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Un tributo a las mujeres artistas en México por Katja Von Helldorff

por Katja Maya Von Helldorff

“Artistas en México” es un mural que se puede encontrar en un muro en Xochimilco mientras se navega en trajinera sobre uno de los canales que desemboca en el Embarcadero de Belem, en uno de los barrios más antiguos y tradicionales de la Ciudad de México. Ahí podemos ver 22 retratos de mujeres artistas que viven y trabajan en México y que se desempeñan en diversas áreas del sector cultural de nuestro país como son Jesúsa Rodríguez, Lorena Wolffer, Monica Mayer, Maris Bustamante, Diana J. Torres, Nina Hoechtl, Rotmi Enciso y Alí Gua Gua entre otras.

Para realizar esta obra la artista belga Katja Maya Von Helldorff se dio a la tarea de citarse con artistas mujeres a quienes les pidió que modelaran para ella para poder registrar sus facciones en un dibujo que sería llevado al grabado en metal.

     Katja eligió Xochimilco para hacer su obra por una afortunada casualidad en la que terminó colaborando con el colectivo «Xochimilco no te mueras», quienes le cedieron uno de los muros que tenían disponibles para intervenir.

     Katja plasma exclusivamente retratos de mujeres artistas desde una posición feminista de darle visibilidad a la labor de las mujeres, aunque no todas las que aparecen son feministas. Como recién llegada a México y sin conocer a nadie, Katja se puso a contactar con artistas que le llamaban la atención y a su vez ellas la ponían en contacto con otras y así fue armando la cadena de retratos.

     La artista comenta que le ha llamado la atención que los turistas que pasan frente al mural al leer “Artistas en México” bien grande en la parte superior del mural y no encontrar en él a los “grandes” hombres artistas mexicanos como Diego Rivera. Se han llegado a molestar hasta el punto de reclamarle, siendo que es bien sabido que en el medio del arte el trabajo de las mujeres artistas es constantemente pasado por alto en las grandes revisiones históricas sin que nadie se inmute.

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Mi nombre es Katja Maya von Helldorff.  Soy belga de nacionalidad, pero mi carrera artistica la desarollé en Berlin los ultimos 15 años… desde el 1999, asi que traigo algo de Alemania tambien. Ahora vivo en México, DF. Hace 3 años, decidi dibujar gente… no cualquier gente… mi entorno…

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ARCHIVA: Obras maestras del arte feminista

No es desconocido el arduo trabajo que «Pinto mi raya» ha hecho durante más de 25 años recopilando la documentación hemerográfica que surge en torno a performance y arte acción en México. Pero, además, recientemente Mónica Mayer ha activado la «Archiva: Obras maestras del arte feminista», en donde recopila las piezas de artistas feministas en México desde los 70 hasta ahora, para recuperarlas de la invisibilización constante.

     Aunque por el momento alberga 76 obras, es, como cualquier archivx, un ente vivo que se seguirá nutriendo de los trabajos realizados por mujeres artistas feministas que suelen quedar relegados de los espacios de poder del arte. Es una de esas «Otras historias» que quedan veladas, aunque se encuentren vivas y creciendo constantemente.

Compartimos el linka para descarga aquí:

http://www.pintomiraya.com/redes/archivo-ana-victoria-jimenez/item/158-archiva.html

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Relato histérico: los mecanismos de control médico sobre el embarazo

Por Sara Neria Ordaz

Los primeros días de febrero de 2013 sentí el cuerpo diferente. No tenía duda, estaba embarazada. Un par de semanas después un análisis clínico lo confirmó y, como es habitual, comencé la búsqueda de un médico con quién atenderme durante el embarazo. En ese momento no reflexioné respecto a la decisión, es normal que una mujer embarazada busque apoyo médico, sin embargo a la distancia me parece importante la interrogación del hecho, dado que el embarazo como bien sabemos es un proceso fisiológico y propio de toda mujer, es decir, la naturaleza de nuestro organismo se hace cargo del proceso de principio a fin, entonces ¿por qué se ha naturalizado la intervención del médico? Es evidente que el papel de la medicina es fundamental para el propio desarrollo de la sociedad, no es posible negar que gracias a los avances científicos y tecnológicos en torno a la medicina, se salvan vidas y que en el caso de la obstetricia se aumentan las posibilidades de nacimientos de niñas y niños sanos cuando hay problemas durante el embarazo, evitando también la mortalidad materna, pero en mi caso, como en el de la mayoría de las mujeres con quienes conviví en las salas de espera para consulta y estudios, no era ese.

     ¿Entonces porqué acudir al médico? Creo que la respuesta es: por prevención. Desde mi perspectiva, la prevención es un eje fundamental en el ejercicio de la medicina contemporánea y no tocar a sus puertas puede provocar ser tachada de irresponsable, más aún cuando de un embarazo se trata, porque todo el cuerpo social se adjudica el derecho de opinar por el bien del futuro hijo o hija, descalificando la capacidad de las mujeres y sus cuerpos para hacerse cargo, dando por sentado que no tenemos la capacidad racional y emocional para llevar nuestro embarazos de forma apropiada y autónoma. Por eso creo que acudimos al médico, aún sin tener síntomas ajenos a los del propio embarazo (sueño, nauseas, gripes, etc.)

    Inicié la búsqueda de una homeópata, suponiendo que encontraría un acompañamiento distinto al de la medicina alópata. Sin embargo, desde la primera cita inició el permanente discurso del riesgo y la prevención, que se mantuvo durante los siguientes ocho meses, e instaló una especie de angustia y temor por la salud de mi bebé. Recuerdo que la médico me dijo que por las fechas que le daba respecto a la última menstruación, era casi seguro que no hubiera embrión, sólo un saco embrional y me dio una orden para un ultrasonido transvaginal. Si se confirmaba la ausencia de embrión, tendría que hacerme un legrado para retirar el saco.

      No diré que me sentí mal, pero sí agredida por la seguridad del diagnóstico sin estudio previo y el nulo tacto para decir algo así. Ante la noticia de tal posibilidad, mi madre sabiamente dijo: “qué estudio ni que ocho cuartos, dale tiempo al tiempo, espera y verás que todo está bien, déjate de estudios” y con esas palabras también inició un acompañamiento entre mujeres, mismo que se enriqueció entre charlas coloquiales e intercambios de experiencia con otras madres, que por cierto fueron muchísimo más certeras y cálidas en sus diagnósticos y consejos que los y las expertas, sobre todo por la gran capacidad y sensibilidad que tuvieron todas ellas para calmar mi angustia. No está de más decir que como estrategia, considero que una embarazada debiera siempre hacerse acompañar por otras mujeres que ya han vivido la experiencia del embarazo y maternidad.

     El estudio finalmente reveló que había un embrión de aproximadamente 5 semanas de gestación, tras lo cual la médico del Instituto Nacional de Homeopatía decidió que debía usar progesterona, no por algún síntoma en específico, si no por si las dudas ¿dudas de qué? Como es común, no hubo mayor explicación o información respecto a lo recetado, quizá los médicos consideren que ante sus decisiones profesionales no debe cuestionárseles, finalmente el saber médico los faculta para decidir sobre el cuerpo de esos otros que debemos ser los pacientes, lo que también reafirma, desde mi perspectiva, la enajenación del propio cuerpo, porque aunque los reglamentos de los hospitales indiquen que el médico debe dar explicación al paciente sobre los padecimientos, tratamientos y sus consecuencias, sabemos que esto no ocurre y aunque haya excepciones, el lenguaje técnico del médico también se vuelve una barrera, incluso reflejado en la escritura de las incomprensibles recetas.

     Entonces decidí que no usaría la progesterona ¿por qué? Primero porque consideré que sin tener por lo menos un síntoma de alerta, era innecesario y después porque asumí que el embarazo es un proceso que implica un posicionamiento de género y que entregarlo a las decisiones médicas, es ceder en el territorio de los derechos, de lo que es propio y corresponde a las mujeres y con ello me refiero a que hay límites de comprensión por la simple diferencia biológica, así como las mujeres estamos imposibilitadas para sentir un dolor de testículo y jamás tendremos referencia de ello, un hombre vive en la imposibilidad de vivir la experiencia de la menstruación o el embarazo, porque son propios del otro sexo, así es que considero que un médico, sobre todo hombre, debería manejarse con respeto ante un proceso que, de entrada, le representa cierto límite de comprensión física. Aunque la petición de respeto no es exclusiva para los médicos hombres, pues aunque fui atendida por varias mujeres, su actitud no era menos insensible e indiferente, se imponía la profesión al género.

     No obstante mi decisión, opté por mantener un espacio médico de revisión, con la intención de no ser negligente conmigo y mi bebé. Acudí entonces al Instituto Nacional de Perinatología, donde fui admitida dados mis 36 años de edad o lo que los especialistas consideran ser una “mujer añosa”, condición que determina un “embarazo de alto riesgo”. Nuevamente salí alarmada de la primera consulta porque me recetaron 5 medicamentos preventivos: aspirina para preeclampsia, progesterona, un multivitamínico, ácido fólico y ranitidina para las posibles agruras después de tanto medicamento. Enojada pero segura de ser yo quien decidiría respecto a seguir o no las disposiciones médicas, opté por el multivitamínico y una amplia documentación respecto a las etapas que íbamos viviendo mi bebe y yo, opté por escuchar al cuerpo, por profundizar en lo que sentía y observaba, por reflexionar; lo que en conjunto produjo en mí una sensación de bienestar, no he vivido jamás una etapa tan placentera respecto a mi cuerpo y de empoderamiento como mujer ante el cuerpo social.

     No daré pormenores de lo que fue el recorrido entre consultas y estudios porque podría resultar tedioso. Solo mencionaré dos eventos por considerarlos característicos y porque ejemplifican claramente lo que me parece alarmante.

     Hoy es común realizar en el primer trimestre de embarazo un ultrasonido estructural para determinar la salud del bebé, mismo que me realicé con resultado satisfactorio: mi bebé estaba bien, pero la médico me comentó que si yo quería mayor certeza podía pedir un análisis de líquido amniótico, así sabríamos a ciencia cierta si el bebé no tenía algún problema. Para ello, debía firmar un documento donde se dejara al médico sin responsabilidad alguna, porque el estudio implicaba un alto porcentaje de riesgo de aborto. Obviamente me negué y molesté, porque entendí que cuando los procedimientos médicos no implican riesgo debemos obedecerlos al pie de la letra, sin duda o explicación mediante y su omisión implicaría irresponsabilidad de nuestra parte; pero cuando el procedimiento implica alto riesgo, debemos asumirlo nosotros como pacientes, dejando sin responsabilidad alguna al médico. Así, en ambos casos, estamos en desventaja; me resulta paradójico porque no hablamos de un objeto ajeno, sino de nuestros cuerpos, cuya responsabilidad es siempre nuestra, incluidas las decisiones, pero al entrar a un consultorio pareciera que el médico se apropia de nuestro cuerpo y efectivamente lo vuelve objeto, enajenándonos de lo que decide sobre él, o sea de lo decide sobre nosotras.

     Respecto al segundo ejemplo describiré otro procedimiento: como parte de las revisiones de rutina se mide el diámetro del cérvix, una apertura anatómica que se dilata al momento del parto para facilitar la salida del bebé, cuyo diámetro es variado aunque existen ciertos estándares. Pues bien, mi cérvix en el octavo mes de embarazo estaba, según el médico que me hizo el estudio, con una medida de riesgo y había que aumentar la cantidad de progesterona (misma que como ya he dicho, no estaba administrándome). Opté por no dar explicaciones al respecto y en cada revisión (que por cierto hacía un médico diferente siempre), las medidas de mi cérvix variaban, a veces más amplio, a veces menos, pero invariablemente me decían que iba bien con la progesterona. En la última revisión pregunté al médico si no era posible que variara el tamaño del cérvix, según la estatura y complexión de cada mujer, siendo normal que el mío estuviera un poco más dilatado, a lo que tuvo a bien responder que en realidad, el estudio daba resultados no tan precisos y que cada médico podía dar medidas distintas, pero que en mi caso el uso adecuado de la progesterona había prevenido cualquier problemita ¡¡¿Qué??!! Salí de ahí convencida de que mi decisión de no administrarme la progesterona había sido lo más adecuado y me sorprendió que el especialista pudier dar semejante respuesta.

     Finalmente, con 35 semanas de embarazo, en la última revisión (donde a esas alturas no esperaba que me propusieran un parto natural), el médico que me atendía sentenció que si para la semana 39 no había indicios de contracciones, él indicaría la cesárea o aceleraría el parto por medio de oxitocina, porque a él no le gustaba que los embarazos pasaran de la semana 39. Quiero pensar que en realidad tenía razones médicas para tal decisión y que no sólo se trataba de un gusto personal, pero obviamente no opté por quedarme a averiguarlo. Anticipadamente busqué y encontré un espacio para el nacimiento de mi hija, pero eso corresponde a otro relato.

     Y, bueno, ante la arbitrariedad ¿por qué decidí permanecer bajo revisión médica cuando tanta desconfianza me provoca? Respondo lo siguiente: me parece que teniendo los avances científicos de hoy en día, sería absurdo no acceder a ellos habiendo posibilidades. En la ciudad tenemos servicios que ciertamente anhelan en otras regiones del país, en donde es lamentable que haya casos de mortalidad materna e infantil, por partos mal atendidos o no atendidos a falta de médicos, hospitales e instrumental básico, pero habría que contextualizar, reflexionar y dimensionar al respecto. No es lo mismo una valoración médica del embarazo para conocer la salud del bebé y la madre e intervenir en caso de ser necesario, que asumir el embarazo como un proceso de riesgo materno-infantil y sin signos o síntomas de alarma, prevenir cualquier situación que el médico piense que pueda ocurrir, porque de por medio se establece un mecanismo de control que refuerza de manera importante el discurso patriarcal, que ahora se desliza a la figura del médico; sin dejar de lado la cuantiosa ganancia que generan los tratamientos preventivos para la industria farmacéutica.

     Concluyo comentando que pese a mi diagnóstico de embarazo de alto riesgo y a la omisión de los medicamentos que por prevención debía tomar, me mantuve nadando hasta el octavo mes de embarazo, actividad que suspendí por precaución ante la cercanía del parto, pero que me mantuvo en un perfecto estado de salud física y emocional; realicé todas las actividades que me hacían sentir plena, lo que incluyó bailar y acudir a una que otra marcha como corresponde a una activista.

     Hoy mi hija rebasa los dos años de edad, es saludable, hermosa e inquieta. ¿Que si hubo riesgos? Por supuesto, primero por las propias disposiciones médicas, después porque el riesgo es algo constante y permanente en nuestra condición de seres vivientes, no solo en el caso de embarazo, pero creo que ver el riesgo como una oportunidad y no como posibilidad de control vale la pena para así poder decidir sobre nuestros cuerpos y embarazos aunque nos digan necias e irracionales. Porque algo es cierto: lo emocional juega un papel fundamental durante el embarazo, nuestra sensibilidad es una herramienta de autocuidado y protección de nuestros bebés, lo que no se contrapone con lo racional, por el contrario, se complementa. Creo que para escuchar al propio cuerpo, para volver a él, es necesario restarle valor a la palabra del médico, ubicarlo como un apoyo junto con el cuerpo social, que debería ser acompañante de nuestro embarazos, pero con base en el respeto más que con la permanente insistencia del control y dirección de lo que nos es propio, sin imponer procedimientos violentos como las cesáreas, cuyo número es alarmante en el país, contraviniendo incluso sugerencias de organismos internacionales, y en el mismo tenor se encuentran otros procedimiento de rutina como la episiotomía (corte quirúrgico del periné al ano), el rasurado del área genital o la anestesia, a los que, sin ser necesario, se somete a las mujeres que llegan a los hospitales ya en trabajo de parto.

     Pareciera ocioso hacer énfasis en lo anterior, pero a nivel psico-emocional es sumamente importante, porque el impacto que generan los procedimientos, el instrumental médico, la amenaza de posible cesárea, establecen un ambiente poco propicio para un momento en el que las mujeres tenemos una sensibilidad excepcional y debemos conectarnos con nuestro bebés para crear juntas y juntos el extraordinario evento del nacimiento. Que se requiere del apoyo de otras y otros es cierto, definitivamente, pero como siempre, la cualidad y calidad del acompañamiento requiere de un vínculo afectivo que genere confianza y seguridad, no de procedimientos de rutina que cosifiquen el cuerpo de la madre y el bebé.

     Lamentablemente el embarazo es objeto de control del cuerpo de las mujeres y por lo tanto un ejercicio de violencia naturalizado culturalmente, que se ejerce inconscientemente como tantos otros mecanismos de control y que consolidan la estructura social cotidiana, que reproducimos sin reflexionar en su sentido y objetivos.

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Felix D´Eon: postales de un tiempo que pudo ser

Érase una vez… un mundo en el que los jóvenes se distraían de la lección de piano para toquetearse mutuamente, en que ver a una familia lesbomaternal pasear por la calle no causaba el disgusto de nadie y en el que los jóvenes cadetes se entregaban al placer con sus compañeros en sus ratos libres…

     La obra de Félix D´Eon nos transporta a otro tiempo y nos muestra una realidad alternativa en la que los afectos y la pasión no dejan espacio para el ningún resquicio de vergüenza, violencia, ni homofobia; nos muestra postales de un pasado que pudo haber sido, fuera del clóset y de la clandestinidad.

     Félix vino a llenar un hueco en la memoria colectiva de las comunidades LGBTTTI sobre un periodo en la historia en el que sus narrativas sexuales y amorosas fueron borradas y condenadas a existir en el secreto, y lo ha hecho con una gráfica que es a la vez sexualmente explícita y delicada.

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Félix nació en Guadalajara, México de padre francés y madre mexicana. Se crió y estudió en los Estados Unidos y actualmente vive en la Ciudad de México.

Síguelo en su página personal

http://felixdeon.com/

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Lectura Colectiva de Tarot Feminista por INVASORIX

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ÉCHATE UNA TIRADITA Y DESCUBRE TUS POSIBILIDADES FEMINISTAS

ESTA BARAJA DE TAROT FEMINISTA CUIR PRESENTA LAS YEGUAS DE APOCALIPSIS,  MARCELINA BAUTISTA Y GLORIA ANZALDÚA, ENTRE OTRXS AMIGXS IMAGINARIXS

Después de habernos despedido y haberles deseado toda la suerte de todos los mundos a lix INVASORIX astronautas bigotudix, después de habernos re-acomodado y haber re-acomodado energías, viajamos al límite de nuestra galaxia a buscar y a encontrarnos con lix INVASORIX terrícolas barbudix, ¡bienvenidxs, viajerxs!

Todxs juntxs, lix astronautas bigotudix y lix terrícolas barbudix, compartimos materiales, ideas, deseos, y ampliamos y complementamos la selección de nuestrxs amigxs imaginarixs, y decidimos que para dinamizar nuestra relación con ellxs lo haríamos teniendo como estrategia la cartomancia, su poder simbólico, relacional y performático,  de esta manera es que creamos una baraja de cartas especial, una baraja de tarot feminista cuir, una baraja INVASORIX.

Lxs amigxs imaginarixs, son aquellxs que nos abrieron y abren el camino, dialogamos con sus escritos y prácticas, los honramos manteniéndolxs vivxs mediante la reflexión constante, la actualización por medio del cuestionamiento.

Así y en mesa redonda cada unx de nosotrxs propuso una relación entre algunxs amigxs imaginarixs y lxs veintidós arcanxs mayores del tarot. Desde nuestra experiencia, nuestros afectos con y conocimientos de lxs amigxs imaginarixs, trenzamos la relaciones que constituyen cada carta, reflexionando en el significado de lx arcanx como en la manera en que nuestrx amigx imaginarix personifica, acuerpa, trabaja y pone en teoría y práctica los rasgos de lx arcanx al atravesarlx con estrategias feministas cuir. De este modo intercambiamos lxs arcanxs mayorxs por lxs amigxs imaginarixs, así Sara Ahmed es Lx Emperatriz, Hannah Arendt es Lx Sacerdotiza, Kathleen Hanna es Xl Sol, Audre Lorde es Lx Rueda de la fortuna , “La Manuela” es Xl Diablx, Itziar Ziga es Lx Estrella, entre otrxs, creando e ilustrando una baraja de tarot feminista cuir que permite tanto un ejercicio y una exploración de escucha colectiva, como una interpretación creativa, detallada, desplegada y enriquecedora.

De esta manera la baraja INVASORIX, es un dispositivo de interpretación a distintos niveles, tanto en las respectivas tiradas realizadas, como en la misma fabricación de las cartas como objetos. Pues el ejercicio de traducción que implicó su creación contempló una serie de deconstrucciones con ciertos arcanxs no solamente en términos de sentido sino también de representación, por ejemplo la asociación y el peso que generalmente representa la carta de Los Enamorados, de una disyuntiva a partir de un amor romántico heterosexual monógamo, se tradujo más bien a partir de la figura de Calíope Stephanides (personaje de la obra literaria Middlesex) unx hermafroditx, apelando así a una situación que enfrenta una persona y que le exige una toma de decisión, a partir de reconocer su deseo y su cuerpo para enfrentar el mundo.

De la misma manera, aterrizar la mesa de lectura en un espacio de tránsito e intercambio como lo es el tianguis, además de proponer una lectura colectiva a varias voces, a varias manos, dislocó la noción de la persona sabia experta que sabe sobre el futuro de lxs demás. Para esto se hizo énfasis en que no se trataba de una lectura predictiva, explicando el interés en el tiempo presente, así como, en el pensarnos otras maneras de leer historias y quizás de hacerlas, teniendo como argumento la misma re-creación que hicimos de la baraja y las tiradas tradicionales.

Nos dejamos las barbas largas y durante casi 4 horas una mañana de sábado en el Tianguis Cultural del Chopo, entre velos de colores, purpurina, incienso y maquillaje quisimos hacer un intercambio dialógico, plantear a lxs consultantxs posibilidades que nuestrxs arcanxs trans-figuradxs, desviadxs, nos permitían hacerles sobre sus devenires cuir-feministas. Para esto lx(s) consultantx(s) que ingresaban a través de una cortina de humo, eran recibidos por lix INVASORIX de pie alrededor de una pequeña mesa en la que se encontraba sentadx unx invasorix que iba a indicarle a lx consultante el proceso a seguir, lx(s) consultant(x) se sentaba en frente y revolviendo las cartas cargaba la baraja con sus energías, para proceder a sacar cuatro posibilidades del mazo y realizarles una pregunta, de acuerdo a lxs arcanxs convocadxs en la tirada, sólo se quedaban para la interpretación lix INVASORIX relacionadix con la lectura de dichas cartas.

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Tarot de Marsella

Para descubrir tus posibilidades cuir-feministas necesitas conocer las cartas… Tómalas, obsérvalas y siéntelas. Descríbelas en voz alta. Cántalas. Ensimísmate en ellas. Reflexiona sobre tus propias reacciones. ¿Cuáles cartas te gustan y cuáles no? ¿Qué emociones te provocan? ¿Cómo te afectan los rasgos de cada una? ¿Qué aspectos te llaman la atención? ¡Deja que tu intuición te guíe y tu espíritu cuir-feminista fluya!

¡Hasta una próxima tirada!

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Si Peña fuera mujer

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por María Rodríguez Cruz

“Si Peña fuera Mujer” consiste en una acción a partir de una serie de 10 postales. En cada una, a manera de sátira cómica, se presentan 10 retrato del actual presidente de México, Enrique Peña Nieto, con maquillaje y corte de pelo afeminado, realizando distintos gestos. Cada postal enuncia cifras que revelan la crítica situación de violencia que viven las mujeres en el país.

A través de una instalación que asemeja un salón de belleza, se invita a los participantes a pintarse los labios, estampar un beso en el retrato de Peña Nieto y enviar la postal al presidente una vez contestada la pregunta “Si Peña fuera mujer ¿qué cara haría? Al enterarse de que en México”: “Diariamente 6 mujeres son asesinadas”, “Muere 1 mujer cada 9 días por violencia doméstica”, “80% de las mujeres sufren violencia de género”, “1 de cada 2 mujeres sufre violencia de pareja”, “Sólo 1 de cada 5 mujeres víctimas acude a la autoridad”, “Las víctimas de trata se han duplicado en un año”, “Cada 5 minutos violan a una mujer” por mencionar algunas.

Esta obra es una activación de la obra postal «Lo Normal» (México, 1978) de Mónica Mayer. Se desarrolló en el marco de «El MUAC en tu casa 3ra. edición del Museo Universitario de Arte Contemporáneo (UNAM, 2015).

«Lo Normal» de Mónica Mayer 

Impresión intervenida con sellos. Serie de 10 tarjetas 11.4 x 15 cm c/u.

Éstas fueron una serie de postales realizadas por Mónica Mayer, tituladas «Lo Normal» y presentadas en 1978 en una exposición de arte feminista en la Ciudad de México. Están basadas en los tests que se pueden encontrar en las revistas femeninas. En ellas aparece el rostro de Mónica que muestra diferentes reacciones y hay instrucciones en la parte inferior para que las personas, identifiquen su reacción en función de una frase que cambia en cada postal, pero que en todos los casos empieza con el enunciado «Yo quiero hacer el amor…»

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MARÍA RODRÍGUEZ CRUZ Originaria de la Cd. de México (1987) fotoMARÍARODRIGUEZCRUZ

Estudió la Lic. Artes Visuales (UNAM, 2007-2012) y un intercambio en la U. del PAÍS VASCO (2010-2012, Esp.). Se desempeñó en el Área de Educación del GUGGENHEIM BILBAO (2011). Premiada en ARTE JOVEN (CONACULTA, 2012). Seleccionada en GETXOARTE (Esp., 2011), ARTE HORMONADO (BILBAOARTE, 2012), SONIDOS EN RECESIÓN (LEA Ed., 2013) y el CONCURSO LATINOAMERICANO DE FOTOGRAFÍA DOCUMENTAL (Colombia., 2014). Cuenta con una exposición individual en EX TERESA ARTE ACTUAL (INBA, 2013) y 18 colectivas en Argentina, Colombia, España y México. PÁGINA PERSONAL https://www.flickr.com/photos/mariarodriguezcruz/albums/with/72157648888674453

 

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Saca del clóset a Gabriela Mistral

Fotos, texto e intervención por Lucía Egaña 

Durante el verano chileno del 2010 se intervienen manualmente todos los billetes de 5.000 pesos chilenos (que pasan por mis manos), sobre el rostro de la poeta Gabriela Mistral, cuya correspondencia con Doris Dana fue publicada en 2009. Dicha publicación abrió el debate en torno a la homosexualidad de Gabriela Mistral.
Se inicia una campaña pública de intervención de los billetes.

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Lucía Egaña (Münster, 1979).  luciarubia

Artista independiente y video-maker. En varios de sus proyectos busca metodologías colaborativas que problematicen la noción de autor, la construcción de imaginarios sociales y la cultura popular. Ha trabajado con diversas agrupaciones (grafiteros, presxs, inmigrantes) en la elaboración de proyectos, así como con colectivos de comunicación popular o alternativa, principalmente en Chile.
Desde 2004 forma parte de desBASURAment, colectivo pendiente de la inmundicia y la reutilización de objetos, tecnología e imágenes. Y desde 2009 colabora activamente con minipimer.tv, laboratorio experimental de video en tiempo real con herramientas libres.
Ha hecho estudios formales de bellas artes, documental y comunicación audiovisual.
Su trabajo artístico y videográfico ha sido presentado en diversas galerías, museos, festivales y espacio urbano en Chile, Uruguay, México, España, Italia, Francia, Austria, Finlandia, Noruega, Croacia y Alemania.

http://www.blog.lucysombra.org/

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Anarcha GLAND. Lucy & Betsey. Herramienta para la descolonización corporal

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Situadas temporalmente en 1840, a estas esclavas africanas en Alabama les estaba prohibido escribir o leer, una ofensa punible incluso con la muerte. Sus historias solo llegan a través de los diarios de Sims, el médico-investigador que practicó en ellas hasta 30 operaciones sin anestesia. Conejillos de indias, cuerpos silenciados brutalmente, anti-cuerpos, lienzos de vísceras. En estos cuerpos nació el antecesor del speculum contemporáneo, casi 71 instrumentos más, y algunas posiciones que se atribuyen a este carnicero del siglo XIX. Cirujano a base de ensayo-error, cual aprendiz de carnicero preparando un corte especial.

Honrado en la historia de la medicina, por sus “contribuciones”, la voz del colonialismo patriarcal más descarnado es la única que tiene voz, hemos de leer mas allá, de llegar a otros sitios inenarrados. Por esto necesitamos múltiples estrategias y acciones paralelas, traducción y difusión descentralizadas, que no quede lenguaje por traducir, que se descifre desde todas las claves de expresión, existentes o no.

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Anarcha, Lucy y Bestey, llegaron a manos de Sims por padecer fístula, una necrotización de tejidos blandos internos que deriva en desgarro, generando canales que filtran orina y/o caca por la vagina. La fístula es causada por partos prolongados, mal uso de fórceps o violaciones, propensa a generarse por desnutrición, falta de desarrollo pélvico por corta edad.

Para Betsey, Anarcha y Lucy, que junto a otras 11 u 12 otras esclavas permanecieron 5 años en el «hospital» de Sims montado en su patio, los primeros procedimientos fueron particularmente agonizantes, ya que no se utilizaban catéteres para el drenaje vesical. Las suturas y esponjas que quedaban en los tejidos que se infectaban rápidamente, se incrustaban y eran imposibles de eliminar.

La primera en ser operada fue Lucy, tenia 18 años. La cirugía duró una hora y Lucy sufrió dolores insoportables, posicionada sobre sus manos y rodillas. 12 doctores observaban la operación. Sims dice en sus memorias: «Pensé que iba a morir. Le tomó a Lucy tres meses para recuperarse en su totalidad de la operación»

Anarcha, era una de lxs 65 esclavxs de la Plantación de Algodón Wescott, que después de 72 horas de parto fístula vesico-vaginal/recto-vaginal por mal uso de fórceps por parte del mismo SIMS que fue quien asistió su parto, ya que antes de experimentar la «nueva» disciplina, era médico general de plantaciones.

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Y a pesar de que construyó su carrera enfocándose exclusivamente en cirugía ginecológica, Sims admitió abiertamente que intentó evitar la medicina con mujeres por muchos años:
“Durante los primeros 10 años de mi carrera profesional, ignoré y mantuve lo mas alejado posible el tratamiento de cualquier enfermedad peculiar de las mujeres»

La historia de Anarcha es la mas documentada al ser el cuerpo mas “resistente” en el tiempo (30 operaciones sin anestesia) a los experimentos en vigilia y encierro narcótico por parte del ilustre doctor, que les daba un opiáceo, para mantenerlas «constipadas» es decir estreñidas, además de darles cantidades mínimas de comida. Pero Sims escribió que era en gran parte «el estoicismo de los negros» lo que realmente sirvió de anestesia. Él consideraba que sus cirugías vaginales eran procedimientos menores y con esta lógica operó posteriormente a mujeres pobres inmigrantes en el Hospital de Mujeres que fundaría años después en New York.

Glándula de ANARCHA >>> Eyaculadora ó parauretral Glándulas de LUCY & BETSY >>>> Lubricantes o vestibulares mayores

la propuesta es sencilla:

REnombrar 2 glándulas muy importantes para nuestra sexualidad, nuestra salud urinaria, es decir para todo nuestro organismo, una clave integral,

El discurso hegemónico médico les resta importancia, tildándolas de glándulas auxiliares o incluso a una de ellas nombrándola como la «próstata femenina». ¿Es que acaso hemos de encontrar el útero masculino también?

El sexismo en la retórica médico-anatómica solo piensa en estos términos, en espejo, costilla, en «homologar» órganos al cuerpo hegemónico, el masculino. Y qué decir del nombramiento nominal de estas glándulas por parte de médicos que se creen Colón, apuntan con el dedo y van plantando sus nombres ahí, en el cuerpo ajeno.

Pues esto se acabó.

Reclamo mi cuerpo, reclamo mi derecho a RE-nombrar mis tejidos interiores, sobre todo si están íntimamente relacionados a mi placer y disfrute sexual.

DenominaréMOS las glándulas al menos de 3 formas, según:

1. 2. 3.

ubicación físico-anatómica > parauretrál // vestibulares mayores
tipo de secreción que segregan > eyaculadora // lubricantes
en memoria de víctimas carnales del macabro teatro ginecológico > anarcha, lucy, betsey

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PODER DE ENUNCIACIÓN, PODER DE LA PALABRA

“Nueva etimología basada en su funcionamiento y no en la colonización personal de un órgano situado en el cuerpo. Noción de descubrimiento, noción apropiacionista y basada en el capitalismo y feudalismo corporal. Órganos y glándulas NO aparecen cuando alguien las nombra, si desde los cuerpos que las conocieron, cuerpos que, AUTO- analizan y SE comprenden. (embodiment y divulgación)”

(***Texto completo en el fanzine descargable)

Haz click par descargar el fanzine.
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Conoce más sobre esta magnífica iniciativa de descolonización corporal

https://anarchagland.hotglue.me/?story_her

https://anarchagland.hotglue.me/?anarcha_lucy_betsey

http://theredphoenixapl.org/2011/04/15/americas-plantation-prisons/

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Maldonada*, la leona

Por Nerina Vallejo

*Still del video «La Madonada», de Mara Carrión y Carla di Lorenzo:  https://goo.gl/asZsqF

Esa mañana caminaba desnuda con las costillas pegadas a la piel por el Buenos Aires de Mendoza plagado de muerte por la conquista. Había huido del lado de mis supuestos “compatriotas” en busca de comida, cansada de tanta violencia, muerte y viruela.

     Pocas ilusiones me quedaban de sobrevivir entre esos dos mundos que luchaban por el mismo suelo: Uno que ya no era más el mío por no identificarme con la sanguinaria muerte, violaciones y maldad que proclamaba, y otro, que por ser tan desconocido y diferente resultaba inaccesible para una mujer como yo. Era una don nadie en una tierra en disputa por ser de alguien.

     Abatida por el hambre y cansada de caminar decidí dejar de resistirme y entregarme a los brazos de la muerte, harta de sentirme desposeída de mí, perdida en un mundo enfermo donde me habían arrebatado el cuerpo más de mil veces, aquellos sucios y cobardes marineros, ladrones y asesinos…

     Moribunda quise sentir el calor de las piedras. Fue entonces cuando caí a las puertas de una cueva. Cerré los ojos y me dejé ir con una calidez inventada.

     De pronto, algo me devolvió a la oscuridad y frialdad de la cueva: Un rugido que hacía eco desde el fondo, algo que conmocionó mi alma y la atrajo de nuevo al estado de alerta. No todo había acabado para mí, todavía.

     Abrí los ojos despacio para darle una última oportunidad a mi vida y allí estaba ella.
Me miró fijamente y en sus ojos vi lo que miserablemente el mundo me había arrebatado.
Era fuerte, salvaje, desafiante y no tenía miedo. Nos miramos y ambas vimos nuestras cicatrices en el alma. Quizá las dos estábamos perdidas en aquel lugar, quizá no pertenecíamos a ningún suelo, a ninguna causa por la que luchar más que la de nuestros propios huesos… Oh, ¡Mis huesos! que la hicieron compadecerse para después darme calor junto a su pecho.

Pasados unos días pude levantarme. Salí de la cueva con la mirada distinta y con la cabeza erguida. Fui en busca de comida por aquella nada que me rodeaba sin expectativas pero con un andar diferente.

     Mientras caminaba escuché pasos y, repentinamente, alguien se abalanzó sobre mí por la espalda. Era un indio e iba acompañado de dos más. Me ataron y me llevaron a su poblado.

     Cuando llegué todos me miraban, aunque con menos maldad en los ojos que los de mis propios “hermanos”. Me tuvieron prisionera, me alimentaron y aunque nunca me sentí parte de la tribu, me hice más fuerte.

     A medida de que los días pasaban me acordaba más de mi salvadora, aquella que me hizo pertenecer a su tribu de la cual verdaderamente me sentí parte, la que me dio un abrigo en vez de golpes, me alimentó con sus senos en vez de ponerme cadenas.

     Una tarde me senté en una roca y me distraje con la paz del agua. De pronto, el reflejo empezó a borrarse y escuché gritos de hombres en español, el golpe de las armas y las botas chocando contra el suelo. Corrí lo que más pude hasta que me ardieron las piernas pero no bastó para escapar de ellos, sucios violadores, apestosas ratas cobardes. Volvieron a poner sus manos sobre mí pero esta vez no tuve miedo, sino que toda mi ira salió como un rugido violento y se convirtió en puñetazos, escupidas, patadas e insultos.

     Me golpearon en la cabeza y me ataron. Me llevaron al poblado para entregarme a Francisco Ruiz Galán quien me condenó por algo que los varones asesinos hacían todo el tiempo: tener contacto con los “nativos”.

     El “piadoso” enviado de su católica majestad ordenó que me desnudasen y me atasen a un árbol a orillas del arroyo Maldonado para que me devoraran las fieras.

     Otra vez estaba herida, violentada y humillada… pero no me dolió. Tampoco tuve miedo de que las fieras vinieran ya que nada peor podía pasarle a mi cuerpo, ni ser devorado por éstas lo lastimaría, sus mordiscos jamás llegarían a ser tan crueles como lo fueron aquellos hombres conmigo, con los indígenas, con la vida.

     Esperando sin miedo mi muerte cerré los ojos y dormí, deseando que ese sueño se convirtiera en el calor que me faltaba, en el que me había dado la leona que una vez también fui.

En el medio de la misma noche, bajo el cantar de los grillos y los sonidos de animales que desconozco, escuché unos pasos que no eran ni de indios ni de españoles. Abrí los ojos y ahí estaban los suyos penetrando la densidad y espesor de la noche con toda su luz.
Se echó a mis pies y me protegió toda la noche.

     A la mañana siguiente desperté en el medio del bosque acostada en la hierba. Confundida bajé la mirada buscando mis pies, que de pronto, eran patas, a mis manos que tenían garras y corriendo hacia la orilla del río busqué mi alma que sentía tampoco ser mía. Me asomé y reconocí sus enormes y salvajes ojos. Allí estaba, tan salvaje, la eterna mirada de la leona.

*Basada en la leyenda contada por Ruy Díaz de Guzmán.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Tomar la cámara, intervenir el género: piensos desde el Taller de Cine Feminista

por Cuerpos parlantes

 

Hace unos días nos encontrábamos en uno de los edificios gubernamentales del estado de Jalisco, en cuya bóveda pudimos apreciar un mural que representa en manos de quién ha estado la cultura, la política, el arte, la guerra, la religión, la literatura, la ciencia y la educación. Hombres vestidos hasta el cuello con propiedad para dictar su palabra sobre estos ámbitos, con gesto duro en el rostro, manifestando su firmeza  para el logro de sus empresas (excepto los cuerpos racializados,  que aparecen desnudos y encadenados). Flotando sobre ellos, cuerpos femeninos desnudos, exuberantes,  como premio y representación de las gloriosas proezas de esos célebres varones. Al igual que el cine, la televisión y la publicidad, este tipo de obras pictóricas está pensado para la mirada masculina, vigilante del orden social, binario y jerárquico, en el sentido de que su efecto es recordar a cada género la misión a la que está llamado, quién es el vencedor y cuál es su conquista. Este tipo de representaciones, además, se encuentra en los libros de educación básica en México proporcionados por la Secretaría de la Educación Pública, y siguen cumpliendo la función de reproducir las relaciones tradicionales entre los géneros, a través de ilustraciones en las que las mujeres ocupan lugares secundarios o subalternos.

     Sin embargo, hay otra forma histórica de representar a las mujeres en los medios audiovisuales y narrativos que tiene su raíz a finales de la Edad Media europea, entre los siglos XIII y XVI, período en el que nueve millones de mujeres fueron quemadas, torturadas y asesinadas bajo la acusación de ser brujas, esto es, mujeres con saberes al servicio de curar enfermedades, del control de la natalidad y del cuidado de lo común. Como ha explicado con detalle Silvia Federici (2004), la cacería de brujas fue la primera persecución multimedia en la que todos los medios culturales de la época medieval -la pintura, el teatro, la literatura y los relatos de los juglares- fueron utilizados para estigmatizar a estas mujeres pues suponían una afrenta al naciente sistema capitalista, que a la fecha requiere de controlar los cuerpos de las mujeres para las funciones reproductivas. Una de las primeras tareas de la imprenta fue alertar a la gente del peligro de las brujas con la impresión de panfletos donde se publicaban los juicios más famosos y los detalles más atroces de las torturas. El filme Häxan. La brujería a través de los tiempos de 1922, mezcla de documental y ficción, reproduce de forma un tanto ridícula -vista desde nuestros días quizá- los mitos construidos en torno a las brujas en la época medieval.

     La importancia de pensar las representaciones que configuran nuestra cultura audiovisual de cinco siglos a la fecha radica en los efectos sociales y subjetivos que ésta tiene en nuestras relaciones, en nuestra identidad, en la posición que ocupamos en el mundo. Tomando como herramienta el psicoanálisis, la teórica feminista de la imagen Laura Mulvey (1974) analizó cómo se estructuran las formas de hacer y de ver cine de acuerdo a un orden sexual jerárquico y patriarcal, que induce a experimentar básicamente dos tipos de placeres: el de la escopofilia (el sometimiento de los otros a una mirada controladora y curiosa) y el narcisismo (la identificación con aquellos que salen en la pantalla). Esto significa que los discursos audiovisuales no nos influyen por simple imitación y repetición de lo que vemos aparecer en pantalla, sino que abren campos de significados ampliamente compartidos (el consumo masivo) que nos dan la posibilidad de pertenecer a una colectividad en la medida en la que deseamos y emulamos a sus protagonistas, los estilos de vida que proponen, y que nos permiten apropiarnos de ellos mediante la mirada.

Al día de hoy prevalece una cultura audiovisual en la que el lugar central en las imágenes y los relatos que consumimos es ocupado por la representación de la masculinidad hegemónica cuando se trata de personajes activos, heroicos, solventes, determinados, mientras que las figuras femeninas, los cuerpos racializados y cualquiera que represente la otredad respecto al sujeto varón blanco ocupan papeles secundarios, de apoyo y de antagonismo. Las representaciones de las mujeres cobran notoriedad cuando se trata de cuerpos-objeto de la mirada masculina, y cuyos personajes no tienen más proyecto que seguir las aventuras del hombre protagonista o ser parte del botín por sus actos valerosos.

Los efectos de estas representaciones -producidos por vía de la identificación como decíamos antes- son un continuo de violencia simbólica llevada a todos los espacios sociales de la vida cotidiana. Si las mujeres son representadas como “objetos de posesión que pueden ser comprados y vendidos, que pueden ser violados y abusados, que suelen sentir placer obedeciendo y sometiéndose, y que están ahí para satisfacer los deseos de cualquier varón que tenga algo de dinero” como señala Coral Herrera (2015), no es extraño que la violencia contra las mujeres esté a la orden del día en la casa, en el trabajo y en la calle y que, con más frecuencia de la que esta sociedad está dispuesta a aceptar, culmine en feminicidio.

Los medios audiovisuales son, como expresa Teresa de Lauretis (1989), tecnologías de género, en tanto que la violencia simbólica que representan estructura el sistema binario de género. “Hombre” y “mujer” corresponden a los dos polos de una relación desigual de poder que les define como tales: activo-pasiva, héroe-princesa rescatada, etc. “Hombre” y “mujer” son en realidad representaciones que vemos en esos medios y que luego actuamos (representamos también) de forma más o menos consistente en los espacios de nuestra vida cotidiana; actuaciones que a su vez contribuyen a construir las representaciones que consumimos en los medios audiovisuales para cerrar un círculo que constriñe nuestros cuerpos en el marco de unas normas que se hacen pasar por “la naturaleza”. Por eso pensar los medios audiovisuales como tecnologías de género no solamente nos permite analizar el modo en que los géneros son construidos por sus representaciones simbólicas, sino que nos abre la posibilidad de intervenir la construcción de esas representaciones y, por tanto, las propias relaciones de género.

Esa es la apuesta del cine feminista: apropiarse de las herramientas audiovisuales como tecnologías de género, escribir historias desde puntos de vista inéditos y tomar la cámara para filmarlas. Historias donde las mujeres y las personas que rompen con identidades normativas toman el control de sus cuerpos, sus deseos y sus vidas. Historias que hablan de las alianzas entre mujeres, donde el amor romántico y heterosexual no sean el fin último ni el centro del relato, que promuevan otras afectividades y otros cuerpos. Alianzas que no están solamente frente a la cámara, también detrás de ella.

En las reflexiones y el trabajo realizados particularmente en el Taller de Cine Feminista de Cuerpos parlantes, las miradas sobre los cuerpos como espacios de apropiación para el placer y la acción política han transitado paulatinamente hacia los entornos que esos cuerpos habitan en la ciudad: la calle y el barrio. Las amenazas que se ciernen sobre estos espacios, como el acoso sexual callejero y el despojo urbano, impactan directamente sobre las posibilidades vitales de nuestros cuerpos. En el cine comercial abundan las representaciones de violencia, que van de los conflictos bélicos hasta la violencia doméstica; en las calles vuelan automóviles por los aires y las pandillas se enfrentan a muerte, pero poco vemos en las pantallas de esa violencia cotidiana para tantas mujeres que es el acoso sexual callejero, el cual define en buena medida la histórica división sexual del trabajo y de la vida entre espacio doméstico privado y espacio público, que nos confina a las mujeres a las funciones reproductivas limitando nuestra acción política.

La apuesta del cine feminista no es solamente por representar esas violencias, sino también por documentar, visibilizar y construir referentes para combatirlas. Los grandes directores del cine mundial son especialistas en estetizar el sufrimiento femenino sin trascender la victimización. Se hace urgente entonces dar cuenta de que el combate a las violencias ha de articularse de forma colectiva -contrario a la tradición de los héroes masculinos que solos todo lo pueden- visibilizando, por ejemplo, las historias sobre la defensa de los barrios, los territorios y de los bienes comunes contra el despojo que suelen ser enarboladas por mujeres, heroínas cuyos logros no van a la pantalla grande.

Un trabajo ejemplar de recuperación y documentación del arte hecho mujeres desde una perspectiva feminista es el realizado por Ingrid Guardiola y Marta Sureda (2014) con el título La dimensión poco conocida: pioneras del cine que tuvimos oportunidad de ver durante la segunda edición del Taller de Cine Feminista, y que consta de cuatro episodios dedicados a guionistas, directoras, montadoras y actrices respectivamente.  Queremos destacar el capítulo dedicado a las montadoras, encargadas de ensamblar y dar sentido al discurso no solamente de grandes películas, sino de buena parte de la obra de las carreras de muchos renombrados directores, ejemplo de cómo el trabajo femenino que sostiene a la industria es invisibilizado y poco reconocido a pesar de su relevancia.

La labor del montaje en el cine es muy importante porque consiste en interpretar los gestos visuales que darán forma y ritmo a la narración a partir del trabajo en bruto del director. Jean-Luc Godard decía que dirigir es una mirada, editar es un latido del corazón. De hecho, en las salas de montaje de muchos de los más destacados directores del cine clásico y contemporáneo, siempre hubo una mujer “cocinando” la película. Lyudmila Feiginova fue responsable de la edición de todas las películas de Andrei Tarkovski, director de culto. Juliane Lorenz montó todas las de Fassbinder y Halina Prugar trabajó durante veinte años para Adrzej Wajda. Rose Smith editó muchas películas de D.W. Griffith y en varias de ellas no fue acreditada, como en la referencial Tolerancia de 1916. Lo mismo le hizo Roberto Rossellini a Jolanda Benvenuti, quien editó la primera película de aquél Roma ciudad abierta y no apareció en los créditos. En el cine de Hollywood Thelma Soonmaker ha editado buena parte del trabajo de Martin Scorsese y Sally Menke del de Quentin Tarantino. La cineasta y académica Hito Steyerl se preguntaba “¿por qué el film de Dziga Vertov El hombre de la cámara, no se llamó La mujer en la sala de montaje?” en relación a la magnífica labor de montaje Elizaveta Svilova en las películas de éste. Todo el mundo sabe el nombre del director, pero nadie de la editora. Por cierto, Agnés Guillemot fue montadora de buena parte de la obra de Godard, murió en 2005 y a la fecha google no encuentra una sola imagen suya.

El Taller de Cine Feminista de Cuerpos parlantes lleva dos ediciones en las cuales hemos convivido, aprendido y llevado a cabo nuestras historias con veinte compañer*s. En la primera edición (junio de 2014) se realizaron tres cortometrajes que se pueden ver aquí: http://wp.me/p3GStH-3Q

Referencias

De Lauretis, Teresa (1989) “La tecnología del género”

Federici, Silvia (2004) Calibán y la bruja. Mujeres, cuerpo y acumulación originaria. Madrid: Traficantes de sueños, 2010.  Disponible en http://www.traficantes.net/libros/caliban-y-la-bruja

Guardiola, Ingrid y Sureda, Marta (2014). La dimensión poco conocida: pioneras del cine. Disponible en http://www.pioneresdelcinema.cat

Herrera, Coral (2015) “Los hombres y la violencia de género” Disponible en http://haikita.blogspot.mx/2015/08/por-que-los-hombres-matan-las-mujeres.html

Mulvey, Laura (1974) “Placer visual y cine narrativo” Disponible en: http://www.estudiosonline.net/est_mod/mulvey2.pdf

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Cuerpos parlantes es un espacio para el encuentro, la puesta en común y el aprendizaje colectivo en torno a los feminismos y aquellas formas de conocimiento que incrementen nuestro potencial de organización.

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