Proletari-ano

Yosjuan Piña Narváez

-Me gustan los besos, el morreo y las pajas. Luego lo que surja. Llega puntual. Te agradezco discreción.

-Ok. voy en camino -le contesté- (Doble checking en whatsapps me generó angustia). Salí con miedo de casa, con cuter en la cartuchera junto a mis lápices de dibujo -Contrato sexual aceptado. Ya no había escapatoria.

– Hola – me dijo, con un tono de calma-  pasa. ¿Eres Latino, no?

-Soy de Sudamérica- contesté, sin querer dar detalles-.

– ¿De México o de Brasil? -insistía en geolocalizarme-.

No quise colocar en tela de juicio el escaner en su pupila que me clasificó de acuerdo al nivel de melanina en mi piel, rasgos fenotipos, pronunciación y acentuación del “castellano”. Daba igual qué lugar dijera y si correspondía con el lugar escrito en mi pasaporte o no.  Esa persona sólo quería un cuerpo foráneo, para satisfacer sus fetiches.  Más aún cuándo su gramática de racialización entró en sintonía con estereotipos burdos.

-¡Desnúdate y dúchate! . Me dijo.

-No podía ver bien su rostro. Había esa iluminación de escena romántica de bajo presupuesto. En la casa, un olor a incienso y su cuerpo hedía a muestras gratis de perfumes que dan en el Corte Inglés. Era working class, indudable. Subjetividad, blanca, europea, que paga por sexo. No hubo más palabras. Entré a la ducha y la persona que pagaba no quería más nada. Por ahora. Sólo ver. Encendió  la tele y subió el volumen. Escuchaba el noticiero de medio día. Escándalo en el Estado Español por las llamadas “Visas black”.

-Sal del baño, ven-  me dijo.

Fin del contrato sexual.

#BlackBitchLivesAlsoMatter

No podía pasar de 15 euros por los servicios. Esa era la tarifa más baja en el mercadeo de cuerpos. Comparé con otros servicios del precariado/precariano sudaka en Europa que pone el cuerpo para que otros cuerpos con privilegios consuman comida, gaseosas, marihuana, cocaína, o sexo.  La negra Fati, migrante, trabajaba en una cocina y ganaba 5 euros por hora, era la tarifa de lo que implica trabajar “en el negro”. Harold, otro amigo negro, migrante ganaba 5 euros la hora en esos famosos coffee shop. Obviamente también trabajaba “en el negro”.  Yo también acepté trabajar “en el negro”[1], al entrar en la llamada “guerra estética planetaria”:  mercadearme de acuerdo al índice de masa corporal, etnicidad y responder a cuestionarios anatomopolíticos de clientes obsesivxs con el cuerpo del “otherness racializadx” ¿Eres de la india o de Latinoamérica? ¿eres circuncindadx? ¿cuánto mide tu pene? ¿cuánto calzas? Es la lógica  enterprise de “mi propio yo”, de “mi propia” carne. Hablar de “propia carne”, es asumir la neoliberalización de este cuerpo que escribe, que se sumergió  en una especie de marketing barato de un narcisismo mal fotochopiado y 2.0. Con toda la lógica del heterocapitalismo, el homocapitalismo o el tan resistentemente blanco capitalismo queer.

La oferta de servicio: exotismo, esencialismos estratégicos y puristas. Metaperformatividad racializada, cisnormada o crossdress. Una producción de mí mismx a partir de la imagen fetichizada de lxs clientes. Es una gestión del “quién soy”, del cuerpo y de la subjetividad a partir de los deseos y fantasías de subjetividades amamantadas en el mundo blanco-colonial-europeo. Acepto mi poca destreza para gestionar la sexualización racializada del cuerpo que habito y cómo es leído: cuerpo “foráneo”. Para ellxs: un cuerpo más, que llegó a Europa a dar placer sexual a quien pague. La demanda: cuerpos blancos, con pasaporte de libre circulación en la euro-zona schengen, con aparente carencia afectiva y víctimas del contrato heterosexual monogámico y de los relatos de la pornografía: categoría interraciales. Entro en juego: Cuerpo-valor, cuerpo-función, cuerpo-gramática racial y cuerpo-mercancía-dinero. Ésta última, fórmula básica para al menos completar el alquiler del piso en el Raval.

-Hola, te estoy llamando por el anuncio -. Me  habló alguien con un castellano con acento italiano.

-¿Eres latino?

-No, soy de Sudamérica.

– Es lo mismo- me dijo, haciendo gala de su sabiduría y de mi supuesta ignorancia-. Vivo por la Sagrada Familia. Te ruego discreción, sólo puedo una hora. Porque mi hija está por venir. Tengo 66 años ¿no te importa?- Me preguntó con vergüenza.

-No. -Le respondí mintiendo.

Llegué . Me miraba, me observaba. Tocaba como quien toca un aguacate en la frutería. Nunca he hecho el ejercicio de antropomorfizar el aguacate y saber qué piensa cuando es tocado. Desde ese momento, lo he hecho.

#FindelContratoSexuaal

     Era un trabajo más y , al mismo tiempo, el trabajo de otras tantas personas que desfilaban por la pasarela hedónica del mercado sexual do it your self. El dispositivo neoliberal está hecho para que nos peleemos como hienas por trozos de carne, euros, estudios en Europa y ropa de descuentos de H&M. Es un continuo: cuerpos racionalizados, seguimos siendo el lubricante para el funcionamiento del engranaje del capital Europeo. Europa sigue funcionando por la colonialidad y la colonización de nuestros cuerpos manchados y bastardos. La diversión y el placer que disfrutan olas de turistas en Barcelona-Catalunya es a costa del precariado y mas aún el necroprecariado migrante, racializado, sin papeles.

-¿Vamos a la manifestación del primero de Mayo? me dijo la Luisa, otra perra sudaka migrante.

-Vamos y hagamos una pancarta-. Contesté.

¡Las putas migrantes también somos trabajadoras! fue lo que escribimos para caminar junto a compañerxs del Espacio del Inmigrante. Luego, en horas de la tarde fuimos a otra concentración . En el camino muchas miradas con rareza leían la pancarta. Un señor que pedía dinero cerca de la Rambla de Catalunya nos detuvo y dijo: “Estáis llevando una pancarta mal escrita”. Si, señor, las putas migrantes, tampoco sabemos escribir – le contestamos. Seguimos caminando a la manifestación del primero de Mayo que convocaba grupos anarquistas y la izquierda “progre”, mayoritariamente blanca, del “rollo” Barcelona. Una chica en la mani, se nos acercó y nos preguntó: -¿Ustedes vienen por las putas del Raval?

-No. Nosotrxs no venimos “por” ellas. Somos putas y del Raval. Fin de la conversación. Seguimos caminando y gritando. Caminando e incorporándole melanina ideológica a las consignas despigmentadas del  activismo blanco europeo: “¡Antifascista, anticapitalista!”. Gritaban. Nosotrxs agregábamos: antiracistas, anticapitalistas. Y no son consignas vacías. Implicaba hacer visible el privilegio blanco, incluso en el precariado y la fuerza de trabajo que sostiene parte de la economía Europea: «C.I.E[2], putas, farlopa, redadas y fronteras, así se construye la riqueza europea”. Y colectivizar la rabia era necesario, al menos que saliera del cuerpo.

“Nadie sabe lo que puede un cuerpo”. Nadie sabe lo que puede un cuerpo negrx/indix, bastardo e infecto y más cuando en la necropolítica “hay cuerpos que importan”, y otros que no. Unxs seguimos en nomadismo, otrxs mueren, otros cuerpos y subjetividades viven, agencian se organizan y resistes desde el comercio de sus anatomías para los placeres. Sólo hablé desde mi corto recorrido vital y las experiencias asumidas dentro del precariado sexual. Sólo hablé desde mi cuerpo-textual y cuerpo sexual, cuerpo hipertextualizado, cuerpo desobediente- cuerpo que se niega a ser borradx, blanqueadx. Sólo mostré tímidamente fragmentos del uso del inmediatismo carnal desbordado para la sobrevivencia que devino en una especie de re-pensar y re sentir los deseo e intentar colocarlos en palabras, algunas más pretenciosas que otras, algunas más próximas a lo que siento que otras.

     No pretendo de estos relatos y momentos de agenciamiento de mi cuerpo como indx/negrx, disidente sexual, y perrx-nomádica, hacer un hecho virtuoso con plus para el mundo de la academia pop. No pretendo hiper valorar el vivir al riesgo y  muchas veces en el borderline. No. Tampoco quiero sobredimensionar una realidad encarnada, por un lapso de mi crono-política-vital, donde entré y no sé si salí. Porque no puedo dejar de ser putx. Porque cada vez que vendo mi fuerza laboral estoy poniendo el cuerpo y “mis” ideas como putx, tanto como cuando pongo los genitales, fluidos y el orificio excretor.

[1] “Estamos acostumbradas a de manera racista llamar de trabajo en negro, la actividad en la cual el acuerdo laboral es oscuro y ilegal. Así repetimos la asociación entre negro y precario, entre negro y esclavo”. Negro como el olvido inquieto, negro como el azabache que brilla. Negro y oscuro como el hachís transportado en el culo del proletari-ano/precari-ano. Negro como cuando cierro los ojos mientras cogemos/tiramos/follamos (sin placer). // Intervención poética: Plaza del Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona (Macba 2015). Lectura de manifiesto público contra la censura y el trabajo “en negro en el Macba”. Luisa Escher Furtado. Yosjuan Piña Narváez

[2] Centro de Internamientos para Extranjeros. Cárceles para migrantes en Europa.

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Yosjuan Piña Narváez. Sociólogx-activista-militante Universidad Central de Venezuela (UCV) // Programa de yosjuanEstudios Independientes (P.E.I) Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona (Macba). Investigadxr nomádicx  en resistencia. Trabajo temas relacionados con necropolítica,  procesos de racialización, colonialidad de los cuerpos/subjetividades, critical whiteness, disidencias sexuales y de géneros. Ilustradxr de garabatos, viñetas, comics, fanzines. Asmáticx. Actualmente vivo en Buenos Aires,  Argentina.

Twitter:  @erchos // https://twitter.com/erchos

Entrevista a activista y trabajadora sexual de la ciudad de Morelia, Michoacán, México.

por Fernando Zarco Hernández

Con la finalidad de escuchar las voces de las personas que se dedican al trabajo sexual, presentamos esta entrevista acerca de este polémico tema, que aporta argumentos al debate sobre las políticas respecto al trabajo sexual, la diferencia con la trata y los derechos de quienes ejercen este trabajo, desde la perspectiva de una activista y trabajadora sexual de la ciudad de Morelia.(1)

¿Cuáles son los problemas principales que encuentras por parte de los políticos de esta ciudad y del Estado respecto al trabajo sexual?

Pues, antes de finalizar el año escuchamos una noticia de que el secretario del ayuntamiento piensa cobrarnos impuestos por estar trabajando aquí en la calle. Para mí eso es una estupidez, primero debería  de regularizar el trabajo sexual para poder dar el siguiente paso, que es organizarnos bien como debe de ser, incluirnos bien dentro de la sociedad. El cobrarnos impuestos a todas las trabajadoras sexuales, me imagino que se refiere en verdad a todas, no nada más a las que la sociedad tiene a la vista, que somos las que trabajamos en la calle, las que trabajamos en la zona centro. Porque tenlo por seguro que estas personas no están bien ubicadas, no saben bien en realidad cuánta es la población de trabajadoras sexuales y en dónde están ubicadas las demás, porque somos muchas, no somos nada más las que estamos en la zona centro, somos bastantes. Al pretender cobrarnos impuestos, para mí eso sería como empezar a entrar al negocio de la trata, al lenocinio pues. En realidad primero tendría que regularizar el trabajo sexual, permitirlo y aceptarlo tal como es, como un trabajo, para poder dar el siguiente paso.

¿Qué diferencia encuentras tú entre el trabajo sexual y la trata?

Es muy grande, es un abismo la diferencia entre el trabajo sexual y la trata de personas. En la trata hay un padrote, hay una persona que las está mangoneando, las está manejando de lugar en lugar, esa persona está cobrando por ella, esa persona hace el acuerdo por ella, y aquí con nosotras, en lo que es en verdad el trabajo sexual, es muy diferente. Aquí nosotras venimos a ganarnos un peso porque nosotras lo ocupamos para nosotras mismas, para nuestros hijos, para nuestra familia, pero no tenemos ninguna persona que nos esté vendiendo y que él esté cobrando. Es muy diferente. Siempre hay que diferenciar eso, lo que es trabajo sexual y trata. Aquí habemos muchas personas que salimos a trabajar, mas no estamos inmiscuidas en la trata.

¿Qué derechos como trabajadora sexual crees que has ganado actualmente y cuáles faltan todavía por trabajar?

El respeto de mucha gente porque saben que andamos luchando por los derechos de los y las trabajadoras sexuales y tratamos de que todos sus derechos se hagan válidos, ante las instancias de gobierno, que al fin de cuentas hay veces que nos rechazan, nos discriminan pues. Hay bastante por hacer, hay que educar a la sociedad, hay que educar al mismo gobierno, hay que educar a las autoridades de seguridad pública, hay que estar constantemente haciéndolo, porque desgraciadamente hay mucha ignorancia. Hace quince días la [patrulla] 3003 aquí se le ocurrió parar a dos carros, ponle que uno por hora. Me tocó ver a mi eso. Yo me acerqué junto con otra compañera para pedirle que se retirara y que no hiciera eso aquí en nuestra zona de trabajo por el acuerdo que tenemos con el ayuntamiento y con seguridad pública. Tenemos acuerdos con ellos. Este personaje optó por dejar ir al cliente, porque era un cliente para mí y un cliente para él, porque lo iba a extorsionar, optó por dejarlo ir y se acercan los dos patrulleros preguntándome que entonces dónde sí podían parar carros para extorsionarlos. Yo le dije que yo no le podía dar esa respuesta, porque al fin de cuenta ellos no están para extorsionar, están para servir a la ciudadanía, porque son empleados de nosotros como ciudadanos, se les paga un sueldo de los impuestos que pagamos. Como trabajadoras sexuales nos quieren cobrar un impuesto, pero como ciudadanos estamos pagando impuestos. Fue lo que le indiqué, yo no podía darle esa respuesta, él sabía lo que hacía, su trabajo es su trabajo y yo no podía decirle cómo elaborarlo. Si él quería robar o extorsionar que se retirara nada más de la zona donde nosotras trabajamos porque espantaba a nuestros clientes. Por eso te digo, hay mucho por hacer, hay que educar a la mayoría de los que están dentro de estos sectores de gobierno.

¿Cuál es el acuerdo que tienen con el ayuntamiento, en qué consiste?

Consiste en no salir tan encueradas, salir a trabajar con decencia, un pantaloncito, un suetercito, ya la gente sabe quiénes somos y a qué nos dedicamos, no es necesario un escote muy pronunciado, con unas minifaldas que se ven hasta las anginas, no es necesario andar así. Ese fue el acuerdo que tuvimos con el ayuntamiento. El dar la garantía de que no se va a robar en estas calles, al menos con nosotras, porque robos sí se dan, con los lavacoches, con los policías que no saben que tenemos acuerdos, se da con gente aquí que se dedica a la delincuencia, al robo, sí se da. Pero al menos entre nosotras tratamos de evitar esos problemas. De no tomar, no drogarse, de dar un buen servicio y siempre protegernos y proteger a los clientes, siempre usar un condón. Esa es la garantía que nosotros dimos al ayuntamiento, ya tiene mucho rato de eso. Tendrá unos ocho años o nueve años de ese acuerdo.

¿Qué crees que sea lo más urgente para trabajar respecto al trabajo sexual en Morelia?

Que se nos respeten nuestros derechos y que se nos den más garantías como ciudadanos, porque somos parte de Morelia. Estamos haciendo un trabajo que, la sociedad lo ve mal y pega de gritos, se espanta, se escandaliza, pero al final de cuentas es una actividad que también las mujeres amas de casa la tienen. Porque ya se llega la quincena y… -a ver si no se molesta una que otra por ahí-, ya se llega la quincena y se pone cariñosa con el marido porque ya sabe que trae dinero. Ya se llega la quincena y se pone complaciente porque sabe que hay dinero, o sea, eso también es un negocio para ellas, como saben que ya hay dinero, ya se ponen cariñosas. Aquí nosotras todo el tiempo estamos cariñosas por dinero. Este es un trabajo. Que la gente lo vea mal, es una sociedad de doble moral y eso nunca lo vamos a poder cambiar, pero ahora sí que cada quien en su amplio criterio que lo juzgue. No estamos haciendo mal a nadie, porque no venimos a violar, no venimos a secuestrar, no venimos a violar niños, nada de eso. Venimos simplemente a ganarnos un peso, con el sudor de… la parte que tú quieras, pero a ganarnos un peso.

(1) A petición de la entrevistada no se ha hecho público su nombre.

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Semblanza personal: Doctor en Psicología Social, licenciado en Psicología, ingeniero en Sistemas Computacionales y ex-seminarista. Después de múltiples crisis, ahora quiere ser artista de la literatura y el performance para utilizar el arte contra la homofobia, el racismo, el sexismo y la privatización del espacio público. Actualmente realiza una estancia posdoctoral, con el apoyo del CONACYT, en el Doctorado Interinstitucional de Arte y Cultura, de la Universidad de Guanajuato.

Página personal: http://fernandozarco.wordpress.com

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Pink Dreams

por Priscila Cárdenas y Rodolfo Peralta

Statement

   Es una propuesta que surge de la negación al trabajo alienante. La investigación se desarrolló dentro de un espacio que se encuentra situado en el marco de la lógica económica capitalista, como una organización que parece inaugurar una nueva economía de poder “el internet” (el lugar en donde cualquier cosa es posible). La propuesta se divide en 2 fases:

La primera fase:

La pieza propone revelar una multiplicidad de interacciones que trabajan con las mismas herramientas del sistema económico. Partiendo de una negociación,  donde nuestra sexualidad y corporalidad son herramientas de ficción e intercambio económico, que entablan pequeños relatos y negociaciones con pequeños entes de poder del capitalismo,  el espacio virtual se visualiza como un campo en donde la sexualidad se ejerce con libertad,  en una línea muy delgada entre la excitación y el sometimiento a las “patologías” de estos entes aparentemente heterosexuales o a veces anónimos.

captura pink

Segunda fase:

Con base en la economía generada por lo anterior, se emprenderá una lógica de gestión que basa su dinámica de funcionamiento en diversos dispositivos; que da inicio a una empresa que podrá ofrecer ingresos económicos a externos, en donde la materia a trabajar son los cuerpos, que se materializan a través de una cámara web, y que no se encuentran sujetos a cánones establecidos por el sistema, desde esta perspectiva es posible deconstruir la lógica del capitalismo, para poder beneficiarnos a partir de los elementos que lo constituyen, a su vez es necesario puntualizar que el resultado no se presenta como algo externo-objeto-mercancía, sino que recae en un performance-productivo, puesto que lo consumido en este caso es la acción que lleva a cabo dicho cuerpo.

Cabe mencionar que el espacio que se genera  una zona gris en el aspecto laboral donde se posee un control de la situación según el que lo lleve a cabo,  pensado más como un espacio de expresión y no de enajenación.

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Asistencia sexual y prostitución inclusiva, herramientas para el empoderamiento

Por Antonio Centeno

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En las últimas décadas hemos acumulado evidencias empíricas de que los procesos sociales obtienen mejores resultados para el conjunto de la población cuando incluyen la diversidad humana en general y la diversidad funcional en particular. Ejemplos de esto último son el transporte, el urbanismo, la pedagogía, la arquitectura…Gracias a pensar en las diferentes maneras de funcionar del ser humano hemos conseguido un transporte más seguro y confortable, un urbanismo más habitable, una pedagogía con más y mejores herramientas, una arquitectura más amigable, etc. Estos beneficios son para todo el mundo, no sólo para las personas con diversidad funcional, pero es la presencia de estas últimas lo que ha constituido la inspiración y el motor para conseguir esas transformaciones sociales hacia un mejor vivir.

     Todo apunta a que debería ocurrir lo mismo en el ámbito de la sexualidad; si follamos todxs follamos mejor. ¿Se imaginan cómo sería incluir en los hasta ahora estrechos territorios del deseo y del placer todxs los cuerpos, todas las formas de moverse, sentir, entender? Ahí parece latir una revolución pendiente. Revolución porque dinamita el heteropatriarcado coitocéntrico que secuestra nuestros cuerpos y deseos al servicio de la reproducción capitalista. Y revolución porque reclama para el placer los cuerpos abyectos, los cuerpos improductivos para ese mismo sistema capitalista

     La asistencia sexual  es un apoyo para acceder sexualmente al propio cuerpo. Reconocerlo, explorarlo, masturbarlo, son acciones que habitualmente cada cual hace por sí mismx, pero algunas personas con diversidad funcional  requerimos el apoyo del asistente sexual para ello. De la misma manera que necesitamos asistentes personales  para otras tareas cotidianas que no podemos hacer por nosotrxs mismxs. En este sentido, la asistencia sexual puede proporcionar apoyos antes, durante y/o después de realizar prácticas sexuales con otra persona. El asistente sexual no es alguien con quien tener sexo, sino alguien que te apoya para tener sexo contigo mismx o con otra persona.

    ¿Por qué hasta aquí? Porque hasta aquí llega la materialización del derecho al acceso al propio cuerpo, éstas son las acciones que la persona con diversidad funcional podría hacer por sí misma en ausencia de diferencias funcionales. Nadie hace un coito o sexo oral consigo mismx. Ni las personas con diversidad funcional ni nadie tiene derecho al acceso a otros cuerpos. A los otros cuerpos se accede por acuerdo, no por derecho,ése es el espacio de la prostitución inclusiva (si el objetivo es el placer) o del surrogate (si hay una intención terapéutica)

    Así, si la asistencia sexual empodera rompiendo la barrera de acceder sexualmente el propio cuerpo, la prostitución inclusiva empodera facilitando la experimentación, el juego y el gozo de compartir sexo con otros cuerpos. Lo primero sólo es imprescindible para algunas personas con diversidad funcional y, por tanto, constituye un derecho fundamental que debe ser financiado por el Estado. Lo segundo , en cambio, no responde a las necesidades específicas que se derivan de las diferencias funcionales para ejercer un derecho, tiene que ver con la vivencia lúdica del sexo por parte de cualquiera y, en consecuencia,no genera obligaciones para los poderes públicos,  más allá de garantizar los derechos laborales. Son pues, trabajos sexuales diferentes en los roles, las expectativas, las prácticas posibles, las personas a las que se dirige y su configuración como derecho,  pero complementarios en el proceso de empoderamiento, de abrir un abanico de posibilidades para que las personas con diversidad funcional podamos vivir nuestro propio cuerpo y el vínculo con lxs demás desde el deseo y el placer.

    Por supuesto, igual que ocurre con la población en general, la vivencia de la sexualidad de las personas con diversidad funcional debería desarrollarse mayoritariamente más allá de los trabajos sexuales, en los ámbitos cotidianos de las amistades, las parejas, el poliamor, las relaciones esporádicas, etc  Sabemos que actualmente no es así, persiste una notable desigualdad generada por la barreras materiales y simbólicas. En este sentido, afirmaciones del tipo “hay personas con diversidad funcional que sólo pueden follar pagando”, resultan sesgadas (no son ni más ni menos ciertas que dichas de otros tantos grupos humanos) y juegan el triste papel de profecía autocumplida al reforzar ese imaginario colectivo que expulsa a las personas con diversidad funcional de los placeres en ámbitos cotidianos.

    De la misma manera, esgrimir una formación previa obligatoria como elemento para pretender que la prostitución inclusiva no es prostitución puede resultar estigmatizador para lxs trabajadorxs sexuales (son ignorantes y discriminan), para las personas con diversidad funcional (no pueden hacerse cargo de sí mismxs, están enfermxs) y alimenta tentaciones corporativistas (sólo puede hacer este trabajo quien sea formadx por mí). Cuanta más formación mejor, pero siempre como derecho a disposición de la persona trabajadora, nunca como filtro que secuestra el conocimiento y limita la libertad personal.

    Volviendo a las tareas propias de la asistencia sexual, hay que tener presente que masturbar a alguien o ayudarle a mantener relaciones sexuales con otra persona tiene una carga erótica importante. Las sensaciones y las emociones pueden ser intensas, eso dificulta la gestión del vínculo y mantener roles y expectativas. Como todxs estamos fuera de guión, y deserotizar la asistencia sexual no parece ni posible ni deseable, habrá que seguir aprendiendo, poniendo en común, compartiendo estrategias y pautas para facilitar los pactos y una buena armonía entre asistentes y asistidxs. El tener una definición clara de asistencia sexual es necesario porque ayuda a delimitar tareas, roles y expectativas, pero no es suficiente.

    Vinculado con el punto anterior, hay un problema económico de fondo; la exclusión del sistema educativo y del mundo laboral, junto a un sistema de pensiones raquítico, hacen que las rentas de las personas con diversidad funcional sean, en media, inferiores a las del resto de la población. Esto dificulta acordar precios que satisfagan a ambas partes. Vuelve a ser clave distinguir entre asistencia sexual y prostitución inclusiva, así como reconocer su papel complementario. Entendiendo la primera como herramienta para materializar el derecho al propio cuerpo es posible que  a medio/largo plazo se pueda conseguir que los poderes públicos asuman su responsabilidad en financiarla. Comprendiendo el papel complementario de la segunda, estaremos más cerca de garantizar derechos laborales para las personas trabajadoras.

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Antonio Centeno. Nació en 1971 en Montcada i Reixac, vive en Barcelona desde 1999. Adquirió su diversidad funcional antonioa los 13 años. Licenciado en Matemáticas por la Universitat de Barcelona, ejerció como profesor de Matemáticas de Educación Secundaria desde 1998 hasta 2010. Activista del Movimento de Vida Independiente desde 2004.

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Cine y trabajo sexual

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En la tele suelen poner en los días flojos la película de Mujer Bonita. La gente está habituada a este tipo de historias en donde una chica pobre desdeñada socialmente y, que lleva una vida gacha, tendrá la fortuna de ser rescatada por un príncipe. Quien (lamentablemente) la haya visto comprenderá, pues, que con estos mensajes se promueve y reproduce la jerarquización del poder dentro de la sociedad de, por ejemplo, los hombres blancos y adinerados sobre las personas con menos dinero o, de los hombres sobre las mujeres y jóvenes, etcétera.

    En este marco, el argumento de la película antes citada no alcanza siquiera a pincelar el fenómeno de la prostitución como la realidad social y económica de gran complejidad que es; ni, mucho menos, el arraigo de estas actividades en todas las culturas humanas, las formas de tensión entre la asistencia social y sexual, la liberación de los cuerpos, una forma de empleo o un modo de vida consensual o, al contrario, una decisión impuesta, que viola los derechos humanos de mujeres, niñas y niños cuando son utilizados en el mercado de la sexualidad.

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     En el cine existen varias películas que exploran historias sobre la prostitución y que involucran situaciones mucho más diversas e interesantes:

  • Por ejemplo, la novela de Vargas Llosa llevada al cine, Pantaleón y las visitadoras (Dir. Francisco J. Lombardi, 2000), habla de un grupo de trabajadoras sexuales que “sacuden” la vida ordinaria de un pelotón de soldados, poniendo un ejemplo de prostitución de tipo asistencial.
  • Todo sobre mi madre (Dir. Pedro Almodóvar, 1999); El callejón de los milagros (Dir. Jorge Fons, 1995); Poderosa Afrodita (Dir. Woody Allen, 1995); Lugar sin límites (Dir. Arturo Ripstein, 1977) analizan la prostitución de tipo civil, en donde el comercio sexual se hace con una clientela regular y en sitios específicos y que problematiza sobre todo el tipo de desenlace en la vida de quienes son más allegados a los personajes.
  • En Party Girl (Dira. Marie Amachoukeli-Barsacq, 2014); Breakfast in Pluto (Dir. Neil Jordan, 2005); Bella de día (Dir. Luis Buñuel, 1967); My own private Idaho (Dir. Gus van Sant, 1991); Amor a la vuelta de la esquina (Dir. Alberto Cortés, 1985), la prostitución como un modo de vida elegido, son tres cintas muy audaces donde los conflictos se centran más en una existencia marcada por la individualidad y la autodeterminación, algo así como un «dejarlo todo y fluir»,
  • The girlfriend experience (Dir. Steven Soderbergh, 2009); Boca a boca (Dir. Manuel Gómez Pereira, 1995), abordan la prostitución como una cotidianidad, como un empleo cualquiera, y muestran sin maniqueísmos la intimidad y el día a día de dos trabajadores sexuales.
  • Living las Vegas (Dir. Mike Figgis, 1995); Pedro Navaja (Dir. Alfonso Rosas Priego, 1984); Taxi driver (Dir. Martin Scorcesse, 1976), resaltan la crudeza de la explotación sexual.
  • Y algunas otras, más desgarradoras, muestran cómo operan las organizaciones criminales en cuanto a la trata de personas: La mosca en la ceniza (Dira. Gabriela David, 2010); Promesas del Este (Dir. David Cronenberg, 2007); Lilja 4-ever (Dir. Lukas Moodysson, 2002); Las Poquianchis (Dir. Felipe Cazals, 1976).
  • Finalmente, la prostitución como una forma de subsistencia, aquí se exhiben las vidas de algunos personajes marginales y aislados socialmente, historias con finales bastante trágicos, Monster (Dira. Patty Jenkins, 2003); La Virgen de los sicarios (Dir. Fernando Vallejo, 1990); Midnight Cowboy (Dir. John Schlesinger, 1969); Aventurera (Dir. Alberto Gout, 1949); Salón México (Dir. Emilio “el indio” Fernández, 1948)…

 

Al respecto de este tema tan controversial y revisando nuestras sugerencias cinéfilas, habría que hacer un análisis más profundo sobre las construcciones culturales de la experiencia de los hombres y de lo que implica desarrollarse bajo “las identidades de género y la sexualidad”, además de preguntarnos cómo es que se dan hoy las interacciones entre hombres y mujeres dentro de este ámbito.

 

Por SALCON | Magalli Salazar_ febrero 2016

 

 

REFERENCIAS

Giddens, Anthony (2010). Sociología. Alianza Editorial.

 

Ríos de la Torre, Guadalupe La Prostitución: Fenómeno Humano. Universidad Autónoma Metropolitana-Azcapotzalco. Ver:

http://www.azc.uam.mx/publicaciones/tye/tye14/art_hist_01.html

 

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Brigada Callejera*. Más de 25 años por el trabajo sexual digno

*Brigada Callejera de Apoyo a la Mujer, «Elisa Martínez», es una organización civil que se dedica a la promoción de la salud entre trabajadoras/es sexuales, mujeres transgénero, sobrevivientes de trata de personas, migrantes y poblaciones callejeras, especialmente.

Cuando llegamos al domicilio ubicado en Corregidora 115, en La Merced, Elvira Madrid aún impartía el taller del uso del condón y daba ideas para ponerlo con la boca. Entre risas y un ambiente relajado, las participantes contaban anécdotas sobre prevención y el trabajo cotidiano, se hablaba de la importancia del uso del condón femenino, la importancia del autocuidado.

Un folleto con dibujos al más puro estilo del “Libro vaquero” o “Sensacional de Luchas” nos fue otorgado. “Desaparecidas en Ecatepec” era el título, una impactante historieta de la realidad que vive aquel municipio y que da cuenta de la estructura misógina que permite que, por lo menos, siete mujeres sean asesinadas cada día en México por cuestiones de género. “Desaparecidas en Ecatepec” es tan sólo una de las 16 publicaciones acerca de la trata de personas que, junto con otros libros y manuales (más de 30) ha publicado Brigada Callejera durante sus 27 años de trabajo, y que reparte de manera gratuita cada vez que imparte algún taller ya sea dentro o fuera del D.F. (hay una red importante que llega a 28 estados de la República Mexicana).

El centro de trabajo es un pequeño departamento con tres recámaras que sirven de librería, consultorio ginecológico y dental, respectivamente. El espacio que correspondería a una sala-comedor es el lugar en donde se imparten talleres de prevención y sexualidad, alfabetización, primaria, secundaria, defensa y promoción de derechos humanos y es, a la vez, una oficina. Todo está pintado de colores vivos: colores dignos para dar una buena consulta dental o ginecológica; hacer un ultrasonido mamario, una electrocirugía; realizar una prueba de detección de VIH o sífilis; dar consulta psicológica o de acupuntura o, simplemente, vender a un costo mínimo los condones “Encanto” ($1.50), o el condón femenino y los lubricantes.

Sólo se puede conocer a fondo la labor de Brigada Callejera y su manera de realizarla si se nos acercamos a escuchar a hablar a sus organizadorxs, quienes llegaron de la academia como estudiantes de sociología (Rosa Isela Madrid, Elvira Madrid, Jaime Montejo y Guillermo Rodríguez), y se quedaron para hacer trabajo de campo: se hartaron de la teoría y la convirtieron en una práctica incansable por el derecho a la salud y el libre ejercicio del trabajo sexual. Una de sus aportaciones más contundentes, por ejemplo, ha sido organizar junto con trabajadoras sexuales la fabricación de una marca de condones (“¿Nos ponemos un condón, Encanto?, nos platicaba hace un par de años Elvira cuando contaba la dinámica de ponerle nombre al condón y hacerlo atractivo para los clientes), cuyo principal objetivo era garantizar la prevención del SIDA de manera accesible y que ha servido además para formar promotorxs de salud en cada unx de lxs trabajadorxs sexuales que deseen.

Dejamos unos minutos de video para conocer un poco del trabajo de esta asociación, que no se anda por las ramas y va al grano: palabra directa y trabajo efectivo.

Brigada Callejera from Hysteria Revista on Vimeo.

 

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Si quieren conocer todo el trabajo de Brigada Callejera de Apoyo a la Mujer Elisa Martínez, acá sus páginas:

Facebook: Brigada Callejera Eliza Martinez

Fanpage: Brigada Callejera de Apoyo a la Mujer «Eliza Martínez»

Página: http://brigadaac.mayfirst.org/

¡A poner(se) el condón bailando!: Cumbia de la Brigada Callejera

Condonerías:

Oficinas Centrales y Condonería ubicada en:
Av. Isabel la Católica No. 13,
Despacho 510 entre 5 de Mayo y Tacuba,
Col. Centro, C.P. 06000 Del. Cuauhtémoc
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Editorial #17 «Trabajo Sexual»

ilustración por Carmelina Jardón
ilustración por Carmelina Jardón

El uso del propio cuerpo (unx mismx) como forma de lucha, parece tener su punto álgido cuando ese cuerpo es portador de un placer que genera retribución económica para sí. Para diversos autores, el cuerpo es el anclaje de la produccion capitalista, pues en él radica la fuerza de trabajo; es por ello que el trabajo sexual de cualquier tipo incomoda no sólo al ala social más conservadora, sino a una generalidad que, basada en discursos victimizantes no pueden aceptar la construcción de una corporalidad autónoma capaz de disfrutar no sólo el intercambio económico, sino el sexo fuera de los parámetros de «lo legal».

     Esta incomodidad incluye, por ejemplo, las llamadas»sex wars» o guerras del sexo que se dieron a partir de los 70, y en donde se discute si la prostitucion, la pornografia y el BDSM, entre otras prácticas económicas y sexuales, debían o no de ser abolidas en favor del avance de los derechos de las mujeres. Esta discusión se sigue dando en diversos espacios feministas hasta el día de hoy, con debates que igualan la prostitución autónoma a la trata, que invibilizan las maneras de agenciamento de lxs trabajadorxs y que se niegan a ver que vivir en la precariedad no tiene nada de esa romántica dignidad de la que hablan muchas activistas rescatistas, que en sus discursos excluyen las demandas de trabajadoras sexuales, como el acceso sin estigma a la Salud.
 
 
     Y es que en una cultura en donde el sexo sin concepción es pecado o anormalidad, el goce y la autonomía son dos maneras de ejercer una libertad que cuestiona de fondo las regulaciones hechas a través de las instituciones, las cuales, a partir de un proceso histórico, siguen controlando nuestra manera de ser y pensar (familia, iglesia, sistema penal, estado, medicina, psiquiatría) y que logran gobernar a lxs individuxs desde lo más íntimo.
 
     Ante esta dinámica que polariza el uso del cuerpo y el ejercicio de la sexualidad libre, autónoma y retribuida, vemos la necesidad de reflexionar y generar la discusión en torno al trabajo sexual sin remitirnos a la dominación hacia el cuerpo de lxs trabajadorxs sexuales, más bien, a la negativa a la obtención de derechos laborales y reconocerles como portadoras de fuerza de trabajo, pero, además, reconocer la diversidad de posibilidades que se han abierto en este ámbito y que hablan de la libertad de decisión en cualquier espacio.
 
No se trata de ser románticxs con el ejercicio sexual retribuido, sino de desestigmatizar a quienes, conscientes de su decisión, lo ejercen, quienes fortalecen una posibilidad de placer compartido y gozan colectivamente: quienes ponen en marcha un dispositivo de respeto mutuo que además se organiza desde experincias de vida y visiones muy distintas sobre lo que es y puede ser libre y potenciar la toma de decisiones en corporalidades disidentes o no hegemónicas.
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Editora invitada María del Carmen González Hernández

ma.carmenMi nombre es María del Carmen González,  tengo 25 años y soy mamá de Batman, experiencia que me gustaría repetir, pero ahora quiero a La Mujer Maravilla. Tengo dos hijas caninas, me gusta la pornografía y las drogas. Me gusta ese feminismo que es incómodo para las institucionales, me han cerrado espacios. Me gusta David Bowie, New Order. Me gusta leer y no me gusta el lugar donde trabajo. 

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Carmelina Jardon Da clases de artes plasticas en primaria y dibuja de vez en cuando.

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Miss (S)Pain

 Fotoperformance por Yolanda Benalba

Fotografías: Manuel López

 2015

 

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Yolanda Benalba. Co-directora de Decadence Performance Art, graduada en Bellas Artes y Máster en Práctica Escénica y Cultura Visual. En su práctica reflexiona sobre cuestiones de la realidad socio-política española bajo una perspectiva de género y performativa. Podemos destacar su participación en festivales de performance en Indonesia, Colombia, Estados Unidos, Italia, Brasil, Países Bajos, Alemania, Rumanía y España. Su obra ha sido expuesta y publicada en México, Ecuador, Estados Unidos, España y Finlandia.

Web:

http://yolandabenalba.com/

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¿The Waiting Game? (Las imágenes quieren ser besadas)

Créditos:
Proyecto: Noelia Pérez
Vídeo: Arturo R. Castillo
Entrevista: Verónika Arauzo

“Las imágenes quieren ser besadas. Pero la pregunta es ¿Qué es un beso? Un beso es un gesto de afección, pero es algo que está tras la afección: el deseo de ser incorporadas. Es algo canibalístico: el deseo de incorporar algo o el deseo de ser apropiado por algo. Comer y ser comido. Pienso que uno de los deseos constitutivos que hace a la imagen como tal, es que están diseñadas para ser apropiadas” . W.J.T. MITCHELL

¿The Waiting Game? es una propuesta de Noelia Pérez a partir de un ejercicio de apropiacionismo/canibalismo de las imágenes del trabajo “The Waiting Game” de Txema Salvans en diálogo con la trabajadora sexual y activista Veronika Arauzo.

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Miss Velluters

Por Beatriz Millón y Manuel López

Yo tenía diecisiete años cuando empecé, casi iba cumplir los dieciocho y nada… Era una forma, ya que siendo transexual, pues no… Hoy en día la sociedad está más avanzada pero entonces no tenías otra opción más que la prostitución o artista, y… Nada, yo para artista no valgo.
Es a lo que el cuerpo se va acostumbrando, hija.

Duración:4’6’’ / Año de realización:2015 /

Miss Velluters from Beatriz Millón on Vimeo.

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Beatriz Millón (Sagunto, 1992) Actualmente se encuentra investigando con la beca de excelencia: ”Euroimka: Programa Erasmus Mundus” en México su tesina del Máster en Producción Artística de la UPV, universidad de la que es graduada en Bellas Artes. Forma parte de los colectivos Campo Adentro, Our Ocean y Revista Ecléctica. Destacar su participación en festivales de performance en Alemania, Holanda, Barcelona, así como la muestra de tanto exposiciones individuales como colectivas en Turín, Guayaquil, Mestre, Segovia, Valencia, Guadalajara, Burgos, Gijón.

Manuel López (Lanzarote, 1992) actualmente cursa Máster Oficial en Artes Visuales y Multimedia (Universitat Politècnica de València, Valencia). Es también graduado en Bellas Artes por esta misma universidad en la Facultat de Belles Arts de Sant Carles y en Música (Conservatorio profesional de música Josep Climent, Oliva). Ha participado en festivales internacionales de arte de acción, en países como Lituania, Italia, Grecia, Alemania, Países Bajos, Rumanía y España. Su obra ha sido exhibida en instituciones artísticas de España, Italia, Francia, Argentina, Chile y Finlandia.

http://lolohjtyutuyuyu.es/

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