Autorretrato de tullido confinado, vídeo de una imagen, blanco y negro a todo color, banda sonora silenciosa, baile estático / estético / éxtasis, duración del baile: bucle eterno hasta el final del bloqueo.
Muestra una persona de mediana edad desnuda, recostada de lado con los ojos cerrados. Tiene las piernas recogidas, éstas muestran características de poliomielitis. Una de sus manos agarra la rodilla de la pierna izquierda, la otra mano agarra el tobillo de la pierna derecha. Lleva cabello casi a rape y un tatuaje de greca en el brazo derecho.
Texto del autor:
Pensaba en una danza que mostrase el encierro de personas con diversidad funcional, la vulnerabilidad, la soledad, etc y ¿qué mejor que el silencio, la inmovilidad, la falta de color y un cuerpo ?
Performer, autor, editor: Xavier Duacastilla
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Si, Tullido: «Los insultos funcionan como el dinero o como el prestigio: solo tienen valor mientras el grupo se lo otorgue, así que si el propio colectivo insultado pasa a autodenominarse con el término con el que se le intenta ofender, el insulto deja de funcionar.»
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#ActivismoTULLIDO
#CRIPPLEPUNK
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Xavier Duacastilla Soler. Barcelona 1960. Afectado por la epidemia de la poliomielitis en junio de 1961. Desde 2009 en el mundo de la danza integrada participando en talleres de danza con la compañía Cando Co, Cía Jordi Corteés – Alta Realitat, Adam Benjamin, Stop Gap, Marisa Brugarolas, etc . Performer ballarín de danza integrada en “Liant la Troca” http://liantlatroca.com . Performer de danza integrada en l’Associaciació KIAKAHART, Arts en Moviment. Activista del movimiento Diversitat Funcional.
Colabora en el colectivo “Entorno en la Silla” co-creando objetos de diseño libre de apoyo para la movilidad para personas con discapacidad . https://entornoalasilla.wordpress.com/
Orador en Charla TEDx Madrid 2015
2016 – 2018 Colaborardor como reportero de accesibilidad para el programa «Codi de Barris» de la cadena pública municipal Betevé(Barcelona Televisión) https://beteve.cat/codi-de-barris/
«Anticuerpo» obra de Lechedevirgen Trimegisto, fotografía por HacHe Herani Enríquez
por Lechedevirgen Trimegisto
Hoy se cumplen tres años desde la cirugía de trasplante renal que me devolvió la vida después de pasar una década acompañado de una enfermedad que petrificaba mis riñones. Desde entonces celebro esta fecha como el momento en que volví a nacer. Pero, hoy la celebro en medio de una situación muy similar a cuándo ocurrió, con escenarios que se repiten, pero en mayor escala.
Durante estos días de aislamiento me ha acompañado una extraña sensación de deja vu, que me mantiene pensando en cómo es vivir en un constante estado de vulnerabilidad, incertidumbre, miedo y angustia.
Ante la ironía, y para no marchitarme en el encierro, decidí escribir un pequeño texto que reflexiona entorno a nuestra relación con la enfermedad.
Un trasplante significa la oportunidad de volver a vivir. Un trasplante también significa el compromiso -de por vida- de tomar medicamento para suprimir tu sistema inmune y así evitar un rechazo.
En muchos de los casos, un trasplante significa la posibilidad de curarte de una enfermedad terminal y al mismo tiempo significa estar más susceptible que nunca a todas las demás enfermedades. Bacterias y virus en la mayoría de los casos, suponen las típicas amenazas que en más de una ocasión me han llevado a contemplar, con suero en el brazo, el paso de las horas en la sala de urgencias.
Hoy, el estar trasplantado también significa pertenecer a los grupos de riesgo frente a la pandemia que está provocando que las personas se pregunten por su propia vida y por el motivo de la existencia misma, tal cómo yo me pregunté en los peores momentos de la etapa terminal.
Pero ¿Cómo hacer frente a una crisis sanitaria que se articula con una crisis económica?, ¿Cómo protegerse ante un aparato médico que no distingue enfermos sino enfermedades, y no ve nombres sino números y estadísticas? ¿Cómo sobrevivir si ni siquiera ese mismo aparato médico puede contener la crisis?, en otras palabras ¿Cómo hacer frente a un régimen g-lotaritaritario, como propone Sayak Valencia, y una biopolítica del shock despiadada, alimentada por el racismo y el clasismo, siendo un cuerpo de color, no binario e inmunosuprimido?
Curiosamente mi historia con la enfermedad ha estado ligada no sólo a la inmunosupresión sino a lo autoinmune, una paradójica condición en la que tu propio sistema inmunitario ataca a las células sanas de tu cuerpo por error, condición en su mayoría crónica, degenerativa e incurable, de la que tampoco se conocen las causas. Una especie de crossover entre el motín fisiológico y el autosabojate inexplicable.
La enfermedad que me llevó a la etapa terminal de la insuficiencia renal era una enfermedad autoinmune, cuyo tratamiento paradójicamente era a base de inmunosupresores. Así que 10 años antes ya tomaba algunos de los medicamentos que tomo hoy y que seguiré tomando, pero ahora ya no por la enfermedad, sino por la cura.
Después del trasplante tuve que permanecer siete días en completo aislamiento en una habitación de hospital, como parte del protocolo, con tal de evitar contagiarme. Posteriormente el aislamiento continuó, pero en mi casa, durante 3 meses, tiempo en el que sólo salía para los estudios de laboratorio y consultas, hasta que me dieron de alta. A partir de allí, día con día ha sido un reto para re-aprender a vivir con mi nuevo riñón y la inmunosupresión. Pero hoy, por ejemplo, acudir al hospital por mis medicamentos es una misión suicida.
Así que como imaginarán, la incomodidad húmeda de los cubrebocas, la sensación táctil del jabón perdiendo forma con el lavado extenso y obsesivo de manos, el ´click´ del gel antibacterial al abrirse y cerrarse, el ligero dolor de cabeza a causa del olor a cloro y alcohol, la confusión derivada de la ansiedad de estar pensando constantemente si lo que tocaste o comiste estaba limpio o sucio y el miedo social a que invadan tu espacio personal, tu comida o tu casa, no me es para nada ajeno. Pareciera que juego con ventaja en el único juego que nadie quiere jugar.
Pero la realidad es que a pesar de mi amplía experiencia involuntaria en lo que Paul Preciado llamaría farmacopornografía, corro el doble o triple de riesgo que el resto de los jugadores. Susan Sontang propuso que existe el reino de los sanos y el de los enfermos, y que eventualmente todxs podemos pasar una estancia, más corta o quizá más larga, en «aquel otro lugar». Pero también propuso desmitificar que las enfermedades son metáforas de lo social, desafiando las creencias en las que ciertas enfermedades son propias únicamente de ciertos grupos minoritarios o personajes del imaginario social, como el SIDA lo fue de la comunidad LGBTTT+, la tuberculosis de los poetas o el cáncer de «quienes reprimen sus sentimientos». La enfermedad se adjetiva, «se proyecta sobre la enfermedad lo que uno piensa sobre el mal».
En mi búsqueda por encontrar otras formas de relacionarme con la enfermedad, he desarrollado múltiples proyectos de performance y biomedia.
Durante mi aislamiento en casa posterior a la cirugía, desarrollé 100 días una serie de obras fotográficas realizadas durante ese periodo de tiempo en ese momento crucial de recuperación, incluyendo la imagen del total de pastillas que debía tomar a manera de autorretrato, o Lazos de Sangre obra que muestra la unión de mi cicatriz junto con la de mi madre, quien fue mi donante.
«Lazos de sangre» de Lechedevirgen Trimegisto. Fotografía por HacHe Herani Enriquez
Alguna vez cultivé 618 moscas, como equivalente a mi tiempo de vida al momento que se presentó el performance Lo que viven las moscas (25 años, 4 meses, 28 días y 20 horas) con la intensión de cuestionar el porque pensamos que una vida humana vale más que todas esas moscas juntas.
En otra ocasión, para el performance Anticuerpo, cultivé los microorganismos presentes en muestras de orina, heces fecales, sangre, saliva y piel, con tal de encontrar las bacterias patógenas oportunistas presentes en mi propia microbiota, resultando en el hallazgo e identificación de ocho bacterias que podrían matarme si proliferaran en mi cuerpo, incluyendo la E.Colí, Estreptococus (conocida como la bacteria «comedora de carne») y Bacillus, de dónde se fábrica el Ántrax.
"Anticuerpo" de Lechedevirgen Trimegisto. Fotografía por HacHe Herani Enrìquez
Lechedevirgen Trimegisto. Fotografía por HacHe Herani Enrìquez
Cultivos de bacterias para "Anticuerpo" de Lechedevirgen Trimegisto. Fotografía por HacHe Herani Enrìquez
Imágenes de la serie «Anticuerpo» de Lechedevirgen Trimegisto. Fotografía por HacHe Herani Enrìquez
Mi intención era el hacer visible estos potenciales asesinos microscópicos que habitan mi cuerpo, como en el de cualquier otra persona en el planeta, para repensar mi propia condición de inmunosupresión y el frágil equilibrio entre la vida y la muerte.
Actualmente desarrollo Explante, un proyecto relacionado con biotecnología y donación de órganos, inspirado en la posibilidad de crear órganos y tejidos in vitro. Todos estos proyectos me han permitido profundizar y repensar la enfermedad a través de mi práctica artística, y hoy más que nunca me ayudan a entender el ritmo del mundo.
Porque hoy todo parece moverse al mismo ritmo, el ritmo lento de lo biológico y lo orgánico, y no a la velocidad de la maquinaria neoliberal capitalista. Mientras Žižek apuesta por la revolución del virus y el golpe mortal al capitalismo, Byung-Chul Han contradice sosteniendo que ninguna revolución va a ocurrir estando aislados en nuestras casas con el sentimiento de colectividad apagándose. Mientras la curva de contagio y muertes sigue subiendo, pareciera anticiparse una competencia por comercializar con la vacuna (todavía en prueba) con la «llegada de empresarios ansiosos de capitalizar el sufrimiento global» como dijo Butler hace unos días.
Mientras al pasar del tiempo pierdes la capacidad de distinguir los días, las paradojas se multiplican al darte cuenta de que la mejor forma de actuar es la inacción, quietud taoísta frente a un virus que, aunque no está vivo, sí se está llevando la vida.
«Lo que viven las moscas» obra de Lechedevirgen Trimegisto. Fotografía por HacHe Herani Enríquez.
El acto de salir a las calles como acto de rebeldía y protesta se tiñe de otro tinte y cobra otra dimensión en tiempos de pandemia, con el miedo devorándote la piel a hueso limpio y con la misma incertidumbre de una brújula sin norte.
Quienes están adentro prefieren estar afuera, sin entender el privilegio que representa «estar confinados» a una cárcel imaginaria que realmente les protege como una nueva membrana, porque ahora la relación que sostenemos con nuestras casas y hogares es diferente, porque cada uno de sus espacios se convierten en los barrios de nuestro nuevo ecosistema, porque se convierten en el actante más importante de esta odisea inmóvil.
Quienes están afuera no pueden estar adentro. Prohibido atravesar nuestras murallas ideológicas y físicas, y los constantes actos de desinfección social, porque no hay refugio para Lidia que trabaja en esa esquina, ni para Ramón que junta latas todos los días, ni siquiera podemos alojar a nuestros cómplices, ni alidxs, ni a las colegas ni amigxs, ni siquiera a nuestras familias.
Y luego están ellas. En la casa o el hospital están ellas. Y están expuestas a virus todavía más letales. En la casa o el hospital están ellas, haciendo de cocineras o enfermeras, entre baños de alcohol, cloro o lejía, o aquellos golpes, quemaduras y fracturas, entre violencias intrafamiliares o infecciones nosocomiales. Confinadas con sus agresores.
Y ahora un mundo rojo, con sus zonas en naranjas y amarillos, y sus números que suben y sus fosas que se llenan. Y al mismo tiempo un México rojo, con sus zonas en naranjas y amarillos, y sus números que suben y sus fosas que se llenan. Y todavía sigue dando más miedo una bala que un virus. Invitadxs todxs al extraño matrimonio de la narcoviolencia y la biovigilancia. Y sin ritual de despedida perdemos a quienes no supimos qué esa sería la última vez que le diéramos un abrazo, un beso. Y se nos deshoja el corazón por no volver a verle, ni siquiera con esos terribles algodones que nunca se quedan dentro, y salen de las fosas nasales para recordarnos que este es un cuerpo y no con quienes solíamos reír.
Y van más de 69 mil despedidas frustradas.
Ni llorar queda, sólo un dolor en el aura queda. Ni cenizas quedan y hasta el sol tiene miedo.
El coronavirus y el covid-19 han hecho visible lo endeble de un sistema plagado de injusticia social y de un clasismo xenofóbico y racista, que nos hace ver las «enfermedades» que venimos transpirando desde hace mucho.
Al final toda enfermedad resulta en una experiencia corporal compleja, que con suerte se convierte en un mal necesario a través del cual uno es capaz de recordar lo que realmente vale la pena y con ello repriorizar tu mundo y tu vida.
La figura retórica de la enfermedad no es la metáfora, sino la paradoja. La enfermedad te enseña a vivir mientras mueres.
Aveces la enfermedad es como una esfínge, un oscuro y críptico guardián que protege un conocimiento profundo y valioso, al que sólo se puede acceder al resolver un acertijo, una prueba. A tres años de mi último nacimiento me pregunto si esta pandemia será la gran esfínge de nuestros tiempos y, en todo caso que es lo que nos toca aprender de ella, si es que apenas lograremos vencerla.
Cultivo de semillas in vitro para el proyecto «Explante» Lechedevirgen Trimegisto, 2020. Fotografía Sorshamn Lara
La artista y escritora feminista Mira Schor llama la atención sobre una subcategoría de la pintura occidental a la que denomina “modest painting”. La estética de estos trabajos nos acerca a lo pequeño, lo poco importante, lo anónimo, lo privado y personal. Más que dominar al espectador y al espacio donde se exhibe a través de su espectacularidad o gran formato, o tratar los “grandes temas de la pintura”, este tipo de trabajos es de gesto silencioso, de una escala más bien íntima.
Lo modesto tiene un componente emocional, un tipo de reserva que es expresivo.
Mi trabajo rescata lo que suele considerarse pequeño y poco importante, lo que ya no se usa, lo cotidiano, lo anónimo y lo personal. Esta práctica me permite abrir espacios de diálogo con otrxs, traducir realidades cotidianas en espacios íntimos de asombro, verme dentro de un orden de cosas con el cual no concuerdo y en donde me siento extranjera, extraña e incómoda. Mi poética se nutre de lo biográfico y lo afectivo.
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Maria Laura Ise. Nací en Resistencia (Chaco, Argentina). Mi formación cruza las ciencias sociales y humanidades y se nutre de las mudanzas y ciudades donde viví: Buenos Aires, Ciudad de México, Taxco de Alarcón y desde 2017 en Ushuaia (Tierra del Fuego, Argentina). Mi quehacer profesional combina producción artística, docencia e investigación. Actualmente trabajo como docente-investigadora en la Universidad Nacional de Tierra del Fuego. Mi trabajo fue recientemente reconocido con la Beca de Creación, Categoría Artes Visuales del Fondo Nacional de las Artes- FNA (Argentina) 2019
En mi trabajo el hogar es un territorio de sucesos, sensaciones y pensamientos que se convierten en estímulos creativos, para dar cuenta del acontecer secreto de numerosas mujeres que recorren con esmero los laberintos del cuidado, la soledad, el anhelo, el placer, el tiempo.
Caminantes, bordado, 32 X 15 cms, 2018 Bordado de un par de personas caminando en la calle, a lo lejos.
Compañeros, bordado, 10 X 10 cms, 2017 Bordado de dos zapatos de agujeta, rojos.
Cómplices, bordado,17 X 70 cms, 2019 Bordado sobre varias piezas de tela, pájaro y planta.
Crecimiento silencioso, 17 X 35 cms, bordado, 2019 Bordado de plantas de interior y una niña acostada frente a ellas.
Desmadre, bordado, 19.5 X 16.5 cms, 2017 Bordado de un clóset con ropa.
El baño, bordado, 18 X 15 X14 cms, 2018 Bordado sobre dos tipos de tela diferentes, se ve la figura de perfil de una mujer bañándose.
El baño (detalle) Bordado sobre dos tipos de tela diferentes, se ve la figura de perfil de una mujer bañándose.
La casa de nuestros sueños, bordado, 12.5 X 17.5 cms, 2019 Bordado de una casa esquemática vista desde el exterior con la luna de fondo.
Mi hija duerme, bordado, 31 X 19 cms, 2019 Bordado en distintos tipos de tela, de izquierda a derecha, una hoja de planta elegante, un círculo, y una niña durmiendo vista desde arriba.
Madre-hija-gato-caricias, bordado, 34 X 27 cms, 2017
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Ana Laura Contreras Ortega. Artista visual. Licenciada en Artes Plásticas y Visuales, ENPEG «La Esmeralda». Puedes encontrar su trabajo en su instagram: @hilodevoz
[ads2] Karen Rosentreter es organizadora de la manifestación textil «Mil agujas por la dignidad» llevada a cabo el 7 de diciembre de 2019 en más de 21 países y 70 ciudades del mundo. Ponemos a continuación el Manifiesto de la misma, así como trabajo de Karen y el link para ver la documentación de dicha manifestación.
Hoy es un día importante para América Latina. Sin importar el color de las telas y menos las puntadas que se han dado, las textileras nos cansamos de la falta de cordura, de la falta de humanidad, y nuestros bordados se transformarán en gritos de justicia, porque somos todas las voces acalladas de nuestra Latinoamérica sufriente, la que sigue respirando, aunque la quieran hacer agonizar.
Honremos a nuestras mujeres y hombres que entregaron sus almas al trabajo por la dignidad, desde de sus agrietados rostros, desde sus inmerecidas jubilaciones, desde el olvido de una sociedad que no los contempló. Reivindiquemos a todas nuestras maestras, esas de manos marcadas por jornadas extensas, las de ojitos cansados por coser de noche, de enseñanzas humildes pero profundamente significativas, porque sus hazañas de guerreras textiles, no caben en los libros de historia para recordarlas. Gracias por todas las puntadas que dieron, porque con ellas nos trazaron el camino que hoy nos lleva a exigir la vida que merecemos.
Reclamemos, con la punzante lengua de nuestras agujas, todo aquello por lo que gritó la Violeta, no hay que “ser sabio competente” para entender que lo robao, no es más que la esencia colonizada de nuestro pasado, por el solo hecho de ser los Americanos del patio de atrás. Los hijos de los incas que nacieron en ese pedacito de tierra que la historia no recuerda, el destino exótico para los turistas extranjeros, el manantial donde los poderosos meten sus manos y se quedan con nuestra agua, con nuestro cobre, con la savia de nuestros árboles y hasta con el hierro de nuestras venas.
Pero poco a poco se cose la manta, porque las acciones urgentes de la gente y todo lo que hilvanan sus ilusiones cansadas, son el aire de los pulmones de este continente. Nuestros anchos pensamientos, son como las alamedas que alguna vez nos ofrecieron caminar y en la inocencia de nuestra pobreza, creímos en el demonio de turno que nos cortó en pedazos. Pero despertamos y nos cosimos las manos, para seguir tocando la guitarra de Víctor, para seguir bordando de día, de noche, sin luz, con la ropa de nuestros desaparecidos; con las ansias de volver a abrazarlos enhebramos nuestras agujas, y con todas las angustias de nuestros días sin ellos, bordamos una eternidad de cantos textiles que se escuchan hasta hoy.
Que esta danza de piel morena se haga costumbre, porque fuimos paridos desde la misma tierra, esa que nos da el café más poderoso del mundo, la que nos abraza por la cordillera, la que nos contempla desde el cañaveral, nos arropa desde la pampa, nos acaricia desde el mar caribe y nos cuida desde el océano Pacífico y también desde el Atlántico.
En un 7 de diciembre de 2019, las y los textileros repartidos por el mundo nos unimos a una sola puntada, a un solo corazón, porque a las ideas le crecen alas cuando son colectivas, cuando van direccionadas a un bien común. Gracias a todas las “Mil agujas por la Dignidad” presentes hoy.
Karen Rosentreter. Profesora y artista visual chilena originaria de Valparaíso. Actualmente reside en Barcelona donde acaba de terminar un máster en Estudios Avanzados en Historia del Arte en la Universidad de Barcelona.
Ha realizado y participado de diferentes muestras y proyectos artísticos de carácter social y comunitario. Una de sus principales líneas de investigación tiene relación con el arte textil femenino y el reconocimiento de los artistas latinoamericanos. Actualmente se desempeña como dinamizadora social y codirige el grupo de arpilleras de Poble-sec, en la ciudad de Barcelona.
En la actualidad su proyecto Mil agujas por la Dignidad funciona como plataforma de difusión de proyectos textiles.
El colectivo Memorarte se formó el año 2015, después de que 3 arpilleristas (Alejandra Campos, Cynthia Imaña y Erika Silva) acordaran trabajar en conjunto en la difusión y fomento del trabajo de las antiguas arpilleristas de tiempos de dictadura, que se enfrentaron al régimen con hilos, agujas y pedazos de tela.
Luego del golpe militar del año 1973, la dictadura comenzó a detener y hacer desaparecer a cualquier persona que consideraran adversario político. Las familias de estos detenidos desaparecidos, generalmente mujeres; las madres, hijas, hermanas y abuelas, comenzaron a indagar sus paraderos, por lo que eran duramente reprimidas. Buscando apoyo llegaron a la Iglesia, y así se formó primeramente el Comité Pro Paz, y luego la Vicaría de la Solidaridad, donde llegaron a trabajar voluntariamente algunos abogados para apoyar a estar mujeres a quienes nadie escuchaba.
Las oficinas de la Vicaría se llenaron de mujeres dolidas y desesperadas, y los pasillos estaban llenos por largas horas, así que a una de las abogadas le surgió la idea de hacer una actividad que les permitiera ocupar el tiempo y sobrellevar de mejor manera el sufrimiento que vivían.
Como la mayoría eran pobladoras muy pobres, tampoco tenían para comprar materiales para hacer algo, por lo que se les ocurrió ocupar la tela de los sacos de harina que se repartía en las mismas dependencias de la Vicaría. Con el apoyo voluntario de la artista visual Valentina Bonne, quien conocía las molas panameñas, unió esta técnica con el bordado tradicional chileno y así surgió una nueva técnica que es el bordado con retazo o ensamble de telas, que se pasaron a llamar arpilleras.
Las familiares de los detenidos desaparecidos comenzaron a contar en sus textiles todo lo que estaba pasando y de lo que nadie hablaba por miedo: las desapariciones, muertes, torturas a los que estaba siendo sometido el pueblo.
También representaban la pobreza, el hambre y la represión a la que estaban expuestas. Estos bordados fueron el único medio que tuvieron estas mujeres para denunciarlo horrible que estaba pasando en el país ante los ojos del mundo.
Actualmente usamos las arpilleras como instrumento de denuncia y memoria, conformando la resistencia textil contra las desigualdades e injusticias del Chile actual. Nos juntamos una vez por semana, para planificar nuestros bordados y actos según la contingencia. Pueden ver nuestro trabajo y convocatorias en FB: @colectivomemorarte.
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Cynthia Imaña. Arpillerista chilena, dedicada a que la historia de las arpilleristas de la dictadura se conozca en todo el mundo, como una lucha anónima, en que unas cuantas valientes mujeres se enfrentaron a una feroz dictadura sólo armadas con una aguja, hilos y unos pobres trozos de tela.
*Dedicado al chinelo que hace vibrar la memoria, Luis Ehecatzin(q.e.p.d),
gracias por seguir inspirando este brinco cotidiano.
Existe un rincón en el sur de la Ciudad de México, una casa llamada Fábrica de Artes y Oficios Tláhuac, en donde cada martes mujeres vecinas de la delegación Tláhuac e Iztapalapa se reúnen a dialogar con los hilos, las puntadas y las historias.
En este espacio de creación/reflexión se dan cita mujeres como Araceli, Arely, Julia, Leticia, Aurelia, Patricia, Adriana, Leonor, Heidi,Luz María, Socorro, Verónica y Reyna quienes además de ser cuidadoras de la vida y del hogar han ofrendado gran parte de sus minutos, horas, días a la creación textil; ellas conviven con mujeres más jóvenes como Angélica, Victoria, Nuscaá y con el único compañero bordador Aurelio, todas estas voluntades textiles han generado un ambiente de convivencia, fraternidad, confianza y armonía.
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Dentro de los varios proyectos que han tejido juntas está el de CHINELAS FARO TLÁHUAC, que surgió a partir de una invitación por parte de la Red de Faros para sumarse a las comparsas que participarían en el Mega Desfile del Día de Muertos 2019.
Fue a partir de un diálogo e intercambio entre todas que se consolidó la idea de conformar una comparsa de Chinelas, pues dentro de las danzas de la región, esta es una de las más importantes. Se retomó el traje como en los inicios de la danza, que hace referencia a las batas de dormir de los caciques españoles, como una burla a ellos en tiempo de carnaval donde era posible ejecutarla. Esta danza surgió en el Estado de Morelos pero fue extendiéndose hacia el oriente del Estado de México y hacia el Sur de la CDMX, ahora cada traje tiene elementos distintivos de cada región y es valorado por su manufactura y confección artesanal.
El objetivo de este proyecto era justo crear un traje distintivo/identitario de la FARO Tláhuac ya que el desfile sería el escenario perfecto para mostrar los procesos de largo aliento que aquí se trabajan, además de compartir con los asistentes parte del cuidadoso proceso de bordado que las compañeras han desarrollado a lo largo de estos años.
Las compañeras seleccionaron iconografías vinculadas al tema “animales de día” pues era el eje temático que nos correspondía aBORDAR. Retomaron la iconografía del mandil de la Sra Antonia de Jesús Nolasco nacida en 1922 (q.e.p.d),abuelita de Doña Juanita, quienes son originarias del pueblo de Santiago Zapotitlán, fue así que entre gallos, flores, conejos, maíces, guajolotes y pastitos cada una de las compañeras bordadoras le dio vida a su traje, arrancaron primeramente con el bordado del sombrero y posteriormente con la confección de la bata.
Para ello fue importante la organización que permitiera llevar a cabo de manera óptima todas las tareas, comprar los insumos al mayoreo para ahorrar y ponerse de acuerdo en las medidas para la confección, llevar máquinas de coser desde casa y auxiliarse en la manufactura, colaborar para bordar los motivos y bordar un poco extra por si a alguien le hacía falta.
En la parte posterior del traje usualmente es posible ver un “pantli” o banderín identitario de cada comparsa, en este caso se hizo un diseño colectivo de los motivos iconográficos y del nombre: Cenyeliztli Tlahuac (Familia Tláhuac) re-entendiendo el espacio: la FARO, como una extensión de la familia, donde se fortalecen los vínculos de confianza y donde las tareas y responsabilidades se comparten; además donde se reconoce la labor cotidiana de quienes hacen posible estos enlaces como Alejandro, Montserrat, Nayma, Papik y un sin número de voluntades que van direccionando y acompañando los procesos creativos.
Es importante señalar que dentro de las reflexiones colectivas de este ejercicio estuvo la de sanar todas las malas experiencias, no sólo a través del bordado sino también mediante la danza, pues entre tantos simbolismos de ella y del carnaval mismo está presente manifestar la alegría para seguir con las adversidades del camino, pero bien dicen en los pueblos sin música no hay fiesta y por supuesto tampoco carnaval, por lo cual se hizo la invitación a la Banda de Viento San Luis Huentli, quienes son originarios de diversos puntos geográficos, pero comparten como eje o punto en común el gusto por los sones de chinelo, al igual que las compañeras bordadoras.
Así pues música, danza y textil fueron hilvanados para dar pie a la reconstrucción de la memoria, la cual es dinámica y se va adaptando a los procesos de cada espacio/territorio/intención.
En esta experiencia de varias horas/días bordando para finalmente pasar varios kilómetros danzando/brincando/tocando hicieron vibrar y recordar la memoria de antaño, en donde a través del baile y la convivencia se fortalecen los vínculos pero también brindan una sensación de alivio, de dicha a través de la expresión del cuerpo mediante el brinco y la música.
Una fuerte lluvia hizo presencia minutos antes de arrancar, pero parece fue el augurio de la memoria que este brinco requería, un acompañamiento de quienes en otro tiempo habían brincado también para sanar y así continuar con las labores cotidianas que como en toda historia tienen adversidades y tristezas, porque los tiempos no cambian, sólo los caciques cambian de rostro y forma, pero la disidencia estará ahí brincando para recordar las otras formas de lucha y resistencia que han permanecido con el paso de los años.
Fotografía: Giz Arellano
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Erika Karina Jiménez Flores
Omotlacatilih ipan 1986 xihuitl ompa Tlaxialtemalco altepetl, Xochimilco itechpohui Hueyi Altepeyollohco Mexihco.
Nochi inemiliz mochantilia ipan ialtepetzin TlaxialtemalcoOmomachtihtzinoh Toltecayotl ipan Hueyi Caltoltecayotl FAD/UNAM noyuhqui omomachtihtzinoh ompa Tlahtoltemachtilcalli “Formación de Profesores en Lengua y Cultura Náhuatl” ipan ENALLT/ UNAM.
Motequitilia quenin nahuatlahtoltemachticatzintli ompa FAD Toltecayotl ihuan ompa Hueyi Toltecayotl FARO Tlahuac.
Yehuatzin noyuhnqui tlatzotzona in hueyi tampoltzin itech ce Tlatzotzonacenyeliztli “Banda San Luis Huentli”.
Nació en 1986 en el pueblo de Tlaxialtemalco, Xochimilco en la Ciudad de México.
Toda su vida ha residido en el pueblo de Tlaxialtemalco.
Estudió Artes Visuales en la Facultad de Arte y Diseño UNAM y también el curso de Formación de Profesores en Lengua y Cultura Náhuatl en la ENALLT/UNAM.Trabaja como profesora en FAD UNAM y como tallerista de la Fábrica de Artes y Oficios FARO Tláhuac. Ella colabora tocando la tambora en la Banda de Viento “San Luis Huentli”.
Bordar es un acto de reparación y de reunión ya sea con una misma o con otras, durante nuestros talleres se convierte en un momento de encuentro, encontrarnos con las otras es encontrarnos con nosotras mismas, en su voz, en sus palabras, en sus historias, en lo que nos atraviesa el cuerpx.
Al bordar se entra en un trance, el cual nosotras lo dirigimos hacia dialogar con el cuerpo desde el sentipensar, redescubriendo y renombrando nuestros cuerpxs. También lo dirigimos a observar lo que lo construye y atraviesa, especialmente las violencias patriarcales y discursos dominantes.
Dentro éste diálogo con el cuerpo encontramos un espacio de reflexión donde encontramos relaciones entre bordado, tejidos y cuerpo:
Reconocemos nuestro cuerpo como una serie de tejidos, sociales, biológicos, afectivos, que se encuentra atravesado por un sistema patriarcal y a la vez al cuerpo como nuestro borde con el mundo y con lxs otrxs.
Al reflexionar los conceptos desde esta perspectiva bordar cobra otro sentido, comienza a ser una estrategia para resignificar nuestros cuerpos atravesados, para encontrarnos con la vulnerabilidad (capacidad de atravesar y ser atravesadx) y hacerla nuestra, para así (a)bordarnos.
De esta forma transformamos el acto de bordar en un encuentro con el cuerpo, un cuerpo herido, roto, fracturado, silenciado. Para empezar a bordarnos recorremos ese cuerpo y a partir de diferentes dinámicas exploramos alguna herida, la sentimos, nos reconocemos vulnerables y atravesadas.
Reconocernos vulnerables y atravesadas es necesario para darnos oportunidad de repararnos.
El bordado es una técnica cuya una de sus funciones es reparar prendas, textiles, tejidos, durante nuestros performance el tejido que bordamos, ya sea una prenda o una tela, el tejido que bordamos se vuelve una metáfora de nuestro cuerpo, la reparación se da en el diálogo íntimo con una misma o con las otras, se traduce en cada puntada convirtiendo el bordado de cada una, en una carta escrita en el lenguaje que cada una elige darle.
Esta carta puede fungir como apapacho, como recordatorio, o como lo que mejor le funcione a una misma para tener presente ese camino de reparación y reconexión con nuestrx cuerpx y no abandonarlo. Porque bordarse es reconocer los propios límites (cómo la piel, nuestro borde con el mundo) cuestionarlos, cuidarlos y hacernos cargo de aquello que llevamos dentro.
En la comunidad de Milpa Alta, en el barrio de Santa Marta, desde 2009 se imparte el taller de Telar de Cintura por Flor Hernández, quien desde hace más de quince años ha investigado los textiles tradicionales milpaltenses. En las clases, además de las técnicas, se enseñan la historia, utilización y valores de las prendas que se fabrican, utilizando los materiales y colores que más se acercan a los originales, algunas técnicas de producción (como el teñido con añil y cempaxochitl) y hasta los patrones propios de la comunidad.
Flor Hernández, parte del colectivo Contraviento A.C., primero realizó un acercamiento con fines documentales, pero al realizar la investigación se enfrenta con la creciente pérdida de las técnicas y el recelo de las tejedoras de compartir sus saberes, incluso con sus propias familias. Convencida de que la supervivencia de los textiles tradicionales depende de su utilización, comenzó un proceso de reactivación a través de un taller de telar de cintura. Esta revitalización consta en volver a integrar estas prácticas a la vida cotidiana, lo cual comprende aprender las técnicas, realizar prendas y utilizarlas, creando piezas significativas para los integrantes del taller. Además de la técnica, se enseñan los motivos tradicionales, sobre las prendas regionales y su utilización.
Aprender telar de cintura para los habitantes de Milpa alta es parte en la lucha de la construcción identitaria milpaltense, además abona en la construcción individual ya que la habilidad de elaborar la propia vestimenta fomenta la construcción de un individuo con capacidades. Desde el 2011 es un taller permanente en la comunidad de Milpa Alta y se imparte en el Salón Santa Martha en el barrio del mismo nombre, ubicado en Villa Milpa Alta.
En las fotografías puede observarse los procesos como construcción de la urdimbre, el telar, motivos bordados, los instrumentos para bordar, el espacio de trabajo y el molido de añil, usado para teñir la tela necesaria para la elaboración de la falda tradicional (chincuete).
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Tonantzin Arreola (1991)
Artista nacida en Milpa Alta, en la Ciudad de México. Estudió la carrera técnica en Museografía y Restauración, Artes Visuales en la Facultad de Arte y Diseño de la UNAM, y es pasante de Arte y Patrimonio Cultural en la UACM. Ha tomado diversos talleres en espacio como la FAD-UNAM, el FARO de Milpa Alta, la Cineteca Nacional y el Centro de Cultura Digital. Ha expuesto en diversas muestras individuales y colectivas en México y el extranjero. Es miembro fundadora de Colectivo Nopalitos y colabora con la artista Mónica Mayer en el archivo Pinto mi Raya desde 2015.
Voz Pública es una pieza de arte participativo que busca visibilizar el problema de violencia de género en el contexto urbano de Latinoamérica. La intención del proyecto es ser un mecanismo portavoz de aquellas voces que han permanecido neutralizadas a consecuencia de una sociedad que aún discrimina a la mujer y que invisibiliza las violencias que la atraviesan, en una denuncia y demanda colectiva por recuperar nuestro derecho a la ciudad.
El proyecto se da en el contexto actual de Latinoamérica, en el cual, diferentes formas de machismo prevalece y dan como resultado un contexto violento para las mujeres. Frente a esto y a una falta de respuesta y proporción de mecanismos para abordar el problema por parte del estado, es que surge Voz Pública como una propuesta que apuesta por el activismo creativo.
Voz pública está conformado por tres partes que trabajan en conjunto paralelamente: Una plataforma en línea (www.vozpublica.cc), un textil electrónico y una serie de Laboratorios urbanos llamados La Rebelión Textil.
La primera parte consiste en la plataforma de participación y visualización en línea en donde mujeres y personas no binarias pueden compartir, de forma textual y anónima, relatos personales relacionadas a este tipo de experiencias de violencia. A partir de estas aportaciones se genera una base de relatos vinculada con las otras dos partes del proyecto.
La segunda parte del proyecto, consiste en un textil electrónico basado en un sistema de computación embebido, una arreglo de microbocinas e hilo conductivos. El sistema embebido contiene la base de relatos del proyecto, la cual utiliza para dar voz a las historias a través de un sintetizador de voz. Este textil electrónico hace referencia visual a la tradición textil latinoamericana, así como adiversas propuestas gráficas vinculadas al activismo y lucha feminista. Esta prenda electrónica es activada en espacios públicos con mayor índice de este tipo de violencias, como son los parques, plazas, calles y transporte público. De esta manera, este dispositivo textil busca amplificar y visibilizar estos testimonios para convertirse en un mecanismo portavoz de sus narradoras. Igualmente, en tanto que el proyecto hace uso de las prendas, éste hace alusión a la presencia y ocupación del cuerpo sobre el espacio urbano.
La tercer parte del proyecto consiste en una serie de encuentros nombrados La Rebelión Textil: Laboratorios de textiles electrónicos y activismo feminista. Estos Laboratorios tienen por objetivo ser un espacio de reflexión, convivencia e intercambio de saberes, así como de apropiación y construcción grupal de textiles electrónicos basados en el prototipo inicial del proyecto. Las Rebeliones pretenden propiciar otros modos de asociación y relación que nos permita interrogar nuestras maneras de hacer, donde se apueste por la convivencialidad y la juntanza como formas contestatarias de organización colectiva en contra de los mecanismos y sistemas que nos oprimen, nos marginan, nos separan y nos individualizan. El objetivo final del laboratorio es generar acciones públicas para activar estos dispositivos, como una forma de acción y protesta colectiva por recuperar nuestro derecho a la ciudad.
Desde esta perspectiva, el proyecto se apropia de las tecnologías textiles electrónicas con dos objetivos: Por un lado, para dar una presencia física, a través del sonido, a aquellos relatos que previamente han sido compartidos por las participantes del proyecto. Por otro lado, como una forma de unir estos relatos a un sentido de corporeidad. En otras palabras, encarnar los relatos y dejar que los mismo se sientan en la propia piel, pues aquí, el cuerpo juega un papel importante, ya que es en éste donde residen y donde toman efecto las estructuras de poder sobre las que se articulan las prácticas sociales y las instituciones que dan forma a nuestra comunidad.
En resumen, Voz Pública plantea un conjunto de significaciones corporales, espaciales, temporales y materiales que se entretejen desde su desarrollo formal hasta las dinámicas participativas y prácticas colaborativas que lo conforman. Dicho de otra manera, busca hilar voces para sumergirnos en las tramas de sus narrativas, propiciar puntos de encuentro para en conjunto bordar resistencias colectivas, y de esta manera, tramar acciones en la urdimbre de lo público que amplifiquen la protesta a través de nuestros cuerpos portavoces.
Actualmente el proyecto se encuentra por iniciar la sexta edición de La Rebelión Textil en Xalapa, teniendo sus encuentros anteriores en las sedes: Casa de Cultura de San Agustín en Oaxaca, Centro de Cultura Digital y Centro Cultural España en Ciudad de México, La Colmena Centro de Tecnologías creativas en Tlaxcala y Platohedro en Medellín, Colombia.
Créditos de la pieza: Idea original, diseño y producción textil: Dora Bartilotti / Programación y electrónica textil: Leonardo Aranda y Dora Bartilotti / Programación Web: Leonardo Aranda / Diseño gráfico y de interfaz web: Dora Bartilotti
Diseño e impartición de laboratorios: Dora Bartilotti
Ficha técnica de la obra:
Pieza: Voz Pública / Artista: Dora Bartilotti / País: México / Año: 2018-2019 / Técnica: Textil electrónico, plataforma en línea, laboratorios urbanos.
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Dora Bartilotti. Artista multimedia, estudió en la FAD, UNAM. Su trabajo aborda las intersecciones entre arte, diseño, pedagogía y tecnología. Fue co-fundadora de BINARIO: Festival Internacional de Arte, Diseño y Cultura de los Nuevos Medios. Fue beneficiaria del programa de residencias artísticas en el extranjero del FONCA en Medellín, Colombia, así como de la residencia del Laboratorio de Inmersión BBVA-CCD y de la residencia virtual Fem-Tek Hika Ateneo Bilbao. Actualmente forma parte de Medialabmx. Su trabajo ha sido presentado en diversos espacios entre los que cabe resalta: FILE Electronic Language International Festival, Laboratorio Arte Alameda, Museo Franz Mayer, Centro Cultural España, Centro Multimedia, Centro de Cultura Digital, Mutek México, Mutek Montreal.