Sin besos porque me enamoro

Antoine Fräppa "El beso"

Antoine Fräppa
“El beso”

Por Cristopher Garnica

 

Para la mayoría de los niños los besos son asquerosos. Tienen razón, es un intercambio desagradable besar a la abuela con bigotes, por un dulce o una buena comida. De púbero hay que besar a cambio de una bofetada, lo que es terrible y doloroso. Otro tanto sucede con los besos que se intercambian por orgasmos…

Conocí una chica que besaba horrible. Chocaba con sus dientes, el sabor de su labial me quedaba impregnado hasta la nariz, y al mirarme al espejo, veía un rastro blancuzco en la barba: su saliva seca; el jugo de nuestra baba seca, no lo sé. No voy a escribir los detalles grotescos de sus besos. Pero agregaré que no tenía senos grandes, nalgas exuberantes, ni una belleza que hiciera torcerle el cuello a más de uno.

Sin embargo, tenía un gran sentido del humor, era inteligente y afectiva. Me atrapaba en charlas exquisitas, con lo que llegué a admirarla por sus logros, y ese futuro prometedor del que presumía poco o nada. Era humilde pero dadivosa: compró boletos para conciertos, el teatro, el cine, y muy seguido me esperaba en un cuarto de hotel, con paredes-espejo, sobre una cama en forma de corazón, sabanas de satín rojo y sillones en formas extrañas que parecen súper limpios, pero dudo que lo estén…

No obstante, la compañía de Fulanita era genial. Me hacía sentir afortunado y tenía acceso gratuito a cosas exuberantes o ridículas. Aunque intentamos llegar a un beso ideal, de esos con los que Cupido se vuelve un angelito voyerista, sólo llegamos a besarnos sin sentir repugnancia el uno del otro. Tal vez, para sorpresa de mi soberbia, el problema no eran sus besos, sino los míos. No obstante, al menos un par de meses, ella pagó por mi compañía, hasta que el sin besos porque me enamoro se convirtió en mi escudo.

Al repetir la frase comprendí, en mi experiencia breve de pirujo, que el cliché es también una declaración de principios. Había que evitar sus besos y marcar un distanciamiento sentimental pero sin herirla, puesto que su compañía me era agradable y me beneficiaba, no así sus besos. Lo que trataba de decirle a Fulanita, era no me beses porque te enamoras. Las prostitutas saben bien de todo esto. Su negocio es la compañía, sin lazos sentimentales ni cargas emocionales. Cuando eres mercancía, tienes que saber bien las reglas y especificar los términos y condiciones. De ahí, que la frase es útil y la primer regla del comercio sexual.

Además, ¿qué carajos haría una prostituta con el amor de un cliente? Vincent Van Gogh, se enamoró de una prostituta. Ella rechazó su amor, pues tal vez sus besos eran infames, y adolorido por el rechazo, se cortó la oreja. Luego, se la regaló a la prostituta. Si la prostituta le hubiera dicho: sin orejas porque me enamoro, su acción estaría justificada, pero no fue así, lo que nos demuestra, que las prostitutas no quieren amor, ni mucho menos, expresiones de radical melancolía artística. Por eso Bukowski, sabedor del tema, le dijo en un poema: Van Gogh, las putas quieren dinero, no orejas.

Esta experiencia nos remite a lo refinado de la frase, y sobre todo al truco de marketing, al que sucumbió el pintor. Cuando a Fulanita yo le negaba besos, ella intentaba besarme más e incluso forzarme. En caso de conseguir un beso, más me besaba. Ella satisfacía sus deseos, conseguía lo prohibido y se prendía más, pero el costo era recibir el impertérrito sin besos porque me enamoro. Lo que me hacía sentir considerado, superior, y además, fingía que su amor era elevado, comparado a mis besos débiles…

Negándole besos a Fulanita podía controlar su persona. Si yo decía cuándo, dónde, cómo y para qué besarla, ella me compraba cosas y se mostraba bondadosa, con el fin de que mis sentimientos se reflejaran con besos y caricias. (Porque no es lo mismo que te besen al chile, a que te besen el chile). Por eso las prostitutas logran conseguir mucho de sus clientes, y un beso, es como la croqueta de recompensa para el perro adiestrado.

Los besos de agradecimiento, las croquetas, son una inversión. Agregan calidad y humanidad al servicio y se gozan los beneficios. Uno (como las prostitutas) no está exento de vivir circunstancias intensas, dejarse llevar por las pasiones de afecto, sensualidad, entrega… pues a pesar de los besos chafas, hay que estar dispuesto a las experiencias de intercambio cultural.  Pero no puedes fantasear al respecto, —como lo hizo Van Gogh— o terminarás dando una parte de tu cuerpo, en lugar de satisfacerte por la que pagas.

Después de un tiempo de ser  pirujo, llegó la ruptura. Fue una despedida breve pero emotiva, donde no se cansó de preguntarme ¿por qué?, hasta que me mandó al diablo. Lo cual fue mucho mejor que recibir una de sus orejas, o monedas por un último beso.

Lo cierto es que sobrevaloramos el amor y los besos que esperamos del otro. En todo momento, deseamos que Cupido se vuelva un testigo voyerista, pero sólo confirma la expectativa de nuestras fantasías, antes bien, las destruye por completo. Pude ser honesto con Fulanita, hablar el problema e intentar solucionarlo, pues sus besos eran desagradables, pero adoraba estar con ella. En cambio Fulanita esperaba dar cosas a cambio de besos, y yo esperaba recibir cosas sin dar besos. En el caso de Van Gogh, pues bueno, es un pendejo…

Quizá porque no se dio cuenta, que la mayor parte de las veces hay que practicar, encontrar lo delicioso del asunto, fomentarlo y luego todo mejora. Así funcionan las empresas del amor, con todo y las limitantes de que a pocos les llegará la experiencia y a otros, jamás les llegará. En serio, ¿cuántas fantasías, y orejas simbólicas hemos entregado, esperando ser correspondidos? ¿Cuántos besos hemos repartido, esperando ser recompensados mínimo con una muestra de afecto? ¿A cuántas prostitutas(os) has besado y cuántos besos de prostitutas(os) has dado?

@elcrisgg

http://divinageliofobia.blogspot.mx/

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