La Huelga de los Putos

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Por Emmanuel Álvarez Brunel[1].

Los nuevos feminismos parecen estar preparando grandes sorpresas en nuestro país. Diversas identidades, adscritas a estas corrientes empiezan a vincularse para preparar nuevas formas de lucha contra el sistema patriarcal capitalista, el modelo heterocéntrico y el Estado y su papel obsoleto.

    Al mismo tiempo vivimos en un contexto mundial de protestas contra los proyectos maquiavélicos que llevan a cabo los grupos más poderosos a través de los distintos gobiernos y poderes de facto. Mejor dicho, la historia de las sociedades capitalistas está repleta de rebeliones, de personas valientes, indignadas e inconformes, pero hoy en día estas luchas se viralizan, se siguen al momento desde cualquier parte del mundo gracias al internet, son globales.

    La situación de violencia, pobreza y militarización, la explotación de los bienes naturales y del trabajo de las personas, el envenenamiento de la comida con agrotóxicos y la venta de tierras a trasnacionales nos dejan muy pocas posibilidades de reacción, entre ellas dos extremos: la enajenación y la rebelión.

    Aunque sabemos sobre la apatía y la poca movilización del grueso de la gente por motivos distintos, quisiera con este artículo hacer un llamado a un grupo en especial, uno que se ha quedado muy cómodo: los putos/jotos/maricones, quien ha preferido traicionar su historia de rebeldía junto a los feminismos y disidencias sexuales, por, las migajas que les ofrecieron las sociedades neoliberales.

    El sistema económico, político y social en el que vivimos es perfectamente capaz de mutar. A pesar de condenar por mucho tiempo las prácticas sexuales que no llevaban a la reproducción, algunas sociedades occidentales han admitido, bajo la premisa de otorgar derechos a todas las personas por igual, que distintos grupos se incorporen a la vida pública, abriendo paso a nuevxs trabajdorxs y consumidorxs. No es casualidad que grandes empresas se hayan declarado “gay friendly” como estrategias de mercado, así como que las más importantes ciudades inviertan en guías para el turismo gay y exista un crecimiento del mercado rosa. Incluso, algunas sociedades “de vanguardia” han legalizado la máxima expresión de amor romántico para las personas del mismo sexo.

    Esto no representa grandes avances para los homosexuales, menos cuando las palabras puto/joto/maricón siguen siendo las groserías más fuertes para insultar a un biohombre en países de habla hispana, así como sus traducciones en francés e inglés y casi todos los idiomas occidentales. Estas palabras, por más difícil que sea aceptarlo para los fanáticos de pronunciarlas como insultos, son una expresión micro de un problema macro de violencia de género.

    La discriminación y la violencia hacia la población gay no es cosa menor, y sus consecuencias van desde el daño emocional hasta el asesinato o el suicidio, pasando por acoso, hostigamiento, violencia física, abandono y rechazo familiar.

    Preocupa que los hombres homosexuales se asimilen tan naturalmente a las sociedades que los han violentado. Esta naturalidad responde a siglos de adoctrinamiento. Responde también a la posibilidad y a la promesa de adquirir un lugar en la sociedad, siempre inferior a otros grupos más amoldados pero ya no en las escalas más inferiores.

    Los gays han creído la idea de que vivimos en un mundo de oportunidades, de posibilidades: todo es cuestión de echarle ganas, de trabajar para “alcanzar tus sueños”. Así, ingresar en el mercado laboral les ha dado mayor proximidad con sus aspiraciones de acumulación de bienes y de inclusión en la sociedad. En este sistema, se piensa que tener dinero es sinónimo de ser libre. La soltura económica permite tener la casa de ensueño, el automóvil último modelo, las cenas en los lugares de moda, la cantidad de ropa para no repetir nunca, la pareja ideal (la posibilidad de formar una familia y consumir más), y una larga lista de ideas que nos vende la publicidad, el arte hegemónico, el gobierno y las empresas.

     Para quien pueda ver un poco fuera de esta burbuja de felicidad individualista podrá reconocer lo costoso que es mantener estos modelos de vida, y no hablamos de dinero, sino del costo humano y ecológico.

    Se ha calculado que un trabajador en México que gana el salario mínimo, produce el dinero que gana en 9 minutos, es decir, dedica 9 minutos al día para generar el dinero que gana en ese mismo día1. El resto del día (7 horas con 51 minutos según la jornada laboral oficial) las dedica a producir riquezas para otras personas. Este dato nos muestra la realidad de millones de humanxs y la inhumanidad e indiferencia de otras millones.

    Por otro lado, el costo ambiental deja como saldo la sobreexplotación los bienes naturales, la contaminación, la erosión de los suelos, la destrucción de ecosistemas por uso exagerado de estos bienes, por consumir más de lo que nos corresponde, y la extinción de muchas especies animales y vegetales, etc.

    El capitalismo cambiante, que se adapta,  dará respuesta a todo gay que se preocupe “más de lo necesario” por esto, con absurdeces como el Capitalismo Verde y el Capitalismo socialmente responsable. Esto, sin duda, dejará a más de un gay tranquilo y sin remordimiento de conciencia. Otros gays se convertirán a un “activismo LGBTI” bastante superficial, que poco hará por comprender la violencia de fondo y servirán más como un parche frente al enorme problema.

    Sin embargo, la mayoría de los gays sólo aspirarán a este modelo de vida de placer y gozo, y gran parte de ellos se incorporarán a las largas jornadas laborales para tener pocos ratos de disfrute del dinero ganado, para tener algunos destellos de esta vida de ensueño. Muchos otros no verán este modelo de vida jamás.

    Asusta el hecho de pertenecer a una identidad y sexualidad que por tantos siglos ha sido contestataria, mientras que ahora se aspira a amar como lo hacen lxs heterosexuales. El amor romántico ha sido usado como arma del capitalismo para enajenar a la población, para provocar la posesión, los celos, el amor/odio en la pareja, la exclusividad, el drama, el amor imposible. Es la regulación de las relaciones.

    Frente a todas estas cuestiones, la pregunta va siendo más clara: ¿por qué adaptarnos a un sistema tan macabro, inhumano, enfermo, opresivo?

La respuesta me parece aún más evidente: no nos adaptemos más.

    Seamos parte de la lucha. Regresemos a los feminismos radicales y combativos. Construyamos con otros grupos los nuevos feminismos que se preparan para dar la lucha, para acabar con el machismo, el sexismo y el género binario.

    Llenémonos de rabia e indignación y cultivemos la sana rebeldía. Pensemos y reflexionemos en un sistema que nos enseña a no cuestionar, a obedecer y ser disciplinado. Hagamos caos en este mundo basado en la ley y el orden. Amemos libremente frente al amor en el que nos educan, frente al amor que nos esclaviza. Eduquemos niñxs libres de género y sin sexualidades normadas obligatorias. Disfrutemos más del tiempo libre y menos de la acumulación material. Pensemos más en la felicidad y menos en el trabajo que nos hace siervxs.

    Rechacemos al hombre que nos dijeron que éramos, seamos los putos que luchan junto a las putas. Seamos lxs putxs. Sin división binaria, sólo diferenciación múltiple.

Seamos putxs contra el sistema, seamos lesbianas, negrxs, indixs, seamos animales. Seamos locxs por la libertad, la paz con justicia, por la dignidad, por la rebeldía necesaria.

Hagamos la huelga contra la opresión, la regulación, la obligatoriedad. Hagamos la huelga anti capitalista, anti heterocentrista.

Vayamos a la Huelga de los Putos. Sumémonos a las luchas globales por un mundo humano.

1La Jornada, 7 de mayo del 2012, pág. 23

FUENTES

Federici, Silvia. Caliban y la Bruja: mujeres, cuerpo y acumulación originaria. Edit Traficantes de sueños. España, 2010.

Foulcault, Michel. Historia de la sexualidad 2: el uso de los placeres. Edit. Soglo XXI. México, 2009.

Bakunin, Mijail. Dios y el Estado. Edit. Biblioteca Pensamiento Crítico. 2009.

Las técnicas participativas en la Educación Popular, en Mariano Algava coordinador. Jugar, jugarse. Argentina, 2006.

El lugar del cuerpo en la Educación Popular, en Mariano Algava coordinador. Jugar, jugarse. Argentina, 2006.


[1] Miembro activo del Bloque ROSA. Participo en espacios de reflexión y lucha contra la injusticia y la corrupción de nuestros gobiernos. Estudié Derechos Humanos y Gestión de Paz. Soy vegano.

 

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