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Entrevista a Kani Lapuerta sobre transfeminismo, encuentros, desencuentros y alianzas

Entrevista por Georgina González

Kani Lapuerta viene de Madrid, España. Para cuando entró a la universidad comenzó a militar en Mantis, un colectivo madrileño feminista. Fue ahí que, de la mano de sus compañeras feministas, Kani comenzó a descubrir en los encuentros, en las conversaciones, en los libros, el cine, sus primeras referencias feministas y transfeministas. 

“Y yo siempre lo digo, fue gracias al feminismo que pude plantearme una transición de una manera mucho más consciente porque estaba atravesada por los feminismos. De otra forma habría sido una transición… no sé cómo llamarla… despolitizada de alguna manera”. 

¿Cómo fue el primer diálogo entre tu identidad de género y los feminismos?

Estuve seis años en el colectivo Manits y para mí fue una época de mucho crecimiento personal. De darme cuenta de un montón de cosas que, tal vez estaba viviendo, pero no era consciente (…) Fue un espacio en el que empecé con el transfeminismo, feminismo queer. Y fue ese un espacio seguro donde pude cuestionarme un montón de cosas. Y yo siempre lo digo, fue gracias al feminismo que pude plantearme una transición de una manera mucho más consciente. Me permitió justo eso y poder nombrarme en masculino pero siendo consiente de lo que implicaba. 

Todas mis compañeras fueron súper chidas conmigo y en ningún momento me sentí juzgado. En ningún momento sentí que el hecho de ser trans me estuviera expulsando de esos círculos. 

Para mí fue un espacio de contención y acompañamiento en mi transición. Después también no sólo estaba en ese colectivo, comencé a juntarme con más gente y comencé a hacer otras redes y a involucrarme en círculos transfeministas, queer y en las ondas de postporno. Ahí nació mi interés en temas de la representación y de cómo construir otros imaginarios del deseo en el que también aparecieran otros cuerpos que no estaban dentro del porno más convencional. Luego viajé a México a presentar un corto a la Muestra Marrana y me quedé.

¿Qué herramientas te brindó el feminismo para una transición politizada?

No fue algo tan consciente, fue un proceso desde lo que iba aprendiendo y compartiendo con mis compañeras. Tratar de hacer ese proceso y de construir una masculinidad un poco más crítica y distante a lo que había visto. Y en eso fue muy importante para mí conocer a otros chicos trans que también estaban en las ondas de los feminismos.

Las herramientas que me dio el feminismo fue poder tener una visión crítica de qué implica la masculinidad, la feminidad, qué implica no estar en ninguna de las dos o no estar mucho en ninguna de las dos y a nivel social cómo te relacionas desde ahí. 

A mí sí me salvó el feminismo, la verdad, sinceramente creo que sí y el poder plantearme mi transición fue porque tenía todo ese bagaje de la experiencia de compartir con otras compañeras y compañeras trans y compañeros trans. 

¿Cuál fue la importancia de encontrar referentes trans dentro de los espacios feministas?

Fue vital. Sobre todo por el miedo al rechazo, de que sientes que ya has construido estos círculos que son de seguridad, de contención, donde puedes compartir con personas y de repente el miedo de que ya no vayan a ser tus círculos por esta decisión (transicionar) pues estaba cabrón. 

Y me di cuenta que una cosa no quita la otra al juntarme y platicar de esto con los chicos que son muy amigos, que ya tienen como 50 años, y que ellos también habían estado en colectivos feministas de siempre y en un punto hicieron su transición pero no se alejaron de los feminismos. Y eso para mí fue un: sí se puede. Sí se puede estar aquí desde otro lugar también y para mí eso aportaba un montón porque era construir desde otro lugar pero siempre yendo a lo mismo. 

¿Al llegar a México cómo te vinculaste con los feminismos? ¿Con quiénes te encontraste?

Hay una diferencia grande porque el contexto es completamente diferente. Allá (en España) estábamos hablando de otras cosas muy diferentes y acá llego y la situación que hay es otra cosa. Aquí asesinan a 10 mujeres al día, entonces creo que la urgencia política es otra y la realidad es otra. Y eso me hizo reubicarme dentro de esto. No sólo como euroblanco sino como chico trans.

Lo que me sorprendió mucho aquí es que había muy poca gente trans dentro de los espacios feministas, eso me llamó mucho la atención porque allá… bueno ahora no sé cómo está la cosa porque creo que también está bastante odiosa, pero cuando estaba allá (en España) había un montón de personas trans dentro de los espacios feministas y nunca fue un pedo, ni un punto a cuestionar de no poder estar ahí. Las personas trans siempre éramos bienvenidas a esos espacios y pues también los estábamos construyendo de alguna manera. 

Aquí comencé a intentar acercarme a los espacios feministas, a los colectivos y demás y aquí fue donde empecé a sentir ese rechazo. Conocía a algunas personas y las personas me conocían pero los espacios eran más separatistas en el sentido de ‘solo para morras’. 

Al principio me enojaba un montón. Decía: por qué si yo también soy feminista y no sé qué. Pero llegó el momento donde dije: bueno, son procesos diferentes y por el momento no es mi espacio y tal vez no lo sea. Fue un aprendizaje de mucho tiempo, de años. De darme cuenta que sí, que tal vez ya no eran mis espacios y estaba bien y lo que tenía que hacer era construir otros o buscar construir con otras personas otros espacios.

¿De qué forma te afectó encontrarte en espacios feministas con poca participación y personas trans?

En un principio me afectó un montón porque para mí estos son mis espacios de seguridad y donde yo he crecido y me he relacionado. Pero también fue darme cuenta que el contexto y la realidad es diferente y en vez de estar topándome con la pared pues traté de ver por qué las personas trans tampoco están en esos espacios. 

Aprendí de personas trans que tienen un recorrido distinto al mío. Yo soy súper privilegiado porque me pude plantear mi transición con un montón de herramientas críticas que al final también sirven para estar un poco mejor en este mundo. 

Hace un año hubo una actividad que realizó la Red de Juventudes Trans a la que vino Blas Radi, un filósofo argentino. Y yo al principio estaba así, super peleonero y lo debatía todo pero al final lo que estaba diciendo fue muy fuerte porque habló de su experiencia en Argentina de que muchos chicos trans han sido mucho más violentados en espacios feministas que en cualquier otro espacio por el que han transitado. 

Eso fue como wow. Es verdad, sí hay mucha violencia y sí hay mucha transfobia y está muy difícil crear esas alianzas cuando de plano te están diciendo que ese no es tu espacio y que de plano están negando tu identidad. Como que no dan muchas ganas de seguir picando piedra. 

A esa actividad llegué con el pensamiento en la cabeza de lo necesario que es la alianza con los feminismos y posicionarnos. Y al final mi pensamiento fue que tal vez no. Eso me puso en la cara que no es tal que así la cosa en este momento.  Pero yo sigo en ese debate interno todo el tiempo. 

¿En cuanto a luchas de los feminismos dónde está puesta tu postura, cómo te entiendes políticamente?

Personalmente creo que sí tengo que estar ahí independientemente de que yo no vaya a abortar, no solo porque haya hombres trans que también aborten, que también. Y creo que eso es súper importante visibilizar sino porque independientemente de que no haya espacio para las personas trans en los feminismos vivimos en un sistema patriarcal. Y por mucho que ahora mismo haya esta separación no van a dejar de asesinar a 10 mujeres al día y evidentemente también hay que visibilizar los transfeminicidios y también hay que visibilizar la violencia que viven los chicos trans y las personas no binarias. Creo que una cosa no va sin la otra. 

Creo que no debería estar peleándome con una feminista cis para decirle «qué onda, nosotros también tenemos que estar ahí» … es absurdo y es que nos está jodiendo lo mismo.

Es muy triste y creo que también hay una desmemoria muy grande en cómo se han articulado los feminismos con la disidencia sexual históricamente porque, sin ir nada lejos, hay personas trans en las marchas contra los feminicidios, en fin. 

Creo que, independientemente de que a mí no me van a matar en la calle por ser mujer, no quita que me indigne y quiera poner el cuerpo para que eso deje de pasar. Pero creo que la reflexión ahora está justamente en ver dónde poner el cuerpo y de ver a las opresiones y las categorías de opresión no como un freno sino como una potencia para construir, articular y encontrarse. Y que no nos paralice. Ni siquiera cuando tú vives un privilegio sobre las otras personas. 

¿Desde dónde es importante para ti crear alianzas políticas?

Para mí es muy importante que la gente tengan una crítica feminista y anticapitalista. A mí me da igual si eres trans y eres policía, no voy a construir contigo. Necesito algo más. Obvio voy a estar, a poner el cuerpo y acompañar lo que haga falta pero necesito que haya afinidad en otros aspectos. 

Y creo que es ahí donde el transfeminismo es muy importante porque justo es transversalizar un montón de luchas que no es solo la lucha trans, sino es la lucha antirracista, anticapitalista, feminista, un montón de cosas que son clave y que no podemos perder esas líneas y ejes de acción. Para mí perder eso hace que quede un poco vacío el discurso y la lucha. 

Hoy las alianzas son fundamentales porque estamos cada vez más aislades y cada vez las luchas identitarias son más identitarias, y nos perdemos de todo. 

No tienes por qué tejer solo con la gente que piensa exactamente igual que tú, que caga como tú y que come lo mismo. Creo que hay momentos de encuentro y de separación y eso es súper valioso. Y saber que cuentas con la gente que no todo el rato está pegada a ti pero saber que puedes convocar y vamos…  igual que si me convocan estaré ahí para cualquier cosa. Para mí ahí está la política, ahí está lo interesante de tejer.

¿Son posibles las alianzas hoy con los feminismos y las feministas? 

No sé. Ahora en concreto me da mucha tristeza y mucho miedo que haya esta explosión de este discurso transfóbico dentro de algunos feminismos que no es que sean transexcluyentes, es que se están centrando en odiar a las personas trans y no veo para dónde más va su agenda política.  

Yo soy muy optimista y muy inocente, hace un par de años la gente me decía «es que las Terfs y esto y lo otro», y yo pensaba que eran tres chavas. Pero fue este año que me di cuenta que, no mames, sí va en serio, sí tienen poder, sí tienen muchos medios donde esparcir su mierda y es grave. Platicando con compas trans que sí les han amenazado de muerte desde estos colectivos, que sí les han dicho que si ponen un pie en ciertos espacios les matan; fue cuando me di cuenta que no son tres chavas, que no es ninguna broma y esto va en serio. 

¿Cómo reparar las heridas que han dejado estas olas de violencia?

Yo creo que justo viendo con qué personas concretas se puede hablar de esto sin que haya un juicio de ninguna parte. Y ha sido muy a pequeña escala las personas que veo que sí son aliadas y sí les preocupa, que sí quieren construir puentes y construir un diálogo y alianzas. 

No se dará con todas ni en todos los espacios. Necesitamos construir ese proceso en donde sí haya esa posibilidad de no perder alianzas que son fundamentales. La cosa es ser capaz de articularnos, encontrarnos y desencontrarnos. 

¿Cómo crees que las personas trans pudieran fortalecerse frente a las violencias?

Creo que es urgente contrarrestar eso de alguna manera y creo que hay que hacer muchas líneas de acción. Desde la autodefensa hasta tratar de crear alianzas con gente que sí esté sensibilizada y es fundamental posicionarlo y que se posicionen porque esta gente está ganando terreno y es importante hacerlo para decirles a todas las TERFS que en esos posibles espacios seguros no van a poder llegar con su mierda. 

No es mi lucha estar en las instituciones pero creo que sí es importante estar en todas partes. Y creo que es muy importante tener alianza, tener espacios de contención porque sí está cabrón, si afecta un montón, te pone triste y es importante tener estrategias de autocuidado para no enfrascarse pero claro que no lo podemos obviar. Y creo que es importante entrar a otros terrenos como la seguridad digital porque al final todo lo que vemos en redes también afecta un chingo. ¡Organicemos ese taller!

¿Se puede imaginar una especie de feminismo para todes?

Me caga esta idea de lo incluyente porque es como «te doy permiso para estar aquí». Para mí la propuesta está en el transfeminismo porque propone transversalizar un montón de cosas. 

No es algo de que alguien incluya a alguien sino es un espacio que se crea entre todes. Tampoco es un espacio fijo. Muchas veces estarás y otras no porque no es tu lugar y está bien pero no significa que estés excluido, excluida, excuide, sino que son articulaciones esporádicas que se dan y que en algunas te sentirás más llamade o no pero igualmente apoyas desde otro lugar. Creo que el transfeminismo hoy es muy necesario.

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Georgina González (México) Periodista, le interesa escuchar, escribir y contar historias sobre Derechos Humanos, temas LGBT+, género, luchas y resistencias sociales.

Estudió Comunicación en la UNAM y se especializó en Periodismo.

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Oráculo Transfeminista: En busca de feminismos donde seamos posibles

Escrito el 19 de agosto del 2020, por Analuchx.

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Te damos la bienvenida a nuestro Oráculo Transfeminista, hecho pensando especialmente en feministas que estén enfrentando situaciones de tensión, violencia o exclusión en espacios del movimiento donde esperaban sentirse abrazadas, abrazades y en comunidad. Quienes lo creamos hemos vivido  diferentes exclusiones al interior de los feminismos por ser trans o transfeministas, con este proceso creativo hemos intencionado sanar esos dolores personales que sabemos son también colectivos.

Juntamos nuestra magia, sabiduría interna y amor para crear esta luminosa guía, deseando que sea útil para más personas y procesos que compartan  nuestra apuesta por feminismos interseccionales, donde podamos ser libres de ser quienes somos. Cada carta nace de las experiencias, aprendizajes y estrategias de resiliencia transfeminista de sus protagonistas. El espacio amoroso de creación fue el 1er MiniTaller de acción y reflexión transfeminista: Cómo debatir los TERFismos sin usar las herramientas del amo?

Hicimos parte de esta experiencia  14 activistas trans y aliadas cis que atravesamos fronteras temporales y espaciales para encontrarnos, tejer afectos y seguir creando feminismos que reconozcan, valoren y celebren a las personas trans, sus existencias, sus luchas y aportes a los feminismos. Para nosotres y nosotras la transfobia, así como la misoginia, la lesbofobia, el racismo, el capacitismo, el clasismo, la exclusión de las compañeras trabajadoras sexuales, no deberían tener cabida en los feminismos. El Feminismo Negro nos mostró que estamos cruzadas por múltiples opresiones, por eso nuestra apuesta está en crear transfeminismos capaces de cruzar y aunar las luchas, incluyendo también a otros seres y a la madre tierra.

En este contexto y con estas motivaciones nace este Oráculo Transfeminista. Conéctate con él, disfrútalo, compártelo, inclúyelo en tus reuniones, léetelo con tus amigues y ponlo en práctica!

Ideas para consultar el Oráculo Transfeminista

Como todo Oráculo, este busca conectarte con tu propia intuición, magia y sabiduría, sus mensajes ayudan a abrir el camino hacia las respuestas que habitan en tí,  que a veces cuesta escuchar  porque nuestra mente suele hacer mucho ruido, sobre todo cuando enfrentamos situaciones emocionalmente difíciles.

Para empezar, te recomendamos buscar un espacio en calma, encender una velita, respirar largo y profundo llevando las manos a tu corazón y meditando la situación para la que buscas una guía. Luego elige al azar tu carta. Puedes tener contigo lápiz y papel para escribir o dibujar las cosas que más te resuenan de su mensaje. También puedes hacer la lectura del Oráculo junto a tus amigas y amigues, haciendo la pregunta en voz alta o mentalmente y luego sacando la carta al azar y compartiendo con ellas y elles las ideas y emociones que te surgen.

Como el Oráculo está por ahora en versión digital puedes:  Escribir en 14 papelitos el nombre o número de cada carta, meterlos en una bolsita, revolver pensando en tu pregunta y sacar una. También podrías imprimir las cartas, barajarlas mientras piensas tu pregunta y elegir una al azar. O ensayar la versión GIF que está disponible en nuestras redes sociales.

Descarga y comparte libremente

Puedes descargar la versión PDF en este enlace. Nuestro “Oráculo Transfeminista” está bajo la licencia de Creative Commons Atribucion-No comercial-No derivadas, esto significa que puedes descargarlo, compartirlo, imprimirlo, regalarlo, difundirlo en tus redesde forma libre y gratuita, conservando los créditos de Mujeres Al Borde. No puedes venderlo,comercializarlo, ni  modificarlo. Si quieres traducirlo a otro idioma escribenos a contactamujeresalborde@gmail.com estaremos felices de que más personas lo conozcan y utilicen!

Equipo Creativo 

Gracias al bello Equipo creativo y amoroso que ha materializado este Oráculo! Deseamos que su magia vertida en este Oráculo acompañe muchos viajes, aprendizajes, reflexiones y prácticas transfeministas 🙂

Les mencionamos en el orden de aparición en cada carta: Urkito Gato, (Zaragoza -España), Stef ( Urano- Argentina), Elizabeth García (San Jose- Costa Rica), Concha Armas (León-Nicaragua), DABY (Neiva- Colombia), Paula Sofia (Guatemala), Chakala, (errando por Abya Yala), Barbara Delgado (Panamá), Michel (Santiago, Chile), Ana Lucia (Santiago, Chile), Maya, Gia y Magda Pola (Bogotá), Nany Guerrerx (Sur de México), Paule Cardenas (Manizales, Colombia), Nayra (La Paz-Bolivia). Diseño del oráculo: Ana Lucia Ramírez – Mujeres Al Borde. Colaboración en el diseño: Michel Riquelme

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MUJERES AL BORDE somos un equipo artivista y transfeminista, de disidentes de las normas del género y la sexualidad, que hacemos de nuestro deseo nuestra revolución. Activamos cambios desde la experiencia artística en colectivo, capaz de recuperar nuestra voz, imágenes y narrativas propias, para hacer visible y posible el mundo libre y justo que soñamos. También desde la educación popular expresada en los poderosos y bellos espacios de la micropolítica: el cuerpo, las emociones, la memoria personal, el amor, el placer, lo cotidiano; Y de los procesos de autocuidado y cuidado entre activistas, la alegría, la sanación y la vida digna para l*s activistas, fortalece nuestros movimientos y hace sostenibles nuestras luchas colectivas.

https://mujeresalborde.org/

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Resultados de la Convocatoria Cineminuto Contra la Transfobia

Después de un largo proceso de dictaminación queremos anunciar los tres cineminutos ganadores del Concurso Un Cineminuto contra la Transfobia.

Un agradecimiento especial a lxs miembrxs del jurado:

-Liz Misterio y Alex Xavier Aceves Bernal (Hysteria Revista)
-Silvia Soler y Kani Lapuerta (Cine VS Transfobia)
-Suleica Pineda y Eloisa Diez (La Sandía Digital)
-Río Pollykrac
-Daniela Nuñez (Utópicas Libreria)

GANADORXS

⭐️1er PREMIO:
“Súbito destello”-Maho Irigoyen (México)
⭐️2o PREMIO:
“Transgresión del placer”- Lía Vallejo Torres y Ju Puello (Honduras)
⭐️3er PREMIO:
“Lecho de Rosas”- Marian Finck, Coral Gómez, Ebony Bailey (México)
 
Mención especial para los cineminutos:
 
⭐️Renee – Víctor Noé García Ríos (México)
⭐️Jardín de hembras – CannativaMediaLab (México)
⭐️Impostore – Zaira Ameyalli Azuara Guzmán (México)

Que serán proyectados junto con lxs ganadorxs en la muestra de «El Ojo Oportuno» en el Cinematógrafo del Museo Universitario del Chopo, UNAM.

Agradecemos la nutrida y entusiasta participación de los más de 78 proyectos que recibimos desde distintas latitudes de este planeta, fue un placer verles y escuchar sus historias de solidaridad y resistencia.

También agradecemos a las organizaciones que apoyaron este proyecto:

-Filmoteca UNAM
-AHF México
-Cátedra de Arte y Género Rosario Castellanos
-Red de Juventudes Trans
-Asociación por las Infancias Transgénero
-Librería U-tópicas
-La Sandía Digital A.C.
-Hysteria Revista
-Cooperativa de Imágenes
-Seminario Permanente de Cine y Género

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Obito travesti- un videoperformance de Eunuka Posporno

Óbito Travesti es un videoperformance de la colectiva Eunuka Posporno en el que mediante actos sexuales ritualizados, lxs performers expían los mandatos de género y las violencias que acechan a quienes los desobedecen. Desde la furia, lxs artistas nombran las violencias, los miedos y las culpas que cada día el orden patriarcal inflige sobre las corporalidades feminizadas y buscan venganza contra los mandatos de la domesticación. 

Óbito travesti from Eunuca Posporno on Vimeo.

Eunuca es una colectiva accidental ubicada temporalmente en la ciudad de Medellín. Indaga los cruces entre transfeminismos y antiespecismos usando la pospornografía para evidenciar los hallazgos y cuestionamientos resultantes de sus exploraciones. Desde sus inicios en 2014 sus creaciones han denunciado la violencia que resulta de los diferentes sistemas de dominación estructurales como el cisexismo, el colonialismo, la transfobia, el especismo y la destrucción del medio ambiente a través de acciones performativas o la proyección de estas, principalmente, en espacios públicos y no- convencionales.

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El «borrado de mujeres» y la cuestión trans

por Leah Muñoz

En las últimas semanas hemos visto un aumento del discurso transfóbico en las redes sociales y medios de comunicación. Distintos grupos feministas de Facebook en Ciudad de México, pero también en otros estados y países, se han vuelto escenarios de confrontación en donde feministas radicales trans-excluyentes (TERF), o también llamadas críticas de género, han aumentado su ofensiva en contra de las personas trans. De igual forma, distintas voces de intelectuales, escritoras y periodistas, principalmente de España, se han sumado a esta ofensiva transfóbica.

Esto se ha traducido en ataques cibernéticos a páginas que representan la fuente de trabajo de mujeres trans, acoso transfóbico a mujeres en redes sociales por parte de páginas TERF, y en poner a discusión la presencia de mujeres trans en el movimiento de mujeres mujeres, y en oponerse al reconocimiento legal de la identidad en niños y adultos.

La idea que hoy se moviliza en esta ola de transfobia es la acusación de que las mujeres trans representamos la amenaza patriarcal de borrar a las mujeres. Hace unos días la ex-diputada del PSOE y activista feminista española Ángeles Álvarez escribió un texto en elDiario.es titulado “Contra el borrado de las mujeres” en donde señala que con las leyes de reconocimiento de la identidad de género se está borrando la realidad de las mujeres.

El argumento que esboza la autora de dicho artículo es el siguiente. Acusa de que las leyes de identidad de género y el feminismo queer ponen la existencia del sexo en cuestión como una categoría biológica y jurídica. Al cambiar la categoría de sexo por género, señala Álvarez, se estaría cayendo en un negacionismo del sexo biológico que atenta contra la participación y representación de las mujeres en los deportes, las leyes de paridad, el lenguaje, la maternidad y las estadísticas.

En el caso del deporte señala que las mujeres cisgénero estarían siendo borradas con un supuesto aumento de victorias profesionales de “varones identificados como mujeres” (sic). En el caso de las leyes de paridad menciona que cada vez más partidos políticos estarían eligiendo a menos mujeres por elegir a “géneros diferentes o no binarios”. El lenguaje inclusivo con el uso neutro en “e” estaría ocultando a las mujeres del lenguaje. El reconocimiento de “cuerpos gestantes”, para incluir a los hombres trans en la maternidad, estaría eliminando también a las mujeres de la maternidad. Al incluir en las estadísticas la categoría de género en vez de sexo se estaría borrando una realidad tangible al poner el subjetivismo del género. Y finalmente al permitir que niñas hagan transiciones de género para ser niños.

Para la autora todo lo anterior representa el borrado de mujeres que promueven las leyes de identidad de género, en específico las que quitan criterios de certificación de género psiquiátrica y endocrinológica. De hecho la autora ve con buenos ojos que en el Reino Unido y en España, a diferencia de Argentina y Ciudad de México, aún se mantienen leyes que solicitan criterios de certificación de género a quienes desean hacer una transición.

Para Álvarez, como para las feministas críticas de género, estas leyes, promovidas supuestamente por el feminismo queer, implican un negacionismo del sexo y una redefinición de los paradigmas básicos de la ciencia. De hecho Álvarez sostiene que el feminismo reconoce que el sexo es una realidad biológica y que el género es lo cultural. Lo primero es un hecho bruto de la naturaleza y lo segundo es contra lo que lucha el feminismo, de tal forma que hay que anular el género y dejar el sexo.

Por eso es que las feministas críticas de género, ante este supuesto borrado de mujeres, están por eliminar la categoría de género y por regresar la de sexo tanto en lo jurídico, administrativo, como en lo teórico. Al eliminar el género impiden también que haya reconocimiento legal de la identidad de género porque, consideran, el sexo como realidad biológica no puede ser autodeterminado.

Muchas cosas hay que decir al respecto. Lo primero que hay que señalar es que esta ola de transfobia a nivel internacional no puede entenderse sin poner como contexto que en distintos países se están impulsando leyes de reconocimiento de la identidad de género en adultos e infantes. Leyes que en muchos casos son muy avanzadas porque buscan darles a las infancias trans el derecho a ser reconocidas legalmente así como eliminar los criterios de certificación de género que patologizan, medicalizan y peritan la identidad de las personas trans.

Actualmente se espera en la Ciudad de México la aprobación de la ley de infancias trans, y en España y Reino Unido se están moviendo propuestas para quitar criterios de certificación de género en quienes quieran comenzar una transición. Esta ola de transfobia se entiende como una reacción a estos proyectos de ley.

Lo segundo que hay que decir es que esta ola de transfobia busca generar una polarización entre el movimiento de mujeres, por un lado, y el movimiento trans, por otro. El movimiento de mujeres ha sido un espacio aliado fundamental para el reconocimiento y defensa no sólo de las mujeres trans sino de las identidades trans en general en todo el mundo. En los últimos años colectivos y personas trans se han sumado a las movilizaciones de mujeres en contra de la violencia machista como el #24A en el 2016, el #8A por el derecho al aborto en el 2018, y los #8M. La acusación de que las leyes de identidad de género, la teoría queer, y la categoría de género borran a las mujeres es un intento de quebrar una alianza que lleva años gestándose.

Esta acusación del borrado de mujeres, además, se asienta en una serie de tergiversaciones sobre la historia de la teoría y filosofía feminista. La primera de estas tergiversaciones es señalar que la Teoría Queer introdujo la noción de género y que, al mismo tiempo, eliminó la de sexo.

Si bien la categoría de género fue acuñada por el psicólogo John Money en la década de los cincuenta del siglo pasado, su introducción en la teoría feminista se dio en la década de los setenta por la feminista radical Kate Millet. No obstante, la noción que tomó esta categoría en la teoría feminista suele ser rastreada y adjudicada al feminismo existencialista de Simone de Beauvoir con la conocida declaración de que “no se nace mujer, se llega a serlo”.

La Teoría Queer, con apuestas teóricas tan diversas como las de Judith Butler, Teresa de Lauretis, Paul Preciado, Eve Kosofsky Sedgwick, y Jack Halberstam, criticó el esencialismo en el que había caído la categoría de género en la teoría y el movimiento feminista.

De esta forma afirmar que la Teoría Queer introdujo la noción de género para eliminar la de sexo es falso. La categoría de género tiene una larga tradición y trabajo en la teoría feminista como categoría política y epistémicamente útil para explicar la realidad de las mujeres. La historiadora feminista Joan Scott señaló la utilidad de esta categoría para el análisis histórico de las mujeres. La emergencia de la categoría de género permitió evidenciar que determinados roles y comportamientos dados a las mujeres era consecuencia de la cultura y no de la biología.

Es por esto que decir que la categoría de género ha venido a borrar a las mujeres va contra la historia de la teoría y el movimiento feminista que, con la categoría de género, ha logrado evidenciar las múltiples realidades de las mujeres. Realidades que con la categoría de sexo quedaban naturalizadas y borradas en una realidad universalizante dada por la biología.

La crítica de los feminismos a la construcción social del género ha sido a su construcción asimétrica y jerarquizante, no necesariamente a la noción de género en sí misma. No obstante la pregunta de lo que significaría un mundo sin género, y si de hecho esto es deseable y cómo se llega ahí, sigue aún hoy siendo objeto de acalorados debates filosóficos y políticos de los cuales participan las abolicionistas de género.

La segunda de las tergiversaciones que se hace por parte de Álvarez y las feministas críticas de género es que el feminismo queer eliminó la categoría de sexo y promovió un denegacionismo del sexo y de la ciencia. Contrario a esto, la Teoría Queer tomó la categoría de sexo como central en sus análisis, y su punto de ruptura con tradiciones feministas anteriores estuvo en que para el feminismo queer no sólo el género era construido socialmente sino también el sexo.

Lo anterior generó múltiples debates en la filosofía feminista sobre qué era la construcción social del sexo y cómo podría ser entendido eso sin que se tradujera en su desmaterialización. Los trabajos de historiadoras y filósofas feministas de la ciencia como Donna Haraway , Londa Schiebinger, Anne Fausto Sterling, pero también de Paul Preciado, respaldaron la tesis de que el sexo era construido socialmente. Esta construcción era discursiva a partir de los sesgos culturales sexistas, binaristas y heteronormativos de los sujetos que participaban de la actividad científica. Pero también material al evidenciar los mecanismos mediante los cuales el propio cuerpo sexuado es modificado al estar sujeto a las influencias de la cultura como el ejercicio, la dieta, el estilo de vida y las tecnologías médicas.

Reconocer la construcción social del sexo permite comprender que la relación que una sociedad tiene con el cuerpo sexuado está mediada por sistemas culturales, jerarquías y tecnologías. Un ejemplo de construcción social del sexo lo encontramos en las tecnologías hormonales que permiten alterar los ritmos biológicos sexuales de tal forma que las mujeres puedan evitar embarazos. Eso es algo que no estaba antes y que emergió en un determinado momento de la historia de la tecnología y la ciencia y que cambió por completo la subjetividad y relación de las mujeres con su cuerpo.

Pero reconocer que el sexo es construido socialmente no significa que no sea real y que no tenga consecuencias sobre las vidas de las personas. Un ejemplo clásico de una construcción social con fuertes consecuencias sobre la vida de las personas es la del dinero. Esa construcción social rige hoy nuestras vidas en muchos sentidos, y el no tener dinero tiene consecuencias materiales tan fuertes como podría ser el morir de hambre.

El feminismo queer no niega la realidad material del sexo. Lo que niega es que el sexo sea universal, autoevidente, ahistórico, inmutable y sin ningún tipo de mediación. Cuando la Teoría Queer dice que el sexo está construido socialmente quiere hacer ver que las explicaciones científicas y sociales que se han dado del sexo están atravesadas por imaginarios de género jerarquizantes y binarios, así como por culturas materiales.

Es por esto que es falsa la acusación de que el feminismo queer busca borrar la realidad material del sexo y de los cuerpos sexuados . Álvarez y las feministas críticas de género pretenden resucitar una noción de sexo universalizante, autoevidente, ahistórica y despolitizada contra la que se opusieron las feministas en el siglo pasado. Esa que reduce el ser mujer a pura biología al negar el componente cultural de su construcción.

Este desplazamiento retórico a la categoría de sexo como categoría autoevidente, universalista y organizadora de la política feminista por parte de las feministas críticas de género debe entenderse como un desplazamiento que busca generar un candado al reconocimiento de las políticas e identidades trans. Un candado que se construye haciendo de la categoría de sexo una realidad biológica, inmutable, intransitable e incuestionable y colocando a las personas trans y a las leyes de reconocimiento legal de la identidad como presas de un subjetivismo de género que jamás podrá alcanzar la autodeterminación del sexo porque éste es una verdad inmodificable de la naturaleza.

Lo anterior es falso no sólo porque muchas personas trans logran modificar su cuerpo sexuado de múltiples maneras haciendo del sexo algo transitable y modificable sino también porque rastrear la realidad de las mujeres exclusivamente a la categoría de sexo busca promover, una vez más, un discurso que presupone una realidad única compartida entre las mujeres para excluir a las mujeres trans como ajenas a esa realidad. ¿Acaso no el feminismo negro le vino a recordar al feminismo blanco que las mujeres negras no tenían su misma realidad? Podemos decir lo mismo de las mujeres migrantes, las mujeres indígenas y las mujeres trans. Aunque las mujeres tengamos puntos en común en nuestras experiencias no compartimos todas la misma realidad.

Es una trampa transfóbica y reproductivista el desplazamiento de que la realidad que comparten todas las mujeres es la de la reproducción. Y aquí muchas filósofas feministas podrán molestarse porque si la categoría de mujer como sinónimo de hembra causa mucho conflicto es porque el ser mujer es una categoría social que no puede ser explicada por completo con las categorías de la biología. Incluso en el tema de la reproducción las filósofas feministas evitan reducirlo a la pura capacidad gestante, la reproducción también implica la crianza y en ese sentido ni siquiera la reproducción es vivida de la misma forma por todas las mujeres (e incluso hay mujeres trans participando de la crianza).

La eterna pelea entre transfeministas y feministas críticas de género es que para las segundas la única dimensión de poder sobre las mujeres es a causa de la capacidad reproductiva. Para el transfeminismo la reproducción no es la única dimensión de poder que viven las mujeres. Hay más, y no en todas las dimensiones de poder está de por medio la capacidad reproductiva. Nadie pregunta sobre tu capacidad reproductiva cuando te acosan en la calle o cuando te otorgan un menor salario por ser mujer. ¿Que hay un tema de opresión en la reproducción? Sí lo hay, y las mujeres trans no queremos borrar eso. Lo que decimos es que no es la única dimensión de opresión hacia las mujeres, hay otras en las cuales nosotras nos vemos afectadas como la misoginia que deriva en transmisoginia.

Como señala la filósofa feminista Rosi Braidotti vivimos en tiempos paradójicos y con contradicciones. Si bien la tecnocultura y los imaginarios sociales han hecho que las diferencias entre los géneros se estrechen con la moda andrógina y los cuerpos transgenerizados, la otra cara de nuestra sociedad capitalista es que han aumentado brutalmente las diferencias negativas entre los géneros. Diferencias económicas, con la feminización de la precarización y la pobreza, y diferencias en la violencia que viven los géneros. En México diario matan a 10 mujeres. Esta realidad no la podemos, y no la queremos, borrar las mujeres trans. En otras palabras, aunque en nuestras sociedades la diferencia sexual se haya vuelto transitable ésta no se ha disuelto.

Las personas trans podremos transitar pero no borramos ninguna realidad de violencia de género, ni económica, ni simbólica. Al contrario muchas mujeres trans queremos transformar esa realidad y nos oponemos a esa violencia simbólica, física y económica porque también nos afecta al volvernos mujeres.

Vale la pena agregar que este debate impulsado por intelectuales, escritoras y periodistas españolas no toma en consideración que ya hay países en donde ya se dio este avance de las leyes de identidad de género que allá genera tanto debate. Uno de esos países es precisamente México, que tiene ya nueve estados en los que puedes acceder al reconocimiento de la identidad mediante un trámite administrativo. Los temores de los que hablan las españolas no se han realizado. Eso se observa en el hecho de que las mujeres trans no estamos sobre representadas ni en estructuras de gobierno, ni en las academias, ni en las bellas artes. El único lugar donde las mujeres trans están sobrerepresentadas es en los crímenes de odio.

Si la preocupación es que el borramiento fuese a llevar a una sobrerrepresentación de mujeres trans y a una subrepresentación de mujeres cisgénero, esto es estadísticamente falso. En México no ha pasado.

Si hiciéramos una lista de los problemas que más afectan a las mujeres estarían temas como feminicidio, trata, acoso sexual escolar-laboral, doble jornada laboral, subrepresentación política, subrepresentación en la vida económica y académica. Todas estas inequidades no involucran al sujeto trans como una amenaza. No participamos de los mecanismos de opresión que generan esas inequidades, y sí está en nuestra mejor intención el eliminarlos.

Es curioso que de esta realidad no hablen las feministas críticas de género que nos acusan de borrar a las mujeres, y se enfoquen en sobredimensionar de forma escandalosa los contados casos de mujeres trans que han logrado abrirse un camino en los deportes o la política.

Finalmente hay que señalar que en todo este debate de las leyes de identidad de género hay un aspecto colonial. Las intelectuales españolas no se han dado cuenta que no son vanguardia. Hay países donde estas leyes se han aprobado y no pasó nada. El hecho de que la discusión en España y Reino Unido tenga ecos en América Latina muestra el legado colonial que está operando, y la incapacidad de estos sectores ilustrados españoles, al considerarse metrópolis, de querer aprender de lo que pasó en América Latina. La pretensión asimismo de hablar desde la universalidad esconde la historia colonial de la construcción de género en Latinoamérica que estuvo aunada al más grande holocausto de la historia de la humanidad.

Una minoría numérica como las personas trans jamás podremos borrar a una mayoría numérica como la de las mujeres cis. Y jamás ha sido esa la intención de las personas trans, como lo ha querido pintar el feminismo TERF, que desde Janice Raymond nos ve como “drones del patriarcado”. Lamentablemente borrarnos sí es el objetivo político de las feministas críticas de género. Y de paso, en su tarea de borrarnos al eliminar la categoría de género, y reducir todo a la de sexo, están borrando las múltiples realidades de mujeres en todo el mundo.

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Leah Muñoz: Estudiante de Biología, UNAM. Áreas de interés: Historia y Filosofía de la Ciencia. Historia y Filosofía de la Biología del Sexo.

@DanmunozDan

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¿Qué se siente acompañar a una persona que transiciona?

Este texto surge de correspondencia con una amiga, en la que intento responder cómo he vivido la transición de mi esposa. Todo lo que aquí digo es producto de mi experiencia, que no necesariamente se parece a otras.

Te confieso que tu correo anterior generó un temblor casi imperceptible desde fuera pero movió todo de lugar adentro. Las preguntas que me haces sobre la transición de L., si bien son las mismas que otros amigos me han hecho, me generaron una sensación inquieta. Pasé por días tristes, sintiéndome un poco perdida, hasta que encontré de nuevo mis Nortes. Mis Nortes son pensadoras y escritoras como Adrienne Maree Brown, Audre Lorde, bell hooks, Gloria Anzaldúa, Lorena Cabnal, la Cusicanqui, por mencionar algunas. Ellas hablan del amor como una potencia que se revela en la transformación, del placer propio como poder y como camino de acción. Hablan también de la sanación como acto político enraizado en lo ancestral; y consideran que lo indeterminado o queer es poderoso. Todas estas ideas resuenan dentro de mí: me considero una persona libre, sobre todo en mis afectos y en mis placeres. Pero, a veces, también mi libertad y yo nos asustamos. Es difícil acompañar una transición, si bien el camino es hermoso.

Obra de Liliana Ang

Hay días y días.

Hasta ahora, hemos gozado de un proceso muy privado, y eso nos ha tenido muy protegidas. Hemos podido criar concentradas en nosotras, manteniendo pocos espacios de contacto con el mundo. Estos tres años han sido una buena cantidad de tiempo para entender la transformación, sanar lo que duele y acompañar este proceso, que es lo que me toca.

Hay días en que es desgastante sentir las emociones que genera un proceso así: su duda o miedo, mezclados con mi inseguridad o mi rabia. Creo que una parte de transicionar es sanar. En el movimiento de la transición se descubren heridas emocionales, causadas por no haber podido ser quien se es desde el principio. A su alrededor han crecido como maleza la culpa, el miedo, la soledad, la desesperanza. El movimiento lo descubre todo: las heridas tienen que airearse, recibir el sol, limpiarse con agua. Imagino que cuando se transiciona joven duele menos que hacerlo a los 37 años. Creo que por esto, entre otras cosas, es tan importante crear un ambiente tranquilo y de apoyo para las infancias y adolescencias trans.

Cuando se acompaña una transición a veces hay que limpiar heridas. La relación, elástica como un puente que une dos personas, recibe el peso de los cuidados. Los cuidados pesan en el cuerpo y en las relaciones.

Hay días en que es muy difícil; algo se desajusta y no entiendo qué. Hay días en que me doy cuenta que sus gestos están cambiando y tardo en reconocerle. Ella va cambiando físicamente, por momentos muy rápido o lento, en otros parece estancarse. En este movimiento permanente hay cosas que me gustaban y que desaparecen; algunas que no me gustaban desaparecen también y nuevas emergen. Surgen torpemente como todo lo que nace, a veces con muchos aspavientos, otras veces naturales. En ocasiones, aquello que emergió desaparece después. A estos ritmos naturales me he acostumbrado.

La despedida de las cosas que me gustaban fue dura. Por ejemplo, cuando dejó de ser «varonil» me costó mucho. Yo creo que siempre extrañaré su barba y una especie de timidez varonil que poseía y que me cautivó cuando le conocí. Estos cambios no se dieron de un día para otro. Un día me di cuenta de que hacía tiempo que ya no era como yo pensaba. Simplemente estuve triste un tiempo largo; poco a poco pasó el sentimiento. Luego ya estaba enamorada de otros aspectos de ella, cosas nuevas. A veces tengo la sensación de haberme enamorado de otra persona, aunque sean la misma. No expresan la timidez de la misma manera, aunque ambxs son tímidxs. En sus gestos, en sus formas de vestir y de hablar son diferentes. Ella se ve libre ahora, y veo claramente que antes no lo parecía.

No sirve de mucho hacer esta comparación entre una y otro, porque normalmente la transición se siente más como un fluir de olas. Una serie de transformaciones pequeñas; cosas que aparecen y desaparecen siguiendo un ritmo propio, natural.

Obra de Liliana Ang

Acompañar una transición se parece al acto de maternar, en tanto se cuida a alguien y una se implica en todos los niveles. Como dice Alejandra Eme Vázquez, cuidar es poner el cuerpo. Si lo hago por periodos largos es fácil perder el sentido de quién soy: qué necesidades tengo, qué me causa placer o cuándo necesito descanso. Aún cuando lo sé, a veces no tengo el tiempo o los recursos para atenderme, no encuentro apoyo o me causa culpa cuidarme. Caminar junto a una transición no es maternar, pero implica tanto que temo perderme a mí misma en el camino. No quiero sentirme atada a la relación, vacía de mí, acompañando una revolución transformativa tan potente.

La manera que encontramos para evitarlo fue abrir la relación. En medio del oleaje, aseguro mi libertad entendiéndola como autonomía sobre mi cuerpo y mi persona. Encontré esta forma para alejar a los fantasmas que imponen un hasta que la muerte nos separe. Permanecemos juntas por decisión, porque la compañía de la otra nos da felicidad; no por costumbre ni obligación. Prefiero habitar un no saber en la oscuridad que huele a verdad. Hasta ahora, esta forma de libertad nos ha funcionado. La ejercemos responsablemente, apoyándonos en la comunicación y como ejercicio de honestidad constante.

Pero ante tanto cambio es natural que surja la pregunta que enuncias: ¿qué nos hace ser nosotrxs mismxs? En las sensaciones que me despierta esa pregunta se reúnen mis experiencias de los últimos años: la maternidad, la transición de mi pareja y un cambio de país. Siempre he confiado en la comicidad y brevedad de La Agrado. Yo matizo sus palabras diciendo que uno sabe cuando se acerca a quien uno verdaderamente es. El cuerpo lo dice. Me gusta mirar fotos de personas antes y después de transicionar. En las segundas, suelo encontrar una seguridad de la existencia que se expresa claramente en el cuerpo. El brillo en la mirada y la anchura de la sonrisa no se fingen. Sé que la transición de mi pareja la acerca a quien ella es. También sé que antes de y durante el proceso, ella sigue siendo. Ahora es más ella, es distinta y la misma a la vez. Su camino de libertad nos ha enseñado mucho.

Obra de Liliana Ang

Yo acompaño el caminar de mi pareja mientras atravieso mi propio proceso: todo lo que implica re-conocerla. Por cierto que esto es complicado de abordar: es la primera vez que lo pongo en palabras de forma cuidadosa y exhaustiva. El puente, el peso, el dolor de la herida y el proceso íntimo de reconocerla implica una serie de malabares emocionales de dificultad avanzada. Los años que pasé en terapia (antes de conocerla), el amor que nos tenemos y nuestro compromiso con el trabajo interior son valiosas herramientas, así como fuentes de paciencia. Pero puedo decirte que el acompañamiento no es fácil, en el proceso enfrentamos demonios internos, inseguridades y dolores vivos, en un mundo que ya de por sí exige mucho equilibrio para hacerle frente cotidianamente.

En el plano sexual, hasta ahora no ha habido mucho cambio. Sé que algunas personas trans enfrentan disforia si performan sexualmente como antes, pero no ha sido el caso de mi pareja. (Lo cual no implica que no ocurrirá.) Hasta ahora seguimos disfrutando su pene, pero no lo considero imprescindible. Siempre he sido una persona libre en lo sexual y la voz autorizada para decidir sobre mi placer. Hemos atravesado ajustes y etapas, eso sí. Porque la atracción sí cuenta, y mucho. En el océano del cambio hay días y días para el deseo: existen periodos de sequía, luego llegan las lluvias y hasta inundaciones.

También me preguntas si yo ya sentía atracción por mujeres desde antes y la pregunta me puso a temblar ante la dificultad de articular mis evasivos gustos. Desde que tengo memoria, habito un territorio incierto. He renunciado a etiquetarme, pero soy consciente de la ambigüedad. Hasta ahora, no me había interesado tener una relación de pareja con ninguna mujer. He tenido encuentros, pero en el plano de lo real siempre me gustaron los hombres. Esto también es complicado: me atraen las masculinidades no heteronormadas, disidentes, divergentes.

En todo caso, creo que cuando renuncias a las etiquetas, todo se vuelve un caldo orgánico con cosas que emergen y se sumergen de manera natural, viva. Y eso, para mí, se siente cómodo; o al menos ahí he aprendido a estar y a ser.

Las imágenes que acompañan este texto son parte de una herramienta de autonoconocimiento en forma de baraja de 50 cartas en torno a las transformaciones, la libertad y las relaciones. Esta especie de tarot amoroso fue desarrollada por la autora. Algunas de las frases que aparecen en las cartas provienen de reflexiones de la artista y activista trans Lía Sirena.

 

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Interseccionalidad y lucha revolucionaria anarca-queer

por Kiin Uk & Lyydia Lanigram

El anarquismo queer, como el anarcofeminismo y el eco-anarquismo, no es una “rama del anarquismo”. El anarquismo queer no divide el anarquismo en una nueva tendencia, sino que profundiza la tendencia original del anarquismo para el siglo XXI. El anarquismo queer es la evolución natural del anarquismo, teniendo frente a los ojos las enseñanzas del feminismo y el transfeminismo durante el siglo XX.

El anarquismo queer, en la medida que es queer y es anarquismo, busca la abolición del capitalismo, el Estado y el patriarcado. Desde el anarquismo queer es claro que la liberación humana sólo podría provenir de la lucha conjunta contra toda forma de opresión, hasta disolver toda jerarquía.

Por lo anterior, el anarquismo queer pone en su centro la interseccionalidad. El análisis interseccional permite comprender que la opresión tiene múltiples facetas, y que todas ellas se interrelacionan entre sí. Clase, raza, género, nacionalidad, estilo de vida, gustos, etc., son dimensiones objetivas que posicionan a los sujetos en distintas posiciones en el espacio social. La coordenada que cada persona ocupa moldea en general la “experiencia de opresión” que se tiene. Una lesbiana blanca de Beverly Hills, tiene una experiencia muy distinta que el hombre proletario de Haití, y ambos una muy distinta que la mujer latina trans inmigrante en un país europeo.

Tener conciencia de la interseccionalidad ha resultado tanto revelador como devastador, tanto para el feminismo como para el anarquismo. Revelador pues ha comprendido que las experiencias de las mujeres y las disidencias, así como de las personas de la clase trabajadora, son muy diversas, permitiendo perfilar de mejor modo las luchas contra las fuentes de la opresión. Devastador pues ha obligado a modificar severamente concepciones que estaban muy arraigadas tanto en el anarquismo, como en el feminismo.

La primera concepción que ha sido barrida por asumir la interseccionalidad radica en la prioridad de la lucha. Los anarquismos que están aún demasiado cómodos en el análisis materialista del siglo XIX y en el sindicalismo se habrán visto molestos de notar que la causa contra el capitalismo no tiene preeminencia sobre la contra el racismo o el patriarcado o cualquier otra. Sin duda también quienes sean exponentes de este anarquismo no querrán oír que hablamos de “experiencias de opresión”, cuando bastaría simplemente la constatación objetiva de la posición de clase. Por otro lado, el feminismo, sobre todo aquél inspirado en el lesbofeminismo, podría notar cierta incomodidad al notar que las mujeres y las disidencias pueden también oprimir a otras personas, en la medida que en los espacios de encuentro, incluso los “espacios seguros”, puede haber opresión, incluso opresión patriarcal. Durante demasiado tiempo el feminismo y el pensamiento queer adoptaron el separatismo como práctica, y la interseccionalidad cierra radicalmente esa vía. Los espacios seguros presuponen la homogeneidad de las experiencias de opresión, cuando la realidad precisamente es la contraria. Como nos recuerda J. Rogue, cuando se intenta universalizar una experiencia de opresión, normalmente esa versión termina siendo la de las figuras más hegemónicas dentro de los respectivos colectivos.

Ninguna lucha por sobre la otra, toda forma de opresión debe exterminarse hasta no dejar rastro. ¿Pero qué pasa con la organización política y con los colectivos? Aquí también la interseccionalidad hace tambalear las viejas nociones. La segunda concepción que debe erradicarse radica en la misma idea de que haya “sujetos políticos” de distintas luchas. El así llamado “feminismo radical” ha parasitado particularmente de esta idea para sugerir que “las mujeres (biológicas con vulva)” son “el sujeto político del feminismo” y que las personas trans, las disidencias, así como las personas racializadas y la clase trabajadora deben constituir sus propios movimientos, pues cada movimiento tiene un “sujeto político” distinto. Esto es falso desde el punto de vista teórico e inútil desde el punto de vista político. Precisamente la idea de que hay “sujetos políticos” de un movimiento presume que todos los sujetos oprimidos de un mismo grupo tienen la misma experiencia de opresión, como si la opresión patriarcal de un hombre gay europeo de clase alta fuese la misma que la de un hombre gay pobre en Arabia Saudita. Esta constatación no es materia de ideología, es sencillamente un hecho. Las intersecciones que atraviesan las facetas de la opresión son tan complejas y tan diversas que podría llegarse al absurdo de que necesitemos un movimiento para las “mujeres lesbianas negras de clase alta”, “las mujeres lesbianas negras de clase trabajadora”, “las mujeres lesbianas blancas de clase trabajadora”, etc., etc., etc. Pero incluso ignorando esta insensatez, quien articule su lucha recurriendo a los “sujetos políticos de la lucha”, estará permanentemente encontrando falso aliados y excluyendo reales camaradas de armas. Sencillamente carece de sentido que una mujer de ultraderecha sea más sujeto del feminismo que un hombre hétero-cis altamente comprometido con la lucha contra el patriarcado y que realiza activismo concreto en su territorio y su lugar de trabajo. Que se esbocen expresiones como “alienada” o “aliado feminista” son solo parches, meras soluciones ad hoc, para una concepción política insostenible que cae por su propio peso.

¿Cómo se articula la lucha revolucionaria desde el anarquismo queer? Pues desde el sentido común: habiendo comprendido que hay una profunda interrelación entre todas las formas de opresión, y teniendo claridad acerca de la necesidad de que todas ellas desaparezcan, el movimiento político revolucionario puede ser solamente uno. Resulta inútil dividir el movimiento en una constelación de movimientos cuando la causa común de todos ellos es, realmente, la misma. ¿Quiénes son sujetos políticos de este único movimiento revolucionario? No son quienes han caído aquí o allá por la suerte o el destino. Las posiciones objetivas en el espacio social no determinan filiaciones políticas o adscripción a un colectivo activista. Quienes componen este movimiento son, de hecho, todas aquellas personas que están dispuestas a luchar activamente contra toda forma de opresión: contra el patriarcado, contra el racismo, contra el capitalismo, contra el Estado y contra cualquiera jerarquía que oprima a la humanidad y le impida alcanzar su plenitud. No existe mejor manera de combatir el monstruo de la opresión que tiene múltiples cabezas que propinándole un efectivo estoque, en lugar de pequeños pinchazos de alfiler.

¡El feminismo será anarquista o no será! ¡El anarquismo será queer o no será! ¡La lucha continúa!

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Plataforma Anarcx-Queer es un espacio que surgió del encuentro de dos almas con espíritu libertario, ideas de rebeldía y motivaciones de lucha contra toda forma de opresión. El 23 de septiembre de 2020, las compañerxs Lyydia Adanigram y Kiin Uk lanzaron su primera publicación buscando encuentro, coordinación y difusión para Anarcx-feministas y Anarcx-Queers. Hoy, la Plataforma es proyecto y proceso, y cada persona o colectivo con espíritu libertario podrá recurrir a la plataforma para seguir construyendo el movimiento revolucionario.

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Sangro

imagen por Liz Misterio

por Bruno Cimiano

aún sangro

cada vez menos

sólo cuando descanso

de la dosis de C19H28O2

da cada día

momento

existencia mía

en cada semana

de cada año

 

Sangro

una sangre delatora

así que, sí, aún sangro

 

No fui la mujer completa

en cuanto al género

no soy hombre completo

según al sexo

tampoco soy trans completo

dada mi actitud

deduzco

al parecer

porque

la verdad y lo cierto, es que

aún sangro.

 

Sangro, y lo peor

es que lo requiero

 

sangro y la sangre se acuerda

del destino predeterminado

sangro y la sangre me ubica

en el lugar en el que el mundo

me tenía otorgado

 

Sangro

y mientras lo hago

imagino a mucha gente

mirando

a miles de gente, no

a millones de gente

veo a un gran mundo

enjuiciante observando

mirando al bebé que llega

que viene marcado

miradas que van marcándole

en su papel

ese sitio dado

 

Ese bebé

mundo

ese bebé

mamá, papá, tíos, abuelas,

hermano

no cumplió la expectativa

que traía

como una hogaza bajo el brazo

descuiden que

no hace falta que se lo digan,

que

ese bebé digamos

que ya se ha enterado.

 

Como decía.

Sangro

y mi sangre se me hace

necesaria

y mi cuerpo me habla de un

pasado

me habla de la primera vez

me habla de mi miedo

de mi placer y de mi

rebeldía prematura.

Esta sangrecuerpo

a mí me dice tanto.

Sangro,

y si es que sangro

¿en que lucha quepo?

 

Expulso

una sangre que no es

femenina.

Expulso

una masculinidad

que no idolatro.

 

Por favor, a quien escuche esto

nunca permita

que nos esterilicen

a lxs nuestrxs

no le apuesten

a la política

que nos niega el cuerpo

por favor, pase lo que pase

nunca permitan

que nos roben

nuestra sangre

y nuestros sueños.

Y es que

cómo explicarte,

compañera.

Toda esta es nuestra

sabia resistencia.

Todo esto importa tanto…

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trans*poesía es una iniciativa de Bruno Cimiano. Proyecto poético de amor y política alrededor de un proceso de tránsito y en apoyo a cada cuerpx y resistencia trans* https://www.instagram.com/transpoesia/

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Mi nombre es Rosario Miranda

por Dani Curbelo

Este corto del año 2019 no sólo es un homenaje a una mujer que se enfrentó a una gran cantidad de obstáculos y dificultades por ser quien era, también es una denuncia a la situación de muchas personas trans mayores ya fallecidas a las que nunca se les ha reconocido sus identidades.

Rosario Miranda (1937-2004) vivió bajo la dictadura franquista en un pueblo de Tenerife (Islas Canarias) llamado Buenavista del Norte y se dedicó toda su vida a la ganadería y la agricultura. En un contexto rural y una época tan represiva muy poca gente en el pueblo la reconocía como la mujer que fue. La falta de información y referencias hicieron creer erróneamente a muchas personas que Rosario fue un «hombre travestido». En el año 2002 el director canario David Baute rodó una película documental sobre la vida de Rosario, que ya está online en Youtube, y también apareció mencionada en el libro «El látigo y la pluma» (2004) de Fernando Olmeda, una obra sobre la represión del franquismo a la diversidad. Sin embargo, en su lápida aparece un nombre que no le corresponde. Esta es la historia de Rosario, un claro ejemplo de resistencia y valentía y una referente trans canaria. Que no caiga en el olvido nunca.

«Mi nombre es Rosario Miranda» from Dani Curbelo on Vimeo.

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Dani Curbelo (Tenerife, 1995) se graduó en Bellas Artes en la Universidad de La Laguna en 2017 y en estos años ha participado en diferentes exposiciones y encuentros dentro y fuera de la Isla, colaborado en ediciones y promovido varios proyectos artísticos y audiovisuales como la dirección del documental «Memorias Aisladas» (2016) o la publicación «Entre Líneas» (2017). Desde 2019 cursa el Máster Universitario en Estudios de Género y Políticas de Igualdad de la Universidad de La Laguna. Su trabajo está vinculado con su situación y experiencia personal así como con problemáticas concretas, constituyéndose y transitando, desde una perspectiva transfeminista, anticolonial y disidente, dentro de los indefinidos marcos de lo interdisciplinar.
En 2018 participó en el congreso «¿Del otro la’o?: perspectivas y debates sobre lo cuir» de la Universidad de Puerto Rico en Mayagüez y en el primer congreso internacional de Artes Escénicas y Diversidad celebrado en el Centro de Arte Párraga en Murcia. También ha colaborado con instituciones como El Palomar, LEAL.LAV y Tenerife Espacio de las Artes (TEA), donde en este último caso ha sido coordinadora de los programas de pensamiento crítico “¡Autonomía! ¡Automatización”!, “de/tra(n)s: fronteras, cuerpos trans y (contra)archivo de los sures globales. herramientas queer/cuir ante las experiencias del sexilio” y “Rituales del Caos”. En el año 2019 compartió junto a la artista y performer Celeste González una residencia de creación en La Poderosa Espacio para la Danza y sus Contaminantes (Barcelona), con quien ha continuado creando desde la disidencia sexual y lo performativo.

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