Noelle Stevenson es una artista norteamericana que en el 2011 consiguió atraer un gran número de fans gracias a “Broship of the rings”. Su humor y amor por las grandes producciones como “The Avengers” y “Los juegos del Hambre” van de la mano. Ella misma lo dice: “Me burlo de las cosas que amo porque solo así puedo expresar esta gran cantidad de sentimientos que me provocan”. Nimona es el primer cómic que ella escribe completamente, su estilo no presta atención al detalle o al realismo pero es tan expresivo que funciona perfecto para el humor y burlas a los tropos que abundan en la historia.
Nimona es una adolescente metamorfa que llega a desnivelar la dicotomía que existía entre Lord Ballister Blackheart y Sir Ambrosius Goldenlion; eternos rivales que solían ser mejores amigos en la academia de caballeros pero cuya relación fue destrozada.
Al unirse Nimona a Lord Ballister como su aliada, se aprecia un interesante contraste entre la estricta moral del villano ( a veces parece que Lord Ballister busca más conseguir un cambio a través del caos que sembrar realmente el caos) con la a veces psicótica amoralidad de la joven y poderosa Nimona. Los personajes son complejos e interesantes de tal modo que uno se pregunta quién es realmente malo y porqué.
Sinceramente, Nimona es uno de mis cómics favoritos y podría ser debido a que el humor es una muy buena mezcla entre sarcasmo e infantilada, podría ser porque fusiona armas futuristas con una ambientación medieval, quizás sea debido a que el diseño de los personajes refleja diversidad de cuerpos, o quizás sea porque la propia autora juega con sus personajes y sus historias para crear historias alternativas más alegres.
“Ser revolucionario es problematizar tus propios prejuicios”
En el cine de ficción, cuando nos cuentan historias dramáticas o terroríficas, de alguna manera siempre nos quedamos con un sentimiento de tranquilidad al saber que lo que vemos no es real y a veces hasta nos regalan finales felices, no sucede lo mismo en el cine documental.
La historia de Irina y Nélida pareciera tener tintes de ficción, pues de pronto no podemos creer la carga de drama en la historia. El personaje principal decidió teñir su vida de rojo revolución, y apropiarse la imagen del “Che” Guevara para sí mismo, al no soportar su propia imagen en el espejo.
El desprecio por lo que uno mismo es, puede llevarnos a tomar decisiones radicales que no sólo nos afectan a nosotros, sino también a quienes nos rodean; la condición personal de Irina, ha sido una lucha constante desde el primer momento que llegó a este mundo y este documental nos ofrece una instantánea que retrata su experiencia.
La discapacidad introduce al ser humano en una especie de cápsula que te obliga a ver y vivir el mundo de otra manera en que las personas “normales” difícilmente llegamos siquiera a pensar o preguntarnos alguna vez.
A pesar de todo, Irina y Nélida viven un amor que sobrepasa las fronteras del entendimiento común, va más allá de las normas establecidas y los ideales del amor platónico, demostrándonos el significado de que el verdadero amor no conoce límites.
“Yo creo que el amor no tiene género”
– Nélida –
El relato que nos comparten Irina y Nélida no es fácil de digerir para mentes muy cerradas. Durante toda su vida, Irina ha ido contracorriente, convirtiéndose al principio en un fuerte luchador social y defensor de la Revolución Cubana, llegó a conocer a Fidel Castro y ser reconocido entre los cubanos como el “Che” mexicano. Sus valores naturales lo obligaron a tener un carácter duro, nadie lo ayudó a entender su propia condición e incluso tuvo que soportar el rechazo de su familia, añadiendo a esto la lenta degradación de su organismo que complica de muchas maneras su existencia, ha sido común caer en la desesperación. Sin embargo, Nélida ha sido su compañera, más que eso una especie de ángel guardián que lo ha comprendido y apoyado en todas las maneras posibles, incluso sobrepasando las fronteras de su pensamiento. Nélida es quien persuade a su esposo a descubrir su lado femenino, y cuando él encuentra en éste la mejor manera de lidiar con sus demonios, Irina llega a cambiar por completo sus vidas.
A pesar de que en los últimos años el documental mexicano parece estar realzando el nombre de nuestro país y colocándolo en un buen lugar en la cinematografía internacional, no mentiré al decir que la realización y propuesta estilística de este documental aportan alguna novedad importante, de hecho contiene fallas técnicas y narrativas bastante desafortunadas, sin embargo, logra asomarse a la intimidad de los personajes para que el espectador logre enfrentarse con sus propios prejuicios frente a temas tan controversiales como la sexualidad, la discapacidad y el concepto de la revolución. Esta película multipremiada en nuestro país y en el extranjero por el enorme valor del relato que nos presenta, es una buena elección para quien apetezca cuestionarse sobre lo que significa ser humano.
El 10 de marzo de 1914 una sufragista llamada Mary Richardson entró en la National Gallery de Londres y atacó con un picador de hielo La Venus del espejo de Velázquez. La obra fue severamente dañada, Richardson declaró:
He tratado de destruir la imagen de la mujer más hermosa de la historia mitológica como una protesta contra el Gobierno por la destrucción de la señora Pankhurst, quien es el personaje más hermoso de la historia moderna. Justicia es un elemento de belleza tanto como el color y contorno en el lienzo. La señora Pankhurst pretende procurar justicia para la mujer, y por ello está siendo asesinada lentamente por un gobierno de políticos traidores. Si hay una protesta en contra de mi hecho, que cada uno recuerde que tal protesta es una hipocresía, siempre y cuando permitan la destrucción de la señora Pankhurst y otras hermosas mujeres vivas, y hasta que el público deje de tolerar la destrucción humana, las piedras lanzadas en mi contra por la destrucción de esta imagen son cada una una prueba en su contra de las patrañas y la hipocresía artística, así como moral y política.[1]
Richardson fue detenida y juzgada, permaneció en la cárcel varios meses. Este no fue su único ataque violento, ni la única vez que estuvo en la cárcel. También fue detenida por provocar un incendio, por romper las ventanas de un edificio gubernamental y por poner una bomba en una estación de trenes. La lucha de Richardson, junto con la de las Suffragettes, sufragistas inglesas, era por el derecho al voto de la mujer y por sus derechos políticos.
La historia de Richardson podría verse como la de una mujer que lucha por sus derechos de todas las maneras posibles. En su discurso está la búsqueda de la justicia para la mujer, y en su forma de protesta está la intención de llamar la atención a como de lugar. La destrucción de La Venus del espejo es para ella solamente un medio de protesta, una muestra de su capacidad como mujer que lucha y está en la lucha. La fuerza de su argumento es grande. La primera vez que lo leí me impresionó, sobre todo porque en el contexto feminista en el que lo leí Richardson era una heroína.
Hoy me puedo preguntar ¿qué sería de las mujeres hoy en día sin las sufragistas? Yo entiendo que hay necesidades, formas de lucha, momentos complicados en cuanto a la búsqueda de los derechos de las minorías o las mujeres o la gente en general. Pero también hay elementos, pequeños elementos en esas luchas que rompen los límites. Que dejan de ser luchas por la equidad y se vuelven luchas por el poder político, social y económico. Que olvidan el origen de la lucha social y a quienes se supone que defienden, y muchas veces en donde más se olvida no es en las luchas originales sino en los discursos posteriores, en las formas distorsionadas de contar la historia. Mary Richardson es un ejemplo de eso, esta heroína del feminismo se unió a las Suffragettes y buscó los derechos políticos de las mujeres. Para posteriormente unirse a la BUF (British Union of Fascist). Ella no fue la única que se unió al movimiento fascista inglés, varias de las sufragistas lo hicieron: Nora Elam y Mary Allen, otras como la fundadora del movimiento sufragista Emmeline Pankhurst (a quien Richardson defendió destruyendo La Venus del espejo) fue una ávida defensora del partido conservador y del imperio inglés, su hija Adela Pankhurst fue una de las fundadoras del partido fascista de Australia (Australia First Movement) y un largo etcétera.
¿Por qué el movimiento sufragista se volvió hacia la derecha, hacia la xenofobía y el autoritarismo? En las estructuras del movimiento sufragista se encuentra una base igual de autoritaria que la del fascismo, dice Julie V. Gottlieb en su libro Feminime Fascism. Women in Britains’ Fascist Movement:
Huellas de proto-fascismo se han identificado en el movimiento sufragista, y el mandato de las Pankhursts sobre la WSPU[2] ha sido caracterizado como una dictadura. Cecily Hamilton argumentó que la WSPU era ‘la primera muestra de los movimientos dictatoriales que son la forma de desplazar la democracia del continente europeo.’ Emmeline Pankhurst fue precursora de Lenin, Hitler y Mussolini – el líder cuyo mandato no debe ser cuestionado, el líder que no podría hacer nada malo.’[3]
La líder incuestionable es un clásico del feminismo, las luchas por el poder, el sectarismo y la manipulación de información son elementos que se manejan sin ningún cuestionamiento, sin que nadie pueda levantar la voz para decir ya no sin ser acusada de traición, de machista, de misógina. Por supuesto la unión con la derecha no es exclusiva de las Suffragettes. Durante la segunda ola feminista, la unión con la derecha, la promulgación de leyes que limitaban la libertad de expresión (las leyes anti-pornográficas), la condena a quienes pensaban diferente, las luchas de poder eran la característica del movimiento. Pero esa información no es difundida, quienes marcharon en contra de la pornografía ahora lo niegan, porque no está de moda hacerlo. Ahora quienes se dicen luchadoras por los derechos de las mujeres y por los derechos de la prostitución citan a Andrea Dworkin o a Catherine MacKinnon, sin darse cuenta de que estas dos mujeres lucharon por prohibir la prostitución y la pornografía, a tal punto que hacían comparaciones absurdas entre la pornografía y los campos de concentración, y que veían la libertad de expresión como un mal a eliminar.
Katie Roiphe, una feminista disidente que ha sido tachada de traidora y anti-feminista, cuenta en su libro The Morning After, la impresión que tuvo de MacKinnon en una conferencia que dio en su universidad:
Con grandes florituras metafóricas, MacKinnon compara la pornografía con el Holocausto, la esclavitud, los linchamientos, la tortura, aferrándose a cualquier palabra de la historia del mal le ofrece. En su deseo de establecer la situación desesperada, la urgencia de vida o muerte, de su causa, MacKinnon toma prestados los símbolos de otras instancias, más aceptadas de la opresión. Su envidia del símbolo la lleva a una hipérbole extraña: ella comparó la supuesta violación en la cita de William Kennedy Smith al linchamiento, en un artículo de opinión en el New York Times. En su conferencia, dice en un momento: «Incluso Hitler no sabía cómo volver la matanza en sexo de la misma forma en que la industria de la pornografía lo hace».[4]
Roiphe abarca en un capítulo de su libro la impresión que MacKinnon le dejó, y también se pregunta porqué una feminista disidente como Camille Paglia es considerada por las feministas como una loca, mientras MacKinnon es tomada muy en serio. Roiphe, al principio de su libro nos cuenta que se le dijo en varias ocasiones que publicar su crítica al feminismo era darle herramientas al enemigo, ella dice que no puede callar su experiencia negativa en un movimiento que ella creció admirando, y que ha caído en una lucha de poder absurda. De la misma forma Camille Paglia o Christina Hoff Sommers, quienes cuestionan al feminismo en el poder, han sido tachadas de traidoras y misóginas.
Mi experiencia al respecto es parecida, en el momento que decidí cuestionar esas verdades absolutas se me tachó, por quienes se decían mis amigas, de misógina o neo-machista, de tirar todos los logros del feminismo a la basura, por atreverme a cuestionar actitudes del feminismo que me parecen totalitarias. En alguna ocasión en la que defendí a un hombre atacado y acusado de forma injusta, una de ellas me dijo: yo también creo que es inocente, pero ni modo, la falsa acusación de un inocente a cambio de salvar a muchas mujeres, es un mal necesario.
Yo no creo de ninguna forma que el esconder información histórica acerca del feminismo valide nada, tampoco creo que el sacrificar a un inocente pueda ser un mal necesario, ni creo que eso salve a ninguna mujer de nada. Mucho menos que sea un argumento válido la acusación de quien piensa diferente como: misógina, neo-machista o traidora. En mi experiencia, el feminismo está en números rojos: las falsas acusaciones, la información histórica que se esconde, la destrucción pública y social de quien piensa diferente o es diferente, las luchas por obtener el poder ante todo, el odio y la culpabilización de los hombres por ser hombres, el deseo de aplastar al otro, la autovictimización de las mujeres por ser mujeres, la facilidad del insulto y la desacreditación del pensamiento disidente, son los elementos que me obligan a decir no más, se acabó. Yo admiro y respeto las ganancias del feminismo, sé que sin ellas no estaría escribiendo este texto, también admiro a quienes están ahí y pueden, desde ese lugar, seguir pensando de forma independiente y crítica, agradezco a quienes me escuchan y son mis amigas. Pero definitivamente los números rojos me han expulsado de ahí, me movieron a otro lugar que no tiene nomenclatura ni límites.
Ahí están, solas o en grupo. ¡Nel! las que andan solas son más prendidas.
Apenas vas a checar tarjetón, ella apenas viene del baile. Sus tacones sucios en mano, de mirada y perfume tabaco, pies descalzos que siguieron el mal-compás de rucos fiesteros que pagan más cara la pieza, sólo por acariciar una piel de primavera: “de a 20 la pieza, las tamalonas de allá cobran 10”. Divorciados, sancheros, arrepentidos de decir “Si, hasta que la vida nos separe”. Se tatúan a la santísima flaca, sombra que las cuida, las manitas con rosario y las virgencitas se quedan en casa. Sus grandes arracadas saben muchos secretos. Todos quieren volver a los 15; ella escapó de ahí. Ha vivido todos-todos los años, pero (la diferencia) bien vividotes. Corta edad que por densidad daría clases a vuestra católica abuela.
Tan viva, su presencia nos vuelve obsoletas máquinas enajenadas en un disque vivir. Tarde, de regreso a casa; sigue ahí. Tarde empieza la vida y yo voy de bajón. Mientras estabas de fingidas buenas tardes ella estaba de “una pa’la cruda y otra pa’dormir”. Después del ritual ángelface y labios radioactivos, no importa como visten, siempre son de color rojo, rojomadrugada, rojosangre, rojodesmadre, rojopisto, rojonosé, rojobaile, rojohumo, rojotraitelasotras, rojocalle, rojomevaleverga… y yo tan sueña bonito.
Mis aplicaciones recién descargadas parecen barajitas de otaku chaquetero frente a sus risas cagaleras, y tienen razón para reírse. Si alguien las ve mal o les molesta su reggaeton en altavoz, es por pura muy decente envidia verdosa.
Los nuevos feminismos parecen estar preparando grandes sorpresas en nuestro país. Diversas identidades, adscritas a estas corrientes empiezan a vincularse para preparar nuevas formas de lucha contra el sistema patriarcal capitalista, el modelo heterocéntrico y el Estado y su papel obsoleto.
Al mismo tiempo vivimos en un contexto mundial de protestas contra los proyectos maquiavélicos que llevan a cabo los grupos más poderosos a través de los distintos gobiernos y poderes de facto. Mejor dicho, la historia de las sociedades capitalistas está repleta de rebeliones, de personas valientes, indignadas e inconformes, pero hoy en día estas luchas se viralizan, se siguen al momento desde cualquier parte del mundo gracias al internet, son globales.
La situación de violencia, pobreza y militarización, la explotación de los bienes naturales y del trabajo de las personas, el envenenamiento de la comida con agrotóxicos y la venta de tierras a trasnacionales nos dejan muy pocas posibilidades de reacción, entre ellas dos extremos: la enajenación y la rebelión.
Aunque sabemos sobre la apatía y la poca movilización del grueso de la gente por motivos distintos, quisiera con este artículo hacer un llamado a un grupo en especial, uno que se ha quedado muy cómodo: los putos/jotos/maricones, quien ha preferido traicionar su historia de rebeldía junto a los feminismos y disidencias sexuales, por, las migajas que les ofrecieron las sociedades neoliberales.
El sistema económico, político y social en el que vivimos es perfectamente capaz de mutar. A pesar de condenar por mucho tiempo las prácticas sexuales que no llevaban a la reproducción, algunas sociedades occidentales han admitido, bajo la premisa de otorgar derechos a todas las personas por igual, que distintos grupos se incorporen a la vida pública, abriendo paso a nuevxs trabajdorxs y consumidorxs. No es casualidad que grandes empresas se hayan declarado “gay friendly” como estrategias de mercado, así como que las más importantes ciudades inviertan en guías para el turismo gay y exista un crecimiento del mercado rosa. Incluso, algunas sociedades “de vanguardia” han legalizado la máxima expresión de amor romántico para las personas del mismo sexo.
Esto no representa grandes avances para los homosexuales, menos cuando las palabras puto/joto/maricón siguen siendo las groserías más fuertes para insultar a un biohombre en países de habla hispana, así como sus traducciones en francés e inglés y casi todos los idiomas occidentales. Estas palabras, por más difícil que sea aceptarlo para los fanáticos de pronunciarlas como insultos, son una expresión micro de un problema macro de violencia de género.
La discriminación y la violencia hacia la población gay no es cosa menor, y sus consecuencias van desde el daño emocional hasta el asesinato o el suicidio, pasando por acoso, hostigamiento, violencia física, abandono y rechazo familiar.
Preocupa que los hombres homosexuales se asimilen tan naturalmente a las sociedades que los han violentado. Esta naturalidad responde a siglos de adoctrinamiento. Responde también a la posibilidad y a la promesa de adquirir un lugar en la sociedad, siempre inferior a otros grupos más amoldados pero ya no en las escalas más inferiores.
Los gays han creído la idea de que vivimos en un mundo de oportunidades, de posibilidades: todo es cuestión de echarle ganas, de trabajar para “alcanzar tus sueños”. Así, ingresar en el mercado laboral les ha dado mayor proximidad con sus aspiraciones de acumulación de bienes y de inclusión en la sociedad. En este sistema, se piensa que tener dinero es sinónimo de ser libre. La soltura económica permite tener la casa de ensueño, el automóvil último modelo, las cenas en los lugares de moda, la cantidad de ropa para no repetir nunca, la pareja ideal (la posibilidad de formar una familia y consumir más), y una larga lista de ideas que nos vende la publicidad, el arte hegemónico, el gobierno y las empresas.
Para quien pueda ver un poco fuera de esta burbuja de felicidad individualista podrá reconocer lo costoso que es mantener estos modelos de vida, y no hablamos de dinero, sino del costo humano y ecológico.
Se ha calculado que un trabajador en México que gana el salario mínimo, produce el dinero que gana en 9 minutos, es decir, dedica 9 minutos al día para generar el dinero que gana en ese mismo día1. El resto del día (7 horas con 51 minutos según la jornada laboral oficial) las dedica a producir riquezas para otras personas. Este dato nos muestra la realidad de millones de humanxs y la inhumanidad e indiferencia de otras millones.
Por otro lado, el costo ambiental deja como saldo la sobreexplotación los bienes naturales, la contaminación, la erosión de los suelos, la destrucción de ecosistemas por uso exagerado de estos bienes, por consumir más de lo que nos corresponde, y la extinción de muchas especies animales y vegetales, etc.
El capitalismo cambiante, que se adapta, dará respuesta a todo gay que se preocupe “más de lo necesario” por esto, con absurdeces como el Capitalismo Verde y el Capitalismo socialmente responsable. Esto, sin duda, dejará a más de un gay tranquilo y sin remordimiento de conciencia. Otros gays se convertirán a un “activismo LGBTI” bastante superficial, que poco hará por comprender la violencia de fondo y servirán más como un parche frente al enorme problema.
Sin embargo, la mayoría de los gays sólo aspirarán a este modelo de vida de placer y gozo, y gran parte de ellos se incorporarán a las largas jornadas laborales para tener pocos ratos de disfrute del dinero ganado, para tener algunos destellos de esta vida de ensueño. Muchos otros no verán este modelo de vida jamás.
Asusta el hecho de pertenecer a una identidad y sexualidad que por tantos siglos ha sido contestataria, mientras que ahora se aspira a amar como lo hacen lxs heterosexuales. El amor romántico ha sido usado como arma del capitalismo para enajenar a la población, para provocar la posesión, los celos, el amor/odio en la pareja, la exclusividad, el drama, el amor imposible. Es la regulación de las relaciones.
Frente a todas estas cuestiones, la pregunta va siendo más clara: ¿por qué adaptarnos a un sistema tan macabro, inhumano, enfermo, opresivo?
La respuesta me parece aún más evidente: no nos adaptemos más.
Seamos parte de la lucha. Regresemos a los feminismos radicales y combativos. Construyamos con otros grupos los nuevos feminismos que se preparan para dar la lucha, para acabar con el machismo, el sexismo y el género binario.
Llenémonos de rabia e indignación y cultivemos la sana rebeldía. Pensemos y reflexionemos en un sistema que nos enseña a no cuestionar, a obedecer y ser disciplinado. Hagamos caos en este mundo basado en la ley y el orden. Amemos libremente frente al amor en el que nos educan, frente al amor que nos esclaviza. Eduquemos niñxs libres de género y sin sexualidades normadas obligatorias. Disfrutemos más del tiempo libre y menos de la acumulación material. Pensemos más en la felicidad y menos en el trabajo que nos hace siervxs.
Rechacemos al hombre que nos dijeron que éramos, seamos los putos que luchan junto a las putas. Seamos lxs putxs. Sin división binaria, sólo diferenciación múltiple.
Seamos putxs contra el sistema, seamos lesbianas, negrxs, indixs, seamos animales. Seamos locxs por la libertad, la paz con justicia, por la dignidad, por la rebeldía necesaria.
Hagamos la huelga contra la opresión, la regulación, la obligatoriedad. Hagamos la huelga anti capitalista, anti heterocentrista.
Vayamos a la Huelga de los Putos. Sumémonos a las luchas globales por un mundo humano.
1La Jornada, 7 de mayo del 2012, pág. 23
FUENTES
Federici, Silvia. Caliban y la Bruja: mujeres, cuerpo y acumulación originaria. Edit Traficantes de sueños. España, 2010.
Foulcault, Michel. Historia de la sexualidad 2: el uso de los placeres. Edit. Soglo XXI. México, 2009.
Bakunin, Mijail. Dios y el Estado. Edit. Biblioteca Pensamiento Crítico. 2009.
Las técnicas participativas en la Educación Popular, en Mariano Algava coordinador. Jugar, jugarse. Argentina, 2006.
El lugar del cuerpo en la Educación Popular, en Mariano Algava coordinador. Jugar, jugarse. Argentina, 2006.
[1] Miembro activo del Bloque ROSA. Participo en espacios de reflexión y lucha contra la injusticia y la corrupción de nuestros gobiernos. Estudié Derechos Humanos y Gestión de Paz. Soy vegano.
El Neon Luv Touch Mini Mite de la marca Pipedream es un mini masageador para clítoris que viene equipado con 4 aditamentos que funcionan como “capuchones” con diferentes texturas que se colocan en la parte superior del aparato para producir una variedad de sensaciones.
Los aditamentos son de plástico rígido, lo que me resultó muy poco seductor pues mientras el redondo es liso y resulta muy agradable, los dos que tienen textura de piquitos arañan la piel por lo que decidí no probarlos en mis partes más sensibles, sin embargo pueden ser un reto interesante para lxs amantes del BDSM.
Estos aditamentos embonan a presión con el vibrador pero se zafan muy fácilmente por lo que realmente no sirven para una buena sesión de masturbación vigorosa, así que terminé usando el vibrador solo.
La vibración resulta muy agradable y cumplidora, buena para estimular el clítoris durante las noches solitarias o para incrementar el placer mientras se es penetradx (muy recomendado).
Éste aparato funciona a base de pilas, las cuales se gastan bastante rápido si se usa con frecuencia, lo que ocasiona una paulatina pérdida de potencia en la vibración, por lo que recomiendo usarlo con pilas recargábles.
Lo recomiendo para quienes disfrutan de la vibración fuerte y constante, sin demasiadas complicaciones y a un precio muy accesible.
“‘Esto es mi cuerpo’ =aserción muda, constante, de mi mera presencia. Ella implica una distancia: ‘esto’, he aquí lo que pongo delante de ustedes. Es ‘mi cuerpo’. Dos preguntas se envuelven inmediatamente: ¿a que remite este ‘mi’? y si ‘mi’ marca propiedad ¿De qué naturaleza es ésta? —¿Quién es, pues, el propietario y cuán legitima es su propiedad?”
Jean-Luc Nancy
Alejandra Díaz Zepeda
Esta reflexión se centra en dos aspectos, por un lado, hablando del cuerpo femenino en relación a la feminidad, el primer aspecto tendrá que ver con cómo potenciar esto que ya poseo, considerando que desde lo que poseo estoy capacitada de experimentar mi feminidad; el segundo aspecto responderá a la consideración de algunas manifestaciones femeninas dentro del contexto de aquello que he llamado porno-transgresión, estrategia que articula la violencia, la transgresión, el cuerpo, el sexo y una fuerte presencia de lo femenino desarrollándose en el terreno de lo pospornográfico para poder desarrollar esta propuesta.
1.
Para Nancy, “mi cuerpo indica una posesión más no una propiedad, es decir, una apropiación sin legitimación”[1], pues en tanto que propiedad mi cuerpo es objeto de dominio y entre ambos, nosotros, mi cuerpo y yo, ninguno es el propietario, ambos nos poseemos, nos reclamamos, nos existimos, ninguno, solo está a cargo del otro. Intimar con el cuerpo implica, no solo el conocimiento de lo que me hace ser, no una mujer, si no experimentarme como femenina. El ejercicio de intimar Implica un desagrado, un rechazo, deslumbramiento, intolerancia, disgusto, asfixia, debilidad y que cuya fragilidad ha llevado a definir feminidad desde otros asuntos. Cuando hablamos específicamente sobre el concepto de lo femenino, hablamos de formas, constructos sociales, políticos, religiosos, culturales en los cuales no se ve emerger lo femenino sino una lucha. Es decir, se precisa de una individuación más allá de las de personas o sujetos para abordar singularidades que yo encuentro precisamente en los cuerpos. Cuando yo hablo de nuestro género, de nuestra política, de nuestra historia, de nuestra revolución estoy siendo propietaria de mí como sujeto, incluso si lo hablara desde el cuerpo siendo este el motivo de mi cuestión, mi cuerpo desnudo llevado a la lucha, mi control decisivo sobre él, sigue posicionándome solo como sujeto y sujeto propietario. No puedo hablar aquí de lo que poseo sino de lo que tengo a cargo. Tras una confrontación entre el “Poseo mi cuerpo, lo trato como quiero, tengo sobre él el jus uti et abutendi”[2] y de lo que es poseer desde su espacio etimológico que se encuentra en la significación de estar sentado encima, donde, “Estoy sentado sobre mi cuerpo […]” y “Mi cuerpo está sentado sobre mí, aplastándome bajo su peso.”[3] La decisión de detenerme frente a esto que poseo más allá de esto de lo que me apropio es aún más exhaustiva.
Así, pensar el cuerpo como una unidad de afectación, lo vuelve espacio de conexiones continuas. “El cuerpo es para mí ex-tensión, esto es 1) superficie, anchura -2) tensión, proyección al exterior -3) ex-posición, ofreciéndose a la alteridad y que nunca regresa dentro.”[4] Es decir, este cuerpo extenso, es el cuerpo que se despliega, se define y se siente desde su exterioridad, desde otros cuerpos; como es superficie y anchura se presenta a otros cuerpos, en ellos comienza y termina, “Un cuerpo empieza y termina contra otro cuerpo.”[5] Es extenso porque se proyecta más allá de su postura, se posa pero no se limita a la inercia. El corpus, siguiendo aNancy, se presenta y se entrega al otro, es así que él es todo lo que lo rebasa. De esta forma el autor ha posibilitado una forma de cancelación de la clásica perspectiva binaria, interior y exterior no se oponen, por el contrario, la corporalidad es, principalmente, continuidad. Es todo lo que de él sale y lo que lo toca.
Dicho de otro modo, recordemos las dos dimensiones del cuerpo propuestas por Spinoza, latitud y longitud, a partir de la cuales —dicen Deleuze y Guattari— se define un cuerpo, es decir, el cuerpo en tanto plano de consistencia será “[…]el conjunto de los elementos materiales que le pertenece bajo tales relaciones de movimiento y de reposo, de velocidad y lentitud (longitud); el conjunto de los afectos intensivos de los que es capaz bajo tal poder o grado de potencia (latitud).”[6] Más allá de la figura, el cuerpo es todo el conjunto de moléculas y partículas que lo forman, es todas las zonas y fragmentos que lo crean, su sentido de continuidad se extiende hasta el sujeto. Podríamos pensar entonces, que la feminidad es tan parte del cuerpo como lo es la piel, pero más que eso es una individuación, un momento, un momento del cuerpo que precisa ser reconocido para luego ser potenciado, no todo mi cuerpo es índice de mi feminidad, esta tiene que ser separada escapando del orden del cuerpo. Podría explicarlo así, la feminidad son momentos del cuerpo que se manifiestan en la propia materialidad y su orden no necesariamente responde a la organicidad si no a nuestras relaciones con ellos.
“Existe un modo de individuación muy diferente del de una persona, un sujeto, una cosa o una sustancia. Nosotros reservamos para él el nombre de hacceidad.”[7] Es decir, el cuerpo como unidad o extensión implica hacceidades que no son simplemente ordenamientos, así como un día posee individuaciones tales como el clima, las horas, mis acciones, las de aquel. El cuerpo posee individuaciones concretas, y dirán Deleuze y Guattari, “[…] las individuaciones concretas válidas por sí mismas dirigen la metamorfosis de las cosas y de los sujetos”[8], es decir, la evolución hacia lo femenino tendrá que ver con las hacceidades del cuerpo. En el terreno de los planos propuestos por Deleuze y Guattari, el cuerpo femenino, la “bio-mujer”[9] tomando el concepto de Beatriz Preciado, pertenecen al plano de estratificación, pues este plano “[…] es tanto de organización como de desarrollo, estructural o genético, y las dos cosas a la vez.” Por su parte, la feminidad pertenecería al plano de consistencia en el que “[…] ya no hay en modo alguno formas o desarrollos de formas; ni sujetos y formación de sujetos. No hay ni estructura ni génesis. Tan sólo hay hacceidades, afectos, individuaciones sin sujeto, que constituyen agenciamientos colectivos.”[10]
En tanto hacceidades de este cuerpo nos detendremos en lo menstrual, en la orina, flujo, heces, sangre, saliva, vómito, lactancia, piel, carne como manifestaciones en potencia. Es desde el propio cuerpo autónomo y soberano que podemos experimentar la feminidad, antes del artificio social y cultural o el pensamiento político tenemos la carne.
Debido a que el plano de consistencia, en donde he posicionado lo femenino, es un medio de transporte, y retomándolo desde un terreno familiar en estos días, estaría hablando de una suerte de pasaje del cuerpo cerrado de la pornografía al cuerpo desplegado de lo pospornográfico. Ya que para Deleuze en este plano “Ninguna forma se desarrolla, ningún sujeto se forma, sino que afectos se desplazan y devenires se catapultan […].”[11] Será el cuerpo como materia bruta que nos permita desplazarnos de la bio-mujer a la mujer-femenina. El cuerpo pornográfico es terreno de enunciación, es el espacio político, es la hipérbole del sexo, cuerpo obstruido -no potenciado; por su parte, el cuerpo pospornográfico es el espacio del deseo, de la experimentación y, me parece, espacio de manifestaciones femeninas.
2.
Desde mis intereses sobre la feminidad, pienso que ésta escapa de los fundamentos y consiste, en un primer momento, en considerar la soberanía y singularidad de los cuerpos. En tanto femeninos, somos cuerpos que recorren toda extensión y longitud, más profundos que lo que la penetración pornográfica posibilita, cuya capacidad de flujo atraviesa, fragmentado y uniendo al cuerpo, una corporalidad cuya naturaleza es correr, que se corre por todos sus orificios.
Partiendo de una experiencia mucho más virginal, hablo de cuerpos que contienen su delicadeza desde la propia vulnerabilidad, la delicadeza femenina no está en su debilidad corporal como suponemos, está en su potencialidad de eyección, cuya eyección deviene de un correr progresivo de sus flujos en curso, de un cuerpo que en todos los sentidos se dilata. Es por eso que su realidad se materializa, se manifiesta en sus olores, fluidos, excrecencias, carne, orgasmo, senos, boca, ano; el cuerpo femenino es el cuerpo que se goza, sin fundamentos, sin políticas, sin rebeldías o perversiones fármaco-políticas que lo niegan bajo una sugerencia de experimentarnos como otro-masculino, esto es la negación del cuerpo como una revolución, supresión del género como forma de empoderamiento, diría en todo caso como obsesión del empoderamiento parodiando la masculinidad y devolviéndole a la masculinidad su carácter fálico. Es entonces una alteridad vacía, pues lo masculino, como supresión, navegando por el cuerpo no define mi potencia femenina ni mucho menos me acerca a la masculinidad, lo único que procura es una atrofia que no es esto ni aquello, lo fármaco, fármaco-política sería tan solo un detenimiento del derrame de mi cuerpo.
Cuerpos cuya subjetividad los violenta, no-sujeto, sólo objeto que es violentado desde lo ajeno. La feminidad es una potencia de la carne que no siempre se explota, y peor aún la feminidad cada vez es más velada por el poder. La potencia femenina, me parece, consiste en la agudización de lo propio, somos cuerpo que amamanta y secreta, vagina que se “penetra” y a la vez sangra y orina, boca que chupa, besa o come y a la vez vomita y escupe, ano que se penetra y a la vez excreta. Aquello que he llamado feminidad pospornográfica en tanto reapropiación del género, es el cuerpo que más allá de ser penetrado se expulsa y se muestra, define no sus entradas sino sus salidas para manifestarse.
Y en tanto cuerpos penetrados, el cuerpo pornográfico subraya en sí su impenetrabilidad, el cuerpo es impenetrable, dirá Nancy, y para ser penetrado, la carne tiene que ser rasgada, pues de otro modo sigue siendo la misma piel, de ahí su carácter continuo. El cuerpo pornográfico es una construcción, una suerte de superficie por la que transitan gran parte de los discursos. Considero que una de las grandes participaciones de lo femenino en el terreno de lo pospornográfico responde a la búsqueda de un cuerpo presente, creo que la soberanía emerge cuando este cuerpo es exaltado, bajo la propia soberbia o altiveza del cuerpo, la celebración del cuerpo femenino, que en realidad pretende tocar lo real y lo interior.
3.
Según Nancy, la exterioridad y la alteridad del cuerpo llegan hasta un punto tal que es insoportable, pues en esa condición de diferencia se encuentra el desperdicio, pero se encuentra sobre todo el estado vil del cuerpo, un cuerpo innoble y agresivo que nos muestra lo que somos y en lo que habitamos “[…] es necesario que el cuerpo saque afuera y separe de él el residuo o el exceso de sus procesos de asimilación, el exceso de su propia vida. Eso, él no quiere ni decirlo, ni verlo, ni sentirlo. A causa de eso siente vergüenza, y sufre toda suerte de molestia y apuros cotidianos”.[12] Ese proceso de asimilación nos puede conducir a varios aspectos del sujeto, evidentemente el que me interesa aquí es el de experimentar lo femenino, pero éste precisa, no de una separación de lo que suponemos desecho sino de una descripción de nuestro cuerpo a partir de lo que el mismo nos permite, pues en tanto que nos afecta, él es género.
Devenir-mujer, pensar el cuerpo como espacio de intensidades (violencia, transgresión, apertura). La violencia y la transgresión al cuerpo no es más que la circulación de intensidades, un puñado de afectos que se desplazan y nos encaminan de un estado molar a un estado molecular, pues este plano como plano de consistencia implica una desestratificación, dirá Deleuze, “[…] incluso por los medios más artificiales.” Desestratificar el cuerpo es un ejercicio cabal, pues el organismo siempre aparece tratando de obstaculizar de “reestratificar, reconstruir en profundidad formas y sujetos.”[13] Esa es la debilidad del cuerpo pornográfico, del cuerpo discursivo, del cuerpo político, que su profundidad está a la deriva del organismo, y en este terreno el cuerpo femenino se ha dejado ver sólo de una forma, obstruido por el ano, la boca y la vagina, mientras más intenso sea su toque más fuerte es la obstrucción, el cuerpo es empujado pero jamás abierto. Su apertura está en la cancelación de dicha obstrucción. Pensaríamos entonces si el cuerpo debiera ser rasgado, perforado, en este sentido, habrá cuerpos que decidan ser abiertos, penetrados de una u otra forma por todos lados, violentar su piel, violentar su carne, su torso, sus extremidades, pero ese cuerpo habrá decidido y a este punto tendremos que aclarar lo siguiente. “[…] una vez más, cuánta prudencia es necesaria para que el plano de consistencia no devenga un puro plano de abolición, o de muerte. Para que la involución no se transforme en regresión, en lo indiferenciado. ¿No habrá que conservar un mínimo de estratos, un mínimo de formas y de funciones, un mínimo de sujeto para extraer de él materiales, afectos, agenciamientos?”[14]
Me parece que sí, más allá de experimentar la feminidad de mi cuerpo siendo abolido se trata de crear una mujer molecular. El plano de estratificación, el organismo que es el cuerpo femenino, nunca se separa del plano de consistencia, experimentar la feminidad es experimentar el cuerpo y de ahí la importancia de conservar afectos. La transición hacia lo femenino es progresiva, al decir de Deleuze, “Devenir es, a partir de las formas que se tiene, del sujeto que se es, de lo órganos que se posee o de las funciones que se desempeña, extraer partículas, entre las que se instauran relaciones de movimiento y de reposo, de velocidad y de lentitud, las más próximas, a lo que se está deviniendo, y gracias a las cuales se deviene. En este sentido, el devenir es el proceso del deseo. Ese principio de proximidad o de aproximación es muy particular, y no reintroduce ninguna analogía.”[15] Atender al deseo de experimentar lo femenino no pretende diferencia, igualdad ni lucha alguna, pretende una reapropiación de lo que en lo femenino ya existe, siguiendo hasta el propio deseo de ser cuerpo penetrado y abierto. Evidentemente al de un progreso a lo femenino tendrá que ver con un devenir-mujer que no responde a la mujer como entidad molar, esto es, al decir de Deleuze y Guattari “[…] la mujer en tanto que está atrapada en una máquina dual que la opone al hombre, en tanto que está determinada por su forma, provista de órganos y de funciones, asignada como sujeto. Pues bien, devenir- mujer no es imitar esa entidad, ni siquiera transformarse en ella.”[16]
El devenir-mujer como instancia femenina responderá a las hacceidades del cuerpo, a la individuaciones concretas, precisamente a lo que se refieren los autores, este devenir deberá entenderse desde otras cosas que no tenga que ver con el imitar, sino con el emitir partículas entrando en relación de movimiento y de reposo, o “[…] en la zona de entorno de una microfeminidad.”[17]
Para Deleuze, el devenir parece darse en el terreno de la extrañeza que precisa franquear el umbral o los umbrales permitiendo así ciertas conexiones, de ahí la idea de emitir partículas entrando en relación, en este sentido, como cuerpos, lo ha dicho Nancy, “la exterioridad y la alteridad del cuerpo llegan a lo insoportable”, pues todo lo que sale de ellos es visto como desecho, de lo que hay que separarse, sin embargo, el cuerpo femenino se experimenta en la continuidad de nuestro cuerpo, en su despliegue. Ante un devenir-mujer ha dicho Deleuze, “Por supuesto, es indispensable que las mujeres hagan una política molar, en función de una conquista que realizan de su propio organismo, de su propia historia, de su propia subjetividad: “nosotras en tanto que mujeres….” Aparece entonces como sujeto de enunciación. Pero es peligroso adaptarse a un sujeto de este tipo, que no funciona sin agotar una fuente o frenar un flujo. A menudo, el canto de la vida lo entonan las mujeres más secas, movidas por un resentimiento, una voluntad de poder y un frío materialismo.”[18] Sin embargo, ante esto yo me preguntaría, ¿ha sido el cuerpo sujeto de enunciación?, ¿ha sido el cuerpo obligado a la sequía?, ¿y es el resentimiento del cuerpo lo que incomoda, pues ha sido construido desde una exterioridad y una interioridad que lo separa? La feminidad, en camino a lo imperceptible, precisa de una política molecular, franquear el umbral entre el exterior y el interior, bajo la seguridad de que eso que sale de mí, mi sangre, mis excrecencias, mis flujos son una continuidad de mi cuerpo, una desterritorialización de la mujer molar hacia un devenir -imperceptible.
[1]Jean-Luc Nancy, 58 indicios sobre el cuerpo. Extensión del alma , La Cebra, Argentina, 2006, p.23.
Mickey Mouse ha muerto. En el video Suicide Mouse.Avi podemos ver su cadáver en blanco y negro, después de una caminata por la ciudad decadente. Hasta que la pantalla se disuelve a negros por algunos minutos. De pronto la escena retoma su curso, Mickey sonríe desesperado, entre gritos agónicos y una cara terrible. Cuando los gritos cesan, presenciamos su muerte.
Se cuenta que es un video que hizo el propio Walt Disney en los 30`s, para expresar el declive del mundo. Sin embargo, conforme se buscan diversas fuentes, el mito se deconstruye según paranoias y obsesiones de las mismas fuentes. Se dice que es un video que forma parte del archivo secreto de Disney, que convivió oculto con Destino, que hiciera Salvador Dalí; que forma parte de alguna teoría de conspiración, que sirve para traumatizar a la gente y controlar su mente… Al final todas coinciden, en que después de que lo viera un policía, este saca su arma y se pega un tiro en la cabeza.
La única certeza es que a ésta clase de videos se les llama Creepy Pastas. Historias que dejan un halo de tensión, terror y shock en el espectador, son bizarras, de contenido grotesco y estética perturbadora. Las Creepy Pastas, son formas de castigar los mitos de la civilización, introduciendo el mito del fatalismo. Suicide Mouse, toma venganza del eterno optimismo del ratón, y lo castiga con la locura y el suicidio. No obstante, tanto el optimismo, como el fatalismo son posturas radicales muy parecidas.
Mickey Mouse es un personaje sometido al extremo de la salud o al extremo del sufrimiento. La salud constante, la alegría, el juego, el derroche de vida es lo que se condena de los locos, de los que viven atormentados “en la casa de la risa” por su exceso de embriaguez, inquietos por ser alegres e inmutables.
En su origen Mickey fue concebido para ser un eterno optimista, y ante tal síntoma de decadencia, no habría más que esperarle una forma de suicidio menos fastuosa. Pues nadie en su sano juicio podría vivir engañado por la seguridad de la felicidad extrema. Mucho menos en un mundo, que como en el video, se cae a pedazos, acercándonos a la incertidumbre, si no es que a momentos de vacío y revelaciones de la consciencia que permanecen disolviéndose en negro.
El extremo fatalista de Mickey, es el que avanza hacia un futuro sin porvenir, el que exhibe su extrema melancolía y se hunde en la desesperación absoluta. Su cabeza está perturbada, escucha gritos como si fuese una alucinación severa, su sonrisa es agresiva como la de los enfermos mentales, y su cara refleja una neurosis obsesiva, paranoia, hasta que comienza el silencio y termina su vida.
El optimismo, tanto como el fatalismo, son propagandas de la abundancia. El optimista es esclavo de la bondad a pesar del caos, de la utopía del bien aunque vive terribles circunstancias. El clímax de la prosperidad, nos hace creer que tenemos satisfechas nuestras necesidades, así que pagamos el precio, sosteniendo una idea falsa de felicidad.
El fatalista desencantado del mundo, hastiado de insatisfacción, al que ninguna situación le parece digna de vivirse, evita acercarse a sí mismo, y a lo que le rodea. Su exceso nunca se confronta, la abundancia no lo compromete, y sin luchar por su existencia, opta por aniquilarse.
Mickey es un esclavo tanto como un enfermo. Su libertad es una decisión ilusoria, entre la eterna felicidad o la auto destrucción. Siendo esclavo le queda estar al servicio de la locura, sometido a una existencia ficticia en la alucinación del optimismo, o lo infranqueable de los obstáculos. En cualquier caso, lo mejor es suicidarse, porque ninguna de las dos es forma de vida.
Someterse al delirio por el bien supremo, o a los pastiches Creepy, también es la elección de muchos ratones enfermos. Sin embargo, un ratón sensato, valoraría sus posibilidades individuales, el imperativo del placer que navegue sobre la realidad; juega, es gracioso y la risa está de su lado. El ratón sensato, es de muchos colores, experimenta formas de vida, media entre el optimismo y el fatalismo, los confronta y los rechaza con agresividad si es necesario. Toma responsabilidades de sí, porque sabe que es necesario cuando se camina por la ciudad decadente. Sobre todo porque sabe, que la locura no es postura, cuando se trata de afrontar la vida.
La cúpula negra del cielo era como un campo magnético. Una fuerza inusual se apoderaba de mí, el viento ondeaba mis cabellos y los hacía crecer. Yo sentía el cosquilleo en mi cráneo y mi cabello se ennegrecía y se retorcía como las serpientes. Todo eso era muy raro, pero me resultaba placentero. Es algo que últimamente me había estado sucediendo cada que salía de casa ya muy entrada la noche.
Seguí caminando a paso firme, pero con tal ligereza que apenas puede darme cuenta de que mis pies habían desaparecido. Flotaba, sí, en contra del viento. Hubiera querido volar hasta donde tenía que ir, pero son tiempos modernos, y mi sentido de la civilización, castrante como es, me hizo tomar el metrobus. Así de mundano, nada especial.
Me planté en el andén, nadie había notado mi presencia y eso era bueno. Después de unos minutos percibí un olor tan fétido, que me era imposible ignorarlo. Empecé a sentir náuseas y un dolor en las entrañas, como si mis vísceras empezaran a comerse unas a otras. Con la mandíbula apretada, y un coraje que no me explico, comencé a voltear para saber de dónde provenía la peste: humo verde salía de los ojos de un anciano, y lo dirigía todo hacia una mujer morena con unas zapatillas que la hacían ver muy alta.
Las náuseas continuaban y de pronto me crujió la espalda, sentí como si los omóplatos se me encajaran en la piel y luego se salieran. Noté que la gente empezaba a mirarme: los ojos se me entornaron y las venas de mi cuello parecían asfixiarme. No entendía por qué, pero los veía a todos tan lejanos y tan pequeños, que por un momento pensé que me estaba elevando. De cualquier modo, no presté atención al hecho. El malestar era demasiado grande, un remolino se azotaba en mi garganta y justo cuando pensé que iba a vomitar salió de mi boca una voz potente que casi no reconocí:
—Cuida tus ojos, anciano putrefacto. —Me miró con un gesto tan compasivo que me llenó de rabia.
—No te escucho— dijo, haciendo alarde de su edad avanzada para causar lástima y hacerme quedar como una insolente. Mi espalda seguía tensándose. Recuerdo pronunciar palabras aterradoras, resonaban en el viento. Los pulmones estaban llenos de aire, y vibraban. Era un momento frío, suspendido en el tiempo, en el espacio. Yo flotaba y los demás giraban en torno mío, aterrados.
Ráfagas seguían saliendo de mi boca, espuma, gusanos y un sinfín de alimañas, que azotaban al anciano de un lado a otro del andén. Los cristales reventaron, el anciano sangraba en el suelo, su cabeza estaba rota, los ojos fuera de órbita.
Tiempo después, tuve la sensación de sentir de nuevo el suelo con mis plantas, el sonido de los cristales rotos me regresó a la realidad. El viento cesó y el mundo dejó de girar. Por fin llegó el metrobus y lo abordé. La mujer morena de zapatillas de aguja me miró desconcertada y sonrió.
A la mañana siguiente, desperté en mi cama. Aún me dolía la espalda, me ardía como si alguien se hubiera puesto a jugar gato con un cúter en mi espalda. Había plumas negras, como de cuervo entre las sabanas.