dispare esperma estéril de colores; un ano de cartílagos del tamaño de un niño que declare el triunfo de los orgasmos anales sobre los vaginales. Cosas simples, como la naturaleza de muchos deseos.
Incluso el Edible anus puede ser el signo inaugural de una capacidad lingual suficiente, que le permitiera alcanzar capacidades lingüísticas verídicas a la altura de nuestros mejores personajes de comedia. Un ano parlante que, convirtiera la lengua que lo lame en el exterior, en capacidad vocal interna. Un ano boca con lengua que aprendiera a acariciarse poéticamente desde sus entrañas, murmurando palabras sublimes. Dúctil, inestable ser en el nombre de quien lo nombra, arrancado de su función primera para entregarse a las posibilidades independizadas del sentido.
Y entonces se podría también prever un espacio de combate y crítica radical que, más allá del cinismo de estas palabras, presentara su extrapolación partiendo de la misma retórica imaginativa. El ano-golosina sabor a culo real. ¿Por qué no, si la lengua de los amantes del beso negro pudiera ser suficientemente respetada? La jerga de esa desviación apocalíptica pudiera devolver entonces las palabras robadas a la identidad de la perversión. Vuelvo a hacer la pregunta: ¿qué verdadero libertino contemporáneo se resistiría a adecuar su lengua a aquellos pliegues de excremento y fibra vital? ¿Quién a paladear la evolución material en la devolución perversa del signo?
El orden de los factores no altera el resultado de una mala educación amorosa.
AHhm! Juan Alberto Negroni
Por Francesca Gargallo
Muchas mujeres que han recibido maltratos graves en sus domicilios, cuando se atreven a analizarlos, dan cuenta de cómo, después de una paliza, el victimario (marido, amante o novio) vuelve a seducirlas para mantenerlas presas en una relación pasional que incluye tanto los golpes, los insultos y las amenazas de muerte, como las rosas, los mariachis y las declaraciones de amor.
En la actualidad, la educación afectiva es, aunque parezca improbable, peor que la educación primaria y secundaria. No hay tiempo y no se invierten recursos en aprender a querer y quererse de manera responsable, respetuosa y constructiva. La carrera, las ganas de coger, las prisas por crecer, la angustia frente a un futuro incierto, la necesidad de imponerse en el ámbito laboral hacen que hombres y mujeres, a pesar de los cambios obvios experimentados en las últimas décadas en sus condiciones laborales, educativas y de movimiento, repitan lo aprendido de padres y madres dominantes, abandonadores o violentos. Progenitores que pensaban que unas nalgadas en el momento justo enderezarían las vidas de sus hijas e hijos, justificando con ello sus abusos.
El resultado es que hoy las mujeres y los hombres no saben enamorar ni enamorarse sin ceder su propia autonomía o imponer su autoritarismo. “Me vas a querer así como soy” es una frase común en los noviazgos hetero, bi y homosexuales, y en todos los casos implica que quien la pronuncia no está dispuesta o dispuesto a amoldar sus tiempos, sus intereses, sus saberes, sus necesidades y sus atenciones para que la relación con una o varias personas (aunque por lo general los noviazgos son de pareja, no deben olvidarse las triejas y los demás grupos amorosos-sexuales) sea creativa, propositiva y, sobre todo, feliz.
Pero a malquerer se aprende: nadie malquiere de forma natural. En ese aprendizaje se consolidan los modelos de género: las mujeres malquieren soportando y los hombres malquieren imponiendo un maltrato que arranca del reclamo y llega al asesinato en nombre del amor.
Desde la literatura, el teatro, el canto y otras formas de educación del comportamiento social durante siglos se ha venido enseñando que la seducción va aparejada de la violencia contra las mujeres. Shakespeare ha sido para las occidentales de la modernidad mucho más dañino que decenios de concursos de belleza y publicidades sexistas. Su obra La fierecilla domada es una propuesta de seducción matrimonial, una enseñanza para la convivencia doméstica, una imposición de patrones culturales de dominación para que el matrimonio tenga un jefe masculino incuestionable. Muchos de sus hermosísimos sonetos contienen ideas de qué es y qué debe ser el amor. Sus versos supuestamente amorosos enseñan pautas de una etiqueta (una pequeña, común, cotidiana ética) amorosa de la dominación, volviéndola hegemónica, casi absoluta. Shakespeare nunca duda de la inteligencia de las mujeres, por eso impone literariamente que esté al servicio de la empresa amorosa, que es siempre y únicamente la de conquistar a un hombre (y sólo a uno). Las mujeres no deben, bajo ningún pretexto, invertir sus saberes en nada más que en aplanarle el camino a un hombre para que las pueda poseer.
¿Y quién es tan atrevido como para decir que Shakespeare, sobre cuya obra se han vertido ríos de tinta, es en realidad un misógino asqueroso, funcional a un sistema de enseñanza dominante, reverenciado en Occidente porque sostiene una cultura de la violencia? Sólo las feministas, porque hasta hoy han sido las analistas más críticas de las conductas sociales y los mecanismos de enseñanza-aprendizaje dominantes.
Shakespeare no solo es el organizador de las ordenanzas amorosas de la modernidad occidental, es también un perpetuador y fijador de paradigmas antisemitas, racistas (el moro de Venecia no es asesino porque es moro sino porque es celoso, sin embargo no es casual que sea un moro quien no pueda racionalmente dominar sus celos), colonialistas y clasistas. Por supuesto, todos esos rasgos se insertan en la enseñanza del malquerer dominante.
Doblegadas por un subrogado del amor que implica el chantaje sexual, afectivo, económico y la amenaza física, las mujeres han aprendido desde pequeñas que amar es dejarse dominar y que para ello deben primero ser seducidas. Los “me pega porque me quiere”, de no tan remota memoria, son una consecuencia lógica del deber ser seducidas.
Sin lugar a dudas, en 40 años el feminismo ha cundido en la conciencia pública y muchas mujeres obvian hoy las relaciones de pareja como opción para su proyecto de vida afectiva. No obstante, muy pocas pueden decir que tras haberse enamorado no han sufrido algún tipo de violencia (amén de haber sufrido violencia callejera misógina anónima: piropos ofensivos, agresiones, violaciones y feminicidios comprueban que una violencia no excluye la otra). Desde las niñas de secundaria ofendidas por muchachitos que en el recreo construyen su machismo en el juego del rechazo público a las niñas que les gustan, hasta las universitarias que esperan que les llame el compañero con el que acaban de pasar una intensa y rica noche de sexo, la mayoría de las mujeres piensa que no ser requerida implica no ser amada. En ello intervienen los tabús hacia la acción de requerir por parte de las mujeres. Y también otras formas de violencia: a muchas mujeres en alguna ocasión sus novios, amantes o maridos les han castigado el deseo y el goce sexual tachándolas de exigentes, voraces o insaciables. Es decir, han transformado su poca performatividad sexual (o, paradójicamente, el deseo y el gusto que su buena performatividad despierta) en una excusa para la ofensa. “Hoy no tengo ganas” no ofende, mientras “eres insaciable” implica una condena moral mediante el rechazo de la expresión sexual femenina. Los hombres que se sentirían rebajados por admitir que no tienen ganas, se sienten con derecho a limitar las ganas de una mujer.
Ahora bien, si ya sabemos eso ¿por qué, en 40 años, las feministas no hemos podido acabar con la violencia misógina en las relaciones amorosas (ni siquiera cuando son lésbicas)? La filósofa argentina Ana María Bach, en su reciente libro Las voces de la experiencia. El viraje de la filosofía feminista (Biblos, Buenos Aires, 2010), propone entre otras cosas, dirigir la mirada a la voz universal del sujeto de la modernidad (sujeto implícitamente activo y masculino) desde el conjunto de las experiencias de las mujeres. Estas experiencias nos revelan que, al cambiar, producen nuevos conocimientos y que éstos informan las acciones sociales de las mujeres. Es decir, nuestras experiencias conforman nuestra subjetividad continuamente, de manera que nosotras somos las promotoras del cambio en el patriarcado y podemos valorar nuestras acciones al reconocer nuestras propias experiencias.
Ahora bien, al haber escogido el ámbito público para el accionar feminista a finales de la década de 1980, las feministas dejamos de experimentar nuevas formas de relaciones afectivas, de analizarlas y de producir conocimientos sobre ellas. Atrapadas en la denuncia pública de la violencia misógina, reproducimos el esquema del amor como construcción patriarcal, sin experimentar otra relación de pareja que la que denunciamos. En el caso de las relaciones heterosexuales, los hombres no visualizan qué interés tendrían en experimentar un cambio en las formas de relación afectiva; en el caso de las relaciones lésbicas, las mujeres no analizan sus experiencias para salir del patrón de pasión-sufrimiento-violencia-seducción aprendido de las relaciones heterosexuales hegemónicas.
Parecería que no hay escapatoria a las ofensas en la intimidad, a la violencia intrafamiliar, a los abusos de poder, la discriminación laboral y las comparaciones degradantes entre mujeres. Las experiencias de liberación de las mujeres han puesto sobre aviso al sistema económico patriarcal que recaba parte de sus ganancias en la repetición de patrones de seducción-dominio-gasto masculino y subordinación-gasto para la invitación a la seducción femenina. Para ello, éste ha invertido en la reproducción de modelos femeninos dependientes para reforzar la educación de apropiación de los hombres. La divulgación por todos los medios de estereotipos de belleza femenina racistas y clasistas imposibles o difícilmente alcanzables (mujeres blancas, flacas pero alimentadas, altas y ajenas al mundo social) constituye un bombardeo constante del porqué los hombres tienen el derecho a perpetuar sus modelos de seducción.
De ahí que nueve de cada diez mujeres que se atreven a compartir el relato de sus experiencias de violencia, aun las más extremas, dan cuenta de periodos de seducción que se interponen entre dos sucesos violentos. El muchacho que desaparece de manera injustificada de la vida de una adolescente y tres meses después le envía un ramo de flores o llega a su puerta con un libro de poemas para decirle que nunca la ha olvidado, actúa exactamente como el marido que golpea con una plancha a su esposa para luego llevarla llorando al hospital pidiéndole al doctor que la salve porque no puede vivir sin ella.
Las experiencias de estas mujeres (y el reconocer en ellas una parte de nuestras propias experiencias) son las que pueden informarnos de la urgencia del cambio de nuestra educación afectiva. No se trata de renunciar a la actividad sexual y al afecto (renuncia que gozosamente han asumido muchas de mis amigas, sobre todo las mayores de 50 años) para no tener que renunciar a la propia libertad de movimiento, expresión y reflexión; más bien se trata de ocuparnos de una educación afectiva que no implique que las mujeres se vean forzadas a una actitud determinada por la voluntad de otra persona. Esto es, una educación a experiencias afectivas respetuosas, que produzcan nuevos conocimientos acerca de las relaciones interpersonales, en particular las íntimas.
Referencia: Francesca GARGALLO, “Rosas, golpes, pasión y muerte: el orden de los factores no altera el resultado de una mala educación amorosa”, en Todas, suplemento de Milenio, Ciudad de México, 19 de julio de 2010,http://impreso.milenio.com/node/8802228
Escritora, caminante, madre de Helena, partícipe de redes de amigas y amigos, Francesca Gargallo es una feminista autónoma que desde el encuentro con mujeres en diálogo ha intentado una acción para la buena vida para las mujeres en diversos lugares del mundo. Licenciada en Filosofía por la Universidad de Roma La Sapienza y maestra y doctora en Estudios Latinoamericanos por la Universidad Nacional Autónoma de México, se ocupa de historia de las ideas feministas y busca entender los elementos propios de cada cultura en la construcción del feminismo, entendido como una acción política del entre mujeres y las reacciones que despierta en la academia, el mundo político, la vida cotidiana. Enamorada de la plástica, busca entre las artistas una expresión del placer y la fuerza del ser mujeres; narradora, encuentra en sus personajes la posibilidad de proponer otros puntos de vista sobre la realidad que no sean misóginos; viajera, le da valor a los pasos de las mujeres y el encuentro sobre un mundo que les pertenece. Entre sus novelas destacan: Estar en el mundo; Marcha seca; La decisión del capitán, entre otras. Su libro de cuentos Verano con lluvia ha sido leído por feministas de varios países y ha recibo una buena crítica. Entre sus libros de investigación: Garífuna, Garínagu, Caribe (sobre la historia del pueblo garífuna); Ideas Feministas Latinoamericanas (una historia de las ideas feministas en América latina); Saharaui, el pueblo del sol (reflexión sobre la historia del pueblo saharaui desde hace treinta años en el exilio en Argelia). En la actualidad está dialogando con algunas mujeres intelectuales de los pueblos y nacionalidades originarios de Nuestra América para escribir una historia de las ideas de los feminismos indígenas, desde una epistemología feminista no blanca ni blanquizada.
Aquella noche
en la playa
los relámpagos
fueron fotografías
tomadas desde lejos
desde otro mundo,
desde otro tiempo.
Para dejar huella
y que nunca jamás
se olvide
toda la tormenta
que puede provocar
un solo beso,
un solo abrazo.
Anaís Abreu D’ Argence
La Lleca abre una puerta a muchos mundos posibles para quienes pertenecemos a ella. Desde hace más de 10 años Lorena Méndez y Fernando Fuentes, artistas feministas mexicanas, fundadoras de la Lleca, han hecho que los afectos y la sensibilización corporal radical se apropien del sistema penitenciario mexicano y de la vida misma de quienes hemos conformado esta colectiva de disidencia feminista, anarquista y con una propuesta contundente que ha permitido que aún en el encierro exista la libertad absoluta que se reflexiona y se construye de una manera completamente potente y política: la colectividad.
Lorena Méndez y Fernando Fuentes han trabajado desde una propuesta radical de performance y pedagogía en casi todas las cárceles de la Ciudad de México y en algunas de otros países de Latinoamérica. Creo que su metodología, para quienes hemos tenido la oportunidad de colaborar y pertenecer a este espacio afectivo ha sido una desobediencia feminista a las normas sociales que construyen los muros grises y desolados de las cárceles, ya que ellas con todo y su cuerpo que contiene el alma y el espíritu han permitido que suceda lo imposible: construir desde el amor en la cárcel (como llamó Quetzal Belmont el trabajo de la Lleca) disponible en:
Mi primer acercamiento con la Lleca sucedió en el año de 2010, cuando me encontraba realizando mi servicio social en el Centro Femenil de Reinserción Social Tepepan. En aquel entonces, me encontraba formándome como pedagoga y por ende, estaba en el área educativa del centro. Básicamente me dedicaba a aplicar pruebas psicométricas a las internas que estaban recién llegadas al reclusorio para poder ubicarlas en algún nivel escolar de los que ofrecía el centro: desde primaria, hasta licenciatura. Otra parte importante de este diagnóstico consistía en presentarle a las internas los talleres de sensibilización y actividades diversas que ofrecía el Centro Educativo para que decidieran si querían ser partícipes de alguno y contribuir a su proceso de reinserción.
Recuerdo que en el reclusorio que todas llamábamos Tepepan, existía el área pedagógica, que era donde se realizaba este diagnóstico integral y por otro lado se encontraba el Centro Escolar que era donde estaban los salones para llevar a cabo las actividades educativas (formales y no formales), también, en ese pasillo se encontraba el área cultural que propiciaba el arte como medio de liberación por medio de los talleres que ofrecía. Recuerdo con mucho amor y ternura a una interna que casi todos los días se aparecía en los pasillos de esta área a la que yo pertenecía: Marcela.
A Marcela, que todos llamábamos Marcelita, le encantaba cocinar, de hecho, uno de sus trabajos dentro del centro era pertenecer al equipo de la cocina que hace día con día la comida para alimentar a las internas que así lo deseen, misma que llaman el rancho. Marcelita era una chica de cabellos chinos, con ojos grandes y una sonrisa que siempre nos daba la bienvenida a quienes nos cruzábamos por su camino, participaba en múltiples actividades culturales y escénicas y se encontraba estudiando la primaria. Ella, con todo y esa energía tan afectiva y llena de amor fue quien me presentó a la Lleca, no fue casualidad que una mujer con ese tinte afectivo por la vida me permitiera cruzarme con quien ahora es una de mis amigas más admiradas, amadas y con quién comparto mi vida cotidiana: Lorena Méndez.
Una tarde cualquiera, de esas en que me quedaba en el reclusorio para adelantar horas de mi servicio social me encontré con Marcelita en los pasillos, ella con esa sonrisa que dibujo en mi mente y me transporta a ella, me dijo con una particular alegría: ¡Hoy es el día, voy a hablar de lo deliciosos que están mis chiles rellenos! Yo le pregunté ¿Hiciste chiles rellenos? Y ella me dijo: Sí, en la Lleca. Cuando respondió aquella afirmación mi interés por saber a qué se estaba refiriendo comenzó a aparecer en forma de más y más preguntas y finalmente con sus respuestas me condujo a la presentación que iban a tener como final de un periodo de trabajo con la Lleca y que hoy se encuentra documentado en uno de los archivos de la colectiva,
Mujer, deber, poder y placer, es aquel espacio escénico que propusieron las internas del centro femenil en compañía de la colectiva y que en palabras de Lorena y Fernando fue:
“Una propuesta de deseducación corporal que abordó la temática de la invención de la sujeto mujer y del cuerpo femenino en nuestra sociedad. Nos planteábamos la identificación de patrones y el análisis de cómo se gestan, mientras que íbamos generando formas de resistencia a estos desde la exploración y auto-observación de las participantes. Con reflexiones y ejercicios corporales abrimos un espacio para conocer más sobre quienes somos y que deseamos ofrecer y ofrecernos” (2009, La Lleca, 200 reos dijeron).
La propuesta que montaron en el auditorio de la cárcel de Tepepan y que fue producida y protagonizada por las compañeras excede la normatividad del encierro y permite que las internas salgan por medio de su voz y la memoria de ese espacio confinado y que violenta las relaciones afectivas entre las personas. ¿Cómo era posible que Marcelita saboreara sus chiles rellenos en compañía de sus otras compañeras? Pues sí, en la Lleca lo imposible se hace posible por medio de la performance que es esa posibilidad de fuga, creación colectiva y pedagogía donde el cuerpo con todo y sus vulnerabilidades, deseos y temores es el protagonista de la acción que detonan las artistas fundadoras y sus colaboradoras que en cada encuentro proponen nuevas formas de aproximación con las personas que están resistiendo el encierro.
No importa si uno es interno y el otro externo. En la Lleca, todos somos iguales y el trabajo tiene el objetivo principal de hacer que nuestras historias se crucen y que juntxs salgamos de todos los encierros que la sociedad construye en nuestras mentes y nuestros cuerpos. Esta colectiva permite que la piel se extienda cuando nos tocamos y respondemos al sistema carcelario que tensiona todo acontecer humano desdibujándolo y fundando nuevas fronteras entre los cuerpos. La Lleca, al igual que las personas encerradas, es un espacio de resistencia, rebelde ante los aparatos ideológicos del estado de Althusser que moldean una forma reducida y limitada de ser humanos.
Marcelita pudo hacer posible su sueño de saborear sus chiles rellenos, Ardían pudo salir del encierro por medio de aquellas interesantes y pedagógicas performances que Lorena y Fernando han propiciado desde el año 2004; 200 reos dijeron, Matrimonio colectivo, 365 días de performance, Juego de niños, La Novia, Una rota para muchos descocidos y cumpleaños colectivo entre otras, han sido esas otras realidades que hoy son posibles y que nos invitan a pensar de otro modo la cárcel, la educación, la masculinidad y sobre todo la vida misma.
Después de haberme encontrado con la Lleca por medio de una mujer como Marcelita, pude tener mi primer contacto directo con Lorena y Fernando en un seminario llamado Pedagogías en espiral que sucedió en el año de 2011 en el MUAC y que coordinaron Marisa Belausteguigoitia, Rian Lozano y Helena López. Sin duda alguna la intervención de la Lleca en este recinto me permitió percatarme que la transgresión no solo sucede en el espacio carcelario, se fuga a los museos, a las calles y a las escuelas y en verdad, es efectivo porque te sana el alma.
La Lleca llevo a cabo una sesión de trabajo en la cual nos contaron sobre sus intereses, metodologías y retos frente al sistema penitenciario mexicano realizando este tipo de trabajo que en palabras de Lorena, es incómodo y muy difícil de entender para el personal que conforma la burocracia carcelaria y que contiene a las personas: custodixs. Esa sesión pudimos ver los videos de algunas de las performances mencionadas anteriormente y realizamos una performance colectiva en la cual Lorena y Fernando nos invitaron a ponernos de pie, tomarnos de las manos y realizar el saludo con el cuerpo.
Tocamos nuestros cuerpos entre las participantes, y hacíamos que cada parte se saludara con la otra: mano con mano, pie con pie, nariz con nariz, oreja con oreja, cachete con cachete y hasta pompi con pompi. Ellxs nos compartieron que esta era la manera de comenzar a hacer Lleca en las cárceles, poniendo el cuerpo por delante de cualquier regla. Posteriormente, a modo de sorpresa y sin preguntar, nos vendaron los ojos a cada una de las participantes y nos pidieron que camináramos así, con la venda puesta sobre los ojos; se trataba de sentir el espacio con el cuerpo, y a las otras personas también, dialogar con nuestros miedos y prejuicios y dejarnos sentir con la piel.
De pronto, nos pidieron que nos detuviéramos y que nos acostáramos en el piso del aula que nos contenía. Una vez ahí, tendidos los cuerpos en el suelo, como cualquier día de sesión dentro de la cárcel, Lorena y Fernando, se aproximaron a nuestros cuerpos cada vez más para decirnos en secreto, una historia que contaba la vida de personas que estaban resistiendo el encierro, terminaban esta acción con un abrazo profundo y eso nos permitía contactar con esa persona que ellxs trajeron al espacio con su voz y su cuerpo.
La manera tan potente que tiene la Lleca de transgredir los espacios no solo carcelarios, por medio de la performance radical esta enraizada por una política feminista que han explorado a lo largo de los años de la mano de grandes autoras feministas como Megan Boler, Francessca Gargallo, Helen Cixous o Bell Hooks, esto ha delineado una ética de los afectos y los cuidados para poder entender el trabajo de la Lleca que interesantemente ha excedido el espacio central de trabajo de la colectiva y se ha expandido a la cotidianidad de un mundo que posibilitan Lorena y Fernando.
Con esto me refiero a que la acción afectiva esta presente siempre; ya sea en la cárcel o fuera de ella. Actualmente Lorena Méndez es profesora de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México y es muy interesante como ella ha trasladado el trabajo político de la Lleca a las aulas de la universidad. Lorena vuelve a resistir en la academia y propone una nueva forma de trabajar desde el cuerpo que dinamita las relaciones maestro-alumno, enseñante-aprendiz, adulto-joven. Esta nueva forma permite tensionar las relaciones de poder que se dan en las instituciones y volver a fugarse cuando el cuerpo aparece.
Por otro lado Fernando Fuentes, continua trabajando con el tema de la masculinidad desde una propuesta corporal que vuelve a tomar la performance como posibilidad de transformación social que tensiona los cuerpos y la manera que tienen los hombres de comunicarse entre sí, Fuentes, con su propuesta, invita a los hombres con quienes trabaja a relacionarse de maneras más afectivas y a hacer conciencia del papel que han tenido los hombres en el mundo que violenta e invisibiliza a las mujeres.
Hacer Lleca, como dicen ellxs, es afectarnos también entre las amigas. Lorena y Fernando son amigas muy amadas con quienes he compartido momentos muy especiales y fuertes en la vida. Poco a poco después de aquel seminario nos fuimos conociendo, sintiendo y construyendo, nos enamoramos y finalmente resistimos juntas. Una de mis experiencias mas satisfactorias al pertenecer a la colectiva ha sido el poder cuestionarme a mi misma, conocer mis límites, temores, deseos y objetivos. Ahora puedo acercarme a la cárcel de otro modo y darme cuenta que ahí también existe la libertad y que es necesario desobedecer en ciertos contextos donde el cuerpo esta olvidado, desdibujado y es objeto de burla.
La Lleca fue mi primer contacto también con el tema de la masculinidad, pues en aquel entonces, asumiéndome como homosexual, Lorena me enseñó a dejar mis miedos atrás y a relacionarme con hombres heterosexuales de un modo afectivo: contándoles sobre mi historia personas y proponiendo metodologías corporales para hablar de este tema que es tan complejo en un mundo androcéntrico. Poco a poco pude desarrollar algunas performances con los hombres que pertenecían a la colectiva y que ya se encontraban sensibilizados al tema. Una vez en el reclusorio norte me acosté con Johnatan en el piso, nos tomamos de la mano y Lorena nos adhirió al suelo con cinta adhesiva mientras declamábamos un poema de denuncia a la masculinidad hegemónica en la cárcel que invisibiliza a los cuerpos feminizados. Esta es otra forma de exceder el imaginario del arte contemporáneo, pues el trabajo de la Lleca cuestiona la performance, los límites del arte como intocable e incluso la formación del artista que muchas veces, deja del lado el cuerpo como punto central de la creación y la propuesta de intervención.
Cada uno de los performances de la colectiva e incluso las acciones personales de Lorena que también ocurren en la cárcel, nos invitan a des-centralizar la performance y a acercarnos a una propuesta feminista de acción que tiene que ver con la escucha activa y la posibilidad de intervenir la masculinidad desde el afecto, la seducción y la vulnerabilidad. La artista nos cuenta que es a partir del trabajo con su propia feminidad que se acerca a los hombre y permite que su mirada patriarcal hacia el cuerpo femenino cambie y se acomode a nuevas formas de relacionarse.
La amistad que he podido construir con Lorena y Fernando es también un producto del trabajo que proponen, pues todo el tiempo están construyendo otras realidades y formas de comunicación entre las personas, eso es lo más interesante de la Lleca, que entra y sale de la cárcel para cuestionar, reflexionar y construir la colectividad afectiva. En un mundo inundado de violencia, estos espacios son necesarios y quizás son el camino para la sanación. Actualmente, con Lorena, Elisa, Vania, Valentine, blanca y Mónica hacemos Lleca en el reclusorio norte con un grupo maravilloso de mujeres trans* que resisten al encierro, mientras que Vania, Brenda e Iván, acuden con las compañeras de Santa Martha Acatitla. Para mí es un verdadero honor hacer un homenaje a la colectiva la Lleca, donde me he formado y he aprendido que el amor SI es una política de transformación.
Lo afectivo es lo efectivo y aquí se hace posible. Larga vida a la Lleca.
Les recomiendo leer información muy contundente y potente sobre el trabajo de la Lleca en la siguiente lista que he realizado para este artículo además de ver el video que se presenta en el mismo, disponibles en la web:
-Cómo hacemos lo que hacemos. La Lleca. Proyecto fonca
-El arte acción, la palabra y el afecto se apropian de la cárcel; la Lleca
Por Elia Espinosa.
-Arte activista/Arte Político. Reflexiones en torno al trabajo del colectivo la Lleca con adolescentes varones en situación de reclusión.
Por Cynthia Pech.
-Apuntes de una performancera en acción. Por Lorena Méndez Barrios.
-200 reos dijeron. Por la Lleca, proyecto fonca.
-Construir desde el amor en la cárcel. Por World Bank Group, Quetzal Belmont
-REC del preso en resistencia. Por la Lleca, proyecto Fonca.
-Manual de afectos, cuerpo y educación feminista. Por la Lleca, proyecto coinversiones fonca.
-De la Lleca al PUEG: Un recorrido a través de la prisión y la academia. Por Briseida Alicia Echaury Olmos para Pedagogías en espiral.
-Bitácora del 24 de Junio de 2010. Por Lorena Méndez para Arte y políticas de identidad vol. 3.
*Fotógrafa: Constanza Moctezuma. Archivos la Lleca.
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Lia García. Nació en el año de 1989. Es originaria del sur de la Ciudad de México donde actualmente reside. Es defensora de los derechos humanos de las personas trans* y aprendiza feminista.
Estudió Pedagogía y Artes Visuales en la Universidad Nacional Autónoma de México realizando la investigación Puede besar a la novia: la experiencia del cuerpo trans* como una pedagogía afectiva en la cual trabajó los cruces entre la pedagogía radical, el feminismo de los afectos y los cuidados así como los estudios de performance.