Abrir publicación

Sin besos porque me enamoro

Antoine Fräppa "El beso"
Antoine Fräppa
«El beso»

Por Cristopher Garnica

 

Para la mayoría de los niños los besos son asquerosos. Tienen razón, es un intercambio desagradable besar a la abuela con bigotes, por un dulce o una buena comida. De púbero hay que besar a cambio de una bofetada, lo que es terrible y doloroso. Otro tanto sucede con los besos que se intercambian por orgasmos…

Conocí una chica que besaba horrible. Chocaba con sus dientes, el sabor de su labial me quedaba impregnado hasta la nariz, y al mirarme al espejo, veía un rastro blancuzco en la barba: su saliva seca; el jugo de nuestra baba seca, no lo sé. No voy a escribir los detalles grotescos de sus besos. Pero agregaré que no tenía senos grandes, nalgas exuberantes, ni una belleza que hiciera torcerle el cuello a más de uno.

Sin embargo, tenía un gran sentido del humor, era inteligente y afectiva. Me atrapaba en charlas exquisitas, con lo que llegué a admirarla por sus logros, y ese futuro prometedor del que presumía poco o nada. Era humilde pero dadivosa: compró boletos para conciertos, el teatro, el cine, y muy seguido me esperaba en un cuarto de hotel, con paredes-espejo, sobre una cama en forma de corazón, sabanas de satín rojo y sillones en formas extrañas que parecen súper limpios, pero dudo que lo estén…

No obstante, la compañía de Fulanita era genial. Me hacía sentir afortunado y tenía acceso gratuito a cosas exuberantes o ridículas. Aunque intentamos llegar a un beso ideal, de esos con los que Cupido se vuelve un angelito voyerista, sólo llegamos a besarnos sin sentir repugnancia el uno del otro. Tal vez, para sorpresa de mi soberbia, el problema no eran sus besos, sino los míos. No obstante, al menos un par de meses, ella pagó por mi compañía, hasta que el sin besos porque me enamoro se convirtió en mi escudo.

Al repetir la frase comprendí, en mi experiencia breve de pirujo, que el cliché es también una declaración de principios. Había que evitar sus besos y marcar un distanciamiento sentimental pero sin herirla, puesto que su compañía me era agradable y me beneficiaba, no así sus besos. Lo que trataba de decirle a Fulanita, era no me beses porque te enamoras. Las prostitutas saben bien de todo esto. Su negocio es la compañía, sin lazos sentimentales ni cargas emocionales. Cuando eres mercancía, tienes que saber bien las reglas y especificar los términos y condiciones. De ahí, que la frase es útil y la primer regla del comercio sexual.

Además, ¿qué carajos haría una prostituta con el amor de un cliente? Vincent Van Gogh, se enamoró de una prostituta. Ella rechazó su amor, pues tal vez sus besos eran infames, y adolorido por el rechazo, se cortó la oreja. Luego, se la regaló a la prostituta. Si la prostituta le hubiera dicho: sin orejas porque me enamoro, su acción estaría justificada, pero no fue así, lo que nos demuestra, que las prostitutas no quieren amor, ni mucho menos, expresiones de radical melancolía artística. Por eso Bukowski, sabedor del tema, le dijo en un poema: Van Gogh, las putas quieren dinero, no orejas.

Esta experiencia nos remite a lo refinado de la frase, y sobre todo al truco de marketing, al que sucumbió el pintor. Cuando a Fulanita yo le negaba besos, ella intentaba besarme más e incluso forzarme. En caso de conseguir un beso, más me besaba. Ella satisfacía sus deseos, conseguía lo prohibido y se prendía más, pero el costo era recibir el impertérrito sin besos porque me enamoro. Lo que me hacía sentir considerado, superior, y además, fingía que su amor era elevado, comparado a mis besos débiles…

Negándole besos a Fulanita podía controlar su persona. Si yo decía cuándo, dónde, cómo y para qué besarla, ella me compraba cosas y se mostraba bondadosa, con el fin de que mis sentimientos se reflejaran con besos y caricias. (Porque no es lo mismo que te besen al chile, a que te besen el chile). Por eso las prostitutas logran conseguir mucho de sus clientes, y un beso, es como la croqueta de recompensa para el perro adiestrado.

Los besos de agradecimiento, las croquetas, son una inversión. Agregan calidad y humanidad al servicio y se gozan los beneficios. Uno (como las prostitutas) no está exento de vivir circunstancias intensas, dejarse llevar por las pasiones de afecto, sensualidad, entrega… pues a pesar de los besos chafas, hay que estar dispuesto a las experiencias de intercambio cultural.  Pero no puedes fantasear al respecto, —como lo hizo Van Gogh— o terminarás dando una parte de tu cuerpo, en lugar de satisfacerte por la que pagas.

Después de un tiempo de ser  pirujo, llegó la ruptura. Fue una despedida breve pero emotiva, donde no se cansó de preguntarme ¿por qué?, hasta que me mandó al diablo. Lo cual fue mucho mejor que recibir una de sus orejas, o monedas por un último beso.

Lo cierto es que sobrevaloramos el amor y los besos que esperamos del otro. En todo momento, deseamos que Cupido se vuelva un testigo voyerista, pero sólo confirma la expectativa de nuestras fantasías, antes bien, las destruye por completo. Pude ser honesto con Fulanita, hablar el problema e intentar solucionarlo, pues sus besos eran desagradables, pero adoraba estar con ella. En cambio Fulanita esperaba dar cosas a cambio de besos, y yo esperaba recibir cosas sin dar besos. En el caso de Van Gogh, pues bueno, es un pendejo…

Quizá porque no se dio cuenta, que la mayor parte de las veces hay que practicar, encontrar lo delicioso del asunto, fomentarlo y luego todo mejora. Así funcionan las empresas del amor, con todo y las limitantes de que a pocos les llegará la experiencia y a otros, jamás les llegará. En serio, ¿cuántas fantasías, y orejas simbólicas hemos entregado, esperando ser correspondidos? ¿Cuántos besos hemos repartido, esperando ser recompensados mínimo con una muestra de afecto? ¿A cuántas prostitutas(os) has besado y cuántos besos de prostitutas(os) has dado?

@elcrisgg

http://divinageliofobia.blogspot.mx/

Abrir publicación

Amor

Por: Oscar Vez Título: La noción del cuerpo en el apostol San Pablo
Por: Oscar Vez
Título: La noción del cuerpo en el apóstol San Pablo

Por Reylita

Amor, ven, juguemos el juego de los dos, el juego de los labios, de la piel, de las manos. Me haré cargo de tu existencia, de tu cuerpo.

Con un dado rojo y un dado azul para recorrer tus secretos, absorber tus olores…

 

Primer tiro: Dado rojo dice que use labios, lengua y dientes. Dado azul, sobre tu pecho y abdomen. 20 segundos solamente.

 

Acerco mis labios a tu ombligo, un sello que suena muy bajo, erizando tu piel. Diez segundos. Empalmo mi cara a tu vientre, pegada a tu carne, aspiro, te huelo. Paseo la humedad tibia de mi lengua en mi camino a tu pecho. La punta de mi lengua dejando rastros curvos de transparente saliva. Se estremece tu cuerpo. Chupar la piel de tu pecho, lamer sus tetillas. Morder, morderte, hasta que digas basta y me obligues a regresar a tu vientre donde descubriré los costados de tu abdomen. Y  marcaré con mis dientes los límites de tu cuerpo, cadenas hundidas e la promesa de tu carne.

 

Segundo tiro: Tus manos resbalando, acariciando, apretando dice el dado rojo sobre mis piernas, muslos, rodillas, pantorrillas y pies. Por 30 segundos tuyos serán.

Tendida en la cama con las piernas juntas. Viertes en tus manos aceite y las frotas. Recorres con tus palmas desde mis pies. Rodeando mis muslos, dibujando circunferencias, resbalando, extendiendo tus manos hasta mis pies, restregando tus brazos en mi carne. Separas mis piernas y aprietas mi piel, que de tus manos escapa, a queriendo entrar en mi carne. Rodeando una pierna, recorres suavemente y aprietas dando vueltas a mi cuerpo. Tu brazo que resbala completo entre mis muslos, adelante y atrás, el ardor de tu piel quemando mi piel.

 

Un turno para ti y veinte segundos que el dado azul nos regala para que mi cara y cabeza froten tu espalda, tus nalgas como indica el dado rojo y diez segundos más.

Tú recostado, la extensión de tu espalda, la delicia de tus glúteos. Queriendo morder, dudo ante la consigna de solo restregar mi cara, me acerco al hundimiento de tu cadera, empalmo mi cara y respiro tu piel.

Barro mi rostro para llegar a tus hombros, barro de regreso hasta llegar a sus nalgas, hundo mi cara en tu carne, suavidad que recibe la ansiedad de mi rostro…No besar, no morder, solo recorrer con mi cara, se contiene el deseo y suplicante yo por encajar mis dientes, tu sonrisa que niega, que se divierte con mi ansiedad…control, contener el deseo, mientras el tiempo se acaba sigo recorriéndote y tú cuidandote de no ser mordido sorpresivamente.

 

Un tiro más, dado rojo dado azul, en mis nalgas y m i espalda. Palmear, rasguñar, pellizcar…quince segundos, ¡¡nada más!!

El tiempo apremia, amor. Con amabas manos en mis hombros, bajas surcando la carne de mi espalda, dejando líneas ardientes como colas de cometa. Araña más, araña mis nalgas, apretando hasta pellizcar y subes marcando con pellizcos mis costados, mis hombros. Y con ambas manos palmeas aun tiempo mis nalgas, la sorpresa emite un grito y arañas mis nalgas antes de otra palmada doble, el tiempo termino otra vez.

 

Tirando el dado rojo, un premio para mí, donde me masturbaré con tu cadera, dice el dado azul, cincuenta segundos.

Jugando el juego que descubrimos alguna vez ya olvidada. Tendido tú de costado, me monto en tu cadera amor, restregando mi vagina hacia adelante y hacia atrás, frotando mi clítoris, tal vez pueda llegar, frotar y frotar, dejar mi cabeza caer hacia atrás,  moviendo mi cadera de manera circular. Me sostienes con tus manos, al compás de mi movimiento, encontrando el éxtasis sobre ti. Mi vagina bañando de mi tu cadera, empujo, empujo y mis muslos se tensan, el escalofrío que recorre de mi a cabeza a mis pies. Mis ojos en blanco, el latigueo de mi pelvis, el ritmo , cadencia, montada en ti, con gemidos que suplican tu nombre y seguir, seguir tratando de enterrar tu cuerpo entero en mi, con desesperación me muevo. Me ayudas en esta agonía, sobando mi clítoris con sus dedos, me llevas al éxtasis, de mi vagina, de mi humedad, exudando.

 

Al diablo el juego, gritas, mientras te levantas recostándome y abriendo mis piernas y metes tus dedos sobando dentro y no dejas de empujar, girando, golpeteo incesante, mi cuerpo retorciéndose, escalofríos interminables…

 

 

Arma tu dado erótico: 

Abrir publicación

Reseña del webcómic CURVY – El tiempo y el espacio son curvos.

Pola RG

Anaïs Phalese es una adolescente de Nueva York, Fauna Folkjom es la princesa de Candy World y ambas protagonizan una historia de aventuras, mundos extraños y sexo… mucho sexo. Fauna es la heredera sabor regaliz al trono de Candy World, un lugar donde todo y todos están hechos de dulce (duh). Mientras que Anaïs es una civil hecha de carne con una pasión por el béisbol, normal para una neoyorquina.

curvy1

El autor, M.Magdalene (un alias por lo que tengo entendido) tiene un estilo particularmente apropiado para una historia que no se toma tan en serio… al parecer.

     Desde el momento en que Anaïs y Fauna se conocen el flechazo es instantáneo y se convierten en amantes, al mismo tiempo que empiezan a ser perseguidas por las autoridades de sus respectivos mundos, porque al parecer, huir de un matrimonio arreglado y ser acusadas de terrorismo son situaciones fáciles de enfrentar en una semana, así como lo es conocer una flotilla de piratas, ser tragada por un tiburón, ser seducida por una sirena trans-género-especie y ser capaz de curar a través de los besos.

curvy2

     Curvy tiene una trama que mezcla la dominación universal, magia y agentes de la CIA, logrando así ser más que solo una historia de princesas para rescatar y mundos que salvar. La fantasía permea el diseño del cómic dándole un estilo consistente con el humor, al tiempo que da chance a que los personajes puedan reaccionar de manera burlona a toda la ominosa seriedad que es el dominar y conquistar mundos.

curvy3

El autor nos presenta a un grupo de personajes únicos tanto en la manera burlona y algo simplona en la que reaccionan, así como por sus características físicas. La diversidad de cuerpos y preferencias son evidentes ya que la mayoría de los personajes parecen pensar que la ropa es un poco menos que un estorbo, y el “conocimiento carnal” se imparte sin miramientos o culpa… casi.

curvy4

     Cada una de las escenas de sexo son explícitas y variadas gracias al uso que M.Magdalene da a la composición de viñetas e imágenes, generando una sensación de frenetismo y pasión a cada encuentro. Cada una de las relaciones es bastante positiva y no existe un personaje  principal que hasta el momento no haya aparecido desnudo.

CURVY5

 

     En cuanto al diseño y estilo de M.Magdalene, es interesante que el cómic sea completamente en blanco y negro sin sentirse plano o saturado, así mismo aprovecha los saltos que hay entre mundos para mostrar paisajes y personajes muy variados, ya sea solo el horizonte marítimo o una ciudad repleta de comercios, sirenas, comerciantes o superhéroes.

En este momento, Curvy esta llegando a un punto interesante para la trama, donde explican las razones de la antagonista para con ambas chicas. Así que con un inmenso poder cósmico y la seguridad de Fauna en juego, Anaïs deberá ser una heroína tanto para su princesa como para su planeta entero.

curvy6

Puedes leerlo aquí: http://www.c.urvy.org/

Abrir publicación

Editorial #1 «El hombre perfecto»

PORTADA

Se sugirió el tema de El hombre perfecto para apreciar diversas opiniones y manifestaciones de lo que se considera como tal, teniendo en cuenta que la perfección no existe, y lo que conocemos como hombre, es un constructo que se transforma a cada momento. Este número de Hysteria es más que nada una provocación para pensar qué significa y cómo se construye la masculinidad así como cuáles son los paradigmas que existen sobre la misma.

 

En el imaginario colectivo femenino, el hombre perfecto suele ser un príncipe azul que llega a dotar a la mujer de todo el amor, cuidados y manutención económica. Hay mujeres que desde muy niñas introspectan el ideal del marido perfecto, gracias a lo cual se llevan  decepciones importantes, pues la realidad no se parece nada a los cuentos. Por otro lado, a los cuerpos asignados como masculinos se les requieren una serie de cualidades a las que tienen que responder, principalmente para diferenciarse de lo femenino y que tensan sentimientos y emociones que muchas veces deben ser reprimidos para cumplir con los estándares de una cultura por lo demás machista que (¡oh, sorpresa!) afecta también a los hombres de maneras profundas y violentas.

 

Con este tema se intenta descubrir otros discursos sobre la masculinidad, los que siempre han estado ahí, pero que el constructo binario de los géneros invisibiliza, por lo que no se pretende hablar de un solo tipo de hombre, —ni siquiera considerar que solamente quienes tienen pene lo son—; sin embargo,  no se puede negar la existencia de esos parámetros identitarios que continúan categorizando a los cuerpos y desde los que se siguen construyendo interacciones cotidianas.

 

Recibimos muchas participaciones que serán dosificadas en dos entregas con distancia de un mes, esperando tener diversidad para que cada quién pueda decidir cuál sería su hombre ideal.

 

Fue fortuito que este número saliera casi el día del padre, sin embargo, consideramos como una coincidencia simbólica bastante reveladora.

Abrir publicación

Gentleman Handling

Liz Misterio

 

No me canso de ver hombres desnudos erotizándose, mostrándose sin tapujos, abandonándose al placer que les brindan sus propias manos, en un estado de sensual vulnerabilidad.
Esta es la propuesta de la web de pago llamada Gentleman Handling, en donde sus autoras buscan captar una representación del autoerotismo masculino bastante honesta y familiar, nada que ver con los montajes del porno convencional en donde todo se percibe falso y maquillado. Aquí, los retratados son hombres comunes realizando el cotidiano acto de la masturbación, cada quien a sus ritmos y en su estilo propio, lo que nos ofrece una probadita de su intimidad.
gentlemanhanding.com

El resultado son una serie de videos perfectamente iluminados y fotografiados grabados en HD, con lo que se logra un aspecto de video de desnudo artístico, ideal para quienes huyen de mirar pornografía por considerarla demasiado grotesca, denigrante o acartonada: aquí no verán nada de eso pues los cuerpos son retratados con dignidad y buen gusto sin dejar de ser excitantes.
Casi todos los videos son de solos, pero también hay algunos en donde se muestran parejas gay y hetero teniendo relaciones sexuales, que se centran en la representación del erotismo del cuerpo masculino y en su placer.
gentlemanhanding.com
Para ahondar en la exploración de la sexualidad masculina, más allá del acto sexual, nos ofrecen unos videos testimoniales donde los chicos nos hablan de sus deseos, de sus cuerpos y sus experiencias, lo cual enriquece la experiencia de mirar sus videos eróticos pues desarticula el discurso de la pornografía convencional que objetualiza los cuerpos que muestra, aquí nos hacen ver a la persona detrás de la imagen, lo que hace de la curiosidad onanista del espectador una experiencia completa y placentera.
gentlemanhandling.com

Abrir publicación

El hombre perfecto

Eldi Dundee Fetish boys 2008/2011, etching, 1/20
Eldi Dundee
Fetish boys 2008/2011, etching, 1/20

 

Alan Palma

El hombre perfecto, la cita perfecta, el amigo perfecto, los pantalones perfectos, el peinado perfecto, la calificación perfecta, las nalgas perfectas, el pene perfecto etcétera.

    Tal vez cambie la palabra, pero en nuestra sociedad se busca la perfección, en todo, en las cosas y en las personas, pero ¿en realidad la buscamos? o ¿buscamos algo que se nos ha dicho cómo tiene que ser, pero que al final sabemos no vamos a encontrar?

    En la cotidianidad la palabra perfecto hace una referencia directa al canon establecido lo mejor de lo mejor, y aunque la realidad diste mucho de ser perfecta, los medios masivos de información se encargan de hacernos creer que la perfección, como ellos la presentan, es asequible y real. Pero ¿qué es lo perfecto? La misma definición de la palabra queda algo ambigua, nos permite establecer esos límites de lo menos defectuoso o lo más cercano a la excelencia; entonces al final del día ¿buscamos lo perfecto para nosotros? o ¿buscamos lo perfecto para la aprobación social?

    En el mundo gay, de los antros, de la fiesta, del desvelo, del precopeo, del status, hay una gran influencia de los medios hacia la búsqueda del status quo de la perfección homosexual, por lo que muchos hombres gay buscan ser y estar con el hombre perfecto para obtener la aprobación social.

    La sociedad en que vivimos es sumamente consumista; sin embargo, en los círculos gay afines al Capitalismo Rosa esto se acentúa aún más, pues los gays somos híper consumistas: debemos tener los mejores zapatos, la mejor playera, el mejor pantalón, o tener todo el vestuario salido de la tienda Z o B, el Iphone no puede faltar o el nuevo celular más caro, y es ahí donde entra cierto canon del hombre gay perfecto.

    El hombre gay perfecto debe tener primero, los atributos de los cánones estéticos que marca la moda, músculos bien marcados, altos, guapos; después la vestimenta, como ya lo mencionamos, y por supuesto un buen puesto ejecutivo en alguna empresa donde gane de los 20 mil pesos para arriba; en los medios así los muestran, por lo que el ideal de la pareja gay es ver a dos hombres igualitos viviendo juntos.

    Obviamente la realidad es distinta, aunque estoy seguro que muchos chavos homosexuales desearían esto, pero dada la improbabilidad de toparse con un chavo pudiente, caucásico, en forma, y gay, en México, muchos nos bajamos de la nubecita, aterrizamos, nos desengañamos y buscamos al hombre perfecto para nosotros.

    El hombre perfecto cambiará dependiendo el gusto de cada quien y es ahí donde llegamos a un universo hermoso de diversidad, en donde nos podemos conformar con lo que nos toca o podemos encontrar lo que andábamos buscando. Está por ejemplo, el llamado Oso, aquél hombre barbón, gordito y bien peludo de todos lados; o el leather, el transexual, el otaku, la jotita (sin ser peyorativos), el hipster, el chacal, el macho, el botudo, el nerd, el alto, el güero, el moreno, el X, en fin, existen tantos gustos y subjetividades como personas existimos en este mundo.

    Todos necesitamos amor, y aunque hay algunos que terminan comprando la idea del comercial, al final, después de tanto bombardeo y no poder conseguir lo que se les ha indicado, terminan echándose al que más criticaban o al que menos se imaginaban o, mejor dicho, después de unas dos chelas, terminan aceptando lo que en verdad les gusta, y si después de la cruda siguen sin aceptar que les fascinó, es muy fácil echarle la culpa al alcohol.

    En un mundo gay donde todo es tendente a la superficialidad y frivolidad, o te quedas solo o aceptas que el amor no puede ser construido por una serie de factores específicos y meramente físicos.

    Yo creo que el hombre perfecto existe para todos, y se encuentra cuando menos lo esperamos, definitivamente nos tiene que gustar físicamente, así sea el más feo dentro del canon estético establecido, pero nos tiene que gustar físicamente, y de ahí el siguiente paso, nos tiene que convencer todo lo demás que no tiene que ver con lo físico y material.

    Al final hay para todos y dicen que el que busca encuentra, solo que primero tenemos que saber bien que estamos buscando para poder encontrarlo.

Abrir publicación

Quienes comieron de la cazuela del cordero de la imaginación/ El hombre ideal

Gerardo Cedillo y Verde Agua
El que con el pensamiento de hombres ilustres se idealiza.
El hombre ideal no solo es un estereotipo físico, sino una construcción cultural, edificada por las grandes máquinas generadoras de identidad. Las frases que aparecen en la piel de estos modelos, fueron extraídas de grandes obras de la literatura, de la religión y de personajes políticos.
Abrir publicación

Un perro sin correa

Eldi Dundee FetBoy No 1. (Bound) 2011
Eldi Dundee
FetBoy No 1. (Bound) 2011

Anjesen / Luis Humberto Molinar Márquez

Un hombre de mediana edad entra a su casa en las afueras de la ciudad. Entre cientos de casas aún vacías, la suya no tiene en realidad ninguna pecularidad. Es una morada de interés social pequeñísima, con un espacio grande que es habitación y sala de estar y un baño diminuto y nada más. Ha sido un día de trabajo muy duro y lo único que el hombre quiere es tirarse en su colchón a ver la serie de televisión que ha conseguido en DVD el día anterior. Apenas cruzando el umbral oprime el botón del apagador pero la habitación sigue a oscuras. Decide tirarse así, en la negritud de un cuarto que refleja la negritud de su vida. El control remoto de la tele debe estar tirado por ahí, entre el tazón de las palomitas vacío y una sábana echa bola que huele a sudor de semanas.

    Se quita las botas, se desabrocha el pantalón y lo deja caer a sus pies. Dando un paso se sale de él y se sale de su día. Se quita los calcetines con la mano, se desenfunda la playera y la bota hacia el rincón más alejado de la puerta del baño, para no tropezar con ella cuando tenga que ir a orinar. En la intimidad de su desnudez, se deja caer de espaldas.

El golpe tan fuerte que se lleva en la espalda y el latigazo de su cabeza contra el suelo hacen que vea estrellas como si un hada se hubiera colado en el cuarto oscuro. Se soba la cabeza un minuto y luego agita sus miembros como los niños que dibujan angelitos en la nieve: el colchón no está en su lugar.

Como tampoco encuentra el control remoto, decide pararse a encender la televisión para ver qué es lo que sucede. El televisor tarda unos segundos en encender, el volumen es tan bajo que el murmullo de los grillos que pueblan el pasto crecido afuera de la casa parece ensordecedor. La habitación se ilumina en débiles tonos azules que suben y bajan de intensidad y entonces, entre sombras danzantes, comprueba que el colchón no está por ningún lado. El suelo alfombrado y los muros están desnudos como él, excepto por la ropa que se ha quitado al llegar, la pantalla de televisión y algo oscuro que está tirado cerca del contacto del muro que solía hacer las veces de cabecera. El hombre se acerca a ese objeto lentamente, se coloca en cuclillas y con la poca luz de la pantalla analiza el objeto. Es un cinturón o una correa. La sigue con las manos y descubre una cadena de metal unida a ella por una argolla. No hay duda, se trata de una correa. Una correa de perro.

La puerta del baño está abierta pero las cortinas siguen cerradas y no corre el viento. Quien haya estado adentro se marchó con su colchón y dejó atrás la correa y la cadena. Eso, o la persona que entró sigue adentro con él.

Al pensarlo se le eriza el pelo, entonces nota que una arista de la habitación es más oscura que las demás y comprende que en efecto no está a solas.

¿Quién es?, ¿quién está ahí?

Soy Enrique, tu vecino. La voz es grave, segura, tranquila.

¿Enrique?

Enrique, tu vecino de la casa de enfrente. Me mudé hace un par de días.

Sí, sí. Te vi limpiando tu casa. ¿Se puede saber qué haces aquí adentro? ¿Dónde está mi colchón? ¿Es que también piensas limpiar mi casa y dejarme el puro vacío?

¿El vacío? Ese ya lo tienes. Por eso he venido. Te traje un regalo.

El hombre titubea. Sabe que el vecino bien podría tener un arma. Quizá sean las únicas personas en un par de cuadras a la redonda, así que decide mantener la calma y averiguar de qué se trata todo eso.

¿Te gustó tu regalo? Espero no haber errado la talla.

Mi… ¿La correa?

Sí. Tu cuello se escocerá un poco los primeros días, pero veré que descanses y que la ventilación sea suficiente para evitar heridas e infecciones.

    El hombre está totalmente desconcertado. Está solo, desnudo en el fondo de su habitación con un hombre extraño que bloquea la única salida; un hombre que posiblemente esté armado y que lo tiene arrinconado en un área de diez metros cuadrados de un área casi despoblada. Sin saber qué hacer y sin fuerzas para luchar, decide esperar el tiempo que sea necesario para idear un plan coherente. El vecino le explica que lo ha vigilado incluso antes de mudarse al fraccionamiento. Con una tranquilidad hasta cierto punto contagiosa le dice que sabe que su padre ha muerto recientemente y que ahora la libertad le viene demasiado grande.

Todos los perros de casa necesitan la correa cerca. Te vi cabizbajo y supe en seguida que eras uno de esos perros sin amo que no pueden andar paseando por ahí sin una guía, con todo ese peso encima y sin alguien que te cuide, sin disciplina, solo. Así que te compré una correa para sacarte a pasear y habituarte a todo esto. He decidido adoptarte. A partir de esta noche tú eres mi perro y yo tu amo. Me tomé la molestia de llevar el colchón a la casa de enfrente, para que no estorbe ni se ensucie demasiado durante el entrenamiento. Después me mudaré aquí contigo y verás que cambiará tu semblante. En sus treinta y tantos años de vida el hombre jamás ha sido especialemnte asertivo, así que acepta las condiciones esperando encontrar en algún momento el modo de escapar o de buscar ayuda.

Pasan las semanas, pero el hombre se habitúa tanto a su nueva vida, a los cuidados de Enrique, a su voz maravillosamente calmante, a las tardes tranquilas escuchando jazz y sintiendo una mano acariciando su cabeza, que poco a poco la idea del escape empieza a parecerle una tontería. Además las croquetas no saben nada mal y el cabello ha dejado de caérsele. Enrique es un buen amo y le da la disciplina que necesita, además le proporciona comida y agua, lo saca a pasear todos los días e incluso lo deja perseguir el chorro de la manguera los sábados cuando riega el césped. A pesar de que no es un perro de jauría, los perros de los nuevos vecinos le tienen mucho respeto. Enrique dice que en poco tiempo podría ser un buen alfa. En efecto, su semblante ha cambiado: es un perro sano, feliz y seguro.

    Cierta noche le es imposible dormir. Se asoma cada cinco o diez minutos por la ventana del frente. Las luces de los autos de los vecinos dan la vuelta en la esquina y pasan de largo para estacionarse frente a sus casas, pero esa noche Enrique no llega a casa. Él se promete que no llorará, que será valiente y fuerte. Ha oído a los otros perros aullar a veces, pero se dice que él no, que será un buen perro para que Enrique esté orgulloso de él cuando regrese. Dos noches más tarde ya no puede soportar más la espera y decide escapar por la ventana del baño en busca de su amo. Su olfato es bueno pero ha pasado mucho tiempo bajo techo. Salvo por algunas confusiones al principio, en lo que se habitúa a los aromas nocturnos, logra seguir el rastro de Enrique fuera del laberinto de casas y se dirige con firmeza hacia la gran ciudad.

    Tres días han transcurrido en su andar. Casi sin aliento, con las tripas pegadas al costillar, llega a un terreno bardeado al otro lado de la ciudad. Amanece, la brisa baña su rostro y los pájaros le dan la bienvenida con su escándalo de trinos y aleteos. La reja de entrada aún tiene el candado puesto, pero atravesar entre los barrotes es cosa fácil estando tan flaco. Adentro todo huele a tierra y flores, el aire es fresco y los árboles enormes. El aroma de Enrique ha cambiado en los últimos días, pero sigue siendo suficientemente fuerte. En un punto específico del vasto campo el aroma es más intenso y escapa entre los terrones frescos que cubren la tumba donde ha sido sepultado Enrique. Como buen perro, se echa junto a la tumba de su amo, suspira profundamente y con los ojos cerrados se dispone a esperar su propia muerte.

Abrir publicación

Economía del deseo I

Por Sibilademente
Técnica: Plata sobre gelatina
Año: 2000

Navegación de entradas

1 2 3 41 42 43 44 45 46 47 48
Volver arriba