cuando la noche me envolvía junto al árbol de granadas
al pozo que se tragó mis primeros barcos
tú que encontraste el silencio antes que la muerte
¿qué sonido de palabras te llena el alma?
tú que elegiste la escritura para hablarnos
¿qué espina dejaste que te cerrara la garganta?
tú creaste los recuerdos
¿cuáles llenan tus ojos?
yo invento las tardes bailando junto al árbol de granadas que ya no existe
pienso en la última manera de hablarte
escribo mensajes que borro para escribir otros y otros
¿qué debo guardar, Esperanza?
tú inventaste el sonido
el eco de juventud de palabras que te llena el alma
¿guardas ese lugar secreto donde reinventas el sonido?
oleajes de tiempo
montones de arena
ojalá pudiera escucharte siempre
sin ese nudo en la garganta que ahora te ahoga
que nos ahoga
que parece lo derribará todo:
el árbol de granadas que ya no existe
el pozo de agua en el que hundí mis primeros barcos
oleajes de tiempo
espacio de sonrisas
montones de arena
yo invento las tardes
escribo mensajes
intento tu canto
¿qué debo guardar?
se me escapan entre los dedos la arena, el agua, la luz
¿qué debo guardar?
¿el camino de la noche?
¿esta misma ciudad?
¿la casa derruida?
¿el fuego?
¿qué debo guardar?
de espejos tengo llenos los rincones
imágenes destruidas
este viaje continúa
me rehúso a perderte
a perder
oleajes de tiempo
montones de arena
invento sonidos con tus palabras
con el eco de tu llanto
con tu silencio
siembro en mi memoria tu sonrisa
te quito las espinas
guardo estrellas en la mirada
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Montserrat Morales. Nació en Puebla, Puebla en 1987. Es correctora de estilo y editora. Este poema es parte del libro Lejanías. En 2016 publicó su primera plaquetteGiro el tiempo con la Editorial Sikore. Puedes leer alguno de sus poemas en: http://moebius80.blogspot.mx/2011/10/montserrat-morales.html
–-¡Mamá, se ha ido! Me juró que bailaría siempre para mí y se ha ido.
–Bueno, no te apenes, ya se veía gastada.
Sí, con los años la luz de su piel se había apagado, pero en cambio se encendió su alma y ensayando, como un preso en la noche, aprendió a abrir la tapa para salir y explorar los alrededores.
–¡Es que me gustaba! Giraba lentita, pero con tanta gracia… Bailaba mejor que nunca. Ahora la música se siente sola sin nadie que la baile. Y el pedestal redondo, qué soso, con las marcas de sus pies chiquitos.
Verdad que vencer el pegamento que la ataba al redondel de terciopelo fue lo más costoso, aunque a fuerza de ansiar la libertad, tirón tras tirón, a lo largo de los años, consiguió despegar las zapatillas, primero una, luego la otra, hasta andar pasito a paso cuando no la veían.
–Pues tendrás que acostumbrarte, hijo. Además, estaba encorvada, ¡si hasta el tutú se le caía!
Y qué poco llegó a importarle la ropa, si le realzaba la figura o si era la adecuada a su tipo o no. En sus exploraciones secretas descubrió otras cajas, todas cerradas, y otras muñecas, siempre quietas, y se dijo que no valía la pena escapar por allí, por el mundo exterior.
—Ya no era tan bonita como al principio, cuando estaba nueva, es verdad, pero me juró amor eterno, fidelidad, obediencia, ¿o no te acuerdas cómo asintió cuando le leí el poema ese de la tapa, el que viene escrito entre guirnaldas de rosas?
—No sé, hace tanto tiempo… Me parece que últimamente ya no podía agachar la cabeza, seguro que teníael mecanismo estropeado. Por eso se habrá perdido, se habrá caído por cualquier rincón.
Esas palabras del poema… Al principio le gustaban, hasta que llegó a entenderlas. Entonces les tomó odio y no quiso acatarlas nunca más. De todos los versos sólo dos le interesaban, sólo dos guardó en la memoria.
–Sí, estaba averiada, seguro, porque a veces se quedaba atascada frente a los espejos, en esa línea que une a uno con otro y había que empujarla para que siguiera. Pero en cuanto me descuidaba, otro atasco, y vuelta a lo mismo.
Lo había espiado cuidadosamente, era cierto: otro mundo se desplegaba al otro lado del espejo, un mundo sólo asequible a viejas bailarinas rebeldes que han decidido escapar.
(Poema entre guirnaldas:
Bailaré.
Cuando levantes la tapa
y comience la música,
bailaré para ti.
Como una muñeca leve
esconderé mis dolores,
maquillaré mis heridas
y mi alma
escapará por los espejos.
Feliz como si no supiera,
aparentando no enterarme,
alimentada de esencias
y terciopelos rojos.
Aunque se acabe la cuerda,
aunque se detengan los engranajes,
aunque me desangre,
bailaré
para ti.)
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Nacida y crecida en Madrid, reside en Granada. Josefina Martos es una mujer que desarrolla su trabajo artístico en soledad y lucha permanente contra sus propios fantasmas. Ella siempre necesita escribir pero también jugar con imágenes.
Esta es la entrega final del Número 25 dedicado al Orgullo Ruco. Más de 60 artículos textuales y visuales dejan ver el interés general por comenzar a dialogar sobre un tema que la mayoría prefiere dejar pasar. Porque duele, porque asusta. Sin embargo urge reflexionar sobre el tema se tenga la edad que se tenga. En estos tiempos en que cada vez hay más gente que no quiere tener hijos, en que las familias se han fragmentado tanto, en que no todo mundo tiene acceso a un fondo de retiro, especialmente las mujeres que no trabajan en oficinas, ¿Tienen idea de cómo será su vejez? ¿Habrá alguien para cuidarles? Es a todo dar ser independiente y vivir sola o solo, pero… ¿y si se enferman? Y es que detrás del miedo a la vejez está la muerte.
Pero no nos pongamos dramátiques, que siempre se puede hacer algo. Para empezar, pensar. Pensar y ver hacia adentro y hacia afuera. Hacia el propio espejo y al espejo de quienes nos rodean. Aunque se tengan 20 años. Y después actuar en consecuencia: respetar a rucas y rucos, y si ya estás en esas, “performar” la ruquez de una manera distinta, no gris, no decadente, no triste, sino buscar caminos que devuelvan a la vejez a su sitio original, armar un consejo de sabies, retomar y manifestar el poder acumulado en lugar de hacerlo a un lado. En fin, que propuestas habrá un montón.
Quiero agradecer a todas, todos y todes quienes escucharon el llamado. Hicimos de este número algo estupendo y que marca un hito en la manera en que se ve la vejez. También quiero agradecer, de manera muy especial, a Ivelin Buenrostro por todo el apoyo y el gran esfuerzo que ha hecho para crear este foro Hystérico, junto con Liz Misterio, y que está por cumplir 5 años de existencia, con mi deseo de que Hysteria! no muera nunca. Agradezco por supuesto la invitación, que me ha dado la oportunidad de ampliar mi trabajo sobre el tema y que dará frutos posteriores. Y a eso voy: este año haré una curaduría de los materiales recibidos para una exposición en el Museo de la Ciudad de Querétaro y además otra para un diálogo con nada menos que Vida Yovanovich en el Museo de Mujeres Artistas Mexicanas MUMA (museodemujeres.com), así como la posible publicación sobre esta experiencia en la revista Discurso Visual publicada por el Cenidiap (Centro Nacional de Investigación, Documentación e Información de Artes Plásticas, perteneciente al INBA), que tendrá a Julia Antivilo como editora invitada.
Así las cosas, canas vemos, saberes y potencias no sabemos. Pasen a ver las excelsas series fotográficas de Diego Moreno y su abuela, de la catalana Cristina Fernández y de Luis Enrique Pérez. Los dibujos que hizo Mónica Mayer de su tía Anita, el video de Lucero González y el de Nina Sobell, y la entrevista en video de Agnès Btffn, (caray, ¡de lujo este número también!). Lean, lean a Pilar Rodríguez Aranda, Karla Antuna, María del Carmen Suárez, Julián Zapata, Fabiola Esquivel, Citlally Villarejo, María Antonieta Contreras, a Isaac Osorio y Amaia. Pasen por sus memelas rucas y, por qué no, acérquense a mi íntima selfie-novela.
Y de paso, ¡¡lleven sus camisetas, o bolsas o tazas del orgullo ruco!! ¡No se hagan!
Elizabeth Ross, 7 de marzo del 2018.
Fotografía de obra de Yolanda Relinque
Editorial, Parte 2
Viejos… los cerros
Con gran sorpresa y satisfacción nos encontramos con que la recepción del tema del envejecimiento, que pensamos sería difícil de abordar y que tendríamos pocas propuestas, ha superado nuestras expectativas y nos ha llegado tal cantidad de materiales que hemos decidido extendernos un mes más. Esto es: Hysteria! suele publicarse en dos emisiones y esta vez llegarán a tres, lo que se ha convertido en un ¡Hecho histórico! Que viene muy a tiempo para las pre-celebraciones de los 5 años de existencia de esta revistaza dirigida por Ivelin Buenrostro y Liz Misterio.
Es cierto que el hecho de envejecer está siendo reformulado socialmente. Es ya casi una moda y cada día vemos en las redes sociales a mujeres y hombres en toda su potencia a pesar de sus cien años. Es buena esta moda en la que se resignifica la experiencia y juventud acumulada de la que habla Julia Antivilo. Creo que el cambio comienza con la percepción de lo que significa la vejez, tanto nuestra como ajena, y espero que se trasforme más bien rápido en verdaderos cambios sociales que lleguen a las políticas públicas y se coloque a las personas de la llamada tercera edad, que bien puede ser la quinta o sexta, en el lugar que merecen y no sean/seamos sólo carne de limosnas de sedesol o walmart.
Esta vez les tenemos 19 artículos, entre los poemas de Magali Cid y Sergio Haro, un cuento de la escritora andaluza Josefina Martos Peregrín y la segunda parte del cuento de Adriana González Mateos y los textos de Julia Antivilo, Enrique Guerrero, Brenda Raya, Felipe Parra y Gloria Luz Rascón. En el terreno visual tenemos los videos de la artista finlandesa Helina Hukkataival y del colectivo veracruzano Espiral Creativa, además de la invitación a pasar a ver el de Evelin Stermitz, quien creó el primer archivo de videos feministas en ArtFem.TV. Rosa Borrás nos permite mirar y leer su hermoso diario y Marta Rial comparte un texto y las pinturas que dedica a sus abuelos. Sin desperdicio los varios ensayos fotográficos, comenzando con el de la grandísima Martha Wilson, la otra grande que es Ventiko, la colombiana Aleha Solano y míos. Y para terminar quisimos ver cómo es que los tatuajes envejecen junto a la piel que han acompañado.
Disfruten, asómbrense, reconfiguren.
Elizabeth Ross
Mirarnos en los otros espejos
Editorial Parte 1
Existe en Estados Unidos, donde todo puede suceder, un grupo llamado inmortalista, surgido a partir de las teorías de Aubrey de Grey[i], que cree que la gente está en un “trance pro-envejecimiento”, una estrategia sicológica basada en la creencia de que envejecer es inevitable. Los inmortalistas pretenden no envejecer…o morir en el intento.
Es verdad que las ansias por la fuente de la juventud han sido globales y eternas, que ahora las esperanzas en las nanotecnologías y más allá se centran en que, finalmente, éstas puedan hacer que el cuerpo (que cuente con los suficientes recursos económicos) pueda mantenerse en un eterno estado rozagante, potente y aterciopelado. Se quiere desafiar al proceso vital intentando esquivar la decadencia de las células y la consiguiente flojera de la sinapsis neuronal. No es solo alargar la vida, sino la juventud-divino tesoro, a la vez que nos permitimos el exceso de los placeres posmodernos en un entorno que obliga a respirar, comer y utilizar mierda.
Es cierto que en el mundo hay personas centenarias muy sanas, que la dedicación de por vida a una disciplina como la danza, la yoga, las artes marciales o la gimnasia permiten un cuerpo ágil, flexible, saludable y de larga duración. Pero de la arruga nadie se salva a menos que pague por sus buenos liftings, corriendo el riesgo de convertirse en otra persona más cercana a la caricatura que a lo que se deseaba parecer, además de que se olvida que los liftings son sólo externos. Sin embargo ni las disciplinas físicas constantes ni los buenos cirujanos plásticos están al alcance del 99% que somos, así que con o sin trance, y con la carga neoliberal y sus consecuentes males sobre los hombros, enfrentamos el envejecimiento de nuestro cuerpo, el cual utilizamos durante esa juventud tan adorada como si fuera el plástico de Barbie para experimentar toda clase de aventuras, sensaciones y vivencias que a la larga, maldita sea, pasan la factura.
La medicina moderna ha alargado considerablemente el espectro de vida. Ya no morimos a los 40 y los 60 dejaron de ser una grosería sexagenaria que carece de sexo y, al menos en Occidente, existe todo un movimiento del Orgullo Ruco que reivindica, dentro del arcoíris de reivindicaciones, el llegar a “avanzada edad “con pleno uso de las facultades consideradas patrimonio juvenil y el derecho al desbarre y el gozo. Claro que, como movimiento occidental, considera a quienes tienen el privilegio de no partirse el alma tratando de sobrevivir (usualmente blancos y/o ricos), excluyendo a ese gran segmento de la población (nuestro 99%) cuya esperanza de vida también es mayor – si es que logra seguir su curso natural-, y que se convierte en problema político-social al envejecer.
Desde los cuerpos diversos se vive el envejecer de manera distinta. La percepción del paso del tiempo se relaciona con la calidad de vida, los caminos elegidos o forzados, la propia conciencia del estar en esta Tierra. En algún momento –que puede llegar antes o después-, inevitablemente nos damos cuenta de que la juventud es fugaz como la primavera y que la vida insiste en marcarnos por fuera y por dentro. Y aunque el envejecer es un metadato que nace con nuestro cuerpo y que cada año, cada día, va tomando preponderancia, la mayor parte de nuestro tiempo insistimos en hacer caso omiso, nos entretenemos en maquillarlo, negarlo y odiarlo, hasta que no queda más remedio que rendirse y aceptarlo: envejecemos y hay que ver qué hacer con ello.
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Es un lugar común pero verdadero decir que esta cultura es adoradora de la carne joven, sin embargo es imperativo que en verdad podamos mirarnos en los otros espejos tanto como en el nuestro para pensar y resignificar a la vejez, la nuestra y la ajena. Con este número 25 de Hysteria, hemos querido comernos este tema con todo y sus espinas. Lanzar una provocación intergeneracional con vinagre para liberar esos demonios contenidos y colectivizar lo que sentimos al respecto. Cómo nos vivimos, cómo nos imaginamos, cómo queremos y no vivir nuestra vejez ( i n e v i t a b l e ).
Con gusto inmenso acepté la invitación a ser editora huésped, ya que es el tema que vivo e investigo como mujer y como artista. Invité a mi vez a otras artistas de aquí y de allá que, intuía, les interesaría colaborar con su reflexión, ya fuera visual o textual. Se abrió una convocatoria con alcance más allá del público asiduo de Hysteria! y el resultado ha sido más que espectacular. Las dos emisiones cuentan con un gran número de materiales de gran calidad, nacionales y extranjeros. Contamos con participaciones súper especiales como la de Martha Wilson, que generosamente concedió la utilización de varias de sus potentes obras, o la de Sue Williams, a quien no podíamos mas que darle la portada: “ Deja de hablar como si la edad no te escuchara”. Ellas, entre muchas otras personas reconocidas y emergentes, de ambos hemisferios e incluso del otro lado del mundo, colectivizan en Hysteria! su voz, su cuerpo, sus demonios y su espejo.
Algo de lo más interesante es que hay varios materiales enviados por hombres, la mayoría jóvenes, que abordan el tema de la vejez desde su persona y sin filtros. Este número doble contiene ensayos, cuentos, poemas, anecdotarios por un lado, y ensayos fotográficos, ilustraciones, fotografías, pinturas y videos por el otro, que enriquecen este diálogo colectivo que Hysteria! y esta su ruca favorita han procurado, en un momento en que en Occidente se reconsidera y reivindica la vejez, o la ruquez, como algo que aporta valor a la sociedad. ¡Vamos! Como en la antigüedad, donde se reconocía la experiencia vivida como un verdadero divino tesoro, el activo más valioso que permitía la supervivencia de su comunidad.
Bueno, lo aceptamos: somos rucas, somos rucos, ruques, o vamos a serlo en un momento dado. Es –tal vez todavía- inevitable. Está bien (nos decimos), aceptamos la decadencia corporal, pero eso no es una carga ni una desgracia, sino el orgullo de vivir. El orgullo ruco.
Elizabeth Ross. Con más de 25 años de práctica, crea y colabora en proyectos artísticos y socialesprivilegiando procesos participativos. Su obra ha tocado puerto y base en espacios cerrados, públicos y silvestres de las Américas, las Europas, en Turquía, Japón, Australia y China. Cree que todo lo que hacemos diseña la sociedad que somos y le interesa el devenir de las mujeres propias y ajenas. En su obra se avoca a lo cercano, porque sabe que todo cuenta en este hacer el mundo.
Artista en portada Deja de hablar como si la edad no te escuchara
Sue Williams (Nomorepink/Nomásrosa), nace en Cornwall pero vive en Gales, donde ha desarrollado su carrera. Con un reconocible cuerpo de obra y un historial de exposiciones en los 5 continentes, el trabajo de Sue es de un dibujo crudo, poderoso, desafiante y cargado que habla sobre la sexualización de la sociedad occidental, el feminismo, el género y la cultura de un mundo complejo y frágil.
Aborto retrospectivo de la heterosexualidad como régimen político, y uno de los mayores mecanismos de control y reproducción de las violencias contra las mujeres: Una entrevista de la escritora-filósofa Leonor Silvestri desde Argentina, a Frida Cartas, feminista incómoda hasta para los feminismos, en México.
Leonor Silvestri.- Si mal no me equivoco, México fue el primer país del continente americano en legalizar el aborto. Sin embargo, vos das talleres de aborto autogestivo en casa. Me da la sensación que la situación de legalidad de México alerta al feminismo sobre este fetiche que se suele tener con las leyes, el Estado y la alianza médico-jurídica. Sin ir más lejos, acríticamente el slogan local de la buena conciencia sobre este tema es “ educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar, aborto legal para no morir”. Quisiera que expliques cómo ves vos este tema con respecto a las ventajas de continuar realizándonos abortos autogestivos en casa versus la confianza ciega de ciertos feminismos en las instituciones médico-jurídicas, y cuáles son tus motivaciones para realizar estos talleres y reinventar estos conocimientos.
Frida Cartas.- Bueno, la “grandísima” condescendencia y el “generoso permiso” de México y sus gobiernos es sólo en la Ciudad de México, eh, conocida como la capital del país, ahí legalizaron como tal el aborto a libre demanda de las mujeres agregando una causal más a las 6 que ya existían. Así que sólo en la Ciudad de México esta afamada legalidad es posible, en el resto de los 31 estados sigue cada vez más criminalizado y perseguido como ejercicio simple de autonomía corporal y sexual, ya ni se diga como uno de los derechos humanos anclados en los derechos sexuales y reproductivos que todas tenemos. En estos estados hay de 3 a 5 causales, y una de ellas está asentada como “permiso” principal y general, que es en el caso de violación, pero la experiencia nos demuestra que aún con esa causal siempre están los ministerios públicos y las misoginadas médicas que evalúan los casos, impidiendo que uses la ley con todo y causal. No les importa que hayas sido violada igual te torturan para que no abortes, igual te culpan de la situación e impiden que abortes.
Esta propuesta de ley y exigencia para agregar la causal 7 nombrada muy antiespanto “Interrupción Legal del Embarazo” en la capital, vino por supuesto de las feministas institucionales, activistas AC u ONG, y de las que militan en alguna otra colectiva oficial. Y yo también percibo como tú, que lo hicieron más como vender una foto en el tema de avance, inclusión, progresismo bienpensante, “mírennos cómo trabajamos”, que en abrir un abanico más amplio de posibilidades y soluciones a las problemas estructurales de violencias cotidianas y sexuales contra las mujeres. Más adelante tendré espacio para detallarte este punto.
Ahora quisiera decir que persiste por encima de todo la rancia idea de que el aborto TIENE (así imperativamente en mayúsculas) que ser dentro de un hospital y con un médico porque si no es así entonces NO PUEDE SER: “No está bien”, “es sumamente riesgoso”, “qué irresponsable, no, no, no, muy mal, cómo te atreves”, “atenta directamente con la vida de las mujeres”…
Y fíjate, es rancia porque es una idea falsa, qué digo falsa, ¡es tramposa y manipuladora! Alimenta esa falacia buenrollista, polite y muy del activismo progre derechohumanista victimizante, y maternalmente arropador; le hace el caldo gordo al Estado, al progresismo bienpensante, redentor, salvador, único, verdadero; repito: falso.
A mi esa consigna todoterreno y muy “transgresora” de “Educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar” que mencionas, me da nausea y urticaria, es como si la dijera cualquier señora burguesa católica que se las dá de incluyente, consciente, leída y académica, pero no deja de alzar el dedo rector y misógino a la menor provocación. Se asume que cuando te dan educación sexual ya no tendrías que embarazarte jamás, porque ya lo sabes todo y sabes cómo “cuidarte”, entonces si te pasa será “por tonta, por irresponsable”, ¡porque tú lo sabías y mira lo que te pasó! Culpabilizando con ello, otra vez, una vez más, para no variar, a las mujeres. Además, ningún método anticonceptivo es cien por ciento seguro, ni uno. ¿Por qué se asume entonces que si usas alguno no tendrías que embarazarte? Muchas quedan embarazadas con el DIU puesto o el implante. Y por último, eso de aborto legal para no morir, bueno, qué te digo Leonor, la creencia generalizada que los hospitales y los médicos salvan vidas y son dioses, ah, y que allí todo se resuelve y no pasa nada, nada, más que el bien, ¡sí cómo no! Cuando lo cierto es que en el hospital también muere mucha gente por negligencia, por misoginia, porque los médicos por muy médicos que sean han sido criados y creados en este mundo heterosexual y macho, y las violencias que ahí se generan de parte de ellos y la ciencia médica hacia los cuerpos de mujeres y una decisión de aborto, son altas y muy violentas. Aborto legal para no morir, gritan, ¿viste? Por lo tanto aborto “ilegal”, como sería el aborto autogestivo en casa para esta consigna y sus simpatizantes, es igual a muerte, así en vulgar dicotomía. He ahí la consigna católica y burguesa implícita. ¡Asco! Te dejo el enlace con el demenuzamiento que he hecho por separado de esta consigna.
Pero nadie lo dice, nadie dice que los médicos no son dioses y también matan gente, la matan socialmente, y físicamente se les mueren, y menos lo dicen las activistas derechohumanistas que viven del erario público y de las políticas que papá Estado a través de sus organismos esposos e instituciones machistas otorga. Porque lo importante será siempre salir en la foto, en portada, con el encabezado “ya avanzamos, enhorabuena, lo logramos, ya hay una ley digna, esto es un logro en la lucha”; para este activismo, igual que para la democracia y el Estado, las mujeres son sólo una estadística, un número, las cifras importan y pesan mucho más para hacer el reporte mensual y anual de la ONG y/o la asociación civil, o del periodo de gobierno. Y nada más.
Hartita estoy del cuento de que si no es con leyes que el Estado “generosamente reconoce y otorga”, no podemos abortar de forma segura, de que si no es en un quirófano todo lo demás es igual a hemorragia, charcos y charcos de sangre, dolor, tortura y muerte, ¡y pues no! De ninguna manera, ¡claro que podemos abortar en casa de forma muy segura! El aborto autogestivo en casa con pastillas o hierbas, puede ser una opción segura, tan segura como la del hospital. Y eso no te lo dicen quienes abogan por la dupla médico-jurídico. Es más, te niegan e invisibilizan la opción, y con ello la decisión de autogestión. Cuando la realidad es que las mujeres necesitan además de herramientas de empoderamiento, varias opciones para tomar decisiones y soluciones, muchas opciones, cuantas más opciones mejor. Que en el aborto tengan más que la opción del hospital. Que lo tengan.
Y es que las mujeres han abortado desde siempre con o sin ley, y lo seguirán haciendo. Que han muerto muchas mujeres en ese hacerlo, es cierto, yo no lo estoy negando, pero no es por el proceso en sí sino por la falta de información o la información errónea sobre cómo llevarlo a cabo y la estigmatización, el miedo y la culpa que siembran sobre realizarlo en casa y no en el nosocomio. Nuevamente consumimos el cuento que la medicina y los médicos salvan vidas como con superpoderes y son los únicos que pueden hacer algo en estos (mal)llamados espacios de “salud”, ¡porque, oh, oh, tampoco es verdad! En casa tú puedes cuidar además tu salud psicoemocional que en los servicios de ILE en hospitales públicos de Ciudad de México no les importa cuidar porque se trata de tí: una (mala)mujer que aborta.
El aborto en casa no tiene que ser con un gancho o una tiara, ni golpeando el vientre o rodando por las escaleras, como hicieran muchas mujeres al sentirse solas, desesperadas y vulnerables. Ahora ya no están solas, no tienen que estarlo. Hay que informar e informar sin sesgos y feministamente sobre cómo hacerse un aborto seguro en casa, amplia y detalladamente paso a paso, con todos los detalles alrededor, con todas las medidas de seguridad pertinentes, y también hablar y señalar la solución a posibles problemas secundarios que pudieran ocurrir durante el proceso de aborto en casa. Se puede monitorear una hemorragia y actuar sobre ella si ocurriese, incluso antes que suceda.
Así que habiendo hecho este pequeño e ilustrativo paréntesis, déjame contarte que mi taller de aborto en casa pues es, qué te digo, ¡es una monada! Básicamente se trata de desmontar esta falacia de que la legalidad es una maravilla y la “ilegalidad” así entre comillas, es horror, tragedia y muerte. También fugamos de la dupla: Vida-muerte, ese debate tan trillado y que no le ayuda a nadie más que al discurso opresor. ¿Y cómo lo hago? Lo hago con especial énfasis en el lenguaje y toda la carga sociocultural que conlleva, porque es con la manera de nombrar y señalar cotidianamente como han logrado cimentar, reproducir y perpetuar todo este sistema que oprime y asfixia a diario, así lo han construído. Analizamos sus contextos en particular, y la cultura opresiva sobre la autonomía sexual de las mujeres y/o cuerpos feminizados. Mi motivación me preguntas, es sólo compartir y socializar la información que he aprendido en los contextos de trabajo, la información no tiene que ser un privilegio de nadie, sino un bien común y una bomba de poder y autogestión para destruir un régimen opresor.
Por ejemplo, les digo cosas como que dejemos de decir que el aborto es ilegal, porque no lo es, no lo es de verdad. Decir ilegal tiene un peso de terror psicosocial, y por lo tanto de control sistémico. El aborto como tal ha estado desde décadas en la constitución mexicana, como ha estado en muchas otras constituciones del mundo también… Lo que varía son las causales, y a partir de ahí le llamamos restricción, porque eso es lo que es, restricción y no ilegalidad, por eso te decía hace un momento lo de las entrecomillas. Y como este ejemplo de empezar a desmontar el aborto desde el lenguaje y/o analizar la fragilidad del estigma social para romperlo, hay montones más en el taller. Así empezamos las sesiones y luego ya encarreradas nos seguimos hablando de sexualidad más allá de la genitalidad y el coito, que es donde manipuladoramente la han sumido y reducido. Nadie te dice nunca que cogemos sólo porque nos gusta, porque nos calentamos, porque sentimos rico, y que coger no es equivalente a un embarazo, pero que si este ocurre, un embarazo no es igual a un parto, para eso hay un proceso largo de más de 35 semanas, y antes, es donde se sitúa el tan satanizado y estigmatizado aborto. Lo que yo trato de hacer con las amigas que van al taller es que tiren la culpa al inodoro y le bajen tres veces a la palanca para que toda esa mierda se vaya lejos al caño, así metáforicamente te lo digo.
Y finalmente les comparto un protocolo de aborto con pastillas, que he usado en los distintos acompañamientos por 3 años en los cuales llevo trabajando el tema, la acción y el acompañamiento. Son dos sesiones de 5 horas cada día lo que dura este maravilloso taller feminista antinorma y antiestado que doy.
Nos centramos en concientizar nuestro cuerpo no como genitalidad sino como biopolítica, como medio de producción, y como lugar legítimo para la autogestión; concientizamos en hacernos fuertes con las armas que ya tenemos desde antes y que muchas veces no miramos como tales por toda la parafernalia que a diario nos arrojan encima. En este taller nos convertimos un poco más autónomas, todo eso que no le gusta al sistema, al Estado, al mundo social ayudado por el onegeísmo, las instituciones y las buenas conciencias, que lo que quieren siempre es que hagamos las cosas y vivamos como ellos y ellas mandan, detestan la autonomía. Yo voy por la independencia, la autogestión, nuestro empoderarnos a través de nuestro cuerpo y todo lo que acontece allí, sin seguir la pauta y la guía de “las grandes”, las ilustradas, las líderes, las directoras, ¿porque adivina con quienes están líadas y casadas ellas? Con el mismo Estado macho, misógino y feminicida, que nos mata.
Considero que cuando aceptas con la mano extendida lo que una ley benefactora te da, estás aceptando que te controlen y te hagan creer y sentir lo contrario, así funciona el sistema y el mundo. Y eso es algo de lo que vemos en este taller, que por eslogan dice: taller entre amigas. Las que no dejan de alzar el dedo rector y culpabilizándonos sutilmente y a veces no sutil sino directamente, esas, no son nuestras amigas. Y acá no entran.
¿Cuáles son mi motivaciones me preguntas? Y yo te digo que mi interés y motivación surgió justo haciendo trabajo de acompañamiento a mujeres que abortan por casi un año a hospitales públicos y privados de acá de la ciudad de México, de ver todo el maltrato simbólico, cultural y discursivo que padecen por parte de esa gente que se dice Provida, y también del personal médico, y de pilón de la gente fanática religiosa que aguarda a las puertas de los hospitales para agredirlas en aras de “yo también tengo derecho a la libertad de expresión”… Hay hasta secuestros por parte de esta gente para que las mujeres no aborten, secuestros fíjate bien la gravedad del asunto, secuestros para que no lo hagan o tortura verbal para que lo lleven a cabo sintiéndose lo peor de este mundo, casi asesinas seriales, y vivan con esa carga el resto de sus vidas. Yo lo ví y lo viví, a mi nadie me lo cuenta. De modo que es muy bonito que enaltezcan una ley, hablen maravillas, se hagan muchas selfies en el senado, vayan a congresos, hablan ante la ONU mujeres, blá blá blá… pero se callen toda esta violencia y abuso, y muerte social que se da en la legalidad, porque lo importante es la ley y tener un aborto en el hospital, ¿verdaaaaaad? Como les vaya a ellas en ese ejercicio o derecho, pues “ya veremos después”.
En algunos lugares privados como Marie Stopes ni anestecia local les ponen a las mujeres para hacerles el AMEU porque “tienen pocas semanas de embarazo”, argumentan… Misoginia pura, eso es, que sufran, “para que abrieron las piernas”, y a ver si aprenden, ¿o cómo? ¡Viva la legalidad!
Yo no creo que esté descubriendo el hilo negro ni reiventando nada con este taller de autogestión, lo que sí sé es que estoy contribuyendo un poco a hacer justicia y reconocimiento a muchas otras mujeres que estuvieron antes de nosotras, trabajando y haciendo mucho en este tema, y dando su vida por ello, para que ahora con el boom de un activismo académico, bienpensante, o progresista, se les relegue al olvido y la minimización sólo porque “no impulsaron o crearon leyes”.
Te digo Leonor, tú y quien quiera puede hacerse un aborto en casa sin ir a que una sarta de gente pelotuda te agreda, te estigmatice, y hasta te secuestre, lo puedes hacer en tu casa, con suma tranquilidad y sin sufrir una tortura, o un calvario, de verdad que se puede. Aunque claro está, la decisión será siempre de las mujeres, que lo decidan: Casa u hospital. Ambas opciones tienen ventajas. En hospital es casi gratuito, en casa tu comprarías lo necesario. Pero en casa no tendrías que exponerte ante la mirada y juicios de nadie, te harías acompañar y cuidar de tus emociones por quien quisieses. En el hospital duras un par de horas, en casa la jornada es larga. En casa, se sigue respetando más cercanamente tu intimidad y tu autonomía, sin duda.
RO via Gráfica Pro Aborto Chile
LS.-Sé que estás interesada en lo que llamaría los devenires animales o por lo menos el devenir post-humano por fuera de las categorías humanas como hombre y mujer, es decir, categorías siempre sexuadas. ¿Cómo relacionás vos esto con tu trabajo en relación al aborto y en especial a las maternidades lésbicas, tan moda en por estos lares, cuando se suponía que las lesbianas no eran mujeres, tal como había dicho Monique Wittig?
FC.- Yo soy antimaternal te lo digo. Podrán hablar de maternidades subversivas, lésbicas, dos mamás, familias homoparentales, de maternidades alternas, clap, clap, clap… Pero tácitamente seguir pariendo es seguir reproduciendo la etiqueta de que una mujer es igual a una vulva, y una vulva igual a una fábrica de bebés, y que es lo más natural, normal y hermoso de la vida, el mejor regalo de quién sabe quién, el fruto del amor y demás pavadas. La primera gran liberación del cuerpo de las que han sido construídas y son leídas mujeres en este mundo capitalista y heterosexual, misógino y macho, es poner cese a la fábrica. Huelga de vientres. Ni más ni menos.
¿Pero qué crees? Si lo dices eres una microfascista, no eres buena feminista, una feminista de verdad, ¡cómo te atreves! Siempre será mejor escudarse manipuladoramente en el discurso de los derechos humanos y las maternidades elegidas, y agredir a quienes decimos esto desde la rebeldía y la deconstrucción de raíz, antes que autocuestionarse lo aprendido, lo que les fue enseñado desde que un médico, la ciencia y la vida les determinó mujer aún cuando ni sabían qué era cuerpo, qué era sexualidad humana, y ni hablar podían.
Además que seguir pariendo y criando, no sólo reproduce el mundo normal, sino que continúa estigmatizando y criminalizando a todas las que tienen útero y no quieren ser mujeres, ni mamás, ni mucho menos embarazarse jamás. ¿Te molesta severamente que te tachen de mujer a medias, de que no tienes el famoso instinto maternal o no se te ha desarrollado, que no sabes lo que quieres, que no has hallado un buen hombre, el indicado para la familia, que no has madurado, que esto, que lo otro? Agradécelo a las que siguen con su práctica alimentando la idea de maquila de bebés en pos del amor a la vida y a la pareja. Al sueño de realización princesa disney, princesas hasta en el lesbianismo que arropa la figura de la madre como consumismo y amor… “Y vivieron felices para siempre”. A ellas todo el logro y el estigma.
No se les ocurre que hay mil posibilidades de hacer o de dejar de hacer familia, pues parir no tiene que ser reproducción del heteropatriarcado, y en específico reproducción de las raíces estructurales y simbólicas de las violencias contra las mujeres o demás corporalidades con vulva, porque ya hay mayores datos e información de hombres transexuales con embarazos, partos y/o decisiones de aborto también. Pero el chip del bebé les fue muy bien introyectado, y el del coitocentrismo que es donde se unen el ovario y el esperma, lo tienen hasta tatuado. Aunque en el caso de las lesbianas el embarazo ocurre en muchas maneras fuera del coito, eso sí.
¿Pero sabes? Ni se les va a ocurrir esas mil posibilidades mientras sigan lloriqueando inclusión, y no entiendan que tienen la oportunidad histórica de desmontar toda una estructura y un mundo que les oprime, y que no es rosa, ni de colores arcoiris elegebetero, ¿cómo? Dejando de alzar banderas y rogando inclusión, y abortando la normalidad. Eso, la normalidad, es lo que nos ha jodido siempre. En la norMALidad va el mal.
En este contexto el aborto, y más en específico el aborto autogestivo, sigue siendo lo único deconstructor y una manera digna de ingobernabilidad al cuerpo, pienso y siento. Wittig estaría revolcándose en la tumba si pudiera ver el panorama.
LS.-Es decir, el aborto como desobediencia sexual del heterocapitalismo… Diría que nos encontramos en un momento post-wittig y su idea de que las lesbianas no son mujeres; y a pesar de que también estamos en un momento donde los varones (trans) pueden embarazarse y las mujeres (trans) embarazar, cierto feminismo continúa considerando el aborto como un tema pura y exclusivamente de cuerpos cuya denominación es “mujer” al momento de nacer sin atisbo de duda, generando toda una serie de exclusiones y malos entendidos tales como suponer que el coito o la penetración y sus riesgos es siempre de matriz heterosexual, cuando un muchacho trans podría quedar embarazado de otro chico no trans durante una relación homosexual. ¿Cómo entendés vos desde tu cuerpo desobediente este tema, cómo lo vivís y cómo te lo hacen vivir esas feministas escencialistas hembro-mujeristas biologisistas que reafirman las políticas binarias de la heterosexualidad como régimen político?
FC.- El aborto como absoluta radicalidad a los roles de género, ¡exacto! En ese sentido todas las que abortan son más feministas en la praxis que las que se pavonean de conseguirles leyes, jajaja. Aún cuando sus razones sean unas u otras, y ni conciencia de nombrarse feministas tengan, su acción como radicalidad de los roles de género opresivos están en la acción y el hacer. ¡Tomen eso, gente!
Pero bueno, respondiendo a tu pregunta, claro que hay muchos hombres transexuales que se embarazan y tienen partos, en relaciones homosexuales o de pareja heterosexual, acción que por supuesto evidencia que el tema de aborto es de cuerpos y no de género ni mucho menos de orientaciones sexuales, ¡pero alégale a las feministas biologicistas! Pesadas. Tontas. ¡No las soporto! Y no las soporto porque sean “separatistas” o incluso terf’s, sino porque insisten en vender ese feminismo suyo como un “único y un todo” en medio de la multiplicidad de feminismos. Y eso es lo desagradable y estúpido.
El coito apesta y es enfermo, ya lo dijo Alicia Murillo, no sólo por las infecciones que pueden surgir de allí, o de los embarazos no deseados, o de las maternidades forzadas que desatan, ¡es enfermo socioculturalmente! Y mira que lo digo sin fansear a la Murillo, ya lo dijo ella y estoy muy de acuerdo con sus puntos y disertaciones del tema.
Yo, además de recuperar mi condición biológica de intersexual, y mi alegre resignificación post-humana con un devenir trans, me reapropié de mi cuerpo, y lo intervine alterando todo el mundo que me educaron, desde el esencialismo y demás mierda desde que tuve el infortunio de caer en este mundo de humanos.
Como una lucha ética y política desde mi cuerpo contra las estructuras, hice una automutilación o autocensura del pene y fugué. ¡Jamás embarazaría a un chico trans! He tomado muchas malas decisiones en mi vida, pero no reproducirme es de las pocas mejores, acertadas, ecológicas y contranormales decisiones que pude pensar y actuar.
Y aquí es donde la comunidad chic y fashion de colores o la gente trans-normal, me odia y pide que ruede mi cabeza, en unión religiosa con quienes piensan que la heterosexualidad es sólo una orientación sexual. No me importa. Te lo digo. Yo cuestiono y critico estructuras, raíces, no a gente que ni conozco, idiota estaría si perdiera mi tiempo haciendo críticas individuales personales, son a las estructuras, a las raíces, si se sienten aludides es su asunto, el no autocuestionarse, no soy yo Frida Cartas quien les está atacando, honestamente lo digo.
4. Existe un ala radical dentro de cierto feminismo, usualmente acallada entre tanto feminismo de la buena conciencia, la paz, la cordura y las instituciones, que considera el infanticidio como aborto retrospectivo y el aborto en sí como el último bastión no sólo de un método anticonceptivo de emergencia sino de desobediencia sexual anti-heterosexualidad como régimen político. ¿Cuál es tu postura al respecto?
Jajaja. Me encanta. ¡Post-aborto!
A mí todo lo que sea desobediencia me alegra. Estoy convencidísima que cuando pides aceptación, inclusión, un poquito de respeto, que te miren porque tú como el resto son parte de la ciudad, la sociedad y el mundo de cajita feliz mac donalds, ahí ya te fuiste directito al carajo, y ya te domesticaron felizmente como al resto, con burbujitas de una gaseosa o unas sabritas.
La desobediencia, la ingobernabilidad, la rebeldía, es lo único para existir en este mundo de la re-gran mierda que no te deja vivir, y que te orilla (mientras el produces gratis) a (sobre)vivir. Toda inclusión es subordinación, no hay mucho que escarbarle ahí, me parece.
Hay una frase que no sé de quién es y que me fascina, dice: “La lucha contra el sistema que nos rodea, no es más importante que la lucha contra lo que del sistema tenemos interiorizado”, y es ahí, en el autocuestionarnos y enfrentarnos con ética a nosotres mismes, donde nace toda esta moda-revolución de redes virtuales: muchos posts, mucho tuit, mucho tumblr, mucho compartir y retuitear, pero apagan la compu y vuelven a ser la misma gente normal y pelotuda de siempre. La revolución es ahora de mucha palabra y de poca o nada práctica, tristemente.
LS.-Han circulado dos textos tuyos por los cuales se ha generado ya sea gran rencor, ya sea gran fascinación, ambas de maneras viscerales. Me refiero tanto al texto donde abordas el tema de las maternidades y lo trans, y otro donde arguyes la imposibilidad de ser varón y feminista, donde también incluís el tema de las nuevas masculinidades y de los varones trans; lo cual exige de tu parte un gran valentía porque es como ponerle el cascabel al gato. Me gustaría que nos comentes cuál es la relación entre estos temas y aborto, y cuál ha sido en general la recepción de tales críticas que nadie en la actualidad se atreve a realizar.
¡No sabes cómo se ofendieron! Tan sensible la gente. Muy culta, muy preparada, muy open mind, muy revolucionaria, de izquierdas, tan Marx, tan Beauvoir o Rosa de Luxemburgo, pero les tocas tantito el mundo heterosexual y se ofenden cual artista plástico al que no le alabas la porquería de obra que todavía osa y se atreve a exponer.
Me han amenazado con golpearme o matarme por “feminazi”, por “hembrista”, me han insultado hasta el hastío, retirado amistades, echado de asociaciones civiles, por “grosera y no respetar”, llamado microfascista, impositiva, pendeja, puta, y hostil. Hostil me gustó. Puta yo no sé cómo alguien puede pensar que es insulto, pero bueno, te decía, me ha ido terriblemente mal. Además que las putas cobran por un trabajo sexual, yo cojo gratis, ¡por mensa! Jajaja.
Yo siempre digo, que uno de los mayores problemas mundiales de eso que llaman educación en la escuela es el déficit de comprensión de lectura, la gente no sabe leer aunque lea. Jamás dije que no sean hombres, y jamás dije que hombre es un pene, y jamás dije que nadie se embarace y ejerza una una crianza. Pero ahí tienes a la horda sensible y lastimada en su mundo natural y normal. Pobre gente, pobrecita, pobre gente, toda la gente, dijera Liliana Felipe en su maravilloso canto.
Aunque también han habido quienes entendieron perfecto los textos, que déjame te presumo ya se tradujeron al inglés, portugués e italiano. Mucha de esa gente son hombres, y muchas de ellas madres. No todo está perdido y podrido como se ven tan a menudo, supongo.
¿Cómo lo relacionaría con el tema de aborto? No lo había pensado fíjate, pero indudablemente me remite al cuerpo político, al cuerpo ya no como campo de batalla, como el estira y el afloja, como el asunto de voto en el senado, sino como arma de destrucción a todo este heteroimperio, ese cuerpo político que se pierde en la mar de los discursos esencialistas, médicos, legales, capitalistas, feministas de la buena conciencia… quienes son los que finalmente te construyen el cuerpo como algo fijo de nacimiento y como sexo biológico. A eso me remite. Recomendamos aquí consultar a Spinoza, Foucault, y a Beauvoir, que lo explican mejor que yo.
Con el aborto en un útero-cuerpo abortas sólo un cigoto, pero con el abortar la normalidad y el heteropatriarcado capitalista en un modus vivendi y praxis, que también implica cuerpo, mente y acción, ¡abortas todo! Y eso nos hace tanta falta, abortar todo lo establecido porque nos lo impusieron, no lo elegimos. A veces digo: Si sólo vamos abortar fetos o cigotos, ¡que chiste!
LS.-Al momento de nacer se te asignó al sexo privilegiado al cual abdicaste posteriormente en pos de un devenir crítico contra el binomio. Esta desobediencia de género, este despojarte de tus privilegios de una masculinidad hegemónica, esa renuncia al órden mayor en una región con políticas claramente aniquiladoras de formas de vida antagónicas al heterocapitalismo te otorga, no obstante, un estatuto de “modelo” o “superioridad” por sobre aquellos varones que, pese a postular afinidad con las luchas de “minorías sexuales, mujeres y lesbianas”, lato sensu, nunca realizan los actos performativos y nunca adquieren las formas de vida que les removerían de su lugar de privilegio dentro de la heterosexualidad como régimen político. Lo que intento decir es que ese devenir menor en el cual vivís, por el cuál te conocemos y nos interesa tu labor es también la posible puerta de entrada a una peligrosa reterritorialización. Me gustaría que nos cuentes como estás viviendo una existencia como ejemplo personificado de que que para ser varón anti-patriarcal se debe dejar de ser varón, lo cual, paradójicamente produce un efecto de voz privilegiada por sostener materialmente un devenir radical: aquello que te desposee de tus privilegios de género te convierte en una interlocutora más legítima que otras voces, y por lo tanto voz más atendida y oída que otras desobedientes. Asimismo, ¿cómo se podría desmontar el binomio desde una corporalidad asignada políticamente a “mujer” al momento de nacer desde tu implacable crítica a las nuevas masculinidades y cierto “machirulismo” con concha, en tiempos donde hasta las lesbianas desean ser mujeres heterosexuales, a la altura de los deseos?
FC.- Sí claro, con todo lo que hago y soy, también sigo luchando diariamente con la heteronorma, desde luego. Nos la sembraron perfectamente desde antes incluso de nacer, cuando le decían a la mujer que nos cargaba en el vientre: ¿Y qué es, niño o niña? Sacársela y quemarla no es tarea nada fácil, aún con un cuerpo bomba como el que me hice yo sola.
Yo no sé si renuncié a algo a lo que nunca me adscribí o sentí membresía, ¿sabes? Yo salía a la calle desde la infancia y era a recibir puros insultos y hasta golpes por “parecer niña”, por “hablar como niña”… Cuando crecí un poco más fui hasta violada varias ocasiones, y tras concluir la universidad fui siempre excluída del mundo del éxito, el desarrollo profesional y el mercado laboral, por verme como “mujer”, “como una nena”. Es decir, claro que nunca fui hombre tal como se conoce en este mundo, con todos los privilegios y los roles y estereotipos de género, ni tampoco era mujer de la misma forma para el mundo y la sociedad binarios, pero el mundo y la sociedad sí fueron muy buenos para maltratarme como si fuera una por esa feminidad, ¿te das cuenta? Hoy día yo ando por todo los espacios y las lecturas sociales son mujer, eso me hace una mujer en la realidad cotidiana, háganle como quieran queridas transfóbicas, yo tengo las mismas posibilidades y probabilidades de ser asesinada en un feminicidio, y el acoso sexual es el pan de cada día. Sólo por mencionarte dos de mis realidades y contextos. Aún así yo me vivo una mujer que no llena las peticiones y estándares del mundo, y no les llena porque se me da la gana no llenárselas. Mi desaprendizaje y dinamitación están implícitas ahí incluso en lo que se puede mirar como un simple resto de la dicotomía de género. Pero bueno, ya está por salir un libro que escribí donde dejo en claro que yo siempre fui Frida, no transicioné, sino retomé lo que quisieron mutilarme, y me tuve que hacer justicia a mí misma en un mundo donde las mujeres no tienen justicia, precisamente.
Soy antihombres totalmente, lo digo frontal y sin tapujos, y no como genocidio, sino como destrucción-extinción de la categoría social de poder, no hay manera de reivindicar esa categoría, por más nuevas masculinidades, copy and paste de las teorías de género feministas, que hagan. No la hay. Pero ese es hoy día el nuevo discurso y política pública del Estado y el onegeísmo, hacerles creer y sentir y pensar al progresismo consciente y revolucionario, que sí, y que a los hombres hay que reeducarlos y llenarlos de nuevas masculinidades. Una mierda tragada con gusto y consentidamente por donde le mires. El sólo tema me enerva. Si los hombres quieren dejar de ser patriarcales, que lo hagan solos y por allá lejos, sin esperar que se les agradezca o se les aplauda, pues no están haciendo un favor. Es lo mínimo que podrían hacer, y callarse. Y dejar de violar y matar.
Y hay por supuesto muchas corporalidades leídas mujeres en los espacios, que en realidad son hombres socialmente, te voy a dar ejemplos, las “mujeres en el poder”: Margaret Tatcher, Bachelet, Elba Esther Gordillo, Hillary Clinton, quien ejerce roles de género misóginos y opresivos sobre las mujeres, es un hombre. Las violencias provienen de las dinámicas, las prácticas, los ejercicios y los roles, no de los genitales. Ni de un cariograma. Hay que ser muy idiota para pensar ésto.
Las lesbianas feministas, que actualmente son unas pesadas y enloquecieron terriblembente, han llegado al grado de culpar al resto de las mujeres de su propio feminicidio por intentar construir relaciones sexoafectivas con hombres, y han llegado hasta desear matarnos a nosotras las trans porque no podemos ser mujeres dicen, y no podemos siquiera vivir argumentan. Pero el lesbofeminismo sigue siendo fuera de ellas, y tiene un máquina potente de destrucción sistémica, en esa máquina hay que centrarse. Vayamos con armaduras para no morir en el camino a manos de estas autoguardianas y copyrighteras.
Yo no tengo nada qué enseñar, Leonor ni quiero, yo no soy pedagoga, soy combativa. Me niego a ser un modelo o ejemplo de algo, o de cualquier cosa. Considero que la gente tiene que pelear con lo que en su cabeza tiene de heteropatriarcado, sola. Eso es autonomía, eso es emancipación. Me cagan los llamados líderes o lideresas. Si la gente no fuera por ahí aprendiéndoles, o siguiendo líderes, o admirándoles, tal vez no iría leyendo hombre o mujer sin ton ni son, a quien no quiere ser leíde ni viste así. Ni iría legislando o legitimando el culo de nadie. Yo si acaso hago algo con mi trabajo feminista, es ponerles cerca de la propia concientización de la raíz de la opresión, y de ahí abono a la pauta para que se construyan sus propias herramientas y verdades.
Yo no voy a cambiar el mundo, pero indudablemente yo ya cambié el mío. Ojalá más personas cambien el suyo, por su propia sobrevivencia y resistencia.
FC.-¿Cómo te posicionás acerca del valor cósmico y kármico que se le da a los fetos abortados? ¿Cuál es tu postura respecto a esta simbología que me atrevería a decir pretende pacificar la culpa que crea en ciertos activismos la radicalidad de extirpar de nuestros cuerpos la humanidad que en ellos puede habitar, para devenir algo que no estamos siendo ahora?
FC.- ¡Eso! Pacificar la culpa. Sobre la culpa han cimentado muchísimo de lo que nos oprime, y se han hecho transnacionales y empresas exitosas y productos con la culpa: la iglesia católica y papa Francisco, dos grandes muestras fehacientes.
¿No abortes en martes porque el feng shui dice que te da tres años de mala suerte, o cómo? ¿Al abortar hazlo de noche y prende una veladora para que dios y la vida te perdonen, o cómo?
Yo te decía hace rato que a la culpa la botamos al excusado en mi taller, ¿recuerdas?
Comentarios como el aura del bebé, me han venido por supuesto, desde gente muy radical y anarquista, ¡no te creas! Pero es que te digo, una cosa es el discurso, otra la práctica, ahí es donde se les acaba su “vamos acabar con la opresión”.
Te dejo aquí un enlace sobre un texto para desgenerar la culpa en relación al aborto.
Siempre he dicho que no basta con enunciarse feminista, sino terminamos por desheteropatriarcalizarnos, desheterosexualizarnos, abortar no sólo fetos, sino principalmente la familia como el primer y más grande enfermo agente socializador que hay; no basta sino abortamos además la culpa, el amor romántico, la presión estética, la gordofobia, el capitalismo, el colonialismo, sino abortamos todo. DesEducarse, DesAprender, Destruir. No hay más. Y abortar, abortar, abortar, ese es el inicio del gran fin opresor.
LS.-Finalmente, me gustaría que te expreses acerca de cómo hacés para homogenizar unas lecturas críticas locales y un saber de las subalternidades propias de contextos no europeocéntricos cuando se nos dice todo el rato que las teorías post-identitarias y las desobediencias sexuales pertenecen a grupúsculos artistoides con pasaportes de privilegio.
FC.- Jajajaja. Yo llegué al feminismo “sin saber” nada de feminismo, déjame decirte, mi acercamiento fue mediante el psicoanálisis, en terapia, luego con activistas y onegeístas, y me maravillé, pero luego asenté muchas cosas en mi cabeza, y en retrospectiva miré mis viejas lecturas, miré mi infancia, mi adolescencia, entonces me dí cuenta que yo feminismo hacía desde que no permití, por ejemplo, que la mujer que me parió me pusiera unas botas de piel de víbora, porque yo “era hombre” y vivía en el norte, y entonces tenía que verme como charro o vaquero lógicamente. Oponerme a lo socialmente establecido con mi accionar y mi corporalidad, eso es un feminismo, ahí hay feminismo. Desde ese momento de remembranza consciente, empecé a abortar también toda la escuela, toda la teoría y toda la universidad que había hecho. El feminismo a la calle, con las mujeres y no mujeres de a lado, en el mismo piso, a pié; el feminismo con la experiencia de realidades sin libros, con las cotidianeidades de las que siempre han conocido la voz y rostro del opresor. El feminismo con no despreciar el conocimiento empírico de quien sobrevive todo este sistema. Así se podría comprender mejor tanto privilegio de “ir a la escuela y/o aprender en teorías”
El feminismo dejó de ser un movimiento para mí (gracias por conseguir que las mujeres votáramos y fuéramos a la universidad, pero perdón, no sirve mucho si hoy día mis opciones en esta democracia androcéntrica son votar por los mismos rateros, nepotistas y misóginos de siempre, ni sirve mucho poder ir a la facultad a que me viole un profesor con doctorado en Londres y me digan puta por denunciar), no lo vivo como un movimiento que busca iguales derechos blá, blá, blá, a mi se me hizo praxis cotidiana, porque ya lo había sido mucho antes sin ser consciente y darme cuenta. Mi práctica radical y ética no cabe en ningún libro, ni mi cuerpo, ni mi hacer diario.
Creo que no ocupé resumir u homogenizar textos ni las lecturas hechas, creo que lo que hice fue bajarlas del limbo donde las ponen todas estas gentes que piensan y sienten que publicar un libro o hacer la tesis y complejizar a Foucault o seguir a Preciado como los 12 apóstoles a Cristo es un activismo académico, las bajé y las aterricé en la señora religiosa de Puebla con dos hijos adolescentes, que fue a un taller mío, y terminó diciéndome luego de que les pregunto al final que qué pueden concluir de las sesiones, y ella responde: yo por muchos años me he visto obligada a tener relaciones con mi marido, pero ahora, luego de escucharte, sé que eso era violación, y que no tengo qué aguantarme ni siquiera por los hijos.
Y eso, querida, ya quiero ver que lo logré Marcela Lagarde dando conferencias rimbombantes en auditorios escolares, o la mismo Butler en una clase de la universidad. Lo quiero ver. Quiero ver que el activismo académico logré algo, un día.
Mientras llega ese día, yo seguiré acá, auto-abortándome y abortando todo.
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Frida Cartas (Mazatlán, México)
* La encuentran en Twitter como @friedducha
La cicatriz puede ser visible o no, puede ser física o emocional, pero habita en el cuerpo. A veces duele, a veces evoca la alegría de estar viva. Está ahí como parte de mí, me configura, me hace llorar, me hace sonreír. Me forja, me da identidad. Me recuerda erosiones, caminos recorridos y decisiones. La cicatriz siempre estará antecedida por la herida. Por eso, la cicatriz será poéticamente ambivalente. Reconocerla como propia, me da la posibilidad de re-encontrarme con mi pasado, curarme, reapropiarme de mi cuerpo y confiar en mí misma. “Aquí dolió, aquí sanó” dice Louis Madeira, pasado y presente se conjugan y laten en la misma piel.
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Laura Escobar Colmenares (Oaxaca, México) Feminista y Educadora comunitaria. Forma parte de las colectivas de mujeres Por Nosotras Mismas y la Red Trenzando Saberes. Le gusta leer, escribir, dibujar, tallerear, amar, viajar y comer (también beber). FB Lau Escol.
Marcas de nacimiento, de cicatrices, de vacunas.
manchas de sol, lunares,
marcas producidas por la ropa.
Lunares, moratones, venas, moratones, rasguños, picaduras…
Un cuerpo tiempo, todo sobre mi cuerpo.
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Charo Corrales trabaja la fotografía como medio de expresión. Como fotógrafa
explora de manera exhaustiva el autorretrato como medio de expresión, haciendo
de las instantáneas de su cuerpo, con todas sus cicatrices – las que se ven y las que
no pueden contemplarse-, una hermosa metáfora de la vida.
Creo que la manera más sincera que tengo de escribir
Es desde la incomodidad, o desde la tristeza.
Esto partió desde una incomodidad personal.
Realizando una acción, que en concreto no me incomodaba.
Lo que me perturbaba, era la elección de los espacios para realizar esta acción, ya que nuestras morfologías no son las mismas, nuestra anatomía no es la misma, por lo tanto, nuestras maneras de ejecutar una acción, y sentirla no son las mismas.
Comprendí que los lugares propicios para mí, no lo eran, en absoluto, para los hombres, o para quienes orinaron en dichos lugares.
Orinar sobre estas huellas puede que ni siquiera sea una manera de reivindicar el espacio,
pero es una manera de desdibujar las huellas inundándolas con las mías.
Al buscar huellas ya existentes en las que orinar, estoy buscando lugares donde estos hombres han decidido detenerse a hacerlo –orinar- y fue muy curioso, porque me sentí desafiada a hacerlo en lugares donde no me atrevería y donde decidí no hacerlo; justamente porque la acción se ejecuta de maneras muy distintas, en relación al tiempo, a las maneras de hacerlo, a la manera de exponerse o sentirse expuesto o expuesta –para mí-
Sin embargo, a medida que esto se convertía en una rutina de trabajo, vez tras vez las consideraciones del espacio, de los riesgos circunstanciales (policías, ladrones, moradorxs, gente que transita) cambiaron.
Porque ya no se trataba de una supuesta reivindicación falente de espacios, sino un estudio de los espacios, y como orinar funciona distinto en uno u otro espacio concretamente; incluso, porque los riesgos, como tales, significan de manera particular según el espacio.
A medida que trabajamos a diario, estudiando los lugares y la triangulación de:
Objeto -charco- cámara
Luz reflejo
Me di cuenta que ve más allá de los riesgos
Estuvimos, estamos, enteramente expuest=s a lo circunstancial.
Una peatonal, una principal, un parterre, un callejón se diferencian uno del otro, no únicamente por la manera en la que estos están construidos, también, porque de ello deviene la manera en la que la gente transita y se relaciona en estos lugares. Esto también se trata de como yo puedo significar un riesgo, o peligro para estas personas en estos espacios, porque ell=s significan un riesgo para mí, en tanto yo lo sea para ellxs.
Creo que lo que me aterra es que nos violenten.
La única manera de visualizar los espacios, es a través de esta acción.
Mi orina funciona como una suerte de ventana, o espejo.
El chorro, la caída, es el entre, de la acción y la reflexión.
Siento que este trabajo está enteramente expuesto a lo circunstancial.
-por otra parte pienso, “¿que no lo está?”-
-lo que tiene un control absoluto, o al menos, un grado de control-
Mi control se aloja en mi vejiga, en mis piernas y mi estómago.
Yo no alojo los espacios, alojo la posibilidad de verlos, y que estos existan a través de la reflectividad (reflexión) contenida en mi cuerpo.
Daya Ortiz Durán (Guayaquil, 1993) Nacida el 21 de Enero de 1993 en la Ciudad de Guayaquil – Ecuador. Actualmente estudia Artes visuales en el Instituto superior Tecnológico de Artes del Ecuador ITAE. Mención en Escultura y Video digital.
«Para aquellos momentos en los que las identidades me abruman, cuando me obligan a definirme y a responder a las preguntas ¿en qué eres experto, para que sirves, quién eres? Prefiero desdibujarme, huir, invocar la potencia del devenir»
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Viajero Sudaka nace a finales del 2015 durante una experiencia que comienza por Colombia y que, al día de hoy, continua hasta Mexico. Interesado en la fotografía callejera, en retratos y autorretratos de desnudos. Participa, además, en exposiciones y acciones colectivas en Nicaragua para la X Bienal de Arte Centroamericana. En ese mismo país abre un bar disidente en Estelí junto a amigos maricas. Durante los últimos meses del 2016 comienza a escribir poemas-canciones con las que aún no sabe que hará. www.viajerosudaka.tk
o http://viajerosudaka.hotglue.me
SI SU COMPA ARTÍSTICO, MIEMBRX DE SU COLECTIVO, COMPAÑÍA, BANDA, ESPACIO AUTOGESTIVO, GENERACIÓN DE ESCUELA DE ARTE… ES UNA PERSONA QUE HOSTIGA, ACOSA, ABUSA, VIOLA O PRACTICA CUALQUIER OTRO TIPO DE VIOLENCIA SEXUAL, LES TENEMOS 12 TIPS:
1.- Estírense, levanten los brazos, exhalen su macho interior y hagan consciente que la persona que hostiga, acosa, abusa, viola o practica cualquier otro tipo de violencia sexual es responsable de sus acciones; si ella sola agredió, ella sola que se defienda.
2.- Respiren 3 veces antes de justificar a su compa y absténganse de ser cómplices del hostigamiento, el acoso, el abuso o la violación a través de comentarios o pensamientos que intenten minimizar la situación como: “ay no exageren…”, “pero es muy chidx”, “pero pasó hace un chingo”, “estaba borrachx”, “ay pero si tiene pareja”, “es bien radical y progre”, “es poliamorosx”, “ay le quieren arruinar su brillante carrera…”
3.- Si se les entripa el comentario y les da reflujo tómense dos cucharadas de antiácido mientras repiten el siguiente mantra: “Desacreditar a lxs agredidxs contribuye a solapar a la persona que hostiga, acosa, ataca, viola o practica cualquier otro tipo de violencia sexual.”
4.- Prendan una veladora morada para que su compa que hostiga, acosa, abusa, viola o practica cualquier otro tipo de violencia sexual no se trate de respaldar en sus colegas feministas cuir/queer para que den la cara por él.
5.- Antes de defender inmediatamente a su compa o decir que “ya es mejor persona”, prepárense una taza de té de lavanda y tómense una pausa para confrontarlo con lo que hizo. Vean de qué manera pueden contribuir a que esos abusos no se perpetúen, por ejemplo, recomendándole una terapia o grupo de apoyo, mientras el grupo pide, también, una asesoría.
6.- Prepárense una taza de té de manzanilla y dediquen un tiempo a reflexionar que no es un problema singular sino sistémico y sistemático: En más del 80% de los casos, la persona agredida conocía a la persona que hostiga, acosa, abusa, viola. Además, la mayoría de las últimas no consideran haber cometido un acto muy grave. Se excusan de mil maneras, lo relativizan, lo justifican. Muchas usan también coacción, manipulación, alcohol u otras substancias, así viven con una conciencia sin perturbaciones.
7.- Dense un baño de agua fría y confronten el grave problema de abuso y agresión sexual en nuestros alrededores. No es fácil. La rendición de cuentas abierta por los errores que se han cometido es muy dolorosa. Pero es nada comparado con el dolor que se causó a lx(s) agredix(s) o el daño que su silencio causa al continuar defendiendo una cultura que permite que este abuso sea impune.
8.- Pónganse en posición de loto, tomen su tiempo para reflexionar pero no dejen pasar meses y meses. ¡Es una emergencia! Actívense después de la reflexión, prepárense una taza de té negro y trabajen en un comunicado o una acción pública; en particular si su grupo tiene una identidad pública. ¡OJO! No existen recetas, cada caso es distinto y es importante analizarlo en conjunto para llegar a tomar decisiones que lidien con la situación de manera interna y externa. Háganse cargo de las consecuencias. Sean responsables. ¡NO SE HAGAN GÜEYES, NO SE HAGAN GÜEYES!
9.- Si están en el reven y ven a una persona manoseando a otra que se encuentra muy borracha o drogada, respiren profundo, acérquense y pregunten si todo está bien. Si se dieron cuenta que la persona de su colectivo que hostiga, acosa, abusa, viola o practica cualquier otro tipo de violencia sexual tiene que cortar o reducir el alcohol u otras substancias, para mantenerse presente y tener auto-control, ayúdenla a hacerlo.
10.- Prepárense un té de ruda, y si lo consideran necesario, aborten a la persona que acosa, ataca, abusa, viola o practica cualquier otro tipo de violencia sexual.
11.- Invoquen a los 4 vientos con la conciencia de que esto seguirá sucediendo en cualquier dirección y cualquier galaxia, si no encontramos un camino más allá de la negación, el escándalo y la vergüenza. Incluso si la persona en su grupo nunca más hostiga, acosa, abusa, viola: si no intentamos todxs interrumpir el ambiente de silencio, aceptación y complicidad, esto seguirá sucediendo y habremos contribuido a que los abusos continúen.
12.- Abran las ventanas y hagan un sahumerio con salvia blanca en su espacio colectivo para contrarestar las malignas vibraciones y espíritus chocarreros, recuerden que el trabajo colectivo y grupal es político y de cuidados así que no se hagan güeyes. Y ser testigo o acolitar este tipo de prácticas les convierte en cómplices.
Una persona que hostiga, acosa, abusa, viola o practica cualquier otro tipo de violencia sexual no se hace y deshace de la noche a la mañana, necesita un trabajo constante consigo misma y ayuda profesional para el resto de su vida, de igual manera, su grupo afectivo cercano.
*Tu silencio no te protegerá. La transformación del silencio a lenguaje y acción es un acto de revelación y siempre parece estar lleno de peligro. Buscando la causa del silencio, cada unx de nosotrxs dibuja la cara de nuestros miedos – miedo de ser odiadx, miedo de ser censuradx, de ser juzgadx o reconocidx, de ser retadx, de aniquilación.—Audre Lorde
INVASORIX con sus amigxs imaginarixs terrícolxs Coco Fusco, Guerrilla Girls, Audre Lorde, Ana Mendieta, Ijeoma Oluo y Rita Laura Segato, sigue buscando planetas sin acosos, violaciones, hostigamientos, ni cualquier otro tipo de violencias sexuales.
Por Lucrecia Masson/ Ilustración: Yosjuan Piña Narváez
El rumiante es para mí una vaca. Siempre digo que durante mi infancia socialicé más con vacas que con personas. Eran los ‘80 en la pampa seca argentina, una región árida muy fría en invierno y muy calurosa en verano, una zona de extremos a pesar de presentar una geografía inquietantemente aburrida. Desde mis ojos de niña todo era inmenso y todo era igual a todo. Sería por eso que se dice; que la infancia es pura espacialidad, que no hay tiempo.
Las vacas pastaban, cada día hacían lo mismo. Yo pensaba si un día me pasarían cosas, si un día tendría una vida excitante como veía que era la vida de la gente de la televisión, televisión que solo podíamos ver si había habido el viento suficiente que cargara las baterías (en la pampa seca la luz eléctrica era un lujo de algunos) mientras tanto mi tarea, cada día y siguiendo esta misma idea de repetición en la inmensidad, era ir a buscar las vacas para que se acercaran al corral y así mi padre poder ordeñarlas. El andar de las vacas se quedó muy guardado en mis retinas, andan lento, andan juntas.
También vaca es un insulto al que siempre como gorda, temí. Qué paradoja que animales que me parecían tan lindas y eran mis amigas, fuera justamente un nombre que yo jamás quisiera escuchar sobre mi cuerpo. Era la injuria gorda. Franz Fanon dice que el lenguaje colonial deshumaniza al colonizado, propiamente hablando, dice, lo animaliza. Y que en realidad el lenguaje del colono, cuando habla del colonizado, es un lenguaje zoológico, que refiere constantemente al bestiario. “…esos rostros de los que ha desaparecido toda humanidad, esos cuerpos obesos que no se parecen ya a nada, esa cohorte sin cabeza ni cola, esos niños que parecen no pertenecer a nadie, esa pereza desplegada al sol, ese ritmo vegetal, todo eso forma parte del vocabulario colonial”1.
Entiendo el cuerpo gordo como un cuerpo colonizado, un cuerpo visto como inferior para una cultura donde la delgadez se ha impuesto triunfantemente. Un cuerpo para el fracaso, para la desaparición, un cuerpo erróneo, errado. Pero, y siguiendo a Fanon, el colonizado se ríe cuando se descubre animal en palabras del colono. Entonces digo: soy la vaca.
Busco en la animalidad mi propia enunciación. Soy un rumiante y oso desafiar los límites que se han (im)puesto a mi cuerpo y mi humanidad.
lentitud / animalidad / el estigma vaca / la carne /
el no saber cómo decir pero ir rumiando
Los rumiantes, como los bovinos, tienen un complejo sistema de digestión que les permite aprovechar eficientemente los nutrientes de los alimentos, inclusive los de baja calidad nutricional. La rumia debe hacerse en un lugar cómodo, plano, con sombra, para poder echarse. El rumiante procurará contar con las condiciones necesarias para poder rumiar cómodamente. Buscará entonces las condiciones de posibilidad, es decir lugar cómodo y seguro, entre afines que lo sostengan.
Muchas veces la carne de este rumiante duele. Sabe que hay dolores que se encarnan, que se vuelven carne y tejidos, tejidos sangrantes.
El rumiante es irreverente e iconoclasta.
No cree en ideas propias, se sabe no original. Sabe que siempre
que habla, traduce.
El rumiante apuesta por un ejercicio de invención política que es colectivo, siempre. Procura darse, para sí y su comunidad, herramientas, y entiende que estas herramientas no son algo a lo que se llega, sino que están en constante construcción.
En su acción de rumiar, rinde tributo al proceso y no al producto acabado.
El rumiante es precaria, y como precaria ha desafiado al futuro.
El futuro no es nuestro. No hay futuro. No hay tiempo.
El rumiante es lento.
Una vez escuché que Tolstoi se hacía fotos durmiendo. Y dicen que lo hacía para mostrar su distancia con respecto a esa sociedad que “avanzaba”, que iba hacia, que se volvía productiva, rápida. Los que quieran trabajar, progresar, enriquecerse serán los ganadores. Pero Tolstoi prefería descansar. Esto es algo que me contó una vez un amigo. He buscado referencias y no he encontrado nada. Tal vez no es verdad, tal vez es un mito. Pero no estoy preocupada por la verdad. Pienso, junto con el movimiento antropofágico2, que la verdad es una mentira muchas veces repetida.
La epistemología rumiante no rinde tributo a la visión lineal de la historia. El rumiante se echa a rumiar, y muchas veces también a dormir. No privilegia el estado consciente. Le gusta soñar.
Se trata de devorar y devorarse, de incorporar a la otra para hacerse con ella una nuevo cuerpo.
¿Cuál es el cuerpo del feminismo? ¿Puede hablar la vaca? ¿Puede el rumiante nombrarse a sí mismo? ¿Qué cuerpos pueden nombrarse a sí mismos? ¿Quién tiene la posibilidad de hablar sobre la verdad de las cosas? Hay sujetos con la posibilidad de producir verdad, de generar un relato donde se cuenta la verdad sobre el mundo, y otros que son actores en ese relato. Quienes pueden pensar la totalidad siempre ocupan lugares hegemónicos. ¿Cómo podemos las rumiantes ser también productoras de verdad?
Necesitamos nuevos modos de nombrar, arrebatar la posibilidad del relato a quienes cuentan nuestra historia. De ahí que la epistemología rumiante apuesta por que es posible pensar y generar relatos desde otros lugares. Desde la frontera.
La epistemología rumiante todo lo traga, todo lo mastica, se lo come todo. El rumiante es poligástrico y pasa todo por sus cuatro estómagos.
sangre de vaca / el cuerpo pulverizado /el campo / la vaca y el campo / el campo de batalla / la vaca y el alambrado / el alambrado como política de cercamiento / el alambrado como primer dispositivo que da lugar a la propiedad privada / la vaca loca / el miedo / el contagio / la carne humana.
Descomponer el mapa cárnico vital es un acto de vandalismo3. Y el rumiante es un vándalo.
El rumiante piensa más en el espacio que en el tiempo. Mas en geografía que en historia, y le gustan sobre todo las geografías de la carne.
El rumiante desborda, es excesivo. Su grasa chorrea, da asco.
El rumiante es la vaca, que no la perra. No es esbelta ni de movimientos calientes, su movimiento es tal vez menos sexy, pero la vaca también sabe “ir hasta abajo”4.
En este feminismo gordo que imagino, nadie duda en ser feliz en los desbordes y las extrañezas y nadie teme a los espejos. Pienso este cuerpo gordo y rumiante como un cuerpo que excede lo humano y que va hacia la máquina y va hacia la animalidad, aunque es más animal que máquina. Es contra la idea de eficiencia que el rumiante es menos máquina y más animal.
El rumiante devora lo que afecta a su cuerpo en su potencia vital.
Hay que permitirse ser afectado lo mas físicamente posible, tragar al otro como una presencia viva, absorberlo en el cuerpo, de modo que las partículas de su admirada y deseada diferencia sean incorporadas en la alquimia del alma, y así se estimule el refinamiento, la expansión y el devenir de uno mismo5.
Es así que el rumiante tiene una concepción devorativa de la vida, es antropófago. Busca dejarse afectar lo mas físicamente posible por la otra, hasta engullirla, devorarla, para componerse con ella.
Con el comienzo del siglo XX, la eficacia y la vivacidad se redefinen. El manifiesto futurista lo deja claro. Este manifiesto, de 1908 y escrito por Marinetti, es una oda a la velocidad, a la fuerza, al ser temerarios, al ser fuertes y jóvenes. Habla de corazones que no sienten fatiga alguna, de valor, de velocidad, de vencer.
“Nosotros afirmamos que la magnificencia del mundo se ha enriquecido con una nueva belleza, la belleza de la velocidad. Un coche de carreras con su capó adornado con gruesos tubos parecidos a serpientes de aliento explosivo… un automóvil rugiente, que parece correr sobre la ráfaga, es más bello que la Victoria de Samotracia.”6
Nuestro rumiante no se apura, se resiste a la velocidad, y tampoco quiere vencer.
El método rumiante es:
lento, perezoso, poco productivo, poco sexy, grande, excesivo, de cuero muy duro, poco delicado, poco refinado, camina lento, es ocioso, dejado, abandonado en sus formas
El rumiante rechaza la concepción del tiempo y de la historia basada en el progreso. Rechaza la idea de un tiempo cronológico, unilineal y medible.
El rumiante no cree en metas.
No piensa que los finales deban ser necesariamente placenteros ni felices. No piensa en el orgasmo como consumación exitosa de un encuentro sexual, ni en una orgía como el espacio último donde los cuerpos se liberan y se entregan a los placeres.
Sabe que si el metro se está yendo, no llegará a cogerlo. Que si se trata de salvarse nadando; se ahogará. Que si hay que correr de la policía; recibirá el porrazo seguro.
El pensamiento rumiante tiene estrías que son grietas donde habitan sus contradicciones. Es la carne dividida. Las marcas quedan y las estrías surcan la piel.
Es rumiante porque rumia, porque tarda en digerir. No es segura, ni rápida, ni eficaz. Necesita mirar las condiciones para su digestión, sabe que las condiciones no le son favorables, por eso mastica y mastica.
El rumiante tiene intuiciones y las sigue. Frente a la
grandilocuencia de una declaración de intenciones, nuestra vaca
propone una declaración de intuiciones.
Apuesta por las visiones parciales y las voces titubeantes. El rumiante puede ser también tartamudo.
La epistemología rumiante rechaza los rígidos discursos de la salvación. Y cree que hay muchos relatos posibles. Hay tantos relatos gordos como gordas hay.
El rumiante busca poner bajo sospecha el orgullo y las políticas de reconocimiento. Asumiendo el orgullo como una forma de felicidad heroica, se propone cuestionar esta idea de que toda felicidad o disfrute del cuerpo pasa necesariamente por estadíos de superación.
El rumiante no es un súper-heroe, ni podrá serlo jamás. ¿Has visto alguna vez un súper-heroe gordo?
El pensamiento rumiante activa la máquina de deglución humedeciendo la boca con saliva. Prepara la lengua y todo lo traga. El rumiante devora. El rumiante mastica. El rumiante vuelve a la boca lo que ya pasó por sus cuatro estómagos, y hoy, regurgita.
El rumiante no consume. El consumo tiene que ver con la velocidad, con como se percibe y vive el tiempo. El rumiante rompe con las lógicas de productividad y velocidad. Y aquí está su resistencia. Sabe que hay algo del placer de la lentitud que nos salva.
El rumiante no consume pero si es cruelmente consumido y el feed lot representa sus pesadillas.7
El rumiante tiene un ritmo y ritualiza su ritmo.
El rumiante curiosea. Conocer es comer y masticar. Rumiamos colectivamente. Logramos un ritmo, lento siempre, de ese rumiar.
El rumiante incorpora a su método la percepción corporal, y si la tormenta será brava sabe que solo se salvará reuniéndose con el resto de vacas, agrupándose. Las vacas afrontan la tormenta en movimiento y aguardan juntas. Mi padre que trabaja con vacas desde que tiene memoria, me contó que ellas predicen las tormentas de granizo, que son las tormentas más duras, que destruyen sembrados si están muy altos. Las vacas saben que caerá piedra y empiezan a correr por el campo, ellas generalmente no corren, pero cuando caerá piedra saben lo que hay que hacer. Corren desesperadas por el campo, de una punta a la otra, me explica mi padre. De esta manera todas están enteradas de lo que se viene. En el momento de estar casi por caer la piedra, se agrupan en círculo resguardando las cabezas, un círculo de vacas que agachan la cabeza y ponen el lomo para soportar la piedra. Así las vacas se salvan, juntas, y sus lomos curtidos soportan la piedra. Si se han encontrado, ninguna morirá. Los lomos se golpean pero resisten.
El rumiante cree en los feminismos que se abren a las posibilidades de transformar la propia vida.
El rumiante es también un herrero. Forja herramientas, éstas se forjan a fuego y machacando. Con esta técnica nuestro rumiante busca hacerse de una serie de artefactos/utensilios/ herramientas políticas y colectivas, con las que sobrevivir.
Somos rumiantes cimarronas, y nos escondemos tras los árboles, pastando y aguardando el momento, algún momento.
El rumiante,
su carne,
su cuero,
su lengua,
su grasa,
y sus cuatro estómagos,
reclaman soberanía.
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1 Fanon, Franz, Los condenados de la tierra, p. 206
2 El movimiento antropofágico es una corriente artística que tuvo lugar en la primera mitad del sigo xx en Brasil. Este movimiento recoge como metáfora la actividad canibal desarrollada por la comunidad Tupinambá, que consistía en devorar a sus enemigos con la intención de incorporar, a través de ingerirlos, ciertas caracteristicas de éstos como la bravura, la fuerza, el corage y el conocimiento de su comunidad. Si opinaban que el enemigo capturado no contaba con estas características, pues no lo comian.
3 flores, valeria, Deslenguada, p. 65
4 El “hasta abajo” es el movimiento de mayor destreza y sensualidad del perreo en el reggaeton.
7 El feed lot es la técnica ganadera más efectiva hasta el momento de explotación de los animales vacunos. Las vacas se encuentran en filas y van comiendo, sin posibiblidad de moverse, de unos comederos alargados del que cada una debe comer sin parar con el fin de engordar para ser vendidas al mayor peso posible. Sirva esta imagen de metáfora para señalar las técnicas de normalización a las que nuestros cuerpos son sometidos.
**Para tener el fanzine de Lucrecia Masson, con todas las ilustraciones de Yosjuan Piña Narváez, escribe a: lucreciamasson@gmail.com, o vía FB: Lucrecia Masson
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Lucrecia Masson. Activista feminista. Sudaka y gorda en descolonización. Pasó su infancia entre vacas y cardos rusos, un día dijo que quería ser bailarina y sus padres, que sabían sobre el mundo, le dijeron que el cuerpo no le daba. Más tarde cruzó el charco y ya en las europas se enteró que hasta las personas podían ser ilegales. Actualmente, desde Barcelona y ya con papeles en regla, dialoga y acciona en torno a corporalidades disidentes y afectos, apostando por generar alianzas desviadas y por asumir la tarea colectiva de darnos existencias más posibles y felices.