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#Un Comentario Sobre Las Letras Blancas en CU

por Diego Olmos

Actualmente estoy haciendo mi tesis. Yo estudié Arte y Diseño en la UNAM. Siguiendo la temática de esta edición, estoy escribiendo desde lo académico sobre un territorio y espacio que se reclama en Las Islas desde 2017, las tipografías monumentales, las letras blancas, el monumento o cualquier nombre que le quieran poner, según tu inclinación estética o política, #HechoenCU. No sólo escribo sobre el #HechoenCU sino de sus homólogos Autonomía90, PAZ y AMISTAD, estructuras de lámina negra pintadas de blanco. Estas tipografías en el espacio público ya son frecuentes en nuestros recorridos no sólo en las universidades y en la ciudad, sino también ya las encontramos en los llamados “Pueblos Mágicos”. Estos colosos devienen de estas lógicas del branding que quieren presentar al espacio público urbano, rural y hasta universitario como una marca. Podemos pensar en muchos ejemplos y yo creo que en nuestros recorridos las vemos e incluso percibimos a personas tomándose una foto con ellas. Pero no sólo hablo de lo que representan, sino que hablo de las Letras Blncas intervenidas.

Las letras blancas dieron de que hablar después del 5 de mayo de 2017, ya que fueron rayadas después de una protesta feminista al marco del feminicidio de Lesvy Berlín dentro de la universidad. Esa misma noche estudiantes entusiastas y muy patrimonialistas con estopas y thinner se organizaron para limpiarlas, puesto que, lo que ellos entienden como patrimonio no debería sufrir esas transgresiones.

Ahí empezó el pleito, ahí fue la ruptura. La universidad se partió en tres grupos de estudiantes: los “condeno enérgicamente” los “lo quemaremos todo con todo y orgullo universitario” y los “no me importa”. Este debate ha sido importante en los últimos meses, puesto que piensa en el valor moral de las acciones y las cosas. Curiosamente #HechoenCU tiene un hashtag, porque la utilidad es subir la foto de la cosa o con la cosa a las redes sociales. Así mismo se suben las intervenciones y rayas obedeciendo a la génesis del monumento, llegar del espacio público al espacio virtual. En éste, múltiples conflictos entre usuarios han encontrado lugar: denunciando, compartiendo, reportando, burlándose e incluso hacer todo lo posible para que la documentación de la intervención ya no exista.

Si uno en un rato libre busca en Facebook #HechoenCU encontrará la constelación de imágenes que nos hablan de un momento coyuntural, la universidad idealizada desde el objeto contra la universidad politizada. Sobra decir que los estudiantes no van por la vida rayando cuando quieren, sino que todas estas injerencias se enmarcan en procesos de violencia, Lesvy, Los Porros y Aide, por mencionar algunos.

El coloso blanco se presta como un lienzo blanco de denuncia, ese objeto que quiere desviar la atención es usado para intervenirlo y sacar la lengua contra quienes niegan las violencias dentro de los centros y facultades de la UNAM. Más allá de plataforma, es un espacio de discordia que encuentra salidas estéticas dignas de estudio y replicación. Ya no sólo son grafittis aleatorios, ahora el monumento es utilizado como un banco o fondo de memoria en el que se invocan y convocan nombres de estudiantes, docentes y cualquier miembro de la comunidad víctima de la violencia e impunidad que se vive en este país.

Desde tapar la palabra Hecho con una manta que dice MUERTO para formar #MuertoenCU, llenar de crucifijos el perímetro de la escultura para representar un panteón o incluso desarmar y tirar al espejo de agua la palabra Autonomía, se nos presenta un panorama amplísimo de los lenguajes, vocabularios y gramáticas de la ausencia, de la presencia, del peligro y al mismo tiempo de la revuelta estudiantil contemporánea.

Yo he sido testigo desde los dos espacios, desde el virtual y desde el físico. Ambos espacios encuentran oportunidades de experiencias impactantes, desde ver la recepción de la publicación hasta contemplar cómo un monumento con una retórica establecida, a través de maniobras y estrategias, cambia de sentido impactantemente. El monumento y el espacio que lo contiene ya no tiene una simple función, las intervenciones nos muestran las fragilidades de los territorios.

Las palabras que revuelan mi cabeza después de ver y presenciar estas imágenes siempre son memoria, deseo, presencia, ausencia y violencia. Palabras que a todxs nos llegan, nos tocan las fibras. Espero que después de la violencia que nos aterra, que nos paraliza a salir, podamos organizarnos para resistir sin dejar absorbernos o romantizarnos y que formemos lenguajes y gramáticas que también nos permitan accionar desde la estética.

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Diego Olmos Mancera nacido en 1997 estudió la licenciatura en Arte y Diseño siendo parte de la última generación de la Facultad de Artes y Diseño Xochimilco. Su práctica artística y académica encuentra intereses con el espacio público, las redes sociales y la visibilidad política. Su formación estudiantil ha estado acompañada por procesos educativos, curatoriales y museológicos en diversas instituciones en las que destaca el MUAC. Ha sido asistente en la producción de piezas para artistas como Melanie Smith, Núria Güells y Guillermo Santamarina por mencionar algunos. Actualmente realiza su tesis que se enfoca a la nueva escultura y monumentalidad reflexionada desde la memoria y la cultura visual en Ciudad Universitaria en los últimos dos años y es un mimbro actual de la Red Iberoamericana de Pedagogías Empáticas como artista independiente

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Transicionar en mi andar, soy sexo-disidente y cuerpa.

Ilustración por Lolita D´eon

Por Tessa Galeana

Cuerpo-territorio, el que habitamos, que construimos, que modificamos cuando deseamos, cuando queremos, cuando podemos. Sin embargo, vamos andando, sin siquiera mirarlo, sentirlo, leerlo, escucharlo. Me veía como un mero espectador, fuera de este cuerpo que habito y que vivo, solía creer que una vasija era algo indiferente, insignificante, hasta que comprendí que mi vasija es mi contenedor, mi único espacio personal en el que puedo concretar mi ser, mi pensar, mi yo.

Aprendemos muy bien del autoengaño, a enmascararnos para formar parte de un todo y una nada, un vacío que nos van fomentando, nada parece tener sentido. Vivimos fuera de nosotras porque no somos nada en un sistema que nos mira como meros objetos. Maquillaje, zapatillas, peinado moderno, tinte realzador de brillo, fajas, medias, vestidos acorde a mi complexión, perseguir estereotipos para encajar en una sociedad patriarcal. Hicieron uso de mi cuerpo a su antojo, lo tomaron sin siquiera yo desearlo, ultrajaron mi esencia, me hicieron sentir que no valía la pena, que yo era una cualquiera. Pero ¿qué es ser una cualquiera? He aprendido a resignificar muchas palabras en mí andar, es una manera de tomar resistencia y rebeldía ante el sistema que me quiere como modelo robótico para aceptarme.

Cada día que pasaba estaba inmersa en complacer a los demás, mi cuerpo no me pertenecía en realidad, era ajena a mis formas, mis deseos. Miraba otros cuerpos y deseaba tenerlos, porque no podía ver lo que yo era, lo que tenía, intentaba perseguir modas, desde la voz hasta la punta de mis dedos de los pies, no era yo.

El exterior era más importante, siempre preocupada por las y los demás, dejé de tener autocuidado y no me enfoqué en mí. Hasta que mi proceso comenzó, entendí que lo personal es político, mi transición fue influenciada porque reconocí a otras personas como yo, descubrí que cuando nos relacionamos con personas que nos dejan el mismo sistema modelo capitalista, nos envolvemos a tal grado de que nos perdemos, nos fusionamos unas, unos con otras, otros.

El día que llegó mi hartazgo, se convirtió en mi momento de introspección, de interiorizar todo aquello que me estaban queriendo arrebatar, que no me era reconocible, ni siquiera era lo que yo deseaba. Tenía miedo de salir de esa burbuja en la que estaba envuelta, en ese molde al que me habían condicionado.

Ver el cuerpo como un territorio es la principal idea de poder politizar mi cuerpa ante un sistema que nos ve como números; se convirtió en mi territorio de defensa, porque lo habito, lo lleno, lo formo, transito en un mundo en el que necesito romper con estigmas, estereotipos, moldes obsoletos.

Soy un sexo disidente, aprendí a ser subversiva, a no encajar en la normalidad, desde mi ideología, hasta mí actuar, busqué por mucho tiempo algo que me hiciera identificar, hoy con comprensión lo logré, mi cuerpa es mi mayor anécdota, un rostro lastimado por productos capitalistas, los pies lacerados por la belleza patriarcal, una maternidad obligada que me pesa y que no me molesta mostrarme arrepentida.

Mi memoria física dice muchas cosas que dentro de mi cuerpa están, que no se van, que están para aprender, para resistir, para resilir, para compartir. No me interesa más formar parte de esa estructura en donde existe lo bonito y feo, lo bueno y lo malo, lo lento y lo rápido, lo inteligente y lo tonto.

Recorro mi existencia a través del entendimiento, politizarme me ha permitido reconocer memorias escondidas que no habían podido entenderse, me reconozco en otras mujeres, me acaricio cada día, puedo dejar de darme asco, dejar de anhelar algo que no puedo ni quiero ser. Entiendo a otras cuerpas, las respeto, porque cada una es única; la diversidad nos conjuga, nos permite estar en un engranaje enorme, en las periferias, en esas zonas donde pareciera que solo unas/os cuantas/os pueden ingresar, porque somos las feas, las irremediables, las inconcebibles, las ingratas, las malagradecidas, las que no queremos seguir lamiendo los pies al sistema, que no estamos dispuestas a continuar sonriendo para complacer, las que somos monstruas por no querer amar hombres, ni relacionarnos sexo-afectivamente con ellos, porque entre mujeres hemos encontrado amor libre, sin miedos, sin culpas.

Las memorias de mi cuerpa están, las resignifico y reivindico, porque así es como se puede vivir libre, sin modelos inalcanzables, siendo yo.

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Tessa Galeana

Periodista y escritora comprometida con lograr conciencia en la sociedad, erradicación de la discriminación, desmitificación de la maternidad, violencia hacia la mujer, roles de género y todo aquello que nos segmenta en esta sociedad patriarcal. Ha colaborado para revistas digitales como Citric Magazine y Fanzines Feministas. Actualmente, es encargada de crear contenido en redes sociales para LUNA, Escuela de Pensamiento Feminista.

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cartografía de niñe esperando un autobus

imagen por Lolita-D’eon

por Marycarmen Lara-Villanueva

te encuentro en la parada de autobus de esta ciudad “multicultural”—nuestras miradas se cruzan y se trenzan en un si y un no. presto atención a tu cuerpo que no cabe en este espacio que nos asignaron. tu ropa es un ensamblaje de estrofas—tu sudadera negra con esa capucha que cubre tu cabeza, es teoría. los audífonos que adornan tus orejas me dicen que también tienes sueños inconcebibles y en una canción nos encontramos. la pedagogía del hip-hop haciendo conjuro y escucho a lo lejos a Kendrick Lamar. me quiero infiltrar en tu playlist, dejarme influenciar.

tu cuerpo y su teoría, desestabilizan la parada del autobús y con tu magia incendias todo. el esmalte en tus uñas hace juego con tus pulseras, que me recuerdan lo que se siente tratar de encajar en los discursos académicos en los que me enredo, me escondo, me pierdo. tu cuerpo y sus adornos son un marco teórico y ahí me sitúo. miro como encarnas la epistemología de la subversión y así empiezas una revolución: en tu playlist, en tus manos y en los sueños en los que nos encontramos. no cabes en este asiento, tampoco en el autobús, ni en la calle, ni en la ciudad que nunca ha sido amable contigo, ni con el esmalte de tus uñas —tampoco conmigo.

el tiempo linear es una herramienta colonial y en espera del autobús, tu y yo sabemos que hay mas tiempo que este tiempo. intentas buscar refugio, pero yo estoy aquí y no es necesario. tu madre y yo tenemos una alianza que—aún sin conocernos—nos rebaza. ella sabe que las políticas identitarias hegemónicas de la masculinidad tampoco te gobiernan y aunque teme, todos los días me pide que también te proteja, con la misma furia con la que resguardo a mis hijes.

en tus manos llevas un libro de ciencia, pero bien sabes que el racismo epistémico configura los conocimientos de tal forma que no estamos. en tu escuela te vas a encontrar con una estructura que te quiere borrar, pero tu trasciendes los libros de texto y las lecciones blanqueadas en las que aun tratan de incluirte, al mismo tiempo que pretenden arrebatártelo todo: mul-ti-cul-tu-ra-lis-mo. rebazas su currículo con tu presencia sin complejos, desestabilizas el orden de todas las instituciones que han tratado vanamente de desaparecerte. te escapas y en tu playlist, nos encontramos.

te quiero decir que te veo. te digo que hay mejores futuros. yo estoy aquí para sostenerte, mi niñe. trépame como a un árbol. yo ya estoy anclada y no tengo miedo, tu tampoco lo tengas. escálame como a un cedro, que nada nos detendrá. imaginemos sueños idealistas, seamos ilusxs, que lo que no se imagina no existe y ya nada nos detendrá!

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Sobre la autora:

Marycarmen Lara-Villanueva: organizadora comunitaria y estudiante de doctorado en el Instituto de Estudios en Educación de Ontario, en la Universidad de Toronto, donde investiga temas de racismo anti-Negro, teorías anti-coloniales y maternidades subversivas. Sus publicaciones incluyen artículos sobre la supremacía blanca en el sistema educativo euro-canadiense, así como políticas de la maternidad. Ha presentado su trabajo en conferencias académicas en Mexico, Canada, Francia y próximamente Ghana. Marycarmen también es madre de dos hijes, disfruta correr largas distancias y tomar café a solas.

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Guadalupe

Imagen por Mal_ware

por Juan Carlos Hernández García 

Tonantzin, llévame al cerro de los cardos.
Cárgame entre tus brazos más fuertes que la chingada,
préstame tu luna para hacerle sexo oral a un desconocido,
dime que soy bonitx, Tonantzin,
dime que soy bonitx porque tú eres la única a la que le creo.

Arráncame las uñas y cámbialas por acrílico,
hazme un tutú mexica,
quítame el afrancesamiento de jerezana estúpida,
emborráchame con Huitzila
y fabricarme una peluca mestiza
más mestiza que Thalía.

Tonantzin, dime, Tonantzin,
¿Por qué me conviertes en bruja y en puto?
¿Por qué me quiero morir todo el tiempo?

Que se acabe el mundo, Tonantzin,
que me regresen la tierra y me la metan en la boca,
que el lodo de mi saliva se convierta en pasta,
que la pasta del lodo se convierta en semen.
Semen que me saca sangre,
semen que corre por mis venas,
semen que se mete en los pulmones,
semen que me provoca arcadas.

Tonantzin, préstame el velo estrellado para limpiarme la espalda.

¿Por qué nunca me has llevado a la luna, mamá Tonantzin.
Quiero ser tú, vestida de soledad,
quiero ser generala armada
y diosa chipil vestida con hilo de oro,
quiero una corona hecha de arracada de niña jerezana.
Quiero no ser asesinade.

Mi instinto fue huir.

Mi instinto fue huirte.
Huí de la comodidad moral de irresponsabilidades cardinales,
huí del privilegio blanco y de padres normados,
huí de una vida triste auspiciada por ti, Tonantzin.

Corrí lejos,
hasta dónde me alcanzarán las piernas.
Te huí, Tonantzin, te huí.

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*Ganador del 1er Slam Queer/ Cuir Querétaro

Juan Carlos Hernández García, Marica buchonx zacatecanx, artista visual no binarix, nació el 14 de junio de 1999 en Jerez, Zacatecas. Cofundador de los colectivos interdisciplinarios Contrajerezanos y Aquelarre Gráfico, ha expuesto diversas galerías y espacios independientes en los estados de Zacatecas, Querétaro, Guanajuato y Aguascalientes. Actualmente estudia la Licenciatura en Artes Visuales en la Universidad Autónoma de Querétaro.

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ME ARREBATARÁS LA TIERRA

Ser marika y ser buchonx

por Juan Carlos Hernández García*

imagen por Bruja Prieta

Me arrebataste mi tierra muchas veces,
me hundiste en un balde de esos de madera que doña Rosita guardaba en su zaguán,
por si llovía, pa’ regar las dalias que adornaban su patio de enfrente.
Y esas flores eran del mismo color de mis pétalos,
de un rosa mexicano,
de un rosa zacatecano,
del mismo rosa que tenían las muñecas de las nietas de esa vecina.
Zapatitos rosas.
Y yo, inocentemente, quería unos iguales para mis luchadores.

Pero doña Rosa nunca me regañó por jugar a las muñecas con sus nietas. Tú sí.
Tú me hundiste en esos baldes llenos de agua.

Tú envenenaste la sopa de fideos que hizo mi chita un jueves, llegando de misa,
tú me tiraste el plato caliente encima,
tú apagaste el radio con el noticiero de Panchito Sánchez,
tú quemaste el álbum de fotos donde yo mismo guardé los panfletos de mi mamá en
campaña.

Y lloré, verga que si lloré un chingo.

Me tapaba con el cobertor amarillo que tenía desde bebé,
lloraba contra la almohada para callar los gritos,
deslavando la tela vieja de esa cobija que sentía era la única que me escuchaba.

Y no me sentía de ninguna parte,
no me sentía de aquí pero era lo único que conocía.
¿y entonces de dónde era si mi refugio sólo era darlo todo por sentado? como mi
familia, por tu culpa.

Me arrebataste la tierra cuando me obligaste a sólo ser una rama de tu arboleda de
conserva.

Me cambiaste por una versión más flaca, más güera, más alta y pues más hetero, y la
pusiste en mi generación y en todas las que siguieron,
le pusiste un sombrero de charro y la montaste a un caballo,
le diste dinero y un apellido de respeto.

Me hiciste ponerme una texana que no me quedaba,
y hasta unos botines que me sacaban callos,
pero a la mera hora me metiste un dedo en el culo
y me sacaste de un putazo del baile cuando Las Huilotas estaba sonando.

Y me hiciste pensar que de todo yo misme tenía la culpa,
que me lo merecía por haber nacido con un pecado que no se lava en el bautizo, pero
ahora te miro a los ojos y te enfrento,
te hablo con maldiciones y hasta te mando a la chingada.

Ahora soy yo mismx quien se mete un dedo en el culo,
ahora soy yo mismx quien se imprime “Puto” en la frente,
ahora soy yo mismx quien se entacona y se ve divinx,
quien pasea oronda y se expone a los chiflidos de viejos puercos y sermones de
señoras recién confesadas.

Ahora soy yo quien decide y yo sé que eso te dolió.

Y te enojaste tanto tanto que te estás vengando,
porque me hiciste sentirme incómodx en mi casa,
porque me hiciste imposible que recuperara a mi propia madre, porque me acosaste
en las calles de mi propio pueblo, de mi lugar, de mi único lugar.

Y eso es lo que más me duele, después de todo, sentir a mi pueblo tan mío,
pero que Jerez ya no me sienta suyo.

y no sé dónde estoy

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*Ganador del 1er Slam Queer/ Cuir Querétaro

Juan Carlos Hernández García, Marica buchonx zacatecanx, artista visual no binarix, nació el 14 de junio de 1999 en Jerez, Zacatecas. Cofundador de los colectivos interdisciplinarios Contrajerezanos y Aquelarre Gráfico, ha expuesto diversas galerías y espacios independientes en los estados de Zacatecas, Querétaro, Guanajuato y Aguascalientes. Actualmente estudia la Licenciatura en Artes Visuales en la Universidad Autónoma de Querétaro.

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Cuerpas desnudas frente al lente. Reflexiones con amigas

imagen por Magalli Salazar

por Alejandra Bonilla González

Cuando Raquel me pidió que posara desnuda para ella acepté, primero, porque era mi amiga y necesitaba ayuda en su propuesta de sesión de desnudos feministas para un trabajo final de la escuela de fotografía, pero también porque me daba curiosidad experimentar el mostrarme sin ropa y posar frente a mis amigas, pues Alondra, la chica más divertida y confiable de mi universidad, haría la sesión conmigo. No me lo planteé como una situación erótica entre mujeres (¡que cuando así se quieren son tan placenteras!), más bien, significaba reconocer mi cuerpa como mi primer territorio y mostrarla libre, plena y verdadera frente a otras féminas, y más importante, frente a mí misma. Pero por obvio que sea, la situación ameritaba varios retos por los que yo no había atravesado.

Al llegar con mis amigas hablamos un poco y Raquel nos hizo algunas preguntas importantes para plantear su proyecto como desnudos feministas, y, entre tanta charla, una de las preguntas que mayormente recuerdo fue si nuestra cuerpa nos pertenecía o no. “¡Pues sí! ¡Claro que nos pertenece!”, contestamos Alondra y yo efusivas. Pero entonces, ¿qué pasaba cuando transgredían nuestra corporeidad, desde las opiniones misóginas de nuestros profesores hasta el feminicidio por nuestras parejas? Bajo estas circunstancias, ¿la cuerpa seguía siendo nuestra? ¡Por supuesto que sí! Lo diré y lo gritaré las veces que sean necesarias.

La cuerpa es nuestra y NO le pertenece a nadie más que a nosotras mismas, ni a nuestras parejas, ni a Dios, ni a mamá y papá, ni al tipo que nos manosea en la calle, ni a NADIE más. El problema cuando lo dudamos (y quiero aclarar que Raquel nunca lo dudó, sino que trataba de provocarnos con sus preguntas para escuchar nuestras respuestas) es que le sistema lleva generaciones completas haciéndonos sentir y creer que esto no es así, y más bien, nos obliga a pensar que nuestra cuerpa existe para crítica y disfrute ajeno. Por ejemplo, los medios nos bombardean con imágenes de mujeres jóvenes, esbeltas y bien arregladas todo el tiempo, además de mostrarlas como las favoritas de los hombres. ¿Y qué pasa con las mujeres que no cumplimos con esos cánones estéticos al pie de la letra? ¿O con las mujeres que no sean ser las favoritas de los hombres ni nada de ellos? En mi propia historia, recuerdo que hace años cuando era una adolescente, me puse de todo en las estrías de los senos para que desaparecieran, después gasté mensualidades completas en productos para el cabello, maquillaje y ropa que no necesitaba, pero siempre tenía una sensación de que no era suficiente, como si siempre me faltara algo. Pero no, a mí no me faltaba nada, mi cuerpa estaba y está completa. Ahora sé que hagas lo que hagas para el patriarcado nunca es suficiente, siempre hay algo que puedes hacer para “verte más hermosa” según sus parámetros de lo bello en una cuerpa de mujer. Aunque, de hecho, el sistema siempre busca que te sientas así y no sólo en lo estético: insuficiente.

Por otro lado, y mientras combates los demonios que el patriarcado te introdujo, un día sales a la calle sintiéndote bonita, feliz, libre y plena y es ahí cuando algún cobarde te mete la mano en la entrepierna mientras vas en el bus o bailas en el bar, te levanta la falta cuando sales del colegio o cuando vas a un encuentro erótico, te lanza algún piropo mientras sales a hacer ejercicio o caminas ebria por la banqueta, la situación da completamente igual. Y es ahí donde el Estado, los usos y costumbres culturales y la gente que te rodea te culpan a ti porque “algo debiste haber hecho para provocarlo”. Las compañeras chilenas con el grito tan sonado de “y la culpa no era mía, ni dónde estaba, ni cómo vestía, el violador eres tú”, hacen referencia al sistema violador donde se señala no solamente a quien perpetua el acto, sino también al sistema misógino que permite y fomenta que las transgresiones a nosotras ocurran a diario con evidente odio. La cuerpa nos pertenece, sin duda. Fue el patriarcado el que nos hizo dudar o sentir que esto no era así.

Después de esas reflexiones comenzamos la sesión. Y ahí, viendo la cuerpa desnuda de Alondra, me di cuenta que no solamente se trataba de mostrarme y reconocerme, sino también de reconocer una cuerpa ajena que se estaba mostrando libre frente a mí. Mientras nos tomaban las fotos y posábamos, como las mejores amigas que somos, manteníamos la conversación con Raquel sobre las luchas internas que hemos edificado en la reapropiación de nuestros cuerpos, y claro, también contábamos anécdotas, sentimientos, secretos e ideas sobre cómo esas luchas internas las estamos transformando en colectivas y día a día nos hacemos más fuertes dentro del territorio que son nuestras cuerpas. Amo a mis amigas profundamente y a todas las fuertes enseñanzas que a diario construimos y sembramos juntas, y claro, no es que siempre estemos felices y dispuestas a tomar un té y reír, es que a su lado también comparto y exploro el enojo que generamos, el miedo que sentimos, la tristeza que nos golpea, la agonía que mata y la rabia que quiere incendiarlo todo cuando tocan a una de nosotras. Con ellas me conozco y me reconozco en mi propio territorio corpóreo.

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Alejandra Bonilla González: Estudiante de Historia de la Faculta de Filosofía y Letras de la UNAM; bisexual, amiga, hija, nieta, pareja sentimental y, sobre todo, compañera de lucha de mis hermanas. Por otro lado, soy becaria CONACYT en el Instituto Mora, coorganizadora de varios congresos y coloquios sobre mujeres en la Historia en la UNAM, además de ponente en diversas universidades de la República Mexicana como la UNAM, la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla y la Universidad Autónoma de Tlaxcala con trabajos sobre violencia, movimientos sociales y disidencias sexuales.

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Slam Queer/ Cuir Querétaro

por Magia Prieta Agencia Creativa

Este proyecto surge con el propósito de crear un espacio seguro, incluyente y libre de discriminación para el diálogo y la reflexión. Se trata de una plataforma   para la creación poética subversiva decidida a confrontar los diferentes mecanismos de opresión y violencia que constriñen a todxs aquellxs que no se identifican con un mundo heteronormativo, racista, clasista, misógino y homo/lesbo/transfóbico.

Slam Queer/Cuir Querétaro tuvo su primera edición en la Central de Cultura Compartida el pasado 19 de septiembre de 2019, y pretende realizarse de manera periódica, invitando a los participantes a presentar sus mejores creaciones poéticas encarnadas en la combinación triádica indisoluble de texto, voz y cuerpo, abriendo las puertas a todo tipo de expresión que combine estos elementos y que se encargue de repensar desde una perspectiva Queer/Cuir crítica y reflexiva los afectos, los deseos, las vivencias y dolencias de un mundo ahogado en la distopía.

Entendemos lo Queer/Cuir como una forma de nombrar todo lo que escapa a los binarismos sexo-génericos, una forma de pronunciamiento post-identitario y una sinergia política para unir a todxs lxs que no formamos parte del discurso normativo y oficial del macro-relato hegemónico, con una especial atención a la crítica que se ha originado desde Latinoamérica a la Queer Theory cristalizándose en el concepto sudaca Cuir, para hacerle frente a las diferencias entre los contextos del norte y el sur, rescatando otras genealogías que toman en cuenta cuestiones de clase, raza, pertenencia y género en el nombrado «tercer mundo».

En este número de Hysteria! Revista tenemos el gusto de presentar la obra del ganador de esta primera edición del Slam queer/ Cuir Querétaro, Juan Carlos Hernández García con sus poemas «Guadalupe» y «Me arrebatarás la tierra».

Sobre Magia Prieta: es un proyecto independiente fundado en 2017 por el artista del performance Lechedevirgen Trimegisto y el diseñador multimedia Shorsham Lara, enfocados en la realización de propuestas culturales arriesgadas, alternativas y  experimentales en la Ciudad de Querétaro.

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El cuidado colectivo, la respuesta desde abajo: estrategias y autodefensa feminista en torno a la violencia de género en la Ciudad de México

Por Paola Flores

Mural realizado por la comunidad estudiantil de la Prepa 9, 4 de Octubre 2019. Foto: Jota Ele Muñoz vía Colectivo Crea Ciudad

Tu cuerpo se acostumbra a estar tenso. Aprende a estar a la defensiva.

La Ciudad de México, es la entidad con el más alto índice de mujeres violentadas en el espacio público a nivel nacional[1]. Se estima que seis de cada 10 mujeres han sido agredidas de distintas formas en la calle, parques o transporte público[2]. Entre las agresiones más frecuentes se encuentran frases ofensivas de carácter sexual (74%) y el tocamiento inapropiado (58%)[3]. Esta situación ubica a la capital del país como uno de los entornos con mayor prevalencia de agresiones contra las mujeres en los ámbitos comunitarios[4].

Feminicidios, agresiones sexuales, secuestros y acoso no son solo palabras que se escuchan en medios y redes sociales; son situaciones comunes que enfrentan las mujeres y que repercuten en cómo usan, disfrutan y se trasladan en la ciudad.

Como respuesta gubernamental se cuenta con programas para erradicar la violencia contra las mujeres en los espacios urbanos, específicamente el Programa Ciudad Segura y Amigable para Mujeres y Niñas, vigente desde 2015 en la CDMX. Sin embargo es evidente que las acciones no han sido efectivas; al contrario, las mujeres revelan que la percepción de vulnerabilidad a ser atacadas persiste, así como la búsqueda e implementación de alternativas para enfrentar la grave situación[5].

Lo anterior, ha desarrollado una relación compleja con el espacio público de la ciudad, una relación que involucra el miedo y la precaución constante y que ante ello, desde sus propias condiciones socio-espaciales; las mujeres han adaptado estrategias de cuidado individuales o en grupo que involucran actividades y prácticas, desplazamientos y formas de actuar.

De manera paralela, se observa la emergencia de organizaciones de mujeres que apuestan activamente por la autodefensa feminista, apuestan actuar desde una perspectiva que integre la concientización, la organización y el cuidado colectivo como formas de generar seguridad y protección entre mujeres.

El presente ensayo explora la manera en la que desde diversos contextos, las mujeres generan alternativas de protección y cuidado ante el escenario de poca efectividad que ofrecen las políticas gubernamentales. Se toman de referente las iniciativas cotidianas en los espacios próximos así como aquellas que han surgido y consolidado a partir del activismo y militancia[6].

 

Andar en la ciudad: ¿Cómo se siente el miedo en el cuerpo de las mujeres? 

“Es algo que siento casi todos los días y que he sentido a lo largo de toda mi vida. La sensación inicia en mi estómago, siento burbujas que se van haciendo cada vez más grandes y me sobrepasan”.

Vivir en un contexto amenazante que es cada vez más cruel, tiene ya consecuencias importantes en la vida cotidiana de las mujeres. La sensación de miedo, ante la amenaza o bien la violencia misma, deja secuelas en lo memoria corporal, impactando en su dimensión física y emocional y en efecto en su relación socio espacial. La sensación de angustia es un continuo, se alimenta de otras violencias y hace frente a las nuevas formas de ejercerla, los  mecanismos y modus operandi que no cesan de cambiar. La experiencia de las mujeres en el espacio público incorpora de principio un miedo manifestado en la incertidumbre de vivir algún episodio de violencia.

“Antes sabías qué horarios o lugares no visitar, ahora te sientes vulnerable en todos los espacios y transportes, piensas que la siguiente serás tú”.

No sólo se siente el miedo a transitar o usar un espacio determinado, también el miedo como resultado de la desigualdad en las relaciones de poder, que construye a la mujer como un territorio que puede ser ultrajado de manera impune (y muchas veces aceptada) en el espacio público. Lo anterior reproduce la sensación de ausencia de libertad, las reacciones físicas que causa “asfixian”, “paralizan y mantienen inmóvil”.

“El miedo invade mis piernas y se empiezan a debilitar, la voz no logra salir”.

Vergüenza, frustración, desconfianza y enojo, eso es lo que sienten las mujeres después de haber sido atacadas, por el acto mismo y por la confusión de no saber qué hacer o no tener capacidad de hacerlo. El sentimiento de pérdida de libertad e imposibilidad de actuar; empeora con los actos seguidos del episodio violento. El cuerpo es agredido en todas sus dimensiones posibles.

 

Las respuestas desde abajo

El cuerpo no sólo resiente sino que reacciona a un escenario hostil en el que hay que estar en constante alerta. En este sentido, la relación con el espacio público de la CDMX, se compone de experiencias, percepciones e imaginarios, muchas veces en función de la precaución y la defensa. Las mujeres planean sus actividades a partir de sumar elementos a favor de su protección, crean estrategias para sentirse seguras en los espacios públicos, con la finalidad de pasar “desapercibidas” y evitar ser atacadas.

La concientización de estas violencias, a partir de sus experiencias propias -corporales- tiene implicaciones importantes al tomar decisiones respecto a sus actividades cotidianas. Estas estrategias o iniciativas populares, pueden estar articuladas de la siguiente manera:

Espontáneas sin largo alcance

Generadas después de algún caso sonado de violencia, se difunden mayoritariamente en las redes sociales. Su fugacidad e improvisación no permite impactar de manera importante. Aunque tienen un objetivo preciso, pocas veces son efectivas. No perduran en el tiempo. Un ejemplo es la invitación realizada en redes sociales a llevar un listón morado en la muñeca para identificar que pueden acercarse a pedirte ayuda. Asimismo, varios comercios comenzaron a ofrecer teléfono, traslado, y lugar seguro en caso de alguna situación de acoso o violencia cerca de su establecimiento.

Estrategias populares cotidianas (personales o en grupo) que se consolidan y replican

Son aquellas que se socializan e implementan en círculos cercanos, utilizando diferentes formas de transmisión, generalmente con mujeres de la familia, escuela, trabajo, amistades o vecinas. Es decir, su efectividad se caracteriza implementarse en grupos cerrados, en el que existe un vínculo, lo que permite que sea casi de manera orgánica el avisar “ya llegué”.

Son estrategias que se “vuelven hábito” y que se han ido perfeccionando. Aquí entran las iniciativas relacionadas con las herramientas de autodefensa (específicamente anillos, cuchillos, llaveros, botones de pánico, spray) o bien la utilización de objetos que traen en su bolsa habitualmente, para protegerse (llaves, lápices, perfumes). “Caminando de noche, uso las lleves en la mano dispuesta a defenderme si lo requiero”. Su socialización se ha extendido a las redes sociales trascendiendo a otros ámbitos socio espaciales.

Pensar en cómo vestir, compartir rutas, formas de transitar, hacer viajes compartidos con otras mujeres, formar parte de grupos virtuales de comunicación, planear el horario de visita de algún lugar, entrenarse, cargar objetos punzocortantes, son algunas de las estrategias que se han consolidado entre las mujeres para hacer frente a la situación. A continuación se muestra cómo se integran estas estrategias en el desplazamiento cotidiano:

 

 

Si desmenuzamos estas “técnicas de cuidado”, podemos observar un proceso complejo. Parece que surgen de forma espontánea, por inercia o por instinto; sin embargo, cuando se socializan, cuando se comparten o se transmiten generacionalmente, cuando se entrenan, repiten, mejoran, pueden detonar procesos de agencia y apropiación colectiva conformándose en mecanismos de autodefensa femenina popular.

“Me interesa más saber qué pasa y en función de ello las precauciones. Estamos más activas y más proactivas”.

Estrategias llevadas a cabo por grupos o colectivos de autodefensa feminista

La autodefensa feminista es un proceso que permite tener herramientas para poder enfrentar episodios de violencia, “o salir de situaciones de riesgo”, integra diversas dimensiones, desde la práctica física, la atención de lo psicológico y emocional, cuestiones legales o protocolarias, etc. Más allá de la transmisión, entrenamiento y práctica de estas estrategias; lo importante son los procesos mismos. La autodefensa feminista, da la posibilidad de crear espacios colectivos de cuidado en el que convergen distintas prácticas de transformación social. Es indispensable entonces, valorar y aprender de las alternativas feministas gestadas desde abajo, sobre su capacidad para comprender el problema, organizarse y construir respuestas y formas de hacer propias.

“Organizar la rabia”

Debido al contexto actual, la popularidad de entrenarse para auto defenderse se ha extendido, pueden observarse gimnasios, cursos, clases particulares que hacen uso de herramientas de diversas disciplinas (box, artes marciales…) para actuar en caso necesario. Sin embargo, desde la perspectiva feminista, es una propuesta integral, no se queda en un mero entrenamiento físico. Es decir, la autodefensa feminista es una plataforma de alternativas para hacer frente situaciones de violencia que viven las mujeres a partir de procesos de concientización y cuidado en comunidad, hay una construcción sobre lo que significa cuidarse-cuidarnos, manifestada en sus procesos empíricos.

Para Cuadrilla Violeta, colectiva en la CDMX, el proceso pedagógico que conlleva la autodefensa feminista requiere técnicas individuales de reconocimiento corporal, de sus memorias, sus límites, capacidades y potencialidades, técnicas colectivas que aportan al fortalecimiento y creación de redes de apoyo y técnicas multidisciplinarias que permitan abarcar los elementos del amplio abanico de violencias al que estamos expuestas.

Es importante no perder de vista la carga política y transformadora de estos espacios. El cuidado deja de ser una responsabilidad meramente individual, creencia que nos impone el sistema neoliberal en el que estamos inmersos. El cuidado es colectivo, se hace con otras mujeres, construyendo en comunidad, procurando la protección pero también la sanación y la acción. En estos pequeños espacios se entretejen nuevas formas de relacionarnos como mujeres; son ejercicios de construcción de autonomías, una autonomía ligada a la seguridad, pero también a las formas de organización, gestión y construcción de conocimiento. En estos espacios se construyen formas propias de cuidarse. Son un referente en el acompañamiento y en la re significación del miedo. El miedo ya no paraliza. Se supera el objetivo de bien reaccionar ante una situación de riesgo, y se camina hacia la apropiación del cuerpo como el territorio más nuestro y por ende, el derecho a vivir libres de violencia en la ciudad, siempre en comunidad, siempre con sororidad.

[1] Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (INEGI, 2016).

[2] Palabras de la presidenta de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, Nashieli Ramírez Hernández en la firma de convenio entre Poder Judicial, INMUJERES CDMX y la Organización Equis Justicia para las Mujeres, 27 de febrero 2018.

[3] Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (INEGI, 2016).

[4] La Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia define violencia comunitaria como “los actos individuales o colectivos que transgreden derechos fundamentales de las mujeres y propician su denigración, discriminación, marginación y exclusión del ámbito público“. Como ejemplo se citan tocamientos, piropos, insinuaciones sexuales, comportamientos intimidatorios o agresivos y restricción de la participación de las mujeres en los procesos de su comunidad.

[5] Según la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública[5] un 82% dicen sentirse inseguras de vivir y transitar en la capital (INEGI, 2018).

[6] El ensayo forma parte de un proyecto colaborativo de investigación sobre la violencia de género en los espacios públicos de la CDMX.  Además de estar fuertemente apoyado en un trabajo etnográfico, se integran los hallazgos del proceso de Investigación Acción Participativa implementado con un grupo de mujeres de diversas realidades; así como las voces y experiencia de Diva Ortiz del Colectivo Cuadrilla Violeta y Mariana Ramírez de Polifeminismo.

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Paola Flores (Ciudad de México 1982). Feminista, doctoranda en Sociología por la Universidad Autónoma Metropolitana. Aficionada a lo que sucede en las calles. Estudia sobre los movimientos urbanos, la participación, la autogestión, espacio público, los feminismos y la subjetividad. Cree de manera ferviente en la producción colectiva del conocimiento. Ha realizado ejercicios de investigación acción en países como México, Haití, Jordania y Honduras. Ha tenido la fortuna de colaborar en proyectos de educación popular en medios rurales y urbanos. Forma parte del Colectivo Crea Ciudad, espacio de investigación creativa sobre temas urbanos.

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De la serie Nosotras/ Jessica Morillo

Por Jessica Morillo
*Fotografía: Jorge Segovia

Hace poco inició en canal 101 un programa conducido por dos mujeres, dirigido a «las mujeres» llamado «Mamas de entrecasa«. El contenido del mismo es enseñar a limpiar copas, cómo se lava mejor la ropa, conquistar al «marido» y esperarlo con una limonada fresca ya que «él» viene del trabajo muy cansado; qué hacer para ser mimadas, queridas y que no nos abandonen.
Este contenido en el 2019 es prácticamente igual a la #Femirama, enciclopedia femenina del año 1962.
Me hace pensar que la apuesta a un programa con este tipo de contenido esconde la decisión política de reducir a las mujeres a ser la ama de casa que se queda en su hogar cuidando de «la familia».
Yo vivo en una provincia donde condenaron a la cárcel a Belén por un aborto espontáneo.
Asesinan a mujeres y personas trans.
Donde el gobierno obligó/torturó a una niña violada a parir en contra de su voluntad.
Donde Marita no aparece…
Donde Paulina aun no tiene justicia plena por su asesinato.
Donde desaparecen a mujeres cotidianamente.
Y en la tele nos quieren enseñar a lavar copas…
Repudio el contenido retrógrado de este programa y la linea facha de contenidos de canal 10.

#NingunaMujerNaceParaAmaDeCasa

  1. Canal argentino de televisión pública.

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 Jessica Morillo. Tucumana/Argentina. Artista/diseñadora/Militante. Me interesa recuperar la memoria de las prendas que nos atraviesan a diario, construir desde lo colaborativo y participativo con la voz de les otres personas,  a través de las mismas construir nuevos sentidos y denunciar las injusticias que vivimos las mujeres y la comunidad lgbti como parte de esta trama social/política/ patriarcal /capitalista/heteronormativa.
Tejer/bordar un discurso que me es propio pero atraviesa al conjunto de las mujeres y al colectivo lgbti, historias de sometimiento y domesticación que nos son comunes.
instagram: @ansiosa hormona
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97 empleadas domésticas. Daniela Ortiz

Instalación 2010. Impresión digital sobre papel, 10×15 cm c/u.

***Texto curatorial de la exposición MALI contemporáneo. Adquisiciones y donaciones 2012-2014. Parte II, Museo de Arte de Lima -MALI, Lima, 2015.

Imágenes de la instalación del sitio de la artista: http://www.daniela-ortiz.com

Concebido en su integridad en base a fotografías descargadas de la red social Facebook, el proyecto 97 empleadas domésticas contiene una mirada penetrante a una de las formas de discriminación social y laboral que caracterizan y dan forma a una parte de la realidad peruana. En base a una cuidadosa selección de fotos del Facebook, en las que los retratados aparecen en escenas cotidianas o de alguna celebración familiar, Daniela Ortiz devela con sutileza cómo en los encuadres fotográficos y “neutrales” de la autorrepresentación familiar de las clases medias pudientes, el personal de trabajo doméstico queda invisibilizado, y dejado cuidadosamente en segundo o tercer plano cuando no directamente en las sombras.

Es precisamente en el énfasis de esa invisibilización en la que, a expensas del entorno representativo original y de su propia mirada cotidiana, la artista logra evidenciar un sencillo mecanismo de subalternización en el que la diferencia étnica y social es obliterada. El resultado es una sutil instalación y una precisa reutilización conceptual del proceso fotográfico que descubre dinámicas latentes en la sociedad limeña contemporánea.

Para ver las fotografías completas, puedes descargar el libro en su página: http://www.daniela-ortiz.com/index.php?/projects/97-empleadas-domesticas/

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Daniela Ortiz (CuzcoPerú, 1985). Vive y trabaja en Barcelona desde el 2007. Su trabajo se enfoca en temáticas vinculadas a la inmigración, la idea de nacionalidad, el trabajo, las diferencias entre clases sociales y las cuestiones de género. Ha exhibido sus proyectos en festivales y exposiciones, individuales o colectivas, celebradas tanto en espacios del Reino de España como en Perú o Los Ángeles.

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