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Editorial #3 «Akelarre»

Portada-Aquelarre-final
Dibujo de portada: Alex Xavier Aceves Bernal

Los aquelarres eran reuniones de brujas en cuyos encuentros intercambiaban conocimiento: sabían de animales, plantas, minerales, así como del cuerpo y sus misterios. Creaban recetas para curar, tenían conocimientos avanzados de medicina, lo cual fue convenientemente interpretado como poder diabólico: se les acusó de herejes y se les condenó a muerte. El saber que las mujeres tenían, especialmente en sexualidad y reproducción, representaba una amenaza que ponía en riesgo las estructuras de poder de la iglesia y el patriarcado.  Sólo hay una cosa más peligrosa que una sabia: un grupo de personas sabias y solidarias entre sí.

En este número, Hysteria, retoma el aquelarre para plantear la posibilidad de generar alianzas y complicidades con distintas corporalidades: trans, gays, hetero,bio hombres/mujeres no hegemónicos, mujeres solidarias, lxs que caben en muchas de estas categorías y lxs que prefieren no meterse en ninguna. Un espacio ritual donde se haga política, amor, amistad y complicidad: la fiesta, la orgía, la protesta, las comilonas, los talleres, el arte: la propuesta es disentir gozando, riendo, gritando, juntxs.

Akelarre, para Hysteria, no es sólo reunión de brujas o liderazgo de seres que definen sus propios modos de actuar, representarse y ejercer su conocimiento, es también, el quehacer colectivo y no normativo, es la manifestación, el encuentro. La unión de una serie de subjetividades que se vinculan y ejercen, aunque sea momentáneamente, su derecho a participar; es el momento liberador de placer, consigna, desahogo, independientemente de la etiqueta que cada persona lleva consigo; no es sólo un momento de euforia, es también vinculación efectiva entre las diversidades que se comunican, interactúan y se hacen un sólo cuerpo: el de la voz colectiva que respeta cada una de esas particularidades de la masa que alcanza fines comunes actuando en conjunto y sacudiéndose el patriarcado todo el tiempo.

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Rogelio

Autora: Sophie Genis

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Self Portrait

Por Przemysław Branas


[box type=»shadow» ]Przemysław Branas (Polonia, 1987)
Fotógrafo y performer de origen polaco.
www.why-branas.blogspot.com
www.photographybranas.blogspot.com [/box]

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Quimera Rosa: estimulación, colectividad y transmisión de conocimiento

Sexoeskeleton es su próximo proyecto, que realizan con Oskoff Lovich y Víctor Mazón. Basado en el hackeo, el cacharreo y el DIY (Do It Yourself), es un exoesqueleto para establecer relaciones sexuales a distancia cercana… que además estará disponible para poder armarlo en casa. De eso trata Quimera rosa: estimulación, colectividad y transmisión de conocimiento.

Por Ivelin Buenrostro

Un par de ojos castaños y una enorme sonrisa enmarcada por cabellos rojos da la bienvenida. Es Ceci. Al fondo, el olor de los pimientos del padrón asados invita a pasar y refiere la presencia de Yan, que en la cocina, termina los últimos detalles para subir a la terraza y dar inicio a nuestra entrevista con una ligera cena de tapas.

     Ceci pide un tiempo para comer antes de contestar cualquier cosa. El cuestionario lo he resumido en cuatro preguntas básicas: ¿Cómo empieza Quimera Rosa?, ¿Por qué Akelarre Cyborg? ¿Por qué sadomasoquismo (SM)? ¿Por qué el sonido?

Yan, comienza a contar:

     Quimera Rosa empieza hace cinco años por una relación entre dos personas que no se encuentran satisfechas con los binomios sexo-género en cuales están socialmente catalogadas, y deciden comunicarlo de forma pública y artística.

     Ceci añade, también de encontrarnos en un entorno artístico, diferente, trabajando con gente que se está cuestionando en torno al sexo, al género, a la postpornografía: un espacio fértil para realizar cosas.

     Barcelona ha sido un terreno fecundo en la escena postporno. Las dos hacen referencia y agradecen, por ejemplo, el maratón del MACBA que en la década del dos mil contribuyó a la articulación de una importante red de personas que trabajan ese tema, cada una desde enfoques y preguntas específicas, pero en comunicación y, cuando es posible, encontrándose. El término de quimera lo retoman por Donna Haraway, quien enfatiza la desnaturalización del género y los consecuentes fundamentalismos que acarrea: “Quimera, híbridos teorizados y fabricados de máquina y organismo…”

Akelarre Cyborg

La transformación cotidiana es una cosa, la performance akelarresca, otra. Quimera Rosa trabaja a través del juego que se crea en el escenario, sólo poniendo pautas para el intercambio y la generación de acciones, pero en donde el público hace y deshace a su antojo, juega, bebe, se dispersa, vuelve… Tanto, que a veces no saben cuándo hacer que pare. Como en el último akelarre en Barcelona, que duró dos horas y media. Akelarre Cyborg es una performance que han realizado en diversas ocasiones, pero varía y está en transformación continua.

     Yan escribía sobre brujas, por lo que empezaron a preguntarse: ¿Qué características debería tener una performance desde la dinámica de un aquelarre? Mientras platica, Ceci complementa las ideas. No importa quién lo diga, contesta Quimera Rosa como unidad:

     Yan: La idea del ciborg lo trabajábamos desde antes, la prótesis como extensión corporal, el ciborg como una manera de construcción de las relaciones y los cuerpos. Partimos del anclaje feminista post-identitario, retomamos el aquelarre porque históricamente se ha entendido que el feminismo aparece después de la modernidad, en un sitio dado, en un momento específico y asentado en una cultura determinada. Un subproducto de la modernidad, de la ilustración. ¿Qué ha pasado antes? ¿Qué se ha perdido como historia? ¿Qué ha habido en otros sitios? A través de la brujería, ejercicio de ficción —porque sabemos que la historia ya está escrita y sabemos por quién— queremos acoger estas imágenes y generar metáforas. También tiene que ver con una crítica de todo el  movimiento de la modernidad, que es el momento mismo de la colonización y de la caza de brujas: de la normalización cultural.

    Ceci: También tomamos la idea del aquelarre como arte total, donde hay una cosa compartida, colectiva, festiva, donde se transmiten conocimientos. Vamos probando, trabajando con rituales colectivos, trabajando con la gente ahora, antes no trabajábamos directamente con las personas en el espacio escénico. Nosotros damos las pautas, pero el ritual lo hacen ellas. La idea es que coja una forma orgánica, autónoma y que la gente pueda moverse por el espacio y hacer lo que le apetezca. Es un  proceso de experimentación constante.

    Yan: Mezclamos la imagen entre naturaleza y tecnología, de borrar esta frontera entre lo que es natural de lo que no lo es, también asociada a la bruja como imagen prototipo. La mujer que está cerca de la naturaleza y se opone al ser tecnológico se rompe, queda atrás. Trabajamos con elementos muy sencillos a nivel simbólico —el agua, la sal— pero usando sus propiedades técnicas (como la electricidad). Es hacer alta tecnología con los elementos más básicos, como una bruja: cuando fabricas una droga con la planta, estás haciendo alta tecnología, cuando curas gente con una planta estás haciendo alta tecnología, no estás ahí con un don natural. Hay una producción y transmisión de conocimiento genuina.

          Queremos romper con la imagen esencialista acerca de la brujería que, no es un conocimiento científico. Claro que no lo es porque le quitaron ese estatus. Estás en la Edad media, una época totalmente inculta al nivel del poder, y de repente el Renacimiento, donde aparecen todos los conocimientos. Desaparecen las brujas y te dices a ver, ¿qué ha pasado aquí? Es una transmisión de conocimiento que no se ha dado, sino que se ha robado. Lo mismo pasa con la colonización. De un montón de sustancias que se manejaban, —por ejemplo, la quinina, un ejemplo típico de sustancia que se usaba por las comunidades que vivían ahí y curaba la fiebre, era abortivo, etc.— llegan los colonizadores con la malaria, empiezan a morirse, la ciencia de entonces no es capaz de hacer nada, y se dan cuenta que hay una medicación que les cura. Lo que hacen es robar este conocimiento, desaparece de ahí porque lo tachan de brujería y lo catalogan como descubrimiento científico europeo. Deforestan los bosques y empiezan a producir quinina a saco. Siempre ha pasado este proceso de robar el conocimiento y ponerle el sello científico. Entonces esta cosa de pre-científica y científica es una invensión. Se empieza a crear la universidad, las disciplinas, medicina. Ahora mismo, el  feminismo está ocupando mejor esos espacios de poder y hay ganas de ocuparlo, de subvertirlo desde dentro.

Mientras los vasos de vino se vacían y llenan, hablan de la importancia de descontextualizar el akelarre también, una experiencia en  Cochabamba:

     Ceci: En Cochabamba, Bolivia el akelarre funcionó muy bien porque es una comunidad que maneja mucho los rituales en el aspecto cotidiano, hay otra relación con lo colectivo, con la comunicación no verbal, con cosas que estamos intentando probar y ahí fue mucho más sencillo.

     Yan: Cuando las brujas se encontraban se daban citas en sitios que no eran especialmente suyos, sino que eran favorables para encontrarse porque las condiciones permitían hacerlo, pero venían de varios puntos, de varios países lo cual no era una  complicación en sí, pues se juntaban para producir conocimientos, experimentar cosas, de tener  prácticas pactadas.

      Si trabajas desde unas pautas comunes, simbologías comunes —o diferentes, pero hablando del mismo elemento— no hay mucha complicación. Y, en Bolivia, si bien había una base de entendimiento, también había una de extrañeza frente a nuestras prácticas, y esto generaba un diálogo muy bueno, porque nosotros también estábamos en la misma situación de extrañeza y apertura a la vez, digamos éramos marcianas las unas para las otras, entonces era fácil.

     Ceci: Trabajar en Bolivia fue trabajar un poco fuera de la comodidad. Estábamos repitiéndonos, estancándonos y  aunque no era  un sitio que entendiera a lo mejor la base de lo que estábamos haciendo, nos dejaron trabajar de manera totalmente libre, sin ningún tipo de censura… hicimos cosas que pudieron parecer fuertes y no hubo ningún rechazo ni problema, al revés. De hecho nos han censurado más aquí.

    Es curioso porque estando paradas desde un discurso de desidentidades, desidentificación, muchas veces  acabamos juntándonos con un cierto ghetto, con unas ciertas personas o con unas ciertas prácticas, que en un momento pueden ser rompedoras de algunas cosas pero si uno se acomoda en eso también puedes ser un poco conservador en cierto orden: “hago estas cosas, hago estas prácticas, hago estas performance, me dedico a tal cosa”.

Akelarre Cyborg son Yan y Ceci, pero también Paula y María de TransNoise, cuatro personas que trabajan en conjunto cuando la situación lo permite, es un proyecto nómada, circunstancial, contextual y modular. Como el aquelarre, viene quien puede, pero siempre fluye.

BDSM

     Yan: Para mi es una herramienta de revelación y de liberación sexual porque permite modificar la configuración corporal habitual de las relaciones sexuales basada en los genitales exclusivamente, entonces es tanto una herramienta para trabajar a nivel sexual como de género porque no importan las supuestas preferencias que puedan tener las personas si están en juego otros parámetros más allá de su género o sexo. También trabajas a nivel de las relaciones de poder, porque en las relaciones heterosexuales clásicas el poder está dado de por sí en la relación hombre-mujer. En el sadomasoquismo se pacta todo, los roles se pueden intercambiar y siempre hay consciencia de estar performándolos, entonces es una herramienta de deconstrucción muy potente.

     Ceci: Se performa la masculinidad, la feminidad. Lo que pasa al tener que pactar con alguien, comunicarse con  alguien para decir “bueno, hacemos esto, a mí me gusta esto, a mí no me gusta esto”, es precisamente deconstruir la naturalidad que pueden tener las relaciones sexuales, que parece que fueran una cosa dada de una manera entre un hombre y una mujer, o entre dos hombres, o  entre dos mujeres. Te genera un espacio de deconstrucción de las relaciones sexuales, de lo que pudimos haber aprendido que deben ser pero también tiene que ver también con el trabajo en las fronteras: público-privado, placer-dolor, qué es lo corporal. También es una forma de deconstruir lo que son los placeres y lo que es diferente, que no es la manera establecida socialmente. Además quita prejuicios. Hay miles de grados en el SM, desde un juego de rol, hasta electricidad, y siempre se ve algo rudo y fuerte, pero tiene que ver más con esa deconstrucción sexual donde las cosas son pactadas. Por ejemplo, la primera vez que vi a alguien que se daba electricidad me dije: “joder, yo vengo de Argentina, 30 mil muertos y desaparecidos, la picana eléctrica, los militares”. Pero no lo vi como “eso es malo” si no que yo tengo una limitación: La única manera como puedo ver esto es como un modo que genera dolor, represión, pero esta forma de verlo ha cambiado. Con este ejemplo, puedes ver la artificialidad que hay en las relaciones de poder, ya que te das cuenta que las prácticas no tienen una naturaleza establecida para que sean sexuales o no sean sexuales, placenteras o dolorosas, hay más elementos en juego, como el contexto y un montón de cosas.

     De hecho generalmente las relaciones sexuales básicas se ven como naturales pero no es así. Mi primera relación sexual la asumo como una violación, pues fue una cosa de poder de un tío sobre una tía. El SM no es una práctica de un guetto, de un grupo, sino una práctica de cualquier persona que se relaciona con otra, de dos personas conversando, una recibe placer y cuando dice basta  pues basta y se acabó. Porque en la base debe haber un pacto para relacionarte sexualmente con alguien, no hay nada natural dado, las relaciones se juegan, tú pones las reglas y dices hasta dónde puedes llegar.

    Estamos acostumbrados a que las cosas no se negocian, tú no puedes decir “hasta aquí no quiero jugar más” o “esto no me gusta”… hay ciertas cosas que tienes que sí o sí, seguir, porque parecieran de la naturaleza humana y no es así.

    Yan: Naturalización de la violencia, también. El SM lo que hace es desplazar un poco la noción de violencia. Me  interesa dejar bien claro que el SM nunca es violencia, la violencia no está en la práctica, sino en el no consenso. Hay gente a la que le gustan unas cosas, a otras no, se van cambiando de gustos, se juegan con relaciones intensas sensoriales.

    En el SM, yo no siento dolor. Lo que pasa es que la gente proyecta su imaginario y piensan que eso duele. No me duele, de lo contrario no lo haría. Cuando paso la frontera en que el placer ya es dolor, paro, este tipo de relaciones te permiten decir cuándo es suficiente.

    Ceci:  No es que dejes a mitad el polvo, es eso el polvo, relaciones que no tienen un principio ni un fin establecido, un protocolo, sino un contexto y particularidad de las dos o tres personas que se estén relacionando. No hay una meta ni  un recorrido establecido sobre lo que debe ser la relación sexual, ni se entiende que deba ser puramente genital. El cuerpo entero es un órgano sexual, además ampliable. En las perfos, trabajamos el BDSM con sonido: por ejemplo con agujas, cuando la persona toca las agujas, genera sonido: transformas el cuerpo, es como un instrumento, juegas con él, modificas la relación sexual, lo que podrías hacer. Yan, agrega, el SM es una práctica creativa.

El sonido

     Ceci: El cuerpo implica todos los sentidos, no es sólo el coño o la polla. Vas tocando algo y generas sonido, es una  relación nueva.

    Yan: Hay ganas de deshacerse de lo visual, de la visibilización, pues te hace repetir estereotipos y normas. El sonido está mucho menos codificado, se trabaja la sinestesia, mezclar los sentidos, escuchar sonidos y colores. Si el tacto genera sonidos, genera sentidos nuevos, por lo tanto cuesta más dar unicidad y normalizar, es algo completamente marciano.

    Ceci: Sobre todo porque abre también las posibilidades de no ver cuerpos tan definidos, se amplía el paisaje de percepción al ser más confuso, genera mucha sensación, abre otros canales de percepción. Es interesante tanto si lo haces como si lo ves. Y al igual que el aquelarre, funcionan otros patrones mentales que los habituales, y la visión está muy ligada a la normalización de los cuerpos. El sonido está un poco menos racionalizado.

    Vemos el sonido como un espacio más anárquico y posible de abrir percepciones que la imagen. Vivimos en un mundo visual, nos manejamos por la imagen, nuestra cabeza funciona de manera estándar en ese sentido. Al sonido, sobre todo trabajando con noise, no con melodía ni estándares musicales que lo guíen, te posibilita relacionar otras cosas.

Las contingencias les permiten trabajar y aprender de gente de diversas áreas, contagiarse, articularse. Como con Post-Op, con quien hacen performance, o en los Genera Tech, que organizaba Klau Kinki y los Summerlab organizados por Pedro Soler. Como en un akelarre, con gente que deja los conocimientos abiertos, a los que todo mundo tenga acceso, con tecnologías baratas, que cualquiera puede construir. Como en un akelarre, ampliando los canales de percepción. Habrá que esperar a que el desarrollo del Sexoeskeleton pronto esté terminado, para poder experimentar con él.  Acá el video de la performance Akelarre Cyborg y las ligas de Quimera Rosa, para que vean mejor de qué va:

Akelarre Cyborg [Performance] from Quimera Rosa on Vimeo.

http://quimerarosa.tumblr.com/

http://vimeo.com/quimerarosa

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Ryan McGinley: sobre la representación del tiempo catártico.

Por Marisol Maza

La temporalidad humana esta construida a partir de entender la vida como un transcurrir que se encuentra en la polaridad o tensión entre el tiempo cotidiano y el tiempo extraordinario. El tiempo extraordinario, ya sea en el momento de la catástrofe o del placer, es aquel en que la identidad o la existencia misma de una comunidad entra absolutamente en cuestión, donde los valores en los que se rige se vuelven flexibles; el tiempo del acontecimiento lo es también de la reconfiguración.

El tiempo propio de la festividad es aquel en que se rompe con lo cotidiano, pero es también el tiempo compartido, múltiple. El tiempo de la irrupción, en el plano de lo imaginario; del estallido de lo cotidiano,  de la realización o de la aniquilación  de la comunidad, el momento de la luminosidad absoluta o  de la tiniebla absoluta.

La temporalidad de la fiesta puede concebirse como un tiempo similar al tiempo del placer sexual, que tiene una temporalidad propia a partir de la perdida de control, y a su vez, de la pérdida de noción de tiempo, del tiempo medido como tal.

El tiempo representado es siempre un tiempo fragmentado. Toda imagen fotográfica tiene una temporalidad propia y tiene intrínsecamente una narrativa, una historia contenida en la que el tiempo es reducido a una imagen estática.

El momento fugaz del instante, el momento de la subjetividad absoluta es convertido en una imagen objetiva que es posible analizar, revisar, interpretar.

En este sentido podríamos cuestionar de qué manera es posible la representación de esta temporalidad festiva, sin que se vuelva una ilustración de ésta. Tal vez al  ser participe de esa temporalidad alterada, de estar inmerso en el instante de la chispa, del estallido de la risa, del orgasmo. El tiempo de la catarsis. Imágenes que no permiten entenderlas del todo, descifrarlas, aquellas que no permiten acceder sino a partir quizás de la reminiscencia de la propia experiencia.

Para ver más de Ryan McGinley: http://ryanmcginley.com/#

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PANdemonium

BRUJERÍA DIY: Un Decálogo a Propósito de Magia y Arte de performance

Por Lechedevirgen Trimegisto

Dedicado a Pé De J. Pauner , escritor y artificiero pánico.

Lo he sabido desde siempre. Hace años recuerdo haber leído en La danza de la realidad de Alejandro Jodorowsky la idea “La raíz del arte en México es la brujería (…)” esta simple frase retumbó en mi cabeza un largo rato. Con el paso del tiempo y dentro de mis prácticas corporales y artísticas me he percatado de que efectivamente es así, no sé si sólo es el caso de México, me atrevería a decir que no, que lo es en todo el mundo.

     Ocurrió al desarrollar mi taller Alquimia del Cuerpo, como un esfuerzo propio por reunir y atar todos esos cabos sueltos entre magia y arte, donde pude comprobar la estrecha unión de ambas dimensiones del acto creativo. En varias entrevistas a lo largo de mi historia como supuesto artista y performancero me han interrogado acerca del motivo por mi preferencia por el performance con relación a los demás medios de expresión, mi respuesta ha sido siempre la misma: toda expresión artística conlleva un ejercicio creativo, dicho ejercicio se compone del acto primigenio, el acto creativo por excelencia, el mismo que lleva a un niño a rayar las paredes o el mismo que incitó a Picasso a pintar el Guernica, o cualquier obra de arte o proceso artístico que les venga a la mente. Antes de un pincel, de una cámara fotográfica, de una técnica o un instrumento, antes de todo eso está el acto creativo. El acto creativo nos surge desnudos, nos surge desde el cuerpo. El cuerpo se convierte entonces en el espacio para la realización del acto primigenio por excelencia. En el principio era el cuerpo. Mis comienzos en la pintura me llevaron a explorar la plástica en el video, la instalación, el dibujo, el arte-objeto, la escultura y hasta el arte conceptual, mi búsqueda me llevó paradójicamente al principio de todo, a mi propio cuerpo, por eso escogí el performance como medio de expresión y aún como algo mucho más profundo.

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Registro de la performance «PANdemonium»
Fotografía: Herani Enríquez «HacHe»

¿Por qué asimilar el arte de performance como brujería contemporánea o como un espiritismo posmoderno? Mi obra se ha ido nutrido de diferentes fuentes : la teoría queer, el decolonialismo, la postpornografía, la disidencia sexual, la magia del caos, el chamanismo, el tarot, la alquimia y hasta la psicomagia. Ha pasado sin premeditarlo. En las comidas familiares mi madre suele recordar como anécdota que yo deseaba ser mago cuando fuera grande. Mi desilusión fue inmensa al saber que eso que yo entendía como magia, no existía y pertenecía a un mundo de ficción. No sé si ahora, con el paso del tiempo, la magia para mí se ha hecho real, o yo por mi cuenta, me he vuelto parte de ese mundo ficcional. Quizás vivo en un mundo híbrido entre la crudeza violenta del día a día y la poética de un espacio habitado por el milagro continuo. Otros pensarán simplemente que estoy loco, eso no es nuevo, no importa que se sume otro más a la lista.

Antes de seguir, debo confesar y aclarar que yo no me considero santero, chamán, curandero o místico, pero los imito. Muchos pensarán que soy un charlatán que se aprovecha de temas transgresores y polémicos, he aprendido que es necesario el engaño, engañar a la mente o al cuerpo para lograr cosas extraordinarias. Se puede mentir para decir la verdad, o se puede decir la verdad para desenmascarar una mentira colectiva. Sin embargo aquí está, claro como el agua, yo no soy ni pretendo usurpar el lugar de un gurú, un mesías o un dios. En todo caso yo sólo soy un canal. Mi astróloga de cabecera dice que tengo la habilidad de ser médium, por algo será. Mi campo es el arte, yo tengo poderes mágicos, no puedo curar a nadie, sin embargo puedo funcionar como un guía, para que quienes decidan emprender el camino aprendan a curarse a sí mismos, como yo estoy en proceso. Para mí el arte es eso, un fenómeno que ocurre, que sana, que transforma y lo dinamita todo. Un incendio. Lo he sabido desde siempre.

Este texto se disfraza, se traviste como un decálogo para magos/brujos/artistas en potencia, sin embargo es en realidad una recopilación de los puntos más importantes, en mi experiencia, que se deben tener en cuenta al realizar performance, o al menos lo que para mí significa performance. A esta práctica posdisciplinaria entre magia, arte de performance, física cuántica, teatro posdramatico y paganismo posmo es lo que llamo Bujería DIY (Do It Yourself o Brujería Hazlo Tu Mismx) :

1.- ¿Existe? ¿No existe? ¡No importa! ¡Existe!
Nunca dudes, poco importa si es científicamente probable que un curandero pueda curarte, lo que importa es que funciona. El escepticismo y la razón serán tu peor enemigo. Una performance será efectiva para aquellos que crean en ella. Puede servir pensar que haces performance en nombre de un “otro”, puede ser una figura abstracta o histórica, otro artista o algún personaje de singulares características que guardan una relación contigo. En ocasiones yo realizo performance en nombre Mago Melchor Zortybrandt de Java o Niño Fidencio.

2.-Enfrenta el miedo
El miedo paraliza. Para vencerlo es necesario tener el valor de enfrentar eso que tememos de manera directa, sin protecciones y sin limitaciones. A menudo realizarás acciones que involucren un desgaste físico, resistencia corporal o mental, que pongan a prueba tus propios límites, arrójate a ello. Eso que temes tanto, realízalo de una vez en una performance.

3.-Sé prudente
Existen cosas que no estamos preparados para realizar aunque así lo deseemos. Superar nuestros límites conlleva un riesgo. Para correr dichos riesgos necesitas estar preparado. La prudencia es la pieza clave entre una acción exitosa y un desastre de proporciones clínicas.

4.-Rompe los límites
No te definas, todo lo que se define se limita, se estanca, se tumoriza y muere. Identifica las limitaciones que te constriñen, a nivel particular: emocional, material, espiritual o sexual, y a nivel universal: el malestar social, la múltiples formas de violencia, racismo, sexismo, etc. Pregúntate qué líneas te atraviesan el cuerpo, qué es lo que te han mutilado desde que naciste, encuéntralo y libérate de ello, utiliza el performance como el espacio ritual ideal para destruir estas barreras tanto en tu cuerpo y mente como en el público. Expande tus sentidos, todo tu cuerpo es una máquina experimental, experimenta todas las sensaciones, ¡úsalo!

5.-Principio de sustitución
Una de las reglas de la magia es que todas sus reglas son modificables, cada mago tiene su propio método, de la misma forma que cada artista de performance tiene su propia forma de concebir y realizar arte de performance. Si no tienes los elementos ideales para llevar acabo tu ritual-performance sustitúyelos por otros, transforma los objetos: un abanico en un sol, un bastón de madera en un arma de fuego, etc. Transforma los espacios: una calle en una pasarela de modas, un bar en un templo, un museo en un mercado.

6.-Objeto Sagrado
En el performance como en la magia trabajamos con metáforas poderosas. El curandero utiliza un huevo para atrapar las malas vibras, al romperlo la metáfora cobra vida mostrando líquido negro en lugar de la yema y clara. De la misma forma el artista de performance escoge sus objetos en relación a las metáforas y símbolos, piensa en lo que te rodea, cual es tu contexto, que objetos pertenecen a él, toma el que te sea más próximo e íntimo, al que le tengas una devoción infinita (no material sino espiritualmente) ese será tu objeto sagrado. Mi caso es un juguete tradicional con forma de caballo de cartón que utilizo como bastón de mando. Un curandero puede curar con lo que más ama, sean plantas medicinales o un balón de futbol. El artista de performance también.

7.-Sigue tu intuición
Hay cosas que no sabemos que sabemos. Desarrolla tu intuición, es lo único que no se equivoca jamás, elimina los prejuicios y las ideas nocivas o tóxicas, confía en ti mismo, piensa con el corazón, crea con el estomago, ocurre con la glándula pineal. Convierte en devenir puro y te fusionarás con la naturaleza, podrás saber lo que va a ocurrir antes de que ocurra. Cuando haces performance te vuelves premonición pura, la visión surge, déjate llevar, las cosas se acomodaran a como deben suceder.

8.-Trance: aprende a escucharte
Si no crees en esto, imítalo de manera respetuosa y a conciencia. Los magos meditan y entran en trance, se convierten en canal. Elimina la supremacía del ego, cesa de pensar que eres tu el elegido, el que crea, colócate en la posición de un puente, deja que el fenómeno te atraviese y ocurra a partir de tu cuerpo. Escúchate profundamente, revalora tus ocurrencias, aquellas ideas que saltan a tu mente sin una razón lógica, ahí se esconde el secreto, eres un colador de lo arquetípico que construye imágenes mutantes entre un ayer histórico y un futuro cósmico, en un presente total. Deja que hable tu inconsciente, sumérgete en él. La performance como la magia no importa si se entiende o se puede explicar de manera racional, lo que importa es la experiencia y la sensación.

9.-Crea un egregor
Un egregor es el pensamiento colectivo. Tanto la magia como el performance funcionan a través de colectividades. Crear un egregor significa crear una mente colectiva, es tu trabajo colocar los elementos correctos para sintonizar al público en la frecuencia correcta, latir juntos y volverse uno sólo. Si el egregor creado es suficientemente poderoso, toda la energía vertida por el público será canalizada por el artista y surtirá efecto el performance.

10.-Sánate de manera consciente Cuando ayudas a sanar, te sanas a ti mismo. Piensa en grande, que tu meta sea sanar este mundo, un mundo que nos han dejado herido y perdido. Toda sanación implica una transformación radical, explosiva pero contundente. La performance, como la magia, brindan la oportunidad de sanar aquellos aspectos que parecen irreconciliables o perdidos. Sé tu propio sanador, usa tu imaginación y construye tu propia estrategia. Entonces y sólo entonces, quizás sea posible sanar al mundo de tantas atrocidades.

Fotos siguientes: Registro de la Performance «Akelarre»

Colaboración de Diana J. Torres (España) ,Idoia Millán (País Vasco) y Lechedevirgen Trimegisto (Qro.Mex)

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Por la santa raja y chile de papá Dios Satán: Rompiendo las latas del género.

Manifiesto e imágenes de la colectiva Ni Chiles ni Rajas

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Did You Hear the Cock Crow?

Por Hannah Gardiner


Filmado por Rafael Coelho, con la asistencia de: Alejandro Chellet
(Florianopolis, Brasil, 2013)
[box type=»shadow» ]Hannah Gardiner (Inglaterra, 1988)
Comenzó a hacer performance en 2010, después de mudarse a Londres. En 2013 fue galardonada con el Fondo para el Desarrollo Internacional de Artistas, y creó ‘Punto Social Temporal «- un experimento social en la forma de una intervención en la calle en Sao Paulo (Brasil). Actualmente está trabajando en México con la colectiva multidisiplinaria «HUMUS» y la colectiva de urbana colectiva «Cualti Mexico»
www.hannahgardiner.co.uk
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Buenos para nada

Por Eréndira Cortés

Aquelarre1-1
Ilustración: Iurhi Peña

Éramos un grupo de buenos para nada. Siete jovenzuelos que no satisfacíamos el prototipo normal de ciudadano en la ofuscada urbe que habitábamos. En aquel entonces, los días implicaban una densidad insoportable: nuestro problema eran las cosas mismas, y la causa, nosotros mismos.

     Solíamos reunirnos ¿a qué? al deleitable placer del ocio, actividad casi extinta en esos tiempos. Teníamos un punto de reunión en la zona centro de la ciudad. Era un edificio inerme, situado en una esquina, que a raíz de un sismo se había reducido a ruinas y únicamente conservaba la estructura de los cuatro niveles que lo conformaban. Por lo menos una vez a la semana nos veíamos ahí para hacer todo eso que ya no se hace, aquello que casi nunca se hizo o una mezcla de ambas cosas.

     Esa mañana la gente celebraba el día del trabajo. Organizaban un desfile atroz que cruzaba justo por una de las calles donde se ubicaba nuestra guarida. Mientras todo un puñado de personas se apilaba para ver pavonearse a otro tanto, nosotros estábamos en la azotea del cuarto piso viéndonos las caras, sin saber qué hacer.

     Uno de los chicos había traído una reja llena de mangos —supuestamente inservibles— del negocio de sus padres, que aún nadie se atrevía a probar. Sentados, tirados en el piso o de pie, nos pusimos a conversar esperando que pronto terminara la tormentosa procesión. Sentíamos mucha incomodidad por toda esa gente de la que comúnmente solíamos escapar. El ruido de su música, su barullo, sus discursos, su publicidad, su inservible retórica y en general toda su mierda hacían más fastidioso el calor primaveral.

     De pronto, uno de nosotros dio la pauta y zapatos, blusas, playeras, pantalones, faldas, shorts, se nos fueron resbalando; así, desnudados en ropas, nos fuimos cubriendo de piel. La consigna surgió por sí sola, quizá impulsada por lo que ocurría sobre el asfalto: como sabíamos de sobra que las protestas, quejas o exclamaciones no servirían de nada, este día hablaríamos con el cuerpo.

     De a poco, cada vez con menos pudor, los gemidos, sudores, olores, vellos y cabellos se conjuntaron en una sola cosa, en un sólo cuerpo. Si abajo algunas morbosas miradas se iban situando en la azotea de aquel edificio abandonado, su atención se disipaba al paso de las caravanas. Para nosotros ya no importaba el desfile o el calor, predominaba una energía carnal, una fuerza que nos imantaba los unos con los otros sin distinción.

     Sentir tanta cercanía era la gloria, cada parte de nuestro cuerpo palpaba barbillas, axilas, dedos gordos, entrepiernas, codos, orejas, nalgas, rodillas. Sobre todo las lenguas querían explorar cada sinuosidad epidérmica: se deslizaban por los dorsos, bajaban por los muslos, de pronto se atoraban en el hueco del ombligo como queriéndole encontrar su fin.

     Los dedos también se escabullían por todas partes, algunos con toques bruscos se paseaban por las costillas, el cuello, los pezones; otros, apenas con suaves roces, se deslizaban por los labios, por las caderas o las plantas de los pies. Toda esa proximidad de verdad nos hacía falta, pues parecía que estábamos más cerca de las cosas que de los otros.

     El estruendo de la música se distorsionaba en vibraciones, acompasaba nuestras figuras, y cada vez se escurría con mayor facilidad. Las ondas resonaban hasta nuestros adentros, y el eco se confundía con las respiraciones cadenciosas, el sutil chirrido de los labios, o el vacío de nuestros orificios siendo colmados. Creábamos así un ritmo distinto que afuera ni siquiera se hacía notar.

     La reja de mangos, que había quedado en medio de toda la faena yacía volcada, los frutos deambulaban de un costado a otro, de una pantorrilla a la otra, hasta que uno a uno, los mangos fueron reventando y la pulpa les brotó por la presión que nuestros cuerpos ejercían con las cálidas fricciones.

     A lo lejos, se alcanzó a escuchar el estruendo de los fuegos artificiales y tres helicópteros interceptaron el cielo. A la par, en el interior de la guarida, fueron segregándose uno a uno fluidos placenteros, gotitas de éxtasis, lágrimas de alegría desembocaban en nuestros vientres y emergían al mundo sin chistar, acompañadas de un último soplo que lo contenía todo.

     Hoy, al filo de esta noche sobria que presiente todo eso tan lejano, todavía no puedo determinar con certeza si aquello en realidad ocurrió o fue el efecto del calor y el tedio, una especie de espejismo devorado por el viento.

     Sólo me queda claro que de un momento a otro todos tragábamos mangos con esmero, mientras que al día siguiente nadie dijo una sola palabra; y con justa razón, porque nos habían enseñado que esas cosas debían causar vergüenza y ocultarse, siendo que las matanzas, la corrupción y toda esa sarta de brutalidades se practicaban a plena luz del día.

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