Bordar: un performance para reparar

Por Niñas Anómalas

Bordar es un acto de reparación y de reunión ya sea con una misma o con otras, durante nuestros talleres se convierte en un momento de encuentro, encontrarnos con las otras es encontrarnos con nosotras mismas, en su voz, en sus palabras, en sus historias, en lo que nos atraviesa el cuerpx.

Al bordar se entra en un trance, el cual nosotras lo dirigimos hacia dialogar con el cuerpo desde el sentipensar, redescubriendo y renombrando nuestros cuerpxs. También lo dirigimos a observar lo que lo construye y atraviesa, especialmente las violencias patriarcales y discursos dominantes.

Dentro éste diálogo con el cuerpo  encontramos un espacio de reflexión donde encontramos relaciones entre bordado, tejidos y cuerpo:

Reconocemos nuestro cuerpo como una serie de tejidos, sociales, biológicos, afectivos, que se encuentra atravesado por un sistema patriarcal y a la vez al cuerpo como nuestro borde con el mundo y con lxs otrxs.

Al reflexionar los conceptos desde esta perspectiva bordar cobra otro sentido, comienza a ser una estrategia para resignificar nuestros cuerpos atravesados, para encontrarnos con la vulnerabilidad (capacidad de atravesar y ser atravesadx) y hacerla nuestra, para así (a)bordarnos.

De esta forma transformamos el acto de bordar en un encuentro con el cuerpo, un cuerpo herido, roto, fracturado, silenciado. Para empezar a bordarnos recorremos ese cuerpo y a partir de diferentes dinámicas exploramos alguna herida, la sentimos, nos reconocemos vulnerables y atravesadas.

Reconocernos vulnerables y atravesadas es necesario para darnos oportunidad de repararnos.

El bordado es una técnica cuya una de sus funciones es reparar prendas, textiles, tejidos, durante nuestros performance el tejido que bordamos, ya sea una prenda o una tela, el tejido que bordamos se vuelve una metáfora de nuestro cuerpo, la reparación se da en el diálogo íntimo con una misma o con las otras, se traduce en cada puntada convirtiendo el bordado de cada una, en una carta escrita en el lenguaje que cada una elige darle.

Esta carta puede fungir como apapacho, como recordatorio, o como lo que mejor le funcione a una misma para tener presente ese camino de reparación y reconexión con nuestrx cuerpx y no abandonarlo. Porque bordarse es reconocer los propios límites (cómo la piel, nuestro borde con el mundo) cuestionarlos, cuidarlos  y hacernos cargo de aquello que llevamos dentro.

 

 

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