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Manuela Torres García y sus pinturas Histéricas

Por Liz Misterio

Entrevistamos a la artista española Manuela Torres García para conocer un poco más sobre su proceso creativo y las ideas detrás de sus obras que ejercen una siniestra seducción en el espectador, a la vez que levantan cuestionamientos sobre las sexualidades femeninas que escapan a la normalidad.

Liz Misterio.- Tu serie se llama Histéricas, ¿Por que decides emplear éste termino que refiere a la patologización del deseo femenino?

Manuela Torres.- Elegí el título Histéricas para dar nombre a una serie de pinturas y dibujos que he ido desarrollando más o menos entre 2008 y 2011. Todo empezó cuando cayó en mis manos un libro muy interesante, La invención de la histeria, de Georges Didi-Huberman, que me fascinó.  Actualmente utilizamos de forma habitual el término “histeria” para referirnos a una situación inusual de gran agitación o miedo (como por ejemplo “histeria colectiva”), o el adjetivo “histérica” para describir a una mujer que reacciona o actúa de modo “excesivamente emocional”, que llora, grita, se expresa sin comedimiento, que está nerviosa, que se ríe desmesuradamente… resumiendo, que no respeta la norma social en lo que a expresión de emociones se refiere.

En principio, me interesaba comparar el uso actual del término y el uso que se le dio a partir de su nacimiento como enfermedad, allá por el siglo XIX. Aunque más bien se trataba de un síndrome, es decir, de un conjunto de síntomas, sin que en ningún momento el estamento médico-científico haya podido “aislar” el elemento responsable de la histeria (como ocurre ahora con el SIDA, por ejemplo). Y me interesaba también cómo la histeria se definió en aquel momento a partir de una patologización de la sexualidad de las mujeres, ya fuera por exceso, por defecto o por el simple hecho de ser mujeres.

Este libro me abrió los ojos a un mundo que me fascinó de inmediato: por un lado, la construcción histórica de la histeria desvela cómo los distintos aparatos de poder trabajan al unísono para construir y modificar nuestras condiciones de vida, y por otro lado, cómo las personas inventamos estrategias y encontramos recursos para hacer vivible la existencia. En el caso de la histeria, se unieron el aparato médico-psicológico y el visual. Charcot, el médico que intenta definir y clasificar las fases y características de la “enfermedad”, ideó un hospital (La Salpetrière, en París) que funcionó como un auténtico museo científico viviente. Disponía de salas de fotografía, para inmortalizar a las enfermas en mitad de sus ataques, y de un anfiteatro que funcionaba como aula donde los alumnos podían presenciar estos en directo; además, escultores profesionales obtenían moldes de los cuerpos de las mujeres in situ para obtener reproducciones de escayola, así como dibujantes.

Algunos de los absurdos tratamientos que se les aplicaban consistían en hacerles oler materias malolientes, comer porquerías o escuchar sonidos insoportables (con el fin de calmar al útero, fuente de histeria); otros consistían en los conocidos masajes vaginales y clitorianos, ya fuera con los dedos, con chorros de agua o con aparatos (naciendo así el vibrador en su forma arcaica), es decir, la aplicación de orgasmos controlados.

Todo este rodeo es necesario para poner en claro cómo nace la idea de las pinturas y dibujos que componen Histéricas. El primer cuadro de la serie, aún sin haber decidido pintarla, lo realicé en España, poco antes de irme a vivir a París, donde inesperadamente en una exposición me topé con unas fotografías antiguas de mujeres internadas en La Salpetrière. Me impactaron tanto que a partir de entonces me centré en este proyecto.

Me interesan mucho aquellas histéricas rebeldes, que a menudo aparecen burlonas o desafiantes frente a la cámara, que saltaban por la ventana, que seducían a médicos y estudiantes, que desplegaban sus ataques de histeria como coreografías bien aprendidas para que las dejaran en paz, conocedoras de la mentira que se les atribuía…  Ancianas, putas, vagabundas, mujeres que rechazaban el matrimonio, otras que querían vivir solas, las que tenían una vida sexual demasiado intensa… todas convivían en el sanatorio, como un cajón de sastre que para muchas se convirtió en una prisión, de la que ya no salieron con vida. El proyecto Histéricas nació porque me sentía heredera de ese desdén y de esa burla, y al mismo tiempo del drama de sus vidas y de su rabia. Así que decidí dar salida a estas contradicciones por medio de la pintura, tomando como referentes algunas imágenes de la época y otras de personas de mi entorno, mezclándolas con elementos del presente, preguntándome a qué tipo de mujeres y cuáles de sus prácticas sexuales se tacharían hoy de histéricas. Y además he querido incorporar un componente irónico, como una especie de guiño u homenaje a las histéricas del pasado, porque ellas lo sabían, sabían lo absurdo que era todo aquel montaje… como los montajes que nos construyen la vida ahora.

Hysterical 6
Hysterical 6

LM.-Tus personajes a primera vista lucen inocentes, incluso infantiles, pero paradójicamente en sus actitudes rompen con éste estereotipo y se perciben deseantes y desafiantes ¿De donde vienen estos contrastes?

MT.-Estos contrastes, no sé muy bien de dónde vienen, la verdad. Esta es una constante en todo mi trabajo, y sigo sin querer desprenderme de este recurso, aunque cada vez mis niñas son menos niñas, y las cabezas van dejando paso a los cuerpos enteros… Pienso que la vida está impregnada de ambigüedades, de contradicciones; por suerte en todo hay aristas y matices, y no me interesan para nada ni la objetividad ni las verdades absolutas, no me las creo, y la absoluta coherencia tampoco.

Me interesa ese “a primera vista” que señalas, porque es un engaño, una apariencia, un juego, y sin embargo a la vez es real; conozco gente que prefiere quedarse con eso y me parece estupendo, solo quiere ver la candidez o una belleza inocua; sin embargo considero que mi trabajo expresa más allá de eso, que hay que mirarlo varias veces y detenerse en él, y aun así a veces ni yo misma sé del todo lo que busco plasmar. Pero sí, rotundamente uno de mis objetivos es provocar algún tipo de cortocircuito o incertidumbre interpretativa. Es estupendo poder pintar a una “niña” que al mismo tiempo atrae y provoca repulsión; que resulta frágil y adorable pero que tiene muy claros sus deseos y va a por ellos sin pensárselo dos veces, que te mira desafiante, o incluso te amenaza, mientras estás pensando que es hermosa; es una libertad que solo me da la pintura.

LM.-¿Qué papel juega el BDSM en tu imaginario?

MT.- El BDSM para mí simboliza una herramienta para manejar los roles de poder en general, no solo sexuales sino los que se dan en todos los ámbitos de la vida. No siempre es posible, pero sí se puede trabajar sobre ellos, aprender y ser consciente del rol que tú misma estás jugando, a veces sin darte ni cuenta, y sobre todo para ser consciente de qué tipo de roles quieres o no asumir, qué límites estás dejando cerrados o abiertos… me parece un aprendizaje muy arduo.

A nivel del imaginario, me interesa porque evoca una carga bastante ambivalente, porque no están nada claros los roles de los personajes de mis cuadros, no se pueden delimitar claramente. También a un nivel puramente visual, me interesa incorporar elementos de la cultura BDSM para situar cronológicamente las escenas en el presente, en un presente de mujeres que los incorporan en su sexualidad.

LM.- Tus imágenes evocan a la movida postporno ¿Cómo te relacionas desde la pintura con éste movimiento?

MT.- Tampoco sé muy bien cómo me relaciono con el postporno, ni si se puede establecer una relación directa entre este y mis pinturas… Lo cierto es que he creado Histéricas en una etapa de absoluto fervor hacia la postpornografía, que acababa de descubrir. En 2009 pude presenciar algunas performances en directo, durante las jornadas Interferencias Viscerales, organizadas por Arms Idea en la universidad politécnica de Valencia. Me parecía increíble llegar a la facultad de bellas artes, como de costumbre, y encontrarme por allí a Diana J. Torres paseándose medio desnuda, a María Llopis, a Post Op… parecía el mundo al revés. Durante los días que duraron, aquel entorno habitual bastante gris y previsible se llenó de colorido y se convirtió en algo inesperado donde cualquier cosa podía pasar. A partir de aquí mi interés fue creciendo, y al final la investigación teórica sobre arte contemporáneo (otro de mis intereses), que había ido a hacer a Francia, terminó por centrarse en el postporno “español”. Y he de decir que despertó bastante interés y que estoy muy satisfecha de todo lo que aprendí en aquella etapa de trabajo frenético: escribir y pintar, pintar y escribir.

Y pinté a mis histéricas mientras estaba totalmente sumergida en el postporno: fotos, vídeos, poemas, jornadas, textos, cine… todo eso está presente en las pinturas. De alguna manera también me movía el deseo de plasmar estos descubrimientos a través de los pinceles, de abrir mis propios imaginarios sexuales y ver qué pasaba…

LM.- A menudo las obras que retan los cánones de representación de la sexualidad confrontan a las espectadores con sus miedos y sus deseos ¿ha habido alguna actitud de los espectadores o de la crítica ante tu trabajo que te sorprenda?

MT.- Sí, hubo quien me tachó de pederasta hace un tiempo, una persona con buena intención que trabajaba con niñxs abusadxs, y que en su rabia se equivocó de enemigo al que linchar… porque llegó a utilizar un lenguaje bastante violento hacia mí. No hubo manera de hacerle entender nada, así que desistí, cada cual que piense y que interprete lo que pueda o quiera…  Esto por un lado me enseña que no se puede razonar con quien no quiere razonar, y por otro pienso en la verdadera caza de brujas que estamos viviendo ahora con todo este tema de la pederastia. En un clima como este alguien así te puede hacer mucho daño, pero finalmente esta interpretación se quedó en algo anecdótico que cayó por su propio peso. He de recalcar mi rechazo a cualquier tipo de abuso o de violencia hacia quien sea, niño, adultx o animal no humanx. Pero creo que en el fondo no se están poniendo los medios para que estas violencias desaparezcan, y que toda esta paranoia es una cortina de humo; las instancias poderosas están ocupadas con otros asuntos.

A veces aún me sorprende que, en general, mi trabajo suele tener una buena acogida. Esto quizás sea porque no es totalmente desagradable ni inquietante, por esa imposibilidad de no ver la parte hermosa que hay en él, la belleza, que por otro lado cada vez me interesa más encontrar.

Lo mismo expongo en salas de museo que en peluquerías o en sex shops, y esto que en un principio llegó a decepcionarme bastante, ahora me parece estupendo porque puedo llegar a más público y más diverso. Me gusta exponer en galerías, pero entra mucha menos gente, y no sueles vender porque tienes que inflar mucho el precio, ya que tu margen se reduce a la mitad, con suerte. Pero también me gusta exponer en restaurantes, porque hay más público y es un perfil mucho más diverso, y puedes hacer más accesible tu trabajo en todos los sentidos, aunque a menudo no cuentas con las mejores condiciones técnicas (iluminación, etc).

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Caquita Mils

 Dibujos Rurru Mipanochia, y textos de V de Vayaina

En la serie Caquita Mills Rurru Mipanocha (ilustración) y V de Vayaina (texto) exploran la complicidad de la relación entre texto e imagen. Tanto una disciplina como la otra tiene su propio lenguaje, pero al mismo tiempo, una imagen puede entenderse como texto porque se creó a partir de un contexto determinado, es decir un discurso.

Como bien decía Francisco H. Vázquez, teórico y ensayista chicano: “discurso es la relación simbiótica de poder y lenguaje”[1]. Es decir, la manera en que articulamos nuestros pensamientos a través del lenguaje está determinada por ciertos códigos que dictan qué es digno de externarse y cómo, y qué no puede -¡siquiera!- figurar en el imaginario colectivo.

El lenguaje a partir del cual se crearon tanto el texto como la imagen, deja salir las voces de aquellxs cuya presencia ha sido y sigue siendo censurada. En la imagen, por ejemplo, encontramos los colores turquesa que nos remiten a los códices en algunas construcciones antiguas, así como también osamentas y figuras que recrean el imaginario de las civilizaciones del México prehispánico. Civilizaciones destruidas con la llegada de occidente y por su propia avaricia, antes de la conquista.

Resulta innegable el hecho de que vivimos en un mundo revuelto, un México extraño lleno de tortillas con  chile, tomamos vino, bailamos cumbia y cantamos en inglés. Occidente se nos metió hasta la médula al grado de nos distinguirlo ya de nosotrxs, hablamos español por default, y en la mayoría de nosotrxs tenemos el inglés como segunda lengua, estudiamos textos en inglés e incorporamos palabras de esa lengua a nuestra habla como si fuera de lo más natural. Y quizá lo es, las palabras se nos cuelan entre los dientes y lo vemos en estos textos, en donde podemos encontrar que hay una fusión de vocablos, lenguas y campos semánticos. Es una manera de evocar la mezcla de culturas que ya es parte de nosotrxs.

Tanto texto como imagen se despliegan en un tono de alegría y  juego. Esta serie es una complicidad con la infancia que se resiste a abandonar los cuerpos de aquellxs híbridos, los productos del mestizaje cultural y sexual. Vemos chicxs con penes enormes, calaveras con chichis, muchos colores y un lenguaje coloquial que le guiña el ojo al dialecto de nuestras queridas Drag Queens.

Sabemos que somos múltiples, que somos legión. Nuestra serie trata de contener todas las contradicciones de las que somos capaces. Pero estamos conscientes de que no lo abarca todo, es imposible. Nos (d)enunciamos desde el D.F.: una ciudad, la más grande del país, llena de basura industrial, de placeres superficiales para llenar el vacío que provoca el trauma de estar lejos de un ambiente natural y espiritual.

Hay más allá afuera, debe haber más.

V de Vayaina.

_________________________________

[1] Francisco H. Vázquez. “Chicanology: A Postmodern Analysis of Meshicano Discourse”.  (1992).

 Puedes ver más del trabajo de Rurru Mipanochia en:

http://rurru.jimdo.com/

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Cris Bierrenbach: Preservando futuras generaciones

Chris Bierrenbach es una artista brasileña, fotógrafa, videoasta y performancera. Implicada en el estudio de su propio cuerpo como herramienta básica de creación, cuestiona la forma en que este -y en éste- se determina la identidad, el género, sus restricciones y subversiones: las posibilidades -o no- de salirse del control social permanente. En sus propias palabras:

«(…) como una tentativa de entender las posibilidades expresivas de ese mecanismo que la gente carga. O nos carga.”1

    Pero también explora la manera en que es vulnerado y vulnerable, ya sea por medio de objetos punzocortantes, quirúrgicos o de cocina insertos en su vagina, o a partir de metáforas que le representan, como sus fotografías de prendas y condones encontradas en la calle.

    La instalación Crisbibank. Preservando futuras generaciones, más que de vulnerabilidad, habla de un futuro en potencia: sólidos bloques de hielo conteniendo condones con semen nos muestran un cuerpo que, aunque ausente -tanto del donante como de ese semi-ser latente-, es la única certeza aparente. Un guiño ya no a la inmaculada concepción religiosa, sino a la inmaculada procreación científica, en donde el acto de reproducción se encuentra en un estado de incómoda suspensión: no es Onán derramando su semen en la tierra, sino el líquido seminal esperando indefinidamente para llegar al punto en que tiene sentido su existencia.

1Diogo Rodriguez, Auto-arte sensual. A Trip convidou 5 artistas para produzir autorretratos e pensar: o que é sensualidade? En http://revistatrip.uol.com.br., 26/11/2009.

 

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Paisajes masturbatorios de Omar Fernández


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Omar Fernández (Méxco 1982) Su obra se centra en el erotismo, el surrealismo, el realismo mágico y paisajes oníricos, encuentra en la tinta y el grafito el principal medio para expresarse de manera lúdica y gestual.

Puedes ver más de su obra aquí [/box]

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Serie Portal – Por Alex Xavier Aceves Bernal

Por Alex Xavier Aceves Bernal

Jugando Portal (un juego de video en el que utilizas un dispositivo que genera portales que se interconectan, rompiendo las reglas de la continuidad del espacio) me puse a imaginar todas las cosas que haría con tecnología como la presentada en el juego…

 

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Una mujer de rojo

por Una Pardo Ibarra

Ficha técnica:

Título: Una mujer de rojo.

 Performance. Duración: 5 días, 5 horas al día.

Año: 13 al 17 de Agosto de 2012.

Descripción:

Acción realizada dentro de una pequeña vitrina, durante 5 días, 5 horas al día. En las que exponía públicamente mi cuerpo menstruante, confrontándolo con una selección de 20 fotogramas de películas realizadas entre 1939 y el 2012, dispuestas como estampas debajo de la vitrina para ser tomadas por lxs visitantes. En dicha selección de películas, lx mujer es asociada al color rojo como símbolo de sensualidad, belleza y feminidad, determinando y reproduciendo construcciones de subjetividad femenina que se entienden como un deber ser. Así el performance quiso exponer un proceso fisiológico que es invisibilizado en las producciones mediáticas, incluso en los comerciales de productos higiénicos para la menstruación. Sin embargo la acción no pretende lanzar una lectura esencialista sobre la mujer y la menstruación, como si esta última se tratara de un determinante biológico.

 

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Nunca serás mujer – Effy Beth

 “Aunque vos te sientas mujer, te crezcan tetas, tomes hormonas, te operes los genitales, nunca serás mujer porque no menstruas ni sabes lo que eso significa”

La cita anterior es una descalificación transfóbica con la que una persona pretendió negar la identidad de género de la artista argentina Elizabeth Mia Chorubczyk , también conocida como Effýmia, y que la llevó a realizar la obra Nunca serás mujer que aquí les presentamos.

A manera de acto ritual, la artista realizó en un año 13 performances, representando sus menstruaciones. En cada performance refiere a experiencias que la han afectado en su devenir mujer, muchas de ellas relativas a la violencia machista a la que cotidianamente se enfrenta:

«En Abril del 2010 inicié el tratamiento de reasignación hormonal. Desde entonces mi cuerpo suministra la misma cantidad de hormonas que una mujer nacida con genitales femeninos.

En Abril del 2011, exactamente un año después, extraigo de mi cuerpo toda la sangre que debería haber menstruado desde entonces, es decir, la misma cantidad de sangre que pierde por año la mujer que menstrua (1/2 litro aproximadamente).
Reparto la sangre en 13 dosis representando las 13 menstruaciones desde abril del 2010 a abril del 2011, y realizo con cada una de ellas una serie de acciones relacionada con lo que viví cada mes respecto a la construcción de mi identidad de género.»

Para ver la documentación completa de las acciones visita: http://nuncaserasmujer.blogspot.mx/

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ROJO SANGRE.ENTRAÑA.SEXO.DOLOR.DESEO.PODER.Y.MISTERIO

Por Liliana Ang

Roja es la sangre y la víscera: lo interno, lo informe, lo vivo. Tal vez porque representa la vida (el corazón que late) es también uno de los colores del sexo. Rojo es el erotismo y la excitación. Los labios del deseo son rojos. En Historia de O., a O. le maquillan los pezones y la vulva de color rojo intenso como preparación para el sexo. Rojo es también el color de la menstruación, el acto biológico que para la mayoría de la sociedad sigue siendo tabú en el siglo XXI. Por esto, es un color que esconde. Algo secreto reside en el rojo, y tiene que ver con el poder. No estoy hablando del ‘poder femenino de engendrar vida’, sino de otro, más oscuro y retorcido.

Carrie, la novela de 1974 de Stephen King, inicia con una escena de mucha tensión en torno a la menstruación de la protagonista. A partir de ese punto, Carrie descubre y aprende a controlar su poder: la telequinesia. La sangre es una metáfora del poder oscuro que permite a la protagonista destruir un pueblo entero. El libro inicia y termina con baños de sangre, menstruación el primero y sangre de cerdo el segundo. La telequinesia y el rojo de la sangre son símbolos de un poder secreto, con un potencial destructivo único.

Las cuatro pinturas que aquí presento contienen elementos de color rojo, como la sangre o el maquillaje. Pero en todas sucede algo más. Hay un secreto latente que se esconde tras el maquillaje de ‘la dolorosa’, en el encuadre cortado de las sangrantes y tras las cortinas que descubren apenas un fragmento de una escena incierta. Ese misterio es un eco del poder secreto del rojo, y es ahí donde reside el poder de las escenas representadas.

En mi manera de entender el mundo como en mi pintura, mis referentes son diversos aspectos de lo femenino. El rojo es uno de los colores más simbólicos y expresivos, al tener vínculos con la excitación y el sexo, las vísceras, la sangre y el dolor y con el poder de lo secreto y del misterio. Tiene mucho más cuerpo que su tono apastelado, el rosa, el color considerado como femenino por antonomasia en nuestra sociedad y adorado por casi todas las niñas. Tal vez si tuviera que elegir un color para representar la feminidad sería el rojo. Acaso el rojo en realidad no es otra cosa que un rosa que ha crecido y que ha madurado; y que contiene simbólicamente dolor, deseo, entrañas, secreto y poder.

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Stillnature

Por Przemysław Branas

 

 

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Ryan McGinley: sobre la representación del tiempo catártico.

Por Marisol Maza

La temporalidad humana esta construida a partir de entender la vida como un transcurrir que se encuentra en la polaridad o tensión entre el tiempo cotidiano y el tiempo extraordinario. El tiempo extraordinario, ya sea en el momento de la catástrofe o del placer, es aquel en que la identidad o la existencia misma de una comunidad entra absolutamente en cuestión, donde los valores en los que se rige se vuelven flexibles; el tiempo del acontecimiento lo es también de la reconfiguración.

El tiempo propio de la festividad es aquel en que se rompe con lo cotidiano, pero es también el tiempo compartido, múltiple. El tiempo de la irrupción, en el plano de lo imaginario; del estallido de lo cotidiano,  de la realización o de la aniquilación  de la comunidad, el momento de la luminosidad absoluta o  de la tiniebla absoluta.

La temporalidad de la fiesta puede concebirse como un tiempo similar al tiempo del placer sexual, que tiene una temporalidad propia a partir de la perdida de control, y a su vez, de la pérdida de noción de tiempo, del tiempo medido como tal.

El tiempo representado es siempre un tiempo fragmentado. Toda imagen fotográfica tiene una temporalidad propia y tiene intrínsecamente una narrativa, una historia contenida en la que el tiempo es reducido a una imagen estática.

El momento fugaz del instante, el momento de la subjetividad absoluta es convertido en una imagen objetiva que es posible analizar, revisar, interpretar.

En este sentido podríamos cuestionar de qué manera es posible la representación de esta temporalidad festiva, sin que se vuelva una ilustración de ésta. Tal vez al  ser participe de esa temporalidad alterada, de estar inmerso en el instante de la chispa, del estallido de la risa, del orgasmo. El tiempo de la catarsis. Imágenes que no permiten entenderlas del todo, descifrarlas, aquellas que no permiten acceder sino a partir quizás de la reminiscencia de la propia experiencia.

Para ver más de Ryan McGinley: http://ryanmcginley.com/#

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