Hans Bellmer: La multiplicación de los deseos

Hans Bellmer: La multiplicación de los deseos

Por Erika Bülle

Hans Bellmer, catalogado por la historiacomo surrealista más por unacircunstancia geográfica-temporal azarosa ocasionadapor la guerra y su exilio aFrancia que por las ficciones construidas a través de sus muñecas y las fracciones de éstas, nace en Katowice, Polonia en 1902. Vive la Segunda Guerra Mundial en Berlín y corre con la misma suerte que sus antecesores, los expresionistas Otto Dix y George Grosz al toparse con el III Reich, la censura y la expulsión de su país.

    Si bien Bellmer ha sido considerado un artista falocentrista, también es un pionero en la creación de un cuerpo protésico externo que le sirve para cumplir sus fantasías eróticas, muchas de ellas irrealizables hasta ese momento histórico con un cuerpo biológico.

    Entre 1933 y 1934 comienza con la construcción, destrucción y reconstrucción -o deconstrucción- de una muñeca (La Poupée), proceso que le toma 10 años, para después dedicarle otras décadas a complementarla, dividirla y exhibir variables de la misma, así como fotografiarla.

    Es de esta muñeca y la relación con su autor de la que nos vamos a ocupar en esta ocasión.

    La muñeca comienza siendo un ensamble que mide 140 cms. Incorpora a un torso de madera y prótesis de piernas distintas, conviviendo en un mismo cuerpo; las extremidades solo toman lógica por el elemento fetichista de los zapatos. Bellmer, va registrando fotográficamente el proceso de manipulación y trabajo con la muñeca, dejando ver desde el principio que, para él, no era un objeto que sirviera de escenografía para sus imágenes, sino realmente una compañera que le permitiera realizar todos sus deseos y fantasías sexuales, por más degeneradas que estas parecieran a su entorno social.

    La muñeca va pasando por transformaciones tecnológicas donde la parte central se convierte en una esfera que simula un abdomen abultado al cual se le puede ensamblar varios pares de piernas, varios torsos, varias manos; la expresión facial es intercambiable y una característica específica es que carece de un brazo, ya que la articulación también esférica donde se coloca este, hace la función de una fantasía especial, un tercer seno. Ante este artefacto poliprotésico me es imposible dejar de pensar que la muñeca en realidad es el constructo de un ciborg que para su infortunio es inanimado.

    Bellmer establece una relación erótica y sadomasoquista con esta muñeca que, termina siendo la réplica que desplaza a su esposa, Unica Zurn.

Hans Bellmer

    La diferencia entre Unica y este artificio, es que la ficción es capaz de satisfacer la multiplicación de los deseos de Bellmer; la muñeca juega el rol de la niña que puede ser penetrada por un aro o puede jugar con una pelota en las escaleras para después morir en una caída; también se transforma en una joven que posee dos vaginas simultáneas que pueden ser colgadas, apuñaladas, que usan ropa en ocasiones masculina, o que se presentan desnudas en el bosque.

    La muñeca también lo espera siempre dispuesta en su cama, en su silla o atrás de una puerta quizás como el juego de las escondidas, lo cual resulta más excitante aún. Carece de orificios para que exista una penetración real, sin embargo, sí podemos interpretarla como la realización de un cuerpo artificial que es usado a manera de cuerpo biológico para construir una erotización más completa en su persona, tanto en la acción como en el voyerismo, del cual hacia cómplice a su hermano.

    El hecho de fotografiarla convirtió el deseo en un asunto público; lo público y lo privado aparecen pero sin consignas y desde la perspectiva masculina.

    Bellmer era asiduo a la pornografía, la coleccionaba, en especial aquella donde en las imágenes se sugerían a menores. Participa en una sesión de pornografía con unas amigas, así que no resulta raro que las imágenes que produce con la muñeca remitan a una colegiala precoz. Esto, con el tiempo, le resta algo de la popularidad ganada entre los surrealistas.

    Bellmer es capaz de meternos en su artificio obsesivo compulsivo de espacio-carne inanimada desde la década de los 40, dando pautas posteriores para la búsqueda del placer en aquellos objetos protésicos que podemos incorporar a nuestro cuerpo, ya sea de forma temporal o de manera fija, para así tener la concepción del ciborg.

ERIKA BÜLLE:

Nace el 9 de junio de 1969 en la ciudad de México. Realizó sus estudios de licenciatura en artes visuales, en La Escuela Nacional de Artes Plásticas (ahora FAD), UNAM, y posteriormente la maestría en la División de Estudios de Posgrado, de la ENAP, UNAM. En la labor de producción plástica, cuenta con más de 10 exposiciones individuales, y varias colectivas. En el campo de investigación del performance y el arte del cuerpo, fue miembro del colectivo SEMEFO; a partir de 1990, participando en PAREDÓN, edificio Rule, Centro Histórico; ECLIPSE para el museo Rufino Tamayo a cargo de Juan José Gurrola, PANDEMONIUM, ENAP, EL CANTO DEL CHIVO, canal 22, Sótano de la facultad de arquitectura. Posteriormente deja al colectivo para integrarse a otros colectivos de arte acción presentándose en XTERESA, Academia de San Carlos, entre otros lugares del interior de la república.

Blog personal

http://bulleartedelcuerpo.blogspot.mx/

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