Los chicos no lloran, tienen que pelear. Sobre mi encuentro de vida con la colectiva la Lleca, homenaje

Los chicos no lloran, tienen que pelear. Sobre mi encuentro de vida con la colectiva la Lleca, homenaje

Por Lia García (La Novia Sirena)

 

El beso prohibido

Aquella noche
en la playa
los relámpagos
fueron fotografías
tomadas desde lejos
desde otro mundo,
desde otro tiempo.
Para dejar huella
y que nunca jamás
se olvide
toda la tormenta
que puede provocar
un solo beso,
un solo abrazo.

Anaís Abreu D’ Argence

 

La Lleca abre una puerta a muchos mundos posibles para quienes pertenecemos a ella. Desde hace más de 10 años Lorena Méndez y Fernando Fuentes, artistas feministas mexicanas, fundadoras de la Lleca, han hecho que los afectos y la sensibilización corporal radical se apropien del sistema penitenciario mexicano y de la vida misma de quienes hemos conformado esta colectiva de disidencia feminista, anarquista y con una propuesta contundente que ha permitido que aún en el encierro exista la libertad absoluta que se reflexiona y se construye de una manera completamente potente y política: la colectividad.

Lorena Méndez y Fernando Fuentes han trabajado desde una propuesta radical de performance y pedagogía en casi todas las cárceles de la Ciudad de México y en algunas de otros países de Latinoamérica. Creo que su metodología, para quienes hemos tenido la oportunidad de colaborar y pertenecer a este espacio afectivo ha sido una desobediencia feminista a las normas sociales que construyen los muros grises y desolados de las cárceles, ya que ellas con todo y su cuerpo que contiene el alma y el espíritu han permitido que suceda lo imposible: construir desde el amor en la cárcel (como llamó Quetzal Belmont el trabajo de la Lleca) disponible en:

http://www.bancomundial.org/es/news/feature/2017/01/05/construir-desde-el-amor-en-la-carcel

Mi primer acercamiento con la Lleca sucedió en el año de 2010, cuando me encontraba realizando mi servicio social en el Centro Femenil de Reinserción Social Tepepan. En aquel entonces, me encontraba formándome como pedagoga y por ende, estaba en el área educativa del centro. Básicamente me dedicaba a aplicar pruebas psicométricas a las internas que estaban recién llegadas al reclusorio para poder ubicarlas en algún nivel escolar de los que ofrecía el centro: desde primaria, hasta licenciatura. Otra parte importante de este diagnóstico consistía en presentarle a las internas los talleres de sensibilización y actividades diversas que ofrecía el Centro Educativo para que decidieran si querían ser partícipes de alguno y contribuir a su proceso de reinserción.

Recuerdo que en el reclusorio que todas llamábamos Tepepan, existía el área pedagógica, que era donde se realizaba este diagnóstico integral y por otro lado se encontraba el Centro Escolar que era donde estaban los salones para llevar a cabo las actividades educativas (formales y no formales), también, en ese pasillo se encontraba el área cultural que propiciaba el arte como medio de liberación por medio de los talleres que ofrecía. Recuerdo con mucho amor y ternura a una interna que casi todos los días se aparecía en los pasillos de esta área a la que yo pertenecía: Marcela.

A Marcela, que todos llamábamos Marcelita, le encantaba cocinar, de hecho, uno de sus trabajos dentro del centro era pertenecer al equipo de la cocina que hace día con día la comida para alimentar a las internas que así lo deseen, misma que llaman el rancho. Marcelita era una chica de cabellos chinos, con ojos grandes y una sonrisa que siempre nos daba la bienvenida a quienes nos cruzábamos por su camino, participaba en múltiples actividades culturales y escénicas y se encontraba estudiando la primaria. Ella, con todo y esa energía tan afectiva y llena de amor fue quien me presentó a la Lleca, no fue casualidad que una mujer con ese tinte afectivo por la vida me permitiera cruzarme con quien ahora es una de mis amigas más admiradas, amadas y con quién comparto mi vida cotidiana: Lorena Méndez.

Una tarde cualquiera, de esas en que me quedaba en el reclusorio para adelantar horas de mi servicio social me encontré con Marcelita en los pasillos, ella con esa sonrisa que dibujo en mi mente y me transporta a ella, me dijo con una particular alegría: ¡Hoy es el día, voy a hablar de lo deliciosos que están mis chiles rellenos! Yo le pregunté ¿Hiciste chiles rellenos? Y ella me dijo: Sí, en la Lleca. Cuando respondió aquella afirmación mi interés por saber a qué se estaba refiriendo comenzó a aparecer en forma de más y más preguntas y finalmente con sus respuestas me condujo a la presentación que iban a tener como final de un periodo de trabajo con la Lleca y que hoy se encuentra documentado en uno de los archivos de la colectiva,

Mujer, deber, poder y placer, es aquel espacio escénico que propusieron las internas del centro femenil en compañía de la colectiva y que en palabras de Lorena y Fernando fue:

“Una propuesta de deseducación corporal que abordó la temática de la invención de la sujeto mujer y del cuerpo femenino en nuestra sociedad. Nos planteábamos la identificación de patrones y el análisis de cómo se gestan, mientras que íbamos generando formas de resistencia a estos desde la exploración y auto-observación de las participantes. Con reflexiones y ejercicios corporales abrimos un espacio para conocer más sobre quienes somos y que deseamos ofrecer y ofrecernos” (2009, La Lleca, 200 reos dijeron).

La propuesta que montaron en el auditorio de la cárcel de Tepepan y que fue producida y protagonizada por las compañeras excede la normatividad del encierro y permite que las internas salgan por medio de su voz y la memoria de ese espacio confinado y que violenta las relaciones afectivas entre las personas. ¿Cómo era posible que Marcelita saboreara sus chiles rellenos en compañía de sus otras compañeras? Pues sí, en la Lleca lo imposible se hace posible por medio de la performance que es esa posibilidad de fuga, creación colectiva y pedagogía donde el cuerpo con todo y sus vulnerabilidades, deseos y temores es el protagonista de la acción que detonan las artistas fundadoras y sus colaboradoras que en cada encuentro proponen nuevas formas de aproximación con las personas que están resistiendo el encierro.

No importa si uno es interno y el otro externo. En la Lleca, todos somos iguales y el trabajo tiene el objetivo principal de hacer que nuestras historias se crucen y que juntxs salgamos de todos los encierros que la sociedad construye en nuestras mentes y nuestros cuerpos. Esta colectiva permite que la piel se extienda cuando nos tocamos y respondemos al sistema carcelario que tensiona todo acontecer humano desdibujándolo y fundando nuevas fronteras entre los cuerpos. La Lleca, al igual que las personas encerradas, es un espacio de resistencia, rebelde ante los aparatos ideológicos del estado de Althusser que moldean una forma reducida y limitada de ser humanos.

Marcelita pudo hacer posible su sueño de saborear sus chiles rellenos, Ardían pudo salir del encierro por medio de aquellas interesantes y pedagógicas performances que Lorena y Fernando han propiciado desde el año 2004; 200 reos dijeron, Matrimonio colectivo, 365 días de performance, Juego de niños, La Novia, Una rota para muchos descocidos y cumpleaños colectivo entre otras, han sido esas otras realidades que hoy son posibles y que nos invitan a pensar de otro modo la cárcel, la educación, la masculinidad y sobre todo la vida misma.

Después de haberme encontrado con la Lleca por medio de una mujer como Marcelita, pude tener mi primer contacto directo con Lorena y Fernando en un seminario llamado Pedagogías en espiral que sucedió en el año de 2011 en el MUAC y que coordinaron Marisa Belausteguigoitia, Rian Lozano y Helena López. Sin duda alguna la intervención de la Lleca en este recinto me permitió percatarme que la transgresión no solo sucede en el espacio carcelario, se fuga a los museos, a las calles y a las escuelas y en verdad, es efectivo porque te sana el alma.

La Lleca llevo a cabo una sesión de trabajo en la cual nos contaron sobre sus intereses, metodologías y retos frente al sistema penitenciario mexicano realizando este tipo de trabajo que en palabras de Lorena, es incómodo y muy difícil de entender para el personal que conforma la burocracia carcelaria y que contiene a las personas: custodixs. Esa sesión pudimos ver los videos de algunas de las performances mencionadas anteriormente y realizamos una performance colectiva en la cual Lorena y Fernando nos invitaron a ponernos de pie, tomarnos de las manos y realizar el saludo con el cuerpo.

Tocamos nuestros cuerpos entre las participantes, y hacíamos que cada parte se saludara con la otra: mano con mano, pie con pie, nariz con nariz, oreja con oreja, cachete con cachete y hasta pompi con pompi. Ellxs nos compartieron que esta era la manera de comenzar a hacer Lleca en las cárceles, poniendo el cuerpo por delante de cualquier regla. Posteriormente, a modo de sorpresa y sin preguntar, nos vendaron los ojos a cada una de las participantes y nos pidieron que camináramos así, con la venda puesta sobre los ojos; se trataba de sentir el espacio con el cuerpo, y a las otras personas también, dialogar con nuestros miedos y prejuicios y dejarnos sentir con la piel.

De pronto, nos pidieron que nos detuviéramos y que nos acostáramos en el piso del aula que nos contenía. Una vez ahí, tendidos los cuerpos en el suelo, como cualquier día de sesión dentro de la cárcel, Lorena y Fernando, se aproximaron a nuestros cuerpos cada vez más para decirnos en secreto, una historia que contaba la vida de personas que estaban resistiendo el encierro, terminaban esta acción con un abrazo profundo y eso nos permitía contactar con esa persona que ellxs trajeron al espacio con su voz y su cuerpo.

La manera tan potente que tiene la Lleca de transgredir los espacios no solo carcelarios, por medio de la performance radical esta enraizada por una política feminista que han explorado a lo largo de los años de la mano de grandes autoras feministas como Megan Boler, Francessca Gargallo, Helen Cixous o Bell Hooks, esto ha delineado una ética de los afectos y los cuidados para poder entender el trabajo de la Lleca que interesantemente ha excedido el espacio central de trabajo de la colectiva y  se ha expandido a la cotidianidad de un mundo que posibilitan Lorena y Fernando.

Con esto me refiero a que la acción afectiva esta presente siempre; ya sea en la cárcel o fuera de ella. Actualmente Lorena Méndez es profesora de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México y es muy interesante como ella ha trasladado el trabajo político de la Lleca a las aulas de la universidad. Lorena vuelve a resistir en la academia y propone una nueva forma de trabajar desde el cuerpo que dinamita las relaciones  maestro-alumno, enseñante-aprendiz, adulto-joven. Esta nueva forma permite tensionar las relaciones de poder que se dan en las instituciones y volver a fugarse cuando el cuerpo aparece.

Por otro lado Fernando Fuentes, continua trabajando con el tema de la masculinidad desde una propuesta corporal que vuelve a tomar la performance como posibilidad de transformación social que tensiona los cuerpos y la manera que tienen los hombres de comunicarse entre sí, Fuentes, con su propuesta, invita a los hombres con quienes trabaja a relacionarse de maneras más afectivas y a hacer conciencia del papel que han tenido los hombres en el mundo que violenta e invisibiliza a las mujeres.

Hacer Lleca, como dicen ellxs, es afectarnos también entre las amigas. Lorena y Fernando son amigas muy amadas con quienes he compartido momentos muy especiales y fuertes en la vida. Poco a poco después de aquel seminario nos fuimos conociendo, sintiendo y construyendo, nos enamoramos y finalmente resistimos juntas. Una de mis experiencias mas satisfactorias al pertenecer a la colectiva ha sido el poder cuestionarme a mi misma, conocer mis límites, temores, deseos y objetivos. Ahora puedo acercarme a la cárcel de otro modo y darme cuenta que ahí también existe la libertad y que es necesario desobedecer en ciertos contextos donde el cuerpo esta olvidado, desdibujado y es objeto de burla.

La Lleca fue mi primer contacto también con el tema de la masculinidad, pues en aquel entonces, asumiéndome como homosexual, Lorena me enseñó a dejar mis miedos atrás y a relacionarme con hombres heterosexuales de un modo afectivo: contándoles sobre mi historia personas y proponiendo metodologías corporales para hablar de este tema que es tan complejo en un mundo androcéntrico. Poco a poco pude desarrollar algunas performances con los hombres que pertenecían a la colectiva y que ya se encontraban sensibilizados al tema. Una vez en el reclusorio norte me acosté con Johnatan en el piso, nos tomamos de la mano y Lorena nos adhirió al suelo con cinta adhesiva mientras declamábamos un poema de denuncia a la masculinidad hegemónica en la cárcel que invisibiliza a los cuerpos feminizados. Esta es otra forma de exceder el imaginario del arte contemporáneo, pues el trabajo de la Lleca cuestiona la performance, los límites del arte como intocable e incluso la formación del artista que muchas veces, deja del lado el cuerpo como punto central de la creación y la propuesta de intervención.

Cada uno de los performances de la colectiva e incluso las acciones personales de Lorena que también ocurren en la cárcel, nos invitan a des-centralizar la performance y a acercarnos a una propuesta feminista de acción que tiene que ver con la escucha activa y la posibilidad de intervenir la masculinidad desde el afecto, la seducción y la vulnerabilidad. La artista nos cuenta que es a partir del trabajo con su propia feminidad que se acerca a los hombre y permite que su mirada patriarcal hacia el cuerpo femenino cambie y se acomode a nuevas formas de relacionarse.

La amistad que he podido construir con Lorena y Fernando es también un producto del trabajo que proponen, pues todo el tiempo están construyendo otras realidades y formas de comunicación entre las personas, eso es lo más interesante de la Lleca, que entra y sale de la cárcel para cuestionar, reflexionar y construir la colectividad afectiva. En un mundo inundado de violencia, estos espacios son necesarios y quizás son el camino para la sanación. Actualmente, con Lorena, Elisa, Vania, Valentine, blanca y Mónica hacemos Lleca en el reclusorio norte con un grupo maravilloso de mujeres trans* que resisten al encierro, mientras que Vania, Brenda e Iván, acuden con las compañeras de Santa Martha Acatitla. Para mí es un verdadero honor hacer un homenaje a la colectiva la Lleca, donde me he formado y he aprendido que el amor SI es una política de transformación.

Lo afectivo es lo efectivo y aquí se hace posible. Larga vida a la Lleca.

Les recomiendo leer información muy contundente y potente sobre el trabajo de la Lleca en la siguiente lista que he realizado para este artículo además de ver el video que se presenta en el mismo, disponibles en la web:

-Cómo hacemos lo que hacemos. La Lleca. Proyecto fonca

-El arte acción, la palabra y el afecto se apropian de la cárcel; la Lleca

Por Elia Espinosa.

-Arte activista/Arte Político. Reflexiones en torno al trabajo del colectivo la Lleca con adolescentes varones en situación de reclusión.

Por Cynthia Pech.

-Apuntes de una performancera en acción. Por Lorena Méndez Barrios.

-200 reos dijeron. Por la Lleca, proyecto fonca.

-Construir desde el amor en la cárcel. Por World Bank Group, Quetzal Belmont

-REC del preso en resistencia. Por la Lleca, proyecto Fonca.

-Manual de afectos, cuerpo y educación feminista. Por la Lleca, proyecto coinversiones fonca.

-De la Lleca al PUEG: Un recorrido a través de la prisión y la academia. Por Briseida Alicia Echaury Olmos para Pedagogías en espiral.

-Bitácora del 24 de Junio de 2010. Por Lorena Méndez para Arte y políticas de identidad vol. 3.

*Fotógrafa: Constanza Moctezuma. Archivos la Lleca.

Lia García. Nació en el año de 1989. Es originaria del sur de la Ciudad de México donde actualmente reside. Es defensora de los derechos humanos de las personas trans* y aprendiza feminista.

Estudió Pedagogía y Artes Visuales en la Universidad Nacional Autónoma de México realizando la investigación Puede besar a la novia: la experiencia del cuerpo trans* como una pedagogía afectiva en la cual trabajó los cruces entre la pedagogía radical, el feminismo de los afectos y los cuidados así como los estudios de performance.

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