Editorial #8 Cyborg

arte de portada por Liz Misterio

arte de portada por Liz Misterio

Por: Iván Mejía R. / Editor invitado

El presente número de Hysteria aborda las problemáticas del cyborg, figura prestada de la ciencia ficción, del ámbito bélico y espacial, para reflexionar sobre la reconstrucción del cuerpo. Desde la integración de elementos biocompatibles con la interface humana; la tecnología que incrementa las posibilidades corporales por medio de prótesis mecánicas o robóticas, hasta nanomáquinas reconstructoras de órganos biológicos. Un organismo cibernético que, en principio, representa la disolución de las fronteras entre lo natural y lo artificial, tanto como la sustitución de la dicotomía cuerpo/mente por el orden cuerpo/mente/máquina.

   Sin embargo, presentamos al lector una selección de propuestas desmarcadas del imaginario imperialista que, en sus múltiples representaciones falocéntricas, mitad robot mitad humano, dominan el imaginario cultural. Procuramos elegir obras textuales y visuales que se alejan de aquel proyecto hipermoderno y militarmente omniabarcante, tanto en el orden de lo simbólico como en lo social. Viramos, entonces, hacia una noción de cyborg afín a las políticas corporales. Porque sustituir la carne, los órganos, o los huesos, por metal o mecanismos, no es el verdadero problema, como tampoco expandir las capacidades corporales. El cyborg existe pero la condición corporal continúa imponiéndose. De igual modo, la psique predomina, con sus problemas atemporales, sus miedos, sus placeres y sus deseos, etc. En todo caso, nos interesan las modificaciones a las que se somete el sujeto cuando no son efectuadas desde y para el sistema de dominación en el cual se halla inmerso, sino cuando estas trasformaciones son diseñadas por él mismo, en pos de una performatividad disidente.

   Las potencias como el poscolonialismo, lo queer, y el sur, son las que han estirado la discusión hacia otros sentidos, presentando un cyborg desconfigurado y desemantizado. Post representaciones que se encaminan a ser cuerpos y sujetos, sin género ni sexo específicos, en un mundo post género, post sexual, post porno, y post humano. Ya lo decía Haraway: “todos somos quimeras, híbridos teorizados y fabricados de máquina y organismo […] un mundo cyborg podría tratar de realidades sociales y corporales vividas en las que la gente no tiene miedo de su parentesco con animales y máquinas ni de identidades permanentemente parciales ni de puntos de vista contradictorios”.1 Y, perspicazmente, Suely Rolnik formuló que estamos frente a “una negritud que atraviesa todas las razas, y a una homosexualidad que atraviesa todos los sexos”;2 agreguemos que, también, estamos frente a una tecnología que atraviesa todos los cuerpos.

   En tanto cuerpo híbrido/quimérico, el cyborg constituye un espacio temible y seductor, que desestabiliza los cercos semánticos y las fronteras del significante, erradicando los límites convencionales y la lógica del cuerpo inalterable. Mientras los lindes de lo establecido como cuerpo se desquebrajan, y los artefactos high tech suponen la reconstrucción de los cuerpos, también surgen nuevas formas de subjetividad y de relaciones sociales e intersubjetivas entre los sujetos, abriendo paso a otras sexualidades y posibilidades de género, alejadas de lo natural, lo dual, o lo binario. Formas innovadoras mediadas por la tecnología cibernética, la cual se constituye como una segunda piel, como una nueva carne. El control por la definición de los límites corporales queda fuera de escena frente a las nuevas formas de goce, y la posibilidad del contacto social hedonista en sus formas clandestinas que sabotean los regímenes disciplinarios. Así, la erótica, la sexualidad e hiper-sexualidad, que dicho icono corporal puede suscitar, abren un amplio paréntesis al planteamiento de lo que, tradicionalmente, se comprende por sexo,3 y por ende una trasformación de esta categoría y sus efectos, pues queda extirpado de cualquier  valor ontológico y prediscursivo.4

   Una vez más, como nos muestran los trabajos aquí contenidos, lo que está en juego es el cuerpo, campo de batalla de significaciones, donde las interpretaciones racionales e instrumentales coexisten en tensión con otras fuerzas y potencias que suspenden las categorías biopolíticas que pretenden ordenar la vida y los cuerpos. El cyborg, finalmente, resulta un cuerpo postgenérico que perturba las polaridades organismo-máquina, dominación-resistencia, adentro-afuera, penetración-invaginación, masculino-femenino, normal-anormal; irrumpiendo definitivamente la “biología como destino”, la máxima que había sido el detonante de las diferencias sociales más considerables de todas, y cuya irrupción representa el inevitable triunfo de los anormales.

México, D.F., Julio de 2014.

1HARAWAY, Donna, Ciencia, cyborgs y mujeres: la reinvención de la naturaleza. Madrid, Cátedra, 1995: 254-263.

2ROLNIK, Suely, y GUATTARI Félix; Micropolítica. Cartografías del deseo. Madrid, Traficantes de sueños, 2006, p. 149.

3Esta visión del sexo permite a Butler llegar a la afirmación de indicar que tanto el  género  como el sexo carecen de un significado unívoco, en tanto en cuanto que ambos son fenómenos culturales, al igual que la raza, la  clase  social, la edad o la  religión (BUTLER, J, 1997).

4La noción de sexo, para  Foucault,  se agrupa en “una unidad artificial elementos anatómicos,  funciones  biológicas, conductas, sensaciones, placeres, lo cual permite el funcionamiento como principio casual de esa misma unidad ficticia” (FOUCAULT, Mt, 1992: 187)

IvanIván Mejía/ ivanmejia@live.com.mx

Nació en México, D.F. Es Doctor en Historia del Arte por la UNAM. Ha realizado tres postdoctorados en Arte Contemporáneo: en la Universidad Iberoamericana; en la Universitat Autónoma d´Barcelona; y en la UNAM. Es colaborador del Independent Curators International. Actualmente realiza una investigación sobre Arte, Medios, y Economía, financiado por el CONACULTA; y autor del libro: El Cuerpo Post-humano.

Scroll To Top