El video narra en una línea de tiempo cómo los senos han tenido muchísimos significados a lo largo de la historia, y cuales han sido algunas de las luchas, reivindicaciones y controversias que han marcado esta parte del cuerpo. Habitamos un cuerpo que cambia, muta, madura. Tú, ¿cómo nombras a cada una de las partes de tu cuerpo?
CONTRASEÑA: Como el mar el cuerpo
Producción: LA GOTA GORDA, Marcela Medina S.
Duración: 11:40 min.
Dirección y producción: Guadalupe Sánchez Sosa
Texto: Nuria Gómez Benet
Animación: Guadalupe Sánchez, Cecilia Rivera y Víctor Beltrán
Asistencia técnica: Cecilia Rivera y Víctor Beltrán
Voz: María Sandoval
Música original y Cello: Natalia Pérez Torner
Saxos y flauta: Alberto Delgado
Diseño sonoro: Antonio Castillo
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Guadalupe Sanchez Sosa Artista visual egresada de “San Carlos” ENAP UNAM. Formó parte del Colectivo Cine Mujer. Como ilustradora ha publicado en El Naranjo, CONAFE y CONAPRED entre otros. Ganó el Ariel como directora de arte con Perfume de Violetas. Dirige y produce el largometraje documental La Primera Sonrisa seleccionado en Ambulante, GIF, DOCSDF, y FICM. Su Cortometraje animado Niño de mis Ojos ha sido seleccionado en mas de 20 festivales Internacionales. La Primera Sonrisa, es su primer largometraje documental donde también hace uso de la animación experimental y Como el mar, el cuerpo es su primer performance que incluye un video animado. Se ha entregado en busca de su propia expresión, vinculada casi siempre a los niños y las mujeres.
La performance BORDER MOVEMENT… [Grenzbewegung… / movimiento fronterizo…]fue una acción de la performera puertorriqueña Marina Barsy Janer en colaboración con la artista alemana del tatuaje, Caro Ley realizada el 2 de diciembre de 2016 en Rostock, Alemania. Fue una invitación de la académica y artista Andrea Zittlau como parte del evento “Transnational Performance in Practice” de la Universidad de Rostock. Durante la performance una camilla con una tela blanca sostiene el cuerpo femenino desnudo de M, todo afeitado y boca arriba. Vestida con una bata médica de un blanco traslúcido, con la cabeza afeitada y de pie, C comienza a abrir (tatuando sin tinta) la herida en el cuerpo de M. La herida es una línea fronteriza continua que divide el cuerpo de M horizontalmente: cicatrizando un futuro. La frontera comienza y termina en la vagina de M, haciendo un recorrido por todo su cuerpo, partiéndolo en dos. En el transcurso de la incisión, C presiona sutilmente su bata sobre la herida de M, absorbiendo la sangre que desprende su piel. La bata blanca que cubre el cuerpo de C se mancha con las finas líneas de sangre de M: rompiendo la continuidad de la línea creada en el cuerpo de la otra. La frontera continua en el cuerpo de una se convierte en las líneas de sangre fragmentadas en el cuerpo de la otra. La atmósfera sonora alterna el fuerte sonido provocado por la máquina de tatuar, con sus pausas en forma de silencios y un audio de distintas voces que se escucha por momentos.
Acostado sobre la camilla cubierta de tela blanca el cuerpo quieto de M se ubica en un espacio diáfano de paredes blancas con dos ventanas. El entorno es controlado y estéril semejante a un evento de disección o de cirugía. La línea (o camino) que corta el cuerpo de M hace un recorrido que comienza desde la vagina, se desplaza por el interior de su pierna derecha hacia su pie, luego recorre todo el exterior de su lado derecho que se encuentra de cara al público invitado, desde la pierna hasta llegar a la cabeza afeitada de M. La línea atraviesa la cabeza de M y descansa en el lado izquierdo de su cuello. M y C intercambian miradas. C deja la máquina a un lado, entendiendo en la complicidad de sus miradas la necesidad de respirar por unos momentos. El paso de la frontera por la cabeza ha producido un leve mareo en M. C toma con ternura firme las piernas de M y las dobla para que le descansen flexionadas sobre el pecho. M en todo momento permite que su cuerpo sea manipulado por C. Luego C vuelve a estirar las piernas de M y retoma la línea que ahora cruza por todo el exterior izquierdo del cuerpo de M, lado que mira hacia las ventanas que dan a la calle. Cuello hombro, codo, muñeca, dedos, muñeca, codo, axila, costillas, cadera, muslo, rodilla, pierna, tobillo, dedos de los pies, interior de la pierna, vagina. Se forma una línea de formas orgánicas que parece trazar una geografía. Desde el comienzo del acto de abrir la piel, C imprime su bata sobre el cuerpo de M, absorbiendo la sangre en forma de línea que éste desprende. El cuerpo desnudo de C se observa a través de su bata traslúcida. Sus piernas llevan otras líneas tatuadas con tinta negra.
BORDER MOVEMENT. 2016. Marina Barsy Janer en colaboración con Caro Ley. Foto Isil Sol Vil.
Trazar cuerpos-geografías: Línea divisoria y vincular.
Trazar una línea que divide visualmente el cuerpo en «frente» y «atrás» se inserta en una historia de dualidad impuesta (civilización / barbarie; hombre / mujer; mente / cuerpo; ciudadano / inmigrante; Mismo/ Otro) arraigada dentro de los cuerpos modernos. La exterioridad se crea como régimen de poder que traza una línea que permite que exista el privilegio / la opresión. Esta imposición es violenta, tan violenta que se sostiene en todas nuestras relaciones y nuestras formas de ver y estar en el mundo.
Sin embargo, esta línea también es un camino que entrelaza las partes aparentemente separadas de la geografía corporal, como un sistema circulatorio o de irrigación. El cuerpo está acostado y el camino se traza horizontalmente, nace y concluye desde el centro; es decir, desde la vagina. ¿Qué pasa si esta línea trazada como cartografía también se ve como el trazado de una posible horizontalidad? La utopía está en el horizonte, como diría Eduardo Galeano y en la organización horizontal de una comunidad heterogénea.
Además, la geografía corporal está viva y con su fuerza vital, su movimiento. El camino también se está viviendo a través del cuerpo. Dependiendo de la posición de la geografía corporal, la línea está «distorsionada» de su función de división original y se encuentra en otro lugar. La línea de la mano puede encontrarse con la línea de la rodilla; la línea de las caderas puede encontrarse con la línea del brazo. ¿Qué pasaría si este encuentro de la «línea fronteriza» es la posibilidad no sólo de tejer solidaridad sino también de comprender (vivir, experimentar, sentir) que todas las opresiones se llevan a cabo bajo un mismo sistema moderno/colonial/capitalista/patriarcal que nos afecta y nos segmenta de maneras abismalmente distintas?
Perforar la capa externa del cuerpo, el órgano más grande de todo el cuerpo humano, es un acto de conectar y profundizar, conociendo la fluidez entre el «fuera» y el «adentro» del Yo (que existe siempre en relación). El otro cuerpo que permite que esta línea emerja de adentro hacia afuera podría ser su perpetuador: el agresor. Este otro cuerpo-geografía tiene otra historia y viene de otro lugar. Sin embargo, ella tiene sus propias líneas / caminos marcados en su propia piel. Su bata blanca translúcida revela sus líneas y expone su cuerpo en una conversación que me refleja. Ella cuida este cuerpo-geografía el cual traza y marca su propia superficie corpórea con los trazos de mi sangre.
Dos mujeres de fenotipos parecidos encontradas en una acción de ritual social. Dos mujeres nacidas el mismo día en años distintos. Dos mujeres de geografías políticas distintas. Una proviene del Caribe, de la colonia más antigua del mundo (Puerto Rico) y la otra de la Europa Occidental (Alemania). Geografías distintas, cuerpos similares, historias encontradas. Encontradas. Construir una acción a partir de nuestro vínculo, donde las similitudes fisionómicas y las diferencias geográficas y nacionales entran en juego. Abrir la piel de la otra. La línea fronteriza de mi piel es fragmentada en su bata, se quiebra y se abre. Cada contacto de la maquinaria fronteriza (máquina que produce la herida de la frontera) se transforma con el contacto de los cuerpos, lo que permite la fragmentación de la línea fronteriza en la corporalidad de la otra.
Los binomios opresora / oprimida fueron construidos y deconstruidos simultáneamente. Como ha dicho Caro Ley sobre Border Movement…: “Trazar fronteras en un cuerpo, deconstruirlas en el otro (cuerpo)”.2 La incisión de la línea continua en mi cuerpo se deconstruye y se fragmenta en el suyo. Más allá de este elemento visualmente presente, lo que crea la posibilidad de la fragmentación es el contacto entre los cuerpos. Es el contacto en sí mismo el que se materializa en la bata médica de Ley. ¿Y qué tipo de contacto? La forma que toma esta conversación de cuerpos es de extrema ternura y cuidado. La frontera abierta en la piel se hace visible develando la frontera existente en la geografía social. Se devela la realidad geopolítica de las relaciones modernas, que han sido amputadas por las jerarquías de poder que categorizan a los cuerpos (personas, culturas, saberes, elementos, naturaleza) en mayor o menor valor. La superficie vulnerable de la piel permite la sanación de la herida a través de la relación creada con la otra. Esa “otra” es espejo de una misma.
El audio que se escucha durante la acción discute teorías alrededor de las fronteras y su confección moderna vinculada a las historias del colonialismo. La cartografía moderna tiene una historia de la dominación colonial productora de la actual globalización de las estructuras de poder. La frontera no sólo se concibe como la división de las naciones, sino que se extrapola en temas más amplios de otro tipo que han llegado a representar un espacio más allá de la especificidad temática del muro geopolítico. Esta noción de frontera entiende el mundo contemporáneo como construido por capas de fronteras y dicotomías (de cultura, género, raza, generación, clase, etc.). Las fronteras habitan nuestras relaciones con nosotros mismos y con los demás, con la tierra y con los espíritus. Descolonizar nuestras relaciones en el mundo es un proceso largo, continuo y políticamente existencial. Concebimos la descolonización de nuestra experiencia relacional y con ella la mente-cuerpo-alma y la Tierra.
1 Texto de la performance BORDER MOVEMENT…traducido del inglés. Original disponible en www.marinabarsyjaner.com
2 Publicado en la página de Instagram de Caro Ley: www.instagram.com/caroleytattoo/
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Marina Barsy Janer
Artista de la performance, investigadora y curadora independiente. Doctora en Historia y Teoría del Arte por la Universidad de Essex. Directora del espacio de creación y pedagogía radical MATERIC.ORG y curadora del festival internacional de performance EMPREMTA.
Desde hace varios años México atraviesa una fuerte crisis de violencia de género, colocándose como uno de los países mas peligrosos del mundo para las mujeres y niñas. En la actualidad diariamente son asesinadas en promedio 10 mujeres, cifra que va en aumento cada año.
Si bien, esta es una situación generalizada en el país, tomando en cuenta las estadísticas, sí podemos hablar del territorio como un condicionante para la violencia.
Los espacios tanto públicos como privados, al ser punto de encuentro y socialización, y por lo tanto, de relaciones de poder y privilegio, están lejos de ser neutros; por el contrario, son los entornos donde se llevan a cabo múltiples violencias y exclusiones.
de la serie «La Muerte Sale por el Oriente»
¿Qué queda fuera cuando nos referimos a lo periférico? fuera de foco, fuera de vista.
Sonia Madrigal es una artista que trabaja en varios sentidos desde “las afueras” y su trabajo nos lleva a preguntarnos cómo nuestras relaciones con los espacios y la sociedad están determinadas por nuestro entorno físico. Salir del centro, significa también mover nuestro punto de enfoque, hablar desde múltiples realidades, desde los márgenes de la periferia.
La dualidad Centro vs Periferia estructura la organización territorial de ciertos sistemas político-económicos; en el caso urbano, del desplazamiento de la pobreza hacia las afueras y una violencia sistemática contra esta población periférica en general; violencia doblemente ejercida sobre los cuerpos femeninos.
En todas las grandes ciudades, como es el caso de la Ciudad de México, no puede hablarse de un solo centro, sino de muchos puntos céntricos; relacionados a puntos económicos, rodeados por cinturones periféricos donde habitan lxs trabajadores de base que los sostienen: sitios de alta densidad poblacional, con muy bajos ingresos, oferta educativa escasa o nula, sistemas de transporte público y viás de acceso deficientes; todo esto, como condiciones agravantes para una de por si, sociedad con una crisis de violencia machista generalizada.
¿Qué significa como mujer crecer y vivir en uno de los municipios mas violentos del Estado de México y con mayores índices de violencia de género?
Habitar es también apropiarse del territorio como extensión del cuerpo, y en este caso transitar se ha convertido en romper el sometimiento de los cuerpos contenidos por el miedo, la resistencia diaria a conservar nuestro mínimo derecho a estar presentes; a seguir vivas.
El registro fotográfico que hace Sonia en las calles inhóspitas de Ciudad Nezahualcoyotl es el cuerpo de la ciudad marcada, las cruces rosas señalan lugares como cicatrices o mejor dicho como heridas abiertas en espera de justicia. En este momento, a pesar de los intentos por hacerla callar, es ya cada vez mas imposible la concepción de una ciudad pulcra y muda, sin referencia a lo que ocurre diariamente. Las ciudades son espacios vivos, son el cuerpo físico de esta sociedad, y lo son también las calles intervenidas con cruces rosas, con vidrios rotos, con pintas y murales.
Las representaciones y las narrativas de la ciudad están cambiando, son también las cartografías donde nuestras referencias territoriales son las otras huellas y las otras marcas y los relatos de las madres y las hermanas por seguirlas nombrando y por contar sus historias.
El trabajo de intervención de Sonia nos devuelve la mirada en busca de empatía, sus siluetas son los cuerpos de las que faltan, y la resistencia por seguir de pie, para seguir estando presentes, caminando por los bordes y llenando los espacios vacíos.
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Marisol Maza (México, D.F) Artista Visual. Trabaja con fotografía e intervenciones al espacio público. Su trabajo se ha presentado en varias ocasiones en México y el extranjero. Actualmente trabaja en el proyecto Cartografías Temporales que consiste en intervenciones a partir del mapeo de las ocupaciones temporales en espacios urbanos.
Esa entidad se alimenta de su capacidad de ubicarse y dar sentido al espacio en el que ha estado durante toda su vida, el cual es tan borroso que, cuando pensamos en casa, aparece más nuestra sensación de estar en ella, que ella misma.
Si queremos acercarnos a una casa, se puede optar por construirla o acompañarla.
Para lograr acercarse, hay que reconocer que su constitución no depende de nuestros cuerpos dentro o fuera, sino de una relación de correspondencia.
He regresado a la casa de mi infancia para acompañarla nuevamente. Parece que está suspendida en el tiempo, ocupada por tantas otras entidades que siguen viviendo más allá de nosotros, con todas esas plantas en su superficie, esos muros hinchados por capas de pintura, ese tirol a medio caer, esa oscuridad, ese olor a encierro.
Sacudí el polvo de las ventanas y pude sentir mi cuerpo atrapado entre noviembre de 1994 y agosto del 2009.
Aunque sé que no tenemos las escrituras y que las actas notariales desaparecieron del registro civil, su latente pérdida ya no me preocupa.
Descubrí que, como entidad, su presencia seguramente se verá tensionada por quien legalmente llegue a poseerla, pero ella, de la misma forma que hizo con mi deseo de acompañarla, quizá se le resista.
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cecilia miranda (Ciudad de México) https://ceciliamiranda.com artista. Integrante del Programa Educativo SOMA 2021 y beneficiaria del Programa Jóvenes Creadores del FONCA (2019-2020). Licenciada en Artes Visuales por la UNAM. Parte de su trabajo ha sido presentado en muestras colectivas en Alemania, Chile y México, entre las que destacan: El jardín de Galileo (2019, Guadalajara 90210), Pinata Soporto (2018, Kunst Gallery, Ahlen, Alemania) y Códigos de Convivencia(2017, Centro de la Imagen). Fue seleccionada en el XXXVI Encuentro Nacional Arte Joven (2016) con la pieza «Pisos de la Torre Sur«. Formó parte del Seminario de Producción Fotográfica SPF2016 del Centro de la Imagen, institución en la que colaboró dentro del área de educación durante el año siguiente. Desde 2017 imparte cursos y talleres sobre arte contemporáneo en espacios públicos y privados tales como: Colectivo Luz Viajera en colaboración con CONARTE, Monterrey; PAOS Guadalajara; así como Fundación Jumex, ECC; Centro de la Imagen, entre otros. Sus textos forman parte de publicaciones independientes. Ha colaborado con artistas e instituciones, dedicándose a la gestión cultural, producción e investigación en arte y educación.
Arte en portada por Alejandra Aragón y Sonia Madrigal
Entre las corporalidades y territorialidades hay una relación que lo que pone en juego es la manera de cómo habitar el mundo, de cómo estar juntxs y al mismo tiempos sólos y poblados, repletos de cuerpos. De transitar los desiertos, de fluir con el bosque que bufa, gime y se repliega. En Hysteria! Revista nos interesó pensar este tema. Paralelo al número, en el intenso ahora, varios gestos libertarios están aconteciendo en el sur global. Cuya disputa tensa la conjunción que nos atañe ahora, que nos invita a escribir, los cuerpos, y sus arquitecturas, sus espacios, sus pueblos y sus formas de vida.
La política es un fenómeno de arquitecturación y espacialización. Es pensar cómo nos generamos uniones y lazos entre unos y otros, también distancias y separaciones, en cómo nos estructuramos y esa estructura se acuerpa en el espacio. Toma lugar. Se hace de un territorio. Marca. Raya. Deviene una morada. Un estar. Un tránsito que nos sirve de refugio. Las producciones que nos atañen en este número ponen de manifiesto esto: las resistencias de los pueblos indígenas, urbanas, de los cuerpos en sí. De aquellxs sin morada.
Los cuerpos también se conforman por la Arquitectura. Esta los conmina. Les hace circular en determinados espacios. Separa, selecciona, éste pertenece a este campo, éste a otro. Instituye diferencias de clase, raza y género mediante el concreto o la piedra. Busca perdurar, trascender. Quiere los grandes gestos. Nuestra relación con La Arquitectura es complicada, tensa. Nuestros gestos son menores y minoratarios. Atentan contra el prístino paisaje urbano. Irrumpen más que instauran. Marcan. Es un rayón en un muro. Okupa. Es contingente, perene. Se sobrepone a lo existente. Es la barricada que toma la calle. Es la marca en una protesta donde se reclama el cuerpo propio. Es la fisura en la cárcel.
Pensar en esa relación entre los cuerpos y los territorios es una pregunta sobre una ética del habitar. Es pensar que no tenemos otro mundo y si no tenemos otra forma de vivirlo. Es vivirlo. Es una revuelta contra la ciudad, contra lo urbano y lo metropolitano. Contra todas sus políticas de buena conciencia, ciudadanas, es decir policiacas. Es una tensión contra el embellecimiento, esa belleza que desecha lo considerado sucio, pobre, feo, arruinado. Nuestras arquitecturas son manchas, cuerpos indeseables que cuestionan lo público del espacio.
Con este número les invitamos a levantar refugios, moradas y barricadas. Espero que lo disfruten.
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Editor invitado: Tadeo Cervantes Unicornio marginal, princesa caramelo, pasivista no de a pie de a culo, 21 veces primavera. La vorágine, la imposibilidad de ser Tadeo Cervantes. Normal por imposición, más anormal por convicción.
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Artistas en portada:
Sonia Madrigal vive y trabaja en Nezahualcóyotl (Estado de México). Su obra explora distintas narrativas visuales para reflexionar, de manera personal y colectiva, en torno al cuerpo, la violencia y el territorio, enfocándose principalmente en el Oriente de la Zona Metropolitana de la Ciudad de México.
Alejandra Aragón vive y trabaja en Ciudad Juárez ( Chihuahua). Mi trabajo fotográfico, audiovisual y de recuperación de imágenes de archivos propone un acercamiento a las distintas complejidades de la ciudad en la que habito. Desde lo personal y colectivo, lo documental y lo sensible, exploro los vínculos entre violencia, memoria, vida nocturna, así como testimonios de mujeres. Con esto intento representar aquello que constituye el imaginario y la diversidad de identidades de esta región fronteriza.
Temporalidad como línea cronológica en la que solo existe el presente, un presente fugaz. Pero también, Temporalidad como una tormenta que nos quiere oprimir, pero que a pesar de todo defendemos nuestra libertad.
La Cuerpa como un espacio habitable, un hogar portátil, un refugio adherido.
La Cuerpa como el territorio que siempre nos acompaña a los espacios temporales. El hogar que nos acompaña en nuestras estancias fugaces.
La Cuerpa que resiste temporalidades.
La cuerpa me acompaña en el devenir del día a día porque la Cuerpa es yo y yo soy la cuerpa, ambas “somos” y al ser, existimos constantes.
Cuerpa porque el Cuerpo es para el hombre. Cuerpa porque me pertenece y transformándola a sustantivo femenino, la reconquisto.
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Lorenia Hurtado Córdova (1997) originaria de Tijuana, Baja California. Cursando el último trimestre de la carrera de fotografía en la Escuela Activa de Fotografía. Su obra abarca géneros fotográficos como el autorretrato, desnudo, documental y retrato. Se considera feminista; algunos de sus temas favoritos son las corporalidades y el amor propio. En sus ratos libres hace collage y escribe poemas.
«Desgraciadamente mi’ja se me convirtió en un archivo, y no en un archivo muerto, sino en un archivo vivo” – Paula Flores Bonilla, madre de Ma. Sagrario González Flores. 2016
Ecos del Desierto es un documental interactivo multimedia que surge como iniciativa del Centro para el Desarrollo Integral de la Mujer, con el objetivo de visibilizar el aporte de las madres de víctimas de feminicidio en la denuncia de la violencia de género y a favor de los derechos de las mujeres, mientras han pugnado por la justicia para sus hijas y el esclarecimiento de su desaparición y feminicidio.
También fue hecho para reconocer y agradecer el trabajo de defensa de los derechos de las niñas y de las mujeres que realizan las madres de víctimas de feminicidio al igual que las madres con hijas desaparecidas en Ciudad Juárez, quienes a partir del peor día de sus vidas sacaron fuerza para salir a exigir justicia y respeto a los derechos de sus hijas.
La plataforma web ubica en una línea de tiempo 8 casos de feminicidio sucedidos en Ciudad Juárez entre 1995 y 2013 y sobre cada caso han hecho un corto documental, en el que partiendo del testimonio de las madres, podemos adentrarnos a conocer un poco sobre quienes fueron sus hijas, y la lucha que han emprendido para buscar justicia para ellas.
En la página también podemos consultar un archivo de ligas de interés para poder profundizar en la investigación sobre el fenómeno del feminicidio en México, información general sobre cada caso y fotografías de las víctimas y sus familias.
Con agradecimiento, admiración y gran cariño para:
Berta Cáceres, activista ecologista por los derechos humanos y coordinadora del Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras (COPINH), fue asesinada en la puerta de su casa el 3 de Marzo de 2016.
En la última entrevista que realizó para el periódico italiano Il Manifesto declaró ‘nuestra vida pende de un hilo’ refiriéndose a cómo acechaban a los activistas hondureños tanto el Estado como empresas extranjeras encargadas de megaproyectos en el territorio.
En 2018 la artista Yolanda Benalba realizó en la ciudad de Tegucigalpa, Honduras el recorrido Nuestra vida pende de un hilo en el que caminó desde la Corte Suprema de Justicia hasta el Centro Cultural de España, en donde desplegó el textil (que a modo de bandera fallida y lona de manifestación inactiva) quedó colgando de un extremo y tirado en el suelo de la calle durante la semana del encuentro.
still de vídeo. Ever Rodas
╳ Performance presentado en el marco de El Cuerpo y la Ciudad. X Festival de Performance, Centro Cultural de España, Tegucigalpa. (Honduras). Comisariado por César Manzanares 2018.
Tiro por viaje toca leer a gente, ciudadanxs ampliamente conocedorxs de las Bellas Artes y ávidxs practicantes del civismo, quejarse de sus preciosísimos monumentos y edificios ultrajados durante equis marcha; no es cuento nuevo que la gente condene los daños a los baluartes nacionales. Tiro por viaje toca leer bromas como que el maldito monumento es opresor, e igual y directamente no lo es, pero definitivamente sí son una representación de las fuerzas estatales, patriarcales, y coloniales.
Y tiro por viaje nosotrxs seguimos acá, dando batalla sin pandearnos. Porque final de cuentas, lo que algunxs no alcanzan a ver es que lo verdaderamente significativo no es el monumento, sino absolutamente todo lo demás que sucede a su alrededor.
2. Entonces, primero lo primero: Los monumentos
Sería sumamente ingenuo sostener que los monumentos son solo unas “bellísimas” esculturas que adornan nuestra ciudad con señores a caballo, porque no lo son. Los monumentos existen entre lo político y lo escultórico.
Escultóricamente podemos ir diseccionando sus componentes formales:
Su dimensión rebasa la escala humana de manera deliberada, y no sólo eso, sino que además de ser gigantes se encuentran sobre un pedestal o columnas enormes que, literalmente, los hacen superiores a cualquiera de nosotrxs;
los materiales de los cuáles están hechos tienden a la tradición hegemónica escultórica: mármol, bronce, baños de oro, …
apelan a lo Universal, lo eterno, lo verdadero; éstos sostienen con sus columnas los símbolos de una nación, sus héroes, y valores.
Igual no es difícil deducir que los monumentos son instrumentos institucionales que tienen, como mínimo, la función de modelar los imaginarios histórico-identitarios y de reafirmar el poder estatal a un nivel simbólico dentro del marco de lo cotidiano. Nada es azaroso con los monumentos, namás que ya no lo sentimos.
3. Las “intervenciones”
Ahora sí, a lo que nos truje: “intervenir” monumentos (a falta de un término más exacto), es un acto que seguramente significa cosas diferentes para todxs las que lo hacemos, y mi intención no es ni dar una respuesta absoluta ni una justificación para nuestros actos, sino ir esbozando las implicaciones que eso tiene.
Cuando incidimos con una convicción política sobre un monumento, éste deja de ser una construcción en sí misma, cambia a ser el soporte de la intervención, es decir, que cambia el sentido original de ese monumento y le arrebatamos — aunque sea por unos instantes- su poder simbólico.
A pesar de que el tamaño de las construcciones no se reduzca en el plano de lo real, ponernos cara a cara cambia el modo en que lo percibimos; las distancias entre el monumento y una persona ya no parecen tan gigantes. También se observa la contraposición de materiales; el bronce y el cemento contra la pintura en lata, la tela o la diamantina, y resultan más importantes aquellos materiales efímeros, “comunes”, por el simple hecho de que son más significativos. Sin embargo, yo propondría que lo más importante de intervenir monumentos está en aquello que no deja rastro físico alguno: el encuentro y la complicidad que se forman al llevar a cabo las intervenciones, la euforia y la sensación de disfrute colectivo.
4. Reclamar espacios
Llega a suceder que no es la manifestación la que se desborda, sino que es el desborde el que se manifiesta1, es decir, que el monumento contenido dentro de sí mismo, al intervenido comienza a englobar algo que lo rebasa, que no está formado de un material específico y que no tiene ni técnica ni forma concreta.
Sabemos perfectamente que una estructura no se tira a base de paliacates y spray en lata, pero sí se agrieta. Y esa grieta (simbólica y material2) dota de significado contextual tanto al monumento-soporte como al espacio en el que éste se encuentra: Entonces un cachito de espacio que pareciera ajeno y aséptico — porque, claro, ya se han apresurado en limpiar todo para pretender que ahí nunca pasó nada- en realidad contiene varias capas mucho más relevantes para quienes lo podemos percibir; el recuerdo de una situación que nos es mil veces más cercana, y las complicidades que formamos, los gritos, nuestra rabia compartida, la emoción y el goce de estar todxs ahí reunidas, haciendo lo que nos dijeron que no debíamos hacer. Es un espacio que hemos reclamado.
5. Conclusiones: No pares, sigue sigue
Mi apuesta, al poner atención en los encuentros simbólicos que están sucediendo dentro del marco de las protestas políticas, está en ser más conscientes de las relaciones que abrimos tanto entre nosotrxs como con el espacio mismo. No hay que tomar a la ligera las miles de fuerzas que estamos creando, no es gratuita la reivindicación del anonimato, del momento y la potencia colectiva, de señalar las disputas y conflictos que existen en el espacio urbano.
Sigamos buscando otros modos de afectar a los espacios, de reclamarlos, porque así podemos implicarnos con esos territorios que aparecen en el encuentro.
2Un saludo a la bandita que salió a limpiar el Hemiciclo a Juárez con thiner y estopa.
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Azul Taboada. Ciudad Monstruo. 1997.
Anarkobruja transfeminista, entusiasta del ¡BUM! (de este perreo intenso) y pasante de la licenciatura en Artes Visuales, FAD, UNAM.
Ha participado en las exposiciones Periplo por el espacio: De lo privado a lo público (2019 Artspace, CdMx), hArto: Feria de arte necio (2018, Bogotá) y Sí, no sé (2017, CdMx).
Mi cuerpa, mi territorio, llena de fronteras liminares autoimpuestas, no es difícil entender porque existe la guerra entre cuerpxs, la defensa y la protección de la misma, de no sentirse vulnerada, de no sentirse abandonada, atesorar los instantes que parecen cómodos, que parecen seguros; espacios llenos de personas, pero solo pocas habitan una cuerpa como la mía, con estrías profundas y arrugas que aparecen a diario, manchas que recorren la piel y llegan al alma. Una cuerpa cubierta en su totalidad, ¿para qué dejarse ver? Solo el pensar sentir la mirada mórbida de las personas me hace suponer que allanan mi morada, el territorio que habito, que en más de una ocasión y de manera discreta se ve cuestionada por comentarios cargados de violencia, a lo que se le llama gordofobia.
fotografía por Mario Patiño
Habito una cuerpa gorda, un territorio de más de 100 kilogramos que ha recorrido 50 años de otros y en otros territorios, protegiéndose de la inevitable herida del dolor de las palabras, del rechazo, la herida que como un gran paso decido hacer mía, sin embargo a veces caigo en la trampa, en el juego infausto del otro y lloro. Agujas lacerantes atraviesan mi cuerpa, la sensación de las argollas frías metálicas y brillantes me recuerdan que por mucho tiempo mi territorio ha portado el estigma de las medidas, el costo de las desmesuras, la soledad de los kilogramos. Miro la vida pasar escondida detrás de un escritorio, 10 horas sentada, hablando poco, sé que es el costo de tener esta cuerpa desbordada, tatuada, carente de los códigos hegemónicos de la buena presentación. Mi cuerpa es políticamente subversiva, mi mente lo es más, hay peligro al mirarme a los ojos, miradas que se confrontan unas a otras, que dan miedo o quizás asco, aún quiero ser optimista y pensar que solo es miedo. Observo la relación que mi cuerpa puede tener con otrxs, pero no hay ninguna otredad que desee estar conmigo, a decir verdad tampoco deseo su compañía.
Salgo a Bogotá, sin expectativas, sin esperar nada, cambio de territorio, pero mi cuerpa sigue siendo la misma, la geografía me desgasta, la altura me dificulta la respiración, transito con dificultad, largas subidas que se deben caminar, el cansancio me abruma, me encuentro con otras corporalidades gordas, me amoldo, me estrujo, me siento protegida, por primera vez no me siento sola, nadie me presiona, nadie me apura, nadie me mira con morbo, nadie cuestiona mi peso, decido borrar aquellas fronteras autoimpuestas, decido sentirme querida, acompañada, acalorada.
Me encuentro con otro cuerpx, otro territorio tan grande como el mío, delicado y joven, siento miedo, le vi llorar antes, me vio llorar antes.
Cuerpxs desbordantes encontrándose por las noches, cuerpxs que se miran, que se tocan y que sienten, el miedo a los afectos, la construcción de un nuevo territorio partiendo del amor. Amor, esa palabra que se extingue poco a poco, que resulta ser el territorio de la periferia, de lo subalterno, lo que no se debe mencionar, lo que pone en riesgo cualquier tipo de encuentro, la nueva frontera ficticia, quién diría que la palabra amor se convertiría en un territorio de guerra al pasar de los años, lo indecible, lo prohibido, lo no imaginable, lo que nos margina y nos lleva a la soledad. ¿Es realmente el amor una construcción romántica falsa y dañina?, o es que no queremos enunciarlo por miedo a perder algo que de todas formas no tenemos, como la libertad, ya que las fronteras nos han quitado eso, ser libres.
Los años me han ido suprimiendo lo que por instantes regresa. La humedad de mi cuerpo, el estremecimiento de mis músculos, las sensación de vivir y sentir aquellas partes de mi cuerpo que pensé estaban muertas, pero solo estaban dormidas, quizás aturdidas, quizás confundidas, me convierto en fuego y a la vez un territorio lleno de mares, que no son lágrimas, aquellos flujos que pensaba secos, aquellos mares que se volvieron desiertos regresaron escurriendo entre las piernas, entre los senos, atrás de mi cuello escucho su respiración. Al sonar de los cuerpos las fronteras se pierden para fundirse entre las carnes, entre los besos, caricias y deseos que se cimbran en un terremoto corporal, en un terremoto emocional, afectivo quizás.
Todo se desborda, el cuidado, la ternura, la intimidad. Me hundo en un vórtice de memorias corporales, de cuestionamientos, sin querer las fronteras de mi gran territorio aparecen y se diluyen en un vaivén de miedos ocultos, de deseos reprimidos, de llantos internos, de risas escondidas, si tan solo tuviera 20 años menos. Las llamas me invaden, siento que el sudor moja la sábana, Eros y Thanatos se encuentran en la respiración, aquella que se corta a momentos, que me produce un ligero mareo, el vómito de mis emociones, dejar salir al demonio habitante constante de mi cuerpa, dominador de mi territorio.
Cuerpxs gordxs, identidades no binarias, identidades que se encuentran, identidades que han decidido romper con todas las fronteras que nuestros territorios gordxs habían impuesto.
Sin embargo en su momento regreso a la soledad de mis pensamientos, al habitar de los infiernos de mi cuerpa porque ese es el único lugar que debe habitar un cuerpx que cayó en el acto de la gula, ángeles caídos por los excesos de la comida, hay que poner nuevas fronteras, para enfrentar la confrontación de las miradas, presentir el terror que se tiene de habitar una cuerpa como la mía, de sentir la lástima que le tienen a una enferma, regresar al escritorio que es ese gran escudo donde nadie puede ver mi cuerpa, pasar a ser la persona simpática y amable que si tan solo cumpliera con las normas hegemónicas de la buena presentación…
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ERIKA BÜLLE.Ciudad de México.Artista Visual obteniendo el grado de Doctora en Artes y Diseño en el área de performance por la FAD – UNAM, con la tesis “112 Kilogramos, la performance como herramienta en el activismo gordo mexicano. Propuesta pedagógica y de producción del 2014 al 2017”, obteniendo la mención honorífica y el estímulo a la graduación oportuna.Contó con la distinción de la beca UNAM para realizar estudios de doctorado, así como dos apoyos UNAM de prácticas escolares para la realización de proyectos. Seleccionada en el festival Performatirum “The Badass bodies” 2019 Regina Canadá, la Bienal Tempting Failure 2018, Londres. Representante de Latinoamérica en el festival de performance, Buzzcut, Escocia, 2017. Bienal Forma y Sustancia en Guatemala 2017 y Costa Rica 2019. Seleccionada para representar a México en el festival de performance Rapid Pulse, Chicago, 2016 y en el festival de performance y video/performance Perfoartnet Colombia y el festival de performance y arte vivo Bem me cuir, Brasil entre otros.En México se ha presentado en distintos festivales y espacios como el Museo Rufino Tamayo, Museo de Arte Moderno, Museo de la Ciudad de México, XTeresa, MUAC, solo por mencionar algunos.Cuenta con 30 años de experiencia en la práctica de la performance. Ha colaborado con colectivos de prestigio internacional como La Pocha Nostra y SEMEFO.