Caminábamos por las playas de San Diego, y to be honest I hated him.
Me resultaba patético su existir.
Panza redonda de miedo, transparent yellow skin, arrugada, llena de lunares, estaba allí para llenarme de qué?
Pedí el breakfast más caro del restaurant -como venganza-.
Bacon Hamburger.
Comí pensando en cualquier cosa, ignoring the smiley shadow besides me, desdeñando lo que había acontecido esa mañana.
Yo era la nice hooker, morena, mexa, pobre, veinteañera, broken english.
Pasamos un monumento que para mi significaba la conquista del petróleo en el mundo: juegos de plástico y goma moldeable para los niños que visitaban la veteran beach. Beautifull place que les habían otorgado a cambio de muertes de guerras anteriores.
-This rubber used to make these games is super toxic but nobody says anything, children play anyways. Me dijo.
Tocando la arena con los pies me confesó:
– In war everybody get sick.
Some time ago I was on a mission in an African country. I was asked to hunt down a group of slavers who kidnapped civilians and sold to transnational corporations for forced labor.
We were on the trail through northern Africa, almost snapping at tracks, until one day we catch them near beach.
We torture them.
Then a machine used to dig in the sand made many holes, depth of a body to the neck.
We buried them.
And another machine step over them and cut off their head.
Several of my colleagues took decapitated heads from hair and took selfies.
War ill.
Sound of waves, gaviotas y la gente laughing a nuestro alrededor aderezaba la narración, suddenly i saw a child contemplating his own childhood. Por un instante sentí un amargor que emanaba de algún lugar que no era físico.
Emboscada, castigada, vigilada.
I was there, con la brisa salada pegada a la skin, judging me with the hardest weapon.
¿En qué momento decidí ser my propio victimario?
Cuerpos sobre otros cuerpos, cuerpos chupando, sobando, tocando otros cuerpos, elevando la temperatura en la habitación, humedeciendo la piel y las cavidades…
En esta serie pictórica Patricia G. Santiago deja fluir oníricas orgías a través de los contundentes golpes de su pincel, generando vívidas escenas que logran transportar al espectador al espacio de sus propias fantasías sexuales.
Óleo y acrílico sobre tela
40 x 40 x 5 cm
2014
Óleo y acrílico sobre tela
40 x 40 x 5 cm
2014
Óleo y acrílico sobre tela
40 x 40 x 5 cm
2014
Óleo y acrílico sobre tela
40 x 40 x 5 cm
2014
Óleo y acrílico sobre tela
40 x 40 x 5 cm
2014
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Patricia G. Santiago, originaria de Torreón, Coahuila y actualmente radica en el Distrito Federal, imparte talleres de Pintura en la Facultad de Artes y Diseño de la UNAM. Durante el 2013 fue directora general del Arte e identidad, proyecto de formación de públicos en la Comarca Lagunera. Ha sido reconocida con diversos premios y becas a nivel local, nacional e internacional.
orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto ya os
lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredaran el reino
de Dios.”
(Gálata, 5:19)
Estamos a unos días de la Semana Santa y con ella algunos rituales se deben cumplir al pie de la letra, estos son: el Carnaval, la Cuaresma y la Pascua. Me interesa abordar el Carnaval, éste es una celebración anterior a la Cuaresma cristiana; son los disfraces y las máscaras la indumentaria para esta celebración. No se sabe dónde inicia esta festividad, pero la tradición heleno-judeocristiana da dos posibilidades: es un rito dedicado a Baal divinidad del Asia Menor como un falso dios y opuesto a Yahvé, o bien, es un rito dedicado a Baco dios del vino. Ya sea Carnaval o Bacanal, una de sus características principales es el descontrol.
Y es que han sido varios los comentarios sobre el por qué de una política desde lo alegre, lo lúdico y lo afectivo. ¿Por qué seguir haciendo política desde la banqueta y el silencio? Para nosotros el Carnaval se vive día con día, es una revolución afectiva, tal y como lo dice el Manifiesto Transchanga:
Transchanga porque ante la mirada de lo civilizado somos primitivxs, somos exóticxs e incivilizadxs. Me reapropio de su exotismo selvático y juego con ello. Vomito su civilización sostenida a base de desigualdad social, explotación natural y laboral, misoginia, racismos y homofobia. Bajo esos términos no me interesa ser civilizado, prefiero la locura y la desobediencia, la incivilización. [1]
Este manifiesto juega con lo anormal, no como un estigma, sino como una condición bastarda que reniega de sus leyes; el <<ser>> transchanga no va a lo perverso ni a lo enfermo, es detectar el peligro de los discursos morales y civiles; lo que lo vuelve en un sujeto peligroso, ya que se resiste a las tecnologías del poder: a la que expulsa, excluye, prohíbe, margina, reprime; así como al poder positivo que norma y transforma desde sus propios efectos (normatividad). Así pues, la transchanga es ese monstruo humano, es la naturaleza en forma brutal.
Ser monstruo implica un problema, no para él sino para los demás, pues es él quien interroga al sistema; en otras palabras, la monstruosidad es una irregularidad natural externa que cuestiona el derecho que ya no funciona. De este modo el <<ser>> del monstruo es la transgresión: “(…) por consiguiente, de los límites naturales, transgresión de las clasificaciones, transgresión de la ley como marco (…)”. [2]
Habrá que entender entonces la transgresión como un desorden de la naturaleza. En este punto, donde la monstruosidad de la naturaleza se hace presente, la figura del hermafrodita[3] aparece como aquello que tiene los dos sexos; a este desorden de la naturaleza se nos ha enseñado a temerle.
“¿Qué es, realmente lo que queréis, hombres, conseguir uno del otro? (…) ¿Acaso lo que deseáis es sestar juntos lo más posible el uno del otro, de modo que ni de noche ni de día os separéis el uno del otro? Si realmente deseáis esto, quiero fundiros y soldaros en uno solo, de suerte que siendo dos lleguéis a ser uno (…)”
Platón (§192 d-e)
Mientras para unos la figura hermafrodita es un monstruo, nosotros la vemos como la forma originaria del ser humano, es uno solo en forma y nombre que reúne lo masculino y lo femenino desde el amor. Así es el performance de Lía García Barreto, que bajo el arquetipo de la Novia ha mostrado el <<encuentro>> como algo pedagógico que sitúa al cuerpo en espacios afectivos donde el cuerpo se disfruta de manera colectiva.
En noviembre de 2013 en la Galería Agua Fuerte en la Ciudad de México, se llevó a cabo Sobre la distancia. Mostrarse/Mostrae/Monstruo; performance de Lía García[4] en el que el diálogo afectivo comenzaba con la mirada de ella hacia alguno de los asistentes. Elemento importante para el evento fueron los cristales de la galería que sirvieron de barrera entre artista y espectador, este muro divisorio te permitía ver al otro pero no sentirlo; se trataba de un compromiso, por parte del espectador un compromiso ético y de respeto para las identidades trans, por parte de Lía un compromiso activista que daba visibilidad a este sector siempre segregado. Se anula la barrera de cristal cuando el compromiso es aceptado, “(…) cuando se encuentran con aquella auténtica mitad de sí mismos (…) quedan entonces maravillosamente impresionados por afecto, afinidad y amor (…) Estos son los que permanecen unidos en mutua compañía a lo largo de su vida (…)”[5]. “Puede besar a la novia” dicta el cierre de los votos matrimoniales.
Lía García Barreto. Sobre la distancia. Mostrarse/Mostrae/Monstruo México. 2013. Registro fotogáfico: Luis Felipe Hernández.
“Nada ahorraremos para pervertirla y degradarla, para arrasar con todos los falsos principios de moral con los que hayan podido aturdirla; en dos lecciones quiero verla tan perversa como yo… tan impía… tan dada a los excesos.”
(Marqués de Sade, La filosofía del tocador)
Ahora toca el turno a Casa Gomorra[6], espacio que reúne proyectos artísticos que van desde la música hasta el tatuaje, pasando por la joyería, el fanzine, pole dance y economías alternativas. Gomorra se ha convertido en punto de encuentro afectivo para todas nosotras, los anormales han gentrificado la olvidada colonia Obrera de la Ciudad de México.
Gomorra es la Ciudad de la furia, donde nadie sabe de mi y soy parte de todos; aquí el nombre y la procedencia no importan, se trata de una heterotopía de la desviación: “(…) lugares que la sociedad acondiciona en sus márgenes (…) son más bien reservados a los individuos cuyo comportamiento es marginal respecto de la media o de la norma exigida”.[7] Heterotopía entendida como una forma de disfrazar los espacios incompatibles donde el tiempo es visto como un goce, o disfrute, es volver al momento previo del pecado original.
De este modo, Casa Gomorra abre sus puertas al banquete. Los cuerpos se disfrutan, se sienten, se extienden. La música te lleva a un estado de purificación y reconocimiento colectivo. Las musas de Casa Gomorra: Ali Gua Gua, Charlee Chamuko, Mery Izquierda y Bruno Cuervo, te seducen y te incitan a la perdición; y es muy difícil no ceder a semejantes bellezas que de sus cuerpos expulsan sensualidad, sabrosura y calentura. Entrar a Casa Gomorra te invita a un devenir animal, el más salvaje.
“Nadie nos oye y nadie me impedirá profanar otra vez tus sentimientos más sagrados, y desempeñar contigo un papel frívolo. ¿Soy ahora cruel y despiadada, o bien, grosera? ¿Me amas o me desprecias? Ten el látigo…”
(Leopold von Sacher-MAsoch, La venus de las pieles)
Cuerpos Utópicos es un trabajo colaborativo entre Liz Misterio[8] e Ivelin Meza*, es una intervención colectiva donde se invita al público a la auto-representación erótica; aquí las relaciones de poder no existen, la cámara fotográfica no es vista como ese ojo que todo lo ve y lo cosifica. Al contrario, se vuelve tu aliado en lugar de tu policía. Este ejercicio performático nos demuestra que nuestro peor enemigo somos nosotros mismos. Parte de la propuesta de este proyecto es cuestionar los cánones del género, en este ejercicio el cuerpo es modelado y recreado, no a partir de un género, sino del mismo deseo y la fantasía; es poderle dar vida a ese cuerpo que se nos ha prohibido construir.
Liz Misterio e Ivelin Meza. De la serie Cuerpos Utópicos. Fotografía digital. México. 2011
Es esencial para este proyecto el lugar donde se ejecuta, la idea es poner un set fotográfico ya sea en una fiesta o en un evento cultural; el principio es el mismo: el juego. “Lo que hace que el juego sea enteramente juego no es una referencia a la seriedad que remita al protagonista más allá de él, sino únicamente la seriedad del juego mismo. El que no se toma en serio el juego es un aguafiestas”.[9] De este modo, Cuerpos Utópicos se convierte en una experiencia que transforma al que la vive, haciendo que la obra de arte se vuelva una experiencia; ya que el carácter significativo de este proyecto performático radica en su esencia y no en la conciencia de quien participa en ella, ya que el jugador se vuelve una manifestación del juego mismo.
Bajo la premisa: el sujeto se construye, Cuerpos Utópicos nos invita a la construcción de un cuerpo, de una identidad o de un género que no existe en un sistema donde el ser mujer, homosexual o trans te puede costar la vida.
Del sol y de los mundos, nada sé yo que decir, y, sólo veo como de fatigan los mortales. El raquítico dios de la tierra sigue siendo de igual calaña y tan extravagante como en el primer día. Un poco mejor viviera si no le hubieses dado esa vislumbre de la luz celeste, a la que da el nombre de Razón y que no utiliza sino para ser más bestial que toda bestia.
(Goethe, Fausto)
Después de un breve recorrido por el arte disidente en la Ciudad de México y cerrando con un epígrafe de Goethe, me gustaría concluir este ensayo enunciando lo siguiente: lo que se ve reunido aquí es una Baca, sí, como la tragedia de Eurípides. El arte que estos artistas puedan proponer, cuestionan los modos de hacer arte y las políticas de representación del arte. Estas prácticas artísticas orgiásticas crean su propio mundo, el furor del que habla Eurípides, en estos artistas es visto como una fuerza de producción que reúne huellas de lo existente; esto es, hacer el arte desde sí mismo. Pues cada uno propone un problema (monstruosidad, misoginia, transfobia) que se resuelve desde un posicionamiento político: lo trans, lo feminista, lo cuir. El proceso creativo de estos artistas radica en la transformación de los afectos; el luto se vuelve memoria, la protesta en melodía y la marcha se asume como fiesta. No se calla, se grita. Nuestra venganza es: ser felices.
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FUENTES DE CONSULTA.
Bibliografía:
GADAMER, Hans-Georg, Verdad y método I. Traducción de Ana Agud Aparicio y Rafael de Agapito. Salamanca: Ediciones Sígueme. 1977.
FOUCAULT, Michel, Los Anormales. Curso en el Collège de France (1974-1975). Traducción de Horacio Pons. Buenos Aires: FCE. 2007.
______________________, “Las heterotopías”, en El cuerpo utópico. Las heterotopías. Traducción de Víctor Goldstein. Buenos Aires: Ediciones Nueva Visión. 2010.
PLATÓN, “Banquete. (§192 b-c)”, en Diálogos III, Traducción de M. Martínez Hernández. Madrid: Gredos. 1988.
Tadeo Cervantes, “Manifiesto Transchanga”, en Hysteria! Revista #10 Anormales, 2014. Disponible en línea: https://new.hysteria.mx/transchanga/ . Consultado en marzo 2016.
[1] Tadeo Cervantes, “Manifiesto Transchanga”, en Hysteria! Revista #10 Anormales, 2014. Disponible en línea: https://new.hysteria.mx/transchanga/ . Consultado en Marzo 2016.
[2] Michel Foucault, Los Anormales. Curso en el Collège de France (1974-1975). Traducción de Horacio Pons. Buenos Aires: FCE. 2007, p. 68.
[3] Tengo muy claro que el hermafrodita ha sido renombrado como intersexual para neutralizar el poder de estigmatización del primero; no voy a hablar de las personas intersex, sino de las personas trans para continuar con la escuela filosófica postestructuralista que así las ve para otorgarle poder de agenciamiento.
[7] Michel Foucault, “Las heterotopías”, en El cuerpo utópico. Las heterotopías. Traducción de Víctor Goldstein. Buenos Aires: Ediciones Nueva Visión. 2010, p. 23.
[9] Hans-Georg Gadamer, Verdad y método I. Traducción de Ana Agud Aparicio y Rafael de Agapito. Salamanca: Ediciones Sígueme. 1977, p. 144.
*N.deR. Ahora Ivelin Buenrostro.
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Benjamín Martínez Castañeda. Productor visual mexicano, maestro en Artes Visuales por la U.N.AM. Su investigación está encausada a la teoría queer y filosofía política.
Una bacanal como forma de resistencia es lo que ha sucedido en el Posgrado de Artes y Diseño de la UNAM. En las dos últimas generaciones de la maestría ha habido una revolución de formas y conceptos. Una serie de jóvenes han entrado al posgrado a hablar más allá de lo impuesto, a hablar del cuerpo, la raza, las búsquedas sexuales y sus relaciones de estos temas con el arte. Relaciones que tienen que ver, también, con las formas de producción artística. El destino alcanzó a la academia desde el carnaval.
Y desde ahí es que yo celebro el poder ser testigo, y cómplice, de esta búsqueda de un lugar por parte de quienes suelen ser excluidos de diversos espacios artísticos y sociales. El pensamiento de quienes llegaron a la FAD en estas generaciones es uno de cuestionamiento de la normalidad, de las ideas de superioridad y la heteronormatividad y es generado por artistas como Benjamín Martínez “Walpurgis Gara”, Lizeth Gamboa “Liz Misterio”, Mirna Roldán, Alex Xavier Aceves Bernal, Ivelin Meza*, Carlos Romualdo o Paola García.
Pero lo más relevante para la academia es que es una forma de confrontar el conservadurismo tanto de pensamiento como de producción artística. El hecho de que estos alumnos hayan sido aceptados en la maestría es ya un logro, en cierta forma una muestra de su fortaleza y capacidad conceptual y su calidad artística, pasaron por una serie de trabas ideológicas, tanto del pensamiento como de la idea de la factura artística.
Sus obras no caben en la noción que se impone en el Posgrado de Artes y Diseño, ellos no buscan talleres que les den una introducción a la técnica –eso ya lo pasaron en la licenciatura– buscan confrontarse con la producción artística desde todo un proceso conceptual y de creación de espacios para hablar de las cosas que no se hablan: la sexualidad desde la disidencia, la identidad indígena y su exclusión, los proceso artísticos como espacios de discusión. A todos se les ha cuestionado si lo que hacen es arte, si sus enfrentamiento a la fotografía es válido, que si no tienen un espacio porque ¿en qué orientación del posgrado pueden estar?, que si su trabajo es o no es válido.
Lo que han hecho todos y cada uno de ellos, es confrontar a algunos profesores con una realidad: el arte hoy en día es algo más de lo que ellos creían. Han logrado introducir cuestionamientos en nuestra conservadora facultad, han producido espacios de discusión como Hysteria Revista y han invitado a agentes externos a mirarnos, cuestión sumamente importante e interesante. Personas que pueden darnos una mirada diferente y productiva, como Erika Lindig, Rían Lozano, Nina Hoechtl, Cuauhtémoc Medina o Deborah Dorotinsky, y muchos más que han volteado hacia nosotros gracias a otras formas de presentarnos. Y claro, con ellos hemos participado distintos profesores de la facultad, que hemos aprendido, y propiciado otras formas de hacer.
Estas otras formas de hacer también son importantes para buscar otras estructuras educativas en el arte. Nos encontramos un lugar de educación, en donde el principal problema es la pregunta por lo que estudia un posgrado en arte. Pienso que el enfrentamiento que podemos tener ante este problema se hizo desde el carnaval, porque fue desde el cuestionar de muchas formas y nunca de un enfrentamiento que surgiera de la rabia o la amargura. Los alumnos llegaron al posgrado y desde diferentes formas de disidencia, desde su cuerpo sexual, social, indígena, y desde el cuerpo de otros, lograron mover formas de hacer y de ver. Lo cuir, queer, indígena, trans, lo diferente nos dieron un golpe de carnaval.
Abril 2016
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*N.deR. Ahora Ivelin Buenrostro
Adriana Raggi
Doctora en Historia del arte por el IIE de la UNAM. Obtuvo la licenciatura en Artes Visuales en la ENAP (hoy FAD) de la UNAM en 1993. De 1995 a 1996 asistió como Estudiante Invitada a la Kunstakademie Düsseldorf, Alemania. En 2002 obtuvo el grado de Maestra en Historia del arte, IIE, UNAM. En el 2013 obtuvo doctorado en Historia del arte, IIE, UNAM. En 2013 cursó el Diplomado en Fotonarrativa y Nuevos Medios de World Press Photo y la Fundación Pedro Meyer.
Actualmente es profesora de tiempo completo de la FAD, UNAM. Además ha impartido clases en la Fundación Pedro Meyer y La Esmeralda, INBA. Es miembro del colectivo Las Disidentes,
Andrea Alejandro Freire (Ecuador) Actriz en potencia, escritora en esencia y publicista en espera! Sobre todas las cosas: Tortuga Ninja combinada con X- Men!!
No necesitamos sino la ganas, y la ausencia de un ridículo freno moral, para buscar complacer nuestras pasiones más bajas… o las más altas, depende en qué posición nos guste clavarnos, engancharnos o sobarnos; si con la cabeza… o los pies, es que nos gusta llegar a las vísceras, o que nos lleguen a las nuestras, nos cumplan las fantasías, digo.
Como en el carnaval de Saint-Saëns, para gozar hay que devenir animales, liberar a nuestrx reptil, poni, sirena o puerca interior, abrir la jaula de la de-formación humana, que tanto daño hace a la humanidad cuando le prohíbe de disfrutar del perrito, ya se sabe a lo que me refiero: los colazos, las mordidas, los arañazos y hasta los pericazos.
Si en la casa de la vaca sagrada, la vaga burguesa, pues hoy día parece que el dinero hace más milagros que Dios, se arma la horchata, la bandita sólo llega cuando en vez de acompañarse con hamburguesas se sirven las hambur-proles y veganas. La bola de animales llega y trae el carnaval consigo, la parafernalia, como en los tiempos de Dionisio, cuando se respetaban a los dioses y no se mataba al que convertía el agua en vino, ni a la madre naturaleza, ¡idiotas!…
El carnaval comienza como en Veracruz pues la vaca recibe a la morena de fuego, a la zorra, pero esta historia no se desarrolla en aquel fraudulento estado, ¡ya hubieran matado a los animales y extorsionado a la vaca!, nos encontramos en una comuna lésbico-mariK/hippie/punk, es por eso que aquí a la vaca sagrada no se la comían (se la follaban), y que a la zorra ésta la recibe con el acto más nutricio, le da de mamar de su ubre, a lo que la zorra le agradece acariciando su rostro, de las manchas a los cuernos, con su esponjada cola.
Llega la jirafa y éstas otras dos se emocionan, sus corazones laten acelerados pues no pueden esperar recorrer esas larguísimas piernas, así como besar ese cuello tan fino que sostiene una lengua tan larga que llega a cualquier rincón, hasta al fondo de la nariz de la misma jirafa. Las tres gracias no pueden ser capturadas en un cuadro, el trío lésbico es la prueba de que el falo no existe, está en nuestra imaginación.
Y hablando de tres llegan tres ostras, besándose sus labios que escondían algo parecido a una perla, manantiales que eyaculaban, cada una poseyó los mayores labios de cada una de las mamíferas, los de la boca ¡claro está!, así la vaca, la zorra y la jirafa pudieron probar las capacidades de las moluscas: pasar la perla de unos labios a los otros.
Siguiendo ellas en sus asuntos llegan el oso y la nutria, como eran una pareja dispareja de gays que sólo disfrutaban de la sodomía decidieron comenzar por su cuenta, la nutria tenía gran habilidad para recorrer el cuerpo del oso, a pesar de su tamaño, y el oso disfrutaba de poder abarcar todo el placer de la nutria con una sola mano. Dicen que el que mucho abarca poco aprieta, pero el oso podía abarcar a la nutria, y también apretar, a pesar del tamaño del otro miembro.
Tanta feromona volaba ya por los aires, ¡pelos por todos lados! y los animales apenas iniciaban. Como esta comuna estaba en un lugar de esos ¡que quedan pocos en México!, los demás animales llegaron retrasados, como muchas reglas que llegan después de lo que se espera, también se atrasó el vuelo del quetzal, pues se estaba parando el moicano. Como a todxs fascinaba la belleza de este animal, además de su gran cola, interrumpió por un momento los rezos que sollozaban los animales entre pujidos y logró lo inesperado, una des-estructuración de las prácticas de los animales. Pues el quetzal no sólo era sexxxy, también dadivoso, llevaba en el pico bayas para todxs, también les dio algunas venidas, pasado el rato, tantas buenas venidas que los otros animales interrumpieron su gozo para lamentar que su amigo estuviera en peligro de extinción.
En eso llegó la mantis, los miraba con la cara en alto y evitaba el contacto, sólo quería mirar un rato. En un convertible llegaron el camarón, el pez espada y unos renacuajos. El camarón era todo un güerejo descolorido, el junior de don langostino, de allá del norte; y sus amigos eran unos jóvenes bellos e ilusos adolescentes que apenas descubren las virtudes de los vicios.
La horchata no tardó en derramarse, ya pasaba de la media noche, y todos se quedaron porque les cerraron el metro, excepto la zorra, quien corrió veloz tras el último vagón, aún podía pasar unas horas esta noche en otra casa, con otro animal.
El pez espada era la sensación, pues su nariz era tan grande como su verga. La excitación era tan grande que, repentinamente, el koala (que nadie vio venir) penetró al pez por una branquia, mientras que un flamingo los tomó entre las patas, y se dejó venir.
La noche apenas empezaba, y los renacuajos estaban en boca de todos, sobre todo por su entusiasmo juvenil del que la vaca sagrada carecía. No obstante todos encontraron una buena acogida por parte de las otras especies de gustos, y hasta de disgustos. Había leche, perlas y escamas por todos lados. Tantas cosas pasaron esa noche que los renacuajos se convirtieron en sapos y ranas, aprendieron a usar su larga lengua.
Todo iba muy bien hasta que llega el toro y les descubre. Éste conmociona, ¡cómo fueron capaces de no invitarlo!, sin perder tiempo intenta meter su cuerno en la primera cola que encuentra, pero sólo halla resistencia en cada animal, pues sus modales lo vuelven indeseable. Frustrado se va a buscar alguna nariz, oreja o boca dispuesta a su cuerno, pero no lo consigue… comienza a derramar su mala leche y a incomodar, así que entre picotazos, espadazos, botellazos ¡y hasta un cabezado de la jirafa! Lo ahuyentan. Llegan los puercos, la noche es joven, estos puercos no reprimen, se revuelcan, dicen que las cochinas no mienten.
La mantis intenta devorar a cada uno de los machos, todos la abandonan porque sus mordidas no van acompañadas de deseo por el otro, sino de hambre propia. Encuentra en el camarón un reto, duro de roer. Escapan juntos en el carro del hijo de papi, al poco rato sacan el perico de la guantera, ella enloquece, descubre su parte más blanda, que tiene caca en la cabeza, intenta cometer un crimen pasional, pero él trae un arma, la mata de un disparo, la arroja desde el coche, y en un arrebato de cocaína el camarón se arroja con su auto a un río de aguas negras, muere ahogado.
El macho burgués, el toro, tuvo un glorioso desenlace, murió con una verga en la boca. Tras conocer una zorra en una esquina, intenta propasarse, le agarra, se lleva una sorpresa, saca la homofobia, la zorra es más cabrona, se la clava en el corazón, la navaja que traía en los calzones, la sorpresa, le corta la verga y se la mete a la boca, luego se la mete al toro y le roba la cartera.
A pesar de la verga en la boca, la horchi-puerquix es mejor opción, amanecer en un carnaval de animales, juro que la verga está sobrevalorada cuando hay garras, picos, ubres, aletas y pelos por todos lados… cuando los humanos y las puercas se revuelcan hasta que ya no se distingue dónde empieza uno y termina el otro, o la otra, o lxs otrxs. Hasta fundirnos en orgasmos de 30 minutos… como cualquier marranx.
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Axler Yépez Saldaña. Originario de Xalapa, Ver. Actualmente CdMx. Durante mi estancia por el Monstruito Federal estudié psicología, aunque en vez de ejercerla me he dedicado a la formación e investigación en humanidades, sobre todo en posiciones desde el psicoanálisis, el feminismo descolonial, la filosofía, y las artes; practico el teatro así como la escritura académica y letras libres, y técnicas de análisis.
Reflexiones a partir de las fotografías de Maya Goded
Por Marisol Maza
La ciudad en cuanto territorio se gestiona a partir del control social, del control de las masas y de los cuerpos. Dentro del orden público se regula la conducta social como una forma de control de lo visible y lo no visible.
Durante el siglo XIX, se hace un reordenamiento urbano en función de la creciente burguesía, resaltando los valores morales de las clases acomodadas; se designan espacios para el esparcimiento, preponderando los valores de “la familia” y las buenas costumbres.
Particularmente el cuerpo femenino se restringe al interior, a la intimidad. Durante mucho tiempo las mujeres no tuvieron derecho a una vida pública. El acceso al exterior se estipula a horarios específicos, siempre en compañía y bajo la vigilancia y juicio social de su comportamiento en público.
En contraposición con las mujeres de casa, han estado siempre las mujeres “de la calle”; los cuerpos que se venden, que son accesibles y pertenecen a lo público. A estxs se les tiene que poder localizar, pero hay que mantenerles a distancia; no permitir que estén demasiado cerca, primeramente por el reproche moral a la libertad y por otra parte la incomodidad que provoca la deuda social que se tiene con ellxs, porque ponen en evidencia los vacios de la sociedad; la desigualdad, la corrupción y la doble moral.
Por lo tanto, es necesario también controlarlo; y es ahí cuando comienza el juego de visibilidad-invisibilidad, que es el campo perfecto para la extorsión y el abuso de poder.
Las llamadas “zonas rojas” o “zonas de tolerancia” son lugares específicos para el ejercicio de la prostitución, que tienen sus orígenes en el sistema reglamentarista. Este sistema, que se puso en práctica en México desde mediados del siglo XIX, consolidó toda una serie de medidas higiénicas, legales y administrativas, dirigidas a la vigilancia y al control, tanto de las personas como de los espacios en los cuales se debía ejercer la prostitución.
Con ellas, las mujeres dedicadas al comercio sexual quedaron sometidas al cumplimiento de deberes y obligaciones, registradas, clasificadas y controladas a través de un libreto. Asimismo, se establecieron burdeles “oficialmente tolerados”, que se pretendía sirvieran como espacios “ideales” para el ejercicio de la prostitución sin peligro venéreo y sin amenazar la estabilidad patriarcal, es decir, que fueran funcionales para salvaguardar la salud de los clientes, pero además, que se usaran para administrar lo visible y lo invisible y para gobernar las conductas de las mujeres que en ellos residían. [1]
Los prostíbulos debían ocultar su verdadera función, por lo cual, desde esa época se estableció que no llamaran la atención para no interferir con la vida social de la ciudad.
La Ciudad de México, por su extensión y falta de previsión, tuvo varias “zonas de tolerancia”, que crecieron de manera irregular en vecindades y barrios populares. Una de las primeras zonas fue el Barrio de la Merced, zona comercial desde la época colonial, a la que llegaban constantemente comerciantes de otras ciudades que venían de paso.
En el siglo XVI la casona de la calle de Galias, hoy Las Cruces esquina Mesones, fue sede de una de las primeras casas de tolerancia de la ciudad, lo que a lo largo de más de 400 años se convirtió en un negocio redituable que siguió expandiéndose por la zona.
Es en esta zona donde la fotógrafa mexicana Maya Goded realizó el proyecto fotográfico Plaza de la Soledad, en el que durante varios años retrató a trabajadoras sexuales, de una manera íntima y cercana. Años más tarde decidió hacer una película con el mismo título, que comenzó a grabarse en febrero del 2012 y se terminó de editar en 2015.
El valor de estas imágenes es el nivel de proximidad que tiene con ellas. Acercarse a personas que están en el margen de la visibilidad es sumamente complicado.
Dejarse fotografiar es volverse visible, estar expuestx ante la mirada del otrx y por lo tanto vulnerable. En este proyecto fotográfico, ellas (las retratadas y la fotógrafa), apuestan por la visibilidad, por la mirada de otras mujeres para vernos y reconocernos desde dentro y fuera de estos márgenes.
Con este trabajo pone sobre la mesa otra de las incomodidades que tiene la sociedad en cuanto al cuerpo femenino: la vejez. Los cuerpos viejos son de nuevo territorios que deben existir de forma periférica, no ser mostrados, pasar desapercibidos.
Las fotografías de Maya Goded abren un espacio de complicidad, el compartir basado en la confianza mutua, y defender el derecho a elegir verse y ser vistas, mostrarse y ser mostradas, como madres, amigas, amantes…
A lo personal sólo se accede a partir de lo personal. Sus imágenes son el espejo que devuelve la mirada; desde el cual ellas se miran, en el cual ella se mira desde de sus propias dudas y su propia curiosidad e identificación como mujer y como madre; donde ella siempre está presente, buscando sus propias obsesiones.
En el año 2010 realizó el proyecto Welcome to lipstick, nombre de un bar en la Zona Roja de Reynosa, Tamaulipas; cerca de la frontera de México con Estados Unidos, donde las trabajadoras sexuales viven aisladas y ocultas detrás de muros. Un territorio particularmente hostil.
Debido a la violencia desatada en el país la mayoría de los habitantes ha migrado a otros estados, y lo que en un tiempo fue un concurrido y lucrativo negocio, se ha convertido en un lugar desolado. A pesar de esto, la necesidad de estas mujeres por sobrevivir mantiene viva la zona, y se miran a través de la cámara de Maya sobreponiéndose a la muerte, al peligro latente y la violencia extrema; negándose a volverse invisibles.
[1] “Reglamento de la prostitución, 1865” AGN, Gobernación, leg. 1790 (1), caja 1, exp. 2, pág. 21
La inserción en el campo laboral es un tema muchas veces espinoso y complicado para las jóvenes artistas, que hacen malabares tratando de no morir de hambre ni ahogarse en deudas mientras averiguan como tener una producción artística solida que les permita -aunque sea medianamente- vivir de su profesión.
La historia y la obra de Lindsay Dye me resultaron particularmente interesantes pues me veo a mi y a muchas de mis colegas reflejadas en su modus operandi de ser estudiante de artes de día y trabajadora sexual/webcammer / modelo de desnudo/ pornstar de noche, y averiguando en el inter que el comercio sexual puede ser terreno fértil de exploración para las inquietudes de una artista feminista sin nada que temer.
«I’m a webcam model and an artist. I started camming because I needed money quickly. I was in graduate school ($120,000 in debt for art school) and my boyfriend had kicked me out of our apartment. I perform and make art live on a website, and I’m tipped to do so while I’m streaming. I have complete creative control over everything I do, which is the most important thing to me and everything I ever wanted in a career. I am still camming because I’m good at it, and I look forward to it.» (1)
Y entonces, es ahí en donde la precariedad, el performance y el feminismo sex- positive se mezclan para generar complejas exploraciones sobre las relaciones de poder en el intercambio de sexo por dinero, las dinámicas sociales en el ciberespacio y el potencial creativo y empoderante de desnudarse frente a la cámara y tener el control de la imagen propia.
Lindsay tiene una serie de fotografías titulada «Buy me offline» que como ella misma lo describe en su página web, son una colección de imágenes robadas de sus performances transmitidos en vivo durante su trabajo como modelo de webcam. Las imágenes le llegan por email a la artista con intención de extorsionarla o de humillarla.
«I’m a sexually empowered female entrepreneur in a public space so I am opening myself to…basically being public property and undermined.»(2)
En esta serie Lindsay retoma dichas imágenes robadas con las que la han tratado de perjudicar y las subvierte poniéndolas a la venta en su página web como prints de arte, logrando con esto empoderarse como sujeto sexuado y como trabajadora del arte.
En #RealCamgirlMemes la artista se vale del dispositivo discursivo viralizable del Meme de internet para relatar con humor algunas de las visicitudes del trabajo de camgirl, utilizando imágenes de su archivo de stills robados y poniendoles textos referentes al lenguage y las interacciones particulares de ese medio, haciendo una especie de chistes locales para entendidos en la materia.
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(1) http://frank151.com/lindsay-dye/
(2) ibid
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Lindsay Dye. Artista, camgirl y entertainer de Miami, actualmente viviendo en las profundidades de Bushwick, Brooklyn. Tiene una maestría en Bellas Artes y Fotografía. Sus imágenes de desnudo se han diseminado por el internet de manera abundante, libre e ilegal.
Durante tres días (del 31 de agosto al 2 de septiembre de 2015), jóvenes que de manera autónoma ejercen el trabajo sexual fueron convocados por HYLF (HIV Young Leaders Found) a la ciudad de Bogotá para la realización de una consulta regional llamada «Salud igualitaria para todos/as», en donde personas de América Latina y el Caribe, de África del Este y África del Sur se encontraron e intercambiaron testimonios acerca de su experiencia cotidiana, las problemáticas que han enfrentado, sus miedos y fortalezas, pero, sobre todo, la importancia de implementar políticas efectivas de salud sexual y reproductiva.
Les dejamos un breve video resultado de este encuentro:
Escribo sobre 2 performances que trabajé sobre la tematíca de lo sexual.
1.Tiresias en la esquina. Poesía/acción épica bajo un farol
Esta performance consitió en 2 momentos: en el primero, ofrecía sexo oral en la explanada de la Escuela Nacional de Antropología e Historia y, en el segundo, realicé una serie de acciones intercaladas con lecturas de Joaquín Hurtado, escritor regiomontano que aborda temas de homosexualidad, el submundo trans y el VIH.
Se realizó el 15 de octubre del 2015 dentro de las acividades del IV Coloquio de Dimensiones Transgresoras de la ENAH.
2. Muestra gratis. Del deseo imaginado al “hay lo que hay”
Una mesa llena de imágenes de pornografía vintage de hombres hipersexuados hasta el riducúlo. Sobre la pared, imagánes del mismo tipo con música de fondo de Yello, Oh yeah, en loop de 2 horas. Al centro de la mesa, el performer en medias, con ojos vendados y una fusta incitaba a tomar a les asistentes su “muestra gratis”.
Este performance participativo se realizó el 30 de octubre en el Museo de la Mujer dentro de las actividades del Femstival 2015.
El propósito fue jugar con la idea de lo que es un cuerpo deseable en el imaginario normalizado y la distancia que hay entre éste y la mayoría de los cuerpos reales. De esta acción se planeó la ausencia de registro por ser potencialmente comprometedora.
De las acciones y reacciones
En Muestra gratis, la mayoría de los participantes fueron mujeres que me tocaron o acariciaron casi por compromiso y con risitas nerviosas. Sólo una persona encargada de mantenimiento del museo se mostró mas entusiasta. En Tiresias al ofrecer sexo oral con mi comprobante de salud sexual en la mano, sólo 3 o 4 personas se mostraron interesades, les ofertaba el servicio por 20 pesos pero, al no haber respuesta, cambié la petición a un lonche del snack. Alguien me pidió mi contacto. Otres tenían clase. “Saliendo te busco”, decían. La gran mayoría entre estudiantes y docentes les sorprendía la propuesta, pocos lo vieron con desagrado, pero al final nadie accedió al servicio.
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Carlos Peña a.k.a. Charlee Chamuko (Monterrey, México)