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De rémoras, parasitoides y huéspedes

He estado en varias discusiones con feministas prominentes en donde admitir la disonancia no parece significar nada más que imponer un acuerdo. Mientras hablábamos de política alrededor de una gran mesa redonda, la mayoría no permitía diferencias de opinión en forma o superficie. Cuando las verdaderas diferencias amenazaban con punzar la superficie de la plácida conversación, clamaban acuerdos y caían en insulsas generalizaciones de consenso. En ese contexto, la prerrogativa de la disonancia empezó a parecer como algo producido por el Ministerio de la Verdad de George Orwell.

Katie Roiphe

Por Adriana Raggi Lucio

Durante mi estancia en un congreso de género y fronteras, el pasado septiembre, me encontré con varias situaciones que merecen que me tome unos minutos para reseñarlas y analizarlas. No es que se trate de situaciones extraordinarias, es que se trata de situaciones que son el síntoma de un problema al que le he dedicado ya un tiempo de estudio e interés y que tiene que ver con el dogma, la intolerancia a lo diferente y la incapacidad de ponerse en los zapatos del otro, así como con la capacidad de juzgar al otro por lo que aparenta y no por lo que es.

En este congreso voy a marcar dos eventos interesantes:

1. En una mesa en la que se habló de género y sexualidad se presentaron varias ponencias interesantes, una giraba en torno a la   sobre-sexualización de las niñas, otra en torno a un estudio acerca de la percepción entre jóvenes universitarias de la conquista sexual y amorosa. Esta última ponencia plantea la interesante conclusión de que hoy en día las mujeres ya no se perciben como el objeto pasivo que será cazado por el hombre activo, sino que más bien perciben la conquista como un diálogo entre iguales.

2. La mesa en la que yo participé junto con Bruno Bresani, como Las Disidentes, era sobre masculinidades. Durante el desarrollo de la presentación la organizadora de la mesa comentó lo difícil que había sido lograr hacer una mesa sobre el tema que estábamos tratando debido a la reticencia de quienes organizaban el congreso. En la mesa se presentaron ponencias interesantes que hablaban desde las masculinidades disidentes hasta las paternidades.

     Esas dos situaciones tienen sus temas que se desplazan como unas rémoras junto a un tiburón, y que son importantes para mí como alguien a quien le interesan los estudios de género y le molestan las incoherencias de los discursos dominantes que tratan de imponer puntos de vista inamovibles. En el punto número uno que planteo arriba, lo destacable no son las ponencias en sí, sino la discusión posterior que se llevó a cabo por el público presente en la sesión de preguntas y respuestas. La audiencia estaba conformada por mujeres, todas las que participaron se declararon feministas que tenían un acercamiento a esta ideología ya sea como activistas o en la academia. Una de las generalidades que me causó molestia es la relación automática que hicieron todas acerca de la ropa que —desde el punto de vista de la ponencia presentada, sobresexualiza a las niñas y las mete en un sistema consumo— es la de hacer una relación de este tema con la trata de niñas, de forma automática y sin mediar ahí una serie de elementos que sostuvieran sus afirmaciones, pero las afirmaciones posteriores fueron sumamente escalofriantes:

      —¡Yo no le permito a mi hija utilizar playeras de tirantitos, las tiene estrictamente prohibidas!
      —¡Yo no sé que voy a hacer cuando mi hija entre a la universidad, ya que en tu ponencia afirmas que el 40% de las estudiantes             universitarias que entrevistaste no son vírgenes y son solteras, imagínate, cuando ella llegue a la universidad ya va a ser el 90%.       Le voy a tener que poner un cinturón de castidad!

    —¡En los setenta el feminismo luchó por la libertad sexual, se quemaron brasieres, pero ahora esta generación se está pasando de       liberal, ¡no podemos permitirlo!

La segunda situación, la mesa de masculinidades, tiene relación con la primera en el hecho de que ahí podemos ver la intolerancia hacia la disonancia de la que habla Katie Roiphe. El que se pretenda que una mesa sobre masculinidades no tenga cabida en un congreso de género, es olvidar lo que implica hacer estudios de género. Para mí se trata de estudiar, entender y cuestionar las construcciones sociales al rededor del sexo y del género, la forma en la que las vivimos y las implicaciones que se reflejan en las masculinidades y las feminidades a través de la violencia social que se deriva de la obligación de ser uno u otro y ninguno diferente.
Lo que se pudo ver en esa mesa, y en esa situación, es que las masculinidades sufren una violencia de la que no se quiere hablar, la que se ha vuelto políticamente incorrecto mencionar. Las paternidades, la guerra, las afirmaciones de lo masculino a través de lo negativo y lo violento, son elementos que hacen de este un lugar de límites y de violencia. Pero quienes hacen estudios de género prefieren callar, eligen no ver, optan por aplicar la ley del hielo a esta otra parte y ahí se vuelven sumamente violentas. No aceptan el disenso y pretenden crear su propio Ministerio de la Verdad.

Precisamente después de acudir a la mesa de masculinidades, comencé a buscar en las redes sociales cuestiones acerca de la violencia de género, pensando ver qué comentarios hablaban acerca de lo que en nuestra ponencia Las Disidentes denominamos la otra violencia de género, la violencia hacia los hombres, y me encontré con esto:

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El Ministerio de la Verdad en pleno, quien escribió esto es una mujer que dice luchar contra la intolerancia, que se plantea a sí misma como una autoridad y que da lecciones de cómo debe la gente comportarse ante la violación o los chistes misóginos, y hace público un comentario de este tamaño: Ay, pobres hombres. Sufren. Se burla de quien seguramente se atrevió, osó, dar una opinión acerca de la violencia que sufren los hombres. Se burla públicamente y recurre al escarnio de las miradas disonantes, en su comentario —no importa a quién se lo haya hecho en específico— caben todas las intolerancias de las que Roiphe habla.

     Es entonces cuando los aquelarres y las manadas aparecen para plantear diferentes cuestiones y hay que poner atención a las conductas en grupo o como grupo. ¿Cómo funcionan grupos que utilizan un discurso hipócrita disfrazado de lucha social? ¿Cómo llegan a apoderarse de la verdad y a hacer su Ministerio? ¿Qué pretenden con esto? ¿El poder? ¿Cómo es qué se alimentan como parasitoides de los deseos de las nuevas generaciones que quieren cambiar las cosas? ¿Qué sucede con el huésped? Preguntas que no puedo contestar en un escrito tan corto, pero sobre las que llevo ya un periodo de mi vida trabajando y a las que aquí referiré algunas líneas.

     Cuando empecé a estudiar cuestiones de género me acerqué al PUEG, en donde tomé un diplomado y varios cursos de posgrado, y me di cuenta de que básicamente lo que estudiaba ahí era la teoría feminista no la de género (diferencia que muchas feministas niegan). Muchas veces en los cursos se llevaba a la mesa, de la nada y sin razón, el hecho de que los hombres cuando orinan no le atinan a la taza y ensucian el asiento. Este tema causaba siempre en mí un suspiro que respondía al aburrimiento y la desesperación, pensaba: ¡otra vez van a empezar con eso! Hace unos días en una reunión, en donde había una joven estudiante que coquetea con el feminismo, sacó a relucir exactamente el mismo tema. No me queda más que preguntarme ¿este es el mayor problema de género que sufren las mujeres o simplemente están intentando demostrar que los hombres son unos animales que no controlan su chorro de orina?

Otro de los asuntos a destacar es el de este discurso, que he escuchado repetidamente en los cursos de género:

     —En mi experiencia como mujer yo no he vivido ninguna de las discriminaciones que se describen en este curso.

     —El que tú no lo vivas no quiere decir que no exista y con que una mujer lo viva es un problema para ti y para todas que te tienes        que vivir como una afrenta.

     En este discurso deberían caber también todas las discriminaciones que viven hombres, mujeres, niños, LGBTTTI ¿por qué no? ¿Es qué el feminismo busca solamente la mejora de la calidad de vida de las mujeres y excluye a los demás? La respuesta que me daría una feminista es que no es así, que se busca la equidad, la igualdad de oportunidades (eso creía yo). Pero la respuesta en mi experiencia es que quienes dominan el movimiento feminista y quienes se presentan en protestas, reuniones y congresos sí lo actúan de esa forma. No solamente se trata de excluir a los hombres, también de reprimir la sexualidad de las jóvenes, imponer los cinturones de castidad, evitar hablar de las diferencias, evitar hablar de la sexualidad, repeler la mención de las masculinidades y acallar a la disidencia.

     Mi experiencia como alguien a quien han intentado controlar y hacer callar ha sido muy fuerte y dolorosa, yo creía firmemente en el movimiento feminista, hoy en día puedo verlo como algo lejano y demasiado liado en cuestiones del poder las  que a mí no me interesan. Por el contrario, mi trabajo en Las Disidentes o con mis alumnos de maestría y doctorado en la ENAP que trabajan cuestiones de género desde múltiples perfiles, conceptos y trasfondos culturales ha sido mucho más enriquecedor. La capacidad que tienen ellos de ver desde nuevos horizontes los conceptos de género y sexo es muy amplia y tiene un aroma fresco, no uno montado en lugares comunes y luchas de poder.

     Al mismo tiempo esta situación me ha dejado en una especie de limbo. Es un lugar en el que yo no me identifico con el feminismo, sino que me interesa mucho estudiar y analizar el género y todo lo que lo rodea. Pero soy identificada con el feminismo en diversos lugares, lo cual también provoca que en ocasiones se me hagan comentarios o se me impongan temas de trabajo que ya no me interesan o que en ocasiones tenga que acercarme a congresos como el que relato, los cuales se supondría tendrían que dar cabida a pensamientos diversos pero en realidad no lo hacen. A veces no encuentro un lugar de donde asirme, pero si hablamos de comparsas, ahí está Bruno Bresani en Las Disidentes que me da la mano y me cuestiona y ahí están las pocas amigas que me quedaron de mi vida en el feminismo, que son quienes me escuchan cuando me quejo y les gusta que les proponga nuevas palabras y formas. Por supuesto están los amigos de siempre y los nuevos, que son parte de mi nueva camarilla.

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Tiempo original, gasto improductivo

Por César Cortés Vega

La parte primaria

Aunque me resulta imposible recordar cómo terminó todo, ha quedado en mí la impresión de esa imagen que por diez o doce segundos se mantuvo frente a nuestras miradas: manchas de pintura naranja cuyo propósito era el de pasar por sangre. Más de la mitad del público reía, y es que a estas alturas toda imitación de una herida debe pasar por real. El dramatismo en la justa representación, pues lo único que nos puede hacer confiar es un naturalismo de la más fiel crudeza. De lo contrario la desconfianza no hará sino expulsarnos de la ilusión, sobre la que la frialdad sería apenas la señal más vívida. En cualquier lado, en todos, estas imágenes pueden comportar realidad. Hoy, en medio de los restos del éxtasis, no me queda duda; lo que pasó ayer, ese fingimiento confitado fue el principio de algo que, menos parecido a la celebración y más a una especie de verbena iniciática, está excluido de nuestra cultura, acaso oculto por medio de palabras convencionales y de una moral determinista.

Al principio apenas proyectaban imágenes sobre el cuerpo desnudo de alguien. Parecía por eso que ella/él se movía sin voluntad en medio de un fulgor azulado. Eran estampas distintas que cambiaban cada tanto sobre su carne. Los asistentes, en un principio, lo veíamos todo en la pantalla, por lo que el escenario había sido eliminado del auditorio y nadie conocía su ubicación exacta. Era casi una suposición, pues ninguno podía asegurar a esas alturas si la serie de luces y sombras transmitidas ocurrían en tiempo real. En todo caso, si las había, las cámaras estarían colocadas en la parte superior de las cuatro paredes de un cuarto contiguo. Sin embargo, pronto pensé que debajo de ese mazacote de pigmentos debía habitar un cuerpo que sería develado. No idea, sino certeza: convencimiento de que detrás de toda sugerencia fundada en una invención —que en este caso no era sino espesor sin ímpetu sanguíneo real, sino como alegoría— se encuentra siempre una autenticidad indirecta: corporación de sucesos, que se diferencian del puro montaje por la cantidad de sentido que unas partes aportan a las otras. Por eso permanecí quieto, casi sin mover ni un músculo, en medio de la oscuridad. Si toda imagen presenta un exceso —pensé— entonces todo movimiento conforma una apariencia.

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Autor: Dan Witz
Título: Byronesque

Excedente de energía y soberanía de lo sagrado

Georges Bataille, en el libro La parte maldita, aventura una idea acerca de los límites y el derroche. El excedente de la producción tan sólo ocurre cuando ya es imposible crecer, cuando se vuelve innecesario. Sin embargo aquella energía que en un principio fue usada para saciar la carencia, continúa su proceso pues es en la fuerza vital donde se encuentra su origen. Es decir; todo aquello que se sigue reproduciendo, excede los linderos de la necesidad, de su cálculo pertinente para motivos determinados por el desarrollo. La exuberancia no espera, es decir, no se ciñe a proyecto alguno. Es en sí misma lo que excede los límites del crecimiento, lo que no comporta utilidad. En resumen; pura pérdida. Este excedente es una especie de vaciado indispensable; el placer toma el espacio del deber, y tiende a la dilapidación, pues lo que la impulsa es la presión ejercida en el espacio de la necesidad.

Lo sagrado es su estrato más elevado; en el rito no hay mesura, pues de lo que se trata es de templar la potencia de la naturaleza. Todo es dable porque la creación coordinada tiende al crecimiento. Más allá de apaciguar a alguna deidad manifiesta, se trata de una operación de contundencia racional: el gasto improductivo. Entonces la estructura de los códigos que en un principio regulaban la administración de los recursos, se disloca. Y es que ya no sirven, pues de lo que se trata es de derrochar como toda fuerza viva lo hace. Probablemente la fiesta medieval de los locos, no sea muy distinta de los ritos arcaicos de éxtasis. Una «terapia» colectiva es, necesariamente más que eso, pues puede ser leída en el illo tempore, como marco de referencia radical que clausura por instantes cualquier desarrollo. Y por ello toda economía que tienda a la instrumentalización de la razón, incapaz de contemplar que apenas ésta es un orden de los signos acotado, tiende a erradicar el conflicto que propone lo otro, un otro lado de la producción, como exceso llevado al extremo contrario. Así, el trabajo apenas continuaría acá un modelado del progreso, para ser desechado de inmediato en gasto sin sentido.

Si el éxtasis tiene un principio, más allá de los términos descriptivos de cualquier alucinación, es este. La fiesta contemporánea es apenas su tibia remembranza, no porque no contenga toda la potencia necesaria para el desbordamiento, sino porque la muerte está oculta, apenas se vislumbra en las esquinas, en los recovecos narrados en secreto. Estremecimiento que en lugar de ofrecer el espacio propicio para que este exceso vital se reconstituya, atemoriza al pequeño ser escondido detrás de los compromisos adquiridos y su moral de gasto prudente; intercambio parcial; rito contabilizado.

Sin embargo, la frontera se encuentra en todos lados. No implica al ocio como bien de lujo del capitalismo, sino a su contraparte como desorden del sentido, como ofrecimiento del cuerpo; espacio primero de experimentación.

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Autor: Dan Witz

Después de la frontera

Podría pensar en que mi razón comienza a desfallecer, si no pudiera recapacitar sobre esto ahora. Si fuese capaz de dudar acerca de ello. Por eso me aferro; la imagen que me sostenía era la convicción de que mi mirada era tan minuciosa que se acercaba a un origen sin representación. Sin embargo, comienzo a vacilar pues ¿es posible que las palabras no sean, a la vez, movimiento? Mi deber, en todo caso, habría sido parar el flujo de ideas. No obstante su estructura era cada vez más compleja y no pude dejar de contemplarlo sino como un recién nacido espectador. Lo líquido se acerca a lo sólido, masa espesa sobre la impresión de la noche, sobre el cuerpo ciliar de mi ojo, sobre el lóbulo occipital. Cliché. Por eso intenté mantenerme quieto y pensé en colores, más que en formas.

—¿Quién reproduce, entonces, esta vocecilla? —pregunté. Era yo mismo, apenas hace unas horas un hombre sentado en su butaca observando una acción que de seguir así no habría tenido ningún sentido, luego convertido en un objeto que intentaba dejar de respirar, ser ese yo a ser sacrificado, alguien más como nacimiento de la diferencia. La música seguía, la fiesta apenas comenzaba.

Por supuesto, todo acto porta su propia negación; eso es lo que aterroriza al mundo estancado. Lo que parecía fuera de control, encontraba su sitio, justo porque en el fondo todos deseábamos la declaración… Yo soy tú, el alma que me habita. Soy el tiempo original que siempre es el mismo. Los cuerpos danzaban y lo que comenzara con una insinuación creativa, derivó luego en pérdida de la percepción diferenciada. Entonces los nombres se perdieron también, y yo apenas recuerdo, en esta repetición ficcionada del presente, lo que en ese otro presente se manifestara. El origen del signo, la differance que niega los cuerpos y los convierte en materia móvil, oferta que profana los límites de la cosa. Yo mismo era aquello tocándose, el cuerpo desnudo sobre el cual las imágenes desfilaban, la sangre que fluía. Encuentro de un sí mismo en los límites del otro. Todo eso que me negaba. Ninguna memoria se antepone al presente. Todo lo semejante: comunión en el sinsentido del abismo.

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Autor: Dan Witz
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Devenir Desviadxs

Imágenes y texto, Ana María Agredo González

Si hay algo por donde quisiera empezar, es por el juego de palabras que seduce al pronunciar las palabras histeria y aquelarre. Ambas, han sido discursos materializados en el control de la sexualidad femenina, ambas han querido irrumpir o regular la libido sexual de mujeres con manos “experticias” en sus cuerpo y sus placeres.

     Tradicionalmente la histeria, palabra que proviene del griego hystera que significa útero, era asociado con el desequilibrio humoral, como si el útero se desplazara y generara cambios abruptos de comportamiento; de esta manera las mujeres eran desplazadas a la patologización, al encierro en clínicas como la Salpêtrière, donde el cuerpo de la enferma era sometido a múltiples diagnósticos, seguimientos, donde lo natural se constituía en funciones biológicas y morales. Estas mujeres nerviosas, que no sólo fueron producto de un contexto de represión victoriana, fueron el foco central para desacreditar al feminismo de las sufragistas.

     No parece causal, que en el momento en que estaban las sufragistas luchando por el acceso a la universidad, el derecho al voto, sean catalogadas como mujeres perturbadas, con síntomas como reacias al matrimonio o especialmente independientes y activas. Así, empezamos entonces a ver que el feminismo como la histeria se convierten en formas desviadas del cuerpo y el discurso femenino.

     De esta manera, si repensamos la palabra aquelarre, una de las asociaciones mas rápidas es pensar en las brujas y la persecución a muchas mujeres, literalmente torturadas y quemadas por conocer del cuerpo y la sexualidad, por retar los parámetros normativos y por ejercer sus conocimientos.

     Ahora bien…¿en qué se relaciona la palabra histeria y aquelarre con la palabra queer?

     Hace unos cuantos meses, en mi casa, la Casa Gomorra, asistió una cantidad de gente a la fiesta de Jerry. Lo suficiente para que los cuerpos sudorosos no dejaran duda con el roce cercano, íntimo, casi siamés con los demás cuerpos. La fiesta de Jerry, convocaba a las personas trans, inter, pro, panx, bi, les, gay, no gay, etc, todas y cada una de las posibilidades de género desbordables. La fiesta con temática pijamada, quedó plasmada en la desnudez, cosa que claramente irrumpe el esquema comercial y publicitario donde todxs vamos a dormir empijamados, pues no, la verdad es que todxs vamos a dormir desnudos o semidesnudos.

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La calentura era por todos lados, paredes, retículas y cualquier espacio meticuloso por donde pasaras estaba inundado de sexualidad; en esta casa de dos pisos, cada vez que bajaba las escaleras podías oler y dimensionar la magnitud de gente que bailaba en la casa. Entre cuartos se respiraban poses poliamorosas, pero también, hubieron encuentros y desencuentros sexuales, también algunas personas no se sintieron bien con el voltaje como decimos en Colombia. Claro que mi tono podría exagerar la situación, así que solo imaginen un ambiente donde literalmente se respira la sexualidad diversa, los cuerpos sin censura, la desnudez política, y el placer resignificado.

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Esa misma noche, realicé un ejercicio visual, instalé un altar en un cuarto de la azotea que se construyó con imágenes de porno gay trans y hetero, donde poco a poco según la ebriedad, la gente iba contando algún pecado sexual. De todas las maravillas sexuales, El Confesionario, terminó por ser un rumor de pasillo, tanto que cuando terminé, gente se me acercó a preguntar si aún podía grabarlos. Para mi sorpresa y comodidad, la palabra pecado sexual estaba llena de simbolismos, tabúes, y morbo que todxs quería exorcizar o experimentar de alguna manera.

     Entre historias varias como me follé a mi amiga sin que ella quisiera, se la chupé a un policía por que me gustó, confesar ser lesbiana, o me follo a mi prima hermana, como las calenturas en los coches, etc,  la fiesta de Jerry, a mi modo de ver, nos sitúa en las reflexiones contemporáneas sobre la palabra queer.

     Hace unos párrafos atrás, hacia la pregunta entre la relación de histeria, aquelarre y queer.

     Bueno, primero el contexto de la palabra histeria con el feminismo son discursos señalados como desviados; el aquelarre de las brujas, fue tan desviado que murieron muchas mujeres en la hoguera; y si de algo nos habla el pensamiento queer es de situarse desde lo desviado, lo incómodo, lo que es raro.

     Brujas, feministas, y mujeres siendo controladas por manos patriarcales en sus vagina, patologizadas como locas, hacen parte ahora de todo este juego curioso que es la teoría queer. Es aquí donde se cruza el pensamiento feminista con lo queer, es aquí donde debemos situarnos y no distanciarnos. Si bien lo queer en su breve literalidad refiere a la deconstrucción del binarismo de género, las brujas feministas tienen mucho que aportar a nuestros esbozos teóricos y artísticos. Las histéricas, como las mujeres del aquelarre, son nuestra manada furiosa, que revindica y posibilita que hoy en día lo queer sea una posibilidad de situarnos en palabras de Haraway, con el ojo bien abierto, mirando.  En ultimas, para mirarnos raro, para conocer nuestra mirada desviada, primero, hay que horizontalizar el discurso y la política de las mujeres desviadas de nuestra historia. NO hay revolución más bella donde todas las deconstrucciones posibiliten la bomba experimental de sacudirse el velo moral, hay que convocar en cada rito y mito “contemporáneo”, nuestras brujas histéricas feministas, para que lo queer no sea solo un comodín conceptual y seductor, sino, un devenir abyecto.

Que aquelarre más bello no sería el de ver los cuerpos abyectos sin ropa, uno con uno, con otra, con todxs y ninguno, con poder y posición de habitar.

Que aquelarre más bello no sería el de ser partícipe y espectador, voyerista y orador de la sexualidad del borde.

Acá… ¡sí!, desde la línea, desde ese imaginario fronterizo… a quienes nos identificamos con las posturas queer.

Aquí desde el margen, suceden y trasgreden los genderfucker.

Acá estamos en nuestro aquelarre, en nuestro rito y conjuro de bebidas corporales, como de ideas.

Acá mezclamos el brebaje del feminismo con los tacones políticos del vello varonil. Aquí, en este aquelarre queer, se vive y se transmite de generación espontánea, es decir, al que le dé la gana,  a él o ella o x que quiera, vivir y transmutar en alienígena del saber incierto del placer, aquí, se le inyectará la dosis única y eterna de la histeria colectiva, porque manada que aúlla permanecerá unida.

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Feminista Hereje: Entrevista a Itziar Ziga

Por Mirna Roldán Gutiérrez

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Itziar a los 7 años.
Foto: Jorge Boleas

Itziar Ziga  responde algunas preguntas para Revista Hysteria, y para presentarla no hay nada mejor que sus propias palabras: Periodista inadaptada, feminista hereje, diamante en bruta, vedette de extrarradio, vasca sin cencerro, gogo tardía, hipermétrope hiperbólica. Ha publicado los ensayos Devenir Perra, Un zulo propio y Sexual Herria.

Mirna Roldán: Para ti ¿Qué es el transfeminismo?

Itziar Ziga: El transfeminismo es una actualización presente de la radicalidad del feminismo que pretende aglutinar distintas procedencias de lucha, multiplicar las alianzas políticas y desesencializar para siempre la noción sexo-genérica y otras identidades. Gracias al transfeminismo (a los feminismos radicales y bastardos, a las insurgencias queer o kuir, a la lucha trans e intersex, …) afirmo que soy mujer por diagnóstico médico y como estrategia política. Para mi está siendo una efervescente reactivación feminista que ha ilusionado a muchas que ya estábamos, e incorporado a muchísimas activistas más de distinto pelaje, sin que importe lo que tengan entre las piernas. Dispuestas todas a pegarle una buena patada en los huevos al heteropatriarcado capitalista supremacista blanco, y encantadas de asumirnos como feministas, corriéndonos sobre el estigma.

MR: ¿Por qué te autodenominas bruja, puta, feminista hereje, monstrua, abyecta?

IZ: Bruja por mis antepasadas reducidas a ceniza y humo en la hoguera que allanó Occidente para la modernidad heterocapitalista. Y para reventar los asfixiantes límites de lo que nos imponen como realidad. Puta para desenmascarar la trampa de la feminidad decente y patriarcal y negarme a parecer sexualmente inofensiva. Feminista para visibilizarme dentro de esas multitudes de mujeres y demás parias de género insumisas al heteropatriarcado. Y porque sin feminismo, yo estaría muerta. Hereje por negarme a comulgar con credos, ortodoxias ni jerarquías dentro del feminismo. Porque desde que era una enana, siempre tuve la maravillosa costumbre de decir la mía. Monstrua porque las lesbianas acojonamos al patriarcado. Abyecta porque todo lo anterior me sitúa inevitablemente en las alcantarillas del sexo, del género y de la adecuación social.

MR: ¿Dentro de qué tipo de feminismo te posicionas?

IZ: Feliz y ferozmente embriagada en un feminismo radical y comunitario al que hoy podemos llamar transfeminismo pero que siempre ha existido.

MR: ¿Cómo es el feminismo más allá de las mujeres?

IZ: Me irritan todos los planteamientos que pretenden desmantelar el sujeto político, mujeres desde neofeminismos que confunden el hecho de que los géneros son construidos (esto ya lo dijo la Beauvoir en 1949) con que no existan los géneros. Las identidades son estratégicas, queridos, y hoy necesitamos hablar de mujeres más que nunca porque se trata de señalar la opresión. Igual que necesitamos hablar de indígenas, de pobres, de bolleras, de negras, de gitanas, de transexuales. Esto va de sumar, no de restar. Y de no ser tan estúpidas como para dar un salto al vacío en la lucha feminista. ¿Cómo coño combates la violencia machista dentro de la pareja si no localizas a las mujeres que lo sufren? ¿Tenemos que empezar a hablar de violencia indeterminada? ¡Ni muerta! Sobre todo porque entonces, estoy muerta.

MR: ¿Cómo transformar nuestro deseo en una herramienta de lucha?

IZ: Nuestro deseo siempre es herramienta de lucha porque esta mierda de mundo heterocapitalista se construye cada día amortajando nuestro deseo. No creo en ningún activismo que no nazca de la realidad y del deseo de cada una. Si el imaginario patriarcal porno es tan limitadito no es porque los hombres, yendo al ojo del huracán, sean falocéntricos y monocoitales en masa, sino porque a este sistema le encanta representar a los identificados como hombres desde una caricatura del macho. Imagina que cada criatura humana nos atreviéramos a desafiar a lo que se espera que deseamos. El mundo reventaría de placer. Así comprendió el feminismo radical más inteligente (desde los 80) que el porno es una de sus vías de subversión más preciadas.

MR: ¿Para ti que es lo Queer, Cuir o Kuir?

IZ: Cuando en el 2002 tuve noticia, por boca de Beatriz Preciado, de las insurgencias queer que habían detonado en Nueva York una década antes, quedé fascinada. Llevaba esperando esas revueltas desde los márgenes del sexo, del género, de la clase, de la raza, de la inadecuación social toda mi vida. Todas las periferias inscritas en mi cuerpo reventaron y conectaron con otras monstruas que ya no tenían que ser idénticas a mí, sino oprimidas como yo. El género ya no era el centro de la identidad como repetían para mi desazón las feministas europeas blancas burguesas y heterosexuales más prominentes. Y fuimos encarnando nuestras propias individualidades y multitudes queer en las alcantarillas de Barcelona. Yo no hablo de teoría queer, sino de insurgencias. Esa desdramatización, mutación, infección identitaria es para mí queer. Y nació poscolonial, por favor, porque venga de Nueva York no seamos tan burras y tan simplistas de negar a las bolleras chicanas, a las trans negras, a las maricas orientales que dieron cuerpo voz y rabia a colectivos míticos como Queer Nation o Lesbian Avengers. Qué pasa con Sylvia Rivera, la prostituta travesti yonky y sin techo de origen portorriqueño-venezolano que lanzó una taconazo molotov contra la policía el 28 de junio de 1969 frente al bar Stonewall durante aquellos disturbios que fundaron nuestra posibilidad de existir, ¿también era gringa por haber nacido, luchado y muerto en Nueva York? El discurso poscolonial no puede ser un arma arrojadiza contra las otras. Algo sorprendente del queer es que ha fundado sus propias versiones y comunidades en muchos territorios. Y que podemos nombrarlo como nos apetezca, cuir, kuir. En México, nadie mejor que la bruja Sayak Valencia para invocar el sortilegio.

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Lee más de lo que Itziar Ziga tiene que decir aquí:

http://hastalalimusinasiempre.blogspot.mx/

http://paroledequeer.blogspot.com.es/2012/02/confesiones-sentimentales-de-la-doctora.html

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Reseña del cómic «I was kidnapped by lesbian pirates from outer space»

Por: Pola RG

Todos los cómics que leo en línea han sido producto de largas y ociosas noches de insomnio, donde un artista me lleva a otro y así sucesivamente. Con I was kidnapped by lesbian pirates form outer space debió ser así, pero no puedo recordar cómo rayos terminé leyendo acerca de Susie y sus captoras, un grupo de piratas lesbianas del espacio, seres que solo existen en las novelas “pulp”.

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La historia habla de Susie, una secretaria que es secuestrada por piratas lesbianas del espacio que buscan a la princesa del planeta Lesbos-1 perdida desde que era una niña. Haciendo uso del Gaydar escanean el universo en busca de lesbianas esparcidas en otros planetas. La tripulación de la capitana Janet admite que esta misión es su más alta prioridad aunque no suelan tratarla de esa manera. ¿Quién podría concentrarse cuando hay tantas chicas en ropa provocativa, carreras espaciales, terribles chistes para contar, zapatos para comprar y alcohol para beber?

La idea inicial detrás este cómic es burlarse del «lesploitaion», un género popular en la ciencia ficción y las historias de aventuras que abundaban en la novelas baratas de los años 50. Al ir avanzando, la historia conserva el humor simplón con el que incia pero cambia un poco la forma de contarlo, pues pareciera que la autora se va tomando más en serio su cómic con el paso del tiempo.

     La historia de Susie y la banda de piratas está ambienta en los 50, haciendo uso de la estética retrofuturista  y echa mano de temas como la mitología y de un humor sin sentido. Para ojos expertos en los cómics, esta historia puede presentar similitudes con el manga Miyuki-chan in Wonderland al principio de la historia, pero no se queda estancada en eso, pues tiene un buen desarrollo temático, a la vez que con cada número vemos un avance en la técnica gráfica de la artista Megan Rose Gedris, alias Rosalarian.

http://lesbianspacepirates.com/index.php?id=1

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PAROUSIA Apocalipsis cuerpo a cuerpo, performance realizado por Lechevirgen Trimegisto.

Por E. Auch

Una lona desgastada que cubre la entrada diciendo «hoy hay función» parece decir lo contrario, pero aun es temprano, por lo que camino a la plaza de armas, la ciudad esta de fiesta, es 11 de septiembre y hay que comenzar los festejos con mariachis. No comprendo el cinismo de los festejos, pero la expectativa de PAROUSIA llama más mi atención con su «contenido explícito, violento y sexual» una vez que entre no puedo salir, tengo un poco de miedo debido a las indicaciones, media hora después la entrada del teatro se encuentra llena. Escucho inquietudes similares, no creen que sea tan explícito y discuten sobre sus expectativas. Un evento que no se repetirá, un ritual del que parece formaremos parte.

 

Las puertas se abren todos se conglomeran y por alguna razón nos rocían con aromatizante, un olor un tanto fuerte que me recuerda los autobuses. Por suerte el lugar huele a incienso, en lo que todos entran me percato de que la mayor parte del público es joven, el teatro casi lleno.

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El ritual comienza comienza con la aparición del Arcángel trompetista  al inicio del performance hay un aura ritual que poco a poco se va transformando, parece que nos asomamos por una ventana al espacio pánico donde todos los tiempos son uno. Me pregunto ¿cómo lo están viendo los demás?, pronto alguien hace saber su experiencia, «no entiendo nada» le susurra a su compañía, «se están perforando» creo que le esta doliendo.. ay no, su cara». Ahora el sicario apunta a una puta con los ojos vendados en una banda con signos religiosos, ella come a pesar de que parece ya no le entra más, se esconde bajo la mesa y él rompe la virgen en la mesa y la inhala, los murmullos cesan; ya no es necesaria ninguna explicación.

Es como ver una serie de cuadros que cobran vida,  donde lo violento es evidenciado sin violentar al espectador, mi miedo ante el performance se disipa.

 

Parafraseando a Anzieu en el yo piel : las fantasías de mutilación en la pintura de occidente se materializan en el arte del siglo XX y se trasladan de la actividad pictórica a la realidad corporal.

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Estos cuerpos están hablando al son del sermón que parece estar en otra frecuencia, en un espacio ajeno al que nos encontramos. Comienzo a buscar relaciones, es un cuadro sacro, ahora es doméstico, ahora político. El género se desvanece, dejando la retorica eclesiastica, pasando del rito a lo cotidiano a través de los objetos. Los cuerpos ya no son suyos, son cuerpos vulnerables, el hambre ahora es una mujer insaciable, temerosa, ciega.

Conforme la sangre comienza a rociar el cuerpos de Babylonia la Gran Ramera, se da la entrada al nacimiento visceral de la divina emplumada. La llegada del atlas  da el comienzo al final: El Apocalipsis.

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Al salir de algún modo me siento más liviana, puede ser por haber estado en el único ritual que tenía sentido en el centro de Querétaro, me pregunto ¿qué habría sucedido si PAROUSIA hubiera sucedido en la plaza de armas y los mariachis en el teatro?

Los invito a ver el registro de este performance en :

http://apocalipsiscuerpoacuerpo.tumblr.com/

 

 

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Diarios de una novia en acción: más allá del beso se dislocan los sentidos

Por Lia García (La Novia sirena)

La novia inicia la ceremonia. Se entrega en abrazos, camina un kilómetro de besos carmín, un kilómetro de ternura-tsunami, dinamita corazas, conquista lágrimas amnióticas. La novia paso a paso pronuncia las palabras: desandar, útero, amantísima. Se entrega a sí misma, se sabe su propia mujer. La novia lleva en el cuerpo una fiesta. Llega al altar vestida con el traje de la piel…

Alejandra Rodríguez (La Bala)

Una de las preguntas más polémicas y recurrentes que recuerdo a lo largo del tiempo cuando comparto mi trabajo artístico y pedagógico, específicamente aquel proyecto en el cual me he vestido de blanco y que seguramente muchas de ustedes recuerdan ha sido ¿por qué te gusta vestirte de novia? Así inicia este relato que hoy les comparto y que me devuelve afectiva y políticamente al proyecto de Encuentros afectivos (performances) 2012-2017 Puede besar a la novia. Hace poco tiempo, una tarde lluviosa, de esas tardes en que una ha resuelto la mayoría de los pendientes y repentinamente se percata que no tiene nada que hacer, decidí abrir las puertas del clóset café que se encuentra en mi habitación.

Es un clóset pequeño, de estilo rústico que ocupa una tercera parte del espacio. Cuando lo abrí era como estar entre las nubes, pues una ráfaga de polvo y diferentes olores me permitieron sentir un clima húmedo y a la vez ventoso. Esas materias y partículas las desprendía el lienzo blanco, amontonado, que forman mis casi 10 vestidos de novia y que descansan ahí, cada uno con su propia historia; algunos más deteriorados que otros y unos cuantos que aún conservan mis medidas. Éste clóset ahora abierto y un poco amontonado, es donde se encuentra mi archivo personal de arte feminista, y cada vez que lo abro es como viajar en el tiempo a través de mis afectos.

Vestirme de novia significa para mí un acto político que tiene que ver con la activación de la festividad, la comunicación amorosa entre personas y sobre todo con hacer de mi experiencia trans* una posibilidad de transformación colectiva. Para entender mi gusto por portar estos vestidos y transitar a lo que se convirtió en mi primer proyecto de intervención trans*feminista, quiero compartirles desde el corazón los antecedentes que encuentro en mi vida.

Me recuerdo siendo niña y explorando la caja de vestigios nupciales que por más de 10 años guardó mi madre en otro clóset  que teníamos en casa. Ahí se encontraba el vestido que había mandado a hacer con una modista para el día de su boda. También estaban las copas del brindis, el velo con todo y el tocado de flores marchitas y unos zapatos pequeños que llamaban mucho la atención por la delicadeza de su diseño.

Uno de mis secretos mas preciados de la infancia era sacar esa caja cuando mi madre salía a trabajar y tocar los objetos, olerlos y pensar en lo que en ese momento era imposible para mí; ser la novia y casarme con un hombre. Sí compañeras, algunas feministas también pasamos por esos momentos de credibilidad patriarcal, pero es importante vivirlo para después trascenderlo y resignificarlo, hay que decirlo sin vergüenza. Esta rutina que tenía de mirar el vestido y fantasear era una utopía un tanto lejana, pues en aquel entonces, a mis seis años me estaban formando bajo un mandato masculino ya que al nacer me diagnosticaron erróneamente como varón y claro, sin mi consentimiento. Aunque mi madre es una mujer bastante sensible y siempre me permitió acercarme a la feminidad, a su tiempo,  la vergüenza persistía en mi interior y eso no me dejaba hacerlo público, pensando que era un error sentir eso.

El tiempo pasó y yo guardé mi preciado secreto bajo la almohada, mismo que terminó el día en que mi madre decidió tirar aquella caja una mañana cualquiera haciéndole justicia a su propio deseo, pues ella no portn se desprenden de esteque tambimomento o piempre me permitimatividadconvirtimo viajar en el tiempo de los afectos.e maneras disó ese vestido por decisión propia y tampoco se enamoró auténticamente de mi padre, todo su ritual fue producto de una manipulación familiar y un afán inconsciente por quedar bien ante la sociedad como mujer ¡esto ya no sirve, a la basura! Dijo ella. Ahora entiendo lo que simbolizó en su historia tirar esos objetos y despojarse de sus recuerdos; también lo que significó para mí esa pérdida, pues aún recuerdo el momento exacto y lo dibujo en mi mente, ¡deseaba tanto tenerlo!. El único vestigio que se salvó del mercado de antigüedades y que aún conservo conmigo fue el álbum fotográfico y el patrón del vestido original.

 

Mi historia con la figura de la novia continuó y no fue hasta el año de 2012 que pude tener mi primer vestido; hacer realidad mi fantasía. Fue un regalo de mi amiga Arelhí Galicia con quien trabajaba en ese momento. Para mí este suceso marcó el inicio de un proyecto relacionado con la posibilidad de fantasear y buscar todas las posibilidades para materializar esos sueños y deseos que habitan nuestro corazón.

Recuerdo que Arelhí me habló de lo que significó el matrimonio en su vida y lo difícil que había sido para ella desprenderse de este ritiual y resignificarlo con el paso del tiempo. Cuándo le compartí el gusto especial que yo tenía por los ajuares nupciales y mi deseo por verme a mí misma como la novia, ella me miró a los ojos y me dijo ¡te voy a dar el mío! Y fue entonces que pude tener mi primer vestido oficial de bodas gracias a una amiga que confió en que mi historia podía resignificar el discurso tan fuerte que impregnaba y  también como un acto de amor que me deja sentir que la escucha de nuestras historias entre mujeres es fundamental y valiosa, pues a cada una nos atraviesan estos discursos y figuras arquetípicas de maneras distintas y solo así, desde el intercambio podemos de-construir(nos) y re-construir(nos).

Hay que precisar que el matrimonio no significa lo mismo para todas las mujeres, y que habría que situar geopolíticamente el ritual para entenderlo en multiplicidad, pero es cierto que en la mayoría de los casos se adscribe de manera general a un mandato social que tiene que ver con la entrega de las mujeres a la vida privada y a una transición que termina por colocarnos en un espacio de propiedad masculina y sumisión. Específicamente la figura de la novia, esa mujer inocente que es entregada por su padre al nuevo hombre que la desposará y que porta en su cuerpo un lienzo de color blanco a la vez que una máscara en forma de velo en su cara es una construcción cultural vinculada en su mayoría al catolicismo y a los mandatos de “la buena mujer”.

Cada una de las historias previas a la resignificación de mis vestidos encierran este patrón de violencia histórica ya que contienen  historias de desilusión, obligación, crueldad, pero también de liberación; pues todas las mujeres que decidieron desprenderse de sus vestidos por elección propia y me los obsequiaron para resignificarlos por medio de la acción afectiva, nos están compartiendo un fragmento de su proceso de liberación y con su propia voz comparten que nunca es tarde para comenzar por una misma con todo y nuestras cicatrices, la cicatriz es ese espacio tan paradójico donde hubo dolor pero también sanación.

Nuestro vestido, el que ahora comparto con Arelhí, es con el que aparezco en las fotografías que aquí comparto con ustedes. Se trata de la performance Hablar de lo que importa, que inaugura el proyecto puede besar a la novia, en el año de 2012 y que nos acerca a entender con más claridad los significados que tiene para mí dicho arquetipo que se traslada de lo privado a lo público y que deja la sumisión para pasar a la acción.

  1. En ese año me encontraba concluyendo los estudios en Pedagogía en la Universidad Nacional Autónoma de México y mis intereses por formarme como artista visual cada vez se hacían más claros, pues las propuestas de intervención-acción pedagógica tenían que tener, para mí, una salida artística vinculada al cuerpo y a los espacios públicos que lo contienen.

Poco a poco, con ayuda de mis colegas y maestras feministas como Mirnx Roldán, Liz Misterio, Mónica Mayer, Ale Puga, Lorena Méndez, Fru Trejo, Lorena Wolffer, Cerrucha y Adriana Raggi, me fui adentrando en los estudios de performance feminista y descubrí que a parte de tener dimensiones estéticas y políticas también tiene una dimensión pedagógica bien nutrida que permite convocar al cuerpo a la acción y por supuesto a la construcción de nuevas posibilidades de habitar y entender el mundo. Su lenguaje formativo y desbordado nos permite expresar de modos distintos una temática que nos atraviesa o una urgencia que al puntualizarse permite crear con y desde el cuerpo otras formas de sentir, mirar y aprender.

Hablar de lo que importa es una performance pedagógica que puntualiza las relaciones de poder que se dan en el ámbito universitario y que cuestiona como las desigualdades más obvias continúan surtiendo efecto en los cuerpos de quienes habitamos la feminidad aún en la universidad autónoma. También funcionó como una invitación afectiva al tacto como una acción política desde donde cuestionar y construir nuevas formas de comunicación corporal entre personas, particularmente construir la relación afectiva con la masculinidad desde la experiencia trans*femenina que socialmente tiende a ser castigada.

 

A continuación deseo acercarles de manera íntima a la performance:

Iniciaba el primer movimiento: aproximarme a la facultad de ingeniería, que en su mayoría, está poblada por varones. Mi andar era sutil, a una velocidad reducida, el viento pegaba en mi rostro que estaba velado y mis manos sostenían una pecera llena de arroz en la cual se encontraban escondidas las invitaciones a la boda (pregunta-acción). Mi amiga Liz Misterio caminaba junto a mí capturando los momentos.

En la primera parte no había sonido, mas que mis pasos, solamente ocurrían miradas de bienvenida entre los chicos y yo, y sonrisas que intentaban expresar lo contenta y nerviosa que me sentía por estar ahí. Necesitaba sentir la arquitectura del espacio con mi cuerpo.

Primera reacción: El sonido. Entre chiflidos y piropos la performance comenzaba a tener su propio tono y a delinear el primer espacio que la contiene: la seducción.

¿con quién te vas a casar?

¡dinos quién es el novio para poderle decir que ya nos robamos a la novia!

Fiu Fiu (chiflido)

¿Me das tu teléfono?

¡qué hermosa novia, yo si me casaba!

Conforme avanzaba y escuchaba cada una de las frases me daba cuenta de cómo la figura de la novia despertaba toda seducción y entonces como es que el arquetipo también se delinea a partir de la mirada de los hombres, al mismo tiempo que justifica esa masculinidad hegemónica al hacerse visible.

Segundo movimiento: Mi propia voz. La performance transita hacia mi voz cuando me acerco a los hombres que se encuentran en los pasillos y les pregunto a voz viva y tenaz ¿te gustaría participar?, ellos, antes de devolverme su voz, transitan con su cuerpo y su mirada hacia lo que contiene la acción en  su segundo momento: el rechazo.

La novia deja de ser el objeto de toda seducción y transita a ser el objeto-frontera pues ellos no sabían donde ubicarme cuando escuchaban el tono grave de mi voz, pero por supuesto lo asociaban a lo masculino. Esto producía que sus deseos se ubicaran en el rotundo ¡No! y que la participación fuera escasa.

Creo que este fue el primer momento fuerte para hacer un análisis de lo que sucedía pues estaba era un reflejo de cómo actúa la masculinidad frente a los trans* en la sociedad; de cómo nuestros cuerpos siempre son colocados en una frontera desde lo masculino; es lo que se contempla pero es intocable y prohibido, a menos de que se trate de un espacio privado ¿cómo es que un hombre no puede expresar sus afectos de manera pública? ¿a qué invita el cuerpo de una mujer trans cuando decide mirar? ¿cuál erotismo y cuáles afectos? Son tantas las preguntas que me surgían cuando las miradas cambiaron.

Tercer movimiento: Tocarnos. Recuerdo que mis deseos eran hacer que sucediera lo imposible y que pudiéramos transitar al tacto. Para que esto sucediera mi acercamiento fue diferente, pues transite de la pregunta a la intuición. Volví a caminar lento, comencé a mirarles fijamente y cuando mi mirada conectaba con la de uno de ellos me acercaba para devolverles mi voz desde otro lugar: “desde lejos conecté contigo y tu energía, me pregunto si te gustaría participar”, argumenté. Hablar de la energía y reconocerla va a ser muy importante para mí y para ellos, pues supuso otra manera de comunicarnos y de reconocer que eso es lo que nos podía guiar a transitar por la performance, el afecto, ellos tomaban una postura de confusión pues deseaban confirmar que su energía podía desatar un amor diferente entre nosotros pero aún el miedo continuaba, pues hacerlo público frente a todos los demás hombres que contemplaban no era una tarea fácil.

Esto nos dio la posibilidad de entablar un diálogo cercano y afectivo para plantear nuestras dudas. Recuerdo que pudimos hablar de cómo en esta sociedad el cuerpo de una mujer trans* se encuentra en una frontera entre la violencia y el deseo y las múltiples maneras en que confronta la masculinidad ya que supone una nueva manera de mirar la feminidad, pero también la masculinidad y los vínculos afectivos. Los chicos me hablaron del temor que sentían por ser vistos públicamente como personas cercanas a la diversidad y lo poco que conocían del tema más allá de la broma imperante donde sí aparecemos como objeto de burla y humillación.

Yo les compartí mi sentir y como para mí esta performance desmontaba todos esos prejuicios y estereotipos referidos a la feminidad trans* ya que invitaba a situarse en otro lugar para sentir lo trans*; es decir, acercarse de manera afectiva y corporal a mi propia experiencia para fugarnos de esos entramados sociales que dan como resultado la acción violenta hacia las mujeres. Al mismo tiempo hablé de cómo los afectos tenían que ubicarse en otros lados más allá de lo sexual desbordante, ¿En qué otro lugar están los afectos? Los afectos son una posibilidad pedagógica de transformación, una manera erótica de des-aprender y aprender ya que nos permiten construir nuevas realidades y maneras de comunicarnos con y desde nuestros cuerpos que han estado borrados de toda construcción de conocimiento (pienso, luego existo), entonces, era el momento preciso para comunicarnos afectivamente y fugarnos a otra realidad que no estuviera mediada por lo sexual o la humillación sino por el reconocimiento de nuestras historias y múltiples posibilidades de transformación colectiva.

Última reacción: Transitar juntxs. Cuando sucedía la acción táctil, los chicos buscaban una tarjeta de invitación en la pecera, cada tarjeta tenía una pregunta y una invitación afectiva, puntualmente a tocar mi cuerpo. Esta nueva forma de comunicarnos permitió que los chicos cedieran al afecto como acción de-constructora y transformadora aunque sus cuerpos aún se encontraban tensos por hacer pública una relación de diálogo afectivo con una mujer trans*. Desde el primer chico que decidió ser partícipe, uno tras otro sentía curiosidad por saber que decían aquellas tarjetas escondidas que tenían mis manos y entonces iniciaba el proceso entre respuestas, caricias, abrazos y una novia en acción en aquella enorme facultad .

Ejemplos de invitaciones:

¿Qué significa para ti ser hombre? Díselo a la novia en secreto.

¿Por qué decidiste estudiar ingeniería? Levántale el velo a la novia y dale un beso en la mejilla

¿Qué piensas de las mujeres trans? Contesta mientras acaricias la espalda de la novia.

¿Qué piensas de la desigualdad que existe entre hombres y mujeres? Acaricia el pecho de la novia mientras respondes.

¿Qué significa para ti vivir como hombre? Termina con un abrazo para la novia.

¿Qué sientes en este momento? Acaricia la parte de tu cuerpo que menos te gusta pero en el cuerpo de la novia

Esta performance inaugura una etapa en mi vida como artista visual y performancera feminista; pues fue el inicio de mi paso por la Academia de San Carlos en la UNAM y sobre todo, lo que detonó mi intima conexión con la feminidad y el espacio público como sitio de transformación colectiva. Al mismo tiempo me permitió comenzar mi trabajo pedagógico desde los afectos y las emociones como esa posibilidad de aprendizajes colectivos que están encaminados a construirnos como seres libertarios en constante crítica y acción.

Por otro lado, cuando hablo de la feminidad, me refiero a una feminidad incómoda o difícil de entender a simple vista como una propuesta nueva y de crítica social feminista, pues resulta complejo pensar que devolvernos a esas figuras construidas por el patriarcado sea portarlas tal y como son en su composición visual, o que tengamos una fascinación personal por aquellas construcciones de la feminidad vinculadas a la repetición de un patrón que desde el feminismo se ha intentado cuestionar y dinamitar, pero recuerden colegas ¡Caras vemos, historias de vida no sabemos!.

Hay que precisar que en el arte feminista latinoamericano, como nos invita a pensar Julia Antivilo, han sido muchas las artistas que hemos utilizado el recurso del vestido de novia para hacer una crítica fuerte al ritual del matrimonio y el papel que juegan las mujeres dentro de este rito de paso, cada una desde su propia historia y de múltiples formas artísticas. Algunos ejemplos han sido Lorena Méndez (La Novia, 2009), Sandra Martí (Descasamiento, 2009), Fru Trejo (Nupcias, 2012) María Romero (La Novia de Culiacán, 2015) y María Eugenia Chellet, entre las más destacadas.

Por supuesto que el vestido de bodas es un recurso muy utilizado en el arte del performance, como me dijo un profesor en la escuela de artes ¡Eso ya esta muy visto!, y sí, pero me agrada pensar que cada una lo aborda desde su historia personal y que cada acción tiene objetivos muy distintos, eso sucede cuando una hace el ejercicio de escucha y se da cuenta de que sigue existiendo una necesidad por salir del ritual como nos lo han transmitido a lo largo de la historia, por eso este recurso sigue siendo importante y necesario portarlo.

Por otro lado, la artista feminista Liz Misterio en su investigación sobre el ritual de paso de la quinceañera en México, nos ha enseñado de una forma muy certera y generosa que es necesario construir otros rituales, con todo y nuestra historia, pero también, propone que si es necesario pasar por el ritual, tal y como es, en un primer momento, para después de-construirlo, lo podemos hacer, y colectivizar. Esto, creo que es lo rico del ritual, que colectiviza, convoca y construye memoria, por lo tanto archivo.

En mi caso, al legitimar mi vida y mis prácticas artísticas desde el feminismo siempre fue incómodo que apareciera en mis acciones vestida de novia, pues al ser una mujer trans* se esperaba otra cosa lejana al hecho de querer portar estas figuras de la feminidad patriarcal con ese gusto tan particular (la novia, la quinceañera y la sirena); al inicio para mis colegas feministas parecía como una reproducción de esa feminidad impuesta por los siglos de los siglos, o como una manera de transitar a la opresión de lo femenino. Hay que decirlo como es; la figura de la novia sigue siendo incómoda e implica un mandato fuerte que debemos romper, pero ¿hasta donde se extiende la propia voz para ser escuchada? ¿Cómo trascendemos lo visual y nos colocamos en la historia de la otra de manera sensible? ¿cómo respetar los procesos y tiempos de cada una respecto a la de-construcción?

Cada una comparte su historia en la performance feminista; sus deseos, inquietudes, temores y utopías, como dice Josefina Alcázar, la performance es la biografía de las artistas puesta sobre el espacio; una especie de entrega que se extiende a las otras y trasciende. Para mí vestirme de novia significa hablar de mi compromiso íntimo de transitar y apropiarme de mi feminidad. También tiene que ver con compartir un deseo prohibido que finalmente pudo ser posible en mi biografía. Creo que las prácticas artísticas feministas tienen ese potencial de ubicar la transgresión y la crítica en otros puntos que van más allá de la imagen.

Una posibilidad es transgredir la imagen, pero otra muy potente es transgredir las prácticas, no importa si nos vestimos de novia y nos maquillamos la cuerpa, tal vez lo deseamos profundamente, como si fuera el día más esperado de una mujer, el hecho de hacerlo cuando nosotras queremos y no cuando nos dicen es ya por sí misma una transgresión y una crítica al ritual y a los arquetipos, imagínense las bellas y políticas implicaciones que tiene vestirnos de novia porque queremos y cuando queremos y no porque estamos comprometidas con un hombre o porque nuestra familia lo desea. Decidimos nosotras donde, como y cuándo.

Desplazar esta figura nupcial y nuestra historia personal con ella a la cárcel como en el caso de Lorena Méndez que plantea nuevas pedagogías en el espacio penitenciario, a las escalonitas de las catedrales mexicanas en la acción de María Romero como una forma de salir del encierro católico, a la iglesia misma para después salir casada consigo misma como Fru Trejo, o cortar con sutil y amorosa energía el vestido de Sandra en manos de sus amigas y compañerxs para re-semantizar el ritual, es desplazar el imaginario social del ritual del matrimonio a una crítica feminista que descentraliza el verdadero quehacer de la novia y la ubica como puente de comunicación con otras realidades transformativas y sobre todo con otras historias del arquetipo femenino.

Son aquí nuestras prácticas estéticas y pedagógicas las que permiten pensar a la novia de otro modo, aunque continúe vestida de blanco; somos novias en acción, y no en sumisión. Nos entregamos a nosotras mismas y nos casamos con nuestra historia para después compartirla y fugarnos juntas a un mundo otro: raro, sensible, femenino y donde nuestros deseos crecen desde la raíz al punto más alto.

Levantamos nuestro velo para darle la cara a esta sociedad machista, inundada de violencia hacia las mujeres libres y libertarias que enseñamos vida y color, somos esas mujeres que con nuestra libertad detonamos incomodidad pero también justicia, propia y colectiva, somos nosotras las que nos damos el SI radical, porque somos amables, amables porque sabemos a(r)marnos, tenernos y celebrarnos por los siglos de los siglos.

PARA TODAS, UN GRANDÍSIMO SÍ, CON TODO MI AMOR.

 

Fotógrafxs de las acciones:

Lia García: Liz Misterio.

Fru Trejo: Archivo del proyecto Nupcias.

Lorena Méndez: Archivos La Lleca.

Sandra Martí: Alejandro López Saldaña y Sandra Martí.

Maria Romero: Nelly Sánchez.

Patrón: Archivos Lia García.

[divider]

Lia García. Nació en el año de 1989. Es originaria del sur de la Ciudad de México donde actualmente reside. Es defensora de los derechos humanos de las personas trans* y aprendiza feminista.

Estudió Pedagogía y Artes Visuales en la Universidad Nacional Autónoma de México realizando la investigación Puede besar a la novia: la experiencia del cuerpo trans* como una pedagogía afectiva en la cual trabajó los cruces entre la pedagogía radical, el feminismo de los afectos y los cuidados así como los estudios de performance.

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Besar para conocer – dos video acciones de Jessie Jack

En la obra de Jessie Jack el besar es sinónimo de explorar y de adquirir un conocimiento de los otros y de si misma a través de las redes intersubjetivas que tejen los actos afectivos.

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Acción para video

2012

Pero yo te quiero

Registro de performance

2012

[box type=»shadow» ]Jessie Jack (Noruega)

Puedes ver más de su obra aqui: http://jessiejack.tumblr.com/[/box]

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E.T. Zapoteco: Campaña UNHATE

Por César González – Aguirre

La verdadera prueba de una inteligencia superior es poder conservar simultáneamente en la cabeza dos ideas opuestas, y seguir funcionando. Admitir por ejemplo que las cosas no tienen remedio y mantenerse, sin embargo, decidido a cambiarlas.
E.T.

– “Me mantengo en huelga de amor” –

Dicen que se va el zapoteco,
ya nadie lo hablará;
ha muerto, dicen,
la lengua de los zapotecas.

¡Ay, zapoteco, zapoteco,
quienes te menosprecian
ignoran cuánto
sus madres te amaron!
¡Ay, zapoteco, zapoteco,
lengua que nos das la vida,
yo sé que morirás
el día que muera el sol!
G.L.

¿Cuál es el branding del amor?
¿Y la escena del beso de liberación?
¿En Medio Oriente o mejor en un espacio interior?
La emoción genuina que permite su rencor
la caricia amable de su compasión
lo desechable del tiempo que le tocó.
¡Qué pendejada tan grande se les ocurrió!

¿Qué es lo contrario al odio en la globalización? – Quien se burla de su socializada organización –
– Quien contesta con dudas a la acción –
– Quien se sabe disfrazado por el discurso de interacción –
¿                                                                                                        ?

¿Cuál es la causa de la alza en el hablar del amor?
De los no odios por encima del rencor.
El enojo que viene del espacio exterior:
con su religión terrorista y mitos de no emancipación.
¿Cuál es la causa de mi llanto cursi y del consenso que dice Yo?
de la disidencia de actuar según las pausas
de la globalización.
Las creencias que acabarán en un rato
en la pantalla del videoconsumidor
de actitudes que subvierten solo la mente de
quien nunca existió.

¿Cuál es tu marca de la subversión?
en el contacto de una imagen que tantas beses ya se representó
Tu singularidad ya se imaginó
tal cual se formó en tu disidencia amable y por demás menor.
¿Es tan difícil cambiar de dirección?
dar la espalda al proyecto emancipador
(ya sabemos donde se formó)
¡Igualdad! ¡Libertad! ¡Fraternidad!

Mira la estrellas sobre la bruma de tu global discusión
caliéntate, pues hay para todos un enemigo (al cual aún no se derritió)
conténtate con saberte solidario y preocupado por tu hermano menor
el que no contestó si podía besar tu inquietante preocupación.

¡Volvamos al tiempo donde lo personal se politizó!
¡Alégrate!

(Un poco de risas al guión)
¿Ser de —libre elección— ya te bastó?
Tu actitud contestataria ya te conquistó:
¿Tu acción directa algo cambió? o ¿al menos resistió con un golpe a tu enemigo mayor?

liberacion

 

You said ‘B’
Si el mundo gira en mi órbita rojiza del horario de hoy
Digo ¡mejor yo!
Si mi contexto se derriba y mi clase se devalúa un poco más hoy
Digo ¡mejor yo!
Hoy cuando cae la noche y vuelvo al espacio exterior
Grito: ¡Este es mi hogar: aquel que no es el que nunca me reconoció!
Si el mundo se achica en sus polos por tanta opinión
redundante y falta de espacio para la duda menor
Digo ¡mejor yo!
Cuando mi piel ya se despintó
Digo ¡mejor yo!
Y por si queda la duda:
¡A la luna llegué hoy!

You said ‘B’
¿Te acuerdas que la historia ya se derrumbó?
Ninguna verdad ni creencia en la cual dejar caer tu cabeza.
¿Apoco tu mente tanto se infló de pensar y planear “la revolución”?
Aquí pues yo.
Aquí pues yo.
Aquí pues yo.

You said B… ‘GOOD’
Aquí pues yo.
The sun rises as a line of men wearing helmets and uniforms march up the street.
An alien stands in front of a round light and transmits a homing signal, presumably to call the other aliens back to the ship.
His skin discolored to a grey-white hue, lies on the floor as a man in a space suit enters the room. «Home,» says.

[The character’s positions are structured to emphasize the separation from the others.]
[They feel sorry for Evo because he was telling the truth and no one believed him.]
[Presumably, he has used his telepathic powers to place Evo into a trance in order to merge their minds and feelings.]

Upload a kiss

500 watatami runakunapa tantanakuyka tiyashka. Ñukanchikka llaktapi ima tiyashkata ama apachunmi mitsashkanchik; Europamanta, paykuna kaypi kashpa llakichikpimi hatarishkanchik. Maykan llaktakunapika ñukanchikmi llaktataka wiñachishkanchik. Ecuadorpika Llaktapi Kawsakkunapa Hatarimi chayta rurakun. Chaymantami Ecuadortaka alliman rikunchik.

Estados Unidospa shutipi kak wasi Estados Unidospi mana tiyashkamantami Estados Unidospika llakta pushakta mana llukchishpa kachashka.

América Latinapika runapa tantanakuykunataka mana rikunayachishkakunachu. Boliviapika ñankunapi mana puri usharkanchikchu, hatun panpankunaman mana chayay usharkanchikchu.

Llaktakunata yallinkapak tukuy minishtishkatami charirkanchik, shinapash Franciaman chayakukpimi, chayachun mana sakirka. Shinapash ¿Rusiaman tikrakukpi, mana chayay ushashpaka, imashi tukunchikman karkanchik? Boliviapi, Ecuadorpi, Estados Unidospa makanakukkunata llukchishpa kachashkata; ñukancik allpapi ima tiyashkata ñukanchikpi makipi churashkatami rawrachinkuna. Ñukaka runami kani, hatun llakpik llaktakunata mana rikunayachinichu, chaymantachari mana rikunayachinkuna.

Kullki charinata rikushpaka, kay wataka 6% shinami kanka. Kamaypi kashpaka, pushanatami shikanyachirkanchik.

Kay tantanakuyka shuk llaktakuman yaykushpa llakichinkapakmi alli kan. Riksishkakuna uyaychik, ñukanchikpa kashkakunatami rikuriyana kanchik.

Ñukaka runakunapa tantanakuymantami shamuni. Mana pantarinachu kanchik. Tantanakunami kanchik, mana kashpaka, llapinkakunami, llakichinkakunami. Tantanakunami llakichinapa shuk hanpi shinaka kan. Shinaka tantanakushunchik. Ñukami pushak shina karkani, kunanka Bolivia Llakta Pushakmi kani, tantanakushpami kashnamanka chayashkani.

Mana atinkakunachu.

[This is the end of act one. The antagonist and his forces have invaded the home of the protagonist and taken them into possession. This terrifying invasion of the privacy of their home generates more empathy.]

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Reseña de Lesbian Curves 2

Por Liz Misterio

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Es una producción de Trouble Films, compañía productora de películas pornográficas feministas/queer en donde actúa y dirige la pornstar Courtney Trouble.

En este filme, como su nombre lo indica, veremos escenas de sexo lésbico protagonizadas por Betty Blac, Kitty Striker, Courtney Trouble, April Flores y Kelly Shibari, unas guapísimas actrices gordas que te hipnotizarán con sus enormes pechos y pícaras sonrisas. Aquí vas a ver de todo un poco: amarres, juguetes sexuales, columpios del amor, nalgadas, mordidas, orgasmos y risas de complicidad.

Lo que más me gustó es que da una perspectiva completamente realista de lo que es el sexo lésbico kinky, lúdico y consensuado, no como el típico porno mainstream: posado, frío y ejecutado entre extensiones de cabello y uñas de gel en donde solemos ver técnicas amatorias que pretenden verse bien, pero que no están pensadas en función del placer de las actrices.  Estas chicas saben lo que hacen y lo hacen muy bien. Incluso cuando se ponen guantes de látex para hacer un fisting, lo hacen ver de lo más erótico y divertido.

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Esta cinta es una oda a la belleza y la cachondez de las mujeres gordas que muestran suaves cuerpos y gustan del sexo duro y sin tapujos. Definitivamente celebro la iniciativa de estas chicas de representar digna y muy eróticamente un tipo de cuerpo poco visto en producciones pornográficas.

Si tus entrañas claman por ver un porno diferente, lésbico, ético, político, kinky, queer y muy cachondo, te recomiendo ampliamente esta película.

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