Abrir publicación

La mascota de mi hijo

Waiting for love. Sue Williams
Waiting for love. Sue Williams

Por Rocío Prieto Valdivia

El día que Rulo llegó a nuestro hogar mi hijo de tres años lo veía con recelo porque en un dos por tres esa bola peluda se había apoderado de su rincón favorito, dejando pelos por donde pasaba. Hasta tenía un plato especial, cosa que a mi pequeño hombre del espacio no le hacía ninguna gracia; el día que Rulo mordió su astronauta favorito fue el acabose. El pobre perro asustado se fue a esconder bajo las faldas de mamá Chanita, y ella, gustosa, se imaginó que papá Pantaleón le acariciaba las piernas. Aquel roce le recordó el día en el río, cuándo él la hizo suya por vez primera; sus grandes enaguas se teñían de carmesí, sus pechitos rosados se abrieron cual capullitos de alelíes en primavera; el abuelo ya le había puesto el ojo esa tarde de mayo en la placeta del centro artesanal, donde mi abuela vendía sus servilletas bordadas, algunas con canastas de frutas otras con pajarillos de colores. Ella con sus grandes ojos color topacio era la sensación del lugar, y todos los mozuelos estaban locos por la hembra más linda del pueblo; pero fue aquel soldado que parecía salido del ejército trigarante quién con su uniforme impecable y su caballerosidad conquistaría a la abuela.

Mi hijo dio un grito: Rulo has masticado a mi astronauta. Y un balde de agua fría hizo que mamá Chanita despertará del letargo en el cual estaba inmersa. A paso lento se levantó de la silla; caminó un par de pasos, cogió la fotografía de mi abuelo, y se sentó en la buhardilla de la casa. Corrí para sentarme a su lado, me gustaba escuchar las historias de mi abuelo Pantaleón.

Mi hijo terminó por aceptar a Rulo. Años más tarde mamá Chanita se durmió, y no despertó más; dejó una carta en la que pidió disculpas a papá Pantaleón por haber gozado las lamidas de Rulo en su muslo izquierdo.

[divider]

RocioRocío Prieto Valdivia. Mexicali, B.C., 1974, Promotora de Lectura.

Abrir publicación

La tercera pregunta

¿Qué sigue? - por Sue Williams
¿Qué sigue? – por Sue Williams

Por Araceli Zúñiga Vázquez

La vejez femenina. La considero una de las mejores etapas de nuestra vida. Corría el año de 2004, era el Congreso de Semiótica y Cultura de Masas, en Monterrey. Le correspondía dar su conferencia a una mujer de cierta edad, con esto quiero decir más de 70 años… ¿cuántos más? Pues no lo sé, entre 70 y 80. Esposa y compañera de un filósofo alemán muy prestigiado cuyo nombre no recuerdo. Ella iba en representación de este hombre y de ella misma, filósofa también, por supuesto. La traducción sería al inglés y al español, pues ella únicamente hablaba alemán. Subió, pues, al estrado con un manojo grueso de hojas. Se notaba algo rígida y nerviosa: estaba en otro país, con personas diferentes que hablábamos otros idiomas y el tema de la charla era muy complejo. Lo comprendimos. Estaba muy lejos de casa. Por fin se hizo un silencio precursor para escucharla. Ella se acomodó mejor, carraspeó un poco y, en un movimiento involuntario, salieron todas las hojas volando, liberadas como palomas blancas por todo el recinto. Imposible recuperarlas en el orden establecido. La situación se tornó incómoda pues la conferencia estaba, por lógica, arruinada. Ella se levantó, hizo un breve movimiento de cabeza como despedida y se retiró a su habitación del hotel. ¿Qué hacer? Me llamaron de inmediato para subir a su habitación y ver cómo estaba. La encontré sentada en la cama, sin zapatos, los cuales señalaba de manera obsesiva. Balbuceaba. Yo solicité de urgencia la presencia del médico del hotel. Ella no estaba bien. Traté de acercarme y abrazarla pero no me lo permitió. Lo único que quería eran sus zapatos. Llegó el doctor y, en inglés, le pregunto tres cosas: su nombre, país donde se encontraba y su edad. Ella respondió, pero al llegar a la tercera pregunta, con énfasis dijo: 35 años. Regresó a Alemania de inmediato, con una acompañante, y no supe más de ella. ¿En qué momento, me pregunto, yo responderé a esa tercera pregunta? No lo sé, pero cuando llegue, espero comportarme con decoro, con mis 35 años de vida, asumidos con dignidad.

[divider]

AraceliZAraceli Zúñiga Vázquez. Investigadora/Guionista de radio y televisión educativa y cultural. Escritora. Poeta visual. Apasionada de la escatología y del boxeo, mismo que practica con un instructor que la califica como una fajadora. Editada varias veces por la UNAM y la SOGEM. Prepara un libro sobre Poesía Visual y otras insolencias.

Abrir publicación

Los cuidados de Higinia

Por Izeguanita Pitumayo

Ayer fue el cumpleaños de mi abuela y no fui a verla, ni el año pasado. No voy por varias razones: porque me duele verla, porque me duele ver la casa de mi infancia que tanto amor me dió toda desvencijada y llena del odio de todas mis tías. Es bien duro ver destruído algo que te sostuvo tanto. No solo la casa, también mi abuela, que no está destruída pero sí desconectada. Hace dos años decidió ir perdiendo la memoria paulatinamente. Estoy segura que muchas de las enfermedades mentales son enfermedades del alma. Mi abuela decidió irse poco a poco. ¿Cuándo tomas la decisión de desdibujar los recuerdos? ¿Qué tan agobiante debe ser el dolor para destruirl la percepción del tiempo y el espacio?. Y claro, también están las cosas tangibles: La vejez, el cerebro que necesita ejercicio o va perdiendo forma. Mi abuela es un roble: grande y prolija. A los 16 años se fue de su pueblo y se vino solita a la ciudad.En su primera juventud vivió en casas de varias señoras que la acunaban a cambio de su trabajo. Conocía el centro historico muy bien y tiene una astucia para los negocios que nadie en la familia ha podido emular. A los 26 años tenía su propio negocio: una cremería en la que ella era la administradora principal. Tuvo a su primera hija a los 25 años. Siempre me llamó la atención el hecho de que en relación a la época mi abuela se casó muy grande. Siempre tuvo negocios mi abuela: la cremería, vendía colchas y hasta cosméticos, luego tuvo una fonda y solía comprar terrenos para revenderlos, construir casas para venderlas o rentarlas. No le gustaba maquillarse ni era vanidosa. Odiaba las fotos o los videos. Yo la recuerdo desde niña con el cabello corto o semicorto, la cara limpia y el olor a manteca o cebolla. Mi abuela siempre olía a guisos. Sin embargo le apasionaba muchísimo todo lo que tenia que ver con la construcción: siempre andaba mandando albañiles y proyectando espacios. Le apasionaban los negocios: siempre se imaginaba lo que podía vender y como podía hacerlo. Ella administrando el dinero de mi abuelo construyó todos los bienes que disfrutaron sus hijos , hijas , nietos y nietas. También amaba la cocina, muchísimo. Tenía una sazon muy original que no he vuelto a encontrar: sabores fuertes y rotundos. Su arroz era mi favorito, pero la gente amaba su mole de olla, la cochinita pibil y su mole verde. Yo no cocino pero lo sé hacer porque ella me enseñó y me dejó el buen sazon. Me enseñó muchas cosas mi abuela: a coser, a lavar los calzones con jabon y dejarlos al sol, a medir los insumos de la cocinada y practicar el sazón. A ser fuerte y mandona, a ser «abusada» y andar en todo, a tener el control de mis «dominios. Pero creo que lo que más me transmitió fue el mandato y don de cuidar a los demás, a las demás, cuidar a mis hermanas, hermanos, amigas,madres . CUIDAR.Mi abuela me enseñó a practicar el cuidado, porque además ella me cuidó. Le marqué y me dio tristeza escucharla, no sé si me reconoció pero me dijo que estaban sufriendo , que a que hora iba a ir por ella/ ellos. Creo que no puedo rescartarla, ni siquiera devolverle los cuidados que ella me dió, pero su herencia vive en mí, y de alguna forma yo cuido a otras personas.También me ha enseñado una lección permanente de confianza en las capacidades: Si ella que no tenía nada, una mujer rural con muy poca educación pudo tener varias familias, construir bienes, viajar a distintos países y dejar un legado,aprovechando su enorme astucia y su gran inteligencia. ¿Por qué yo o cualquiera de nosotras no podría hacerlo?

[divider]

ItzeItzel Arcos. Nació en la ciudad de México en agosto de 1988, standupera, actriz y escritora, se dedica a impulsar las artes escénicas y narrativas a partir de la autobiografía.

https://www.facebook.com/mecortounachichi/

https://www.facebook.com/Guanitumayo-Producciones-569839656435223/

Abrir publicación

Devenir vieja

Por Erika Bülle

Los estados y etapas del cuerpo en muchas de las ocasiones son pasadas por alto o nos empeñamos en poner atención a solo una de ellas.

Con una precisión desmesurada, el reloj biológico de mi cuerpo marcó a los 45 años cambios notables, mi piel flácida y gorda, ahora con todos sus pliegues, también mostraba resequedad; ligeras escamas se desprendían de mis brazos, la comezón intensa me provocaba laceraciones por el rasquido de mis uñas al dormir, nunca había usado crema corporal, ahora es un hábito.

Al llegar a los 48 años, esa resequedad se apropió de mis entrañas, una vagina sin lubricación, ante la respuesta de la ginecóloga: “está joven aún, pero por sus antecedentes familiares podemos anunciar la premenopausia”. Pensé que esto solo se refería a la próxima ausencia de la menstruación, lo cual confieso me entusiasma. No más sangrados abundantes, no más problemas con el mioma que tengo desde hace años, no más preocupaciones por manchar un sillón ajeno o un pantalón claro. Sin embargo no solo se trata de la ausencia de la menstruación, sino que junto con las irregularidades vino la pérdida de algunos recuerdos, acontecimientos y personas que vivían en mi mente de forma nítida: ahora las olvido con facilidad. Extraños sentimientos de ansiedad llegan por momentos, deseo gritar, caminar, hacer las cosas más rápido. Me gusta lavarme las manos y los dientes con extremada frecuencia, mis articulaciones rechinan un poco, y esa gran ola de calor que aparece sin avisar, me quema y hace evidente que algo pasa con mi cuerpo. Pero las ganas de amar y ser amada no han desaparecido.

Me emociono con facilidad y lloro constantemente, atravieso depresiones sin justificación y las disfruto, disfruto de los momentos de madurez que la cercanía con la vejez me han dado, disfruto de mis canas plateadas que cubren casi toda mi cabeza, disfruto de las nuevas arrugas que aparecen en mi rostro, de cada lágrima que me sale por la felicidad o la tristeza de de alguna noticia que me conmueve.

Aún así no dejo de pensar, en unos pocos años ¿qué va a pasar conmigo?, cuando tenga 60 años y no solo el cuerpo anuncie mi vejez, sino también el rechazo social con el que tendré que enfrentarme. A diario debo ganar una batalla contra la discriminación a mi cuerpo gordo, ¿ahora vendrá una segunda batalla?, me es imposible no pensar en la cantidad de viejos con los que me encuentro cuando voy al supermercado, aquellos que deberían estar gozando de una pensión que el sistema les negó, ¿serán profesionistas? ¿a cuántas personas habrán cuidado? ¿qué experiencias valiosas tendrán por compartir? ¿serán empacadores para “sentirse útiles”? como si la palabra vejez fuera sinónimo de inutilidad, han quedado desatendidos y el sistema los ha dejado a la mano de la sociedad civil. Nuestros pesos son su sueldo, el supermercado no les ofrece ningún tipo de prestación, no hay seguro médico, ni aguinaldo, ni vacaciones pagadas; el despiadado capitalismo en el que vivimos ha decidido explotar a estos cuerpos, mano de obra gratuita, mano de obra de desecho. ¿A cuántos viejos exitosos conozco? Afortunadamente a muchos, sin embargo no son suficientes.

Sí, es verdad, parece una visión fatalista de la realidad, pero cuál será mi destino, el destino de mi pareja, el destino de mis amigos, en una sociedad donde el ser viejo no es sinónimo de sabiduría, ni de maestría sino por el contrario, la vejez es experimentada en nuestro país como un proceso del cuerpo que nunca debió suceder, aunque portemos el orgullo de serlo.

Erika Bülle. Nació el 9 de junio de 1969 en la Ciudad de México. Actualmente estudia en la UNAM, Doctorado en Artes y Diseño en el área de performance. Trabaja sobre la problemática de los cuerpos gordos, obesos y con sobre peso en México, y la discriminación hacia esta disidencia. Tiene 25 años de experiencia en el arte de performance. Fue miembro del grupo SEMEFO desde 1990.

Link de página personal: http://erikabulleperformer.blogspot.mx

Abrir publicación

La primera cita con el bisturí

Por María Candelaria May Novelo

Imagen: Infografía de María Suero*

La mañana recibió al nuevo día bajo un alegre y cálido sol. Mariana estaba ese día ¡mucho más feliz! La fecha ya de por sí era festiva y anunciaba algo que ella llevaba meses esperando: era 15 de diciembre y con ello el cobro de su aguinaldo. El año pasado recibir su aguinaldo significó poder pagar sus estudios de posgrado.

Este año su aguinaldo tenía otro destino: pagar su primera cirugía plástica. En los primeros meses del 2017 y sin la centralidad de sus estudios de posgrado en su pensamiento, una buena mañana de febrero justo cuando estaba a punto de cumplir 48 años Mariana se vio frente el espejo y sobredimensionó las marcas del tiempo y su edad en su rostro. Desde ese día ya no tuvo la misma tranquilidad al hacer la misma acción: cada vez que se miraba al espejo las marcas de sus constantes sonrisas le recordaban en su rostro no las muchas alegrías vividas y disfrutadas, sino los surcos que como milpa incipiente estaban ahí para que a diferencia de la milpa, que al removerse la tierra para prepararla para el siguiente proceso de producción desaparecen, las marcas en el rostro de Mariana se harían más profundas cada vez y eso le agobiaba más.

El cobro del aguinaldo significó para Mariana contactar al cirujano, pasar por la primera cirugía, el periodo de recuperación y el proceso de culpa posterior por haber hecho tal acción: ahora se sentía conflictuada entre su ser feminista y haber sucumbido al deseo de querer recuperar una imagen más joven de la que por su edad ya tenía.

Mientras en su cama guardaba el reposo indicado por la cirugía que le realizaron, Mariana se decía a sí misma: “Quise sacudir de mi mente las presiones que ejercían esas marcas ya evidentes en mi rostro y mi mirada sancionadora cada vez que me miraba al espejo, más no pude”, y esa flaqueza le producía cierto malestar con el que ahora tendría que vivir.

Y así recibió e inició el siguiente año Mariana: entre la culpa generada por su atrevimiento de realizarse una cirugía y la confrontación con su formación feminista, Se veía ahora con mirada de reproche y se cuestionaba cómo podría abordar el tema del cuerpo como objeto ante este sistema patriarcal si en ella estaba la prueba de que el deseo de permanecer joven había sido tan fuerte que abonó a ese sistema que nos cosifica a las mujeres.

[divider]

candelariaMaría Candelaria May NoveloActivista por los derechos humanos: una vida libre de violencia para las mujeres, el respeto a la diversidad sexual, la lucha en contra del acoso callejero, un aborto libre de prejuicios y un alto al abuso sexual infantil le comprometen, por ello dentro de sus compromisos como activista feminista por los DDHH el tema de la niñez, adolescencia y las mujeres es importante.

Facebook: María Candelaria May Novelo.

Twitter: @florenciabonita

maría sueroMaría Suero. Suero nace en Huelva, AndalucÌa, España, en 1978. En 1998 se matricula en la única academia de Bellas Artes de la ciudad, al tiempo que empieza Magisterio. Años mas tarde, estudia Cerámica artística. Desde el año 2002 participa en exposiciones en salas dentro y fuera de Huelva, tanto individuales como colectivas, en las que se puede contemplar: dibujo, infografía, cerámica e instalaciones.

Abrir publicación

Estoy sufriendo por ti

sobre-la-cara
Fotografía: E.Ross

Por Berenice Vargas García 

*Este escrito es la recreación de una charla que mantuve con una mujer afromexicana de la Costa Chica de Oaxaca, en el 2013. El título está tomado del bolero costeño del mismo nombre, compuesto por Emiliano Gallardo de Los Cumbieros del Sur.

Yo lloro mucho ¿sabe?

A lo mejor usted piensa que lo digo porque estoy borracha, porque me gusta tomarme mis cervecitas, así como hoy, cuando el calor castiga. Pero no es por eso, o sí… pero no nada más.

Yo lloro todos los días, desde que me levanto y hasta que me acuesto. La vida se me iría en lágrimas si no fuera porque vengo aquí y me echo mis cervezas. Canto, me río tantito pa’ que se me olvide ¿sabe?

Tengo razón en llorar. Porque soy pobre. Porque soy fea, vieja, negra. Porque soy sola.

¿Mi marido? me dejó con mis niñitos y se fue con una de sus queridas. Estaba yo jovencita, y como pude le hice para crecerlos. Ahora que hicieron su vida me dejaron también. Ya casi no me llaman, ¡menos vienen a verme! Se fueron pa’l norte, al pueblo ya no regresan… ¡ni esperanza! Le juro por Diosito que no fui mala madre.

Yo como puedo vivo y me mantengo: le ayudo a una señora de por allá, que hago mis tortillas, mis tamales y vendo… Porque yo soy pobre, mi niña, ya se lo dije. Aquí mi amiga me fía mi mamadera, ella sí me quiere y yo la quiero mucho a ella. Y así vivo como puedo, que no como quiero, pero vivo.

Seguro que usted no llora como yo… ¡mírese! tan jovencita, tan bonita y blanquita… ¿la han de pretender mucho verdad? ¡Uy! pero no les crea, son mañosos ¡si lo sabré yo! Porque así como me ve, de vieja y fea, también me perseguían cuando era muchachita. ¿’Ora quién me mira siquiera? No, pa’ las viejas no hay amor. El de los hijos y los nietos nomás. Pero para mí ni eso, nada.

Yo he oído que dicen de las mujeres negras que somos alegres, que la mujer costeña es arrecha, que ji-ji y ja-ja. Y no mi niña, también sufrimos, sufrimos mucho.

Yo por mi color, que está feo… dicen, por lo oscuro, por mi pelo canoso y cuculuste. Porque me puse gorda y vieja, arrugada como chayote pasado. Soy sola, soy muy sola. Y lloro mucho, ¿ya le dije?

¿Le gusta la música? Es bonita. La hace a una acordarse… aunque sea de cosas tristes, pero el recuerdo es todo, mi niña. Yo pienso en mis hijos, mis niños. Y lloro. Hay una cancioncita de por acá que dice: “estoy sufriendo por ti, desde que tú te marchaste, por las noches yo en ti pienso, pienso que ya me olvidaste… mi vida regresa pronto, que yo aquí te esperaré”.

[divider]

BereniceBerenice Vargas García (CdMx). Antropóloga por la Escuela Nacional de Antropología e Historia y la UNAM. Su trabajo se centra en el estudio de la otredad, la música, el arte verbal, las afectividades y los movimientos sociales de reivindicación. El centro de todo: lxs afromexicanxs, particularmente de la región de la Costa Chica.

https://www.facebook.com/laberinais

Abrir publicación

Mirando nuestro envejecer

Donau. Elizabeth Ross
Donau. Elizabeth Ross

Por Esmeralda Vizcaíno

Cierro los ojos y floto en el agua. No hay dolor, no hay resistencia, el movimiento es suave, fácil, el cuerpo sigue a la mente y la alegría me hace sentir libre. No hay frontera, en el agua mi mente vuela como cuando mi cuerpo podía correr, doblarse sin saber lo que era el dolor, la contracción.

Mi cuerpo se ha arrugado, el deterioro de la carne, de los huesos, es implacable, pero ya no me perturba. Hace mucho que dejé de teñir mis canas, hace mucho que dejé de pasar frío para estar más guapa, hace mucho que la única coquetería que mantengo es pintar mis ojos con khol. Eso sí, cuando él llega a mi encuentro, en el palmeral donde nos encontramos por primera vez hace más de cuarenta años, me gusta que se zambulla en mi mirada y el khol resalta el verde de mis ojos que no han perdido la ilusión, a pesar de todas las lágrimas derramadas por las innumerables pérdidas que traen consigo las mareas de la vida.

Voy hasta el huerto y quito malas hierbas alrededor de las tomateras, preparo la tierra para las próximas semillas que acogerá y la tierra me susurra alguna historia que más tarde escribiré sentada en la terraza, bajo la sombra del jazmín, la parra y la pequeña rosaleda. Un nuevo cuaderno forrado de tela me llega desde la vieja Europa de una de mis amigas con su carta, una carta manuscrita que nos recuerda a nuestra juventud, cuando no existían los ordenadores y nos carteábamos. Me la llevo conmigo y la abro sentada bajo las palmeras, frente al riachuelo en el que las mujeres jóvenes lavan la alfombra sumergiéndola en el lecho y pisándola descalzas mientras danzan. El leve chapoteo y sus risas es el eco que le describiré cuando le conteste. Abro el sobre y lo acerco a la nariz, huele a incienso y a perfume. Saco el papel y veo como su letra sigue siendo clara, con un leve temblor, pero nítida, elegante, suave, la tinta se desliza por el papel como la tenue caricia de sus labios cuando nos encontramos frente a frente y tras reconocernos la una en la otra nos besamos y abrazamos fundiéndonos en un abrazo largo, firme y acogedor. Me alegra saber que este año vendrá dentro de tres semanas a visitarme. Leo y releo su carta hasta un par de veces. La meto en el sobre y huelo su perfume, cierro los ojos y la siento aquí al lado. La guardo para volver a leerla más tarde, en el silencio de la hora de la siesta, cuando me disponga a contestarle con mis lacres, papeles reciclados y mis dibujos trazados con henna.

Por la tarde iré a dar un paseo hasta el zoco a ver con qué me sorprende hoy, quizás encuentre un olor que me guie hasta el regalo perfecto para mi amiga. O puede que simplemente me siente en la terraza del café a tomar té y charlar con los hombres para los que sigo siendo la extranjera que se vino a vivir aquí la vejez. O quién sabe, puede que acabe encerrada en una Madrasa o en el hamman con otras mujeres disfrutando de un buen baño, con un masaje que alivie un poco el dolor de mi espalda.

Cada día me tomo un té contemplando la luz irse en el horizonte y enciendo una vela con barritas de incienso en el pequeño altar donde ofrezco a la energía creadora ofrendas de flores, olores para que mis seres queridos encuentren descanso y luz.

Ahora voy más despacio, pero llego a tiempo, no me dejo arrastrar por preocupaciones, tendrá que ocurrir lo que tenga que ocurrir, hoy por fin siento que cada día es una vida entera.

[divider]

EsmeraldaVizcainookEsmeralda Vizcaíno. Oviedo (Asturias. España 1970). De profesión maestra y de vocación escritora, viajera y fotógrafa. Ha publicado en diferentes revistas españolas, en Miami y participó en Encuentros por Ciudad Juárez y mantiene los blogs http://jardinesdeariadna.blogspot.com y http://esmeraldavizcaino.blogspot.com

 

Abrir publicación

Te llegó el invierno

chapin_aleah_twoness
Twoness, Aleah Chapin

Por Yukii Moon

                                         Te llegó el invierno

¿Recuerdas tu estación favorita del año?

Amabas el frío, no transpirabas,

El helado clima te justificaba

Y podías usar prendas cómodas y holgadas

 

¿Por qué ahora te aflige la escarcha?

Esa que se forma a base de la experiencia,

En ese árbol maduro, la nieve

apenas se asoma en aquella bella copa

 

en el verano hiciste un pacto con Peter Pan,

a cambio de un par de sonrisas y de inmadurez

tendrías una piel tersa, y una actitud aventurera,

el tiempo se contaba de ida, nunca de vuelta

 

luego llegó el otoño, un poco renegado,

entrometiéndose en la firmeza de tus muslos,

atacando sutilmente tu ego absurdo,

el mundo es de los jóvenes decías con disimulo

 

y te llegó el invierno, en tu mejor momento,

le has recibido con una cálida taza de té

y una que otra cicatriz que no es visible,

marcas de la guerra de la primavera

las flores que te regalaron después de las traiciones

y las espinas de aquellas pobres

perdiste la cuenta de las lágrimas caídas

pero aprendiste a valorar más tus sonrisas

 

te llegó el invierno, un poco brusco,

te ha obsequiado un par de líneas

aun no lo entiendes,

por dentro eres una niña

hermosa flor de nieve,

la noche apenas comienza

y tu figura sigue tan plena,

la vida también sabe buena después de las nueve

Yukii Moon. No me considero escritora ni nada por el estilo, solo cambio las emociones por palabras que surgen en el momento. Amo cocinar, trabajo en una pizzería de mi zona, me encanta mi trabajo. Mi nombre es Leslie R. González, para los amigos Yukii, y vivo en la ciudad de Tijuana.

Página personal: https://www.facebook.com/YukiiMoonSoloasi

 

Abrir publicación

Mi teoría evolutiva

O'Keeffe_Georgia_Ram's_Head
Georgia O’Keeffe. Ram’s_Head

por Cynthia Pech

La aridez del desierto

ha carcomido los huesos de la historia

replegándose hacia sí misma

con riesgo de extinguirse

de lo que quizá sea una parte

del llamado proceso evolutivo

y ahí en la nada

lo que queda es solo vestigio

 

Un fósil                                     una pista siquiera

con estudiosa erudición

mostrará científicamente

que el tiempo es implacable

donde el supuesto de finitud olvida

el impacto de los peces                                   los mares

mi cuerpo             mi goce

Un canto en plena evolución

[divider]

[1] Poema que forma parte del poemario Raíz de un instante, Verso Destierro, México, 2014.

[divider]

CynthiaCynthia Pech. Ciudad de México, 1968, Poeta, académica y feminista autónoma. Doctora en Filosofía, por la Universidad de Barcelona. Profesora-Investigadora de tiempo completo en la Universidad Autónoma de la Ciudad de México. Desde el año 2000 pertenece al consejo editorial de la revista Blanco Móvil. Su poesía ha sido publicada en México, España y Estados Unidos. Su último poemario, Raíz de un instante, fue publicado en 2014. También es autora de Fantasmas en tránsito, prácticas discursivas de videastas mexicanas, 2009.

Abrir publicación

ORGULLO RUCO

Para celebrar el sereno orgullo de la ruquez, ponemos a su disposición esta camiseta diseñada especialmente para esta edición # 25, una creación de Alonso Ross.

Pueden hacer sus pedidos, los precios varían según tipo de camiseta y color. El básico es el blanco o gris, que salen a sólo 250 pesos, precio para quienes leen Hysteria!

Se mandan a hacer tandas de 20 camisetas para que sea costeable, tengan paciencia y amor :).

La tarjeta para depositar es: Banamex 5294 1672 2047 2195 en su oxxo más cercano.

Pídela por medio de mensajito al FB: Hysteria! Revista

[divider]

alonsookAlonso Ross. Dibujante y escultor nato, trabaja el cómic con diferentes técnicas, del dibujo a la escultura, el óleo y el pastel a la animación. Publicó sus monos por un tiempo en La Jornada, trabaja en varias animaciones y pelis, crea Ross Cómics junto con su hermano y publica la primera parte de una ambiciosa novela gráfica llamada Isla Paraíso.

Navegación de entradas

1 2 3 40 41 42 43 44 45 46 116 117 118
Volver arriba