Por Amauta García
Autor: admin
Hombres cabales. Entrevista con Martín de la Cruz López Moya.
por Ivelin Meza
El estudio de las masculinidades en México es todavía un tema por demás ausente en la información cotidiana sobre género. En el Distrito Federal, por ejemplo, las políticas que promueven el respeto y la igualdad devienen, las más de las veces, en parches que fomentan la victimización y criminalización que dicen mejorar la convivencia social, pero perpetúan las divisiones. De ahí la importancia del trabajo de Martín de la Cruz López Moya, a quien busqué cuando supe la existencia de su libro “Hacerse hombres cabales: masculinidad entre tojolabales”.
Un intercambio de correos valió para que aceptara ser entrevistado vía internet, ya que reside en Chiapas. Sencillo y de voz agradable, tuvimos una charla breve y amena.
“Esta investigación comenzó alrededor de 1997 a raíz de un programa de salud reproductiva —tema en esos momentos de moda— en la región tojolabal1. En este programa me percaté que el tener hijos era un acontecimiento de gran relevancia para las comunidades. A pesar ello, se me hizo peculiar que cuando había dificultades en la concepción, todo el conocimiento médico local se vertía hacia la tarea de restablecer la fecundidad de la mujer, asumiendo el problema como propio de ella y obviando la posibilidad de infertilidad en el varón. Pero, además, otra particularidad dentro de este contexto era el precio de los nacimientos: cuando nacía un niño, el coste de la partera era más elevado que cuando nacía una niña”.
En el contexto en que trabajó Martín de la Cruz -las comunidades de Las Cañadas, Las Margaritas y Comitán, en Chiapas-, el hombre cabal es definido por las representaciones de su cuerpo y pensamiento. Por un lado, el cuerpo debe estar completo y pleno en sus funciones: tener una dinámica heterosexual, ser capaz de procrear y ser consecuente en las prácticas de vida cotidiana, como el matrimonio: “Es una prescripción, un acuerdo social que un hombre debe casarse (buscar a la mujer, cortejarle y hacerla su esposa), lo cual no difiere en mucho en otros contextos culturales, urbanos y en otras sociedades”.
Por otro lado, su pensamiento debe ser cabal: “representar a su familia, mediar ante la sociedad (desde el médico y las autoridades hasta el cura, por lo cual tiene que hablar fluidamente español) y tener la capacidad de mando, pues es la autoridad”.
No obstante, hace énfasis en que ese hombre cabal, siempre está en construcción:“Nunca está determinado y por eso es preciso especificar que mi estudio sobre las masculinidades se construyó a partir del registro etnográfico y observación de campos de interacción, para evitar reproducirlo como estereotipo de las comunidades campesinas o tojolabales. Lo conveniente es mostrar que en ese campo de relaciones analizadas se construye un modelo de representación dominante de masculinidad porque es la que da contenido y forma a las relaciones cotidianas, pero no debe verse como la única. Hay marcos más amplios que delimitan la hombría o virilidad, inscritos en los propios ámbitos religiosos, en los medios de comunicación, la escuela, la iglesia, el trabajo, en los cuales negocian y se inscriben modelos dominantes de masculinidad más generales”.
Es precisamente por eso que el maestro Martín de la Cruz hace énfasis en la necesidad de que su trabajo sea visto desde el orden antropológico, ya que no busca decir verdades sino “aproximarse a un fenómeno, es interpretativo y de carácter etnográfico”. Pero además ve la masculinidad como un proceso relacional que se construye con el trato cotidiano, multidimensional ya que varios campos convergen para construir sus modelos, —como el religioso, el económico, laboral, las relaciones de pareja, etcétera —, histórico pues cambia de sociedad en sociedad, de generación en generación, de lugar en lugar, —incluso en la trayectoria de vida de las personas—, y situacional, pues se activan maneras de relacionarse de acuerdo a los contextos en que se encuentran.
En este sentido, la especificidad de la definición tojolabal, es meramente una forma de ubicar su investigación:“No hablo de indígenas sino de tojolabales pues los indígenas no son un todo homogéneo, tienen distintas calidades y modos de vida, diferentes costumbres, incluso dependiendo de sus inclinaciones religiosas o políticas. Los estudios de género deben hacerse respetando las particularidades para, por ejemplo, crear políticas públicas congruentes con las diversidades y contextos sin pretender definir un estereotipo dentro de la comunidad.
Es necesario ponderar la diversidad humana, superar la categoría del hombre o indígena o mujer, ya que es una expectativa social y exigencia incluso de las propias mujeres, quienes participan de las formas de dominación masculina. En las comunidades mismas, las suegras, abuelas, parteras tienen más jerarquía, asumen relaciones de poder que se construyen por exigencias sociales.
Hay un imaginario colectivo que construye modelos de representación de los cuales todos participamos, aunque las mujeres sean las más vulneradas. Por ejemplo, en cuanto a los tojolabales, hay situaciones que ponen en prueba al hombre cabal. El jokwanel (rapto) exige al hombre robarse a la mujer violentamente para hacerla su esposa. Sin embargo, muchas de las veces es un rapto negociado, simulado, a veces porque las formas tradicionales católicas de contraer matrimonio son lentas y costosas, o no hay forma de pagar una dote, por lo cual se actúa el acontecimiento. En este proceso, las mujeres cercanas pueden colaborar al rapto (amigas, hermanas, la madre), ya que es una imposición social de la comunidad aunque pueda resultar en algo precario y vergonzoso para el hombre si, por ejemplo, la mujer es más fuerte que él y se defiende”.
Y habla sobre la importancia de las masculinidades: “El tema de las masculinidades es relevante porque hay que tomar en cuenta que el género es una construcción cultural, independientemente de si se es hombre o mujer. Es un campo de conocimiento que se tiene que trabajar porque se da mucho por sentado, tanto desde el punto de vista de la investigación social, como del sentido común en las relaciones cotidianas. Muchas veces se consideran las diferencias como si fueran asuntos naturales, lo cual invisibiliza modos de vida en los cuales puede haber mucha violencia tanto para hombres como para mujeres.
Hace falta ver a las personas como personas, ponderar la condición humana, independientemente de que sean indígenas, hombre o mujeres, lo cual nos ayudaría a romper con estereotipos. No es lo mismo ver a alguien como indígena/mujer, que como persona, como seres humanos que sufren, gozan, ríen.
El ejemplo del libro sirve para cuestionar estas maneras dominantes que existen en cualquier contexto porque esto del hombre cabal se puede traspolar a otros lugares, no tanto con ese adjetivo pero sí como modelos dominantes del ser hombre. Existe una gran necesidad de trabajar en estos campos desde una posición menos desideologizada, por ejemplo, como dice Chandra Mohanti, el feminismo occidental ha querido ver a las mujeres del tercer mundo como un grupo homogéneo, cerrado y sin historia. Si nosotros seguimos con este esquema, solamente reproducimos un mismo discurso y creamos unos estereotipos de victimización.
Me parece que el estudio de las masculinidades debe desarrollarse tomando en cuenta la diversidad de las personas, concretamente, porque es bien fácil dirigir políticas desde esquemas muy generalizantes. Hay que analizar y ver que tanto la categoría de hombre como el de mujer siempre van a estar en proceso y que van a haber muchas maneras de ser. Hay que dejar de clasificarnos simplemente como hombres y mujeres pues es como reducirnos a esos grandes grupos e ignorar que cada persona es muy particular”.
Casi al terminar la charla, Martín de la Cruz me reitera la necesidad de que su trabajo se vea ajeno a los estereotipos con que a veces nos acercamos a los hablantes de lenguas indígenas, inclusive por la forma metodológica de su elaboración “replicable a cualquier sociedad”. Aclarado lo anterior, pregunto si tiene algún otro proyecto en puerta relacionado con los estudios de género.
“Sí varios, aunque últimamente he tenido otros temas de trabajo. He migrado de las masculinidades a la antropología de la música, por lo que he estado viendo la conexión entre masculinidad, música y sexualidad: cómo se construye la subjetividad masculina y la sexualidad a partir de ciertos gustos musicales”.
Así que, mientras espero su próxima investigación, les recomiendo que lean la reseña de su libro, publicada aquí mismo.
1Etnia que habita en la zona centro oriental del estado Chiapas, México
[box type=»shadow» align=»aligncenter» ]Martín de la Cruz López Moya es sociólogo y maestro en antropología social por el Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social, con estudios de doctorado en el área de Comunicación y Política de la Universidad Autónoma Metropolitana.
Desde el año dos mil se desempeña como investigador y profesor de posgrado en el Centro de Estudios Superiores de México y Centroamérica de la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas (CESMECA-UNICACH). Participa en el cuerpo académico “Sociedad y Cultura en Fronteras” en la Línea de Investigación “Globalización y Culturas Urbanas”. Cuenta con el reconocimiento como Investigador Científico Nivel II por el Sistema Estatal de Investigadores en Chiapas.
Entre sus publicaciones destaca el libro: “Hacerse hombres cabales. Masculinidad entre tojolabales”, editado por el CIESAS y la UNICACH y varios artículos y capítulos de libro donde aborda, desde una perspectiva antropológica, las expresiones de la música popular en Chiapas; publicados en revistas y libros arbitrados, de manera individual o en coautoría. Actualmente coordina el proyecto de investigación colectivo “Consumo Cultural e Imaginarios Urbanos en el Sur de México y Centroamérica”.
Contacto: martindelacruzl@yahoo.com.mx [/box]
Sin pelos no hay paraíso
por Oscar Mondragón
—Me encanta que seas tan varonil, el vello de tu pecho… me gusta que no te lo recortas; ése es un hombre. —Me lo dijo mientras seguíamos acostados mirando el techo. Era ese momento de reflexión que a veces le sigue a una buena sesión de sexo; ¿En serio? ¿Así es un hombre? Me lo pregunté realmente, como muchas otras cosas que me he preguntado acerca de ser hombre, no es que antes no hubiera pensado al respecto, es más bien que escucharlo de su boca le daba un peso distinto.
Efectivamente soy un hombre peludo, lo he sido desde hace ya bastante tiempo. El vello de mis antebrazos ha estado ahí desde la primaria, una capa abundante de un vello muy delgado pero siempre obscuro; es a la familia de mi madre a quien parece que debo este rasgo, específicamente mi abuelo ostentaba unos antebrazos que durante mucho tiempo consideré los más velludos del mundo.
Justo durante la primaria y una década después mi impresión era que los hombres peludos eran más bien una rareza y hasta pensaba que enfrentaría rechazo por ser como soy. Recuerdo muy bien que dos señales definitivas fueron darme cuenta que ningún Ken y nadie en Salvados por la campana, Beverly Hills 90210 o Dawson’s Creek tenía vello en el pecho, por lo menos ninguno de los personajes principales. Al crecer y estrenar mi mirada en el mundo del porno descubrí con pesar la misma circunstancia, ahí incluso era peor ¡Estos tipos no tenían pelo ni en las bolas!
El vello de mi pecho, referenciado en las primeras líneas, comenzó a aparecer a los dieciséis años en la forma de una segunda aureola rodeando mis pezones y creciendo hacia el centro hasta cubrirlo finalmente alrededor de los veintiuno.
He aprendido a apreciarlo a través de los años y he pasado incluso a sentirme orgulloso de mi peluda anatomía, vino entonces otro momento de duda y cuestionamiento, ya que la imagen mainstream de lo masculino se ha visto interferida desde hace algunos años por personajes tan diversos como Ari Telch, el peludo galán de la telenovela Mirada de mujer y la figura del metrosexual años después. Así, puedo ver que ahora conviven varias imágenes de cómo luce un hombre de verdad, según un par de amigos esto ha llegado al extremo de transformarse en una velludocracia que privilegia nuevamente a los hombres velludos. Creo que esto tiene que ver más con que las barbas se han puesto de moda a últimas fechas.
El más preciado elemento piloso para mí siempre ha sido la barba. La barba representa un triunfo, es la culminación del paso por las edades y el símbolo de madurez por excelencia, sin embargo, hay otros aspectos más obscuros de ese fetiche con las barbas.
Desde la adolescencia el signo inconfundible del intelectual, el disidente, hippie o comunista, doctorante o crítico de arte, filósofo o activista, da lo mismo; el punto es que me dejé hundir en una mentira tan profunda que aún ahora me la creo: los hombres barbados son más interesantes. ¡Y vaya que se me ha decepcionado!
Pero qué hay de quienes no tienen, ni tendrán barba o vello corporal? Más de un amigo me ha hecho notar la polaridad de la situación, además de lo contundente del mandato de esa nueva velludocracia y he podido hacerme una opinión más clara respecto a la oposición peludos/lampiños.
Disfruto mucho ser peludo, pero me causa mucho conflicto que esa siga pareciendo una señal inegable de la masculinidad del macho alfa, sobre todo después de las confusiones y los cuestionamientos a los que me ha llevado mi encuentro con el feminismo. Es justo a través del feminismo que he logrado nombrar muchas de mis incomodidades en el ser hombre tradicional y la mayor parte tiene que ver con las imposiciones y las normas inflexibles. Para mí ser peludo es cómodo en cuanto a una característica propia sin que eso me obligue a ser necesariamente un hombre de verdad y el ser lampiño me parece muy bien en tanto que no sea el mandato de cierto modelo de lo masculino, lo atractivo o incluso lo limpio y me imagino que la percepción de por lo menos varios amigos coincide en este punto.
Nadie está obligado a ser de tal o cual forma para confirmar lo que se espera de su género (en caso de identificarse dentro de alguna de las acartonadas cajas de hombre o mujer) y yo seguiré sintiéndome a gusto con mi recubrimiento mientras no se me exija jugar ese papel que considero tan obsoleto: el del macho bigotón.
Hacerse Hombres Cabales. Masculinidad entre Tojolabales
Guillermo Núñez Noriega
[box type=»shadow» align=»left» size=»200px» ]Hacerse hombres cabales.
Masculinidad entre tojolabales
CIESAS-UNICACH
2010, 132 pp.[/box]
Este libro es un claro ejemplo del movimiento académico relacionado con los estudios de género sobre los varones y las masculinidades desarrollados recientemente en México. Su autor, el antropólogo Martín de la Cruz López Moya es investigador del Centro de Estudios Superiores de México y Centroamérica de la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas.
“Al estudiar las prácticas y representaciones del ser hombre y la masculinidad en una sociedad indígena mexicana, a través de la práctica cotidiana, la palabra coloquial, la interacción en el flujo de la vida diaria, Martín de la Cruz, abre un nuevo campo temático hasta ahora inexplorado en este país”, escribe en el prólogo de este libro, el académico mexicano Guillermo Núñez Noriega, ex presidente de la Academia Mexicana de Estudios de Género de los Hombres.
La imagen que nos presenta el autor sobre los hombres tojolabales y sus prácticas y representaciones de género no difiere en lo sustancial de lo que ocurre en otras sociedades de dominación masculina como la sociedad mestiza mexicana. Através de un recorrido etnográfico por los diversos escenarios de la vida tojolabal, el autor describe las diversas prácticas e instituciones que sirven como marco de distinción genérica, a través de los cuales se produce una representación simbólicamente dominante de masculinidad: hacerse hombre cabal.
Un acierto teórico-metodológico fue intentar una mirada abarcadora, comprensiva de la producción de las identidades masculinas en el flujo de la vida diaria. El autor no se limita a estudiar un solo aspecto, sea la reproducción o la sexualidad, sino que además estudia la masculinidad en el trabajo agrícola, en la organización social y política, en la vida religiosa, en la familia, en la presentación diaria ante los otros, en el aprendizaje del español, en la decisión de migrar.
De esta decisión surge una las principales aportaciones del texto: el autor nos recuerda y nos demuestra que los procesos de construcción de la identidad genérica, masculina o femenina —o disidente de ambas hay que agregar— son procesos consustanciales de la vida social y viceversa, que los procesos centrales de la vida social son siempre procesos articulados con prácticas, identidades y relaciones de género, con profundas implicaciones en las posibilidades de desarrollo —inequitativo— entre hombres y mujeres.
Para el autor de Hacerse hombres cabales. Masculinidad entre tojolabales, el estudio del género de los varones, adquiere pertinencia académica, política y social. La comprensión de estos fenómenos debe preceder cualquier política pública orientada al cuestionamiento de las relaciones de poder entre los géneros
[box type=»shadow» align=»aligncenter» ]Guillermo Núñez Noriega es investigador del Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo, A.C. y Presidente de la Academia Mexicana de Estudios de Género de los Hombres, A.C. Entre sus publicaciones se encuentran: Sexo entre varones. Poder y Resistencia en el Campo Sexual (1999) y Masculinidad e intimidad: identidad, sexualidad y Sida, ambos libros publicados por la editorial Miguel Ángel Porrúa, el Colegio de Sonora y el Programa de Estudios de Género de la Universidad Nacional Autónoma de México. [/box]
[checklist][/checklist]Puedes encontrar el libro en:
Centro de Investigaciones y Estudios Superiores de Antropología Social, Librería Guillermo Bonfil Batalla
Tel. (+52 55) 56 55 00 47, ventas@ciesas.edu.mx
Y en las librerías:
http://www.ciesas.edu.mx/Publicaciones/p_ventas.htm
El hombre ideal en el cine
(o al menos, el que un grupo de directores considera como tal)
por Gerardo Cedillo
Volumen 1
A diario, cruzamos miradas con personas que no conocemos, las cuales llaman nuestra atención por un centenar de razones triviales y absurdas; sin embargo, hay momentos en que esas razones son: una nalga bien parada, una pierna marcada y peluda que se pavonea en un short deportivo, un maravilloso bulto que se hace presente gracias a unos pantalones ajustados, un par de brazos y pectorales marcados, y un rosto varonil y atractivo. Aceptémoslo, somos unos voyeristas natos. Si nuestra mirada fuera una cámara de cine, tendríamos millones de cintas de un género que creo, solo existe en nuestro país: drama/erótico/romántico/fantástico/de terror.
A filmmaker is like a peeping Tom, a voyeur…–Los soñadores, de Bernardo Bertolucci.
En otras ocasiones, y me temo que son mínimas, una secuencia de acciones y palabras excepcionales captan nuestra atención, haciéndonos suspirar e imaginar una serie de situaciones cursis y, en algunos casos, ridículas. Pero, ¿se han preguntado el por qué esas cualidades captan su atención, y activan su deseo? ¿Qué hace que una persona con esos rasgos o comportamiento sea tan especial? ¿Qué lo hace o convierte en un ser perfecto? ¿Existe eso? En esta sección reseñaré una serie de películas de distintos géneros y formatos que constituyen un imaginario entorno al hombre y los dotes que lo hacen un ser perfecto.
Capítulo 1. La sra. y el sr. Perfección
¿Cómo es un humano perfecto? ¿Cuáles son sus rasgos? ¿Cómo viste? ¿Cómo actúa? Para los que jamás han visto uno, el director danés Jørgen Let, muestra a un par de estos ejemplares (o por lo menos lo que él consideraba que en 1967 era ser perfecto), en esta pequeña obra cinematográfica.
El corto, grabado en blanco y negro muestra a una mujer y un hombre ejecutando movimientos sencillos y repetitivos; abstracciones de las capacidades motrices y comportamientos sociales de los humanos: moverse, tocar, hablar, comer, vestirse, etcétera. Ambos, permanecen en un espacio neutral, que los contiene y los libera de conceptos que definen la moral humana.
Estamos viendo al humano perfecto funcionando, estamos viendo al humano perfecto funcionando…Así luce una oreja, y así un par de rodillas. Aquí un pie, aquí un ojo, mira el ojo de este humano.
A cada movimiento le acompaña la voz del director, quien describe de manera analítica, con un tono inexpresivo, casi mecánico, la complejidad de la vida humana que se manifiesta en la interacción de éstos, con objetos cotidianos, y con palabras profundas que esbozan emociones.
Hoy, también, experimenté algo, espero entenderlo en unos días.
De forma gradual, los humanos perfectos desarrollan una percepción y capacidad para establecer procesos de medición que le dan sentido a su realidad, así como notar diferencias en su entorno.
El resultado de este filme sorprendió a Lars von Trier, quien invitó en el 2000 a Jørgen Leth a realizar cinco versiones del corto, cada una realizada con una condición que von Trier imponía. El resultado fue un maravilloso experimento cinematográfico titulado: 5 condiciones, del cual hablaré en la siguiente entrega.
Les comparto unas imágenes del filme de Jørgen Let:
Chester5000XYV
Digamos que el hombre perfecto no es una idea inalcanzable, nada de debraye acerca de las virtudes subjetivas del ser y más acerca de las virtudes que este sea capaz de demostrar durante el empierne. El hombre perfecto podría entonces ser; hábil, tierno, fuerte, dedicado, divertido, con imaginación. Un robot.
Chester 5000 XYV retoma el estilo de las Tijuana Bibles (historietillas eróticas estadounidenses de principios de siglo) para desarrollar un triángulo amoroso en medio de la estricta moral de finales del siglo XIX. Pricilla y Robert están casados pero Robert se siente abrumado entre sus obligaciones como ingeniero/científico y marido. Pricilla es una heredera que gusta de disfrutar los placeres que la vida ofrece sin complicaciones. Para solucionar sus problemas maritales Robert crea a Chester5000XYV, un sofisticado robot que es justamente lo que Pricilla desea.
La primera parte del cómic (la historia de Pricilla, Chester y Robert) ya está terminada, impresa y a la venta; aunque la página sigue activa mientras Jess Fink desarrolla una historia previa a Chester5000XYV centrándose en la relación que tenía Robert con George e Isabelle. Fink ilustra escenas explícitas echando mano de perspectivas distorsionadas y de vez en cuando una composición poco convencional, dándole un toque muy naíf1 a los debacles sexuales de una mujer casada con su amante robótico.
Al final es una historia muy divertida salpicada de ternura y sexo muy explícito demostrando que lo porno no está peleado con lo divertido, además de darle un pequeño giro al tema: Científico se enamora de creación perfecta, también presenta una imagen bastante positiva de las heroínas de cada historia.
Jess Fink es la autora de Chester5000XYV, y tiene bajo el cinturón varios cómics ya sea por su cuenta o contenidos en antologías eróticas, aunque se luce con su colaboración al Smut peddler (ya saben que regalarle a su nerdperv favorit@) e ilustraciones para el New York Times y Threadless.
1 Naífes una clasificación del arte que a menudo se caracteriza por una sencillez infantil en su tema y técnica.
Participantes del #1
Participantes por orden alfabético:
[dropcap]A[/dropcap]lán Palma / “Lolo” (México D.F. 1985) 
Licenciado en Artes Visuales por la Escuela Nacional de Artes Plásticas. Ha participado en varias exposiciones colectivas en la Ciudad de México. Se desempeña en la docencia y el modelaje artístico, así como en proyectos de serigrafía y diseño corporativo.
[divider]
[dropcap]A[/dropcap]lex Xavier Aceves Bernal (1987) 
Artista Visual por la Escuela Nacional de Artes Plásticas. Su producción plástica se centra en el dibujo y la instalación. Asiste al artista Cai-Guo Qiang en la producción de la muestra “Resplandor y Soledad” y a Rirkrit Tiravanija dibujando para la pieza “100Years Pictorial history of World Revolution” ambos trabajos presentados en el MUAC. Ha participado en una docena de exposiciones colectivas. Sus ilustraciones han sido publicadas en diversos medios independientes.
http://alexnoalejandro.tumblr.com/
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[dropcap]A[/dropcap]njensen/ Luis Humberto Molina Márquez
Escritor, artista digital, fotógrafo y músico mexiquense (Toluca, 1979). Estudió la Licenciatura en Filosofía en la Universidad Autónoma del Estado de México. Actualmente publica el blog de arte digital “Anjesen – Arte Digital” y el blog de narrativa y poesía “Oso de Negra Felpa”, además forma parte de la banda de rock/poesía D.D.T.
Página principal: http://anjesen.blogspot.mx/
Twitter: @Anjesen
Facebook: luishumberto.molinarmarquez
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[dropcap]A[/dropcap]mauta García (México, 1984)

Artista visual egresada de la Escuela Nacional de Artes Plásticas, UNAM, maestra en Ciencias y Artes para el Diseño de la UAM Xochimilco, becaria de CONACYT, ha colaborado en varias intervenciones públicas en la Ciudad de México y participado en diversas exposiciones colectivas a nivel nacional e internacional, su obra ha sido publicada en catálogos como Selección de Artistas Emergentes, Mart.
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[dropcap]C[/dropcap]etuss (Génova, Suiza)
También conocido como Petter Viasselfebb y Baptiste Lefevre. Es editor de la revista de arte www.make8elieve.com
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[dropcap]C[/dropcap]ristopher Garnica (México D.F. 1984)

Suguelo en su blog: http://divinageliofobia.
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[dropcap]E[/dropcap]ldi Dundeen (E.U.A.) 
Sus preocupaciones artísticas actuales giran en torno al habitar un cuerpo de mujer, nociones de feminismo y antifeminismo, interpretaciones sobre la belleza y la violencia en la cultura occidental.


Egresó de la licenciatura en Lengua y literatura hispanoamericanas de la Universidad Autónoma de Chiapas (Unach). Escribe principalmente poesía, pero ha realizado algunos trabajos ensayísticos, algunos cuentos y también unas cuantas reseñas bibliográficas; sus publicaciones se limitan, por convicción, a la divulgación en periódicos de circulación estatal (allá, en su natal Chiapas), salvo las traducciones de dos de sus poemas al portugués que fueron incluidos en la revista de Letras de la PUC, en Brasil, en 2010.

[dropcap]R[/dropcap]eilita
Apareció un día, sin padre ni madre y sigue aquí. Mujer, pagana, artista, madre y creativa desempleada.
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[dropcap]O[/dropcap]scar Mondragón
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[dropcap]P[/dropcap]ola RG (México DF, 1986)

Fotógrafa egresada de la ENAP, ha trabajado para el Centro Cultural Helénico y forma parte de la casa productora «Estudio 42». Fue directora de fotografía y arte en: «Tres hilos para bordar» corto ganador del reto DocsDF en el año 2010. Su trabajo como fotógrafa se ha usado como portada para la antología de teatro de Tierra Adentro, así como del libro «El amor en cada esquina».
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[dropcap]R[/dropcap]ocío Askins

Fotógrafa y diseñadora web residente en el Distrito Federal. Licenciada en Lenguajes Audiovisuales por la Universidad Autónoma de Nuevo León. Máster en Fotografía Digital por la Escuela Europea para la Comunicación y las Artes Visuales en Alicante, España.
http://www.rocioaskins.com/index.html
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[dropcap]S[/dropcap]ALCON

Artista mexicana egresada de la ENAP/UNAM. Le gusta el cine —gore, noir y muy dramático—, la música electrónica y los animales. Ha colaborado en otras publicaciones con trabajos de collage digital y reseñas sobre arte público.
Blog: http://ñaquemx.blogspot.mx/
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[dropcap]S[/dropcap]ibilademente /Laura García (México D.F. 1973) 
Artista intermedia, que explora nuevos territorios de prácticas artísticas, se desplaza de entre zonas consideradas como estancas de la literatura, la música, la performance, la instalación, el video entre otras.
Actualmente continúa con prácticas de investigación muy cercanas a la antropología visual y la arqueología mediática, con ejes transversales de género, biopolíticas y espacio público en una noción decididamente intermedia.
http://proyectopneuma.blogspot.mx/
http://projectnomada.blogspot.mx/
http://lauragarciahernandez.blogspot.mx/
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Editorial #0 «En el principio…»

Hysteria! es una revista independiente que explora las políticas de representación del cuerpo desde la perspectiva del arte y la búsqueda del placer entendidos como espacios políticos; es una publicación de cultura y sexualidad dirigida a personas interesadas en el desnudo masculino como objeto del deseo desapegadas a la heteronormatividad y procura formas de representación que cuestionan los roles tradicionales del cuerpo deseado y sus clichés; aboga por el respeto a la diversidad de identidades sexuales y tipos de cuerpo existentes.Hysteria! pretende ser una fuente de recursos prácticos, teóricos y estéticos para fomentar una cultura erótica crítica, diversa y satisfactoria.
La imagen del hombre como ser sensual y deseable está subrepresentada frente a la imagen femenina que los medios masivos explotan permanentemente. Por lo anterior, a partir del desnudo masculino, Hysteria! intenta cambiar, visibilizar e integrar cuerpos y prácticas a lo cotidiano.
Los cuerpos y sus humedades son espacios para la construcción de otros discursos corporales posibles. En el contexto mexicano donde la violencia, feminicidios, crímenes de odio y violaciones son temas tristemente cotidianos, una política radical es que desde el gozo y el baile se lucha, desde las camas y los sexos politizados. En el #0, Hysteria! lanza la primera piedra y espera hallar muchxs más cómplices en el camino
El comprender que el género es una violencia en sí misma, el aprender que existen más de dos sexos, que el hablar de sexualidad y deseo amplía la perspectiva de construir identidad son algunas de las motivaciones que tiene Hysteria! como proyecto.
La compilación del #0 En el principio… ha sido un proceso caótico y atropellado, que ha forzado replantear una y otra vez la postura política frente a la sexualidad a la vez que incursiona sobre la marcha en caminos que son desconocidos, pero que se vislumbran prometedores, y como en toda primera vez llena de angustia, mariposas en el estómago y felicidad. Todo de golpe.
Todas las historias tienen un principio, y siempre hay una primera vez para todo. Hysteria! Revista empezó por aquí. BIENVENIDXS!
Agradecemos a quienes creyeron en Hysteria y que generosamente han aportado su tiempo y su talento para hacer de este número una realidad.
De primeras veces
Por: Señorita Pimienta
Pensar en primeras veces puede ser muy ambiguo dado que cada experiencia ocurre en sí misma. He llegado a esta conclusión. Sin embargo, a los 10 y tantos años muchas cosas le pasan a uno por primera vez porque, en efecto, situaciones de la misma naturaleza se presentan a lo largo de la vida (en este caso, en el mejor de los casos).
Desde edades tempranas se ofrece información a los adolescentes y pubertos que necesitarán saber para su «primera vez», y de ahí en adelante. Condones, menstruación, embarazo, ovulación, erecciones, orgasmos, vaginas, pezones, penes, vulvas, pelos y anexos. Pero, ¿de qué está hecho el deseo? ¿Qué es lo que mueve a nuestro cuerpo hacia ese territorio tan desconocido que es el cuerpo del otro? Me pregunto acerca del otro, de los otros, de los hombres. ¿Es su pene lo que tanto nos fascina? ¿Sus erecciones son de tal naturaleza que nos enloquecen y atraen como la miel a las hormigas? Puede ser. Pero vayamos un paso antes. Con la ropa puesta (aunque ya con erecciones, si gustan).
La primera vez que vi un pene en vivo y en directo, tendría unos 16 años. Decidí tomar un taller de dibujo. En el póster que anunciaba el taller, aparecía una acuarela de un cuerpo femenino desnudo. Yo estaba al tanto de que dibujaría gente desnuda, una chica, quizá. Nada que no hubiera visto antes. Pero tomé mi lugar, saqué mis materiales y esperé. No había modelo a quién dibujar. Tras unos 5 minutos de espera apareció un hombre cuyo rostro no recuerdo. Me imagino que no lo recuerdo porque no era importante, ni imprescindible. Es más, ni siquiera necesitaba verlo, mucho menos recordarlo. Mi recuerdo empieza cuando levanté mi cabeza y de pronto, frente a mí, había un hombre desnudo. Era un hombre que pasaba de los veintitantos, eso sí lo recuerdo. Creo que eso me impresionó. Pero más allá de cualquier cosa, lo que recuerdo es la sangre subiendo a mi cara y a mi cabeza. Sentí muchísimo calor y un poco de miedo al ver su cuerpo moreno desnudo, de pie frente a mi caballete sin pudor alguno. Todo ese calor, todo ese bochorno y rubor no fueron provocados por más que por la sorpresa. Al cabo de 10 minutos el calor y el color de mi cara fueron disminuyendo y me encontré observando los bordes y volúmenes de su cuerpo sin pena alguna. Sí. A mis 16 años no había visto el pene de nadie, el cuerpo desnudo de ningún hombre.
En ese entonces, estaba en la preparatoria. Yo juraba estar enamorada de un chico con quien salía, aunque realmente lo que sentía por él ahora no le pondría el mismo nombre, pero el tipo me fascinaba, me provocaba unas sensaciones abrumadoras sólo con mirarme como me miraba. Para ese entonces, ya habíamos compartido bastante saliva, abrazos, y ligeros toqueteos (y otros no tan ligeros) de la cintura para arriba. Nada más.
Nuestros amigos estaban planeando un viaje al rancho de uno de ellos. Íbamos pocas chicas, y algunos chicos. Iba él e iba yo. En la escena aparecemos él y yo en una hamaca, afuera de la casa. Mucho viento, mucho pasto, mucho cielo alrededor y poca luz, pues se estaba haciendo de noche; nuestros amigos algunos al lado y otros frente a nosotros, platicando de cualquier cosa. Estábamos tapados desde los pies hasta los hombros y nuestros cuerpos tan cerca que casi estaba uno encima del otro. De pronto, su mano se acercó a mi muslo. Lo acarició repetidas veces hasta que sentí su mano entre mis piernas. Fue como si todos los sonidos y las luces que nos rodeaban se hubieran fundido en una sola cosa, sorda y borrosa. Empecé a temblar. Era un temblor que se concentraba en mis piernas, pero corría desde los dedos de mis pies hasta mis orejas De pronto caí en cuenta de que mi mano estaba recargada en su muslo. Decidí moverme hasta tocar lo que había más arriba. Estaba tocando eso que yo había sentido con mi pelvis cuando nos besábamos, esa tumescencia que de pronto crecía cuando estaba cerca de mi cuerpo. Me pareció sentirlo mucho más grande de lo que había imaginado. Y lo acaricié hasta que la sensación de calor, temblor, tensión y voluptuosidad fue tal que no supe qué más hacer y tuve que fingir que me estaba quedando dormida. Sí, como no. Dormida.
Conversación con Fershow Escárcega en relación con su serie No Anastilosis.
Por: César González Aguirre
El siguiente texto está construido a partir de una plática con el autor, se encuentra organizado a partir de sus respuestas e incluye solo algunos títulos, a manera de indicadores.
Reconstruir lo existente…
Considero a la fotografía como una posibilidad de contar microhistorias, de gritar sin que nadie me vea. La serie No Anastilosis es mi primer acercamiento al retrato masculino. Es importante decirlo porque casi todas mis fotos retratan a mujeres, pues la química entre ellas y la cámara es inigualable. Con esta serie, re-ocupo espacios urbanos, para lo cual me involucré con cinco diferentes personalidades, eligiendo al final solo cuatro para llevar a cabo el proyecto.
Sobre el proceso…
La serie es del 2010, año en el que estudiaba los primeros semestres de la licenciatura en Arte y Patrimonio Cultural. Recuerdo el día en el que nos hablaron de la anastilosis como un método de restauración en la pintura, el cual utiliza solo elementos apropiados y originales a la obra por intervenir; fue en ese momento cuando reflexioné desde un momento que estaba viviendo, que era cercano a mí: la imagen que se tiene del hombre en la ciudad.
¿Patrimonio?…
El patrimonio es algo subjetivo, siendo tangible o intangible, puede ser registrado y no por eso, necesariamente conservado. Considero al registro fotográfico como una huella de un suceso con trascendencia, es por eso que creo tanto en la foto, ya que me permite inmortalizar y registrar una mirada personal.
Contexto…
En ese entonces, mis amigos eran padres de familia, trabajaban para empresas grandes o tenían algún proyecto importante por venir, mientras que yo simplemente tenía mis ideas y dudas sobre la vida. De esta manera, y partiendo de que el machismo existe en mayúscula en México, consideré que también es cierto que no todos los hombres somos iguales y que finalmente, existe una fragilidad dentro de la masculinidad. ¿Qué ocurre con el hombre no exitoso, con el hombre frustrado, expuesto?… un ser frágil y con miedos presentes. Es por esto, que tomo la decisión de elegir cuatros escenarios con características similares para abordar tales preguntas. Una de las locaciones muestra a los cuerpos semidesnudos en la calle, mientras que otra, por ejemplo, ocupa lugares donde la saturación visual permite el camuflaje de los personajes con su entorno.
Sobre los retratados…
Los modelos de las fotos son amigos míos. No tengo hermanos ni primos ni nada por el estilo, así que la representación de la fragilidad que abordé en la serie, se relaciona con mis dudas sobre el cómo ser hombre en la ciudad. Como fotógrafo “a go go», puedo decir que cada serie es un autorretrato del momento que vivo. También, una característica en común que tienen todos los personajes, es que sus cuerpos fueron cubiertos de gel y de algún material frágil, durante la sesión de fotos. Así, en la serie se puede ver a un hombre cubierto con algunas lentejuelas sobre su cuerpo, ubicado en un deshuesadero a las orillas de la ciudad (en el kilómetro 26 de la carretera México – Texcoco). En otra de las fotos, se observa a un chico lleno de popotes en un camellón de la Avenida Zaragoza, el cual es usado para hacer ejercicio entre los vecinos y que para mí, representó un mini bosque perdido en una gran avenida. Otra de las fotografías fue tomada también sobre Zaragoza, en esta ocasión a la altura del Faro de Oriente: en uno de sus puentes circulares, lleno de propaganda política, musical y cultural. Para esta imagen, Luis Olaf fue el muso que se engrandeció para llenar el espacio con esas ganas que sentía de llegar lejos.
El deshuesadero…
Tiene lugar en un cementerio de grúas, lugar similar al «deber ser» masculino y que se muestra poderoso con respecto a ciertas formas de vida. También, las fotografías tomadas ahí, tienen la posibilidad de abordarse de manera poética a partir de la relación entre el modelo y el lugar, mostrando un abandono y una soledad dentro de aquella atmósfera. Parece que la sociedad mexicana y su machismo, solo valora a una masculinidad que busca tener esposa e hijos bajo el matrimonio, como si todo lo demás que se encuentra afuera de aquel modelo, fuera algo vago y sin futuro… En mi familia, lo masculino significa tener hijos. Por ejemplo, tengo quince tíos con sobrinos, lo cuales a su vez tiene hijos muy jóvenes; todos trabajan y se desarrollan en un contexto de machismo, violencia y abandono. Sin embargo, después de seis años de explorar la masculinidad, me doy cuenta de que cada uno se la inventa según su bagaje y experiencias. Durante el tiempo que hicimos la serie, los retratados y yo vivimos un sueño colectivo; después de seis años de chamba, recuerdo que en esas fotos todos teníamos entre 19 y 20 años… Cuando les conté a mis amigos que participaron en el proyecto, sobre el tema e interés de llevarlo a cabo, me mostraron su emoción y al mismo tiempo sus sueños y metas, fue entonces que compartimos y que nos ayudamos entre sí a manera de hermanos.
La serie No Anastilosis se presentó en Ciudad Universitaria, en Casa Hilvana y en las vitrinas del metro La Raza; actualmente forma parte de la Casa de la Juventud de Chicoloapan y se encuentra en exhibición dentro de sus salones.
[box type=»shadow» align=»aligncenter» ] Fershow Escárcega fue becario del FONCA en la categoría de Jóvenes Creadores durante el período 2011-2012. En el 2011 participó en la segunda temporada del programa ArteShock en TV-UNAM. En el año 2010 fue acreedor al Programa de Apoyo a la Producción e Investigación en Arte y Medios, Centro Multimedia, a través del Centro Nacional de las Artes. México, DF. Actualmente es estudiante de la Licenciatura en Arte y Patrimonio Cultural en la Universidad Autónoma de la Ciudad de México, UACM. [/box]










