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La Tecnología es el Nuevo Fetiche- María Llopis

por María Llopis

 Son las 3 de la mañana. Acabo de llegar a casa. Estoy borracha y cansada, pero no tengo ganas de dormir. Esta noche no he ligado y me apetece sexo. Me meto con mi ordenador en la cama y me lo pongo entre las piernas. Tecleo en la barra del navegador chatroulette.com (una web para chatear en la que se tiene sexo on line con desconocidos) y me aparece una ventana advirtiéndome de que mi imagen puede ser grabada. Acepto.

   A mí me da igual que me graben y que utilicen mi imagen para lo que sea. Porque considero que mi dignidad va más allá de la imagen de mi cuerpo desnudo y abierto de piernas en la red. Es más, considero que esa es mi dignidad. Trabajo en torno a la sexualidad, la postpornografía y los nuevos feminismos, así que mi cuerpo es mi campo de batalla. Aunque en la sociedad en la que vivimos el hecho de mostrarme es considerado una humillación. Un hombre no tendrá muchos problemas, a no ser de que muestre prácticas tales como homosexualidad, transexualidad, fetiches y otras prácticas fuera de la heteronormatividad.

   Pero los viejos tabues en torno a la sexualidad de la mujer persisten y somos consideradas unas guarras si nos negamos a mantener nuestras piernas cerradas en el espacio público.

   Nosotras reivindicamos esa guarrería. Putas, guarras y orgullosas. Y cuando digo nosotras me refiero al movimiento postporno. Me refiero a Diana Pornoterrorista, a las Post Op, a la Quimera Rosa, a Helen la Zorra Suprema, a Itziar Ziga, a Klau Kinky y a tantas otras. Y también a todos esos hombres fuera y dentro del movimiento que se muestran penetrados por dildos imposibles, que reniegan de una masculinidad hecha de roles de género normativos. Hombres que deciden plantear una nueva masculinidad donde se alían feminidades y feminismos.

   En otras sociedades, lejanas y remotas, la exhibición de la vulva era una muestra de fuerza y de honor. Ana Suromai se llama. Mujeres que exponen sus genitales y con ello aplacan la ira de monstruos y dragones, mujeres que enseñan sus coños abiertos al mar para que este no se enfurezca y les traiga a sus maridos marineros de vuelta. “La mar es posa bona cuan veu el con d´una dona”, reza un antiguo dicho catalán. Qué lejos nos quedan ahora esos dichos, esas esculturas, esos dibujos y esas estatuas de mujeres mostrándose.

   En la sociedad en la que vivo, las mujeres exponen sus vulvas en primerísimos primeros planos en la pornografía o en la silla de la clínica ginecológica.

   Llena de orgullo contemplo mi coño abierto en la pantalla de mi mac. Tengo la máquina entre las piernas, sujeta firmemente, de modo que la web cam graba mis genitales. En chat roulette puedes chatear con cámara con desconocidos. Vas apretando la tecla de next hasta que te encuentras con alguien que te seduce y con quien te apetece pasar un rato. Es azaroso con quién te vas a encontrar, sólo puedes darle al siguiente y rara vez repites partenaire. Sobre todo, te encuentras con pollas en erección, y sí, hay pocas chicas. Con lo divertido que es. Y muy práctico. Llegas a casa tarde y cansada y sin haber ligado y tienes ahí a tu disposición a un montón de carne sólo para ti.

   Voy a por faena. Empiezo a pasar ventanas y me encuentro con un grupo de chicos. Me quedo. Hi. Hi. Me encantan los grupos, son muy divertidos. Jugamos. Haz esto, haz lo otro. De repente me preguntan si soy un hombre y la pregunta me desconcierta porque la obviedad de mi desnudo integral se muestra clara y concisa. Insisten. Me preguntan si me he operado. Si me he puesto tetas, si me he quitado la polla y me he construído un coño. La sangre fluye ahora en dirección opuesta. De mis genitales a mi cabeza. Me pongo a pensar y dejo de pajearme. ¿Por qué estos chavales me están preguntando esto? Creo que lo sé. Hoy estoy obvia, sin preliminares, directa, quiero sexo y punto. No estoy tímida ni discreta ni pasiva. Es el comportamiento que la sociedad asocia a la masculinidad, así que estos machitos heteros no pueden asumir que una persona con un coño entre las piernas pueda salirse del rol de género femenino clásico y navegar con un rol activo. Tiene que ser un hombre.

   A veces me dicen que soy muy masculina, pero quien me dice algo así sólo está mostrando sus prejuicios con respecto a lo que debe ser un hombre en contrapartida a una mujer. La feminidad versus masculinidad. Como si el género no fuera algo que fluye y que navega y que cambia y que nunca se mantiene estático. Qué cansancio ser siempre agresiva dominante. Estoy segura de que todos esos machos heteros no lo aguantan tampoco y que se mueren de ganas de jugar con su feminidad. Si todos hiciéramos un poquito más lo que nos viene en gana y un poquito menos lo que creemos que tenemos que hacer.

   Hago click en el botón de next y busco un nuevo partenaire en el chat roulette. Chicos, ahí os quedaís. Ni me despido de los chavales que están convencidos de mi transexualidad. Next. Next. Next. Me encuentro a un chaval que parece interesado en lo mismo que yo, una paja a dos para aliviar la tensión de la noche. Nos ponemos, chateamos un poco y comenzamos a masturbarnos. El teclado está pegajoso. Esto es lo que tiene el cyber sexo, que es imposible no dejar el ordenador hecho un asco, porque estás con las manos en la masa, pero la interacciones a través de tu hardware y no vas a estar limpiándote las manos ante la urgencia del deseo. A veces tengo la sensación de que me follo a mi mac, sosteniéndolo entre mis piernas que tiemblan por el orgasmo inminente, con el teclado impregnado de mi flujo. Y la verdad es que me erotiza. Mi mac, siempre ahí para mí, todo mío, una puerta abierta a un mundo infinito de deseos a través de internet. Mi herramienta de trabajo, mi herramienta de ocio, mi herramienta de placer. La tecnología convertida en fetiche.

   Me masturbo contemplando cómo se la menea el individuo que tengo en pantalla. Me excita el real time, el hecho de que esto esté sucediendo en algún lugar del mundo ahora, ni idea dónde, lo importante es que hay dos personas que quieren sexo ahora, y a las que les pone que otra persona también lo quiera en este preciso momento. Y nos da igual quién sea el otro, ni qué es el otro, lo único que importa es que nos pone vernos, ver la carne del otro, ver el deseo del otro. A penas hemos empezado, pero veo cómo el semen se derrama. Qué rápido, pienso. Me vuelco sobre el teclado para preguntarle por su rápido orgasmo pero sin más contemplaciones el chaval me pasa, es decir, ha apretado la tecla de next se ha desconectado, es decir, me ha dejado plantada y a medias.

Me enfado.

   Igualito que en la realidad no virtual, el típico o la típica que se corre y se levanta y ni se preocupa de por donde andas tú. Falta de modales y falta de educación que tiene la gente. A veces las cosas son lo mismo en todas partes, da igual que estés echando un polvo en el baño, en tu cama o en chat roulette. Yo, cuando me corro y veo que la otra persona todavía no ha llegado, me quedo abierta de piernas un rato, para que el otro pueda acabar. Tengo modales. Chat roulette es una cama más en la que meternos a follar, y el sexo es sexo en todos lados.

   Acabo mi accidentada paja con el primero que me encuentro y coloco la web cam apuntando a la pared. Dudo de si debería seguir. Son las 4 de la mañana pero sigo sin tener sueño. Me cuesta salir del chat roulette. Estoy enganchada, lo reconozco. Me conecto cada día, por la mañana, por la noche y durante el día en cada hueco que tengo. Tengo ganas de conectarme ahora mismo mientras escribo este texto. Ayer llegué tarde a la cita con mi editora porque faltaban 20 minutos para tener que salir de casa y aproveché para conectarme, y claro, me encontré con un tío encantador de Lisboa, y tuve que desnudarme con él y pajearme y correrme y volverme a vestir y lavarme la cara y quitarme la expresión de idiota que se me queda después de tener un orgasmo y salir a la calle y entrar en el mundo real. Porque estos mundos son otros mundos, aunque esas persona existen y se pajean y se corren como yo, de alguna forma pertenecen a mi fantasía, no existen más que en mi deseo y cuando mi deseo es saciado y mis normas de cortesía aplicadas, apago la pantalla de mi ordenador y estoy yo sola. Sola.

   Me da miedo este sexo higiénico y seguro que supone tener sexo on line. No hay riesgos, no me puedo quedar embarazada, no puedo coger una enfermedad de transmisión sexual, no me pueden comer la cabeza. Porque cuando yo quiero, desconecto la pantalla y se acabó, estoy en el silencio de mi cuarto, en la soledad de mi mundo, en la otra realidad, la de este lado del teclado.

   Sigo. Sigo y me encuentro con un señor mayor que me cae simpático, así que me quedo. El señor quiere un primer plano de mi coño y yo se lo doy, soy muy complaciente en el chat roulette, tengo alma de sumisa. Pero de repente la imagen se mueve, la web cam del señor está desplazándose y me pregunto donde va. “Look, I am touching your pussy”. Y veo como su dedo acaricia la imagen de mi coño abierto en la pantalla de su ordenador, porque le ha dado la vuelta a la web cam y enfoca su propia pantalla. Menuda superposición de capas de realidad, pienso. Y me río.

Next.

   El siguiente lleva puesta una máscara de una calavera. Me pone follarme de forma simbólica a la muerte. “Nice mask”, le digo. “Show me your pussy”, me contesta. Me corro alegremente y me voy a dormir, porque son las 5 de la mañana y estoy satisfecha.

Barcelona, 6 de julio de 2010.

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María Llopis (Valencia, 1975) Artista, activista, queer, postputafotofacebook-pornógrafa, autora del libro El Postporno era Eso. Actualmente se encuentra en el proceso de producir su segundo libro  Maternidades Subversivas.

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La –muy- breve historia del niñx cyborg

Imágenes y texto por Cyan

Está lloviendo sobre Tlalpan, estoy en un camión hacia Xochimilco y espero pasar la próxima hora aquí dentro pensando en escribir mi acercamiento y fetiche al imaginario cyborg (como sea que lo entiendo y lo vivo).  Se sube un niño de unos 5 años, sólo alcanzo a ver que lleva dentro de su pequeña mochila negra una patineta de madera bastante usada con llantas azules y pienso mientras sonrío “que padre que está bien morrito y ya le da a la patineta”. Entonces, lo más interesante: pasa entre la gente para encontrar un lugar para sentarse y me doy cuenta que su brazo y mano izquierda es una prótesis; a lo que sonrío mucho más y cruzo  mirada con un señor mayor que me descubre con mi expresión de fascinación (y empatía) hacia el niñx.

    Probablemente ahí empezó, a mis 6 años. Con 14 años, la primera vez que le dije a un amante que durante 6 o 7 años había tenido una relación lésbica-incestuosa-infantil, me dijo que todas las familias tenían secretos. Ya no era para mí un secreto, si no ¿cómo lidiar con mi condición cyborg cuando mi familia creía –y sigue creyendo- que me violó repetidamente una adolescente?

    Pasaron al menos 5 años para ir habitando mi cuerpo cyborg, que se construye, destruye y re(de)construye, con prótesis genitales intercambiables, un mecanismo de deconstrucción de los patrones corporales, un cuerpo que habita otros cuerpos, otras cuerpas, con implantes de extremidades masturbadoras. Un cuerpo que comparte y goza de sus transformaciones. Gozosa en el imaginario cyborg.

    Pronto me di cuenta que, al habitarlo, lo fetichizaba. ¿Por qué me calentaba tanto coger otrxs cyborgs? Lo interesante y gozoso está en la variabilidad de caracteres y transformaciónes -magníficos profilácticos orgánicos contra la heteronormatividad-. ¿Qué tanto había en la fetichización de la máscara de gas, el coger con la máquina, el ritmo repetitivo-penetrativo industrial, los cuerpos andróginos, las prótesis genitales? Quizá Haraway me estaría diciendo que no estoy entendiendo nada, que mi imaginario cyborg no se acerca nada a su manifiesto y que lo estoy viviendo y habitando como la cultura nos enseña a visualizar la ciencia ficción. En parte es muy cierto.  Mi imaginario se cuenta así como resultado de todas las experiencias que puedo recordar desde que tengo memoria.

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[El cyborg se sitúa decididamente del lado de la parcialidad, de la ironía, de la intimidad y de la perversidad. Es opositivo, utópico y en ninguna manera inocente. No está estructurado por la polaridad de lo público y lo privado. El imaginario cyborg no se identifica con raíces, culturas anteriores o identidades previas, porque no las tiene. Un cyborg es un organismo que mezcla lo orgánico y lo inorgánico en una unidad nueva, que pierde identidad sexual o de especie humana. Esa mezcla puede renovarse siempre que se desee; por lo tanto no hay una identidad estable y definida, sino una posibilidad permanente de cambio.]

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Señorita Lisístrata

Señorita Lisistrata

AUTOR: Enrique Olmos de Ita

DIRECTOR: Rodolfo Guillén

REPARTO: Nadia Hernández

Domingos, 18:00, $180

Inspirada en la obra de Aristófanes y las huelgas de piernas cerradas de la actualidad (Liberia 2003, Barbacoas, Colombia, 2011, Togo, 2012, entre otras), narra la historia de una contemporánea Lisístrata, que es reina de belleza en un México como lo conocemos actualmente: violento y misógino.

   Casada con un narco, la reina de belleza se propone lograr “la paz mundial” incitando a las mujeres a la abstinencia sexual, para castigar de esta manera a los rudos hombres que dominan el mundo, mostrando así a una joven naive, con buenas intenciones pero en un contexto que deja mucho que desear para lograr su objetivo.

   La obra se mueve entre el drama y la comedia, dejando un sesgo de incertidumbre sobre el mensaje final que se quiere transmitir. Nadia Fernández hace una excelente representación un tanto opacada por el papel que la mujer adquiere en esta puesta en escena.

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Editorial #8 Cyborg

arte de portada por Liz Misterio
arte de portada por Liz Misterio

Por: Iván Mejía R. / Editor invitado

El presente número de Hysteria aborda las problemáticas del cyborg, figura prestada de la ciencia ficción, del ámbito bélico y espacial, para reflexionar sobre la reconstrucción del cuerpo. Desde la integración de elementos biocompatibles con la interface humana; la tecnología que incrementa las posibilidades corporales por medio de prótesis mecánicas o robóticas, hasta nanomáquinas reconstructoras de órganos biológicos. Un organismo cibernético que, en principio, representa la disolución de las fronteras entre lo natural y lo artificial, tanto como la sustitución de la dicotomía cuerpo/mente por el orden cuerpo/mente/máquina.

   Sin embargo, presentamos al lector una selección de propuestas desmarcadas del imaginario imperialista que, en sus múltiples representaciones falocéntricas, mitad robot mitad humano, dominan el imaginario cultural. Procuramos elegir obras textuales y visuales que se alejan de aquel proyecto hipermoderno y militarmente omniabarcante, tanto en el orden de lo simbólico como en lo social. Viramos, entonces, hacia una noción de cyborg afín a las políticas corporales. Porque sustituir la carne, los órganos, o los huesos, por metal o mecanismos, no es el verdadero problema, como tampoco expandir las capacidades corporales. El cyborg existe pero la condición corporal continúa imponiéndose. De igual modo, la psique predomina, con sus problemas atemporales, sus miedos, sus placeres y sus deseos, etc. En todo caso, nos interesan las modificaciones a las que se somete el sujeto cuando no son efectuadas desde y para el sistema de dominación en el cual se halla inmerso, sino cuando estas trasformaciones son diseñadas por él mismo, en pos de una performatividad disidente.

   Las potencias como el poscolonialismo, lo queer, y el sur, son las que han estirado la discusión hacia otros sentidos, presentando un cyborg desconfigurado y desemantizado. Post representaciones que se encaminan a ser cuerpos y sujetos, sin género ni sexo específicos, en un mundo post género, post sexual, post porno, y post humano. Ya lo decía Haraway: «todos somos quimeras, híbridos teorizados y fabricados de máquina y organismo […] un mundo cyborg podría tratar de realidades sociales y corporales vividas en las que la gente no tiene miedo de su parentesco con animales y máquinas ni de identidades permanentemente parciales ni de puntos de vista contradictorios».1 Y, perspicazmente, Suely Rolnik formuló que estamos frente a “una negritud que atraviesa todas las razas, y a una homosexualidad que atraviesa todos los sexos”;2 agreguemos que, también, estamos frente a una tecnología que atraviesa todos los cuerpos.

   En tanto cuerpo híbrido/quimérico, el cyborg constituye un espacio temible y seductor, que desestabiliza los cercos semánticos y las fronteras del significante, erradicando los límites convencionales y la lógica del cuerpo inalterable. Mientras los lindes de lo establecido como cuerpo se desquebrajan, y los artefactos high tech suponen la reconstrucción de los cuerpos, también surgen nuevas formas de subjetividad y de relaciones sociales e intersubjetivas entre los sujetos, abriendo paso a otras sexualidades y posibilidades de género, alejadas de lo natural, lo dual, o lo binario. Formas innovadoras mediadas por la tecnología cibernética, la cual se constituye como una segunda piel, como una nueva carne. El control por la definición de los límites corporales queda fuera de escena frente a las nuevas formas de goce, y la posibilidad del contacto social hedonista en sus formas clandestinas que sabotean los regímenes disciplinarios. Así, la erótica, la sexualidad e hiper-sexualidad, que dicho icono corporal puede suscitar, abren un amplio paréntesis al planteamiento de lo que, tradicionalmente, se comprende por sexo,3 y por ende una trasformación de esta categoría y sus efectos, pues queda extirpado de cualquier  valor ontológico y prediscursivo.4

   Una vez más, como nos muestran los trabajos aquí contenidos, lo que está en juego es el cuerpo, campo de batalla de significaciones, donde las interpretaciones racionales e instrumentales coexisten en tensión con otras fuerzas y potencias que suspenden las categorías biopolíticas que pretenden ordenar la vida y los cuerpos. El cyborg, finalmente, resulta un cuerpo postgenérico que perturba las polaridades organismo-máquina, dominación-resistencia, adentro-afuera, penetración-invaginación, masculino-femenino, normal-anormal; irrumpiendo definitivamente la «biología como destino», la máxima que había sido el detonante de las diferencias sociales más considerables de todas, y cuya irrupción representa el inevitable triunfo de los anormales.

México, D.F., Julio de 2014.

1HARAWAY, Donna, Ciencia, cyborgs y mujeres: la reinvención de la naturaleza. Madrid, Cátedra, 1995: 254-263.

2ROLNIK, Suely, y GUATTARI Félix; Micropolítica. Cartografías del deseo. Madrid, Traficantes de sueños, 2006, p. 149.

3Esta visión del sexo permite a Butler llegar a la afirmación de indicar que tanto el  género  como el sexo carecen de un significado unívoco, en tanto en cuanto que ambos son fenómenos culturales, al igual que la raza, la  clase  social, la edad o la  religión (BUTLER, J, 1997).

4La noción de sexo, para  Foucault,  se agrupa en «una unidad artificial elementos anatómicos,  funciones  biológicas, conductas, sensaciones, placeres, lo cual permite el funcionamiento como principio casual de esa misma unidad ficticia» (FOUCAULT, Mt, 1992: 187)

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IvanIván Mejía/ ivanmejia@live.com.mx

Nació en México, D.F. Es Doctor en Historia del Arte por la UNAM. Ha realizado tres postdoctorados en Arte Contemporáneo: en la Universidad Iberoamericana; en la Universitat Autónoma d´Barcelona; y en la UNAM. Es colaborador del Independent Curators International. Actualmente realiza una investigación sobre Arte, Medios, y Economía, financiado por el CONACULTA; y autor del libro: El Cuerpo Post-humano.

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En las garras del jaguar

por Mariana Santander

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Minucias

por Ivelin Buenrostro

 

 

 

 

 

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NARCISO SM

por Frau Diamanda y Frank García Photon

secuencia fotográfica, 2012

El ser abyecto esta vez se reviste de un recubrimiento prostético -netamente ligado a la subcultura del Sado Masoquismo y Fetichismo – cuyo diseño y funcionalidad están destinados a la exaltación de una práctica sexual subalterna y perversa que desafía la heteronormatividad como lógica somática y reproductiva capitalista . El mapeo del cuerpo del nuevo sujeto deseante se ve atravesado de un sinnúmero de recitaciones performátivas resultantes de una inadecuación política excesiva y «patológica». 

Sesión fotográfica homenaje a los Tableaux Vivants de Pierre Molinier.
Lima- Perú

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Entrevista a Marisol Salanova

Por Liz Misterio

Marisol Salanova (Valencia, 1982) Filósofa, editora y curadora que ha investigado extensamente sobre diversas manifestaciones de las sexualidades disidentes, desde el postporno hasta el ciberqueer, responde algunas preguntas para Hysteria! Revista.

1- ¿Que es el ciber feminismo?

Si tuviera que definirlo brevísimamente, por mi experiencia y las investigaciones que he llevado a cabo, diría que el ciberfeminismo es una particular forma de activismo feminista, muy ligada al arte, que emplea como herramienta principal los nuevos medios de comunicación tecnológicos, en especial las redes sociales pero empezando por la web 2.0.

2- ¿Cómo se relaciona el ciber feminismo con la lucha histórica del feminismo?

Las luchas históricas del feminismo han encontrado en la tecnología alianzas útiles para amplificar las denuncias de estereotipos femeninos sexistas, así como para coordinar estrategias y acciones por los derechos de la mujer, pero también de las identidades queer o de género indefinido, incluyéndose ahora la transexualidad como nunca antes, en el llamado transfeminismo.

3- ¿Qué clase de subjetividades se producen en el entorno virtual?

Para mí lo más atractivo de los entornos virtuales que la libre proliferación de identidades trans que adquieren la capacidad real de moldear su físico más allá de los límites preestablecidos, me refiero a crear avatares de todo tipo, sin que estén sujetos a determinaciones biológicas.

4- ¿Cómo es la investigación sobre género en un entorno en el que es posible la disolución total de sus marcadores?

El tema viene de lejos y creo que queda mucho por delante, de momento no hacemos más que aplicar conceptos e ideas que surgieron con una tecnología bastante rudimentaria a las situaciones que provoca el desarrollo tecnológico reciente. Haraway, en su ensayo Manifiesto Cyborg (1991) ya identificaba un nuevo tipo de feminismo inspirado en la imagen del ciborg, entendido como un organismo cibernético, un híbrido de la máquina y el organismo. La idea de Haraway es que el ciborg difumina los límites entre el ser humano y la máquina, lo cual convierte en obsoletas las categorías hombre y mujer, abriendo el camino a un mundo más allá de los géneros. Por otro lado, con El género en disputa (1990) Butler había puesto en jaque la idea de que el sexo es algo natural mientras que el género se construye socialmente. Esta obra marcó la evolución de las concepciones que se venían teniendo al respecto dentro del feminismo pero en varias décadas hemos avanzado relativamente poco si una se para a pensar. Butler planteaba que el sexo entendido como la base material o natural del género, como un concepto sociológico o cultural, es el efecto de una concepción que se da dentro de un sistema social ya marcado por la normativa del género, es decir, que la idea del sexo como algo natural se ha configurado dentro de la lógica del binarismo del género. Dicho planteamiento, a partir del cual el sexo y el género son desestabilizados, provocó que se pusiera en duda la categoría de mujer o mujeres, y obligó a la perspectiva feminista a replantearse sus supuestos, y entender que las mujeres, más que un sujeto colectivo dado por hecho, era un significante político, miremos a nuestro alrededor y observemos cuánto feminismo de la diferencia existe no obstante.

5- ¿Crees que el ejercicio de las sexualidades no normalizadas en la red puede llegar a permear las prácticas y las identidades sexuales en el mundo material?

Es cierto que el feminismo de la igualdad puede resultar excluyente y controvertido, dejando de lado por ejemplo a mujeres transexuales. Definir lo que es mujer ya es difícil, pero sin duda los primeros movimientos feministas nos abrieron el paso y provocaron que ahora estemos aquí, libremente, hablando de estos temas, habiendo asumidos ya ciertos derechos mínimos, mirando hacia el futuro y hacia nuevos retos. Sean las ciberfeministas conscientes de ello o no, parte de su acción política y de sus propuestas creativas entroncan con el mismo pasado que rechazan.

6- Los dispositivos tecnológicos se han vuelto indispensables en la vida de muchas personas, al grado de que se han convertido en una parte importante de su cotidianidad erótico – afectivo, ¿nos hemos vuelto ciborgs sin darnos cuenta?

Por supuesto, pero no somos ciborgs desde que tenemos el celular pegado a la mano consultando Facebook cada hora, empezamos a serlo desde que incorporamos exitosos marcapasos para nuestros corazones, manos robóticas, extremidades biónicas, en la línea de Stelarc el arte nos lo ha ido indicando, ofreciendo una mirada ilustrativa sobre la medicina y la técnica, por ejemplo. En el sexo se refleja también, existen cada vez más dispositivos para producir placer a distancia y eso me parece extremadamente bello. Frente a las abominables guerras con el matar a distancia, la tecnología también nos lleva a crear juguetes sexuales que se implican en la experiencia del cibersexo, herramientas hermosas que sirven para difuminar el género, para prolongar las posibilidades de nuestros cuerpos, construir en lugar de destruir, hacer el amor en lugar de la guerra, aunque suene a tópico me gusta verlo así.

7- Muchos dirán que el ciber sexo no es sexo real entre dos personas sino jugueteos sin importancia, ¿tu qué piensas?

A esas personas yo les pregunto qué es para ellas el sexo, si es que lo reducen a una única posibilidad, una sola dirección… Desde mi punto de vista el cibersexo sí es sexo real porque lo virtual está dentro de nuestra vida y cada vez es más palpable. La cuestión tiene que ver con un trasvase de fronteras por parte del deseo. Fronteras sobre todo físicas, territoriales, genitales, geográficas. No es un mero consuelo, ni una perversión o el reflejo de un aislamiento social. Tampoco estoy de acuerdo con la idea de que el cibersexo implique necesariamente cierta promiscuidad, ya que muchas parejas formales hacen uso de estas prácticas cuando se encuentran lejos, por cualquier motivo, y echan de menos el contacto del uno con el otro o el nexo íntimo que se crea durante la expresión de pensamientos eróticos compartidos en charlas privadas. Por otro lado, exhibirse libremente y difundir tu imagen en chats de encuentros o plataformas al estilo de CAM4 entiendo que es un tipo de autopornografía nada censurable y totalmente en boga.

8- ¿Crees posible un empoderamiento comunitario de las disidencias sexuales a través del uso del internet?

Absolutamente sí. Todavía no hemos explorado todo lo que nos ofrece internet, no nos hemos empoderado, las redes fluyen y aparecen nuevas formas de compartir y comunicarse para trabajar por objetivos comunes. Debemos combinar el trabajo comunitario a partir de la comunidad cercana en que nos desenvolvemos, en el ámbito local, y la inconmensurabilidad de internet.

9- ¿Hay algo más que quieras compartir con nuestra audiencia?

Estoy escribiendo mi segundo libro, un ensayo sobre el acto de enterramiento en la performance que analiza el trabajo de artistas como Ana Mendieta, Marina Abramović o Sophie Calle en peculiar diálogo con fenómenos como Lady Gaga. Se va a titular Enterrados. El ocaso de los cuerpos, llevo aplazando su final muchos meses y es que mi trabajo me impide sentarme a escribir todo lo que quiero cuando quiero. A menudo he de esperar, dejo reposar las ideas, comento con colegas filósofos, artistas, amigos, es estimulante y me enseña mucho. Me gustaría contactar con otras personas que investiguen este u otros temas similares para compartir opiniones, ampliar horizontes e incluso emprender colaboraciones. Tengo una tendencia natural hacia el diálogo y el debate, invito a quien quiera a ponerse en contacto conmigo a través de mi página www.marisolsalanova.com o mi mail marisol@marisolsalanova.com, muchas gracias.

* Marisol Salanova es Licenciada en Filosofía por la Universidad de Valencia en España, Máster de Producción Artística y futura Doctora en Bellas Artes. Crítica cultural y curadora, dirige además su propia editorial desde 2012, publicando diferentes ensayos de autores jóvenes sobre Arte Contemporáneo. Ha participado como editora en la sección de publicaciones de la feria ARCO Ifema Madrid este año y colaborado con varios medios internacionales como la revista de diseño y arquitectura Arquine México, el magazine de Ivorypress London Turn On Art, donde escribe con regularidad, y ArtPulse Miami. Docente en seminarios y workshops ha impartido cursos en la Universidad de Oxford, la Universidad de Brighton, Berkeley… El ciberfeminismo ha sido una materia clave en sus clases, la última en el centro CAMON de Madrid hace unos meses, realizando un pionero recorrido histórico y filosófico en torno a sus orígenes y vínculos con el arte. Su trabajo Machinima Sexual Choreographies, sobre el sexismo en los videojuegos, participó en el Festival de videoperformance online Low Lives 2011, con el patrocinio del New York State Council on the Arts. Formándose constantemente, entre sus campos de acción está el performance art, ya que siempre le ha interesado lo escénico por cursar muy temprano la carrera de teatro abandonándola pronto pero llegando a actuar con la compañía Vivarium Studio de París. Siempre viajando, leyendo, embarcándose en nuevos proyectos, en Nueva York ha gestado la próxima exposición que curará y que se inaugurará en octubre, una individual del artista Juanli Carrión titulada ONSTAGE.

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Webcam Venus

Webcam Venus es una obra realizada en cobaloración entre Addie Wagenknecht y Pablo Garcia. La sentencia es simple: pedir a lxs internautas de chats de sexo en vivo que posen, sin más, de la misma forma en que aparecen las figuras emblemáticas de obras de arte reconocidas. De esta manera, se rompe momentáneamente la pasión de la masturbación y el sexo, para colocarse en poses simples que reproducen, en forma instantánea, las imágenes que el imaginario del mundo occidental posee como referentes de belleza y máximas representaciones artísticas.

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Hans Bellmer: La multiplicación de los deseos

Por Erika Bülle

Hans Bellmer, catalogado por la historiacomo surrealista más por unacircunstancia geográfica-temporal azarosa ocasionadapor la guerra y su exilio aFrancia que por las ficciones construidas a través de sus muñecas y las fracciones de éstas, nace en Katowice, Polonia en 1902. Vive la Segunda Guerra Mundial en Berlín y corre con la misma suerte que sus antecesores, los expresionistas Otto Dix y George Grosz al toparse con el III Reich, la censura y la expulsión de su país.

    Si bien Bellmer ha sido considerado un artista falocentrista, también es un pionero en la creación de un cuerpo protésico externo que le sirve para cumplir sus fantasías eróticas, muchas de ellas irrealizables hasta ese momento histórico con un cuerpo biológico.

    Entre 1933 y 1934 comienza con la construcción, destrucción y reconstrucción -o deconstrucción- de una muñeca (La Poupée), proceso que le toma 10 años, para después dedicarle otras décadas a complementarla, dividirla y exhibir variables de la misma, así como fotografiarla.

    Es de esta muñeca y la relación con su autor de la que nos vamos a ocupar en esta ocasión.

    La muñeca comienza siendo un ensamble que mide 140 cms. Incorpora a un torso de madera y prótesis de piernas distintas, conviviendo en un mismo cuerpo; las extremidades solo toman lógica por el elemento fetichista de los zapatos. Bellmer, va registrando fotográficamente el proceso de manipulación y trabajo con la muñeca, dejando ver desde el principio que, para él, no era un objeto que sirviera de escenografía para sus imágenes, sino realmente una compañera que le permitiera realizar todos sus deseos y fantasías sexuales, por más degeneradas que estas parecieran a su entorno social.

    La muñeca va pasando por transformaciones tecnológicas donde la parte central se convierte en una esfera que simula un abdomen abultado al cual se le puede ensamblar varios pares de piernas, varios torsos, varias manos; la expresión facial es intercambiable y una característica específica es que carece de un brazo, ya que la articulación también esférica donde se coloca este, hace la función de una fantasía especial, un tercer seno. Ante este artefacto poliprotésico me es imposible dejar de pensar que la muñeca en realidad es el constructo de un ciborg que para su infortunio es inanimado.

    Bellmer establece una relación erótica y sadomasoquista con esta muñeca que, termina siendo la réplica que desplaza a su esposa, Unica Zurn.

Hans Bellmer

    La diferencia entre Unica y este artificio, es que la ficción es capaz de satisfacer la multiplicación de los deseos de Bellmer; la muñeca juega el rol de la niña que puede ser penetrada por un aro o puede jugar con una pelota en las escaleras para después morir en una caída; también se transforma en una joven que posee dos vaginas simultáneas que pueden ser colgadas, apuñaladas, que usan ropa en ocasiones masculina, o que se presentan desnudas en el bosque.

    La muñeca también lo espera siempre dispuesta en su cama, en su silla o atrás de una puerta quizás como el juego de las escondidas, lo cual resulta más excitante aún. Carece de orificios para que exista una penetración real, sin embargo, sí podemos interpretarla como la realización de un cuerpo artificial que es usado a manera de cuerpo biológico para construir una erotización más completa en su persona, tanto en la acción como en el voyerismo, del cual hacia cómplice a su hermano.

    El hecho de fotografiarla convirtió el deseo en un asunto público; lo público y lo privado aparecen pero sin consignas y desde la perspectiva masculina.

    Bellmer era asiduo a la pornografía, la coleccionaba, en especial aquella donde en las imágenes se sugerían a menores. Participa en una sesión de pornografía con unas amigas, así que no resulta raro que las imágenes que produce con la muñeca remitan a una colegiala precoz. Esto, con el tiempo, le resta algo de la popularidad ganada entre los surrealistas.

    Bellmer es capaz de meternos en su artificio obsesivo compulsivo de espacio-carne inanimada desde la década de los 40, dando pautas posteriores para la búsqueda del placer en aquellos objetos protésicos que podemos incorporar a nuestro cuerpo, ya sea de forma temporal o de manera fija, para así tener la concepción del ciborg.

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ERIKA BÜLLE:

Nace el 9 de junio de 1969 en la ciudad de México. Realizó sus estudios de licenciatura en artes visuales, en La Escuela Nacional de Artes Plásticas (ahora FAD), UNAM, y posteriormente la maestría en la División de Estudios de Posgrado, de la ENAP, UNAM. En la labor de producción plástica, cuenta con más de 10 exposiciones individuales, y varias colectivas. En el campo de investigación del performance y el arte del cuerpo, fue miembro del colectivo SEMEFO; a partir de 1990, participando en PAREDÓN, edificio Rule, Centro Histórico; ECLIPSE para el museo Rufino Tamayo a cargo de Juan José Gurrola, PANDEMONIUM, ENAP, EL CANTO DEL CHIVO, canal 22, Sótano de la facultad de arquitectura. Posteriormente deja al colectivo para integrarse a otros colectivos de arte acción presentándose en XTERESA, Academia de San Carlos, entre otros lugares del interior de la república.

Blog personal

http://bulleartedelcuerpo.blogspot.mx/

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