Red Beaujolais (Appellation d'Origine Contrôlée)
Collage (25 x 20 cm)
2012
Chacal
Collage (25 x 25 cm)
2012
Tranny F&M
Collage (30 x 22.5 cm)
2009
Finalmente una sola ave dentro con un disparo
Collage (20 x 20 cm)
2012
Piscis
Acrílico, pastel de aceite, marcador y papel sobre lienzo (100 x 100 cm)
2010
telephone between us
Acrílico, pastel de aceite, marcador y papel sobre lienzo (100 x 100 cm)
2010
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Enriqe Landgrave aka Dr. Dodo. Pintor, ilustrador y fotógrafo mexicano (24 de febrero 1979, México D.F) Cursó la licenciatura en historia del arte en el Claustro de Sor Juana en México D.F y artes visuales en la School of Visual Arts en Nueva York, así como algunos cursos en Parsons School of Design. Su trabajo se destaca por una constante experimentación y observación. Combina diversas técnicas, estilos tanto en pintura así como fotografía, dibujo y collage con el propósito de conquistar a lo que él llama potenciaso afectos estéticos; como la conquista del color o de la luz. Esta convencido que como artista visual hay que regresar al boceto, al carbón, a lo áspero, al diagrama. Es un artista que siempre está al acecho, en búsqueda de nuevas técnicas y maneras de adentrarnos en su mundo.
El cuerpo catalogado socialmente como hombre, ¿no es erótico? ¿O es que la trata erótica es una trata sobre la carne? La forma bella, dictaminada: esto sí, esto no.
Somos carne, trozos, partes y miembros colgantes. Estamos envueltos, empaquetados y etiquetados así, todo en orden y bien numerado. Nada ni nadie se escapa, todo es de aquí o de allí. Todo ES.
El error como parte de adiestramiento «esto sí, esto no; esto bien, esto mal.
“Cadáveres sobre cadáveres tejen nuestra historia en punto cruz lacre. Un cordón de costras borda el estandarte de raso revenido en aureolas de humo que desordenaron las letras. Separando en estratificaciones de clase a locas, maricas y travestis de los acomodados gays en su pequeño arribismo traidor.” Pedro Lemebel. Loco afán.
Esta historia a la que refiere Lemebel es la de aquellas que devenimos minorías sexuales, que aún con un falo entre las piernas fuimos exiliadas de la categoría de Hombre. Nuestra historia es un texto que se hilvana alrededor de ausencias y de olvidos. En su ombligo, la muerte. Trazos que conducen a historias terroríficas del SIDA, de suicidios y de crímenes pasionales sin justicia. Minorías sexuales pero no de género ni de clase, en apariencia. Cuerpos femeninos que se desclasifican del de biomujer. Cuerpos infecundos incapaces de reproducir mano de obra. Cuerpos lumpen, improductivos, errantes, dados a la prostitución, al vicio y a la enfermedad. Es ante esta historia que lo gay aparece como promesa liberadora. Así, estas minorías encontrarán en el mercado y sus símbolos la posibilidad de ocupar un lugar en el sistema mundo. Cuerpos, ahora, consumistas.
Si bien este horizonte igualitario fue ensombrecido por el fantasma del sida en Latinoamérica, es en esta misma enfermedad, y en México de manera específica, que lo gay se irá filtrando en la agenda política a través de la constitución de un colectivo arcoiris. Ante la urgencia, y al tomar la lucha contra la pandemia como estandarte, estos colectivos lograrán negociar con el Estado estrategias preventivas y de tratamiento; a la par de un reconocimiento de la identidad gay como forma de organización social (centrada en la ubicación y acción de un grupo epidemiológicamente importante). Sería erróneo reducir la agenda gay a la lucha contra el sida, sin considerar la compleja trama cultural que se fue instalando desde la academia hasta los mass media o, por ejemplo, en la ciudad de México, la importancia de la geografía urbana y la clandestinidad de la vida nocturna. Sin embargo, esta historia positiva que se ha ido trazando, y que parece concretizarse hoy con el matrimonio igualitario y el reconocimiento de la identidad jurídica para personas trans, no ha podido eludir la huella de la muerte: ese vacío que ha representado el sida.
Hablo de vacío y no de ausencia, ya que para ausentarse es necesaria una presencia que se esfume; siendo que, ante la aparición del sida, los muertos aparecen como números, como vidas seriadas desposeídas de un nombre y una historia. Esto no implica que aquellos fallecidos por la epidemia no tuvieran tales características humanas, sino que en esa Historia jamás estuvieron presentes. Por esto fue que el Estado tardó tanto en responder a la demanda de salud, incluso a nivel internacional, ya que la muerte de los putos era, o un castigo divino, o un evento natural. Por esto es que logay aparece como el acto de retomar un lugar negado, de apropiarse de un nombre y de una historia dentro de la Historia; pero ya no sólo como un reclamo de hacer escuchar la voz, sino como una apremiante necesidad para permanecer con vida. Entonces es preciso preguntarnos ¿Cuál ha sido el precio de esta normalización? Aplaudo de pie el esfuerzo de activistas durante esta época difícil, ya que de algún modo las personas jóvenes que discutimos libremente temas como éste, somos deudoras de ello. Sin embargo esta es una invitación a replantear nuestras estrategias políticas, de repensar el lugar ético y político que ocupamos como colectivo, retomando en este caso un tema de suma urgencia en el México de hoy (y no solamente aquí): la muerte y el luto.
¿Cómo hacer luto, cómo procesar una pérdida de algo que nunca estuvo presente? Si bien para las personas cercanas de los muertos por sida, estos representaron una pérdida real y manifiesta, a nivel comunitario muchas de estas muertes permanecieron ocultas. Retomo entonces la cuestión planteada por Judith Butler sobre la pérdida, el duelo y la comunidad[1], es decir ¿Cómo pensar la pérdida como un factor común, como pensar ese dolor, esa rabia, como aliciente de un proyecto político? Más que como un argumento en contra de tal autora, para discutir su idea es necesario señalar que el concepto Freudiano de duelo que utiliza Judith proviene de una visión muy psiquiatrizada[2]. Aunque ella misma lo avisora, considero, no lo lleva a sus últimas consecuencias. Tal como ella lo señala, el duelo no “se supera” como la concepción más popular nos dice, más bien se trata de aceptar la pérdida. La melancolía podría entenderse como la negación del duelo y no como la imposibilidad de superarlo ¿Ese vacío en la historia de los putos, que representa el sida, no podría implicar un estado melancólico? ¿No podría ser el orgullo y la fiesta incesante, una forma de ocultar el duelo, así como lo gay oculta otro tipo de dolor, otro tipo de marginación como las de género, raza y clase? Ya no sólo el sida, sino la muerte desposeída de duelo ¿Podría ocupar un lugar traumático dentro de la historia de las minorías? Según Freud el trauma reprimido se manifiesta incesantemente, aún enterrado el muerto permanece y re-muerde, en lo que llamó pulsión de muerte.
En el caso del sida es manifiesto mediante investigaciones sociales y psicológicas que, a pesar que hoy los fármacos impiden la reproducción del virus y permiten retomar la salud después de un cuadro sidático, el imaginario de muerte perdura, a veces con tal fuerza que ocasiona un estado de shock frente a un diagnóstico positivo. Pero la muerte también sigue apareciendo de manera real: los fallecimientos por afecciones relacionadas al sida siguen ocurriendo pese al avance tecnocientífico. Las respuestas, aunque a veces efectivas, son siempre individualizadas. El duelo se debe resolver de manera clínica. La constitución de grupos, pensados para tal finalidad, continúan constituyendo un tipo de aislamiento de quienes tienen el virus con respecto al resto de la comunidad. Esto no responde a un deseo de exclusividad o de elitismo, sino de marginación. La llamada muerte social que ha acompañado al virus por más de 30 años, también hoy aparece como un riesgo latente. El estigma y la discriminación intentan relegar a los sujetos con el virus del lugar simbólico que ocupa “una vida digna de ser vivida”.
Y es que al sida no es la única forma de muerte presente entre los putos, quienes hemos estado sujetos a la violencia aún antes del cáncer rosa. A la violencia física a la que estamos expuestos cotidianamente (asesinatos, golpes o tortura) le precede esa violencia simbólica, ese destierro no sólo de las categorías sexogenéricas binarias, sino también de una existencia real y plena; lo que permite pensar a nuestros cuerpos, no sólo como imprescindibles, sino como indeseables. El sida sólo concretizó el terror que ya existía ante nosotros, a quienes ya se nos veía como un riesgo en potencia para la sociedad cuyo soporte es una moral patriarcal basada en la familia. El suicidio entre los nuestros es sólo una forma en que el poder ha logrado implantar ese deseo de muerte hasta el punto de cesar nuestro deseo por la vida. ¿De qué modo la muerte se inscribe sobre nuestra piel? ¿Cuántas muertes no lloradas, vidas invisibles, sufrimientos silenciados, nos constituyen como seres históricos?
Esto no implica que debamos vivir en un sufrimiento persistente, sino más bien de vivir ese duelo y retomar el dolor para establecer una lucha contra la muerte. Pero ese duelo no puede llevarse de manera individual o restringida. El duelo debe ser comunitario. Siendo que el duelo no sólo es la pérdida del otro, es la pérdida de sí mismo. Es renunciar a lo que de nosotros mismos el otro se lleva, y también aceptar lo que del otro se queda en el sí mismo. El duelo es tan conflictivo porque rompe el espejo del yo y revela que nuestros vínculos con los otros nos constituyen no sólo relacionalmente, sino ontológicamente. Sin los otros no somos nada. Nuestras vidas y nuestras muertes son siempre en comunidad, y no sólo en un sentido representativo y psicológico, ya que políticamente nuestra vida está expuesta a la muerte, o no, en relación a los otros.
Una lucha contra la muerte, entonces, necesitaría repensar esas categorías que nos escinden como seres comunitarios. Las minorías sexuales debemos repensarnos desde esta posición y retomar el dolor para convertirlo en lucha. Al mismo tiempo que repensarnos en relación a otras formas de marginación, que incluso reproducimos. Quizá para un gay de clase media (o incluso de clase baja) sea poco o nada relevante la muerte de una transexual que murió asesinada por su cliente; o de un jornalero indígena, que no se identifica como gay, y que murió de sida por falta de atención médica. Estas muertes pueden ser producidas por el mismo sistema que defienden algunos gays y su lucha puede ser carente de una ética y compromiso con los otros, encerrándose cada vez más en su propio mundo idealizado de promesas ofrecidas por el capitalismo.
No se trata entonces de decir nuestros muertos como si fueran propiedad de alguien, como si fueran Otros los que mueren; siendo que en realidad somos nosotros mismos los que morimos; no son nuestras muertas o muertos, son nuestras muertes. Ese es el carácter comunitario del duelo como proyecto político. La muerte importa porque nuestras vidas importan.
No sólo se trata de las minorías sexuales, sino de cualquiera que deviene minoría por su raza, género, clase, enfermedad, condición física, etc. Y no es para menos, siendo que en América Latina y en específico en México vivimos bajo un régimen de explotación neocolonial, sumergidos en un gobierno de muerte e impunidad. Por esto es importante para los putos construirnos espacios de vida y exigir justicia para que nuestras muertes tengan un significado; pero también el apoyar otras formas de lucha que pugnan por la vida, puesto que todos estamos expuestos a la violencia y a la muerte, debemos construir alianzas con otros movimientos antifascistas.
En México las desapariciones a causa del narcogobierno se han convertido en un tema central debido a que son una forma imperante en el país, una forma de aniquilación de nuestro sistema social. Son, además, una especie de postergación del duelo, una forma de ausencia total del cuerpo que impide llorarle. Pero la vida, aún en estas condiciones, insiste, y la lucha surge del dolor y la pérdida. El caso de Ayotzinapa le puso rostro a las miles de desapariciones y muertes causadas por este sistema necrófilo. No debemos caer en el error de impugnar ¿Por qué ellos son dignos de una empatía y tantas otras minorías no? Estas también son nuestras desapariciones, también son nuestras muertes, su herida está en nuestros corazones; y el sistema de violencia al que los putos estamos sometidos es el mismo que resuena en las palabras “querían ponerse con hombrecitos, pues ahora, éntrenle”[3]. De muchos modos su lucha es la misma que la nuestra.
Para nosotros los putos, los indeseables, llegó el momento de fundar nuevas formas de vínculos e interacción entre nosotros y con otros colectivos. De resistir la privatización de los vacíos y las ausencias, y mantenerlas abiertas y colectivas (como proponía Hocquenghem respecto a la analidad). De luchar por la vida y la libertad, propia y de los demás; y entonces, no sólo permanecer unidos por el dolor, sino también por el deseo.
“Tal vez lo único que decir como pretensión escritural desde un cuerpo políticamente no inaugurado en nuestro continente sea el balbuceo de signos y cicatrices comunes. Quizás el zapato de cristal perdido esté fermentando en la vastedad de este campo en ruinas, de estrellas y martillos semienterrados en el cuero indoamericano. Quizás este deseo político pueda zigzaguear rasante estos escampados.” Pedro Lemebel. Loco afán.
[1] Butler, Judith Vida precaria: el poder del duelo y la violencia. Buenos Aires: Paidós, 2006.
[2] Uno de los mayores críticos de la concepción de duelo en Freud proviene del mismo psicoanálisis: Jean Allouch. Veáse: “Erótica del duelo en tiempos de la muerte seca” México. Edelp. S.A. 1998.
[3] Palabras de un grupo de militares a un grupo de normalistas.
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Alberto Alejandro Medina Jiménez: Psicólogo social, maestrante y activista.
En un inicio no me interesaba mantener una relación con él, la verdad sólo me dejaba guiar por la atracción que me producía, por más de mil razones no lo consideraba posible ni adecuado. Por mucho tiempo dejamos que las cosas se dieran como se fueron dando, y como avanzaron bien, llegó el momento de que creciera un poco más.
Me encanta entregarme a él por completo, por más difícil que sea, si me lo pide adecuadamente me dejo tomar sin restricciones. Me produce una sensación muy intensa desde el interior de mi ser de completa satisfacción.
Desde la primera vez fue un coqueteo contante que se fue incrementando hasta llegar a puntos y lugares desconocidos. Siempre ha sido un juego de placer, conjugando——-continuamente—caricias, miradas, palabras—.
No iba a depender de él, a enamorarme por completo, a hacerlo parte de mi vida. Pero me fue conquistando, poco a poco, presionando mi cuerpo en los momentos y lugares precisos.
Él sabía que no sería suya completamente, no podía prometer lo que no podía dar. Cuando me amaba, lo era, pero si no nos veíamos no podía prometer no salir con alguien más.
Recuerdo bien los momentos que cambié de opinión, podía sentirlo por completo en mí, sabía que nos pertenecíamos. No podía negar lo que sentía.
II
Por ese tiempo inicié una nueva vida como vedette, exhibiendo parte de mí. Sabía que me encantaría, a pesar/o por ser tan difícil. La parte más afín a quien yo sabía que era y se me daba con más facilidad era la creatividad en accesorios y vestimenta. Mas nunca fue la parte escénica y teatral que fui cultivando con años de todo tipo/variedad de presentaciones.
Todavía me sigue causando una actitud y sensación de apenarme. No puedo evitarlo. Me sonrojo y a veces me paraliza un poco, la experiencia vivida me permite seguir moviéndome tratando de no pensar y racionalizar todo lo que pasa. Solo bailar, recordar lo ensayado, fluir y dar lo mejor de mí. Si el público ayuda y participa, permite fluir/jugar mejor y construir una experiencia en conjunto.
Todavía recuerdo la primera fiesta en la casa de la viga. Fue genialmente caótica e invaluable por tantos detalles. El público masivo en una casa increíble, todos los números ensayados, el elenco, las bandas, la música en vivo y la recepción/participación de los asistentes, todo hacía un rush intenso y especial. Único.
III
Identifico al negro con la sombra, la cual apareció en un momento de mi vida en la forma de una chica, una mujer desconocida para mí pero que atraía de alguna manera a mi novio.
Ese tipo de sombra desconocida se alimenta de todo y, como no lograba iluminarla en el ángulo correcto, crecía, proyectándose más allá de mi percepción. Consumía todo, devorando todo en su camino.
En ese entonces me consumía y no lograba tener una visión clara de la situación, me devoró creando un hambre insaciable en mi ser, en mi alma.
Me perdí, cometiendo errores constantemente. La situación fue empeorando al justificarme con todas las razones incorrectas.
Perdí tanto, perdí todo.
Me perdí a mi misma y con ello lo que más amaba, a quien más quería tener a mi lado.
Fue caótico, fue devastador.
Ha pasado tiempo y he logrado sanar algunas heridas, aún me sorprende todo lo que pasó. A penas ahora, después de más dos años he podido iluminar un poco esa sombra. Todavía no cambia su naturaleza por completo, pero el acercarme un poco más me ha permitido detener todo lo negativo que yo proyectaba en ella. Me doy cuenta con qué facilidad mis más profundos sentimientos y temores eran proyectados en alguien desconocido que para mí representaba una sombra que amenazaba lo que más amaba y deseaba en mi vida.
El manejo de la situación no fue adecuado y todos los errores cometidos nos cobraron un precio muy alto.
Todavía no hay conclusión o claridad, pero sé que di lo mejor de mí en ese primer paso. Con toda la certeza ahora sé que para eliminar esas sombras lo mejor que uno puede hacer es acercarse, tender un lazo, un puente, una invitación. La mejor estrategia, para mí, consiste en construir, crecer, iluminar, proyectar luz y todo lo mejor que pueda nacer de mi.
Ya caí en la trampa de separar, dudar, vivir con miedo, ver a mi oposición como mi enemigo, como una amenaza. Vivir así, no es vida, conduce a más pérdida, más dolor, mucha más duda e insatisfacción.
Finalmente estamos a prueba en los momentos más difíciles, los que más nos retan en la vida, porque siempre nos conducen a aprendizajes y lugares desconocidos.
No puedo adelantarme y predecir un final perfecto para todos los involucrados, solo puedo hablar por mí misma, por mi experiencia de destrucción y reconstrucción, de pasar de proyectar miedos a hablar directo, hablar con la verdad y de acercarme a lo que más miedo me da. Enfrentarme a mi miedo, verla directamente a los ojos y decirle todo lo que me costó en el pasado, en ese momento de descenso continuo, de perderme, perder la noción, orientación y la certeza. No queda en mí, porque al seguir adelante y al salir del lío que yo misma ayudé a crear, he aprendido mucho y no soy la misma que hace años.
Creo que voy por buen camino y que las decisiones que he tomado me llevarán lejos a ser una persona confiable, coherente y responsable de mis acciones que son las que nos definen.
Muérdele la verga y saborea su veneno.
Mete también un dedo en su ano,
y desgárralo.
Recuerda que ha traicionado en nombre del amor.
Chúpale sus testículos, duros y negros.
Ahora siéntate,
siéntate en la verga del odio.
Deslízate sobre ese frío y áspero miembro.
Cierra los ojos y siente los espasmos.
Date la vuelta, restriégate, y restriégate más.
Deja nacer la rabia entre tus caderas.
Deja que tu vulva estalle de palpitaciones,
que sangre tu clítoris.
Y llega.
Y llora, llora,
porque el odio duele.
Y grita, grita, grita muy alto,
deja que el viento oiga que el orgasmo lo has gozado.
Se derramará su fétido semen por tu vulva.
Arde, la cobardía arde.
Déjala correr entre tus piernas.
Siente cómo palpita su verga.
Abre los ojos. Contémplalo.
Míralo jadear con desesperanza.
Es negro. Está muerto.
Liberaste tu dolor en gozo.
Límpiate y lárgate de ahí.
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«Lizbeth es escritora de clóset, pero de vez en cuando asoma el dedo gordo del pie.»
era la mañana o tu culo como el sol negro que nos abrazaba
así es esto dicen todos
tejer la sed de a poco
vendrá otro monstruo del desierto sexo cal
meneamos la risa
nuestras caderas
hablemos de ti mientras me devoras
el ritual del amor siempre acaba peor que Vietnam
en la morgue también se canta
lo saben todos, los olvidados
el niño estrella
la palidez de la duda, hay que entregarle todo a la duda
las instrucciones no sirven para nada
joderte en pequeños universos
el mar no es el mismo abismo turquesa del que te hablo
los ríos de eucalipto entre las piernas
poco a poco reconocerás el ritmo de la muerte
hay que prestarle atención al amor para explicar la masacre
porque tiene el sollozo de un toro herido y el llanto de una anciana
el amor triunfa sobre los muertos decías con el pecho hinchado.
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Ingrid Bringas (Monterrey,N.L,1985)
Poeta Bárbara del norte, escribe poesía para evitar el psiquiátrico, colabora con poesía en diversas revistas impresas y digitales, así como en el periódico La Jiribilla, de Veracruz, parte de su obra ha sido publicada en editoriales cartoneras en Sudamérica, España y Francia .
“¿Qué es lo que exige ser un hombre de verdad?… estar angustiado por el tamaño de la polla… tener miedo de su homosexualidad, porque un hombre, uno de verdad, no debe ser penetrado…”[1]
El repudio que genera lo coprológico por ser maloliente, desecho, abyecto, innombrable, territorializa los cuerpos cuyo placer yace en el lugar no procreativo, el campo de desperdicio de la semilla de la vida. La sodomía.
Ese pequeño lugar de goce reservado al “placer recreativo o excremental” (en palabras de un senador en plenaria televisada). El hueco degenerado… porque el culo no tiene sexo/género, el culo no es masculino o femenino, es un orifico común, un lugar como la boca o las manos, pero proscrito, tal vez por eso el lugar de encuentro de los “anormales, pervertidos, invertidos, uranistas”, sea el inodoro, los baños públicos, donde sus puertas son lugar de encuentro, canal de comunicación, de ocultamientos públicos, de encierros no infligidos, sino queridos, donde lo privado, lo anal, se promueve como localización de cuerpos empujados al retrete.
El baño (inodoro/retrete) es el culo de la escuela, el lugar donde más se tiene que hacer aseo, y donde todos se asean y expulsan sus desperdicios, donde se exponen aquellas partes que en ningún otro lugar se pueden ver: los penes, las vaginas, los culos, la desnudez, lugar de contradicción, maloliente y necesario, espacio de lo prohibido-deseado, donde acuden quienes quieren no ser vistos, para poder ser vistos por otros ocultos, encuentro de pervertidos, de sodomitas. La ducha/inodoro/orinal donde no es vedado el ver otro cuerpo como nuestro cuerpo, dónde comparar tamaños, y aprender que la anatomía es menos aburrida si existe un interés erótico en la visibilidad de lo innombrable, la dulzura del pecado, la libertad del animal enjaulado, que acude al abrevadero de la higiene para enfermar, para dejar volar los sucios pensamientos y deseos que el aula proscribe.
El baño escolar, ese ultrahigienizado pero siempre sucio, lugar de juegos indecentes, patio de recreos y despertares, donde el control disciplinar trata de imponer sus horarios, restringir su uso, como si el reloj biológico pudiera ser tan exacto para defecar solo a horas permitidas. Lugar de limpieza, dónde lavar la sangre menstrual, dónde eyacular, y consumir sustancias psicoactivas. Lugar de abuso, de generización impuesta, o de libertades subversivas, territorio colonial impuesto por la modernidad como único espacio permitido para recluir lo no procreativo, lo enfermo. Se enseña desde el preescolar a usar el ano a horas, a limpiarlo y desodorizarlo. El baño de los pequeños es lugar de las primeras enseñanzas sobre higiene, quitándole lo lúdico a la excreción, haciendo de ello un momento vergonzante, un espacio privado y un lugar de pudor, de ocultamiento de olores repugnantes, referido al castigo que implica no controlar el esfínter anal, el paso del pañal al papel higiénico, rito de paso entre la dependencia infantil de la madre y el ascenso a la autonomía del control de sí mismo, aprendizaje de cómo desaparecer la suciedad por medio del agua purificadora del inodoro. El ano no tiene sexo, pero sus usos sí, (dicen las mamás: las niñas no se limpian hacia adelante porque puede producir una infección). El pañal es el mismo, excepto últimamente por el color, ambos aprenden a defecar sentados, allí son iguales, no como al orinar donde la niña está sentada y el niño de pie. Tiene potestad la madre y la maestra del jardín para asear y enseñar al infante a asearse, mas cae la sospecha sobre el padre y el maestro si tuvieran que ejercer dicha función.
Lo anal, la analidad, se va reconfigurando al crecer el “animalito infantil asexuado” para convertirse en un adolescente salvaje lleno de pulsiones incontroladas, el lugar del culo se revela como punto de un placer proscrito y enigmático, usado como insulto, o amenaza, culiar puede ser sinónimo de copular en el lenguaje escolar de las puertas de los baños, sin embargo representa una penetración ambigua, que refiere a un sujeto no necesariamente femenino, si bien lo penetrativo comúnmente se entiende como esencialmente unido a lo vaginal, la palabra culiar implica la expansión del placer a otro territorio el cual debe ser colonizado, posiblemente el ano masculino de aquellos pseudo-hombres rebajados a la condición femenina del penetrado: los maricas, las locas, los lameculos, los muerdealmohadas, las pasivas, chupavergas, travestis, entre otros insultos que nominan al sujeto que abandonando el rol natural de su culo decide usarlo para posicionarse políticamente como diferente al modelo de macho patriarcal reproductor. Subvirtiendo el orden natural de la excreción para “hacer de su culo un potrero” dónde actuar como animal irracional de campo (los caballos y los toros copulan entre sí al estar encerrados sin hembras). Sin ánimo de naturalizar recurro al lenguaje popular para mostrar como el uso del culo es común y referido a connotaciones negativas como “la cagó”, “estoy vuelto mierda”, “culo y saliva”, “me rompe el culo”, “culipronta”, “culiflojo”, “nacido por el culo”, “cagón(a)” o a otras connotaciones sexistas como “culona”, “sí lo hago… pero si me da culo”, etc.
Los juegos de orinales: medirse el pene para ver quién lo tiene más grande, las competencias masturbatorias de ver quién eyacula más rápido o más lejos, el orinar al otro, abrirle la puerta al que está defecando, o amarrar a alguien y dejarlo encerrado en el sanitario, pueden ser formas de homoerotismo permitido, ya que en el baño es menos obvio, menos sospechoso, el que tales juegos produzcan excitación. Sin embargo también pueden ser prácticas de reforzamiento de masculinidades diversas, falocéntricas en quienes tienen el poder de un mayor tamaño, homofóbicas hacia quienes no pueden ocultar su gusto por observar a los demás. Allí los baños pueden ser lugar de castigo, de burla, de abuso, de exploración, de morbosidad, de fetichismo, de primeras prácticas de sexo oral o penetrativo.
La feminización del sujeto homosexual al ser penetrado puede ser considerada como degradación de la condición masculina pues no se concibe que la naturaleza del hombre ni del ano sea el ser penetrado, se supone que ese rol pasivo lo hace menos hombre, por ello en algunos conflictos armados los hombres vencidos son sodomizados con lo cual los penetradores reafirman contradictoramente su masculinidad heterosexual quitándole la virilidad al derrotado, humillando, usándolo como mujer. Así vemos que se considera gay o marica sólo al sujeto activo de la práctica homoerótica, ya que el cacorro sigue siendo hombre penetrador dominador activo, mientras el penetrado es quien “se deja romper el culo” desconociendo que el sujeto activo también disfruta del placer de poseer a otro cuerpo masculino, quitándole su masculinidad. Se silencian públicamente otras prácticas como el sexo anal lésbico o el gusto de muchos hombres heterosexuales o bisexuales que gustan de ser penetrados ya sea por otros hombres o por mujeres con dildos y arneses o por mujeres trans.
Estas prácticas que son “secreto a voces” en muchos contextos escolares (sobre todo en los internados no mixtos), esconden en los baños un universo paralelo inexplorado, porque se supone que estas cosas no pueden ocurrir en la escuela, donde el sexo y lo homosexual parecen no tener cabida. Los ambientes de reclusión como los internados, cárceles, batallones, seminarios, facilitarían el acercamiento a estas dinámicas, sin embargo es complicado el acceder a realizar una investigación seria y profunda de forma permitida por sus directivas. Aun así, existen algunos acercamientos investigativos muy interesantes ya sea desde la sexualidad en los baños de la escuela[2] o desde la construcción de masculinidades a través de grafitis no solo en los baños sino en toda la escuela.[3]
Desde mi experiencia tras haber trabajo como docente en un internado para niñas en el sector rural y al haber pasado cuatro años y medio de mi vida en dos seminarios para formación de sacerdotes, puedo decir que allí se manifiestan muchas prácticas homoeróticas, y no porque el ambiente haga que las personas “se vuelvan gays o lesbianas” sino porque es más fácil que se visibilicen estas situaciones, subjetividades, discursos y prácticas.
Volviendo al tema de la configuración del sujeto homosexual desde la analidad y su territorialización en los baños escolares, es interesante ver cómo esta dinámica se desplaza también a la universidad; allí ya no sólo se ponen ofensas, frases morbosas, o se denuncia o amenaza a quien se cree ser gay o a quien se quiere degradar, se pasa al nivel de la promoción publicitaria ofreciendo explícitamente servicios sexuales con números de celular, lugares y direcciones de encuentros sexuales, características anatómicas que describen la forma y el tamaño del pene, los gustos particulares del sujeto o los servicios que se pueden prestar. También se pueden encontrar discursos políticos marcados desde la ultraderecha o la izquierda a favor o en contra de la homosexualidad. Estas prácticas se hacen más explicitas en otros baños públicos[4] como en los centros comerciales, bibliotecas, parques, restaurantes, etc. Sin embargo no es algo nuevo, ya que desde la época victoriana los baños públicos eran lugares de cruissing para los caballeros no tan caballeros de la época.[5] Por esta razón se establecieron brigadas policiales para vigilar los baños. Tal vez por esta razón tienen mucho éxito los saunas y videos para hombres gays, ya que representan un lugar privado donde se puede encontrar sexo casual, rápido y sin compromiso, como se hacía en los baños del colegio, pero sin el miedo a ser visto, sin el peligro de ser agredido por heterosexuales homofóbicos entre otras ventajas. Allí los anos se liberan y se disfrutan sin prevenciones, sin pudores, entre la penumbra y el vapor, que ya desde los años 60 y hasta hoy proliferan como centros de homosocialización donde se aprendían las dinámicas del ámbito homosexual, como lo dice un hombre entrevistado para una tesis de la Universidad Nacional:
“Iguazú, este es de los más viejos que había, El Chapinero, quedaba aquí en los 60. Ah, esos baños turcos de Chapinero quedaban aquí en la Caracas; fue la escuela de todo el mundo homosexual en Bogotá y después se llamaba ¡Paraiso!, esa fue la escuela de todo el mundo gay en Bogotá. Ese fue uno, otro… la hipocresía del macho, baños Niágara. Todos los machos de la ciudad iban a esos baños turcos, se las daban de machos pero eran maricas, iban a conseguir, ¡sí! Eso está en la memoria de la gente.”[6]
Los baños eran y son un ícono de la sexualidad homosexual, el cine rosa y el porno están llenos de escenas en baños, vestidores de duchas, casilleros de baños, baños de universidades, que se adaptan con orificios en las paredes internas de los inodoros para poder introducir el pene de forma anónima sin ver a quién se penetra o se le hace una mamada. Los baños son refugio y materialización del deseo homosexual como lo presentan en la película The curiosity of chance donde un adolescente tiene sus primeras experiencias en los baños, esperando por horas a que alguien “de señas” de ser como él, para la cual se establecen códigos de miradas, señales con la cabeza o las manos, formas de caminar o vestir.
Esas dinámicas se han ido modificando y ampliando a través de la internet y el uso de teléfonos móviles ya que se pueden concertar citas a través de grupos en Facebook u otras redes sociales, (Grindr, Manhunt, etc) localizando baños de centros comerciales o universidades para tener encuentros sexuales. El sexo anal se ha restringido a lo casual, al miedo de ser vistos por los vigilantes, pero eso también puede significar que se apropian de lo público como forma de rebeldía o como única forma de encuentro, haciendo una cultura del sexo rápido, sin compromiso, dificultando el establecimiento de relaciones estables, cuestionando temas como: la monogamia, la moralidad impuesta, la restricción del placer al ámbito privado.
Para finalizar, los cuerpos configurados por el ano y territorializados en los baños plantean un campo investigativo interesante que si bien ha tenido algunos acercamientos no se ha enfocado en el ámbito escolar. Ver el sexo desde otras zonas corporales puede permitir poner en tensión el falocentrismo heterosexista[7] pero que también circula en la cultura homosexual. Reconfigurando otros usos del cuerpo y del placer, otras estéticas y campos simbólicos. Este campo de lo anatomopolítico en la escuela es un espacio de exploración muy amplio sobre todo en cuanto a lo que se refiere a la diversidad sexual, y la construcción de las subjetividades no heterosexuales.
[divider]
[1] Despentes, Virginie. “Teoría King Kong” traducción de Beatriz Preciado. Editorial Melusina, España 2007. Pp 25.
[2] Raffeta Paola. “Sexualidad en la escuela: graffitis en baños escolares de la ciudad de buenos aires”.Buenos Aires.2012.
[4] Garibello Leonardo. Crónica encuentros sexuales en los baños públicos de Bogotá. Sep, 29 del 2007.Youtube.
[5] Nicolás Jean. La cuestión Homosexual. Editorial Fontamara, México D.F.1989.
[6] Garzon García, Ember Darío. “Cruzando los umbrales del secreto: aproximaciones al estudio de las ofertas estilísticas en las casas de baño para hombres en Bogotá.” UNAL, Facultad de Ciencias Humanas. Tesis de maestria en Sociología. Bogotá 2002. Pp 55.
Edward Bernardo Valencia Escobar.Docente, estudiante de maestría en educación en la UPN de Bogotá, licenciado en Filosofía y Ciencias religiosas de la Universidad santo Tomás de Bogotá. Interesado en reflexionar acerca de las diversidades sexuales en el ámbito escolar.
Soy un Afro Americano, nacido en los EEUU, que actualmente reside en Chiapas, México. Tengo raíces indígenas (Cherokee), Sudamericanas, Africanas, e Irlandesas. Con compromisos políticos entre el norte (EEUU) y el sur (México) de lo que es Norteamérica, he desarollado una mirada hacia estos momentos históricos que está profundamente enraizada en mis propios posicionamientos, memoria ancestral, y las luchas sociales en los cuales he participado activamente con performance y con escritura. Creo profundamente en la producción de conocimiento hacia cambios en nuestrxs comunidades y que tomamos la responsabilidad de hablar desde nuestrxs locus de enunciación. Desde este posicionamiento, deseo brevemente articular un nodo de la intersección de los momentos históricos actuales entre los EEUU y México y desde aquí insistir en un nuevo movimiento de *Poder Negro* iniciando desde México. Tomo mi noción de intersección de la colectiva afro-americana famosa de los 60, Combahee River Collective.[i]
Tenemos que pensar en la eradicación del tiempo lineal occidental cuando confrontamos las realidades actuales. Es necesario enraizarnos en el tiempo serpentino que se ha revelado en estos momentos históricos en el norte de este continente, que estamos viviendo tanto en los estados unidos, como en Méxcio.[ii] Déjame empezar por unas visualizaciónes. La verdad es que estamos en la repetición de los años 1960 en los dos países. No es ninguna situación irónica ni por casualidad.
imágenes conseguidas en http://www.huffingtonpost.com/2014/08/14/ferguson-civil-rights-photos-comparison_n_5678852.html
En esta primera serie de imágenes, vemos la brutalidad de la violencia hacia afro-americanos en los 60 durante la época de derechos civiles. En ellas vemos la misma historia. Lo que vemos en 2014 empezó por la decisión judicial de la corte de Ferguson, Missouri, estados unidos que determinó que el asesinato del joven afro-americano Michael Brown por un policía era legítimo. El policía salió libre. Michael Brown siguió muerto. Algo similar pasó con Eric Garner, quien vendía cigarros en la calle cuando la policía llegó para cortar la venta y terminaron estrangulándole en pleno día mientras que él gritaba: “¡No puedo respirar, no puedo respira, no puedo respirar!”. Y estos momentos, también se ha señalado a la sociedad la cantidad de mujeres y las personas afro- americanas trans y LGB que han muerto a manos de policía sin que les demos la menor atención. Lo que estos instantes enseñan a la sociedad es lo que ha dicho la feminista afro-americana bell hooks: que la forma en que la policía mata a los afro -americanos en 2014 es el equivalente a los linchamientos del siglo XIX (bell hooks ha llamado a ésto el Efecto Zimmerman, por el policía con apellido Zimmerman que fue liberado después del asesinato de otro joven afro-americano, Trayvon Martin el verano 2013).[iii] En este sentido, aun cuando este joven ha sido asesinado por la policía, el sistema legal lo detemina culpable de su propia muerte y la policía libre de cualquier culpabilidad. Nos lleva a ver cómo la situación no ha cambiado no solo en décadas, sino en siglos. Como dijo la pensadora radical feminsita afro-americana Sylvia Wynter en 1994, el sistema de justicia sigue clasificando a jóvenes afro-americanos como casos de “N.H.I. – NO HUMANS INVOLVED/ NINGÚN SER HUMANO IMPLICADO.”[iv] Las probabilidades de vivir una vida digna como persona afro-americana en los Estados Unidos hoy día, siguen siendo demasiado escasas.
En tiempo paralelo, es esencial ver la situación en este país. Como todos deben saber ahora, la situación de la desaparición de los 43, el asesinato de los 3 en la escena, la comprobación de uno de los cuerpos quemados por pruebas de ADN, y la impunidad continua nos marca en tiempo serpentina con el año 1968, con el masacre de Tlatelolco. La situación de desaparecidos en Ayotzinapa es un grito hecho en realidades históricas. Otra vez aquí vemos la represión policiaca en 1968 en la primera imagen
cortesía de: http://sobrehistoria.com/tlatelolco-matanza-estudiantil-en-mexico-68/
y en la parte de abajo, vemos una de las marchas en Oaxaca contra Ayotzinapa en 2014
cortesía de: http://www.seccion22.org.mx/2014/10/02/seccion-xxii-marcha-en-repudio-a-la-represion-y-masacre-de-estudiantes-del-2-de-octubre-de-1968-en-tlatelolco/
Demostrar para el derecho de ser estudiante provoca respuestas de fuerza bruta en ambos países. Los cofres del estado en ambos lugares vienen del mismo bolsillo.[v] Es hora de asumir la complicidad del estado neoliberal patriarcal eurocentrado y defensor de la supremacía de la raza blanca que crea la violencia en ambos países. En México ser estudiante, ser mujer, ser campesino, es peligrosísimo. Y no soy el único en decir que este tiempo serpentino nos demuestra la interseccionalidad de estos eventos y nuestras historias. Ver la profundidad histórica de las intersecciones de estas luchas, es crucial. Las escuelas normales rurales insisten en un sistema educativo basado en proyectos de vida y gente afro-americana estamos exigiendo que nos traten como seres humanos, lo cual nunca ha sucedido como algo normalizado ni en los eeuu ni en México. Pero en México, matan afro-mexicanos por extrema marginalización al decir que no existen o que se han borrado por el proyecto de la raza cósmica y en los estados unidos, los matan adentro de las leyes con pistola o estragulación en pleno día. Entonces, quiero exigir que este momento histórico sea un momento pedagógico no sólo al ver la temporalidad de la historia como serpentine, sino también de ver cómo venimos caminando juntxs y cómo tenemos que seguir caminando juntxs:
imagen cortesía de: (http://www.easterwood.org/hmmn/2007/09/sponsored-by-nike-and-nikon-where-the-power-lies/
Para lxs que no conocen esta imagen, son dos atletas afro-americanos, Tommie Smith y John Carlos, durante la ceremonia de medallas de las Olimpiadas del verano de 1968. El puño en el aire, boca abajo, es en señal del poder negro estadounidense. En 1968, los estados unidos estaba en medio de un fuego de derechos civiles y habia sucedido la matanza de Tlatelolco. Tlatelolco sucedió 10 días antes del principio de estos Juegos Olímpicos. En una entrevista, Tommie Smith dijo que este momento no sólo fue un gesto del poder negro, sino de “derechos humanos” en protesta a la situación actual. Pausando en este evento, aquí viene mi llamada: quiero que pausemos un momento y, simbólicamente, reto a la población estadounidense y mexicana a dejar de separar estos momentos y estas luchas. Es hora de poner los puños en el aire en los dos lados de la frontera. En esta última imagen, estudiantes afro-americanos de medicina reapropian el lema mexicano que ha circulado sobre Ayotzinapa “Quisieron enterrarnos, pero no sabían que éramos semilla/They tried to burry us but they didn’t know we were seeds” pero en lugar de demostrar solidaridad para México (aunque es implícito por el uso de la frase) están nombrando su lugar como estudiantes de medicina en una de las universidades más reconocidas del mundo (Harvard) mientras que la policía mata personas con su aparencia física de una manera naturalizada. Quiero señalar también que en la imagen anterior de la marcha para Ayotzinapa en Oaxaca en 2014, los puños están en el aire.
Imagen cortesía de twitter
Pero, de acuerdo a los eventos mundiales que nos tocan vivir ahora, especialmente en México y los estados unidos, donde están matando a mi gente por ser negra, por ser estudiante, por ser Latina/o, yo me aferro aún más a mi negritud. Ante los hechos, me siento completmante deshecho. Como me ha señaladao una amiga poeta/artivista/académica de Trinidad, Angelique V. Nixon, “Mi rabia es memoria genética, alimentada por el conocimiento diario y de ver todas las maneras en que nuestras vidas están en riesgo.” Y para continuar esta línea de pensamiento, como dijo Stacey Ann Chin, “Es hora de que pongamos nuestros cuerpos donde nuestras bocas siempre han estado.” En este ensayo corto, es imposible dibujar la interseccionalidad perfecta que estos momentos históricos nos están señalando, pero es muy posible afferarnos a los hechos. Fue una experiencia conmovedora estar en Oventic con lxs compas Zapatistas para el 31 de diciembre de 2014.[vi] E increíble escuchar a varios familiares de Ayotzinapa hablando al lado de Subcomandante Moisés en un momento histórico solidario. Pasar un año nuevo no siempre se trata de brindar y emborrachar en fiesta total. A veces es el absoluto silencio y solidaridad en lucha mientras que reflexionemos en la continuidad del tiempo. Lo que hizo falta en Oventic, fue la presencia de la población Afro-mexicana. El olvido y el aislamiento también mata. Es hora de dar un paso enorme a las luchas fenomenales de las poblaciones Afros de México, en voz altítisma.[vii] Es esencial reconocer que, en una protesta contra Ayotzinapa, si los puños están en el aire, afro-americanos de toda parte del continente estan implicados y presentes. Es hora, ante la violencia impune estatal, de levantar los puños en poder negro y intersectar las luchas. Es más que hora para solidaridad entre afrodescendientes de diferentes partes de este Norteamérica de juntar fuerzas en lucha. Es hora. Levántense los puños conmigo compañerxs. Es hora de construir un nuevo movimiento.
[ii] Desarollo mi idea del tiempo serpentino desde el texto de la Dra. Catherine Walsh en su Introducción al libro Pedagogías Decoloniales, “Lo Pedagógico y lo Decolonial: Entretejiendo Caminos” (2014).